fallen_angel_SW
Usuario (México)
Sola en la eternidad, las estrellas ya no parecen brillar ¿seré yo, o la luna se canso de seguirme? Sola, simplemente sola, en un mundo lleno de dolor y traición. Las cosas han cambiado y no parecén ir hacía un camino mejor. Hoy decidí finalmente cerrar las puertas de mi corazón y no dejar entrar a nadie más. Desconfío de todos y en mil lugares veo montañas y aun sigo en costa. No puedo perdonar, me es dificíl y tal ves me da miedo. Alguna ves me hirierón tanto que mi corazón se ha vuelto un colador de tanto ajugero, te segui mas tú camino era de muerte y dolor. Tal ves solo por esta ves debería sentarme y solo fijarme en el recorrido. Esé recorrido en el que veré las mismas caras, pero no podrán herirme pués mi corazón se ha vuelto más fuerte. Y si, tal ves ¿Las segundas oportunidades son para personas que en su tiempo pidierón perdón? Tal ves solo ellas merecen un espacio en nuestro corazón, no aquellas que detrás de la sonrisa se alegran de ver el tropiezo. Conozco esa sonrisa que me ofrecia un paraiso, esa misma sonrisa al clavar un puñal. Usted, me abrio las puertas de su corazón para al entrar convertir mi alma en su tiradero.
Hombre cruel Siento ganas de abrazarte y besarte de tenerte a mi lado y poder gozarte de poder encontrar tu mirada cuando busco la mia. Sin tener que finjir un desprecio escondiendo mi dolor y sintiendo tu falta de amor por que eres un pobre ingrato que no supo valorar el cariño que te enseño mi corazón. Cuando yo perdia la razon mis labios solo pronunciaban palabras de amor dedicadas a aquel inimaginable creador de aquellas dulces mentiras que pudieron conquistar mi vida mis sueños y mis ilusiónes mis alegrias y tiernas caricias que solo esperaban pacientes a sentir la tercia piel de aquellas manos de aquel hombre cruel.
Okiku. La historia comienza con una niña japonesa llamada Kikuko de tres años de edad que en 1932 contrajo una grave enfermedad que la obligó a guardar cama durante algunos meses. Durante su convalecencia, el hermano de Kikuko visitaba la ciudad de Hokkaido (Sapporo) comprándola una simpática muñeca a la que bautizó como Okiku. Kikuko, pese a estar muy enferma, no se separaba de ella y la cuidaba a conciencia para que no sufriese daños. No obstante, con el paso del tiempo la niña iba empeorando y, en Enero de 1933, la niña falleció tras pasar algo mas de cinco meses en la cama. Como es costumbre en Japón, el día de la cremación del cadáver colocaron los objetos que la niña mas estimaba para que se quemasen junto a ella, pero debido al gran dolor de su pérdida, la familia olvidó dejar la muñeca entre los objetos que debían incinerarse. Contrarios a quemarla a posteriori, la familia decidió conservar la muñeca, colocándola algunos días después junto a las cenizas de la pequeña. Con el paso del tiempo, la familia comenzó a percibir como los pelos de la muñeca comenzaban a crecer, por lo que comenzaron a dudar sobre la divinidad de tan preciado objeto. Con el comienzo de la II Guerra Mundial, la familia emigró y confió la custodia de la muñeca a los sacerdotes del tempo Mannenji, que la guardaron junto a las cenizas de la niña. Con el fin de la guerra, y con la familia de vuelta, estos percibieron asustados que el pelo no paraba de crecer, llegando ya casi la mitad de la espalda. El templo, situado en Hokkaido, es visitado por miles de curiosos cada año que quieren comprobar por ellos mismos la fantástica transformación. Hoy en día aseguran que no solo el pelo se ha transformado, sino que los labios, que antes estaban cerrados, ahora permanecen abiertos y con un cierto toque de humedad, y que los ojos fijos parece que miran al visitante como si tuviese vida propia. La prensa nacional no tardó en hacerse eco del fenómeno, que ha sido estudiado por varios científicos locales sin haber encontrado explicación satisfactoria. A día de hoy, el pelo ya casi supera la cintura y muchos dicen que jamás parará de crecer. Okiku. La historia comienza con una niña japonesa llamada Kikuko de tres años de edad que en 1932 contrajo una grave enfermedad que la obligó a guardar cama durante algunos meses. Durante su convalecencia, el hermano de Kikuko visitaba la ciudad de Hokkaido (Sapporo) comprándola una simpática muñeca a la que bautizó como Okiku. Kikuko, pese a estar muy enferma, no se separaba de ella y la cuidaba a conciencia para que no sufriese daños. No obstante, con el paso del tiempo la niña iba empeorando y, en Enero de 1933, la niña falleció tras pasar algo mas de cinco meses en la cama. Como es costumbre en Japón, el día de la cremación del cadáver colocaron los objetos que la niña mas estimaba para que se quemasen junto a ella, pero debido al gran dolor de su pérdida, la familia olvidó dejar la muñeca entre los objetos que debían incinerarse. Contrarios a quemarla a posteriori, la familia decidió conservar la muñeca, colocándola algunos días después junto a las cenizas de la pequeña. Con el paso del tiempo, la familia comenzó a percibir como los pelos de la muñeca comenzaban a crecer, por lo que comenzaron a dudar sobre la divinidad de tan preciado objeto. Con el comienzo de la II Guerra Mundial, la familia emigró y confió la custodia de la muñeca a los sacerdotes del tempo Mannenji, que la guardaron junto a las cenizas de la niña. Con el fin de la guerra, y con la familia de vuelta, estos percibieron asustados que el pelo no paraba de crecer, llegando ya casi la mitad de la espalda. El templo, situado en Hokkaido, es visitado por miles de curiosos cada año que quieren comprobar por ellos mismos la fantástica transformación. Hoy en día aseguran que no solo el pelo se ha transformado, sino que los labios, que antes estaban cerrados, ahora permanecen abiertos y con un cierto toque de humedad, y que los ojos fijos parece que miran al visitante como si tuviese vida propia. La prensa nacional no tardó en hacerse eco del fenómeno, que ha sido estudiado por varios científicos locales sin haber encontrado explicación satisfactoria. A día de hoy, el pelo ya casi supera la cintura y muchos dicen que jamás parará de crecer.
Es la clásica historia de la princesa que duerme eternamente por una maldición de la bruja, hasta que llega el príncipe azul, le da un beso y despierta. Y el final es, vivieron felices para siempre. Historia Real La versión original de la historia, no es el beso de un apuesto príncipe el que despierta a la Bella Durmiente, sino los tiernos codazos de sus gemelos recién nacidos. Sí, tal y como lo leyeron. Mientras estaba inconsciente, la princesa fue violada por un monarca, y despertó solo para darse cuenta de que era madre, y encima de dos niños. Entonces, de repente el “hijito de papá” de la Bella Durmiente retorna triunfante y le promete enviar a alguien para recogerla a ella y a los niños, olvidando convenientemente mencionar que era casado (con lo que demostramos que este problema no es nuevo ). Cuando el trío fue llevado eventualmente al palacio, la esposa del Rey intentó matarlos a todos, pero fue frustrada por el Rey. Al final, la Bella Durmiente se casa con el hombre que la violó, y viven felices para siempre (insisto, esto es e hace mucho tiempo atrás)