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facundoggallego

Usuario (Argentina)

Primer post: 14 ene 2014Último post: 14 ene 2014
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"Crónica del gol del siglo"
"Crónica del gol del siglo"
ArteporAnónimo1/14/2014

Muy buenas tardes y que Dios los bendiga! Les dejo un cuento escrito por mí, simple y cortito, nacido desde mi más profundo deseo de volver a gritar un gol en la canchita de mi barrio. Quién sabe, quizás el fútbol no sea más que una simple burbuja que nos ayuda a alejarnos, por noventa minutos, de la realidad del mundo. En el barrio, al menos eso se cumplía. El dolor de años de olvido e ignorancia pasaba a un segundo plano, primero estaba las ganas de disfrutar la magia de la pelota clavándose en un ángulo o pasando entre las piernas de un descuidado. Era el fútbol, sin dudas, nuestro analgésico. Badulaques del Balompié, el club del barrio, buscaba comenzar la temporada con el pie derecho para seguir consolando las penas de los vecinos. Pero la cantidad increíble de lesionados motivó que el Director Técnico, Sebastián Uzuriaga, tuviera que poner varios pibes de la cantera para poder afrontar el partido. La cita obligada era en “El campito”. El Club Badulaques del Balompié recibía al último campeón, al invicto, al Club de Fútbol de La Bajada. El primer tiempo permaneció trabado en la mitad de la cancha por mucho tiempo. Los doble cinco de ambos equipos se intercambiaban la pelota en pases intransigentes, y el centroatacante estrella de La Bajada, Gustavo “Tanque” Norlit, no había pasado los tres cuartos de cancha. Pero, a los 42 minutos, un pase largo preciso del zaguero de los visitantes terminó en los pies del Tanque, quien estaba oportunamente ubicado en el costado derecho del campo de juego. Logró eludir con un simple enganche hacia adentro a Izquierdo, el marcador lateral de Badulaques, y la colgó de un ángulo. 1 a 0, y al descanso. La gente comenzaba a molestarse con Izquierdo, a tal punto que silbaron al ver que Izquierdo entraba nuevamente en el terreno de juego para empezar la segunda mitad del partido. El DT Uzuriaga los mandaba a callar desde la línea de cal, pero el enojo y la ira de la hinchada contra el jugador eran demasiado grandes como para ser silenciadas. Y sí, comerse un enganche tan predecible como ese… Las acciones transcurrieron como habían sido de esperarse: el equipo de La Bajada dominaba el partido. Era el escuadrón que tomaba la iniciativa y manejaba los tiempos del partido. A los 42 minutos, después de un asedio constante y aterrador, el equipo local decidió realizar su primer ataque en todo el partido. El 14, Lucas Buñuelos, le pegó al esférico con tres dedos y el tiro fue apenas rechazada por el arquero Castillo, aunque con tanta mala suerte que la pelota terminó en los pies del 9, Martín Especiale. Tratando de achicar el ángulo, el del buzo terminó cometiendo penal y lo expulsaron por último recurso. Por supuesto, Especiale fue el encargado de empatar. El gol fue gritado por todo el barrio, pues era la primera vez en la historia de la Liga Interbarrial, que Badulaques le había metido un gol al Club de Fútbol de La Bajada. El delantero se arrodilló llorando y le agradeció al cielo. Sus compañeros se arrodillaron y lo alabaron, lo santificaron y lo declararon jugador ilustre en ese mismo momento. Sin embargo, en un acto de viveza, los de La Bajada reanudaron el juego súbitamente. El arquero “Totó” Mansilla gritaba desesperado para que sus compañeros retomaran el puesto y defendieran el resultado. Todos quedamos asombradísimos cuando Gonzalo Izquierdo bajó con una rapidez increíble, envidiable para cualquier guepardo. Sorprendió de atrás al “Tanque” y le robó la pelota. El crack no se lo bancó y lo fue a buscar. Pero, justo en el momento en el que estiró la pierna derecha para quitársela, el defensor, demostrando una calidad impensada, le hizo un caño magistral empujando la pelota con la suela del botín. Ante la mirada impávida de todo el mundo (hinchas, jugadores propios y extraños, árbitro, jueces de línea, sustitutos, técnicos, aguateros…) el muchacho emprendió un ataque por su cuenta. Nadie lo seguía, nadie reaccionaba. Los jugadores contrarios estaban tan ocupados en su incredulidad que poco pudieron hacer para detenerlo. De vez en cuando, una que otra pierna se le cruzaba por el camino, pero él las evadía con rodeos y amagues maradonianos. A los 45 minutos exactos, y tras verse vencido por una vaselina ponderable, el arquero suplente del visitante había tenido el honor de ser espectador de lujo del primer gol del changuito Izquierdo. ¿Qué gol? ¡GOLAZO! La hinchada reaccionó y pegó el grito sagrado, el equipo entero se acercó corriendo a estrecharlo en un fuerte abrazo. El partido ya llegaba a su fin y la primera victoria ya era inminente. De más está decir que el pitazo final sonó como el conjunto de trompetas de la realeza. Todo era fiesta y cantos y gritos y llantos… Este humilde reportero se acercó corriendo al héroe del partido, al changuito que se acababa de ganar un puesto vitalicio en la defensa del primer equipo. Nos contó de su felicidad, de su emoción, de su incredulidad: “No puedo creer lo que hice, entregarle felicidad a la hinchada, al equipo… No, no lo puedo creer. Parece un sueño todo esto”. Buscando rematar esa última frase, lo pellizqué. Y se despertó. Facundo Gonzalo Gallego

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