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Efraim Zuroff: «No podemos permitir que los criminales nazis tengan un retiro dorado» El cazanazis habla con ABC sobre la dificultad que entraña su trabajo o la reciente detención de Csizsik-Csatary susana mendoza / corresponsal en jerusalén Día 12/08/2012 - 16.57h Hace unas semanas, el húngaro Ladislaus Csizsik-Csatary, un criminal nazi de 97 años acusado de la matanza de unos 15.000 judíos durante el Holocausto, era detenido en su casa de Budapest. Una espectacular detención que comenzó gracias a la denuncia de un vecino que lo reconoció. Sin embargo, el arresto de Csatary no hubiera sido posible sin el trabajo de Efraim Zuroff, un cazanazis del centro Wiesenthal. Zuroff, que ha dedicado su vida a llevar a criminales de guerra nazis ante la Justicia, habla con ABC en su oficina de Jerusalén. —¿Cómo llegó hasta Csatary? —Alguien contactó conmigo en septiembre y me dio información creíble. Al parecer, el antiguo comandante Csizksik Csatary estaba viviendo en Budapest. En menos de dos semanas me reuní con el fiscal de Hungría para comunicarle el nombre de Csatary, los cargos contra él y pedirle que se abriera una investigación. —Aún así, la Justicia húngara no puso todo de su parte para detenerlo —En Budapest no contestaban a mis cartas, y estaba bastante preocupado de que la investigación no avanzase. Es algo muy difícil para cualquier país que uno de los suyos sea juzgado por este tipo de crímenes, ninguno quiere ese tipo de publicidad. Zuroff decidió entonces iniciar la guerra sucia, habló con el periódico británico «The Sun» para que hostigara a Csatary y mostrara a todo el mundo la historia de este criminal nazi. El periódico lo acosó sin piedad, consiguiendo que la Justicia húngara reaccionara y acabara por detenerlo. Pese a que la mayoría de los criminales nazis son ya nonagenarios, la edad no es impedimento para llevarlos ante los tribunales. «No hay que olvidar que se trata de hombres que durante años, en su plenitud física y mental, asesinaron y torturaron a seres humanos. No hay que dejar que el aspecto frágil de un anciano nos haga olvidar las atrocidades que cometieron», afirma. Las dos únicas condiciones que deben cumplir estos criminales para poder ser detenidos son «no haber sido ya condenados por los mismos crímenes y que conserven sus facultades mentales, aunque tengan 100 años». A pesar de que su contribución ha sido clave para poder arrestar a Csatary, Zuroff asegura que todavía quedan unos 600 criminales y colaboradores del régimen nazi en libertad. Reconoce que no es una tarea fácil llevarlos ante la Justicia ya que la mayoría de víctimas que pueden reconocerlos han fallecido y por la burocracia necesaria para conseguir que los países donde residen acepten llevarlos a juicio. «El tiempo pasa y, tanto las víctimas como los asesinos, son ya muy ancianos. No podemos permitir que los que torturaron y mataron a millones de judíos tengan ahora un retiro dorado, sin pagar por el dolor que infligieron», dice. Zuroff asegura que lo más impactante de su trabajo es que ninguno de los criminales que ha capturado ha mostrado arrepentido por sus atrocidades: «En 32 años de trabajo, nunca me he encontrado con ningún nazi que haya expresado arrepentimiento o remordimiento alguno», afirma.
Cuando Israel brinda ayuda a los árabes desterrados Internacional • 23 Mayo 2012 - 11:45pm — Raymundo Pérez Arellano/Enviado Al menos dos mil familias procedentes de la vecina Siria llegaron al país en los últimos meses, huyendo de la represión oficial ante la rebelión de un sector de la población contra la dinastía de los Asad. MILENIO conversó con ellos. Mafraq • La organización civil Cadena, de origen judío y con sede en México, me contactó para acompañarlos a Jordania. Dos mexicanos miembros de esta ONG cruzarían la frontera para entregar víveres a ciudadanos sirios refugiados en Jordania por la guerra civil en su país. La entrada a Jordania fue por el norte. En el puente fronterizo de Sheij Hussein los oficiales de migración preguntaron el motivo de la visita a Jordania. Turismo fue la respuesta. Íbamos a dormir en Amman, la capital jordana, y después visitar Petra, donde existe una ciudad esculpida entre las rocas, habitada hace miles de años por los nabateos. Al menos esa era la coartada para ingresar como turistas. Después de pasar por un escáner de iris, estamparon la visa en nuestro pasaporte y seguimos hasta Mafraq, la ciudad más cercana a la frontera siria. Solo 12 km la separan de su vecino país. Es un punto obligado para los viajeros que van a países vecinos, pues ahí se bifurcan los caminos que conducen a Damasco y Bagdad. Tras hora y media de camino llegamos a una tienda de materiales para construcción. Alí Rashed, representante de la Media Luna Roja en Jordania, despacha ahí. Aunque también utiliza el inmueble como bodega o lo renta para las fiestas de la comunidad. Alí conoce la dinámica de la migración hacia Mafraq. Por eso estima que al menos dos mil familias han llegado a esta ciudad huyendo de la guerra civil. Cree que unas veinte mil personas han llegado en los últimos cuatro meses huyendo de los abusos del gobierno de Bashar al Asad, presidente de Siria desde el 2000 y cuya familia ha gobernado el país desde hace 40 años. A las oficinas de Alí llegaron tres camiones con ayuda: el primero repleto de colchones, el segundo con cobertores y el último con cientos de cajas blancas con dátiles empacados al alto vacío. “Son para el mes santo del Ramadán. Los musulmanes ayunan todo un mes y solo comen dátiles“, explica Rashed. Añade que la ayuda sigue faltando pues el mes del Ramadán, que iniciará el 21 de julio, es uno de los más calurosos del año. Por esto esperan que las ONG’s provean pronto de ventiladores para los refugiados. De Homs a Mafraq La mayoría de los desplazados sirios en Mafraq conocieron el infierno en Homs, bastión de la resistencia siria contra Al Asad, hasta hace muy poco importante aliado de Estados Unidos en Oriente Medio. Ahmed Rajad, como muchos sirios, llegó en febrero pasado. A diez de sus familiares los encarcelaron. Otros seis de sus amigos fueron ejecutados o murieron en los choques contra policías y militares. La orden es extinguir la ola de protestas que creció al calor de la primavera árabe, que arrancó en diciembre de 2011 en Túnez, replicó en Egipto, continuó en Libia –alentada por las grandes potencias occidentales– y se extendió a Siria. Ahmed no tiene trabajo, aunque tiene que conseguir rigurosamente 150 dólares mensuales para pagar la renta del pequeño apartamento donde viven él, su esposa, suegra y sus hijas. En total diez mujeres y él habitan el pequeño espacio donde no hay más que tres alfombras, cortinas improvisadas, unas cuantas cacerolas y un televisor, donde están al pendiente de las noticias. Ahmed quiere regresar y seguir combatiendo, pero hoy tiene que pensar primero en la seguridad de sus mujeres. Aunque asegura que en la primera oportunidad regresará a las filas de la rebelión en Homs. Por lo pronto toma el detergente, el shampú, el paquete de jabones, azúcar, harina y té que le brindan afuera de su domicilio. Sabe que esto le ayudará a pasarla un poco mejor mientras piensa en el retorno. Un poco más lejos las organizaciones humanitarias ubican la casa de Shamsa Hawash. Ella y su hermana cuentan los horrores vividos en Homs. Los militares golpearon a una mujer embarazada, después le abrieron el vientre con un cuchillo y mataron a la madre y al producto. La mayoría de los refugiados en Jordania son mujeres y niños, ahora viudas y huérfanos. Los hombres se quedaron a pelear o murieron en batalla. Al resto de la familia no le quedó más opción que marchar a Jordania. “Al Líbano no van porque la tienen más difícil. Los árabes sirios son musulmanes sunitas y en el sur del Líbano está Hizbolá, que son musulmanes chiítas y tendrían problemas. Por esto es que la opción es Jordania, donde pueden vivir seguros, incluso las mujeres“, explica Rashed. Hay historias que sacuden. Como la de dos viudas que hoy viven en la misma casa tras la muerte de su marido en la guerra. Una doble tragedia en un mismo hogar. O la de un niño de 13 años a quien los militares torturaron en la frontera para lograr información de los rebeldes. Como él no sabía nada, los policías quisieron refrescarle la memoria a culatazos. Golpeaban una y otra vez su rodilla derecha, donde el chico tenía una placa de acero por una cirugía previa. Se detuvieron hasta ver destruido el trozo de metal. La víctima llegó a Jordania con una inflamación crítica y a punto de perder la pierna. Siete horas de cirugía lograron quitarle los pedazos de metal y colocar una placa nueva. Cadena Benjamín Laniado es un mexicano de origen judío que dedica su tiempo libre a encabezar Cadena, organización de apoyo en desastres humanitarios. Junto a Eitan Kraus ingresaron a Jordania el 14 de mayo pasado para entregar víveres a los sirios desplazados por la guerra. El grueso del trabajo de Cadena se realiza en México, el resto en el exterior. Han atendido desastres en Oaxaca, Tabasco, Michoacán o la Sierra Tarahumara, pero también en Kenia, Haití, Turquía y ahora en Jordania. No es común que organizaciones de origen israelí se ocupen de damnificados en países que en algún momento estuvieron en guerra con Israel. “Esta ayuda humanitaria es una gran propuesta de paz, donde los israelíes podemos demostrar que estamos para dar el paso que sigue, para conseguir la paz y lograr ser amigos. Judíos han vivido en Siria por siglos conviviendo bien. La ayuda humanitaria no tiene fronteras. Israel es un país de paz y haciendo estas colaboraciones en conjunto podemos demostrarle a la gente de Siria que, una vez que acaben con su conflicto, Israel y los israelíes estamos dispuesto a conseguir la paz“, explica Benjamín Laniado. Luego de dos días de misión en Jordania los miembros de Cadena se retiraron con la promesa de enviar más ayuda en el futuro.
Viernes, 31 de agosto de 201201:00 Islamización La lectura de los primeros pasos de la "primavera árabe" estuvo cargada de optimismo. Las caídas del corrupto Ben Alí y del supuesto faraón Mubarak auguraban movilizaciones en cadena, con... Por Antonio Elorza (*) / El País (Madrid) La lectura de los primeros pasos de la "primavera árabe" estuvo cargada de optimismo. Las caídas del corrupto Ben Alí y del supuesto faraón Mubarak auguraban movilizaciones en cadena, con las nuevas democracias ocupando el lugar de las dictaduras pro-occidentales y la prueba de que cualquier duda sobre el significado político del islam era signo de islamofobia. La realidad mostró muy pronto que las cosas eran más complicadas. Para empezar, no fue lo mismo derribar dictaduras abiertas a cierto grado de pluralismo, como Túnez y Egipto, en definitiva, regímenes autoritarios, que enfrentarse a autocracias, verdaderos neosultanismos, casos de Libia o de Siria, dispuestas a sofocar a sangre y fuego cualquier oposición. Tampoco coincidía el papel de la religión en las revueltas. Discretamente, los Hermanos Musulmanes contribuyeron a la infraestructura de la insurrección en la plaza del Tahrir, los islamistas de Cirenaica fueron el núcleo de la resistencia anti-Gaddafi en Bengasi, y en cambio estuvieron ausentes en Túnez. A pesar de lo cual, tanto allí como en Egipto triunfaron en las primeras elecciones democráticas. El problema de la relación entre islam y democracia salía del terreno de las palabras y se convertía en una cuestión capital para la organización de las sociedades emancipadas. El desfase entre movilización y organización marginó a los protagonistas de los movimientos antidictatoriales y el islam pasó a capitalizar el cambio. Más aún cuando sus portadores, los Hermanos Musulmanes egipcios y tunecinos no estaban contaminados por la colaboración con las dictaduras. Tampoco lo estaban en Libia, pero aquí partían de una posición más difícil, dada la homogeneidad religiosa: los salafíes se conformarán con perseguir al sufismo. El discurso islamista se adecuó a las nuevas circunstancias. Según el patrón egipcio, con el absolutismo de los principios, bajo el lema de que "el Corán es nuestra Constitución", la sharía como base legal y la yihad como instrumento, había coexistido durante décadas con una actitud pragmática, de aprovechamiento de todo resquicio para consolidar una hegemonía social. En la campaña electoral, el luego presidente Morsi, habló del Corán como solución, de sharía y de yihad, pero sobre todo de respeto a la democracia y llamó a la colaboración de las minorías (coptos). En Túnez el mensaje fue aún más claro y tras ganar las elecciones Ennahda formó un gobierno tripartito con dos partidos laicos. En su primer congreso legal, inaugurado el 12 de julio, su líder Rashid Gannushi confirmó el pluralismo democrático. Sin embargo, no todo va hacia lo mejor en el mejor de los mundos. En Egipto, la entrada en escena del salafismo, que exige la reposición de las formas de vida y creencia de los orígenes del islam, por un lado coloca a los Hermanos Musulmanes en una confortable posición centrista, en cuanto defensores del islamismo democrático, y por otro, supone una presión continua desde la ortodoxia (líder islamista tolerante agredido en Kairuan, Túnez). Emerge una barrera invisible frente al laicismo, así como frente a los derechos efectivos de las mujeres: no hubo condena de los Hermanos contra las brutales agresiones sexuales en la plaza de Tahrir. Lejos aún del sistemático exterminio anticristiano de los yihadistas de Boko Haram en Nigeria, los incidentes interconfesionales se cierran con la huida de las familias coptas, presentada por el ministro del Interior como abandono voluntario de sus residencias. Y sobre todo es diseñado el control islamista sobre el Estado y la prensa, acentuándose la centralidad de la sharía en la futura Constitución. En Túnez el tripartito sigue su curso, mientras Ennahda copa el poder. Los salafíes pasaron a la acción, primero atacando despachos de bebidas, luego destruyendo exposiciones cerca de la capital -en la Primavera de las Artes en La Marsa-, al juzgar que unas obras inofensivas eran blasfematorias. Es la islamización impulsada desde el totalitarismo horizontal característico de los salafíes. El ministro de Cultura se apresuró a condenar a los expositores, anunciando medidas para el respeto de la religión, lo cual enlaza con el acuerdo del Congreso de Ennahda de "criminalizar todo aquello que atente a lo sagrado", pronto introducido en el artículo 3 del proyecto constitucional. Un conocido periodista ha pasado al juez por beber alcohol. La policía cierra restaurantes no turísticos en Ramadán. Otra perla ministerial: nunca autorizará la actuación de la artista libanesa Nancy Ajram: la libertad de expresión respetará "las buenas costumbres". Ahí está la campaña de moralización, donde jóvenes policías ponen en práctica el principio islámico de "promover el bien y prohibir el mal", interpelando a las mujeres que a su entender llevan un vestido incorrecto o circulan con un hombre, sobre quien las preguntan al modo iraní si es su marido o su hermano. Pueden ser golpeadas o detenidas, como la cantante Rym el-Banna. ¿Casos aislados? La igualdad de sexos, herencia de Burguiba, es cuestionada en al artículo 28 del proyecto constitucional, que establece la complementariedad de la mujer, por "el papel de la familia" y las "diferentes responsabilidades". La gran manifestación femenina del día 13 fue la respuesta. La conciliación de islamismo y libertad no resulta fácil. (*) Catedrático de Ciencia Política.
El legado de Obama y la bomba iraní Por Alan M. Dershowitz (The Wall Street Journal) en Guysen International News Neville Chamberlain fue recordado por apaciguar a Alemania, no por sus programas sociales progresistas. La amenaza más grave que enfrenta el mundo hoy es un Irán con armas nucleares. De todas las naciones capaces de producir armas nucleares, Irán es el único que podría utilizarlas para atacar a un enemigo. Hay varias formas en las que Irán podría utilizar armas nucleares. La primera es lanzar una bomba atómica sobre Israel, tal como sus dirigentes han amenazado en repetidas ocasiones en hacer. Hashemi Rafsanjani, un ex presidente de Irán, en 2004 se jactó de que un ataque iraní mataría a tantos como cinco millones de judíos. El Sr. Rafsanjani estimó que incluso si Israel respondiera con sus propias bombas nucleares, Irán probablemente perdería alrededor de 15 millones de personas, lo cual él dijo que sería un pequeño "sacrificio" de los [más de] mil millones de musulmanes en el mundo. La segunda manera en que Irán podría utilizar armas nucleares sería dárselas a sus sustitutos, Hezbollah o Hamas. Una tercera vía sería que un grupo de terroristas, como Al Qaeda, pusiera sus manos sobre el material nuclear de Irán. Podría hacerlo con el consentimiento de Irán o al trabajar con elementos renegados dentro del régimen iraní. Por último, Irán podría usar sus armas nucleares sin tener que detonar una bomba. Con la constante amenaza a Israel con la aniquilación nuclear, podría generar tanto miedo entre los israelíes como para incitar a la emigración masiva, la fuga de cerebros, o a una disminución significativa de personas que se trasladan a Israel. Estas son las formas específicas con que Irán podría utilizar armas nucleares, principalmente contra el Estado judío. Pero hay otras formas en las que un Irán con armas nucleares pondría en peligro al mundo. En primer lugar, podría causar una carrera armamentística en la que todas las naciones del Oriente Medio procurarían obtener armas nucleares. En segundo lugar, es casi seguro que provocaría a Israel a lanzar sea un ataque preventivo o uno de represalia, y así inflamar a toda la región o incitar a nuevos ataques contra Israel por parte de Hezbollah y Hamas. En tercer lugar, proporcionaría a Irán un paraguas nuclear en virtud del cual podría acelerar sus esfuerzos en pos de la hegemonía regional. Si Irak hubiera operado bajo un paraguas nuclear cuando invadió Kuwait en 1990, las fuerzas de Saddam Hussein todavía estarían en Kuwait. En cuarto lugar, alentaría a los elementos más radicales en el Medio Oriente a continuar su guerra de palabras y de acciones contra los Estados Unidos y sus aliados. Y, por último, inevitablemente desencadenaría la ley de consecuencias no deseadas: en pocas palabras, nadie sabe el alcance de los daños que un Irán armado nuclearmente podría producir. En estos sentidos, permitir que Irán obtenga armas nucleares es de algún modo análogo a la decisión de los vencedores de la Primera Guerra Mundial en permitir a la Alemania nazi que se rearmarse durante la década de 1930. Incluso los nazis estaban sorprendidos por esta complacencia. Joseph Goebbels esperaba que los franceses y los británicos impidiesen que los nazis reconstruyeran la maquinaria de guerra alemana. En 1940, Goebbels le dijo a un grupo de periodistas alemanes que si él hubiera sido el primer ministro francés cuando Hitler llegó al poder, habría dicho: "El nuevo canciller del Reich es el hombre que escribió Mein Kampf, que dice esto y aquello. Este hombre no puede ser tolerado en nuestra vecindad. ¡O bien desaparece o marcharemos!". Sin embargo, Goebbels continuó, "no lo hicieron. Ellos nos dejaron solos y permitieron que nos deslizáramos a través de la zona de riesgo, y fuimos capaces de navegar por todos los arrecifes peligrosos. Y cuando terminamos, y estábamos bien armados, mejor que ellos, ¡entonces comenzaron la guerra!". La mayoría de la gente hoy no es consciente de que el primer ministro británico Neville Chamberlain ayudó a restaurar la estabilidad financiera de Gran Bretaña durante la Gran Depresión y que adoptó legislación para ampliar las prestaciones de desempleo, pagar pensiones a los trabajadores jubilados y ayudar a los más afectados por la economía en desaceleración. Pero la historia recuerda su fracaso para hacer frente a Hitler. Ése es el legado perdurable de Chamberlain. También será la construcción por parte de Irán de armas nucleares, si consigue hacerlo en los próximos años, el legado perdurable del presidente Barack Obama. Independientemente de su logro de la reforma sanitaria e independientemente de si se restaura el empleo y ayuda a recuperar la economía, el Sr. Obama será recordado por permitir que Irán haya obtenido armas nucleares. La historia no tratará amablemente a cualquier líder que permita la acumulación de tanto poder en manos de la primera nación-suicida del mundo; una nación cuyos dirigentes no sólo han expresado, sino, durante la guerra Irán-Irak, demostrado su disposición a sacrificar a millones de su propia gente en aras de una misión de destrucción apocalíptica. Si Irán se convirtiera en una potencia nuclear, habría un montón de culpas que repartir. Un informe de Inteligencia Nacional, publicado bajo el mandato del presidente George W. Bush, distorsionó la verdad por medio de la sugerencia de que Irán había puesto fin a su búsqueda de armas nucleares. También retuvo el hecho de que la inteligencia de EE.UU. había descubierto una instalación nuclear cerca de Qom, Irán, que sólo podía utilizarse para la producción de armas nucleares. Chamberlain, también, no era totalmente culpable de los triunfos iniciales de Hitler. El se convirtió en primer ministro después de que sus predecesores le permitieron a Alemania rearmarse. No obstante, es Chamberlain quien ha llegado a simbolizar la falta de prevención del ascenso de Hitler. También simbolizará el señor Obama el fracaso de Occidente si Irán adquiriera armas nucleares en su tiempo. Publicado el The Wall Street Journal - 23/03/2010 - El Sr. Dershowitz es profesor de derecho en Harvard. Su último libro es "En Defensa de la Claridad moral" (Camera, 2009). Nuestro agradecimiento a Julian Schvindlerman.
Siria y ahora el Sinaí Las muertes continúan sucediendo en Siria ante la indiferencia estival. Otras cien personas habrían perecido en el día de ayer principalmente bajo el fuego de la aviación del gobierno que masacra a los rebeldes en Alepo. El régimen sufre deserciones, la ultima la del primer ministro Ryad Hijab, una figura decorativa en el aparato sirio pero cuya huida, así como la de varios generales, tiene un ef ecto propagandístico. Refuerza hacia el exterior la causa de los rebeldes y hace pensar que dentro del país se extiende la idea de que Assad caerá y hay bastante gente lavando su imagen y tomando ya posiciones para el futuro.En Francia, donde sigue primando el afán de protagonismo en el Mediterráneo y en Medio Oriente, la oposición culpa al gobierno de Hollande de pasividad y Sarkozy, que jugo un papel clave en la caída de Gadaffi en Libia, sale de su mutismo para pedir que se intervenga ya en Siria. Olvida el veto ruso y que Assad aun cuenta con un apoyo importante del ejercito.La intervencion seria hoy por hoy muy costosa. Simultáneamente las arenas se agitan en el Sinaí poniendo a prueba la autoridad del flamante presidente egipcio Mohamed Morsi. Un comando islamista ataco el martes en el momento en que se rompía el ayuno del Ramadán un cuartel egipcio matando a 16 soldados e irrumpiendo inmediatamente en Israel donde pretendían hacer algo parecido con efectivos judíos. Cuando se tiene una amplia cosecha de suicidas estas operaciones mortíferas son viables. Advertida por su servicio de inteligencia de que se preparaba algo, la aviación israelí pudo en poco tiempo achicharrar a los invasores. El mortífero atentado no parece haber causado mayores tensiones entre Israel y Egipto. La accesión al poder de Morsi en las elecciones egipcias de hace ocho semanas no ha alterado una cooperación vital para los dos países a pesar de la procedencia ideologica del dirigente egipcio. En sus escaramuzas con la cúpula militar de su país Morsi no quiere tener un nuevo problema creando tensiones con Tel Aviv que podrían, entre otras cosa,llevar a Estados Unidos a recortar la ayuda de 1,200 millones de dólares anuales que entrega a Egipto y que sirven en buena medida para modernizar las fuerzas armadas de esa nación árabe. Sin embargo, el quebradero de cabeza le ha venido del interior. Morsi, vislumbrando tardíamente que desde la caída de Mubarak el Sinaí se ha convertido en una zona insegura donde pululan jihadistas fundamentalistas que tienen contactos con extremistas palestinos del otro lado de la frontera prometio que los asaltantes al puesto militar serian castigados, ordeno una limpieza con helicopteros en un par de aldeas sospechosas y decreto tres días de luto nacional. No ha bastado. De un lado, los Hermanos musulmanes, formación de la que procede, le mina el terreno apresurandose a propalar qúe el atentado ha sido montado de forma encubierta por el Mossad israelí. Es una buena muestra de la teoría de la conspiración, escasamente creíble para la clase política informada pero que es buen pasto para cierta gente llana y no facilita la labor del gobierno del Presidente. Por otra parte, los familiares de las víctimas se indignan de su lado de la pasividad del Presidente hacia los elementos extremistas. Morsi, después de que uno de sus ministros fuera abucheado sobre el terreno, ha preferido no acudir a los funerales por no correr la misma suerte. Como concluye en New York Times, periódico que ha sido hasta ahora comprensivo con el nuevo régimen egipcio, el volátil Sinaí es una prioridad para las autoridades egipcias y aun no lo han acabado de entender.
b]uno de los comentarios mas usuales que se ven en T! sobre el conflicto árabe israeli es el siguiente:[/b] Como es posible que judios e musulmanes coexistieron pacificamente durante siglos bajo el Imperio Octomano y con la dominacion inglesa de las cruzadas y posterior a los octomanos seguidos con la creacion del sionismo, ahora todos se odia? nota: los errores ortográficos son del comentarista, preferi no corregirlos para que no se me acuse de tergiversar su comentario. Dhimmi Dhimmi (en árabe ذمّي ) es el nombre con el que se conoció en la historia del mundo islámico a los judíos y cristianos que vivían en Estados islámicos , y cuya presencia era tolerada, tal y como establece la sharia (ley musulmana), a cambio del pago de ciertos impuestos y de la aceptación de una posición social inferior. La dhimma o protección no existe en los modernos Estados islámicos, aunque en algunos de ellos los miembros de minorías religiosas siguen denunciando una posición social inferior. La existencia del concepto de dhimma procede de la particular relación que tiene el islam con el cristianismo y el judaísmo y que se expresa ya en el Corán. Al contrario que los judíos y cristianos, que se ven entre sí y ven a los musulmanes como infieles, el islam considera que judíos y cristianos son receptores tempranos de la misma palabra de Dios que recibió Mahoma, pero cree que los judíos y cristianos alteraron el mensaje original y se apartaron de él. Por esta razón, los considera extraviados pero no infieles: En verdad, los creyentes y los judíos, los cristianos y los sabeos, quienes crean en Dios y en el Último Día y actúen rectamente, tendrán su recompensa junto a su Señor. No tendrán que temer y no estarán tristes. [...] Verdaderamente, entregamos a Moisés la Escritura y después de él seguimos enviando profetas. Y dimos a Jesús hijo de María las pruebas claras y le fortalecimos con el Espíritu Santo. (Corán, 2:62 y 2:87) . Concepto islámico La dhimmah (en árabe ذمّة, que significa "pacto" u "obligación" es un concepto del Derecho Islámico , de acuerdo con el cual los judíos y los cristianos (y en ocasiones los miembros de otras religiones consideradas monoteístas, como los zoroastrianos ), llamados genéricamente "pueblo del Libro", viven bajo la «protección» del sultán o gobernante musulmán, con derechos y deberes «diferenciados». Típicamente, la "gente de la dhimma" está exenta del servicio militar y del impuesto religioso, llamado , pero en su lugar debe pagar un impuesto de , denominado (جزية), y un impuesto sobre la tierra (), además de acatar la autoridad del sultán. Asimismo tiene derecho a practicar su fe (aunque con severas limitaciones) y a tener sus propios jueces en cuestiones civiles, tales como matrimonios, divorcios, sucesiones, etc. En la práctica, el tratado es inseguro e inestable y condena a una enorme precariedad a los no musulmanes, ya que basta una decisión unilateral de la autoridad islámica y el pacto puede suspenderse en cualquier momento, o imponerse nuevos de forma arbitraria, o secuestrar a los jefes espirituales de los dhimmis y pedir rescate por ellos, o practicar el o «impuesto de sangre» (el reclutamiento y conversión forzosa de niños para integrarlos a las tropas), que los sultanes del Imperio otomano practicaron durante tres siglos contra los cristianos de los Balcanes , lo que suponía en principio una franca violación de la dhimmah. Funcionamiento Teniendo presente el vínculo existente entre los dhimmis y los impuestos que deben pagar, cabe mencionar cómo se sustentaba la economía en . El Tesoro Público era una pieza clave del califato cordobés. Su sede se hallaba en el de la capital de Al-Andalus. Los tesoreros eran elegidos entre los miembros de la aristocracia cordobesa, aunque también gentes de otras religiones podían acceder al cargo siempre que gozaran de la confianza del califa . Las rentas que recibía el Estado se centralizaban en la ciudad de . Las rentas se nutrían de la limosna legal aprobada por los creyentes musulmanes y de los impuestos cobrados a los dhimmis. Mientras que los musulmanes entregaban un diezmo de sus bienes muebles, los dhimmis estaban sujetos a un de capitación personal y otro territorial, ambos mencionados anteriormente. También, pero en menor medida, contribuían a la hacienda pública los tributos pagados por monarcas cristianos y las tasas extraordinarias. Entre éstas se encuentra, por ejemplo, la que gravaba la producción artesanal, el comercio y la aportación solicitada al pueblo para financiar el ejército. La presión fiscal que se ejercía sobre los súbditos era muy desigual, pues los dhimmis eran sometidos a una presión fiscal que en ocasiones triplicaba a la de los súbditos musulmanes. Esta circunstancia pudo influir en la conversión al Islam de un gran número de cristianos empobrecidos que no podían pagar los tributos, aunque en los primeros siglos de la expansión islámica (siglos VIII al X d. C.) algunas autoridades musulmanas impidieron tales conversiones masivas en tanto implicaban indirectamente una merma en los ingresos tributarios del califato (pues tras la conversión al Islam un dhimmi ganaba el derecho a pagar menos tributos). En general, los historiadores coinciden en que, pese a las diferencias de grado entre unos periodos y otros, jamás hubo igualdad social entre musulmanes y no musulmanes, aunque unos le dan más relevancia que otros a este hecho. Por ejemplo, la especialista en Oriente Medio –que ha dedicado 20 años y varias obras al fenómeno de la dhimmitud– sostiene que la vida de los dhimmis era sumamente difícil, y lo ilustra a través del análisis de las masacres contra infieles acontecidas en las primeras conquistas, las posteriores humillaciones una vez ocupadas las tierras, el opresivo sistema fiscal, el saqueo y el pillaje de casas, iglesias y sinagogas , las conversiones forzosas (a su juicio, mucho más numerosas de lo que habitualmente se suponía), etc. Pero incluso otros historiadores, que tienen una visión mucho más benévola y apologética de la historia del Islam, como , S.D. Goitein y , coinciden en que los dhimmíes estaban sometidos a una situación legal y social de manifiesta inferioridad que, en general, fue empeorando progresivamente a medida que el mundo islámico se debilitaba. Por ejemplo, Stillman, en su estudio histórico general de los siglos VII a IX, y que incluye traducciones de importantes documentos, afirma: «La jizya y el kharaj [los impuestos] eran una carga aplastante para los campesinos no musulmanes, que apenas lograban sobrevivir en una economía de subsistencia. [...] La principal preocupación de las autoridades musulmanas era que se pagaran todos los impuestos y que los dhimmi reconocieran de diversas maneras, unas más humillantes que otras, el dominio del islamismo. Mientras cumplieran los no musulmanes, se les permitía un autogobierno de cierta amplitud. No obstante, ni siquiera en sus propios asuntos comunales estaban totalmente libres de la supervisión del gobierno y, a veces, de una manifiesta injerencia.» Norman StillmanLa discriminación social por motivos religiosos estaba institucionalizada en los regímenes islámicos y era inherente a las leyes y costumbres sociales: un musulmán no podía ser condenado a pena capital por el asesinato de un infiel. El valor en tribunales musulmanes del testimonio de los dhimmíes era inferior al de los súbditos islámicos, al igual que la indemnización en los casos de venganzas de sangre. Las acusaciones de contra los dhimmíes eran habituales y el castigo era la muerte. Como los dhimmi no podían testificar en un tribunal para defenderse, debían obligatoriamente convertirse al Islam para salvar la vida. Existía un severo tabú matrimonial contra los dhimmíes varones, que eran castigados con la muerte si mantenían relaciones sexuales con una mujer musulmana o si se casaban con ella; además existían leyes desiguales en las , las discriminaciones en el vestido, en el uso de animales o en ciertos oficios, entre otras, como la estricta prohibición a los dhimmis de tener servidores musulmanes. Todo este fenómeno constituye una relación de limitaciones variable según regiones y periodos históricos, pero con dos constantes: reforzar la manifiesta inferioridad del dhimmí por todos los medios posibles y formar una rígida separación entre comunidades en los asuntos relevantes, en base al principio básico según el cual un individuo que no pertenecía a la comunidad islámica era inevitablemente inferior a un creyente en todo aspecto de su vida. Según Stillman: «la persecución total era rara pero la posibilidad siempre estaba presente. Aun en la mejor de las épocas, los dhimmi podían encontrarse con que, en todos los ámbitos de la vida y fuera cual fuese su posición en la sociedad, se les recordase violentamente cuál era su verdadera condición.» Norman Stillman. Bernard Lewis, que ha escrito mucho sobre dhimmíes y, especialmente, sobre judíos en el islam, señala que jamás hubo igualdad entre musulmanes y no musulmanes: «Las sociedades islámicas nunca reconocieron tal igualdad ni fingieron hacerlo. [...] Siempre hubo discriminación, de modo permanente y sin duda necesario, como algo inherente al sistema e institucionalizado por la ley y la práctica.» Bernard LewisMuchos dhimmíes desempeñaron funciones y cargos políticos de relevancia, incluyendo en diversos casos la jefatura del gobierno o visirato, como el caso de los Yekutiel ben Isaac ( Zaragoza , siglo XI), Tustari ( Egipto , siglo XI) y otros. Sin embargo, era frecuente que cualquier nombramiento de un dhimmí para un cargo importante despertase airadas protestas entre los súbditos musulmanes y oleadas de violencia, como sucedió en Granada en 1066, en en 1275 y 1465, en Irak en 1291 y de forma reiterada en Egipto entre 1250 y 1517, con matanzas de judíos o cristianos. Por ello, muchos dhimmíes se convirtieron prontamente al Islam y de ese modo pudieron conservar sus puestos, salvar sus vidas y bienes, y evitar la violencia indiscriminada contra sus antiguos correligionarios. La dhimma colocaba a las minorías cristiana y judía en una situación legal y social de discriminación que nunca fue disimulada, que podía adquirir realizaciones más o menos fuertes según épocas y lugares, y que esencialmente fue muy similar a la discriminación sufrida por las minorías judía y, en menor medida, musulmana, en los países de Europa donde se toleraba la existencia de tales minorías. La dhimma, sin embargo, y a diferencia de lo que ocurría en Europa, garantizó la existencia de esas comunidades, poniéndolas relativamente a salvo del brutal hostigamiento que sufrieron las minorías religiosas en los lugares de Europa menos tolerantes, como España o Rusia . Merced a la dhimma, algunas naciones, como Grecia y Serbia , mantuvieron su mayoría cristiana y su identidad cultural incluso luego de largos siglos de gobierno islámico. Sin embargo, permitieron, por otra parte, que se mantuviera durante siglos una situación de humillación y discriminación legal y social que en mayor o menor medida se ha conservado hasta los tiempos actuales.
Opinión Israel fue el único sitio donde se llevó a cabo una investigación seria Sabra, Chatila y "los sospechosos habituales" Marcelo Wio Esta semana la gran mayoría de los medios en español han recordado la masacre de palestinos ocurrida en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en el Líbano. Sin duda el recuerdo es necesario para prevenir actos similares en el futuro. Pero cuando la memoria selecciona una y otra vez ciertos hechos y deja a otros al costado de la historia, ésta se convierte en una estrategia más para atacar o desprestigiar a un país - sea éste cual sea-. Finalmente, al obviar otros sucesos similares (o aún peores, si cabe), se transforma a la memoria en un juez que aplica raseros diversos según las partes que intervienen; para dejar de ser memoria y convertirse en una herramienta política. Contexto Los medios de habla hispana han aprovechado para cargar las tintas una vez más contra Israel, dejando de lado la oportunidad de indagar en lo sucedido realmente. Salvo honrosas excepciones como en La Vanguardia, la guerra civil libanesa apenas es mencionada, al igual que la responsabilidad de los falangistas cristianos. Llama la atención la manera en que se aborda un suceso que tuvo lugar en unas circunstancias particulares y que (salvo excepciones como La Vanguardia) casi ningún medio se tomó el trabajo de explicar: la guerra civil libanesa, con la posterior invasión siria, en 1975, que, según un artículo de Mordechai Nisan, pretendidamente temía la partición del país entre cristianos y musulmanes o una toma total del mismo por parte de la OLP. El autor explica, además, que "una fuente de confianza sugiere que los sirios fueron responsables de la muerte de aproximadamente cien mil libaneses". Un hecho no menor que no se menciona. La entrada de Israel en dicho conflicto no se produce hasta 1978, tras una incursión terrorista palestina en el norte de Israel que se cobró la vida de 38 civiles israelíes, entre ellos 13 niños. Israel decide entonces tomar la zona sur del país para evitar dichas infiltraciones. Luego de dos meses, Israel se retiró del área para dejarla bajo custodia de las Naciones Unidas. Mas las acciones de la OLP continuaron y concluyeron con la entrada de manera más amplia de Israel en la contienda en 1982. En el caso del artículo de Rosa Meneses en El Mundo del 16 de septiembre de 2012, el contexto que se brinda no sólo es inexacto, sino tendencioso. En el segundo párrafo asegura: "El francés [Jean Genet] se encontraba en Beirut cuando, en septiembre de 1982, el Ejército de Israel entró en la capital libanesa y se producen las matanzas de Sabra y Chatila, dos campamentos de refugiados palestinos incrustados en la bella ciudad mediterránea". La evidente conclusión a la que llegará un lector que desconozca los pormenores del conflicto libanés es que, de buenas a primeras, Israel invadió el Líbano y produjo las matanzas. Recién es en el cuarto párrafo cuando menciona a los perpetradotes: "Hoy se cumplen 30 años desde que, un 16 de septiembre, las milicias cristianas entraron en Sabra y Chatila para cobrarse venganza por una matanza ocurrida en Damour. La masacre se prolongó dos días. Aquél era un Líbano envuelto en furia y llamas, en una espiral del todos contra todos que fue la guerra civil que partió el país en mil pedazos entre 1975 y 1991". Una espiral que, para la periodista, no incluía a Siria (que ocupó el país desde 1975 hasta abril de 2005), y que interpreta de una manera muy particular, puesto que afirma, sin aportar ninguna fuente de información: "Los israelíes incitaron a sus aliados en el Líbano, los falangistas cristianos, a tomar represalias contra los palestinos". Sin embargo, un informe de Online Ecyclopedia of Mass Violence, del Centre d'ètudes et recherches internationales y de SciencesPo. de París, indica que: "La cuestión sobre si las fuerzas israelíes estuvieron o no involucradas, directa o indirectamente en la masacre, de la que se ha informado que fue llevada a cabo por los Falangistas, dividió (y aún divide) a los expertos legales y a las comunidades de la investigación. Varios entes han intentado describir en términos legales lo que ocurrió en los campos de Sabra y Chatila". Es decir, que los expertos aún no se han puesto de acuerdo en cuanto a los parámetros legales de lo ocurrido. Pero Rosa Meneses parece haberlo hecho sin problema alguno, sin fuente alguna. Precisamente, respecto a la falta de fuentes, otro artículo, en este caso del ABC, firmado por María Iverski el 9 de septiembre de 2012, no le va a la zaga: "Para el 15 de septiembre el ejército israelí ya había rodeado por completo los dos campos de refugiados mientras Ariel Sharon, ministro de Defensa, y el jefe de Estado Mayor y posterior director del Mossad, Rafael Eitan, se reunían con los líderes de las milicias falangistas cristianas comandadas por el controvertido Elie Hobeika". Más allá de que Rafael Eitan jamás fue director del Mossad (aunque sí participó en alguna acción), sería interesante saber la fuente de la cual surge la información de la reunión entre los israelíes y los líderes de las milicias falangistas. Por otra parte, una reunión entre ambas parte no implica necesariamente la planificación de una matanza, sino que bien puede tener como objeto la planificación de la búsqueda de terroristas. Los párrafos parecen quedar abiertos a las interpretaciones, en lugar de ser parte de un recuento fiel de los hechos Pero más interesante aún, es el nombre que aparece: Elie Hobeika, que nombra de pasada sólo como "controvertido". Aunque la propia Iverski, tres días después, en otro artículo en ABC afirma: "Hobeika, el gran señor de la guerra y responsable directo de las milicias cristianas falangistas que ejecutaron la matanza de más de 2.000 palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Shatila...". ¿Qué ha sucedido en un lapso de tres días Hobeika ha pasado de ser "controvertido" a "gran señor de la guerra y responsable directo de las milicias cristianas falangistas que ejecutaron la matanza de más de 2.000 palestinos"? ¿Y cómo pasa a ser quien "ordenó 1982 la matanza de Sabra y Shatila"? ¿El 9 de septiembre no contaba con esa información y tres días después daba con ella? No se trata de un personaje secundario, menor, sino que fue quien, según la propia periodista, ordenó la matanza, y que una vez finalizada la guerra, ocupó varios ministerios. Investigación Es interesante remarcar que, aunque este hecho no se resalte (o ni siquiera se mencione), Israel fue el único sitio donde se llevó a cabo una investigación seria - según el informe de Mass Violence, la llevada a cabo en el Líbano nunca publicó sus conclusiones, "ya que las autoridades libanesas querían apoyar a la "reconciliación nacional"; Naciones Unidas sólo emitió condenas -. La Comisión Kahan fue la encargada de llevar a cabo la indagación sobre los eventos acaecidos en los campos de refugiados de Beirut. El informe, de 1983, señala: "La Comisión determinó que la masacre... fue perpetrada por una unidad Falangista actuando por su cuenta, pero su entrada [a los campos] era conocida por Israel. Ningún israelí fue directamente responsable de los eventos que tuvieron lugar en los campos. Pero la Comisión afirmó que Israel tuvo una responsabilidad indirecta por la masacre debido al hecho de que las fuerzas controlaban la zona, el Sr. Begin fue considerado responsable por no haber ejercitado una mayor implicación y conciencia en la introducción de los Falangistas en los campos; el Sr. Sharon fue considerado responsable por ignorar el peligro de un baño de sangre y una venganza cuando aprobó la entrada de los Falangistas en los campos, así como por no tomar las medidas apropiadas para prevenir la matanza...". La Comisión recomendó la renuncia del Ministro de Defensa, Ariel Sharon; que el Director de Inteligencia Militar no continuara en su puesto y el despido de otros oficiales de alto rango. Fruto de este informe, Ariel Sharon renunció a su puesto el 11 de febrero de 1983.Cifras controvertidas Una masacre como la de Sabra y Chatila no puede ser relativizada en función del número final de víctimas. Que hayan sido 700 ó 3.500 no resta un ápice de crueldad a lo sucedido. Sin embargo, la labor periodística sí obliga a los periodistas a ofrecer todos los datos, para que los lectores cuenten con toda la información. En este caso, el ABC asegura rotundamente que "aunque el número de víctimas nunca ha podido ser establecido con exactitud se estima que entre 2.000 y 3.000 palestinos murieron masacrados". ¿Quién lo estima? ¿Cuáles son las otras estipulaciones? Al respecto, en su artículo de La Vanguardia, Tomás Alcoverro, quien fue testigo directo de la guerra civil libanesa (y como testigo y periodista aporta una valiosa explicación de lo sucedido) escribe: "Los habitantes de Sabra y Chatila contaron que hubo 5.000 muertos. El periodista israelí Kapeliouk estimó que fueron 3.000. La comisión Kahane, en su informe basado en datos del ejército israelí, estableció el número de víctimas entre 700 y 800. Ahora se calcula que fueron alrededor de 2.000 y que casi la mitad eran libaneses musulmanes que convivían con los palestinos." Memoria selectiva Una masacre no puede sin duda borrar otra, pero es llamativo el silencio mediático cuando la supuesta responsabilidad no puede ser atribuida a los "sospechosos habituales". ´ Por ejemplo, el mismo año, 1982, era testigo de otra matanza, en la ciudad de Hama (a la que sólo se hace una referencia tangencial relacionada con la situación siria actual). El diario The Guardian publicó el 1 de agosto de 2011 una nota donde dice: "La ciudad siria de Hama fue escenario de una masacre en 1982, cuando el presidente, Hafez al-Assad, padre del actual presidente, Bashar al-Assad, arrasó la ciudad para aplastar una revuelta suní, masacrando a unas 20 mil personas de su propio pueblo". Incluso en los mismos campos de Sabra y Chatila, unos años después, hubo otra masacre que fue completamente ignorada por casi todos los medios. Un informe del Palestinian Return Center, con sede en Londres, lo resumía así: "... entre 1985 y 1987 el Movimiento Amal, una importante milicia chií, apoyada por Siria, atacó diversos campos palestinos en Beirut y en el sur del país para deshacerse de los combatientes pro-Arafat de la OLP... Se estima que como resultado de los combates el 80% de los hogares en el campo de Chatila fue destruido; 50% en Borj El Barajneh, y Sabra fue prácticamente destruida en su totalidad. Se calcula que unas 2500 personas murieron en este período". Sin embargo, pocos medio se han hecho eco de estos acontecimientos. Los mismos escenarios, las mismas víctimas. Lo único que cambia es la imposibilidad de vincular ni directa ni indirectamente a Israel. Fuente: ReVista de Medio Oriente (de CAMERA), EEUU.
los MARGINAn EN SUS Países La hipocresía del mundo árabe con los palestinos Aunque se cuelguen la bandera de la causa palestina, lo cierto es que para los países árabes, los palestinos no son más que mera carne de cañón, un peón más que utilizar en su lucha contra Israel. Mientras dicen defenderles, en sus propios países los marginan sin pudor. Los países árabes apoyan la llamada "causa palestina"... pero sólo de boquilla. En su actitud pública enarbolan el sentimiento de hermandad religiosa, pero las cosas cambian cuando esos mismos palestinos acuden como refugiados a sus países. Esta realidad ha sido perfectamente retratada por el columnista Ahmed Moro, en The Guardian, artículo reseñado en España por el blog Barcepundit. En su incisiva crítica, el periodista cuenta, a través de su propia experiencia, esa hipocresía que rige en el mundo árabe de apoyar a los palestinos cara al público, y convertirlos en ciudadanos de segunda cuando acuden buscando refugio a estos mismos países. Ahmed, aunque llevaba diez años viviendo en Estados Unidos, tiene orígenes palestinos. En el diario británico cuenta cómo fue su experiencia al regresar a "el mundo árabe" concretamente a Líbano, y sufrir una sistemática marginación por sus orígenes, precisamente en este país, de los que más gusta en autoproclamarse defensor de dicha causa. A pesar de todo, el columnista es consciente que parte de una situación privilegiada, distinta al resto de refugiados palestinos que residente en Líbano: "Mi experiencia ha sido privilegiada. Tuve la suerte de conseguir un apartamento en la zona este de Beirut, porque podía asumir el alquiler. La gran mayoría de los 400.000 refugiados palestinos en el Líbano (el 10% de la población libanesa) que han nacido y crecido aquí, ni se acercan a los privilegios que yo tengo. Hoy, Líbano es el país más hostil para los refugiados palestinos, después de Israel" asegura. El dictamen de Ahmed es claro: "Son ciudadanos de segunda" aunque añade, "pero no son los únicos". El racismo se extiende también a los extranjeros asiáticos y africanos, quienes incluso tienen prohibido acudir a las mismas playas donde retozan los libaneses. Incluso, este racismo extiende a sectores como los sirios, etíopes y filipinos. Pero, como señala Ahmed: "Hay una diferencia: ellos tienen apoyo consular para regresar a sus países, recurso que no tienen los palestinos" apostilla. En su crónica, el articulista detalla muchas más situaciones que retratan la actitud del mundo árabe en general, y de Líbano en particular. Por ejemplo, cuando se citan los sucesos acaecidos en los campos de Sabra y Shatila en 1982, se atribuye todas las muertes de palestinos al ejército de Israel, de una manera injusta y premeditada. Fueron las Milicias libanesas las que planearon el ataque, dejando más de 2.500 palestinos muertos. Lo mismo ocurrió en la década de los 80, cuando la milicia Amal sitió los campos de refugiados, condenando a cientos de personas a morir de hambre. Y más recientemente el Ejército libanés bombardeó otro campo, el Nahr al-Bared, mientras públicamente siguió expresando su actitud de apoyo hacia "la causa palestina" y su condena a Israel. Y es que, en definitiva la conclusión la enuncia el propio Ahmed: "El mundo árabe está lleno de hipocresía cuando se trata de la cuestión palestina. Los líderes árabes citan con frecuencia la crónica de las violaciones de derechos de Israel, con el único objetivo de dejar de abordar la marginación de los palestinos en sus propias sociedades" asegura. Así, los palestinos, se convierten en meros peones en la lucha del mundo árabe contra Israel, carne de cañón a la que marginar ... pero públicamente brindar un falso apoyo.

Piden que se envíe a la Corte Penal Internacional Una ONG revela la ubicación de 27 centros de tortura sistemática en Siria Mapa de Homs con la ubicación de dos centros de tortura.| Afp Efe | Nueva York Actualizado martes 03/07/2012 17:05 horas La organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) ha revelado este martes la ubicación de 27 centros de tortura en Siria, así como los nombres de sus responsables y denunció que esas prácticas sistemáticas "son crímenes contra la humanidad". HRW pidió así al Consejo de Seguridad de la ONU que envíe a la Corte Penal Internacional (CPI) el caso sirio y "adopte sanciones contra los responsables de los abusos", además de responsabilizar de esos crímenes contra la humanidad al responsable último, el presidente de Siria, Bashar Asad. "Archipiélago de tortura: Detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas en las prisiones desde marzo de 2011" en Siria, elaborado por HRW denuncia que "ex detenidos y desertores han identificado la ubicación, los métodos de tortura y en muchos casos a los comandantes que dirigen 27 centros de detención bajo el mando de las agencias de inteligencia sirias". "Las agencias de inteligencia (sirias) dirigen un archipiélago de centros de tortura repartidos en todo el país", señaló uno de los responsables de HRW, Ole Solvang. Agregó que al "publicar el lugar en que están, describir sus métodos de tortura e identificar a quienes las cometen estamos diciéndoles que tendrán que responder por sus crímenes horribles". Quién y dónde El documento publicado este martes revela que hay diez centros de detención en Damasco, cuatro en Idlib, Latakia y Homs, respectivamente, tres en Daraa y dos en Alepo, dirigidos por altos mandos militares como los generales Shafiq, Rustom Ghazali, Burham Qadour, Yousef Abdou, Muhammad Khallouf, Nawfel Al Husseini o Abdul Salam Fajr Mahmoud. "Los patrones sistemáticos de malos tratos y torturas documentados por HRW muestran una política de Estado de tortura y malos tratos que constituyen crímenes contra la humanidad", afirmó la organización. El documento incluye los mapas con la localización de esos centros de tortura, así como el testimonio recogido en vídeo de ex detenidos y la descripción de las técnicas de tortura por numerosos testigos o víctimas. "El actual número de centros de detención utilizados por las agencias de inteligencia podría ser mucho mayor" que los revelados, señala HRW, que "casi todos los ex detenidos entrevistados dijeron que habían sido sometidos a torturas o sido testigos de las torturas a otros durante su detención". Los métodos Según la organización los guardias y oficiales encargados de los prisioneros utilizaron más de 20 métodos de tortura, "desde palizas con bastones y cables, a mantenerles por mucho tiempo en posiciones que les causaban dolor extremo, aplicarles electricidad, utilizar ácido, asaltos sexuales y humillaciones, arrancarles las uñas o fingir ejecuciones". Revela también que un hombre de 31 años detenido en Idlib en junio describió a HRW que los guardias le obligaron a desvestirse y después "le retorcieron los dedos con pinzas, le pusieron grapas en los dedos, en el pecho y las orejas". "Solo me las quitaban si hablaba. Las de las orejas fueron las más dolorosas", contó esa víctima de las torturas sirias a HRW, al tiempo que señaló que sus captores enganchaban cables a la batería de un coche para aplicarle descargas eléctricas y una pistola también eléctrica en sus genitales. La misma persona dijo que le torturaron de esa manera tres veces en tres días. Aunque la mayoría de los torturados, según la organización, fueron hombres "entre 18 y 35 años, también se entrevistó a víctimas que eran niños, mujeres y ancianos". HRW reveló que la mayor parte de las torturas que se reflejan en el documento tuvieron lugar en las instalaciones de los departamentos de Inteligencia Militar, en la Dirección de Seguridad Política y en las direcciones generales de Inteligencia y de las Fuerzas Aéreas, conocidas todas como "muhabarat". "Todos los testigos entrevistados describieron que sólo las condiciones de los centros de detención pueden ya considerarse como un maltrato, debido a la superpoblación, los malos alimentos y la negación sistemática de asistencia médica", agrega. Ante la justicia También pidió que todos los individuos responsables de esos crímenes contra la humanidad se sometan a la ley internacional, al igual que los subordinados que los cometieron ya que deberían de saber de su obligación legal de prevenir esos delitos. "La cadena de responsabilidad debería aplicarse no solo a los comandantes que dirigen los centros de detención, sino a los jefes de los servicios de inteligencia, al Gobierno y al jefe del Estado, Bashar Asad". Al no haber ratificado Siria el Estatuto de Roma, que dio paso a la creación de la CPI, ese alto tribunal solo tiene jurisdicción sobre esos delitos si el Consejo de Seguridad de la ONU adopta una resolución que permita llevar al país árabe ante sus jueces. HRW denunció que "Rusia y China (los dos miembros permanentes del Consejo y con derecho de veto) han bloqueado con anterioridad cualquier esfuerzo del Consejo para presionar a Siria por sus responsabilidades". "El nivel inhumano de esa red de centros de torturas supera lo horrible. Rusia no debería proteger a quienes son responsables de ello", afirmó Solvang. NOTICIA PUBLICADA POR EL PERIODICO ESPAÑOL EL MUNDO, PUBLICADA POR LA AGENCIA EFE SOBRE UNA INVESTIGACION DE LA ONG HUMAN RIGHT WATCH. NO ENTIENDO EN QUE SE BASAN PARA DENUNCIAR EL POST, PERO ES LA 6tA VEZ QUE TENGO QUE REPUBLICARLO.
La primavera fue un engaño Mientras la prensa local se entretiene contando manifestantes de festivo por la tarde, algo realmente importante está ocurriendo en el mundo árabe. El embajador americano en Libia ha sido asesinado y las embajadas estadounidenses en Egipto y en el Yemen han sido gravemente atacadas.Después de tanto criminalizar a Gadafi, nuestro extravagante aliado como acertadamente le definió Aznar, y después de haber acabado con Mubarak, que era más nuestro que Obama, y que garantizaba la seguridad de la frontera con Israel y por lo tanto la pervivencia de un cierto orden occidental, los islamistas han tomado el control del poder y de la turba en prácticamente todo el mundo árabe. Lo que algunos dijeron que era una primavera fue en realidad la antesala de la barbaridad. Es demencial la facilidad con que una parte importante del mundo civilizado se deja tomar el pelo. Fue de una ingenuidad y de una estupidez colosales aquel entusiasmo con que adoramos la manipulación islamista de las concentraciones en la plaza de Tahrir. Hete aquí el resultado. Como si anduviéramos escasos de claudicaciones, tras el asesinato del embajador americano, algunos han llegado a escribir que prácticamente se lo merecía por un trailer o cortometraje donde el profeta Mahoma aparece ridiculizado y denigrado. Elmundo.es publicaba ayer o anteayer un artículo titulado "El uso irresponsable de la libertad de expresión", creando de un modo inconcebible un contexto justificativo del crimen islamista. Católicos y judíos hemos aguantado bromas, sátiras y desprecios de todo tipo, y no hemos asesinado a nadie. No es un problema de religión, es un problema de civilización. No es un problema de fe, es un problema de libertad. El islamismo es lo contrario a la civilización y a la libertad, y cada vez que justificamos sus tropelías, o las matizamos, estamos disparando contra nuestro sistema de vida y contra nuestra seguridad. Y cada vez que en nombre de la democracia y de la libertad ayudamos a destruir los diques de contención contra la barbarie que hábil y estratégicamente los Estados Unidos tenían situados en el mundo árabe, además de hacer el ridículo y de parecer unos chalados, estamos patrocinando a los que quieren eliminarnos. La llamada primavera árabe fue una estrategia islamista para tonar el control de los pocos países que les faltaban. ¿Dónde está la primavera en Siria? ¿Y en Irán? ¿Dónde están la izquierda española, con sus políticos y sus artistas, protestando contra tan salvajes masacres? ¿Dónde están estos cínicos impresentables cuando no pueden insultar a Israel o a los americanos? Que todavía quede gente dispuesta a creer que el problema es el uso de la libertad de la expresión y no el asesinato; que todavía quede gente que crea que el problema es el mejor o peor gusto de un trailer, y no el terrorismo, indica hasta qué punto somos mediocres y débiles y explica muy claramente por qué estamos siendo derrotados.