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Usuario (España)

Lucía Sánchez Saornil (Madrid, 1895-Valencia, 1970), fue una poetisa, anarquista y feminista que fue pionera de las primeras vanguardias poéticas en España si bien su faceta literaria apenas se conoce en comparación con su papel como activista del movimiento feminista. Escribía bajo el pseudónimo Luciano San Saor. Era militante de la CNT. Su plena dedicación hacen que en el año 1933 sea nombrada secretaria de redacción de la CNT de Madrid. Durante la II República Lucía se volcó en escribir en la prensa libertaria (Tierra y Libertad, La Revista Blanca, Solidaridad Obrera) concentrándose en denunciar la situación de la mujer en la época. En 1936 fundó Mujeres Libres junto con Amparo Poch y Rosa Comaposada. Lucía Sánchez Saornil, como anarquista convencida, considera que la Republica es una farsa proveniente de la burguesía que una vez conseguida hay que derribar. En mayo 1938 ocupa la secretaria del Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista. Se traslada a vivir a Valencia donde se convierte en la redactora jefe del semanario “Umbral”, allí es donde conoce a la que se convirtió en su compañera, América Barroso, de la que ya jamás se separó. En el año 1939 se exilia a Francia donde pasa dos años, en 1941 vuelve a cruzar la frontera huyendo del nacionalsocialismo alemán y para evitar la deportación a los campos de concentración. En un principio se instala en Madrid pero tras ser reconocida Lucía se establece definitivamente en Valencia donde lleva con total discreción su estancia. Sus últimos días los pasó en Valencia después de que le diagnosticaran un cáncer. Esto obsesionó a Lucía con la muerte y llenándola de angustia. Fallece en Valencia, el 2 de Junio de 1970. América Barroso, su inseparable compañera hace poner como epitafio en su tumba “Pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?” Algunas de sus poesías: VITELA El abanico de hueso tiene en la clara vitela la infantilidad del beso sutil de una pastorela. _ El verde rincón florido de un romántico jardín donde con gesto atrevido ríe traidor, Arlequín _ Una bella Colombina da su risa cristalina, al verdor de la glorieta y un Pierrot, blanco de yeso le da el regalo de un beso dibujando una pirueta. ROMANCE A DURRUTI ¿Qué bala te cortó el paso -¡Maldición de aquella hora!- atardecer de noviembre camino de la victoria? Las sierras del Guadarrama cortan la luz y sombra un horizonte mojado de agua turbia y sangre heroica. Y a tus espaldas Madrid, con el ojo atento a tu bota, mordido por los incendios, con jadeos de leona, tus pasos iba midiendo prietos el puño y la boca. ¡Atardecer de noviembre, borrón negro de la historia! Buenaventura Durruti, ¿Quién conoció otra congoja más amarga que tu muerte sobre tierra española? Acaso estabas soñando las calles de Zaragoza y el agua espesa del Ebro caminos de laurel rosa cuando el grito de Madrid cortó tu sueño en mal hora... Gigante de las montañas donde tallabas tu gloria, hasta Castilla desnuda bajaste como una tromba para raer de las tierras pardas la negra carroña, y detrás de ti, en alud, tu gente, como tu sombra. Hasta los cielos de Iberia te dispararon las bocas. El aire agito tu nombre entre banderas de gloria -canto sonoro de guerra y dura función de forja- Y una tarde de noviembre mojada de sangre heroica, en cenizas de crepúsculo caía tu vida rota. Sólo hablaste estas palabras al filo ya de tu hora: Unidad y firmeza, amigos; ¡para vencer hais de sobra! Durruti, hermano Durruti, jamás se vió otra congoja más amarga que tu muerte sobre la tierra española. Rostros curtidos del cierzo quiebran su durez de roca; como tallos quebradizos hasta la tierra se doblan hercules del mismo acero ¡Hombres de hierro, sollozan! Fúnebres tambores baten apisonando la fosa. ¡Durruti es muerto, soldados, que nadie mengüe su obra! Sen buscan manos tendidas, los odios se desmoronan, y en las trincheras profundas cuajan realidades hondas porque a la faz de la muerte los imposibles se agotan. -Aquí está mi diestra, hermano, calma tu sed en mi boca, mezcla tu sangre a la mía y tu aliento a mi voz ronca. Parte conmigo tu pan y tus lágrimas si lloras. Durruti bajo la tierra en esto espera su honra. Rugen los pechos hermanos. Las armas al aire chocan. Sobre las rudas cabezas sólo una enseña tremola. Durruti es muerto. ¡Malhaya aquel que mengüe su obra!