ernestomandrulo
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Chascomús, donde la amistad es una palabra Real En la ciudad bonaerense de Chascomús, un día se decidió disparar hacia distancias impensadas un homenaje al vínculo más auténtico que un hombre puede elegir en su vida. Con el establecimiento del “Día de la Amistad”, el 20 de octubre de 1946, esa ciudad vería a sus hombres instaurar un reino... sí, un reino, con todas sus autoridades y rimbombantes protocolos, en pos de levantar una copa (o varias) para recordar una y otra vez qué nos une. La historiadora local Alicia Lahourcade afirma que “El Reino de la Amistad” se trató de “una humorada, una creación teatral colectiva”, para lo que había que darle un apropiado estatus, a esta suerte de “cofradía del buen vivir”. El primer monarca se llamó Manuel I°, Rey de Copas, coronado el 19 de octubre de 1947, y con el anticipo de cuál sería el modo de amenizar las tertulias. La ceremonia fue monumental, a su paso, el pueblo vivaba con sonrisas lo que en la intimidad consideraba un obligado rito pagano. En medio de gaiteros y clarinetistas, se armó un sainete con ribetes extravagantes, al que la gente respondió con alegría, en paso de romería española. El rey y sus ministros La morada cortesana La esquina de Soler y Buenos Aires se convirtió en el salón de convenciones. El Bar National (obligadamente francés) acomodaba en sus sillas a los cortesanos que copa tras copa, pensaron decretos, obras, una marcha y hasta una constitución de 22 artículos. Las paredes de El National congregaban diariamente a decenas de ministros, entre ellos el de Protección a la Infancia, don Juan Canale, y el estratégico ministro de No Guerra, don Mariano Peleo. Pero, quienes siguieron la historia del Reino de la Amistad acuerdan en que dos de ellos fueron esenciales a la hora dar vida al movimiento: el duque del Salado, Angel “Angelito” Cannatelli, y el duque del Samborombom, Juan José “Bebe” Wallace, canciller y primer ministro, respectivamente. Con imaginación y buen humor se convirtieron en el combustible del reino, sin menoscabar la tarea de Edgardo Tieri, impresor oficial, quien escribía las bonitas páginas de “El Heraldo”. Allí se describió puntillosamente la asunción del Rey, las hurras populares y hasta el desmayo del ministro Edelmiro Onnainty, quien resultó vencido por la emoción. “En el reino estaba prohíbido tomar leche”, enfatiza Lahourcade, como parte de sus condiciones fundacionales. El dato está confirmado por un invalorable testigo, Oscar Vanzato, mozo de El National, quien confiesa que una noche se llegaron a preparar tres tachos de leche con una mezcla de distintos aperitivos. “Al rato cantaban todos”, confiesa adornado por una amplia sonrisa. La expansión de una idea Si hay algo que caracteriza al soberano, además de su corona, es un castillo. Fue entonces que la corte en pleno decidió consumar el plan. El dinero original salió de los bolsillos del Marqués de Pintoresco, Fernando Cores, con el cual se compraron dos lotes de una quinta ubicada en el paraje El Tropezón. El Castillo Real Corría 1947 cuando se levantó el primer murallón custodiado artísticamente con dos almenas en sus extremos. Finalmente, se terminó la casa real con un salón de recepción de 170 metros de superficie cubierta, y un cómodo despacho en planta alta con sus correspondientes baños (mejor dicho, toilettes). La inauguración oficial fue el 14 de abril de 1951 con el “Baile de los Embajadores” y una entrada de 8 pesos para los caballeros y de 2 para las damas. Sin embargo, la vocación real seguía creciendo y en 1950 se concluyó una plaza de toros... sí, de toros, con gradas de madera... El “coliseo real” tuvo tres corridas, la inaugural fue el 8 de enero con cuatro toreros traídos de Colombia y Perú, ante bravos animales “importados” del monte correntino. Esa competencia, propia del realismo mágico, tenía como obligación preservar la vida de los toros, que en verdad distaban mucho de los irritados ejemplares que se suelen conocer en España y México. Entre finales y principios La historiadora Alicia Lahourcade considera que en el carácter loco y humorístico de “El Reino de la Amistad” estaba acuñado su propio final. A la inesperada muerte de Canatelli, se le sumó la imposibilidad de institucionalizar, y por ende continuar, las disparatadas actividades de la Corte Real. De todos modos, el viento a veces se lleva palabras que vuelven en forma de ideas. Es por ello que otra gente busca reinventar el mito. Así nace una nueva dinastía, que desde noviembre de 2005 decidió reeditar la cofradía del buen vivir, en base a la mística abonada en el también chascomusense “Chiqui Bar”, que funcionara durante tres años, a partir de 1964. Ellos serán los responsables de preservar hacia futuro la corona del nuevo rey, Julio I°, y un enconmendable norte puesto en la restauración del viejo castillo, derruido parcialmente por el tiempo y el abandono. Ese que aún conserva un oxidado cartel con un manifiesto liminar que exhorta a las nuevas generaciones: “estas puertas se defiendan, que no ha de entrar, vive Dios por ellas, quien no estuviere más loco, que lo estoy yo”. Imagen del estado del castillo hoy en día, sacada con mi celular. Ubicación del castillo en la avenida circunvalación: Esto que con tanto humor vivió nuestra ciudad termino en el año 1953, solo nos queda de todo esto fotos y videos para recordarlo. El edificio del Castillo del Reino de la Amistad, se encuentra a orillas de la laguna y esta en tratativas el traspaso del dominio del inmueble a la orbita municipal. http://weblogs.clarin.com http://www.chascomus.net/