enriquezm
Usuario (México)
Este testimonio , es tan detallado que cuesta creer que fue imaginado por alguien por la exactitud en los detalles de la narracion , el autor y personaje principal de este encuentro con extraterrestres se llama Salvador villanueva el cual es de Mexico y tuvo esta experiencia en los años 50s Biografia: Don Salvador Villanueva Medina nació un día de agosto de 1910 en un pueblo del estado de Jalisco. Ahora se ha retirado completamente de todas las actividades de investigación ufológica. Es humilde en pretensiones, generoso, bueno y sabio; autodidacta y orgulloso de su oportunidad de ser visitante de un mundo muy de acuerdo con sus ideales. La experiencia vivida por don Salvador Villanueva Medina en 1953 ha dado origen a este libro, el cual ha sido traducido ya a seis idiomas; tan sólo en Alemania se han vendido 80 mil ejemplares. Unos detalles respecto a Salvador Villanueva que hablan positivamente de su experiencia son el haber renunciado a los derechos de autor del libro, su negativa principal a contar la experiencia vivida y sobretodo la sencillez y humildad del mexicano que consideramos nosotros es la clave principal para tener este tipo de experiencias. Su hijo Salvador asimismo da fe y testimonio de la realidad del contacto vivido por su padre en el prologo de una de las ediciones del libro: yo estuve en venus. dejo el prologo y mas sobre la biografia mas adelante en el link de descarga y pues vamos a lo bueno al testimonio: Asi comenzo la experiencia: Corría la segunda decena del mes de agosto de 1953 ... Cubriendo un turno en un carro de alquiler, serví a unos norteamericanos, hombre y mujer, que me pidieron que les recomendara a un chofer que les ayudara a manejar un coche a los Estados Unidos, por la carretera de Laredo. Contra mi costumbre, me interesó el trabajo y me puse a su servicio, saliendo dos días después. El auto era un magnífico Buick modelo 52 que avanzaba con facilidad. A la pareja le urgía llegar y nos turnábamos manejando el vehículo. Llevábamos recorridos menos de 500 kilómetros, 484 para ser exactos, cuando se produjo un ruido en la transmisión del coche. Paramos, temerosos de causar un desperfecto grave. Mis acompañantes decidieron regresar en busca de una grua, ya que en plena carretera y sin herramientas resultaba imposible hacer alguna reparación. Cuando mis improvisados patrones se alejaron, saqué el gato de defensa con objeto de investigar de d6nde provenía el ruido. Lo coloqué, levantando una rueda; eche a andar el motor conectado a la transmisión y me deslicé por debajo, para oír con mayor claridad. Estando en esa posición oí que alguien se acercaba, pues se escuchaban pasos en la arenilla que se acumula en la orilla de la carretera. Alarmado, ya que cuando mis improvisados patrones se fueron y me metí debajo del coche no había visto a nadie cerca y el lugar es despoblado, traté de salir lo más rápidamente posible. No acababa de hacerlo cuando oí una voz extraña que en perfecto español me preguntaba qué le pasaba al coche. No contesté, sino que acabé de salir, quedando sentado y recargado en la carrocería. Tenia frente a mí, como a metro y medio, a un hombre extrañamente vestido, de pequeña estatura. No media arriba de un 1 metro 2o cms. Se cubría con un uniforme hecho de material parecido a la pana ó a un tejido de lana. No tenía más parte visible que la cabeza y la cara, cuyo color resultaba sorprendentemente parecido al marfil. Su pelo, platinado y ligeramente ondulado, le caía un poco más abajo de los hombros y por detrás de las orejas. Estas, las cejas, la nariz y la boca formaban un conjunto maravilloso, que completaban un par de ojos verde brillante que recordaban los de una fiera. Llevaba un cinturón grueso redondeado en sus bordes, lleno de pequeñísimas perforaciones y sin unión aparente. Tenía un casco parecido a los que se usan para jugar foot ball americano, un poco deformado en la parte trasera. A la altura de la nuca, en dicho casco, había un abultamiento del tamaño de una cajetilla de cigarros cubierta a su vez de perforaciones desvanecidas en sus bordes. A la altura de las orejas, se veían dos agujeros redondos como de un centímetro, de los que salían gran cantidad de alambritos delgados y temblorosos, que aplanados sobre el dorso del casco formaban una circunferencia como de tres pulgadas y media. Estos alambritos y la protuberancia eran de color azul, igual que el cinturón y una cinta al parecer metálica en que remataba el cuello del uniforme. Este y el resto del casco eran de color gris opaco. El hombre se llevó la mano derecha a la boca para preguntarme si no hablaba. Me resultó alucinante el sonido sonoro musical de su voz, salido de una boca perfecta que enmarcaba dos hileras de pequeños y blanquísimos dientecillos. Haciendo un esfuerzo me levanté, dándome un poco de valor al notar mi superioridad física. El individuo me animaba esbozando una sonrisa llena de dulzura; pero yo no salía aun de la rara impresión que me produjo la súbita aparición de aquel tipo tan singular. Como no me sintiera obligado a contestar, le pregunté a mi vez si era aviador. Haciendo derroche de amabilidad me contestó que si lo era, que su avión, como nosotros le llamábamos, estaba a poca distancia. Reconfortado con su contestación, se me ocurrió invitarlo a subir al coche. Hacía un airecillo frío, bastante desagradable, que aumentaba de cuando en cuando, al pasar algún vehículo a gran velocidad. La obscuridad nos empezaba a cubrir y el hombre, en vez de aceptar o de agradecer la invitación, procedió a acomodarse el casco cuidadosamente, dejándose oír un ruido muy parecido al que produce un automóvil en marcha a gran velocidad. En las perforaciones del cinturón comenzó a prender y a apagar con profusión diversas luces, que aumentaban de intensidad. El hombre alzó el brazo derecho como despidiéndose, se acercó a un montículo de tierra, lo alcanzó con agilidad y saltó al bosque que bordea la carretera. Pasado un momento me subí al mismo y trate de buscarlo, localizando a cierta distancia la franja luminosa de su cinturón que semejaba un grupo numeroso de luciérnagas. Allí estuve hasta perderlo en la obscuridad del bosque. Regresé al coche, quité el gato, y por consejo de unos motociclistas vigilantes de caminos que pasaban, lo saqué del asfalto, acercándolo al borde en que estaba parado. Me acurruqué en el asiento, cavilando sobre aquel extraño ser y pensé que quizá fuera en verdad algún aviador que había sufrido un accidente o percance y tuviera el avión destrozado en el bosque. Por fin me quedé dormido. Debió haber pasado bastante tiempo, pues estaba profundamente dormido cuando fuertes golpes dados en el vidrio de la puerta delantera derecha me despertaron. Como a primera vista descubrí a dos personas fuera del coche. Imaginé que fueran los dueños del mismo que regresaban. Sin pensarlo, abrí la puerta, y mi sorpresa fue mayúscula al encontrar que era mi “conocido”, ahora en compañía de otro individuo con su mismo aspecto y forrado de igual manera. Sin darme cuenta, los invité a subir, cosa que aceptaron de inmediato. Fue así cuando, por primera vez, sentí la extraña sensación de que aquellos seres eran algo superior a mí. Como si fuera una premeditada advertencia, al estirar el brazo derecho sobre ellos tratando de ayudarlos a cerrar la portezuela, sentí un dolor agudo como el que produce un golpe repentino dado en un codo, seguido de un entumecimiento que me paralizó momentáneamente el brazo. Fue tan fuerte la impresión que, instintivamente, me apreté hacia el lado izquierdo, poniendo espacio por medio. Un momento después se dejó sentir un calorcillo emanado de sus cuerpos ó de sus uniformes, que por cierto resultaba agradable, ya que en esa época la temperatura en la región es fresca. Sin presentaciones de ninguna especie, el que antes me había visitado, que quedaba en el centro, me preguntó si había logrado arreglar el coche. Le contesté que no llevaba herramientas suficientes para intentar una reparación en forma y por lo tanto no tenía más remedio que esperar a mis acompañantes que habían ido en busca de auxilio. Siguió un momento de espectación, y me di cuenta que trataban de observarme con cierto entusiasmo. Prendí las luces interiores del coche y, solo por preguntar algo, les dije si eran europeos. Lo perfecto de sus facciones me hacían comprender que no pertenecían a una raza al alcance de mis conocimientos. Sonriendo ligeramente me dijo el que estaba en medio, que era el que llevaba la conversación, que eran de un lugar mucho más distante de lo que yo conocía o pudiera imaginar. Eso del lugar me producía cierta sensación extraña; pero no se me ocurría pensar en otros planetas, sino en otros países. Nuestro lugar, dijo, está mucho más habitado que éste. Es difícil encontrar mucho espacio entre gente y gente. Luego el hombre se soltó a hablar tanto que yo quedé perplejo. Hacían contraste, éste con su locuacidad y su acompañante con su mutismo. El segundo, que resultaba mas lleno de cara y más robusto en general, solo hacía pequeños movimientos de cabeza, dejando algunas veces al descubierto sus pequeños dientes, que se destacaban por su blancura, pero sin pronunciar palabra. El bajito seguió diciendo que a su lugar se le podía llamar una ciudad continua, que lo cubría todo, pues sus calles se prolongaban sin fin, que éstas nunca se cruzaban al mismo nivel, que había tal cantidad de vehiculos y era tanta su diversidad que fácilmente me quedaría asombrado. Aseguró que dichos vehículos no usaban combustibles minerales, ni vegetales, pues los gases de esta clase de combustibles resultan dañino a los organismos. También manifestó que la fuerza de propulsión se la proporcionaba lo mismo el calor central de su planeta, que el sol, ya que eran fuentes inagotables de energía. Siguió diciendo que, a lo largo de sus banquetas, corrían bandas sin fin que ahorraban esfuerzos a los transeuntes y que la gente jamás ocupaba el arroyo de la calle, pues éste era metálico y conductor de la fuerza con que se impulsaban sus numerosos vehículos. Estos son totalmente diferentes a los que ustedes usan. Verás que con el material y el espacio que ustedes emplean para transportar seis pasajeros, nosotros llevamos veinticinco, en algunos casos hasta cincuenta y eso solo en el primer piso. Lo dijo recorriendo con la vista el interior del espacioso automóvil que ocupábamos. Pero los tenemos hasta de diez pisos. Todo esto me estaba amoscando, ya que no sabia de ningún país en nuestro mundo que no usara en parte de sus vehículos alguna clase de combustible. Podía ser que los hubiera demasiado poblados, pero hasta ahí llegaba la cosa en cuanto a sus ciudades. Tampoco sabía que las hubiera mecanizadas hasta ese grado. Aquellos hombres me estaban pareciendo un par de bromistas. Pregunté cómo hacían para producir legumbres, ya que estaban tan poblados. La pregunta la hice en broma; pero él tranquilamente me contestó: Que hacía mucho tiempo cultivaron legumbres en mucho mayor número de las que nosotros conocemos. Lo hicieron en perforaciones, empleando las paredes para ese fin, por lo que resultaban hortalizas interiores e subterráneas. Algo de ésto me pareció lógico. Otras cosas decididamente no. Ahora, tratando de orientarme, pregunté si tenían mar cerca. Me contestó, como sin darle importancia a la pregunta, que solo tenían uno, pero que era tres veces más profundo que el nuestro. La cosa me pareció burlesca, y le reproché su proceder. Los dos individuos explotaron en una sonora carcajada que me acabó de amoscar; pero llegué a pensar que posiblemente mi ignorancia era mayor de lo que imaginaba, y si he de decir verdad no me sentí ofendido. Ante mi impasibilidad, el hombre me espetó: -- Espero que comprendas que te estamos hablando de otro planeta. -- ¿De otro planeta? --pregunté entre indignado y asombrado. -- Sí, hombre, otro mundo como ustedes llaman a este en que vives. ¿Creo que sabes que los hay? -- Claro que sí lo sé -- me apresuré a contestar, pues la pregunta me pareció ofensiva. -- ¡Hágame el favor! ¿Cómo no voy a saber que existen otros planetas? Y terminé, para demostrar mis conocimientos en astronomía aseverando que, según nuestros sabios, ningún otro planeta fuera del nuestro puede tener habitantes racionales. -- ¿Qué les hace pensar tal cosa? -- me preguntá ¿Acaso los deficientes medios de que disponen para hacer sus cálculos? ¿No les parece demasiada pretensión creer que son los únicos seres que pueblan el universo? Aquello estaba tomando un cariz más serio de lo que yo había pensado. De repente me volví a dar cuenta del dolor que todavía sentía en mi brazo y también de la rareza de aquellos tipos con sus uniformes y cinturones, con los cascos, lo raro del color de su piel, el de sus expresivos ojos y su extraña voz, a cuyo sonido no podía encontrarle parecido. Para mi pobre intelecto, aquellas eran demasiadas pruebas. Decidí seguir resistiendo y les dije que todo me parecía increíble. -- Cierto, -- me contestó --. Resulta increíble para la mentalidad de ustedes; pero, dime, ¿por qué resulta increíble? La pregunta fué tan imprevista que me confundió. Al azar le contesté que creía saber, por los cálculos de nuestros astrónomos y matemáticos, que algunos planetas de los que forman nuestro sistema solar son demasiado fríos y otros demasiado calientes. -- Pues, bien. Te voy a poner un ejemplo sencillo: ustedes tienen lugares extremadamente fríos y sin embargo viven en ellos gentes que, sin artificios ni ayudas mecánicas de ninguna naturaleza, logran subsistir, valiéndose tan solo de sus propios medios. Ahora imagínate a esos mismos individuos dotados con los elementos necesarios, útiles para formar el clima o el ambiente que necesiten. ¿Qué les puede importar la distancia a la que estén del sol, si éste les da los medios necesarios para protegerse y, además, convertir lo perjudicial en beneficioso? Ahora, otro pequeño ejemplo... Seguí escuchándolo. -- Te habrás dado cuenta de que un individuo, valiéndose tan solo de un pequeño tanque en el que almacena lo que necesita para respirar, puede estar fuera de su medio, sin peligro de su estructura orIgánica. El ejemplo iluminó mi cerebro y, sin perder tiempo, le pregunté: -- ¿Ustedes deben respirar algo distinto a lo que nuestro organismo está acostumbrado? -- Claro, me contestó, satisfecho. -- Pero yo no veo nada adicional. -- No ves nada porque, según tu mentalidad, debe ser adicional; pero toca aquí. . . me lo dijo invitándome a tocarle lo que debía ser estómago y allí se sentía una consistencia semidura, diferente a cómo lo tenernos nosotros. Acto seguido completó la explicación: -- Nosotros llevamos aquí lo que nos da vida. Inyecta directamente los pulmones. -- Esto sí que es maravilloso - exclamé con entusiasmo. Pero ... ¡qué diablo!, me seguían asaltando las dudas. El lo advirtió, por lo que me dijo que preguntara lo que quisiera, que él me contestaría. Para principiar le dije que si venían de otro mundo, ¿qué clase de vehículo usaban? Me contestó que ya me había dicho que su nave estaba a poca distancia y que pronto iba a tener oportunidad de conocerla, si así lo deseaba. Revoloteaba en mi mente una pregunta, pero no encontraba la forma de hacerla sin ofenderlo. Se me ocurrió que, siendo los adultos tan pequeños, cómo serían los niños. Y ante mi asombro, como si estuvieran leyendo en mi mente, contestó a mi pensamiento de la siguiente manera: -- Te voy a explicar lo que quieres saber, o sea, lo relacionado con los niños. En nuestro mundo no vemos a los niños en las calles. Desde que nacen, quedan bajo el patrocinio de lo que podemos llamar gobierno, y éste se encarga de su control hasta que alcanzan la edad adecuada. Entonces se los clasifica de acuerdo con sus cualidades físicas y mentales y se les asigna determinado lugar, donde hacen falta . Generalmente se lleva a cabo esta operación por parejas, hombre y mujer y se me ocurrió preguntarle cómo hacían para aclimatar a un individuo de una zona fría a una caliente, o viceversa. -- Como verás este problema no lo tenemos. Por la sencilla razón de que todo nuestro mundo goza de un solo clima uniforme y éste no es natural, sino artificial, creado por nosotros mismos. Comprenderás ahora que gozamos de un solo clima, benigno, sin tener como ustedes regiones extremas. Por lo demás nuestra población no nos permitiría ese lujo. Aquello, para mí, ya iba en vías de un total convencimicnto. Todo me parecía favorable a lo que él aseguraba y ya me empezaba a parecer lógico. De nuevo mi mente dió cabida a otra pregunta. Estaba relacionada con su unico mar, y no acababa de formarla cuando él cortó el pensamiento: -- Ya te dije que tenemos un mar y éste contiene tanto líquido como todos los vuestros juntos. De él sacamos todos los materiales, los que usamos para construír nuestros edificios, para confeccionar nuestra ropa, para fabricar nuestros vehículos y un 60 ó más del porcentaje de nuestra alimentación. Prosiguió: -- Nuestros barcos actuales no son como ustedes los conciben y construyen. Los nuestros lo mismo están en el aire que en el agua o en algún otro lugar sin peligro de ninguna especie. En dicho mar tienen asiento, a grandes profundidades, descomunales fábricas con sistemas diferentes a los que ustedes usan. Estos sistemas atraen a los pobladores del mar. Allí son seleccionados y aprovechados científicamente. Ante mi asombro, añadió: -- Como comprenderás, en nuestro mar no se producen perturbaciones de ninguna especie, pues lo tenemos para nuestro servicio y bajo nuestro control y por lo tanto quedan eliminadas esas contingencias. Aquello ya se había convertido para mí en una incesante preocupación. Anciaba saber más acerca de aquellas gentes. Le pregunté cómo era que hablaban tan bien el español. Me contestó que ellos podían en poco tiempo hablar cualquier lenguaje por difícil que fuera; que, en su mundo, se hablaron, igual que en el nuestro, infinidad de idiomas; que ahora solo empleaban uno formado por las palabras más fáciles y que lo habían logrado en forma sumamente eficaz y sencilla. Le pregunté si conocían todo nuestro mundo. Me aseguró que no solo lo conocían superficialmente, sino también su contextura y todas las costumbres de las diferentes regiones por apartadas que a nosotros nos parecieran. Que lo primero lo lograban con aparatos apropiados de los que estaban dotadas todas sus naves y lo segundo con personas de ellos mismos, seleccionadas, las que más se asemejaban físicamente a nosotros. Las solían dejar bien provistas cerca del lugar que le interesaba investigar y las recogían en el momento propicio. Me empezaban a preocupar los fines que perseguían en nuestro mundo. Así, que, al preguntarlo, me contestó, ilustrando la respuesta con algo de historia:-- La etapa por la que atraviesan ustedes ahora, la vivimos nosotros hace algunos miles de años. En nuestro mundo hubo guerras y destrucción, atrasos y adelantos; pero un buen día llegó la ecuanimidad. Se derrocaron líderes políticos y se eligieron en su lugar sabios y destacados humanistas. En lugar de los ensoberbecidos, ambiciosos y egoístas, que solo buscaban el lucro en su propio beneficio, que fueron aniquilados como los medradores, fueron puestos hombres dedicados al mejoramiento colectivo. Después de una breve pausa: -- Hubo un cambio total en la administración pública y, poco a poco, fue desapareciendo la vanidad, que resultaba el mejor aliado de los explotadores, y acabó asentándose firmemente la moral en todos sus aspectos. Ahora nos gobiernan verdaderos sabios que procuran una mejor alimentación, un mejor vestido, una mejor y uniforme educación. Se acabaron los privilegios. Ahora, en el mismo lugar, se educa física y mentalmente al que probablemeute desciende de ricos y al que desciende de pobres. El que durante esa época de su vida se destaca, es destinado a donde puede desarrrollar sus aptitudes libremente y sin preocupaciones. Aún dijo más: -- Desapareció totalmente lo que ustedes llaman Nación o Patria. Solo somos ciudadanos de nuestro mundo. No usamos bandera, ni identificaciones de ninguna especie. Cada niño, al nacer es tatuado en alguna parte de sus pies. Es como una ficha que habla de su origen y facultades. Así crece sin complejos, sano y libremente. Las horas habían pasado rápidamente. Empezaba a clarear cuando descendimos del coche. A decir verdad, no sabía si era realidad lo que me había pasado, pero debia serlo pues estaba a un solo centímetro de aquellos dos personajes, dispuesto a certificar lo que me habían platicado. Se adelantaron un poco, subiendo al borde de tierra. Y de repente volvieron la cara, como tratando de surprenderme en algún movimiento sospechoso. Me di cuenta de que de sus cascos y cinturones salian sonidos intermitentes y en gran escala, subiendo a veces de tono hasta herir los oídos. La curiosidad me invadió y no tuve más remedio que preguntarle para qué les servían dichos cinturones. La pregunta, al parecer, les llenó de satisfacción. El bajito fijó su vista en el cinturón. Su acompañante solo se elevó las manos a él, sin dejar de observarme. Pero su expresión era tal que daban a entender que, con aquella maravilla puesta, se sentían inmunes a cualquier peligro. O por lo menos eso me pareció. Demonstraban cariño y seguridad sus vivísimos ojos, que fulguraban. Por fin, el bajito alzó la vista y me dijo: -- Este es un aparato que sirve para inmovilizar cualquier mecanismo o enemigo. Ahora dime, prosiguió, satisfecha tu curiosidad, ¿tienes deseos de conocer la máquina? Ven con nosotros y rubricó la invitación con amplia y amable sonrisa. No me pareció digno desairarles. Por lo tanto, me apresuré a seguirles. El terreno era lodoso. Nuestros hombres vadeaban los charcos, buscando lugares más duros. De repente me di cuenta de que en los lugares donde asentaban los pies, el lodo se abría sin adherirse a ellos, con el mismo efecto que produce un fierro caliente. Vi mis zapatos. Los llevaba totalmente cubiertos de lodo, alcanzando éste a mancharme las piernas del pantalón. El descubrimiento me dió la sensación de estar caminando tras dos fantasmas, e inconscientemente empecé a rezagarme, aumentando la distancia entre los hombres y yo, pero sin dejar de seguirlos. Aquello fué solo el principio de una serie de sorpresas, que se gravarían para siempre en mi cerebro. Algunos metros más adelante, sorpresivamente, tuve ante mi vista la majestuosa nave de que me habían hablado. Emergía deslumbrante, rodeada de follaje, como gigantesco huevo en descomunal nido. Paré en seco mis pasos y me puse a contemplar lo que tenía delante. Una majestuosa esfera achatada se apoyaba en tres boyas que formaban triángulo. Tenía, en la parte superior, un cable ligeramente inclinado hacia dentro, como de un metro de altura, circundado de agujeros que semejaban ojos de buey como los que usan en los barcos. El conjunto era impresionante y daba la sensación de una gran fortaleza. Era de un color muy parecido al que se produce en un pedazo de acero al quemarlo contra un esmeril. Pero de una transparencia difusa. Cuando los hombres estaban como a metro y medio, ambos se llevaron la mano derecha hasta apoyarla en el cinturón, y en seguida se empezó a dibujar y a agrandar una abertura en la parte inferior de la esfera, convirtiéndose finalmente en una escalera. A guisa de pasamanos habia dos cables, al parecer elásticos, pues se flexionaban al apoyarse los hombres en ellos. Yo me había quedado como a siete metros de distancia; pero, como la nave estaba en una hondonada, pude darme cuenta de que, efectivamente, los hombres no dejaban en los escalones ni una sola partícula del lodo que pudieran llevar en los pies. Pude ver también cómo el más gordito se perdía dentro y el otro se paraba a media escala y apoyándose en el pasamanos se volteaba para verme invitándome a que me acercase y, aunque algo me jalaba en dirección contraria, hice un esfuerzo y seguí caminando hasta colocarme a un metro de la nave. Algo debía haber cambiado dentro de mi ser, pues el miedo o recelo que hasta entonces había sentido se trocó en audacia. Empecé a imaginarme que lo que tenía enfrente no era ninguna nave, y hasta le encontré cierto parecido con una casa de exploradores de tipo convencional. Cuando el hombre repitió su invitación, decididamente avancé y empecé a subir tras él. ............. Continuacion y libro completo la continuacion esta en la pagina 16, donde salvador explica a detalle como era la nave por dentro , los instrumentos que tenia y como en los años 50 ya tenia la nave tecnologia que apenas estos años ha salido y tecnologia mucho mas avanzado logicamente, conoce como funciona la nave donde sube y luego la nodriza que en el espacio les espera , ademas de los alimentos que ellos consumen, su viaje en el universo y todo el sistema de vida que encontro en aquel planeta y como ellos tienen un sistema automatizado para absolutamente todo y como adaptaron el planeta para que pudieran ellos alli vivir especificando a detalle todo lo que vivio salvador , espero que les guste y creo que este testimonio les cambiara su manera de ver muchas cosas, disfrutenlo.. http://curso-de-milagros.com/Yo_Estuve_En_Venus_-_Salvador_Villanueva_Medina.zip Proyecto Venus inspirado por el testimonio de Salvador Villanueva (yo estuve en venus) y George Adamski Que es el Proyecto venus link: http://www.youtube.com/watch?v=ZSs4dzHIet4 activa los subtitulos aqui pagina oficial proyecto venus http://www.thevenusproject.com/esProyecto venus español aqui les dejo otro post mio ejercicios para sanar todos los miedos http://www.taringa.net/posts/videos/9241559/Ejercicios-para-Sanar-Todos-los-Miedos_.html

Este testimonio , es tan detallado que cuesta creer que fue imaginado por alguien por la exactitud en los detalles de la narracion , el autor y personaje principal de este encuentro con extraterrestres se llama Salvador villanueva el cual es de Mexico y tuvo esta experiencia en los años 50s Biografia: Don Salvador Villanueva Medina nació un día de agosto de 1910 en un pueblo del estado de Jalisco. Ahora se ha retirado completamente de todas las actividades de investigación ufológica. Es humilde en pretensiones, generoso, bueno y sabio; autodidacta y orgulloso de su oportunidad de ser visitante de un mundo muy de acuerdo con sus ideales. La experiencia vivida por don Salvador Villanueva Medina en 1953 ha dado origen a este libro, el cual ha sido traducido ya a seis idiomas; tan sólo en Alemania se han vendido 80 mil ejemplares. Unos detalles respecto a Salvador Villanueva que hablan positivamente de su experiencia son el haber renunciado a los derechos de autor del libro, su negativa principal a contar la experiencia vivida y sobretodo la sencillez y humildad del mexicano que consideramos nosotros es la clave principal para tener este tipo de experiencias. Su hijo Salvador asimismo da fe y testimonio de la realidad del contacto vivido por su padre en el prologo de una de las ediciones del libro: yo estuve en venus. Como algunos les da flojera leer,el prologo y mas sobre la biografia nos la saltamos y les dejo mas adelante el documento y pues vamos a lo bueno al testimonio: Asi comenzo la experiencia: Corría la segunda decena del mes de agosto de 1953 ... Cubriendo un turno en un carro de alquiler, serví a unos norteamericanos, hombre y mujer, que me pidieron que les recomendara a un chofer que les ayudara a manejar un coche a los Estados Unidos, por la carretera de Laredo. Contra mi costumbre, me interesó el trabajo y me puse a su servicio, saliendo dos días después. El auto era un magnífico Buick modelo 52 que avanzaba con facilidad. A la pareja le urgía llegar y nos turnábamos manejando el vehículo. Llevábamos recorridos menos de 500 kilómetros, 484 para ser exactos, cuando se produjo un ruido en la transmisión del coche. Paramos, temerosos de causar un desperfecto grave. Mis acompañantes decidieron regresar en busca de una grua, ya que en plena carretera y sin herramientas resultaba imposible hacer alguna reparación. Cuando mis improvisados patrones se alejaron, saqué el gato de defensa con objeto de investigar de d6nde provenía el ruido. Lo coloqué, levantando una rueda; eche a andar el motor conectado a la transmisión y me deslicé por debajo, para oír con mayor claridad. Estando en esa posición oí que alguien se acercaba, pues se escuchaban pasos en la arenilla que se acumula en la orilla de la carretera. Alarmado, ya que cuando mis improvisados patrones se fueron y me metí debajo del coche no había visto a nadie cerca y el lugar es despoblado, traté de salir lo más rápidamente posible. No acababa de hacerlo cuando oí una voz extraña que en perfecto español me preguntaba qué le pasaba al coche. No contesté, sino que acabé de salir, quedando sentado y recargado en la carrocería. Tenia frente a mí, como a metro y medio, a un hombre extrañamente vestido, de pequeña estatura. No media arriba de un 1 metro 2o cms. Se cubría con un uniforme hecho de material parecido a la pana ó a un tejido de lana. No tenía más parte visible que la cabeza y la cara, cuyo color resultaba sorprendentemente parecido al marfil. Su pelo, platinado y ligeramente ondulado, le caía un poco más abajo de los hombros y por detrás de las orejas. Estas, las cejas, la nariz y la boca formaban un conjunto maravilloso, que completaban un par de ojos verde brillante que recordaban los de una fiera. Llevaba un cinturón grueso redondeado en sus bordes, lleno de pequeñísimas perforaciones y sin unión aparente. Tenía un casco parecido a los que se usan para jugar foot ball americano, un poco deformado en la parte trasera. A la altura de la nuca, en dicho casco, había un abultamiento del tamaño de una cajetilla de cigarros cubierta a su vez de perforaciones desvanecidas en sus bordes. A la altura de las orejas, se veían dos agujeros redondos como de un centímetro, de los que salían gran cantidad de alambritos delgados y temblorosos, que aplanados sobre el dorso del casco formaban una circunferencia como de tres pulgadas y media. Estos alambritos y la protuberancia eran de color azul, igual que el cinturón y una cinta al parecer metálica en que remataba el cuello del uniforme. Este y el resto del casco eran de color gris opaco. El hombre se llevó la mano derecha a la boca para preguntarme si no hablaba. Me resultó alucinante el sonido sonoro musical de su voz, salido de una boca perfecta que enmarcaba dos hileras de pequeños y blanquísimos dientecillos. Haciendo un esfuerzo me levanté, dándome un poco de valor al notar mi superioridad física. El individuo me animaba esbozando una sonrisa llena de dulzura; pero yo no salía aun de la rara impresión que me produjo la súbita aparición de aquel tipo tan singular. Como no me sintiera obligado a contestar, le pregunté a mi vez si era aviador. Haciendo derroche de amabilidad me contestó que si lo era, que su avión, como nosotros le llamábamos, estaba a poca distancia. Reconfortado con su contestación, se me ocurrió invitarlo a subir al coche. Hacía un airecillo frío, bastante desagradable, que aumentaba de cuando en cuando, al pasar algún vehículo a gran velocidad. La obscuridad nos empezaba a cubrir y el hombre, en vez de aceptar o de agradecer la invitación, procedió a acomodarse el casco cuidadosamente, dejándose oír un ruido muy parecido al que produce un automóvil en marcha a gran velocidad. En las perforaciones del cinturón comenzó a prender y a apagar con profusión diversas luces, que aumentaban de intensidad. El hombre alzó el brazo derecho como despidiéndose, se acercó a un montículo de tierra, lo alcanzó con agilidad y saltó al bosque que bordea la carretera. Pasado un momento me subí al mismo y trate de buscarlo, localizando a cierta distancia la franja luminosa de su cinturón que semejaba un grupo numeroso de luciérnagas. Allí estuve hasta perderlo en la obscuridad del bosque. Regresé al coche, quité el gato, y por consejo de unos motociclistas vigilantes de caminos que pasaban, lo saqué del asfalto, acercándolo al borde en que estaba parado. Me acurruqué en el asiento, cavilando sobre aquel extraño ser y pensé que quizá fuera en verdad algún aviador que había sufrido un accidente o percance y tuviera el avión destrozado en el bosque. Por fin me quedé dormido. Debió haber pasado bastante tiempo, pues estaba profundamente dormido cuando fuertes golpes dados en el vidrio de la puerta delantera derecha me despertaron. Como a primera vista descubrí a dos personas fuera del coche. Imaginé que fueran los dueños del mismo que regresaban. Sin pensarlo, abrí la puerta, y mi sorpresa fue mayúscula al encontrar que era mi “conocido”, ahora en compañía de otro individuo con su mismo aspecto y forrado de igual manera. Sin darme cuenta, los invité a subir, cosa que aceptaron de inmediato. Fue así cuando, por primera vez, sentí la extraña sensación de que aquellos seres eran algo superior a mí. Como si fuera una premeditada advertencia, al estirar el brazo derecho sobre ellos tratando de ayudarlos a cerrar la portezuela, sentí un dolor agudo como el que produce un golpe repentino dado en un codo, seguido de un entumecimiento que me paralizó momentáneamente el brazo. Fue tan fuerte la impresión que, instintivamente, me apreté hacia el lado izquierdo, poniendo espacio por medio. Un momento después se dejó sentir un calorcillo emanado de sus cuerpos ó de sus uniformes, que por cierto resultaba agradable, ya que en esa época la temperatura en la región es fresca. Sin presentaciones de ninguna especie, el que antes me había visitado, que quedaba en el centro, me preguntó si había logrado arreglar el coche. Le contesté que no llevaba herramientas suficientes para intentar una reparación en forma y por lo tanto no tenía más remedio que esperar a mis acompañantes que habían ido en busca de auxilio. Siguió un momento de espectación, y me di cuenta que trataban de observarme con cierto entusiasmo. Prendí las luces interiores del coche y, solo por preguntar algo, les dije si eran europeos. Lo perfecto de sus facciones me hacían comprender que no pertenecían a una raza al alcance de mis conocimientos. Sonriendo ligeramente me dijo el que estaba en medio, que era el que llevaba la conversación, que eran de un lugar mucho más distante de lo que yo conocía o pudiera imaginar. Eso del lugar me producía cierta sensación extraña; pero no se me ocurría pensar en otros planetas, sino en otros países. Nuestro lugar, dijo, está mucho más habitado que éste. Es difícil encontrar mucho espacio entre gente y gente. Luego el hombre se soltó a hablar tanto que yo quedé perplejo. Hacían contraste, éste con su locuacidad y su acompañante con su mutismo. El segundo, que resultaba mas lleno de cara y más robusto en general, solo hacía pequeños movimientos de cabeza, dejando algunas veces al descubierto sus pequeños dientes, que se destacaban por su blancura, pero sin pronunciar palabra. El bajito seguió diciendo que a su lugar se le podía llamar una ciudad continua, que lo cubría todo, pues sus calles se prolongaban sin fin, que éstas nunca se cruzaban al mismo nivel, que había tal cantidad de vehiculos y era tanta su diversidad que fácilmente me quedaría asombrado. Aseguró que dichos vehículos no usaban combustibles minerales, ni vegetales, pues los gases de esta clase de combustibles resultan dañino a los organismos. También manifestó que la fuerza de propulsión se la proporcionaba lo mismo el calor central de su planeta, que el sol, ya que eran fuentes inagotables de energía. Siguió diciendo que, a lo largo de sus banquetas, corrían bandas sin fin que ahorraban esfuerzos a los transeuntes y que la gente jamás ocupaba el arroyo de la calle, pues éste era metálico y conductor de la fuerza con que se impulsaban sus numerosos vehículos. Estos son totalmente diferentes a los que ustedes usan. Verás que con el material y el espacio que ustedes emplean para transportar seis pasajeros, nosotros llevamos veinticinco, en algunos casos hasta cincuenta y eso solo en el primer piso. Lo dijo recorriendo con la vista el interior del espacioso automóvil que ocupábamos. Pero los tenemos hasta de diez pisos. Todo esto me estaba amoscando, ya que no sabia de ningún país en nuestro mundo que no usara en parte de sus vehículos alguna clase de combustible. Podía ser que los hubiera demasiado poblados, pero hasta ahí llegaba la cosa en cuanto a sus ciudades. Tampoco sabía que las hubiera mecanizadas hasta ese grado. Aquellos hombres me estaban pareciendo un par de bromistas. Pregunté cómo hacían para producir legumbres, ya que estaban tan poblados. La pregunta la hice en broma; pero él tranquilamente me contestó: Que hacía mucho tiempo cultivaron legumbres en mucho mayor número de las que nosotros conocemos. Lo hicieron en perforaciones, empleando las paredes para ese fin, por lo que resultaban hortalizas interiores e subterráneas. Algo de ésto me pareció lógico. Otras cosas decididamente no. Ahora, tratando de orientarme, pregunté si tenían mar cerca. Me contestó, como sin darle importancia a la pregunta, que solo tenían uno, pero que era tres veces más profundo que el nuestro. La cosa me pareció burlesca, y le reproché su proceder. Los dos individuos explotaron en una sonora carcajada que me acabó de amoscar; pero llegué a pensar que posiblemente mi ignorancia era mayor de lo que imaginaba, y si he de decir verdad no me sentí ofendido. Ante mi impasibilidad, el hombre me espetó: -- Espero que comprendas que te estamos hablando de otro planeta. -- ¿De otro planeta? --pregunté entre indignado y asombrado. -- Sí, hombre, otro mundo como ustedes llaman a este en que vives. ¿Creo que sabes que los hay? -- Claro que sí lo sé -- me apresuré a contestar, pues la pregunta me pareció ofensiva. -- ¡Hágame el favor! ¿Cómo no voy a saber que existen otros planetas? Y terminé, para demostrar mis conocimientos en astronomía aseverando que, según nuestros sabios, ningún otro planeta fuera del nuestro puede tener habitantes racionales. -- ¿Qué les hace pensar tal cosa? -- me preguntá ¿Acaso los deficientes medios de que disponen para hacer sus cálculos? ¿No les parece demasiada pretensión creer que son los únicos seres que pueblan el universo? Aquello estaba tomando un cariz más serio de lo que yo había pensado. De repente me volví a dar cuenta del dolor que todavía sentía en mi brazo y también de la rareza de aquellos tipos con sus uniformes y cinturones, con los cascos, lo raro del color de su piel, el de sus expresivos ojos y su extraña voz, a cuyo sonido no podía encontrarle parecido. Para mi pobre intelecto, aquellas eran demasiadas pruebas. Decidí seguir resistiendo y les dije que todo me parecía increíble. -- Cierto, -- me contestó --. Resulta increíble para la mentalidad de ustedes; pero, dime, ¿por qué resulta increíble? La pregunta fué tan imprevista que me confundió. Al azar le contesté que creía saber, por los cálculos de nuestros astrónomos y matemáticos, que algunos planetas de los que forman nuestro sistema solar son demasiado fríos y otros demasiado calientes. -- Pues, bien. Te voy a poner un ejemplo sencillo: ustedes tienen lugares extremadamente fríos y sin embargo viven en ellos gentes que, sin artificios ni ayudas mecánicas de ninguna naturaleza, logran subsistir, valiéndose tan solo de sus propios medios. Ahora imagínate a esos mismos individuos dotados con los elementos necesarios, útiles para formar el clima o el ambiente que necesiten. ¿Qué les puede importar la distancia a la que estén del sol, si éste les da los medios necesarios para protegerse y, además, convertir lo perjudicial en beneficioso? Ahora, otro pequeño ejemplo... Seguí escuchándolo. -- Te habrás dado cuenta de que un individuo, valiéndose tan solo de un pequeño tanque en el que almacena lo que necesita para respirar, puede estar fuera de su medio, sin peligro de su estructura orIgánica. El ejemplo iluminó mi cerebro y, sin perder tiempo, le pregunté: -- ¿Ustedes deben respirar algo distinto a lo que nuestro organismo está acostumbrado? -- Claro, me contestó, satisfecho. -- Pero yo no veo nada adicional. -- No ves nada porque, según tu mentalidad, debe ser adicional; pero toca aquí. . . me lo dijo invitándome a tocarle lo que debía ser estómago y allí se sentía una consistencia semidura, diferente a cómo lo tenernos nosotros. Acto seguido completó la explicación: -- Nosotros llevamos aquí lo que nos da vida. Inyecta directamente los pulmones. -- Esto sí que es maravilloso - exclamé con entusiasmo. Pero ... ¡qué diablo!, me seguían asaltando las dudas. El lo advirtió, por lo que me dijo que preguntara lo que quisiera, que él me contestaría. Para principiar le dije que si venían de otro mundo, ¿qué clase de vehículo usaban? Me contestó que ya me había dicho que su nave estaba a poca distancia y que pronto iba a tener oportunidad de conocerla, si así lo deseaba. Revoloteaba en mi mente una pregunta, pero no encontraba la forma de hacerla sin ofenderlo. Se me ocurrió que, siendo los adultos tan pequeños, cómo serían los niños. Y ante mi asombro, como si estuvieran leyendo en mi mente, contestó a mi pensamiento de la siguiente manera: -- Te voy a explicar lo que quieres saber, o sea, lo relacionado con los niños. En nuestro mundo no vemos a los niños en las calles. Desde que nacen, quedan bajo el patrocinio de lo que podemos llamar gobierno, y éste se encarga de su control hasta que alcanzan la edad adecuada. Entonces se los clasifica de acuerdo con sus cualidades físicas y mentales y se les asigna determinado lugar, donde hacen falta . Generalmente se lleva a cabo esta operación por parejas, hombre y mujer y se me ocurrió preguntarle cómo hacían para aclimatar a un individuo de una zona fría a una caliente, o viceversa. -- Como verás este problema no lo tenemos. Por la sencilla razón de que todo nuestro mundo goza de un solo clima uniforme y éste no es natural, sino artificial, creado por nosotros mismos. Comprenderás ahora que gozamos de un solo clima, benigno, sin tener como ustedes regiones extremas. Por lo demás nuestra población no nos permitiría ese lujo. Aquello, para mí, ya iba en vías de un total convencimicnto. Todo me parecía favorable a lo que él aseguraba y ya me empezaba a parecer lógico. De nuevo mi mente dió cabida a otra pregunta. Estaba relacionada con su unico mar, y no acababa de formarla cuando él cortó el pensamiento: -- Ya te dije que tenemos un mar y éste contiene tanto líquido como todos los vuestros juntos. De él sacamos todos los materiales, los que usamos para construír nuestros edificios, para confeccionar nuestra ropa, para fabricar nuestros vehículos y un 60 ó más del porcentaje de nuestra alimentación. Prosiguió: -- Nuestros barcos actuales no son como ustedes los conciben y construyen. Los nuestros lo mismo están en el aire que en el agua o en algún otro lugar sin peligro de ninguna especie. En dicho mar tienen asiento, a grandes profundidades, descomunales fábricas con sistemas diferentes a los que ustedes usan. Estos sistemas atraen a los pobladores del mar. Allí son seleccionados y aprovechados científicamente. Ante mi asombro, añadió: -- Como comprenderás, en nuestro mar no se producen perturbaciones de ninguna especie, pues lo tenemos para nuestro servicio y bajo nuestro control y por lo tanto quedan eliminadas esas contingencias. Aquello ya se había convertido para mí en una incesante preocupación. Anciaba saber más acerca de aquellas gentes. Le pregunté cómo era que hablaban tan bien el español. Me contestó que ellos podían en poco tiempo hablar cualquier lenguaje por difícil que fuera; que, en su mundo, se hablaron, igual que en el nuestro, infinidad de idiomas; que ahora solo empleaban uno formado por las palabras más fáciles y que lo habían logrado en forma sumamente eficaz y sencilla. Le pregunté si conocían todo nuestro mundo. Me aseguró que no solo lo conocían superficialmente, sino también su contextura y todas las costumbres de las diferentes regiones por apartadas que a nosotros nos parecieran. Que lo primero lo lograban con aparatos apropiados de los que estaban dotadas todas sus naves y lo segundo con personas de ellos mismos, seleccionadas, las que más se asemejaban físicamente a nosotros. Las solían dejar bien provistas cerca del lugar que le interesaba investigar y las recogían en el momento propicio. Me empezaban a preocupar los fines que perseguían en nuestro mundo. Así, que, al preguntarlo, me contestó, ilustrando la respuesta con algo de historia:-- La etapa por la que atraviesan ustedes ahora, la vivimos nosotros hace algunos miles de años. En nuestro mundo hubo guerras y destrucción, atrasos y adelantos; pero un buen día llegó la ecuanimidad. Se derrocaron líderes políticos y se eligieron en su lugar sabios y destacados humanistas. En lugar de los ensoberbecidos, ambiciosos y egoístas, que solo buscaban el lucro en su propio beneficio, que fueron aniquilados como los medradores, fueron puestos hombres dedicados al mejoramiento colectivo. Después de una breve pausa: -- Hubo un cambio total en la administración pública y, poco a poco, fue desapareciendo la vanidad, que resultaba el mejor aliado de los explotadores, y acabó asentándose firmemente la moral en todos sus aspectos. Ahora nos gobiernan verdaderos sabios que procuran una mejor alimentación, un mejor vestido, una mejor y uniforme educación. Se acabaron los privilegios. Ahora, en el mismo lugar, se educa física y mentalmente al que probablemeute desciende de ricos y al que desciende de pobres. El que durante esa época de su vida se destaca, es destinado a donde puede desarrrollar sus aptitudes libremente y sin preocupaciones. Aún dijo más: -- Desapareció totalmente lo que ustedes llaman Nación o Patria. Solo somos ciudadanos de nuestro mundo. No usamos bandera, ni identificaciones de ninguna especie. Cada niño, al nacer es tatuado en alguna parte de sus pies. Es como una ficha que habla de su origen y facultades. Así crece sin complejos, sano y libremente. Las horas habían pasado rápidamente. Empezaba a clarear cuando descendimos del coche. A decir verdad, no sabía si era realidad lo que me había pasado, pero debia serlo pues estaba a un solo centímetro de aquellos dos personajes, dispuesto a certificar lo que me habían platicado. Se adelantaron un poco, subiendo al borde de tierra. Y de repente volvieron la cara, como tratando de surprenderme en algún movimiento sospechoso. Me di cuenta de que de sus cascos y cinturones salian sonidos intermitentes y en gran escala, subiendo a veces de tono hasta herir los oídos. La curiosidad me invadió y no tuve más remedio que preguntarle para qué les servían dichos cinturones. La pregunta, al parecer, les llenó de satisfacción. El bajito fijó su vista en el cinturón. Su acompañante solo se elevó las manos a él, sin dejar de observarme. Pero su expresión era tal que daban a entender que, con aquella maravilla puesta, se sentían inmunes a cualquier peligro. O por lo menos eso me pareció. Demonstraban cariño y seguridad sus vivísimos ojos, que fulguraban. Por fin, el bajito alzó la vista y me dijo: -- Este es un aparato que sirve para inmovilizar cualquier mecanismo o enemigo. Ahora dime, prosiguió, satisfecha tu curiosidad, ¿tienes deseos de conocer la máquina? Ven con nosotros y rubricó la invitación con amplia y amable sonrisa. No me pareció digno desairarles. Por lo tanto, me apresuré a seguirles. El terreno era lodoso. Nuestros hombres vadeaban los charcos, buscando lugares más duros. De repente me di cuenta de que en los lugares donde asentaban los pies, el lodo se abría sin adherirse a ellos, con el mismo efecto que produce un fierro caliente. Vi mis zapatos. Los llevaba totalmente cubiertos de lodo, alcanzando éste a mancharme las piernas del pantalón. El descubrimiento me dió la sensación de estar caminando tras dos fantasmas, e inconscientemente empecé a rezagarme, aumentando la distancia entre los hombres y yo, pero sin dejar de seguirlos. Aquello fué solo el principio de una serie de sorpresas, que se gravarían para siempre en mi cerebro. Algunos metros más adelante, sorpresivamente, tuve ante mi vista la majestuosa nave de que me habían hablado. Emergía deslumbrante, rodeada de follaje, como gigantesco huevo en descomunal nido. Paré en seco mis pasos y me puse a contemplar lo que tenía delante. Una majestuosa esfera achatada se apoyaba en tres boyas que formaban triángulo. Tenía, en la parte superior, un cable ligeramente inclinado hacia dentro, como de un metro de altura, circundado de agujeros que semejaban ojos de buey como los que usan en los barcos. El conjunto era impresionante y daba la sensación de una gran fortaleza. Era de un color muy parecido al que se produce en un pedazo de acero al quemarlo contra un esmeril. Pero de una transparencia difusa. Cuando los hombres estaban como a metro y medio, ambos se llevaron la mano derecha hasta apoyarla en el cinturón, y en seguida se empezó a dibujar y a agrandar una abertura en la parte inferior de la esfera, convirtiéndose finalmente en una escalera. A guisa de pasamanos habia dos cables, al parecer elásticos, pues se flexionaban al apoyarse los hombres en ellos. Yo me había quedado como a siete metros de distancia; pero, como la nave estaba en una hondonada, pude darme cuenta de que, efectivamente, los hombres no dejaban en los escalones ni una sola partícula del lodo que pudieran llevar en los pies. Pude ver también cómo el más gordito se perdía dentro y el otro se paraba a media escala y apoyándose en el pasamanos se volteaba para verme invitándome a que me acercase y, aunque algo me jalaba en dirección contraria, hice un esfuerzo y seguí caminando hasta colocarme a un metro de la nave. Algo debía haber cambiado dentro de mi ser, pues el miedo o recelo que hasta entonces había sentido se trocó en audacia. Empecé a imaginarme que lo que tenía enfrente no era ninguna nave, y hasta le encontré cierto parecido con una casa de exploradores de tipo convencional. Cuando el hombre repitió su invitación, decididamente avancé y empecé a subir tras él. ............. Continuacion y libro completo la continuacion esta en la pagina 16, donde salvador explica a detalle como era la nave por dentro , los instrumentos que tenia y como en los años 50 ya tenia la nave tecnologia que apenas estos años ha salido y tecnologia mucho mas avanzado logicamente, conoce como funciona la nave donde sube y luego la nodriza que en el espacio les espera , ademas de los alimentos que ellos consumen, su viaje en el universo y todo el sistema de vida que encontro en aquel planeta y como ellos tienen un sistema automatizado para absolutamente todo y como adaptaron el planeta para que pudieran ellos alli vivir especificando a detalle todo lo que vivio salvador , espero que les guste y creo que este testimonio les cambiara su manera de ver muchas cosas, disfrutenlo.. http://curso-de-milagros.com/Yo_Estuve_En_Venus_-_Salvador_Villanueva_Medina.zip Proyecto Venus inspirado por el testimonio de Salvador Villanueva (yo estuve en venus) y George Adamski Que es el Proyecto venus link: http://www.youtube.com/watch?v=ZSs4dzHIet4 activa los subtitulos aqui Como verán, El Proyecto Venus se dedica a afrontar todos estos problemas tomando parte activamente en la investigación, el desarrollo y la aplicación de soluciones viables. Mediante enfoques innovadores dirigidos a la conciencia social, incentivos educacionales y la aplicación constante de lo mejor que la ciencia y la tecnología pueden ofrecer directamente al sistema social, El Proyecto Venus ofrece un plan global para la reclamación social en el cual los seres humanos, la tecnología y la naturaleza podrán coexistir en un estado de equilibrio dinámico sostenible a largo plazo. pagina oficial proyecto venus http://www.thevenusproject.com/esProyecto venus español aqui les dejo otro post mio ejercicios para sanar todos los miedos http://www.taringa.net/posts/videos/9241559/Ejercicios-para-Sanar-Todos-los-Miedos_.html