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Usuario (Colombia)

Primer post: 5 dic 2010Último post: 23 dic 2010
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Buenos Aires se faveliza (Triste Realidad)
Buenos Aires se faveliza (Triste Realidad)
InfoporAnónimo12/23/2010

Parques, canchas de fútbol y vías de tren de la capital argentina han sido tomadas por ilegales de Bolivia, Paraguay y Perú. Denuncian inseguridad y narcotráfico, Ocupantes ilegales de los terrenos del Club Albariño, al sur de Buenos Aires, se enfrentan con vecinos de la zona. Buenos Aires vive por estos días jornadas de alta tensión. El calor del verano que recién comienza se atenúa ante la efervescencia de los enfrentamientos entre vecinos que han tenido lugar en varios barrios de la capital argentina desde principios de diciembre. Cuatro muertos, decenas de heridos y una problemática que amenaza con seguir cobrando víctimas. El crecimiento de asentamientos ilegales en predios baldíos —parques, canchas de fútbol, vías de tren— ha terminado por enfrentar a la misma población, ante una supuesta negligencia de las autoridades locales y nacionales. El incremento de la inseguridad, así como la presencia de organizaciones delictivas e incluso de redes narcotraficantes, ha hecho que expertos en seguridad hablen de una ‘favelización’ en los barrios de emergencia de la ciudad. Y aunque no es un tema nuevo en la agenda nacional, sí cobró relevancia con el más reciente incidente que tuvo lugar hace unas semanas en Villa Soldati, un barrio en el sur de Buenos Aires. Allí, 13.000 personas de escasos recursos tomaron ilegalmente el Parque Indoamericano y ante las quejas por la creciente inseguridad, y al ver que la policía no trabajaba en desalojar a los ocupantes, los vecinos decidieron reaccionar. Se enfrentaron con palos, piedras, botellas. Puños y patadas. Armas. El Gobierno Nacional envió a la gendarmería para evitar nuevos choques. Pero el ambiente caldeado cobró lo suyo: cuatro muertos. Primero, un hombre de origen paraguayo y una boliviana fallecieron en confusos incidentes durante el operativo de desalojo; días después, luego de que la policía se retirara, nuevos enfrentamientos entre ocupantes del terreno y vecinos de barrios marginales de la zona cobraron otras dos vidas. El alcalde de la ciudad, Mauricio Macri, culpó entonces a los grupos delictivos que operan en las villas de la ciudad, y en una declaración con tintes xenófobos —como menciona el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel— se fue lanza en ristre contra el gobierno por las “laxas políticas migratorias”. “Estamos todos conscientes de que la Argentina viene expuesta a una política descontrolada donde el Estado no se ha hecho cargo de su rol. Pareciera que la ciudad de Buenos Aires se tiene que hacer cargo de los problemas habitacionales de los países limítrofes”, señaló al identificar que más del 70% de la población de estas villas proviene de Bolivia, Paraguay y Perú. La semana pasada, luego de negociaciones entre miembros del gobierno nacional, del gobierno de la ciudad, y líderes de los asentamientos ilegales, el terreno fue desalojado. El Parque Indoamericano de Villa Soldati, en el sur de Buenos Aires, volvió a ser ese gran predio abandonado y de hierba descuidada, sin las tiendas de plástico o cartón que habían instalado aquellos ocupantes ilegales que se marcharon tras la promesa de que el Estado les daría viviendas sociales. Sin embargo, las ocupaciones se han multiplicado desde hace una semana en Quilmes, suburbio del sur bonaerense; en Rosario y en Villa La Angostura, un exclusivo balneario en la Patagonia. Habría por lo menos 12 en todo el país. Se estima que en Buenos Aires unas 500.000 personas tienen necesidades de vivienda insatisfechas. Grupos de sin techo han ocupado tierras en otras zonas urbanas de la capital argentina y también han enfrentado la resistencia de vecinos establecidos del lugar. Las nuevas ocupaciones ocurrieron en otros barrios porteños (dos en Villa Lugano, uno en Barracas y otro en el Bajo Flores) y tres en el área metropolitana de Buenos Aires (dos en Bernal y otro en González Catán). Los “okupas” —nombre con el que se refieren a estas personas— tomaron desde terrenos fiscales, hasta un campo público de fútbol y vías del ferrocarril, que ahora cuentan con tiendas de cartón, madera, lata y plástico. En Villa Lugano, a menos de una semana de los hechos en Villa Soldati, la violencia vuelve a generarse. De nuevo los vecinos marchan y protestan. De nuevo, se enfrentan con los ocupantes de los predios. Ayer, un policía resultó herido en uno de los disturbios. Algunos vecinos de la zona denunciaron a los medios locales que parte de la violencia surge por disputas entre los ocupantes para obtener terrenos. “En muchas ocasiones, los terrenos son loteados ilegalmente y puestos a la venta por valores de entre US$150 y US$250”, cuenta Fernando Ojeda, director de la ONG Red Hábitat Argentina, quien culpa también a grupos delictivos y bandas narcotraficantes. Favelización El término ‘favelización’ asusta. No gusta ni al gobierno, ni a académicos, ni a la sociedad. Es el término, sin embargo que usan ahora expertos en seguridad, quienes describen que lo que está ocurriendo en las villas de Buenos Aires es similar a la realidad de las favelas en Río de Janeiro. Tal como explica el ex comandante de la Policía Metropolitana, Luis Vicat, “el crecimiento de las llamadas villas en Buenos Aires y sus alrededores hizo emerger la figura de capos que manejan el narcotráfico, y es así como se replica el mismo problema que hoy combate con todas las fuerzas de seguridad el estado de Río de Janeiro en Brasil”. Datos oficiales indican que el 7% de la población de la Capital Federal vive en los 14 asentamientos que hay en la ciudad; es decir, unas 200 mil personas, lo que implica un crecimiento del 25% en los últimos dos años. Según Sergio Schoklender, apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, la situación de las semanas pasadas en Soldati y en Lugano es producto de una violenta irrupción del narcotráfico en el sur de Buenos Aires. Por su parte, el gobierno porteño dice conocer el plan que tendrían las mafias que comercializan droga para establecer un corredor entre varios asentamientos de la zona. “La Argentina está en un proceso de cartelización y favelización creciente. El futuro no se presenta promisorio, salvo que se dé un cambio en las políticas de seguridad”, afirmó Vicat. Ya lo había anunciado 11 meses atrás Sebastián García Díaz, secretario de Prevención de la Drogadicción de la provincia de Córdoba (Argentina), dónde también se presenta una situación similar. “La favelización consiste en el proceso de estás villas en los que de a poco va armando un sistema organizado delictivo, adquiriendo fuerza e independencia económica, al tiempo que comienzan a formar fuerzas de seguridad propia. Esto ocurre en todo el país”, dice el experto. Entre tanto, las invasiones siguen y las casas de lata, plástico y cartón se levantan en terrenos que nadie reclama.

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Adrian lamo (El hacker de la controversia de wikileaks)
InfoporAnónimo12/22/2010

A Adrián Lamo lo invitan con frecuencia a dictar conferencias en todo el mundo. Hace poco participó como panelista en una charla sobre ‘hackers’, en Nueva York. También asesora a diferentes empresas en materia de protección informática. ESCÁNDALO Esta es la historia de Adrián Lamo, el pirata cibernético de origen colombiano que reveló a las autoridades estadounidenses quién filtró la información a WikiLeaks. Cuando Adrián Lamo empezaba a ser un hacker conocido, en agosto de 2002, la cadena NBC lo invitó a grabar un segmento para su noticiero nocturno. El presentador que lo entrevistaba lo retó a que ingresara al sistema informático de ese medio, aunque nunca pensó que lo lograría. Para sorpresa del periodista, en menos de tres minutos el joven se había infiltrado en los servidores del canal, frente a las cámaras. A pesar de que la nota nunca se emitió porque las directivas lo consideraron peligroso, el episodio hizo célebre a Lamo. No en vano hoy es conocido como el 'Bobby Fischer del hacking', debido a que tiene un coeficiente intelectual similar al del famoso jugador de ajedrez y porque puso en jaque a WikiLeaks al revelar su fuente principal. Es tanta su fama en el medio informático que hace un par de años la productora del actor Kevin Spacey, ganador de dos premios Óscar, grabó un documental sobre su vida. Desde muy joven era aficionado a los computadores. Cuando estudiaba en San Francisco tuvo que ir a la oficina del rector varias veces porque ingresó a la red del colegio sin permiso. Lamo todavía no sabe con certeza cómo terminó involucrado en este escándalo mundial, pero de lo que sí está seguro es deque no fue producto del azar. "Yo no creo en casualidades -explicó a SEMANA- en la vida simplemente ocurren cosas que no podemos entender". Todo comenzó en mayo, cuando Bradley Manning, un analista informático del Ejército estadounidense que se encontraba de misión en Irak, lo contactó por Internet. Empezaron a chatear y un día le preguntó a Lamo qué haría en caso de que tuviera acceso a "redes clasificadas durante 14 horas al día, siete días a la semana, durante más de ocho meses". A pesar de que no se conocían, el soldado le confesó que había descargado varios folios de información de las redes secretas del Pentágono en CD vírgenes, mientras fingía estar escuchando música de Lady Gaga, y se los había dado a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. "Todavía no estoy ciento por ciento seguro de por qué decidió contarme", dice Lamo, pero su teoría es que Manning lo hizo porque necesitaba la aprobación de alguien reconocido en el medio de los hackers. En los chats, el soldado no solo admitió que se sentía solo y rechazado, sino que también se mostró desilusionado con la política exterior de Estados Unidos. Lamo cuenta que esas conversaciones hicieron que surgiera entre ellos una especie de "pacto suicida", porque no había marcha atrás. Manning le confesó ser el responsable de la filtración del video en el que un helicóptero norteamericano ataca a civiles iraquíes, publicado por WikiLeaks en abril, así como de los miles de documentos clasificados sobre la diplomacia gringa que varios diarios mundiales están entregando poco a poco. Incluso antes de que se involucrara en el escándalo de WikiLeaks, Lamo ya era famoso en los medios por ‘hackear’ los sistemas informáticos de grandes empresas. Lamo consideró que las revelaciones eran tan graves que su obligación como ciudadano era informar al Departamento de Contrainteligencia del Ejército. Creía que si los cables del Departamento de Estado salían a la luz podían poner en riesgo la seguridad nacional y la vida de muchas personas. En pocas palabras, consideraba que Manning estaba jugando con fuego. "Tuve que pensarlo mucho… Yo también habría sido culpable por no haber informado a las autoridades… Hay momentos en que no se trata de tomar una decisión correcta, sino la menos incorrecta", sostiene. El soldado, de 22 años, fue detenido pocos días después y hoy se encuentra en una celda en la base de los Marines en Quantico, Virginia, a la espera del juicio. Algunos expertos calculan que el año próximo podría ser condenado a cadena perpetua. Por su parte, Lamo ahora cuenta con protección del gobierno debido a que durante los últimos meses ha recibido amenazas de quienes lo consideran un traidor. Desde mayo no habla con Manning, pero dice que espera conocerlo algún día. "Aunque creo que hice lo correcto para procurar el bienestar general, no hice lo correcto en el caso de Bradley. Merece mis disculpas… pudimos haber sido buenos amigos", reconoce. Él sabe lo que significa ser arrestado tan joven, pues pasó por lo mismo cuando tenía 22. Los comienzos En efecto, en septiembre de 2003 Lamo se entregó al FBI por haber entrado sin permiso al sistema del diario The New York Times. Meses atrás, había accedido a la información personal de cerca de 3.000 colaboradores del periódico, incluidos el ex presidente Jimmy Carter y el actor Warren Beatty, y, a manera de broma, agregó su nombre a la base de datos como experto en seguridad nacional e informática. A las directivas del diario no les causó ninguna gracia su hazaña y, tras declararse culpable, el joven tuvo que pagar una multa de 65.000 dólares, seis meses de arresto domiciliario y dos años de condena condicional. Su nombre ya había sido noticia en los medios porque tenía la costumbre de hackear las redes de las empresas y luego advertirles de su vulnerabilidad sin cobrar nada. "No tenía interés en robar -aclara Lamo-. Solo quería explorar y obtener información". Tanto así que al final algunas compañías, en lugar de denunciarlo, terminaron por agradecerle. "A Adrián no le importan los lujos. La fama no ha inflado su ego, vive una vida simple y ni tiene siquiera tiene carro", contó a esta revista un familiar cercano. De hecho, hubo una época en la que era conocido como 'el Hacker sin hogar' porque se infiltraba en los sistemas informáticos de Yahoo!, Microsoft, Bank of America, MCI WorldCom, McDonald's, Citigroup y muchas más, mientras recorría el país en bus. "No lo hacía por miedo a que me descubrieran, sino porque quería explorar el mundo físico", explica Lamo. En el día se dedicaba a entrar ilegalmente a las redes de dichas empresas, y en las noches dormía en edificios abandonados. Al preguntarle sobre el número de compañías que hackeó, admite que fueron tantas que le es imposible acordarse de todas. Su habilidad con los computadores es asombrosa y desde muy pequeño mostró una sensibilidad especial. Su papá, quien es colombiano, y su mamá, nacida en Estados Unidos, lo consideran un niño prodigio, pues aprendió a leer y escribir por sí mismo, sentía curiosidad por todo y tenía un vocabulario inusual para una persona de su edad. En Colombia Lamo nació en Boston, Massachusetts, y su infancia transcurrió en diferentes lugares de Estados Unidos. Vivió una larga temporada en Washington y recuerda que solía visitar los museos del Instituto Smithsoniano. Sabía hablar inglés y español, pero su papá quería que tuviera más contacto con la familia colombiana. Entonces decidieron mudarse a Bogotá en 1992. Adrián entró a estudiar al colegio Campoalegre, ubicado a las afueras de la ciudad, donde cursó quinto de primaria y una parte de sexto. "El choque cultural fue difícil, pero pude adaptarme", reconoce. Según dijo a SEMANA María Cristina Murillo, rectora de esa institución educativa, Lamo era un niño muy inteligente, crítico y maduro. "No tragaba entero y no podía aceptar la idea de que Estados Unidos fuera a decaer como ha pasado con las grandes potencias a lo largo de la historia. Esa idea lo preocupaba y le causaba dolor. Tenía pocos amigos y, mientras los demás jugaban fútbol, él tenía otros intereses. Era muy bueno con todo lo que tuviera que ver con tecnología". Santiago Perry, compañero de Lamo en el colegio, cuenta que le gustaba pasar los descansos en la sala de computadores. "Era callado y le iba muy bien en matemáticas. Me acuerdo de que en clase de gimnasia usaba gorra y gafas negras para no asolearse. Le gustaba ponerse la misma chaqueta todos los días y tenía un olor muy particular porque en los bolsillos guardaba palitos de incienso que desmoronaba con las manos". Para Perry y varios amigos de su generación, Adrián es un personaje muy difícil de olvidar, a pesar de que vivió poco tiempo en Colombia. Los Lamo querían quedarse en el país, pero en 1994, por cuestiones personales, tuvieron que volver a Estados Unidos y se establecieron en San Francisco. Para aquella época, Adrián ya era un genio en potencia de los computadores. Un día, por ejemplo, logró resolver un enigma de informática que el profesor de esa materia creía demasiado complejo para un adolescente. Se volvieron tan buenos amigos que cuando el joven se entregó a las autoridades en 2003, el maestro le envió una carta al juez que llevaba el caso, para defenderlo. A los 13 años, Adrián ya tenía una enorme facilidad para meterse en los sistemas sin ser detectado y, según su familiar, lo hacía de forma intuitiva: "Cuando le preguntaba cómo conseguía penetrar en las redes, decía que simplemente sabía por qué camino navegar". Lamo recuerda que uno de los primeros computadores que le regaló su papá fue un Commodore 64; le gustaba desbaratar los equipos electrónicos que tenía a su alcance y no le quedaba grande ningún problema así se demorara en dar con la respuesta. Lamo padece el síndrome de Asperger, un tipo de autismo que explica por qué es capaz de permanecer concentrado en una misma actividad durante 24 horas seguidas sin dormir y sus dificultades para relacionarse con otras personas. Después de graduarse del colegio, Lamo empezó a hackear los sistemas de grandes empresas desde cualquier rincón de Estados Unidos. Durante esa etapa se mantuvo en contacto con sus papás, quienes se habían mudado a otra ciudad y se enteraban de sus actividades gracias a las noticias que publicaban los medios. "Siempre que hablaba con ellos me advertían que tuviera cuidado", recuerda. Sin embargo, luego vino el incidente con The New York Times y el joven tuvo que parar. Aprovechó la temporada en que estuvo bajo custodia en casa de sus padres para estudiar Periodismo e incluso obtuvo varios premios por una serie de artículos que escribió. Ese detalle es importante porque Lamo asegura que le propuso a Manning que le hablara en calidad de periodista, pero este no aceptó. Solo así habría podido contar lo que sabía sin estar obligado a revelar su nombre. "Hoy él estaría protegido bajo leyes del estado de California", dice. Coincidencia o no, lo cierto es que el colombo estadounidense terminó convertido en uno de los principales protagonistas del escándalo de WikiLeaks. Casi nadie conoce su historia en detalle y por eso actualmente, además de asesorar a empresas para proteger sus redes y dar charlas, prepara un libro sobre sus experiencias. Como van las cosas, el documental de Spacey ya se quedó corto, porque las nuevas aventuras de Lamo bien podrían servir de inspiración para una película de intriga internacional.

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Capturado el mayor Ciberladron del mundo
Capturado el mayor Ciberladron del mundo
InfoporAnónimo12/5/2010

Esta es la única foto que se conoce del ladrón cibernético Albert González, quien actualmente está recluido en el Centro de Detención Metropolitano, en Brooklyn. Un estadounidense de 29 años es el mayor ciberladrón del mundo. Hoy paga en una cárcel la pena más grande que se le ha impuesto a alguien por un delito informático. El día en que Albert González se vio obligado a enterrar una bolsa con 1,2 millones de dólares cayó en la cuenta de que su fortuna estaba aumentando de forma descontrolada. Con esa plata, que había conseguido robando los datos de tarjetas de crédito y débito en Estados Unidos, alquilaba las suites más caras de los hoteles de Miami, compraba autos de lujo y organizaba fiestas de cumpleaños de más de 75.000 dólares. "Cuando me fijé, la bola de nieve ya se había formado y era difícil detenerla. Intenté dejarlo, pero no pude", declaró hace pocos días al diario The New York Times. Entre 2005 y 2007 tuvo acceso a más de 180 millones de cuentas de tarjetas de crédito, por lo que hoy es considerado el mayor ciberladrón del mundo. Lo más sorprendente de la historia es que el hombre siguió delinquiendo después de que las autoridades perdonaron sus delitos a cambio de que colaborara con el FBI. La Policía lo volvió a capturar en 2008, y solo ahora se sabe cómo logró engañar a las autoridades durante tanto tiempo. Desde pequeño, González, de padres cubanos, era muy hábil con los computadores. A los 14 años entró al sistema informático de la Nasa y más adelante hizo lo mismo con el del gobierno de la India desde un computador de su colegio, en Miami. Su familia nunca sospechó de sus actividades ilegales, pues el joven se desempeñaba como monaguillo en la iglesia de su barrio y rara vez se metía en problemas. González aprendió sobre computación de forma autodidacta y, en 2000, determinado a convertirse en millonario, se retiró de la universidad y creó su propio grupo de hackers. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que un agente de Policía de Nueva York, a donde González se había mudado, lo detuviera por accidente. Resulta que el oficial estaba investigando una serie de robos de carros en Manhattan cuando vio que el cubano-estadounidense estaba retirando plata de un cajero, con diferentes tarjetas de crédito. Lo detuvo y, tras varios interrogatorios, González accedió a desmantelar shadowcrew.com, un sitio especializado en delitos informáticos. Gracias a su colaboración, no tuvo que enfrentar un proceso judicial. La operación fue todo un éxito y González no solo se ganó la confianza de los oficiales del FBI, sino que también pudo ingresar a las bases de datos de grandes empresas e intervenir los datáfonos de supermercados y almacenes. Al tiempo que trabajaba para el gobierno, el hombre participaba en una red internacional de hackers con la que clonó tarjetas de crédito de usuarios en Estados Unidos, América Latina, Europa y Asia. Con tal de aumentar su ego y ganar cientos de millones de dólares, decidió correr el riesgo y convertirse en un agente doble. "La emoción siempre vencía cualquier sentimiento moral", admite. Durante ese lapso, González también usó información privilegiada para advertirles a sus compinches de las investigaciones que el organismo de inteligencia llevaba a cabo. En 2007, las autoridades empezaron a investigar una serie de delitos informáticos de los que habían sido víctimas varias compañías, y, gracias a los registros de mensajería de uno de los socios de González, la Policía lo sorprendió, el 7 de mayo de 2008, en la suite del hotel National de Miami Beach. A principios de este año, González fue condenado a 20 años de prisión, la pena más alta que una corte gringa ha impuesto a una persona por un delito informático. Al final, sus presentimientos se hicieron realidad y González no pudo completar la operación de robo que alguna vez denominó: "Hazte rico o muere en el intento". FUENTE http://www.semana.com/noticias-gente/pirata-cibernetico/148394.aspx

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