elhijodenelimar
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Esto es muy triste.... estos son los articulos que salieron en página 12...el sorete de bunge debe estar contento... El hombre que fue sinónimo de ciencia Fue el iniciador de la filosofía de la ciencia y la epistemología en la Argentina. Fue autodidacta. Y una de las figuras emblemáticas de la época de oro de la universidad y del despegue científico argentino. Su muerte, los recuerdos, los homenajes. Por Leonardo Moledo La figura de Gregorio Klimovsky trasciende casi cualquier cosa: al fin y al cabo fue el iniciador de la filosofía de la ciencia y la epistemología en la Argentina; autodidacta, fue parte de la época de oro de la universidad y del despegue científico argentino. Pero desde el golpe de Onganía lo echaron nueve veces de la universidad. Fue miembro de la Conadep, decano de Exactas, fue la máxima eminencia en lógica matemática y filosofía de la ciencia del país y, hasta el final, siguió publicando trabajos de asombrosa actualidad. Su muerte, ayer, a los 86 años, representa no una pérdida para la ciencia, o no sólo una pérdida para la ciencia, sino para el pensamiento: porque al fin y al cabo, Klimovsky era eso: pensamiento en acción, pensamiento abstracto que se concretaba en las difíciles aguas de la docencia, la matemática, la lógica y la ética. Y es así: cuando se escriba la historia de la ciencia argentina, desde los ’50 en adelante, el eje estará en los avatares de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA: al fin y al cabo, allí es donde se enseñan las disciplinas de avanzada (matemáticas, física) que estuvieron en la línea de frontera en el siglo XX, hasta que la biología molecular y la nanoquímica (que también sientan allí sus reales) les disputaron el cetro. Después del golpe del ’55, se derrumbó la universidad peronista y empezó lo que se conoce como “época de oro”, liderada por la Facultad de Ciencias Exactas, que se colocó en la vanguardia, adoptando y reflejando las corrientes de pensamiento científico en el mundo, implementando la idea del profesor-investigador, comprando la primera computadora científica del país. Fue la época en que el decano era Rolando García, meteorólogo y epistemólogo piagetiano; el vicedecano era Manuel Sadosky (que introdujo la computación, que no era entonces ni la sombra de lo que es hoy) en el país; Oscar Varsavsky desarrollaba la matemática aplicada; José Giambiaggi elaboraba teorías sobre las partículas subatómicas; Cora Ratto y Enzo Gentile introducían la teoría de conjuntos y el álgebra moderna y Gregorio Klimovsky, la lógica matemática y las últimas corrientes epistemológicas, sin olvidar Eudeba, donde Boris Spivacow y Myriam Polak lanzaban miles de libros baratísimos y de suprema calidad. Cuando Onganía, un militar inculto y de pocas luces, derrocó al gobierno constitucional de Illia, intervino las universidades y se ensañó particularmente con Exactas (fue la Noche de los Bastones Largos), que se vació con la renuncia y partida hacia el exilio de sus más brillantes profesores. El pensamiento argentino se refugió en las catacumbas. El golpe fue terrible, y duró. Sacando el breve interregno democrático de 1973-74, la UBA soportó primero la intervención fascista de Alberto Ottalagano, que permitió que circularan por la facultad grupos armados, y más tarde la de los años de plomo. Recién empezó a renacer en el ’83 y lentamente se encamina a una nueva cúspide. Y Gregorio Klimovsky, matemático (discípulo del gran Rey Pastor), lógico, filósofo, pensador... –¿cómo calificar a la máxima autoridad en epistemología en la Argentina?–, fue testigo, protagonista, coprotagonista y víctima también de todos esos avatares. Y de los del país: integrante casi desde el principio de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, integrante de la Conadep, decano de esa misma facultad de la que lo echaron tantas veces... y que finalmente le otorgó en 2006 el Doctorado Honoris Causa. fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-123595-2009-04-21.html ------------------------------------------------------------------------------------ Klimovsky por Klimovsky Este diario publicó el 28 de noviembre de 2005 una conversación de Leonardo Moledo con Gregorio Klimovsky en la que el científico describe su vida en la universidad, que es decir la historia misma de la universidad en el país. Aquí, como homenaje, fragmentos de esa charla. Por Leonardo Moledo –¿Cómo fue que se dedicó a la lógica? ¿Cómo es su historia? –Yo soy un tipo que tenía varias vocaciones y que de alguna manera procedió en forma autodidacta. A mí, lo primero que me capturó fue la matemática. Julio Rey Pastor se dio cuenta de que en mí había algo y me apoyó enormemente y me hizo estudiar cosas. Yo había cometido el error de ir a Ingeniería, creyendo que para saber matemática había que seguir Ingeniería, hasta que me di cuenta de que no tenía nada que ver una cosa con la otra. Por consejo del mismo Rey Pastor me pasé de carrera y me dediqué a la matemática, pero por cuestiones de trabajo y por cuestiones políticas no pude terminar el profesorado de matemáticas y la licenciatura. En realidad, yo procedí como autodidacta. Lo que pasa es que yo tenía vocación filosófica además de matemática y a mí me interesó saber cómo se fundamentaba la matemática y ahí fue cuando me acerqué a la lógica y empecé a estudiar solo y después con Rolando García, al que le había pasado exactamente lo mismo. –Por lo visto, llegó a saber bastante. –Sí. Yo creo que fui la primera persona que se dedicó de modo intensivo a la lógica y que después de alguna manera la enseñó y ésa fue mi forma de descubrir: curiosamente, de modo casi histórico, leí a Peano y poco a poco me fui acercando hasta Bertrand Russell; fui enterándome de la lógica siguiendo un poco su propia evolución histórica, como había sucedido. Cosa que es buena en realidad. (...) –¿Qué fue para usted la época de oro (’55–’66) y la época en que fue decano? –La época de oro fue una experiencia inolvidable. Creo que no tengo ninguna, salvo cuestiones personales, que sean de tanta intensidad emocional y comparables a lo que era vivir las aventuras de entonces. Ahí se presentaron varias cosas desde el punto de vista de mi vida. Primero estaba la cuestión de la organización de la universidad y su funcionamiento. –Usted estaba en el consejo directivo de la Facultad de Ciencias Exactas, que fue la que más brilló. –Exactas brilló por varias razones. En primer lugar se presentó allí una coyuntura peculiar, que era Rolando García, el decano, un hombre muy inteligente, realmente, de mucho valor científico, que había sido director de la Dirección de Meteorología y había realizado una cantidad enorme de estudios, no solamente en cuestiones de meteorología, sino también de matemáticas, de lógica matemática y de epistemología y consiguió formar un grupo de gente que lo acompañó, un equipo realmente notable, con muchas ganas de discutir, pelear. Rolando García era muy hábil para conseguir dinero, de muchas fuentes, alguna de las cuales provocaron líos con los estudiantes, como la Fundación Ford. Hubo una exposición de libros científicos norteamericanos que se organizó en la facultad donde los alumnos entraron y rompieron todo. Y hubo dos cosas fundamentales: la compra de la computadora, que permitió la creación de la carrera de Computación, y el Instituto de Cálculo para hacer investigaciones y la construcción del edificio de Núñez. Y que la investigación fuera reconocida como un factor de urgente necesidad en la universidad. Vinieron profesores extranjeros, se becó mucha gente para ir al extranjero y mucha beca estudiantil para que la gente pudiera de alguna manera estudiar. Y la facultad se transformó –según mi opinión– si no en la mejor, en una de las mejores facultades en ese tipo de tema en toda América latina. ¿Entiende por qué tanto entusiasmo, tanta dedicación y por qué realmente fue una época de oro? –Sí, creo que sí. (...) –Tuvimos una guerra continua, que perdimos. Nosotros creíamos que la universidad tenía que meterse en política en el sentido que tenía que denunciar abusos o tener solidaridad con quienes lo merecían. –Y lo hacían. –Sí, claro. Hubo muchas cosas que ofendieron a los conservadores y ofendieron a los militares. Hay que reconocer que algunas eran razonables, porque eran incidentes cometidos por esta izquierda loca que es muy especialista a veces en armar líos destructivos. –¿Por ejemplo? –La que fue más perjudicial: en un homenaje a Roca, que organizó el Ejército, justo enfrente de la antigua facultad, en Alsina y Perú, tres pibes se subieron a la terraza y tiraron monedas donde estaba Onganía, que en aquel momento era el comandante en jefe del Ejército. Parece que eso fue una ofensa tan grande que detrás de los propósitos ideológicos que podía tener Onganía había un fastidio, una bronca negra por así decirlo. –Bueno, en la Noche de los Bastones Largos se notó. –No fue lo único. Estuvo también el lío de Santo Domingo, y un coronel Caamaño que se había hecho presente para tomar el poder y que finalmente fue vencido por las huestes que de-sembarcaron desde EE.UU. La cuestión es que EE.UU. estaba muy interesado en que Argentina se metiera también en esa expedición para que la cosa tuviera un aspecto más internacional y no privativo de EE.UU., y nosotros fuimos a ver a Illia, que en aquel momento era el Presidente y que estaba prácticamente convencido de mandar una fuerza militar, pero lo convencimos de que no. El Ejército supo que hubo una entrevista con la universidad, que había convencido a Illia de que no se enviara el Ejército a Santo Domingo. Eso fue también terrible para nosotros. Y bueno, eran demasiados episodios, y cuando se produjo el golpe de Estado de Onganía, pasó lo que pasó. –¿Y usted qué hizo? –Me iba a ir del país. Ya tenía un ofrecimiento de la Universidad de Concepción en Chile y había un ligero ofrecimiento también de Uruguay, a donde había ido Sadosky. Pero me sucedió una de las tantas cosas raras que pasaron en mi vida, donde varias vocaciones disfrutaban una con respecto a la otra. (...) –Y eso duró hasta que un día vinieron los montoneros y ocuparon el edificio, lisa y llanamente. No nos echaron inmediatamente. Nos dejaron un lugarcito, pero a la noche ya no se podía trabajar en un edificio que estaba ocupado por los montoneros por razones bastante obvias. –Después se restaura la democracia y usted vuelve a la universidad. –Hay una cosa complicada que hay que recordar de aquel entonces. Y es que durante el intervalo que hay entre la caída de la dictadura de Onganía y hasta la aparición del otro golpe, el de Videla, hubo un momento en que los montoneros se quedaron con la universidad, estaba como rector en un momento determinado Villanueva, que anda dando vueltas por ahí. Fue un período inaguantable, porque estos chicos tenían las ideas más extrañas acerca de cómo se deben enseñar las ciencias y de cómo formar a los alumnos. Por de pronto decían que no había que separar práctica de teoría. Lo cual podía ser una idea, pero para hacerlo hay que hacerlo bien, cosa que no se hizo, porque además eran presocráticos. (...) –Eso duró muy poquito porque enseguida vino la intervención de Ottalagano y el fascismo más duro, aun antes de Videla. ¿Y allí usted qué hizo? –Y, me quedé afuera. Me echaron olímpicamente. Tanto de acá como de La Plata, lo cual era perfectamente lógico. –Después viene el ‘76 y usted, ¿qué hizo en todo ese período tan oscuro? –Bueno, seguía trabajando con clases particulares y con los psicoanalistas y metido en muchas organizaciones políticas. Yo no fui fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, me incorporé a los 2 o 3 meses. Nos reuníamos en iglesias, evangelistas especialmente, cosa realmente notable, y ahí conocí por primera vez a Alfonsín, que sí era uno de los fundadores, y mucha otra gente como Alfredo Bravo o Simón Lázara. (...) –Y cuando se volvió a la normalidad fui designado decano de Exactas, pero al mismo tiempo me habían nombrado miembro de la Conadep. Lo de la Conadep no era ningún chiste, era una ocupación muy complicada. Y, como decano, tenía que ocuparme de la universidad, lidiar con los enemigos de afuera y con los grupos reaccionarios de adentro y con el propio rector normalizador. –¿Cuánto duró como decano? –Dos años. –¿Y qué pudo hacer? –Bastante. Concursos de profesores, recuperamos profesores que habían quedado afuera en la época dictatorial, con lo cual se volvió a formar un grupo bastante grande de gente muy competente, algunos de los cuales fueron directores de departamento y odiados por los profesores que había nombrado la dictadura, con lo cual empezó una campaña tratando de demostrar que algunos de ellos eran comunistas, como Maldonado, el biólogo, porque había imaginado que terminado un curso se pedía a los estudiantes que contestaran anónimamente qué les habían parecido los cursos. Eso era comunismo. (...) –Se volvió de alguna manera a organizar institutos, fue muy interesante volver a poner en orden el Instituto de Bioquímica, que tenía Leloir, y él aceptó que fuera al mismo tiempo instituto de la facultad, se subió nuevamente la calidad de lo que se estaba enseñando, se crearon cosas que cuando me alejé del decanato la gente del rector se encargó inmediatamente de destruir, que fue un Instituto de Epistemología, un departamento, y un departamento de pedagogía universitaria. Intentamos hacer algo que fuera compatible con el ingreso irrestricto, pero bueno, (Francisco) Delich... –Lo echaron por enésima vez. –Sí, yo en realidad tenía un record. Me echaron nueve veces de la universidad. Así que sobre ese problema y lo que se siente sé bastante. La única diferencia es que, en las primeras veces, me dolió porque yo tenía mucha vocación docente y me gustaba mucho la cátedra universitaria. Pero la novena vez que me ocurrió ya me causó gracia. –¿Y ahí volvió a las clases particulares? –Yo tenía bastantes recursos, pero volví a las clases particulares, efectivamente. En realidad una cosa curiosa que ocurrió en Argentina es que esa universidad de catacumbas que se había formado cuando el golpe de Onganía, no dejó de existir nunca. http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/123595-39521-2009-04-21.html ------------------------------------------------------------------------------------ Un hombre de ideas Por Jorge Aliaga * El profesor Gregorio Klimovsky fue una persona con características difíciles de encontrar. Estudió matemática, y se especializó en lógica, dando cursos y participando de los órganos de conducción de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales en la “época de oro”, renunciando luego de la Noche de los Bastones Largos, en 1966. Se dedicó también a otras disciplinas, como la filosofía, la epistemología y, recientemente, la psicología. A lo largo de su carrera recibió numerosos premios como reconocimiento a su trayectoria académica, pero supo también ocupar puestos que implicaron un compromiso democrático. En el año 1984 fue decano normalizador de la facultad. A poco de asumir generó un curso de ingreso dictado en la facultad con docentes seleccionados por concurso y con veedores estudiantiles, todo un cambio en relación con las políticas de la dictadura. Defendió la anulación de los concursos docentes de la dictadura y la reincorporación de docentes cesanteados por razones políticas. Designó nuevas autoridades en los departamentos docentes, que impulsaron cambios sustanciales en áreas como química y biología. También fue miembro de la Conadep y, hasta su muerte, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Los que lo conocieron como docente lo recordarán siempre como un maestro natural, que sin haber estudiado formalmente didáctica hacía disfrutar de sus clases por su enorme talento. Su vocación por llevar las ciencias exactas y naturales al común de la sociedad lo llevó a participar desde el primer número en el Consejo Editorial de Exactamente, la revista de divulgación de la facultad. Se ha perdido una gran persona, realmente democrático, siempre dispuesto a ayudar a la facultad y a aportar ideas para lo que se lo convocara. * Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Universidad de Buenos Aires. fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/123595-39522-2009-04-21.html ----------------------------------------------------------------------------------------- Una vida, tres miradas Por Pablo Jacovkis Ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA “Una mente muy analítica” Klimovsky fue y es una personalidad muy importante en el ámbito académico. No tenía títulos oficiales pero sí era un verdadero autodidacta, conocido por su brillantez y aportes en diferentes grupos de trabajo y estudio. Al producirse la famosa “época de oro”, entre 1956 y 1966, fue nombrado enseguida profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Recuerdo que en 1964 tomé un curso dictado por él que me deslumbró, Teoría axiomática de conjuntos, donde demostró una enorme capacidad para difundir contenidos extremadamente complejos. En 1966, con la intervención de las universidades y el derrocamiento del presidente Illia, Klimovsky renunció a su cargo como muchos otros docentes. Tuvo contactos importantes con personalidades de las humanidades y fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico y en 1983, con la llegada a la presidencia de Alfonsín y el retorno a la democracia, fue nombrado decano normalizador de la Facultad de Ciencias Exactas, hasta 1985. También fue nombrado Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires. Algo que debe recordarse es su importante labor como miembro de la Conadep. Klimovsky era una persona muy inteligente, con un enorme sentido de la ironía, una mente muy analítica y, además, una persona con la que era muy placentero discutir por su manejo elevado de la discusión. Además de tenerle un enorme respeto y admiración, me movilicé para que se lo nombrara, en 2006, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Siempre lo recordaré como un profesor con mucha solvencia y seguridad para explicar problemas de lógica y matemática, y teoría de conjuntos. Por Miguel Montserrat Copresidente de la APDH “Hombre de gran compromiso” Acabamos de enterarnos de la muerte del doctor Gregorio Klimovsky y en la APDH estamos todos muy consternados. Su desaparición física es una noticia que nos llena de dolor, pero su labor como puntal en la lucha por los derechos humanos nos permitirá recordarlo como un hombre que tuvo una trayectoria muy destacada en el campo de la defensa de los derechos humanos. Seguramente, esta noche (por ayer) en la reunión de la mesa directiva emitiremos un documento recordatorio sobre su figura. No olvidemos que Klimovsky integró el consejo de presidencia de la asamblea –en los primeros años de la década del ’80– cuando fue invitado por su calidad de científico y hombre de la cultura, pero fundamentalmente por su gran compromiso en la defensa de los valores de la democracia. Además, formó parte de la Conadep, donde trabajó activamente en esa importante tarea realizada para reunir y clasificar las miles de denuncias de esa tragedia, que fue la aplicación de la desaparición forzada de personas, capítulo negro de la historia argentina que comenzó con la implantación de la dictadura militar. Por supuesto, vamos a expresar nuestras condolencias a sus familiares y recordaremos su aporte en la lucha por los derechos humanos. Por Guillermo Boido Docente de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA) “Un ser humano excepcional” Desde el punto de vista académico, en la Argentina introdujo una serie de teorías de primera línea. Tiene una fama bien ganada en América latina por su obra, pero tal vez en este momento lo que más importe es su perfil como defensor de los derechos humanos. En este sentido, no fue un académico cerrado. Siempre se comprometió con la cultura y la sociedad. Fue un referente en política científica, educación y derechos humanos, un tipo muy generoso que muchas veces ha pagado viajes de su bolsillo para que sus discípulos se formaran en el exterior. Un verdadero maestro de la cultura argentina, que formó una cantidad enorme de investigadores, un hombre fundacional en su área, fundamentos de la lógica y la matemática. En cuanto a la producción de libros, mi experiencia con Klimovsky fue la colaboración en Las desventuras del conocimiento científico, y después escribimos en coautoría Las desventuras del conocimiento matemático. En el año ’84, como decano normalizador de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, promovió mi regreso a la universidad, después de muchos años de encontrarme fuera del país por la dictadura militar. Fue una persona muy querible detrás de una especie de pantalla. Detrás de ese hombre de aire académico había un ser humano excepcional. fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/123595-39523-2009-04-21.html

Por Washington Uranga Hoy, 9 de octubre, se cumple un año desde que el Tribunal de La Plata decidió de manera unánime condenar al sacerdote católico Christian von Wernich por delitos de lesa humanidad. Fue luego de un juicio prolongado, ajustado a derecho y con todas las garantías para el acusado, más allá de las afirmaciones que, en sentido contrario, hacen sus incondicionales. Frente al repudio de gran parte de la sociedad, la institución eclesiástica católica a través de la Conferencia Episcopal dio a conocer un más que tibio comunicado insistiendo en su línea argumental en la materia: dijeron que el cura actuó “bajo su responsabilidad personal”. Traducido: no hay responsabilidad institucional. El superior inmediato de Von Wernich es el obispo de Nueve de Julio, Martín de Elizalde. El pidió “perdón” en nombre de la Iglesia por los delitos de Von Wernich, pero pateó la pelota para adelante respecto de las sanciones al cura violador de los derechos humanos. “Oportunamente se habrá de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico (la ley eclesiástica), acerca de la situación de Christian von Wernich”, afirmó entonces el obispo. Hace ya un año de tales afirmaciones y no se conoce que el proceso eclesiástico contra Christian von Wernich haya avanzado. No se conoce sanción canónica (ajustada al derecho eclesiástico) contra el cura. Eso hace pensar o que todo ha quedado congelado y la “oportunidad” de la sanción no llegará nunca o bien que cualquier medida en este sentido ha quedado en secreto. Esto último es improbable porque, de acuerdo con las informaciones que trascienden desde el lugar donde se encuentra recluido el cura condenado por delitos de lesa humanidad, el sacerdote sigue ejerciendo sus funciones religiosas y ni siquiera se le han retirado las licencias (autorizaciones) eclesiásticas para actuar como ministro de la Iglesia Católica. Está claro que para las autoridades eclesiásticas de Von Wernich las pruebas de la Justicia civil no son suficientes, por más categóricas que éstas hayan resultado para los jueces. Quizás hasta pueda decirse que, aunque nunca lo haya manifestado públicamente de esa manera, para su obispo el cura es inocente, lo cual lo convertiría en presunta “víctima” de alguna “conspiración contra la Iglesia”. Si no fuera así es difícil explicar por qué la Iglesia “experta en humanidad”, como lo sostiene la doctrina social católica, sigue sosteniendo a alguien que con sus prácticas ha demostrado exactamente lo contrario. “Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón (el de la Iglesia)”, se dice en el documento conciliar Gaudium et Spes (Nº 1). Un año después de su condena, el cura torturador está preso y en su lugar de reclusión sigue gozando de todas las atribuciones y consideraciones de su condición sacerdotal. Para el obispo de Nueve de Julio y para la jerarquía de la Iglesia Católica todavía no ha llegado la oportunidad para aplicarle las sanciones eclesiásticas que podrían corresponderle a Von Wernich por los cargos de violación de los derechos humanos que se le probaron en la Justicia civil. Los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina pueden decir, en términos estrictos, que sólo al superior de Von Wernich, en este caso el obispo de Nueve de Julio, le corresponde adoptar las eventuales sanciones. Pero más allá de las cuestiones formales existe también una responsabilidad ética y moral que les cabe a todas las autoridades eclesiásticas, que deben responder ante toda la sociedad y ante su propia feligresía. La pregunta entonces es: ¿hasta cuándo la institución eclesiástica seguirá actuando de una manera que sólo puede entenderse como complicidad con uno de los suyos que es claramente un violador de los derechos humanos? El problema ya no es ni siquiera Von Wernich, sino una vez más la Iglesia misma y la credibilidad de sus autoridades frente a la sociedad. fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index.html
Registrate y eliminá la publicidad! Fidel Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad. Y en eso sus enemigos tienen razón. Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el “granmma”, ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo. Y en eso sus enemigos tienen razón. Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces. Y en eso sus enemigos tienen razón. Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a 637 atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a 10 presidentes de los estados unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor. Y sus enemigo no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la copa mundial del felpudo. Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose mas alto y mas ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse. Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta. Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.- extraído del libro de Eduardo Galeano "Espejos"(una historia casi universal) <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>