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Ingerir jugos no es sinónimo de comer fruta desde el punto de vista nutricional Mientras que para buena parte de la población “zumo de fruta” es sinónimo de “fruta”, para muchos nutricionistas es como si comparásemos hacer deporte como verlo a través de la televisión. Si conocen el famoso “Plato de Harvard”, ya sabrán que recomienda limitar el zumo de fruta a un máximo de un vasito al día, aunque quizá no sepan que concreta que eso incluye incluso al zumo 100%, “debido a que el zumo contiene casi tanto azúcar y casi tantas calorías como un refresco”. Esto es así porque para los expertos los azúcares presentes en el zumo de fruta, aunque sea recién exprimida, se consideran “azúcares libres”, sospechosos de estar implicados en patologías crónicas. Beber demasiados zumos incrementa el riesgo de ganancia excesiva de peso porque los efectos metabólicos de la fruta no son iguales a los que ejercen los zumos Es más, existen investigaciones que incluyen a los zumos en el concepto “bebida azucarada”. Es el caso del estudio de la revista Circulationpublicado el 25 de agosto de 2015, en el que se consideró que toda bebida que aporte al menos 50 kilocalorías por cada 23 centilitros debe denominarse “bebida azucarada”. Así, en esta categoría, además de los conocidos “refrescos”, de las bebidas “deportivas” (conocidas como “isotónicas”), de las bebidas “energéticas” o de los tés helados dulces, también podemos incluir a la mayoría de los zumos, sean o no caseros: 23 centilitros de zumo de naranja casero aporta unas ochenta kilocalorías según el libro Tablas de Composición de Alimentos del CESNID-UB, coordinado por el doctor Andreu Farran. Si retrocedemos hasta marzo de 2006, veremos que un sistema de categorización de las bebidas en función de su contenido energético y de sus propiedades para la salud, publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition, situó a los zumos en el penúltimo nivel (nivel 5 de 6), dejando claro que su consumo habitual no es recomendable. Uno de los últimos estudios científicos sobre el tema, el metaanálisis publicado en abril de 2016 en la revista British Journal of Sports Medicine, detalló que los zumos de fruta no parecen alternativas saludables a las bebidas azucaradas para la prevención de la diabetes tipo 2, algo que también han observado otros estudios. Uno de ellos, el publicado en 2013 por Muraki y colaboradores en la revista British Medical Journal, observó que un mayor consumo de zumos de frutas se asociaba a un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2. ¿Por qué? Porque, tal y como amplía el texto Mejor una fruta entera que un zumo, los efectos metabólicos de la fruta no son iguales o equiparables a los que ejercen los zumos y porque "kilocaloría por kilocaloría, el zumo de fruta puede ser consumido de forma más rápida que la fruta sin exprimir". Esta última frase la leemos en un documento de postura de la Academia Americana de Pediatría, que advierte que beber demasiados zumos incrementa el riesgo de ganancia excesiva de peso. Entre otros motivos, porque los zumos no estimulan la masticación. Los adultos podríamos llegar a engordar cinco kilos al año si tomamos dos vasos de zumo de naranja (casero o 100% natural) al día y mantenemos estable nuestra ingesta habitual y nuestros hábitos de ejercicio Y es que existen serias sospechas de que la ingesta de zumos pueda contribuir a la actual epidemia de obesidad, algo que parece ocurrir tanto en adultos como en niños. En adultos, tenemos datos provenientes del estudio de Pan y colaboradores, quienes detallaron en 2013 en la revista International Journal of Obesity que beber agua en vez de bebidas azucaradas o zumos se relaciona con un menor riesgo de obesidad a largo plazo. Y en niños observó algo similar una investigación recogida en junio de 2016 en la revista Pediatric Obesity y una importante revisión titulada Reduciendo la obesidad infantil mediante la eliminación de los zumos de fruta 100% (American Journal of Public Health). En el caso de los niños, de hecho, existen pocas dudas sobre la importancia de limitar su consumo. Así, en una prestigiosa guía publicada en 2007 leemos que es conveniente "limitar la ingesta de zumos 100% naturales" en niños. Se trata de una guía que refleja el consenso de doce sociedades científicas de referencia, entre ellas la Academia Americana de Pediatría, la Asociación Médica Nacional, la Asociación Americana del Corazón, la Sociedad de Endocrinología o la Sociedad de la Obesidad (antes NAASO). No debe extrañarnos, por todo lo anterior, que existan voces que reclamen que como máximo una de las cinco raciones de frutas y hortalizas pueda provenir de zumos de fruta. Y tampoco que, en octubre de 2016, el portal MedlinePlus (un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE UU) haya advertido que los adultos podríamos llegar a engordar cinco kilos al año si tomamos dos vasos de zumo de naranja (casero o zumo 100%, es decir, que en sus ingredientes solo encontramos fruta) al día y mantenemos estable nuestra ingesta habitual y nuestros hábitos de ejercicio, algo a tener en cuenta si sabemos que España es uno de los países más sedentarios de la Unión Europea. También existen datos, por último, que relacionan el consumo de zumos de fruta con el riesgo de padecer caries dental. En resumen, debemos calmar la sed en forma de agua, y no de zumo, y tomar fruta en su forma original, es decir, tal y como sale del árbol.
Miles de buenos científicos dedican su vida a investigar para las grandes firmas farmacéuticas, y las vacunas que han descubierto están en la calle La gran industria farmacéutica, o Big Pharma en su sinónimo despectivo, es seguramente uno de los sectores empresariales considerados más sospechosos por la población planetaria. Prefieren, se dice, investigar en la calvicie del mundo rico antes que en la malaria del pobre; manipulan, se dice, los ensayos clínicos de maneras sutiles para apantallar los efectos secundarios de sus moléculas estrella o amplificar sus propiedades curativas; presionan, se dice, a los gobiernos y a la OMS (Organización Mundial de la Salud) para que avalen sus fármacos nuevos y, en su caso, financien su coste para la población afectada; inventan, se dice, enfermedades inexistentes (disease mongering) para generar en la gente una necesidad superflua. Desde El tercer hombre –el primer thriller farmacéutico de la historia, con guión de Graham Greene— hasta El jardinero fiel de John le Carré, la Big Pharma se ha llevado suyo también en el arte. Si un hada buena destruyera ahora mismo la Big Pharma, se habría cargado la mitad del avance de la medicina Es fácil pensar así, y la historia reciente bulle con casos particulares que podrían avalar cualquiera de esos puntos. La comunidad médica y sanitaria hace bien en permanecer alerta ante cualquier abuso. Pero quedarse ahí es perderse la mitad de la historia. Porque, si un hada buena destruyera ahora mismo la Big Pharma, se habría cargado la mitad del avance de la medicina. Miles de buenos científicos dedican lo mejor de sus vidas a investigar para estos grandes laboratorios, y algún día habrá que hacer una lista de ellos y reconocerles su aportación a la ciencia. Un buen nombre para empezar puede ser el de Mariagrazia Pizza, descubridora de las vacunas contra la tos ferina y contra la meningitis B. Y sí, empleada de Glaxo (GSK), una de las grandes. Lee en Materia una interesante entrevista con ella. El farmacéutico es un sector de alto riesgo. Una empresa puede invertir 10 años y una pasta gansa en una molécula que acaba estrellándose en el primer ensayo clínico. Un nuevo fármaco puede topar con la actitud hostil o indiferente de una agencia del medicamento o una dirección general de salud pública. Y las vacunas son el negocio más delicado de todos. Son medicina preventiva, y por tanto merecen apoyo público, pero una cosa que le pinchas al paciente una vez, o solo unas pocas, y le deja protegido toda la vida no es el modelo de negocio que tiene en mente un broker de Wall Street. Un abogado de colmillo retorcido puede convencerte a la salida del hospital de que la vacuna que le han puesto a tu hijo causa autismo. No es cierto, pero el dinero de los papeleos judiciales se lo llevará el abogado. Pese a todo, gigantes farmacéuticos como Pasteur o Glaxo están creando vacunas innovadoras y eficaces. Tenlo en cuenta la próxima vez que veas El tercer hombre. Las cosas importantes siempre son mucho más complicadas –e interesantes— de lo que nos gustaría. LA CIENCIA DE LA SEMANA es un espacio en el que Javier Sampedro analiza la actualidad científica. Suscríbete a la newsletter de Materia y lo recibirás cada sábado en tu correo, junto con una selección de nuestras mejores noticias de la semana.
El medicamento, de eficacia modesta, sólo está indicado para un trastorno sexual concreto y viene repleto de contraindicaciones y efectos secundarios Tras años de ensayos, peleas con las autoridades sanitarias de EE UU y un gran esfuerzo de mercadotecnia y relaciones públicas, la viagra femenina ya está aquí. Con el nombre comercial de Addyi, en octubre podrá comprarse en las farmacias estadounidenses y no tardará mucho en llegar a Europa, ya sea por los canales oficiales o los clandestinos. Así podría ser el prospecto de estas pastillas color rosa y, como con todas las medicinas, hay que leerlo entero. ¿Qué es Addyi? Addyi actúa sobre dos neurotransmisores, la serotonina y la dopamina Addyi es un fármaco cuyo principio activo es la flibanserina, un compuesto químico que actúa sobre determinados neurotransmisores del cerebro. Su acción es doble: por un lado es un medicamento agonista (activador) que se une a receptores de la serotonina, un neurotransmisor del sistema nervioso central. Tras la unión, activa este neurotransmisor como hacen otros medicamentos antidepresivos. De hecho, la flibanserina se ensayó primero como antidepresivo, con tan magros resultados que la farmacéutica propietaria del compuesto lo vendió a la actual propietaria, Sprout Pharmaceuticals. En paralelo, Addyi también se agarra a otros receptores neuronales, esta vez de la dopamina (otro neurotransmisor), pero en este caso en vez de activarlo, lo inhibe. ¿Para qué se utiliza? Addyi solo tiene una aplicación: el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), es decir, promete elevar la libido de las mujeres. En el penúltimo Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR) definen este trastorno como "disminución (o ausencia) de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente, y provoca malestar acusado o dificultades de relación interpersonal". En la última versión del manual, le han cambiado el nombre. Eso sí, no tiene nada que ver con la desidia sexual fruto de la monotonía, el paso del tiempo o con otras disfunciones sexuales de origen físico. Una encuesta mencionada por The New York Times estima que al menos el 10% de las mujeres de EE UU sufren TDSH. Otras fuentes doblan esa cifra. Sin embargo, la doctora Carme Coll, ginecóloga experta en salud reproductiva de la mujer, niega que haya cifras fiables y, en todo caso, las rebaja hasta el 1%, al menos entre las mujeres postmenopáusicas. ¿Quién puede tomar Addyi? La FDA, la agencia del medicamento de EEUU dejó muy claro quién puede tomar flibanserina y quién no. Addyi está indicado solo para las mujeres con TDSH que aún no hayan llegado a la menopausia. Así que quedan fuera las que presenten un marcado bajón de deseo sexual por otras enfermedades físicas o psiquiátricas o por problemas de pareja. Después de la menopausia, Addyi no conllevaría más que un efecto placebo. Además, su uso no está indicado para mejorar el rendimiento sexual. Aquí la contraindicación es la misma que para la Viagra, aunque la realidad es que muchos hombres la han usado con ese supuesto objetivo. ¿Es eficaz? Este punto no aparece en un prospecto real, pero es la pregunta clave. Buena parte de la polémica que rodea a Addyi es que presenta una baja ratio de eficacia/efectos secundarios. Sprout Pharmaceuticals la ha probado con más de 11.000 mujeres pero mejor fiarse del dictamen de la FDA que de la farmacéutica. Se realizaron tres ensayos durante 24 semanas con dosis de 100 miligramos con unas 2.400 mujeres premenopáusicas con TDSH, con una media de edad de 36 años y al menos cinco años con el trastorno. A la mitad de la muestra se les administró unas píldoras inocuas, para controlar el efecto placebo. En los ensayos, las mujeres contaros sus encuentros sexuales satisfactorios y relataron su deseo sexual en las cuatro semanas anteriores a tomar el medicamento. Su principio activo, la flibanserina, afecta al sistema nervioso mientras que la Viagra es un vasodilatador De media, Addyi elevó el número de encuentros sexuales satisfactorios entre 0,5 y 1 más que la cifra base (de dos o tres al mes), frente a entre el 0,3 y 0,4 de las que tomaron el placebo. En los tres ensayos, entre las tratadas con Addyi que dijeron haber mejorado sus citas íntimas, su deseo sexual y reducido su angustia ante el sexo hubo un incremento del 10% respecto a las tratadas con el placebo. Lo que también demostraron las pruebas es que la flibanserina no mejora el rendimiento sexual. Efectos secundarios y contraindicaciones La lista de efectos colaterales pone en contexto el valor de este medicamento. Son tantos que la FDA ha obligado a Sprout Pharmaceuticals a destacar los riesgos de este medicamento en el envase cuando lo comercialice, en octubre. En los ensayos, las reacciones adversas más comunes, por encima del 10% de los casos, fueron mareos, somnolencia, fatiga, insomnio o sequedad en la boca. Más seria es la posibilidad de que el fármaco provoque hipotensión (tensión arterial extremadamente baja) o pérdida de la consciencia. Ambos efectos pueden agravarse si se toma alcohol u otros medicamentos durante el tratamiento. Son efectos adversos propios de un antidepresivo. Aún así, como recuerda la doctora Coll, son menores que los de la Viagra. ¿Qué tiene que ver con la Viagra? Nada, nada en absoluto. Addyi es rosa, la viagra es azul. Colores aparte, las diferencias son todas. "La flibanserina actúa a nivel del sistema nervioso central mientras que la viagra es un vasodilatador", comenta la doctora Coll. El segundo es un medicamento físico, el otro psíquico. "Son tan diferentes como lo son la sexualidad masculina, más física y visual, y la femenina, más mental". Esta diferencia clave explica la posología de ambos fármacos. Mientras la Viagra se toma poco antes del acto sexual y dura unas pocas horas, Addyi ha de tomarse todos los días, haya o no sexo. Esta ginecóloga también se pregunta si no estaremos ante otro caso de enfermedad inventada para vender más. En su práctica clínica y de lo que comparte con otros colegas tiene la convicción de que, además de la baja incidencia real de los casos de este trastrono del deseo sexual inhibido, la mayoría de los casos se pueden solucionar con terapias conductuales u otros tratamientos. Y recuerda: "con los años, la sexualidad cambia, solo es cuestión de reinventar el encuentro sexual".
A lo largo de la historia, la investigación científica ha marginado, manipulado, ignorado e incluso torturado a las mujeres. El problema persiste La ciencia ha maltratado a las mujeres. Jocelyn Bell descubrió los púlsares, pero el Nobel de Física se lo llevó su director de tesis. A la actual presidenta de la Unión Astronómica la mandaron a trabajar al despacho de su marido. Durante décadas, a las que se salían del carril de lo socialmente aceptado se las torturó inventando enfermedades como la histeria y remedios que pasaban por mutilarlas, arrancando órganos de sus entrañas. Las mentes (masculinas) más sesudas desarrollaron teorías para explicar la inferioridad de las mujeres y, de este modo, justificar su sometimiento. Los ejemplos del pasado son innumerables. “En las mujeres están más fuertemente marcadas algunas facultades que son características de las razas inferiores y de un estado pasado e inferior de civilización”, escribió Darwin Pero no es únicamente cosa del pasado. Hoy, 8 de marzo, hay una sola mujer por cada nueve hombres en la élite de la ciencia europea. Solo el 25% de los investigadores mejor pagados de la mayor institución científica española son mujeres. Ninguna mujer dirige un organismo público de investigación en España. Los estereotipos siguen señalando que la ciencia es cosa de hombres. Continuamos discriminando y humillando a las deportistas por su físico. Le inculcamos a las niñas que no son tan brillantes como los niños. El ambiente en los laboratorios sigue siendo machista. Y John sigue sacando mejor nota que Jennifer aunque su currículum sea el mismo. “En definitiva, la pregunta que nos queda tras este viaje es si nos encontramos ante ejemplos de mala ciencia o de ciencia al uso. Si mejorar la ciencia consistirá en eliminar los sesgos de género, si eso es posible, o si nos tendremos que replantear otras formas de hacer ciencia”. Con esta contundencia concluye un libro fundamental para entender el problema de la desigualdad en este campo, escrito por Eulalia Pérez Sedeño y S. García Dauder, Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres, recién publicado por Catarata. Una contundencia nada exagerada tras el detallado repaso que este trabajo da al machismo que discrimina en la ciencia, por la ciencia y gracias a la ciencia. La medicina aplica a las mujeres investigaciones realizadas en hombres, incluso aunque los resultados para ellas en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento no se hayan estudiado de manera adecuada Para empezar, Pérez y García muestran en su libro que los científicos siempre han estado ahí para dar argumentos a quienes querían que las mujeres fueran humanos de segunda. “Se admite por lo general que en las mujeres están más fuertemente marcados que en los hombres los poderes de intuición, percepción rápida y quizás de imitación; pero al menos alguna de estas facultades son características de las razas inferiores y, por tanto, de un estado pasado e inferior de civilización”, escribía en 1871 Charles Darwin, cuyas teorías sirvieron para cimentar la idea de que las mujeres eran una versión menos evolucionada del hombre, como probaba el hecho de que su cráneo fuera más pequeño, por ejemplo. Este corpus ideológico venía de lejos: “Aristóteles fue el primero en dar una explicación biológica y sistemática de la mujer, en la que esta aparece como un hombre imperfecto, justificando así el papel subordinado que social y moralmente debían desempeñar las mujeres en la polis”, escriben los autores. Tuvo que llegar un ejército de prestigiosas primatólogas y antropólogas, defiende el libro, a tumbar el mito evolutivo de los evolucionados cazadores machos que alimentaban a las pasivas hembras. A las mujeres se las puso un escalón por debajo de los hombres y eso se aplicaba también a la ciencia médica. La salud de las mujeres, el conocimiento de sus cuerpos y sus enfermedades, estaba relegado a un segundo plano y circunscrito a un único tema concreto: “Durante mucho tiempo se supuso que la «salud de las mujeres» hacía referencia a la salud reproductiva, lo que incluía la atención al parto, la anticoncepción, el aborto, el cáncer de útero, el síndrome premenstrual y otras enfermedades específicamente femeninas”. “Durante el siglo XIX y principios del XX, «enfermedades sociales y psicológicas» como el feminismo y el lesbianismo se asociaban también a la sexualidad clitoridiana”, denuncia el libro Los cuerpos de las mujeres han sido considerados una desviación de la norma masculina, explican Pérez y García, y los resultados de la investigación médica que se llevan a cabo entre hombres se aplican más tarde a las mujeres, “incluso aunque los resultados para las mujeres en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento no se hayan estudiado de manera adecuada”. Durante años, las mujeres estuvieron sistemáticamente excluidas de los ensayos clínicos para nuevos medicamentos: hasta 1988, los ensayos de la agencia estatal de EEUU solo incluían a hombres, por lo que se desconocía si tendrían efectos adversos desconocidos en ellas (o si se descubrirían remedios que les fueran más favorables). Hoy en día, todavía hay grandes lagunas en el conocimiento específico de la salud de las mujeres y siguen siendo minoría (o inexistentes) en numerosos estudios de biomedicina. Quizá el paradigma de la ignorancia sobre el cuerpo de la mujer sea el desconocimiento histórico de la anatomía del clítoris, órgano olvidado por la medicina, por la insistencia sesgada en el aspecto reproductivo en la investigación. Esto llevó a que tuvieran que ser activistas en la década de 1970 las que comenzaran a explorar su cuerpo para aprender más, en talleres que eran a la vez actos políticos, de investigación y divulgación. “Durante el siglo XIX y principios del XX, «enfermedades sociales y psicológicas» como el feminismo y el lesbianismo se asociaban también a la sexualidad clitoridiana”, explica el libro, adentrándonos en otro de los capítulos más importantes del relato: cómo la ciencia convierte la naturaleza de las mujeres en patologías a curar, en problemas a extirpar, en trastornos que se deben tratar. “La fabricación de enfermedades mentales ha sido un dispositivo muy eficaz de control y regulación tanto de la feminidad como de la sexualidad de las mujeres”, resumen en el texto “La fabricación de enfermedades mentales ha sido un dispositivo muy eficaz de control y regulación tanto de la feminidad como de la sexualidad de las mujeres”, resumen en el texto. Por ejemplo, en el siglo XIX se vivió una epidemia de histeria, ese supuesto trastorno mental de las mujeres que se trataba con torturas psicológicas o extirpando sus ovarios o su útero. En el libro se reseñan varios casos espeluznantes, como cuando un reconocido doctor explicaba: “Decidí privarle de los ovarios, esperando así extirparle sus pervertidos instintos”, porque su paciente sufría ataques tras un aborto y el médico descubrió que de joven se masturbaba. “No ha vuelto a sus hábitos degradantes, deseosa y ansiosa de atender su hogar”, se congratulaba después. Hace poco se descubrió que Constance Lloyd, mujer de Oscar Wilde, murió tras una operación para extirpar sus ovarios a manos de un especialista en “locura pélvica”, cuando en realidad tenía esclerosis. Todavía hoy la ciencia consiente que situaciones naturales de la vida de la mujer se conviertan en dolencias que necesitan medicamentos: la construcción social de la enfermedad se ha transformado en un artefacto comercial que atiende a los intereses de la industria. Solo así se explica que llegara a las farmacias la viagra rosa. “Medicalizar los problemas de la vida cotidiana de las mujeres o sus procesos naturales o fisiológicos (como ha ocurrido con la menopausia o la menstruación); convertir malestares producto de desigualdades de género en patologías individuales (como ocurrió con la histeria o la depresión); o medicalizar una faceta de la vida de las mujeres (su sexualidad, por ejemplo)”, enumeran Pérez y García, antes de detenerse en estos supuestos problemas actuales como el síndrome premenstrual, la menopausia o la regla (“las prioridades de investigación se han centrado más en encontrar medicación anticonceptiva que en ayudar a la regulación del ciclo y sus dolores”). En el siglo XIX se vivió una epidemia de histeria, ese supuesto trastorno mental de las mujeres que se trataba con torturas psicológicas o extirpando sus ovarios Frente a todos estos graves casos de discriminación, en los que “lejos de la neutralidad y asepsia pretendida por el canon científico, los valores se cuelan irremediablemente”, Pérez Sedeño y García Dauder proponen una solución bien sencilla: mejorar el acceso de la mujer a los distintos campos de la investigación. “Cuando la ciencia se hace desde el punto de vista de grupos tradicionalmente excluidos de la comunidad científica, se identifican muchos campos de ignorancia, se desvelan secretos, se visibilizan otras prioridades, se formulan nuevas preguntas y se critican los valores hegemónicos (a veces, incluso, se provocan auténticos cambios de paradigma)”.
Durante el embarazo muchos son los cuidados que deben tener las mujeres, los alimentos y las vitaminas son de suma importancia para el crecimiento del bebé, según el portal Salud180, consumir vitamina B3 puede prevenir la interrupción del embarazo. Asimismo, los investigadores del Victor Chang Cardiac Research Institute en Sidney de Australia, afirman, que dicho consumo también funciona para evitar malformaciones genéticas. Por otra parte, el Ministro de Sanidad de Australia, Greg Hunt, dijo que "Se trata de un hallazgo médico histórico y una nueva esperanza para las mujeres”. Uno de los factores de riesgo al sufrir abortos espontáneos y malformaciones genéticas es la deficiencia de la coenzima nicotinamida adenina dinucleótido y el poder de la vitamina B3 está justamente es promover su producción. La vitamina B3 se puede ingerir a través de cápsulas o de manera natural, incluyendo en la dieta diaria los siguientes alimentos: - Leche - Huevo - Brócoli - Pescado - Pollo - Espárragos - Arroz - Carne roja - Jitomate - Nueces - Cereales integrales - Pan - Aguacate
Mientras los astronautas continúan rompiendo récords por tiempo pasado en el espacio y la misión tripulada con destino Marte está sobre la mesa, un equipo de científicos de la Universidad Tsinghua (China) ha puesto en marcha un pionero estudio con objeto de determinar si los seres humanos pueden reproducirse en el espacio. Los expertos realizarán un experimento para inducir la diferenciación de células madre embrionarias humanas en células germinales en la primera nave espacial de carga de China, Tianzhou-1. Esto es, el 20 de abril de 2017 despegó el cohete con Tianzhou 1 a bordo, el primer carguero espacial chino que, con 12,91 toneladas, representa la nave espacial más pesada puesta en órbita por China en toda su historia. El experimento tiene como objetivo estudiar los efectos del ambiente espacial sobre la reproducción humana, comenzando con el estudio de la microgravedad en células madre y células germinales humanas. Este experimento sin precedentes, podría proporcionar una base teórica y apoyo técnico para resolver los posibles problemas de reproducción humana causados por el medio ambiente espacial. "Es un experimento importante porque es el primer paso hacia la comprensión directa de la reproducción humana durante la exploración espacial", afirma Kehkooi Kee, líder del proyecto. ¿A qué clase de dificultades podrían enfrentarse los humanos a la hora de tener hijos? Los expertos dicen que en el ambiente espacial conocido, la microgravedad, la radiación y los campos magnéticos podrían tener un gran impacto en la reproducción humana. La microgravedad es el desafío u obstáculo más complicado. A nivel celular, la microgravedad puede afectar a la división celular. "Si queremos estudiar directamente la biología reproductiva humana en el espacio, necesitamos construir una plataforma in vitro para estudiar las células germinales, así que elegimos utilizar células madre embrionarias humanas para diferenciarlas en células germinales", comenta Kee. Los científicos en la Tierra controlarán a distancia el equipo de investigación para cambiar el medio de cultivo celular para inducir a las células madre embrionarias humanas a diferenciarse en células germinales. Las imágenes de las células bajo el microscopio serán transmitidas a la Tierra. Pronto tendremos resultados.
Si pierde orina con la tos y el esfuerzo, no aguanta las ganas de ir al baño, no vacía bien la vejiga al orinar, tiene dificultad para evacuar, siente dolor o un bulto a través de la vagina, quizá esté presente ante algunas señales para fortalecer su suelo pélvico. El Prolapso de Órganos Pélvicos se origina por el debilitamiento de los músculos y ligamentos que los soportan, ocasionando el descenso de uno o más de estos órganos femeninos, como consecuencia de una alteración del funcionamiento de este mecanismo de suspensión, el cual viene acompañado del desencadenamiento de un conjunto de síntomas, tales como: la pérdida de orina con la tos y el esfuerzo, la imposibilidad para detener las ganas de orinar, el vaciamiento inadecuado de la vejiga al orinar, la dificultad para evacuar o pérdida ocasional de heces, la sensación de un bulto a través de la vagina y el dolor pélvico. La Dra. Silvia Piñango, Cirujano General de la Clínica Santa Sofía con Subespecialidad en Piso Pélvico, explica que inclusive pacientes con pequeños descensos de los órganos pélvicos, pueden tener la presencia de uno o más síntomas que alteran su vida cotidiana. “En los casos severos la mujer puede ver y tocar una masa que sobresale por la vagina y en otros casos la paciente puede referir sensación de pesadez o dolor pélvico, dolor o incomodidad con las relaciones sexuales, incontinencia o dificultad para orinar o evacuar”. Existen dos líneas principales de tratamiento quirúrgico para pacientes con síntomas de moderados a severos. La Cirugía de Reconstrucción, dedicada a la reconstrucción de la posición normal de los órganos con el empleo de los tejidos de la paciente o con la colocación de materiales protésicos (mallas). Y la Cirugía de Obliteración, con la cual se estrecha la vagina para ofrecer sostén a los órganos pélvicos. Sin embargo, está última opción es limitada a un grupo pequeño de mujeres, ya que posteriormente a la intervención no podrá tener relaciones sexuales. Como una opción de tratamiento alternativo, la Dra. Piñango explica lo que llaman la Teoría Integral, un sistema que incluye evaluación y tratamiento integral del Piso Pélvico, utilizado en países occidentales desde hace 15 años, de reciente data en Venezuela. “Con este método se operan a las pacientes por la vía vaginal con técnicas mínimamente invasivas que reparan los ligamentos dañados, dando como resultado hasta el 80% de resolución y la mejoría de sus síntomas”, destacó. Rehabilitación del Piso Pélvico Pensando en la prevención y el tratamiento integral de la patología del piso pélvico, la Dra. Piñango explica que es común que se impulse el uso de la rehabilitación, a través de ejercicios de identificación, fortalecimiento y reentrenamiento de la musculatura pelviperineal y la incorporación de cambios de estilo de vida en la dinámica diaria de la mujer, tales como: el control de peso, cese del tabaquismo, control del estreñimiento, técnicas de relajación, uso de conos vaginales, biofeedback y electroestimulación, dependiendo de las características propias de cada quien”. Explica la importancia de mantener el suelo pélvico en excelentes condiciones, como parte de la salud femenina, ya que cuando una mujer tiene un piso pélvico fortalecido, “disfruta de orgasmos más intensos, porque tendrá contracciones vaginales más fuertes que aumentarán la sensación de la mujer y de su pareja. Y tendrá mayor control de sus micciones, lo que significa que cuando puja, tose o estornuda podrá contraer efectivamente y evitar que la orina se escape, incluso retener la orina hasta el momento adecuado”, recalcó la Dra. Piñango. Conos y Pesarios Como parte del programa de entrenamiento del piso pélvico existen los conos vaginales, que son pequeños dispositivos intravaginales para localizar y fortalecer los músculos pélvicos. La paciente iniciará en casa una serie de ejercicios con la colocación y retención de los conos, con un aumento progresivo del peso y la disminución del diámetro del mismo. Y las pacientes que quieran posponer la cirugía o tienen contraindicada esta intervención quirúrgica, pueden hacer uso de los pesarios como una alternativa conservadora de manejo de Prolapso de Órganos Pélvicos, ya que el soporte que otorgan los pesarios recoloca y fija en su sitio los órganos que han descendido, liberando de presión y facilitando la irrigación sanguínea y la oxigenación de los tejidos. La Dra. Piñango explica que “se trata de unos dispositivos que son colocados fácilmente por la paciente que sirven para elevar y dar soporte; recolocando los órganos (útero, vagina, vejiga o recto), cuando hayan descendido de su lugar habitual debido a la debilidad de los tejidos y músculos del suelo pélvico”. NP