el_oco
Usuario (Argentina)

Buenas gente de T! Este es mi primer post, y en esta oportunidad me parecio bueno explicar un poco de un tema que pocos conocen pero por su peligro potencial nos afecta a todos. El mal de chagas: El mal de Chagas: una tragedia escondida En las últimas semanas un problema vinculado con la salud pública ganó las tapas de los diarios: luego de décadas, volvieron a registrarse en el país casos de fiebre amarilla. Más precisamente, en los tres primeros meses de 2008 hubo media docena de infectados en la provincia de Misiones. Pronto pudieron verse por televisión larguísimas filas de personas que buscaban vacunarse y la prensa escrita destacó las principales características del fenómeno. Incluso aparecieron decenas de recordatorios públicos de la última epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, que tuvo lugar en 1871 y dejó trece mil muertos. Hoy las condiciones son muy distintas. En principio, hace ya largo tiempo que se ha descubierto una vacuna contra el mal, pero más importante que eso es que, diez años después de la mencionada epidemia porteña, el médico Carlos Finlay demostró en un congreso médico de La Habana que el agente transmisor de la enfermedad es el mosquito Aedes Aegypti. Así, las posibilidades de controlar la expansión del mal son mucho mayores y las chances de una epidemia, mucho menores. Lo que resulta curioso es que existe una enfermedad infecciosa en Argentina que tiene características epidémicas y castiga con especial dureza a los sectores más pobres y desprotegidos de la población nacional. Se trata del mal de Chagas, que se extiende por buena parte de América del Sur y solamente en Argentina afecta a alrededor de tres millones de personas. 50.000 personas mueren cada año como consecuencia de la enfermedad. La desinformación respecto de este mal tiene como principal consecuencia un incremento de las posibilidades de contagio, pero también implica que una realidad omnipresente, mucho más amenazante y menos potencial que la fiebre amarilla, permanece prácticamente en las sombras. Un poco de historia La enfermedad o mal de Chagas es una enfermedad infecciosa que se extiende en forma de pandemia en todo el continente americano, pero especialmente en los países de América del Sur. La ocasiona un organismo microscópico denominado Trypanosoma cruzi, que es transmitido a los humanos y otros mamíferos a través de la picadura de un insecto llamado vinchuca. Los síntomas del mal de Chagas son apenas perceptibles cuando la enfermedad es transmitida a los humanos, reduciéndose en general a una inflamación de la zona de la picadura, que pronto desaparece. La persona infectada se convierte en portadora del mal, pero no desarrolla síntomas por un período de varios años. Esta es una de las razones que hacen a la enfermedad difícil de combatir, ya que las personas enfermas parecen sin embargo sanas hasta que la enfermedad comienza a desarrollarse, ocasionando daños irreparables al corazón y, en ocasiones, también al aparato digestivo. Si la enfermedad no es tratada, a menudo conduce a la muerte. La enfermedad de Chagas afecta en la actualidad a alrededor de 18 millones de personas, de las cuales 16 millones viven en América Latina. 100 millones de personas (un 25% de la población latinoamericana) viven cotidianamente en situaciones de riesgo de contagio. 50.000 personas mueren cada año como consecuencia de la enfermedad. En Argentina hay alrededor de tres millones de infectados, de los cuales al menos un millón sufre cardiopatías y otros problemas derivados de la enfermedad, lo que convierte largamente al mal de Chagas en el problema de salud más importante del país. En las provincias más pobres del norte del país, alrededor de la mitad de los niños menores de 10 años están infectados. Aunque la enfermedad se propaga con mayor facilidad en áreas rurales y semiurbanas, en donde, según la localidad, hasta del 80% de los ranchos alberga vinchucas, el 35% de los infectados reside a áreas urbanas. A principios del siglo XX, cuando la enfermedad fue descubierta por el doctor Chagas, el mal afectaba mayormente las zonas rurales de las provincias del norte, particularmente Santiago del Estero y Chaco, pero luego de las grandes migraciones laborales en las décadas de 1940 y 1950, la enfermedad se propagó a los asentamientos urbanos, particularmente a los conglomerados del Gran Buenos Aires. Aunque el mal de Chagas es una enfermedad fácilmente prevenible si se toman las medidas adecuadas para impedir la presencia de la vinchuca en los caseríos y ranchos de las zonas rurales y en los asentamientos precarios de las zonas semi urbanizadas y urbanizadas; uno de cada doce argentinos padece el mal de Chagas, una enfermedad que no tiene cura, que ocasiona trastornos de salud irreversibles y que conduce muchas veces a la muerte. Un largo camino de investigación para erradicar la enfermedad El médico infectólogo brasileño Carlos Chagas describió por primera vez la enfermedad que luego llevaría su nombre. En 1909, Chagas constató que una infección desconocida se propagaba entre los monos tití que habían sido picados por vinchucas. Observó que la infección era producida por un trypanosoma, que bautizó entonces como Trypanosoma cruzi, en honor al famoso médico brasileño Oswaldo Cruz, quien había combatido diferentes epidemias a comienzos de siglo en Brasil. Sin embargo, el importantísimo descubrimiento de Carlos Chagas no obtuvo el reconocimiento que esta terrible enfermedad merecía hasta al menos 50 años después. Debido en buena medida a que la enfermedad afecta principalmente las zonas más pobres del continente americano, ni la comunidad científica, ni los diversos gobiernos, ni la industria farmacéutica, prestaron demasiada atención al mal de Chagas, que sólo fue reconocido como un importante flagelo en la salud pública de los países latinoamericanos en la década de 1960. Fue un médico argentino, Salvador Mazza, quien entre 1926 y hasta su muerte 20 años después, se dedicó incansablemente a estudiar, combatir y difundir las características de esta terrible enfermedad. Pero las advertencias de Mazza sobre peligrosidad, la enorme extensión y fácil propagación de la enfermedad no fueron tomadas con la seriedad que merecían. Pese a que en vida de Mazza ningún gobierno encaró una política seria y decidida de lucha contra la enfermedad, posteriormente, en honor a su incansable labor, en Argentina la enfermedad comenzó a ser conocida como el mal de Chagas-Mazza. Ignorancia, desinformación y enfermedad de Chagas Los estudios realizados sobre la enfermedad revelan que dos son las principales causas que determinan la inmensa presencia de la enfermedad de Chagas en Argentina en particular y en América Latina en general. La más inmediata es la pobreza: la vinchuca no anida en construcciones sólidas, luminosas y limpias. Es difícil toparse con una vinchuca en el barrio porteño de Belgrano, pero es sencillo encontrarlas a pocos kilómetros de allí, en distintas zonas pobres del conurbano bonaerense. La segunda causa obedece a la falta de información sobre las formas de contagio y prevención de la enfermedad. El panorama no es, en este sentido, demasiado alentador. Aunque la presencia de la vinchuca en una vivienda resulta fácilmente observable por medio de sus deyecciones, que aparecen de forma marcada en los pisos y paredes, estas claras advertencias de riesgo de contagio resultan inútiles si los habitantes de esa vivienda no saben que estas marcas señalan que se encuentran expuestos a un enorme peligro. En efecto, aunque no disponemos de estadísticas confiables, la mayoría de los enfermos de Chagas no saben que están enfermos hasta que la enfermedad ha entrado en su fase aguda, e incluso muchos de ellos mueren a causa de la enfermedad sin saber que la habían contraído. Conocer qué es la enfermedad, cómo nos afecta y cómo se transmite es el primer paso para prevenirla, pero millones de argentinos no saben qué es el mal de Chagas, ni que la vinchuca lo transmite, ni que puede ser una enfermedad letal. Esta situación de desinformación e ignorancia se agudiza de manera notable debido a que la vinchuca prospera en las zonas más pobres, donde las condiciones de vivienda y sanidad son en extremo precarias. Como indica el doctor Miguel Ángel Sinagra, en la localidad de Adrogué, provincia de Buenos Aires, el 50% de los enfermos son desocupados y el 30%, analfabetos. Si la pobreza, la desocupación y la falta de educación son problemas estructurales de nuestra sociedad, ¿deberíamos pensar en rendirnos frente al avance de esta enfermedad? No es imprescindible que una persona tenga un determinado grado de educación, ni que goce de un empleo permanente, para que pueda identificar una vinchuca, conocer los hábitos del insecto, acudir a centros de prevención que ofrezcan fumigaciones gratuitas, etc. Si como sociedad aspiramos a un futuro en el que la pobreza, la desocupación y la ignorancia se reduzcan poco a poco, es mucho más sencillo empezar a pelear contra estos males si quienes los padecen son personas cuya salud no se encuentra hipotecada de antemano. Una larga historia de inacción y desinterés La vinchuca es un insecto que, una vez que ha infectado una vivienda, suele permanecer en ella. Generalmente se oculta de día, en hendiduras y grietas de las paredes y techos. Es por esta razón que las viviendas más precarias están notablemente más expuestas al insecto, especialmente los ranchos característicos de la región norte del país. Como la vinchuca permanece oculta durante el día, la mayor parte de las picaduras se produce de noche, cuando las personas están dormidas. Por esta razón, la sencilla colocación de una tela mosquitero sobre la cama puede resultar una medida de gran eficacia para combatir la propagación de la enfermedad. Pero aún una medida tan sencilla como ésta resulta poco frecuente en las zonas más expuestas al contagio, lo que nos indica hasta qué punto llega la desinformación general de la población sobre el mal Chagas, y la desatención de los gobiernos nacionales y provinciales de la lucha contra esta enfermedad. Sesenta años después de la muerte de Salvador Mazza, el mal de Chagas ocupa todavía un lugar de poca importancia en la agenda de los sucesivos gobiernos nacionales. El presupuesto con el que cuenta el programa de lucha contra el mal de Chagas para el año 2008 es de alrededor de 40 millones de pesos, suma que puede parecer considerable; pero si recordamos que, por ejemplo, el presupuesto de los servicios de inteligencia del Estado fue en el año 2006 de más de 420 millones de pesos, resulta fácil de entender una pandemia que afecta a tres millones de ciudadanos y que cada año arroja 6.000 muertes y decenas de miles de nuevos contagios. El desinterés histórico del Estado nacional por combatir seriamente el mayor problema sanitario del país a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI se extiende a la industria farmacéutica. Aunque recientemente se han desarrollado programas de investigación sobre nuevas terapias contra la enfermedad de Chagas, que despiertan la esperanza para el futuro, lo cierto es que en la actualidad existen sólo dos fármacos (nifurtimox y benzonidazol), que están muy lejos de resultar plenamente efectivos, y sólo pueden ser administrados a personas adultas. No hay remedios para los niños chagásicos. Aún con sus limitaciones, éstas son efectivamente las únicas drogas disponibles para los enfermos de Chagas, pero estos remedios no suelen aparecer en las Listas Nacionales de Medicamentos Esenciales, de modo que tres millones de personas ven incrementada la amenaza que el mal de Chagas representa para su salud. Por ultimo un videito para que se diviertan y se informen jeje!
Antes de leer el post, si estan solos les aviso, se van a poner nerviosos... Lo ideal es apagar las luces... Esta noche...