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Primer post: 27 jul 2008Último post: 5 ago 2008
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La Capital que no Fue
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/27/2008

LA CAPITAL QUE NO FUE Por Juan Maria Estrade (periodista del semanario El Este Rionegrino de Viedma) [email protected] El proyecto de traslado de la capital del país hacia Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre, impulsado por el gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, a mediados de los ´80, como una forma de implementar la fundación de la Segunda República, se fue diluyendo a través del tiempo, y dejó sumida a esta porción de tierra patagónica en la mayor orfandad. Este desafío, que constituyó un hito siempre soñado por la doctrina radical, se tradujo en un despliegue de energías rápidamente agotadas, debido a un sinfín de razones, de orden político, económico, sociológico, histórico e ideológico. Sería muy complejo y demasiado ambicioso, realizar el análisis de cada una de ellas. Por tal motivo, este trabajo se limitará a señalar algunas de las que se consideran más relevantes: - Para rediseñar una nueva Argentina no se recurrió a una orgánica red de articulaciones con todos los actores del espectro nacional, que previamente elaborara el consenso para sumar la mayor cantidad de voluntades necesarias. - La falta de conciencia de la envergadura histórica de esta empresa, por parte de la población local, que lo vivió como una imposición, ajena a las expectativas e identidad de la zona. - El Gobierno Nacional lanzó el desafío sin la suficiente sustentación de todo el espectro político partidario, que el traslado de la Capital Federal, junto con la reestructuración del Estado y el redimensionamiento del país, exigía previamente. Para solventar los lineamientos conceptuales de la hipótesis, se recurre a un recorte de la información, que apunta a deducir las posibles y más importantes motivaciones, que troncharon las expectativas tendientes a redimensionar las estructuras del Estado, y a replantear la dinámica del país. EL DISCURSO PRESIDENCIAL Todo estaba preparado para que el 22 de Abril de 1986, Viedma y Carmen de Patagones celebraran su cumpleaños 207. Nada desacostumbrado se encontraba dentro de la programación. Se dice que el entonces Presidente Raúl Ricardo Alfonsín tenía previsto formular en la Comarca, la histórica invitación hacia “el sur, el mar y el frío” para la instalación de la sede del gobierno nacional en esta región norpatagónica. El ambicioso proyecto de convertir a Viedma y Carmen de Patagones en el Nuevo Distrito Federal, junto con Guardia Mitre, población rionegrina cuyo nacimiento data de casi cien años después, respondía al reiterado sueño radical de lograr una nueva cara para la Argentina, mediante la fundación de la Segunda República. El domingo 13 de Abril anterior a la fecha aniversario de esta porción austral de territorio, el diario “Clarín” sacudió al país con su primera plana a través del siguiente anuncio: “El Gobierno estudia el traslado de la Capital a Viedma”. La primicia sensacional repercutió a lo largo y ancho del país y se convirtió en agenda obligada de todos los medios, a pesar de que el tema se venía hablando en reserva entre los círculos más allegados al poder político, desde por lo menos dos meses antes. Este comentario se nacionalizó rápidamente y obligó al Dr. Alfonsín a adelantar tan trascendental mensaje, con una visita a la ciudad de Viedma, concretada el 16 de Abril. En ese tiempo, Omar Nelson Livigni era corresponsal en la localidad del diario “Clarín”. Dicho periodista fue el autor de la información en la que se basó el medio gráfico para revelar este secreto, cuidadosamente guardado en el entorno más cercano de las autoridades nacionales y del Gobernador de la Provincia de Río Negro, Dr. Osvaldo Álvarez Guerrero. Carlos Espinosa, en “Perfiles y Postales”, transcribe los entretelones revelados por Livigni que le permitieron tomar contacto con los preliminares del proyectado traslado: “un conjunto de indicios, que se venían gestando durante febrero y marzo en el mayor sigilo, pero, que posibilitaron conocer de qué se trataba. Entre ellos una reunión en Viedma, en el domicilio del vecino Alberto Andría, donde el Gobernador Osvaldo Álvarez Guerrero dejó trascender el proyecto de traslado y las tareas de relevamiento que se encontraban efectuando los arquitectos Ríopedre y Bacigalupo (designados por la Presidencia de la Nación), sus equipos técnicos y otras precisiones”. Tras la inesperada filtración noticiosa realizada por el matutino nacional, el Presidente dedicó el lunes 14 a completar con sus asesores una serie de argumentos explicativos del plan; el martes 15, por la noche, pronunció un discurso por cadena nacional, ante los miembros del denominado “Consejo para la Consolidación de la Democracia”, integrado por personalidades de la cultura. Y al día siguiente viajó a Viedma. En la capital rionegrina realizó tres actividades: visita a la Legislatura, con mensaje ante los parlamentarios provinciales; un breve acto en la casa de Gobierno, para entregarle al primer mandatario local una carpeta con el proyecto de traslado; y finalmente, un discurso desde los balcones del Ministerio de Economía, frente al río Negro, ante unas cinco mil personas; algunas con pancartas en las que mencionaban a tal o cual ciudad del interior rionegrino, como sede para la hipotética capital provincial. UN POCO DE HISTORIA DEL LUGAR ELEGIDO En la segunda mitad del siglo XVIII, el litoral norte de la Patagonia, mal conocido por navegantes y exploradores, estaba poblado por tribus nómades de tehuelches, diestros en la caza de guanacos y avestruces y en la recolección. Se abrigaban con quillangos, y aprovecharon las ventajas naturales que ofrecían las márgenes del Curuleuvú (Río Negro) y la abundancia de flora y de fauna silvestre local, que contrastaba con la aridez de las mesetas patagónicas. Sitio favorito de estos primitivos pobladores fue la Laguna del Juncal, ubicada al suroeste de la actual ciudad de Viedma. Hacia 1750, ya se había iniciado el desplazamiento de los tehuelches por parte de los araucanos, que llegaban atraídos por el ganado que robaban en las estancias del norte para revender en Chile. El río Salado obraba como línea divisoria entre las tierras de malones y las poblaciones del sur bonaerense. El peligro era claro: Inglaterra, en plena expansión ultramarina, estaba dispuesta a organizar nuevas colonias a expensas del Imperio Español. Necesitaba puertos y abrigos seguros para sus barcos pesqueros y mercantiles, al igual que para sus fuerzas navales. Además quería resarcirse de las pérdidas de sus colonias de América del Norte. España, consciente de esta amenaza, ordenaba reconocimientos en las costas y en el mar de estas zonas, que arrojaban un saldo inquietante: la noticia de que los ingleses se habían establecido en las islas Malvinas. La Corona, entonces, se dispuso a expulsarlos de allí y asegurarse el control de la región austral, mediante exploraciones minuciosas y algunas fundaciones en el litoral de la Patagonia. Hasta esa fecha, los intentos de establecer enclaves permanentes en el sur, habían fallado. La hostilidad del clima, la presencia de indígenas transhumantes, la lejanía de los centros poblados por el español, conspiraron para que fracasaran las empresas que se iniciaron en Santiago de Chile y en Buenos Aires. En la década del 1770, la Corona tenía conciencia del alto riesgo que representaba mantener esos espacios vacíos. Es entonces que se dieron órdenes de que se ocuparan inmediatamente los puntos neurálgicos de Bahía sin Fondo (actual Golfo de San Matías) y Bahía San Julián. Se insistía en que estas poblaciones no debían ser abandonadas y que era necesario la construcción de fuertes para protegerlas. Francisco de Viedma fue seleccionado para encabezar el poblamiento de San Julián y Juan de la Piedra tuvo como destino Bahía sin Fondo. El Virrey Vértiz designó al primero como Comisionado Superintendente de la región asignada. El 7 de Enero, las embarcaciones fondeaban en San José y surgió la fundación de la villa del mismo nombre (Península de Valdéz, Chubut). Entre tanto, se exploraron las costas cercanas y especialmente la boca de los ríos Colorado y Negro. Fue el piloto Basilio Villarino, quien sorteó hábilmente la boca del Curru Leuvú y navegó aguas arriba. Lo sedujo el caudaloso río bordeado por sauces y el contraste que ofrecía con la árida península que acababa de abandonar. De regreso a San José narró los resultados de su expedición. Francisco de Viedma, que se encontraba a cargo de ese establecimiento, optó por trasladar a su gente al Río Negro. El Fuerte de Nuestra Señora del Carmen se emplazó en la banda sur del río, donde actualmente se encuentra el Centro Cultural de la Capital rionegrina. El sitio fue seleccionado por sus condiciones de fertilidad, porque era accesible para regar y porque facilitaba la labranza y la agricultura. Pero, las aguas del río, en esta porción de la geografía patagónica, sufren diariamente el influjo de las mareas y el 13 de junio, debido a una inusitada crecida, el sitio elegido fue inundado y la gente se salvó trepada en los techos de los ranchos. Como consecuencia de la catástrofe, el fuerte y el poblado se mudaron a la banda norte, más escarpada y segura, pero menos apta para los cultivos. En octubre de 1779 arribaron los primeros colonos, procedentes de provincias del norte de España, como Galicia, Asturias, Castilla la Vieja y León. Algunos eran maragatos de Astorga y darían su nombre a los nativos del Carmen. Hay distintas versiones acerca de los orígenes de los maragatos: descendientes de Berberiscos convertidos al catolicismo; españoles que ejercían el comercio ambulante y, por lo tanto, no tenían arraigo geográfico; pueblos de arrieros. Lo cierto es que eran proverbiales su sobriedad y honradez. Francisco de Viedma, muy pronto, fue nombrado gobernador intendente de Cochabamba, Alto Perú. En un memorial enviado al Virrey Loreto, continuaba preocupado por el futuro de las poblaciones por él fundadas y expresaba que estos establecimientos patagónicos, estaban en peligro porque “la mayoría conspiró con el único fin de destruirlos”. Argumentaba este hidalgo español, que era éste un hito importante desde el punto de vista estratégico, por ser la línea defensiva que debía fortalecerse a fin de preservar la frontera bonaerense. A su vez, exponía el potencial económico que significaba la pesca de la ballena, y estimaba que por el río Negro se podría comerciar directamente con Chile y Mendoza. Los conceptos salientes de esta memoria de Francisco de Viedma, serán citados un siglo más tarde en el mensaje que el Presidente Nicolás Avellanada envió al Congreso (1878), proponiendo la iniciación de la conquista definitiva del desierto. Durante largo tiempo, los establecimientos patagónicos no recibieron el apoyo de Buenos Aires, ni tampoco del gobierno de Madrid. Los maragatos subsistían gracias a los cultivos de cereales y hortalizas en las márgenes del río. Existía un importante intercambio con los indígenas de la zona: tabaco, aguardiente, azúcar, por parte de los cristianos, y pieles de guanaco, liebre y zorro, cueros vacunos y plumas de avestruces, del lado de los aborígenes. Este comercio continuó hasta fines del siglo XIX. La población estaba prácticamente aislada del resto del virreinato, lo que acentuó su individualismo y su capacidad de autodefensa. La comunicación con Buenos Aires se realizaba por vía marítima en viajes que duraban un par de semanas y la vía terrestre era casi intransitable, por la falta de aguadas. Con el advenimiento de la Revolución de Mayo, los maragatos no se sintieron identificados, ni con el ideario, ni con las nuevas autoridades políticas. Durante ese lapso, que se prolongó durante casi dos décadas, varias sublevaciones y motines perturbaron la pacífica vida del Carmen. No obstante, a partir de la administración de Martín Rodríguez, los pueblos que se encontraban en áreas de fronteras, incluido El Carmen, empezaron a conocer las ventajas de integrar un gobierno independiente. Se censaron la población, el ganado; se produjeron reformas administrativas que separaron las funciones de comandante militar, de alcalde, juez de paz y jefe de policía. Los vecinos fueron invitados a designar a los nuevos funcionarios. Se fundó la primera escuela pública; se enviaron útiles de labranza y semilla; se logró una protección aduanera para la sal; se reglamentó la pesca y la caza marítima y otras mejoras desde el punto de vista económico, político y social. LA GESTA DE PATAGONES Debido al bloqueo del puerto de Buenos Aires por la escuadra imperial brasileña (1825), el Carmen se convirtió en el único refugio atlántico, accesible para los buques con bandera nacional. Los corsarios y las naves extranjeras, pululaban por esta zona, atraídos por la relevancia de este puerto local. En diciembre de 1825, ya la guarnición local desactivó un intento de invasión por parte de los marinos imperiales, y la máxima expresión de la soberanía nacional, debido a la audacia y al valor de los habitantes de estas tierras, se dio en 1827. En efecto, tal vez, con el objeto de sublevar a las tribus de estas orillas a fin de atrapar a Buenos Aires entre dos fuegos, tal vez con la meta de establecer un asiento definitivo en la Patagonia, que hiciera factible la conquista del Río de la Plata, el 25 de febrero, barcos brasileños con capacidad ofensiva superior a la guarnición local, se presentaron en la boca del río y se produjo el primer encuentro bélico. No obstante la férrea valentía de la población local, los invasores lograron penetrar en el río y avanzar hasta las puertas del fuerte. En la madrugada del 7 de marzo, los brasileños, al desembarcar en suelo firme y también en el agua, se encontraron con que no sólo los varones estaban dispuestos al combate: viejos, mujeres y niños, se habían preparado para resistir. Chacareros, artesanos, hacendados y comerciantes, también integraban la milicia. Abierta la línea de fuego y avanzadas las hostilidades, los imperiales debieron presentar la rendición incondicional, derrotados por las fuerzas militares, improvisadas, y por el fervor de todo el pueblo patagónico. Carmen de Patagones, tuvo un progreso muy escaso hasta 1852. La batalla de Caseros, inauguró una nueva etapa en la historia de la provincia y en su lejana frontera sur. Campañas de alfabetización, construcción de una capilla bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes en la costa sur, edificación de escuelas y de fincas urbanas, que se distribuían entre los habitantes de las laderas de la barranca, consolidación de chacras y estancias, fortalecimiento de la explotación de sal, asentamiento de nuevas familias. FUNDACION DE GUARDIA MITRE Para acentuar las defensas de las fronteras contra los indios, se estableció un fortín en la orilla norte del río, denominado Guardia Nueva, Fortín China Muerta o Guardia General Mitre. En definitiva la población surgida en consecuencia, llevaría este último nombre en honor al entonces Presidente de la República, que había pasado su infancia en Patagones. Allí, se estableció un servicio de balsas, y en 1878, Guardia General Mitre dejó de pertenecer a la provincia de Buenos Aires, para integrar la Gobernación de la Patagonia. LA PRIMERA CAPITAL DE LA PATAGONIA Con la campaña al desierto, se produjeron grandes cambios en la historia política de esta región. En 1878, al formarse la Gobernación de la Patagonia, Mercedes de Patagones, en la banda sur, se convirtió en su cabecera, mientras El Carmen, en la costa norte, quedó dentro de la provincia de Buenos Aires. Esta división administrativa, formaba parte de un plan para tomar posesión real y efectiva de la Patagonia. Así lo expresó, como ya se mencionó, el Presidente Avellaneda, en el mensaje al Congreso Nacional, que organizó la expedición que encabezó el General Roca en 1879. Se elogiaban las condiciones del río Negro para sustentar a numerosos pueblos capaces de ser en “poco tiempo la salvaguardia de nuestros intereses, y el centro de un nuevo y poderoso estado federal, en posesión de un camino interoceánico barato, a través de la cordillera”. Se llevaron las fronteras del país al río Negro, y la Ley 954 designó al Coronel Álvaro Barros, Gobernador de la Patagonia: unos 800.000 kilómetros cuadrados de territorio. En 1879, se cambió el nombre de Mercedes de Patagones por el de Viedma. Una forma de rendir homenaje al fundador Francisco de Viedma, que un siglo atrás había advertido sobre las bondades de la naturaleza y la importancia estratégica de la región. La condición de centro administrativo de una región tan extensa, representó para Viedma, una buena oportunidad de crecer, y en 1884, la Ley de Territorios Nacionales, modificó su condición: a partir de entonces pasó a ser la capital del nuevo Territorio Río Negro, mientras Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, constituían jurisdicciones separadas. Carmen de Patagones, del otro lado del río, mantenía su condición de puerta de entrada a la Patagonia, para la provincia bonaerense y se había convertido en un importante centro comercial y nudo de comunicaciones del Valle Inferior. En 1886, la histórica ciudad del Carmen, fue designada cabecera del partido de Patagones. En 1889, una verdadera catástrofe sorprendió a Viedma y Patagones: la gran inundación. La capital del Territorio de Río Negro sufrió daños cuantiosos. Prácticamente no quedó ningún edificio en pie. De manera provisoria, la administración se estableció en Choele Choel. En 1900, el Ministerio del Interior, se inclinó porque Viedma fuera nuevamente capital rionegrina, debido a sus comunicaciones con Buenos Aires, relativamente fáciles, y a sus ciento veintiún años de existencia. Pero la región de Viedma y Patagones, se vio conmovida por la construcción del Ferrocarril Sur entre Bahía Blanca y el Alto Valle, en 1899, que sustrajo a ambas ciudades todo el comercio de la zona, el que a partir de entonces, se vinculó directamente con Bahía Blanca. Además, el desarrollo del puerto de San Antonio Oeste con dos importantes firmas comerciales, también quitó protagonismo a la comarca. La región liderada por Viedma se redujo a los departamentos de Adolfo Alsina y General Conesa, y se visualizó esta situación en los moderados progresos edilicios, demográficos, institucionales y culturales de la capital de 1910 en adelante. Las poblaciones de ambas bandas del río Negro, tenían un cierto desarrollo del comercio fluvial y marítimo, pero ni Viedma, ni Carmen de Patagones, habían crecido de acuerdo con las expectativas que ello traía aparejadas. El transporte carretero y el servicio vial, se vieron mejorados por la inauguración, en 1931, del puente ferrocarretero, que actualmente sigue conectando las dos ciudades. La histórica ciudad del Carmen se cerró sobre si misma, mientras Viedma languideció como capital de un territorio nacional gobernado desde Buenos Aires, y que solo podía elegir sus autoridades municipales. En 1955 el Congreso Nacional declaró provincia al Territorio de Río Negro, y en 1957, en Viedma, se reunió la Convención Constituyente, que sancionó la Constitución, pero no definió la capital. En el período del Gobernador Mario Franco (1973-1976), por ley de la Legislatura, Viedma se convirtió en la capital de la Provincia de Río Negro. Edgardo Castello fue elegido por el voto popular, primer Gobernador constitucional. LA CUESTION DE LA CAPITAL EN LA REPUBLICA La capitalización definitiva de Buenos Aires, en 1880, trajo aparejadas importantes obras de índole económica, edilicia, institucional y social, que la favorecieron de allí en adelante. En 1914, la ciudad era una metrópoli cuyos adelantos sorprendían a los periodistas y viajeros que la visitaban. Ya funcionaba el subterráneo, había miles de aparatos telefónicos instalados, los barrios céntricos disponían de luz eléctrica, aguas corrientes, cloacas y calles asfaltadas o adoquinadas. Los muelles portuarios, la Avenida de Mayo, eje de una de las zonas de construcción más modernas, los palacetes de la Avenida Alvear, no tenían rivales en las capitales sudamericanas. Los censos industriales fueron revelando cómo se distribuían las actividades en el país y su concentración en la capital federal y el litoral. La capital de la República concentraba en 1913 el 35 por ciento del potencial industrial, mientras Santa Fe, pasaba del 25 al 7 por ciento. Buenos Aires poseía el 26 por ciento de las máquinas de vapor, y el 40 por ciento de los motores eléctricos, mientras la provincia del mismo nombre contaba con 42,5 y 32 por ciento respectivamente. “Dicho en otros términos -afirma Adolfo Dorfman- entre ambas abarcan casi las tres cuartas partes de la fueza motriz fundamental que mueve la industria argentina; resta para el Litoral y el Interior un escaso equipo técnico y mecánico” PROYECTOS REFORMISTAS Ante esta situación, la clase política más esclarecida planteó, desde comienzos de siglo, reformas para revertir el desequilibrio entre la capital y las provincias. Tales proyectos chocaban con la indiferencia de quienes, siendo de origen provinciano, aprovechaban el cargo público, en el Congreso o en los Ministerios, para instalarse en la capital, mezclar su sangre con el patriciado local y olvidar los intereses de la región a la que representaban. Por eso abundaron lúcidos diagnósticos de los males argentinos, pero no prosperaron los remedios para subsanarlos. El Senador Carlos Pellegrini, en 1900, inspiró un proyecto para crear una nueva provincia con parte del territorio bonaerense y pampeano, y con capital en la ciudad de Bahía Blanca. En 1912, una nueva iniciativa del entonces Presidente Roque Sáenz Peña, bregó por la federalización del partido de Avellaneda, pero los periódicos, aseguraron otra intención. Sostuvo La Nueva Provincia (Bahía Blanca), que “se trata de un sondeo de la opinión pública, para federalizar un territorio más extenso: los 50 kilómetros que van del Tigre al Norte, Luján al oeste y La Plata, al sur”. Se decía también, que el Presidente había sido seducido por las comodidades que La Plata ofrecía como sede del Gobierno Nacional, cercana a Buenos Aires, pero alejadas de las presiones de las grandes urbes. Los trabajos del historiador rosarino Juan Álvarez, constituyeron un aporte valiosísimo para el análisis de las distorsiones existentes entre la capital y el interior. Referente al crecimiento desmesurado de la capital federal, este ensayista expresaba: “No es misterio que el federalismo argentino jamás movió todos sus resortes en forma satisfactoria…; la ciudad de Buenos Aires se ha tornado una cabeza enorme y escapa también al sistema federal en su gobierno propio”. Álvarez estudió una serie de influencias determinantes para el crecimiento del área metropolitana y señaló: la existencia de una política diferencial de calados que favorecía al puerto de Buenos Aires; la localización de industrias manufactureras en ese radio; el sistema ferroviario que convergía en una única terminal que desembocaba en el río de La Plata y, por último, la residencia del Gobierno Nacional, que e convertía en un atractivo porque la gente pretendía radicarse cerca de la autoridad y, los agentes financieros, representantes de bancos, seguros, y de compañías extranjeras, pretendían estar en contacto con los poderes públicos. Sostenía, entonces, que era preciso descentralizar y retirar paulatinamente de la capital, los elementos que aceleraran su crecimiento, por ejemplo, muchas oficinas nacionales cuya labor sería más eficaz en otros puntos del territorio. Es interesante destacar, cómo este argumento, tuvo vigencia siete décadas después, ya que las razones sustentadas por el entonces presidente Raúl Alfonsín para el traslado de la capital, encontraron su soporte en fundamentos semejantes. La etapa de industrialización que comenzó el país alrededor de 1935, posterior a la gran depresión económica, trajo preocupación en economistas, políticos y ensayistas, quienes comenzaron a publicar informes y ensayos; entre los que se destacó “La cabeza de Goliat” de Ezequiel Martínez Estrada. En esta obra se mostraban las transferencias que las provincias habían delegado en Buenos Aires, por ser ella sede de las autoridades nacionales; pero se argumentaba que la capital había usado esos aportes, no sólo con un criterio unitario, sino verdaderamente municipal. También Alfredo Palacios, legislador socialista por la capital, planteó en el Congreso en 1941, el problema de los desequilibrios regionales, desde una perspectiva netamente política. Para revertir la cuestión de la macrocefalia argentina, varios proyectos de traslado de la capital, entraron en las cámaras, tanto en el período 1958/62, como en 1963/66: el legislador Aurelio Pologna, propuso en 1958 que la capital se trasladara al interior del país, preferentemente a su centro geográfico; Luis Bofia, ese mismo año aludió a la profecía de Alem y fundó su reclamo en la existencia de una clase privilegiada, constituida por los porteños, y otra de parias que habitaba el campo. Isaías Nougués, empleó en 1961, argumento similares y puso como ejemplo la decisión adoptada por la República Federativa de Brasil, con la creación de Brasilia. También surgieron proyectos firmados por los legisladores Teodosio Pizarro y por Celestino Gelsi (1964), el cual propuso la ciudad de Córdoba. Ninguna de estas iniciativas se concretó. Y mientras Brasilia, inaugurada en 1959, comenzaba la descentralización; la Argentina se debatía entre la ilegitimidad de los golpes militares y la breve y debilitada vida constitucional. En 1971, el Ministro del Interior, Arturo Mor Roig, se refirió a la necesidad de trasladar la capital diez o quince años más tarde. Meses después, desde esta cartera, se encaraba el estudio de la factibilidad de llevar a la práctica dicho proyecto, pues, se sostenía que la irregular distribución demográfica entre la Capital y Gran Buenos Aires, quebraba el equilibrio de la Nación y repercutía nefastamente en su economía. Dos años más tarde, en el período constitucional, el legislador Francisco Eduardo del Cerro, propuso que se construyera una nueva capital en el actual territorio de la provincia de Santiago del Estero. En 1982, la dolorosa experiencia de la guerra de las Malvinas, tradujo la escasa capacidad defensiva del país, profundizada por el problema de la capital, y dos autores reflejaron la cuestión: el geógrafo Raúl Rey Balmaceda y Félix Luna. Este historiador en “Buenos Aires y el País”, propuso el traslado para evitar que los males del centralismo se tornaran cada vez más agudos e incontrolables. En esos momentos, el censo nacional de 1980, ratificó el problema de la concentración de poder económico, político, demográfico y cultural, en el área metropolitana de Buenos Aires, a la par que no se pudo ocultar que también ahí se acumulaban los porcentajes más elevados de hogares con necesidades básicas insatisfechas, niveles críticos de hacinamiento, vivienda, condiciones sanitarias y deficiencia escolar. En cambio, la región patagónica, se encontraba semivacía, casi olvidada, con su dilatado litoral marítimo desaprovechado, su inmenso desierto no cultivado y sus importantes reservas energéticas utilizadas para beneficio del litoral y de la zona metropolitana. La democracia se instaló en Argentina en diciembre de 1983, como un grito desesperado al “Nunca Más” y como un símbolo esperanzador del resurgimiento de un nuevo país. Por ello se establecieron formas pacíficas de diálogo y de convivencia, se propuso una concentración para todos los sectores sociales y políticos, pero el problema de los desequilibrios regionales, continuaba. Y afectaba no sólo a la economía, sino que desnaturalizaba el federalismo político. AL SUR, AL MAR, AL FRIO Por eso, iniciado el tercer año de su gestión presidencial, el Dr. Raúl Alfonsín, lanzó una iniciativa para la Argentina del siglo XXI: trasladar la capital federal a las márgenes del río Negro. Marchar al sur, al mar, al frío. Este traslado, no era una modificación aislada: la reforma de la Constitución Nacional, la reforma del Estado y la administración, la descentralización efectiva de atribuciones y funciones, el fortalecimiento de las autonomías provinciales y municipales, el desarrollo regional, regímenes adecuados de promoción industrial, una redistribución equitativa y eficiente de los recursos coparticipables, formaban parte de la construcción de la Segunda República que propuso Alfonsín. La elección del área Viedma-Carmen de Patagones fue justificada por ser ésta el límite de la pampa húmeda y el comienzo de las extensas planicies patagónicas, reservorio de las mayores disponibilidades energéticas del país. Motivaciones estratégicas se inspiraron para denunciar la falta de población, de medios de comunicación, de capacidad para defenderse; características todas de esta región, que la ubicaban como el sitio más frágil de la estructura geopolítica del territorio nacional. Era este un joven, poco explotado y casi menos conocido cuasi continente, cuya plataforma y mar continental debía garantizarse, como sinónimo de control y soberanía. REPERCUSION EN LOS MEDIOS NACIONALES El día después del anuncio del Presidente Raúl Alfonsín, “Clarín” y “La Nación” se hicieron eco de la convocatoria al esfuerzo nacional que implicaba la nueva propuesta. Así es que incluyeron en sus tiradas primeras, suplementos especiales (“Clarín”, 30/05/1987), gráficos, mapas, infogramas, fotografías, cuadros estadísticos, información en general, que daban cuenta de la ubicación geográfica, de la historia, atractivos naturales, ecosistema, redes de transporte, organización de las comunicaciones, que existían en esa fecha. Incorporaban, además, datos referentes a proyectos, estudios de factibilidad, infraestructura edilicia y de servicios a implementar, y que eran centro de análisis y diagramación en los organismos administrativos creados al efecto. Si bien algunos diarios, como “La Nación” y “Clarín”, de fecha 16 de abril, incursionaron en las intenciones no explicitadas del Gobierno Nacional, como por ejemplo la incorporación al régimen presidencialista de gobierno, de algunos elementos propios de los sistemas parlamentarios y de la figura de un Primer Ministro, lo hicieron en apoyo de la reforma del Estado que impulsaba la descentralización del aparato administrativo, y que propiciaba la fundación de la Nueva República. En general se puede afirmar que, en primera instancia, la prensa respondió positivamente al desafío, aunque transcurrido un período no muy largo surgieron cuestionamientos y objeciones, acerca de la oportunidad, de los cuantiosos costos, de la desarticulación familiar e institucional, que un traslado drástico traería aparejado. Se puede citar, a modo de ejemplo, el artículo opinativo de Alberto J. B. Caprile “Capital para cambiar la Capital” de “La Nación” del 22 de mayo de 1986, en donde, al hacer referencia a los costos que insumiría el traslado, expresa: “Se barajan cifras entre los 2.000 y los 20.000 millones de dólares; pero nadie ha hecho público qué es lo que incluyen estos fabulosos pagos. Es probable que la mayor de las cifras esté más cerca de la realidad si se suman a los costos de urbanización, edificios públicos, accesos, puentes, comunicaciones, las viviendas que deberá financiar el Estado”. Sobre la desarticulación familiar, institucional y social, el periodista acota: “Si Viedma resulta ser una pequeñita capital, sin el orgullo y ambiciones de una Brasilia, es posible que funcione en forma meramente formal, mientras el centro de poder continúe en Buenos Aires. Ni legisladores, ni funcionarios, ni empleados, podrán fijar su residencia allí, a menos que el Estado le regale las viviendas. Es difícil imaginar a los diplomáticos, abandonar sin lucha sus magníficas residencias, los teatros, relaciones sociales, canchas de golf y placentera vida que les brinda la actual capital” LOS POLITICOS, LAS FUERZAS VIVAS Y LA OPINIÓN PÚBLICA TOMAN POSICIÓN ANTE EL TRASLADO En declaraciones al diario regional “Río Negro”, del 26 de mayo de 1986, el Diputado Nacional del justicialismo, Carlos Grosso, admitió que el anuncio presidencial “tiene especial significación para la región y para el país por tratarse de una larga esperanza argentina”, pero recordó que la designación de la actual capital surgió de “un pacto global” de los argentinos, y “no de un golpe de mano unilateral”. Expresó además, que las expresiones del siglo XIX, estuvo unida “al diseño de un modelo: la Argentina agroexportadora, federalista de nombre, unitaria de hecho, portuaria, ligada a un proyecto de relación geopolítica con Inglaterra en lo comercial y con Francia en lo cultural”. Indicó a continuación, que no han sido debatidos ni acordados, los elementos de recambio en el diseño de la Nación, indispensables “para que este giro de la historia Argentina responda a una voluntad épica de todos los argentinos”. Apreció Grosso, que el tema “no constituye una convocatoria resonante en otras regiones del país, al no estar involucradas de manera directa; se ha tomado simplemente como una información sobre el traslado burocrático de la sede de la administración pública”. Al reiterar la necesidad de rediseñar el país económico, sostuvo que si la decisión “no va unida a un replanteo regional, a un nuevo pacto federal también en lo económico, a la descentralización de la administración de los servicios públicos y a la instalación de sus cabeceras en las regiones donde se generan y se extrae la materia prima, seguiremos teniendo una capital política en algún lugar y una capital económica en otro”. Por último, advirtió que el tema “merece ser debatido y acompañado con un decidido proceso de cambio integral, que todavía no vemos en el actual gobierno”. Por su parte, el Ingeniero Álvaro C. Alsogaray, tachó de “expresión grandilocuente más que un propósito concreto, meditado y, sobre todo realizable” el anuncio. Al opinar sobre el costo y la oportunidad del traslado, expresó: “cualquier cálculo que se haga, llevará ese costo a miles de millones de australes. ¿Estamos en condiciones de encarar semejante inversión? Obviamente, no. Por otra parte, ¿De dónde saldrán los recursos para encarar semejante obra? Si existieran, ¿No habría otros usos alternativos para esos recursos, incomparablemente más útiles a la población? (“La Prensa”, 12/05/86 “La Segunda República”). El diputado del Partido Intransigente, Oscar Alende, no trepidó en tildar de “maniobra electoralista” el proyecto del Poder Ejecutivo, sobre el cual agrega que “avasalla las atribuciones del Parlamento”. (“Clarín” 24/09/86) El legislador del justicialismo, Miguel Ángel Toma, criticó el proceder del gobierno llamándolo “maniobra distraccionista para alejar al pueblo de la discusión en torno de sus problemas más angustiantes”. (“Clarín” 24/09/86) Las inquietudes de funcionarios, figuras políticas, autoridades de distintos poderes, acerca del traslado, no tardaron en aparecer, y muchas de ellas abundaron en críticas y reparos. Tal es el caso de uno de los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Córdoba: “La Corte Suprema de Justicia de la Nación, puede radicarse en Córdoba o permanecer en Buenos Aires, pero no podrá funcionar en Viedma como se ha propuesto. En Buenos Aires y en Córdoba existen centros de ciencia jurídica que son indispensables para el funcionamiento de un Tribunal que debe decidir sobre temas de raíz constitucional: esto es todo de lo que se carecerá en Viedma”. Explicaba el magistrado, que en la región elegida por el Dr. Alfonsín, no existían universidades, centros de estudio, centros de recepción de jurisprudencia mundial, ateneos, bibliotecas, conferencias y fundamentalmente una dinámica jurídica que produjera el permanente enriquecimiento cultural y científico que necesitaba el hombre dedicado a la interpretación práctica de la jurisprudencia más importante. La opinión pública, interpelada en nueve centros urbanos y dos zonas rurales, también se expresó en una serie de encuestas realizadas por las consultoras SOCMERC, Aftalión, Mora y Araujo y Noguera, cuyos resultados fueron dados a conocer el 11/07/86 por el diario “La Nueva Provincia”. El sondeo sobre las inquietudes y grados de aceptación de la propuesta presidencial, consistió en el interrogante: “¿En qué lugar le parece más conveniente ubicar a la capital federal?”, que concitó las siguientes respuestas: el 45% de los entrevistados creyó conveniente que la sede administrativa se quede en Buenos Aires y sólo un 22% consideró trasladarla al área de Viedma y Patagones. Un 5% se inclinó por la ciudad de Córdoba y un 2% consideró que era necesario trasladarla, pero, “no por ahora”. El relevamiento se realizó entre los meses de abril y mayo, luego del anuncio del Presidente, y se consultaron personas mayores de 18 años en: Capital Federal, Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza, Gran Paraná, Gran Tucumán y en dos zonas rurales de las provincias de La Pampa y Tucumán. EL CONGRESO MOTORIZA EL TRASLADO El 8 de julio de 1986, el Poder Ejecutivo nacional enviaba al Senado de la Nación el proyecto de traslado de la Capital Federal a Viedma-Patagones acompañado por un mensaje. Este, marcaría los ejes de discusión y formaría parte de la extensa sesión legislativa que finalizaría con la aprobación del proyecto. En el mismo, se exponían los fundamentos del traslado haciendo hincapié en la imperiosa necesidad de fortalecer el federalismo, redistribuir la población del país, cambiar esencialmente la gestión estatal y lograr una efectiva integración territorial. El mensaje, firmado por Raúl Alfonsín y sus ministros, señalaba claramente que Buenos Aires había “monopolizado prácticamente todo el crecimiento económico, político y financiero del país”. Y que el lugar escogido para trasladar la Capital Federal era el idóneo: “tiene conexiones ferroviarias, viales, aéreas, fluviales y marítimas, y una adecuada infraestructura de servicios”. Por otro lado, marcaba las excelentes condiciones climáticas, la abundante agua potable y de riego, y “una suave topografía para el establecimiento humano”. En otro pasaje, luego de exponer razones en palabras tales como poblar, redistribuir, trasladar, descentralizar, el mensaje al Senado hablaba sobre la inversión: “el costo de estos cometidos no constituye una simple erogación (...) se trata de una inversión retributiva (...) que rendirá frutos tangibles (...) y que se financiara por sí sola, a poco que consiga movilizar el entusiasmo de todos los argentinos”. Por ultimo, finalizaba diciendo que el traslado de la Capital federal a Viedma-Patagones, “no constituye un fin en sí mismo sino que es la piedra basal de la fundación de una nueva República, de la Segunda República”. Ocho meses después, el 18 de marzo de 1987, el senador radical Fernando de la Rúa, fue el primero en tomar la palabra para defender el proyecto de Traslado. El eje de su discurso se centró en las palabras rectoras del presidente Alfonsín, al que le agregó un extenso racconto histórico tomado de eximios personajes que, en épocas pasadas, desfilaron por el tema de la descentralización y la mejor distribución poblacional de nuestro país. En este mismo sentido pero desde un punto de vista de desarrollo económico, los senadores Antonio Berhongaray y Elías Sapag defendieron el titánico proyecto. En tanto, otros senadores como Julio Amoedo (Catamarca) y Eduardo Menem (La Rioja) se opusieron al proyecto. El primero lo declaró inconstitucional por un lado, y afirmó la capitalidad histórica de Buenos Aires. Menem, por su parte, puso en duda que la descentralización y el federalismo se lograran con el traslado. Su punto de vista coincidía más con el fortalecimiento de las economías regionales y un reordenamiento del espacio territorial. Aun así, la voz cantante de la oposición sólo objeto algunos puntos y confió en que el traslado costara los 4.600 millones de dólares que dijo la Comisión de Estudio. Tras cinco días de sesión y luego de haber hecho uso de la palabra más de 30 representantes provinciales, los senadores aprobaron el proyecto. Por otra parte, posturas desencontradas también se observaron en las deliberaciones de la Cámara de Diputados de la Nación, aunque primó el apoyo al traslado. Alberto A. Natale, diputado del Partido Demócrata Progresista por la provincia de Santa Fe, en la sesión del 7 de mayo de 1987, coronó su exposición sosteniendo que la capitalidad no servía para descentralizar el país ni para desarrollar una región, y que no se trasladaba el corazón del poder por llevar el gobierno a Viedma, porque éste quedaba en Buenos Aires. También, el diputado por la provincia de Misiones, Miguel Ángel Alterach, en la sesión del 27 de mayo de 1987, ofreció apoyo al tema del traslado de la capital; sin embargo, cuestionó la oportunidad y el lugar donde se realizaría la mudanza. Finalmente, el 27 de mayo de 1987, el Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, sancionan la ley 23.512 que expresa en el "Artículo 1º -Declárase capital de la República, a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en el área de las actuales ciudades de Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires) y Viedma y Guardia Mitre (provincia de Río Negro), que en conjunto constituyen el área de la nueva Capital de la República". PROTAGONISTAS DEL QUEHACER LOCAL I- SOBRE EL TRASLADO SE CIERNE LA AMENAZA DE LA ESPECULACIÓN Rápidamente, en esta zona, el anuncio del traslado, por inesperado y abrupto, dejó desprotegida a la población, que no se vio contenida por acciones dirigidas a concientizarla sobre la envergadura histórica del momento. No se planificaron actividades que incentivaran el espíritu colectivo, ni que consolidaran la identidad local. Como consecuencia de ello, no se tuvo conciencia del amplio universo que podría abrirse para esta zona, y las reacciones que surgieron fueron de neto corte individualista, especulativas, y muy limitadas en sus horizontes. El mercado inmobiliario vivió una rápida expansión que superó la capacidad de oferta de terrenos y construcciones edilicias, y las operaciones de compra venta de bienes raíces, alcanzaron precios exorbitantes. “La Nueva Provincia”, diario regional, en su edición del 15/04/86, ejemplifica esta aseveración: “El senador rionegrino Antonio Nápoli, luego de que se conociera la “filtración” del proyecto de traslado, a su regreso de Bariloche, fue consultado telefónicamente por un periodista de “La Nueva Provincia”. En ese contacto, reconoció: “Ya hay muchos ciclistas financieros afincados al sur del río Colorado y hay especulación en las tierras”. Por tal motivo, admitió que tendría que declararse “de interés público y sujetos a expropiación” los terrenos donde posiblemente se instale la nueva Capital” II- UNA APRECIACIÓN DESDE LA ÓPTICA SOCIOLÓGICA Con respecto a la evaluación del impacto social de este tipo de proyecto, particularmente aspectos tales como participación, condiciones y medio ambiente de trabajo, transformaciones locales en el área receptora y sus efectos sobre la calidad de vida, la Licenciada en Sociología Carmen Julia de Coniglio, en “La Calle” (01/06/86), periódico viedmense de esa época, considera que es muy difícil la tarea de articular estos aspectos desde la formulación a la ejecución. “El proyecto presidencial se origina en una decisión política que procura fortalecer la participación relativa de la Patagonia, sobre el conjunto de la distribución poblacional del país. El proyecto priorita la participación de la comunidad nacional, regional y local y la eficiencia de la gestión, buscando generar mayores interrelaciones hacia dentro de la misma”. La especialista, al publicar lineamientos que, desde su punto de vista, necesitaban de etapas sucesivas para alcanzar los objetivos señalados, sostuvo que eran imposibles de lograr si no respondían a un proceso de concientización y de integración de la sociedad local con la propuesta nacional. “Dadas estas circunstancias, una acción orgánica y conjunta de ambas provincias, englobando las comunidades locales y buscando su articulación en el Proyecto, aumentará los beneficios del mismo, especialmente desde el punto de vista de la nueva área de asentamiento y de la calidad de vida de sus habitantes”. “Es un difícil desafío encontrar un punto de equilibrio entre los recursos y tiempos disponibles para la ejecución del Proyecto y los estándares de condiciones y medio ambiente de trabajo compatibles con los objetivos de participación social y eficiencia en la gestión”. La instrumentación orgánica de canales institucionales que incorporen la participación de los actores sociales, puede ser un camino que permita definir y alcanzar estos objetivos. Para ello, la investigadora considera imprescindible “la creación de una estructura orgánica, que integre sector público y privado, en un ámbito multidisciplinario e interjurisdiccional cuyo propósito sea el de producir recomendaciones relativas a aspectos psicosociales, culturales y socioeconómicos, que se integren a los aspectos de tipo ingenieril, en las etapas de formulación y ejecución del Proyecto” Al referirse al impacto demográfico que, por ende, surgiría, la socióloga Coniglio concluyó: “El asentamiento humano resultante de las sucesivas etapas del Proyecto transformará las relaciones sociales primarias (cara a cara), propias de ciudades pequeñas”. III- EL ENTONCES INTENDENTE DE VIEDMA OFRECE SU MIRADA Aldo “Nene” Martínez fue concejal entre 1985 y 1987 e intendente de Viedma entre 1987 y 1989 por el Partido Provincial Rionegrino. Durante su mandato al frente de la comuna, tuvo que hacer frente a la catarata de proyectos y anteproyectos que se elaboraban desde el Ente para el traslado de la Capital (ENTECAP), como así también propulsar los propios, frente al empuje de consultoras privadas. Martínez, actualmente presidente de la Agencia Local de Desarrollo, vivió el nacimiento, la breve existencia y la muerte de uno de los proyectos más grandes en los que se embarcó la Argentina. Emoción, responsabilidad y resignación por fin, son los estadios por los que, no sólo pasó el ex intendente, sino muchos viedmenses que se compenetraron con el proyecto. El ex intendente se explayó sobre las consecuencias, que calificó como negativas; por ejemplo el incremento sufrido en el precio de los alquileres y terrenos, que se sobrevaluaron extremadamente. Al año después la comunidad comenzó a percatarse de que, en el ámbito de las autoridades nacionales y del ENTECAP el proyecto se diluía, las obras se postergaban, los plazos se dilataban y los compromisos no se cumplían. Como resultado, los profesionales que habían llegado convocados por el proyecto, retornaron a sus lugares de origen y en la zona quedaron obreros no calificados, sin recursos y sin posibilidades de capacitación laboral. Surgieron barrios habitados por familias que demandaron la cobertura de necesidades básicas, sin poder afrontar los costos que ellas traían aparejados. Acerca de las razones por las que se frustró el sueño de la capital, Aldo Martínez afirmó que los directores del ENTECAP sufrieron la presión de los intereses de los capitales privados, que intentaron boicotear el proyecto de traslado y agregó: “Fueron muy fuertes y no descarto que hayan sido influencias económicas muy relacionadas con el Puerto de Buenos Aires y el Poder Legislativo”. VEINTE AÑOS NO ES NADA En su periódica columna “Perfiles y Postales” en el diario local “Noticias de la Costa”, el periodista y corresponsal de Telam, Carlos Espinosa, recordó el pasado 16 de abril de 2006, los veinte años del anuncio del proyecto de traslado. Entre varias anécdotas sobre cómo se filtró la noticia a los medios de comunicación que adelantaron el anuncio y la infaltable visita de parlamentarios, dirigentes políticos, diplomáticos, periodistas y hasta algunas figuras de la farándula, Espinosa recalcó las palabras del periodista Jorge Repiso, de la revista “Veintitrés”, en su reciente paso por Viedma. “En mi opinión, -dice Repiso- la idea fue excelente pero mal parida de entrada. ¿Por qué? Por empezar, Alfonsín tiró la bomba sin siquiera insinuar sus intenciones y no evaluó la respuesta de la gente, o bien dio por sentado que la propuesta le iba a caer bien a todos, sin excepción. Aquí se equivocó. Debió preparar tanto a los habitantes de la Comarca como a los de la Capital Federal y el Conurbano, y no hacer encuestas recién después del anuncio”. “Un proyecto de esta naturaleza no se lleva adelante sólo con leyes o con créditos internacionales. Por más que el dinero hubiese caído como lluvia, el hecho de romper una inercia de décadas no se subsana por este medio”. “Alfonsín, y creo que aquí también erraron sus asesores, se cortó solo, sin convocar a los gobernadores nacionales de entonces para que lo acompañaran en el balcón de Viedma. Tenía el apoyo de influyentes políticos provinciales y hasta de gobernadores para hacerlo. Un solo integrante del Gabinete debió persuadirlo y tratar de imponer esa variable”. “Así como existió un plebiscito para decidir qué hacer con las islas del Canal de Beagle, también debió haber una consulta popular para ver qué posibilidades tenía el Gobierno democrático de empeñarse en un plan que no era ni económico coyuntural, ni quedaba en una reforma constitucional. Se trataba, nada menos, que de cambiar el país en el sentido real de la palabra”, opinó Repiso, como balance de su análisis del tema. Agregó que “durante mi estadía en Viedma-Patagones, traté de bajarme de los números, la política, la historia y las polémicas. Y conversé con mucha gente para ver qué se vivía en aquel momento. Creo que se sorprendieron y nadie pudo decirme, no sé si por el paso del tiempo o porque realmente lo sentían así, el estado de ánimo en particular y en general. Puedo casi asegurar que la gente, muy en el fondo, no quería un cambio en su estilo de vida. Se sintieron protagonistas y dejaron de ser parte de una geografía olvidada por un momento. No creo que se hayan lamentado cuando todo cayó en el olvido”. Espinosa también escribió para el diario digital “La Fogata” bajo el título “Un hecho singular de la historia reciente de los argentinos”, un breve análisis sobre lo que fue el frustrado intento de traslado y las consecuencias. “Un concienzudo estudio sobre las graves consecuencias psico-sociales de la iniciativa y su frustración final, duerme en algún cajón oficial. No falta, tampoco, una cruel y fría estadística de suicidios, que se reiteraron en aquellos tiempos y quizás fueron la resultante del proceso de anomia. Ya no éramos Viedma y Patagones, los pueblos del sur, estábamos en plena transformación hacia la condición de capital de un nuevo país. De pronto ya no éramos ni una cosa, ni la otra. Habíamos perdido la inocencia y estábamos en un camino sin retorno”. “¿Es posible discernir hoy, 16 años después, quién fue el responsable del dislate? ¿Fue sólo una idea de Alfonsín? ¿Será cierto que la ocurrencia fue sugerida por el Fondo Monetario Internacional, como pantalla para un formidable achique del aparato estatal y el rediseño económico del país? ¿Fue sólo un intento de gran negocio para las empresas constructoras y las consultoras?. Demasiadas preguntas, pocas respuestas”. “En estos últimos cincuenta años a la Argentina le pasaron muchas cosas, algunas se repitieron, pero sólo hubo un proyecto de traslado de la Capital que se concretase a través del anuncio de un presidente constitucional. Y nos tocó justo a nosotros”. Por otra parte, Enrique Camino, periodista del diario “Río Negro”, también recordó los veinte años en la edición del domingo 16 de abril de 2006. “Alfonsín impulsó la modernización de la administración pública, llamando a fundar una Segunda República. Y hoy sigue creyendo que el traslado de la capital a Viedma es posible, apostando a la procedencia patagónica del actual presidente de la Nación”, señaló. Sobre aquellos años, Camino agregó que la labor del ENTECAP fue varias veces cuestionada por funcionar más en Buenos Aires que en Viedma. Y en una entrevista a Juan Caballieri, intendente de Viedma al momento del anuncio, resaltó que sólo el 50 % de la población local estaba a favor del proyecto: “presagiaban que se les cambiaría la vida y que dejarían de disfrutar del río, del mar, y que perderían la tranquilidad pueblerina. Llegó una gran migración. Lo peor es que venían en busca de trabajo y no había, y los de menores recursos levantaron casillas precarias en el barrio Lavalle. El problema de alimentación y salud lo atendimos con la provincia”, le contó Caballieri a Camino. Uno de los últimos estertores del sueño alfonsinista que recaló en los medios provinciales fue el de Hugo Cuevas, actual diputado por Río Negro. Días después de su asunción, en diciembre de 2005, el diario “Río Negro” le preguntó: -¿Pero qué hará como diputado nacional? ¿Ya maneja algún proyecto? -¡No, todavía no! Tengo aspiraciones. -¿Cómo cuál? -Hay un tema que me obsesiona desde que lo instaló Alfonsín: el traslado de la capital federal a Viedma. -Pero ese proyecto duerme el sueño de los dinosaurios. -Sí, sí... y quizá se piense que estoy del mate... ¡pero tiene tanto sentido ese proyecto que me encantaría ser un diputado metido en el relanzamiento del tema! ¡Sueño con ese tema! -Si no lo toma a mal, volvamos al planeta Tierra (...). Con un sentido más realista, el historiador rionegrino Héctor Pérez Morando, también tuvo su lugar para opinar. Con gran acierto, su pregunta caló hondo en la idiosincrasia del argentino cuando en otro aniversario del anuncio, escribió en el diario “Río Negro”: “¿Otra frustración patagónica y argentina? Se perdió en el tiempo... en la memoria gubernamental y comunitaria. Pero nos sigue quedando el sur, el mar y el frío”. CONCLUSIONES En el campo de las distintas líneas de trabajo que se han desarrollado, pueden destacarse ciertas direcciones del pensamiento, que conllevan conclusiones que no por ser tan simples implican un reduccionismo, sino que reflejan el panorama político, sociocultural, económico, y por qué no ideológico, que ha enmarcado el tan mentado y frustrado traslado de la capital durante la gestión de Alfonsín. En efecto, apartándonos de los debates y de las argumentaciones, algunas concienzudas y muy prolongadas, otras casi frívolas, superficiales y con escaso desarrollo, que resonaron en el Congreso, algunos diputados y senadores, que, en forma personal, no compartían o tenían objeciones, en distintas manifestaciones públicas y corrillos privados, así como en ciertas intervenciones orgánicas del partido al que pertenecían, aprovecharon cuanta ocasión se presentaba, para mostrar sus reparos. Estas declaraciones vertidas por legisladores, aunque fuera de los ámbitos parlamentarios, no contribuyeron a reforzar, ni a consolidar, el consenso necesario en la opinión pública. En las Cámaras de Diputados y de Senadores, varias intervenciones apuntaron a remarcar que el Presidente Alfonsín, mantuvo ajenos a los congresales de la gestación de este proyecto. De ese modo, se corrobora la escasa adhesión política, que previamente el Gobierno Nacional debió buscar. Pero no sólo la vida parlamentaria retaceó un apoyo que la hora de los tiempos exigía y que, los partidos, evidentemente no fueron capaces de afrontar, sino que la comunidad nacional, en la diversidad del espectro sociocultural, que confluye primordialmente en las fronteras capitalinas, también se manifestó de manera similar. Las artes y las letras, en el sentido ortodoxo y tradicional, a grandes luces, parecieron eludir este compromiso. Si lo hubo, poca divulgación tuvo. Es más, no trascendió los límites de los especialistas. Tampoco se tiene noticias de que haya repercutido en manifestaciones explícitas, menos clásicas y convencionales. En el dominio empresarial, los proyectos y estrategias que motorizan las ambiciones de expansión de este sector, no fueron capaces de posponer transitoriamente el espíritu de acumulación de capital, que la lógica del sistema veía garantizada en ese entonces, en la gran urbe. La metrópoli, en su aceitada concentración de intereses, no quiso renunciar a la hegemonía que históricamente, por su posición portuaria, había mantenido desde los comienzos de la argentinidad. Los medios nacionales, contribuyeron a diluir el ambicioso proyecto del traslado, dado que transcurridos pocos meses, la temática dejó de ser una cuestión de portada o de agenda periódica, para convertirse en algunas opiniones aisladas, análisis incompletos y poco serios, y esporádicos informes superficiales que no condecían con la envergadura de la situación. La porción de territorio que se había convertido en tema de polémicas, discusiones, debates, críticas, bromas, sátiras, análisis, y que estaba en boca de la opinión pública nacional, contaba con una población que de buenas a primeras, se encontró con que había sido invadida por un anuncio que la convertía en el centro de operaciones, varias de las cuales, rayaban en maniobras especulativas, de índole política, financiera y económica. Muchas de estas maquinaciones, produjeron un clima de incertidumbre de carácter sociológico, que trajo como consecuencia una confusión de valores, de paradigmas, de símbolos, de convenciones, de usos sociales que, hasta ese entonces, constituían las raíces culturales de su identidad. El anuncio, inesperado para la generalidad de la población, al ser impuesto, no posibilitó la comprensión acabada de la proyección histórica que, para la región, podría traer la concreción del traslado. La conciencia ciudadana sobre el particular, debió haberse construido en un proceso anterior, que favoreciera la participación, la iniciativa popular, la integración y la identificación del grupo humano local, con el desafío englobador de alcance nacional. FUENTES - Espinosa, Carlos (2005) “Perfiles y Postales” - Carmen de Patagones. - Roulet, Elva (1987) “La Nueva Capital” – Edición de la Presidencia del Honorable Senado de Buenos Aires. - Barreno, Rómulo Víctor (1987) “Traslado de la Capital Federal” Versión taquigráfica del discurso de la sesión del 27 de mayo de 1987- Congreso de la Nación. - Cámara de Diputados de la Nación (1987) Diario de Sesiones –Congreso de la Nación. - Cámara de Senadores de la Nación (1986) Diario de Sesiones – Congreso de la Nación. - “Clarín” Año 1986/1987 - “La Nación” Año 1986/1987 - “La Nueva Provincia” Año 1986/1987 - “Río Negro” 1986/1987 - 2006 - “La Calle” 1986/1987 - “Noticias de la Costa” 2006 - Testimonios de Héctor Pérez Morando/Enrique Camino/Aldo Martínez. NOTA: La Capital que no Fue: artículo escrito para la cátedra de Historia Argentina de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad de la Plata. http://trasladodelacapital.blogspot.com/2007/10/la-capital-que-no-fue.html

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Bases para una Geopolitica Argentina ( 1 )
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/1/2008

BASES PARA UNA GEOPOLITICA ARGENTINA Primera Parte Coronel (R) Hugo Gastón Sarno I - INTRODUCCION. La concepción de una política para la realidad geográfica nacional (o geopolítica argentina), debe ser encarada desde una perspectiva diferente a la que estaba vigente en muchas partes del mundo, cuando se creía que ‘geopolítica’ era sinónimo de imperialismo o de expansionismo. De allí surgió la creencia de que “geopolítica” era ‘mala palabra’. En algunas instituciones culturales de nuestro país y también en otras partes del mundo, la “geopolítica” está casi prohibida académicamente y, a lo sumo, los temas que le competen reciben otro nombre o se reparten entre distintas cátedras. En la década de 1990, eso es un síntoma de subdesarrollo cultural. Las naciones sudamericanas han vivido desde su independencia un clima internacional caracterizado por la desunión, cuando no por la rivalidad. La guerra estuvo presente en esa historia y normalmente ocurrió por motivos geopolíticos en cuanto a territorios en disputa: entre las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil por la Banda Oriental (continuación de las guerras entre España y Portugal), entre Chile, Bolivia y Perú por el litoral del Océano Pacífico, entre Bolivia y Brasil por el Acre (en realidad fue una tensión hacia la belicidad), entre Bolivia y Paraguay por el Chaco, entre Perú y Ecuador por territorios limítrofes, y no debe dejarse de lado la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. A ello deben agregarse las tensiones políticas: con Brasil hemos tenido un período diplomático conflictivo en la Cuenca del Plata; en 1974 se produjo una tensión entre Perú y Chile; un diferendo diplomático entre Bolivia y Chile por el Río Lauca, y la Argentina ha tenido con Chile seis momentos prebélicos (inminencias de guerra), que fueron detenidos y encarados por vía pacífica. Con todo, los conflictos geopolíticos sudamericanos sometidos al acuerdo bilateral o al arbitraje, también estuvieron presentes. La entrada al Siglo XXI parece dar comienzo a una relación internacional distinta en Sudamérica. Por un lado, los temas territoriales conflictivos han quedado resueltos en su mayoría, y los que aun subsisten, pueden encaminarse hacia soluciones pacíficas. Y por otro lado, la telaraña de la globalización que va atrapando a los sudamericanos, está creando una conciencia política de conjunto: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera...”. Esta condición ha permitido reconsiderar las relaciones sudamericanas hacia un entendimiento que permita armonizar las posiciones nacionales, sin perjuicio de que los conflictos pendientes o futuros fueren mantenidos en el área diplomática. No se trata de “ceder, para poder convivir”, como algún ultrapacifista podría suponer. Las relaciones internacionales son ricas en presentar ejemplos donde los Estados tienen, simultáneamente, acuerdos y cooperaciones, y también conflictos mantenidos en un tratamiento simultáneo y regulado, para que no perturben donde se desea acordar y cooperar. Esta conciencia política de conjunto - soñada por los Libertadores - tiene un capítulo territorial: las soberanías geográficas deben continuar dentro de un todo sudamericano. Esto no significa “borrar” los límites internacionales, ni tampoco “vender” los espacios fronterizos. Significa que los territorios nacionales deben quedar armonizados en los medios que los conectan entre sí, en la complementación de lo que ellos producen, y en la reciprocidad de todo tipo de concesiones. Pero también significa que las políticas territoriales deben tener en cuenta la marcha que tendrá la humanidad a lo largo del próximo siglo. Se sabe que la globalización pasa por sobre muchas defensas de la identidad nacional; que vulnera y limita mucho la capacidad de maniobra política de cada Estado. Frente a este fenómeno, tiene legitimidad todo esfuerzo tendiente a mantener la individualidad, la diferencia, la originalidad de los soportes de la nacionalidad; tendiente a sostener aquello que no debe cederse tanto en patrimonios como en dignidad. Y entre lo que no debe cederse está la soberanía territorial, que significa que las instituciones nacionales deben tener vigencia y también eficacia, en todo el espacio geográfico argentino hasta sus límites internacionales. Este trabajo no representa ni contiene ‘la’ geopolítica argentina, que sería solamente el fruto de todo un equipo de trabajo y planeamiento. La intención que guía al que esto escribe consiste en hacer una aproximación hacia las bases que podrían ser útiles para llegar a establecer esa geopolítica necesaria. II - EL SIGLO XXI. Desde 1427, año en que los portugueses, partiendo desde una Europa encerrada, rompieron el cerco por el océano, y descubrieron[1]y se instalaron en las Islas Azores[2], las energías políticas comenzaron a salir desde ese continente y recorrer, conocer y ocupar lejanos territorios hasta entonces desconocidos. ‘Lo europeo’ fue el patrón político, económico y cultural que puso al mundo en contacto, poniendo fin a los aislamientos geográficos. Con claridad, el mundo era ‘uno’ durante el siglo XIX. Por supuesto, con alguna lentitud debido a la lenta navegación y a aquellos ferrocarriles a vapor; pero era ‘uno’: las influencias, las flotas, las mercaderías, no tardaban más de algunos meses en cruzar las distancias geográficas. Pero en el siglo XX se produce la explosión de la ‘unidad mundial’, haciendo estallar los horizontes cronológicos conocidos. Desde el avión y la radioemisión inalámbrica, hasta hoy el satélite, es el uso de estos instrumentos el que consolida la conexión veloz, donde la simultaneidad, la complejidad de todo lo que se influye recíprocamente, son las características de una ‘historia mundial’ que posee pocos siglos de vida, y que tiene en la globalización su tarjeta de presentación. No queda duda de que este fenómeno continuará en el siglo siguiente, aproximando a los Estados entre sí tanto en sus coordinaciones como en sus conflictos, pero creando órganos muy poderosos aunque no estatales[3] que, tratando de imponer sus voluntades, complican y complicarán todas las manifestaciones del poder. Indicamos párrafos atrás que quedará así lesionada la capacidad de maniobra de los Estados, pero también de todo el que aplique su propio poder. La humanidad quedará cubierta y atrapada por una telaraña política, económica, financiera y cultural. Samuel Huntington advirtió sobre el ‘choque de las civilizaciones’, tema corroborado por ejemplo en el rechazo que actualmente se está cumpliendo en algunos pueblos islámicos contra ‘lo occidental’. También, localmente, en el Estado de Israel aparece el enfrentamiento entre la ortodoxia hebrea y los que la resisten. El conjunto mundial no es simple y se complica por los recelos y conflictos religiosos y étnicos, que, si permanecieron subterráneos durante la guerra fría, hoy se manifiestan sobre la superficie. Otra de las peligrosas características que el siglo próximo heredará del siglo actual, es la presencia de terribles instrumentos de destrucción y matanza - los atómicos no son los únicos -, cuya peligrosidad reside en que se han evadido del hermetismo y del monopolio político-científico, prestándose a maniobras de amenaza y extorsión, incluso de empleo, por parte de grupos humanos que lograron producirlos, robarlos o adquirirlos. El reciente uso de gases (que fueron empleados durante la primera guerra mundial) por una entidad privada japonesa, representa toda una alerta sobre las capacidades que estárán presentes, activamente o en acecho, durante la siguiente centuria. Estas peligrosas capacidades tecnológicas coexisten con el crecimiento de la rivalidad y de la agresividad. No solamente existen algunos Estados agresivos: también hay empresas y bancos agresivos, grupos humanos agresivos y aun fanatizados, e individuos agresivos, conjunto que a veces llena páginas y noticiosos de difusión pública, y a veces permanece bajo la superficie, porque la agresividad no sólo es violenta, destructora y estrepitosa; también suele ser silenciosa. Algunos observadores de la realidad social han comenzado a admitir que ha aumentado la frecuencia de los procedimientos ‘gangsteriles’: la amenaza, el pago de una cuota para ser protegido (o para no ser agredido), la extorsión, el sabotaje, y otros, recursos de esta moderna Caja de Pandora. Todo ello explica el crecimiento del número de empresas que se dedican a la seguridad. Hasta aquí, es decir, hasta donde ha llegado nuestra pluma, hacemos un alto para revisar todo lo escrito precedentemente, porque se ha ido acumulando, párrafo tras párrafo, una tendencia donde la situación de la humanidad parece agravarse sin pausas. Y en esa revisión hemos tenido la precaución de verificar y ratificar que todo el contenido sea concreto, tomado estrictamente de la realidad, importante y firme como para poder trasladarlo al siglo próximo, cuidando de no deformarlo, de no agrandarlo ni mermarlo, menos de imaginarlo sin la base concreta que proporcionan los hechos conocidos. Ese agravamiento no es el fruto de un pesimismo que condicione la razón. Sepa el lector corroborar este trabajo con la información pública conocida y por conocer, y tenga la certeza de que un ‘futuro deseado’ por nosotros, de convivencia, de respeto a la dignidad humana, no ha servido para disminuir o disfrazar lo que es grave, porque debe ser transmitido según su propia gravedad. Y esto, no es todo. Hay, todavía, algo más. Por un lado, el crecimiento demográfico, y por otro lado, los daños que están y siguen recibiendo los espacios geográficos. La expresión simplificada de estas dos tendencias puede indicarse así: la humanidad crece, aumenta, pero el planeta no crece, no aumenta, incluso puede disminuir en tanto las lesiones a la calidad ambiental continúen empequeñeciendo el espacio utilizable. Para una humanidad que posiblemente alcanzará los 6.000 o 6.200 millones de habitantes en el año 2000 (éramos sólo 1.500 millones en el año 1900), se cree que podría sobrepasar fácilmente los 8.000 (tal vez los 10.000) millones, considerando incluso cierta tendencia a un crecimiento estabilizado de seres humanos, durante la segunda mitad del próximo siglo. La pregunta lógica es: ¿dónde van a vivir y de qué recursos van a vivir? Algunos analistas han formulado otra pregunta: ¿cuál es la población humana que puede sostener el planeta? La respuesta no puede ser exacta ni única, según se mantenga, disminuya o aumente la oferta de recursos vitales, y según la oferta disminuida o aumentada de los espacios aptos para recibir el aumento de la población mundial. Frecuentemente, los estudiosos de este futuro abren un espectro conteniendo varias alternativas posibles para la siguiente centuria, que podemos sintetizar así: -- Máxima población, espacio reducido, recursos escasos: futuro crítico. -- Población no máxima, espacio aumentado, recursos abundantes: futuro deseado. -- Población importante, espacio conservado, recursos suficientes: futuro intermedio. Estas alternativas no son rígidas, admiten por supuesto combinaciones, pero son paradigmas que sirven para una proyección partiendo desde un punto inicial (la situación actual y sus tendencias), hacia los puntos finales de esos futuros. Si bien es riesgoso e imprudente confiar en la mejor de esas tres alternativas, lo aconsejable será desarrollar las otras dos: el futuro crítico ante todo, y también el intermedio. El aumento de la población humana presenta actualmente fuertes contrastes: los países más desarrollados son los que menos crecen en su demografía, aun con tendencia a mantener su población numérica. Tienen numerosos ancianos y adultos y muy pocos infantes: son pueblos en proceso de envejecer, como España, Italia, Francia, Suecia, entre otros. Los Estados Unidos se incluyen en esta tendencia, aunque tienen un aumento anual que por lo menos, en parte, se apoya en los inmigrantes que recibe legal e ilegalmente, y en la procreación de su población no anglosajona. El mayor crecimiento demográfico se advierte en los Estados que tienen serios problemas socio-económicos y numerosos habitantes, sobrellevando su vida con precariedad. En América surgen México, Perú y Brasil con un crecimiento humano explosivo. En el lejano oriente se encuentran los dos países más poblados del mundo: China con 1.220 millones de habitantes en 1994 (aumenta 12 millones por año), y la India con 935 millones de habitantes en 1994 (aumenta 15 millones por año). La situación actual de la humanidad, con Estados verdaderamente saturados de población, y otros donde existen penurias económicas, ha dado origen a numerosas migraciones: seres humanos que abandonan la tierra natal buscando en otra mejores condiciones de vida, y otros que dejan su patria ‘donde ya no cabe un alfiler’. La proyección futura de esta situación implica un aumento de las migraciones, en tanto continúe aumentando la población mundial, pero tratando de diversificar los países receptores. Tal vez las Naciones Unidas intervengan para regular estas transferencias de población, y para lograr una mejor distribución y recepción de esos excedentes humanos. En cuanto al tema de la ecología, que ha recibido y sigue recibiendo una difusión cada vez más intensa, los problemas más graves son los que evaden una consecuencia local y gravitan sobre toda la Tierra. Entre ellos es muy conocido el ‘efecto invernadero’ o aumento del promedio anual de la temperatura en el planeta, como resultado de los gases emitidos que se acumulan rodeándonos en capas superiores de la atmósfera y que, por su característica térmica aislante, impiden el escape del calor que emite la Tierra. Este fenómeno perjudicial comenzó primero con el uso intenso del carbón y luego con el de los hidrocarburos, proceso continuo y agravado ininterrumpidamente desde la llamada ‘segunda revolución industrial’ (última mitad del siglo XIX), proceso al que en el reciente medio siglo se agregaron los gases emitidos por la industria moderna. Entre los primeros se encuentra el dióxido de carbono (CO2), y entre los segundos los clorofuorocarbonos (CFCs), empleados estos últimos como refrigerantes, solventes, etc., aunque hay otros gases que completan este espectro nocivo. Las consecuencias ya han sido comprobadas. Se estima un aumento de la temperatura global de 0,3º C por década: en el período 1950-1990[4]ese aumento ha sido de 1ºC, de manera que en el año 2030, crecerá aún un grado más. Por otra parte, el efecto invernadero ha sido comprobado en nuestro país en la modificación de las isohietas (en combinación con la corriente de ‘El Niño’), cuyos valores promedio se están desplazando hacia el sudoeste desde nuestro extremo nordeste. Eso significa que en la Provincia de Misiones caen por año 500 mm más que los registros de hace varias décadas, y así sucesivamente hasta la pampa húmeda y semihúmeda, pero no con regularidad, alternándose con temporadas de sequía. Estas consecuencias alterarán las actividades humanas, sobre todo la agricultura y la ganadería, influirán sobre la flora y la fauna, modificarán las aptitudes de los suelos. Para el año 2030 se aguarda un aumento de 20 cm en el nivel de los océanos (6 cm por década) y de 60 cm para el año 2100, debido al derretimiento de los hielos subpolares, es decir, de los que están rodeando las zonas polares, por el derretimiento de los glaciares continentales (incluído nuestro hielo continental patagónico que ya está retrocediendo claramente), y debido al aumento térmico de las aguas marítimas. Quedarán lesionados los litorales marítimos más bajos. En nuestro país quedará comprometida la desembocadura del Río de la Plata, de sus afluentes y de su costa argentina, así como correrán serios riesgos los Estados de escasa elevación como Holanda y Bangladesh. También se elevarán las napas subterráneas donde aumenten las precipitaciones, con su posible contaminación. Este proceso está acompañado por los efectos perturbadores de los cambios en la corriente de ‘El Niño’, en el Pacífico, cuyos efectos anormales se comprobaron en 1982-84; y también por el adelgazamiento de la capa de ozono (O3), que absorbe la radiación ultravioleta del sol y que, al disminuir su protección (probablemente debido a los CFCs), puede causar perjuicios solares a la salud humana en particular. El llamado ‘agujero’ de ozono es un fenómeno primaveral en el hemisferio austral y llega ya a desproteger el extremo sur de Sudamérica y la Antártida, durante esos meses. Esta destrucción del ozono se origina en las regiones industriales del hemisferio norte, cuyos gases de verano (julio-agosto) circulan hacia el hemisferio sud llegando en setiembre y octubre. En suma, la humanidad se encontrará con condiciones geográficas cada vez más diferentes y perjudiciales. Recordemos que entre las dos cumbres político-ecológicas de 1992 (Río) y de 1997 (ONU), las condiciones han seguido un ritmo lento y sostenido de empeoramiento, tanto en los fenómenos que se acaban de mencionar apretadamente, como en la contaminación de las tierras, de las aguas y de la atmósfera. Los efectos podrían alterar los recursos vitales para la subsistencia, tema que se estudia en los gabinetes, en los laboratorios y en escenarios naturales. En conjunto, el siglo XXI recibirá una pesada herencia de éste que está finalizando: agresividad, instrumentos peligrosos y difundidos, mundo interconectado (’uno’), factores de poder multiplicados, humanidad en aumento numérico, deterioro geográfico, datos tomados de una realidad comprobada. Los nubarrones que tendrá el siglo XXI no parecen muy favorables. La globalización gracias a la revolución científico-tecnológica, no queda limitada a este progreso electrónico, cibernético y robótico. No es prudente confiar en un solo lado del espectro, donde aparecen las maravillosas imágenes del hombre en la Luna o los servicios de Internet. El espectro se enriquece con los temas que hemos desarrollado brevemente, y que no pueden ser relegados a un plano secundario. III - CUADRO DE ALTERNATIVAS MUNDIALES. Así como hemos indicado en el capítulo anterior la gama de tres futuros, a continuación los consideraremos según otros contenidos: con los que más pueden interesar desde el punto de vista geopolítico[5]: 1. Siglo XXI en convivencia política: alternativa ‘multipolar’. Se trataría de la humanidad presidida por un consorcio de poderosos conformando una sociedad entre las grandes potencias y las ONG más importantes. Este sistema de poder sería de relativa duración por la inestabilidad propia de todo conjunto, cuyas grandes capacidades y objetivos individuales tenderán a dividirlo, formando grupos rivales que pugnarían por el predominio, sin llegar a la belicidad generalizada. Los temas principales se negociarían. Se supone aquí que las guerras serían sólo locales entre países de segundo y tercer nivel, sin gravitar sobre intereses sensibles, es decir, guerras controlables. Las soberanías políticas estarían muy limitadas. Todos los Estados dependerían de otros Estados, de manera que las políticas autónomas serían vulnerables. Se permitirían asociaciones regionales en tanto beneficien a esta globalidad. Los excedentes humanos serían dirigidos hacia las regiones marginales de la multipolaridad: América del Sud, Africa y Australia. Los daños ecológicos serían mermados con rigurosos controles, penalidades y restauraciones, particularmente en las regiones declaradas vitales para el sistema. 2. Siglo XXI catastrófico: alternativa ‘sobrevivencia’. Suponemos en esta alternativa que el derrumbe del sistema mundial podría ocurrir por dos causas centrales y una combinación entre ellas: 2.a. Grandes calamidades naturales: vulcanismo, terremotos, hundimiento continental, penetración del mar, fenómenos que abatirían a algunas de las principales potencias, dejando a las demás en condiciones vulnerables. Quedarían neutralizados los grandes poderes y desarticuladas las ONG. Crecería la demanda de los artículos vitales para la vida por las pérdidas y daños en las regiones de gran producción, y por las perturbaciones en el tráfico ultramarino. Las migraciones humanas quedarían disminuidas debido a las interrupciones y dificultades de la navegación marítima. Posiblemente quedarían limitadas, inicialmente, a desplazamientos regionales sin cruzar los océanos, y tal vez crecerían tiempo después. Tendrían graves problemas los países que dependen del comercio exterior para subsistir. Por lo menos inicialmente, quedarían restringidos los auxilios y apoyos para restaurar los daños en los países asolados por las catástrofes naturales. 2.b. Gran calamidad bélica: empleo de armas de gran poder entre las mayores potencias. La iniciación estaría motivada por un accidente, o bien por una acción bélica muy importante ocurrida en una región altamente sensible para el equilibrio del sistema mundial de grandes potencias. Posiblemente, los mayores daños se producirían en el hemisferio norte, con zonas completamente devastadas, pero las consecuencias ecológicas se trasladarían, tal vez menguadas, hacia el hemisferio austral. La navegación marítima quedaría interrumpida: se produciría un aislamiento internacional, con hambrunas y convulsiones sociales, y también el derrumbe del sistema económico-financiero internacional. 2.c. Combinación de catástrofes: se trataría de una o más grandes potencias neutralizadas por calamidades telúricas, que serían a continuación destruídas con armas de gran poder por las demás. El curso sucesivo sería semejante al de 2.b. 3. Siglo XXI inestable: alternativa ‘dispersión’. La característica central residiría en la desunión entre las grandes potencias. Sus disidencias serían difícilmente negociables, pero no llegarían a desatar una gran guerra. Cada una de ellas conservaría aliados y satélites. Los conflictos internacionales serían difícilmente negociables y muchos de ellos subsistirían sin solución, sirviendo para mantener los recelos y rivalidades. Esta alternativa tendría la posibilidad de evolucionar hacia un sistema bipolar o tripolar, por similitud al de la guerra fría. El sistema económico-financiero internacional sería inestable. Las dependencias estarían limitadas y condicionadas regionalmente, según la compartimentación de las áreas de influencia. Los daños ecológicos de dimensión planetaria seguirían su avance perjudicial. Las migraciones humanas también serían restringidas según esa compartimentación. Las áreas de influencia serían inestables: algunos Estados satélites podrían ‘cambiar de bando’, y otros podrían ser convertidos en ‘campo de batalla’ entre varias ‘influencias’. El terrorismo y en general la agresividad, serían constantes. Las ONG tenderían a regionalizarse, limitando sus despliegues y actividades mundiales. En conclusión, si bien estas tres alternativas mundiales son esquemáticas, admiten variables y combinaciones, pero así como fueron expuestas sirven para pensar especulativamente en la adopción de medidas preventivas. No es posible establecer cuál de ellas será la más probable. La humanidad está atravesando un período de transición, incierto, inestable, que no permite aplicar un criterio de ‘probabilidad’. Por ello, la atención debe concentrarse hacia aquellas alternativas que provocarían las mayores dificultades. ver Segunda Parte: http://federalismoydescentralizacion.blogspot.com/2008/07/bases-para-una-geopolitica-argentina.html

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La Nueva Provincia (1)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/29/2008

LA NUEVA PROVINCIA UNA VEZ MÁS... LAS DIAGONALES CONSPIRADORAS Por Carlos A. Guardiola Investigación periodística: Lic. María Cristina Garbiero El Dr. Carlos Pellegrini, fue presidente de la Nación y senador. El general José Inocencio Arias fue un brillante militar y gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tuvieron algunas cosas en común: fueron contemporáneos; pensaron en Bahía Blanca como capital de un nuevo estado federal; y murieron sin poder terminar sus respectivos mandatos. ¿Casualidad apropiada? ¿Fatalismo? ¿Conjuras? ¿Qué hizo fracasar este nuevo proyecto? Desentrañamos una historia desconocida e imperdible... CAPÍTULO: GENERAL JOSÉ INOCENCIO ARIAS Un mensaje presidencial, una nueva esperanza Cuando en 1912 el Dr. Roque Sáenz Peña asumió la presidencia de la Nación y dirigió su palabra para la apertura del período parlamentario surgieron, de sus conceptos, la posibilidad cierta que Bahía Blanca, nuevamente, tuviera otra oportunidad para convertirse en la capital de un nuevo estado provincial. Parecía como que los fracasos de anteriores proyectos en esa dirección, como el del fundador de "La Nueva Provincia", Enrique Julio, y el del senador nacional y ex presidente, Dr. Carlos Pellegrini, no hubieran logrado generar sedimentos lo suficientemente desalentadores como para ahuyentar las esperanzas en tal sentido. El renacimiento de las viejas esperanzas bahienses encontró punto de apoyo en un párrafo muy especial del mensaje del presidente a las cámaras. Es que Sáenz Peña tenía intenciones de realizar una importante obra pública en el partido de Avellanada y, en tal sentido, propiciaba la federalización de ese distrito. Y lo fundamentó aseverando que la incorporación de aquella ciudad al distrito federal se había vuelto impostergable por razones de orden político, económico, de higiene y de seguridad. En esa dirección ya había tenido conversaciones con el gobernador provincial, a la sazón el general José Inocencio Arias, las que explicó habían sido acogidas "con marcada simpatía lo que me permite esperar que la legislatura provincial prestará su consentimiento". Las obras proyectadas permitirían el formal saneamiento del Riachuelo, ¡ya en aquéllas épocas motivo de preocupación!! Como no podía ser de otra manera el diario "La Nueva Provincia", inmediatamente, se lanzó investigar las proyecciones del pensamiento presidencial, deduciendo que "la parte del mensaje referente a la federalización de Avellaneda" tenía una importancia trascendental para reflotar la idea de Bahía Blanca como cabeza de un nuevo estado federal. Las primeras conclusiones del diario, y sondeos con legisladores nacionales del partido de Roque Sáenz Peña que Enrique Julio tenía muy aceitadas, le permitieron inferir que el proyecto federalizaría un radio de 50 kilómetros que rodearía totalmente la capital del país. Por el norte llegaría hasta el Tigre, por el oeste hasta Luján y por el sur (y he aquí lo más importante), hasta La Plata incluyéndola. Queda claro que, de prosperar el proyecto, la provincia de Buenos Aires perdería a su capital lo que otorgaba serias chances a la ciudad de Bahía Blanca de serlo de la Buenos Aires "residual". Enrique Julio pudo averiguar que, en compensación de esta federalización, el gobierno nacional se haría cargo de la deuda externa de la provincia que, en aquellos años, ascendía a 300 millones de pesos. Más aún: entraría también la cesión, a la provincia de Buenos Aires, de una parte de los territorios nacionales de La Pampa (proyecto Pellegrini) y de Río Negro (proyecto Enrique Julio). La ciudad elegida por Roque Sáenz Peña, como nueva capital provincial, sería Bahía Blanca y "la ciudad de las diagonales", La Plata, pasaría a convertirse en residencia del presidente de la Nación y sede de los ministerios federales. A través de sus fluidos contactos con los poderes nacionales, el dueño del diario "La Nueva Provincia" pudo saber que la idea tuvo su origen en una visita que el presidente Roque Sáenz Peña había realizado a La Plata, habiendo manifestado que ésa era la ciudad ideal para convertirla en sede del gobierno nacional a fin que los gobernantes pudieran desarrollar su gestión sin las agitaciones y presiones propias de las grandes urbes. Pudo saber Enrique Julio que, luego que el primer magistrado diera lectura a su mensaje, dos legisladores bonaerenses: Santiago Luro y Horacio Varela, sorprendidos ante el posible desmembramiento de Avellaneda, se acercaron al presidente para indagarlo al respecto. Este les ratificó que ya había hablado con el gobernador Arias lo que motivó una urgente reunión de los legisladores con el mandatario provincial. Y Arias les manifestó estar de acuerdo con el proyecto por "interpretar conveniencias generales y porque dejaba paso a los intereses superiores de la Nación". Lo cierto es que la estructura general del proyecto fue anunciada el 11 de junio de 1912 por el gobernador Arias en una conferencia de prensa. En síntesis el proyecto proponía: ÖLa provincia de Buenos Aires entregaría a la Nación una zona de 50 kilómetros, hacia todos los rumbos del límite actual, comprendiendo los partidos de Vicente López, San Isidro, San Fernando, San Martín, General Rodríguez, Moreno, Morón, Ramos Mejía, Avellaneda, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Quilmes y partes de San Vicente, Luján, Pilar, Brandsen y La Plata (ver mapa 1). Mapa 1: implicaba, nada menos, que la provincia se desembarazara de esa malformación geopolítica que, con los años, sería denominada "conurbano" y que quedaba anexada a la ciudad de Buenos Aires - Circunvalaría esa extensa zona un canal navegable que oficiaría de gran cinturón de la Capital Federal. - La Plata sería federalizada y pasaría a convertirse en la nueva capital del país, asiento de las autoridades nacionales y los ministerios. - La nueva cabecera del estado bonaerense sería Bahía Blanca "irreemplazable por sus condiciones de gran ciudad marítima". - La Nación se haría cargo de una explosiva deuda provincial de 300 millones de pesos y cedería territorios nacionales de La Pampa y Río Negro, a determinar, que permitiría el "ensanche" de la provincia (ver mapa 2). Mapa 2: el proyecto generaba la anexión a la nueva provincia de territorios, no determinados, de La Pampa y Río negro en canje por los 23 distritos que se anexaban a la capital del país Ese señor llamado Arias La primera pregunta a formularse es desde cuándo y por qué este gobernador, casi a contramano con la política asumida por sus antecesores en el cargo, adoptó una actitud tan positiva con respecto al traslado de la capital provincial a Bahía Blanca. Las primeras conjeturas, en tal sentido, pueden encontrarse en declaraciones que el propio general Arias hizo al diario "La Prensa" de Capital Federal. Allí deslizó que, en una visita realizada, la ciudad sureña lo había impactado. También influyó en su ánimo un libro escrito por el Dr. Adolfo Posada, catedrático de la Universidad de Madrid, titulado "La República Argentina", que ensalza a Bahía Blanca comparándola con la emblemática ciudad inglesa de Liverpool que, muchos años después, sería cuna de los revolucionarios Beatles. Posada avanzó mucho más en su análisis y subrayó las siguientes ventajas: a) La distancia que la separaba de la Capital Federal era una sólida garantía para evitar el asedio del poderío económico de esa metrópoli. b) Era el asiento natural de la corriente inmigratoria no asimilada por la capital nacional. c) Su explosión demográfica: 23.194 habitantes en 1900 y que, ya para 1909, superaba los 69.000. d) Su economía creciente. La recaudación de 1900 fue de $ 173.630 y, nueve años después, ascendía a $ 825.703 con finanzas saneadas. e) Sus colegios, instituciones y el grado de intelectualidad de sus habitantes. Pero sin duda lo que el mandatario provincial se cuidó de comentar fue que la deuda externa provincial, acumulada, era de tal magnitud que los 300 millones de pesos aliviarían no sólo las arcas de su gobierno sino de los siguientes que lo sucedieran. Las reacciones La gran mayoría de los legisladores nacionales bonaerenses, que habían asistido a la conferencia de prensa de Arias, no sólo se retiraron de la misma de manera destemplada, sino que no concurrieron tampoco al banquete que el gobernador ofreció a continuación de la misma. Algo olía mal y la agitación provocada por el anuncio no tardó en expandirse. Al igual que lo ocurrido con el proyecto del Dr. Carlos Pellegrini, el desmembramiento territorial fue la bandera izada por los detractores. Bahía Blanca: hora clave Enterados de la buena nueva los bahienses iniciaron una decidida acción cívica tendiente a cristalizar sus viejos anhelos. El 13 de junio de 1912 se llevó a cabo, en el palacio municipal, una asamblea que resolvió la formación de un comité popular "Pro Capitalización" que fue presidida por el Dr. Gregorio Ugarte y secundado, en diferentes cargos, por personalidades de la talla de Norman Geddes, Emilio Duprat, Enrique Julio, el Dr. Valentín Vergara, Rufino Rojas, Ramón Olaciregui, Narciso Mallea, el Dr. Leónidas Lucero, Tomás López Cabanillas y Jorge Moore, entre otros. Naturalmente sus integrantes pertenecían a las esferas más representativas de la ciudad en el ámbito político, económico y social. Estos notables desplegaron una batería de acciones que no reparó ni tiempo ni inversión económica. Así mantuvieron fluido contacto con el presidente de la Nación y con el gobernador Arias; buscaron adhesión en distritos vecinos; panfletearon; utilizaron la prensa; realizaron asambleas regionales constituyendo otros comités de campaña. Sin duda conmovieron a la opinión pública y Coronel Pringles, Benito Juárez, Tres Arroyos, Coronel Dorrego y Coronel Suárez se sumaron rápidamente a la nueva cruzada. Los Maquiavelos platenses El "blitzkrieg" para defenestrar el proyecto, cuando no, tuvo su impronta en la legislatura provincial integrada, mayoritariamente y tal como ocurre en la actualidad, por legisladores del centro y norte bonaerense. Se indignaron y rasgaron sus vestiduras (a la usanza romana) por la pérdida territorial que significaría la "evaporación" de los 23 distritos que serían federalizados si el proyecto culminaba con éxito. La ingeniería para hacerlo fracasar tampoco reparó ni en formas ni en medios: minutas de interpelación al ejecutivo provincial; encendidos discursos parlamentarios; visitas cotidianas a diarios y revistas de la época; movilización de los barrios periféricos de La Plata (algo así como los piqueteros de aquella época) mitines y panfleteadas fueron algunos de los recursos utilizados. Era claro que, a medida que pasaban los días, en el congreso provincial se iba generalizando la sensación que lo de Roque Sáenz Peña y Arias "no correría". El gobernador, que además de militar tenía olfato político, entendió que lo prudente era guardar silencio y retirarse de la escena sabiendo que "soldado que huye, sirve para otra guerra". Para septiembre de 1912 el proyecto estaba en "vía muerta" aunque aún le faltaba el "disparo a la nuca" para terminar de rematarlo. Y esa "bala" llegó desde La Plata, "la ciudad inventada", con noticias poco alentadoras sobre su salud. El general Arias había abandonado las tareas de gobierno las que delegó en su vicegobernador, el coronel Ezequiel de la Serna. Su enfermedad, que comenzó como una simple gripe, se convirtió más tarde en congestión pulmonar y una complicación renal terminó provocando su deceso el 11 de septiembre de ese año. Trama secreta Una revista de la época, PBT, deslizó en un suelto que su deceso tuvo mucho de conjura e intriga palaciega "y que su desaparición, oportuna, fue funcional a los intereses provinciales que este general no representaba". Para colmo su ama de llaves, que era británica, salió sigilosamente del país una semana después de la muerte del general. La publicación deslizaba, intencionadamente, que buena parte de la onerosa deuda provincial tenía como acreedora mayoritaria a la banca inglesa. Deberá recordarse (ver nuestra nota anterior) que los ingleses dominaban el puerto de Buenos Aires y que los norteamericanos necesitaban, para su expansión geopolítica continental, un puerto en el Atlántico y que, en esa dirección, habían alentado la creación de una nueva provincia, con capital en Bahía Blanca, bajo cuyo ejido operaba el puerto de aguas profundas más importante del país. Sin embargo no querían enemistarse con los británicos lo que los obligaba a manejarse con cautela. Y los ingleses, que sospechaban de las intenciones americanas, fueron permeables al otorgamiento de empréstitos a la provincia (gestionados por legisladores del centro y norte bonaerense) que, al endeudarse, perdió capacidad de manejo y autonomía. Es obvio, entonces, que el proyecto del presidente Roque Sáenz Peña, que incluía el salvataje financiero para las alicaídas arcas provinciales, amenazó con hacer naufragar la estrategia británica de evitar la competencia americana en el Atlántico si es que "los primos" se hacían del puerto de Bahía Blanca. El adiós al general Su muerte fue muy lamentada. De hecho, y en homenaje al hombre que había generado una nueva posibilidad para la ciudad, se le puso años más tarde su nombre a la arteria empedrada que une Bahía Blanca con Ingeniero White. La muerte del general José Inocencio Arias dejó sin realización posible al proyecto. Su secretario, Manuel María Oliver, escribió una carta a Enrique Julio donde le comentaba: "Un día antes de su fallecimiento me expresó: Dígales a los de Bahía Blanca que no cejen en sus proyectos; que si me muero no abandonen la idea ya que la misma contribuirá a la grandeza de la Nación y de la provincia. Pero parece que Dios no quiere. Dejo la semilla en el surco... que otros trabajen y cosechen". Un día más tarde el mentor había muerto. Un comunicado de La Plata terminó de poner la lápida definitiva. Escuetamente decía: "Siendo transitorio el gobierno del coronel de la Serna, cuya principal atención estará puesta en las próximas elecciones a gobernador y renovación legislativa, no podrá ocuparse de la federalización propuesta por el gobernador Arias". ¡Qué distinto hubiera sido el futuro de la "provincia interior" si, casi un siglo atrás, hubiera podido desembarazarse de esa malformación geopolítica denominada "conurbano"!! El tango, con sus letras tristes y melancólicas, suele aportarle al periodista la filosofía de bolsillo necesaria para algún cierre de nota que tenga esa impronta. Un réquiem apropiado si se quiere. Por eso "Desencuentro", de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo pareciera el adecuado. Dice el poeta: "Creíste en la honradez y en la moral... ¡qué estupidez! Por eso, en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir". Bahía Blanca, una vez más, había tenido un "desencuentro" con la historia de grandeza para la que estaba preparada. FUENTE: http://www.lasextaseccion.com.ar/febrero2007/feb_editorial.htm http://federalismoydescentralizacion.blogspot.com/2008/07/blog-post_11.html

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Decreto 1156/87 - Traslado de la Capital Federal
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/5/2008

DECRETO 1156 Ente para la Construcción de la Nueva Capital (ENTECAP) - Creación - Estatuto orgánico. Fecha: 21 de julio 1987 Publicación: B. O. 21/9/87 Art. 1º- Créase en jurisdicción de la Presidencia de la Nación al Ente para la Construcción de la Nueva Capital, empresa del Estado, en adelante ENTECAP, que desarrollará sus actividades con sujeción a las disposiciones de la ley 13.653 – t. o. por dec. 4053/55 y modificada por la ley 15.023, su reglamentación y con ajuste a las previsiones del estatuto orgánico que se aprueba por el presente decreto. Art. 2º- Apruébase el estatuto orgánico, cuyo texto constituye el anexo I de este acto. Art. 3º- Asígnase a ENTECAP la cantidad de australes treinta y seis millones (A 36.000.000), en concepto de de integración parcial del capital autorizado para el funcionamiento de dicha empresa. Art. 4º- Modifícase el presupuesto general de la Administración nacional para 1987 (prórroga del correspondiente a 1986, en función de lo dispuesto por el art. 13 de la ley de contabilidad) de acuerdo con el detalle obrante en las planillas incorporadas como anexo II del presente decreto. Art. 5º- Derógase el dec. 528/86 del 15 de abril de 1986 y su modificatorio 1166/86 del 8 de julio del mismo año. Los funcionarios y adscriptos que desempeñan actualmente en la Comisión Técnica Asesora – Dec. 528/86, pasaran a revisar, con igual carácter, en el ENTECAP, al que se transferirán, asimismo, los bienes patrimoniales, antecedentes y documentación que correspondan al igual que los créditos presupuestarios asignados a aquella. El personal contratado también quedará incorporado con los derechos y obligaciones que emerjan del convenio vigente, a la nueva empresa. Art. 6º- El presidente del ENTECAP integrará la Comisión Nacional para el Proyecto Patagonia y Capital creada por el decreto 527 del 15 de abril de 1986. Art. 7º- Las provincias de Buenos Aires y Río Negro y las municipalidades de Patagones, Viedma y Guardia Mitre, serán invitadas a designar un representante con los fines de constituir un Comité de Coordinación Interjurisdiccional, que será presidido por el presidente de ENTECAP, cuyas funciones serán las de compatibilizar la actividad jurisdiccional que continuarán desarrollando las autoridades locales del área hasta su federalización, con el objeto de instalar la nueva Capital de la República en dicho territorio, facilitando y coordinando la celebración de los convenios que fuere necesarios o conveniente suscribir en el marco de la ley 23.512, para la gradual transferencia de los bienes, servicios y funciones a las autoridades nacionales y para atender a los intereses de los habitantes de dicha área. Art. 8º- Los ministerios, las secretarias de la Presidencia de la Nación, las entidades autárquicas, las empresas y sociedades del Estado, prestarán toda la colaboración que les sea requerida por ENTECAP para el cumplimiento de su objetivo, a cuyo fin cada uno de ellos designará un funcionario con jerarquía no inferior a subsecretario o miembro de directorio o Consejo de Administración, a través del cual se efectuará la coordinación respectiva para proporcionar dicha colaboración. Art. 9º- Exceptúase a ENTECAP de las disposiciones de los decs. 1437/82, 447/84 y sus modificatorios 930/85, 983/85, 2256/85, 2326/85 y cualquier otro de similar naturaleza. Tampoco regirá a su respecto la prohibición establecida en el art. 29 de la ley 22.770 y lo dispuesto en el art. 1ª de la ley 19.241, modificado por el art. 59 de la ley 23.410. Asimismo, no le será de aplicación ninguna norma que con carácter general se establezca para la Administración pública nacional, si expresamente no se refiere a ENTECAP: Art. 10º- Dése cuenta oportunamente al H. Congreso de la Nación. Art. 11º- Comuníquese, etc. – Alfonsín. – Trpóccoli. – Storani. – Sourrouille. – Brodersohn. – Mora. ANEXO I ESTATUTO ORGANICO ENTE PARA LA CONSTRUCCION DE LA NUEVA CAPITAL, EMPRESA DEL ESTADO –ENTECAP- CAPITULO I – Denominación, objeto, domicilio, capacidad y duración Art. 1º- El Ente para la Construcción de la Nueva Capital, empresa del Estado, en adelante ENTECAP, tendrá por objeto el ordenamiento territorial y urbanístico y la construcción de la Nueva Capital de la República, en el área designada al efecto por la ley 23.512, donde estará su domicilio legal, pudiendo establecer una delegación en la Ciudad de Buenos Aires. Art. 2º- ENTECAP actuará con la plena autarquía en su desenvolvimiento funcional, técnico y administrativo, sin otras limitaciones que las establecidas en las disposiciones legales vigentes y en este estatuto. Tendrá la capacidad de las personas jurídicas de derecho privado y le serán aplicables las normas de derecho público en sus relaciones con la Administración. Art. 3º- Una vez instaladas las autoridades nacionales en el Nuevo Distrito Federal y constituidas las autoridades locales emanadas del régimen comunal que se establezca para el mismo, el Poder Ejecutivo transferirá gradualmente a los organismos públicos competentes, según el caso, las funciones acordadas a ENTECAP, así como también los respectivos bienes y recursos asignados a ésta. Al disponerse su liquidación definitiva, el Poder Ejecutivo determinará el destino de sus bienes remanentes. CAPITULO II – Organización, dirección y administración Art. 4º- Serán órganos del ENTECAP, el Consejo de Administración, la Presidencia, la Gerencia General y la Secretaría. Art. 5º- El Consejo de Administración estará integrado por un presidente, un vicepresidente y siete vocales, uno de los cuales será el presidente de la Comisión Nacional para el Proyecto Patagonia y Capital -Dec. 527/86- y los siete restantes serán designados y remplazados por el Poder Ejecutivo, uno de ellos a propuesta del Ministerio de Obras y Servicios Públicos; siendo incompatible el desempeño de alguno de estos cargos con el de actividades vinculadas con la industria de la construcción o prestación de servicios públicos, sin perjuicio de las incompatibilidades que rigen para la Administración pública nacional. Art. 6º- Los integrantes del Consejo de Administración constituirán un cuerpo interdisciplinario y deberán poseer, en sus dos terceras partes, titulo profesional o antecedentes vinculados con el objeto mencionado en el art. 1º de este estatuto. Art. 7º- El Consejo de Administración se reunirá en sesión ordinaria dos veces por mes como mínimo, sin perjuicio de las reuniones extraordinarias a que pueda convocar el presidente por sí o a pedido de otros miembros. El quórum se formará con la presencia de, por lo menos, cinco de sus integrantes y sus decisiones se adoptarán por simple mayoría, teniendo el presidente doble voto en caso de empate. Art. 8º- Los vocales del Consejo de Administración informarán a éste sobre los asuntos relativos a sectores de ENTECAP que requieran su decisión, según la distribución de tareas que se hiciere. Todos los miembros del Consejo de Administración serán personal y solidariamente responsables por los actos emanados del mismo, salvo expresa constancia en actas de su voto en dicidencia. Art. 9º- De las reuniones que realice el Consejo de Administración se labrará un acta que deberá ser suscripta por todos los miembros asistentes. Art. 10º- Son deberes y atribuciones del Consejo de Administración: a) Elaborar el plan general urbanístico de área a federalizar y someterlo a aprobación del Poder ejecutivo; b) Planificar las acciones que se requieran para la construcción de la nueva Capital de la República y para el traslado de los organismos y reparticiones públicas nacionales; c) Aprobar y disponer la ejecución de los programas y proyectos previstos o resultantes del plan general urbanístico, relativos a los espacios circulatorios, verdes, de reserva y de esparcimiento, de edificios públicos, viviendas y demás construcciones necesarias para el asentamiento de los nuevos pobladores y el desenvolvimiento de actividades productivas y sociales; d) Realizar convenios con organismos y reparticiones públicas nacionales, provinciales u municipales y con entidades privadas o particulares, a fines del cumplimiento del objeto de ENTECAP; e) Promover la participación del sector privado en la elaboración de los proyectos a través de concursos públicos, así como también para la ejecución de las obras y trabajos que deban efectuarse en el área; f) Administrar de sus bienes y fondos propios, adquirir, permutar, gravar, dar y tomar en locación o comodato bienes muebles o inmuebles, como asimismo constituir derecho de anticresis sobre bienes de su propiedad o de los que sea poseedor o usufructuario; constituir o participar en sociedades y en genera, ejercer derechos y contraer toda clase de obligaciones; g) Otorgar concesiones y permisos de uso respecto a bienes del dominio público nacional situados en el área; h) Proponer al Poder Ejecutivo la expropiación inmediata o diferida o la ocupación temporánea de bienes comprendidos en la declaración de utilidad pública de la ley 23.512 y disponer la promoción de las respectivas acciones judiciales y extrajudiciales; i) Proyectar las normas generales urbanísticas, constructivas y de preservación ambiental que regirán en el área, y someterlas a la aprobación del Poder Ejecutivo; j) Aplicar las normas que se aprueben conforme, al inciso precedente; k) Aceptar legados y donaciones con o sin cargo; l) Aprobar la estructura orgánico-funcional del ENTECAP y los reglamentos internos de administración contable y patrimonial, de tasaciones, de personal y de actuación en general y someter a la aprobación de Poder Ejecutivo nacional el régimen de contrataciones; ll) Nombrar, contratar, trasladar y remover al personal; m) Designar, a propuesta del presidente al gerente general y al secretario; n) Promover y concertar con instituciones de crédito da la Nación, Provincias, municipios o privadas, toda clase de operaciones financieras; ñ) Gestionar y concretar préstamos ante instituciones financieras extranjeras o internacionales, con intervención de organismos públicos nacionales que correspondan de acuerdo a las normas legales y reglamentarias que resulten de aplicación en la materia y del Ministerio de Economía, el que podrá extenderle las garantías o avales que se requieran; o) Nombrar apoderados generales o especiales y revocar los poderes conferidos. Promover y contestar toda clase de acciones judiciales y administrativas, prorrogar jurisdicciones, transar y aceptar advenimientos; p) Aprobar el plan de acción, presupuesto anual, plan financiero, memoria y balance general y cuentas de ganancias y pérdidas, sometiéndolos a la aprobación del Poder Ejecutivo; q) Delegar en el presidente, en uno o varios de los miembros del Consejo de Administración o en el gerente general, las facultades que estime conveniente a los fines del más adecuado desenvolvimiento de las actividades de ENTECAP. Art. 11º- Son deberes y atribuciones de la presidencia: a) Ejercer la representación legal de ENTECAP, la que podrá delegar para casos especiales en miembros del Consejo de Administración; b) Convocar y presidir las reuniones del Consejo de Administración y preparar el orden del día a tratarse en las mismas; c) Ejercer las facultades disciplinarias sobre el personal y proponer al Consejo de Administración su remoción o rescisión de contratos de locación de servicios; d) Someter a la aprobación del Consejo de Administración los programas, proyectos, normas y demás documentos previstos en los incs. c), i), l) y p) del art. 10 del estatuto; e) Proponer al Consejo de Administración la designación del gerente general y del secretario; f) Contratar en términos del art. 17 de este estatuto y con ajuste al régimen de contrataciones que apruebe el Poder Ejecutivo nacional; g) Delegar en el gerente general o en el secretario las funciones ejecutivas y/o administrativas que estimare conveniente; h) Ejercer las funciones que le hubiese delegado el Consejo de Administración y aquellas reservadas a éste cuando razones de urgencia o necesidad perentoria hagan impracticable la citación del mismo, debiendo darle cuenta de lo actuado en la primera reunión que celebre. Art. 12º- El vicepresidente reemplazará temporalmente al presidente con todas sus atribuciones, en caso de ausencia o impedimento o licencia de éste. Anualmente el Consejo de Administración establecerá el orden de prelación en que los vocales actuarán en substitución del vicepresidente. Art. 13º- La administración ejecutiva del ENTECAP estará a cargo de un gerente general que dependerá jerárquicamente de la presidencia y ante la cual será responsable de todos los actos que realice en ejercicio de sus funciones. Art. 14º- Corresponde a la gerencia general, realizar todos los actos de gestión técnica y operativa necesarios al cumplimiento del objeto del ENTECAP, y, en particular: a) Disponer la ejecución de las obras y trabajos aprobados; b) Verificar el cumplimiento de las obligaciones de los contratistas que tengan a su cargo la elaboración de los proyectos, construcciones de obras, realización de trabajos y prestación de los servicios contratados por ENTECAP; c) Coordinar funcionalmente las actividades de las unidades orgánicas que le estén subordinadas; d) Realizar los estudios necesarios para la preparación de los programas, proyectos y normas a que se refieran los incs. c) e i) del art. 10 de este estatuto y elevarlos a la coordinación de la presidencia; e) Elaborar los documentos mencionados en los incs. i) y p) del art. 10 de este estatuto y elevarlos a la consideración de la presidencia; f) Ejercer la supervición general de la marcha de ENTECAP y del cumplimiento de sus objetivos; g) Contratar en los términos del art. 17 de este estatuto y con ajuste al régimen de contrataciones que apruebe el Poder Ejecutivo nacional; h) Proponer a la presidencia la adopción de medidas contempladas en el inc. c) del art. 11 del estatuto, respecto al personal de su dependencia; i) Participar en las reuniones del Consejo de Administración, con voz pero sin voto; j) Ejercer las funciones que le hubiesen delegado el Consejo de Administración o la presidencia; Art. 15º- La atención de los asuntos administrativos del Consejo de Administración y la presidencia estará a cargo de un secretario que dependerá jerárquicamente de la presidencia y ante la cual será responsable de todos los actos que realice en ejercicio de sus funciones. Art. 16º- Corresponde a la secretaria: a) Coordinar el trámite de actuación de los asuntos que deben ser sometidos a la consideración del Consejo de Administración de la presidencia; b) Cumplir y hacer cumplir las resoluciones dictadas por el Consejo de Administración y la presidencia. c) Reunir toda la documentación que resulte necesaria para la consideración de los asuntos a tratarse por parte del Consejo de Administración y de la presidencia y vigilar la celeridad de los trámites respectivos; d) Preparar las actas correspondientes a las reuniones que celebre el Consejo de Administración; e) Llevar un índice de las resoluciones y disposiciones emanadas del Consejo de Administración y de la presidencia; f) Suscribir las comunicaciones e informes necesarios para el desenvolvimiento administrativo, con excepción de aquellos que correspondan a la firma del presidente por razones de jerarquía o del gerente general por razones operativas; g) Proponer a la presidencia la adopción de las medidas contempladas en el inc. c) del art. 11 de este estatuto, con respecto al personal de su dependencia; h) Ejercer las funciones que le fueran delegadas por el Consejo de Administración o por la presidencia. CAPITULO III – Régimen de contrataciones Art. 17º- ENTECAP efectuará sus operaciones de compra-venta de locación de cosas, obras o servicios de toda clase de contrataciones, conforme a los principios de básicos de publicidad en todas sus etapas, oposición o concurrencia o igualdad de trato a los oferentes, con las excepciones que establezca la reglamentación interna que aprueba el Poder Ejecutivo nacional, conforme a lo previsto en el inc. 1) del art. 10 de este estatuto. CAPITULO IV – Capital, patrimonio y recursos Art. 18º- Fíjase como capital de ENTECAP la suma de novecientos millones de australes (A 900.000.000) Art. 19º- El patrimonio de ENTECAP estará constituido por los siguientes bienes: a) Los que adquiera por compra, permuta, cesión, donación, legado o expropiación; b) Las edificaciones y demás obras propias que construya para el cumplimiento de su objeto; c) Los activos en sociedades en los que forma parte. Art. 20º- Serán recursos de ENTECAP: a) Los aportes del Tesoro Nacional que le fueren asignados anualmente en la ley del Presupuesto General de la Administración nacional; b) El producido de la venta o locación de bienes de su propiedad; c) El importe de los créditos que obtenga en el país o en el extranjero; d) El importe de las contribuciones, comisiones, intereses, cánones, multas y remuneraciones especiales que establezca por los trabajos que realice o servicio que preste; e) El producto de los impuestos creados o a crearse que se le asigne. CAPITULO V – Régimen financiero Art. 21º- El ejercicio económico-financiero de ENTECAP comienza el primero de octubre y termina el treinta de septiembre de cada año a cuya fecha se confeccionará la memoria y se practicará el balance general y cuadro demostrativo de ganancias y perdidas. Art. 22º- Anualmente el ENTECAP elevará al Poder Ejecutivo nacional el plan de acción y presupuesto y el plan financiero con una antelación no menor de sesenta días al inicio del ejercicio de su aplicación. Si al iniciarse este no hubieren sido aprobados, ENTECAP dispondrá de los créditos autorizados, rigiendo temporalmente los que estuvieren en vigor en el pasado ejercicio, por aplicación de las previsiones contenidas en el artículo 4º de la ley 13.653 (t. o. por dec. 4053/55) modificado por art. 1º de su similar 15.023, hasta que el Poder Ejecutivo nacional apruebe los instrumentos definitivos, en las condiciones del art. 31 de la ley 23.110, incorporado a la ley 11.672 (complementaria del presupuesto). Art. 23º- Dentro de los cuatro meses posteriores a la finalización de cada ejercicio, ENTECAP someterá a dictamen de la sindicatura General de Empresas Públicas, los estados contables mencionados en el inc. p) del art. 10 de este estatuto y la propuesta de distribución de utilidades; todo lo cual será elevado por ésta a la consideración del Poder Ejecutivo nacional. CAPITULO VI – Consejo Consultivo Honorario Art. 24º- ENTECAP contará con el asesoramiento de un Consejo Consultivo Honorario integrado por personas o representantes de partidos políticos, entidades vecinales, profesionales, gremiales, empresariales y demás vinculadas con los problemas de ordenamiento territorial urbanístico y ambiental, de conformidad con la reglamentación que dicte el Consejo de Administración. NOTA: Este decreto se publicó sin el anexo II en el Boletín Oficial. http://trasladodelacapital.blogspot.com/2007/10/decreto-115687.html

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Ley 19.610 - Traslado de la Capital Federal
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/5/2008

LEY 19.610 Capital de la República - Traslado - Realización de Estudios Sanción y promulgación: 3 de mayo de 1972 Publicación: B. O. 11/5/72 Considerando: Que con miras a realizar una armónica integración nacional y superar una de las causas que conspira contra el mejor desenvolvimiento espiritual, económico y cultural de la Nación, se debe determinar la factibilidad del traslado de la capital de la República al interior. Que no resulta necesario recurrir a las razones que antaño fundamentaron las distintas propuestas de traslado de la Capital de la República, pues en el sentir del país -que es el de su pueblo todo- existe conciencia de la necesidad de superar ese marcado desequilibrio y coadyuvar al crecimiento integral de la Nación, al fin de lograr el deseado desarrollo armónico de sus distintas regiones geográficas. Que no puede ni debe ocultarse que la hoy Capital Federal constituye desde hace siglos, la parte principal en el complejo comercial del país y que el proceso de desconcentración recibirá, sin duda, un impulso significativo si la autoridad nacional se proyecta en y hacia el resto del país. Que la materialización del traslado independizará al Gobierno Nacional, de las gravitantes influencias insertas en el marco de la gran ciudad. Que la creación de una nueva sede política para el poder central hará concluir, asimismo, una estéril disputa que ha encontrado en la cuestión capital un motivo de explicación a la continua y cada vez mayor postergación del interior. Que este cambio rectamente entendido, servirá para romper un círculo vicioso que inmoviliza las grandes energías nacionales y, por encima de toda otra consideración, la nueva capital, constituirá la suma y síntesis de las parcialidades que componen la sociedad argentina, marcando el ocaso definitivo de la desunción y del empobrecimiento de la mayoría de un todo inescindible y comunicará nueva vitalidad al ser nacional. Que, desde esta perspectiva, su concreción se constituye, en si misma, en una estimulante empresa de fe, unión y porvenir. Por todo ello, en uso de las atribuciones conferidas por el art. 5º del Estatuto de la Revolución Argentina, el Presidente de la Nación, en Acuerdo General de ministros, sanciona y promulga con fuerza de ley: Art. 1º_ Declárase la necesidad de determinar la conveniencia, oportunidad y factibilidad de trasladar la capital de la República a otro lugar del territorio nacional. Art. 2º_ El Poder Ejecutivo nombrará una comisión nacional para estudiar la cuestión en todos sus aspectos, la que deberá producir dictamen antes del 31 de diciembre próximo. Art. 3º_ La presente ley será refrendada por los señores ministros en Acuerdo General. Art. 4º_ Comuníquese, etc. FUENTE: http://trasladodelacapital.blogspot.com/2007/10/ley-19610.html

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Bases para una Geopolitica Argentina ( 2 )
Bases para una Geopolitica Argentina ( 2 )
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/5/2008

BASES PARA UNA GEOPOLITICA ARGENTINA Segunda Parte Coronel (R) Hugo Gastón Sarno IV - EL SIGLO XXI PARA LA ARGENTINA. 1. Introducción. Nuestra finalidad se reduce a establecer una aproximación hacia un proyecto geopolítico para la Argentina del próximo siglo, que debe permitirle encarar cualesquiera de las alternativas precedentes. Sin embargo, no podría llegarse a un proyecto geopolítico sin contar previamente con las bases proporcionadas por un proyecto político nacional. 2. Proyecto nacional supuesto (en lo que interesa exclusivamente para este trabajo). La Argentina atravesará el próximo siglo como Estado nacional, manteniendo una aceptable capacidad de maniobra política, preservando los valores que corresponden a la dignidad de sus habitantes según el Preámbulo constitucional, y resguardando sus patrimonios. Para lograrlo, se tratará de satisfacer los siguientes requisitos: 2.a. La Argentina deberá evitar el aislamiento político, porque si fuere un Estado solitario, aumentaría su debilidad para encarar los fenómenos globales del siglo XXI. Para ello, será aconsejable establecer entendimientos políticos con los países sudamericanos, en principio con los integrantes del Mercosur, y otros, con el propósito de establecer relaciones de apoyo recíproco ante los hechos mundiales que más pudieren perjudicarlos. Esta condición requiere previamente ese entendimiento y apoyo en temas variados donde exista un interés común. Para ello, los conflictos existentes entre ellos no deben interferir en esa condición y, pro eso, serán sometidos a derecho o, en última instancia, postergarlos. 2.b. Las características del próximo siglo deben difundirse para formar una conciencia en la Argentina y en los Estados sudamericanos. Este requisito será la base cultural indispensable para lograr posteriormente el entendimiento y apoyo de conjunto. 2.c. La Argentina debe disminuir sus vulnerabilidades exteriores, donde la globalización podría actuar para coartarla perjudicialmente en su proyecto nacional. 2.d. La Argentina debe disminuir sus debilidades interiores: necesitará mantener la “unidad nacional” constitucional, sostener el correcto desenvolvimiento de sus instituciones, mejorar el sistema de vida de su población, y organizar la seguridad de lo que fuere sensible para al futuro nacional. 2.e. Mejorar y aumentar la producción argentina de los bienes que resultarán de gran demanda durante el próximo siglo. 3. Proyecto geopolítico nacional. 3.a. Situación actual de partida (sintetizada) 3.a.1. Situación urbana: el crecimiento de las ciudades argentinas demuestra un intenso éxodo de población desde las zonas rurales y desde los pequeños poblados, hacia las ciudades y metrópolis. Este fenómeno ocurre tanto con la población argentina, como con la que procede de la inmigración, y se comprueba en la afluencia hacia el Gran Buenos Aires como en cada Provincia respecto a su capital. En este tema, influyen tanto las riquezas naturales como la ocupación histórica de nuestro territorio. Así, la región pampeana, gracias a su fertilidad, presenta una mayor densidad de centros urbanos, mientras que en el resto del territorio ellos se encuentran dispersos, surgidos en los oasis agrícolas, mineros o turísticos. Pero por otro lado, desde el virreynato en adelante, el territorio recibió sucesivos asentamientos, primero según las avanzadas colonizadoras que penetraron desde el Río de la Plata, desde el Alto Perú y desde Chile; luego según los fortines instalados frente al desierto, y finalmente, en las postas y alrededor de las estaciones de los ferrocarriles y puertos, siempre condicionados por las características orohidrográficas. Al norte del Río Colorado, el territorio tiene centros urbanos de influencia regional, característica que no ocurre en la Patagonia, donde no existe un polo central patagónico. 3.a.2. Cohesión territorial: al finalizar el siglo XX, la cohesión territorial argentina ha tenido un gran progreso. Con la finalidad de eliminar las situaciones de aislamiento y de enlazar entre sí a todos los habitantes, el teléfono, la radio, y la televisión, cubren la mayor parte de nuestra geografía; las carreteras nacionales han mejorado en su calidad, uniendo todas las provincias y cortando la red ferroviaria concéntrica hacia Buenos Aires y Rosario; las provincias han mejorado sus carreteras; los aeropuertos facilitan la aeronavegación interior; la navegación fluvial tiene una reciente modernización; la Mesopotamia ha sido vertebrada al resto del país cruzando el Río Paraná; los ferrocarriles privatizados se encuentran en reestructuración y modernización. 3.a.3. Distribución de la población: la Argentina es un país poco poblado. Los 32.370.298 habitantes de 1991 nos dan una densidad promedio poco superior a 11 pobladores por km2. Su distribución responde a las capacidades que tiene nuestro territorio para facilitar la vida y proporcionar la fuente de trabajo. Las cuatro provincias donde se extiende la pampa húmeda (Bs.Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba), tienen el 68% de la población total, con la salvedad de que en esta región se encuentran los tres centros urbanos más importantes: Capital Federal y Gran Bs.Aires (casi 11 millones), y Rosario y Córdoba (un millón cada una). Esta situación permite afirmar que la tercera parte del territorio tiene los 2/3 de la población, mientras que las 2/3 partes restantes, sólo tienen 1/3 de la población argentina. El crecimiento de nuestra población es moderado: 14,3% entre 1980 y 1990. Pero el crecimiento es superior a este promedio en varias de las provincias periféricas entre 1980 y 1991: Tierra del Fuego 154%; Neuquén 58,1%; Santa Cruz 39%; La Rioja 34,5%; Misiones 32,3%; Salta 30,3%. Sin embargo, a pesar de que es favorable el alto crecimiento de las provincias fronterizas, esos porcentajes no manifiestan la escasa demografía que tenemos en varias de ellas: en las cinco provincias patagónicas (al sud del Río Colorado) sólo tenemos 1.445,478 habitantes (el 4,4% de nuestra población). Las políticas de fomento cumplidas hasta este momento, han permitido que algunas provincias retengan su población y reciban pobladores de otras. Este aspecto se encuentra en reversión en Tierra del Fuego: el cierre de fuentes de trabajo hace emigrar de regreso a sus provincias de origen. 3.a.4. La calidad natural: el territorio argentino de 2.800.000 km2 (sin incluir los archipiélagos australes usurpados, tampoco la superficie marítima que otorga el Derecho del Mar, ni el sector antártico), es, en extensión, el octavo del mundo, lo cual es un privilegio y suficientemente amplio como para disponer de una gran variedad en sus regiones. La gran longitud norte-sud le permite además, disponer de climas muy variados. El agua de superficie no tiene una distribución regular. La Cuenca del Plata (30% del territorio) dispone casi del 80% de esos caudales. Pero si en el resto semirárido y árido, los ríos son dispersos, han sido suficientes para crear oasis y para satisfacer la demanda escasa todavía de agua de superficie, abastecida también en parte por el agua subterránea. La pampa húmeda, aun con praderas naturales en su mayor parte, produce el 60% de la agricultura y contiene el 78% del ganado vacuno. Su agricultura es extensiva y diferente a las agriculturas no pampeanas, que son intensivas y con riego. Escasa ha sido hasta ahora la expansión de la frontera agropecuaria, que aguarda en el futuro previa construcción de los canales y acueductos necesarios. Cada región argentina presenta dificultades diferentes, según los fenómenos naturales (por ejemplo, las inundaciones) o según el uso que hace la población. La depredación de los suelos es importante. Las zonas inundables de la Cuenca del Plata y Provincia de Buenos Aires, sufren erosión hídrica. Las zonas áridas, erosión eólica, sobre todo la Patagonia, donde la acción depredadora nace del sobrepastoreo. Las regiones del parque y del monte, sufren por la deforestación. El panorama se completa con los usos agrícolas intensivos, con la salinización en algunas zonas regadas, con los incendios y hasta por los aludes. 3.a.5. Desequilibrios: la tendencia histórica del desarrollo argentino ha tenido y sigue teniendo prioridades. El poblamiento y la producción estuvieron siempre condicionados por la fuerza centrípeta del Río de la Plata y su ciudad portuaria, que desplazaron a un segundo plano a los asentamientos que procedían desde Asunción, desde el Alto Perú y desde Chile. La región pampeana agrícolo-ganadera que rodeaba a Buenos Aires, a Córdoba y a Rosario, tuvo la prioridad en el desarrollo: en la medida en que se fue alejando el desierto en poder de los indígenas y en que terminaron los malones, nacieron allí miles de chacras y estancias. Durante el siglo XIX y según los rieles penetraron y vertebraron regiones del interior, la Pampa fue acompañada por varios oasis agrícolas: el de Tucumán con sus frutos subtropicales, el de Cuyo con sus cultivos de clima seco mediterráneo, y finalmente el del Río Negro, con su producción de clima templado-frío. Todas estas regiones tuvieron prioridades, quedando el resto del territorio para ser vitalizado en una segunda prioridad. Así fue que, a fines del siglo pasado y principios de éste, era una cuestión de honor nacional que, primero, el ferrocarril llegara a todas las provincias y territorios (las ex gobernaciones). Fueron los ferrocarriles ‘de fomento’: daban pérdida contable, pero su objetivo no estaba en la rentabilidad ferroviaria sino en la vertebración que debía llegar a toda la organización político-territorial del país. La última prioridad correspondió para la Patagonia: el proyecto de Ramos Mejía intentó unirla al resto del territorio por la circulación marítima, desde cuyos puertos debían partir ferrocarriles hasta los valles situados al pie de la Cordillera. Si consideramos la población y el producto bruto de cada Provincia, se ponen de manifiesto los desequilibrios sociales y económicos que determinan diferencias entre unas y otras provincias: desigualdades en el nivel de vida, en el acceso a los servicios, en las oportunidades para el futuro, y en el crecimiento local. Surgen así necesidades no satisfechas en el trabajo, en la cultura, en la vivienda, en la salud, donde podrían surgir dos Argentinas: una privilegiada y otra postergada. 3.a.6. Conexión al exterior: los vínculos territoriales hacia países vecinos y ultramar han aumentado y mejorado en sus capacidades. Se advierte el progreso portuario para el comercio exterior desde Rosario hasta Buenos Aires, y en el sector Bahía Blanca-Quequén. Se han multiplicado las conexiones ferroviarias y viales con los países vecinos. Subsisten problemas en los corredores bioceánicos del Mercosur, saturados todavía en nuestra Mesopotamia y dificultades durante la Cordillera invernal para ingresar a Chile. Los aeropuertos internacionales están presentes para el ‘Jumbo’ en el Norte (Jujuy e Iguazú), en el centro (Córdoba, Rosario, Mendoza y Gran Buenos Aires) y en el Sur (Río Gallegos), con perspectivas de modernización. También están habilitados para la aeronavegación internacional Salta, Formosa, Resistencia, Corrientes, Posadas, Mar del Plata y Bariloche. 3.a.7. Soberanía marítima: la que nos otorga el Derecho del Mar pone de manifiesto nuestra debilidad en la custodia y administración de los recursos de la zona económica exclusiva, en la cual se producen capturas ilegales y depredaciones. 3.a.8. Presencia antártica: la Argentina es miembro permanente, con voz y voto, desde la misma creación del Sistema Antártico. Sus actividades se encuadran dentro del Tratado Antártico y de las Resoluciones posteriores, que se orientan hacia la investigación científica y el cuidado ecológico. 3.a.9. Soberanía aérea: la circulación aérea es otra de nuestras vulnerabilidades, tanto para la salida y entrada de mercaderías y drogas, como para el tránsito de pasajeros, donde existe circulación de carácter ilegal que aprovecha la falta de control aéreo. 3.a.10. Presencia en el espacio ultraterrestre: si la actividad argentina relativa al espacio exterior comenzó muy rápido, al iniciarse la década de 1960, la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CONIE) no recibió orientación política, de manera que sus logros e investigaciones parecían dirigirse a satisfacer objetivos militares. Desde que fue reemplazada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), dependiente de la Presidencia de la Nación, toda la función tiene interés nacional y objetivos políticos claramente fijados en el Decreto 2076 del 1º de diciembre de 1994 (Plan Espacial Nacional), de carácter pacífico y científico. La Argentina está y estará presente en el espacio ultraterrestre según la Ley del Espacio Exterior (1967) y los compromisos adquiridos internacionalmente: tiene enlace con satélites internacionales, construye satélites propios, gestiona su colocación en órbita y explora el espacio exterior. La Unión de Telecomunicaciones le adjudicó el segmento entre 80º y 85º de longitud occidental en la órbita geoestacionaria ecuatorial. Para no perder esa adjudicación, un consorcio de empresas privadas (argentina, alemana, francesa e italiana), compraron dos satélites a Canadá ubicados en el segmento 72º a 76º de longitud occidental. Otros satélites de fabricación nacional y extranjera, serán puestos en órbita próximamente. La coordinación con el Brasil es ya un hecho consumado. 3.a.11. Problemas geopolíticos pendientes: deben todavía encararse diplomáticamente los siguientes: el del Hielo Continental; el del Río Pilcomayo; y el de las capturas de la fauna marina. 3.b. Bases para una geopolítica argentina a alcanzar en el siglo XXI. Con el objeto de satisfacer el proyecto brevemente incluído en 2., ante las posibles alternativas de la siguiente centuria, el territorio argentino debe estar presente en las decisiones políticas nacionales, y creemos que las condiciones que debería satisfacer pueden ser las siguientes: 3.b.1. Ubicación sudamericana: la conexión con los países sudamericanos debe facilitar la circulación entre ellos en primer lugar. Ya se sabe desde dónde, por dónde y hacia dónde circulan los grandes volúmenes de mercaderías. La Mesopotamia argentina es un espacio pivote entre Argentina y Brasil, y aún con Uruguay, para la circulación terrestre. La está atravesando un movimiento carretero que no tiene precedentes por su densidad. La saturación vial, los accidentes, son los síntomas que están indicando lo que se debe modificar. También están indicando que los hechos no han sido previstos en su magnitud, de manera que la estructura vial del espacio ha quedado sobrepasada. El cruce del Río Uruguay entre Argentina y Brasil necesita - y está previsto - un segundo lugar de pasaje vial-ferroviario. Se advierte la falta de previsión en el puente Resistencia-Corrientes, y en el túnel Santa Fe-Paraná, donde no se contempló ni proyectó el pasaje ferroviario. El futuro puente Rosario-Victoria mejorará la vertebración con la Provincia de Santa Fe. A partir de nuestra Mesopotamia, la circulación se orienta y dispersa hacia las regiones argentinas tanto importadoras como exportadoras, y también hacia Chile, donde los problemas del invierno cordillerano son conocidos. Franquear con carretera y ferrocarril el macizo andino, ha sido y sigue siendo una obra de gran aliento. El túnel que se encuentra bajo el Cristo Redentor, fue inaugurado en 1910, obra ‘faraónica’ en aquellos momentos para los dos países. Ya, no es el único. Se menciona el proyecto de construir un túnel a una altura menor (y mucho más extenso). Se advierte el énfasis que se ha puesto en el tránsito carretero, que es el de flete terrestre más costoso. No se conocen proyectos para transferir los contenedores del camión al ferrocarril en ambos pies de la Cordillera, ni de mejorar los rieles andinos, incluso techándolos para evitar las grandes acumulaciones de nieve sobre ellos. Otras alternativas consisten en usar en invierno el corredor salto-jujeño (ferroviario y carretero), donde las nevadas son mucho menores, o de recurrir en esa época a la navegación marítima. El ferrocarril que partiría desde Zapala hacia Chile, un corredor bioceánico en la latitud de Chubut, son otros proyectos que en algún futuro entrarán en prioridad. La conexión con Paraguay ha recibido el impulso del puente carretero-ferroviario de Posadas-Encarnación, que eliminó el transbordo en balsa. Puede considerarse que la conexión con Paraguay por ese medio, y además por vía fluvial y carretera en Clorinda, satisface el desarrollo futuro de los movimientos comerciales. Con Bolivia, la conexión más importante es ferroviaria desde La Quiaca y desde Pocitos, dirigidas hacia el altiplano la primera y hacia el oriente subtropical la segunda. Las carreteras son paralelas a los rieles, a las que se agrega la conexión desde Aguas Blancas. La conexión con el Uruguay es múltiple: fluvial y carretera. Debe agregarse la ferroviaria que aun no tiene un empleo regular sobre la presa de Salto Grande. El ferrocarril uruguayo tiene la misma trocha que el ferrocarril paraguayo y que nuestro Ferrocarril Urquiza. La navegación fluvial Río de la Plata-Paraná ha tenido un crecimiento de su eficacia, tanto por la privatización y modernización de sus puertos, como por el perfeccionamiento de las condiciones de navegabilidad. El Paraná da salida mineralera a la producción de Mato Grosso y se mantiene el objetivo de los hacendados matogrossenses de sacar, por esta vía fluvial, la producción de sus cosechas hacia el exterior. Debemos considerar que el dragado del Río Paraná, para que los buques de ultramar penetren hacia el interior, es un trabajo antinatura de ‘nunca acabar’, pues consiste en atacar los efectos y no las causas. El problema de fondo está en resolver lo siguiente: primero, detener los sedimentos que trae el Río Bermejo, principales culpables de la escasa profundidad aguas abajo, y del embancamiento del Río de la Plata; y segundo, en organizar la navegación fluvial con trenes de barcazas, que carecen de limitaciones de calado, organizando la transferencia de barcazas a los buques ultramarinos en algún sector del Río de la Plata. Además, sino se detienen aquellos sedimentos, la futura represa de Paraná Medio se ‘llenaría de barro’ rápidamente. Todavía, queda por resolver la navegación fluvial hacia el norte de la presa de Salto Grande, las obras binacionales con Brasil en el Río Uruguay superior, las del Paraná superior con Paraguay, y gestionar el acceso a la navegación fluvial al norte de la presa de Itaipú. Los proyectados canales del Bermejo no solamente servirán a múltiples propósitos; también servirán como vía fluvial de salida hacia el Plata para Bolivia y Perú. Y con Bolivia-Perú, existe la coordinación ferroviaria hacia los puertos de Ilo y Matarani. La ubicación sudamericana de nuestro territorio exige además considerar su necesaria reorganización. Las regiones deben ser desarrolladas con miras a su crecimiento económico y a su complementación con el resto del país, con los países sudamericanos, y según el intercambio comercial de ultramar. Deben ser atractivas y competitivas para el mercado nacional, sudamericano y mundial., de manera que se anule la postergación que todavía subsiste para algunas de ellas. 3.b.2. Soberanía territorial: en el patrimonio geográfico emergido, la soberanía por derecho reconocido internacionalmente, debe ser reforzada con la eficacia y presencia institucional y con el poblamiento, particularmente en las provincias subpobladas y subdesarrolladas. Poblamiento y desarrollo son inseparables. Debe tratarse de que cada provincia retenga su propia población y además, atraiga población desde las provincias más pobladas. Más que población temporaria (también llamada ‘golondrina’) se necesita población permanente, que queda unida al suelo por una fuente de trabajo permanente y por la propiedad inmobiliaria. Debe contar con toda la estructura de apoyo social (vivienda, salud, educación, seguridad, etc.), con una adecuada cohesión territorial con el resto del país, y desarrollar la conciencia de que su presencia contribuye a la soberanía territorial. En ese sentido, pueden merecer prioridad primero Tierra del Fuego, y luego Santa Cruz, Formosa, y las zonas y áreas de frontera. En cuanto a los archipiélagos australes usurpados, el objetivo de su recuperación debe ser permanente, así como contra la explotación de los recursos mineros en sus aguas jurisdiccionales. La soberanía marítima requiere su eficiente ejercicio de la zona económica exclusiva para neutralizar las capturas clandestinas, impedir la depredación de las especies, y legalizar la pesca según las capturas máximas permisibles y el Derecho del Mar. Se requiere la presencia mercante de bandera argentina hacia ultramar, con fletes competitivos, participar en la explotación futura de los fondos marinos, e intervenir en el control sobre la depredación en el Atlántico sur. Para ello, la vigilancia y actividad policial debe aumentar por medio de naves modernas y suficientes, apoyadas desde satélites y desde radares aéreos. Las capturas argentinas deben recibir apoyo tecnológico para aumentar sus rendimientos; y se necesitará una mayor cultura oceanógráfica y cimentar la conciencia marítima. Los puertos marítimos requieren las modernizaciones indispensables para agilizar el comercio a ultramar, bajar los costos, facilitar la circulación hacia el interior, rodearse de industrias marítimas, servir de apoyo al control sobre la zona económica exclusiva, y a la navegación hacia la Antártida y a otros océanos. La soberanía aérea implica la impostergable necesidad de controlar nuestro espacio aéreo para evitar la circulación ilegal, comenzando por establecer los sistemas de radar, la reciprocidad con los países vecinos, la eliminación de los lugares de aterrizaje ilegales, y otras medidas complementarias, dando prioridad a las regiones argentinas que colindan con los países vecinos y a los recorridos aéreos usados por el narcotráfico y el contrabando. 3.b.3. Urbanización: nuestro territorio padece la tendencia ‘metropolista’ que existe en tantas partes del mundo (Tokío, ciudad de México, Sao Paulo, etc.). El Gran Buenos Aires y la Capital Federal constituyen una de las mayores metrópolis del planeta. Su formación tiene orígenes históricos: su ubicación sobre el Río de la Plata como “puerta de entrada a la tierra”, su posición dominante respecto al interior, la importante fuente de trabajo que tiene, la industrialización, y la mejor oferta de educación, salud y de otros servicios. Si bien no es posible detener el crecimiento vegetativo de sus habitantes, por lo menos se lo debe menguar tratando de: -- Desalentar su crecimiento industrial en beneficio del interior. -- Mejorar la oferta de servicios, la calidad de vida, y las oportunidades de trabajo en ciudades (que no sean Córdoba, Rosario ni capitales provinciales), con radio de influencia en zonas inmediatas. -- Descentralizar organismos. -- Delegar decisiones. -- Mantener políticas de fomento con desarrollo en provincias subpobladas y en zonas y áreas de frontera. -- Vertebrar el interior entre sí, disminuyendo la necesidad de pasar obligatoriamente por la Capital Federal para trasladarse de una a otra provincia. 3.b.4. Cohesión territorial: como se ha anticipado, la cohesión territorial tiene por finalidad contribuir a la “unión nacional” sobre el territorio, eliminando el aislamiento de la población, sobre todo en los lugares más alejados y de difícil acceso, interconectando todas las regiones entre sí. Ese objetivo territorial se cumple por los medios de circulación (de tierra, mar, ríos y aire), por las comunicaciones y por los medios de difusión (radio y televisión). Es importante lograr la armonización de los medios de circulación entre sí y con los asentamientos humanos a los que deben servir. Este tema está también incluído en 3.b.8. 3.b.5. Calidad geográfica: nuestro patrimonio geográfico goza de varios privilegios: tenemos el 23% de tierras cultivables (10,5% tiene el mundo), 39% de praderas naturales (23% tiene el mundo), y 21% de tierras improductivas (35,5% tiene el mundo). Este privilegio, si todavía se mantiene, se encuentra en un retroceso lento pero sostenido. Las inundaciones de la Cuenca del Plata, particularmente en el verano lluvioso sobre sus cursos superiores, no ha tenido todavía una política para encararlas. Las presas construídas son ‘de pasada’ y no pueden retener y disminuir los grandes caudales que desbordan y dejan, después, la erosión hídrica. Debe recordarse la creciente centenaria del verano 1982/83, cuyas causas se vincularon con la corriente de El Niño del Oceáno Pacífico. Los resultados fueron catastróficos. La Laguna Mar Chiquita de Córdoba llegó a aumentar cuatro veces su superficie. El Río Paraná en su curso inferior y medio, retenido por los terraplenes de Zárate-Brazo Largo, parecía tan ancho en su espejo de agua como el ancho del Río de la Plata frente a Colonia. Las pérdidas materiales superaron los 4.000 millones de dólares. Se conoce el proyecto de la Laguna Iberá para derivar una parte de las crecientes extraordinarias del río Paraná. Debe pensarse que cualquier catástrofe natural o bélica en el hemisferio Norte, y en los océanos, tendrá consecuencias desfavorables hacia Sudamérica (cambios climáticos, contaminación en la atmósfera y en las corrientes marinas, migraciones de especies animales), de manera que un aumento anormal en las precipitaciones en la Cuenca superior del Plata, es un tema que debe ser motivo de medidas prácticas para limitar los daños. La inundación extraordinaria y centenaria de 1982/83, ha sido una advertencia que pasó y no provocó reacciones políticas. En la Cuenca del Plata la Argentina es un país de ‘aguas abajo’, de manera que la coordinación con los países de aguas arriba es indispensable, particularmente con Brasil, no sólo por la potabilidad de las aguas que recibimos, sino también por la alteración en sus caudales. Debe recordarse que el Pantanal matogrossense retiene la creciente del Río Paraguay en verano. Así, por este proceso de la naturaleza, sus aguas llegan más tarde a la Confluencia y no coinciden con la creciente del Paraná. Si el Pantanal fuere drenado, las crecientes de ambos ríos coincidirían y se producirían inundaciones catastróficas aguas abajo. Las extensas llanuras argentinas son tan suaves que tienen un deficiente escurrimiento, reteniendo las aguas que la desalojan muy lentamente. La desertización causada por la erosión eólica es frecuente en las provincias situadas al pie de la Cordillera y en la Patagonia (donde la solución del sobrepastoreo patagónico y la reposición de la flora protectora, implica un problema de fondo socio-económico). La deforestación ha depredado varias especies de la flora (quebracho, algarrobo, cedro, pino, nogal, etc.) y ha desprotegido los suelos quitándoles la cubierta vegetal protectora. No existe una enérgica política nacional ni provincial para la reforestación, a pesar de que la reposición de las especies tiene apoyo legal. Tanto mayor es el daño en los bosques patagónicos, donde el crecimiento arbóreo es sumamente lento debido a la rigurosidad climática. A ello deben agregarse las pérdidas forestales debido a los incendios, que requieren un sistema de vigilancia y detección mejor, y medios de ataque más numerosos que los actuales. El tema del cuidado forestal y de la reforestación, requieren una base cultural de difusión y una obligación para los dueños de las tierras y para sus arrendatarios. La contaminación de la atmósfera es importante en nuestras principales ciudades y zonas industriales. La situación que existe en Sao Paulo, en la Ciudad de México, en Santiago de Chile, por ejemplo, es conocida. La conducta política debe comenzar por erradicar las industrias contaminantes de las zonas urbanas y disminuir la emisión de gases de los motores a explosión. El aumento de automores está produciendo gran parte de ese perjuicio, tema en el que es necesario reemplazar esa energía motriz y además aumentar el tránsito que emplea fuerza eléctrica. La ciudad de Buenos Aires mejoró si situación atmosférica desde que se prohibió la quema de desperdicios. La contaminación de suelos y cursos de agua ocurre por productos químicos de uso agrícola, por residuos industriales, por el tratamiento defectuoso de las aguas servidas, y por otras causas complementarias. La situación de los Ríos Matanzas-Riachuelo y Reconquista, es una clara muestra de esta realidad, que se produce a escasa distancia de la sede de las autoridades nacionales. Se requiere una ley ecológica - y sobre todo su cumplimiento - aplicable a cada entidad oficial y privada que produce desechos. A principios de la década de 1990, en todo el territorio argentino se producían 15.000 toneladas de residuos diariamente, cantidad que aumenta año a año sin pausa. El tratamiento de los residuos debe merecer una política enérgica. Es peligroso el problema de los residuos tóxicos que, se estima, serían aproximadamente de 2.200 toneladas diarias. El destino de los residuos radioactivos de nuestras usinas atómicas, es un tema todavía sin resolver. Si en el hemisferio norte se produjeran catástrofes naturales o bélicas y sus consecuencias llegaran a Sudamérica, se requerirá desde ahora adoptar previsiones como las siguientes en vigilancia y contramedidas: -- Detectar las alteraciones climáticas en la cuenca superior del Plata y sus efectos aguas abajo: potabilidad de las aguas, caudales, contaminación atmosférica. -- Detectar temprano las migraciones de especies animales. -- Detectar la contaminación en las corrientes marinas que procedentes del norte bañan nuestro litoral. -- Detectar la contaminación de los vientos que llegan desde el Océano Pacífico. -- Detectar los cambios térmicos y los meteoros anormales. -- Otros. 3.b.6. Migraciones humanas exteriores: en la actualidad representan una constante las migraciones que la Argentina recibe desde los países vecinos y desde el Perú. Frecuentemente, llegan en busca de una situación socio-económica mejor que la que tenían en sus países de origen. Es una corriente demográfica que en gran proporción permanece al margen de las leyes migratorias, creando en nuestro país situaciones de hecho que influyen en el trabajo (se presta para la explotación inhumana), en la urbanidad, en la salud, en la educación, y también en la comisión de delitos por los grupos que vienen de delinquir en la tierra natal. Los gobiernos argentinos invitaron e invitan periódicamente a regularizar su radicación, es decir, actúan una vez que los hechos están consumados (existe una nueva ley). Una política soberana en este tema, debería actuar en coordinación con los países que producen o toleran esa emigración hacia el nuestro, con la finalidad de regularizarla, sin perjuicio de cumplir los controles zonales para detectar la presencia ilegal, las explotaciones también ilegales, tanto en las zonas rurales como en las urbanas e industriales. Las migraciones aceptadas deben ser incorporadas a nuestro quehacer a través del desenvolvimiento institucional, a través de la convivencia, y a través de la escolaridad para sus hijos, tanto más donde el porcentaje de esos migrantes resulte elevado, lo cual representa una incorporación a largo plazo, tal como actúan a largo plazo las instituciones, la convivencia y la escolaridad. Los emigrantes que provienen del lejano oriente representan un caso distinto: normalmente pertenecen a la clase media y se ubican en nuestras grandes ciudades. En todos los casos, ante la situación elevada de desempleo y de subempleo, la Argentina debe privilegiar a los que traen suficiente capital como para no aumentar esos índices, y a los que traen capacidades que escasean en nuestra población. Sin embargo, el siglo XXI puede presentarnos la necesidad de establecer una política ajustada a las grandes transferencias demográficas que surgirán del aumento de la población mundial, de grandes catástrofes naturales o bélicas, o de situaciones socialmente muy duras. Son migraciones que podrán llegar por mar o por avión. La llegada masiva de inmigrantes es muy difícil de absorber. Incluso, nuestro país puede ser presionado para aceptarlas. Este tema podrá requerir: -- Coordinaciones con los órganos diplomáticos del país de origen, para establecer cuotas numéricas, y un primer control en los lugares de partida a cargo de personal argentino. -- Establecer puertos y aeropuertos de recepción, tal vez lejos de las grandes ciudades. -- Organizar el sistema de recepción: identificación, origen, estado de salud, educación, idioma, etc. -- Alojamiento transitorio a cargo del Estado: barracas, servicios (luz, agua, salud, alimentación, etc.), enseñanza, culto, talleres, recreación, etc. -- Determinar luego zonas de nuestro territorio para su permanencia posterior y temporaria, incorporándolos al trabajo y a la convivencia, hasta que se les permita la libre elección de su lugar de residencia. Todo inmigrante representa un ser humano y un ser apto para el trabajo. Se requiere reconocer y respetar su dignidad humana por un lado, y por otro aprovechar su laboriosidad. La Argentina tiene proyectos territoriales todavía no comenzados como el proyecto Bermejo, los acueductos para zonas semiáridas, la expansión de la frontera agropecuaria, el desarrollo de los valles patagónicos, los proyectos mineros, y las obras públicas de gran aliento, que pueden servir como destino para la ubicación de inmigrantes. 3.b.7. Fuentes energéticas: la política energética está íntimamente vinculada a la política territorial. En la Argentina, las fuentes tradicionales de energía (hidrocarburos, carbón, hidroelectricidad), no están en la región pampeana que es la más desarrollada. Por lo tanto, el interior es el abastecedor de la energía que usa el 68% de la población argentina concentrada en el tercio más feraz. Por ello, una forma de revertir esta situación, consiste en ubicar el desarrollo en las mismas fuentes energéticas y a su alrededor, dándole al ‘interior’ la prioridad que no tuvo y que lo ha postergado. El futuro ecológico impone reemplazar el uso de la energía contaminante, mientras que el énfasis lo estamos ubicando en fabricar cada vez más instrumentos que intoxican el aire que respiramos: los automotores que consumen hidrocarburos. Ese futuro estará en la electricidad, en la energía solar (hasta ahora de muy poco empleo), en la energía eólica (para la cual toda la Patagonia es una usina territorial), en la energía geotérmica, en la energía del oleaje, y en la energía mareomotriz (de la cual tenemos en la Península de Valdez el lugar más favorable del mundo). 3.b.8. Ordenación territorial: la Subsecretaría de Acción de Gobierno dependiente de la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, presentó en la Escuela de Defensa Nacional el tema de “La ordenación del territorio. Política y Técnicas” en 1993, y en 1995, el de “La vertebración, integración y ordenamiento territorial nacional” (y de los macro-espacios regionales a través de los sistemas de transporte, comunicaciones e informática). El expositor fue el Doctor Juan Alberto Roccatagliata, Coordinador General Ejecutivo de dicho Proyecto Político. Esas exposiciones llenan las necesidades orientadoras de este capítulo, de manera que a continuación sintetizaremos sus principales ideas. 3.b.8.a. Alcance del concepto de ordenación territorial: tiene por finalidad lograr una adecuada organización de la estructura espacial, disminuyendo las disfuncionalidades que obstaculizan un desarrollo más equilibrado socialmente y ambientalmente sustentable. Se apoya en las disciplinas cuyo objeto es el espacio geográfico: geografía, urbanismo, economía espacial, ecología. En cada país, la ordenación territorial busca objetivos específicos y requiere decisiones de carácter político-integral, compatibilizando todo el conjunto en sus jerarquías verticales y coordinaciones horizontales. Tiene tres dimensiones principales: 1. Ecología ambiental (relaciones entre la sociedad y el medio ambiente), 2. Sistema espacial (interrelaciona los asentamientos con las redes), y 3. Sistema político (para la administración del territorio). Durante el análisis, la ordenación territorial identifica las dificultades (disfuncionalidades, tensiones, conflictos), buscando soluciones para superarlas, orientadas hacia el territorio futuro, haciendo concertaciones entre actores públicos, privados y jurisdiccionales, y estableciendo objetivos comunes de una planificación estratégica que es sinónimo de previsión, justo medio entre la dirección política y la espontaneidad con la que ocurrieron los hechos consumados en el territorio. En el mundo, las naciones se están integrando con otras en regiones mayores, de manera que la ordenación territorial, debe responder a un ordenamiento interno y también externo. 3.b.8.b. Política territorial y ordenación del territorio: encuadre global: la política de ordenación territorial debe considerar todos los procesos de transformación mundial, regional y nacional. Significa introducir la dimensión territorial en las decisiones de gobierno. Está encuadrada por las instituciones de nuestra República. El Estado orienta, planifica, mientras que los agentes públicos y privados serán los actores. Debe incorporar en el territorio la equidad para todas las regiones, ayudando a disminuir las desigualdades regionales, descentralizando recursos y competencias, consolidando la integración de todo el territorio, surgiendo así: las orientaciones principales, las prioridades a respetar y la participación de las provincias. 3.b.8.c. Definición de una estrategia de ordenación territorial: pone en marcha la política de ordenación territorial, incluyendo las orientaciones, la participación del Estado nacional, las participaciones descentralizadas públicas y privadas, las prioridades, los objetivos a alcanzar en cada región (especialización, competitividad, accesibilidad) y la vertebración interna y exterior. 3.b.8.d. Opciones sobre la estrategia más adecuada para la ordenación territorial: potenciará el crecimiento económico y la reconversión productiva; disminuirá las diferencias en los niveles de calidad de vida; aprovechará las potencialidades locales y definirá las que se crearán; conciliará intereses contrapuestos; mantendrá una visión integrada del territorio; establecerá etapas sucesivas y prioridades; establecerá la ecología a cumplir; se dirigirá a través de seis áreas de acción o subsistemas: 1. sistema urbano básico; 2. sistema urbano de equilibrio; 3. sistema de bajas densidades, áreas rurales y asentamientos de rango menor; 4. dinámica de la población y sistema de actividades; 5. grandes ejes de relaciones, infraestructura y equipamiento; y 6. sistema natural y recursos asociados. El expositor puso énfasis en la racionalización de las redes de transporte y en su carácter ‘intermodal’, lo cual implicará modificar y modernizar algunas, construir nuevas y abandonar otras, para proporcionar al conjunto actualidad y vigencia futura. La ‘intermodalidad’ consiste en la conexión eficiente de varios modos de transporte, transfiriendo cargas de uno a otro en el mejor lugar de interconexión. Este requisito está, en la Argentina, en su ‘minoría de edad’. Hemos privilegiado el transporte automotor, contra la experiencia internacional; hemos postergado la navegación fluvial y hemos abandonado al ferrocarril. El flete por camión (los vemos llenando nuestras carreteras) recarga excesivamente el valor de la carga y, con la carretera, hemos reemplazado al ferrocarril y a la navegación fluvial, lo cual es un retroceso en la competitividad, cediendo ante la presión de los ‘lobbies’. Cada modo de transporte - afirma el Doctor Roccatagliata - debe hacer lo que hace mejor que otro, y debe ser reemplazado por el que lo hace mejor y donde lo hace mejor. Puso de manifiesto a continuación los subsidios ocultos: sólo se difundía el déficit ferroviario, pero el déficit de las carreteras destruídas por los camiones fue absorbido por los presupuestos gubernamentales y no por los camiones. No conocemos - agregó en 1995 - la revolución ferroviaria de Europa y de Estados Unidos. Para pasajeros existen los trenes de alta velocidad, modernos, que han reemplazado a los aviones hasta viajes de 400 kilómetros. Los trenes de carga de 150 vagones con dos contenedores por vagón (uno sobre el otro), traccionados por varias locomotoras, cruzan los Estados Unidos de un océano hasta el otro en 48 horas, disminuyendo el atractivo del Canal de Panamá. Cuando algún observador europeo comprueba que nosotros reemplazamos al tren de pasajeros por el ómnibus de larga distancia, considera que en la Argentina retrocedemos en vez de progresar. El Doctor Roccatagliata también afirmó que el Estado debe retirarse de un papel productor y de servicios (ya lo está haciendo). Debe actuar en coordinación con la empresa privada, dando la orientación que le compete y teniendo en cuenta que, todavía, existen zonas que necesitan del ‘fomento’. En el tema de las regiones, no solamente deben considerarse sus recursos naturales: necesitan un desarrollo múltiple para que no queden encerradas en un papel monoproductor (modernas industrias manufactureras, centros culturales, funciones delegadas, disponibilidades energéticas en una oferta suficiente, etc.). Hasta aquí, la síntesis sobre las principales ideas del Doctor Roccatagliata. 3.b.9. Presencia antártica: la Argentina debe continuar en el Sistema Antártico con actividades pacíficas, científicas y ecológicas, manteniendo su posición de país reclamante. 3.b.10. Espacio ultraterrestre: debe continuar la aplicación y actualización del Plan Nacional Espacial (Decreto 2076 del 1º dic 1994). 3.b.11. Cultura geopolítica: debe ser desarrollada sobre todo desde el sistema de educación pública, para crear, desde las generaciones jóvenes, una conciencia sólida sobre los intereses geopolíticos argentinos que se incluyen en este trabajo, en los cuales nuestro patrimonio geográfico nacional debe mantenerse dentro de la soberanía territorial, debe ser reordenado, y armonizado con los de los países vecinos, con el Derecho del Mar, con el Derecho Aeronáutico, y con la Ley del Espacio Exterior de la ONU. 3.b.12 . Concepción territorial de conjunto: el patrimonio geográfico argentino, aun cuando tiene privilegios de extensión y de calidad geográfica, y nos proporciona espacios de reserva para proyectos futuros, está en la mira de tantos otros que observan con atención nuestra amplitud y riquezas naturales excedentes para nuestra escasa población. Algunos observadores extranjeros nos consideran ‘una reserva para la humanidad’, con Australia, Canadá y Siberia. El tercio septentrional de nuestro territorio, encerrado dentro del Cono Sur, debe ser armonizado con todos sus vecinos: coordinar la salida hacia el Pacífico, organizar un corredor bioceánico, cumplir un papel de producción subtropical, llenar sus espacios vacíos (Proyecto Bermejo), organizar el territorio contra las inundaciones y crecientes extraordinarias, continuar el desarrollo hidroeléctrico y minero, reforestar, redistribuir el agua con acueductos hacia sus zonas semiáridas, controlar la potabilidad y el agua fluvial que entra a nuestro territorio, controlar el espacio aéreo, regularizar las migraciones humanas que llegan desde los países vecinos; desarrollo industrial y turístico; control ecológico; coordinación con los países vecinos para la salida hacia el Río de la Plata (con prioridad portuaria argentina), proveer hidrocarburos al norte de Chile, a Paraguay y a Brasil. El tercio central, desde la Cordillera hasta el río Uruguay, el Río de la Plata y el océano, siendo el más desarrollado, debe propiciar el apoyo a los otros dos tercios, cumplir el papel agrícolo-ganadero de clima templado mejorando sus rendimientos, llevar el agua por acueductos a sus regiones semiáridas, resolver el problema del mal escurrimiento de sus inundaciones, mantener la modernización de sus instalaciones portuarias, enfatizar la circulación fluvial, poseer una gran capacidad de ensilamiento, disminuir el crecimiento de sus grandes metrópolis, mejorar el corredor bioceánico, proveer hidrocarburos al centro de Chile, facilitar la migración desde sus zonas más pobladas, hacia el norte y sur del territorio, aumentar la pradera artificial, forestar, y cuidado ecológico. El tercio austral de nuestro territorio es el más vulnerable de los tres: ha tenido y tiene problemas limítrofes, tiene un frente oceánico escasamente controlado, está mutilado por la usurpación de los archipiélagos australes, está fracturado porque carece de continuidad terrestre con Tierra del Fuego, está muy escasamente poblado y desarrollado. Debe recibir el desarrollo y poblamiento que necesita, debe ser una plataforma de lanzamiento hacia la Antártida, debe irradiar influencia hacia nuestros archipiélagos en poder del Reino Unido, debe ser una plataforma de lanzamiento hacia el mar, debe completar la cohesión territorial con Tierra del Fuego mediante el transbordo marítimo directo para automores, debe coordinar con Chile los corredores bioceánicos terrestre y marítimo, debe armonizarse con el sur de Chile, debe racionalizar la distribución del agua de superficie con acueductos, debe desarrollar sus valles, proveer energía hidroeléctrica y de hidrocarburos al país, proveer hidrocarburos al sur de Chile, incentivar el turismo, aumentar su minería, aprovechar la energía eólica, solar, marítima y mareomotriz, prevenir los incendios forestales, forestar, crear fuentes económicas que disminuyan la dependencia del ganado lanar, neutralizar el proceso de desertización, aprovechar la energía local para aumentar su producción agrícola de clima templado-frío (invernaderos y estaciones de experimentación). El tercio austral patagónico de nuestro territorio, debe merecer una consideración particular. En casos de grandes catástrofes en el hemisferio norte, es el más alejado geográficamente del Ecuador, de manera que tiene la posibilidad de recibir atenuadamente las influencias contaminantes y otras. Esta característica, podría convertirlo en la parte mejor salvaguardada de nuestro territorio, pero no podemos afirmarlo como una certeza: es una posibilidad. Si así fuere, representaría nuestro mejor refugio. No obstante, actualmente es el más perjudicado en primavera por la debilidad de la capa de ozono. Allí, en su extremo sur, debe continuar funcionando la vigilancia científica sobre ese fenómeno atmosférico. El precedente ha sido un panorama simplificado donde debe apoyarse la tarea minuciosa posterior que permita llegar a un proyecto territorial que, como se expresó párrafos atrás, incluye la vertebración e integración total interior y exterior. Una vez completada la tarea, se establecerá: sólo después, si la Capital Federal debe seguir donde está o debe ser trasladada a otro asiento, para lo cual se comenzará por estudiar tres alternativas (una capital en el norte, una capital en el centro, una capital en el sur: características favorables y desfavorables de cada alternativa, base para una elección final). El patrimonio geográfico argentino será atractivo más aún en el siglo próximo para los países superpoblados y ante la alternativa de que grandes migraciones se dirijan hacia aquí, son eventualidades a pensar desde ahora. En el Brasil existe conciencia del interés que ha despertado la Amazonia en el mundo y su Gobierno ha comenzado a reforzar allí su soberanía territorial, con mejores instituciones, con medios modernos, con su dominio aéreo, y con la llegada del Tercer Ejército trasladado desde el sur platino. El Brasil tiene una ventaja cultural y estratégica: ha tomado conciencia sobre lo que se avecina y ha comenzado a poner en práctica medidas ejecutivas. En el siglo XXI, como indicamos anteriormente, no se debe estar políticamente solitario, ni tampoco habrá disculpas por haber llegado tarde, después de los hechos. Si la política tiene una cualidad, es la prudencia, la de saber anticiparse a las alternativas futuras. Quienes no proceden así, quienes no ven más allá de las coyunturas y se dejan aprisionar por ellas, pertenecen al subdesarrollo político, a los que quedarán sobrepasados por la dinámica histórica, y a los que no podrán improvisar sino soportar lo que ocurra. Por supuesto, lo que ocurra interesará en más áreas de interés nacional: aquí, nos limitamos al área territorial. 4. PALABRAS FINALES. Este trabajo no contiene la geopolítica argentina para el siglo próximo. Es sólo una base de pensamiento para la aproximación hacia ella; es un intento de llamar la atención sobre algo que ocurrirá a nuestros nietos; es un desarrollo muy breve de una pluma solitaria, que desparrama estas semillas con el deseo de que caigan sobre terreno fértil. En el capítulo II de este trabajo se ha tratado de abrir un espectro de alternativas para cubrir toda la gama por donde puede llegar el futuro mundial. En ese espectro están las más favorables pero también las más desfavorables. No sería acertado creer que el futuro será una continuación del presente, respetando las vigencias actuales. La experiencia histórica permite saber de la irrupción del “cambio”, fenómeno que altera las vigencias e interrumpe o modifica las tendencias y que, a veces, abre el curso del futuro hacia lo que parecía improbable, indeseado o inesperado. Este trabajo es de carácter limitado, dirigido solamente a hacer pensar sobre una geopolítica argentina para el próximo siglo, apoyada en un conjunto de consideraciones sobre su patrimonio geográfico nacional: nosotros pasaremos, pero este patrimonio debe quedar para los que nos sucedan. Como finalidad académica, sirve como introducción a los trabajos de cátedra. Buenos Aires, julio de 1997. De este documento foliado I a VII, y 1 a 26, de 33 páginas, se imprimieron 90 ejemplares en la Escuela de Defensa Nacional, Maipú 262 (1084), Bs.Aires, en agosto de 1997. -------------------------------------------------------------------------------- Diego de Sevilla, al servicio de la corona portuguesa, descubrió estas Islas. Poco antes, en las Islas Madeira. ONG: organizaciones no nacionales: grupos terroristas, narcotraficantes, entidades económicas y financieras supranacionales, otros. ”El cambio global del clima”, Salvador Alaimo, Revista de la Escuela de Defensa Nacional Nº 44, página 105 y siguientes. Zbigniew Brzezinski en su libro “El juego estratégico” (Game Plan) emplea una gama de aproximadamente diez alternativas para cubrir el futuro, desde la más peligrosa para los Estados Unidos, hasta la que le resultaría más favorable. Tierra del Fuego 69.450 hab.; Santa Cruz 159.726 hab.; Chubut 324.382 hab.; Neuquén 385.606 Hab.; y Río Negro 506.314 hab. La Argentina tiene otro privilegio geográfico: dispone del 5% del agua potable de superficie de la Tierra, mientras sólo tiene el 0,5% de la población mundial. Decreto 995 del 28 de mayo de 1994. ”La Argentina 1992”, Carlevari, pág. 212. Debe recordarse los daños causados por la migración de langostas en décadas pasadas. Las explosiones atómicas francesas en el Pacífico sur, provocaron radioactividad que cruzó sobre Chile y Argentina en las capas superiores de la atmósfera. Juan A. Roccatagliata es Licenciado y Doctor en Geografía, especialista en desarrollo regional, ordenación territorial y transporte ferroviario. Posee una vasta carrera docente y es autor de numerosos trabajos de su especialidad y de siete libros de texto, de consulta y de ensayo. Es miembro de la Unión Geográfica Internacional y corresponsal, con sede en París; asesor de las Naciones Unidas y asesor de empresas. La conferencia de 1993 tuvo lugar el 27 de setiembre, y la de 1995, el 2 de octubre. El conferenciante entregó además un documento escrito ‘de trabajo’ sobre los temas que desarrolló. En la Argentina no se siguió este procedimiento: primero se decidió cambiar el asiento de la Capital Federal, sin exponer para eso varias alternativas, y esa decisión fue tomada y aprobada sin cumplir la tarea previa de establecer un proyecto territorial nacional para el próximo siglo. Ver Primera Parte: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/1424648/Bases-para-una-Geopolitica-Argentina-(-1-).html FUENTE: http://federalismoydescentralizacion.blogspot.com/2008/07/bases-para-una-geopolitica-argentina.html

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Proyecto Patagonia y Capital
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/27/2008

Proyecto Patagonia y Capital El Proyecto Patagonia y Capital fue un proyecto elaborado en 1986 por el entonces presidente de la nación Raúl Alfonsín, para trasladar la Capital Federal de la República Argentina hacia un complejo de ciudades en la Patagonia formado por Viedma, la capital de la Provincia de Río Negro, y Carmen de Patagones, la ciudad más austral de la Provincia de Buenos Aires. El proyecto tenía como fin descentralizar y desburocratizar el poder político y separarlo del poder económico del país, ambos excesivamente concentrados en el Gran Buenos Aires, solucionar el problema demográfico que cuenta la Argentina, desarrollar inversiones en el interior del país y dar inicio a una nueva revalorización del Estado Federal. Motivos Ciudades Capitales En Buenos Aires la concentración del poder político y económico es análoga a las de las capitales de los países europeos, en los que, al ser estados pequeños, son funcionales a este fin; los que apoyaban este proyecto afirmaban que esta distribución no es conveniente en la Argentina, debido a que el mismo es un país extenso que necesita tener una población y riqueza distribuida en su territorio y no concentrada mayormente en una sola urbe como Buenos Aires, por eso Argentina es conocida como un país macrocefálico. El Gran Buenos Aires El Gran Buenos Aires cuenta con una porción del territorio que no supera el 1% del total del país y concentra el 33,2% de la población, mas del 40% del PBI y 66% de los servicios. Al ser Buenos Aires un polo donde se concentra la actividad política, económica y cultural del país, el espíritu del proyecto era quitarle su facultad política y trasladarla hacia Viedma. Los que impulsaban este proyecto creían que descentralizar Buenos Aires daría una oportunidad al interior y nivelaría el grave desequilibrio territorial y de recursos que cuenta la Argentina. La Patagonia Los proyectos para solucionar el desmesurado crecimiento de la Capital Federal y, por ende, de la necesidad del traslado de la capital ya se habían propuesto antes. El ex presidente teniente general Alejandro Agustín Lanusse presento varios proyectos que contemplaban un planeamiento demográfico y territorial de la Argentina. El 3 de mayo de 1972, durante su presidencia, se sancionó el decreto-ley 19.610, el cual declara la necesidad de trasladar la Capital de la Nación fuera de la ciudad de Buenos Aires. La conflictiva situción de violencia que atravesaba el país en aquel momento y el posterior retorno al poder del peronismo al año siguiente, hicieron que la ley no se cumpliera y pasara desapercibida. La Patagonia argentina fue considerada por los gobiernos militares uno de los lugares con mayores posibilidades de recibir población, teniendo en cuenta su amplitud de territorio, disponibilidad de agua potable, ubicación sobre el mar y clima templado. Se cree que Raúl Alfonsín conocía estos argumentos donde luego tomó la decisión de promulgarlos mediante su proyecto. Luego de el conflicto del Beagle con Chile, en 1978, y la Guerra de las Malvinas, en 1982, muchos dieron cuenta que la patagonia formaba parte de un sector clave en la geopolítica de Sur América, debido a que esta cuenta con proyección hacia el mar Argentino y el Austral, el Estrecho de Magallanes, las Islas Malvinas y la Antártida. Sin embargo Alfonsín consideraba que la Patagonia era el sector mas sensible en el ejercicio de la soberanía del Territorio Argentino ya que solo contaba aprox. con 1 millón y medio de habitantes. Es por eso que el proyecto para mudar la capital a Viedma seria en un marco ideológico y teórico apuntar hacia la defensa y consideración de la soberanía argentina en el sur. Historia El 27 de mayo de 1987, después de un largo debate de varias sesiones en ambas cámaras, el Congreso de la Nación sancionó la ley 23.512 en la que se declara como la Nueva Capital Federal a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en un futuro en el área de las ciudades de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre (ubicada a setenta kilómetros, hacia el noroeste, de las dos anteriores) y junto con un amplio territorio de campos en la zona del Valle Inferior del río Negro, cedido por las Legislaturas de las provincias de Buenos Aires y Río Negro, 180.000 hectáreas de la primera, cedidas a travéz de la ley 10.454 del 17 de octubre de 1986 y 310.000 de la segunda, por medio de la ley 2.086 del 10 de julio del mismo año. Dentro de este territorio federalizado tanbién se encontraban comprendidos los pueblos de Cardenal Cagliero, San Javier y Balneario El Cóndor. Este proyecto tenía como objetivo descentralizar la ciudad de Buenos Aires y poblar y desarrollar la región Patagónica, un antiguo anhelo argentino desde la mal llamada "Conquista del Desierto". Hasta la actualidad el proyecto nunca se llegó a concretar, aunque la ley de traslado todavía está vigente, ya que el Congreso de la Nación nunca la derogó. Un año antes, el 15 de abril de 1986, se habían promulgado los decretos 527 y 528 donde se establecía la creación de dos importantes organismos para el desarrollo patagónico y el traslado de la capital: la Comisión Nacional para el Proyecto Patagonia y Capital y la Comisión Técnica Asesora en Problemas Urbanísticos Arquitectónicos y Ambientales. Esta última se transformará un año más tarde, el 21 de julio de 1987, a través del decreto 1156 en el Ente para la Construcción de la Nueva Capital - Empresa del Estado (ENTECAP). El ENTECAP era un organismo con vastos poderes el cual tenía la función de expropiar tierras, proyectar el nuevo trazado urbano y desarrollar las diversas obras de infraestructura para cumplir con el proyecto, entre otras funciones. Fue creado a imitación del NOVACAP, organismo brasilero que en los años cincuenta de siglo XX erigió la ciudad de Brasilia y el Nuevo Distrito Federal. Durante los tres años y medio en que estuvo en marcha el proyecto, tanto la Comisión Técnica Asesora primero, como su sucesor el ENTECAP, realizaron diversos estudios en diferentes temas (ecológicos, económicos, urbanísticos, demográficos, energéticos, turísticos, hídricos, etc) y trazaron los planos y maquetas de las diferentes obras de infraestructura necesarias para el asentamiento de población y cumplimiento del proyecto de traslado, como viviendas, hospitales, escuelas, puentes, oficinas públicas, entre otras. Se diagramó la superficie a construir en 7.777.473 metros cuadrados y el traslado de 23.000 empleados públicos desde la ciudad de Buenos Aires. Se solicitó al Banco Interamericano de Desarrollo un crédito de 80 millones de dólares estadounidenses para mejorar la infraestructura de servicios de la futura capital, y se destinaron importantes partidas presupuestarias. También numerosas figuras nacionales e internacionales visitaron la comarca para consolidar el proyecto, entre ellos el Papa Juan Pablo II en abril de 1987, quien fue en aquella ocasión el primer pontífice (y único hasta hoy) que visitó la Patagonia. Según los proyectos del ENTECAP la Nueva Capital Federal iba a poder inaugurarse en unos doce años, para el inicio de nuevo siglo (XXI). Pero en poco tiempo el proyecto cayó en el olvido. A fines de los años ochenta la Argentina entro en una profunda crisis social y económica, producto del fracaso del Plan Austral (la moneda de la época). Debido a esto el Presidente Alfonsín debió entregar el gobierno antes de tiempo, el 9 de julio de 1989, al candidato electo, por el Partido Justicialista, Carlos Saúl Menem (quien debía asumir el 10 de diciembre del mismo año). Cuando Carlos Menem asumió el proyecto de traslado de la capital seguía técnicamente en marcha, aunque con la crisis económica se había retrasado el inicio de la construcción de las diversas obras de infraestructura planificadas. En los primeros meses de gobierno, Menem intentó continuar con el proyecto y nombró un nuevo equipo de funcionarios al frente del ENTECAP; pero en noviembre de 1989, presionado por los sectores liberales (con quienes se alió politicamente) y liderados por el ingeniero Alvaro Alsogaray (quien siempre se había opuesto al traslado de la Capital desde 1986) y dentro del plan de reforma del Estado proyectado por estos sectores para superar la crisis y sanear las cuentas estatales, Menem deroga los decretos 527/86 y 1156/87, disolviendo la Comisión Nacional para el Proyecto Patagonia y Capital y el ENTECAP, liquidando todos sus bienes y propiedades y dejando materialmente sin efecto el proyecto. Muchos intelectuales y políticos sostienen que el fracaso del proyecto no se debió principalmente por la crisis económica, como se argumenta generalmente para justificar su cancelación, sino por la enorme presión de los medios de comunicación porteños y de los sectores ligados a los intereses políticos y económicos de la ciudad de Buenos Aires. En un primer momento los medios de comunicación aceptaron y apoyaron el traslado pero al cabo de un tiempo se alinearon con los sectores opositores del mismo, quienes lo tildaban de "costosísimo", "faraónico" e "innecesario" y sostenían que el traslado de la capital traería más perjuicios que beneficios al país. Se acusa de colaborar con los detractores del proyecto a los funcionarios nombrados por Raúl Alfonsín al frente del ENTECAP, quienes diseñaron un proyecto demasiado costoso (dandole argumento a los opositores) y dilataron los tiempos haciendo estudios y maquetas, en vez de poner en marcha la construcción de las obras de infraestructura que materializaran el traslado. El ENTECAP fue muy cuestionado en aquellos años por gastar demasiado dinero en personal y oficinas en Buenos Aires, en vez de funcionar en Viedma donde debía tener su sede, según sostenía el decreto que lo creo. También se habla de la falta de decisión política del ex presidente Alfonsín por no viajar a Viedma periodicamente a firmar decretos y hacer actos oficiales y simbólicos que crearan en la población una consciencia de la nueva capital, en vez de esperar que toda la nueva ciudad estuviera construida para mudarse a ella. El se defiende de estas acusaciones sosteniendo el argumento que él creia que el Partido Justicialista, que habia votado a favor de la ley 23.512, lo continuaría. Además de una gran frustración, el incumplimiento de este proyecto dejó secuelas negativas y muy profundas en la zona de Viedma y Carmen de Patagones. El solo anuncio del traslado de la Capital Federal provocó una enorme suba de los precios de las tierras e inmuebles ubicados en el área de la nueva capital, los cuales llegaron a valer hasta diez veces más de su valor originario. También la migración de miles de personas y centenares de familias pobres, provenientes de distintas partes del país, que se mudaron buscando trabajo; las cuales prácticamente duplicaron la población de la comarca. Al caerse el proyecto del traslado de la capital el Gobierno Nacional se desligó de estos temas, debiéndose las municipalidades de Viedma, Carmen de Patagones y Guardia Mitre hacerse cargo de toda esta población que estaba desocupada y sin vivienda. Varios años después el Gobierno Nacional otorgó un crédito a estas municipalidades que quedaron con un gran déficit. Posteriormente el Poder Ejecutivo pretendió cobrarles dichos fondos, pero muchos años después por ley del Congreso de la Nación, y por iniciativa del senador rionegrino Remo Costanzo, estos fueron condonados y se convirtieron en Fondos de Reparación Histórica y también se aprobó la terminación de la construcción de miles de viviendas que habían sido proyectadas por el ex ENTECAP y luego quedaron paralizadas por la crisis. El proyecto del traslado dejo al menos a Viedma como herencia el mejoramiento de los servicios de agua potable y cloacas y diversos barrios, entre ellos el de las 1.016 viviendas, donde iban a vivir los obreros que debían construir la Nueva Capital Federal. Muchos son los que aún siguen sosteniendo sobre la necesidad de trasladar la Capital Federal fuera de la ciudad de Buenos Aires e incluso de reflotar el Proyecto Patagonia: El reconocido y prestigioso historiador argentino Félix Luna declaró, durante el año 2000, en una entrevista al Diario Río Negro que “La mudanza de la Capital a Viedma era una necesidad. Pero creo también que Alfonsín presentó muy mal la idea: se apresuró, la presentó demasiado sorpresivamente y entonces no prendió en la sociedad, ni siquiera en la UCR (Unión Cívica Radical). Sin embargo, sigo creyendo que es necesario sacar la Capital de Buenos Aires… Se necesita un lugar donde se haga política y administración y nada más, donde los dirigentes del interior no queden atrapados por las atracciones de la gran ciudad, como sucede en Buenos Aires. Es indudable que a algún lado hay que llevarla, no sé si a la Patagonia o algún otro sitio, pero desde aquí no se puede seguir gobernando”. Según sostuvo en una entrevista, al Diario Clarín de Buenos Aires, el Dr. Aldo Neri quien fuera el presidente de la Comisión Nacional para el Proyecto Patagonia y Capital “el proyecto empezó tarde, cuando el austral se empezaba a pinchar y el radicalismo entraba en una debacle. Pero… aún reivindico su objetivo de descentralizar la megalópolis porteña”. Durante la capaña electoral de 2005, el diputado nacional por la provincia de Río Negro, Hugo Cuevas, quien era candidato en ese momento, declaró que el traslado de la capital a Viedma lo obsesionaba y que soñaba con plantear nuevamente el tema si llagaba al Congreso de la Nación. En diversas oportunidades en entrevistas a diversos medios televisivos y gráficos, el ex presidente, Raúl Alfonsín comentó que debió haberse ido a vivir en carpa a Viedma y no planificar tanto los edificios públicos donde iba a funcionar el Gobierno Nacional. Y también sostuvo durante el año 2006 que tenía las esperanzas que el presidente Nestor Kirchner, por ser de origen patagónico (nacido en la provincia de Santa Cruz) fuera sensible al tema y decidiera retomar el proyecto de traslado de la capital federal a esta ciudad, ya que las condiciones económicas del país eran propicias para llevarlo adelante. Esto último también fue compartido por muchos políticos de diversos partidos quienes habían participado en los años ochenta del proyecto, según declaraciones al diario La Nueva Provincia de la ciudad bonaerense de Bahía Blanca. Durante el año 2001 varios diputados y senadores presentaron un proyecto de ley para trasladar la Capital Federal al predio que ocupa actualmente la Guarnición Militar de Campo de Mayo, ubicada a unos 30 kilometros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires. Tambien durante abril de 2007 el diputado nacional por la provincia de Entre Ríos, Raul Patricio Solanas, presento un nuevo proyecto para trasladar la Capital fuera de Buenos Aires, el cual establece la derogacion de la ley 23.512/87 pero sostiene la creación de una comisión honoraria que a traves de una amplia consulta y de diversos estudios deberá determinar cual es el sitio geográfico mas viable para localizar la Capital de la Republica Argentina. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_Patagonia

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La Nueva Provincia (2)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/29/2008

LA NUEVA PROVINCIA INCONCLUSA... PERO NO OLVIDADA Por Carlos A. Guardiola Investigación periodística: Lic. María Cristina Garbiero La primera nota de la saga intentó describir ese tumor geopolítico denominado conurbano, nacido en 1946, y que lipoaspira todos los recursos que genera la llamada provincia interior; la segunda realizó una pormenorizada radiografía de los gobernadores "que supimos conseguir" desde ese año a la actualidad; y el punto de inicio de esta historia, con final aún no escrito y cuya trama es desconocida para la mayoría de los bonaerenses, comenzó a desandarse en 1880, cuando hacía su aparición en el país un puñado de políticos preclaros que la historia reconoce como "la generación del 80". Un fenómeno que jamás volvió a repetirse... ni en cantidad... ni en calidad. CAPÍTULO: ENRIQUE JULIO Casi a fines de 1960 un grupo de estudiosos de la cátedra de Historia Americana y Argentina II, de la Universidad del Sur, junto a docentes del Gabinete de Historia Argentina, creado en 1967 en el Departamento de Humanidades, realizó una recopilación de todos los proyectos que, en casi un siglo y cuarto, intentaron cambiar la geografía política de la provincia de Buenos Aires. Por aquel entonces era rector de la casa de altos estudios el Dr. Roberto Etchepareborda. 1880: el gran nudo gordiano El viejo problema de encontrar una capital para la República Argentina quedó solucionado en 1880 cuando Congreso Nacional y Legislatura Provincial acordaron la federalización de la ciudad de Buenos Aires. Un alumbramiento "mal parido", al decir de revisionistas de la historia, ya que para lograrlo debió incumplirse el pacto de San José de Flores que le garantizaba, a la provincia, la integridad de su territorio. Más aún: ésta tuvo que ceder importantes núcleos urbanos como San José de Flores y Belgrano. El conurbano, al norte y en amarillo, una malformación de la geopolítica. Sus habitantes suman 9.270.661 sobre un total de 13.827.203 de bonaerenses y ocupan apenas 3.580 km2 de un total de 13.827.203. Asoman como la gran "aspiradora" de los recursos que genera la provincia interior. Electo el binomio, conformado por Dardo Rocha y Adolfo Gonzales Chaves, que asumió la gobernación bonaerense en diciembre de 1880, el primero se abocó a la inmediata e imprescindible tarea de darle al cercenado territorio bonaerense una capital. Así el 4 de mayo de 1881 un decreto fijó las condiciones que debía reunir el lugar que se designaría a tal fin. Señalaba el mismo, como de fundamental importancia, que el sitio a elegir debería ostentar fácil acceso a vías de comunicación con el interior y, sobre todo, con la nueva Capital Federal. Pocos recuerdan hoy que fueron tenidas en cuenta, para ese rol de capital provincial, ciudades como Bahía Blanca, Necochea o Mar del Plata las que, por una u otra razón, fueron descartadas. Finalmente se eligió "una ciudad fantasma" para su emplazamiento ya que sólo estaba en la mente de algunos estadistas y en tableros de dibujo: La Plata. Tal vez fue la ubicación más desacertada posible ya que tuvieron que derramarse ingentes caudales públicos para cegar los pantanos de Tolosa (área elegida) e improvisar, contra las indicaciones de la geopolítica, la sede gubernamental en los suburbios mismos de la Capital Federal y donde hoy funcionan, casi sin residencia, sus autoridades y los poderes constituídos. Mientras tanto Bahía Blanca seguía creciendo, comenzaban a extenderse sus colonias agrícolas e incrementándose el área sembrada. El aporte inmigratorio que, históricamente, se produce en la ciudades que crecen expandieron el comercio y la industria vinculados ambos a lo agrícologanadero. En 1883 la llegada del ferrocarril y un año más tarde la gigantesca obra de un muelle de hierro generaron las condiciones necesarias para el gran salto. Fue, por entonces, que la ciudad comenzó a soñar en convertirse en la capital del primer estado argentino. Secciones electorales en que se divide actualmente la provincia de Buenos Aires. En los últimos años se ha prouesto que la seccion 6 bonaerense se constituyera en una nueva provincia separadose de Buenos Aires, pero hasta el momento en proyecto no ha prosperado Campaña de "El Porvenir" El primero en lanzar la idea de federalizar Bahía Blanca a través de sus páginas fue un diario bahiense denominado “El Porvenir” que, en el primer semestre del año 1884, se transformó en el adalid de la idea. Sin embargo, la indiferencia del gobierno provincial hacia todo lo que no fuera La Plata sería una impronta que llegaría hasta nuestros días. Ya por 1890 la ciudad había afianzado un indetenible desarrollo haciendo valer su inmejorable posición geográfica y sus vías de comunicación. El alto nivel de vida de sus prósperos habitantes quedaba de manifiesto en los numerosos comercios de artículos suntuarios. A fines del siglo XIX Bahía Blanca se perfilaba como la ciudad del futuro rivalizando con las más importantes urbes del país. Sin embargo un dato llamaría hoy la atención: ya por aquellos años comerciantes y hacendados de partidos como Patagones, Puan, Villarino o Adolfo Alsina, por citar algunos, no utilizaban Bahía Blanca como nudo natural para enviar sus productos a Capital Federal o al exterior. "Génesis de un brillante porvenir" En 1898 otras voces se alzaron en pro de una nueva provincia. Es que comenzaba a emerger la figura de Enrique Julio, fundador de un diario que, no casualmente, se llama “La Nueva Provincia" y que, desde su primer número aparecido el 1 de agosto de ese año intentó demostrar la necesidad de elegir Bahía Blanca como capital de un nuevo estado nacional. "Vengo a luchar en pro de una idea grande que encarna para el sur argentino el génesis de un brillante porvenir", editorializó en el primer ejemplar. Enrique Julio consideraba que los partidos del sur de la provincia, más la totalidad de la gobernación nacional de La Pampa (años después convertida en provincia) y algunos distritos del territorio nacional de Río Negro (luego también estado), ubicados entre las márgenes de los ríos Negro y Colorado, vivían demasiado alejados de la capital provincial inmune, ya desde entonces, a las necesidades de los bonaerenses del sur. Argumentaba que países progresistas, como Estados Unidos, habían fomentado la creación de estados federales que alcanzaron enormes progresos tras su descentralización. Otras razones esgrimidas por Enrique Julio apuntaban a la importancia del puerto de Bahía Blanca (el mayor de aguas profundas del país), y la natural convergencia de mercaderías y productos regionales, no sólo de su zona de influencia, sino también de provincias como San Luis, Mendoza, San Juan y La Pampa que tenían a la ciudad como centro estratégico y referencial de sus relaciones comerciales con el país y el mundo. Se sumaba a todo esto la vastísima extensión territorial del estado y las precarias vías de comunicación que impedían una gestión eficiente a sus gobernantes. En definitiva planteaba un nuevo territorio de 234.252 km2 contra los 259.776 que le quedarían a la Buenos Aires residual. Este nuevo estado provincial, de acuerdo al censo de 1895, tendría una población total de 90.205 habitantes ocupando, así, el décimo lugar en la demografía del país superándolo Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos. Corrientes, Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Mendoza. El mapa geográfico propuesto por Enrique Julio, sin embargo, era demasiado ambicioso y chocaría con poderosos intereses políticos y económicos, sin contar con que hacía desaparecer de la faz de Argentina íntegramente la gobernación nacional de La Pampa, y le cercenaba todo el norte del por entonces territorio nacional de Río Negro. Aún así la idea comenzó a trascender y, como resultado de la persistencia del periodista, la misma fue recogida nada menos que por quien fuera presidente de la república: el Dr. Carlos Pellegrini, concuñado de Julio Argentino Roca y que rigió los destinos del país entre 1890 y 1892, tras la renuncia de Miguel Juárez Celman. Pellegrini fue uno de los primeros políticos que avanzó en la formulación de un nuevo estado argentino, tema que aún hoy mantiene su palpitante vigencia institucional a pesar de las décadas transcurridas y habida cuenta que Argentina debe, inexorablemente, resolver el futuro curso de su federalismo aunque deba superar estructuras anquilosadas y cepos políticos. El proyecto de Enrique Julio hacía desaparecer la gobernación de La Pampa, succionaba partesdel territorio nacional de Río Negro y sumaba distritos del sur bonaerense El proyecto Luro Casi desde la misma creación de la gobernación de La Pampa se comenzó a debatir la cuestión de su capital. Si bien la localidad de General Acha se consideraba firme en sus pretensiones de imponerse como cabeza territorial, poderosos intereses generaron las necesarias situaciones de conflicto como para poner en tela de juicio aquella aspiración. Un terrateniente, llamado Benito Villanueva, donó terrenos en la zona de Toay con destino de capital territorial y fue la chispa que detonó un polvorín cuyo ruido se hizo sentir en la Capital Federal. La cuestión la zanjó Julio Argentino Roca, a la sazón presidente del país, quien con un decretazo autorizó al gobernador, Dr. José Luro, a fijar residencia en Santa Rosa del Toay. El militar no tuvo en cuenta un pequeño detalle de la geopolítica: mientras que en las colonias angloamericanas las ciudades crecieron para solventar las necesidades del campo, en las hispanoamericanas el campo debió crecer para satisfacer las necesidades de las urbes. Y Bahía Blanca era, para el vasto territorio pampeano, un verdadero faro referencial para su comercio y transacciones, opacando la capital elegida que tan sólo alcanzó la estatura de un mero "hotel alojamiento" para sus autoridades de turno. De modo que muy pronto comenzaron a mirarla como la capital que necesitaban si querían expandirse y crecer. Así la idea de Bahía Blanca, capital de la gobernación de la Pampa comenzó a tener sustento propio y popular. Donde no cayó bien la propuesta fue en Carmen de Patagones, la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires, cuyas autoridades vieron la posibilidad de abandonar su condición de "patio trasero" del gran estado bonaerense para transformarse en capital de La Pampa. Idea que pronto naufragó aunque alcanzó a generar un inesperado remezón. Es que siendo vecina inmediata de la provincia de Río Negro las autoridades nacionales estimaron que el siguiente "lance" de los maragatos apuntaría a ser su capital ya que las autoridades de Viedma, a raíz de una colosal inundación, debieron trasladar la sede gubernativa a la localidad de Choele Choel. Por eso Julio Argentino Roca, apodado "el zorro" por su astucia y que por segunda vez regía los destinos del país, firmó el 9 de mayo de 1900 el decreto por el cual la ciudad de Viedma era consagrada, definitivamente, capital de la provincia de Río Negro. El inicio del siglo XX, a 10 años de la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo, y con la impronta que derramara esa fantástica legión de estadistas que sería conocida como "la generación del 80", parecía depararle a la Argentina un período de tranquilidad institucional. Sin embargo la llegada al congreso del Dr. Carlos Pellegrini, como diputado nacional, reabriría una vieja herida geopolítica hasta el día de hoy no cicratizada. El mandatario convulsionó al país, y a los bonaerenses, con un remozado proyecto de generar otro estado a partir del desguace de la provincia de Buenos Aires. Esa es la historia de la próxima nota. Aunque, mientras tanto, bien valdría la pena tomar conciencia que la vida humana es un juego entre la palabra y el silencio: "Hay tiempo de hablar y tiempo de callar", nos recuerda Salomón en el Eclesiastés (3, 7). Un guante que arrojamos a nuestros legisladores provinciales. Fuente:http://www.lasextaseccion.com.ar/Diciembre_2006/dic_editorial.htm http://federalismoydescentralizacion.blogspot.com/2008/07/inconclusa-pero-no-olvidada.html

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