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Primer post: 29 jul 2010Último post: 29 jul 2010
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La danza de los ataúdes
La danza de los ataúdes
InfoporAnónimo7/29/2010

El día de hoy me llegó, como otras veces, un correo electrónico de una "medium visionaria" llamada "Tara". Habitualmente sus mensajes son publicidad de sus servicios y proporcionan muestras de sus análisis numerológicos y astrológicos. Pero en el correo de hoy venía además de lo común, un relato, lo cual me llamó la atención por lo cual lo leí y ahora lo quiero compartir. Busqué información sobre este relato y no encontré nada que me confirme a ciencia cierta si está basado en hechos reales o es simplemente un mito de esos que circulan por la web. Quizá sea este el medio por el cual puedan afirmar o desmentir lo que voy a transcribir. He aquí el relato: Barbados es una isla paradisíaca del Océano Atlántico. Playas de fina arena, paisajes paradisíacos y sol todo el año son las principales bazas de esta joya del Caribe. Sin embargo, en este lugar idílico ha tenido lugar en el siglo XIX uno de los fenómenos extraños más misteriosos: ¡el de los ataúdes danzantes! Todo empezó en el sur de la isla, en el cementerio de la parroquia de Christ Church. En efecto, entre 1811 y 1820, este lugar de reposo eterno ha conocido un periodo de agitación desacostumbrado que ha afectado al panteón de la familia Chase. Panteón de la familia Chase La cripta en cuestión, mide alrededor de 12 pies por 6 (3,60 m X 1,80 m). Esta cripta está cerrada por una enorme losa de mármol azul que pesa aproximadamente 450 Kg. por lo que es imposible que sea abierta por un hombre solo y difícilmente maniobrable incluso por varias personas. ¡Esta precisión es capital para comprender el desarrollo de los acontecimientos! Los inicios de esta historia se remontan al siglo XVIII, época en la que una rica familia de plantadores, los Walronds, hacen un encargo de una tumba en roca coralina y la hacen instalar en el cementerio de la parroquia de Christ Church al sur de Barbados, para crear su panteón familiar. La primera persona que fue enterrada era la señora Thomasina Goddard en 1807. Por una razón desconocida, los Walronds ceden su panteón de familia a otra familia de plantadores acomodados, la familia Chase. El mismo año, muere desgraciadamente, tras una de las enfermedades más frecuentes en la época, la joven Mary Ann Chase de sólo dos años de edad. El panteón permanecerá cerrado durante cuatro años sin que nadie más venga a ocuparlo. El 6 de julio 1812, se ha abierto de nuevo la cripta para enterrar a la infortunada Dorcas Chase, la hermana amada de Mary Ann, muerta en extrañas circunstancias. Se rumoreó que ella se dejo languidecer a causa de la tiranía que ejercía sobre ella el jefe de la familia: Thomas Chase. La extraña danza de los ataúdes Un mes más tarde, Thomas Chase falleció a su vez. ¡Este fue el inicio de los fenómenos enigmáticos que iban a alimentar la crónica relativa a la « siniestra danza de los ataúdes »! ¡En efecto, mientras que las precedentes inhumaciones se habían desarrollado normalmente, la de Thomas Chase iba a marcar el inicio de nuestro misterio! El día del descenso a la tumba, los enterradores, después de haber abierto normalmente la puerta desplazando entre varios la enorme losa de 450 Kg., salieron algunos minutos más tarde visiblemente aterrados y negándose a volver a entrar en el panteón. A pesar de la insistencia e incluso de las amenazas del reverendo Thomas Oderson, no quisieron volver a ningún precio. El eclesiástico se vio obligado a descender él mismo y el espectáculo que descubrió le aterró a su vez. Encontró los dos ataúdes de plomo macizo de las niñas Chase de pie, puesto boca abajo. ¡El ataúd de la señora Goddard estaba de lado contra una de las paredes de la cámara funeraria! No había rastros de profanación ni de tentativa de apertura de los ataúdes. A pesar de las negaciones de los enterradores, en aquella época esclavos, y las amenazas de castigo, ellos negaron cualquier intento de violación de la sepultura. Ante la ausencia de cualquier explicación lógica, el desplazamiento de los ataúdes fue, no obstante, atribuido al movimiento de revuelta de los esclavos que agitaba la isla en esa época. Pero sin pruebas, nadie pudo hacer nada. ¡Contentándose con esta plausible explicación, los ataúdes presentes fueron devueltos a su lugar y el pesado ataúd de plomo de Thomas Chase, que precisaba por lo menos de ocho hombres para moverlo, fue colocado al lado de los otros! La enorme losa, una vez vuelta a colocar penosamente por varios hombres, selló nuevamente la cripta durante varios años. ¡Pero este incidente, que todo el mundo creía cerrado, no era de hecho más que una peripecia de este increíble y macabro misterio! ¡El misterio se repite! El acontecimiento estaba casi olvidado en la memoria colectiva cuando de nuevo fue abierta la tumba cuatro años más tarde, el 25 de septiembre de 1816 para inhumar el joven Samuel Brewter Ames. ¡El reverendo fue el primero en descender, no obstante con una cierta aprensión, para descubrir un espectáculo todavía más sorprendente y más espantoso que la primera vez! Los ataúdes habían vuelto a cambiar de sitio. ¡Se sospecha nuevamente de los esclavos o de ladrones; pero, nuevamente se constata que las tumbas de los últimos difuntos no habían padecido ninguna tentativa de ultraje! El pesado ataúd de plomo de Thomas Chase estaba colocado al lado opuesto del lugar donde había sido situado en 1812. ¡Los otros ataúdes también habían cambiado de lugar! Todavía más asustados y sorprendidos que la primera vez, los enterradores devolvieron penosamente los pesados ataúdes a su disposición original. ¡Esta vez, se manda al secretario del gobernador, el mayor Finch, así como a algunos inspectores que no encontraron nada sospechoso! Desconcertados por este misterio, situaron nuevamente los ataúdes uno al lado del otro, hicieron sellar de nuevo la cripta con la pesada losa y quitaron incluso el caballete que servía para abrir la puerta de la tumba. ¡Entonces, trataron de hacer abrir la losa que sellaba la cripta pero, ni aún con la intervención de varios hombres, esta no se movía ni un ápice! Esta vez, los intervinientes y los testigos se dijeron que, cualquiera que fuese la identidad de los violadores de tumbas, no podrían hacer nada ahora a menos de ser más de una decena. ¡Lo que llamaría la atención de la gente! Desgraciadamente, ocho semanas más tarde, el padre de Samuel, asesinado por esclavos, fue llevado a reunirse con su hijo en la tumba. Colocaron el caballete en su lugar pero fueron necesarios más de una docena de esclavos para mover la pesada losa que cerraba la cripta. No obstante, esta vez, había una gran muchedumbre para asistir a la apertura de la tumba porque, desde hacía unos años, la extraña historia de los ataúdes que se desplazaban había dado la vuelta a la isla e incluso a todo el Caribe! El reverendo tuvo de nuevo el « honor » de penetrar el primero en la cripta. Esta vez, estaba acompañado de un magistrado y del gobernador de la isla. El espectáculo fue... espectacular, ¡pero terriblemente habitual para el buen pastor! ¡Los ataúdes habían sido desplazados nuevamente, al revés! A excepción del de la señora Goddard, el más ligero de los cinco, el único de madera; ¡los otros estaban hechos de plomo macizo! ¡Los expertos en el Caribe! Visto el giro de los acontecimientos y el misterio, siempre más enorme, este asunto tomó dimensiones nacionales. Al día siguiente por la mañana, todos los ataúdes fueron sacados de la cripta y cuidadosamente examinados por expertos, así como la sepultura,. ¡Ellos inspeccionaron cada centímetro cuadrado de la cripta sin encontrar el menor rastro de paso, de fractura o de entrada secreta! No había ningún otro acceso más que la pesada losa de 450 Kg. impidiendo cualquier penetración. Tampoco había trazas de filtraciones de agua. ¡Ningún movimiento sísmico había sido registrado desde hacía años! ¡Incluso en ese caso, el agua no habría podido trasladar los pesados ataúdes de plomo a la otra parte de la tumba, ni ningún movimiento de tierra colocarlos de pie contra las paredes! La profunda investigación acabó en nada, los ataúdes fueron dispuestos nuevamente en la cripta, la maciza losa colocada en su sitio. Esta vez, la sellaron con cemento. Los rumores continuaron su ritmo. Muchos esperaban con malsana impaciencia la próxima apertura de la tumba. La ocasión no se hizo esperar con la inhumación el 7 de julio de 1819 de Thomasina Clarke, una amiga de la familia. Esta apertura de la tumba tomó las dimensiones de un acontecimiento nacional, con una multitud todavía más numerosa que la última vez y con la presencia de los más altos dignatarios británicos de Barbados, isla que en aquella época pertenecía a Inglaterra. Estos se mostraron aliviados en un primer momento porque la pesada losa que servía de puerta aún estaba sellada con el cemento siempre intacto. ¡Los esclavos la liberaron pero, se vieron incapaces de abrirla! ¡Fueron necesarias muchas horas de duro trabajo y la utilización de cuñas de madera para lograr elevarla! Una vez abierta, se encontró la explicación: el ataúd de Thomas Chase atravesado en la entrada volvía casi imposible su apertura. El mismo espectáculo habitual esperaba a aquellos que entraron en la cripta. Como la última vez, sacan los ataúdes para examinarlos así como el interior de la cripta sin más resultados que anteriormente. Se sella nuevamente la cripta pero con más precauciones que antes. Se pone arena fina en el suelo de la cripta, unos sellos oficiales fueron grabados en el cemento que sellaba la pesada puerta rocosa. Un oficial de policía fue encargado de ir cada día a verificar el estado de los sellos. ¿Por fin, la explicación del enigma? Durante largos meses, no se produjo ningún fallecimiento que pudiera pretextar una nueva apertura de la cripta. No obstante, las autoridades se decidieron a reabrirla después de que ciertos testimonios hubieran asegurado que se oían extraños ruidos procedentes del interior de la tumba. Así, el 20 de abril de 1820, una importante delegación oficial encabezada por el gobernador de Barbados en persona, Sir Combermere, se presentó nuevamente ante la pesada losa de la cripta. Aparentemente, no había ningún movimiento. Sir Combermere Ningún rastro de paso alrededor de la tumba y tampoco la menor rozadura en el cemento que sellaba la puerta. ¡Una vez abierta trabajosamente, los oficiales descubrieron boquiabiertos que, esta vez, eran los ataúdes de los niños los que impedían la entrada! El de Thomas Chase había sido desplazado nuevamente. Únicamente el de la señora Goddard continuaba en el mismo lugar. De nuevo: ¡ninguna prueba de robo ni ningún rastro en la fina arena extendida en el suelo! Se revisaron también las paredes con barras de hierro para detectar túneles. ¡Nada de nada! Entonces, los ataúdes fueron sacados de la tumba e inhumados en otro lugar bajo las órdenes del gobernador en persona. ¡Luego, nunca jamás ha sido enterrado nadie en el Panteón Chase, que está vacío y abierto desde hace más de 200 años! Hasta el día de hoy, el misterio continúa. Esto fue lo que encontré buscando más sobre el tema en internet: El misterio del Panteón de los Chase El 6 de julio de 1812 en las cercanías de la bahía de Oistin (Isla de Barbados), un grupo de enterradores se dirige al cementerio de Christ Chursh con el cuerpo difunto de la señora Dorcas Chase. En el panteón familiar, una edificación sólida, construida con grandes bloques de coral unidos con cemento, se encuentran ya los ataúdes de Thomasina Goddard y Mary Anna María Chase, enterradas en 1807 y 1808 respectivamente. La pesada losa que cubre la tumba familiar, de 4 por 2 metros de superficie y semienterrada a la entrada del camposanto, es retirada con gran trabajo por el personal, debido a su considerable peso, y el ataúd es entrado posteriormente en su interior. Las tinieblas son cerradísimas allí dentro, y cuando los sepultureros encienden sus quinqués, se encuentran con una visión realmente aterradora. El ataúd de Mary Anna María había sido movido hacía un rincón y el de la señora Goddard, se encontraba ahora pegado contra la pared opuesta a la entrada. Los enterradores y familiares asistentes no dan crédito a sus ojos y la tumba es de nuevo cerrada con gran dificultad, no sin antes haber depositado en el suelo el ataúd de Dorcas Chase y puestos de nuevo en su sitio los otros dos. Panteón en la actualidad El suceso conmovió a toda la familia y no comprendían cómo unos ataúdes, a la sazón revestidos de plomo, habían sido removidos en semejante lugar. En un intento por buscar culpables y racionalizar lo sucedido, se acuso a los esclavos negros de tal profanación. Se sabía que los negros habían asistido al entierro de la primera hermana Chase y que era poca la simpatía que tenían por el patriarca Thomas Chase, cuyo comportamiento cruel y tiránico había llevado al suicidio a su hija Dorcas. Sin embargo, los negros antillanos rechazaron la acusación y en su lugar mostraron miedo y respeto por lo que consideraban era obra de los espíritus. ¿Quién, entonces, era el responsable de tan macabra broma?. Nada de todo aquello tenía el menor sentido pues los ataúdes, aparte de ser removidos, no habían sufrido ningún deterioro ni faltaba pieza alguna que hiciera pensar en un robo. ¿Es posible que los negros se tomaran molestia tan grande para obtener unos resultados tan insignificantes? No es probable, y el suceso así quedó, hasta que un mes más tarde, el 9 de agosto de 1812, Thomas Chase murió también, siendo llevado su cuerpo al mismo panteón. En esta ocasión, los ataúdes seguían estando en su sitio, pero el 25 de septiembre de 1816, cuando la losa fue de nuevo levantada para enterrar a un niño llamado Samuel Brewster Ames, los ataúdes volvieron a encontrarse desordenados. Como en ocasiones anteriores, la culpa recayó otra vez sobre los negros, que retornaron en su insistencia de que ellos no habían sido. El 17 de noviembre se creó una gran expectación en Oistin, cuando otro difunto fue trasladado desde el cementerio de St Philips al panteón familiar de los Chase. Una gran multitud se congregó en el lugar para observar los extraños movimientos de ataúdes. Cuando la bóveda fue abierta, todos los féretros habían sido cambiados de lugar. El de la señora Goddard, se hallaba deteriorado y roto por el desgaste y desplazado a la pared opuesta, y todos los demás sarcófagos, desperdigados en desorden por el suelo. Inútilmente se trató de descubrir algún indicio que explicara lo sucedido. Las paredes, el suelo y el techo, seguían estando en buen estado y no existía recodo alguno por el que pudieran pasar los posibles bromistas. Los ataúdes fueron reordenados, y la pesada losa fue vuelta a cimentar en su sitio. Dibujos de Nathan Lucas, posición inicial y posición en la que se encontraron en abril de 1820. Durante tres años, el panteón, que no había sido vuelto a abrir, fue objeto de la visita de los curiosos. Su fama llegó incluso a Europa y muchos fueron los que tomaron interés por ese misterioso cementerio de Barbados. El 17 de julio de 1819, Thomasina Clarke, murió, y su cuerpo fue trasladado al panteón. Para entonces, hasta el mismo gobernador de Barbados, el vizconde de Combermere, asistió al sepelio, acompañado por un centenar de observadores deseosos de encontrarse con el misterioso fenómeno. Y sus ansias quedaron satisfechas pues cuando los albañiles retiraron la losa, los ataúdes del interior se hallaban otra vez desordenados y desperdigados por todo el lugar. El registro que se hizo por los peones fue realmente exhaustivo, pero, como en ocasiones anteriores, no se encontró ningún indicio de profanación. Los féretros fueron entonces colocados en su sitio y se decidió recubrir el suelo entero de fina arena, para descubrir las huellas del posible culpable. Cuando la bóveda volvió a ser tapada, el vizconde de Combermere y dos funcionarios, marcaron el cemento con su sello, formando así una película infranqueable. El 18 de abril de 1820, el panteón volvió a ser abierto. Hasta entonces el lugar no había sido utilizado, pero la expectación despertada en el público y el deseo del vizconde Combermere por comprobar si su experimento había dado resultado, hicieron que ese 18 de abril, se desvelara el misterio, a pesar de no haber ningún finado para ocupar un hueco en la sepultura. El vizconde Combermere, acompañado del Honorable Nathan Lucas, el secretario de gobernación, mayor J. Finch, el señor Rowland Cotton, el señor R. Bowcher Clark y el reverendo Thomas Orderson, se dirigieron al cementerio de Christ Church, con un grupo de asustados peones negros, dispuestos a levantar la losa. Todo estaba como lo habían dejado, es decir: el cemento estaba intacto y los sellos oficiales seguían en su lugar, sin haber sufrido ninguna perturbación. Con esto, todos pensaron que el interior se encontraría también en buen estado, pero cuando el cemento fue picado y la losa retirada a un lado, se sorprendieron al escuchar un extraño rozamiento surgiendo de la oscura bóveda. Uno de los ataúdes de plomo había sido arrojado contra la losa y al ser retirada esta por los albañiles negros, la sepultura había sido arrastrada con ella. Los cada vez más aterrorizados negros comprobaron que el ataúd de Mary Anna María, se encontraba ahora empotrado en la pared del fondo, y del tal manera, que incluso el muro había sufrido daños. Los demás féretros estaban diseminados por el suelo de forma caótica. El vizconde Combermere, no daba crédito a sus ojos. El exterior de la bóveda seguía estando tan sólido como siempre, por lo que nadie podía haberse colado dentro por algún resquicio, y la fina arena depositada en el pavimento interior, no presentaba muestras de huellas o de presencia humana. Si alguien había entrado allí, pensó el vizconde, desde luego no era de este mundo. El honorable Nathan Lucas, dijo de la inspección que hizo del lugar: «Examiné los muros, el arco y toda la bóveda: todo era igualmente antiguo; un albañil, en mi presencia, golpeó minuciosamente el suelo con un martillo: todo era sólido. Confieso que no puedo explicar los movimientos de esos ataúdes de plomo. Ciertamente, no se trata de ladrones, y en cuanto a broma pesada o truco, hubiese sido necesaria la participación de demasiada gente y el secreto hubiera sido descubierto; y en cuanto a que los negros hayan tenido algo que ver, su miedo supersticioso a los muertos y a todo lo que con ellos se relaciona, excluye cualquier idea de esa clase. Todo lo que sé es que ocurrió y que yo fui testigo del hecho.” » Otras de las posiciones posteriores. Desde aquel día, los ataúdes no volvieron a dar motivos para el misterio, pues todos ellos fueron sacados de la bóveda y trasladados a otros lugares del cementerio. Jamás se llegó a saber qué ocasionó semejante suceso incongruente y nunca más se le volvió a dar publicidad. Una multitud de teorías surgieron en aquella época, tratando de solucionar el enigma pero ninguna era lo suficientemente sólida como para validarla. Se habló de pequeños seísmos, de negros vengativos, de bromistas recalcitrantes, pero todas fueron desechadas por falta de consistencia y de pruebas. El misterio continuó así, y aún hoy se sigue hablando en Barbados del misterio de los ataúdes deslizantes. En la actualidad el panteón está vacío y puede ser visitado por los curiosos que desean rememorar aquel extraño incidente. Sin embargo, no es necesario trasladarse hasta allí para encontrarse con caprichosos ataúdes andarines. “Antiguas Historias Antillanas” fue un libro publicado por sir Algernon Aspinall. En él, el autor nos describe un suceso similar acaecido en Stanton (Suffolk, Inglaterra) en 1815. Como en Barbados, los ataúdes de Stanton habían sido movidos al menos en tres ocasiones, llegando incluso a ascender unas empinadas escaleras. En 1867, el señor F.C. Paley, de Gretford, en las cercanías de Stamford (Lincolnshire, Inglaterra), relataba un hecho similar sucedido en un panteón local y confirmado por varios testigos. Al igual que en los dos anteriores, los ataúdes fueron removidos repetidamente, quedando incluso alguno de ellos, apoyados verticalmente contra la pared. En 1844, en Arensburg, en la isla báltica de Oesel, ocurrió algo parecido en el panteón familiar de los Buxhoewen. En el transcurso de un misa por los funerales de un familiar, se dejó sentir en el interior de la bóveda privada, unos extraños ruidos que alertaron inmediatamente a los concurrentes. Los más atrevidos, abrieron el panteón y descubrieron boquiabiertos, cómo los féretros de sus difuntos se encontraban desperdigados por el suelo, sin orden alguno. Con el tiempo, el presidente del tribunal eclesiástico local, el barón de Guldenstabbe, encabezó una investigación oficial y ordenó que la bóveda se abriera. Los ataúdes, pese a haber sido reordenados, y la puerta principal cerrada con llave, se encontraban de nuevo desordenados y dispuestos en difíciles posiciones. El barón Guldenstabbe, lejos de atribuir el misterio a agentes sobrenaturales, ordenó que el suelo del panteón fuera picado y levantado, con la intención de encontrar algún pasadizo secreto por el cual pudieran haberse colado los bromistas o los profanadores de tumbas (profanadores inexistentes, pues jamás fue robado nada). No obstante, el resultado fue negativo, no encontrándose ningún resquicio sospechoso. La Bóveda fue de nuevo pavimentada, y como ocurriera en Barbados, su suelo recubierto, en esta ocasión, de ceniza, mucho más sensible a las huellas que la arena. Como en Christ Church, también aquí se imprimieron sellos ocultos en la losa, que se romperían en caso de que alguien la abriera secretamente; además, el barón dispuso que unos soldados vigilaran el lugar durante tres días y tres noches. Cumplido el plazo, el comité investigador se desplazó otra vez al cementerio. Los sellos secretos permanecían intactos, la ceniza desperdigada en el suelo, no presentaba señales de huellas, pero los ataúdes, de nuevo estaban desperdigados en el interior de la bóveda, estando algunos rotos o boca abajo. El comité de Arensburg y los Buxhoewden, rendidos ante la evidencia, no pudieron hacer otra cosa que trasladar los féretros a otro cementerio y dejar que la providencia explicara algún día el misterio; lo que nunca ocurrió. El misterio de los ataúdes deslizantes, tanto en Barbados, como en Stanton, en Stamford o en Arensburg, sigue siendo un misterio insoluble. Muchos fueron los que intentaron dar una explicación plausible al fenómeno, sin que ninguna de ellas, como hemos indicado antes, resultara consistente. En cuanto a Barbados, se sabe que el lugar se encuentra rodeado por un cinturón sísmico que posiblemente fuera el causante del movimiento de los ataúdes, pero también se sabe que en esas fechas no se registró presencia sísmica en la zona y que, de haber sido así, todos los ataúdes del cementerio se hubiesen movido y no sólo los del panteón familiar de los Chase. Corrientes subterráneas e inundaciones, fueron otras de las teorías barajadas. Pero la bóveda de Oistin, estaba por encima del nivel del terreno y su estructura era estanca; lo mismo ocurría en Stanton, Stamford y Arensburg. George Hunte, autor de “Barbados”, un libro en el que se trata del misterio de los ataúdes, ofreció una teoría que intentaba explicar el suceso: “El gas de unos cuerpos en descomposición, y no espíritus malignos, fue responsable de las violentas separaciones y del desorden que desbarató el trabajo de los enterradores”. Aunque esta hipótesis parecía, en parte, solucionar el problema, nadie se preguntó cómo era posible que unos simples gases de procedencia humana podían mover unos féretros recubiertos de pesado plomo, de los que cuatro hombres apenas eran capaces de mover. El misterio siguió y seguirá, me temo, sin solución, para el resto de la vida. Todas las hipótesis vertidas en el asunto, con la intención de explicarlo, han fracasado irremediablemente. Sólo cabe, pues, buscar su origen en otro lugar quizás no tan humano. Ante enigmas como este, uno se siente tentado en pensar en influencias del Más Allá, o en una capacidad psíquica desconocida hasta el momento, capaces de mover objetos pesados y ocultos con la simple fuerza de la mente. Es posible que, por razones fuera de toda lógica, los asistentes a aquellos sepelios, utilizaran sin saberlo una capacidad mental extraordinaria e inconsciente, causantes de ese deslizamiento sin sentido de los ataúdes; esto, reforzado con la convicción, el miedo y el deseo de los que se agregaban para encontrarse con el fenómeno, pudo potenciar aún más el suceso, hasta que, simplemente, se suprimía trasladando los féretros a otros lugares, acabando así con la tentación involuntaria de los eventuales psíquicos. Sin embargo esto no deja de ser una teoría más, tan válida o inválida como las anteriores, que en ningún caso clarifica contundentemente el suceso. El misterio de los ataúdes deslizantes, es, y seguirá siendo, un asunto para los hechos insólitos, y patrimonio del acervo popular. Fuentes: Tara - "Medium Visionaria" http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2009/02/10/el-enigma-de-los-ataudes-deslizantes-de-barbados/ http://www.superenigmas.com http://www.losenigmas.com.ar Espero les haya gustado, me pareció interesante para convertirlo en mi primer post. Saludos, y espero sus comentarios!

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