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Un joven usa su parecido con el ex presidente para concretar una entrevista con la primera mandataria; pide a famosos que apoyen su causa en las redes sociales Gastón Turay Chirino es la viva imagen del ex presidente Néstor Kirchner cuando era joven, cualidad que piensa aprovechar para concretar su sueño: conocer a la Presidenta. Este sanjuanino, oriundo del pueblo de Albardón, busca lograr una entrevista con la primera mandataria, Cristina Kirchner, apoyado en su increíble parecido. Desde su cuenta en la red social Twitter, "El Néstor Kirchner sanjuanino" pide a famosos del país que dejen un mensaje en su perfil, sumando adhesiones a la causa.
n invento chileno segun la siguiente nota. El cacerolazo no es un invento argentino Esta forma de protesta se asocia a las masivas manifestaciones de diciembre de 2001 en la ciudad de Buenos Aires, pero nació en Chile en la década del 70 Por Natalia Pecoraro | LA NACION Comentá5 El 13 de septiembre, las cacerolas volvieron a sonar en la ciudad de Buenos Aires. Foto: Marcelo Manera En el imaginario porteño, los cacerolazos surgieron a fines de 2001 en la ciudad de Buenos Aires. Fue un momento de protestas masivas en las calles, de marchas, asambleas, del "que se vayan todos". Este año, con las manifestaciones de junio y de septiembre , algunos recordaron los ruidos de las cacerolas de 2001. Sin embargo, en América latina, en la segunda mitad del siglo XX, el primer registro de cacerolazos se dio en Chile en la década del 70. El presidente era entonces Salvador Allende. Sectores acomodados de Santiago mostraron su descontento con cacerolazos menores, que no trascendieron. Pero el 1 de diciembre de 1971, en el centro de la capital chilena, un grupo de mujeres nucleado en la agrupación Poder Femenino golpeó sus cacerolas y se hizo escuchar. Al año siguiente, la banda de folklore Quilapayún compuso la canción "Las ollitas" . "La derecha tiene dos ollitas / una chiquitita, otra grandecita. / La chiquitita se la acaba de comprar, esa la usa tan sólo pa' golpear". Unos años después, en la década del 80, con la dictadura encabezada por Augusto Pinochet instalada en el país, esa forma de protesta la llevó adelante la oposición en los livings de las casas: fue una manera de evitar la represión física en las calles. EN LA ARGENTINA Los cacerolazos más masivos y contundentes se dieron en nuestro país durante el mes de diciembre de 2001 , aunque también hubo protestas de ese tipo, menores, muchos años antes. Durante la última dictadura, un grupo de mujeres se animó a protestar contra el aumento del costo de vida en la ciudad de Buenos Aires. Fue el 20 de agosto de 1982 en la Plaza de Mayo. Golpearon cacerolas, cantaron el Himno Nacional Argentino y elevaron un petitorio. Según reconstruyó la investigadora Roxana Telechea, del Centro de Investigación y Estudios en Ciencias Sociales , las mujeres llevaban carteles que decían: "Pan y trabajo", "Que bajen los impuestos", "Aumento de sueldos", "El hambre ya no se soporta", "Los niños de las villas ya no comen carne", "No podemos comprar pan y leche". Según la autora de la investigación Historia de los cacerolazos 1982-2001 , una protesta similar tuvo lugar en la ciudad de Mendoza el 9 de septiembre de 1982. Ya en democracia, con Raúl Alfonsín como presidente, el primer cacerolazo registrado fue en octubre de 1986. ¿La convocatoria? Mujeres se sumaron a una protesta de la CGT y llamaron a "concurrir a la concentración con ollas, sartenes, tapas y latas para hacer escuchar los reclamos". Según Telechea, manifestaciones así se dieron en varios lugares del país durante el gobierno alfonsinista, por diversas razones: en abril de 1987, un "cacerolazo democrático" en Córdoba, convocado tras el levantamiento carapintada; en agosto de 1988, en Neuquén, por el aumento de las tarifas de servicios; en agosto de 1988, en La Plata, también por los "tarifazos"; en septiembre de 1988, mujeres junto a la CGT en la ciudad de Buenos Aires, por el aumento de la canasta familiar... El 21 de septiembre de 1988, la convocatoria fue simple y contundente: "Contra el tarifazo, el cacerolazo". Según Telechea, hubo cacerolas, sartenes, latas, silbatos y banderas argentinas. Protestas parecidas se llevaron adelante durante 1989: era el momento más crítico de la hiperinflación. El siguiente cacerolazo registrado fue el 12 de septiembre de 1996: la oposición, en protesta por políticas del Gobierno, entonces encabezado por Carlos Saúl Menem, convocó a apagar luces durante cinco minutos. Al masivo apagón se sumaron ruidos de cacerolas y de bocinas. Fue el primer cacerolazo que se extendió por varios barrios de la ciudad de Buenos Aires. 2001 Ya a fines de 2001, con Fernando De la Rúa como presidente y con el ánimo caldeado por el corralito impuesto por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, las protestas brotaron : cacerolazos , apagones, sentadas, marchas, cortes de calles. Los días 19 y 20 de diciembre de ese año fueron el punto álgido de las manifestaciones, el momento más violento, de total crispación social, de desborde. A las formas de protesta de los días anteriores se sumaron los saqueos. Según el sociólogo Javier Auyero , quien investigó los orígenes, el desarrollo y las consecuencias de esos días, cerca de 300 negocios y supermercados fueron saqueados. Poco después, en marzo de 2002, en la localidad de Jachal, en la provincia de San Juan, se inauguró el monumento a la cacerola. ¿La leyenda que lo acompaña? "Funcionario, la cacerola vigila". Según planteó la socióloga Maristella Svampa en junio de este año, "quizá sea éste también uno de los mensajes que todavía resuena en las cacerolas, y que no está dirigido sólo al Gobierno sino al conjunto de la clase política"..
Estamos todos muertos LA HISTORIA CASI VERDADERA DEL HOMBRE QUE ESTUVO QUINCE MINUTOS EN EL MÁS ALLÁ Y VOLVIÓ PARA CONTARLO link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=jjOQac1vOEc Lo sucedido no se presta para demoras así que lo contaré rápidamente y sin ningún berretín literario. Estaba yo leyendo en una mesa del boliche y tomando el café escandalosamente frío que suele servirme el mozo, cuando me di cuenta de que tenía enfrente a un hombre sesentón, peinado a la gomina y con bigote. -Yo estuve ahí. Conozco ese lugar, me dijo señalando la tapa del libro que estaba leyendo, una edición vieja de “El libro del cielo y el infierno” -¿En el cielo o en el infierno?, le pregunté sarcástico. Pidió permiso para sentarse y ordenó un café que llegó humeante. Yo miré al mozo como para recriminarle la discriminación a la que me había sometido pero se sonrió y se fue silbando Yuyo verde. -Déjeme que le cuente, dijo el hombre y se acomodó en la silla. El cielo y el infierno son la misma cosa. Se lo digo yo que estuve ahí cuando permanecí quince minutos muertos debido a una rara enfermedad. -¿Quince minutos muerto? No es mucho?, le pregunté pero hizo como si no me escuchara. -No sé. Pero después de atravesar el túnel luminoso y todas esas cosas que usted ya sabe, me encontré en el más allá. Y entonces me contó las venturas y desventuras de los que, sin saber que se habían muerto, purgaban los pecados cometidos o disfrutaban del bien hecho en la tierra. Este hombre me aseguró que todos habitaban la misma y enorme ciudad. Allí estaban los que apenas les alcanzaba el sueldo para llegar a fin de mes y los que se iban todos los años de vacaciones. Los afectados por una grave melancolía y los que se tomaban todo para la risa. Los protegidos y los desamparados. Los hinchas del cuadro que pelea el descenso y los que festejan campeonatos casi todos los años. -Pero, discúlpeme, y cuando la gente se muere en ese más allá ¿para dónde se va? -Ah, yo qué sé! En el más allá hay gente que cree en Dios y gente que no. Gente que cree en otra vida y gente... El hombre hizo una pausa y aproveché para señalarle que, si de algo pecaba ese más allá, era de falta de originalidad. -Acá en la tierra es igual. Están los que creen y los que no. Los enamorados, y los que andan solos. Los que se toman el café calentito y los que están obligados a tomárselo frío, le expliqué hablando alto para que me escuchara el mozo. Entonces fue el hombre engominado el que me interrumpió, inclinándose hacia adelante y mirándome serio. -¿Acá en la tierra? ¿Cómo “acá en la tierra”? ¿A dónde piensa usted que estamos todos ahora?, me preguntó como si la respuesta fuera evidente. Entonces miré por la ventana y los vi. Vi al cuidador de coches y al automovilista. A la luminosa pareja de novios, y al anciano que arrastraba los pies. Al que pasó tosiendo desesperadamente y al que se cruzó trotando alegremente. Y llegué a una conclusión fantástica y escalofriante. Fue allí cuando el hombre del bigote y la gomina me sacudió el hombro mientras largaba una carcajada. -No se lo tome en serio! Era una broma, muchacho. Mire que me hizo reír…, se disculpó y de inmediato se fue sin pagar la consumición. Yo me quedé mirando al mozo que, como siempre, estaba acodado en la barra con una sonrisa de felicidad que le nacía de quién sabe qué fortuna. Ese mozo al que no podía evitar dejarle generosas propinas pese a que, días tras día, insistía en condenarme a beber un café amargo y escandalosamente frío.
Mamá es Cristina Fernández de Kirchner, desde 2010 es la presidenta de Argentina, y a su hijo mayor, su preferido, lo llama "Osito". Y en público también suele apelar a él, Máximo Carlos Kirchner, cumpliendo con una tradición milenaria de toda madre que se precie: humillar a sus vástagos con anécdotas de la infancia. "Quiero contarles una historia, me va a matar Máximo, pero no importa. Máximo iba al colegio, año 83, y saca insuficiente en Educación Física. (...) El profesor, que era un señor militar, me dijo que le había puesto insuficiente porque no sabía hacer la vertical. Entonces lo miré y le dije: `Mire, yo soy abogada, mi marido también es abogado, somos uno de los estudios más importantes de Santa Cruz y ninguno de los dos sabe hacer la vertical. Nunca aprendimos a hacer la vertical porque, en realidad, nunca andábamos dando vueltas carnero, sino que en una de esas lo nuestro era la lectura. Ahora, si usted le preguntaba al chico quién era el presidente en ese momento, seguro que sabía`", relató la mandataria hace un año. En todo caso, los estudios tampoco fueron lo de Máximo, que abandonó abogacía primero, y periodismo deportivo después. Tampoco descolló laboralmente, su currículum es corto y poco claro: figuraba como empleado de una inmobiliaria de la que se decía que, en realidad, era socio. Aún así, como líder en la sombra de la agrupación ultrakirchnerista La Cámpora, ya se habla de él como de un dirigente de peso en el futuro inmediato de Argentina, incluso de una candidatura a diputado para las elecciones legislativas de este año. Esta posibilidad horroriza a buena parte de la oposición de ese país, que lo ve como un bueno para nada sin más talento que el que puede dar la portación de un apellido. En un país donde las antinomias anteceden cualquier análisis, es lógico que al hijo mayor del matrimonio K se lo aprecie o denoste con el mismo cariño o encono profesado a sus padres. Bajo Perfil. Se dice que tras quedar impactado con el libro Recuerdo de la muerte, del exguerrillero montonero Miguel Bonasso, Máximo fue el responsable de que su padre, el ya fallecido expresidente Néstor Kirchner, abrazara un discurso de izquierda, retórica que luego siguiera su esposa y sucesora. Pero también se sostiene que no tiene carisma, capacidad oratoria, don de mando, ni nada de eso que se le reclama a un líder. En un país donde los hijos de los presidentes de la historia reciente han tenido un alto perfil, Máximo ha intentado pasar desapercibido. "Déjenme tranquilo. Para joder los tienen a Antonito (de la Rúa) y Zulemita (Menem)", le espetó en septiembre de 2004 a Franco Lindner, periodista de la revista Noticias, quien quería saber si él administraba los bienes de su padre. El bajo perfil no lo ha salvado de estar en el centro de las miradas. Lo cierto es que si sus padres -como aseguran periodistas como Jorge Lanata y el ya citado Lindner- querían cimentarle un futuro en la política, pocos avances ha mostrado. Los discursos no son lo suyo. De hecho, el gran público le conoció la voz a fines del año pasado, en Nestor Kirchner, la película, dirigida por Paula de Luque. Si se tiene afán de protagonismo en este mundo, permanecer en silencio hasta los 35 años no resulta negocio. Lo que más se ha sabido de él ha sido a través de su madre. "... Máximo era un chiquito que, para presionarte, vomitaba (...). Máximo era muy manipulador. ¿Sabés que hacía? Cuando se enojaba, hacía fuerza con la panza, desde acá abajo, se ponía todo colorado y puajjjj (...), le salía el chorro como una manguera", le dijo riendo CFK a su biógrafa Sandra Russo, en la súper oficialista La presidenta. También contaba de su fanatismo por Racing, y cuando éste perdía "Osito" solía romper los controles remotos de la bronca. Flaco favor le hacen estas anécdotas, por más amor maternal que haya, a un eventual líder político del futuro. Según una semblanza que trazó sobre él el periodista Marcelo Dimango en el diario Perfil, Máximo de adolescente se destacó como un arquero de handball, deporte muy popular en el sistema educativo de Río Gallegos, en la sureña provincia de Santa Cruz, de donde vienen los Kirchner. Uno de sus amigos -no identificado- describe allí aquellos años: "Desbarrancó. Salía mucho de noche y no le iba bien en el colegio". Se dice. Esos "desbarrancamientos" y el hermetismo sobre su vida fueron la piedra fundamental de los rumores sobre su supuesta adicción a las drogas. En junio de 2012, la mandataria apeló al avión presidencial Tango 01 para llevarlo desde Río Gallegos a un hospital de la localidad bonaerense de Pilar. Según se dijo en la Casa Rosada, la combinación de una artritis séptica en la rodilla derecha -por la que fue operado-, una fuerte gripe y una diverticulitis generaron la preocupación de Fernández. Pero este operativo, que le costó 80 mil dólares al Estado argentino, motivó todo tipo de rumores. En el libro Los amores de Cristina, el periodista Franco Lindner señala el asombro de los médicos que lo atendieron por unas "marcas en sus brazos", así como una sugestiva frase del gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, enfrentado a los K: "Algunos que hablan desde el agravio y llevan las cosas a lo personal no superarían una rinoscopía en un hospital público de la provincia". Nunca nadie confirmó nada. Peores cosas le han dicho: el abogado Juan Carlos Mussa, también peronista, ha pedido la exhumación de los restos de Kirchner porque sostiene que Cristina y Máximo serían responsables de su muerte por homicidio y no por el paro cardiorrespiratorio que se constató por los médicos. Esta denuncia hasta ahora no ha tenido mucho eco. Amante de la Playstation, fan de los Redondos de Ricota, desaliñado y con tendencia a engordar, su despegue político ocurrió luego de la muerte de su padre. Fue ahí que La Cámpora comenzó a adquirir protagonismo y él se convirtió cada vez más en una espada del gobierno de su madre. Hoy vive con su novia, la dentista María Rocío García, también militante de esa agrupación, cuyo embarazo se anunció a principios de año. Recientemente, ambos adquirieron una chacra de cinco hectáreas y un valor de casi dos millones y medio de dólares en un country llamado Puerto Panal, aunque no está registrada a su nombre. Como con casi todos los familiares y dirigentes K hubo denuncias sobre el notorio enriquecimiento de su patrimonio. También se supo que su cuñada, la periodista y abogada Virginia García, responsable regional de la Administración Federal de Ingresos Públicos, es quien está realizando una investigación tributaria al empresario kirchnerista Lázaro Báez en Santa Cruz. Todo queda en familia. Flogger y cineasta Florencia Kirchner, la hermana de Máximo y la hija menor de Néstor y Cristina, nació el 6 de julio de 1990. Si "Osito" era el favorito de CFK, Florencia era la luz de los ojos de Néstor, quien incluso le consiguió la película Bandana, grupo del cual ella era fan, para una exhibición privada en Olivos antes de que fuera estrenada en los cines. Justamente, estudiaba cine en Nueva York cuando murió su padre, el 27 de octubre de 2010, y decidió volver a Argentina para estar con su madre. Fue ella la que le puso a Cristina la banda presidencial para que iniciara su segundo mandato, en 2011. De sus andanzas, se recuerda su tendencia a hablar por demás de su vida privada en Olivos, la residencia oficial argentina, a través de su fotolog. Sus padres le "sugirieron" que cerrara su cuenta. Se decía que era la típica "flogger", pero se convirtió -como Máximo- en un sostén de su madre, aunque ajena a la política. VARIOS HIJOS DE PRESIDENTES ARGENTINOS DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS QUE OPTARON POR TENER UN ALTO PERFIL Carlos Menem Jr. Carlos Saúl Facundo Menem (1968-1995) tuvo bastante notoriedad durante la primera presidencia de su padre. Lo fue tanto por su condición de piloto de rally, por su noviazgo con la modelo top María Vázquez, algún que otro escándalo en Punta del Este y una hija que tras su muerte la Justicia determinó que tenía. El joven murió en un muy sospechoso accidente de aviación, del cual su madre cree que fue un atentado. Zulema Menem Nacida en 1970, la prensa argentina la rebautizó como "Zulemita" o "Lady Zu", cuando pasó a cumplir el rol de primera dama, tras el escandaloso y publicitado divorcio de sus padres. Típico exponente de los años de la "pizza con champagne" del gobierno de Menem, eran conocidos sus despilfarros de dinero en compras en Miami, así como sus arranques de divismo entre su gente cercana. Antonio de la Rúa Luego de los años de la "pizza con champagne", llegó el "Grupo Sushi" con que el hijo mayor del presidente Fernando de la Rúa llamó al equipo que rodeaba a su padre. Abogado, empresario y asesor de imagen, de escasa ayuda resultó para la efímera y tormentosa gestión de su padre. Para peor, su publicitado noviazgo con la colombiana Shakira poco hizo para apaciguar las aguas en un país que se iba al despeñadero.