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dminte666

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Primer post: 5 oct 2007
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Y Atucha?? Un apunte más sobre el lado oscuro..
InfoporAnónimo3/31/2011

Un apunte más sobre el lado oscuro (y ocultado) de la poderosa industria nuclear Para evitar los comentarios que hasta ahora van en la linea que tiene que ver la planta de atucha 1 y 2 esto con japon ,el resumen del articulo es el siguiente la energia nuclear no es segura, y es solo cuestion de tiempo hasta un nuevo accidente. Antes del tsunami Fukuhisma es un negocio privado. Un tanto peculiar pero un negocio al fin y al cabo. Como British Petroleum, como Microsoft, Carrefour o la central de Santa María de Garoña. La propietaria de la central accidentada es Tokyo Electric Power Company, TEPCO, una corporación nipona, la tercera compañía eléctrica del mundo, una empresa que recientemente ha pedido a los bancos japoneses una ayuda urgente de 1,5 billones de yenes (unos 18 mil millones de dólares). ¿Podemos confiar en las informaciones que nos brinda y en las medidas de seguridad que anuncia? No parece prudente; el pasado no les avala. En absoluto. Tampoco el presente por lo que estamos viendo. A finales de julio de 2007, un terremoto de intensidad 6,8 golpeó la provincia de Niigata, a 200 km de Tokio y alteró gravemente el funcionamiento el Kashiwazaki-Kariwa, una de las mayores plantas nucleares del mundo con 7 reactores. Los informes hablaron de fugas radiactivas, conductos obsoletos, tuberías quemadas, aparte de incendios. Varios centenares de barriles de residuos se vinieron abajo; más de 1.000 litros de agua radiactiva se vertieron al mar y fugas de isótopos se dispersaron en la zona. Después de muchas dudas y vacilaciones, los responsables de la central lo admitieron: el terremoto había provocado un desastre. Ya entonces un portavoz de la corporación propietaria, también TEPCO, señaló que los reactores de la central habían sido diseñados para resistir terremotos, pero sólo, matizó, hasta una determinada intensidad que era inferior a la magnitud del seísmo registrado aquel lunes de julio de 2007. La misma melodía que ahora estamos oyendo. ¿Podemos creerles? No parece razonable. Años antes, en 2002, se descubrió que TEPCO falsificaba información sobre seguridad. La empresa fue obligada a cerrar sus 17 reactores, incluidos los de la central de Fukushima I. Los ejecutivos de la corporación admitieron haber presentado unos 200 informes técnicos con datos falsos en las dos décadas anteriores. Un ingeniero nuclear estadounidense que trabajaba en la empresa dio a conocer el desaguisado tiempo después. Las informaciones sobre la situación actual presentan datos contradictorios que abonan, a un tiempo, esperanza y desánimo. En el momento en que escribimos este artículo, los ingenieros de la central han logrado conectar cables de energía a los seis reactores de la central a los que sólo faltaba dotarlos de corriente. Al mismo tiempo, la temperatura en el núcleo del primer reactor volvía a ascender y el reactor 3, el que usa como combustible una mezcla con plutonio, echaba humo nuevamente. Por otra parte, la Organización Internacional de Energía Atómica, nada sospechosa de alarmismo, informaba que en un radio de 20 km alrededor de la central el nivel de radiactividad ha adquirido niveles muy importantes. La propia compañía ha reconocido la presencia de yodo radiactivo 120 veces superior al límite establecido en una muestra de agua marina. Y el plutonio, parece ser, está asomando su prolongada patita radiactiva. No hay ya ninguna duda de la existencia de importantes fugas radiactivas. La radiación ni se ve ni se huele ni se siente, pero sus efectos son a largo plazo y dañarán la salud y el medio ambiente durante largos años . En el núcleo de un reactor atómico existen más de 60 contaminantes radiactivos, unos de vida media muy larga y otros de vida corta. Muchos de estos elementos tienen una gran afinidad con nuestro organismo. Entre esos contaminantes, los que tendrán mayores consecuencias para la salud humana serán el yodo-131, el cesio-137 y el estroncio-90 con el plus del plutonio. Según el organismo oficial austriaco para la meteorología y la geodinámica (ZAMG: Zentralstalt für Meteorologie und Geodynamik) el yodo-131 emitido representa el 20% del total que dispersó Chernobil, mientras que el cesio-137 alcanza el 50% de aquel. Y esto son estimaciones de la pasada semana. El 19 de marzo ya fueron detectadas emisiones de Fukushima en Hawai, las islas Wake y la costa de California. El organismo similar alemán da estimaciones parecidas (Carlos Bravo de Greenpeace ha comentado recientemente que la radiactividad emitida hasta la fecha por los reactores de Fukushima es ya mayor que la emitida en Chernóbil). El iodo-131 afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes; a partir de ellas se puede desarrollar posteriormente el cáncer de tiroides (el accidente de Chernobil multiplicó por diez los casos de este cáncer en Centroeuropa). El estroncio se acumula en los huesos, como si fuera calcio, y durante este años continúa irradiando el organismo (30 años de vida media). El cesio-137 queda depositado en los músculos, comportándose de forma parecida al potasio. Ambos, estroncio y cesio, aumentan el riesgo de todo tipo de cánceres, especialmente los de huesos, músculos y tumores cerebrales, disminuyendo la inmunidad del organismo e incrementando la capacidad de sufrir otras patologías. La radiación, además, altera la reproducción y afecta más a las mujeres que a los hombres. Tampoco las consecuencias para el medio ambiente serán inocuas. La contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, se incorpora a la cadena trófica de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales -el yodo-131 aparece precozmente en la leche-, de las plantas, la fruta y las verduras. Este proceso se irá acumulando, pasará de un ser vivo a otro e irá empeorando. La persistencia de estos radioelementos en el medio ambiente perdura largo tiempo y su presencia puede detectarse en los alimentos incluso años después del accidente. Existen dos tipos de efectos en la salud humana por la exposición a la radiación. Unos son determinísticos, los inmediatos a la exposición, dependen de la dosis recibida; otros son probabilísticos e irrumpen cuando las partículas radiactivas se acoplan a distintos órganos. Estos últimos son los que más deben preocupar. Influyen en el aumento del riesgo de sufrir cáncer actuando como si fueran componentes biológicos. El cesio 137, como comentábamos, se acopla al músculo y va irradiando a lo largo del tiempo. Lo mejor que puede pasar es que mate la célula; si, por el contrario, causa una mutación en un gen supresor de tumores, puede aumentar la posibilidad de que se sufra cáncer. El accidente de Fukushima es, en síntesis, ya lo hemos comentado en alguna ocasión, un Chernobil a cámara lenta Mientras Japón (y el mundo) afronta un accidente nuclear que puede llegar a ser el peor de la historia, parece evidente que cualquier debate, necesario y urgente, sobre la seguridad de la energía atómica debería abordar la independencia real de los organismos reguladores. En frecuentes ocasiones, numerosas por lo que sabemos, industria y organismos reguladores son uno y lo mismo. Hay pocos expertos nucleares independientes en el mundo; en su gran mayoría, trabajan para la industria, o bien lo hicieron antes y ahora son agentes reguladores. Fukushima no es Hiroshima. Tampoco Nagasaki. Pero Hiroshima, Nagasaki, la Isla de las Tres millas, Chernobil, Ascó y Fukushima pertenecen a un período, la era atómica, que es necesario superar. Hiroshima abrió el camino suicida del armamento nuclear, un sendero que debe cerrarse con urgencia. Fukushima ha sido, debe ser, la última advertencia de la equivocada apuesta por la energía nuclear, una apuesta que va a dejar un legado que no merecen las futuras generaciones: toneladas y toneladas de residuos radiactivos que van a exigir, aparte de la fuerte vulnerabilidad que representan ante catástrofes, atentados y guerras, control, esfuerzos económicos, importantes inversiones de seguridad y riesgos nada marginales. Veinticinco años después, el reactor 4 de Chernobyl continúa emitiendo radiactividad pese a que está sepultado bajo una gruesa (pero deteriorada) cubierta de hormigón. Se intentan recaudar más de 2.000 millones de dólares para construir un sarcófago permanente (que no será permanente) que contenga la radiación. Sea cual sea nuestro concepto del buen vivir, no parece consistente con un escenario como el que hemos dibujado, como el mundo que está irrumpiendo dantescamente ante nuestros ojos. Faust no puede ser un modelo de referencia para la Humanidad. ¡Por una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo! PS1: De la soberbia, sofistería e irracionalidad del lobby nuclear, vale la pena recordar esta afirmación reciente de cuatro partidarios de las centrales nucleares: “Existirán siempre, y por todas partes, escenarios en los que podrían producirse catástrofes como la de Fukushima”. ¡Siempre y por todas partes y de forma inexorable! ¡El progreso nuclear! ¡Barbarie en estado puro! PS2: Pio D’Emilia recordaba en “Los gitanos del átomo” la situación condiciones laborales de los trabajadores de las centrales nucleares de Japón, especialmente las de los obreros de Fukushima. No es el único caso. Philippe Billard es un técnico nuclear que fue despedido por la firma francesa Endel, una de las cuatro grandes empresas subcontratadas de las centrales nucleares administradas por EDF (Electricité de France). Billard se negó a ser un nómada del sector, uno de los 18.000 trabajadores que son obligados a cambiar semanalmente de central y ubicación geográfica en el país vecino. El Tribunal Laboral de Ruán empezó a examinar su caso el pasado 1 de junio de 2010. El juicio fue previo a otro más importante, este segundo ante la justicia penal. Además de técnico nuclear, Billard es sindicalista y fundador de la asociación “Salud-Subcontratistas”, cuya finalidad básica es conseguir que el país más nuclearizado del mundo reconozca que más de 20.000 trabajadores no son asalariados de las centrales nucleares controladas por EDF, sino contratados por subcontratistas en cascada. La férrea y eficaz ley de mercado, puede decirse, son nuestros tiempos modernos, nada nuevo bajo la tierra y el sol europeos. Pero sí hay algo (parcialmente) nuevo: los trabajadores de las empresas subcontratistas, las personas que no casualmente están a cargo de las tareas más peligrosas con la correspondiente absorción extra de radiaciones, no tienen seguimiento médico fijo. No lo tienen porque estas poderosas instituciones antidemocráticas que llamamos “empresas”, estas máquinas antihumanas de generar dinero, se encargan o encargan de poner piedras piramidales del tamaño de un obelisco en el camino. En los alrededores de este escenario se ubicaron las razones del despido de Billard. Este técnico nuclear se implicó sindicalmente para que los asalariados que trabajaban para las subcontratas denunciaran a las autoridades… ¡los accidentes de trabajo que sufrían! ¡Menudo crimen! No solían hacerlo, no suelen hacerlo. Tienen miedo y el miedo paraliza el verbo y la acción. Es fácil entender las razones en tiempos de crisis: penumbra, paro e incertidumbres. Anne Thébaud Mony, una investigadora del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (INSERM), ha añadido una sugerente y terrible hipótesis: “Es la propia industria nuclear la que organiza que no haya seguimiento médico de los trabajadores más expuestos”. ¡Un sector de la industria que se encarga de organizar el no seguimiento médico de sus propios trabajadores! Potenciales víctimas sin luz y, con ello, sin cómputo y sin cuidados. ¿Una sociedad que aspire a la justicia y equidad puede permitir una industria que opere con estos procedimientos?

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Viejas costumbres (anticonsumismo)
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

El siguiente texto es de Marciano Duran escritor uruguayo y da para pensar en el dicho que todo tiempo pasado fue mejor,en lo personal es mejor el presente por que existe internet o sea Taringa. "Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos. O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”. Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara. Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises. Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripas; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están jodiendo! ¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡Toooodo! Lo que servía y lo que no Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?! ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables… eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”. Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. No lo voy a hacer. Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado. Y yo…no me entrego. Aca el blog del autor http:www.cronicasmarcianas.com.uy

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reglas basicas de convivencia en internet
OfftopicporAnónimo10/5/2007

Registrate y eliminá la publicidad! Lamentablemente hoy en día hay muchas personas que aún no saben como manejarse adecuadamente con los medios de comunicación, mayoritariamente porque ignoran las reglas de convivencia en este lugar. Como dice Virginia Shea en The Core Rules of Netiquette y es la base de la cual hay que partir: "vos no sos el centro del ciberespacio". Hete aquí un pequeño ser de reglas para evitar en la lista negra del mundo virtual que te rodea: 1. Ocupado no es disponible El estado de "ocupado" o "disponible" debe ser respetado. Si una persona está "ocupada" o "no disponible", no la interrumpas. Por algo su status es ocupado y no disponible. Si la persona no está disponible, no le envíes un mensaje para que te lo responda luego porque no sabés quien leerá ese mensaje del otro lado. Los mensajeros están instalados en la máquinas no en las personas, y no tenés idea quien puede estar utilizando la máquina de esa persona en el momento que tu mensaje será leído. 2. Las personas tienen horarios, ¿sabías? Que una persona se encuentre disponible en el chat, no significa que tenga todo el día para chatear contigo. Hay personas a las que les encanta chatear sobre todo en horarios de trabajo, haciendo de una pregunta corta, una conversación como la de la sobremesa de un Domingo. Respetá los horarios de trabajo de las personas, los horarios de almorzar/cenar y las horas en las cuales la gente se está por ir a dormir. Esto también es aplicable a las comunicaciones por celular. Hay personas que no piensan si están interrumpiendo el almuerzo o la cena de alguien. Mirá tu reloj antes de dar "send". Las personas generalmente almuerzan entre las 12:30 y las 13:30 y cenan entre las 9:30 y las 10:30. Llamá en esos horarios sólo si se les está incendiando la casa o si un meteorito está por chocar con la Tierra. Si no, limitate a enviar un e-mail o si es algo realmente importante que requiera una toma de decisión relativamente rápida, un SMS. Tené en cuenta que la persona a la que querés conactar, puede no estar disponible para una charla telefónica. Las necesidades biológicas, las reuniones y las citas con los médicos aún existen. 3. Tener una cámara no te obliga a su uso Hay gente que cree que el hecho de tener una webcam le da el derecho instantáneo de hacer videoconferencia a toda hora con todo el mundo. Los que creen que esto es como en Los Jetsons, piénsenlo nuevamente. Antes de obligar a una persona a aceptar una videoconferencia, preguntá si la persona está disponible, porque puede estar ocupada, en una reunión, con otra persona a su lado con la cual no tiene suficiente privacidad para hablar contigo, está en ruleros y chancletas o simplemente no tiene ganas de inciar una videoconferencia. 4. Los e-mails cuando están bien escritos se entienden bien El e-mail es un documento como cualquier otro que uno firma. Chequéa las direcciones a las cuales estás respondiendo, tu ortografía, puntuación y sobre todo, sé explícito lo máximo posible con la descripción de cualquier situación. Mucha gente dice que hablar telefónicamente o reunirse no es lo mismo que el e-mail porque este último se malinterpreta. Si está mal escrito y tiene mala redacción, tiene buenas probabilidades de ser malinterpretado. Por otro lado, he comprobado que el 50% de las reuniones a las que asisto, pueden ser perfectamente canalizadas a través de un teléfono o un e-mail esforzándose un poco en la descripción detallada de las situaciones o problemas y ahorran muchísimo tiempo. 5. Facilitá la búsqueda de e-mails Cuando escribas e-mails, poné bien claro en el subject, el tema del cual se está hablando. Hay personas muy activas en variados temas y emprendimientos que reciben y acumulan una gran cantidad de e-mails de múltiples fuentes y si sos genérico, tu e-mail se pierde con el resto y dificulta terriblemente su posterior búsqueda. Si querés que la gente te tenga presente, aprendé a ser descriptivo en tus subjects. 6. No me grites que no soy ciego Escribir con letras mayúsculas es sinónimo de estarle gritando a la persona que te está leyendo y universalmente es tomado como una agresión. 7. ¿Tiene importancia relevante tu interrupción? Cuando llamás a alguien por teléfono estás interrumpiendo a alguien en la tarea que está haciendo (no sólo trabajo, también puede ser la comida, siesta, viaje al baño o actividad sexual). Por cada llamada telefónica que vayas a hacer, evaluá enviar un e-mail. Usá el teléfono si no hay más remedio o si se necesita una respuesta inmediata por un tema realmente importante. Cuando llamás a una persona, la estás obligando a dejar de hacer lo que estaba haciendo para que te atienda. Pensá dos veces antes de llamar si no querés que la otra persona no se moleste cuando la llamás. 8. Atomízame No inicies un chat cuando la persona recién aparece online. Nada más molesto que aparecer disponible y que 5 personas te hayan abierto instantáneamente 5 ventanas de chat para responder. Sé claro y conciso y sobre todo paciente cuando necesites una respuesta. La gente no está esperándote en un mostrador para atenderte sin nada que hacer. En suma, comportate en la red de la misma manera que lo hacés en la vida real. Acostumbrate a pedir permiso, a no interrumpir gratuitamente, a demostrar que tenés en cuenta a la otra persona como un ser humano y no un robot y el mismo comportamiento deben asumir los que estamos del otro lado. Por otra parte, uno tiene que ser capaz de controlar a la tecnología y no que la tecnología nos controle a nosotros. La próxima vez que estén cenando o almorzando en familia, disfruten de ese momento. No permitan que la tecnología interrumpa sus relaciones personales. La comunicación por e-mail, chat o celular es una herramienta, no un estilo de vida. Disfruto de Internet desde 1996, soy de esas personas que está conectada todo el día y tengo una gran red de relaciones online [muchos diciéndome que no era posible que estuviera conectada más de 16 horas diarias, que viera el sol y que saliera a respirar oxígeno de verdad], pero he aprendido a utilizar la tecnología para facilitar mi vida laboral y afectiva y también la de los demás. link:http:www.netiqueta.org

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