D

djobi

Usuario (Argentina)

Primer post: 19 dic 2007
15
Posts
131
Puntos totales
41
Comentarios
D
De la ilegalidad de las drogas. Despenalización y Consumo
InfoporAnónimoFecha desconocida

Hay ciertos temas de debate de los que ya hay demasiada cantidad de cosas escritas, y nuevos textos sólo colaboran a enredar el tema y no aportan nada nuevo. El tema que voy a tratar es uno de esos tópicos trillados de los que hablo, soy conciente de ello. También soy conciente de que este texto no contribuye seriamente a la discusión, y que no aporta nada decisivo ni novedoso. Sabiendo esto, escribo el texto. El motivo es sencillo, si bien expondré cosas que han sido tratadas en otros libros, son puntos que no son conocidos por la mayoría de los alumnos del colegio, y que pueden ayudar a modificar la perspectiva que se tiene al respecto. La tan mentada cuestión que desarrollaré en este artículo, tiene que ver con mi apoyo a la legalización de las drogas. Antes que nada tenemos que tener en cuenta que el hombre consume drogas desde que “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo” (Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad). Las culturas aborígenes latinoamericanas consumían estimulantes para realizar viajes espirituales, y cada cultura se identifica con diferentes drogas. No hay cultura que no haya consumido drogas(algunos dicen que los esquimales son la excepción, porque la vegetación no abunda donde viven) Los psicofármacos son comunes y aceptados históricamente, es el estado moderno el que los prohíbe, por lo que en este texto analizaremos el porque. Los argumentos apuntan en diferentes sentidos, el primero que trataré será el ético. Sabemos la delicadeza de estos temas, cada etnia, cada cultura, impone su ética. No podemos desmerecer a una cultura por valorar más la individualidad, sobre otra que valora la colectividad. Pero en la actualidad hay una tendencia, de aceptar al diferente, y valorarlo por esas diferencias, la declaración universal de los derechos humanos es un paso en relación con la libertad individual, porque acota que esta llega hasta que empieza el derecho del otro. Entonces estar sólo en tu casa fumando marihuana es una forma de ejercer la libertad sin perjudicar a otro, en este sentido se debería aceptar que cada cual decida que rumbo debe tomar su vida y hacer lo que desee mientras no moleste a otros. La calle es el espacio público, y por allí circulan automóviles que molestan a otros con ruido, y no le permiten vivir plenamente por la contaminación. Entonces ¿porqué circular en un vehículo contaminante y ruidoso por la vía pública es legal mientras que inyectarse LSD en tu propia cama no lo es? ¿Tiene que ver con la utilidad? Los hombres consumen estimulantes antes de que se le encuentre funcionalidad al petróleo, entonces, si el hombre podía sobrevivir sin autos, ¿Por qué ahora no puede? ¿Tiene que ver con que estos no son sumamente necesarios pero contribuyen al progreso? Uno de los principales problemas de la actualidad es el stress, el ritmo de vida acelerado, y la competencia atroz, y la marihuana contribuye a la tranquilidad, y es una forma de alejarse de la realidad. ¿Entonces no es necesaria también? ¿Y si no lo fuera, y no molestamos a nadie, no tenemos derecho a fumarla porque tenemos libertad hasta que empieza la del otro? Hay drogas legales, como son el tabaco y el alcohol, ¿por qué estas sí y la marihuana no? ¿Son menos perjudiciales? Claramente no, la OMS (Organización Mundial de la Salud), catalogó a las drogas de acuerdo a su peligrosidad, en esta escala, el LSD, la marihuana y la cocaína son menos peligrosos que el alcohol. Además la marihuana es menos adictiva que el cigarrillo. El componente que da al cannabis sus características tradicionales es el THC. Para entender el comportamiento de las drogas: A. Depresoras del S.N.C. Familia de sustancias que tienen en común su capacidad para entorpecer el funcionamiento habitual del cerebro, provocando reacciones que pueden ir desde la desinhibición hasta el coma, en un proceso progresivo de adormecimiento cerebral. Las más importantes de este grupo son: - Alcohol - Opiáceas: heroína, morfina, metadona, etc. - Tranquilizantes: pastillas para calmar la ansiedad - Hipnóticos: pastillas para dormir B. Estimulantes del S.N.C. Grupo de sustancias que aceleran el funcionamiento habitual del cerebro, entre las que se pueden destacar: - Estimulantes Mayores: Anfetaminas y Cocaína - Estimulantes Menores: Nicotina y Xantinas (cafeína, teobromina, etc.) C. Perturbadoras del S.N.C. Sustancias que alteran el funcionamiento del cerebro, dando lugar a distorsiones perceptivas, alucinaciones, etc. - Alucinógenos: LSD, mezcalina, etc. - Derivados del cannabis: hachís, marihuana, etc. - Inhalantes: acetonas, bencenos, etc. - Drogas de síntesis: éxtasis, Eva, etc. Otro punto es que se consigue con prohibir el consumo de drogas (además de violar los derechos humanos), ¿se elimina esta? Para nada, todos somos concientes (inclusive el gobierno) de que las drogas existen, y son comerciadas ilegalmente. Con la penalización logramos el contrabando, mafias peligrosas en las que se debe ingresar para conseguir sustancias ilegales. Entonces la persona que quiere fumar un poco de cannabis debe ingresar a un mundo oscuro, del que es difícil salir y que lo lleva a otras drogas y otros tráficos. En este contrabando participan empresarios y poderosos de diferentes ámbitos, que gracias a la penalización de las drogas, producen ilegalmente, estafando a los trabajadores primarios(los que cultivan las plantas que serán sometidas al tratamiento que las convertirá en drogas) ya que no respetan ningún tipo de derecho laboral por trabajar al margen de la ley. Después de esto se preguntarán si yo creo que se debería dejar que todos fumen tanto como quieran. Yo creo que prohibir va en contra de la tolerancia, del respeto y que sólo consigue que se actúe por oposición, que la gracia de realizar lo prohibido lleve a que se fume cuando no se quiere realmente, y uno termine ingresando en el círculo. Yo estoy en contra de que la gente se haga daño, pero no me parece lógico prohibírselo. La solución pasa por legalizar la droga eliminando el flagelo del narcotráfico, sabiendo que eso no quiere decir que el gobierno apruebe el consumo. Realizar campañas en contra del consumo, con el objetivo de concientizar y educar a la gente sobre la nocividad de las drogas para que esta tenga elementos valederos para decidir. Creo que la solución pasa por educar y no prohibir, enseñarle a la gente a controlar su cuerpo, saber hasta cuando puede tomar, la sociedad no tiene que pagar porque ciertas personas no se sepan controlar, no dejaremos de viajar en avión porque algunos se estrellen de vez en cuando, y mucho menos renunciaremos a las drogas, ya que uno puede ejercer un mayor control que en el viaje en avión sobre su propio consumo. Además de esto me parece que se deberían aplicar altísimos impuestos a estos productos, para que el precio dificulte la compra, con esto el estado obtendría mayores ganancias, que podrían ser utilizadas para financiar las campañas, para que toda la población esté educada sobre los riesgos de estas sustancias nocivas, además estos fondos pueden ser usados mejorar la condición económica de los más desfavorecidos, ya que la pobreza produce una necesidad de alejarse de la realidad que nos golpea y por esto se suele acudir a psicofármacos. Aparte defiendo la autoproducción, forma de lograr que las ganancias no queden en manos de multinacionales, y de garantizar que una persona de clase baja esté en igualdad de condiciones a la hora de consumir, que una persona de clase alta(es probable que esta no cultive su droga y se acerque a los círculos de comercio tradicional, otorgando dinero a las multinacionales, y aquí la importancia de impuestos altos) Después de esto se puede pensar, ¿Si una persona de 17 años sin demasiado estudio esboza esos argumentos, como es posible que el gobierno entero no lo haya pensado? ¿O lo pensó pero tiene argumentos más convincentes? ¿Cuál es el verdadero motivo por el que hay ciertas drogas ilegales? Yo creo que tiene que ver con 2 cosas: • La primera es la imagen, el tabaco es producido por grandes empresas cuyos multimillonarios dueños tienen negocios con el gobierno, y si algún mandatario intenta llevar a cabo la legalización de otras drogas que compitan con el tabaco, o la ilegalidad del mismo, los tabacaleros cuentan con el dinero suficiente para modificar cualquier situación. Lo mismo ocurre con todos estos productos, inclusive con los mismos autos. En cambio la marihuana está relacionada históricamente con grupos en contra del materialismo,(como el hippismo) y al gobierno no le interesan estos grupos con los que no puede transar comercialmente. • El otro motivo tiene que ver con el narcotráfico, ¿hasta que punto a las autoridades no les conviene? Sabemos que estas personas tienen mucho poder y están relacionadas con empresas e incluso con el mismo gobierno. La legalización genera fondos en las aras del gobierno, pero la ilegalidad genera ganancias personales, que no deben pasar por administración. Tenemos que tener en cuenta que la mayoría de las drogas empezaron como exclusivas de la clase alta y se masificaron, por una cuestión de dominio económico y control social. A las elites les conviene que la gente consuma drogas ilegalmente para poseer más dinero y acentuar la pobreza y la marginalidad de ciertos sectores. Con la penalización se privatizan sustancias siempre presentes en la naturaleza en beneficio de unos pocos. Estos son, a mi entender, los puntos que movilizan la ilegalidad de ciertas drogas, y por esto creo que hay que luchar, porque se habla de la corrupción de la vieja política, pero esta está inundada de los mismos prejuicios y los mismos negociados. Tengo claro que hay muchos puntos que no toqué, y que el tema es muy complejo, pero espero que esto contribuya a que todos ustedes piensen y averigüen, a que pensemos juntos, y a que, si coincidimos, también peleemos juntos para mostrar que se puede combatir contra todos estas injusticias. Bibliografía: Drogas? Sí, gracias Alvaro Tutti (Bilbao, País Vasco) THC, ¿Droga, medicina o ambas? http://www.psicologia-online.com/articulos/2006/thc.shtml La invención del drogadicto Fernando Savater(1984)

0
1
R
Revolucionarios de Chiapas.
InfoporAnónimoFecha desconocida

Faltan en T! cosas de los revolucionarios de Chiapas. De la genialidad del Subcomandante Marcos y Don Durito. A él va dedicada la canción de León Gieco: "Durito y yo", escarabajo de Lacandona Ponencia de Don Durito de la Lacandona para la mesa 7: Cultura y Medios de Comunicación en el Tránsito a la Democracia. Julio recoge la húmeda herencia del nocturno junio y, sin embargo, permite que algo de sol se cuele en el día gris. La luna ofrece, como consuelo por su ausencia, la nostalgia de ceibas y lodos. Un satélite de fallida inteligencia militar se aburre y bosteza ostensiblemente. Allá abajo, se adivina, hombres y mujeres hablan y escuchan, caminan, se tropiezan y caminan de nuevo, buscan. Buscan muchas cosas, por ejemplo, buscan encontrar lo que buscan. Parecen alegres en esa búsqueda. No se ve nada especial en ellos, parecen hombres y mujeres comunes y corrientes. Bueno, parece que alguno de ellos es particularmente narigón, pero fuera de esos detalles, todo parece normal. Sí, podríamos decir que el Poder puede estar tranquilo. No se detecta ningún peligro importante, no hay armas ni nada parecido, sólo palabras. Bueno, creo que hoy será un día normal, un día y una noche con hombres y mujeres hablando. ¡Un momento! ¿Qué es aquello que se cuela por la rendija de la puerta de éste que llaman el Sup? ¿Es una cucaracha? No. Los poderosos aparatos electrónicos del satélite empiezan a analizar todos los datos: tamaño, peso específico, textura, forma, velocidad, cadencia, y los etcéteras que este complicado software ha incorporado para justificar su elevado precio. En cuestión de segundos, la computadora espacial termina de confirmar los datos e inicia su confrontación con el gigantesco archivo que contiene todos los datos de todos los probados probables enemigos del Poder y de sus buenas costumbres. De pronto suenan las alarmas y se encienden focos de colores. Uno pensaría que se trata de un árbol de Navidad si no fuera porque en la pantalla se lee, claramente: ``¡Peligro supremo!''. La computadora parece cibernéticamente aterrorizada. En las grandes capitales, la soberbia activa sus planes de ultradefensa. Los centros financieros registran la peor catástrofe de su historia. Unidades militares fuertemente armadas toman nerviosas posiciones en todas las fronteras. ¿Qué ocurre? En todas las pantallas aparece la respuesta. ``¡Peligro supremo! Durito. ¡Peligro supremo! Durito''. Ver ``D'' de ``Don'', ``Durito'', ``Desfacedor de entuertos'',``E'' de ``Escarabajo'' y ``Emergencia'',``A'' de ``Andante caballería'' y de...Alerta máxima!''. ¬Ese satélite es un imbécil ¬me dice Durito mientras se quita el impermeable y deja un pequeño charquito de agua en el piso¬. Mira que confundirme con una cucaracha... ¬¿Qué lees? ¬pregunta Durito, ya sentado en un hombro y encendiendo su pequeña pipa. Yo no respondo, le muestro la portada del libro donde se lee Bertolt Brecht. Historias de Almanaque. 19/5. 19.Miércoles. ¬¡Ah! Mi colega Bertole... ¬suspira Durito mientras empieza a revisar mi mochila. ¬¿Y se puede saber qué buscas?¬pregunto mientras cierro el libro. ¬Tabaco ¬responde lacónico Durito. ¬No tengo ¬le miento, pero ya es inútil. Durito encontró una bolsa de tabaco negro y se dispone a rellenar sus alforjas. ¬¿Y se puede saber cómo llegaste hasta aquí? ¬Durito empieza a transformarse conforme avanza su perorata. ¬Yo soy el grande Don Durito de La Lacandona. El Mío Cid redivivo, el que en buen hora ciñó espada. Yo soy el dueño y señor del inconfesable y apasionado sueño de féminas de todas las edades. Aquel ante cuyo paso los varones se descubren la cabeza y se reconocen imperfectos. El héroe que empequeñece a cualquier superficie neoliberal en la imaginación de los niños. Yo soy el bienhadado, aquel cuya espada superará las proezas de Don Rodrigo Díaz de Vivar, de Minaya, de Martín Antolínez, de Pedro Bermúdez y Muño Gustioc. Yo soy al que teme el villano en Irlanda, la pesadilla del ladrón que se oculta en Manhattan. Yo soy el en buena hora nacido. Yo soy la esperanza última y primera de todos los desdichados y narigones escuderos que deambulan sin destino ni razón. Yo soy... ¬Un escarabajo que puede ser confundido con una cucaracha ¬digo con rencor. Durito detiene su discurso y me voltea a ver desconcertado. ¬¿Qué te pasa? ¬pregunta después de una bocanada. Yo me siento avergonzado y le respondo: ¬Es que tengo que presentar una ponencia en la Mesa de Cultura y Medios de Comunicación en el Tránsito a la Democracia y no tengo listo nada. ¬¡Ah! Lo sabía! Os encontráis en un grave predicamento y vuestra anacrónica soberbia os impide recurrir al mejor y supremo paradigma del sublime arte de la andante caballería. Y dime, mi elefantino escudero: ¿por qué dejáis que la angustia se llegue hasta vuestro asfixiado pecho? ¿Acaso ignoráis que, precisamente para socorrer al desvalido, el sabio destino ha tenido a bien escoger de entre los seres humanos a aquellos que reúnan ingenio, valentía, gallarda presencia, bondad de corazón, inteligencia, audacia y...¬ ¬¿Un duro caparazón? ¬interrumpo yo porque bien sé que Durito puede ocupar horas enteras hablando sobre las virtudes que requiere y exige la caballería andante, pero todos sabemos que el tiempo de intervención en las mesas está limitado a unos minutos. Durito se detiene y cae en mi trampa. ¬Bueno, una armadura lustrosa y sólida es necesaria a cualquier caballero andante. Así es de todos conocido y no veo por qué no habrá tomado esto en cuenta la sabia naturaleza. Pero, ¿en qué me quedé? ¬En que me iba a ayudar con la ponencia para la mesa de Cultura y Medios de Comunicación ¬le apresuro. ¬¿Sí? ¬Durito titubea¬ Bien, así será; no creo que un ignorante escudero se atreva a engañar a su señor. ¬Nuncamente, señor mío ¬digo con una profunda reverencia. ¬Bien, dejadme consultar a ver qué os encuentro para tan disparatado tema¬Durito se baja de mi hombro y se sube a la mesa. De entre su ¿armadura? Durito saca una minimicrocomputadorita. Yo no dejo de sorprenderme y decir: ¬¿A poco tienes computadora? ¬¡Por supuesto, bellaco! Nosotros los caballeros andantes tenemos que ir modernizándonos para mejor desempeñar nuestra labor. Pero no me interrumpáis... ¬Durito se pone a teclear y teclear. Yo trato de dormitar un poco. Alguien escribió después que esa noche la luna andaba entera. Al rato me despierto por una pesadilla que tuve: en ella Zedillo se reelegía por un amplio margen en el 2000, después de una inteligente campaña electoral que tenía como ejes el bienestar de la familia, la paz social y el combate a la corrupción. Sobresaltado miré a todos lados. En la mesita Durito seguía tecleando. Entre bostezo y bostezo le pregunté: ¬¿Ya encontraste algo que sirva de ponencia? ¬¿Ponencia? ¿Qué ponencia? ¬pregunta Durito sin despegar los ojos de la pantalla de la minimicrocomputadora. Desesperado le digo: ¬¿Cómo que cuál ponencia? ¡Pues la de Cultura y Medios de Comunicación! ¿Qué, no estabas buscando en tu computadora? ¬¿Buscando en la computadora?¬dice y no pregunta Durito, remedando al Olivio. Sigue sin voltear a verme cuando me dice: ¬¡Claro que no! Lo que estoy haciendo en la computadora es jugando. Me acaban de regalar un programa donde los escarabajos derrotan a las botas... Yo me pongo a lloriquear: ¬Pero Durito, si no me presento con una ponencia para esa mesa, en la reunión de coordinadores me van a hacer pedazos. De por sí ya me la tienen sentenciada... Snif... Snif... Snif. ¬Ya, ya ¬me consuela Durito con palmaditas en el hombro¬. No os preocupéis. Yo sabré sacaros de tan grave predicamento... ¬¿Me harás una ponencia escrita?¬le pregunto esperanzado. ¬¡No, qué va! Os daré una nota de justificación para que los coordinadores no os golpeen muy duro. Sobre todo ahora que todos andamos en la onda de fortalecer la vía pacífica... ¬Yo suspiro con resignación. Durito se me queda viendo un rato y luego dice: ¬Bueno, no te pongas así. Aquí está la ponencia. Durito saca unas hojas escritas y me las muestra. Con mal disimulada ansiedad las tomo y, balbuceando, trato de manifestarle mi agradecimiento: ¬¡Gracias, Durito! ¡No sabes cuánto...! Un momento! ¿Cómo está esto de que la ponencia está firmada por Don Durito de La Lacandona y Bertolt Brecht? ¬¿Qué tiene de raro? ¬dice Durito volviendo a encender su pipa¬ ¿Nunca has oído hablar de ponencias conjuntas? Bueno, ésta es una de ellas... ¬Pero Durito, Bertolt Brecht murió hace muchos años... ¬le reprocho. ¬Cuarenta, para ser exactos. Lo sé, la ponencia la empezamos al finalizar la Segunda Guerra Mundial y ya no la pudimos terminar. Bueno, debo advertirte que Berlolt se limitaba a transcribir lo que yo le iba dictando. Algo muy parecido a lo que tú haces ahora. Pero ese detalle no lo hagas público. No sería justo que, en el homenaje por el 98 aniversario de su nacimiento, se supiera que algunos textos de Bertolt son, en realidad, míos. ¬Durito... ¬le digo con incredulidad y reprobación. El no se da por aludido. ¬Nada, nada. No insistas en hacer pública la deuda que conmigo tiene la cultura universal. Los caballeros andantes debemos ser modestos, así que no pongas que la ponencia es sólo mía. Escribe ahí que es de los dos. Además, para dar veracidad al trabajo colectivo, pondré separado el texto que se publica en 1949 y, aparte, lo que agregué en estas horas. Y ahora me disculpas, tengo que retirarme pues en estas frías y desveladas noches, he de ver si alguna doncella necesita el socorro de mi fuerte brazo. Durito no me deja seguir protestando. Se escurre por debajo de la puerta y pone, de nuevo, a temblar todo el Poder mundial. Yo reviso, inquieto, la ponencia. El título es contundente: Ponencia conjunta del Bertolt y el Durito, en la cual se explica por qué sabiduría no consiste en conocer el mundo, sino en intuir los caminos que habrá de andar para ser mejor. Dedicada a las niñas Dalia y Martina, de Tlaxcala, y a los presuntos zapatistas presos. Parte I. Donde Bertolt se responde a qué pasaría si los tiburones fueran hombres. ``¬Si los tiburones fueran hombres¬preguntó al señor K la hija pequeña de su patrona¬, ¿se portarían mejor con los pececitos? ¬Claro que sí ¬respondió el señor K¬. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se les muriera prematuramente a los tiburones, para que los pececitos no se pusieran tristes habría de cuando en cuando grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas para entrar en las fauces de los tiburones. Los pececitos necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones. Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás lograrán entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe. Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces. Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones. Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales, como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra, habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres''. Hasta aquí termina el texto, publicado en 1949, que la historia de la literatura atribuye a Bertolt Brecht. Durito ha agregado la siguiente en 1996: Parte Segunda: Donde el Durito trata de demostrar para qué sirven las banderas, que ofrecen refugio y nuevo mundo a un bayo caballo bayo y otras maravillas que el trigo entenderá. Pero habría, es seguro, de entre todos los pececillos, algunos y algunas que dejarían botado el raquítico ``yo'' que les enseñaron los tiburones y levantarían, bien alta, la bandera del ``nosotros'', que si ansia de libertad y de ser mejores les daría. Y el sólo hecho de levantar esa bandera en tan acuoso medio sería ya algo que los haría mejores. Y grande sería la alegría que descubrirse, mejores les haría y tratarían de hablar y ``libertad'' sería la palabra primera que dirían. Y usarían el asta bandera no para encabezar una rebelión que destituyera a los tiburones y los suplantara en el poder con pececillos. No, lo que ellos harían sería usar el asta bandera como ariete y romperían todas las cajas de mar y todo se vaciaría el mar en la mar y ya no habría tiburones ni pececillos, sino congrejos, marinos y parientes de los escarabajos, y sabedores de que la mejor forma de avanzar es para atrás. En una palabra, habría por fin en el mar la lucha por una cultura nueva, una cultura que prescindiera de tiburones y pececillos y rehiciera de nuevo todo, sin peceras ni jaulas. Una cultura que no tuviera que imaginar a los hombres en otra condición diferente a la humana para suponerlos buenos y mejores siempre. Una cultura que tuviera lugar para el extraviado caballo bayo que cabalga, todavía, buscando un cuento donde pueda ser caballo y bayo sin que nadie le exija dejar de serlo o cambiar de color. Fin de la Ponencia Conjunta que Bertolt Brecht y Don Durito de la Lacandona realizaron para la Mesa de Cultura y Medios de Comunicación en la Transición a la Democracia. Berlín-San Cristóbal, 1949-1996. Yo me pongo nervioso. Ya no sé qué es peor: si no presentar ponencia alguna o si presentar la ponencia del dúo Bertolt-Durito. Decido entonces resolver el dilema con un método científico que me enseñó el hermano. Saco una moneda del bolsillo y la arrojo hacia arriba. ¿Qué cayó? Lo ignoro. Cuando me vine a esta mesa la moneda no acababa de caer. Por otra parte, creo, además, que la presencia de Durito en este foro traerá repercusiones insospechadas. Mañana los diarios tendrán la nota de una profunda crisis financiera y del nerviosismo patente en todos los ejércitos del mundo. Ninguno podrá saber que el causante fue un escarabajo fumador y hablantín, andante caballero y agudo crítico del neoliberalismo, que, desfaciendo entuertos, socorriendo doncellas desvalidas y enamorando lunas, deambula por las montañas del sureste mexicano creyendo todavía que no hay mejor empresa que combatir la injusticia ni premio mejor que la femenina sonrisa que este probable puente ha intentado arrancar. Vale. Salud y que el mar que en la montaña se multiplica tenga luna y piel. Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos.México, julio de 1996.

50
9
M
Movimiento Provo
InfoporAnónimoFecha desconocida

Este texto no lo escribí yo, y, es más se puede obtener con cierta facilidad en la web, pero lo posteo porque no hay nada en T! sobre este movimiento que fue fantástico y muy innovador y me parece que tal vez con esto se empiecen a publicar más cosas sobre los provos o haya gente que se pueda enganchar, incluso podríamos formar un grupo neo-provo (ya sé que no tendría mucho sentido en esta época, pero me permito soñar) Movimiento Provo Los provos holandeses eran jóvenes que protestaban contra las estructuras sociales de la sociedad burguesa y que, a diferencia de los hippies, no sólo se limitaron a atacar las estructuras políticas de forma impulsiva, sino también de forma consciente y racional. Convencidos de que los actos revolucionarios no podrían tener éxito por culpa del conservadurismo burgués imperante y por la rigidez del pensamiento político, los provos se propusieron, al menos, despertar a la sociedad con preguntas y sentido del humor. Orígenes y fundamentos La denominación de “provo” fue acuñada por el sociólogo holandés Buikhuizen. Bajo esta etiqueta se trataba de agrupar a una serie de estudiantes con ganas de provocar al sistema mediante una genial combinación de humor absurdo y agresividad “no-violenta” de inspiración gandhista. Tomaron como principales influencias el arte dadaísta, el pensamiento de Herbert Marcuse, la actitud anarquista y el panfleto titulado “El derecho a la pereza”, escrito a finales del siglo XIX por Paul Lafargue, yerno de Karl Marx. Sus portavoces fueron Van Duyn, un universitario introvertido que parecía dirigir el movimiento desde la sombra, y Robert Jasper Grootvelt, un antiguo limpiacristales que un buen día decidió disfrazarse de clown para mofarse de las autoridades holandesas. La doctrina “provo” fue bautizada como “Filosofía Blanca”, y su principal lema era la necesidad de eliminar el trabajo. La primera gran lucha de los “provos” persiguió la legalización de la marihuana. Con el fin de evidenciar la ignorancia y los tópicos existentes con respecto al consumo de cannabis, inventaron el “marihuettegame”, un juego tan sencillo como transgresor. Los participantes debían pagar una pequeña contribución por participar, y el ganador de la suma total sería aquel que lograra acumular más detenciones por consumo de cannabis. Las aportaciones de los jóvenes fueron tan numerosas que se formó un gran bote; de este modo, muchos de ellos tenían verdadero interés por fumar marihuana descaradamente para lograr la detención y optar así a la jugosa recompensa económica. Los planes blancos Otra iniciativa de los provos que acabó siendo muy popular fue la de reunirse en forma de “Happenings”, que solían celebrarse en el campo y en los cuales se organizaban conciertos, narcosalas, charlas filosóficas y juegos malabares. Precisamente en mayo de 1965, Van Duyn organizó un Happening con el fin de distribuir miles de panfletos en los que se anunciaba la fundación del movimiento y se diseñaban las estrategias a seguir. Estas estrategias consistían en los llamados Planes Blancos. El primero de ellos, el Plan Blanco de Bicicletas, buscaba denunciar la contaminación generada por los vehículos privados y la pésima calidad del servicio de transporte público de Amsterdam. Con el fin de provocar a la sociedad, los “provos” invadieron las calles de la ciudad con miles de bicis pintadas de color blanco. Circulando en dirección contraria, deteniéndose en medio de la calzada o, simplemente, lanzando las bicis a la vía, los provos consiguieron colapsar completamente el tráfico de Amsterdam. ¿Consecuencias penales? Ninguna: salir a la calle con una bici blanca no era un acto constitutivo de delito. Pero el éxito de su plan fue incontestable: Holanda entera quedó impresionada y las imágenes dieron la vuelta a medio mundo. Otros planes blancos muy exitosos fueron el Plan Blanco de Chimeneas, dirigido a pintar de blanco aquellas fábricas y casas que emitieran más humo del tolerable; el Plan Blanco para Mujeres (asistencia médica y farmacéutica gratuita para mujeres), o el Plan Blanco de los Rumores, que consistía en difundir rumores creíbles entre todos los medios de comunicación y la policía con el fin de crear una sensación de pánico general. Fin de los provos La tribu de los "provos" desapareció formalmente en junio de 1968, coincidiendo con el pesimismo generado por la represión ejercida por las autoridades soviéticas, francesas y estadounidenses frente a los movimientos revolucionarios iniciados esa misma primavera. Sin embargo, el espíritu “provo” no ha desaparecido todavía de la capital holandesa. Cualquiera que pasee por las céntricas calles de Ámsterdam y observe una ciudad limpia, en la que se circula en bicicleta y en la que es posible fumar hierbas en ciertos locales, tal vez esté observando los resultados de una lucha social iniciada con frescura y sentido del humor hace ya más de cuarenta años. Obtenido de: Wikipedia ¡Gracias por todo Wikipedia!

10
0
Megapost de José Saramago
Megapost de José Saramago
InfoporAnónimo12/19/2007

Uno de los mejores escritores vivos es a mí entender José Saramago. Con una trayectoria asombrosa es considerado en general un escritor de novelas, pero en su genialidad abarcó muchos más géneros. A continuación se encontrarán con: Biografía Bibliografía Fragmentos, cuentos y opiniones del autor: ~ La isla desconocida ~ Todos somos Chiapas ~ Brindis de entrega del Premio Nóbel ~ A las palabras hay que arrancarles la piel Frases Algunas opiniones sobre Saramago Biografía José Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en el caserío de Azinhaga (municipio de Golegã, en el distrito central del Ribatejo, Portugal), cerca del río Tajo, a 120 km al noreste de Lisboa. Sus padres fueron José de Sousa y Maria la piedra, una pareja campesina sin tierras y de escasos recursos económicos. Este origen marcaría profundamente el carácter y la ideología del escritor. El apodo de la familia paterna era Saramago (nombre de una planta herbácea silvestre de la familia de las cruzáceas). El bebé debería haberse llamado José Sousa, pero el funcionario del registro civil cometió un "lapsus calami" (‘error de pluma’) y lo anotó como José «Saramago». El registro oficial menciona el día 18 de noviembre, aunque fue el 16. En 1924, la familia de Saramago se mudó a Lisboa, donde su padre comenzó a trabajar de policía. Pocos meses después de la mudanza, falleció su hermano Francisco, dos años mayor. Saramago nunca perdió su relación con su aldea de nacimiento, donde fueron numerosas sus estancias. En 1934, a la edad de 12 años entró en una escuela industrial. En aquellos años incluso los estudios técnicos contenían asignaturas humanísticas. En los libros de texto gratuitos de aquellos años Saramago se encontró con los clásicos. Incluso hoy en día puede recitar de memoria algunos de esos textos. Aunque Saramago era buen alumno, no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela, por lo que para mantener a su familia Saramago trabajó durante dos años en una herrería mecánica. Mientras tanto, sin guía alguna, se leyó toda la biblioteca pública de su barrio. Pronto cambia de trabajo y comienza a trabajar de administrativo en la Seguridad Social. Tras casarse en 1944 con Ilda Reis, Saramago comienza a escribir la que acabará siendo su primera novela: Terra de pecado, que se publicó en 1947 pero no tuvo éxito. Ese año nació su primera hija, Violante. Saramago escribió una segunda novela, Claraboya, pero directamente nunca fue publicada. Por espacio de veinte años no se volvió a dedicar a la literatura. «Sencillamente no tenía nada que decir y cuando no se tiene nada que decir lo mejor es callar». Entra a trabajar en una compañía de seguros. Simultáneamente colabora como periodista en Diário de Notícias, un periódico de alcance nacional, pero por razones políticas pronto es expulsado. Luego, colaboró como crítico literario de la revista Seara Nova y fue comentarista cultural. Formó parte de la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores, y también desempeñó la subdirección del Diário de Notícias. Desde 1976 se dedica exclusivamente a su trabajo literario. Sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar. Consigue trabajo en una editorial (donde trabaja durante doce años). En su tiempo libre traduce: Maupassant, Tolstoi, Baudelaire, Colette… En 1966 publicó Os poemas possíveis. En 1969 se hizo miembro del Partido Comunista Portugués (cuando éste todavía era clandestino). Ese mismo año se divorcia de Ilda y abandona su trabajo en la editorial para dedicarse plenamente a vivir de la escritura, bien como articulista, bien como novelista. En 1970 publica Probabelmente alegria Entre 1972 y 1973 fue redactor del "Diário de Lisboa". En 1974 se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles", que llevó la democracia a Portugal. En 1975 publica O Ano de 1993. Su primera gran novela fue Levantado do chão (1980), un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, en la provincia de Alentejo. Con este libro Saramago consigue encontrar su voz propia, ese estilo inconfundible, límpido y casi poético que lo distingue. En los siguientes años, Saramago publica casi sin descanso: Memorial do convento (1982), donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones. Este libro fue adaptado como ópera por Azio Corghi, y estrenado en el Teatro de la Scala de Milán, con el título de Blimunda (el inolvidable personaje femenino de la novela). También Corghi adaptó su obra teatral In nómine Dei, que con el nombre de Divara fue estrenada en Munster. De Azio Corghi es también la música de la cantata La muerte de Lázaro, sobre textos de Memorial del convento, El Evangelio según Jesucristo e In nómine Dei. Fue interpretada por vez primera en la iglesia de San Marco, de Milán. En 1984 Saramago publica O ano da morte de Ricardo Reis y en 1986 A jangada de pedra (La balsa de piedra), donde cuenta qué sucedería si la península ibérica se desprendiera del continente europeo. Ese año (cuando tenía 63 años) conoce a su actual esposa, la periodista española Pilar del Río, nacida en Castril,Granada quien finalmente decide convertirse en su traductora oficial de castellano. Desde 1985 a 1994 fue presidente de la Asociación Portuguesa de Autores. La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal (que se considera una república laica), cuando el gobierno veta su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que “ofende a los católicos”. Como acto de protesta, Saramago abandona Portugal y se instala en la isla de Lanzarote (Canarias). En 1995 publica una de sus novelas más conocidas, Ensayo sobre la ceguera. En 1997 publica su novela Todos los nombres, que gozó también de gran reconocimiento. En 1998 gana el premio Nobel de literatura, convirtiéndose en el primer escritor de lengua portuguesa en ganar este premio. Desde entonces comparte su residencia entre Lisboa y la isla canaria, participando en la vida social y cultural de ambos países cuyas estrechas relaciones justificó en una entrevista para proponer su idea utópica de creación de una Iberia unida [1] . Estilo Saramago es uno de los novelistas actuales más importantes de la literatura contemporánea. Escéptico e intelectual, mantuvo y mantiene una postura ética y estética por encima de partidismos políticos y comprometida con el género humano. Saramago tiende a escribir oraciones extensísimas, usando una puntuación que a primera vista puede parecer incorrecta: no delimita los diálogos, crea oraciones de más de una página de longitud mediante el uso de comas donde otros autores hubiesen usado puntos, y muchos de sus párrafos son tan largos como los capítulos de la mayoría de escritores. Varios críticos han señalado el parecido de este estilo con cierta oratoria religiosa. En sus novelas suele introducir divagaciones y reflexiones personales de muy diverso tipo, donde realiza un análisis crítico de distintos aspectos de la realidad. Sorprendentemente, el lector no tiene muchas dificultades en adaptarse a leer su estilo de prosa único. Sus novelas denuncian procesos de decadencia en la sociedad actual, pero siempre hay algún personaje que de forma excepcional actúa contra corriente con valentía en aquello que está a su alcance, sin demasiada heroicidad y a veces rozando el patetismo. Según el escritor, son estas excepciones las que hacen que el mundo sea habitable. Premios • Beca de Honor de la Residencia de Estudiantes de la Universidad Carlos III (Madrid, España) • Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (Francia) • Comendador de la Orden Militar de Santiago de Espada (Portugal) • Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid (España) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Brasilia (Brasil) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha (España) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de El Salvador ( El Salvador) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Costa Rica • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Manchester (Reino Unido) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sevilla (España) • Doctor Honoris Causa por la Universidad de Turín (Italia) • Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia (21 de enero de 1999) • Gran Premio de Teatro, de la Associação Portuguesa de Escritores • Grande Premio de Romance e Novela (da Associação Portuguesa de Escritores), 1991 (Evangelio según Jesucristo). • Miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras • Miembro de la Academia Europea de Yuste (Yuste, España) • Miembro de la Academia Universal de las Culturas (París) • Miembro del Parlamento Internacional de Escritores (Estrasburgo) • Miembro del Patronato de Honra de la Fundación César Manrique (Lanzarote, Canarias) • Miembro honoris causa del Consejo del Instituto de Filosofía del Derecho y de Estudios Histórico-Políticos de la Universidad de Pisa (Italia) • Premio Luís de Camões, 1995. • Premio Arzobispo Juan de San Clemente (Santiago de Compostela) • Premio Brancatti (Zafferana, Italia), 1992 (Ensayo sobre la ceguera). • Prémio Camões (1995) • Premio Cidade de Lisboa, 1980 (Levantado del suelo). • Premio de Consagração de Carreira da Sociedade Portuguesa de Autores, 1995. • Premio de la Crítica (de la Associação Portuguesa de Críticos), 1985 (El año de la muerte de Ricardo Reis). • Premio Dom Dinis (Fundação da Casa de Mateus), 1986 (El año de la muerte de Ricardo Reis). • Premio Ennio Ennio Flaiano (Italia), 1992 (Levantado del suelo). • Premio Europeu de Comunicació "Jordi Xifra Heras" (Gerona) • Premio Grinzane - Cavour (Alba, Italia), 1987 (El año de la muerte de Ricardo Reis). • Premio Literario Internacional Mondello (Palermo, Italia), 1992 (Ensayo sobre la ceguera). • Premio Literario Municipio de Lisboa, 1983 (Memorial del convento). • Premio Literario Municipio de Lisboa • Premio Nobel de Literatura (8 de octubre de 1998). • Premio Pen Club portugués, 1983 (Memorial del convento). • Premio Pen Club, 1985 (El año de la muerte de Ricardo Reis). • Premio Penne (Mosca, Penne, Italia) • Premio Rosalía de Castro (Vigo) • Premio Scanno (Universidad Gabriele d'Annunzio, Chieti) • Premio Vida Literária de la Associação Portuguesa de Escritores, 1993. • Socio Honorario de la Sociedad Portuguesa de Autores (Lisboa) • The Independent Foreign Fiction Award (Inglaterra), 1993 (El año de la muerte de Ricardo Reis). • Hijo Predilecto de Andalucía, 2007. Video del discurso BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA ORIGINAL • Os poemas possíveis (poemas). • Provavelmente alegría (poemas). • Deste mundo e do outro (crónicas). • A bagagem do viajante (crónicas). • As opinioes que o DL teve (artículos). • O ano 1993 (fabulación alegórica). • Os apontamentos (crónicas). • Manual de pintura e caligrafía (novela). • Objecto Quase (relatos). • A Noite (teatro). • Levantado do chao ( novela). • Viajem a Portugal (viajes). • Memorial do convento (novela). • O ano da morte de Ricardo Reis (novela). • A Jangada de pedra (novela). • Historia do cerco de Lisboa (novela). • E Evangelho segundo Jesus Cristo (novela). • In nomine Dei (teatro). • Ensaio sobre a cegueira (novela). • Cuadernos de Lanzarote I, II y III (diario). ESTUDIOS SOBRE LA FIGURA Y LA OBRA DEL AUTOR • Arias, Juan: José Saramago, El amor posible, Barcelona, Planeta, 1998 .- (Documento). • Seixo, Maria Alzira: O essencial sobre José Saramago, Imprenta Nacional, Lisboa, 1987. • Cerdeira da Silva, Teresa Cristina: José Saramago entre a história e a ficçao, Publicaçoes Dom Quixote, Lisboa, 1989. • Reis, Carlos: Memorial do Convento ou a emergência da História, en "Revista Crítica de Ciêncis Sociais", 18/19/20, febrero 1986. • Rio, Pilar del: José Saramago, "Ediciones de Cultura Hispánica", Madrid, 1995. TRADUCCIONES DE SARAMAGO AL ESPAÑOL • De este mundo y del otro, crónicas: Ed. Sotelo Blanco, Barcelona, 1997. • Las maletas del viajero, crónicas: Ed. Sotelo Blanco, Barcelona, 1995 • Manual de pintura y caligrafía, novela: Seix Barral, 1988. • Objeto casi, relatos: Alfaguara, 1996. • Alzado del suelo, novela: Ed. Seix Barral, 1988. • Viaje a Portugal, viajes: Ed. Alfaguara, madrid, 1995. • Memorial del convento, novela: Ed. Seix Barral, 1986. • El año de la muerte de Ricardo Reis, novela: Ed. Seix Barral, 1985. • La balsa de piedra, novela: Ed. Seix Barral, 1990. • El Evangelio según Jesucristo, novela: Ed. Seix Barral, 1992. • In nomine Dei, teatro: Ed. Sotelo Blanco, Barcelona, 1996. • Ensayo sobre la ceguera, novela: Ed. Alfaguara, Madrid, 1996. Cuadernos de Lanzarote: Ed. Alfaguara, Madrid, 1997. CUENTO INÉDITO LA ISLA DESCONOCIDA Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que, no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo, aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios.En el caso que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...) Abre la puerta, dijo el rey a la mujer de la limpieza, y ella preguntó, Toda o sólo un poco. El rey dudó durante un instante, verdaderamente no le gustaba mucho exponerse a los aires de la calle, pero después reflexionó que parecía mal, aparte de ser indigno de su majestad, hablar con un súbdito a través de una rendija, como si le tuviese miedo, sobre todo asistiendo al coloquio la mujer de la limpieza, que luego iría por ahí diciendo Dios sabe qué, De par en par, ordenó. El hombre que quería un barco se levantó del suelo cuando comenzó a oír los ruidos de los cerrojos, enrolló la manta y se puso a esperar. Estas señales de que finalmente alguien atendería y que por tanto el lugar pronto quedaría desocupado, hicieron aproximarse a la puerta a unos cuantos aspirantes a la liberalidad del trono que andaban por allí, prontos para asaltar el puesto apenas quedase vacío. La inopinada aparición del rey (nunca una tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las ventanas de las casas, en el otro lado de la calle. La única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quien, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, hizo tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que querías, Te crees que no tengo más nada que hacer; pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás.Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar, Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia de palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas. Los gritos de aplauso del público no dejaron que se percibiese el agradecimiento del hombre que vino a pedir un barco (...) Vas al muelle, preguntas por el capitán del puerto, le dices que te mando yo, y él que te dé el barco, llevas mi tarjeta. El hombre que iba a recibir un barco leyó la tarjeta de visita, donde decía Rey debajo del nombre del rey, y eran estas las palabras que él había escrito sobre el hombre de la mujer de la limpieza, Entrega al portador un barco, no es necesario que sea grande, pero que navegue bien y sea seguro (...) Cuando el hombre levantó la cabeza, se supone que esta vez iría a agradecer la dádiva, el rey ya se había retirado, sólo estaba la mujer de la limpieza mirándolo con cara de circunstancias. El hombre bajó del peldaño de la puerta, señal de que los otros candidatos podían avanzar por fin, superfluo será explicar que la confusión fue indescriptible, todos queriendo llegar al sitio en primer lugar, pero con tan mala suerte que la puerta ya estaba cerrada otra vez. La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza había estado mirando, ya que, en ese preciso momento, tomó la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría (...) Andando, andando, el hombre llegó al puerto, fue al muelle, preguntó por el capitán, y mientras venía, se puso a adivinar cuál sería, de entre los barcos que allí estaban, el que iría a ser suyo, grande ya sabía que no, la tarjeta de visita del rey era muy clara en este punto (...) Un poco apartada de allí, escondida detrás de unos bidones, la mujer de la limpieza pasó los ojos por los barcos atracados. Para mi gusto, aquél, pensó, aunque su opinión no contaba, ni siquiera había sido contratada, vamos a oír antes lo que dirá el capitán del puerto. El capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo, y le hizo la pregunta que al rey no se le había ocurrido, Sabes navegar, tienes carné de navegación, a lo que el hombre respondió, Aprenderé en el mar. El capitán dijo, No te lo aconsejaría, capitán soy yo, y no me atrevo con cualquier barco, Dame entonces uno con el que pueda atreverme, no, uno de ésos no, dame un barco que yo respete y que pueda respetarme a mí, Ese lenguaje es de marinero, pero tú no eres marinero, Si tengo el lenguaje, es como si lo fuese. El capitán volvió a leer la tarjeta del rey, después preguntó, Puedes decirme para qué quieres el barco, Para ir en busca de la isla desconocida, Ya no hay islas desconocidas, Lo mismo me dijo el rey, Lo que él sabe de islas, lo aprendió conmigo, Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas, Pero tú, si bien entendí, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca, Lo sabré cuando llegue, Si llegas. Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto a donde llegué fue ese, Quieres decir que llegar, se llega siempre, No serías quien eres si no lo supieses ya. El capitán del puerto dijo. Voy a a darte la embarcación que te conviene, Cuál, Es un barco con mucha experiencia, todavía del tiempo en que toda la gente andaba buscando islas desconocidas, Cuál, Creo que incluso encontró algunas, Cuál, Aquél. Así que la mujer de la limpieza percibió para donde apuntaba el capitán, salió corriendo de detrás de los bidones y gritó, Es mi barco, es mi barco, hay que perdonarle la insólita reivindicación de propiedad, a todo título abusiva, el barco era aquel que le había gustado, simplemente. Parece una carabela (...), después pasó por arreglos y adaptaciones que la modificaron un poco, Pero continúa siendo una carabela, Sí, en el conjunto conserva el antiguo aire, Y tiene mástiles y velas, Cuando se va en busca de islas desconocidas, es lo más recomendable. La mujer de la limpieza no se contuvo, Para mí no quiero otro, Quién eres tú, preguntó el hombre, No te acuerdas de mí, No tengo idea, Soy la mujer de la limpieza, Qué limpieza, La del palacio del rey, La que abría la puerta de las peticiones, No había otra, Y por qué no estás en el palacio del rey, limpiando y abriendo puertas, Porque las puertas que yo quería ya fueron abiertas y porque de hoy en adelante sólo limpiaré barcos. Entonces estás decidida a ir conmigo en busca de la isla desconocida, Salí del palacio por la puerta de las decisiones, Siendo así, ve para la carabela mira cómo está aquello después del tiempo pasado debe precisar de un buen lavado, y ten cuidado con las gaviotas, que no son de fiar, No quieres venir conmigo a conocer tu barco por dentro, Dijiste que era tuyo, Disculpa, fue sólo porque me gustó, Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe ser la peor manera de gustar. El capitán del puerto interrumpió la conversación, Tengo que entregar las llaves al dueño del barco, a uno o a otro, resuélvanse, a mí tanto me da, Los barcos tienen llave, preguntó el hombre, Para entrar, no, pero allí están las bodegas y los pañoles, y el camarote del comandante con el diario de a bordo, Ella que se encargue de todo, yo voy a reclutar la tripulación, dijo el hombre, y se apartó. La mujer de la limpieza fue a la oficina del capitán para recoger las llaves, después entró en el barco, dos cosas le valieron, la escoba del palacio y el aviso contra las gaviotas, todavía no había acabado de atravesar la pasarela que unía la amurada al atracadero y ya las malvadas se precitaban sobre ella gritando, furiosas, con las fauces abiertas, como si la fueran a devorar allí mismo. No sabían con quién se enfrentaban. La mujer de la limpieza posó el cubo, se guardó las llaves en el seno, plantó bien los pies en la pasarela, y, remolineando la escoba como si fuese un espadón de los buenos tiempos, consiguió poner en desbandada a la cuadrilla asesina. Sólo cuando entró en el barco comprendió la ira de las gaviotas, había nidos por todas partes, muchos de ellos abandonados, otros todavía con huevos, y unos pocos con gaviotillas de pico abierto, a la espera de comida (...) Tiró al agua los nidos vacíos, los otros los dejó, luego veremos. Después se remangó las mangas y se puso a lavar la cubierta. Cuando acabó la dura tarea, abrió el pañol de las velas y procedió a un examen minucioso del estado de las costuras, ha pasado tanto tiempo sin ir al mar y sin haber soportado los estirones saludables del viento. Las velas son los músculos del barco, basta ver cómo se hinchan cuando se esfuerzan, pero, y eso mismo les sucede a los músculos, si no se les da uso regularmente, se aflojan, se ablandan, pierden nervio, Y las costuras son los nervios de las velas, pensó la mujer de la limpieza (...) Encontró deshilachadas algunas bastillas, pero se conformó con señalarlas (...) En cuanto a los otros pañoles, enseguida vio que estaban vacíos (...) Ya le enfadó, y mucho, la falta absoluta de municiones de boca en el pañol respectivo, no por ella, que estaba de sobra acostumbrada al mal rancho del palacio, sino por el hombre al que dieron este barco: no falta mucho para que el sol se ponga, y él aparecerá por ahí clamando que tiene hambre (...) No merecía la pena preocuparse tanto. El sol acababa de sumirse en el océano cuando el hombre que tenía un barco surgió en el extremo del muelle. Traía un bulto en la mano, pero venía solo y cabizbajo. La mujer de la limpieza fue a esperarlo a la pasarela, pero antes de que abriera la boca para enterarse de cómo había transcurrido el resto del día, él dijo, Estate tranquila, traigo comida para los dos, Y los marineros, preguntó ella, Como puedes ver, no vino ninguno, Pero los dejaste apalabrados, al menos, volvió a preguntar ella, Me dijeron que ya no hay islas desconocidas, y que, incluso habiéndolas, no iban a dejar el sosiego de sus lares y la buena vida de los barcos de línea para meterse en aventuras oceánicas a la búsqueda de un imposible, como si todavía estuviéramos en el tiempo del mar tenebroso. Y tú qué les respondiste, Que el mar es siempre tenebroso, Y no les hablaste de la isla desconocida, Cómo podría hablarles de una isla desconocida, si no la conozco, Pero tienes la certeza de que existe, Tanta como de que el mar es tenebroso, En este momento, visto desde aquí, con las aguas color de jade y el cielo como un incendio, de tenebroso no le encuentro nada, Es una ilusión tuya, también las islas a veces parece que fluctúan sobre las aguas y no es verdad, Qué piensas hacer, si te falta una tripulación, Todavía no lo sé, Podríamos quedarnos a vivir aquí, yo me ofrecería para lavar los barcos que vienen al muelle, y tú, Y yo, Tendrás un oficio, una profesión, como ahora se dice, Tengo, tuve, tendré si fuera preciso, pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy yo cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (...) Dijo el hombre, Dejemos las filosofías para el filósofo del rey, que para eso le pagan, ahora vamos a comer, pero la mujer no estuvo de acuerdo. Primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan refuerzo, Bajaste a la bodega, encontraste agua abierta, En el fondo hay alguna, mezclada con el lastre, pero eso me parece que es lo apropiado, le hace bien al barco, Cómo aprendiste esas cosas, Así, Así cómo, Como tú, cuando dijiste al capitán del puerto que aprenderías a navegar en la mar, Todavía no estamos en el mar, Pero ya estamos en el agua, Siempre tuve la idea de que para la navegación sólo hay dos maestros verdaderos, uno es el mar, el otro es el barco. Y el cielo, te olvidas del cielo, Sí, claro, el cielo, Los vientos, Las nubes, El cielo, Sí, el cielo. En menos de un cuarto de hora habían acabado la vuelta por el barco: una carabela, incluso transformada, no da para grandes paseos. Es bonita, dijo el hombre, pero si no consigo tripulantes suficientes para la maniobra, tendré que ir a decirle al rey que ya no la quiero. Te desanimas a la primera contrariedad, La primera contrariedad fue esperar al rey tres días, y no desití. Si no encuentras marineros que quieran venir, ya nos las arreglaremos los dos, Estás loca, dos personas solas no serían capaces de gobernar un barco de éstos, yo tendría que estar siempre al timón, y tú, ni vale la pena explicarlo, es un disparate, Después veremos, ahora vamos a cenar (...) Es realmente bonita nuestra carabela, dijo la mujer, y enmendó enseguida. La tuya, tu carabela, Supongo que no será mía por mucho tiempo, Navegues o no navegues con ella, la carabela es tuya, te la dio el rey, Se la pedí para buscar una isla desconocida, Pero estas cosas no se hacen de un momento para otro, necesitan su tiempo, ya mi abuelo decía que quien va al mar se avía en tierra, y eso que él no era marinero, Sin marineros no podremos navegar, Eso ya lo has dicho, Y hay que abastecer el barco de las mil cosas necesarias para un viaje como éste que no se sabe dónde nos llevará, Evidentemente, y después tendremos que esperar a que sea la estación propia, y salir con marea buena, y que venga gente al puerto a desearnos buen viaje, Te estás riendo de mí, Nunca me reiría de quien me hizo salir por la puerta de las decisiones, Discúlpame, Y no volveré a pasar por ella, suceda lo que suceda. La luz de la luna inluminaba la cara de la mujer de la limpieza, Es bonita, realmente es bonita, pensó el hombre, y esta vez no se refería a la carabela. La mujer, ésa, no pensó nada, debía haberlo pensado todo durante aquellos tres días, cuando entreabría de vez en cuando la puerta para ver si aquél aún continuaba fuera, a la espera (...) La sirena de un paquebote que salía para el mar soltó un ronquido potente, como debieron ser los del leviatán, y la mujer dijo, Cuando sea nuestra vez, haremos menos ruido. A pesar de que estaban en el interior del muelle, el agua se onduló un poco al paso del paquebote, y el hombre me dijo, Pero nos balancearemos mucho más. Se rieron los dos, después se callaron, pasado un rato uno de ellos opinó que lo mejor sería irse a dormir, No es que yo tenga mucho sueño, y el otro concordó, Ni yo, después se callaron otra vez, la luna subió y continuó subiendo, a cierta altura la mujer dijo, Hay literas abajo, y el hombre dijo, Sí, y entonces fue cuando se levantaron y descendieron a la cubierta, ahí la mujer dijo, Hasta mañana, yo voy para este lado, y el hombre resondió, Y yo para éste, hasta mañana, no dijeron babor o estribor, probablemente porque todavía están practicando en las artes. La mujer volvió atrás, Me había olvidado, se sacó del bolsillo dos cabos de velas, Los encontré cuando limpiaba, pero no tengo cerillas, Yo tengo, dijo el hombre. Ella mantuvo las velas, una en cada mano, él encendió un fósforo, después, abrigando la llama bajo la cúpula de los dedos curvados, la llevó con todo el cuidado a los viejos pábilos, la luz prendió, creció lentamente como la de la luna, bañó la cara de la mujer de la limpieza, no sería necesario decir que él pensó, Es bonita, pero lo que ella pensó, sí, Se ve que sólo tiene ojos para la isla desconocida, he aquí como se equivocan las personas interpretando miradas, sobre todo al principio. Ella le entregó una vela, dijo, Hasta mañana, duerme bien, él quiso decir lo mismo de otra manera, Que tengas sueños felices, fue la frase que le salió dentro de nada, cuando esté abajo, acostado en su litera, se le ocurrirán otras frases, más espiritosas, sobre todo más insinuantes, como se espera que sean las de un hombre cuando está a solas con una mujer. Se preguntaba si ella dormiría, si habría tardado en entrar en el sueño, después imaginó que andaba buscándola y no la encontraba en ningún sitio, que estaban perdidos los dos en un barco enorme, el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas que están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra, la mujer duerme a pocos metros y él no sabe cómo alcanzarla, con lo fácil que es ir de babor a estribor. Le había deseado buenos sueños, pero fue él quien se pasó toda la noche soñando. Soñó que su carabela nevegaba por alta mar, con las tres velas triangulares gloriosamente hinchadas, abriendo camino sobre las olas, mientras él manejaba la rueda del timón y la tripulación descansaba a la sombra. No entendía cómo estaban allí los marineros que en el puerto y en la ciudad se habían negado a embarcar con él para buscar la isla desconocida, probablemente se arrepintieron de la grosera ironía con que lo trataron. Veía animales esparcidos por la cubierta, patos, conejos, gallinas, lo habitual de la crianza doméstica (...), el viento dio una cabriola, la vela mayor se movió y ondeó, detrás estaba lo que antes no se veía, un grupo de mujeres que incluso sin contarlas se adivinaba que eran tantas cuantos los marineros, se ocupan de sus cosas de mujeres, todavía no ha llegado el tiempo de ocuparse de otras, está claro que esto sólo puede ser un sueño, en la vida real nunca se ha viajado así. El hombre del timón buscó con los ojos a la mujer de la limpieza y no la vio, Tal vez esté en la litera de estribor, descansando de la limpieza de la cubierta, pensó, pero fue un pensar fingido, porque bien sabe, aunque tampoco sepa cómo la sabe, que ella a última hora no quiso venir, que saltó para embarcadero, diciendo desde allí, Adiós, adiós, ya que sólo tienes ojos para la isla desconocida, me voy, y no era verdad, ahora mismo andan los ojos de él pretendiéndola y no la encuentran. En este momento se cubrió el cielo y comenzó a llover, y, habiendo llovido, comenzaron a brotar innumerables plantas de las filas de sacos de tierra alineados a lo largo de la amurada, no están allí porque se sospeche que no haya tierra bastante en la isla desconocida, sino porque así se ganará tiempo, el día que lleguemos sólo tendremos que transplantar los árboles frutales, sembrar los granos de las pequeñas cosechas que van madurando aquí, adornar los jardines con las flores que abrirán de estos capullos. El hombre del timón pregunta a los marineros que descansan en cubierta si avistan alguna isla desconocida, y ellos responden que no ven ni de unas ni de otras, pero que están pensando desembarcar en la primera tierra habitada que aparezca, siempre que haya un puerto donde fondear, una taberna donde beber y una cama donde folgar, que aquí no se puede, con toda esta gente junta. Y la isla desconocida, preguntó el hombre del timón, La isla desconocida es cosa inexistnte, no pasa de una idea de tu cabeza, los geógrafos del rey fuero a ver en los mapas y declararon que islas por conocer es algo que se acabó hace mucho tiempo, Debíais haberos quedado en la ciudad, en lugar de venir a entorpecerme la navegación, Andábamos buscando un lugar mejor para vivir y decidimos aprovechar tu viaje, No sois marineros, Nunca lo fuimos, Solo, no seré capaz de gobernar el barco, Haber pensado en eso antes de pedírselo al rey, el mar no enseña a navegar. Entonces el hombre del timón vio tierra a lo lejos y quiso pasar adelante, hacer cuenta que ella era el reflejo de una otra tierra, una imagen que hubiese venido del otro lado del mundo por el espacio, pero los hombres que nunca habían sido marineros protestaron, dijeron que era allí mismo donde querían desembarcar, Ésta es una isla del mapa, gritaron, te mataremos si no nos llevas. Entonces, por sí misma, la carabela viró la proa en dirección a tierra, entró en el puerto y se encostó a la muralla del embarcadero, Podeis iros, dijo el hombre del timón, acto seguido salieron en orden, primero las mujeres, después los hombres, pero no se fueron solos, se llevaron con ellos los patos, los conejos y la gallinas (...) El hombre del timón contempló la desbandada en silencio, no hizo nada para retener a quienes lo abandonaban, al menos le habían dejado los árboles, los trigos y las flores, con las trepadoras que se enrollaban a los mástiles y pendían de la amurada como festones. Debido al atropello de la salida se habían roto y derramado los sacos de tierra, de modo que la cubierta era como un campo labrado y sembrado, sólo falta que venga un poco más de lluvia para que sea un buen año agrícola. Desde que el viaje a la isla desconocida comenzó, no se ve al hombre del timón comer, debe ser porque está soñando, apenas soñando, y si en el sueño le apeteciese un trozo de pan o una manzana, sería un puro invento, nada más. Las raíces de los árboles están penetrando en el armazón del barco, no tardará mucho en que estas velas hinchadas dejen de ser necesarias, bastará que el viento sople en las copas y vaya encaminando la carabela a su destino. Es un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y sea la hora de la siega. Entonces el hombre fijó la rueda del timón y bajó al campo con la hoz en la mano, y, cuando había segado las primeras espigas, vio una sombra al lado de su sombra. Se despertó abrazado a la mujer de la limpieza, y ella a él, confundidos los cuerpos, confundidas las literas, que no se sabe si ésta es la de babor o la de estribor. Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma. TODOS SOMOS CHIAPAS (Artículo escrito en primera persona por José Saramago, resultado de sus impresiones recogidas durante su viaje a Chiapas, con motivo de los disturbios que enfrentaron a la población indígena con el gobierno mexicano, y publicado en La Revista del diario español El Mundo). He visto el horror. No el que hemos observado en lugares como Bosnia o Argelia. No. Éste es otro tipo de horror. Estuve en Acteal, en el mismo lugar de la matanza... escuchando a los supervivientes. Es difícil expresar lo que se siente cuando uno sabe que se encuentra con los pies sobre el mismo lugar donde hace tres meses asesinaron a estas personas. Me imaginaba la escena... La gente tratando de escapar... los paramilitares disparando a discreción... las mujeres y los niños gritando, huyendo entre la maleza... el lamento de los heridos... En Chiapas se vive una situación de guerra o una ocupación militar, que al final es casi lo mismo. No es una guerra en el sentido común, con un frente y dos partes confrontadas. Yo nada más he visto una parte confrontada: el Ejército y los paramilitares. La otra parte, las comunidades indígenas, no están enfrentándolos, no tienen medios. Están rodeados, no tienen comida ni agua... Viven en condiciones infrahumanas. Son casi campos de concentración. No los reunieron allí a la fuerza, es cierto, pero cuando huyeron a esos lugares (se refiere a los campos de refugiados) los rodearon los paramilitares y el Ejército. Entonces esos campamentos se convirtieron en una especie de campo de concentración. Si alguna vez hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca como ésta. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas. El Gobierno esperaba que con el tiempo se ¡acabaran! todos, simplemente eso. Pero ellos sobreviven, alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada, pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada... La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida... (Saramago conoció al pequeño de cuatro años Gerónimo Vázquez al que los paramilitares amputaron cuatro dedos en Acteal) Es algo que no se me borrará jamás de la memoria... Las miradas serias, severas, recogidas de las mujeres, de los hombres... son algo que está por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo. ¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír ese hombre de Polhó que nos acaba de decir "mañana puede que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos"? Es algo que no alcanzo a entender. En Chiapas encontré un mundo que no comprendo. El mundo indio es un mundo donde el europeo no puede entrar fácilmente. Es como si me asomara a una ventana que da a otro mundo y, aunque lo tengo enfrente, no lo puedo entender. También descubrí otra realidad, la de un territorio ocupado militarmente. Un territorio donde los paramilitares y el Ejército son la uña y la carne juntas. Por una razón muy sencilla: de no ser así, los paramilitares no podrían haber hecho lo que hicieron y lo que siguen haciendo. Yo vi camiones del Ejército transportando a civiles que seguro no viajaban allí por la amabilidad de los militares. Minutos después de que abandonáramos Acteal hubo un acto de intimidación e hicieron hasta 30 disparos al aire. Esto sólo puede ocurrir si el Ejército da su bendición. Nada más fácil para el Ejército que identificar a los paramilitares y desarmarlos. Me parece esquizofrénico que el Congreso pueda estar debatiendo una ley (el Proyecto de Ley sobre Autonomía Indígena propuesto por el ejecutivo) supuestamente para resolver los problemas de las comunidades indígenas, como si fuera una ley normal, en situaciones normales para objetivos consensuados, cuando al mismo tiempo hay miles de desplazados que no pueden volver a sus tierras, con miedo a ser asesinados, mientras hay una ocupación militar clara en el territorio de Chiapas. Y mientras los paramilitares se pasean tranquilamente y hacen lo que quieren. ¿Cómo es que no se empieza por pacificar la situación para después discutir una ley donde participen todos los sectores y todas las comunidades? Todo se ha hecho sometiendo a los indios de Chiapas a una presión incalificable y esto no puede llamarse humanidad. El pueblo de México tiene que reclamar a su Gobierno una paz justa y digna. Yo no puedo, sólo soy un escritor extranjero acusado de injerencia. El pueblo mexicano no puede quedarse parado, dejando que los gobernantes lo decidan todo, hay que bajar a la calle... no estoy pidiendo un levantamiento sino simplemente que las conciencias se manifiesten... estoy pidiendo una insurrección moral, desarmada, étnica... Acteal es un lugar de la memoria que no puede de ninguna manera desaparecer. Sabemos lo que ocurrió y no lo queremos olvidar. Chiapas es el cuerpo de México. La sociedad civil debería admirar no sólo a los indios sino a los que se levantaron para defender a esos mismos indígenas. De Chiapas me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... Chiapas... La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida. Si tenemos conciencia pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento ¿de qué nos sirve la conciencia? Volveré a Chiapas, volveré". Transcripción de Javier Espinosa (Declaraciones concedidas a LA REVISTA por José Saramago (Portugal, 1922) en México DF tras su viaje a Chiapas el 14 y 15 de marzo. En su visita conversó con los supervivientes de la matanza de Acteal en el lugar de la masacre, recorrió después el campo de refugiados de Polhó y hasta se acercó al campamento militar de Majomut, sito en las inmediaciones del asentamiento indígena). Brindis de entrega del Premio Nobel Se cumplen exactamente 50 años de la firma de la Declaración de los Derechos Humanos. No han faltado conmemoraciones de esta efeméride. Sabiéndose, sin embargo, cómo la atención se cansa cuando las circunstancias le piden que se ocupe de asuntos serios, no es arriesgado prever que el interés público por este asunto comience a disminuir a partir de mañana mismo. Nada tengo contra estos actos conmemorativos, yo mismo he contribuido a ellos, modestamente, con algunas palabras. Y puesto que la fecha lo pide y la ocasión no lo desaconseja, permítaseme que diga aquí unas cuantas más. Este medio siglo no parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a lo que moralmente estaban obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se expande. La misma esquizofrénica Humanidad, capaz de enviar instrumentos a un planeta para estudiar la composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas a causa del hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante. Alguien no está cumpliendo con su deber. No lo están cumpliendo los gobiernos, porque no saben, porque no pueden, o porque no quieren. O porque no se lo permiten aquéllos que efectivamente gobiernan el mundo, las multinacionales y plurinacionales cuyo poder, absolutamente no democrático, ha reducido a casi nada lo que todavía quedaba del ideal de la democracia. Pero tampoco estamos cumpliendo con nuestro deber los ciudadanos que somos. Pensemos que ninguno de los derechos humanos podría subsistir sin la simetría de los deberes que les corresponden, y no es de esperar que los gobiernos realicen en los próximos 50 años lo que no hicieron en éstos que conmemoramos. Tomemos entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la palabra. Con la misma vehemencia con que reivindicamos los derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco mejor. No olvido los agradecimientos. En Francfort, el día 8 de octubre, las primeras palabras que pronuncié fueron para agradecer a la Academia Sueca la concesión del Premio Nobel de Literatura. Di las gracias también a mis editores, a mis traductores y a mis lectores. A todos les vuelvo a dar las gracias. Y ahora también a los escritores portugueses y de lengua portuguesa, a los del pasado y a los de hoy; por ellos nuestras literaturas existen, yo soy sólo uno más que se les vino a unir. Dije aquel día que no nací para esto, pero esto me fue dado. Gracias, por tanto A las palabras hay que arrancarles la piel Publicado en Linea Natural, transcribiendo unos párrafos de Cuadernos de Lanzarote Recomendar al lector el método en su día a día: tome las palabras, péselas, mézalas, vea la manera como se unen, lo que expresan, descifre el airecillo bellaco con que dicen una cosa por otra y venga a decirme si no se siente mejor después de haberlas desollado. A las palabras hay que arrancarles la piel. No hay otra manera para entender de qué están hechas. Frases «La alegoría llega cuando describir la realidad ya no sirve. Los escritores y artistas trabajamos en las tinieblas, y como ciegos tanteamos la oscuridad.» «La vista es una metáfora de razón, es el único personaje que mantiene un sentimiento de amor, de solidaridad, el único que conserva su humanidad. Lo que realmente nos separa de los animales es nuestra capacidad de esperanza.» «El éxito a toda costa nos hace peor que animales.» «Yo no soy filósofo ni científico. No creo que haya un principio del mal ni del bien. Lo único que sé es que todo está dentro de nuestro cerebro.» «Ni el arte ni la literatura tienen que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos, y sólo es posible con una postura ciudadana ética, aunque pueda sonar a antiguo y anacrónico.» «Siempre hay un tuerto o un listo que nos gobierna.» «Es mentira que el Nobel sirva para fomentar la literatura del país al que pertenece el galardonado. Para lo único que vale es para engrosar la cuenta corriente del autor.» «A veces la literatura se parece a una operación de Bolsa. Las cotizaciones suben y bajan, y muchas veces dependen sólo de la promoción. No me gusta, me huele demasiado mal.» «Europa funciona como una empresa, en el sentido de que quien manda es quien tiene más acciones.» «Lo que me preocupa es la permanencia del hombre, en el planeta, la insistencia de la humanidad en vivir a pesar de todo. Lo que estoy buscando es lo que la historia no cuenta.» (Declaraciones extraídas de las publicaciones Avui, Cambio 16, Tribuna, El Periódico, El País, El Correo español, Journal de Letras, Artes e Ideas, Tribuna, Tiempo.) Algunas opiniones sobre Saramago "Como Gunter Grass o Ces Nooteboom, Saramago aspira a enlazar con un público que desborde los límites nacionales." - Miguel García-Posada / El País "Con toda su habilidad de escritor que merece las máximas distinciones internacionales, Saramago reivindica algo que se halla muy lejos de nuestra era: la utopía de la fraternidad." - Luis León Barreto / La Provincia "Su idea de la literatura es la de un arte comprometido y global, capaz a la vez de integrar géneros y difuminar las fronteras entre estos sin caer en el caos, y de defender todos y cada uno de los resquicios de humanidad que alberga el individuo." - Juan Manuel González / Leer " Yo no sé, ni quiero saberlo, de dónde ha sacado Saramago ese diabólico tono narrativo, duro y piadoso a un tiempo, con algo de letanía bíblica y de nana infantil, que le permite contar tan cerca del corazón y a la vez tan cerca de la historia, y donde los afanes se ven casi siempre al trasluz de los afanes colectivos." - Luis Landero " Saramago ha bajado hasta las cavernas más profundas de la trastienda humana y nos ha prevenido de los males no sólo de la razón, sino de la sinrazón." - César Antonio Molina / Diario l6 " Convertido ya en uno de los grandes olvidados del Nobel, el escritor portugués José Saramago sigue dejando en evidencia al jurado del premio con nuevas demostraciones de calidad literaria y compromiso humano." - Manuel Mediavilla / Sur " La narrativa de Saramago aúna cualidades líricas y épicas, pero tampoco faltan en ella la crítica y la parábola de contenido, y una fertilidad imaginativa y temática que hace de su lectura un gustazo, así como un conocimiento de su suelo y sus gentes sin el cual no parece concebible esa novelística, tan histórica como contemporánea."-Fernando Quiñones " Tal vez Saramago tiene razón y hay que nombrar los buenos sentimientos para que no desaparezcan. En última instancia, quizás sea de nuevo la hora de la alegoría y necesitemos imaginar que apuramos el cáliz para volver a pensar en nuestra reforma." - José Antonio Ugalde / El Mundo No publico sus libros para descargar porque ya están posteados aquí y no quiero robar. Un post donde los pueden encontrar es en: http://www.taringa.net/posts/arte/31896/Jos%C3%A9-Saramago---Nobel-de-Literatura.html Ahí hay varios libros, seguramente en otros post hay más pero ya tendrán que buscarlos

0
0
Declaración del espacio Otro camino para superar la crisis
Declaración del espacio Otro camino para superar la crisis
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/6/2008

Otro Camino para superar la crisis/4. Declaración del plenario del 8/11/08 Ante la crisis económica mundial y su impacto en la argentina: ¡Que la crisis la paguen los de arriba! 1 La actual crisis económica mundial es el resultado del agotamiento de un ciclo largo, el de la globalización y el neoliberalismo que se inaugurara a mediados de la década de los ’70 con la reestructuración capitalista bajo la hegemonía del capital financiero y que tuvo como precondición una fuerte ofensiva del capital sobre el trabajo y el desmonte de todas y cada una de la regulaciones, intervenciones y controles estatales que el mismo capital había levantado durante los llamados “años dorados” (1945-1975). Pero es también el final del ciclo corto iniciado en 2003 por la economía de los EE.UU. y su incidencia en la economía mundial. Un período donde la financiarización y la ausencia de regulaciones y controles estatales alcanzaron su máxima expresión. Libre comercio, libertad para el movimiento de capitales, precarización del trabajo, exacción de recursos naturales, degradación socioambiental son los signos que identifican esta fase. La acumulación del capital siempre está condicionada por los métodos y formas que el capital se ve obligado a utilizar y su continuidad depende de que pueda superarlos recurriendo a otras modalidades, métodos y criterios, los que en algún momento tendrá que volver a sobrepasar. El capital se enfrenta, periódicamente, a sus propios límites y una y otra vez debe intentar franquearlos. Así, si no aparece un sujeto social-político capaz de articular un amplio movimiento obrero y popular que de forma a un bloque contrahegemónico y genere, de esta manera, las condiciones para erradicarlo; el sistema se recreará, dando paso a una nueva fase capitalista. Quienes atribuyen el origen de la actual crisis exclusivamente al modelo neoliberal se niegan a ver que éste no es más que una fase, como antes hubo otras, y por lo tanto exculpan de responsabilidad al sistema capitalista. El sector financiero ha sido el catalizador de la crisis, pero más allá de las especificidades y particularidades se trata de una crisis de sobreacumulación de capitales y sobreproducción de productos manufacturados -agravada por la competencia global por bajar salarios-, combinada con una subproducción relativa y el encarecimiento de los productos primarios y energéticos determinada por una competencia capitalista que devasta la naturaleza. En este sentido, esta crisis mundial nos da la posibilidad para desenvolver aún más lo que Fidel Castro llamara oportunamente “la batalla de ideas”. Es decir, dar el debate ideológico poniendo en cuestión la legitimidad del sistema del capital ahora debilitada, que es precisamente el punto donde fue más notorio el triunfo del neoliberalismo en el pasado al hacer del individualismo y del dinero la medida de valor de todas las cosas. Es una de nuestras tareas socializar la conclusión de que el Capital es la principal traba para resolver los males que el propio capitalismo provoca. 2 Las condiciones de la crisis mundial se vienen preparando desde hace tiempo, pero se manifestaron ampliamente a partir de mediados del 2007. Precisamente es, por ese tiempo, que el ciclo expansivo de la economía argentina comienza a mostrar sus limitaciones. El proceso inflacionario iniciado en 2006 y el fracaso en la política de control de precios tuvo como contrapartida el deterioro de la capacidad de compra de los salarios y los ingresos populares mientras que crecían los subsidios a las empresas –especialmente del sector energético y transportes- y los pagos de la deuda externa. Sin embargo los términos del intercambio seguían favoreciendo a las economías de América Latina y particularmente a la de nuestro país. El nivel de reservas se mantenía aunque los superávit comercial y financiero mostraban ya tendencias a debilitarse. El conflicto agrario contra la apropiación estatal de una porción adicional de la renta extraordinaria concluyó en una derrota para el gobierno en toda la línea –en el Congreso y en las calles. Este resultado dejó al gobierno muy debilitado, resquebrajado su frente interno y, como contrapartida, con la emergencia potencial de una coalición conservadora donde las clases dominantes del “campo” lograron la adhesión de vastos sectores de las clases medias urbanas y rurales. Es, en este contexto, cuando surge el espacio Otro camino para superar la crisis, con la voluntad de desarrollar en esa coyuntura una política independiente, que sembró las bases para pensar hoy cómo nos proyectamos estratégicamente. Con la caída de la resolución 125 –que paradójicamente, en términos recaudatorios, terminaría favoreciendo al gobierno- éste pareció dar un vuelco hacia la ortodoxia: dejó caer el tipo de cambio, anunció el pago al contado de lo adeudado al Club de París y la reapertura del canje con los holdouts, dio inicio a la refinanciación de los llamados Préstamos Garantizados. Un paquete de medidas que presuntamente llevaría a la “reinserción” del país en el mercado de capitales. Pero con la quiebra de Lehman Brothers en los EE.UU. la crisis pegó un salto en calidad. Se desató un efecto “dominó” en los bancos de casi todos los países centrales con caída generalizada de las bolsas. La recesión mundial se transformó en una realidad concreta. El resultado de ello fue que al Club de París se le pagará mas adelante; que de la reapertura del canje ya no se habla; que el tipo de cambio sube diariamente respondiendo a las exigencias de competitividad de la UIA; solo continúa la renegociación por los Prestamos Garantizados (PG) necesarios para hacerse de fondos frescos. El Tren Bala y el soterramiento del FC Sarmiento fueron postergados; la autopista Rosario-Córdoba está virtualmente detenida al igual que los planes de viviendas estatales. Se reducen subsidios y se autorizan aumentos tarifarios segmentados –energía eléctrica, gas. Frente al desplome de los precios internacionales de las materias primas que pone en serio riesgo el superávit fiscal, el gobierno nacional resolvió, sorpresivamente, la eliminación del sistema de capitalización privada y el retorno al sistema de reparto en materia jubilatoria. Con esta medida se hace de un flujo anual de unos 4.100 millones de dólares que le permitiría garantizar la continuidad del pago de jubilaciones y pensiones, y tal vez reducir las contribuciones que diversos impuestos hacen a la caja de la ANSES. Paralelamente, le posibilita la administración de un fondo de inversiones del orden de los 30.000 millones de dólares, hoy subvaluado por la crisis pero que a futuro le permitirá realizar políticas activas (obras públicas, proyectos industriales). En términos políticos, se presenta a la izquierda y a los movimientos sociales y populares una situación muy similar a la provocada cuando se plantearon las retenciones móviles. La medida es justa, pero hay que discutir cómo se aplicará y con qué objetivos. Por otra parte, si en aquella oportunidad subyacía, por debajo de la apropiación estatal de renta extraordinaria, una fuerte disputa entre distintas fracciones del capital productivo por la orientación del proceso de acumulación capitalista; ahora, detrás de la necesidad de “hacer caja” del gobierno, nuevamente el Estado tiene que intervenir en la economía. Y, sobre todo, resulta importante la recuperación del principio de solidaridad intergeneracional, que es clave frente al egoísmo neoliberal que expresa y alienta el sistema de capitalización individual. Está presente el riesgo efectivo de que estos fondos se apliquen al pago de deuda externa e incluso a subsidios a empresas. Por el contrario, deberían servir, entre otros objetivos, a hacer real la justa demanda del 82% móvil de las jubilaciones que fuera desairada recientemente por el gobierno. Para que ello sea así y se garantice un control público del uso de dichos fondos en real beneficio de los jubilados presentes y futuros es necesario avanzar en la construcción de un efectivo control y participación de los trabajadores activos y pasivos en el ANSES. Por otra parte, la respuesta, tanto local como internacional no se hizo esperar. Masiva venta de bonos de la deuda y corrida contra el dólar. Fuerte reacción en Chile y Perú que tienen regímenes similares y aún en España, que con fuertes inversiones en la región cree ver el peligro de que si la crisis mundial se agudiza aún más, la intervención del Estado en las grandes empresas se haga presente y se siente el precedente de futuras nacionalizaciones. De hecho la posible expropiación de Aerolíneas Argentinas flota en el ambiente. Claro está que el gobierno toma estas medidas más por necesidad que por convicción, pero el hecho concreto es que las toma. Recupera así iniciativa política. La contrapartida es que la coalición conservadora renueva sus andanadas empujadas por las distintas fracciones del capital que buscan reposicionarse. Por otra parte también deben señalarse los intentos de profundizar una política de criminalización de la pobreza y la protesta que ha tenido en las últimas semanas un nuevo episodio en la demanda de la disminución de la edad de imputabilidad rápidamente transformada en propuesta oficial. Nuevamente, la agenda de la seguridad y de la mano dura propalada por los medios de comunicación a partir de llamativos hechos de delitos violentos, vuelve a ser utilizada para acentuar el carácter represivo de las políticas públicas que, junto con la expansión de la droga y el narcotráfico, se constituye en uno de los elementos centrales de control y disciplinamiento de las barriadas obreras y populares. Denunciamos y rechazamos estas políticas que pretenden viabilizar el ajuste que la crisis intenta descargar sobre los trabajadores y los sectores populares con mayor represión. Por el contrario, otro camino de salida a la crisis exige un mayor protagonismo, participación y organización de los sectores populares en el terreno de la lucha cuanto en el de la construcción de alternativas para asegurar la seguridad diaria del pan, la escuela, el trabajo y el futuro. 3 En el plano mundial es posible que veamos un mayor multilateralismo, con la posibilidad de un regreso a ciertos niveles de proteccionismo e incluso al fortalecimiento de los bloques regionales frente a la globalización, lo que podría tal vez llevar a un mayor grado de independencia relativa de las burguesías locales. Por otro lado, la crisis también aparece como una justificación a aquellos sectores que proponen profundizar los acuerdos de liberalización de mercados a nivel internacional promoviendo una profundización de las recetas neoliberales, como aconteció en la reciente reunión de la OMC para reimpulsar la Ronda de Doha. Sea que finalmente el proceso se incline en un sentido o en el otro, las iniciativas gubernamentales hacia la redefinición de un nuevo acuerdo económico mundial entre los países capitalistas desarrollados que se encuentran planteadas y las propuestas que en relación a ello van a formularse en la próxima reunión del Grupo de los 20 no auguran ningún beneficio para los pueblos del mundo. Por otra parte, la reaparición al calor de la crisis de las disputas intercapitalistas e interimperialistas por acuerdos comerciales, zonas de influencia y por la apropiación de los bienes de la naturaleza otorgan a la crisis económica una dimensión político internacional que no podemos obviar. En este contexto, si bien como consecuencia de la crisis, EE.UU. ve relativamente debilitada su hegemonía -con un grado de descontento social interno que estuvo a la base del reciente triunfo electoral de Obama- esto mismo incrementa el riesgo de sus “golpes de mano” -entre los que se inscribió recientemente el regreso de la IV Flota, las maniobras “golpistas” de su embajada en Bolivia, los vaivenes del Plan Colombia, los planes homicidas contra Hugo Chávez, etc. Por contrapartida, los movimientos populares no han dejado de resistir los embates del neoliberalismo y están en curso en la región procesos sociales de cambio en Venezuela, Bolivia y Ecuador que se distinguen del conjunto regional tanto por el protagonismo popular como por los avances alcanzados en el desarme de la matriz neoliberal de distribución del ingreso. En contraste con ello, en otros países del continente se ha profundizado el rumbo neoliberal así como las primeras reacciones ante la crisis han suscitado una mayor adopción de las recetas ortodoxas; como se reflejó, por ejemplo, en el reciente apoyo del gobierno brasileño a la propuesta de una nueva ronda de liberalización en la OMC. Somos conscientes que estas diferentes realidades que enfrentan los pueblos latinoamericanos se expresan en proyectos de integración distintos y hasta contrapuestos convirtiendo a la integración regional en un escenario de disputa sobre los sentidos, iniciativas y ritmos que la misma debe asumir. En esta dirección, consideramos de vital importancia apoyar una integración en beneficio de los pueblos y no del capital; impulsando la unidad con los movimientos populares de la región a favor de aquellas iniciativas que marchen en esta dirección, en solidaridad con los procesos de cambio en curso bajo amenaza de intervención y cuestionando la recolonización de nuestros países con todos los gobiernos que se opongan a las políticas imperialistas. 4 Es la crisis, su profundidad y la vertiginosidad con que se propaga, la que empuja a los gobiernos y a los Estados a acciones políticas no previstas. En enero de este año ¿quién hubiera pensado la situación política que se abriría a partir del 11 de marzo, con el proyecto de retenciones móviles? Hace un mes atrás ¿quién previó la reestatización del sistema previsional? La crisis abre un campo fértil para la intervención política, con propuestas que en primer lugar tiendan a resolver la situación de los trabajadores y las clases populares, que apunten a cambiar la relación de fuerzas sociales, y que también se propongan transformaciones profundas con una orientación claramente socialista. Pero la intervención política no es posible en abstracto, encerrada en los debates de los círculos militantes. Es necesario instalar estos y aquélla en la sociedad. Esto requiere de un conjunto de medidas de intervención político-práctica, propuestas que incluyan lo reivindicativo pero que se enfoquen también sobre los grandes problemas nacionales, que no resultan en un programa acabado pero intentan abordar lo que realmente está en discusión. * Frente a las consecuencias sociales de la desaceleración y recesión de la economía, se requiere acentuar la lucha por la protección del empleo y los ingresos populares afirmando: . La prohibición inmediata de despidos, suspensiones y rebajas salariales. . Por incrementos salariales ajustables periódicamente por la inflación asegurando un salario mínimo igual a la canasta familiar. . Reducción general de la jornada laboral sin disminución salarial, comenzando por el estricto cumplimiento de la jornada legal de 8hs. . Blanqueo del trabajo en negro y protección a los trabajadores informales que son los más afectados por el ajuste. . Universalización de los planes sociales para los trabajadores desocupados o de menores ingresos que cubra el valor de la canasta familiar. . Por el 82% móvil para las jubilaciones y un ANSES bajo control de los trabajadores pasivos y activos. . Incremento inmediato del presupuesto de la educación y la salud públicas. . Contra el hambre y la inflación, implementación de centros de abastecimientos comunitarios con alimentos al costo, bajo gestión de las organizaciones territoriales. Eliminación del IVA para los alimentos y medicamentos. . Producción Pública de Medicamentos y Vacunas, desarrollando un plan estratégico de producción estatal de todos los medicamentos y vacunas que hoy el estado adquiere de la industria farmacéutica privada. . Incentivos a las empresas bajo control obrero, a los emprendimientos productivos autogestionarios de los movimientos de desocupados y a los planes de vivienda popular cooperativos. . Frente a la negativa empresarial de detener los despidos y las rebajas salariales y ante la amenaza de cierre, control de las empresas por los trabajadores. Fábrica cerrada, fábrica recuperada. * Frente al intento de responder a la crisis con una mayor criminalización de los sectores populares y el incremento de la represión nos pronunciamos: . Contra la baja de la edad de imputabilidad y toda iniciativa destinada a incrementar la capacidad punitiva del Estado contra los sectores populares. Basta de represión y mano dura, desmantelamiento del aparato represivo. Estas reivindicaciones y medidas plantean la necesidad de: * La recreación y protección del mercado interno, especialmente del consumo popular, a través de: . La elevación de las protecciones arancelarias y para-arancelarias; especialmente a los bienes de países de otras regiones y complementaria de los procesos de integración regional beneficios para los trabajadores y sectores populares. . La prohibición de importación de artículos suntuarios y el estímulo a la sustitución de importaciones. . Promoción de los mercados populares y de la economía social. . La promoción de proyectos productivos con alta generación de empleo y orientados al consumo popular, promoviendo los modelos de gestión obrera. . Planes de obra pública y vivienda popular, gestionados por cooperativas independientes. * Una reforma tributaria progresiva para que paguen más los que más tienen, con gravámenes a las operaciones financieras e incremento del impuesto a los grandes patrimonios. Eliminación del IVA a los artículos de primera necesidad y los medicamentos. * Frente a la ausencia de crédito, control público-estatal de la Banca, ya sea mediante la nacionalización sin pago o la estatización de los depósitos. No a la estatización de las deudas privadas. * Frente a las presiones internacionales, No al pago de la deuda externa, aplicando los recursos liberados para atender las necesidades sociales. * Frente a la fuga de capitales, control y bloqueo de la salida de capitales. Reponer el control cambiario con política de cambios múltiples y diferenciados que fuera abolido por Martínez de Hoz. * Nacionalización del comercio exterior, recuperando las juntas reguladoras. * Reestatización, bajo control de los trabajadores y los usuarios, de las empresas de servicios públicos privatizados. * Recuperación del control público-estatal sobre los bienes comunes de la naturaleza (los mal llamados “recursos naturales”) con participación de los trabajadores y la comunidad. * Prohibición de la minería a cielo abierto en todas las provincias, como lo ha hecho Córdoba. Derogación del actual Código de Minería y puesta de la actividad minera al servicio de las necesidades populares. * Reconversión planificada de la producción agraria. Eliminación del “modelo sojero” e impulso de dicha producción bajo el principio de la soberanía alimentaria. Titularización de las tierras en posesión del campesinado familiar, marginado y saqueado por la burguesía agraria, y los territorios reclamados por los pueblos originarios. * Enfrentar la crisis también plantea hacerlo desde una perspectiva regional impulsando una integración a favor de los pueblos y no del capital. Por ello es importante que propuestas como el ALBA, Petroamérica, Banco Del Sur, Telesur, etc. formen parte de nuestras preocupaciones y atención, para discutirlas e impulsarlas con los movimientos populares de América Latina, promoviendo toda aquella iniciativa de integración que vaya en beneficio de los pueblos y exigiendo al gobierno posicionamientos y acciones efectivas sobre ello. 5 Como es fácil inferir, este programa de medidas de carácter fundamentalmente defensivo frente a la crisis es una propuesta que debe ser enriquecida y cristalizada en el debate y la acción de los trabajadores y los sectores populares, en la construcción colectiva de ese “otro camino” para salir de la crisis. Somos conscientes que sólo en un proceso de creciente activación popular, de mayor discusión y organización de los trabajadores y los movimientos populares, de una serie de luchas y conflictos, de una creciente y ganada capacidad de intervención en el debate social y de incidencia en el rumbo de las políticas públicas, y de la creciente independencia política respecto de las diferentes fracciones de los sectores dominantes y el Estado, se podrá ir forjando este camino de una salida alternativa a la crisis. Por otra parte, muchas de las propuestas reseñadas aquí se les plantean también a todos los pueblos latinoamericanos, lo que implica el reto de un esfuerzo de propaganda y coordinación continental. En definitiva la crisis traza enormes desafíos para los trabajadores y los sectores populares y nos exige potenciar la construcción unitaria de este “Otro camino”. Sabemos que, como consecuencia de la continuidad de la hegemonía ideológica del individualismo neoliberal, la actual relación de fuerzas sociales es desfavorable, pero es también necesario colocar en perspectiva la influencia del desarrollo de la crisis global sobre la conciencia colectiva aunque hoy no se observen niveles de descontento y movilización social similares a los de otros momentos del pasado. En este sentido, la fragmentación existente en el campo de los trabajadores y entre los sectores sociales subalternizados es uno de los desafíos principales a abordar. El sectarismo, el particularismo, el dogmatismo, el vanguardismo, el corporativismo, el ideologismo y el pragmatismo son obstáculos a superar. Estos son también los desafíos que afronta la construcción de este “Otro camino” y, en particular, si se trata de consolidar y avanzar colectivamente desde la experiencia de una coordinadora de agrupaciones, centralizadora de acciones, y trabajar hacia la constitución de un bloque político de organizaciones sociales, agrupamientos de trabajadores combativos y clasistas, mujeres, intelectuales críticos, movimientos socioambientales, de campesinos y de pueblos originarios, que alcance mayores grados de amplitud nacional y definiciones colectivas. CONSTRUYAMOS OTRO CAMINO PARA SUPERAR LA CRISIS Eduardo Lucita, Clara Algranati, Claudio Katz, Enrique Gandolfo (Sec. General de CTA Bahía Blanca-Coronel Borrego), Guillermo Almeyra, Gabriela Delfino (Sec. de Género de CTA Bahía Blanca-Coronel Borrego), Guillermo Gigliani, José Seoane, Miguel Mazzeo, Emilio Taddei, Jorge Marchini, Laura García (Sec. de Formación de CTA Bahía Blanca-Coronel Borrego), Guillermo Caviasca, Gustavo Robles, Mariano Feliz, Natalia Vinelli, Hernán Ouviña, Hugo Calello, Alejandro Andreassi Cieri. Otro Camino esta integrado por: Frente Popular Darío Santillán FOL - Frente de Organizaciones en Lucha Corriente Político-Sindical "Rompiendo Cadenas" Corriente Julio Antonio Mella – UBA Frente de Organizaciones por el Poder Popular - FOPP MTR 12 de abril la bORDÓ – Moreno Grupo Estudios América Latina – GEAL; PUMA - Propuesta de unificación marxista Argentina Regional Bahía Blanca del Otro Camino Bases Socialistas MTL Rebelde Militancia Comunista Mayo Socialista – Rosario Partido Comunista de los Trabajadores – PCT Tupac Amaru BASE (económicas-UBA) Regional Oeste del Otro Camino Regional Sur del Otro Camino Adhieren al documento: Asamblea Popular de Olivos. Para firmar o contactarnos: [email protected]

0
0
L
La eñe también es gente
ArteporAnónimoFecha desconocida

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? "La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente. María Elena Walsh Fuente: http://www.me.gov.ar/efeme/mewalsh/laenie.html

10
0
"
"La crónica, una mirada extrema" Martín Capar
ArteporAnónimo1/12/2008

Registrate y eliminá la publicidad! La crónica, una mirada extrema El relato de hechos reales es un género periodístico cada vez más leído en el país. Martín Caparrós analiza este temaen el prólogo, que reproducimos, deLa Argentina crónica (Planeta), de reciente aparición. Además, ofrecemos un fragmento de uno delos catorce trabajos reunidos en el libro y una columna del compilador, Maximiliano Tomas Leo crónicas. No voy a hacer la gran Borges y pretender que leer es mejor que escribir: si Borges hubiera hecho lo que decía, decir Borges no significaría gran cosa. Me gusta escribir crónicas -salir al mundo para buscar las formas de escribirlo- más que casi nada. Pero también me gusta leerlas: ahora leo las crónicas del seleccionado sub-quién-sabe-cuántos y me pregunto cosas. A veces, incluso, me contesto. Lo tengo dicho: a menudo me pregunto por qué los editores de diarios y periódicos latinoamericanos se empeñan en despreciar a sus lectores. O, mejor, en tratar de deshacerlos: en su desesperación por pelearles espacio a la radio y a la televisión, los editores latinoamericanos suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer -y un lector que no lee es un ente confuso. Sin embargo nuestros bravos editores no tremulan ante la aparente contradicción: siguen adelante con sus páginas llenas de fotos, recuadros, infografías, dibujitos. Los carcome el miedo a la palabra escrita -y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura. Por eso, en general, les va como les va; por eso, en general, a nosotros también. Una primera definición: la crónica es eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos. Es un problema grave que en la Argentina se hace agudo. En la Argentina -que supo ser un espacio central para la crónica- no hay espacio para publicar crónicas, salvo un par de honrosas excepciones. Que casi siempre son libros, no periódicos. (De las catorce crónicas de esta antología, cuatro fueron publicadas en revistas extranjeras, tres en revistas ya cerradas, cuatro en revistas pervivientes y tres en Página/12 pero hace tiempo. Ni una sola en los grandes diarios argentinos.) Me gusta la palabra crónica. Me gusta, para empezar, que en la palabra crónica aceche cronos, el tiempo. Siempre que alguien escribe escribe sobre el tiempo, pero la crónica -muy en particular- es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive. Su fracaso es una garantía: permite intentarlo una y otra vez -y fracasar e intentarlo de nuevo, y otra vez. La crónica tuvo su momento -y ese momento fue hace mucho. América se hizo por sus crónicas: América se llenó de nombres y de conceptos y de ideas a partir de esas crónicas -de Indias-, de los relatos que sus primeros viajeros más o menos letrados hicieron sobre ella. Aquellas crónicas eran un intento heroico de adaptación de lo que no se sabía a lo que sí: un cronista de Indias -un conquistador- ve una fruta que no había visto nunca y dice que es como las manzanas de Castilla, solo que es ovalada y su piel es peluda y su carne violeta. Nada, por supuesto, que se parezca a una manzana, pero ningún relato de lo desconocido funciona si no parte de lo que ya conoce. Así escribieron América los primeros: narraciones que partían de lo que esperaban encontrar y chocaban con lo que se encontraban. Lo mismo que nos sucede cada vez que vamos a un lugar, a una historia, a tratar de contarlos. Ese choque, esa extrañeza, sigue siendo la base de una crónica. La crónica es un género bien sudaca y es -quizá por eso- un anacronismo. La crónica era el modo de contar de una época en que no había otras. Durante muchos siglos el mundo se miró -si se miraba- en las palabras. A finales del siglo XIX, cuando la foto se hizo más pórtatil, empezaron a aparecer esas revistas ilustradas donde las crónicas ocupaban cada vez menos espacio y las fotos más: la tentación de mostrar los lugares que antes escribían. Después vino el cine, apareció la tele. Y muchos supusieron que la escritura era el modo más pobre de contar el mundo: el que ofrece menos sensación de inmediatez, de verosimilitud. La palabra no muestra: construye, evoca, reflexiona, sugiere. Esa es su ventaja. La crónica es el género de no ficción donde la escritura pesa más. La crónica aprovecha la potencia del texto, la capacidad de hacer aquello que ninguna infografía, ningún cable podrían: armar un clima, crear un personaje, pensar una cuestión. La crónica es una mezcla, en proporciones tornadizas, de mirada y escritura. Mirar es central para el cronista -mirar en el sentido fuerte. Mirar y ver se han confundido, ya pocos saben cuál es cuál. Pero entre ver y mirar hay una diferencia radical. Ver, en su primera acepción de la Academia, es "percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz"; mirar es "dirigir la vista a un objeto". Mirar es la búsqueda, la actitud consciente y voluntaria de tratar de aprehender lo que hay alrededor -y de aprender. Para el cronista mirar con toda la fuerza posible es decisivo. Es decisivo adoptar la actitud del cazador. Hubo tiempos en que los hombres sabían que solo si mantenían una atención extrema iban a estar prontos en el momento en que saltara la liebre -y que solo si la cazaban comerían esa tarde. Por suerte ya no es necesario ese estado de alerta permanente, pero el cronista sabe que todo lo que se le cruza puede ser materia de su historia y, por lo tanto, tiene que estar atento todo el tiempo, cazador cavernario. Es un placer retomar, de vez en cuando, ciertos atavismos: ponerse primitivo. Digo: mirar donde parece que no pasara nada, aprender a mirar de nuevo lo que ya conocemos. Buscar, buscar, buscar. Uno de los mayores atractivos de componer una crónica es esa obligación de la mirada extrema. Para contar las historias que nos enseñaron a no considerar noticia. Existe la superstición de que no hay nada que ver en aquello que uno ve todo el tiempo. Periodistas y lectores la comparten: la "información" busca lo extraordinario; la crónica, muchas veces, el interés de la cotidianidad. Digo: la maravilla en la banalidad. El cronista mira, piensa, conecta para encontrar -en lo común- lo que merece ser contado. Y trata de descubrir a su vez en ese hecho lo común: lo que puede sintetizar el mundo. La pequeña historia que puede contar tantas. La gota que es el prisma de otras tantas. La magia de una buena crónica consiste en conseguir que un lector se interese en una cuestión que, en principio, no le interesa en lo más mínimo. Porque la crónica, en principio, también sirve para descentrar el foco periodístico. El periodismo de actualidad mira al poder. El que no es rico o famoso o rico y famoso o tetona o futbolista tiene, para salir en los papeles, la única opción de la catástrofe: distintas formas de la muerte. Sin desastre, la mayoría de la población no puede -no debe- ser noticia. La información -tal como existe- consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca: la que tiene poder. Decirle, entonces, a muchísima gente que lo que debe importarle es lo que les pasa a esos. La información postula -impone- una idea del mundo: un modelo de mundo en el que importan esos pocos. Una política del mundo. La crónica se rebela contra eso -cuando intenta mostrar, en sus historias, la vida de todos, de cualquiera: lo que les pasa a los que también podrían ser sus lectores. La crónica es una forma de pararse frente a la información y su política del mundo: una manera de decir al mundo también puede ser otro. La crónica es política. La información no soporta la duda. La información afirma. En eso el discurso informativo se hermana con el discurso de los políticos: los dos aseguran todo el tiempom, tienen que asegurar para existir. La crónica -el cronista- se permiten la duda. La crónica, además, es el periodismo que sí dice yo. Que dice existo, estoy, yo no te engaño. El lenguaje periodístico habitual está anclado en la simulación de esa famosa "objetividad" que algunos, ahora, para ser menos brutos, empiezan a llamar neutralidad. La prosa informativa -despojada, distante, impersonal- es un intento de eliminar cualquier presencia de la prosa, de crear la ilusión de una mirada sin intermediación: una forma de simular que aquí no hay nadie que te cuenta, que "esta es la realidad". El truco ha sido equiparar objetividad con honestidad y subjetividad con manejo, con trampa. Pero la subjetividad es ineludible, siempre está. Es casi obvio: todo texto -aunque no lo muestre- está en primera persona. Todo texto, digo, está escrito por alguien, es necesariamente una versión subjetiva de un objeto narrado: un enredo, una conversación, un drama. No por elección, por fatalidad: es imposible que un sujeto dé cuenta de una situación sin que su subjetividad juegue en ese relato, sin que elija qué importa o no contar, sin que decida con qué medios contarlo. Pero eso no se dice: la prosa informativa se pretende neutral y despersonalizada, para que los lectores sigan creyendo que lo que tienen enfrente es "la pura realidad" -sin intermediaciones. Llevamos siglos creyendo que existen relatos automáticos producidos por esa máquina fantástica que se llama prensa; convencidos de que la que nos cuenta las historias es esa máquina-periódico, una entidad colectiva y verdadera. Los diarios impusieron esa escritura "transparente" para que no se viera la escritura: para que no se viera su subjetividad y sus subjetividades en esa escritura: para disimular que detrás de la máquina hay decisiones y personas. La máquina necesita convencer a sus lectores de que lo que cuenta es la verdad y no una de las infinitas miradas posibles. Reponer una escritura entre lo relatado y el lector es -en ese contexto- casi una obligación moral: la forma de decir aquí hay, señoras y señores, señoras y señores: sujetos que te cuentan, una mirada y una mente y una mano. Nos convencieron de que la primera persona es un modo de aminorar lo que se escribe, de quitarle autoridad. Y es lo contrario: frente al truco de la prosa informativa -que pretende que no hay nadie contando, que lo que cuenta es "la verdad"-, la primera persona se hace cargo, dice: esto es lo que yo vi, yo supe, yo pensé -y hay muchas otras posibilidades, por supuesto. Digo: si hay una justificación teórica -y hasta moral- para el hecho de usar todos los recursos que la narrativa ofrece, sería esa: que con esos recursos se pone en evidencia que no hay máquina, que siempre hay un sujeto que mira y que cuenta. Por supuesto: la diferencia extrema entre escribir en primera persona y escribir sobre la primera persona. La primera persona de una crónica no tiene siquiera que ser gramatical: es, sobre todo, la situación de una mirada. Mirar, en cualquier caso, es decir yo y es todo lo contrario de esos pastiches que empiezan "cuando yo": cuando el cronista empieza a hablar más de sí que del mundo, deja de ser cronista. Hay otra diferencia fuerte entre la prosa informativa y la prosa crónica: una sintetiza lo que -se supone- sucedió; la otra lo pone en escena. Lo sitúa, lo ambienta, lo piensa, lo narra con detalles: contra la delgadez de la prosa fotocopia, el espesor de un buen relato. No decirle al lector esto es así; mostrarlo. Permitirle al lector que reaccione, no explicarle cómo debería reaccionar. El informador puede decir "la escena era conmovedora", el cronista trata de construir esa escena -y conmover. Eso necesita, entre otras cosas, más espacio. Y hay pocos medios que lo ofrezcan: más que nada, por ese miedo a los lectores alectores. Yo lo llamo crónica; algunos lo llaman "nuevo periodismo". Es la forma más reciente de llamarlo, pero se anquilosó. El nuevo periodismo ya está viejo. Aquello que llamamos "nuevo periodismo" se conformó hace medio siglo, cuando algunos señores -y muy pocas señoras todavía- decidieron usar recursos de otros géneros literarios para contar la no-ficción. Con ese procedimiento armaron una forma de decir, de escribir -que cristalizó en un género. Ahora casi todos los cronistas escriben como esos tipos de hace cincuenta años. Dejamos de usar el mecanismo, aquella búsqueda, para conformarnos con sus resultados de entonces. Pero lo bueno era el procedimiento, y es lo que vale la pena recobrar: buscar qué más formas podemos saquear aquí, copiar allí, falsificar allá, para seguir armando nuevas maneras de contar el mundo. Ese, creo, es el próximo paso. (Esto escribí hace meses; esto dije, poco más o menos, en Cartagena de Indias hace unas semanas, cuando me invitaron a un congreso muy empingorotado para contar por qué estoy por la crónica. Y ahora leo las historias de Alarcón, Bilbao, Brienza, Cicco, Gorodischer, Guerriero, Licitra, Plotkin, Reymúndez, Riera, Sánchez, Schmidt, Seselovsky y Sivak: leo travas y jinetes, la Difunta y la asesina de su padre, el político pelado y el skin casi político, esa señora pistolera, menores y mayores en la cárcel, formas de la memoria, una campeona de empanadas, reidores, bastantes extranjeros, una docena larga de miradas. Leo, releo, disfruto, me cabreo, me sorprendo, me alegro y pienso, una vez más, en el próximo paso -que viene a ser el suyo.) Prólogo de La Argentina crónica. Historias reales de un país al límite (Planeta) Para los que no lo conocen: Martín Caparrós nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1957. Comenzó su carrera periodística en el desaparecido diario Noticias en 1973. Entre 1976 y 1983 vivió el exilio en París (donde se licenció en Historia en la Sorbona) y en Madrid. Ha hecho periodismo deportivo, taurino, cultural, gastronómico, político y policial en prensa gráfica, radial y televisiva. Sus artículos aparecen en diversos medios de América y Europa. Dirigió los mensuarios El Porteño, Babel, Página/30, Sal y Pimienta y Cuisine & Vins. Ha publicado una decena de novelas, libros de viajes y ensayos, entre los que se destacan No velas a tus muertos (novela, 1986) y la recientemente publicada La historia (novela, 1999). Publicó recientemente, en colaboración con Eduardo Anguita, una monumental obra en tres tomos sobre la militancia revolucionaria de los años setenta: La Voluntad. También acerco una entrevista que se le hizo en Lima link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=onQIxwVsP7Q

0
0
J
Julio Cortázar (4 cuentos y algo más)
ArteporAnónimo1/10/2008

"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba." "En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las co- sas tal como me son dadas." Final del Juego Con Leticia y Holanda íbamos a jugar a las vías del Central Argentino los días de calor, esperando que mamá y tía Ruth empezaran su siesta para escaparnos por la puerta blanca. Mamá y tía Ruth estaban siempre cansadas después de lavar la loza, sobre todo cuando Holanda y yo secábamos los platos porque entonces había discusiones, cucharitas por el suelo, frases que sólo nosotras entendíamos, y en general un ambiente en donde el olor a grasa, los maullidos de José y la oscuridad de la cocina acababan en una violentísima pelea y el consiguiente desparramo. Holanda se especializaba en armar esta clase de líos, por ejemplo dejando caer un vaso ya lavado en el tacho del agua sucia, o recordando como al pasar que en la casa de las de Loza había dos sirvientas para todo servicio. Yo usaba otros sistemas, prefería insinuarle a tía Ruth que se le iban a paspar las manos si seguía fregando cacerolas en vez de dedicarse a las copas o los platos, que era precisamente lo que le gustaba lavar a mamá , con lo cual las enfrentaba sordamente en una lucha de ventajeo por la cosa fácil. El recurso heroico, si los consejos y las largas recordaciones familiares empezaban a saturarnos, era volcar agua hirviendo en el lomo del gato. Es una gran mentira eso del gato escaldado, salvo que haya que tomar al pie de la letra la referencia al agua fría; porque de la caliente José no se alejaba nunca, y hasta parecía ofrecerse, pobre animalito, a que le volcá ramos media taza de agua a cien grados o poco menos, bastante menos probablemente porque nunca se le caía el pelo. La cosa es que ardía Troya, y en la confusión coronada por el espléndido si bemol de tía Ruth y la carrera de mamá en busca del bastón de los castigos, Holanda y yo nos perdíamos en la galería cubierta, hacia las piezas vacías del fondo donde Leticia nos esperaba leyendo a Ponson du Terrail, lectura inexplicable. Por lo regular mamá nos perseguía un buen trecho, pero las ganas de rompernos la cabeza se le pasaban con gran rapidez y al final (habíamos trancado la puerta y le pedíamos perdón con emocionantes partes teatrales) se cansaba y se iba, repitiendo la misma frase: "Van a acabar n en la calle, estas mal nacidas". Donde acabábamos era en las vías del Central Argentino, cuando la casa quedaba en silencio y veíamos al gato tenderse bajo el limonero para hacer él también su siesta perfumada y zumbante de avispas. Abríamos despacio la puerta blanca, y al cerrarla otra vez era como un viento, una libertad que nos tomaba de las manos, de todo el cuerpo y nos lanzaba hacia adelante. Entonces corríamos buscando impulso para trepar de un envión al breve talud del ferrocarril, encaramadas sobre el mundo contemplábamos silenciosas nuestro reino. Nuestro reino era así: una gran curva de las vías acababa su comba justo frente a los fondos de nuestra casa. No había más que el balasto, los durmientes y la doble vía; pasto ralo y estúpido entre los pedazos de adoquín donde la mica, el cuarzo y el feldespato Ä que son los componentes del granito Ä brillaban como diamantes legítimos contra el sol de las dos de la tarde. Cuando nos agachá bamos a tocar las vías (sin perder tiempo porque hubiera sido peligroso quedarse mucho ahí, no tanto por los trenes como por los de casa si nos llegaban a ver) nos subía a la cara el fuego de las piedras, y al pararnos contra el viento del río era un calor mojado pegá endose a las mejillas y las orejas. Nos gustaba flexionar las piernas y bajar, subir, bajar otra vez, entrando en una y otra zona de calor, estudiá nonos las caras para apreciar la transpiración, con lo cual al rato éramos una sopa. Y siempre calladas, mirando al fondo de las vías, o el río al otro lado, el pedacito de río color café con leche. Después de esta primera inspección del reino bajá bamos el talud y nos metíamos en la mala sombra de los sauces pegados a la tapia de nuestra casa, donde se abría la puerta blanca. Ahí estaba la capital del reino, la ciudad silvestre y la central de nuestro juego. La primera en iniciar el juego era Leticia, la más feliz de las tres y la más privilegiada. Leticia no tenía que secar los platos ni hacer las camas, podía pasarse el día leyendo o o pegando figuritas, y de noche la dejaban quedarse hasta más tarde si lo pedía, aparte de la pieza solamente para ella, el caldo de hueso y toda clase de ventajas. Poco a poco se había ido aprovechando de los privilegios, y desde el verano anterior dirigía el juego, yo creo que en realidad dirigía el reino; por lo menos se adelantaba a decir las cosas y Holanda y yo aceptá bamos sin protestar, casi contentas. Es probable que las largas conferencias de mamá sobre cómo debíamos portarnos con Leticia hubieran hecho su efecto, o simplemente que la queríamos bastante y no nos molestaba que fuese la jefa. L ástima que no tenía aspecto para jefa, era la más baja de las tres, y tan flaca. Holanda era flaca, y yo nunca pesé más de cincuenta kilos, pero Leticia era la más flaca de las tres, y para peor una de esas flacuras que se ven de fuera, en el pescuezo y las orejas. Tal vez el endurecimiento de la espalda la hacía parecer más flaca, como casi no podía mover la cabeza a los lados daba la impresión de una tabla de planchar parada, de esas forradas de género blanco como había en la casa de las de Loza. Una tabla de planchar con la parte más ancha para arriba, parada contra la pared. Y nos dirigía. La satisfacción más profunda era imaginarme que mamá o tía Ruth se enteraran un día del juego. Si llegaban a enterarse del juego se iba a armar una meresunda increíble. El si bemol y los desmayos, las inmensas protestas de devoción y sacrificio malamente recompensados, el amontonamiento de invocaciones a los castigos más célebres, para rematar con el anuncio de nuestros destinos, que consistían en que las tres terminaríamos en la calle. Esto último siempre nos había dejado perplejas, porque terminar en la calle nos parecía bastante normal. Primero Leticia nos sorteaba. Usábamos piedritas escondidas en la mano, contar hasta veintiuno, cualquier sistema. Si usábamos el de contar hasta veintiuno, imaginábamos dos o tres chicas más y las incluíamos en la cuenta para evitar trampas. Si una de ellas salía veintiuna, la sacá bamos del grupo y sorteá bamos de nuevo, hasta que nos tocaba a una de nosotras. Entonces Holanda y yo levantá bamos la piedra y abríamos la caja de los ornamentos. Suponiendo que Holanda hubiese ganado, Leticia y yo escogíamos los ornamentos. El juego marcaba dos formas: estatuas y actitudes. Las actitudes no requerían ornamentos pero sí mucha expresividad, para la envidia mostrar los dientes, crispar las manos y arreglá rselas de modo de tener un aire amarillo. Para la caridad el ideal era un rostro angélico, con los ojos vueltos al cielo, mientras las manos ofrecían algo -un trapo, una pelota, una rama de sauce- a un pobre huerfanito invisible. La vergüenza y el miedo eran fáciles de hacer; el rencor y los celos exigían estudios más detenidos. Los ornamentos se destinaban casi todos a las estatuas, donde reinaba una libertad absoluta. Para que una estatua resultara, había que pensar bien cada detalle de la indumentaria. El juego marcaba que la elegida no podía tomar parte en la selección; las dos restantes debatían el asunto y aplicaban luego los ornamentos. La elegida debía inventar su estatua aprovechando lo que le habían puesto, y el juego era así mucho m s complicado y excitante porque a veces había alianzas contra, y la víctima se veía ataviada con ornamentos que no le iban para nada; de su viveza dependía entonces que inventara una buena estatua. Por lo general cuando el juego marcaba actitudes la elegida salía bien parada pero hubo veces en que las estatuas fueron fracasos horribles. Lo que cuento empezó vaya a saber cuá ndo, pero las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren. Por supuesto que las actitudes y las estatuas no eran para nosotras mismas, porque nos hubiéramos cansado en seguida. El juego marcaba que la elegida debía colocarse al pie del talud, saliendo de la sombra de los sauces, y esperar el tren de las dos y ocho que venía del Tigre. A esa altura de Palermo los trenes pasan bastante r pido, y no nos daba vergüenza hacer la estatua o la actitud. Casi no veíamos a la gente de las ventanillas, pero con el tiempo llegamos a tener pr ctica y sabíamos que algunos pasajeros esperaban vernos. Un señor de pelo blanco y anteojos de carey sacaba la cabeza por la ventanilla y saludaba a la estatua o la actitud con el pañuelo. Los chicos que volvían del colegio sentados en los estribos gritaban cosas al pasar, pero algunos se quedaban serios mirá ndonos. En realidad la estatua o la actitud no veía nada, por el esfuerzo de mantenerse inmóvil, pero las otras dos bajo los sauces analizaban con gran detalle el buen éxito o la indiferencia producidos. Fue un martes cuando cayó el papelito, al pasar el segundo coche. Cayó muy cerca de Holanda, que ese día era la maledicencia, y reboto hasta mí. Era un papelito muy doblado y sujeto a una tuerca. Con letra de varón y bastante mala, decía: "Muy lindas estatuas. Viajo en la tercera ventanilla del segundo coche, Ariel B." Nos pareció un poco seco, con todo ese trabajo de atarle la tuerca y tirarlo, pero nos encantó. Sorteamos para saber quién se lo quedaría, y me lo gané.. Al otro día ninguna quería jugar para poder ver cómo era Ariel B., pero temimos que interpretara mal nuestra interrupción, de manera que sorteamos y ganó Leticia. Nos alegramos mucho con Holanda porque Leticia era muy buena como estatua, pobre criatura. La parálisis no se notaba estando quieta, y ella era capaz de gestos de una enorme nobleza. Como actitudes elegía siempre la generosidad, el sacrificio y el renunciamiento. Como estatuas buscaba el estilo de Venus de la sala que tía Ruth llamaba la Venus del Nilo. Por eso le elegimos ornamentos especiales para que Ariel se llevara una buena impresión. Le pusimos un pedazo de terciopelo verde a manera de túnica, y una corona de sauce en el pelo. Como andá bamos de manga corta, el efecto griego era grande. Leticia se ensayó un rato a la sombra, y decidimos que nosotras nos asomaríamos también y saludaríamos a Ariel con discreción pero muy amables. Leticia estuvo magnífica, no se le movía ni un dedo cuando llegó el tren Como no podía girar la cabeza la echaba para atrás, juntado los brazos al cuerpo casi como si le faltaran; aparte el verde de la túnica, era como mirar la Venus del Nilo. En la tercera ventanilla vimos a un muchacho de rulos rubios y ojos claros que nos hizo una gran sonrisa al descubrir que Holanda y yo lo salud bamos. El tren se lo llevó en un segundo, pero eran las cuatro y media y todavía discutíamos si vestía de oscuro, si llevaba corbata roja y si era odioso o simpático. El jueves yo hice la actitud del desaliento, y recibimos otro papelito que decía: "Las tres me gustan mucho. Ariel." Ahora él sacaba la cabeza y un brazo por la ventanilla y nos saludaba riendo. Le calculamos dieciocho años (seguras que no tenía más de dieciséis) y convinimos en que volvía diariamente de algún colegio inglés. Lo más seguro de todo era el colegio inglés, no aceptá bamos un incorporado cualquiera. Se vería que Ariel era muy bien. Pasó que Holanda tuvo la suerte increíble de ganar tres días seguidos. Superá ndose, hizo las actitudes del desengaño y el latrocinio, y una estatua dificilísima de bailarina, sosteni‚ndose en un pie desde que el tren entró en la curva. Al otro día gané yo, y después de nuevo; cuando estaba haciendo la actitud del horror, recibí casi en la nariz un papelito de Ariel que al principio no entendimos: "La más linda es la más haragana." Leticia fue la última en darse cuenta, la vimos que se ponía colorada y se iba a un lado, y Holanda y yo nos miramos con un poco de rabia. Lo primero que se nos ocurrió sentenciar fue que Ariel era un idiota, pero no podíamos decirle eso a Leticia, pobre ángel, con su sensibilidad y la cruz que llevaba encima. Ella no dijo nada, pero pareció entender que el papelito era suyo y se lo guardó. Ese día volvimos bastante calladas a casa, y por la noche no jugamos juntas. En la mesa Leticia estuvo muy alegre, le brillaban los ojos, y mamá miró una o dos veces a tía Ruth como poniéndola de testigo de su propia alegría. En aquellos días estaban ensayando un nuevo tratamiento fortificante para Leticia, y por lo visto era una maravilla lo bien que le sentaba. Antes de dormirnos, Holanda y yo hablamos del asunto. No nos molestaba el papelito de Ariel, desde un tren andando las cosas se ven como se ven, pero nos parecía que Leticia se estaba aprovechando demasiado de su ventaja sobre nosotras. Sabía que no le íbamos a decir nada, y que en una casa donde hay alguien con algún defecto físico y mucho orgullo, todos juegan a ignorarlo empezando por el enfermo, o más bien se hacen los que no saben que el otro sabe. Pero tampoco había que exagerar y la forma en que Leticia se había portado en la mesa, o su manera de guardarse el papelito, era demasiado. Esa noche yo volví a soñar mis pesadillas con trenes, anduve de madrugada por enormes playas ferroviarias cubiertas de vías llenas de empalmes, viendo a distancia las luces rojas de locomotoras que venían, calculando con angustia si el tren pasaría a mi izquierda, y a la vez amenazada por la posible llegada de un rápido a mi espalda o Ä lo que era peor Ä que a último momento Uno de los trenes tomara uno de los desvíos y se me viniera encima. Pero de mañana me olvidé porque Leticia amaneció muy dolorida y tuvimos que ayudarla a vestirse. Nos pareció que estaba un poco arrepentida de lo de ayer y fuimos muy buenas con ella, diciéndole que esto le pasaba por andar demasiado, y que tal vez lo mejor sería que se quedara leyendo en su cuarto. Ella no dijo nada pero vino a almorzar a la mesa, y a las preguntas de mamá contestó que ya estaba muy bien y que casi no le dolía la espalda. Se lo decía y nos miraba. Esa tarde gané yo, pero en ese momento me vino un no sé qué y le dije a Leticia que le dejaba mi lugar, claro que sin darle a entender por qué. Ya que el otro la prefería, que la mirara hasta cansarse. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas sencillas para no complicarle la vida, y ella inventó una especie de princesa china, con aire vergonzoso, mirando al suelo y juntando las manos como hacen las princesas chinas. Cuando pasó el tren, Holanda se puso de espaldas bajo los sauces pero yo miré y vi que Ariel no tenía ojos más que para Leticia. La siguió mirando hasta que el tren se perdió en la curva, y Leticia estaba inmóvil y o sabía que él acababa de mirarla así. Pero cuando vino a descansar bajo los sauces vimos que sí sabía, y que le hubiera gustado seguir con los ornamentos toda la tarde, toda la noche. El miércoles sorteamos entre Holanda y yo porque Leticia nos dijo que era justo que ella se saliera. Ganó Holanda con su suerte maldita, pero la carta de Ariel cayó de mi lado. Cuando la levanté tuve el impulso de dársela a Leticia que no decía nada, pero pensé que tampoco era cosa de complacerle todos los gustos, y la abrí despacio. Ariel anunciaba que al otro día iba a bajarse en la estación vecina y que vendría por el terraplén para charlar un rato. Todo estaba terriblemente escrito, pero la frase final era hermosa: "Saludo a las tres estatuas muy atentamente. " La firma parecía un garabato aunque se notaba la personalidad. Mientras le quitábamos los ornamentos a Holanda, Leticia me miró una o dos veces. Yo les había leído el mensaje y nadie hizo comentarios, lo que resultaba molesto porque al fin y al cabo Ariel iba a venir y había que pensar en esa novedad y decidir algo. Si en casa se enteraban, o por desgracia a alguna de las de Loza le daba por espiarnos, con lo envidiosas que eran esas enanas, seguro que se iba a armar la meresunda. Además que era muy raro quedarnos calladas con una cosa así, sin mirarnos casi mientras guard bamos los ornamentos y volvíamos por la puerta blanca. Tía Ruth nos pidió a Holanda y a mí que bañáramos a José, se llevó a Leticia para hacerle el tratamiento, y por fin pudimos desahogarnos tranquilas. Nos parecía maravilloso que viniera Ariel, nunca habíamos tenido un amigo así, a nuestro primo Tito no lo contábamos, un tilingo que juntaba figuritas y creía en la primera comunión. Estábamos nerviosísimas con la expectativa y José pagó el pato, pobre ángel. Holanda fue más valiente y sacó el tema de Leticia. Yo no sabía que pensar, de un lado me parecía horrible que Ariel se enterara, pero también era justo que las cosas se aclararan porque nadie tiene por qué‚ perjudicarse a causa de otro. Lo que yo hubiera querido es que Leticia no sufriera, bastante cruz tenía encima y ahora con el nuevo tratamiento y tantas cosas. A la noche mamá se extrañó de vernos tan calladas y dijo qué milagro, si nos habían comido la lengua los ratones, después miró a tía Ruth y las dos pensaron seguro que habíamos hecho alguna gorda y que nos remordía la conciencia. Leticia comió muy poco y dijo que estaba dolorida, que la dejaran ir a su cuarto a leer Rocambole. Holanda le dio el brazo aunque ella no quería mucho, y yo me puse a tejer, que es una cosa que me viene cuando estoy nerviosa. Dos veces pensé‚ ir al cuarto de Leticia, no me explicaba qué hacían esas dos ahí solas, pero Holanda volvió con aire de gran importancia y se quedó a mi lado sin hablar hasta que mamá y tía Ruth levantaron la mesa. "Ella no va a ir mañana. Escribió una carta y dijo que si él pregunta mucho, se la demos." Entornando el bolsillo de la blusa me hizo ver un sobre violeta. Después nos llamaron para secar los platos, y esa noche nos dormimos casi en seguida por todas las emociones y el cansancio de bañar a José. Al otro día me tocó a mi salir de compras al mercado y en toda la mañana no vi a Leticia que seguía en su cuarto. Antes que llamaran a la mesa entré un momento y la encontré al lado de la ventana, con muchas almohadas y el tomo noveno de Rocambole. Se veía que estaba mal, pero se puso a reír y me contó de una abeja que no encontraba la salida y de un sueño cómico que había tenido. Yo le dije que era una lástima que no fuera a venir a los sauces, pero me parecía tan difícil decírselo bien. "Si querés podemos explicarle a Ariel que estabas descompuesta", le propuse, pero ella decía que no y se quedaba callada. Yo insistí un poco en que viniera, y al final me animé y le dije que no tuviese miedo, poniéndole como ejemplo que el verdadero cariño no conoce barreras y otras ideas preciosas que habíamos aprendido en El Tesoro de la Juventud, pero era cada vez más difícil decirle nada porque ella miraba la ventana y parecía como si fuera a ponerse a llorar. Al final me fui diciendo que mamá me precisaba. El almuerzo duró días, y Holanda se ganó un sopapo de tía Ruth por salpicar el mantel con tuco. Ni me acuerdo de cómo secamos los platos, de repente Estábamos en los sauces y las dos nos abraz bamos llenas de felicidad y nada celosas una de otra. Holanda me explicó todo lo que teníamos que decir sobre nuestros estudios para que Ariel se llevara una buena impresión, porque los del secundario desprecian a las chicas que no han hecho másque la primaria y solamente estudian corte y repujado al aceite. Cuando pasó el tren de las dos y ocho Ariel sacó los brazos con entusiasmo, y con nuestros pañuelos estampados le hicimos señas de bienvenida. Unos veinte minutos después lo llegar por el terraplén, y era más alto de lo que pens bamos y todo de gris. Bien no me acuerdo de lo que hablamos al principio, él era bastante tímido a pesar de haber venido y los papelitos, y decía cosas muy pensadas. Casi en seguida nos elogió mucho las estatuas y las actitudes y preguntó cómo nos llamábamos y por qu‚ faltaba la tercera. Holanda explicó que Leticia no había podido venir, y él dijo que era una l stima y que Leticia le parecía un nombre precioso. Después nos contó cosas del Industrial, que por desgracia no era un colegio ingl‚s, y quiso saber si le mostraríamos los ornamentos. Holanda levantó la piedra y le hicimos ver las cosas. A él para la estatua oriental", con lo que quería decir la princesa china. Nos sentamos a la sombra de un sauce y él estaba contento pero distraído, se veía que sólo se quedaba de bien educado. Holanda me miró dos o tres veces cuando la conversación decaía, y eso nos hizo mucho mal a las dos, nos dio deseos de irnos o que Ariel no hubiese venido nunca. El preguntó otra vez si Leticia estaba enferma, y Holanda me miró y yo creí que iba a decirle, pero en cambio contestó que Leticia no había podido venir. Con una ramita Ariel dibujaba cuerpos geom‚tricos en la tierra, y de cuando en cuando miraba la puerta blanca y nosotras sabíamos lo que estaba pasando, por eso Holanda hizo bien en sacar el sobre violeta y alcanz rselo, y él se quedó sorprendido con el sobre en la mano, después se puso muy colorado mientras le explic bamos que eso se lo mandaba Leticia, y se guardó la carta en el bolsillo de adentro del saco sin querer leerla delante de nosotras. Casi en seguida dijo que había tenido un gran placer y que estaba encantado de haber venido, pero su mano era blanda y antip tica de modo que fue mejor que la visita se acabara, aunque mástarde no hicimos másque pensar en sus ojos grises y en esa manera triste que tenía de sonreír. También nos acordamos de cómo se había despedido diciendo: "Hasta siempre", una forma que nunca habíamos oído en casa y que nos pareció tan divina y po‚tica. Todo se lo contamos a Leticia que nos estaba esperando debajo del limonero del patio, y yo hubiese querido preguntarle qu‚ decía su carta pero me dio no s‚ qu‚ porque ella había cerrado el sobre antes de confi rselo a Holanda, así que no le dije nada y solamente le contamos cómo era Ariel y cuantas veces había preguntado por ella. Esto no era nada f fác de decírselo porque era una cosa linda y mala a la vez, nos d bamos cuenta que Leticia se sentía muy feliz y al mismo tiempo estaba casi llorando, hasta que nos fuimos diciendo que tía Ruth nos precisaba y la dejamos mirando las avispas del limonero. Cuando íbamos a dormirnos esa noche, Holanda me dijo: "Vas a ver que mañana se acaba el juego." Pero se equivocaba aunque no por mucho, y al otro día Leticia nos hizo la seña convenida en el momento del postre. Nos fuimos a lavar la loza bastante asombradas y con un poco de rabia, porque eso era una desvergüenza de Leticia y no estaba bien. Ella nos esperaba en la puerta y casi nos morimos de miedo cuando al llegar a los sauces vimos que sacaba del bolsillo el collar de perlas de mamá y todos los anillos, hasta el grande con rubí de tía ruth. Si las de Loza espiaban y nos veían con las alhajas, seguro que mamá iba a saberlo en seguida y que nos mataría, enanas asquerosas. Pero Leticia no estaba asustada y dijo que si algo sucedía ella era la única responsable. "Quisiera que me dejaran hoy a mí", agregó sin mirarnos. Nosotras sacamos en seguida los ornamentos, de golpe queríamos ser tan buenas con Leticia, darle todos los gustos y eso que en el fondo nos quedaba un poco de encono. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las alhajas, muchas plumas de pavorreal para sujetar el pelo, una piel que de lejos parecía un zorro plateado, y un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera a hacer una actitud, y con las manos señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba el cuerpo hasta darnos miedo. Nos pareció maravillosa, la estatua másregia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mir ndola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe. No s‚ por qu‚ las dos corrimos al mismo tiempo a sostener a Leticia que estaba con lo ojos cerrados y grandes l grimas por toda la cara. Nos rechazó sin enojo, pero la ayudamos a esconder las alhajas en el bolsillo, y se fue sola a casa mientras guard bamos por última vez los ornamentos en su caja. Casi sabíamos lo que iba a suceder, pero lo mismo al otro día fuimos las dos a los sauces, después que tía Ruth nos exigió silencio absoluto para no molestar a Leticia que estaba dolorida y quería dormir. Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises. (Julio Cortázar, "Final del Juego" 1956) Transcripto por Cybeles (Norberto Gil) - Julio de 1996. Instrucciones para subir una escalera Nadie habrá dejado de observar que con frequencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situá un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de transladar de una planta baja a un primer piso. Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie). Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso. Graffiti A Antoni Tàpies Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar un dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, acercarse con indiferencia y nunca mirar los grafitti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote en seguida. Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término grafitti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de que lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo. Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos. Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien como si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas. Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer de un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garage, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas relegaron en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco. Casi en seguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garage, a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el cafe de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garage y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran. Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella así en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante como para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso un espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora. Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más a morderte las manos, a pisotear tizas de colores antes de perderte en la borrachera y en el llanto. Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste el placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garage. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quizo patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo. Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste al mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaban a la patrulla de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violetas de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos. Queremos tanto a Glenda -© 1993 Editorial Sudamericana Me caigo y me levanto Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurría recaer pero lo mismo está sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablamos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada. Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de sí mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, ¿cómo haremos, cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta dónde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, ¿cómo nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba a abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está. Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónico, y Dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, como nos rehabilitaremos? Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. En efecto somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamás he sabido en qué momento mi tía o yo recaemos. ¿Cómo rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, ¿no será ésa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo.Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces, yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: "Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito. Algunas Frases: Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará. Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión? En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados. La ciencia se compone de errores, que, a su vez, son los pasos hacia la verdad. Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría. Algunos videos: link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=IxqwaJfDMxM link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=SfZRZz4HAtU link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=5uzuJxmvOzw Fuente: http://www.juliocortazar.com.ar/

20
4
E
El Manifiesto de Pedro Lemebel (Hablo por mi diferencia)
ArteporAnónimo1/12/2008

Manifiesto (Hablo por mi diferencia) No soy Pasolini pidiendo explicaciones No soy Ginsberg expulsado de Cuba No soy un marica disfrazado de poeta No necesito disfraz Aquí está mi cara Hablo por mi diferencia Defiendo lo que soy Y no soy tan raro Me apesta la injusticia Y sospecho de esta cueca democrática Pero no me hable del proletariado Porque ser pobre y maricón es peor Hay que ser ácido para soportarlo Es darle un rodeo a los machitos de la esquina Es un padre que te odia Porque al hijo se le dobla la patita Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro Envejecidas de limpieza Acunándote de enfermo Por malas costumbres Por mala suerte Como la dictadura Peor que la dictadura Porque la dictadura pasa Y viene la democracia Y detrasito el socialismo ¿Y entonces? ¿Qué harán con nosotros compañero? ¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos con destino a un sidario cubano? Nos meterán en algún tren de ninguna parte Como en el barco del general Ibáñez Donde aprendimos a nadar Pero ninguno llegó a la costa Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas Por eso las casas de caramba Le brindaron una lágrima negra A los colizas comidos por las jaibas Ese año que la Comisión de Derechos Humanos no recuerda Por eso compañero le pregunto ¿Existe aún el tren siberiano de la propaganda reaccionaria? Ese tren que pasa por sus pupilas Cuando mi voz se pone demasiado dulce ¿Y usted? ¿Qué hará con ese recuerdo de niños Pajeándonos y otras cosas En las vacaciones de Cartagena? ¿El futuro será en blanco y negro? ¿El tiempo en noche y día laboral sin ambigüedades? ¿No habrá un maricón en alguna esquina desequilibrando el futuro de su hombre nuevo? ¿Van a dejarnos bordar de pájaros las banderas de la patria libre? El fusil se lo dejo a usted Que tiene la sangre fría Y no es miedo El miedo se me fue pasando De atajar cuchillos En los sótanos sexuales donde anduve Y no se sienta agredido Si le hablo de estas cosas Y le miro el bulto No soy hipócrita ¿Acaso las tetas de una mujer no lo hacen bajar la vista? ¿No cree usted que solos en la sierra algo se nos iba a ocurrir? Aunque después me odie Por corromper su moral revolucionaria ¿Tiene miedo que se homosexualice la vida? Y no hablo de meterlo y sacarlo Y sacarlo y meterlo solamente Hablo de ternura compañero Usted no sabe Cómo cuesta encontrar el amor En estas condiciones Usted no sabe Qué es cargar con esta lepra La gente guarda las distancias La gente comprende y dice: Es marica pero escribe bien Es marica pero es buen amigo Súper-buena-onda Yo no soy buena onda Yo acepto al mundo Sin pedirle esa buena onda Pero igual se ríen Tengo cicatrices de risas en la espalda Usted cree que pienso con el poto Y que al primer parrillazo de la CNI Lo iba a soltar todo No sabe que la hombría Nunca la aprendí en los cuarteles Mi hombría me la enseñó la noche Detrás de un poste Esa hombría de la que usted se jacta Se la metieron en el regimiento Un milico asesino De esos que aún están en el poder Mi hombría no la recibí del partido Porque me rechazaron con risitas Muchas veces Mi hombría la aprendí participando En la dura de esos años Y se rieron de mi voz amariconada Gritando: Y va a caer, y va a caer Y aunque usted grita como hombre No ha conseguido que se vaya Mi hombría fue la mordaza No fue ir al estadio Y agarrarme a combos por el Colo Colo El fútbol es otra homosexualidad tapada Como el box, la política y el vino Mi hombría fue morderme las burlas Comer rabia para no matar a todo el mundo Mi hombría es aceptarme diferente Ser cobarde es mucho más duro Yo no pongo la otra mejilla Pongo el culo compañero Y ésa es mi venganza Mi hombría espera paciente Que los machos se hagan viejos Porque a esta altura del partido La izquierda tranza su culo lacio En el parlamento Mi hombría fue difícil Por eso a este tren no me subo Sin saber dónde va Yo no voy a cambiar por el marxismo Que me rechazó tantas veces No necesito cambiar Soy más subversivo que usted No voy a cambiar solamente Porque los pobres y los ricos A otro perro con ese hueso Tampoco porque el capitalismo es injusto En Nueva York los maricas se besan en la calle Pero esa parte se la dejo a usted Que tanto le interesa Que la revolución no se pudra del todo A usted le doy este mensaje Y no es por mí Yo estoy viejo Y su utopía es para las generaciones futuras Hay tantos niños que van a nacer Con una alíta rota Y yo quiero que vuelen compañero Que su revolución Les dé un pedazo de cielo rojo Para que puedan volar. NOTA: Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile. Les acerco su biografía para quienes no lo conocen: Pedro Lemebel .......... Nace en Santiago a mediados de la década del ´50..Pedro Lemebel es escritor, artista visual y cronista, y cada fase (o actuación) de su identidad creadora (o performativa) está trazada sobre el paisaje de la cultura chilena de la resistencia desde una distinta transformación vital suya. Como Pedro Mardones (su nombre paterno) había obtenido el primer premio del Concurso nacional de cuento Javier Carrera en 1982, y su primer libro de relatos, Los incontables, es de 1986. En una entrevista, ha reconstruído esa primera transformación: "El Lemebel es un gesto de alianza con lo femenino, inscribir un apellido materno, reconocer a mi madre huacha desde la ilegalidad homosexual y travesti (1997). .......... La transitoriedad del género como protocolo discursivo subrayará, como un flujo de investigación poética, la otra escena, la del género como sexualidad transgenérica, fluída y antiprotocolar. En efecto, en los años 80, cuando la literatura había sido marginalizada por los aparatos de la dictadura (un período que según Carmen Berenguer hace volver a la palabra oral, al recital, a los nuevos recintos de una comunicación posible), Pedro Lemebel y Francisco Casas fundan el colectivo de arte "Yeguas del Apocalipsis" (1987). En una actividad que fue a la vez paródica y sediciosa, estos escritores convertidos en actores de su propio texto, en agentes de una textualidad en devenir (ni dada ni por hacerse, pura transición burlesca), desencadenaron desde los márgenes (desde la homosexualidad pero también desde el bochorno irreverente) una interrupción de los discursos institucionales, un breve escándalo público en el umbral de la política y las artes de lo nuevo. Su trabajo cruzó la performance, el travestismo, la fotografía, el video y la instalación; pero también los reclamos de la memoria, los derechos humanos y la sexualidad, asi como la demanda de un lugar en el diálogo por la democracia. "Quizás esa primera experimentación con la plástica, la acción de arte...fue decisiva en la mudanza del cuento a la crónica. Es posible que esa exposición corporal en un marco político fuera evaporando la receta genérica del cuento...el intemporal cuento se hizo urgencia crónica...," recuenta Lemebel. Entre 1987 y 1995, "Yeguas del Apocalipsis" realizaron por lo menos quince eventos públicos. Ese último año, Lemebel publica su primer libro de crónicas, La esquina es mi corazón. .......... Esta nueva transformación del artista/escritor no será, sin embargo, un mero proceso de alguien en busca de su mejor expresión o su voz más personal. Esa mitología lírica no se aviene con el caso de una figura hecha en cada instancia de su actuación tanto por su medio como por su público. Lemebel ha radicalizado la "metamorfosis" del artista romántico en el "travestismo" de identidades del artista postmoderno. Por lo mismo, no nos extraña ya que el deslumbrante barroquismo del hombre de la esquina roja (el paseante de paseo escandilazado) se transfigure, en su siguiente libro, Loco afán, Crónicas del Sidario (1996), en un relato ensayístico crítico y festivo, entre la anotación de filósofo volteriano (Pedro por su casa) y el humor carnavalesco que no deja piedra sobre piedra (Pedro desfundante). En ese proceso performativo de la escritura intersticial (hecha entre géneros, entre medios, entre públicos) las crónicas más recientes de Lemebel están dictadas por el tiempo y la voz suscintas de la radio (tiene a su cargo el programa de crónicas "Cancionero" en Radio Tierra). .......... Lo más patente es el caracter postmoderno del quehacer (o quedeshacer) de Pedro Lemebel, empezando por su radical cuestionamiento de la sociedad neoliberal, donde se reproduce una ideología represiva; y siguiendo con su práctica desbasadora de los dualismos estructurantes de la normalidad excluyente. Pero lo más original de su trabajo está en la vehemencia de su ejercicio de la diferencia. Esto es, en su formidable capacidad y talento para generar la hibridez. Quizá el travestismo que baraja identidades operativas, el carnaval que canjea escenarios equivalentes, los géneros que se ceden la palabra gozosa, la performance que es una ocupación de espacios monológicos y la sexualidad espectacular que no se ahorra ninguno de sus nombres, se configuran en esa hibridez, que es el eje de la escritura misma. Un escritura de registro tan metafórico como literal, tan hiperbólico como social, y cuya fusión (o fruición) es de una aguda poética emotiva. Guadalupe Santa Cruz ha dicho que Lemebel escribe con "la espléndida tinta de la mala leche." Escribe con desamparada ternura; o sea, con minuciosa ferocidad. .......... Lo notorio de esta escritura es el barroquismo. O su variante lúdica, que Severo Sarduy llamaba, con autoironía, lo pompeyano. Porque se trata aquí no de un barroco de la proliferación de lo inmanente, donde el objeto es generador de la abundancia; sino de una gestualidad barroquizante, cuya traza viene y va de la oralidad. El barroco es, por ello, la forma elocuente del coloquio, como si la realidad sólo pudiese ser comunicada en su reelaboración, ligeramente absurda o cómica, vista con la distancia irónica que merecen los espectáculos de íntima discordia. Aunque Lemebel ha dicho que detesta a los profesores de filosofía ("Me cargaba su postura doctrinaria sobre el saber, sobre los rotos, los indios, los pobres, las locas", la conversación a que nos concita no está exenta del filosofar de la época, hecho desde las afueras, en los límites institucionales; en ese "borde con encaje," que reconoce como la cornisa de su arte. .......... Foucault anota en su Historia de la sexualidad que un interlocutor le protesta a Sócrates traer a la conversación ejemplos extremos. Aún más extremado, Lemebel podría haberle provisto a Foucault de mejores ejemplos sobre la indiferenciación genérica, que ya entretuvo a Lezama Lima en su Paradiso a propósito de la androginia original platónica. Ejemplos que, en el barroquismo reflexivo y el sincretismo oral del chileno, desafían a la taxonomía sexual; ya que en estas crónicas des-urbanizadoras se nos habla de locas, colizas, maricas, maricones, homosexuales, transgenéricos, travestis, pero todos ellos/ellas son equivalentes en la nomenclatura "gay," la que rehúsa la normatividad modernamente impuesta como diferenciación sexual. .......... Pero lejos de cualquier complacencia en la generalización de las diferencias (que las convierte en mera acusación, por ejemplo, en las por otra parte estremecedoras memorias póstumas de Reinaldo Arenas), Lemebel desarrolla en su barroquismo de sobretono popular una certera resistencia al rigor taxonómico, que así como cartografía el espacio de la sexualidad, busca imponer un lenguaje de la contabilidad. En la crónica chilena del fin de siglo, este filósofo natural nos dice que las estadísticas son otro lenguaje de la burguesía modélica, del capitalismo como programa único y del triunfalismo economicista. Ese discurso es una ocupación y un vaciado del futuro; o sea, una negación de los más jóvenes, de los muchachos pobres que recorren la esquina: "Herencia neoliberal o futuro despegue capitalista en la economía de esta "demosgracia." Un futuro inalcanzable para estos chicos...Por cierto irrecuperables, por cierto hacinados en el lumperío crepuscular del modernismo... Oscurecidos para violar, robar, colgar si ya no se tiene nada que perder y cualquier día lo encontrarán con el costillar al aire... Nublado futuro para estos chicos expuestos al crimen, como desecho sudamericano que no alcanzó a tener un pasar digno. Irremediablemente perdidos en el itinerario apocalíptico..."("La esquina es mi corazón". .......... Por eso, en "Censo y conquista" Lemebel propone una subversión popular no contra el poder establecido sino contra su funcionalismo mecánico, el censo. Escribe: "Hay que ponerse la peor ropa, conseguir tres guaguas lloronas y envolverse en un abanico de moscas como rompefilas, para evitar los trámites del sufragio." .......... Como siempre, el fluir cotidiano se le torna hipérbole, espectáculo, apocalipsis, en un proceso de inducciones (lógica socrática y sobremesa metódica): "De esta manera, las minorías hacen visible su tráfica existencia, burlando la enumeración piadosa de las faltas. Los listados de necesidades que el empadronamiento despliega a lo largo de Chile, como serpiente computacional que deglute los índices económicos de la población, para procesarlos de acuerdo a los enjuagues políticos... Una radiografía del intestino flaco chileno expuesta a su mejor perfil neoliberal, como ortopedia de desarrollo. Un boceto social que no se traduce en sus hilados más finos, que traza rasante las líneas gruesas del cálculo sobre los bajos fondos que las sustentan, de las imbricaciones clandestinas que van alterando el proyecto determinante de la democracia." .......... La crítica, por lo tanto, se sostiene en la puesta en duda que reinicia una práctica popular de resistencias. La matemática de la marginalidad, nos dice el cronista, no sirve a la pobreza, sino todo lo contrario. Y de esa premisa, como si leyera en el texto natural de su tiempo permanentemente travestido, concluye con una pragmática latinoamericanista, de remoto origen nietzcheano y cierta entonación deleuziana: "Acaso herencia prehispánica que aflora en los bordes excedentes, como estrategias de contención frente al recolonizaje por la ficha. Acaso micropolíticas de sobrevivencia que trabajan con el subtexto de sus vidas, escamoteando los mecanismos del control ciudadano. Un desdoblaje que le sonríe a la cámara del censo y lo despide en la puerta de tablas con la parodia educada de la mueca, con un hasta luego de traición que se multiplica en ceros a la izquierda, como prelenguaje tribal que clausura hermético el sello de la inobediencia." .......... En verdad, si el mundo incaico fue burocrático y decimal, el mapuche no fue ni federal ni frentista, para evitar que el estado le exigiera reciclarse y no demorar más la modernidad; por añadidura, y aunque nuestros países están llenos de conservadores que no tienen nada que conservar, el mercado como espacio de libertad se torna irrisorio para quienes no tienen nada que vender o comprar. Y, en fin, las estadísticas demuestran con sus promedios que en el papel siempre somos menos pobres de lo que en realidad somos. De cualquier modo, quizás los pueblos marginales (los flujos de migrantes, de excluídos, de jóvenes expulsados del sistema) sean ya indocumentables, apenas un cálculo proyectivo entre los que nacen y los que mueren, esa contabilidad del mapa neoliberal. .......... Así, como si fuera ya tarde para las taxonomías y los censos, Lemebel acude al barroquismo en un gesto característicamente latinoamericano: la cultura de la resistencia responde no con la economía de la nominación puritana sino con el exceso de la renominación metafórica; no con la simetría apolínea de la forma armónica, sino con la hibridez informalista y el "salto por el ojo de la aguja" (propuesto por Vallejo, retomado por Lemebel). Responde también con el sobredecorado, el rizado, la voluta. Pero no solamente resiste y responde, también reapropia con apetito y crea con hambre. Como el último "filósofo autodidacta" (que en la carencia humana aprende a leer la escritura de su tiempo, asi como el viejo filósofo aprendía a leer en la naturaleza la escritura divina), Pedro Lemebel nos enseña a reconocer también la fuerza de esas reapropiaciones y de esas hambres. Desde ellas, piensa el presente como un proceso irresuelto, hecho en las restas de la violencia pero así mismo en las sumas de la pasión. .......... Todavía en su última transformación, Pedro Lemebel se nos aparece convertido ahora en cronista anti-criollista (porque el criollismo latinoamericano es una apoteosis del lugar común, una representación complaciente y acrítica, que en Chile y en Perú lo asume ahora el entretenimiento televisivo). Y ha sido aún más explícito al descartar los teletones populacheros entregados a preparar el hot-dog o la empanada más grandes del mundo con el propósito deportivo de ingresar al disparate de los récords, el Guinness. Con el mismo espíritu crítico con que refuta el censo, rebate ahora la competencia nacionalista del super-sandwich como metáfora de un Chile del primer mundo. Como Carlos Monsiváis, que en los tiempos del gobierno de Carlos Salinas denunció los costos de la retórica primermundista para un país que se precipitaba, más bien, en las evidencias; Pedro Lemebel fustiga directamente la implicancia política de esta patética apuesta triunfalista. Escribe: "Había que demostrar el "milagro económico" chileno en las veinte mil piruetas del Libro de Guinnes. El despertar de un país que se levanta con orgullo de garrapata triunfal y que dejó atrás al Tercer Mundo. Una fonda del extremo sur que renovó su escabeche tricolor por el pollo rost beef y las hamburguesas sintéticas de los mall, pub, shopping, donde se remata el hambre consumista. Una hilacha de país que mira sobre el hombro a sus vecinos pobres. La Meca dollar del continente que habla de tú a tú con el Mercado Común Europeo. El ejemplo neoliberal para los indios piojosos de Latinoamérica... Por eso se hizo el "completo" más largo, que medía veinte kilómteros de tula alemana por la carretera. Casi de mar a cordillera, el hot-dog gigante dividió al país entre chucrut y ketchup. Y se necesitaron tantos huevos para la mayonesa, que se llevaron camionadas de gallinas a Investigaciones donde las picanearon con electricidad para que pusieran más rápido..." .......... "Para no ser menos, otra aldea famosa por los dulces empolvados se inscribió con un alfajor monumental donde se ocupó todo el azúcar que necesita una población para endulzar su mísero desayuno de un mes... " .......... "Para justificar los aires fanfarrones de estas competencias, se dice que la venta del producto va en ayuda de alguna Teletón, un hogar de huérfanos, algún asilo de ancianos, que reciben las cuatro chauchas de esta limosna publicitaria. Todo se va vendiendo, trozado, repartido y consumido por el apetito grosero que proclama su eructo populista de amor a la patria." ("Un país de récords," en Punto final, Santiago, octubre de 1997). .......... Pero cito esta crónica en extenso para ilustrar no sólo la vehemencia satírica sino algo más importante del trabajo del autor: la disputa por el lugar de la cultura popular. En efecto, esas ceremonias de pantagruelismo municipal, que en los Estados Unidos son una práctica semirural regionalista (las ferias compiten por el cerdo de más peso, el zapallo más gigantesco, etc.), parecen más bien una manipulación mediática de la cultura de la plaza pública; y el derroche que exhiben resulta un ritual no sólo dispendioso sino vacío. Reveladoramente, el cronista acera su sarcasmo porque ya no se trata solamente del espectáculo y la trashumancia; se trata ahora del espacio de la cultura popular, de por sí marginalizado, de pronto ocupado por estas ceremonias de contrasentido. .......... No es casual, entonces, que esta crónica chilena apuntale una economía simbólica de la preservación cultural (que asegura la función nutritiva de la memoria popular) y de la comunicación horizontal (que gesta el diálogo democratizador de la plaza pública, de su versión callejera). Tampoco es casual que coincida en ello con gestos paralelos de Carlos Monsiváis y Edgardo Rodriguez Juliá, los otros grandes cronistas de la postmodernidad latinoamericana, que Jean Franco sumó, con justicia, a Lemebel, el tercio incluído de este triunvirato de elocuencia y bravura. .......... Estas puestas en duda de las clasificaciones de la estadística y del gigantismo banal de la competencia, son más que simples críticas al archivo estatal y su programa; son verdaderas disputas por la construcción de la objetividad. Su valor político está situado en lo cotidiano específico, su valor cultural afirmado en el espacio abierto de la plaza pública, su persuasión moral planteada como transparencia crítica. Estas adhesiones y pertenencias vienen de lejos, reverberan en estos gestos ligeramente pintureros, y siguen de largo en pos del lector. .......... Dicho de otro modo, Pedro Lemebel es un escritor que, extraordinariamente, dice lo que piensa. .......... Dice más, claro, porque la marginalidad herida aduce también lo suyo en estas crónicas de desamor. Su segundo libro, Loco afán, Crónicas de Sidario (1996) es aún más inquisitivo, y si bien abandona el barroquismo preciosista del epíteto y la hipérbole, gana en inmediatez y familiaridad. Se trata, ahora, de la urgencia del deseo (que construye una vida alterna a la normatividad) y de la muerte por sida (que borra la inmunidad como si tachara al lenguaje mismo). Entre el espectáculo del deseo y la ceremonia de la muerte, buena parte de estas crónicas registran la lucha por sostener el lugar desde donde tanto el placer como la agonía puedan ser vistos de frente, procesados por un diálogo afectivo y maduro. Pero si ello forma parte de la estrategia proposicional de la crónica (donde el agente del relato convoca otra temporalidad, hecha en la duración del espectáculo), lo que no podríamos prever es el humor con que el cronista sería capaz de rizarle el rizo a la Parca. .......... Así, en esta apoteosis del deseo (de "loco afán" emergen dos otros rasgos de la escritura de Lemebel: primero, su capacidad para el grotesco; y, segundo, su búsqueda de un exceso expresivo, capaz de exorcisar la densidad semántica y privilegiar el acuerdo elemental sobre los hechos. Como Luis Rafael Sánchez, Lemebel hace del grotesco una "épica descalza," es decir, una lírica con calle. Como en la prosa porosa del puertorriqueño, varias hablas orales se interpolan en la crónica del chileno: el eros tiene esa vehemencia de voces henchidas, escanciadas y silabeadas, que cruzan en voz alta su arrebato tenso, su juego retórico y tentativo. Ese juego demanda el exceso, fractura la mesura, arriesga los límites. Recorriendo, así, lo patético pero también lo cómico, el lenguaje abre lo público en lo privado, y viceversa; porque la crónica es el género de los entrecruzamientos (analogías de lo diferente), de la hibridez (antítesis de lo semejante), de la mezcla (travestismo de lo uno en lo otro). Contra la normatividad burguesa que territorializa los espacios cerrados contra los abiertos, los privados fuera de los públicos, la apoteosis lemebeliana es carnavalesca (rebajadora), relativista (escéptica) y celebratoria (religadora). .......... En "Los mil nombres de María Camaleón" (un nombre de por sí emblemático del poeta de los mil colores y ninguno), leemos lo siguiente: "Así, el asunto de los nombres, no se arregla solamente con el femenino de Carlos; existe una gran alegoría barroca que empluma, enfiesta, traviste, disfraza, teatraliza o castiga la identidad a través del sobrenombre. Toda una narrativa popular del loquerío que elige seudónimos en el firmamento estelar del cine. " .......... Y luego: "En fin, para todo existe una metáfora que ridiculiza embelleciendo la falla, la hace propia, única." .......... Todo lo cual sugiere que el nombre multiplicado dirime en el cuerpo del lenguaje la probibición del cuerpo transgresivo: contra la reducción del habla que lo condena, sanciona, persigue y victimiza, este derroche nominal transfiere este cuerpo a la zona acrecentada de significación permutante, donde la identidad es una máscara y el sujeto una mascarada. Las palabras que sobredicen le dan una ruta sustitutiva, no sólo compensatoria, donde hasta lo grotesco es decorado y mejorado. La cultura del margen se acrece en ese trabajo restitutivo. .......... Otra crónica, "El último beso de Loba Lamar" narra la muerte de una loca sidosa, y para alarma del lector se trata de una de las muertes más comicas de la literatura más trágica. Las amigas peleando con el rigor mortis para que la cara de la difunta venza a la muerte con el gesto de un beso, suma el grotesco, el exceso y la comedia. Esto es, el barroquismo festivo de Pedro Lemebel renombra a la muerte desde el eros nomádico. *** 1. Pedro Lemebel ganó el primer premio de cuento en el Concurso nacional Javier Carrera (1982). Sus relatos aparecieron en Incontables (Santiago, Editorial Ergo Sum, 1986). En 1992 dictó el seminario "Eva dice a Adán" en la Universidad Católica de Valparaíso. En 1992 publicó crónicas en Página abierta y al año siguiente fue editor de esa revista. Hizo la presentación de Carlos Monsiváis en el Seminario Utopías que tuvo lugar en Santiago en 1993. Partició del Festival Cultural Stonewall, Nueva York, en 1994. Este mismo año empezó a publicar crónicas en el diario La Nación. Participa de la Escuela de Verano de la Universidad de Concepción en 1996, y dicta el seminario sobre Crónica urbana de la Universidad Playa Ancha de Valparaíso. También ese año colabora en la revista Lamda, empieza su programa radical Cancionero en Radio Tierra, dicta un taller de crónica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile y recibe la beca Fondart para el proyecto del libro de crónicas "De perlas y cicatrices." Participa del seminario "Crossing and Sexual Borders," en New York University (1996). Al año siguiente viaja a La Habana para intervenir en la Biena de Arte. Desde el 98 es cronista de la revista Punto Final. Aparecen las primeras traducciones de sus crónicas al inglés en las revistas Grand Street y Nacla Report. Sus libros de crónicas son La esquina de mi corazón , Crónica urbana (Santiago, Editorial Cuarto Propio, 1995; 2da. ed. 1977), Loco afán, Crónicas de Sidario (Santiago, Editorial LOM, 1996; 2da. ed. 1997), y De perlas y cicatrices (LOM, 1998). 2. Fernando Blanco y Juan G. Gelpí, "El desliz que desafía otros recorridos. Entrevista con Pedro Lemebel," en Nómada (Puerto Rico, Nº. 3, 1997, pp. 93-98).Véase también la crónica de Carolina Rubino, "las últimas locas del fin del mundo," en Hoy (Santiago, Nº. 736, 26 ago.-1 sep., 1991. 3. La cronología de obras de "Yeguas del Apocalipsis" es la siguiente: "Refundación Universidad de Chile," intervención, Facultad de Arte, Universidad de Chile (1988); "Tiananmen," performance, Sala de Arte "Garage Matucana," Santiago (1989); "¿De qué se ríe Presidente?", intervención en espacio publico (proclamación presidencial, Sala Carlos Cariola, Santiago, 1989); "La conquista de América," instalación y performance, baile nacional descalzo en mapa y vidrios, Comisión Chilena de Derechos Humanos, Santiago (1989); "Lo que el sida se llevó," instalación, fotografía y performance, Instituto Chileno-francés de Cultura (1989); "Estrellada," intervención de espacio público, zona de prostitución, calle San Camilo, Santiago (1989); "Suda América," instalación y performance en la Obra Gruesa del Hospital del Trabajador, Proyecto de salud pública del gobierno de Salvador Allende, Santiago (1989); "Cuerpos contingentes," performance y exposición colectiva, Galeria de Arte CESOC, Santiago (1990); "Las dos Fridas," Instalación performance, Galería Bucci, Santiago (1990); "Museo abierto," exposición colectiva, instalación y performance, Museo Nacional de Bellas Artes (1990); "De la nostalgia," instalación y performance, Cine Arte Normandí, Santiago (1991); "Homenaje por Sebastián Acevedo," instalación, video y performance, Facultad de Periodismo, Universidad de Concepción (1993); "Tu dolor dice minado," instalación, video y performance, Facultad de Periodismo, Universidad de Chile (1993); "La mirada oculta," exposición colectiva, fotografía, Museo de Arte Contemporáneo, Universidad de Chile, Santiago (1994); "N.N.", instalación y video, Universidad de Talca (1995); "Yeguas del Apocalipsis," Bienal de la Habana (mayo, 1997). Gloria Camiragua filmó un video con las Yeguas luego de que fueran expulsadas de la muestra colectiva del Museo Nacional de Bellas Artes por el propio director, el pintor Nemesio Antúnez (1992). Sobre "Las dos Fridas" hay referencias en el ensayo de Jean Franco "Género y sexo en la transición hacia la modernidad," en Nomadías (Universidad de Chile, Programa Género y Cultura en América Latina, No.1, 1996); y un análisis de Nelly Richard, "Género, valores y diferencia(s)," en su libro Residuos y metáforas (Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de la Transición), 1998. Guadalupe Santa Cruz habló de "La Santiago Travesti" a propósito de las crónicas de Lemebel en el seminario "Conjurando lo perverso, lo femenino, presencia suspensiva," La Morada, Santiago, junio 1997. Soledad Bianchi en el documento de trabajo "¿La insoportable levedad...?" (ARCIS, Nº. 21, oct. 97) propone en lugar del término "neo-barroco" (que vincula a Lemebel con la impronta lezamiana desarrollada por Sarduy y retomada por Néstor Perlongher, el neologismo "neo-barrocho" , haciendo eco desde el santiaguino río Mapocho a la variante propuesta por Perlongher de "neo-barroso" en alusión al Rio de la Plata. El juego es justo: tiene por término común el barro, que está en el origen derogativo de "barroco travesti" (1997). Agrego un vídeo, que muchas veces ayuda a conocerlo mejor: link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=LR8g3V5Erac Fuentes: La biografía la obtuve de http://www.letras.s5.com/lemebel1.htm y el Manifiesto lo conseguí en http://lemebel.blogspot.com/2005/11/manifiesto-hablo-por-mi-diferencia.html Pueden obtener información de él en http://lemebel.blogspot.com/

15
0
I
iBand - La primer banda iPod del mundo
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

Levemente impresionado puede salir uno luego de ver este vídeo, a falta de Rockband o GuitarHero los gadgets son capaces de hacer grandes cosas. Claro, para la gracia hay que contar con mucho tiempo libre y con panas que también lo tengan. La banda tiene sus instrumentos: · Elektroplakton para Nintendo DS. · iAno para iPhone. (los gringos debería enterarse de la mala selección del nombre) · PocketGuitar para el iPod touch. Esta banda se considera la primer banda iPod del mundo link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Mh0VX74alwk

0
5
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.