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disco_cuadrado

Usuario (Argentina)

Primer post: 23 nov 2009Último post: 28 may 2013
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El túnel (fragmento)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/19/2012

Una tarde, por fin, la vi por la calle. Caminaba por la otra vereda, en forma resuelta, como quien tiene que llegar a un lugar definido a una hora definida. La reconocí inmediatamente; podría haberla reconocido en medio de una multitud. Sentí una indescriptible emoción. Pensé tanto en ella, durante esos meses, imaginé tantas cosas, que al verla, no supe qué hacer. La verdad es que muchas veces había pensado y planeado minuciosamente mi actitud en caso de encontrarla. Creo haber dicho que soy muy tímido; por eso había pensado y repensado un probable encuentro y la forma de aprovecharlo. La dificultad mayor con que siempre tropezaba En esos encuentros imaginarios era la forma de entrar en conversación. Conozco muchos hombres que no tienen dificultad en establecer conversación con una mujer desconocida. Confieso que en un tiempo les tuve mucha envidia, pues, aunque nunca fui mujeriego, o precisamente por no haberlo sido, en dos o tres oportunidades lamenté no poder comunicarme con una mujer, en esos pocos casos en que parece imposible resignarse a la idea de que será para siempre ajena a nuestra vida. Desgraciadamente, estuve condenado a permanecer ajeno a la vida de cualquier mujer. El túnel 1948. Capitulo 4 (Parte) Ernesto Sabato http://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Sabato Todo el libro http://biblio3.url.edu.gt/Libros/sabato/tunel.pdf http://discocuadrado.blogspot.com.ar/

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Los Amantes - Oliverio Girondo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/21/2012

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) http://es.wikipedia.org/wiki/Oliverio_Girondo Los Amantes Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangulan, se aprietan, se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehúyen, se evaden y se entregan. Oliverio Girondo http://discocuadrado.blogspot.com.ar/2012/08/12-oliverio-girondo.html

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Derribando algunos mitos del Audio
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/27/2012

Este explicativo esta hecho con el fin de desmitificar algunos aspectos que pueden estar instalados en el pensamiento colectivo de la sociedad. No ahondare en detalles técnicos o matemáticos a menos que realmente lo requiera la información. Solo desmentir alguna de las afirmaciones comunes de manera sencilla. El mp3 se escucha bien, o igual que un CDA. Simplemente no, porque el mp3 es un formato de audio con compresión y perdida de información. Para poder comprimir según la relación de 10 a 1, por ejemplo de 40Mb a 4Mb se le hace un barrido de frecuencias que eliminan componentes que supuestamente son inaudibles pero que en realidad afectan al programa sonoro que deseamos oír. No hay forma de comprimir con esa relación dejando el audio intacto. Un formato de compresión sin perdida es el Flac por ejemplo, y los que no tienen perdida dado que no comprimen son por ejemplo WAV y CDA entre tantos otros. La potencia del equipo de mi casa es de 4000 watts. A menos que lo estés alimentando con un amplificador de potencia profesional eso es poco probable. Seguramente te estas dejando llevar por el cartel del fabricante que te dice 4000 watts PMPO Peak Music Power Output , esto una especificación de potencia común en equipos como mini componentes que representa el valor pico que es capaz de soportar un altavoz durante un tiempo extremadamente corto. No es en lo absoluto medible por lo que este detalle es inventado por los productores que dicen que en algún momento de la reproducción llegó a ese punto. La potencia real que tira un equipo es medida según su valor cuadrático medio, RMS (Root Mean Square), que es el promedio de los watts durante la reproducción. Hay quienes aseguran que se puede calcular la potencia RMS según la PMPO ligeramente dividiendo por 11, o mas específicamente haciéndole la raíz cuadrada; sinceramente este no se puede hacer porque el valor PMPO es un numero ficticio impuesto por una estrategia de marketing. El valor de potencia eficaz, media, promedio o RMS se calcula (mal y pronto) multiplicando el valor pico real (no PMPO) por 0.707 Mis parlantes reproducen todas las frecuencias audibles. Difícil, el limite de frecuencias que reproduce un transductor esta ligado a sus dimensiones físicas mientras mas grande es el cono del parlante mas bajas serán las frecuencias que podrá reproducir. Generalmente para que reproduzca las frecuencias de 20 hz (el mínimo audible por el ser humano) el cono del parlante debe estar entre las 18 y 20 pulgadas, esta relación no es aplicable en todos los sistemas ya que mientras el material del cono sea mas liviano y la suspensión mas fuerte la frecuencia de resonancia bajara, y el limite inferior de la curva de respuesta disminuirá. Para poder reproducir todas las frecuencias audibles, de 20hz a 20000hz necesitaremos un sistema de dos vías, parlante de medios graves y parlante de agudos mas un subwoofer, o un buen equipo de 3 vías, para reproducir graves, medios y agudos. Nota: Ninguno de estos detalles por si solos nos indican que un reproductor de audio es bueno, sino el complemente de todos, que suene mas fuerte nos dará una sensación psicoacustica de que suena bien, y que reproduzca todas las frecuencias tampoco es condición de que lo haga bien y de forma medianamente plana. Los aspectos que definen un buen transductor de audio (de manera resumida) son la distorsión que posee al reproducir (THD e IMD); la relación señal/ruido, cuan alto es el nivel de ruido de los componentes electrónicos sin reproducir sonido, contra la reproducción del mismo; el rango de frecuencias que abarca; la respuesta en las mismas, si colorea en medios o realza mucho los sonidos graves por ejemplo; la potencia que este entrega y principalmente y condicionando todo lo anterior la calidad de los componentes con los que fue producido. Mis auriculares (earphones) tienen unos graves terribles Simplemente es imposible debido al tamaño que este presenta, no hay forma que esos transductores expulsen una onda de sonido de 80 hz, están incapacitados físicamente de hacerlo. Los fabricantes que nos ofrecen refuerzo en graves es simplemente fruta, lo que oímos como sonidos de baja frecuencia es en realidad el resultado psicoacustico de nuestro cerebro aplicando un tono fundamental a una serie de frecuencias parciales que podrían ser los armónicos de un sonido medio/grave, conocido como el fenómeno de la “fundamental ausente”. ProTools es el mejor host para grabar, mezclar o editar audio Simplemente NO, no supera a ningún otro que exista en el mercado. Es bueno? si. Es mucho marketing, estrategias de mercado y publicidad? si. Lo puedo seguir usando? te recomiendo Nuendo si empezas, pero si venís usando PT y ya te es cómodo, ni te molestes a cambiar a otro. Todo es cuestión de ver que DAW te brinda mayores beneficios para lo que quieras hacer, y te es mas agradable de usar. http://discocuadrado.blogspot.com/2012/01/derribando-algunos-mitos-del-audio.html

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Prólogo de Los lanzallamas - Roberto Arlt
Prólogo de Los lanzallamas - Roberto Arlt
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/23/2012

Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos. Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana. Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras. Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage. Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia. Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad. Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas. Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes. Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados. En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches. De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables: "El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc." No, no y no. Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "cross" a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y "que los eunucos bufen". El porvenir es triunfalmente nuestro. Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la "Underwood", que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932. Y que el futuro diga. Roberto Arlt http://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Arlt Los siete locos (1929) http://perylit.files.wordpress.com/2006/12/arlt-roberto-los-siete-locos.pdf Los lanzallamas (1931) http://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=1&ved=0CCcQFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.iade.org.ar%2Fmodules%2Fdescargas%2Fvisit.php%3Fcid%3D6%26lid%3D193&ei=BlCVT8G8E8aEtgeSycS2Cw&usg=AFQjCNFlZV3ziN3MjN9WJA9H0vUEHpf1Tw&sig2=wUGCvVWWU45rE-vqu_yhpg http://discocuadrado.blogspot.com.ar/

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El 23 de Enero se apaga internet
El 23 de Enero se apaga internet
InfoporAnónimo1/5/2012

Los gigantes de Internet podrían interrumpir sus servicios para protestar contra la ley antipiratería que se está negociando en EEUU. La iniciativa fue promovida por Wikipedia Las grandes firmas de Internet estarían evaluando una iniciativa de Wikipedia para protestar con un "apagón" en contra de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), que el Congreso de los EEUU debatirá el próximo 24 de enero.Gigantes como Amazon, Google, eBay, AOL y Facebook podrían unirse en una operación sin precedentes para alertar a los usuarios de las consecuencias de la iniciativa.Esta normativa pretende bloquear el acceso a cualquier sitio web que infrinja derechos de autor y obligaría a los proveedores de acceso a Internet y a los buscadores de la red a monitorear los contenidos.Aunque no existe una fecha concreta para este hipotético "apagón" que afectaría a millones de usuarios en todo el mundo, según ExtremeTech, se baraja el día 23 de enero.Otras compañías que se podrían sumar a las protestas son Etsy, Foursquare, IAC, LinkedIn, Mozilla, OpenDNS, PayPal, Yahoo! y Zynga.STICKY PARA QUE SE UNA TARINGA!

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Como hacer un cubo con papel.
Como hacer un cubo con papel.
ArteporAnónimo11/23/2009

Este video muestra como hacer un cubo con papel... muy bueno, (recomiendo que lo mirenhasta al final) link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=KlB3WK7uQMY arte, arte, arte.....

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Es una persona muy normal
Es una persona muy normal
ArteporAnónimo5/28/2013

Normal es aquí el individuo que se ajusta a lo común, quien no se desvía de la media. No se destaca ni para bien ni para mal, que no resulta nada extraordinario. Es un miembro anónimo de la mayoría. Un tipo vulgar y corriente, un humano medio, del montón; una medianía o un mediocre. Es una persona muy normal (*) (*) Capitulo completo de "Tantos tontos topicos" de Aurelio Arteta "Es una persona, ¿cómo te diría yo? ... de lo más normal. Y nos quedamos tan satisfechos, como si en tal adjetivo hubiéramos resumido lo mejor que cabría decir de quien hablamos. El interlocutor asiente complacido: acaba de comprender que el tipo en cuestión viene a ser, poco más o menos, como él. Además de asegurar nuestra complicidad, tan vagarosa descripción del otro nos ahorra entrar en mayores detalles. Otro tanto ocurre cuando, siendo uno mismo el interrogado, cada cual se tiene por una persona normal. Como el resto de los lugares comunes, también éste es hijo de la pereza mental (“opinión pública, perezas privadas”, nos martilleó Nietzsche) y no menos de un cierto afán de seguridad: a saber, el de no estar solos y ser admitidos por los demás como un igual. Pero el caso es que ese “normal” encarna un atributo paradójico, que subraya como lo más propio de uno precisamente lo que vale para casi todos. No es la única mala pasada que este vocabulario nos juega, como enseguida vamos a ver. 1. En el uso cotidiano nos servimos al menos de dos acepciones de «normal» que es bueno mantener separadas. Para empezar, hay cierta mente un sentido sociológico por el que «normal » se contrapone a anormal y escaso, raro o extraño, excepcional y anómalo; o, si se prefiere, a lo extravagante y fuera de lugar. Lo normal es así lo común, regular, habitual y ordinario, lo más o menos constante y por ello previsible. En este primer sentido, el uso del término «normal» para referirse a un individuo, conducta o suceso es ante todo descriptivo, pues no contiene un juicio de valor ni mandato alguno de adecuarse a esa normalidad. No lleva aparejada una «normalización», porque tampoco pretende «normalizar» nada; a su través simplemente se constata una realidad, la alta frecuencia con que algo ocurre (o se espera que ocurra), se da cuenta de una media estadística. Normal es aquí el individuo que se ajusta a lo común, quien no se desvía de la media. Nos referimos, pues, a alguien que no destaca ni para bien ni para mal, que no resulta nada extraordinario. En realidad, el así juzgado tendría todo el derecho a sentirse ofendido. Tan lejos está de ser nada del otro mundo, que piensa y hace lo de todo el mundo. Se trata de un hombre como los de más, alguien perfectamente intercambiable por cualquier otro, un miembro anónimo de la mayoría. En definitiva, un tipo vulgar y corriente, un humano medio, del montón; una medianía o un mediocre. Pare ce difícil hacer de esa cualidad un timbre de gloria. Pero pasemos a la acepción médica o clínica de « normal». Aquí, según unas pautas de buena salud del organismo humano, el individuo normal sería el sano y el anormal el enfermo. Lo normal viene a significar en este caso lo correcto y adecuado, lo conveniente para el buen funcionamiento físico del ser humano, cuyo contrario sería lo patológico. Más claro aún hablaría la psiquiatría, para la que el normal se distingue de quien padece cualquier trastorno mental o está afectado por alguna minusvalía psíquica. Y en este mismo sentido, por cierto, se usa el término «normal» en moral y en política, al designar una persona cuyas ideas o comportamientos privados o públicos son los que su sociedad tiene por decorosos. Salta a la vista que, a diferencia del primer sentido, estos últimos -el médico, igual que el moral y político- transportan ya una aspiración, un cierto deber ser. Lo normal significa ahora lo debido, mientras que lo que está alejado de ello representa lo indeseable y hasta lo perverso. La normalidad no es ya el objeto de una mera descripción, sino que encierra una prescripción, un desiderátum. En una palabra, lo normal se convierte inmediatamente en objetivo de una norma práctica, en regla para la acción correcta. Pues bien, en el tópico acerca de la «persona normal» ambos sentidos se hallan amalgamados y confundidos. Lo que venimos a decir del individuo o comportamiento normales es que, siendo así, es como (se) debe ser; o sea, que lo bueno es ser normal o como la mayoría. Consagramos el dato sociológico como pauta a seguir, como modelo de conducta. De modo que el tópico de marras encierra un sentido inequívocamente moral y transmite un ideal de existencia. Y este tipo de hombre ha ordenado publicar en todas las esquinas la siguiente consigna: la mayoría somos normales: luego todos deben serlo. El hecho rige como derecho, la normalidad se vuelve normativa y el/lo normal se convierte en norma. A menos que sólo se pretenda excluirle del reino de los locos, reputar a alguien de normal es considerarle como sujeto a la norma, un Individuo que vive como Dios manda, o sea, como está mandado. Quien supuestamente lo ordena puede ser el Papa o el Estado, su jefe inmediato, la televisión o la costumbre local, pero en cualquier caso nuestro hombre normal se atiene a lo establecido. Nada hace sospechar en él ninguna voluntad de rebelión, de inventarse sus propias reglas, de ser dueño de sí. Lo suyo es acatar lo que le echen, sin asomo de interrogación por el fundamento de aquella norma o por la autoridad de quien la dicta. Sumiso por naturaleza o por experiencia, cree que ése es el modo de alcanzar lo más alto a que de verdad aspira: asegurar su supervivencia. 2. He ahí la contemporánea transvaloración de los valores. Si Adorno ya había denunciado que «la normalidad es la enfermedad de nuestro siglo», nosotros asistimos a la apoteosis incontestable del hombre normal. Pese a su carácter inconsciente, el lenguaje de la normalidad delata la vara de medir de quien lo emplea. Y como al mismo tiempo es la lengua normal y normalizada, pone de manifiesto la tabla de valores socialmente vigente. Cuando el apelativo de «normal» sirve para enaltecer a alguien, en lugar de para ignorarlo o incluso denigrarlo, proclamamos la uniformidad y la semejanza como máximas virtudes. Lo sepamos o no, celebramos la mediocridad como ideal, es decir, hacemos de la carencia de valor el valor más venerado. Y, al contrario, reservamos nuestra reprobación, más aún que para lo bajo, para lo que se distingue y se sale de la regla por arriba. Que nadie destaque, que nadie sobresalga, todos hemos de ser iguales: tales son los lemas normales del hombre normal. Su campaña, la guerra contra la diferencia y sobre todo contra la excelencia. Por haber malentendido la democracia, se confunde la debida igualdad de derechos con la impensable igualdad de capacidades. Por alejarse de la odiosa competitividad mercantil, se reniega tanto de la competición o emulación necesaria entre las destrezas humanas como del individuo competente. Todo lo raro, o sea, lo escaso y valioso, recibe enseguida un signo de interrogación y dispara la sospecha del individuo normal. La ética queda así literalmente puesta del revés. Tras la reivindicación de la normalidad como índice de valor suele ocultarse el espíritu del rebaño. En cada caso lo que importa es quedarme al calor de los míos, construir y preservar la propia identidad a costa de identificarme sin fisuras con la del grupo. Sólo si soy como los demás me pongo a resguardo, de modo que me adelanto a consagrar la norma de mi parroquia como lo bueno. Puesto que no deseo ser libre, sino estar arropado, evito las otras opciones: el distinguido es siempre mi enemigo. Más grave pero no menos frecuente, es que el elogio del normal encubra el resentimiento. Es la actitud de quien, como no quiere o no puede alzarse hacia lo superior, pone todo su empeño en rebajarlo a su altura. Para éste cualquier muestra de excelencia en el otro será sólo aparente y ya se encargará él de buscarle sus sórdidos orígenes. Desprovisto del sentido de lo mejor, es incapaz de admiración; más aún, al menor atisbo de lo admirable reaccionará como ante una ofensa personal. Para no ver su propia miseria, ha de decretar la miseria general. Bajo esta dictadura el excelente tiene que disimular su distinción, no sea que los demás le reprochen precisamente un pérfido propósito de elevarse sobre ellos; que no se le ocurra exhibir sus cualidades, porque podría ser acusado de un afán de hacerles de menos. Es alguien que viene a turbar el satisfecho descanso en nuestros hábitos y opiniones, que son los de la mayoría de nosotros. ¿Qué se habrá creído? ¿Acaso se atreverá a darnos lecciones? De modo que, al tildar al otro de normal, se produce un refuerzo del propio yo mediante la reafirmación del nosotros que nos acoge a uno y a otro. Si ése es normal es porque yo mismo, que así lo juzgo, me tengo por tan normal como él. Y, al expresarlo, busco también el asentimiento del tercero que me escucha y todos juntos nos sabemos formando parte de la comunidad de los normales, o sea, de los elegidos. Ese presunto conocimiento de qué sea lo normal -a saber, lo que yo soy, y pienso y hago, etc. me eleva además a la doble condición de legislador y juez, me convierte a un tiempo en proveedor de normas el impartidor de veredictos. Quien se refugia en la normalidad como valor supremo, en fin, viene a decir simplemente que se conforma y contenta con ser como todos. Camus lo afirmó sin rodeos: «El problema más grave que se plantea a los espíritus contemporáneos: el conformismo». Que nadie le exija a esa persona normal mayores rendimientos, que se le admita como es porque no cree tener nada que mejorar. Y, en justo pago por todo ello, él mismo renuncia por adelantado a exigir del otro nada mejor y comienza así por tranquilizarle concediéndole gustosamente a la recíproca el título de persona normal. Tal es el precio para ser aceptado en la comunidad de los iguales. Se ha impuesto la plantilla, la podadera. Aferrarse a la normalidad como última norma, ésa es la justificación nuclear de los actos del hombre normal, aunque algunas de sus consecuencias sean menos halagüeñas de lo que imagina. Escuchemos a Moravia: «Los hombres normales no eran buenos ( . . . ) , porque la normalidad se pagaba siempre, consciente o inconscientemente , a un precio muy caro , con una serie de complicidades varias, pero todas negativas, de insensibilidad, estupidez, vileza, cuando no precisamente de criminalidad » . Que se puede ser criminal sin dejar de ser normal, o incluso precisamente por serlo, es algo que se ha probado con creces y de lo que los noticiarios nos informan cada día. 3. Lo más llamativo de esta normalidad, consagrada como categoría ética o solapado ideal de conducta, es la subversión del auténtico talante moral. El deber del hombre normal es exactamente el opuesto al deber moral del hombre. Porque desde los tiempos más clásicos hasta los contemporáneos la moral no nos predica otra cosa que la búsqueda de la propia excelencia. Al revés que la mediana meta de la normalidad, la virtud moral radica en el cumplimiento descollante de nuestra humanidad. No consiste en una impotencia consentida por hallarse bastante repartida, sino en una potencia declarada; no es el mero aprobado lo que busca merecer, sino el sobresaliente. Y es que la tarea moral es justamente la tarea del héroe. Hablamos del héroe que cada cual puede llegar a ser con tal de entender que su vida sólo puede ser humanamente vivida como la aventura de su libertad. Somos morales porque somos seres libres, pero esa libertad es lo primero a lo que renuncia la persona normal cuando se propone recorrer la senda trazada por la mayoría. Nada más fácil, pero tampoco menos moral, que contentarse con acomodar nuestro pensamiento y acción a lo que se piensa o se hace. El ideal de la normalidad es lo menos ideal que cabe, sencillamente porque coincide con lo dado y lo predeterminado. ¿O hay algo más normal -regular y previsible- que lo natural, eso que ya viene fijado por una ley universal? El hombre es literalmente un ser anormal, constituye la excepción misma entre los seres vivos, porque no ti ene más norma que su libertad ni, por tanto, otra regla o deber que los de inventarse a sí mismo a cada paso. A lo mejor todo lo dicho puede condensarse en una sentencia que suena a provocativa: el hombre normal se quiere muy poco a sí mismo. No digo con ello que sea un ser desprendido, nada de eso. Ese hombre se quiere poco porque desea muy poco para sí y los suyos, porque pone su felicidad en objetivos demasiado pobres o trillados, porque se quiere muy mal. Hay que enseñarle a depurar y ensanchar su egoísmo, a descubrir un bien mucho más valioso que los bienes habituales en los que se recrea. Hay que animarle a ser anormal, al menos un poco raro, hombre.

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Elogio de la sombra - Jorge Luis Borges
Elogio de la sombra - Jorge Luis Borges
ArteporAnónimo10/12/2012

Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899 - Ginegbra 1986) Elogio de la sombra La vejez (tal es el nombre que los otros le dan) puede ser el tiempo de nuestra dicha. El animal ha muerto o casi ha muerto. Quedan el hombre y su alma. Vivo entre formas luminosas y vagas que no son aún la tiniebla. Buenos Aires, que antes se desgarraba en arrabales hacia la llanura incesante, ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro, las borrosas calles del Once y las precarias casas viejas que aún llamamos el Sur. Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas; Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar; el tiempo ha sido mi Demócrito. Esta penumbra es lenta y no duele; fluye por un manso declive y se parece a la eternidad. Mis amigos no tienen cara, las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años, las esquinas pueden ser otras, no hay letras en las páginas de los libros. Todo esto debería atemorizarme, pero es una dulzura, un regreso. De las generaciones de los textos que hay en la tierra sólo habré leído unos pocos, los que sigo leyendo en la memoria, leyendo y transformando. Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte, convergen los caminos que me han traído a mi secreto centro. Esos caminos fueron ecos y pasos, mujeres, hombres, agonías, resurrecciones, días y noches, entresueños y sueños, cada ínfimo instante del ayer y de los ayeres del mundo, la firme espada del danés y la luna del persa, los actos de los muertos, el compartido amor, las palabras, Emerson y la nieve y tantas cosas. Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro, a mi álgebra y mi clave, a mi espejo. Pronto sabré quién soy. Jorge Luis Borges http://discocuadrado.blogspot.com.ar/2012/10/elogio-de-la-sombra-jorge-luis-borges.html

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Roberto Arlt-Aguafuerte + Autobiografia
ArteporAnónimo2/6/2013

Autobiografía por Roberto Arlt He nacido el 7 de abril del año 1900. He cursado las escuelas primarias hasta el tercer grado. Luego me echaron por inútil. Fui alumno de la Escuela de Mecánicos de la Armada. Me echaron por inútil. De los 15 a los 20 años practiqué todos los oficios. Me echaron por inútil de todas partes. A los 22 escribí "El juguete rabioso", novela. Durante cuatro años fue rechazada por todas las editoriales. Luego encontré un editor inexperto. Actualmente tengo casi terminada la novela "Los siete locos". Me sobran editores. Lecturas actuales: Quevedo, Dickens, Dostoievsky y Proust. Curiosidades cínicas: me interesan entre las mujeres deshonestas, las vírgenes, y entre el gremio de los canallas, los charlatanes, los hipócritas y los hombres honrados. Certidumbres dolorosas: creo que jamás será superado el feroz servilismo y la inexorable crueldad de los hombres de este siglo. Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos. Pero la gente nos agradecería más esto último. El hombre en general me da asco, y tengo como única virtud el no creer en mi posible valor literario sino cinco minutos por día. Texto publicado en "Cuentistas Argentinos", Editorial Claridad, Buenos Aires, 1929. El idioma de los argentinos Por Roberto Arlt El señor Monner Sans, en una entrevista concedida a un repórter de El Mercurio, de Chile, nos alacranea de la siguiente forma: “En mi patria se nota una curiosa evolución. Allí, hoy nadie defiende a la Academia ni a su gramática. El idioma, en la Argentina, atraviesa por momentos críticos… La moda del gauchesco' pasó; pero ahora se cierne otra amenaza, está en formación el lunfardo’, léxico de origen espurio, que se ha introducido en muchas capas sociales pero que sólo ha encontrado cultivadores en los barrios excéntricos de la capital argentina. Felizmente, se realiza una eficaz obra depuradora, en la que se hallan empeñados altos valores intelectuales argentinos”. ¿Quiere usted dejarse de macanear? ¡Cómo son ustedes los gramáticos! Cuando yo he llegado al final de su reportaje, es decir, a esa frasecita: “Felizmente se realiza una obra depuradora en la que se hallan empeñados altos valores intelectuales argentinos”, me he echado a reír de buenísima gana, porque me acordé que a esos “valores” ni la familia los lee, tan aburridores son. ¿Quiere que le diga otra cosa? Tenemos un escritor aquí -no recuerdo el nombre- que escribe en purísimo castellano y para decir que un señor se comió un sandwich, operación sencilla, agradable y nutritiva, tuvo que emplear todas estas palabras: “y llevó a su boca un emparedado de jamón”. No me haga reír, ¿quiere? Esos valores, a los que usted se refiere, .; insisto: no los lee ni la familia. Son señores de cuello palomita, voz gruesa, que esgrimen la gramática como un bastón, y su erudición como un escudo contra las bellezas que adornan la tierra. Señores que escriben libros de texto, que los alumnos se apresuran a olvidar en cuanto dejaron las aulas, en las que se les obliga a exprimirse los sesos estudiando la diferencia que hay entre un tiempo perfecto y otro pluscuamperfecto. Estos caballeros forman una colección pavorosa de “engrupidos” -¿me permite la palabreja?- que cuando se dejan retratar, para aparecer en un diario, tienen el buen cuidado de colocarse al lado de una pila de libros, para que se compruebe de visu que los libros que escribieron suman una altura mayor de la que miden sus cuerpos. Querido señor Monner Sans: La gramática se parece mucho al boxeo. Yo se lo explicaré: Cuando un señor sin condiciones estudia boxeo, lo único que hace es repetir los golpes que le enseña el profesor. Cuando otro señor estudia boxeo, y tiene condiciones y hace una pelea magnífica, los críticos del pugilismo exclaman: “¡Este hombre saca golpes de `todos los ángulos’!” Es decir, que, como es inteligente, se le escapa por una tangente a la escolástica gramatical del boxeo. De más está decir que éste que se escapa de la gramática del boxeo, con sus golpes de “todos los ángulos”, le rompe el alma al otro, y de allí que ya haga camino esa frase nuestra de “boxeo europeo o de salón”, es decir, un boxeo que sirve perfectamente para exhibiciones, pero para pelear no sirve absolutamente nada, al menos frente a nuestros muchachos antigramaticalmente boxeadores. Con los pueblos y el idioma, señor Monner Sans, ocurre lo mismo. Los pueblos bestias se perpetúan en su idioma, como que, no teniendo ideas nuevas que expresar, no necesitan palabras nuevas o giros extraños; pero, en cambio, los pueblos que, como el nuestro, están en una continua evolución, sacan palabras de todos los ángulos, palabras que indignan a los profesores, como lo indigna a un profesor de boxeo europeo el hecho inconcebible de que un muchacho que boxea mal le rompa el alma a un alumno suyo que, técnicamente, es un perfecto pugilista. Eso sí; a mí me parece lógico que ustedes protesten. Tienen derecho a ello, ya que nadie les lleva el apunte, ya que ustedes tienen el tan poco discernimiento pedagógico de no darse cuenta de que, en el país donde viven, no pueden obligarnos a decir o escribir: “llevó a su boca un emparedado de jamón”, en vez de decir: “se comió un sandwich”. Yo me jugaría la cabeza que usted, en su vida cotidiana, no dice: “llevó a su boca un emparedado de jamón”, sino que, como todos diría: “se comió un sandwich”. De más está decir que todos sabemos que un sandwich se come con la boca, a menos que el autor de la frase haya descubierto que también se come con las orejas. Un pueblo impone su arte, su industria, su comercio y su idioma por prepotencia. Nada más. Usted ve lo que pasa con Estados Unidos. Nos mandan sus artículos con leyendas en inglés, y muchos términos ingleses nos son familiares. En el Brasil, muchos términos argentinos (lunfardos) son populares. ¿Por qué? Por prepotencia. Por superioridad. Last Reason, Félix Lima, Fray Mocho y otros, han influido mucho más sobre nuestro idioma, que todos los macaneos filológicos y gramaticales de un señor Cejador y Frauca, Benot y toda la pandilla polvorienta y malhumorada de ratones de biblioteca, que lo único que hacen es revolver archivos y escribir memorias, que ni ustedes mismos, gramáticos insignes, se molestan en leer, porque tan aburridas son. Este fenómeno nos demuestra hasta la saciedad lo absurdo que es pretender enchalecar en una gramática canónica, las ideas siempre cambiantes y nuevas de los pueblos. Cuando un malandrín que le va a dar una puñalada en el pecho a un consocio, le dice: “te voy a dar un puntazo en la persiana”, es mucho más elocuente que si dijera: “voy a ubicar mi daga en su esternón”. Cuando un maleante exclama, al ver entrar a una pandilla de pesquisas: “¡los relojié de abanico!”, es mucho más gráfico que si dijera: “al socaire examiné a los corchetes”. Señor Monner Sans: Si le hiciéramos caso a la gramática, tendrían que haberla respetado nuestros tatarabuelos, y en progresión retrogresiva, llegaríamos a la conclusión que, de haber respetado al idioma aquellos antepasados, nosotros, hombres de la radio y la ametralladora, hablaríamos todavía el idioma de las cavernas. Su modesto servidor. Esta obra se encuentra en Dominio Público desde el 1 de enero de 2013. Usted es libre de copiarla, reproducirla y realizar obras derivadas. http://www.discocuadrado.com/2013/02/aguafuerte-autobiografia.html

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Aprendiendo Fotografia con Michael Jackson
Aprendiendo Fotografia con Michael Jackson
Hazlo Tu MismoporAnónimo4/24/2012

Busca Nuevos Puntos de Vista, Nuevos Ángulos [Smooth Criminal] Estamos acostumbrados a ver el mundo siempre desde el mismo lugar. Innova, ofrece ángulos nuevos, inusuales. Y presta atención al fondo resultante: elígelo cuidadosamente y trata de combinarlo con tu sujeto principal. Juega con las focales: no te olvides de las focales más cortas. Rompe las Reglas: Nada de Horizontes Rectos [Smooth Criminal] Es uno de los detalles que más me ha llamado la atención recientemente en este video. Y es que, apenas hay líneas horizontales: juegan sistemáticamente con líneas inclinadas, lo que le confiere un dinamismo a la imagen realmente interesante. Utiliza las líneas como un elemento compositivo más y juega con él. Sácalo del Centro de la Foto, Resáltalo Si todavía no te has atrevido a poner en juego la regla de los tercios ¿a qué esperas? Descubre la fuerza que adquieren tus fotos cuando tus motivos principales se sitúan en determinados puntos, fuera del centro. Si tienes un personaje principal en tu foto, busca destacarlo de algún modo. En el caso de este videoclip, el rojo del traje de Michael hace esta función. Seguramente, cuando tú dispares no contarás con el recurso de poder elegir el vestuario de tus "modelos", pero sí podrás jugar con otros elementos como la colocación o el ángulo y resaltar tu protagonista con la luz o por contraste con el fondo. Nunca te Olvides del Blanco y Negro [Billie Jean] Y es que, por mucho que llegara el color a la fotografía, el blanco y negro siempre ha tenido su espacio. No te olvides nunca de que existe una nueva versión de tus fotos en blanco y negro. Juega con él, especialmente en aquellas tomas en las que el color no acabe de convencerte. Repasa las diferentes técnicas de conversión a blanco y negro y sácale el máximo jugo a tus fotos. Siempre Pendiente de los Detalles [Smooth Criminal] Porque están llenos de secretos. Porque tienen infinidad de cosas que contar. Presta siempre atención a los detalles. Dedica siempre algunas instantáneas a recogerlos. O reencuadra posteriormente para quitar de en medio lo que sobra: los detalles ayudan a contar la historia. Enfoca los Ojos: Céntrate en Ellos En un retrato, los ojos son, casi siempre, el punto donde se concentra la atención. Vigila que estén siempre bien enfocados y, si tienes poca luz, procura que, al menos los ojos estén suficientemente iluminados. Gran parte de la expresividad del rostro se transmite a través de los ojos. No lo olvides. Juega con las Siluetas [Smooth Criminal] Atraen la atención. Despiertan la imaginación: queremos saber lo que pasa dentro de ellas, lo que representan, a qué corresponden. Generan formas sugerentes. Ofrecen una nueva forma de ver las cosas. Por todo ello, y por mucho más, las siluetas son un recurso con el que puedes jugar: tenlo siempre en cuenta. Abusa del Contraste... y del Retoque No digo siempre. Sólo en ocasiones. Coge el control de contraste y llévalo al extremo. Consigue nuevas formas de representar las emociones y las sensaciones. Dramatiza con el retoque. No tengas miedo de conseguir efectos irreales: también sirven para contar historias... y guarda siempre una copia de la foto original, por si al final decides quedarte con ella Que las Líneas Principales te Guíen hasta el Protagonista [Smooth Criminal] Fíjate como las líneas de la mesa de billar y del palo apuntan hacia Michael. O cómo las líneas principales del piano apuntan al gato. Juega con las líneas en el encuadre y busca composiciones en las que estas apunten hacia el elemento que debe concentrar la atención en tus fotos. De nuevo, no olvides que las líneas son un importante elemento compositivo. Más de un Punto de Luz Fíjate en la cara de Jackson. Date cuenta de que ambos lados de su cara están iluminados mientras que la parte central está más oscura. Claramente en esta toma han jugado con (al menos) dos puntos de luz. Fíjate cómo la luz sirve para "pintar" siluetas y, cuando tengas oportunidad, trata de jugar con más de un punto de luz y descubre como la iluminación puede transformar una instantánea. Consigue que la Gente se lo Pase Bien Conviértete en director por un momento. Coordinalos. Proponles juegos. Que se lo pasen bien. Que disfruten. Y que procuren hacer disfrutar a los demás. Consigue que se olviden de que hay una cámara en los alrededores: es esencial que transmitan sin reparos las emociones que estan sintiendo. Y.. ¡prepara el dedo para disparar! FUENTE http://www.dzoom.org.es/ Smooth Criminal Thriller Billie Jean Scream Bad http://discocuadrado.blogspot.com.ar/2012/04/aprendiendo-fotografia-con-michael.html http://discocuadrado.blogspot.com.ar

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