diosa_pagana
Usuario (Argentina)
No me regales una flor... Yo quiero aborto seguro, legal y gratuito. No me regales un chocolate... Yo quiero perpetua para los violadores. No me regales un peluche... Yo quiero que no haya más femicidios. No me dediques una canción... Yo quiero que no haya más víctimas de trata, y que se reconozca que el consumidor de prostitución también es prostituyente. No me regales una tarjeta... Yo quiero que las mujeres podamos vestirnos como deseemos y tengamos libertad sexual sin tener que sufrir por ello discriminación o acoso verbal. No me lleves al cine... Yo quiero que se deje de mediatizar el sexismo y que la mujer no sea un mero objeto de consumo. No me lleves a cenar... Yo quiero que se deje de reproducir un binomio misògino y heteronormativo en esta sociedad, que solo nos estereotipa y condena a un encasillamiento en el colectivo imaginario. Las feminidades y las masculinidades son construcciones sociales. No me envíes un mensaje... Yo quiero que las mujeres dejen de sufrir violencia sexual, sanitaria, institucional, laboral, mediática, económica, simbólica, obstètrica... No recuerdes mi día, ni mi semana, ni mi mes si no te comprometes a luchar activamente contra el patriarcado. No digas "Feliz día de la mujer" si no cuestionas tus privilegios ni luchas por la igualdad. El sentido se construye, y la lucha es todos los días!!! A todas las MUJERES luchadoras que forman parte de este movimiento y de este mundo, no queda más que agradecerles y desearles mucha fuerza para seguir avanzando en la profundización de la construcción de un mundo libre de violencia y donde nuestros derechos sean reconocidos. Sigamos bailando hacia la transformación!!! NO ME DIGAS FELIZ DÍA SI NO TE LEVANTAS Y LUCHAS CONMIGO!! Ahora un par de videos, que con humor, muestran la perspectiva de las mujeres hacia ciertos hechos: Link: http://www.youtube.com/watch?v=V8kUUFJ8Wkw Link: http://www.youtube.com/watch?v=LF2Dp0Nlxps
Crea tus Collages on line Hola gente Bella de Taringa. Para un Trabajo Practico de la Facultad tenia que hacer un collage de fotos, y nos recomendaban un software especial para hacerlo. Como la única forma de bajarlo gratis era Softonic, ni en pedo iba a descargar de esa pagina de porqueria que genera mas problemas de lo que ayuda. Por lo cual me puse a navegar en la red para encontrar una pagina que me permitiera hacer un collage sin demasiado drama, después de testiar mas de 7 paginas para hacer Collages on line, entre por fin una pagina que no me enloquecía al momento de crear mi obra de arte, sin tener que pagar, registrarme o anexar ninguna red social. Esta pagina es: Collage.es Lo bueno que tiene es que da mucha libertad para organizar las imágenes a nuestro gusto, o usar las plantillas predeterminadas y agregar texto. Subir las imágenes es rápido y la configuración de tamaño no tiene ningún problema. El resultado final lo podemos obtener en JPG, PNG; BMP y PDF. Este es el que hice yo, y quedo bastante cuadrado porque necesitaba que cada imagen se viera completa, pero con otro tipo de fotos, las plantillas dejan un estilo muy copado, y si sos como yo lo máximo que manejas es el Paint, es un golazo. Espero que les sirva, Besos!!!

Para vos vicioso te doy un regalo - yTimer ¿Cuantas veces por colgarte navegando o con la televisión, saliste tarde o se te quemo la comida? Aquí te voy a dar un programa muy sencillo, gratis y legal, que vas a poder poner hasta 40 cuentas regresivas. El sistema es muy simple, configuras cuantos Días, Horas, Minutos o Segundos quieres que dure el timer y podes ponerle un mensaje. Este timer esta principalmente pensado para las subastas de internet que siempre que te das cuenta terminaron y vendieron lo que te gustaba por un precio re bajo y te quieres matar por no haber recordado mirarlo antes. Yo en mi caso lo uso para cocinar cuando estoy navegando, así nunca se me quema la comida o si tengo que ir a otro lugar y entro a internet se cuándo tiempo tengo antes de irme, o también para los juegos On-line con acciones con límite de tiempo. Parece tonto pero una vez que te acostumbras a usarlo, le vas a encontrar muchos usos. Esta es la página original del Programador que no tiene ningún agregado y en el año que lo uso nunca tuve problemas. http://www.spacejock.com/yTimer.html
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stepheni Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 5 LAS INVITACIONES La Secundaria. Ya no era un purgatorio. Ahora era el mismísimo infierno. Tormento y fuego… si, tenía ambos. Ahora, estaba haciendo todo correctamente. Cada punto en la “i”, cada “t” cruzada. Nadie podía quejarse que yo no afrontara mis responsabilidades. Complací a Esme y protegí a los otros. Cada día iba a clases e interpretaba el papel de ser humano, cada día escuchaba cuidadosamente por alguna noticia nueva de los Cullens –y nunca hubo nada nuevo–. La chica no dijo nada acerca de sus suposiciones. Solo repetía la misma historia una y otra vez –que yo estaba junto a ella y la puse fuera del camino de la Van– hasta que sus impacientes escuchas se aburrieron y dejaron de buscar más detalles. No existía peligro. Mi manera de actuar precipitada, no había herido a nadie. Excepto a mi mismo. Estaba determinado a cambiar el futuro. No era una tarea fácil para una sola persona, pero no existía otra opción con la cual vivir. Alice dijo que yo no era lo suficientemente fuerte para alejarme de la chica. Le probaré que estaba equivocada. Pensé que el primer día sería el más difícil. Al final, estaba seguro que ese era el caso, pero también estaba equivocado. Sabía que heriría a la chica. Me conformé con el hecho de saber que su dolor no sería más que un pinchazo –un pequeño aguijonazo de rechazo– comparado con mi dolor. Bella era humana, y ella sabía que yo era algo más, algo equivocado, algo aterrador. Ella debió estar más aliviada que preocupada en el momento que giré mi rostro lejos de ella y pretendía que no existía. “Hola Edward” me saludó cuando estábamos en biología. Su voz sonaba complacida, amistosa, un giro de 180º desde la última vez que hablamos. ¿Porque? ¿Que significaba el cambio? ¿Ella lo había olvidado? ¿Había decidido que había imaginado todo el episodio? …¿Me había perdonado por no haber cumplido mi promesa de contarle la verdad?. Las preguntas me quemaban como la sed que me atacaba cada vez que respiraba. Solo ocupaba un instante para ver en sus ojos. Solo para observar si podía leer las respuestas ahí… No. No me podía permitir algo así. No si iba a cambiar el futuro. Moví mi barbilla una pulgada en su dirección, sin dejar de mirar el frente de la clase. Cabeceé una vez y moví mi cara. Ella no me volvió a hablar de nuevo. Esa tarde, apenas acabaron las clases, dejé de interpretar al humano, corrí hasta Seattle, como había hecho ayer. Parecía que podía manejar el dolor levemente mejor si volaba sobre los campos y así, todo se convertía en un borroso color verde. Esa carrera se había convertido en un hábito diario. ¿La amaba? No lo creo. No todavía. Las visiones de Alice, de ese impreciso futuro se habían grabado en mí, y lo peor, es que podía ver cuán fácil era poder enamorarse de Bella. Era exactamente como caer: no requería esfuerzo alguno. No permitirme amarla era lo opuesto a caer –como evitar caerse en un acantilado, con algo más que solo fuerza humana–. Más de un mes había pasado, y cada día era aún más difícil. No tenía ningún sentido para mí –seguía esperando superar este dolor, hacerlo más llevadero. Seguro que a esto se refería Alice cuando predijo que yo no podía estar lejos de la chica. Ella había visto todos los tipos de dolor por los que yo pasaría. Pero no contó con que yo podía vivir con el dolor. Yo no destruiría el futuro de Bella. Si estaba destinada a amarla, ¿entonces… evadirla era lo mejor que podía hacer? Evadirla estaba al límite de mis capacidades. No podía pretender ignorarla y no mirarla en absoluto. No podía pretender que ella no me interesaba. Pero era una mentira, solo fingir, no la realidad. Todavía seguía pendiente de cada respiro suyo, de cada palabra dicha. Entonces, dividí mis tormentos en cuatro categorías: Las primeras dos eran familiares, su esencia y su silencio. Visto de otro modo – para tomar mi parte de la responsabilidad– mi sed y mi curiosidad. La tercera, era la primordial de mis tormentos. Mi nuevo hábito de no respirar en clase de biología. Por supuesto siempre había excepciones –cuando tenía que contestar alguna pregunta o cuando tenía que respirar para hablar. Cada vez que probaba el aire cerca de la chica, era como el primer día –fuego, necesidad y una violencia brutal desesperada por actuar. Era difícil aferrarse a la razón para resistir esos momentos. Y justo como el primer día, el monstruo en mí podía roer la superficie, tan cerca de salir… Y la curiosidad, que era el más constante de mis tormentos. La eterna pregunta no salía de mi cabeza: ¿Qué está pensando ella ahora?. Cuando escuchaba cada pequeño suspiro. Cuando ella jugaba ausente con su cabello a través de sus dedos. Cuando tiraba sus libros con un poco más de fuerza que la usual. Cuando llegaba tarde a clase. Cuando movía impaciente su pie contra el piso. Cada movimiento captado con mi visión perimetral era un misterio para mí. Cuando le hablaba a otros estudiantes humanos, analizaba cada tono en sus palabras. ¿Ella les hablaba sinceramente o se reservaba algún comentario? A menudo me parecía que ella les decía a su audiencia, lo que esperaban y eso me hacía recordar a mi familia y nuestro constante vivir en mentiras –y éramos mejor que ella mintiendo. A menos que estuviera equivocado con ella y solo estuviera imaginando cosas. ¿Por qué tenía ella que interpretar un rol? Ella era igual a ellos, solamente una adolescente humana. Mike Newton era el más sorprendente de mis tormentos. ¿Quién habría imaginado que semejante genérico y aburrido mortal podría ser tan fastidioso?. Para ser justos, debería sentir un poco de gratitud hacia el molesto chico más que con los otros, él mantenía a la chica hablando. Aprendí mucho de ella en estas conversaciones –todavía estaba completando mi lista– pero contrariamente la asistencia de Mike en mi proyecto solo agravaba las cosas. No quería que fuera Mike quien guardaba los secretos de la chica. Yo quería hacerlo. Ayudó un poco que él no notara los pequeños detalles, sus pequeños resbalones. Él no sabía nada acerca de ella. Él creó una Bella en su cabeza que no existía – una chica tan genérica como él mismo. Él nunca observó el desinterés y la valentía que la separaban del resto de los humanos, nunca escuchaba la anormal madurez de sus palabras. Él no percibía que cuando ella hablaba de su madre, era como si hablara de una niña y no de lo usual –amor, indulgencia, un poco de diversión y protección. Él no escuchaba la paciencia en su voz cuando tenía que fingir interés en sus historias y nunca imaginó la amabilidad tras esa paciencia. Por medio de las conversaciones con Mike, era capaz de añadir la más importante de sus características a mi lista, la más reveladora de todas, tan simple como rara. Bella era buena. Todas las otras características eran agregadas – amable, desinteresada, adorable y valiente– al hecho de que ella era una chica buena. Este provechoso descubrimiento no hizo que me encariñara con el chico en absoluto. La manera posesiva de cómo él miraba a Bella –como si ella fuera una adquisición la cual ganar– me provocaba casi tanto como las vívidas fantasías con ella. Él se estaba convirtiendo en su confidente, con el tiempo, parecía que ella lo prefería por sobre quien él consideraba sus rivales: Tyler Crowley, Eric Yorkie, e incluso, esporádicamente, yo mismo. Él se sentaba enfrente de nuestra mesa en Biología y antes que la clase empezara, charlaba con ella, disfrutando de sus sonrisas. (Sonrisas solo de cortesía, me recordaba a mí mismo). Al mismo tiempo me imaginaba empujándolo a través de la clase y estrellándolo contra la pared más lejana… probablemente eso no lo dañaría de una manera fatal… Mike no pensaba en mí como rival. Después del accidente, él se preocupó por el hecho que Bella y yo nos hubiéramos enlazado de alguna manera gracias a él, pero, obviamente, lo opuesto sucedió. Él todavía se preocupaba que yo hubiera escogido a Bella como mi objeto de atención. Pero ahora que la ignoraba como a las demás chicas, él estaba complacido. ¿Qué pensaba ella ahora?, ¿acaso ella correspondía sus atenciones? Y finalmente, el último de mis tormentos, el más doloroso: la indiferencia de Bella. Como yo la ignoraba, ella me ignoraba. Nunca trató de hablarme de nuevo. Por lo que sabía, ella no pensaba en mí en absoluto. Eso me estaba volviendo loco –incluso, casi rompe con mi resolución de cambiar el futuro– excepto que a veces ella me miraba fijo, como antes lo hacía. Nunca lo vi por mí mismo, pero Alice siempre me avisaba cuando ella estaba a punto de mirarme; los demás solo estaban preocupados por que tanto sabía la chica. El dolor se hizo un poco más llevadero por el hecho de que ella me mirara a la distancia. Por supuesto que ella me miraba para adivinar qué clase de fenómeno era yo. “Bella empezará a mirar a Edward en un minuto. Luzcan normales” dijo Alice un martes, en marzo, y los otros fueron cautelosos para apegarse a su papel de humanos; absolutamente desinteresados. Puse máxima atención en cuan a menudo ella miraba en mi dirección. Me complació saber que la frecuencia de sus miradas no declinaba con el tiempo. No sabía que significaba, pero me hizo sentir mejor. Alice suspiró. Desearía… “Mantente apartada, Alice” dije apenas en un susurro “no va a pasar”. Arrugó la cara. Ella estaba ansiosa de empezar su amistad con Bella. En una manera extraña, ella extrañaba a una chica que no conocía. Tengo que admitir, eres mejor de lo que pensaba. Estás evadiendo el futuro de una manera insensible de nuevo. Espero que seas feliz. “Tiene todo el sentido para mí” Alice resopló delicadamente. Traté de callarla, estaba demasiado impaciente por seguir con nuestra conversación. Y yo no estaba de humor. Solo Jasper podía sentir mi estrés emanar, con su habilidad única de sentir e influenciar sobre los sentidos de los demás. El no entendía las razones tras mis sensaciones –desde que yo constantemente me había comportado como un tonto, estos últimos días– entonces, él simplemente se desentendía de mí. Hoy será difícil, más difícil que ayer. Para variar. Mike Newton, el odioso chiquillo que no me veía a mí como su rival, iba a invitar a Bella a una cita. El baile donde la chica elegía estaba más cerca que nunca, y él esperaba que Bella lo invitara. El hecho de que no lo hiciera, confundía su autoestima. Ahora él estaba enojado –disfruté su malestar más de lo que debía– porque Jessica Stanley acababa de invitarlo. No dijo “si”, esperanzado por que Bella lo invitara y así probar su superioridad ante sus rivales, pero él no quería decirle “no” y perderse de una oportunidad para ir al baile. Jessica, herida y adivinando por donde iban los planes de Mike, no dejaba de pensar en sufrimientos para Bella. Y de nuevo, mi instinto me empujaba a interponerme entre los terribles pensamientos de Jessica y Bella. Ahora entendía mejor el instinto, pero no lo hacía mejor el hecho de no poder actuar. ¡Pensar que llegué a algo así! Estaba involucrado en un melodrama estudiantil, en lugar de solo contemplarlo. Mike estaba nervioso mientras acompañó a Bella a Biología. Escuchaba su debate interno mientras los esperaba. El chico era débil. Había esperado por el baile a propósito, con miedo de fallar ante la posibilidad de que ella no lo escogiera. No quería sentirse vulnerable frente al rechazo, prefirió que ella fuera quien actuara primero. Cobarde. Se sentó al frente de nuestra mesa de nuevo. Y yo imaginaba el sonido que haría si su cuerpo fuera golpeado hasta el otro extremo del aula y se rompieran la mayoría de sus huesos. “Así que” le dijo a la chica, con su mirada en el suelo “Jessica me invitó al baile de primavera” “Eso es genial” le respondió Bella inmediatamente con entusiasmo. Fue casi imposible no reírme de la cara de Mike. Era la cara que precede a un desmayo “te divertirás mucho con Jessica”. El se retorció ante la primer respuesta “bueno…” lucía nervioso, su voz temblaba. Luego se compuso “le dije que tenía que pensarlo” “¿Porque harías algo así?” le demandó. Su tono de voz era de desaprobación y ahí, escondido, también había alivio. ¿Qué significaba eso? Una inesperada e intensa furia hizo que mis manos se cerraran en un puño. Mike no escuchó el alivio. Su cara estaba tan roja como la sangre –feroz, como repentinamente lo sentí, parecía una invitación– y el chico clavó nuevamente su mirada en el piso. “me preguntaba si… bueno, si me invitarías tu” Bella vaciló. Y en su momento de vacilación vi el futuro con más claridad de la que Alice jamás había visto. La chica talvez aceptaría la pregunta silente de Mike, o talvez no, pero de alguna manera, algún día, ella le diría si a alguien. Ella era adorable e intrigante, y los hombres humanos no reconocían estos hechos. Cualquiera que ella eligiera de esa muchedumbre de admiradores, o si ella esperaba hasta ser libre fuera de Forks, el día cuando ella diga si llegaría. Vi su vida a través de mis ojos –universidad, una carrera… amor, matrimonio. La vi junto a su padre, con un hermoso vestido blanco, su rostro sonrojado de alegría mientras caminaba hacia el altar al compás de la marcha de Mendelssohn. El dolor fue mayor que cualquier otra cosa que haya sentido antes. Un humano tendría que estar al borde de la muerte para sentir ese dolor, y no lo sobreviviría. Y no solo era dolor, sino una rabia absoluta. La furia se arqueó contra mi cuerpo. Aunque ese insignificante, estúpido chico no fuera el que Bella escogiera, anhelaba destruir su cráneo con una sola mano y dejarlo como recordatorio a quien se atreviera invitarla en el futuro. No entendía esta emoción –era una extraña mezcla de ira, rabia, deseo y desesperación. Nunca había sentido algo así, ni siquiera podía nombrarlo. “Mike, creo que deberías decirle que si” le dijo Bella con su dulce voz. Las esperanzas de Mike cayeron como el plomo. Lo hubiera disfrutado bajo otras circunstancias, pero estaba afectado por un shock traumático, y lo que la ira y el remordimiento había hecho conmigo. Alice tenía razón. Yo no era tan fuerte. En este momento, Alice estaría viendo la vuelta del destino, siendo destrozado nuevamente. ¿Acaso estaría contenta? “¿ya se lo pediste a alguien?” preguntó Mike de repente. Me echó un vistazo sospechoso, como no le había visto desde hace semanas. Me di cuenta que estaba traicionando mi “desinterés” porque mi cabeza estaba girada en dirección a Bella. La envidia salvaje en sus pensamientos –envidia contra cualquier chico que Bella prefiriera sobre él– fue la causante de ponerle nombre a mi emoción no clasificada. Yo estaba celoso. “No” le dijo la chica con un poco de humor en su voz “no voy a ir al baile en absoluto” A través del remordimiento y la ira, encontré alivio en sus palabras. Y de repente, era yo quien consideraba a mis rivales. “¿Por qué no?” su tono fue casi rudo. Me ofendió que usara ese tono con ella. Gruñí un poco. “Voy a Seattle ese sábado” contestó ella. Mi curiosidad no había sido tan intensa hasta ese momento –ahora yo estaba totalmente intrigado con cada asunto de ella. Necesitaba conocer cada “donde” y “porque” en esta nueva revelación, cuanto antes mejor. El tono de Mike cambió a ser casi un ruego “¿no puedes ir otro día?” “lo siento, pero no” ahora fue Bella un poco ruda “no deberías hacer esperar a Jessica, es descortés” La preocupación por los sentimientos de Jessica incrementaron las flamas de mis celos. El viaje a Seattle sonaba exactamente como una excusa para decir que no - –¿lo rechazaría ella por lealtad a su amiga?. Ella era lo suficientemente desinteresada para hacer algo así. ¿Realmente ella deseaba decirle que si a Mike?. O ambas conjeturas estaban equivocadas. ¿Estaba interesada ella en alguien más? “Si, tienes razón” murmuró Mike, tan desolado que casi siento pena por él. Casi. Él desvió la vista de la chica, cortando así mi visión de ella a través de sus pensamientos. No iba a tolerar algo así. Me volteé lo suficiente para yo mismo poder leer su rostro, por primera vez luego de más de un mes. Era un alivio permitirme hacer esto, era como volver a respirar luego de estar sumergido por mucho tiempo. Sus ojos estaban cerrados. Sus manos sostenían delicadamente su rostro. Sus hombros no estaban relajados. Apenas movió su cabeza, masajeando sus sienes, como queriendo borrar un recuerdo no grato de su mente. Frustrante. Fascinante. El señor Banner la sacó de sus cavilaciones, y sus ojos se abrieron lentamente, y me miró directamente, siguiendo mi mirada. Me miró directo a los ojos, con esa extraña mirada que me ha perseguido desde hace tiempo. No sentí remordimiento, o culpa o ira en ese segundo. Sabía que esas emociones regresarían, más fuertes que antes, pero en ese preciso momento, me sentía sumamente nervioso. Como si hubiera triunfado, en vez de perdido. Ella no apartó sus ojos de los míos, talvez por mi inapropiada intensidad que todavía trataba vagamente de leer sus pensamientos a través de sus ojos chocolate. Sus ojos estaban llenos de preguntas, en lugar de respuestas. Podía ver mi reflejo en sus ojos, y los vi negros de sed. Hacía poco más de dos semanas desde mi último viaje de cacería; este no era el día más seguro. Pero la oscuridad parecía no asustarla. Todavía ella me miraba, y un dulce, suave y devastador tono rosado era adquirido por su piel. ¿Qué estaba pensando ella ahora? Casi hago la pregunta en voz alta, pero en ese momento el señor Banner me llamó, busqué la respuesta en su mente, mientras le miraba brevemente. Le respondí “El ciclo de Krebs” La sed se intensificó en mi garganta –ensanchando mis músculos y llenando mi boca con veneno– y cerré mis ojos, tratando de concentrarme en algo más que el deseo por su sangre. El monstruo era más fuerte que antes. El monstruo se regocijaba y le apostaba al futuro que todavía le daba un 50% de probabilidades de ganar. La tercera opción de futuro que había tratado de construir, se había desmenuzado –destruido, mayoritariamente, por los celos– mientras la bestia en mí estaba más cerca de anotar una victoria. El remordimiento y la culpa, quemaban junto con mi sed, y aunque no tengo la habilidad de producir lágrimas, sé que en este momento lo haría. ¿Qué había hecho? Conociendo que la batalla ya estaba perdida, no existía una sola razón para resistir lo que realmente quería; volví a ver a la chica. Ella se había escondido en su cortina de cabello, pero pude entrever que sus mejillas ahora eran color carmesí. Al monstruo le gustó eso. Ella no vio mi mirada de nuevo, pero jugaba nerviosamente con un mechón de su cabello entre sus dedos. Sus delicados dedos, su cintura frágil –era tan frágil, que parecía que solo un suspiro mío podía romperla. No, no, no. Yo no podía hacer algo así. Ella era demasiado delicada, tan buena, tan preciosa, tan ajena a su destino. No podía permitir que mi vida colisionara contra su vida y la destruyera. Pero tampoco podía estar lejos de ella. Alice tenía razón. El monstruo silbó con frustración, mientras me inclinaba de un lado a otro, dudando. Mi breve hora con ella pasó tan rápidamente, mientras seguía vacilando entre mis posibilidades. La campana sonó y ella recogía sus cosas sin mirarme. Esto me decepcionó, pero no podía esperar otra cosa. La manera en como la traté luego del accidente, era inexcusable. “Bella” le dije incapaz de detenerme. Mi fuerza de voluntad, yacía hecha pedazos. Ella resopló antes de mirarme; cuando ella se volvió, su expresión era vigilante, desconfiada. Me recordé que ella tenía todo el derecho de no confiar en mí. Y ella debía. Esperó a que yo continuara, pero yo solo la veía, esperando leer su rostro. Expulsé pequeñas bocanadas de aire, combatiendo mi sed. “¿qué? ¿Me vuelves a dirigir la palabra?” su voz sonaba al borde del resentimiento y la rabia. Me hizo reír. No estaba seguro de cómo contestarle ¿le estaba hablando de nuevo en la manera que ella se refería? No. No si podía evitarlo. Y debería evitarlo. “No, no realmente” le respondí. Ella cerró sus ojos, lo cual me frustró. Eso cortaba con mi único acceso a sus sentimientos. Ella respiró larga y tendidamente sin abrir sus ojos. Su quijada estaba cerrada. Con los ojos aún cerrados, hablo. Estaba seguro que no era una manera normal de conversación. ¿Por qué lo haría? “¿Qué quieres, Edward?” El sonido de mi nombre en sus labios, hizo reaccionar extrañamente a mi cuerpo. Si tuviera latido, estaría acelerado. ¿Cómo responderle? Decidí que con la verdad. Sería lo más sincero que podía con ella. Sabía que no merecía su confianza. Pero haría lo posible por ganármela. “Lo siento”. Esto era más sincero de lo que ella podía imaginar. Desafortunadamente, solo podía ofrecerle una disculpa trivial. “he sido grosero, lo sé, pero es mejor de esta manera” Sería mejor para ella si continuara siendo rudo. Pero no se si podría. Sus ojos se abrieron con expresión cautelosa. “No sé a qué te refieres” Traté de esforzarme por ser cauteloso. “es mejor si no somos amigos”. Ella podría entenderme. Ella era brillante. “confía en mí”. Sus ojos se cerraron un poco, y recordé como había usado esas mismas palabras justo antes de romper con mi promesa de contarle la verdad –ella también lo recordó. “Es una lástima que no lo descubrieras antes” me dijo entre dientes “Te podías haber ahorrado todo ese pesar”. La miré en shock. ¿Qué sabía ella de mis pesares? “¿pesar?” demandé “¿Por qué pesar?” “Por no dejar que esa estúpida furgoneta me hiciera puré” casi me gritó. Me congelé. Estaba atónito. ¿Cómo podía ella pensar algo así? Salvarle la vida ha sido la única cosa aceptable que he hecho por ella desde que nos conocimos. La única cosa de la que no tenía vergüenza. La única cosa que había traído felicidad a mi existencia. He luchado por mantenerla viva desde el momento en que capturé su esencia. ¿Cómo podía pensar eso de mi?, ¿cómo se atreve a cuestionarme? “¿Crees que me arrepiento de haberte salvado la vida?”. “Sé que es así” replicó con brusquedad. Su estimación de mis intenciones me dejó anonadado “No sabes nada” ¡Cuan confuso e incomprensible era la manera en como su mente trabajaba! No debía pensar como todos los demás humanos lo hacían. Era la única explicación para su silencio mental. Era completamente diferente. Me volteó su rostro, rechinando sus dientes de nuevo. Sus mejillas estaban sonrojadas por la rabia. Recogió sus libros y los hizo una pila, acogiéndolos en sus brazos, y luego fue hacia la puerta sin siquiera mirarme. Incluso, tan irritado como estaba, no podía dejar de sentirme un poco divertido con su comportamiento. Ella estaba rígida, no miraba ni lo que ella hacía. Entonces su pie se enganchó con el puntal de la puerta, tropezó y todas sus cosas cayeron al suelo. En lugar de empezar a recogerlas, ella se quedó rígida, sin mirar abajo, insegura de recogerlas. Me las ingenié para no reír. Nadie me vería, así que revoloteé cerca suyo, y puse sus libro en orden antes que se diera cuenta. Me miró un instante y se congeló. Le devolví sus libros asegurándome de que mi congelada piel no la tocara. “Gracias” dijo severa. Su tono me trajo irritación. “No hay de qué” repliqué. Se fue directo a su siguiente clase. La observé hasta que no pude ver su figura enojada. La clase de español fue difusa. La señora Goff sabía que mi español era superior al de ella, y nunca le fue importante –eso me dejaba libre para pensar. Entonces, no podía ignorar a la chica. Era obvio. ¿Significaba que no tenía otra opción aparte de destruirla?. No podía ser el único futuro disponible. Tenía que existir otra opción, algún delicado balance. Seguí pensando… No le puse mucha atención a Emmett hasta que la clase casi terminaba. Él estaba curioso –Emmett no era particularmente intuitivo acerca de los humores de los demás, pero podía ver el obvio cambio en mí. Se preguntaba que había removido mi usual mirada implacable. Se preguntaba cual era mi nueva expresión y finalmente decidió que lucía esperanzado. ¿Esperanzado?, ¿Así lucía para los demás? Reflexioné acerca de la idea de la esperanza mientras caminábamos hacia el Volvo. Preguntándome porque debía sentirme esperanzado. Pero no tuve tiempo suficiente para reflexionar. Sensitivo, como siempre, hacia los pensamientos hacia la chica, el sonido del nombre de Bella en la cabeza de… de mis rivales. Tengo que admitir, llamaron mi atención. Eric y Tyler habían escuchado –con mucha satisfacción– acerca del rechazo de Mike y estaban preparando sus movimientos. Eric ya estaba listo, posicionado contra el camión de Bella, y así no podía evitarlo. La clase de Tyler se había retrazado al recibir un trabajo, y estaba desesperado por correr tras ella antes que se fuera. Eso tenía que verlo. “espera por los demás” le dije a Emmett. Me miró sospechoso, y finalmente asintió. El chico se volvió loco, pensó divertido por mi poco usual petición. Observé a Bella salir del gimnasio, esperé un momento para que no me viera pasar. Se acercó a la emboscada de Eric. Caminé un poco rápido, para poder pasar cerca a ellos en el momento justo. Ella se tensó cuando divisó al chico esperando por ella. Luego que lo reconoció, se relajó. “Hola Eric” escuché llamarlo en tono amigable. Estaba abrupta e inexplicablemente ansioso. ¿y si este desgarbado adolescente, con su sucia piel, le complacía a ella? Eric tragó saliva ruidosamente, su manzana de Adán subía y bajaba. “Hola, Bella”. Ella no se percataba de los terribles nervios de él. “¿Qué pasa?” Preguntó al tiempo que abría la puerta de su camión, sin mirar la expresión aterrorizada de él. “me preguntaba si… ¿vendrías al baile de primavera conmigo?” su voz se quebró. “Pensé que la chica elegía” le contestó sonando frustrada. “si, bueno” coincidió con ella, parecía desdichado. Este lastimoso chico no me molestaba tanto como Mike Newton, pero tampoco sentía simpatía por él, después de que Bella le contestara amistosamente. “Gracias por invitarme, pero estaré e Seattle ese sábado”. Aunque él ya había escuchado esa excusa, fue decepcionarte. “Oh” murmuró “talvez la próxima vez” “Claro” respondió. Luego se mordió el labio, como si no quisiera dejarle escapatoria. Eso me gustó. Eric caminó lejos, totalmente desdichado, directamente a su carro, su único escape. Caminé junto a ella en ese momento, escuché su suspiro de alivio. Me reí. Ella giró cuando me escuchó, pero yo seguí directo, apretando mis labios duramente. Tyler estaba detrás de mí, casi corría para alcanzarla antes de que se fuera. Él era más confidente que los otros dos; él solo quería aproximarse a Bella, porque respetaba a Mike y a Eric. Quería que él la alcanzara por dos razones. Si –como empezaba a sospechar– toda esta atención empezaba a molestar a Bella, quería disfrutar ver su reacción. Pero si no –y la invitación de Tyler era la que esperaba– también quería saberlo. Medí a Tyler Crowley como mi rival, aunque fuera incorrecto. Solo era un tedioso chico promedio sin importancia para mí, pero ¿Qué sabía yo de las preferencias de Bella? Talvez le gustaban los chicos promedio. Hice una mueca de dolor ante ese pensamiento. Yo nunca podría ser un chico promedio. Que estúpido era ponerme como rival de sus sentimientos. ¿Cómo ella podía importarle alguien que era, nada menos que, un monstruo? Ella era demasiado buena para un monstruo. Debería dejar que ella se fuera. Pero mi inexcusable curiosidad me retuvo de hacer lo correcto. De nuevo. ¿y si Tyler perdía su oportunidad, solo para llamarla luego cuando yo no tendría oportunidad de saber como terminaba el asunto? Empujé mi Volvo fuera del parqueo, bloqueándole la salida. Emmett y los otros venían de camino, él no les explicó mi extraño comportamiento, y ellos venían despacio, mirándome y tratando de percibir que era lo que estaba haciendo. Vi a la chica en el espejo retrovisor. Ella solo miró mi carro, como deseando conducir un tanque en vez de un viejo Chevy. Tyler corrió hacia su carro y esperó en línea detrás de ella, agradecido con mi inexplicable comportamiento. Él le saludó, pero ella pareció no notarlo. Esperó un momento, y luego dejó su carro para abordar la ventana del pasajero del Chevy. Tocó el vidrio. Ella se sobresaltó, y le miró con confusión. Luego de un segundo, bajó la ventanilla manualmente –y parecía que le costaba un poco–. “Lo siento Tyler” su voz parecía irritada. “el coche de los Cullen me tiene atrapada” dijo mi apellido con voz dura –todavía estada enfadada conmigo–. “lo sé” continuó sin inmutarse por su mal humor “solo quiero preguntarte algo ahora que estás atascada” tenía una mueca de engreído... Era gratificante saber que ella no lo miraba. “¿Me vas a pedir que te acompañe al baile de primavera?” preguntó sin titubear.“No voy a estar en el pueblo, Tyler” todavía con el tono de irritación. “Ya, eso me dijo Mike” “Entonces, ¿por qué...?” empezó a preguntar. Se encogió de hombros. “Tenía la esperanza de que fuera una forma de suavizarle las calabazas” los ojos de Bella se congelaron. “Lo siento, Tyler” aunque no lo parecía “pero en serio no voy a estar” Él aceptó su excusa, con su autoestima intacta “Está bien. Aún nos queda el baile de fin de curso.” Entonces se devolvió a su carro. Tuve razón en quedarme. La terrible expresión del rostro de Bella no tenía precio. Me dijo lo que yo tan desesperadamente necesitaba saber –que ella no tenía sentimientos por ninguno de esos humanos que deseaban cortejarla. Además, su expresión era una de las cosas más graciosas que he visto. Cuando mi familia llegó, estaban confusos por el hecho que yo estaba, riendo sinceramente en lugar de mirar con cara de acecino a cualquiera que se me acercara. ¿Qué es tan divertido? Quería saber Emmett. Ladeé mi cabeza al tiempo que reía de nuevo y observaba que el mal genio había regresado al rostro de Bella. Se veía como si quisiera ese tanque de nuevo. “Vámonos” siseó Rosalie impaciente “y deja de comportarte como un idiota. Si es que puedes” Sus palabras no me molestaron –estaba demasiado entretenido– pero igual nos fuimos. Ninguno me habló camino a casa. Yo seguía reviviendo en cada segundo, cada expresión en el rostro de Bella. Mientras salía de la carretera –aún más veloz gracias a la ausencia de testigos– Alice arruinó mi humor. “¿ya puedo hablar con Bella?” preguntó de repente, sin analizar las palabras, lo cual no me dio tiempo de nada. “No” “No es justo. ¿Qué estoy esperando? ” “No he decidido nada, Alice.” “¡Lo que sea!” En su cabeza los dos futuros de Bella estaban claros de nuevo. “¿Cuál es el punto de conocerla?” murmuré de repente “si voy a matarla” Alice vaciló un segundo. “tienes razón” admitió. Tomé el último sendero a 160km/h y luego me detuve a un centímetro de la puerta del garaje. “disfruta tu carrera a Seattle” me dijo Rosalie con aire satisfecho, al momento de salir del carro. Pero no iría a correr. En vez de eso iría a cazar. Los otros lo tenían planeado para mañana, pero no podía dejar crecer a mi sed. Me sobrepasé, bebiendo, hastiándome –un pequeño grupo de alces y un oso negro, fui afortunado en tropezarme con él a pesar de la época del año–. Estaba tan lleno que era incómodo. ¿Pero porque no era suficiente? ¿Por qué su esencia era más fuerte que cualquier otra cosa? Había cazado para prepararme a mañana, pero, cuando ya no podía cazar más, y el sol no saldría dentro de muchas, muchas horas, sabía que el mañana no sería lo suficientemente cercano. El nerviosismo se apoderó de mí nuevamente cuando me di cuenta que iba a encontrar a la chica. Discutí conmigo mismo todo el trayecto hasta Forks, pero mi lado menos noble ganó la disputa y fui directo a ella con un plan no muy definido. El monstruo no estaba cansado, pero al menos estaba alimentado. Sabía que mantendría una distancia prudente con ella. Solo quería saber dónde estaba. Solo quería ver su rostro. Era más de medianoche, y la casa de Bella estaba en silencio y a oscuras. Su camión estaba parqueado cerca de la curva, la patrulla de policía de su padre en la calle. No existían pensamientos concientes en los alrededores. Observé la casa resguardado en la oscuridad del bosque que rodeaba el este de la casa. La puerta del frente estaba cerrada –no era un problema, excepto que no quería dejar una puerta rota como evidencia de mi visita–. Decidí probar con la ventana del segundo piso. Nadie se preocupaba por poner cerradura ahí. Corrí hacia la casa y escalé su fachada en medio segundo. Me colgué del alero de la ventana con una mano, miré a través de la ventana y mi respiración se detuvo. Era su habitación. Podía verla en una pequeña cama, sus cobijas en el suelo y las sábanas enredadas en sus piernas. Mientras miraba, ella se volvió y colocó un brazo sobre su cabeza. No hacía ruido al soñar, al menos no esta noche. ¿Acaso sentía el peligro cerca de ella? Me sentí asqueado conmigo mismo mientras la miraba moverse nuevamente. ¿Acaso era mejor que algún enfermo acosador? No era mejor que esos. Era mucho, mucho peor. Relajé las yemas de mis dedos, listo para irme. Pero primero me permití mirarla por un largo rato. No era pacífica. Tenía un pequeño surco entre las cejas, y una mueca curiosa en sus labios, los cuales temblaron y se apartaron. “está bien mamá” murmuró. Bella hablaba en sueños. Mi curiosidad chispeó. Mi autocontrol se destruyó. Su señuelo contra mí, eran pensamientos inconscientes hablados, imposibles de ignorar. Abrí la ventana, no estaba con seguro, pero se trabó un poco, la deslicé suavemente de lado, evitando que sonara el metal. Tendría que traer aceite la próxima vez… ¿La próxima vez? Me golpeé mentalmente, disgustado conmigo. Me pedí silencio antes de entrar. Su cuarto era pequeño –desorganizado, pero no sucio–. Tenía libros apilados a un lado de su cama, no podía ver sus títulos, sus discos dispersos, lejos del equipo de sonido –arriba de este había una caja vacía–. Papeles apilados cerca de la computadora, la cual luciría mejor en un museo a las tecnologías obsoletas. Sus zapatos estaban sobre el piso de madera. ¿En serio pensé que tenía una belleza promedio? Pensé eso el primer día, y mi disgusto con los chicos que inmediatamente estaban intrigados con ella. Pero cuando recordaba su rostro a través de sus memorias, no podía entender como yo no había encontrado esa belleza inmediatamente. Era algo obvio. Ahora mismo –con su cabello negro cayéndole por su pálido rostro, usaba una blusa llena de agujeros y pantalones, nuevamente estaba relajada y sus hermosos labios cerrados– me robó el aliento, o lo hubiera hecho, pensé, si estuviera respirando. Ella no habló. Quizás su sueño había terminado. Le miré fijamente, y traté de pensar en alguna manera de hacer el futuro soportable. Herirla no era una opción. ¿Acaso solamente podía intentar dejarla otra vez? Los demás no podrían discutir conmigo. Mi ausencia no pondría a nadie en peligro. No habría sospechas, nada que vinculara al accidente de nuevo. Lo dudé tal como lo hice esta tarde, y nada parecía mejor. No podía esperar rivalizar con los chicos humanos, si es que ellos le llamaban la atención o no. Yo era un monstruo. ¿Cómo me podría ver ella de una manera diferente? Si supiera quien soy, le daría miedo y me repudiaría. Como la víctima en una película de terror, ella correría lejos gritando de terror. La recordé el primer día en Biología… y supe cual sería su reacción. Irse. Era estúpido imaginar que si la hubiera invitado al estúpido baile, ella cambiaría sus precipitados planes y me acompañaría felizmente. No era el escogido para ser a quien ella dijera si. Sería alguien más, alguien humano y caliente. No podía permitirme –algún día cuando ella otorgara ese si– cazarlo y matarlo, porque ella lo merecía, quienquiera que fuese. Ella merecía felicidad y amor con quien escogiera. Debía hacer lo correcto por el bien de ella; no podía seguir pretendiendo que podía estar en peligro de enamorarme de esta chica. Después de todo, realmente no importaba si yo me iba, ella jamás me vería de la manera en que yo deseaba. Nunca me vería como alguien digno de su amor. Nunca. ¿Podía acaso un corazón congelado y muerto estar roto? Sentía como si el mío lo estuviera. “Edward” dijo Bella. Me congelé, mirando fijamente sus ojos cerrados. ¿Se habría despertado?, ¿me miraba?. Ella parecía dormida, pero su voz había sido tan clara… Ella suspiró suavemente, y luego se movió suavemente hacia un lado –estaba dormida y soñando– “Edward” murmuró suavemente. Ella soñaba conmigo. ¿Podía acaso un corazón congelado y muerto volver a latir? Sentía como si el mío lo estuviera. “Quédate” dijo “Por favor… no te vayas” Soñaba conmigo, y no era una pesadilla. Quería que me quedara con ella en su sueño. Me devané los sesos en busca del nombre correcto al torrente de emociones que me embargaba, pero no conocía palabras tan fuertes que pudieran sostener las emociones. Por un largo momento, me ahogué en ellas. Cuando llegue a la superficie, no era el mismo hombre que siempre había sido. Mi vida había sido una interminable y tenebrosa medianoche. Había sido, por necesidad para mí, siempre media noche. ¿Así que como era posible que el sol saliera justo en mi medianoche? Me convertí en vampiro, cambiando mi alma y mi mortalidad, a través de una transformación dolorosa, para finalmente congelarme. Mi cuerpo había cambiado en roca con piel, endurecida y sin encanto. Yo mismo, me había congelado –mi personalidad, lo que me agradaba, lo que no, mis modos y mis deseos– todos se habían congelado. Fue lo mismo para los demás. Todos estábamos congelados. Piedras vivientes. Cuando el cambio nos llegaba, nos era permanente. Lo vi pasar con Carlisle, y una década después con Rosalie. El amor los había cambiado de manera eterna. Una manera que nunca se desvanecía. Más de ocho décadas habían pasado desde que Carlisle encontró a Esme, y todavía se miraban con la incrédula mirada del primer amor. Siempre había sido así para ellos. Siempre sería así para mí ahora. Siempre amaré a esta frágil chica humana, por el resto de mi ilimitada existencia. Miré fijamente la cara inconciente de la chica, sintiendo este amor por ella en cada parte de mi cuerpo de piedra. Ella dormía un poco más tranquila que antes, con una pequeña sonrisa en sus labios. Siempre mirándola, empecé a diagramar mentalmente. La amaba, y podía tratar de ser lo suficientemente fuerte para dejarla. Pero sabía que no era tan fuerte. Podía trabajar en ello. Pero talvez si era lo suficientemente fuerte para encaminar el futuro hacia otra dirección. Alice había divisado dos futuros para Bella, ahora entendía ambos. Amarla no me impediría matarla, si me permitía cometer errores. Ahora mismo no podía encontrar ni sentir al monstruo en mí. Quizás el amor lo había silenciado para siempre. Si la mataba ahora, no sería intencional, solo un terrible accidente. Ahora tenía que ser extraordinariamente cauteloso. No podía nunca bajar la guardia. Tendría que mantener siempre una distancia considerable. No podía cometer errores. Y finalmente entendí ese segundo futuro. Estaba desconcertado con esa visión – ¿Qué había pasado que había convertido a Bella en una prisionera de esta media vida inmortal?– Ahora –que la había encontrado– podía entender como tal vez, con un imperdonable egoísmo, le pediría a mi padre ese favor. Pedirle que le quite la vida y su alma, solo para tenerla conmigo para siempre. Ella merecía algo mejor. Pero vi otro futuro, una pequeña línea la cual podía caminar sin perder el equilibrio. ¿Podría? ¿Estar con ella y dejarla como humana? Deliberadamente tomé aire, y entonces, dejé que su esencia me rasgara como un fuego salvaje. El cuarto estaba lleno con su perfume; su fragancia estaba impresa en cada superficie. Mi mente nadó en ella, pero luché. Tenía que acostumbrarme a esto, si pretendía intentar cualquier clase de relación con ella. Tomé otra respiración de ese fuego salvaje. La observé dormir hasta que el sol se asomó por las nubes del este. Llegue a casa justo después que los otros se fueran a clases. Me cambié rápidamente, evadiendo las preguntas que tenía Esme en la mirada. Ella vio la febril luz en mi rostro y se sintió preocupada y aliviada al mismo tiempo. Mi larga melancolía siempre la había atormentado, y ahora estaba feliz al ver que la había superado. Corrí hacia el colegio, y llegué solo segundo antes que mis hermanos lo hicieran, ninguno me volvió a ver, al menos Alice les explicó que estaría ahí, escondido entre el bosque que rodeaba el estacionamiento. Esperé a que nadie me viera, y caminé casualmente entre los árboles y los carros parqueados. Escuché el camión de Bella a una cuadra de distancia y me detuve tras una camioneta desde donde podía ver, pero no ser visto. Al entrar al parqueo ella vio mi Volvo, por un momento más del necesario y luego parqueó lejos, todavía con el seño fruncido. Era extraño recordar que ella probablemente estaría enojada conmigo, con toda razón. Quería reírme –y patearme–. ¿Todos mis planes serían un desastre si ella no se interesaba en absoluto por mí?. Su sueño podía ser algo totalmente al azar. Había sido un arrogante estúpido. Aunque era mejor para ella si no se interesaba por mí. Eso no me evitaría persuadirla, pero le daría una advertencia de mis persuasiones. Se lo debía. Caminé silenciosamente, preguntándome como sería la mejor manera de acercarme. Ella me ayudó sin saberlo. Las llaves de su camión resbalaron de sus dedos, y cayeron en un charco. Se agachó a recogerlas, pero yo lo hice primero, no quería que ella pusiera sus manos en agua congelada. Me incliné contra su camión, mientras ella se enderezaba. “¿Cómo lo haces?” demandó. Si, estaba enfadada aún. Le alcancé las llaves. “¿Hacer qué?”. Ella acercó su mano y yo dejé caer las llaves en la palma de su mano. Inspiré el delicioso aire cargado con su esencia. “Aparecer del aire” “Bella, no es culpa mía que seas excepcionalmente despistada.” Mis palabras sonaron casi como una broma. ¿Qué había visto ella? ¿Escucharía ella como mi voz envolvía su nombre en una caricia? Me miró sin apreciar mi humor. Luego respiró rápido –de enojo?, de miedo?– después de un instante, ella bajó la mirada. “¿porqué el atasco al salir del colegio ayer?” preguntó sin mirarme “Se suponía que fingías que yo no existía, no que me irritaras hasta la muerte” seguía enojada. Tenía que esforzarme por arreglar las cosas con ella esta vez. Recordé mi política de ser sincero con ella… “eso era por el bien de Tyler, tenía que darle su oportunidad” luego me reí. No podía evitarlo, solo podía recordar su expresión ayer. “Tu…” dijo, y luego se calló, aparentemente demasiado furiosa para continuar. Y ahí estaba –esa misma expresión–. Me tragué una risa. Ella estaba lo suficientemente enojada. “No pretendo que no existas” terminé. Era agradable mantener esa conversación casual. Ella no entendería si le dejaba ver lo que sentía por ella. La asustaría. Tenía que mantener mis sentimientos al margen, mantener una esperanza… “¿Quieres matarme a rabietas dado que la furgoneta de Tyler no lo consiguió?” Un pensamiento de enojo me embargó. ¿Cómo podía creer ella algo así? Era algo irracional para mí. Además, ella no sabía de mi transformación en la noche pasada. “Bella, eres totalmente absurda” Se sonrojó, y se dio la vuelta. Caminando hacia el colegio No quería que ella siguiera enojada. “Espera” grité. Siguió andando, entonces la seguí y la alcancé con facilidad. “Lo siento. He sido descortés. No estoy diciendo que no sea cierto” era absurdo imaginar que yo quería verla herida en alguna manera “pero, de todos modos, no ha sido de buena educación” “¿Por qué no me dejas sola?” Créeme –quise decirle– lo he intentado. Oh, por cierto, estoy desgraciadamente enamorado de ti. Mantén la esperanza. “Quería pedirte algo, pero me desviaste del tema” una grandiosa idea se me acababa de ocurrir, me reí. “¿Tienes un trastorno de personalidad múltiple?” me preguntó. Tal vez si, mis sentimientos estaban erróneos, tenía tantos sentimientos nuevos… “Y lo vuelves a hacer.” Ella suspiró “Vale, entonces, ¿qué me querías pedir?” “Me preguntaba si el sábado de la próxima semana” vi su cara en shock, ahogué una risa. “ya sabes, el día del baile de primavera...” ella me calló. Finalmente sus ojos se toparon con los míos “¿Intentas ser gracioso?”. Si. “Por favor, ¿vas a dejarme terminar?” esperó en silencio mientras se mordía su suave labio inferior. Ese pequeño gesto me distrajo un segundo. Extrañas, sensaciones ajenas, se apoderaron de lo más profundo de mi olvidada humanidad. “Te he escuchado decir que vas a ir a Seattle ese día y me preguntaba si querrías dar un paseo” me ofrecí. Me di cuenta que, en vez de cuestionarla con sus planes, los compartiría. Me miró en blanco “¿Qué?” “¿Quieres dar un paseo hasta Seattle?” solo en un carro con ella –mi garganta se quemaba ante el pensamiento– respiré fuerte. Acostúmbrate. “¿Con quién?” preguntó desconcertada. “Conmigo, obviamente” dije lentamente. “¿Por qué?” tan increíble era que yo quisiera su compañía. Ella realmente había visto lo peor de mí en mi comportamiento anterior. “bueno” dije lo más casualmente que pude.“Planeaba ir a Seattle en las próximas semanas y, para ser honesto, no estoy seguro de que tu monovolumen lo pueda conseguir.” Era más fácil sonar chistoso, que tratar de ser serio junto a ella. “Mi coche va perfectamente, muchísimas gracias por tu preocupación.” Dijo con el mismo tono sorprendido. Empezó a caminar de nuevo. Mantuve su paso. Ella no había dicho no, aproveché esa oportunidad. ¿y si decía que no? ¿Qué haría si ella me rechazaba? “¿Puede llegar gastando un solo depósito de gasolina?” “No veo que sea de tu incumbencia.” Murmuró. Seguía no siendo un no. Y su corazón bombeaba más fuerte. Su respiración se hacía más rápida. “El despilfarro de recursos limitados es asunto de todos” “De verdad, Edward, no te sigo, creía que no querías ser amigo mío.” Una emoción me estremeció cuando ella dijo mi nombre. ¿Cómo mantenía la esperanza y era honesto al mismo tiempo? Bueno, era más importante ser honesto, especialmente en este momento. “Dije que sería mejor que no lo fuéramos, no que no lo deseara” “Vaya, gracias, eso lo aclara todo” dijo sarcásticamente. Ella se detuvo, cerca del tejado de la cafetería. Me miró de nuevo. Su corazón casi explotaba. ¿Tenía miedo?. Escogí mis palabras cuidadosamente. No, no podía dejarla, pero tal vez ella sería lo suficientemente inteligente para dejarme, antes de que fuera tarde. “Sería más... prudente para ti que no fueras mi amiga” me perdí en sus ojos chocolates. Perdí mi esperanza.“pero me he cansado de alejarme de ti, Bella.” Las palabras sonaron con fervor abrazante. Sus respiración se detuvo un instante, y en el segundo que tardó en restaurarla, pensé en cuanto la asustaba. Bueno… lo averiguaría. “¿Me acompañarás a Seattle?” demandé. Ella asintió. Y su corazón palpitaba ruidosamente. Si. Ella me dijo si. Mi conciencia me golpeó violentamente. ¿Cuánto le costaría a ella? “Deberías alejarte de mí, de veras” le previne. ¿Me abría escuchado? ¿Escaparía del futuro que estaba empezando con ella? ¿Podría hacer algo para salvarla de mi?. Mantén la esperanza, me grité. “Te veré en clase” Me concentré en llevar un paso normal, en vez de salir huyendo.
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stepheni Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 13 El despertar Decidí que debía hablar con mi padre, a solas donde nadie pudiera escucharnos. Me avergonzaba la forma en que me sentía al lado de Bella. Debía hablar con el. Al llegar al Hospital me informaron que se encontraba haciendo las rondas. Lo esperé en su oficina ya que no tenía intención de ir a casa pronto. Me sentía intranquilo, demasiado nervioso. Al cabo de 30 largos minutos Carlisle volvió a la oficina. Tenía la mente de lleno en le trabajo y se sorprendió al verme parado ahí… Pensó lo peor, pero al ver mis ojos dorados se tranquilizó. Mi padre me amaba, en muchas oportunidades descubrí que en su mente me consideraba el mejor de sus hijos, ciertamente el me perdonaría todo. —Carlisle, necesito hablar contigo — Le dije. En silencio movió la cabeza y me invitó a sentarme mientras el ocupaba su lugar frente al escritorio. —Adelante hijo, puedes preguntarme todo lo que quieras— —Padre, no puedo estar lejos de Bella— —Lo se hijo—. Y las palabras salieron disparadas de mi boca, hablaba rápido, siguiendo el ritmo de todas mis preguntas contenidas. —Pero cuando estoy con ella, mi cuerpo se siente… vivo. Es como si hubiera despertado de un largo sueño de más de 80 años. No se si es posible, me siento atraído como un hombre hacia una mujer y no se si ella siente lo mismo. Yo preferiría pensar que ella no siente lo mismo que yo, pero cuando estamos juntos su ritmo se acelera como lo he notado en otras humanas. Sé que con solo aplicar un poco de fuerza puedo romper sus huesos, pero quiero tenerla junto a mí, apretar su cuerpo contra el mío, sentir su cálido aliento en mi rostro—. Avergonzado me detuve y no pude levantar la mirada. Mi padre no dijo nada, se levanto de su silla y camino hacia donde yo me encontraba. Su mente viajaba hacia recuerdos antiguos, tratando de recordar algo que me diera esperanzas. Cuando el habló yo ya sabía lo que me diría, pero debía escucharlo de sus labios y así opacar el sonido de mi propio corazón destrozado. —Hijo, en todos mi años que tengo de “vida”,- y torció la boca al decir estas palabras-, nunca he sabido de una pareja tan inusual como la tuya y Bella. Si hemos sabido de vampiros y humanos antes, pero el olor de ella es tu problema. Seguramente Emmett ya te contó lo que sucedió cuando se tomo con aquella desafortunada mujer. — Asentí con la cabeza, y mi padre se detuvo. Pero cuando dijo esto, no sentía pena ni pesar, en su corazón solo había esperanza. Tanto amor puede albergar al corazón de un padre. —Solo tú puedes llevar a cabo esta tarea tan ardua que te has impuesto. Se que tu amor por ella es mas grande del que hoy crees y en cuanto a tus limites, deberás ver hasta donde pueden llegar juntos. >Cuando te transforme a esta vida eras demasiado joven, no habías vivido la vida de un hombre de tu edad ya que entregaste por completó a la guerra. De cierto modo fue como dejar en espera tu existencia hasta el momento en que te cruzaste con esta chica. Es como si hubieras despertado de un largo sueño. Quizás en estos momentos estés continuando la vida que dejaste atrás hace tantas décadas— Ahora su mente se llenaba de preguntas, pasaba de una teoría a otra. Esto lo distrajo un largo rato. Yo no pude asistir a todas sus ensoñaciones, era demasiado para mi cabeza. La idea de empezar a “vivir” después de todos años me llenó por completo. Mi padre tenía razón, todos estos años había existido sumido en la tristeza y soledad, ahora me sentía completo. Junto a Bella me sentía completo. Esa noche, al entrar en su cuarto pude sentir la corriente por mi cuerpo, y su olor contenido en esa pequeña habitación. Bella dormía intranquila, al parecer tenía pesadillas. Quería acercarme, retirar los pequeños mechones de su cabello que caían en su frente. Me sentía tan intranquilo como ella. Temía que se despertara en cualquier momento. Quería arrancar todos sus miedos, acunarla en mis brazos. Prometerle que siempre estaría a salvo, que yo me encargaría de eso. Como pude dudar de Alice, si, yo la amaba. Que ciego había estado. Observé su habitación, aquella pequeña habitación. En el centro de la mesa había un reproductor de CD. Sigilozamente lo abrí y extraje el disco de su interior. Quería saber que música le gustaba. Contemplé la carátula y no podía creer que a Bella le gustará ese tipo de música. Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Creí reconocer el nombre, era el tipo de banda que le gusta a Emmett, debería preguntarle si tenía el disco. Bella estuvo a punto de despertar y fui a parar a su closet. Verdaderamente me había convertido en un enfermo acosador, pero se sumió nuevamente en el sueño y yo decidí que era demasiado arriesgado quedarme hoy a su lado. Aun faltaban horas para que amaneciera y quería escuchar aquel grupo, a si es que me dirijí a casa. Como el día anterior aparque frente a la casa de Bella y esperé por ella, el Jefe Swan ya se había marchado. La vi aparecer tras de la puerta y cerrar sin poner el seguro. La miré de reojo para que no se sintiera incomoda por mi mirada, pero que hermosa estaba el día de hoy. Me preparé mentalmente para tenerla a solo unos centímetros de mí. Se paró frente a la puerta del copiloto. Que bueno fue no mirarla directamente ya que se podía ver que estaba nerviosa, quizas tanto como yo. —Buenos días— la saludé — ¿Cómo está hoy? — Y espere ver en sus grandes ojos las respuestas a todas mis preguntas. —Bien, gracias— Solo contesto. Bueno tendría que esperar para obtener mis respuestas. Tenía la piel más blanca que de costumbre y en sus rostros se veían los signos de una noche llena de pesadillas. —Pareces cansada— Le dije. —No pude dormir — Me contestó mientras se acomodaba el cabello. —Yo tampoco — Dije en tono de burla mientras encendía el motor. —Eso es cierto. Supongo que he dormido un poquito más que tú, — me dijo al tiempo en que se reía. Su risa me hizo estremecer. —Apostaría a que si— Le dije, contento con el tono de la plática. — ¿Que hiciste la noche pasada? — Me preguntó. Mmmm a ver, primero entre en tu casa mientras dormías y te observe dar vueltas sobre la almohada. Ya podía ver la cara de Bella si le confesaba eso. —No te escapes — Me limité a decir. — Hoy me toca hacer las preguntas a mí. —Ha, es cierto. ¿Qué quieres saber? — — ¿Cuál es tu color favorito? —Le pregunté recuperando la compostura. —Depende del día- — ¿Cual es tu color favorito hoy? — —El marrón, probablemente—. — ¿El marrón? — ¡¿Cómo podría gustarle el marrón?! Pense… —Seguro. El marrón significa calor. Echo de menos el marrón. Aquí una sustancia verde, blanda y mullida cubre todo lo que se suponía que debía ser marrón. Los troncos de los árboles, las rocas, la tierra. Con esas pocas palabras me volvía a confirmar que ella no pensaba como el resto de los humanos. Hasta yo había pasado eso por alto. Bella era especial y de pronto me perdí en sus ojos. Luche con una nueva oleada de sensaciones… — El marrón significa calor- Fue lo único que conseguí decir. Quería tocar su cara, recorrer sus labios con la yema de mis dedos y besarla. Pero el roce de mis helados dedos le repugnaría. Me conformé con apartar su cabello del hombro. Al llegar al instituto recordé el CD que me había prestado Emmet. — ¿Qué CD has puesto en tu equipo de música? —Le pregunté y no pude evitar reírme. Cuando me confesó el nombre del grupo, saqué el CD que estaba junto a los otros que suelo escuchar y se lo entregué — ¿De Debussy a esto? — Enarcé una ceja. Y ella examino el CD. Lo había reconocido y lo examinaba con la mirada gacha. Ese día estaba decidido a satisfacer cada una de mis dudas. Cada momento que pasamos juntos le formulaba todo tipo de preguntas, quise a saber todos los detalles de su vida. No quería pasar nada por alto. Todo de ella era importante para mí. Debía saber absolutamente todo. Entre clases y la hora de almuerzo le pregunté que tipo se cine disfrutaba. Que lugares había visitado. Para mi sorpresa fueron pocos pero tenía muchos lugares a los que le gustaría viajar y me gustaría encargarme de que conociera el mundo entero si era posible. Le pregunté qué clases de libros leía. Bueno yo ya sabía que le gustaban los clásicos, pero quería conocer todos los títulos que la habían hecho soñar, con los cuales había reido y los que hicieron llorar. Quería saber sus miedos y sus sueños. Que era lo que la hacía feliz. Quería saber todo, pero todo de ella. En algunas oportunidades mis preguntas hacían que un flujo se sangre se disparará sobre sus mejillas, rápidamente cambiaba de tema. No podía soportar lo hermosamente apetecible que me resultaba en esos momentos. —Cual es tu gema predilecta— Le pregunté para cambiar de tema. —El topacio— Me contesto casi al instante. Me sorprendió su determinación ya que por lo general se tardaba un poco en contestar mis preguntas, mientras se volvia a sonrojar. No entendía el por que de su reacción, solo era un simple pregunta. — ¿Por qué? — quise saber. Pero ella no dijo nada y le sostuve la mirada, esto no lo dejaría pasar, debía saber que era lo que la turbava de tal manera. —Dímelo — casi le ordené —Es el color de tus ojos hoy — me contestó rindiéndose y mirando sus manos mientras jugueteaba con un mechón de su cabello—. Supongo que te diría el ónice si me lo preguntaras dentro de dos semanas. Era tan observadora, parece que nada se le escapaba, supongo que ella estaba tan pendiente de mí como yo de ella para captar todos mis pequeños detalles. Rápidamente le lancé otra serie de preguntas. — ¿Cuáles son tus flores favoritas?. Dio un suspiro y continúo respondiendo a todas mis preguntas. Pronto llegó la hora de Biología y yo continue hasta que vi al señor Banner arrastrar otra ves el equipo audiovisual y recordé que debía prepararme para lo que venía. Cuando el profesor se aproximó al interruptor, me alejé levemente, pero no sirvió de nada ya que al momento de quedar a oscuras sentí la misma chispa eléctrica que había sentido el día anterior y por la noche en su dormitorio. Me zumbaban un poco los oidos y por un momento me entregue al sueño de mis dedos recorriendo su espalda. Con mi mano libre alzaba su rostro para comtemplar sus profundos ojos. Entonces me inclinaba sobre ella y la besaba lentamente al principio y luego arrastrado por el fuego de mis labios… En ese momento aprete mis dedos en mis costillas y contuve el aliento. No podía entregarme a esas divagaciones, no ahí con ella tan cerca mio es esta oscuridad que no era oscuridad para mi, ya que la veía perfectamente sólo a menos de medio metro de mi cuerpo. Ella se inclinaba sobre la mesa y tenía el mentón sobre los brazos doblados. Aunque su postura parecía relajada pude notar por su respiración que se sentía casi tan incomoda como yo. Pero yo no me sentía incomodo, no esa no era la palabra, yo me sentía anelante, deseoso de ella, no incomodo. ¿Sentiría ella alguna vez lo mismo por mi? Entre todas estas ensoñaciones terminó la hora y Bella suspiró cuando el señor Banner encendió las luces. Solo en ese momento me miró. Me sentía demasiado turbado para hacer algún tipo de comentario referente a la hora que acababa de pasar y en silencio me detuve por ella. Bella tampoco dijo nada camino al gimnasio. Cuando llegamos a la puerta de los vestidores le acaricié el rostro con la palma de la mano, olvidando que mi cuerpo era demasiado helado, desde la sien a la mandíbula. Desee que fuera mis labios los que recorrieran ese camino, sin poder decir nada me di media vuelta y me alejé. Camine los más rápido que pude, pareciendo normal claro esta. Me escondí en mi auto controlando el temblor que recorría mi cuerpo. La palma de mi mano me quemaba. No quería poner a Bella en peligo, pero eso era en estos momentos un peligro para ella. No podía permitirme tener esas emociones, no la pondría en peligro nunca más. Me debane los sesos buscando alguna salida, debía existir alguna forma de estar junto a ella sin ponerla en peligro, pero no podía pensar en nada, la única salida era alejarme de ella pero no tenía las ganas y la fuerza para ello. Amarla, eso era lo único que podía hacer. Si, mi amor la salvaría. Ya que en estos momentos la amaba mas que a mi propia vida. En esos pensamientos terminó otra hora y me apresuré para encontrarla fuera de la clase se Educación física. Al verme me entregó una enorme sonrisa, automáticamente se la devolví y empecé a interrogarla nuevamente. Ya satisfechas algunas de mis preguntas me dediqué a ondar más profundamente en sus sentimientos. Quería saber sobre su vida en Phoenix y queria descripciones, queria poder ver todo lo que ella había visto, las texturas, los colores y si podías los olores. Para eso entonces ya estábamos frente a su casa y lentamente comense a sentir como cambiaba el clima, seguramente comenzaría a llover en cualquier momento. Y me concentré nuevamente en sus respuestas, se dedicó a describir el olor a la creosota —amargo, ligeramente resinoso, pero aun así agradable—, el canto fuerte y lastimero de las cigarras en julio, la liviana desnudez de los árboles, las propias dimensiones del cielo, cuyo azul se extendía de uno a otro confín en el horizonte sin otras interrupciones que las montañas bajas cubiertas de purpúreas rocas volcánicas. Por mi parte no entendia como le podía resultar hermoso aquel lugar ya que para mi solo era un un lugar seco, yo prefería la vegetación, los altos arboles, los bosques sin fin donde puedo correr sin ser molestado por las miradas humanas. — ¿Has terminado? —preguntó después de detallarme su habitación en Phoenix, la que al parecer era tan pequeña como la que tenía aquí. —Ni por asomo, pero tu padre estará pronto en casa. — Le contesté. — ¡Charlie! — Exclamó como si de pronto hubiera recordado que existía, al mismo tiempo que examinaba el cielo. —¿Es muy tarde? — Me preguntó al tiempo que miraba su reloj. —Es la hora del crepúsculo — Cuantas veces lo había contemplado. En todos estos largos años yo era el bicho más raro de mi familia. Aunque yo los tenía a ellos en el fondo no tenía a nadie. Mis noches eran solitarias y monótonas. Todos lo libros que había leido, todos lo diplomas, las melodías que había compuesto, solo eran una salida para terminar con mi eterna soledad. En cuantas oportunidades había tenido de huir de Jasper y Alice cuando daban rienda suelta a sus emociones, y ni hablar de Emmett y Rosalie. Si, en esos momentos deseaba con todas mis fuerzas no poder leer los pensamientos de los demás. Pero todo eso quedaba atras, ya podía contemplar mi futuro. Una gran parte de mi quería que las visiones de Alice fueran ciertas. Bella junto a mí por toda la eternidad siendo mi compañera, mi amiga, mi igual, mi amante. Toda la eternidad para nosotros y yo no me cansaría nunca de ella, de su piel de sus ojos, de su boca y al mismo tiempo no quería ser el causante de la perdición de Isabella Swan, no la condenaría a una eternidad de tormentos. —Es la hora más segura para nosotros. Es el momento más fácil, pero también el más triste, en cierto modo... el fin de otro día, el regreso de la noche, La oscuridad es demasiado predecible, ¿no crees? —Me gusta la noche. Jamás veríamos las estrellas sin la oscuridad. No es que aquí se vean mucho. Solo pude reírme. Tanta razón tenía mi Bella. Quería decirle tantas cosas, decirle que la amaba, pedirle que nunca se alejara de mí, pero no lo haría. Siempre le dejaría la opción de irse. Estaría con ella hasta que me pidiera que me fuera o esta fuera la última opción para mantenerla a salvo. De pronto recordé a su padre y el viaje que teníamos programado para el sábado. —Charlie estará aquí en cuestión de minutos, lo que a menos que quieras decirle que vas a pasar conmigo el sábado... —Gracias, pero no —reunió sus libros y me dijo. —Entonces, ¿mañana me toca a mí? — — ¡Desde luego que no! —Le dije en tono burlón —. No te he dicho que haya terminado, ¿verdad? — ¿Qué más queda? —Lo averiguarás mañana. Al extender mi mano para abrir la puerta sentí su calor quemandome la piel del brazo. Su corazón latiendo más y más rápido. Pero algo me paralizó al momento, alguien se aproximaba. —Mal asunto — Pensé en voz alta. — ¿Qué ocurre? Automáticamente y al sentir la presencia de esa familia descendiente de los licántropos, mi cuerpo se tensó y apreté la mandíbula. —Otra complicación. Abrí la puerta de golpe con un rápido movimiento y, casi encogido, me aparté de Bella. Al mismo tiempo que el coche negro subía el bordillo, dirigiéndose hacia nosotros. —Charlie ha doblado la esquina —le dije, sin dejar de vigilar el otro vehículo. Al escuchar esto Bella saltó del vehiculo. Posiblemente no había identificado a los ocupantes del coche negro, pero para mí ya estaba claro quienes eran. El joven que estaba al volante debía ser el hijo de Billy Black, Jacob. Me habían reconocido, la cortina de lluvia era muy espesa pero me habían reconocido, bueno el viejo me había reconocido. Jacob Black era solo un muchachito sonso y su mente solo estaba impaciente por ver a Bella, “Mi Bella”. Lo hubiera destrozado en ese mismo momento solo por pensar en ella. Me sentí como un cobarde al dejarla sola con esos apestosos, pero sabía que su padre llegaría pronto. Sin decir nada más aceleré el motor en punto muerto y los neumáticos chirriaron sobre el húmedo pavimento y en cuestión de segundos estuve lejos del lugar. De camino a casa pensé muchas veces en ir a casa de Bella, sacarla por la fuerza si era necesario pero di marcha atras y me conformé con pensar que la vería más pronto de lo que ella me vería a mi. Alice me estaba esperando en la entrada de la cochera. — ¿Cuando podré hablar con Bella? — —No te metas Alice— Casi le gruñí. — ¿No entiendo porque estas de tan mal humor? He visto que Bella te ama tambíen, como puedes estar tan ciego. Ella esta vinculada a tu futuro, al de todos nosotros, aun no se como pero será muy importante para nuestra familia—. La interrumpí para no asistir a sus premoniciones. Me daban mareos ya que algunas eran claras pero otras solo eran sombras sin forma ni sentido. —Bueno, si eres tan buena viendo el futuro, — le dije, — no tendré que preguntarte si me acompañaras mañana por la tarde —Claro que te acompañaré, — me dijo. —Y me veo conduciendo su viejo y feo coche. Moví mi cabeza en forma afirmativa. —No quiero exponerme a nada— Le contesté. —No veo por que estas tan nervioso. Ya haz tomado la decisión de no matarla ni convertirla. Admiro tu fuerza de voluntad, es aun más grande que la de nuestro padre. >Ese día estará despejado y tu prado será bañado por la luz del sol. >Bella se lo tomará mejor de lo crees. >Bueno por otra parte, creo que te tomará gran parte de la noche encontrar sus llaves. Pero al final las encontrarás en sus pantalones en el cuarto de la colada. Ya veo que prefieres pasar el tiempo viendo como duerme— Al decir esto volteó los ojos hacia arriba y sonrío levemente. Me incliné para besar la frente de mi hermana pequeña, me había ahorrado toda una noche inútilmente malgastada. Esme estaba tan contenta. — ¿Cuando la traerás a casa hijo? — Me preguntó. —Mamá creo que es un poco anticipado hablar de eso— —Hijo, yo también quiero ser parte de tu felicidad, estaremos muy contentos de conocerla. Yo quiero conocer a linda chica que ha despertado tu hermoso corazón— —Madre, haces que me sonroje…— —Es verdad querido, tu padre y yo estamos muy contentos de tenerla aquí, eso sin mencionar a Alice y Jasper…— — ¿Y Rosaline mamá? —Bueno ella lo superará hijo no te preocupes, Emmett ya se ocupará de eso— —No lo se mamá… — —Edward ya es parte de la familia…— —Gracias mamá…— Si hubiera sido capas de llorar, habría llorado en ese momento. La bendición de mi madre me había tomado por sorpresa. “Ya era parte de la familia” Traté de respirar por la garganta y la naríz, debía acostumbrarme. Su alma estaba en juego… la mía se había perdido hace años… Dormía placidamente, una mano reposaba sobre su cabeza y la otra colgaba de la cama. No se que fue mas difícil, si el verla así como invitándome o el sentír era su aroma. Pero yo era más fuerte. Me lo repetía constantemente. No dejaría que los sentidos dominarán mi resolución. Me acostumbraría para poder estar junto junto y con ella. Encontré las llaves justo donde Alice me dijo y nuevamente agradecí no tener que buscar toda la noche. Ahora podía dedicarme a cosas más… productivas. Inflaba mis pulmones con su olor, debo reconocer que estos últimos días me había acostumbrado un poco, solo un poco. Su olor ya no me golpeaba como la primera vez. Ella respiraba de forma acompasada, su delicado pecho subía y bajaba casi imperceptiblemente, casi, porque yo si podía ver cada pequeño movimiento de su cuerpo. Quería tenderme a su lado, estrecharla. Me acerqué a su lado, no se había movido en absoluto, debía de estar durmiendo profundamente. Seguramente el día anterior la había dejado exhausta. Contemple su mano, delgada, pequeña en comparación a la mía. Los humanos sueles pasear de la mano, creo que es un signo de pertenencia. Con ese pequeño gesto indican a los demás que esa persona les pertenece. ¿Querría ella sostener mi mano? ¿Podríamos pasear de esa manera, como si yo fuera un humano común y corriente? Nunca había deseado con mayor intensidad ser humano como en estos últimos meses. Me incline para oler su cabello, era un perfume embriagador, sus labios estaban ahora un poco abiertos, contemple su rostro. —Edward— Susurro, su aliento cálido golpeó mi cara. Mis músculos se paralizaron. Mis labios temblaron, si hubiera tenido pulso se me habría disparado. —Quedate—, dijo. Demasiado hambriento de ella no pude moverme. Yo puedo, yo puedo, yo puedo. Me ordené retroceder. Me refugie cerca de la ventana compemplandola mientras cambiaba de posición en su estrecha cama. Lo había hecho, había podido controlarme. Su vida había estado en mis manos y ella había sobrevivido. Ahí estaba, a uno pocos metros de distancia, viva respirando, soñando tal vez. Soñando conmigo. No era un monstruo de pesadillas para ella. ¿Sería su príncipe encantado? ¿Me vería de esa forma? Quise creer que así era. Que yo podía se digno de su amor. Que me aceptaría. Que también me querría. Demasiado pronto llegó el amanecer, demasiado rápido se terminó la noche. Salí por su ventana dejando mi corazón con ella. No estaría completo hasta estar nuevamente a su lado. Entre a casa con el tiempo justo para cambiarme y coger el coche. Me estacione fuera de su casa y apague el motor. Como de costumbre su padre ya se había marchado y solo esperé unos momentos hasta que la vi aparecer casi corriendo. Esta vez no dudó en subir al asiento del copiloto y esta acción de confianza me lleno de felicidad. — ¿Cómo has dormido? — Le pregunté —Bien. ¿Qué tal tu noche? —Placentera. Y le dedique una sonrisa. — ¿Puedo preguntarte qué hiciste? —No — Le respondí con otra sonrisa, si hubiera podido, estoy seguro que me habría ruborizado. —El día de hoy sigue siendo mío. Hoy quería saber sobre sus seres queridos, su relación con su madre, que hacian juntas en su tiempo libre, me comentó que solo había tenido una abuela y de ella también quise saber todo. De sus amigos del colegio, de sus amigos en Phoenix. Cuando le pregunté por los chicos con los cuales había tenido citas, se puso colorada. No podía creer que ninguno de esos estúpidos chicos la viera tal como es, hermosa, inteligente, perceptiva, intuitiva. Me sentí feliz al saber que yo era el primero en contemplarse en esos profundos ojos como espejos. — ¿Nunca has conocido a nadie que te haya gustado? — Le pregunté —En Phoenix, no. Si. Yo le gustaba, su ritmo cardiaco me lo había confirmado, ¿pero me amaría como lo hacía yo? Para cuando termino de hablar ya estabamos en la cafetería y aprovechando que yo hacía una pausa dio un mordisco a la rosquilla que había comprado para ella. —Hoy debería haberte dejado que condujeras — Le dije dejando de lado el interrogatorio. — ¿Por qué? —Me voy a ir con Alice después del almuerzo. —Vaya — Me dijo y parecía desencantada y confusa. —Está bien, no está demasiado lejos para un paseo. ¿Acaso pensaba que la dejaría ir caminando a su casa? —No te voy a hacer ir a casa andando. Tomaremos tu coche y lo dejaremos aquí para ti— Le dije. —No llevo la llave encima —Me contesto. — No me importa caminar, de verdad. Negué con la cabeza. —Tu monovolumen estará aquí y la llave en el contacto, a menos que temas que alguien te lo pueda robar— De solo pensar en la idea me reí de buena manera. —De acuerdo — Dijo con los labios apretados. Al parecer no le gustaban mis comentarios sobre su coche o quizas estaría pensando en la llave que yo tenía en mi bolsillo. La apreté entre mis manos y me reí por lo bajo. — ¿Adonde vas a ir? — quiso saber. —De caza — Le contesté. —Si voy a estar a solas contigo mañana, voy a tomar todas las precauciones posibles — Debía permitirle escoger, aunque la sola idea de no estar con ella me hacía sufrir. —Siempre lo puedes cancelar, ya sabes— Le dije. Bajó la vista, así que no pude leer la expresión en sus ojos. —No — Susurró mientras levantaba la vista y me miraba a la cara. —No puedo— —Tal vez tengas razón— Le dije apesadumbrado ya que había dicho “No puedo”. Ella tampoco podía estar lejos de mi, y no sabía si sentirme feliz o desdichado de eso. — ¿A qué hora te veré mañana? — Me preguntó. —Eso depende... Es sábado. ¿No quieres dormir hasta tarde? — Le ofrecí. —No —Se apresuró a decir, lo cual me hizo sonreír, yo también ya la extrañaba. —Entonces, a la misma hora de siempre — decidí —. ¿Estará Charlie ahí? —No, mañana se va a pescar. — ¿Y qué pensará si no vuelves? — Quise advertirle que había un pequeño porcentaje de que eso sucediera. —No tengo ni idea — Y lo dijo como si no le importara mucho el asunto. —Sabe que tengo intención de hacer la colada. Tal vez crea que me he caído dentro de la lavadora. No estaba tomando seriamente el asunto y eso me molestó. Acaso no sabía que yo era demasiado peligroso para ella. Debía tener un aliciente para poder traerla de vuelta. — ¿Qué vas a cazar esta noche? — —Cualquier cosa que encontremos en el parque — Me gusto el tono de su voz al decir estas palabras, como su fuera los mas normal de mundo salir de cacería. — No vamos a ir lejos— — ¿Por qué vas con Alice? —Me preguntó —Alice es la más... compasiva— — ¿Y los otros? —Preguntó con timidez—. ¿Cómo se lo toman? — En ese momento me permití leer los pensamientos de mis hermanos que estaban en nuestra habitual mesa. Estúpido, inconsciente, tarado. Me disparaba Rosalie. Por favor, por favor, por favor, puedo conocerla ahora. Me pedía Alice. Jasper estaba impaciente, sabía que mañana iriamos de escursión y temía lo peor. Emmett por su parte estaba molesto ya que le habiamos excluido de la caceria con y tendría que asistir a la clase de Ingles. —La mayoría con incredulidad— Solo le contesté. Y ella miro a hurtadillas a mis hermanos. —No les gusto — Agregó. —No es eso — Le mentí… solo en parte—. No comprenden por qué no te puedo dejar sola. — Y ella me entregó una enorme sonrisa. —Yo tampoco, si vamos al caso— Moví mi cabeza lentamente, y clavé la mirada en el techo al mismo tiempo que reflexionaba sobre sus palabras. Verdaderamente no era consiente de si misma, del efecto que causaba en los demás. Volví a mirar sus ojos. —Te lo dije, no te ves a ti misma con ninguna claridad. No te pareces a nadie que haya conocido. Me fascinas— Me dirigió una furiosa mirada, seguramente había pensado que lo decía en broma y no pude evitar sonreír a ese gesto. —Al tener las ventajas que tengo — Le dije tocando mi frente disimuladamente—, disfruto de una superior comprensión de la naturaleza humana. Las personas son predecibles, pero tú nunca haces lo que espero. Siempre me pillas desprevenido. —Le confesé Desvió mi mirada para ver nuevamente a mi familia. —Esa parte resulta bastante fácil de explicar, pero hay más, y no es tan sencillo expresarlo con palabras... De pronto Rosalie atrapó a Bella con la mirada y una oleada de furia subió por mi pecho y emití un bufido muy bajo para ser escuchado por los oídos humanos, pero lo suficientemente fuerte para advertir a Rosalie. Ella giró la cabeza y liberó a Bella se su embrujo. Al mirarme nuevamente se podía ver en ella el miedo que le había probocado Rosalie. —Lo lamento. Ella sólo está preocupada. Ya ves... Después de haber pasado tanto tiempo en público contigo no es sólo peligroso para mí si... — Y no pude seguir mirando su rostro. — ¿Si...? — —Si las cosas van mal—. Y no pude contener la pena y la angustia que sentía al decirle estas cosas que ya había pensado un millón de veces durante todas estas noches. Avergonzado dejé caer la cabeza entre mis manos. Debería haber sido capaz de levantarme, haberle dicho que me olvidará. Haber podido hacer cualquier cosa para no estar con ella. Para no amarla como lo estaba haciendo, para no desear estar con ella con todo mí ser. Pero no podía, simplemente ya no podía irme de su lado y me odiaba por eso… En ese momento ella interrumpió mis lamentos. — ¿Tienes que irte ahora? — —Sí — Le conteste mientras le miraba a los ojos y todo cambio es un segundo, estaba seguro de mi mismo, como estaba seguro del amor que sentía por ella. Sonreí lleno de esperanza. —Probablemente sea lo mejor. En Biología aún nos quedan por soportar quince minutos de esa espantosa película. No creo que lo aguante más— Alice ya se había puesto de pie y se dirigía a nuestra mesa. Por fin me dejaría en paz. Sin mirarla la salude. —Alice—. —Edward —respondió ella. —Alice, te presento a Bella... Bella, ésta es Alice — —Hola, Bella — Estaba tan contenta. —Es un placer conocerte al fin— Le dedique una sombría mirada. —Hola, Alice — Le contestó con timidez — ¿Estás preparado? —Me preguntó. —Casi —Le contesté molesto por la intromisión. ..—Me reuniré contigo en el coche— Alice se alejó sin decir nada más. Se había percatado de mi malestar. —Debería decir «que te diviertas», ¿o es el sentimiento equivocado? — Me preguntó al tiempo que me miraba nuevamente ya que se había distraido con el andar de Alice. —No, «que te diviertas» es tan bueno como cualquier otro— Le dije recuperando el buen animo. —En tal caso, que te diviertas. —Lo intentaré — Le respondí. —Y tú, intenta mantenerte a salvo, por favor— —A salvo en Forks... ¡Menudo reto! — —Para ti lo es — Estaba seguro que se estaba tomando mis palabras mas superficialmente de lo yo habría querido. — Prométemelo— Le pedí —Prometo que intentaré mantenerme ilesa — me dijo —Esta noche haré la colada... Una tarea que no debería entrañar demasiado peligro— —No te caigas dentro de la lavadora — —Haré lo que pueda— Me puse en pie y ella también. —Te veré mañana — Me dijo. —Te parece mucho tiempo, ¿verdad? — Le pegunté con pena. Asintió. —Por la mañana, allí estaré — Le prometí, pensando que posiblemente la vería más pronto de lo que ella creía. Recordé que la noche anterior había anelado tocar su cuerpo y extendí la mano a través de la mesa y le acaricie el rostro, con mucho cuidado rozé sus pomulos para luego darme la vuelta y salir de la cafetería. Nos tomó más tiempo del que pensabamos traer el carro de Bella. Me habría gustado correr mientras Alice me esperaba junto a mi coche. Pero en vez de eso tuvimos que interpretar el papel de humanos. Conduje junto a Alice hasta casa de Bella y luego la seguí de vuelta al Instituto. Cuando por fin pudimos dejar atras la ciudad, me lance a toda velocidad por la carretera, estaba decidido a volver antes de medianoche para poder estar con ella y seguir mi terapia de inmunizacion, si es que se podía decir asi. Alice era una gran compañera de caza, su tamaño generalmente se confundía con debilidad, pero era una experta cazadora y daba a sus presas un final rápido. Las criaturas ni se enteraban que les había sucedido. Solo en pocas oportunidades habíamos cazado solos ya que Jasper estaba aferrado a ella como su sombra. Por mi parte cazaba con Emmett, Carlisle o la gran mayoría de las veces solo. Bebí hasta que me sentí hinchado, la verdad es que era bastante incómodo. Alice se reia de mi y decia que estaba volviendome “Un poco exagerado”. —Todo estará bien— Me volvió a decir. —Gracias— Le respondí. No nos tomó mucho tiempo volver a casa ya que no habíamos ido muy lejos. Acompañe a Alice a casa y luego fui al encuentro de Bella. Ella no se movió en toda la noche. Estoy seguro que tampoco soño… bueno no conmigo. Me senté en el suelo, justo bajo su ventana y ahí la contemplé. ¿Cómo describir mis sentimientos? ¿Me sentía tan… nervioso? ¿Así me sentía? Bueno supongo que esa era la palabra adecuada. Estaba nervioso. Mañana estaría con ella, no es que estas noches no hubiera estado con ella, pero por fin estaría con ella, solos. Al pensar en eso sentí un repentino dolor en el estomago. ¿Era eso posible? Apreté los labios para no romper en una carcajada. Los sentimientos y emociones corrían desde mi cabeza a la punta de mis pies. ¿Podría compartir con ella todas estas cosas? “Se lo tomará mejor de lo que crees” Me había dicho Alice. Pero eso no disminuía mi ansiedad. Lo que quedaba de noche transcurrió muy lento, aun para mí. Mil preguntas daban vuelta en mi cabeza. ¿Y si no me presentaba? ¿Me hablaría en el Instituto? ¿Si salía por esa ventana y no volvía ni siquiera al Instituto? Demasiado tarde, demasiado tarde. Solo eran estúpidos pensamientos, no tenía la fuerza ni las ganas de estar en ningun otro lugar que no fuera esa pequeña habitación, donde dormía la razon de toda mi existencia. Sin ella ya no habría nada que iluminara mis días y mis noches… Sin ella ya no viviría o por lo menos no quería hacerlo. Por fin llego la aurora… Di tres golpes a la puerta de su casa, escuche como corría escalera abajo, desee que no lo hiciera, con su suerte podría perfectamente haber caído y terminado con una pierna rota. Corrió hacia la puerta pero se le trabo el pestillo de esta. ¿Habría estado tan nerviosa si comprendiera que corría hacia su posible muerte? Desterré rapidamente esos pensamientos. “Todo esta bien, todo estaría bien, todo estaría bien…” Y al contemplarme es su ojos comprendí que asi sería. Todos los temores se derritieron con el calor que su cuerpo emanaba. Cuando contemple el total de su figura descubrí que por algún truco del azar o del destino nos habiamos vestido con los mismo colores. Me reí de buena gana. —Buenos días. — Le dije aun con una sonrisa en los labios. — ¿Qué ocurre? — —Vamos a juego— Y volví a reir. Llevaba un suéter con un cuello alrededor de la garganta color canela y unos vaqueros azules, casi del mismo tomo que los mios. Pero en ella lucían encantadores ya que el color canela contrastaba con su cabello y sus ojos, estaba mmmm… para comérsela y volví a reír. Caminamos hacia su monovolumen y aguardé resignado junto a la puerta del copiloto. —Hicimos un trato — Me recordó, pero yo si me acordaba, lo que pasaba es que no me resignaba. Cuando estuve sentado a su lado me pregunto: — ¿Adonde? — —Ponte el cinturón... Ya estoy nervioso— Le pedí. — ¿Adonde? —repitió en medio de un suspiro, demasiado parecido a los hace cuando me llama en sus sueños. —Toma la 101 hacia el norte — Le dije, un poco molesto conmigo mismo. A poco andar descubrí que esto de ser copiloto no era tan malo después de todo ya que podía contemplar a Bella todo el camino. Claro que sería mucho mejor fueramos un poco más rápido. — ¿Tienes intención de salir de Forks antes del anochecer?— —Un poco de respeto — Me contestó —Este trasto tiene los suficientes años para ser el abuelo de tu coche— Cuando por fin logramos salir del pueblo le indique que girara a la derecha para tomar la 101. —Ahora, avanzaremos hasta que se acabe el asfalto. — Agregué. — ¿Qué hay allí, donde se acaba el asfalto? — —Una senda—. — ¿Vamos de caminata? — Me preguntó un tanto preocupada. — ¿Supone algún problema? — —No— Era tan mala mintiendo. Ella estaba consiente que no podía caminar sobre una superficie perfectamente plana sin tropezar con sus propios pies. —No te preocupes, sólo son unos ocho kilómetros y no iremos deprisa— Pero no dijo nada. Verdaderamente estaría preocupada por la senda o finalmente se había dado cuenta de lo peligroso que resultaba para ella la situación. Despues de un momento, comenzó a impacientarme su súbito silencio. — ¿En qué piensas? — Quise saber. —Sólo me preguntaba adonde nos dirigimos — Volvía a mentir. —Es un lugar al que me gusta mucho ir cuando hace buen tiempo— Pronto llegaríamos a mi claro, Alice nos había visto en el. Pronto me mostraría tal como soy y le diría todo lo que siento por ella. Las nubes ya comensaban a disiparse y me distraje mirando por la ventana. —Charlie dijo que hoy haría buen tiempo— Agregó de pronto. — ¿Le dijiste lo que te proponías? —No. ¡¿Qué?¡ —Pero Jessica cree que vamos a Seattle juntos... ¿No? — —No, le dije que habías suspendido el viaje.... — — ¿Nadie sabe que estás conmigo? — Le dije, a esas alturas ya me encontraba de verdad muy molesto. —Eso depende... ¿He de suponer que se lo has contado a Alice? — —Eso es de mucha ayuda, Bella — Agregué bruscamente, la idea de que nadie supiera que estaba conmigo me molesto de sobremanera. ¿No había nada que yo pudiera decirle para que entendiera lo peligroso que yo era para ella? Y ahí estaba como si nada pasara. — ¿Te deprime tanto Forks que estás preparando tu suicidio? — Le recriminé. —Dijiste que un exceso de publicidad sobre nosotros podría ocasionarte problemas — — ¿Y a ti te preocupan mis posibles problemas? —Estaba verdaderamente molesto—. ¿Y si no regresas? — Solo se dedicó a negar con la cabeza con la vista fija en la carretera. — Isabella Swan verdaderamente creo que estas mal de la cabeza— Estaba tan molesto que no me preocupe de que mis palabras salieran a toda velocidad de mi boca. Yo necesitaba, aun sabiendo que todo iría bien, necesitaba que alguien supiera que Bella estaba conmigo. Necesitaba algo que me hiciera llevarla sana y salva de regreso a su casa. Se bajó del coche sin mirarme. Seguramente debido al calor se quitó el suéter y lo anudó a su cintura. Llevaba una camiseta sin magas. Nunca habia visto a blancura de sus brazos, sus hombros, su clavícula, su largo cuello. Me quité yo también el mio y dando un portazo me bajé del coche. No quise mirarla nuevamente ya que seguramente me turbaría su figura y yo quería permanecer molesto con ella. —Por aquí — Le dije y comencé a adentrarme en el bosque. — ¿Y la senda? — Me preguntó con pánico en la voz al mismo tiempo que trataba de darme alcance. —Dije que al final de la carretera había un sendero, no que lo fuéramos a seguir— — ¡¿No iremos por la senda?! — Preguntó como si la idea le aterrara. —No voy a dejar que te pierdas— Le contesté en tono de burla, ¿verdaderamente le temía al bosque o por fin había entendido todo el asunto? Claro que finalmente había entendido que se estaba jugando la vida en este paseo. Y el dolor subió por mi estomago y salio por mi garganta. — ¿Quieres volver a casa? — Conseguí decir en un hilo de voz. Ya me había alcanzado y estaba parada junto a mí. — ¿Qué va mal? — Le pregunté esperando que esta vez me contestara con sinceridad. —No soy una buena senderista. Tendrás que tener paciencia conmigo. —Puedo ser paciente si hago un gran esfuerzo— La miré a los ojos y le sonreí para darle animo, pero no dio resultado. Estudié su rostro y pude ver el miedo en sus ojos. —Te llevaré de vuelta a casa — Le prometí. Era lo mejor para ella. —Si quieres que recorra ocho kilómetros a través de la selva antes del atardecer, será mejor que empieces a indicarme el camino — Dijo súbitamente. Su miedo no era estar a solas conmigo, no me temía. Eran otros sus miedos, no podía comprender la expresíon de su rostro. Al cabo de un momento me rendí y comencé la marcha hacia el bosque. Traté de caminar lo más lento posible ya que no quería que se sintiera avergonzada. Trate de avanzar por un camino sin muchos obstáculos, pero de todas maneras nos encontramos con algunos. En esas ocasiones le sostenía por el codo y la soltaba cuando estaba seguro que podía continuar por su cuenta. No quería que mi helada piel la molestara, sin embargo cuando eso sucedía su corazón rompía a latir muy rápido. Por otro lado el contacto de su piel era demasiado agradable. Ya podía verme a mi mismo acostumbrado casi de inmediato a ese cálido toque. Me daba pavor mirar su cara y ver un signo de repulsión. Pero cuando estaba cerca de ella no podía dejar de ver los detalles de su cuerpo. Su piel, sus delicados brazos. Para tratar de pensar en otras cosas que no fueran su figura, me dedicaba a hacerle una que otra pregunta que había quedado pendiente de mi larga lista. Por ejemplo sus cumpleaños, los profesores en la escuela primaria y las mascotas de su infancia... Me dijo que había renunciado a ellas después de que se le murieran tres peces de forma seguida. Y no pude evitar el reírme a todo pulmón y mi risa rebotó con un eco en el bosque. El viaje fue lento pero yo estaba tan contento de estar en ese espacio grande, verde y privado junto a ella. Me habría gustado tomarla de la mano y correr con toda nuestras fuerzas. Pero ella no era mi igual y yo nunca permitiría que lo fuera. Pero esos pensamientos no lograron nublar el buen ánimo que me había producido la caminata. — ¿Aún no hemos llegado? — Preguntó haciendo una mueca con el ceño fruncido. —Casi —Le conteste feliz de ver que aun no estaba cansada. — ¿Ves ese fulgor de ahí delante? Seguramente no podría verlo ya que para sus ojos humanos aun estaba muy lejos. —Humm… ¿Debería verlo? — Me respondió. Justo como pensé, aun no lo veía. —Puede que sea un poco pronto para tus ojos— Le dije en tono burlón. —Tendré que pedir hora para visitar al oculista — Lo dijo en voz baja, seguramente penso que no podría oírla y esa idea me hizo sonreír. Cuando por fin pudo ver la luz através de los árboles apretó el paso y yo deje que me adelantará. Ahora vendría la parte más difícil para mí. Debía prepararme para su reacción. Traté de recordar la visión de Alice. Bella cruzó la última linea de helechos y se adentró en el amplio espacio bañado por la luz del sol. Se dió media vuelta, buscandome. Pero yo permanecí bajo el abrigo de las sombras. Al encontrarse sola giró tratando de ver donde yo estaba, hasta que por fin me vió. No me podía mover, medio petrificado por el miedo lo único que podía ver eran ojos llenos de preguntas, su cabello brillaba con esos reflejos rojos que hace algun tiempo atrás había descubierto. Dió un paso hacia mi, con sus ojos llenos de curiosidad. Pero yo aun sentía miedo y vergüenza a la vez. Me entregó una enorme sonrisa y me hizo señas para que me reuniera con ella, al mismo tiempo en que se acercaba un poco más. Levanté mi mano para que no continuara y dió un paso atrás. Respiré profundamente, llenando mi cuerpo de valor y salí de mi escondite. Al dar ese pequeño paso, no solo me exponía al brillante resplandor del mediodía, ahí detrás de mi quedaban todos mis miedos.
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stephenie Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 20, “La cacería” Manejábamos a toda velocidad por la 101. Nos dirigiríamos al norte tanto como nos fuera posible. Luego daríamos la vuelta y atacaríamos a James. O por lo menos ese era el plan… Emmett llevaba anudado en la cabeza y el cuello el pijamas que había tomado horas atrás. Estaba seguro que podía percibir el aroma de Bella. Mi padre estaba sentado a mi lado. Viajábamos en silencio, bueno nadie decía nada en voz alta. Carlisle estaba preocupado por Esme y pasaba lo mismo con Emmett por Rosalie. Ellas viajaban al oeste y Victoria les pisaba los talones. No redujimos la velocidad al llegar a Beaver o a Saphho y preferimos seguir por la carretera al llegar a Port Angels. Debíamos tratar de llegar a Seattle antes del amanecer. Ya no contaríamos con los cielos encapotados de Forks y el Jeep de Emmett no nos serviría de escudo contra los rayos del sol, por lo que tendríamos que conseguir otro. James nos seguía a una cierta distancia, posiblemente corría por el Olympic National Forest. Aunque estaba seguro que podría darnos alcance facilmente había una razón por la cual no lo hacia… —Maldito asqueroso—. Dije en voz alta. Mi padre y Emmett me miraban ahora sorprendidos. —No quiere que lea sus pensamientos. Por eso no nos ha dado alcance, por eso nos sigue a una buena distancia—. —Rayos Edward—, dijo Emmett. Maldita rata astuta. Pero no le serviría de nada. Tendría que acercarse de todas formas y cuando lo hiciera yo podría sentirlo. —Debemos seguir con el plan—. Dijo mi padre. Y así lo hicimos. Estábamos entrando a Seattle cuando empezó a aclarar. —Mantente el la 5—. Dijo mi padre mientras saltaba del carro. Le mire sorprendido, sus pensamientos cambiaban drásticamente de dirección. Voltee para ver como se perdía entre la ciudad. —¿Donde crees que estará?— dijo de pronto mi hermano sentándose a mi lado. —No lo se, no puedo oírle—. —¿Pero crees que nos sigue?—. Estaba seguro que lo hacia, no había alguna razón para que desconfiara de nuestro plan. De pronto detrás nuestro apareció un un Cadillac DTS plateado con los espejos polarizados. Subió la velocidad y nos rebasó en un parpadeo humano. —¡Carlisle!—. —¿Crees que lo ha alquilado? —. Pregunto Emmett. El coche era un lujo, estábamos seguros que su dueño no tardaría en hacer la denuncia. Claro que para entonces ya nos encontraríamos muy lejos de la ciudad. Dejamos el Jeep junto a un pequeño rastro para que James lo siguiera. —A situaciones desesperadas, medidas desesperadas—. Me había dicho mi padre. —Y además no encontré nada mejor—. Concluyó guiñandome un ojo. Pero no pude seguir su buen humor. —Todo saldrá bien hijo—. Mi padre conducía ahora, Emmett viajaba junto a el y yo me dedicaba a vigilar por el espejo retrovisor. —Lo se Carlisle, lo se—. Le dije sin darme vuelta para mirarle. —Alice es juiciosa y astuta. No debes preocuparte por ella—. —Lo se padre—. —Y James…— —¡Padre, detente!. Esto no es necesario. Yo… yo estoy seguro que todo resultará. Por favor solo quiero llegar de una vez…— Pobre de mi padre, el no quería, solo trataba de… ¿reconfortarme? ¿Verdaderamente pensaba que me reconfortaría diciendo esas palabras? Solo empeoraba la situación. Yo trataba con todas mis fuerzas de no pensar en Bella. La había dejado a un margen, había guardado todos sus recuerdos en un rincón de mi mente, tratando solo de pensar en James. Pero era imposible. Traía conmigo algunas prendas que había sacado de su petate antes de partir, podía sentir su esencia en todos lados. Extrañaba sus pequeñas y tibias manos entre las mias, su risa cristalina. Extrañaba la forma en que se iluminaba su rostro cada vez que intuía algo y sus erróneamente acertadas preguntas. La extrañaba con todo mi corazón. Caía la noche cuando entramos a Vancouver. Solo un poco mas hasta la British Columbia. Unas horas más para poder terminar de una vez con aquella pesadilla. Solo un día para estar nuevamente junto a ella, a mi Bella. Un bosque interminable se abría ante nosotros, era una enorme masa llena de vida; alfombrada de un verde musgo por todos lados, cubriendo cada roca, cada árbol, cada rincón. Los arboles eran tan altos que apenas se podía ver el cielo que permanecía oscuro debido a la ausencia de luna y estrellas. Tratábamos de no seguir las sendas del bosque, avanzando en zig zag entre los enormes árboles mientras Emmett frotaba las ropas de Bella cada cierto tramo. Las horas parecían eternas, corríamos con todas nuestras fuerzas, los animales dormidos no alcanzaban a percibir nuestra presencia, solo notaban, si es que lo hacían, la leve brisa que dejábamos al pasar. La noche fue aclarando. De las montañas cercanas bajaba una cortina de niebla que avanzaba lenta y constante entre los arboles, cubriendo todo a su paso. Nos encontrábamos lejos de la civilización y esperamos… Me ubicaba a varios metros más adelante, mientras mi padre y Emmett se alejaban a derecha e izquierda, respectivamente para luego cerrar el paso de James por la retaguardia Yo era la carnada, debía atraerlo todo lo posible. Pero seguía sin escucharlo. Sentí miedo, por primera vez en estos dos días sentí miedo. “Cielos Edward”. Dijo mentalmente mi hermano. “Esto esta muy tranquilo, no encuentro ningún rastro de James. Solo están los nuestros. ¿Sigues sin escuchar nada?... espera veo a Carlisle…” Era lo mismo para mi padre. No había encontrado rastro alguno. Silenciosamente siguieron hacia delante, hasta encontrarme. —Debemos regresar—. Les dije. —Estas seguro que esos es…— El celular de padre vibrava en su bolsillo. —Es Esme—. Nos dijo. Esme y Rosalie se encontraban bien, habían regresado a Forks. Victoria se había dado cuenta muy pronto que Bella no viajaba junto a ellas. Rosalie le había seguido por todo el pueblo durante la noche anterior. Había ido una vez mas a nuestra casa, al Institulo, a la cafetería del pueblo. Había parado en todos los sitios que Bella frecuentaba, tratando inútilmente de encontrar alguna señal que le indicara su paradero. Esme vigiló la casa de Charlie toda la noche y se reunió junto a Rosalie cuando Victoria ingresó a la casa de este. Claro que el no estaba ya que había salido muy temprano. Mi padre le contó de nuestro viaje y de nuestra angustiosa espera. Me aleje de ellos un momento, no tenía ganas de escuchar muestras de afecto conyugal ni nada por el estilo. Tenía la leve sensación de estar haciendo todo mal. El bosque parecía carente de vida. Seguramente los animales sentían nuestra presencia y huían de nosotros. ¿La habría sentido también James? Por cierto que el era un animal, esa era su mayor característica. ¿Podría haber intuido nuestras intenciones? ¿Es por eso que no he podido ver su mente?. Lo podía ver claramente ahora que James ya no nos seguía, había estado seguro que lo hacia, pero no se donde dejo de hacerlo. Corríamos con todas nuestras fuerzas me había adelantado cuando encontre el rastro de James. Se dirigía de vuelta a Vancouver. —Edward—. Me dijo mi padre, alargandome el pequeño teléfono plateado. Nos encontrábamos en el aeropuerto de la ciudad, James se nos había escapado. — ¿Diga? —. Dijo ella. —Bella —. Por fin, por fin podía oír su voz. — ¡Oh, Edward! Estaba muy preocupada. Lo único que la había pedido era que no se preocupara por nada ni nadie. Ya podía imaginar las horas que había pasado. Pobre Bella. Le conté que nos encontrabamos en Vancouver y lo que pasaba con James. Había sido una verdadera suerte que el día se hubiera mantenido nublado y lluvioso. Podía escuchar sus pensamientos. Tenía la intensión de tomar el primer vuelo de vuelta a Forks, se dirigía al aeropuerto local. Nos vimos obligados a movernos a velocidad humana para no llamar la atención y James se nos había escapado por diez minutos. —Lo sé. Alice vio que se había marchado—. —Pero no tienes de qué preocuparte, no podrá encontrar nada que le lleve hasta ti. Sólo tienes que permanecer ahí y esperar hasta que le encontremos otra vez. Estaba preocupada por su padre. Esperaba haberla tranquilizado contándole lo que había sucedido mientras su padre no estaba en casa. Pero seguía preocupada por Victoria. — ¿Estás seguro de que Charlie está a salvo? —. —Sí, Esme no le pierde de vista; y nosotros volveremos pronto. Si el rastreador se acerca a Forks, le atraparemos. Deberíamos volver lo antes posible. Ya no habían vuelos a Forks, el próximo saldría mañana en la noche, tendríamos que pensar en algo más. —Te echo de menos —. Dijo de pronto. Yo también la extrañaba. Pero estaba seguro que su sufrimiento no era nada en comparación al mío. Quería estar junto a ella. Protegerla. Consolar sus penas y sus miedos. —Ya lo sé, Bella. Créeme que lo sé. Es como si te hubieras llevado una mitad de mí contigo—. —Ven y recupérala, entonces —. Pero no podía volver junto a ella, no sin antes solucionar este problema. Bella correría peligro si la mantenía junto a mí. James nunca nos dejaría en paz, nunca. —Te quiero—, me dijo antes de cortar. Yo la amaba y haría todo lo que fuera necesario para que ella estuviera a salvo aunque me costara la existencia. Tomamos el vuelo hacia Seattle, desde ahí recogeriamos el Jeep de Emmett y volveríamos a Forks para encontrar el rastro de James y Victoria. Podríamos obligarlos a ir a la Peninsula de Olimpia y ahí terminar con ellos. — Debemos detenerles antes que puedan huir nuevamente—. Dijo mi padre. —No te preocupes, no tendremos que preocuparnos por Bella. Esme puede cuidar a Charlie, para no ponerla en peligro, pero entre los cuatro acabaremos fácilmente con ellos—. Emmett estaba impaciente por llegar pronto a Forks, pero podía ver que también se sentia asi por llegar junto a Rosalie. Alrededor de las dos de la madrugada recibimos otra llamada de Alice. James no viajaba a Forks como creíamos, se dirigía a Phoenix. Seguramente llegaría antes del amanecer. La visión era nítida y detallada. James se encontraba en casa de Bella. No le tomaría mucho encontrarlos en la ciudad. Se encontraban escondidos en un hotel cerca del aeropuerto y eso tampoco era muy favorable. Deberíamos huir, teníamos que permancer ocultos todo el tiempo que fuera posible. La pregunta era donde. Tomaríamos un avión y mi familia se aseguraría que no nos siguiera, borrarían nuestro rastro en el aeropuerto, borrarían nuestro ingreso, o viajaríamos con nombres falsos. No estaba seguro todavía, lo único de lo cual estaba completamente seguro era que aun faltaban dos hora para llegar a Seattle y parecerían eternas.
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stephenie Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 22: En Casa Nos tomó algo de tiempo pensar en alguna buena manera de distraer a Bella para que no se enterara de nuestro propósitos.Cuando llegamos a mi casa Alice y Esme la tomaron por los codos para llevarla al segundo piso. Luego lo único que pude escuchar fueron las palabras de protesta de Bella, sin embargo no dio mucha pelea. Solo me tomó unos minutos el estar listo, me encontraba un poco nervioso, sin duda era una ocasión muy especial. Traté de hacer cualquier cosa para distraerme, pero fue inútil y solo pude esperar a los pies de la escalera a que Bella estuviera lista. Aquellos días parecían solo un sueño lejano… Mas bien una pesadilla… ““—Soy el Dr. Carlisle Cullen, ella es mi paciente. Ha tenido un accidente—. Le decía al paramédico. Debía separarme de ella nuevamente, desesperadamente rogué para que me permitieran ingresar a la sala de emergencia. —No Edward, espera a Alice, es lo mejor hijo, yo me haré cargo—. Las horas me parecieron días, no quería ver a Bella tras los ojos de mi padre, no quería ver su cuerpo desnudo tras los ojos de las enfermeras.Solo imaginar su delicado cuerpo maltratado me rompía el alma, no quería vivir con esa imagen en mi mente. Alice estaba orquestando toda la farsa sobre el supuesto accidente de Bella. Emmett y Jasper viajaban de vuelta a Forks para tratar de encontrar a Victoria. Y yo solo podía pasear de lado a lado, esperando alguna noticia. —Edward—, Dijo mi hermana. Podía ver que trataba de ocultar su propio dolor, había visto el vídeo.—Se han creído todo hermano, dicen que nos podemos quedar todo el tiempo que sea necesario y que todos los gastos serán asumidos por la gerencia— —No pienso moverme de aquí—. Le dije. —Edward, no he tenido tiempo… Edward, no sabes cuanto lo siento, todo ha sido culpa mía, pero no he podido evitarlo, no sabes cuanto amor siento por Bella. Tu sabes que en mi interior quiero que ella sea nuestra igual, quiero que este a nuestro lado por siempre, pero también se cuanto eso te hace sufrir.Te prometo que nunca, mírame Edward… Nunca mas volveré a fallar en protegerle, te lo juro—. —No ha sido tu culpa Alice, todo esta bien, créeme que no tengo ningún sentimiento encontrado. Yo solo quiero que ella este bien—. —Haaaa. No te preocupes, estará bien. Veo… veo que descansará un par de días, pero estará bien, ahora a lo único que debes temer es a la reacción de sus padres—. —Mmm ya me tenía eso. Podrías tu…?— —Vale, no te preocupes yo los llamo—. Mi padre estuvo a mi lado al hablar con ellos, aunque Alice les había asegurado que ella se encontraba bien y fuera de cualquier peligro pero Charlie llegó muy nervioso. Se encontraba muy molesto conmigo, cada cierto tiempo podía escuchar algo así como maldiciones en mi contra. Reneé me dedicó una larga y minuciosa mirada, verdaderamente sus padres eran seres muy extraños, ya podía ver de donde sacaba todas sus cosas Bella.Cada ciertas horas llegaba alguna enfermera que me preguntaba si había comido algo y cosas por el estilo y eso me molestaba ya que no tenía tiempo para jugar ha ser humano. En la tarde del segundo día por fin despertó, lo primero que hizo fue tratar de sacar la pequeña manguera de oxigeno que estaba en su nariz. —No lo hagas—. Le dije, tomando su pequeña mano entre las mías. Me encontraba muy cerca de ella, con mi mentón apenas descansando en un extremo de su almohada. — ¿Edward? — Preguntó mientras volteaba levemente su cabeza. Sus ojos se dilataron al enfocarse en los míos. — ¡Ay, Edward! ¡Cuánto lo siento! —. Dijo de pronto muy angustiada. —Shhh... Tranquila Bella ahora todo está en orden, no te exaltes mi vida, todo esta ok. — ¿Qué sucedió? —. Traté de relatarle lo que había sucedido, omitiendo los detalles de las desesperadas horas que había pasado antes de encontrarla. — ¡Qué tonta fui! Creí que tenía a mi madre en su poder—. El nos había engañado a todos, pero aquello ya estaba en el pasado. —Necesito telefonear a Charlie y a mamá — Dijo muy preocupada. Solo ella podía estar en un hospital, después de haber estado casi al borde de la muerte y seguir preocupada por los demás. Le conté que Alice los había llamado y que se encontraban en la cafetería. — ¿Están aquí? —. Dijo con incredulidad al mismo tiempo que intentaba sentarse en la cama. ¿Que creía que estaba haciendo?. La tomé suavemente por lo hombros y la obligué a recostarse nuevamente. —Van a volver enseguida, fueron a comer algo, no te preocupes, tú necesitas permanecer en reposo— Su cara se volvió mas blanca que el papel, quería saber que le habíamos dicho a su familia sobre el accidente. —Rodaste por dos tramos de escaleras antes de caer por una ventana—. Me alejé un poco para poder estudiar su expresión, se había quedado con la boca abierta. —Has de admitir que pudo suceder—. Le dije cerrándole un ojo y sonriendo. Pero Bella no sonrió, solo suspiró un poco y pude ver como le dolían las costillas rotas. — ¿Cómo estoy? — Quiso saber. —Mmmm a ver: 1 pierna rota; 4 costillas en las misma condiciones; varias contusiones en la cabeza. Ah!! y su cuerpo estaba completamente morado.Sin contar con la gran perdida de sangre que había sufrido—. (culpa de James y mía al extraer el veneno). —Te han efectuado varias transfusiones, no me gusta, hizo que olieras mal durante un buen tiempo—. —Eso debió de suponer un cambio agradable para ti—. Pero a mi me encantaba la forma en que olía. Quería saber como había logrado extraer el veneno sin haberle matado.Pero creo que se resumía a que la amaba, si no la amara de la forma en que lo hacia, estaba seguro que no me hubiera podido detener. — ¿No tengo un sabor tan bueno como mi olor? —. Pero era peor y mejor.Era peor por que había podido comprobar que ella era lo mas dulce y sabroso que existía en el mundo. Ni en mis sueños hubiera podido imaginar un sabor como el suyo, su sabor era mil veces mejor, es mas si no la hubiera probado, diría que es imposible que alguien tuviera ese sabor. —Lo siento —. Dijo, pero nada era su culpa, nada podía hacer, era como pedir disculpas por respirar, o por vivir. Sin embargo, había otras cosas de las que si era culpable, cosas que debería aprender a evitar. —Tienes mucho por lo que disculparte—. — ¿Por qué debería disculparme? —. —Por estar a punto de apartarte de mí para siempre—.Por hundirme en la desesperanza y el descontrol. Pero Bella verdaderamente lo sentía, lo podía escuchar en su voz, en el brillo de sus ojos.La reconforte diciendo que la entendía, posiblemente yo habría hecho lo mismo si se tratara de ella, pero ella debió habérmelo dicho. —No me hubieras dejado ir—. Dijo defendiéndose. Y la verdad era que no, no la hubiera dejado ir, aunque peligrara el mundo entero. Bella esbozó una mueca de dolor, seguramente no era bueno que estuviera hablando tanto, debía descansar. Pero tenía otro arsenal de preguntas. Una tras otra las fui contestando. De pronto recordé el sonido que emitía el holter cada vez que la besaba y no pude evitar reírme. En ese momento Emmett entró en el vestíbulo y se me quedó mirando con la boca abierta. Traté de decir algo a mi favor pero el solo se dio la vuelta y me dijo dándome la espalda: —Créeme. No quiero saber—. ““Este chico cada día esta más loco. ¿Y ahora que puedo hacer?. No creo que Rosalie quiera….”” Y lo deje solo con sus pensamientos. Verdaderamente se estaban tardando demasiado. ¿Pero que podrán estar haciendo?. Me habían hecho prometer que no espiaría, así que no me quedó más remedio que seguir mis pensamientos… ““… Recordaba claramente como le dijo a su madre que quería vivir en Forks, claro yo permanecía recostado a unos pocos metros fingiendo que dormía. —Mamá — Le dijo. Quiero vivir en Forks. Tengo un par de amigas y el Instituto me agrada, ya me he acostumbrado. No quiero dejar a Charlie, mamá, vive muy solo, no tengo idea como ha logrado sobrevivir todos estos años si ni siquiera sabe cocinar. — ¿Quieres quedarte en Forks?. ¿Por qué? — —Ya te dije mamá…— —Bella, cariño, tú odias Forks —. Su madre parecía muy segura de eso. —No es tan malo—. Pero su madre logró adivinar que yo era el causante de ese drástico cambio en Bella y claro ella no pudo mentir a su madre. Reneé era muy extraña, me había hecho una idea de ella, por lo que me decía Bella, pero comprobé que era tan intuitiva como ella. Habíamos hablado muy poco, ya que se entendía de padre a padre con Carlisle, pero eso le basto para darse cuenta que yo estaba completamente enamorado de Bella. No había terminado de cerrar la puerta cuando estuve nuevamente a su lado. Estúpidamente traté de hacerla entender que ir con su madre era lo mejor que podía hacer. Que poner un poco de distancia entre los dos era lo mejor para ella.Pero con cada palabra que pronunciaba era como cavar mi propia tumba, sabía perfectamente que no podría vivir sin ella, sin caer en la locura. Ya había vivido el sentimiento de su pérdida y eso quemaba como el más letal de los venenos.Denme mil veces ese dolor y lo soportaría mejor que vivir sin ella. Bella se había quedado helada, con la mandíbula apretada, su corazón latía ahora mas rápido y justo en ese momento entró una enfermera. Me quede muy quieto en mi silla, no muy lejos de Bella. La enfermera no paraba de controlar su estado, poniendo mayor atención en las pantallas de los indicadores. —¿Como te encuentras cariño, tienes mucho dolor?. Te puedo dar mas calmantes, si los necesitas. —No, no. No necesito nada—. Parecía que se ahogaba con sus propias palabras. Podía ver el esfuerzo que estaba haciendo por no largar a grita y llorar.Me golpee mentalmente por no dejar de herir a Bella. ¿Por que si la amaba mas que a nada, no paraba de hacerla sufrir? Era un estúpido, estúpido. ¿Que quería lograr con eso? —No hace falta que te hagas la valiente, cielo—. Le dijo la enfermera. —Es mejor que no te estreses. Necesitas descansar— Pero Bella no le contesto y solo negó con la cabeza. —De acuerdo. Pulsa el botón de llamada cuando estés lista—. Apenas salió de la habitación me acerque nuevamente a ella, tomé su rostro entre mis manos. Se encontraba realmente alterada. —Shhh... Bella, cálmate. —No me dejes, por favor no me dejes —. Me dijo en un hilo de voz. —No lo haré. Te lo prometo, discúlpame no he querido ser un idiota, no se por que lo he dicho, discúlpame amor mío—. Me acerque un poco más para poder besar sus labios temblorosos. —Te amo Bella, te amo, no sabes lo asustado que he estado al pensar que te perdía te amo— La bese una y otra vez. — ¿Juras que no me vas a dejar? —. —Bella, no pienso irme a ningún sitio, estaré aquí tanto tiempo como me necesites—. —Júramelo—. Me dijo alejándose un poco para contemplar mejor mi rostro. —Lo juro—. Le dije, acercándome nuevamente hacia ella. — Juro que no me marcharé mientras me necesites—. —Eso no es justo Edward, además te necesitare siempre, por siempre—. La contemple un momento, mi respuesta no le satisfacía en lo mas mínimo. — ¿Por qué has dicho eso? —. Me recrimino. —¿Te has cansado de tener que salvarme todo el tiempo? ¿Quieres que me aleje de ti? — Nuevamente sentía aquel dolor en el pecho al pensar en estar lejos de ella. —No, no quiero estar sin ti, Bella, por supuesto que no, sé racional y tampoco tengo problema alguno en salvarte de no ser por el hecho de que soy yo quien te pone en peligro..., soy yo la razón por la que estás aquí. Bella no entendía o no quería entender que yo era el causante de todo lo que había sucedido, no me veía como el causante, me veía como su salvador. No se en que momento todo cambio de rumbo. Solo se que ella me pedía que no la dejara y yo trataba de prometerle que no lo haría y ¡Pum! de pronto ella quería saber por que no había dejado que James la convirtiera en vampiro.Toda la escena era tan confusa, al parecer estaba mas informada de lo que yo hubiera querido, creo que había sido muy especifico con Alice al recalcarle que “Nada de historia”. Pero como siempre, supongo que Bella se había salido con la suya. — ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no te limitaste a dejar que se extendiera la ponzoña? A estas alturas, sería como tú—. Me encontraba verdaderamente molesto, seguro que con lo obstinada que era no dejaría de darle vueltas al asunto y no era el momento ni el lugar para hacerlo. Pero como molestarme con ella, si estaba así por mi culpa, toda amoratada, maltrecha, era tan indefensa, tan delicada, tan…tan exquisita. Los gritos de Rosalie llamaron mi atención. Emmett pasó corriendo por la sala. —Shhhh. No le digas por donde me fui, por favor—. Estaba verdaderamente asustado y corría como si lo persiguiera el diablo, bueno creo que esa es una buena descripción de mi hermana. — ¿¡Donde esta!? —. Me preguntó muy molesta. Tenía el cabello todo despeinado y cubierto de hojas secas, pensándolo bien, parecía un gran nido de pájaro. Yo me encogí de hombros y negué con la cabeza. Me miró con los ojos llenos de rabia y salió dando grandes gritos de advertencia. — ¡No te puedes esconder de mi Emmett. Tarde o temprano te encontrare!—. Y salió a toda carrera tras de el.En su mente ya planeaba una y mil formas de torturar a mi pobre hermano. Sin lugar a duda eran el uno para el otro. Creo que todos estaban hechos los unos para los otros.Carlisle y Esme eran muy parecidos en sus formas y pensamientos.Jasper y Alice tenían el equilibrio perfecto.Emmett y Rosalie eran altamente explosivos y pasionales.Y luego estábamos Bella y yo, la pareja más dispareja que alguna vez se hubiera formado. Pero yo era feliz de esa manera. ¿Y eso no es lo que importa? Claro que me hubiera gustado que Bella también se sintiera de la misma manera. —Soy la primera en admitir que carezco de experiencia en las relaciones —. Dijo aquella tarde en el hospital. —, pero parece lógico que entre un hombre y una mujer ha de haber una cierta igualdad, uno de ellos no puede estar siempre lanzándose en picado para salvar al otro, tienen que poder salvarse el uno al otro por igual. La contemple, sabía perfectamente a lo que se refería, sin embargo que más podría pedirle, ya había echo tanto por mi. Pero no sería yo quien terminará con su existencia humana para que estuviera toda la eternidad junto a mí. —Tú me has salvado —. Le dije sinceramente, me había rescatado de mi eterna noche. Había llegado a mi vida la iluminaba como lo hace el sol del medio día. —No puedo ser siempre Luisa Lane. Yo también quiero ser Superman—. Pero no sabía lo que me estaba pidiendo, no sería yo quien la condenara eternamente a las tinieblas, no condenaría su alma inmortal a vagar junto a mí hasta el fin de los días. Traté por todos los argumentos de hacerla entender pero nada resultaba, hasta que por fin di en el blanco. — ¿Y qué pasa con Charlie y Reneé?—. Justo como lo pensé, no tenía respuesta a eso, estoy seguro que ni siquiera había pensado en ellos. Abrió su boca para decir algo pero no lo hizo, seguramente estaba tratando de darme las mejor de sus respuestas o la mejor de sus mentiras. —Mira, eso tampoco importa. Reneé ha efectuado las elecciones que le convenían... Querría que yo hiciera lo mismo, Charlie es de goma, se recuperará, está acostumbrado a ir a su aire, no puedo cuidar de ellos para siempre, tengo que vivir mi propia vida. ¡¡Ah!! Justo lo que estaba esperando, aquella discusión había terminado… —Exactamente —. Le dije triunfante. —Y no seré yo quien le ponga fin—. —Si esperas a que esté en mi lecho de muerte, ¡tengo noticias para ti! ¡Ya estoy en él!. —Te vas a recuperar — Le dije rodeando los ojos. —No — dijo muy lentamente. —No es así—. ¿A que se refería?. Posiblemente pensaba que estaba peor de lo que yo le había dicho. —Por supuesto que te recuperaras. ¿De que estas hablando? Tal vez te queden un par de cicatrices, pero... —Te equivocas — Dijo sin dejarme terminar. —Voy a morir—. Pobre Bella, de verdad pensaba que su estado era de suma gravedad. —De verdad, Bella. Vas a salir de aquí en cuestión de días, dos semanas a lo sumo—. Le dije tratando de reconfortarla. Pero ella no dijo y me miró largamente a los ojos. —Puede que no muera ahora, pero algún día moriré, estoy más cerca de ello a cada minuto que pasa. Y voy a envejecer—. Maldición… Me había pillado con la guardia baja, no lo había visto venir. Cerré mis ojos, masajeando mis sienes con la yema de los dedos.Que tonto, estaba hablando del ciclo de la vida. Como deje pasar aquello. —Se supone que la vida es así, que así es como debería ser, como hubiera sido de no existir yo, y yo no debería existir—. Eso era algo que yo no estaba dispuesto a discutir, simplemente estaba fuera de tema.Me comparó con ganarse la lotería y aquello me pareció muy gracioso de verdad.Yo no era ni un premio de consuelo. Pero ella insistía que era mucho mejor que un premio. Para ser sincero ya no tenía ganas de seguir hablando del asunto y le dije medio molesto. —Bella, no vamos a discutir más este tema, me niego a condenarte a una noche eterna, fin del asunto—. Bella se había quedado callada y con la mandíbula apretada, resoplando por la nariz. Prácticamente le salían chispas por los ojos, era tan divertido verla toda vendada y con esa cara de furia. Abrió la boca y dejo salir: —Me conoces muy poco si te crees que esto se ha acabado, no eres el único vampiro al que conozco—. ¿Maldición, es que esta chica nunca estaría quieta? ¿Y a quien recurriría? Maldición, no debí permitir que pasaran tanto tiempo juntas y a solas. —Alice no se atrevería—. ¿Tan pronto se había formado un vínculo entre ellas? Eso era imposible si apenas fueron un par de días. Bueno tendría que hablar seriamente con mi hermana. Primero debía saber que y por que le había contado todo aquello a Bella. Y debía aclararle que estaba estrictamente prohibido morder a mi novia. —Alice ya lo ha visto, ¿verdad?. Por eso te perturban las cosas que dice, sabe que algún día voy a ser como tú... ¿Eso lo había adivinado o se lo había contado mi hermana?. Grrrrrr No veía la hora de hablar seriamente con ella. Pero Alice se equivocaba yo había visto a Bella muerta y ella se encontraba a mi lado, solo a unos centímetros de mi, dándole vueltas a un tema que yo ya había concluido; estábamos en un punto muerto, de eso no había duda. A pesar de querer parecer fuerte, ruda y todas esas ridículas cosas Bella dejó escapar un ¡Ay! y mintió al decir que se encontraba bien.Llamé a la enfermera para que le diera unos calmantes.Tal vez con eso calmara también su lengua. Cuando la enfermera se fue corrí nuevamente a su lado. “Quédate” me dijo ella cerrando los ojos, el tranquilizante hacía efecto rápidamente.Le prometí que lo haría, le prometí que me quedaría todo el tiempo que esto la hiciera feliz y el tiempo que eso fuera lo mejor para ella.Claro que a ella no le agradaba mi respuesta, pero no podía seguir discutiendo. Me incliné un poco para decirle que la quería al oído. —Yo, también—. Me dijo apenas con lo ojos cerrados.Yo ya sabía que me quería pero era tan exquisito oírlo una y otra vez. Bella ladeó levemente su cabeza buscando mis labios. Mantenía los ojos cerrados y sus labios entreabiertos. Imposible resistirme.La bese tiernamente, solo un segundo. —Gracias — Dijo en un suspiro y luego se durmió. La contemple dormir, como lo venia haciendo estos últimos siete meses.Sus palabras retumbaban en mi conciencia. Había tanto que Bella quería y yo no podía darle.Hasta cuando podría aguantar sin rebelarse, sin sacarme en cara todas esas cosas.Tantas preguntas, tantas necesidades que no podía cumplir. En esos momentos escuche las risas de Alice y Esme, al parecer estaban orgullosas de ellas mismas. Impaciente no sabía si subir las escaleras o esperar a que ellas bajaran. Y entonces la vi como no lo hice la primera vez. Bella estaba simplemente encantadora, era la criatura más hermosa que había visto. Bajaba las escaleras lentamente ayudada por Alice y Esme.Verdaderamente no se que cara puse en ese momento pero mi madre me miraba con los ojos llenos de alegría. Me adelante un escalón para tomarla por la cintura. —Bienvenida de vuelta—. Le dije, inclinando mi frente a la de ella.
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stepheni Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 6 TIPO DE SANGRE La seguí todo el día a través de los ojos de otras personas. Pero no por los ojos de Mike Newton por que no quería ver ninguna de sus ofensivas fantasías y no por los ojos de Jessica Stanley por su resentimiento hacia Bella, me hacia enojar en un modo que no era seguro para la linda chica. Angela Webber era una buena elección cuando sus ojos estaban disponibles; ella era amable y su cabeza era un lugar pacifico y a veces los profesores tenían la mejor vista. Estaba sorprendido, mirándola tropezar a través del día, tropezando con las grietas de las aceras, cayéndosele sus libros y muy seguido tropezando con sus propios pies, de toda la gente que haba conocido bella era la mas torpe. Considere eso, era verdad que ella muy seguido tenia problemas para ponerse de pie y recordé su tropiezo contra el escritorio el primer día, resbalando por el hielo antes del accidente, que raro todo tenían razón ella era torpe Yo consideré eso. Es cierto que a menudo tenía problemas para mantenerse en posición vertical. Me acordé de su tropiezo en el escritorio el primer día, alrededor de deslizamiento sobre el hielo antes del accidente, cayendo sobre el labio bajo del revestimiento de la puerta ayer... Como extraña, la razón. Ella era torpe. No sabia por que eso era tan gracioso para mi pero me reí en voz alta mientras caminaba de Historia Americana a Inglés y mucha gente me lanzo miradas extrañas ¿Como no había notado esto antes? tal vez era porque había algo gracioso en sus tonterías, la manera en la que ella se sostenía la cabeza, el arco de su cuello... No había nada gracioso en ella ahora. El Sr Varner la vio mientras quedaban atrapados ya que su pie se atoro en la alfombra y cayó literalmente en su silla. Me reí de ella. El tiempo pasaba con increíble lentitud mientras yo esperaba mi oportunidad de verla con mis propios ojos. Finalmente la campana sonó. Corrí rápidamente a la cafetería para asegurar mi lugar. Fui el primero en llegar. Escogí la mesa que usualmente está vacía y seguro permanecería de ese modo si yo me sentaba aquí. Cuando mi familia entro y me vieron sentado solo en otro lugar, no se sorprendieron. Alice debió advertirles. Rosalie pasó a mi lado sin mirarme. Idiota. Rosalie y yo nunca tuvimos una relación fácil, yo la ofendí en el primer momento en que ella me oyó hablar y todo se fue colina abajo desde ese momento, pero parecía que ella estaba inclusive mas molesta de lo usual en los pasados días. Yo asentí. Rosalie hacia todo en torno a ella. Jasper me dio una media sonrisa cuando paso a mi lado. Buena suerte, pensó dudosamente. Emmet puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza. Perdió la razón, pobre chico. Alice estaba sonriendo, sus dientes brillaron. ¿Puedo hablarle a Bella ahora? “Mantente fuera de esto” le dije en voz baja Su cara cayó y luego sonrió de nuevo. De acuerdo. Cabeza dura. Es solo cuestión de tiempo. Suspiré de nuevo. No te olvides la actividad en el laboratorio de Biología hoy, ella me recordó. Negué con la cabeza. No, no me había olvidado de ello. Mientras esperaba que Bella llegara, la seguí en los ojos del novato que estaba caminando detrás de Jessica en el trayecto a la cafetería. Jessica estaba parloteando acerca del baile que se acercaba, Bella no había dicho nada aun, no es como si Jessica le hubiera dado la oportunidad de hacerlo. En el momento en que Bella entro a la cafetería sus ojos se posaron en la mesa donde estaban mis hermanos. Los miro por un momento y luego su frente se arrugo y sus ojos se dirigieron al piso. Ella aun no me había visto. Se veía tan… triste. Sentí una poderosa urgencia de levantarme e ir a su lado, de consolarla de alguna manera. No tenia idea de que la hacia sentir así. Jessica continúo parloteando acerca del baile. ¿Estaba Bella triste por que se lo iba a perder? No parecía eso… Pero eso podría solucionarse, si ella quisiera. Ella compro solo una bebida para su almuerzo ¿eso estaba bien? ¿No necesitaba ella más nutrición que eso? Nunca había prestado demasiada atención a la dieta humana antes. Los humanos son exasperadamente frágiles. Habían como un millón de cosas de las cuales preocuparse... -Edward Cullen esta mirándote de nuevo- escuche que Jessica dijo. -¿Me pregunto por qué se sentara solo hoy?- Estaba agradecido con Jessica mientras ella se veía más resentida ahora porque Bella había levantado la cara y sus ojos buscaron hasta encontrarme. No había rastro de tristeza en su rostro ahora. Me deje ilusionarme con la idea de que ella había estado triste antes por que pensó que no había ido a la escuela hoy y esa esperanza me hizo sonreír. Le indique con mi dedo que me acompañara. Ella se veía sorprendida por esto porque yo quería su compañía nuevamente. Así que le guiñe un ojo y su boca se abrió. -¿Se refiere a ti?- pregunto Jessica -Posiblemente necesite ayuda con la tarea de biología- dijo en voz baja. -Um, iré a ver que necesita-. Eso era otro si. Ella se tropezó dos veces en el camino a mi mesa, aunque no hubiera nada más en su camino que un perfecto suelo de linóleo. En serio ¿cómo no había notado esto antes? Había estado prestando más atención a sus silenciosos pensamientos, supongo... ¿Qué más me había perdido? Mantenlo honesto, mantenlo ligero, me repetí a mi mismo. Ella se detuvo detrás de la silla frente a mí, dudando. Tome un respiro por mi nariz esta vez en lugar de por mi boca. Siente el ardor, pensé secamente. -¿Por qué no te sientas conmigo hoy?- le pregunte. Ella jalo la silla y se sentó mirándome mientras lo hacia. Se veía nerviosa, pero su acción fue otro sí. Espere que ella hablara, tomo un momento y finalmente ella dijo -esto es diferente- -Bueno...- vacile. -Decidí que como de todas maneras me voy a ir a la infierno debería de hacer lo que quisiera- ¿Qué me había hecho decir eso? Supongo que eso era honesto... al menos. Parecía que ella no había notado la advertencia escondida que mis palabras tenían. Talvez se había dado cuenta de que debía levantarse e irse lo más rápido posible. Ella no se levanto. Me miro fijamente esperando como si yo hubiera dejado mi oración a la mitad. “¿Sabes que no tengo idea de lo que dices?- pregunto cuando yo no continué. Eso era un alivio. Sonreí. Lo sé. Era difícil ignorar los pensamientos que provenían de su espalda y yo quería cambiar de tema de todas maneras. “Creo que tus amigos están molestos porque te secuestre.” Esto no parecía importarle. “Sobrevivirán.” “Tal vez no te quiera liberar- no me había dado cuenta si estaba intentando ser honesto ahora o solo tratar de molestarla de nuevo. Estar cerca de ella hizo difícil que mis pensamientos tuvieran sentido. Bella suspiro ruidosamente. Me reí de su expresión. -Te ves preocupada- eso realmente no era gracioso... ella parecía preocupada. -No- era una mala mentirosa -sorprendida, en realidad... ¿por que el cambio?- -Te lo dije- le recordé -estoy cansado de intentar alejarme de ti así que me estoy rindiendo- sostuve mi sonrisa en su lugar para lograr un mejor efecto, esto no estaba funcionando, tratar de ser honesto y casual al mismo tiempo -¿Rindiéndote?- repitió -si, rindiéndome a tratar se ser bueno- y aparentemente rindiéndome también de ser casual. -Solo voy a hacer lo que yo quiera hacer y dejar que las cosas pasen como tengan que pasar-. Eso era honesto al menos, dejarla ver mi egoísmo. -me perdí de nuevo-. Yo era lo suficientemente egoísta para agradecer que esto fuera el caso. -Siempre digo mucho cuando estás conmigo, ese es uno de los problemas-. Un pequeño e insignificante problema comparado con el resto. -No te preocupes- me aseguro -no entiendo nada de eso-. Bien. Entonces ella se quedara. -Cuento con ello- -Así que en español ¿somos amigos ahora?- lo pensé durante un minuto. -amigos...- repetí. No me gustaba el sonido de eso. No era suficiente. -O no- murmuro, parecía avergonzada. ¿Pensaba que no me gustaba lo suficiente? Sonreí -bueno, lo podemos intentar, supongo. Pero te voy a advertir que no soy un buen amigo para ti- espere a su respuesta desgarrado en dos, deseando que ella finalmente hubiera escuchado y entendido, pensando que así lo había hecho. Que melodramático, me estaba volviendo tan humano. Su corazón latió mas rápido -Dices eso muy a menudo- -Si, por que tu no me escuchas- dije, muy intensamente de nuevo -sigo esperando que lo creas, si fueras inteligente, me evitarías- Ah pero ¿yo la evitaría a ella si ella lo intentara? Sus ojos se volvieron mas estrictos -creo que te has hecho una opinión de mi intelecto- también. Eso no era exactamente lo que ella creía pero sonreí a manera de disculpa preguntándome si la habría ofendido accidentalmente. -Asi que...- ella dijo lentamente -mientras yo no sea... inteligente ¿podemos intentar ser amigos?- -Eso suena bien- Ella miro hacia abajo, mirando fijamente la botella de limonada en sus manos. La vieja curiosidad me atormento de nuevo. -¿Qué estas pensando?- le pregunte estaba aliviado de decir las preguntas en voz alta, al menos. Ella se encontró con mi mirada y su respiración se volvió agitada, mientras sus mejillas se sonrojaban. Inhale, saboreando el olor. -Estoy intentando descifrar que eres- mantuve la sonrisa en mi rostro, manteniendo mis facciones de ese modo mientras el pánico corría por mi cuerpo. Por supuesto que se preguntaba eso. No era estúpida. No podía esperar que ella olvidara algo tan obvio. -¿Estas teniendo algo de suerte?- le pregunte lo mas suave que pude. -No mucha- admitió. Suspire de alivio -¿cuales son tus teorías?” No podían ser peores que la verdad, no importa que se le haya ocurrido. Sus mejillas se volvieron rojas y no dijo nada. Podía sentir el calor de su sonrojo en el aire. Trate de usar mi más persuasivo tono con ella. Eso funcionaba bien en los humanos normales. -¿No me dirás?- le sonreí animándola. Ella sacudió su cabeza -demasiado vergonzoso-. Ugh. No conocía que pudiera ser mas horrible que lo demás ¿por qué sus especulaciones la avergonzaban? no podía soportar no saber. -Eso es realmente frustrante ¿sabes?- Mi queja encendió algo en ella. Sus ojos brillaron y las palabras salieron más suaves de lo usual. “No, no puedo imaginar porque eso sería frustrante, solo porque alguien se niega a decirte lo que esta pensando, inclusive si mientras tanto hubiera hecho comentarios crípticos diseñados para mantenerte despierto toda la noche preguntándote que podrían significar... ahora ¿por que habría de ser frustrante?- La vi mal, molesto por darme cuenta de que ella tenía razón. No estaba siendo justo. Ella continuó. -O mejor digamos que esa persona hizo un montón de cosas extrañas desde salvar tu vida bajo imposibles circunstancias un día y al siguiente tratarte como a una paria y nunca explicar ninguna de las dos, aunque lo hubiera prometido eso tampoco es nada frustrante-. Ese era el discurso mas largo que le había oído decir y eso fue directamente a mi lista. -¿Tienes un poco de temperamento verdad?- “No me gustan los dobles sentidos- Ella estaba justificando su irritación, por supuesto. La mire fijamente, preguntándome como podría hacer algo bueno para ella mientras el silencioso tiroteo proveniente de la cabeza de Mike Newton me distraía. El era tan irritante eso me hacia molestar. -¿Que?- me pregunto. -Tu novio cree que estoy molestándote, se debate si debería o no venir e interrumpir nuestra conversación- me encantaría ver como lo intenta, me reí de nuevo. -No se de quien me hablas- me dijo de manera cortante. “Pero estoy segura de que estas equivocado de todas maneras.” Estaba disfrutando el modo en que ella lo rechazaba en una sola oración. -No lo estoy, ya te lo dije, la mayoría de la gente es muy fácil de leer-. -Excepto yo por supuesto-. -Si, excepto por ti- ¿tenia que ser ella la excepción de todo? no hubiera ido tan lejos, considerando todo lo demás con lo que tenia que lidiar ahora, si al menos pudiera oír algo de lo que piensa ¿era mucho pedir? -¿me pregunto por qué será?- mire fijamente sus ojos intentando de nuevo. Ella miro hacia otro lado. Abrió su limonada y tomo un pequeño sorbo, sus ojos estaban fijos en la mesa. -¿No tienes hambre?- le pregunte -No- respondió - ¿y tu?- -No, no estoy hambriento- le dije, definitivamente no lo estaba. Ella miro fijamente la mesa con los labios apretados, espere. -¿Me podrías hacer un favor?- pregunto encontrándose con mi mirada de nuevo. ¿Que podría querer de mi? ¿La verdad que no tenía permitido decirle? ¿La verdad que yo no quería que nunca supiera?. -Eso depende de lo que quieras-. -No es mucho- me prometió. Espere, curioso de nuevo. -Solo me preguntaba...- dijo lentamente, mirando la botella de limonada, trazando líneas con su dedo meñique. -¿Si podrías advertirme la próxima vez que decidas ignorarme por mi propio bien? solo para estar preparada-. ¿Quería una advertencia? entonces ignorarla había sido una mala idea.... sonreí. -Parece justo- agregue. “Gracias” ella dijo mejor. Su cara era reveladora que quise reír por mi propio alivio. “¿Entonces puedo pedirte un favor a cambio?- pregunte esperanzado. -Uno- me dijo. -Cuéntame una de tus teorías- Se sonrojo -eso no-. -No hiciste excepciones, solo prometiste una respuesta- argumente. -Y tu has roto promesas antes- argumento de vuelta. Ella me tenia donde quería. -Solo una teoría, prometo no reírme-. -Lo harás- ella parecía muy segura de eso, no podía imaginar algo que fuera gracioso. Le daré a la persuasión otro intento, mire fijamente sus ojos, uno cosa fácil para hacer, sus ojos eran tan profundos y susurre -¿por favor?- Ella pestañeo y su cara se puso en blanco. Bueno esa no era la reacción que yo esperaba. -E...¿que?- pregunto, se veía un poco mareada ¿que tenia?. Pero no iba a rendirme aun. -Por favor cuéntame una teoría- le pedí en mi suave para nada terrorífica voz, mirándola a los ojos un minuto. Para mi sorpresa y satisfacción finalmente funciono. “Um, bien ¿te ha mordido una araña radioactiva?- ¿Historietas? con razón ella creí que me iba a reír. -Eso no es muy creativo- le dije intentando esconder mi alivio -Lo siento, es todo lo que tengo- dijo ofendida. Eso me alivio inclusive mas, podía molestarla de nuevo. -No estas nada cerca- -¿nada de arañas?- -No pe- -¿y nada de radioactividad?” -nada- -demonios- dijo. -La kriptonita tampoco me afecta- le dije rápidamente. Antes de que empezara a preguntar me reí, por que ella creía que yo era un superhéroe. -Se suponía que no te ibas a reír ¿recuerdas?-. Presione mis labios. -Lo descubriré eventualmente- prometió. Y cuando lo hiciera, huiría. -Desearía que no lo hicieras- dije. -¿Por que...?- le debía honestidad y aun así trate de sonreír para que las palabras sonaran menos amenazantes, -¿qué pasaría si no fuera un superhéroe? y ¿si fuera el chico malo?-. Sus ojos brillaron por un segundo y sus labios se abrieron un poco. -Oh- dijo y luego otro segundo -ya veo-. Ella finalmente me había escuchado. -¿Lo vez?- pregunte trabajando en concentrar mi agonía. -¿Eres peligroso?- ella adivino, su aliento empezó a acelerarse y su corazón a latir más rápido. No podía responder a eso ¿este era mi ultimo momento con ella? ¿Huiría ahora? ¿Podría permitirme decirle que la amo antes de que se fuera? ¿o eso la asustaría más?. -Pero no malo- ella suspiro, sacudiendo su cabeza, no había miedo en sus ojos. “no, no creo que seas malo-. -Estas equivocada- respondí. Por supuesto que yo era malo. No estaba regocijándome en ello, mientras ella era más buena que yo ¿la merecía? si yo fuera una buena persona me hubiera mantenido alejado de ella. Estire mi mano a través de la mesa buscando la tapa de la limonada como una excusa, ella no se asusto con la repentina cercanía de mi mano, ella realmente no me temía, aun no. Gire la tapa, mirándola en lugar de a ella, mis pensamientos eran un caos. Corre, Bella, corre. No pude decir eso en voz alta. Ella se levanto -vamos a llegar tarde- dijo mientras me empezaba a preocupar de que hubiera escuchado mi silenciosa advertencia. -No voy a ir a clases-. -¿Por que no?- Por que no te quiero matar -es saludable saltarse clases de vez en cuando-. Para ser preciso, era más saludable para los humanos que los vampiros faltaran los días que la sangre humana iba a estar salpicando. El test de sangre del Sr. Banner de hoy. Alice ya me había advertido en la mañana. “Bueno yo si voy” dijo. Eso no me sorprendió. Ella era muy responsable, ella siempre hace lo correcto. Era lo opuesto a mí. “Entonces te veo luego” dije, tratando de sonar casual, mirando fijamente la tapa que giraba. Por cierto, te adoro…en una manera terrorífica y peligrosa. Ella dudo y yo pensé por un momento que ella había decidido quedarse conmigo después de todo. Pero la campana sonó y se apresuro. Espere hasta que ella se había ido, entonces puse la tapa en mi bolsillo, un recuerdo de la más consiguiente conversación, y camine a través de la lluvia hacia mi carro. Puse mi CD favorito de música calmada, el mismo que escuche el primer día, pero no escuche por mucho las notas de Debussy. Otras notas estaban corriendo dentro de mi cabeza, un fragmento que me alegraba e intrigaba. Apague el estéreo y escuche la música que sonaba en mi cabeza, tocando el fragmento mientras se convertía en una armonía completa. Instintivamente, mis dedos se movieron en el aire sobre las teclas de un piano imaginario. La nueva composición estaba realmente surgiendo sola cuando mi atención era atrapada por una ola de angustia mental. Mire hacia la angustia. ¿Se va a desmayar? ¿Qué hago? Mike se asusto. A unos 100 metros, Mike Newton estaba bajando el cuerpo de Bella hacia la acera. Ella se recostó sobre el concreto, sus ojos estaban cerrados, su piel blanca como un cadáver. Casi arranque la puerta del carro. “¿Bella?” grité. No había ningún cambio en su rostro sin vida cuando grite su nombre. Todo mi cuerpo se volvió mas frió que el hielo. Yo era consciente de la sorpresa agravada de Mike que reconocí como furia en sus pensamientos. El solamente estaba pensando en su furia hacia mí, así que no supe que es lo que tenia Bella. Si él había hecho algo para herirla, podría aniquilarlo. -¿Qué le pasa? ¿Está herida?- demande saber, tratando de concentrarme en sus pensamientos. Era enfurecedor caminar a paso humano. No debía de haber llamado la atención antes de acercarme. Entonces pude oír su corazón latiendo he inclusive su respiración. Mientras miraba ella se apretó los ojos fuertemente. Eso borro algo de mi pánico. Vi algunas memorias de la cabeza de Mike, un chorro de imágenes del laboratorio de Biología. La cabeza de Bella contra la mesa, su pálida piel volviéndose verde. Gotas de rojo cayendo en tarjetas blancas... Prueba de sangre. Me detuve donde estaba, reteniendo mi aliento. Su esencia era una cosa pero su sangre era otra. -Creo que se desmayo- Mike dijo ansioso y resentido al mismo tiempo. -No sé que le paso no ha movido ni un dedo-. El alivio me refresco y respire de nuevo, saboreando el aire. Ah, podía oler un poco la pequeña herida del dedo de Mike. Después eso me había apelado. Me arrodille a un lado de ella, mientras Mike esperaba ceñudo junto a mí, furioso por mi intervención. -Bella ¿puedes oírme?- -No- ella gimió. -Vete” El alivio era tan exquisito que me reí. Ella estaba bien. -La estaba llevando a la enfermería- dijo Mike. -Pero no quiso caminar mas- -Yo la llevare, tu vuelve a clase- dije despidiéndolo. Los dientes de Mike se apretaron. -No, se supone que yo haga eso-. Yo no me iba a quedar discutiendo con el cretino. Emocionado y aterrorizado, medio agradecido y medio confundido por el predicamento que hacia tocarla una necesidad, gentilmente levante a Bella de la acera y la tuve en mis brazos, tocando solamente su ropa, manteniendo la mayor distancia posible entre nuestros cuerpos. Estaba cruzando el espacio en el mismo movimiento, apresurado por mantenerla a salvo, lejos de mi en otras palabras. Sus ojos se abrieron, sorprendidos. -Bájame- ordeno en una voz débil, avergonzada de nuevo, supuse por su expresión. A ella no le gustaba mostrar debilidad. Apenas escuche los pensamientos de protesta de Mike detrás de nosotros. -Te ves horrible- le dije sonriendo abiertamente por que no había nada malo con ella más que un pequeño asomo de un estomago débil. -Déjame en la acera- dijo, sus labios estaban blancos. -Así que te desmayas al ver la sangre- ¿podría haber algo mas irónico?. Cerró los ojos y presiono sus labios. -Y no es tu propia sangre- añadí ensanchando mas mi sonrisa. Estábamos en la oficina principal, la puerta estaba abierta una pulgada y la patee para entrar. La señora Cope brinco asustada. -Oh, mi,- murmuro mientras examinaba a la chica cenicienta en mis brazos. -Se desmayo en Biología- le expliqué, antes de que su imaginación llegara muy lejos. La Sra. Cope de apresuro a abrir la puerta de la enfermería. Los ojos de Bella estaban abiertos de nuevo mirándola. Escuche la sorpresa interna de la enfermera mientras recostaba a la niña cuidadosamente en la única camilla. En cuanto Bella estuvo lejos de mis brazos puse la anchura de la habitación entre nosotros. Mi cuerpo estaba muy emocionado, muy despierto, mis músculos tensos y el veneno fluyendo. Ella era muy cálida y aromática. -Sufrió un pequeño desmayo- dije tranquilamente a la Sra. Hammond. -Están haciendo test de sangre en Biología-. Ella asintió, entendiendo ahora. -Siempre le pasa a alguien-. Sofoque una risa. Tenía que ser Bella ese alguien. -Solo recuéstate por un minuto, querida- dijo la Sra. Hammond. -Se te pasara-. -Lo sé- dijo Bella. -¿Te ocurre a menudo?- preguntó la enfermera. -A veces- admitió Bella. Trate de esconder mi risa tosiendo. Esto atrajo hacia mí la atención de la enfermera. -Te puedes ir a clase ahora- me dijo. La miré fijamente a los ojos y le mentí con una perfecta confianza. -Se supone que me debo quedar con ella-. *Hmm... Me preguntó... oh esta bien. La Sra. Harmmond asintió. Eso funcionó ¿por qué Bella lo tenia que hacer todo tan difícil?. -Te traeré algo de hielo para tu frente, querida- dijo la enfermera, suavemente un poco incomoda por mirar mis ojos, del modo en que los humanos debía ser, y dejo el cuarto. -Tenías razón- Bella gimió, cerrando sus ojos. ¿A qué se refería? salte a la peor conclusión, habría aceptado mis advertencias. -Usualmente la tengo- dije tratando de mantener el tono divertido en mi voz. -¿Pero en qué particularmente esta vez?-. -Saltarse clases es saludable-. Ah, el alivio de nuevo. Entonces se quedo callada. Solo respiraba lentamente, inhalaba y exhalaba, sus labios estaban comenzando a ponerse rosados. Su boca estaba un poco fuera de balance, su labio inferior era un poco mas relleno que el superior, mirar su boca me hizo sentir extraño, me hacia querer acercarme a ella, lo cual no era una gran idea. -Me asustaste por un minuto haya afuera- dije para retomar la conversación así podría oír su voz de nuevo. -Pensé que Newton estaba arrastrando tu cadáver para enterrarlo en el bosque”. -Ha ha- Ella dijo. -Honestamente, he visto cadáveres con mejor aspecto que tú-. Esto era en realidad verdad. -Estaba preocupado por si tendría que vengar tu muerte-. Y así lo hubiera hecho. -Pobre Mike- ella suspiró. -Debió de molestarle-. La furia se apodero de mí, pero la contuve rápidamente. Su preocupación era solo lástima. Ella es amable. Eso es todo. -Él absolutamente me detesta- le dije, animado por la idea. -No puedes saber eso.- -Vi su cara, puedo saberlo- eso era probablemente verdad, que leyendo su cara podría haberme dado la suficiente información para hacer esa deducción en particular. Toda esta práctica con Bella me estaba ayudando con las expresiones humanas. -¿Cómo me viste? pensé que te estabas saltando las clases-. Su cara se veía mejor, el verde se había ido de su piel transparente -Estaba en mi auto escuchando un CD-. Su expresión cambio, como si respuesta ordinaria la hubiera sorprendido de alguna manera. Abrió los ojos de nuevo cuando la Sra. Hammond entro con un paquete de hielo. -Aquí tienes, querida- dijo la enfermera mientras la ponía en la frente de Bella. -Ya te ves mejor-. -Creo que ya estoy bien- dijo bella sentándose y quitándose el paquete de hielo. Por supuesto. No le gusta que nadie cuide de ella. Las manos arrugadas de la Sra. Hammond revolotearon alrededor de la chica, como si fuera a empujarla hacia abajo, pero en ese momento la Sra. Cope abrió la puerta y entro, con un fresco aroma a sangre, solo un sopló. Invisible en la oficina detrás de mí, Mike Newton seguía bastante enojado, deseando que el pesado chico que cargaba fuera la chica que estaba conmigo. -Tenemos otro- dijo la Sra. Cope. Bella rápidamente salto de la camilla, agradecida de no ser el centro de atención. -Aquí tiene- dijo devolviéndole la compresa fría a la Sra, Hammond -no la necesito mas-. Mike gruño mientras medio cargaba a Lee Stevens a través de la puerta, la sangre seguía goteando de la mano con la que se sostenía la cabeza. -Oh no- esta es mi señal para salir y parecía que también para Bella. -Salgamos de aquí, Bella-. Ella me miro fijamente con ojos perplejos. -Confía en mi, salgamos-. Ella salió antes de que se cerrara la puerta, apresurándose hacia la oficina, la seguí unos centímetros detrás de ella, su cabello despeinado rozo mi mano... Ella se volteó para mirarme. “En realidad me escuchaste- esa era la primera vez. Su pequeña nariz se movió. -Olí la sangre-. La miré con sorpresa. -La gente no puede oler la sangre-. -Bueno, yo si puedo, es lo que me hace sentir mal. Huele como a oxido y a sal-. Mi rostro se congeló aún mirándola fijamente. ¿Era en realidad humana? se veía como humana. Se sentía suave como humana. Olía como humano, bueno mejor en realidad. Actuaba como humana... más o menos, pero no pensaba como humana o respondía como una. ¿Qué otra cosa era entonces? -¿Qué?- preguntó. -Eso es nada-. Mike Newton nos interrumpió, entrando al cuarto resentido, con pensamientos violentos. -Te ves mejor- dijo un poco rudo. Mi mano se movió, queriendo enseñarle algunos modales, tendría que controlarme mejor o podría terminar matando a un chico fastidioso. “Ocúpate de tus asuntos- dijo ella, por un instante pensé que me estaba hablando a mí. Nadie mas esta sangrando, respondió con mal humor. -¿Vas a regresar a clases?-. “¿Estas bromeando? Tendría que dar la vuelta y regresar-. Eso estaba bien. Pensé que tendría que perderme esta hora con ella y ahora tengo tiempo extra, se sentía genial. -Si, supongo- Mike murmuró. -¿Irás este fin de semana? ¿A la playa?-. Ah, tenían planes, la ira tomo su lugar de nuevo, sin embargo era un viaje en grupo, habría otros estudiantes allí. No eran solo ellos dos. Yo todavía seguía furioso, me recargue en el mostrador tratando de controlarme. -Seguro, te dije que iría- le prometió ella. Así que le había dicho que si a él, los celos me quemaban, mas que la sed. No, era una salida en grupo. Trate de convencerme. Ella solo va a pasar el día con sus amigos, nada más. -Nos encontraremos en la tienda de mi padre a las 10:00” y Cullen NO está invitado. -Estaré allí- dijo ella. -Te veré en gimnasia, entonces- “Nos vemos”, ella contestó. Él se fue hacia sus clases, sus pensamientos estaban llenos de ira. ¿Qué ve ella en ese fenómeno? seguro, es rico, supongo, las chicas creen que él es guapo. Pero no veo por que, demasiado... demasiado perfecto. Apuesto a que su papá experimenta en todos ellos con cirugías plásticas. Por eso es que ellos son tan pálidos y guapos. Eso no es natural. Además él es como... aterrador. A veces cuando me mira podría jurar que esta pensando en matarme... fenómeno... Mike no era totalmente despistado. -Gimnasia- Bella repitió quietamente. La mire, parecía que estaba triste por algo otra vez, no estaba seguro porque, pero era claro que no quería ir con Mike a la siguiente clase y yo tenía un plan para ello. Fui a sentarme a un lado de ella un poco cerca de su rostro, sintiendo el calor de su piel radiando hacia mis labios, no me atrevería a respirar. -Me puedo ocupar de eso- murmuré. -Ve a sentarte y aparenta estar pálida-. Ella hizo lo que le pedí, sentándose en una de las sillas plegables y recargando su cabeza contra la pared, mientras tanto la Sra. Cope salió de la enfermería y fue a su escritorio. Con los ojos cerrados, Bella parecía como si se hubiera desmayado de nuevo, su color aun no había regresado. Me volví hacia la secretaria, con suerte Bella estaría prestando atención esta vez pensé con sarcasmo. Así era como un humano debía responder. -¿Sra. Cope?- pregunte usando mi más persuasiva voz de nuevo. Sus ojos revolotearon y su corazón latió más rápido. Demasiado joven ¿no puedes controlarte?. -¿Si?. Eso era interesante. Cuando el pulso de Shelly Cope se aceleraba, era porque ella me encontraba físicamente atractivo, no por que estuviera asustada. Estaba acostumbrado a estar rodeado de hembras humanas.... y aun no había considerado esa explicación para los acelerados latidos del corazón de Bella. Me gustaba eso, mucho más a decir verdad. Sonreí y la respiración de la Sra. Cope se volvió ruidosa. -Bella tiene gimnasia en la próxima hora y no creo que se sienta muy bien aún, a decir vedad estaba pensando en llevarla a casa ahora. ¿Podría dispensarla de su clase?-. La mire fijamente a los ojos, disfrutando del estrago que esto provocaba en el proceso de su pensamiento. ¿Era posible que Bella...? La Sra. Cope tuvo que aclararse la garganta ruidosamente antes de responder. -¿Necesitas que te dispense a ti también, Edward?-. -No, tengo clase con la Sra. Goff, a ella no le importará-. No estaba prestándole mucha atención. Ahora estaba explorando esta nueva posibilidad. Hmm, me gustaba pensar que Bella me encontraba atractivo como las otras humanas, pero ¿cuándo tenía Bella las mismas reacciones que las otras humanas? No debería esperanzarme mucho. -De acuerdo, esta listo, espero que te sientas mejor Bella-. Bella asintió despacio, actuando además un poquito. -¿Puedes caminar o quieres que te cargue de nuevo?- le pregunté bromeándola por su pobre actuación, sabía que querría caminar, no le gusta que cuiden de ella. -Caminaré- respondió. Correcto de nuevo, estaba encontrándole lo bueno a esto. Ella se levanto, dudando por un momento como si perdiera el equilibrio, detuve la puerta para que ella saliera, y caminamos hacia la lluvia. La miré levantar la cara hacia la llovizna con los ojos cerrados y con una pequeña sonrisa en los labios. ¿Qué estaría pensando? . Algo de su reacción parecía raro y rápidamente me di cuenta de que su postura me era rara. Las chicas normales no levantan sus caras hacia la lluvia normalmente ocultan sus caras; las chicas normales usan maquillaje, inclusive en este lugar tan húmedo. Bella nunca usaba maquillaje, no debería. La industria de los cosméticos gana billones al año de mujeres que tratan de cambiar su piel con ello. -Gracias- dijo ella sonriéndome de nuevo. -Vale la pena estar enferma para no ir a gimnasia-. Caminé a través del campus pensando como alargar este momento. -Cuando quieras- dije. -¿Irás? este sábado ¿quiero decir?- sonaba esperanzada. Ah, su esperanza era calmante. Ella quería que fuera con ella y no Mike Newton. Y yo quería decir si. Pero había tantas cosas para considerar: Primero, estaría soleado este sábado... -¿A dónde irás exactamente?- traté de mantener mi voz sin cambios, como si no importara mucho. Mike había dicho playa, sin embargo. No había muchas maneras de evadir el sol allí. -Allá abajo, a la Push, a la primera playa-. Demonios, era imposible entonces. De todas maneras, Emmett se molestaría si cancelaba nuestros planes. La miré de nuevo y sonreí un poco. -Creo que no estoy invitado-. Ella suspiró, resignada. -Acabo de invitarte-. “No abusemos mas de Mike entre tu y yo esta semana. No vaya a romperse- me imaginé a mi mismo rompiendo a Mike, disfrutando la imagen mental intensamente. -El blandengue de Mike- dijo ella de nuevo. Sonreí ampliamente. Y ella empezó a alejarse de mí. Sin pensar en mi acción la alcance y la sujete de la chaqueta. Ella se detuvo. -¿A dónde crees que vas?- estaba molesto por que ella me estaba dejando. Aún no había tenido suficiente tiempo con ella. No se podía ir, aún no. -Me voy a casa- dijo como si se preguntará por que esto me molestaba. -¿No me escuchaste decir que te dejaría en casa a salvo? ¿Piensas que te voy a dejar conducir en estas condiciones?” sabia que no le agradaría eso, mi implicación de debilidad por su parte. Pero de todas maneras necesitaba practicar para nuestro viaje a Seattle. Ver si podía manejar la proximidad en un espacio cerrado. Esto era un viaje mucho más corto. -¿Qué condición?-, ella preguntó. -¿Y qué hay con mi camioneta?-. -Le diré a Alice que la deje después de la escuela-. La jalé hacia mi carro suavemente, como si supiera que caminar hacia adelante fuera un problema para ella. -¡Déjame!- dijo moviéndose hacia los lados como si fuera a tropezar. Mantuve una mano fuera para atraparla, pero ella se equilibro antes de que fuera necesario. No debería de estar buscando excusas para tocarla. Eso me hizo pensar en la reacción de la Sra. Cope hacia mí, pero lo archivaré para más tarde. Había mucho para considerar en este frente. La deje ir a un lado del carro y ella tropezó con la puerta. Tendría que ser mucho más cuidadoso con ella, tomar en cuenta su pobre equilibrio... -¡Eres tan insistente!- -Esta abierto.- Me acomode en mi lugar y encendí el auto. Ella mantuvo rígidamente su cuerpo, todavía afuera en la lluvia y yo sabia que a ella no le gustaba el clima frío y húmedo. El agua estaba escurriendo por su cabello oscureciéndolo hasta ser negro. -Soy perfectamente capaz de manejar a casa-. Por supuesto ella lo era, pero yo no era capaz de dejarla ir. Baje la ventanilla y me incliné hacia ella. -Entra Bella-. Entrecerró sus ojos y supuse que se estaba debatiendo en si debía o no correr. -Te arrastraría de vuelta- le prometí, disfrutando el cambio de su cara cuando se dio cuenta de lo que significaba. Su barbilla se tensó en el aire, ella abrió su puerta y subió. Su pelo goteo en la tapicería y sus botas rechinaron una contra la otra. -Esto es completamente innecesario- dijo fríamente. Creí que estaba avergonzada, baje el pique. Subí la calefacción para que no estuviera incómoda y puse la música a un volumen bajo, como fondo. Maneje hacia la salida, mirándola de reojo, su labio inferior estaba fruncido. Miré con fijeza esto. Examinando como me hacía sentir esto... pensando en la reacción de la secretaria de nuevo... De pronto ella miró el stéreo y sonrió, sus ojos se agrandaron -¿Claro de Luna?- preguntó. ¿Una admiradora de los clásicos? -¿conoces a Debussy?- -No muy bien- dijo. -Mi madre pone música clásica en casa, solo conozco a mis favoritos- -Es uno de mis favoritos también-: Miré fijamente la lluvia, considerando eso. En realidad tenía algo en común con la chica. Estaba empezando a pensar que éramos lo opuesto en todo. Ella parecía más relajada ahora, mirando la lluvia como yo, con los ojos ciegos. Use esa distracción momentánea para experimentar con la respiración. Inhale cuidadosamente por la nariz. Potente. Apreté el volante más fuerte. La lluvia la hacia oler aún mejor. No podía creer que eso era posible. Estúpidamente ya estaba pensando como sabría. Trate de tragar el ardor de mi garganta, para pensar en algo más. -¿Cómo es tu madre'- pregunte como una distracción. Bella sonrió. -Se parece mucho a mi, pero es más bonita-. Dude eso. -Tengo demasiado de Charlie en mí-, ella continuó. -Ella es más extrovertida que yo y más valiente-. Dude eso, también. -Es irresponsable y un tanto excéntrica y es una cocinera impredecible. Es mi mejor amiga-. Su voz de volvió melancólica, su frente se crispo. Nuevamente ella parecía más un padre que un hijo. Me detuve frente a su casa, muy tarde para preguntarme si se suponía que yo sabía donde vivía. No, esto no debía de ser extraño ya que su padre era una figura pública en un pueblo pequeño... -¿Cuántos años tienes, Bella?- debía ser mayor de lo que parecía. A lo mejor entro tarde a la escuela o había sido retenida... eso tampoco era probable. -Tengo diecisiete- respondió. -No pareces de diecisiete-. Ella se rió. -¿Qué?'- -Mi mamá siempre dice que nací con treinta y cinco años y que cada año me vuelvo más madura-. Ella se rió de nuevo y luego añadió. -Bueno alguien debía ser el adulto-. Eso aclaraba muchas cosas. Podía entenderlo ahora... como su irresponsable madre la había hecho madurar antes. Ella creció antes, para convertirse en su cuidadora, es por eso que no le gustaba que cuidaran de ella, sentía como si ese fuera su trabajo. -Tú tampoco pareces un adolescente de escuela secundaria- dijo ella, sacándome de mis pensamientos. Por cada cosa que yo percibía de ella, ella percibía mucho más a cambio. Cambie el tema. -¿Así que por que tu madre se caso con Phil?- Ella pensó antes de responder. -Mi madre... es mucho mas joven para su edad, creo que Phil la hace sentir mas joven, de cualquier manera ella esta loca por él-. Ella asintió la cabeza de manera indulgente. -¿Lo apruebas?- pregunté. -¿Eso importa?- preguntó. -Quiero que ella sea feliz y si eso es lo que quiere-. La bondad de su comentario debió haberme sorprendió, excepto que eso encajaba demasiado bien en lo que había aprendido de su carácter. -Eso es muy generoso... me pregunto si...- -¿Qué?- -¿tendría ella la misma cortesía contigo? ¿Sin importar a quien escogieras?- Esa era una pregunta tonta y no pude mantener mi voz casual mientras la hacia. Que estúpido era pensar que alguien aceptaría que me acercara a su hija. Que estúpido pensar que Bella me escogiera. -Eso... eso creo- ella tartamudeó, reaccionando de alguna manera a mi mirada ¿miedo... o atracción?. -Pero ella es un padre. Después de todo, es un poco diferente- ella concluyó. Sonreí un poco. -Nadie que asuste mucho-. Ella me miró. -¿A qué te refieres que asuste mucho? ¿Múltiples perforaciones y grandes tatuajes?- -Esa es una definición, supongo-. Una muy diferente definición, a la de mi mente. -¿Cuál es tu definición?- Ella siempre pregunta las preguntas equivocadas. O posiblemente las correctas, quizás. Yo no podía responder de todas maneras. -¿Crees que yo puedo asustar?- le pregunté tratando de sonreír un poco. Ella lo pensó antes de responderme en una voz muy seria. -Hmm... creo que podrías si te lo propusieras- Yo estaba serio también. -¿Te asustó ahora?-. Ella respondió rápido, sin pensarlo siquiera. -No-. Sonreí de nuevo. No creí que me estuviera contando la verdad, pero tampoco creí que ella estuviera mintiendo. Ella no me temía lo suficiente como para irse, al menos. Me pregunte como se sentiría si le dijera que estaba discutiendo eso con un vampiro. Me estremecí por dentro al pensar en su reacción. -Así que ¿ahora me vas a contar de tu familia? seguro es más interesante que la mía.” Una más terrorífica, al menos. -¿Los Cullen te adoptaron?-. -Si- Ella dudo un momento y luego pregunto en voz baja. -¿Qué le paso a tus padres?-. Esto no era tan difícil, no tendría que mentirle. -Ellos murieron hace mucho tiempo-. -Lo lamento- murmuró rápido, obviamente preocupada por haberme herido. Ella estaba preocupa por mi. -La verdad no los recuerdo mucho- le aseguré. -Carlisle y Esme han sido mis padres durante mucho tiempo-. -Y los quieres- dedujo. Sonreí. -Si, no podría pensar en dos mejores personas-. -Tienes mucha suerte-. -Lo sé- en esas circunstancias, en cuestión de padres no podría negarlo. -¿Y tus hermanos y hermanas?-. Si la dejaba preguntar muchos detalles, tendría que mentirle. Miré el reloj, decepcionado de que mi tiempo con ella se hubiera terminado. -Mi hermano y hermana, y Jasper y Rosalie van a estar molestos si les toca esperarme en la lluvia-. -Ah, disculpa, supongo que te tienes que ir-. Ella no se movió. Tampoco quería que nuestro tiempo se terminara, eso me gustaba mucho. -Y probablemente querrás tu camioneta de vuelta antes de que el Jefe Swan llegué a casa así no tendrás que contarle del incidente de Biología-. Sonreí al recordar su vergüenza cuando estuvo en mis brazos. -Estoy segura de que ya se entero. No hay secretos en Forks- dijo el nombre del lugar con frialdad. Me reí ante sus palabras. No hay secretos. -Diviértete en la playa-. Miré la lluvia, sabiendo que no duraría mucho y deseaba más que nunca que así fuera. -Buen clima para tomar el sol-. Bueno lo sería el sábado. Ella lo disfrutaría. -¿No te veré mañana?-Ella preguntó, la preocupación en su tono me reconfortó. -No, Emmett y yo empezaremos el fin de semana antes-. Estaba molesto conmigo mismo por haber hecho esos planes. Podría cancelarlos... pero no había como demasiada caza en este momento y mi familia estaría preocupada acerca de mi comportamiento sin revelarles lo obsesivo que me estaba volviendo. -¿Qué harán?- preguntó, no muy feliz por la revelación. Bien. -Iremos a acampar en Goat Rocks Wilderness, junto a Rainier-. Emmett estaba desesperado por un oso. -Oh, esta bien diviértanse- dijo decepcionada, su falta de entusiasmo me alegraba de nuevo. Entre mas tiempo estaba con ella mas me dolía decirle un adiós temporal. Ella era tan suave y vulnerable. Parecía tonto dejarla fuera de mi vista, donde cualquier cosa podría pasarle. Y sin embargo las peores cosas que podrían pasarle podrían ser resultado de estar conmigo. -¿Harías algo por mi este fin de semana?- pregunté muy serio. Ella asintió sus ojos me miraron por mi intensidad. Mantenlo casual. -No te ofendas, pero pareces una de esas personas que atraen los problemas como un imán. Así que... trata de no caerte en el mar o dejarte atropellar por algo ¿Correcto?- Le sonreí, esperando que ella no viera la tristeza en mis ojos. Cuanto desearía que ella no estuviera mucho mejor sin mi, no importaba que le pasara aquí. Corre, Bella, corre. Te amo demasiado para tu propio bien o mío. Ella se ofendió por mi pedido. Me miró. -Veré que puedo hacer-, saliendo hacia la lluvia y azotando la puerta con toda la fuerza que tenía. Solo enojada como un gatito que se cree tigre. Giré mi mano alrededor de la llave, acababa de sacar mi mano del bolsillo de su chaqueta y sonreí mientras conducía.
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stephenie Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 18, “Nomadas” Todo había salido mal aquella tarde. Ahora nos encontrábamos en una desenfrenada carrera, tratando de llegar a casa de Bella antes que James terminara con la vida de su padre. Apreté mis manos contra el volante. Los recuerdos de las horas pasadas quemaban mi mente…. “Uno tras otro llegaron al borde del campo y se acercaron lentamente hacia nosotros. Carlisle, Emmett y Jasper salieron ha su encuentro. Aquel que parecía ser el líder se llamaba Laurent. Su mente albergaba numerosos y terribles recuerdos. Al parecer tenía tantos años como Carlisle.Hablaba con soltura nuestro idioma pero con un marcado acento francés. Sus recuerdos me mostraron grandes palacios y horribles cloacas. Era tan marcada la diferencia como el día y la noche. En algún tiempo de su existencia había gozado de comodidades, disfrutado de lo bueno de la vida humana. Mucho tiempo había transcurrido desde aquello. —Creíamos haber oído jugar a alguien. Me llamo Laurent, y éstos son Victoria y James—. Dijo a mi padre. —Yo soy Carlisle y ésta es mi familia: Emmett y Jasper; Rosalie, Esme y Alice; Edward y Bella—. Les dijo mi padre. Señalando a cada uno sin dedicar a ello mucha importancia. Sabía muy bien lo que estaba haciendo. El que se llamaba James era sumamente astuto, solo le bastó una rápida mirada al grupo para comprender que Emmett era el mas fuerte de todos. Agradecí que no considerara las chicas como potenciales contrincantes, y claro que no se fijó mucho en Bella. — ¿Hay sitio para unos pocos jugadores más?—. Preguntó Laurent, con muchas ganas de conocernos. —Bueno, lo cierto es que acabamos de terminar el partido. Pero estaríamos verdaderamente encantados en otra ocasión. ¿Pensáis quedaros mucho tiempo en la zona?. Laurent hablo de sus planes de viaje y mi padre le previno de no cazar en esta zona ya que nos pertenecía. —Claro—. Dijo Laurent. —No pretendemos disputaros el territorio. De todos modos, acabamos de alimentarnos a las afueras de Seattle—. ¡Mentía!. Podía ver en su mente como disfrutaba recordando la caza del día anterior. La hembra se llamaba Victoria, era practicamente un animal. Había vivido toda su existencia sin interactuar con los humanos. Aunque todos vestían como excursionistas, solo bastaba una segunda mirada para comprender que no lo eran. Claro que nadie había podido dar la segunda mirada. Eran rápidos y despiadados con sus víctimas. La bondas era solo una característica de mi familia. Carlisle amablemente los invitó a casa para poder darnos tiempo y marcharnos. Mi padre jugaba con la curiosidad de ellos. Habían notado nuestras ropas y el color dorado de nuestros ojos. Todo estaba resultando de acuerdo a lo planeado por mi padre. Verdaderamente estaba logrando convencer al grupo con la ayuda de Jasper que distendía la atmósfera. —Os mostraremos el camino si queréis venir con nosotros—. Dijo por fin mi padre. —Emmett, Alice, id con Edward y Bella a recoger el Jeep—. Ya eramos libres para ir sin despertar sospechas. Sin embargo en ese preciso momento, la calidad corriente de aire resoplo por lo bajo en dirección hacia Laurent y su grupo, llevando con ella la esencia de Bella. Un par se segundos después James había descubierto a Bella y se disponía a tomarla. Me agazapé interponiéndome entre ellos. Todo mi cuerpo vibro mientras emitía un fuerte rugido. En su mente vi como planeaba atacar sin importar que yo me interpusiera en su camino. En su cabeza las imágenes de todas sus víctimas se sucedían una tras otra. Ya muchos años había vivido y el único placer que tenía en esta existencia, era cazar y matar horriblemente a sus víctimas. Disfrutaba de placer que le daban las suplicas y los llantos de los pobres humanos que por desgracia se cruzaban en su camino. La voz de mi padre, me trajo de vuelta. —Ella está con nosotros—. Les informó. — ¿Nos habéis traído un aperitivo?—. Dijo Laurent. Mientras se acercaba hacia nosotros. Rugí con todas mis fuerzas, contraje mis labios dejando al descubierto mis dientes. Laurent retrocedió al ver lo que estaba realmente sucediendo. —¡He dicho que ella está con nosotros!—. Le repitió mi padre, estaba vez dejando de lado su tomo amable. Laurent no entendía nuestro actuar. Se sentía desconcertado. Para el solo era otra humana. Emmett se unió a Carlisle y ante la presencia de este, James comprendió que no solo era yo quien protegía a Bella si no toda la familia. “¿Creen que me detendrán? Tal vez no la tenga hoy, pero no podrán estar siempre con ella y cuando eso suceda yo sabré aprovechar mi oportunidad. Haaaaa. Que delicioso es su aroma. ¿Y la quiere solo para el?. Pues yo la tendré solo para mi” Pensaba James, mientras lentamente abandonaba su postura de ataque. “Solo un poco de paciencia”. Apreté mis puños y estuve a punto de saltar sobre el. Pero temí que los otros fueran por Bella. El no la atacaría ahora, no delante de toda la familia. Quise tomar a Bella y huir donde fuera, no importaba donde. Quería sacarla de la vista que ese despreciable rastreador. Mi padre dialogaba con Laurent. El nada tenía en nuestara contra o de Bella. El no quería enemistarse con mi padre. Es mas, estaba un tanto encantado con el. —Aún nos gustaría aceptar vuestra invitación—. Le dijo este a mi padre. Promentiéndole que no atacarían a Bella. James se encontraba ahora furioso con aquellas declaraciones. Laurent no representaba nada para el. Solo permanecía junto a el por conveniencia dado los años de existencia que tenia Laurent. Victoria se debatía internamente. No sabía bien que hacer. Solo esperaba un movimiento, no le importaba quien lo hiciera primero. —Os mostraremos el camino. Jasper, Rosalie, Esme—. Dijo mi padre. Ellos se interpusieron entre nosotros. Alice se reunio junto a Bella y Emmett cubría la retaguardia. Por fin me sentí un poco mas seguro para poder relajar mi postura, pero sin dejar de vigilar a James el que retrocedió ante nuestra formación. “No sera aquí ni ahora, pero tarde o temprano será mia”. —Vámonos Bella—. Dije retrocediendo lentamente pero ella no se movía. Nunca odié más su condición humana como en ese momento. La tome por el brazo jalándola levemente. Bella se encontraba petrificada por el miedo y cuando despertó de su letargo por poco cae al suelo. Demasiado lento fue nuestro andar hasta el borde del bosque. Cuando por fin logramos llegar la subí a mi espalda y corrí con todas mis fuerzas hacia el coche. Alice y Emmett no pudieron con mi paso y los deje atrás fácilmente. Solo cuando había dejado en el asiento trasero a Bella llegaron junto a nosotros. Me lancé hacia la carretera a toda velocidad. No sabía exactamente hacia donde debía huir. De una cosa estaba seguro el primer lugar donde James buscaría seria en el pueblo. Cualquier otro lugar era igual de bueno para mí. Debía ver cada detalle. ¿Hasta donde nos acompañarian mis hermanos?. No quería separarlos de la familia, Esme seguramente ya estaba sufriendo demasiado. ¿Y que pasaría con Rosalie y Jasper? Ellos no soportarían vivir sin Emmett y Alice. Y yo no soportaría vivir con ellos sabiendo que eran infelices por mi culpa, por mi falta de criterio, por mi estupidez. ¡Maldita sea!... ¡Maldito el momento en que se me ocurrió!... ¡Maldito partido!... — ¡Maldita sea, Edward! ¿Adonde me llevas? —. Escuche de pronto las palabras de Bella. —Debemos sacarte de aquí, lo más lejos posible y ahora mismo—. Le dije tratando se sonar calmado. Bella no comprendía. No había visto como funcionaba la mente de James. Aquello no pararía, no terminaría jamás. Siempre estaría tras nosotros. Nunca dejaría de darnos caza. Ella gritaba para que la llevara de vuelta a su casa. Emmett tuvo que hacerse cargo de ella ya que no paraba de tirar del arnés. — ¡No! ¡Edward, no puedes hacer esto!—. —He de hacerlo, Bella, ahora por favor, quédate quieta—. ¿Que se suponía que hiciera? ¿Dejarla en casa como si nada hubiera ocurrido? De verdad lo sentía por su padre. Creo que me estaba ganando su simpatía. Pero por el nada podía hacer. Bella se encontraba descontrolada. Decía que su padre llamaría al FBI, que no pararía hasta dar con mi familia. No quería que arruináramos nuestra “vida” por su causa. Pero aquello no era su culpa. La culpa era toda mía y ahora debía pagar el precio. —Edward, dirígete al arcén—. Dijo Alice repentinamente. No quería sentir odio por mi hermana. Aquello me lastimaba. No ahora que los necesitaba más que nunca. Había deseado tanto que sus visiones no fueran ciertas, quería tener una ventana, como decía Emmett. ¿Y que había pasado? Se había equivocado y de la peor manera. El destino se reía en mi cara. Estaba empecinado en terminar con al existencia de Bella. No importaba que decisión tomara. Ahora estaba seguro que si nos hubiéramos quedado en su casa, el mismo James habría tocado a su puerta. Alice me pedía ahora que habláramos. ¿Que habláramos de qué? Le recordé que estábamos frente a un rastreador. ¿O nadie lo había notado? Pero ni ella o Emmett contestaron. —Para en el arcén, Edward—. Volvió a decir mi hermana. —Hazlo, Edward—. Pero yo no tenía la intencion de hacerlo, es más, si ellos querrian bajar deberían hacerlo saltando por la ventana. Detenerme no estaba entre mis opciones. —Escúchame—. Le dije a Alice sin mirarla. —Le he leído la mente. El rastreo es su pasión, su obsesión, y la quiere a ella, Alice, a ella en concreto. La cacería empieza esta noche—. Alice trataba de convencerme con estúpidos argumentos. El sabría donde buscar esa era su especialidad y con el aroma de Bella no le tomaría mucho tiempo encontrar su casa. — ¡Charlie! ¡No podéis dejarle allí! ¡No podéis dejarle!—. Gritaba ahora Bella. —Bella tiene razón—. Dijo Alice. Emmett se sumó a ellas, argumentando que podríamos contra el. Aclaré que no solo sería James, también deberíamos enfrentar a Victoria y Laurent. —Somos suficientes para ellos—. A el no le molestaba la idea. — ¡Tendremos que matarlos, a los tres!—. Grite tratando que entendieran. Nunca nos habíamos enfrentado a muerte con ninguno de nuestra especie. Ni con nadie. Y ahora estábamos planeando terminar con tres de una vez. —Hay otra opción—. Dijo Alice, pero ya no confiaba en sus visiones. — ¡No—hay—otra—opción!—. La mente de mi hermana era un caos. Bella habló rompiendo nuestro enlace. — ¿Querría alguien escuchar mi plan?—. —No—. Le respondí furioso. “No seas un idiota Edward”. Pensó Alice. “Es su padre y esto no ha sido culpa de ella. Todo esto es mi culpa, si quieres culpar a alguien, culpame a mi” Pero yo ya lo había hecho. Me debatía entre lo que sabía que era cierto y lo que la rabia me hacia sentir. Amaba a mi hermana y sabía que ella me amaba, así como también amaba a Bella. Sabía que ella habria echo todo lo posible por evitar esta situación. Pobre Alice, ella también sufría, casi tanto como yo. —Escucha, llévame de vuelta—. Dijo Bella suplicante. —No— . Le dije pero no le importo en lo mas mínimo y continuó hablando. Quería ir a su casa. Le diría a su padre que estaba cansada de Forks y que se marchaba. Si James se encontraba esperándola, vería que ella se marchaba y eso dejaba fuera de peligro a su padre. También dejaba fuera a mi familia y a mí, ya que su padre confirmaría que se había ido por su propia cuenta. —Vamos a hacerlo de esta manera—. Le dije mientras emprendimos el camino de vuelta a Forks. —Cuando lleguemos a la casa, si el rastreador no está allí, la acompañaré a la puerta. Dispones de quince minutos a partir de ese momento. Emmett, tú controlarás el exterior de la casa. Alice, tú llevarás el coche, yo estaré dentro con ella todo el tiempo. En cuanto salga, lleváis el Jeep a casa y se lo contáis a Carlisle. Claro que a Emmett no le gusto la idea de dejarlo fuera. —Iré contigo—. Me dijo. Pero yo no sabía cuanto tiempo estaríamos fuera. Lo último que necesitaba era que también Rosalie nos diera caza. —Si el se encuentra ahí, no parare— . Les dije Pero Alice prometió que no lo estaría. — ¿Qué vamos a hacer con el Jeep?—. Me preguntó ella. Cuando le dije que ella lo llevaría a casa, todo volvió a ponerse color de hormiga. Parecía que cada vez que yo decía algo todos se oponían. Ahora Alice quería viajar con Bella y Jasper para despistar a James. Decía que el sabía que yo nunca la dejaría. Bueno en algo tenía razón. Pero la sola idea de alejarme de ella era inconcebible, ridícula. Desafortunadamente tenían razón en todo lo que decían. Yo debía permanecer en Forks para calmar la curiosidad de su padre. No fuera a pensar que nos habíamos fugado. Con Bella fuera de la vista de James gozaríamos mas libertad para darle caza libremente, sin tener que preocuparme por ella. Además el pensaría que ella aun estaba en la ciudad ya que se había dado cuenta que estaba dispuesto a dar mi vida por ella”. …Y aquí me encuentro. Aferrado al volante, vencido y resignado a dejarla ir con Alice y Jasper. —Bella si te pones en peligro y te pasa cualquier cosa, cualquier cosa, te haré personalmente responsable. ¿Lo has comprendido?— —Sí —. Fue lo único que dijo a mis tontas amenazas. Me volví para hablar ahora con Alice. Le pregunte si Jasper podría manejar el tener a Bella tan cerca y además hacerse responsable de ella. Pero ella dijo que si, que debía confiar, que lo estaba haciendo muy bien teniendo todo en cuenta. Ya estamos llegando al pueblo y yo me estoy muriendo…
SOL DE MEDIANOCHE - COMPLETO Libro Saga Crepusculo - pov Edward. La continuación de sol de media noche sera noche entera De esas intensas búsquedas y grupos de discusión encontré Sol de Medianoche Completo, si, ya se que solo hay oficial hasta el capitulo 12, pero esta es la continuación. Lamento que a Stepheni Meyer, le sigan currando con este libro, pero que se le hará. (Información Libre y sin ataduras) Capítulo 1 PRIMER ENCUENTRO Éste era el momento del día en el que más deseaba ser capaz de dormir. El instituto. ¿O sería más apropiado emplear el término «purgatorio»? Si existía algún modo de purgar mis pecados, esto tenía que contar de alguna manera. El tedio era a lo que menos me había conseguido acostumbrar y, aunque parezca imposible, cada día me resultaba más monótono que el anterior. Supongo que ésta era mi manera de dormir, si el sueño se define como un estado inerte entre periodos activos. Me quedé mirando fijamente las grietas del enlucido de la esquina más lejana de la cafetería, imaginando dibujos en ellas. Era una manera de sofocar las voces que parloteaban dentro de mi mente como el gorgoteo de un río. Ignoré el centenar de voces por puro aburrimiento. Cuando a alguien se le ocurre algo, seguro que ya lo he oído con anterioridad más de una vez. Hoy, todos los pensamientos se concentraban en el trivial acontecimiento de una nueva incorporación al pequeño grupo de alumnos. No se necesitaba mucho para provocar su entusiasmo. Había visto pasar repetido el nuevo rostro de un pensamiento a otro, desde todos los ángulos posibles. Sólo era otra chica humana. La excitación que había causado su aparición resultaba predecible hasta el aburrimiento, era como mostrar un objeto brillante a un niño. La mitad del rebaño de ovejunos varones se imaginaba ya enamorándose de ella, sólo porque era algo nuevo que mirar. Puse más empeño en no prestar atención. Sólo hay cuatro voces que bloqueo por una cuestión de cortesía: las de mi familia, mis dos hermanos y mis dos hermanas, quienes están tan acostumbrados a la ausencia de intimidad en mi presencia que rara vez se dan cuenta. A pesar de ello, les concedo toda la privacidad posible. Procuro no escucharlos si puedo evitarlo. Lo intento con todas mis fuerzas, claro, pero aún así... me entero de cosas. Rosalie pensaba en ella misma, como de costumbre. Había captado su reflejo en las gafas de sol de alguien y se regodeaba en su propia perfección. La mente de Rosalie era un charco poco profundo de escasas sorpresas. Emmett estaba que echaba chispas después de haber perdido un combate de lucha libre con Jasper la noche anterior. Necesitaría de toda su escasa paciencia para llegar al final de las clases y organizar la revancha. Nunca he sentido que me entrometía en sus pensamientos porque nunca ha pensado nada que no pudiera decir en voz alta o poner en práctica. Sólo me siento culpable al leer la mente de los demás cuando me consta que les gustaría que ignorase ciertas cosas. Pero si la mente de Rosalie es un charco poco profundo, la de Emmett es un lago sin sombras, tan transparente como el cristal. Y Jasper estaba... sufriendo. Reprimí un suspiro. Edward. Alice me llamó por mi nombre, pero sólo sonó en mi cabeza y le dediqué de inmediato toda la atención. Era lo mismo que si la hubiera oído hablarme en voz alta.Me alegraba que en los últimos tiempos hubiese pasado de moda el nombre que me habían puesto. Menos mal, ya que hubiera resultado un fastidio volver la cabeza automáticamente cada vez que alguien pensara en algún Edward… En ese momento no me volví. A Alice y a mí se nos daban muy bien esas conversaciones privadas, y era raro que nos pillaran durante las mismas. Mantuve la mirada fija en las líneas que se formaban en el enlucido. ¿Cómo lo lleva?, me preguntó. Torcí el gesto, pero sólo pareció que había cambiado ligeramente la posición de la boca, nada que pudiera alertar a los otros. Era fácil que pensaran que lo hacía por aburrimiento. El tono de la mente de Alice ahora parecía alarmado y leí que vigilaba a Jasper con su visión periférica. ¿Hay algún peligro? Ladeé la cabeza hacia la izquierda muy despacio, como si contemplara los ladrillos de la pared, suspiré, y luego me volví hacia la derecha, de nuevo hacia las grietas del techo. Sólo Alice se dio cuenta de que estaba negando con la cabeza. Ella se relajó. Avísame si la cosa se pone fea. Moví sólo los ojos, primero arriba, hacia el techo, y luego abajo. Gracias por ayudarme con esto. Me alegré de no tener que contestarle en voz alta. ¿Qué le podría haber dicho? ¿«Encantado»? En realidad no era así. No disfrutaba asistiendo al debate interior de Jasper ¿Era necesario pasar por todo esto? ¿No era un camino más seguro admitir simplemente que él nunca sería capaz de controlar su problema con la sed como los demás, en lugar de tentar continuamente sus límites? ¿Por qué coquetear con el desastre? Habían pasado ya dos semanas desde nuestra última expedición de caza. No era un periodo de tiempo excesivamente insoportable para el resto de nosotros. Algo incómodo a veces, si un humano caminaba muy cerca de nosotros o si el viento soplaba del lado equivocado. Pero los humanos rara vez se aproximan a nosotros. El instinto les dice lo que sus mentes conscientes difícilmente comprenderían: que somos peligrosos. Y en ese preciso momento Jasper lo era en grado sumo. Una chica bajita se detuvo en un extremo de la mesa más próxima a la nuestra para hablar con un amigo. Se pasó los dedos entre el pelo corto, color arena, y sacudió la cabeza. Justo en ese momento la rejilla del aire acondicionado empujó su aroma en nuestra dirección. Yo estaba acostumbrado a la forma en que me hacía sentir el olor: sequedad y dolor en la garganta, un agujero anhelante en el estómago, un agarrotamiento instantáneo de los músculos, el flujo excesivo de ponzoña en la boca… Todo eso era bastante normal y, por lo general, fácil de ignorar; pero hoy resultaba más duro al tener los sentidos agudizados y notarlo todo por duplicado: la sed se multiplicaba al monitorizar las reacciones de Jasper. Era la sed de dos, no sólo la mía. Jasper intentaba mantener la mente lejos de allí. Estaba fantaseando…Imaginaba que se levantaba del lado de Alice y se paraba al lado de la chica. Pensaba en inclinarse como si le fuera a susurrar algo al oído y dejar que sus labios rozaran el arco de su garganta. Imaginaba también cómo fluía el cálido flujo de su pulso debajo de la fina piel que sentiría bajo su boca…Propiné una patada a la silla de Jasper. Nuestras miradas se encontraron durante un minuto, y luego él bajó la suya. Pude escuchar cómo se enfrentaban en su interior la culpa y la rebeldía. —Lo siento —musitó. Me encogí de hombros. —No ibas a hacer nada —murmuró Alice en un intento de mitigar el disgusto de Jasper—. Lo vi. Reprimí la mueca que hubiera echado por tierra la mentira de Alice; ella y yo debíamos apoyarnos el uno al otro. No resultaba fácil para ninguno de los dos oír voces y tener visiones del futuro. Éramos bichos raros, incluso entre los que ya lo eran de por sí. Nos protegíamos los secretos entre nosotros. —Pensar en ellos como personas ayuda un poco —sugirió Alice con voz aguda y musical, demasiado baja y rápida para que la escucharan los oídos humanos—.Se llama Whitney y tiene una hermanita muy pequeña a la que adora. Su madre invitó a Esme a aquella fiesta en el jardín, ¿te acuerdas? —Sé quién es —contestó Jasper secamente. Se volvió para mirar por una de las pequeñas ventanas situadas bajo el alero a lo largo del muro que rodeaba la gran habitación. El tono de su voz puso fin a la conversación. Deberíamos haber ido de caza el día anterior por la noche. Era ridículo enfrentar esa clase de riesgos, intentar demostrar entereza y mejorar la resistencia. Jasper tendría que asumir sus limitaciones y vivir con ellas. Sus antiguos hábitos no eran los más apropiados para el estilo de vida que habíamos elegido; no podría adaptarse a él. Alice suspiró silenciosamente y se puso de pie, llevándose la bandeja de comida —un atrezo, en realidad—y dejándole solo. Sabía hasta dónde llegar con su apoyo y cuándo dejar de hacerlo. Aunque era más evidente que Rosalie y Emmett mantenían una relación, Alice y Jasper se conocían tan bien que sentían los estados de ánimo del otro como si fueran propios. Parecía que también pudiesen leer las mentes, aunque sólo fuera entre ellos. Edward Cullen. Acto reflejo. Me volví al oír mi nombre, aunque no es que nadie lo hubiera pronunciado en voz alta, sólo lo había pensado. Mi mirada se encontró durante una breve fracción de segundo con la de un par de enormes ojos marrones, de color chocolate, unos ojos humanos en medio de un rostro pálido, con forma de corazón. Conocía ese rostro a pesar de no haberlo visto nunca con mis propios ojos. Era el tema más destacado del día en todas las mentes: la nueva alumna, Isabella Swan, la hija del jefe de policía de la ciudad, que había venido a vivir aquí por algún cambio en su situación familiar. Bella. Hasta ahora había corregido a todo el mundo que se dirigía a ella por su nombre completo… Miré a lo lejos, aburrido. Me llevó un segundo darme cuenta de que ella no había sido la persona que había pensado en mi nombre. Por supuesto, Bella ya se ha quedado alucinada con los Cullen, oí cómo continuaba el primer pensamiento que había oído. Identifiqué la «voz» como la de Jessica Stanley. Había pasadoya un tiempo desde que me incordió por última vez con su charloteo interno. Qué alivio sentí cuando ella superó ese desdichado encaprichamiento. Había sido casi imposible escapar de sus constantes y ridículas ensoñaciones. Me dieron ganas en aquel momento de explicarle con toda exactitud lo que podría haber ocurrido si mis labios, y los dientes detrás de ellos, se hubieran encontrado cerca de ella. Esto habría silenciado cualquier tipo de molestas fantasías con bastante rapidez. Pensar en su reacción casi consiguió arrancarme una sonrisa. Le iría bien engordar un poco, continuó Jessica. En realidad, ni siquiera es guapa. No entiendo por qué Eric la mira tanto... o Mike. Hizo una mueca mental de dolor al pensar en el último nombre. El nuevo capricho de Jessica, el súper popular Mike Newton, no sabía ni que ella existía. Sin embargo, no parecía tan insensible a la chica nueva. Otra vez la historia del chico fascinado por un objeto brillante. Aquello dio un giro mezquino a los pensamientos de Jessica, aunque en apariencia se mostraba cordial con la recién llegada mientras le explicaba lo que todos sabían sobre mi familia. La nueva seguramente habría preguntado por nosotros. Aunque hoy todo el mundo me mira a mí también, pensó Jessica muy pagada de sí misma, en un aparte. Ha sido una verdadera suerte que Bella compartiera dos clases conmigo... Apuesto a que luego Mike querrá preguntarme qué tal es... Intenté bloquear el absurdo parloteo antes de que sus superficiales e insignificantes pensamientos me volvieran loco. —Jessica Stanley le está sacando a la Swan, la chica nueva, todos los trapos sucios del clan Cullen —le murmuré a Emmett, para distraerme, que se rió entre dientes y pensó: Espero que lo esté haciendo bien. —En realidad, es bastante poco imaginativa. Sólo le ha dado un toque escandaloso, nada más. Ni una pizca de terror. Me siento un poco decepcionado. ¿Y la chica nueva? ¿También se siente ella decepcionada con el chismorreo? Presté atención a ver si escuchaba lo que esta chica nueva, Bella, pensaba de la historia de Jessica. ¿Qué vería cuando se fijara en la extraña familia con la piel del color de la tiza, de la que se apartaban todos? En cierta manera era cuestión de responsabilidad por mi parte conocer su reacción. Yo actuaba de vigía, a falta de un nombre mejor, para proteger a la familia. Si alguien empezara a concebir sospechas, yo los avisaría con tiempo suficiente para poder quitarnos de en medio con facilidad. Había ocurrido de vez en cuando que algún humano con una imaginación despierta nos había identificado con los personajes de un libro o una película. La mayoría de las veces se convencía de su error, pero era mejor trasladarse a otro lugar que arriesgarse a un examen. Rara vez, muy rara vez, alguien adivinaba la verdad y no le concedíamos la oportunidad de comprobar su hipótesis. Simplemente desaparecíamos, para convertirnos como mucho en un recuerdo aterrador… No escuché nada por más que fijé la atención en el lugar contiguo al cual continuaba fluyendo de forma compulsiva el frívolo monólogo interno de Jessica. Era como si allí no se sentara nadie. ¡Qué curioso!, ¿se habría ido la chica? No parecía probable, ya que Jessica seguía dándole la brasa. Miré hacia allí para comprobarlo, sintiéndome confuso. Comprobar con la vista lo que mi sentido extrasensorial me decía era algo que nunca antes había tenido que hacer. Mi mirada se trabó de nuevo en esos grandes ojos marrones. Ella se sentaba en el mismo lugar que antes, y nos miraba, algo natural, supuse, mientras Jessica continuaba regalándole los oídos con los chismorreos locales sobre los Cullen. Pensar sobre nosotros, sin duda, era algo natural. Pero no oía ni un susurro siquiera. Mientras bajaba la mirada, un tentador rubor de un rojo cálido invadió sus mejillas, diferente al de la vergüenza que se siente cuando te han sorprendido mirando fijamente a un desconocido. Era estupendo que Jasper aún estuviera mirando por la ventana. No quería imaginarme lo que ese natural flujo de sangre supondría para su autocontrol. Las emociones se mostraban tan transparentes en su cara que parecía llevarlas escritas en la frente: sorpresa —como si de forma inconsciente hubiera detectado indicios de las sutiles diferencias entre su naturaleza y la mía—, curiosidad mientras escuchaba la historia de Jessica, y algo más... ¿fascinación? No sería ésta la primera vez. Éramos hermosos a los ojos de los hombres, nuestras presas potenciales. Y al final, por fin, vergüenza por haberla pillado mirándome. Aun a pesar de que había mostrado con tal claridad los sentimientos en sus extraños ojos, extraños por lo profundos, de color marrón, que de tan oscuros casi parecían opacos, no oía nada más que silencio en el lugar donde ella se sentaba. Nada en absoluto. Me sentí incómodo durante unos momentos. Nunca me había encontrado con nada similar. ¿Me pasaba algo malo? Me notaba exactamente igual que siempre. Preocupado, presté aún más atención. De pronto, empezaron a gritar en mi cabeza todas las voces de alrededor que había contenido hasta ese momento. Me pregunto qué música le gustará... Quizás podría mencionar ese nuevo CD..., pensaba Mike Newton, dos mesas más allá, concentrado en Bella Swan. Eric Yorkie refunfuñaba mentalmente con sus pensamientos girando también alrededor de la nueva. Hay que ver cómo la mira. No le basta con tener a más de la mitad de las chicas del instituto pendientes de él. Es vergonzoso. Cualquiera pensaría que es famosa o algo por el estilo... La mira incluso Edward Cullen... Lauren Mallory estaba tan celosa que, en realidad, su rostro debería haber tenido el color del jade oscuro. Y Jessica, haciendo ostentación de su nueva mejor amiga. Qué gracia... La mente de la chica continuó escupiendo vitriolo. Apuesto a que todo el mundo le ha preguntado eso. Pero me gustaría hablar con ella. He de pensar en alguna pregunta más original... meditaba Ashley Dowling. Quizás esté en mi clase de Español... pensaba esperanzada June Richardson. Esta noche tengo toneladas de trabajo. Trigonometría y los ejercicios de Lengua. Espero que mamá… Angela Weber, un muchacha tranquila, cuyos pensamientos eran generalmente amables, algo poco habitual, era la única en la mesa que no estaba obsesionada con Bella. Podía oírlos a todos, oía cada insignificancia que se les ocurriera conforme pasaba por su mente, pero nada en absoluto procedente de aquella nueva alumna con esos ojos aparentemente tan comunicativos. Eso sí, podía escuchar lo que decía cuando se dirigía a Jessica. No necesitaba leer la mente para oírlas hablar con voz baja y clara en el lado opuesto de la gran estancia. —¿Quién es el chico de pelo cobrizo? —le oí preguntar mirándome disimuladamente de reojo, sólo para retirar de inmediato la vista cuando se dio cuenta de que aún seguía con los ojos fijos en ella. Todavía tuve tiempo de considerar esperanzado que oír el sonido de su voz me serviría para captar el tono de sus reflexiones, perdidos en algún lugar al que yo no podía acceder, pero enseguida me decepcioné. Lo normal es que los pensamientos de la gente tengan el mismo tono que sus voces físicas. Pero esa voz tranquila, tímida, me resultaba poco familiar, no pertenecía a ninguno de los cientos que rebotaban por la habitación, estaba seguro. Era completamente nueva. ¡Ja, buena suerte, idiota!, pensó Jessica antes de contestar la pregunta de la chica. —Se llama Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no pierdas el tiempo con él. No sale con nadie —levantó la nariz, desdeñosa—. Quizá ninguna de las chicas del instituto le parece lo bastante guapa. Volví la cabeza para ocultar la sonrisa. Jessica y sus compañeras de clase no tenían ni idea de la suerte que tenían al no interesarme ninguna de ellas en especial. En ese estado de humor fluctuante, sentí un impulso extraño que no terminé de entender. Quería hacer algo respecto al tono mezquino de los pensamientos de Jessica, de los que la nueva no era consciente… Sentí la extraña urgencia de interponerme entre ellas para proteger a Bella Swan de los oscuros manejos de Jessica. Era algo muy raro en mí sentir aquello. Intenté llegar hasta las motivaciones que alimentaban dicho impulso y volví a examinar a la chica. Quizás fuera un instinto protector, el del fuerte sobre el débil, sepultado en alguna parte desde hacía mucho tiempo. La muchacha parecía más frágil que sus nuevas compañeras de clase. Su piel era tan translúcida, que resultaba difícil creer que le ofreciera mucha protección frente al mundo exterior. Podía ver el rítmico pulso de su sangre a través de las venas bajo esa clara y pálida membrana… Sería mejor que no me concentrara en eso, se me daba muy bien la vida que había escogido, pero estaba tan sediento como Jasper y no tenía sentido darle alas a la tentación. Tenía una arruguita entre las cejas de la que ella no parecía consciente. ¡Aquello era increíblemente frustrante! Veía claramente el esfuerzo que le costaba estar allí sentada, intentando conversar con extraños, siendo el centro de la atención. Podía adivinar su timidez por la postura de sus hombros, de aspecto frágil, ligeramente hundidos, como si esperara un desaire de un momento a otro. Pero sólo podía adivinar, ver o imaginar. No había más que silencio en esta chica humana tan sumamente corriente. No podía oír nada. ¿Por qué? —¿Qué pasa? —murmuró Rosalie, interrumpiendo mi concentración. Dejé de mirar a la chica y sentí una especie de alivio. No deseaba seguir intentándolo sin éxito, me irritaba. Y no quería desarrollar ningún interés por sus pensamientos ocultos simplemente porque no podía acceder a ellos. Sin duda, cuando pudiera descifrarlos, y seguramente encontraría la manera de hacerlo, serían tan superficiales e insignificantes como los de cualquier otro humano. No merecían siquiera el esfuerzo que me costaría llegar hasta ellos. —¿Así que la chica nueva nos tiene miedo ya? —preguntó Emmett, esperando aún una respuesta. Me encogí de hombros. No estaba lo suficientemente interesado para seguir presionando y obtener más información. Ni debería interesarme. Nos levantamos de la mesa y salimos de la cafetería. Emmett, Rosalie y Jasper simulaban ser estudiantes de último curso, por lo que se dirigieron hacia sus respectivas clases. Yo interpretaba un papel más juvenil, de modo que me encaminé hacia la clase de Biología de primero, preparándome mentalmente para soportar el tedio. Era dudoso que el señor Banner, un hombre de intelecto medio, se las ingeniara para insertar en su explicación algo que pudiera sorprender a alguien que tenía dos licenciaturas en Medicina. En la clase, me instalé en mi silla y dejé que los libros, puro atrezo, puesto que no contenían nada que no supiera ya, se desparramaran por la mesa. Era el único alumno que no compartía pupitre. Los humanos no eran lo bastante listos para saber por qué me temían, pero su instinto de supervivencia resultaba suficiente para mantenerlos alejados de mí. El aula se fue llenando despacio conforme los chicos iban regresando del almuerzo en un lento goteo. Me repantigué en la silla y dejé transcurrir el tiempo. De nuevo, deseé ser capaz de dormir. Su nombre volvió a llamarme la atención, quizás porque estaba pensando en ella cuando Angela Weber la acompañó hasta la clase. Bella parece tan tímida como yo. Apuesto lo que sea a que este día le está resultando realmente difícil. Ojalá supiera qué decirle, pero seguramente sonaría estúpido… ¡Bien!, pensó Mike Newton mientras se revolvía en su asiento para ver entrar a las chicas. Pero seguía sin leer pensamiento alguno desde la posición ocupada por Bella Swan. El espacio vacío donde deberían estar sus pensamientos me irritaba y desconcertaba. Bella se acercó a la mesa del profesor avanzando por el pasillo lateral que había a mi lado. Pobre chica, el único pupitre libre era el contiguo al mío. Automáticamente limpié su lado del pupitre, empujando mis libros hasta formar una pila. Dudaba que se sintiera muy cómoda en ese asiento. Comenzaba lo que para ella prometía ser un semestre muy largo, al menos en esta clase. Sin embargo, quizás podría sacar a la superficie sus secretos al sentarme a su lado; no es que hubiera necesitado antes de proximidad para conseguirlo… y tampoco es que hubiera nada que mereciera la pena escuchar… Bella Swan caminó hasta interponerse en el flujo de aire caliente que soplaba en mi dirección desde la rejilla de ventilación. Su olor me impactó como la bola de una grúa de demolición, como un ariete. No existe imagen lo bastante violenta para expresar la fuerza de lo que me sucedió en ese momento. En aquel instante, no hubo nada que me asemejara a la persona que fui antaño, no quedó ni un jirón de los harapos de humanidad con los que me las arreglaba para encubrir mi naturaleza. Yo era un depredador; ella, mi presa. No existía en el mundo otra verdad que no fuera ésta. Para mí ya no había una habitación llena de testigos, porque en mi fuero interno los acababa de convertir a todos ellos en daños colaterales. El misterio de sus pensamientos quedó olvidado. Los pensamientos de Bella no me importaban nada porque no iba a poder pensar por mucho más tiempo. Yo era un vampiro y ella tenía la sangre más dulce que había olido en ochenta años. No concebía la existencia de un aroma como ése. Habría empezado a buscarlo desde mucho tiempo antes si hubiera sabido que existía. Hubiera peinado el planeta para encontrarlo. Podía imaginar el sabor… La sed ardía en mi garganta como si fuera fuego. Sentía la boca achicharrada y deshidratada y el flujo fresco de ponzoña no hizo nada por hacer desaparecer esa sensación. Mi estómago se retorció de hambre, un eco de la sed. Se me contrajeron los músculos, preparados para saltar. No había pasado ni un segundo. Ella todavía no había terminado de dar el paso que la había puesto en la dirección del aire que fluía hacia mí. Conforme su pie tocó el suelo, sus ojos se posaron en mí en un movimiento que ella pretendía que fuera sigiloso. Su mirada se encontró con la mía y me vi perfectamente reflejado en el amplio espejo de sus ojos. La sorpresa que me produjo ver mi cara proyectada en sus pupilas le salvó la vida en aquellos momentos tan difíciles. Pero no me lo puso fácil. Cuando ella fue consciente de la expresión de mi rostro, la sangre inundó nuevamente sus mejillas, volviendo su piel del color más delicioso que había visto en mi vida. Su olor era como una bruma en mi cerebro a través de la cual apenas podía razonar. Mis pensamientos bramaron incoherentes, fuera de todo control. Ella caminaba ahora más despacio, como si comprendiera la necesidad de huir. Los nervios la hicieron comportarse de modo torpe, por lo que tropezó y se tambaleó hacia delante, casi cayendo sobre la chica sentada delante de mí. Parecía débil, vulnerable, incluso más de lo que es habitual en un humano. Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocí con asco. Era la cara del monstruo que había en mí, el que había combatido y derrotado a lo largo de décadas de esfuerzo y de disciplina inflexible. ¡Con qué rapidez emergía ahora a la superficie! El olor se arremolinó nuevamente a mi alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome fuera del asiento. No. Mi mano se aferró a la parte central del borde de la mesa para intentar sujetarme a la silla. Pero la madera no estaba por la labor y mi mano atravesó el armazón y arrancó un puñado de astillas. La forma de mis dedos quedó grabada en la madera. Destruye la evidencia, ésta era una regla fundamental. Rápidamente pulvericé los bordes que tenían la forma de mis dedos, dejando sólo un agujero desigual y una pila de virutas en el suelo, que dispersé con el pie. Destruye la evidencia. Daño colateral… Sabía lo que iba a suceder ahora. La chica debería venir a sentarse a mi lado y yo tendría que matarla. Los testigos inocentes de la clase, otros dieciocho jóvenes y un hombre, no podrían abandonar la habitación una vez que hubieran asistido a lo que iba a ocurrir en breve. Me acobardé ante la idea de lo que se avecinaba. Incluso en mis peores momentos, jamás había cometido una atrocidad como ésta. Nunca había matado a inocentes, al menos no en las últimas ocho décadas. Y ahora planeaba masacrar a veinte de una vez. El rostro del monstruo en mi mente se burló de mí. Aun cuando una parte de mí intentaba apartarse de aquella idea horripilante, la otra parte planeaba la forma de perpetrarla. En el caso de que matara a la chica primero, sólo dispondría de quince o veinte segundos antes de que reaccionaran los humanos del aula. Tal vez algo más si no se daban cuenta de lo que estaba haciendo desde el principio. Ella no tendría tiempo de gritar o sentir dolor y yo no la mataría con crueldad. Esto era todo lo que podía hacer por esta desconocida con esa sangre tan horriblemente deseable. Pero habría de impedir que escaparan. No debía preocuparme por las ventanas, ya que estaban demasiado altas y eran muy pequeñas para servir a nadie en su huida. Sólo quedaba la puerta, que los dejaría atrapados en cuanto se bloqueara. Intentar abatirlos a todos cuando estuvieran dominados por el pánico y chillando, en pleno caos, seguramente sería más lento y difícil. No imposible, pero habría mucho ruido y tiempo de sobra para un montón de gritos. Alguien podría oírlos… y me vería forzado a matar incluso a más inocentes en esta hora negra. El olor me castigó hasta cerrarme la garganta reseca y dolorida. Además, la sangre de Bella se enfriaría mientras mataba a los otros. De modo que sería mejor encargarme primero de los testigos. Me tracé un esquema mental. Yo estaba en mitad de la habitación, en la última fila de la parte de atrás. Empezaría por el lado derecho. Estimé que podría romper aproximadamente entre cuatro y cinco cuellos por segundo, y sería menos escandaloso. El lado derecho sería el de los afortunados porque no me verían llegar. Después daría la vuelta por la parte frontal e iría de delante hacia atrás por el lado izquierdo; matarlos a todos me llevaría a los sumo cinco segundos. Sin embargo sería tiempo suficiente para que Bella viera con claridad lo que se le venía encima. Suficiente para que tuviera miedo. Suficiente para que gritara, si el susto no la dejaba paralizada en su sitio. Sólo un débil grito que no haría venir a nadie corriendo. Aspiré una bocanada de aire y el olor se convirtió en un fuego que corrió por mis largas venas vacías y me abrasó el pecho hasta consumir cualquier impulso positivo que hubiera sido capaz de sentir. En ese preciso momento se estaba dando la vuelta. Estaría sentada a pocos centímetros de mí dentro de escasos segundos. El monstruo en mi mente sonrió ante la expectativa. Alguien sentado cerca de mí, a la izquierda, cerró de golpe una carpeta. No miré para ver cuál de los malditos humanos había sido, pero el movimiento envió una bocanada de aire normal, inodoro, hacia mi rostro. Durante un escaso segundo, pude pensar con claridad. En ese precioso segundo, vi dos rostros en mi mente, uno al lado del otro. Uno era el mío, o más bien lo había sido: el monstruo de ojos inyectados en sangre que había matado a tanta gente que había dejado de contarlos. Asesinatos racionalizados y justificados. Un asesino de asesinos; el asesino de otros monstruos menos poderosos. Era consciente de que se trataba de un complejo de dios, si pudiera llamarlo así, el de alguien que cree poder decidir quién merece una sentencia de muerte. Era un compromiso conmigo mismo: me alimentaba de sangre humana, pero en su definición más amplia, ya que mis víctimas eran, debido a sus varios y oscuros pasatiempos, escasamente más humanos que yo. El otro rostro era el de Carlisle. No había ninguna semejanza entre ambos rostros. Eran como la noche y el día. No existía ningún motivo para buscar semejanzas. Carlisle no era mi padre en un sentido biológico estricto y no compartíamos características similares. El parecido en el color de la piel se debía a lo que éramos; todos los vampiros tienen la misma tez helada y pálida. El parecido en el color de nuestros ojos era otra cosa: el reflejo de nuestra mutua elección. Y aun así, aunque no había base para establecer semejanzas, me imaginaba que mi rostro había comenzado a reflejar el suyo hasta cierto punto, en los malditos últimos setenta años durante los cuales yo había abrazado su camino y seguido sus pasos. Mis rasgos no habían cambiado, pero a mí me parecía que algo de su sabiduría había marcado mi expresión y que algo de su compasión podía encontrarse en la forma de mi boca, así como trazas de su paciencia eran evidentes en mi ceño. Todas estas pequeñas mejoras habían desaparecido de la cara del monstruo. En pocos momentos, no quedaría en mí nada que reflejara los años que había pasado con mi creador, mi mentor, mi padre en todos los sentidos que importan. Mis ojos volverían a brillar rojos como los del diablo; toda la bondad habría desaparecido para siempre. Yo veía el rostro de Carlisle en mi mente, y sus ojos amables no me juzgaban. Sabía que él me perdonaría por el horrible acto que iba a cometer, porque me amaba, porque pensaba que era mejor de lo que realmente era. Y seguiría queriéndome, incluso aunque le demostrara que estaba equivocado. Bella Swan se sentó en la silla que había a mi lado con movimientos rígidos y forzados, ¿por el miedo?, y el olor de su sangre se extendió como una nube inexorable a mi alrededor. Le demostraría a mi padre que se había equivocado conmigo. Y la tristeza de este hecho hería casi tanto como el fuego de mi garganta. Me aparté de ella con asco, sintiendo repugnancia por el monstruo que deseaba tomarla. ¿Por qué tenía que haber venido aquí? ¿Por qué tenía que existir? ¿Por qué tenía ella que destruir la poca paz que me quedaba en esta existencia mía de redivivo? ¿Por qué había tenido que nacer esta irritante humana? Acabaría conmigo. Volví la cara para no verla en cuanto me invadió una repentina furia, un odio irracional. ¿Quién era esta criatura? ¿Por qué yo, por qué en ese momento? ¿Por qué debía perderlo todo ahora sólo porque a ella le había dado por escoger esta insólita ciudad para aparecer? ¡¿Por qué había venido hasta aquí?! ¡Yo no quería ser un monstruo! ¡No quería matar en esta habitación llena de niños inofensivos! ¡No quería perder todo lo que había ganado en una vida entera de sacrificio y privaciones! No podía… Ella no podía hacerme eso. El olor era el problema, el enorme atractivo de su olor. Si hubiera alguna manera de resistir… Bastaría que otro chorro de aire fresco me aclarara la cabeza. Bella Swan sacudió su cabello largo, espeso, de color caoba, en mi dirección. ¿Estaba loca? ¡Era como si le diera alas al monstruo! Tanteándole. Esta vez no había ninguna brisa amable que apartara el olor lejos de mí. Pronto estaría todo perdido. No, no hubo ninguna brisa. Pero yo no tenía por qué respirar. Paré el flujo de aire a través de mis pulmones; el alivio fue instantáneo, pero incompleto. Todavía tenía el recuerdo del olor en mi cabeza y el sabor en el fondo de mi lengua. Ni siquiera podría resistir eso durante mucho tiempo. Pero quizás fuera capaz de soportarlo una hora. Una hora. Sólo el tiempo necesario para salir de esa habitación llena de víctimas, víctimas que quizás no tendrían que serlo. Si era capaz de contenerme sólo durante una hora. No respirar era una sensación incómoda. Mi cuerpo no necesitaba oxígeno, pero iba contra mis instintos. Yo confiaba más en el olor que en cualquiera de los otros sentidos en momentos de tensión. Era el que me guiaba durante la caza y el primero que avisaba en caso de peligro. No solía encontrarme en situaciones difíciles siendo yo un peligro en mí mismo, pero el instinto de supervivencia era tan fuerte en mi naturaleza como en el de un ser humano normal. Incómodo, pero manejable. Más soportable que olerla a ella y no poder hundir mis dientes en su fina piel, delicada y transparente hasta llegar al cálido, húmedo, pulsante… ¡Una hora! ¡Sólo una hora! Debía dejar de pensar en el olor, en el sabor. En silencio, la chica mantuvo el pelo entre nosotros, inclinándose hacia delante hasta que dejó caer la melena sobre la carpeta. No podía verle la cara, ni podía intentar leer sus emociones en sus sinceros ojos profundos. ¿Había sido por eso por lo que ella había extendido su cabellera entre nosotros? ¿Quería esconder esos ojos de mi vista? ¿Sólo por miedo? ¿Por timidez? ¿Para mantener ocultos sus secretos? Mi irritación anterior por no ser capaz de leerle los pensamientos era poca cosa en comparación con la necesidad —y el odio— que me embargaba en ese momento. Porque yo odiaba a esa frágil adolescente que se sentaba a mi lado, la odiaba con la misma fuerza con la que me sentía apegado a mi anterior identidad, al amor por mi familia, a mis sueños de ser algo mejor que lo que era… Odiarla, odiar el modo en que ella me hacía sentir, me ayudaba un poco. Sí, y la irritación que había sentido antes no era importante, pero también me favorecía. Me ceñí a cualquier emoción que me distrajera de imaginar su delicioso sabor… Odio e irritación. Impaciencia. ¿Es que la hora no iba a terminar nunca? Y cuando la hora terminara… Entonces ella saldría de esta habitación, y ¿qué haría yo? Podría presentarme. Hola, me llamo Edward Cullen. ¿Puedo acompañarte a tu próxima clase? Me contestaría afirmativamente aunque, como yo sospechaba, me temiera, porque era la respuesta educada y apropiada. Bella seguiría la costumbre y caminaría a mi lado. Resultaría bastante fácil llevarla en la dirección equivocada. Un espolón del bosque sobresalía como un dedo hasta tocar la parte posterior del aparcamiento. Podría decirle que había olvidado un libro en mi coche… ¿Se daría cuenta alguien de que yo había sido la última persona con la cual la habían visto? Estaba lloviendo, como siempre. Dos impermeables oscuros encaminándose en la dirección equivocada podrían despertar un interés excesivo y delatarme. Además, no era el único que había reparado en ella aquel día, aunque ninguno de forma tan devastadora como yo. Mike Newton, en especial, estaba pendiente de cada cambio de su postura en la silla mientras ella se movía nerviosamente; estaba tan incómoda por estar cerca de mí como cualquiera en su lugar, como yo habría esperado antes de que su olor hubiera destruido cualquier interés caritativo. Mike Newton seguramente notaría si ella salía de clase conmigo. Podría soportarlo una hora, ¿y dos? Me estremecí a causa del dolor y la quemazón. Ella volvería a una casa vacía, ya que el jefe de policía Swan trabajaba a jornada completa. Conocía el edificio, del mismo modo que conocía cada casa en esta ciudad tan pequeña. La casa se encontraba aislada en lo alto de la ciudad, junto a un espeso bosque, sin vecinos cerca. Incluso aunque ella tuviera tiempo para gritar, que no lo tendría, no habría nadie que la escuchara. Ésta era la manera más responsable de llevar el asunto. Había pasado siete décadas sin probar la sangre humana. Si contenía la respiración, podría aguantar dos horas más. Y cuando ella estuviera sola, no habría ocasión para que nadie resultara herido. Y no existe motivo alguno para precipitarse, el monstruo de mi cabeza me dio la razón. Era un sofisma pensar que sería menos monstruo por salvar a los diecinueve humanos del aula con esfuerzo y paciencia y matar sólo a esa inocente joven. Aunque la odiaba, sabía que mi odio era injusto. Me di cuenta de que a quien detestaba realmente era a mí mismo. Y me odiaría más aún cuando ella hubiera muerto. Soporté toda la hora así, imaginando las mejores formas de matarla. Evite visualizar el acto real, ya que esto habría sido demasiado para mí. Perdería la batalla y terminaría matándolos a todos. Así que me concentré en el aspecto estratégico del plan y nada más. Ella me miró más allá de la muralla de sus cabellos en una sola ocasión, casi al final de la clase. Sentía arder en mi interior aquel odio injustificado cuando nuestras miradas se encontraron y lo vi reflejado en sus ojos asustados. El arrebol cubrió sus mejillas antes de que pudiera volver a esconderse en su pelo y yo casi perdí los estribos. Menos mal que sonó el timbre. Salvado por la campana, igual que en el dicho. Ambos nos habíamos salvado: ella de la muerte, y yo, durante un breve tiempo, de convertirme en la criatura de pesadilla que temía y detestaba. No pude moverme con la lentitud habitual mientras salía de la clase. Algún observador ocasional hubiera averiguado que había algo raro en mi forma de caminar, pero nadie me prestó atención. Todos los pensamientos humanos seguían girando en torno a la chica que estaba condenada a morir en poco menos de una hora. Me escondí en el coche. No quería pensar en mí mismo como en alguien que se debía ocultar. Se parecía demasiado a la cobardía, pero sin duda ése era el caso ahora. En aquellos momentos, no tenía la disciplina necesaria para permanecer rodeado de humanos. Al concentrar todas mis energías en no matar a uno de ellos, me había quedado sin fuerzas para resistirme frente a los demás. En caso contrario, menuda pérdida. Ya que tenía que rendirme al monstruo, al menos haría que mereciera la pena la derrota. Puse el CD con la música que por lo general me calmaba, pero me sirvió de poco. No, lo único que en ese momento podía ayudarme era el aire frío, húmedo y limpio que soplaba con la ligera lluvia a través de las ventanas abiertas. Aunque todavía podía recordar el olor de la sangre de Bella Swan con perfecta claridad, inhalar el aire era como limpiar el interior de mi cuerpo de una infección. Me sentía bien otra vez. Podía pensar de nuevo. Y ahora era capaz de volver a enfrentarme contra lo que no quería ser. No tenía por qué ir a su casa, ni tenía por qué matarla. Sin duda, yo era una criatura pensante, racional y tenía posibilidad de elegir. Siempre había una oportunidad. No me había sentido así en la clase, pero ahora estaba lejos de ella. Quizás, si la evitaba cuidadosamente, con mucho, mucho tiento, no tendría necesidad de cambiar de vida. Ahora tenía todo organizado del modo que me gustaba. ¿Por qué debía permitir que esa deliciosa e irritante personita lo arruinara todo? No tenía por qué disgustar a mi padre, ni causar tensión, preocupación o dolor a mi madre. Sí, aquello también iba a disgustar a mi madre adoptiva. Y Esme era tan dulce, tan amable, tan gentil. Provocar dolor a alguien como Esme era verdaderamente imperdonable. Qué irónico sonaba mi deseo de proteger a esa joven humana de la amenaza irrisoria y torpe de los pensamientos despectivos de Jessica Stanley. Yo era la última persona que podría haberse erigido nunca como defensor de Isabella Swan. Ella nunca necesitaría protegerse tanto de nada como de mí mismo. De pronto, me pregunté dónde estaría Alice. ¿No me había visto matar a la joven Swan de mil formas diferentes? ¿Por qué no había venido en mi busca o en mi ayuda, para detenerme o al menos limpiar las evidencias? ¿Estaba ella tan absorta vigilando a Jasper de que se metiera en problemas que no había sido consciente de otras posibilidades mucho peores? ¿Era yo más fuerte de lo que pensaba? ¿Y si realmente no iba a hacerle nada a la joven? No. Yo sabía que eso no era verdad. Alice debía de estar muy concentrada en Jasper. Busqué en la dirección en que sabía que la iba a encontrar, dentro del pequeño edificio donde se impartían las clases de inglés. No me llevó mucho localizar su «voz» familiar. Y llevaba razón. Volcaba todos sus pensamientos en Jasper, vigilando las mínimas posibilidades minuto a minuto. Deseaba pedirle consejo, pero, al mismo tiempo, me alegraba que ella ignorase de lo que yo era capaz y que, en la última hora, había considerado seriamente la posibilidad de provocar una masacre. Un nuevo fuego recorrió mi cuerpo, el de la vergüenza. No quería que ninguno de ellos lo supiera. Si lograba evitar a Bella Swan, si me las arreglaba para no matarla —el monstruo se retorció y le rechinaron los dientes de frustración sólo de pensarlo—, en tal caso, nadie se enteraría. Si pudiera alejarme de su aroma… No había razón alguna para no intentarlo al menos. Elegir lo correcto. Tratar de ser lo que Carlisle pensaba que era. La última hora de clase estaba a punto de terminar. Decidí llevar a la práctica mi nuevo plan de inmediato. Era mejor que quedarme sentado en el aparcamiento, donde ella podría pasar cerca de mí y acabar con mi empeño. Volví a sentir un encono injustificado por la muchacha. Odiaba que, sin saberlo, tuviera ese poder sobre mí, que ella me pudiera convertir en algo ultrajante. Crucé el pequeño campus muy rápido —tal vez demasiado, pero no había testigos— en dirección a la oficina. No había razón para que mi camino y el de Bella Swan se cruzaran. Debía evitarla como a la pequeña peste que era. La oficina estaba vacía, a excepción de la secretaria, la única persona a la que quería ver. No oyó mi sigilosa entrada. —¿Señora Cope? La pelirroja de bote alzó la vista y abrió los ojos de forma desmesurada. Estos correctores de exámenes… siempre los sorprendía con la guardia baja, jamás se enteraban de nada, sin importar cuántas veces nos hubieran visto con anterioridad. —¡Oh! —exclamó entrecortadamente. Estaba un poco agitada. Estúpida, pensó en su fuero interno, es lo bastante joven para ser mi hijo, demasiado joven para pensar en él de esa forma…—. Hola, Edward. ¿En qué te puedo ayudar? La mujer agitó las pestañas detrás de las gruesas gafas. Estaba incómoda, pero yo sabía ser encantador cuando me lo proponía. De hecho, me resulaba muy fácil, conocía de inmediato qué tono adoptar o qué gesto realizar. Me incliné hacia delante y sostuve su mirada como si observara intensamente esos corrientes ojillos castaños suyos. La mujer era ya un manojo de nervios. Esto iba a resultar sencillo. —Me preguntaba si me podría ayudar con mi horario de clases —dije con la voz suave que reservaba para cuando no deseaba atemorizar a los humanos. Oí cómo aumentaba el ritmo de los latidos de su corazón. —Por supuesto, Edward. ¿Cómo puedo ayudarte? —demasiado joven, demasiado joven, se gritaba a sí misma. Se equivocaba, por supuesto. Yo tenía más años que su abuelo, aunque, según mi permiso de conducir, ella tenía razón. —¿Sería posible cambiar la clase de Biología por otra de mayor nivel científico? Tal vez Física… —¿Tienes algún problema con el señor Banner, Edward? —En absoluto. Lo único que ocurre es que ya he estudiado ese temario… —… en esa escuela de enseñanza acelerada a la que asististeis en Alaska, cierto —frunció los labios mientras lo consideraba. Todos deberían estar en la universidad. He oído las quejas de los profesores. Destacan en todo, no vacilan al contestar, jamás se equivocan en un examen…parece que hubieran encontrado la forma de engañarnos en cada asignatura. El profesor Varner estaría dispuesto a creer que nos están haciendo trampas antes que aceptar que un alumno es más inteligente que él… Apuesto a que su madre les da clases…—. En realidad, no caben más alumnos en Física. Al profesor Banner le disgusta tener más de veinticinco alumnos en una clase. —Yo no sería ningún problema. Por supuesto que no. Un perfecto Cullen no lo sería nunca. —Ya lo sé, Edward, sólo que no hay suficientes pupitres… —En ese caso, ¿podría no asistir a clase? Emplearía ese tiempo en estudiar por mi cuenta. —¿No asistir a clase de Biología? —se quedó boquiabierta. Es una locura. ¿Tan difícil te resulta aguantar una asignatura que ya te sabes? Tiene que haber algún problema con el profesor Banner. Me pregunto si debería hablar con Bob del tema—. No tendrás suficientes créditos para graduarte. —Ya recuperaré al año que viene. —Tal vez deberías comentarlo antes con tus padres. La puerta se abrió a mis espaldas, pero fuera quien fuera no me importunó con sus pensamientos, por lo que ignoré esa entrada y me concentré en la señora Cope. Me incliné un poco más cerca y le sostuve la mirada con los ojos abiertos. Hubiera funcionado mejor de haberlos tenido dorados en lugar de negros. La negrura atemoriza a la gente, como debe ser. —Por favor, señora Cope —modulé la voz del modo más suave y persuasivo que pude, y puedo ser considerablemente persuasivo—. ¿No hay ninguna otra clase donde haya sitio para mí? Estoy convencido de que debe de haber un resquicio en algún sitio. Biología como sexta hora de clase no puede ser la única opción… Le sonreí a la par que procuraba no mostrar mucho los dientes para no asustarla y suavizar la expresión del semblante. Su corazón resonó con más fuerza. Demasiado joven, se recordó frenéticamente. —Bueno, tal vez podría hablar con Bob, quiero decir, con el señor Banner y ver si… En un segundo cambió todo: la atmósfera de la habitación, mi misión en la misma, la razón por la que me inclinaba hacia la mujer pelirroja… Lo que antes tenía un propósito concreto, ahora se había convertido en otro muy distinto. Un segundo fue todo lo que necesitó Samantha Wells para abrir la puerta y depositar con retraso la hoja de firmas en la cesta situada en la entrada. Un segundo fue lo que tardó el golpe de viento que se coló por la puerta en sacudirme. Un segundo fue todo lo que necesité para comprender por qué esa primera persona no me había interrumpido con sus pensamientos nada más entrar. Aunque no necesitaba asegurarme, me volví. Lo hice despacio, pugnando por controlar los músculos que se negaban a obedecerme. Bella Swan estaba ahí en frente, de pie, con la espalda apoyada contra la pared al lado de la puerta, con un papel apretado entre las manos. Sus ojos se abrieron aún más de lo habitual cuando asimiló mi mirada feroz, inhumana. El olor de su sangre saturó cada partícula de aire en la habitación pequeña y calurosa. Mi garganta estalló en llamas. El monstruo me observó de nuevo desde el espejo de sus ojos, una máscara de maldad. Mi mano vaciló en el aire sobre el mostrador. No tendría siquiera que mirar hacia atrás para coger la cabeza de la señora Cope y aplastarla contra la mesa con fuerza suficiente para matarla. Dos vidas, mejor que veinte. Una ganga. El monstruo esperaba ávido y hambriento a que lo hiciera. Pero siempre debe haber una posibilidad de elegir, tenía que haberla. Interrumpí el movimiento de mis pulmones y fijé el rostro de Carlisle delante de mí. Me volví para encarar a la señora Cope y escuché la sorpresa interna que le había causado el cambio en mi expresión. Echando mano del autocontrol que había tenido tiempo de practicar en décadas de esfuerzo, conseguí que mi voz sonara aún más monótona y suave. Quedaba suficiente aire en mis pulmones para hablar una vez más, apresurando las palabras. —Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda. Giré y me lancé fuera de la habitación al tiempo que intentaba no sentir la calidez de la sangre dentro del cuerpo de Bella cuando pasé a escasos centímetros de ella. No paré hasta llegar a mi coche, moviéndome demasiado rápido todo el camino hasta allí. La mayoría de los humanos se habían marchado ya, por lo que no hubo muchos testigos. Oí a un alumno de segundo, Austin Marks, darse cuenta y luego pensar que era imposible... De donde habrá salido Edward Cullen, es como si se hubiera materializado en el aire... Ya me vale, ya estamos con la imaginación otra vez. Mamá siempre dice... Los demás estaban allí cuando me deslicé dentro del Volvo. Intenté controlar la respiración, pero tragaba a grandes bocanadas el aire fresco, como si estuviera sofocado. —¿Edward? —me preguntó Alice con voz preocupada. Sólo sacudí la cabeza en su dirección. —¿Qué demonios te ha pasado? —inquirió Emmett, distraído en ese instante por el hecho de que Jasper no estaba del mejor humor para su revancha. En vez de contestar, lancé el coche marcha atrás. Debía salir de allí antes de que Bella Swan me siguiera incluso al aparcamiento. Mi propio demonio personal, hechizándome... Hice girar el coche y aceleré. Cogí los setenta antes de llegar a la carretera y una vez en ella, llegué a los ciento diez antes de doblar la esquina. Sin mirar, supe que Emmett, Rosalie, y Jasper se habían vuelto todos para observar fijamente a Alice, que se encogió de hombros. No podía ver lo que había pasado, sino lo que estaba por pasar. Y luego miró hacia adelante para ocuparse de mí. Ambos procesamos lo que ella veía en su cabeza y ambos nos sorprendimos por igual. — ¿Te marchas? —susurró ella. Los otros se volvieron para observarme a su vez. — ¿Voy a hacerlo? —susurré entre dientes. Entonces, vio que mi futuro tomaba un giro mucho más oscuro cuando flaqueaba mi resolución. —Oh. Bella Swan estaba muerta. La sangre fresca arrancaba brillos escarlata a mis ojos. Luego, había una investigación y transcurría un largo plazo de espera, por precaución, antes de que volviera a ser seguro que saliéramos, para empezar de nuevo… —Oh —dijo otra vez. La imagen de su visión se volvió más detallada. Contemplé el interior de la casa del Jefe Swan por primera vez, y vi a Bella en una cocina pequeña de armarios amarillos, dándome la espalda mientras yo la acechaba desde las sombras… hasta que el olor me llevara hasta ella… — ¡Detente! —gruñí, incapaz de soportarlo más. —Lo siento —susurró ella con ojos dilatados. El monstruo se regocijó. Y la visión de la mente de Alice volvió a cambiar. Una autopista vacía, por la noche, flanqueada por árboles cubiertos de nieve que desfilaban a más de trescientos por hora. —Te echaré de menos. Emmett y Rosalie intercambiaron una mirada de aprehensión. Estábamos a punto de llegar al lugar donde teníamos que girar para tomar el largo camino que nos llevaba a casa. —Bajémonos aquí —les instruyó Alice—. Debes decírselo tú mismo a Carlisle. Asentí y las ruedas del coche chillaron al frenar bruscamente. Emmett, Rosalie y Jasper descendieron en silencio. Harían que Alice se lo explicara todo cuando yo me hubiera marchado. Ella me tocó el hombro. —Harás lo correcto —murmuró, pero esta vez no era una visión, sino una orden—. Charlie Swan no tiene más familia. Eso le mataría a él también. —Sí —dije yo, aunque sólo podía estar de acuerdo con Alice en la última parte de la frase. Ella se deslizó fuera para reunirse con los otros, con las cejas fruncidas, llena de ansiedad. Desaparecieron entre los árboles y estuvieron fuera de mi vista antes de que pudiera dar la vuelta al coche. Aceleré de regreso a la ciudad, y supe que las visiones en la mente de Alice estarían tornando del negro al blanco como si fueran una luz estroboscópica. Mientras conducía de vuelta a Forks a ciento cincuenta, no estaba seguro de hacia dónde iba. ¿A despedirme de mi padre o a abrazar al monstruo que moraba en mi interior? La carretera desaparecía bajo las ruedas. CONTINUA EN MIS OTROS POST!!! SIENTO LA MOLESTIA