diiego456
Usuario (Uruguay)

Espero les guste, lo sigo editando.. hay cosas que no me gustan del todo. Acepto sugerencias SUEÑOS POR LA FELICIDAD Me hubiera sentado contra la ventana abierta sino fuera porque a ese banco le faltaba el forro. Me sentaba siempre, casi como ley, en el par de bancos del lado derecho de la última fila. El caluroso día de otoño se me estaba haciendo algo largo y quería llegar pronto a casa, me pesaban los hombros. Cuando viajo en colectivo jamás me la paso mirando para afuera, sino que suelo quedar observando a la gente que en él viaja. A pesar de esto pude percibir que recién habíamos pasado la plaza, donde de niño practicaba andar en bicicleta, cuando el dueño de la empresa se subió en la esquina de su casa. Me era difícil imaginarlo en el colectivo, capaz porque siempre lo veía detrás del volante de su ferrari negro, o capaz por el hecho de solo haberlo visto, ya que desde que mi padre dejó de trabajar para él, no lo veía muy seguido. Mientras mi padre trabajaba en su empresa, hace mucho tiempo, me contaba algunas historias de su intimidad, como las peleas con su hijo, problemas legales, viajes por Brasil, discusiones con los vecinos y algunos pares de intentos de asesinato por parte de su esposa (mi padre sabía esto porque cuando él comía junto a su esposa, hacia que alguien probara su comida antes de dar algún bocado). Dudaría de su felicidad si no fuera dueño de la empresa de transporte público más grande de la ciudad, si no tuviera una enorme casa de dos pisos con piscina en el patio, si no tuviera un par de lindos coches y costosas vacaciones por la costa. Su sobrepeso estaba ocupando banco y medio algunas hileras por delante de mí, pero aun así podía ver su calvicie. La relación con el chofer parecía bastante buena (lo noté cuando compartieron un par de carcajadas), pero deduje que el empleado solo trataba de halagar a su patrón. Supongo que no es necesario estudiar demasiado para que me vaya bien en la vida, quizás todo es cuestión de suerte. El afortunado hombre nunca había estudiado nada, sobrevivía de casino en casino hasta que un amigo le ofreció ser socio en un nuevo negocio, y luego de que éste negocio se hiciera famoso, su amigo murió por un misterioso asesinato, del cual el asesino nunca se supo la cara, haciéndose el único dueño del negocio. Me levanté y me senté en el banco de adelante, en ese par de bancos que están como hundidos, porque la rueda del colectivo eleva un poco el suelo de metal. Recuerdo que a veces, no siempre, hacía grandes almuerzos para sus empleados e hijos de estos, y todos (él también) pasábamos un buen domingo. Antes de terminar con la parranda, le preguntaba a cada uno que quería de postre, y él mismo iba a la confitería a buscarlos. Yo siempre pedía un postre de dulce de leche, aunque nunca lo terminaba. Al irnos, parecía agradecido de que habíamos estado allí. Con mis piernas largas y el cansancio de recién haber salido de clases me fue imposible permanecer por mucho tiempo en ese banco tan incómodo, así que me moví al banco de adelante. Pedí permiso al señor que se encontraba del lado de la ventana y me senté. Después de los almuerzos de domingo no se veía tan simpático, casi como si fueran dos personas distintas: la de los almuerzos de domingo, y la que me recibía cuando pasaba por la empresa a saludar a mi padre. Nunca entendí muy bien porque tan malhumorado, mi padre siempre decía que nunca hacía nada, que solo se la pasaba gritando por los galpones y nada más (esto gracias a que tenía un buen puñado de trabajadores confiables que le permitían estar siempre tan despreocupado). Si le sumamos dinero a estar todo el día despreocupado obtendríamos mi sueño de vida perfecta. Despedí al hombre que se sentaba al lado mío y avance dos pares de bancos más. Me pregunto si los sueños de mi vida se realizarán, si algún día podré tener felicidad. Pero me es difícil encontrarla si no la conozco, supongo que la felicidad es algo que se alcanza cuando realizamos todos nuestros sueños. Felicidad y sueños van de la mano, cantando y saltando. Pero mi felicidad ha abandonado algunos sueños, siempre busca nuevos. Si encuentro mis sueños seguramente encontraré mi felicidad. Volví a cambiarme al banco de adelante. Quería acercarme a algo, aunque no sabía bien a qué. Seguía viendo su calvicie, pero ahora podía ver algo de canas blancas a los costados. Mis sueños siempre se han basado en cosas superficiales: autos, dineros, un buen trabajo y una gran casa. Básicamente tener todo lo que tiene el dueño de la empresa, pero últimamente me había preguntado con quién compartiría todas estas cosas materiales. Capaz mi felicidad buscaba sueños equivocados, no estaba en buena dirección. De seguro se dirigía a la empresa, a almorzar con sus funcionarios. Mi padre me decía que siempre estaba solo en su casa, su hija ya era una mujer comprometida, que posiblemente no lo invitaría al casamiento, su hijo vive en la casa pero no pasaba mucho tiempo allí, y su mujer vive de casino en casino buscando su propia fortuna. Me imagino que debe ser triste comer todos los días solo, sin poder comentar sobre como fue el día (aunque deduzco que su día no debe ser muy interesante), sin poder reírse juntos y hablar sobre vidas ajenas, sin poder compartir esos pequeños momentos familiares que hacen de la vida tan importante. El hombre que al parecer ya había logrado todos sus sueños ya no parecía tan feliz. Mi celular sonó, era mi madre preguntándome que quería para almorzar. Podía escuchar a mi hermano y a mi cuñada en el fondo riéndose de algo. Le dije que hiciera lo que quisiera, cualquier cosa me parecía bien. Me levanté y volví a la última hilera de bancos, donde siempre me sentaba. Sentía le necesidad de volver a empezar, elegir otros caminos, buscar otros sueños, otros caminos a mi felicidad. Al llegar a casa, me encontré a mi platillo preferido al almorzar.