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Usuario (Nauru)
La pelota como bandera Eduardo Galeano (Uruguay) Fuente En el verano de 1916, en plena guerra mundial, un capitán inglés se lanzó al asalto pateando una pelota. El capitán Nevill saltó del parapeto que lo protegía, y corriendo tras la pelota encabezó el asalto contra las trincheras alemanas. Su regimiento, que vacilaba, lo siguió. El capitán murió de un cañonazo, pero Inglaterra conquistó aquella tierra de nadie y pudo celebrar la batalla como la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra. Muchos años después, ya en los fines del siglo, el dueño del club Milan ganó las elecciones italianas con una consigna, Forza Italia!, que provenía de las tribunas de los estadios. Silvio Berlusconi prometió que salvaría a Italia como había salvado al Milan, el superequipo campeón de todo, y los electores olvidaron que algunas de sus empresas estaban a la orilla de la ruina. El fútbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad. La escuadra italiana ganó los mundiales del '34 y del '38 en nombre de la patria y de Mussolini, y sus jugadores empezaban y terminaban cada partido vivando a Italia y saludando al público con la palma de la mano extendida. También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Le habían advertido: -Si ganan mueren. Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido. Fútbol y patria, fútbol y pueblo: en 1934, mientras Bolivia y Paraguay se aniquilaban mutuamente en la guerra del Chaco, disputando un desierto pedazo de mapa, la Cruz Roja paraguaya formó un equipo de fútbol, que jugó en varias ciudades de Argentina y Uruguay y juntó bastante dinero para atender a los heridos de ambos bandos en el campo de batalla. Tres años después, durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México. El gobierno vasco envió al equipo Euzkadi a Francia y a otros países con la misión de hacer propaganda y recaudar fondos para la defensa. Simultáneamente, el club Barcelona se embarcó hacia América. Corría el año 1937, y ya el presidente del club Barcelona había caído bajo las balas franquistas. Ambos equipos encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada. Sólo cuatro jugadores catalanes regresaron a España durante la guerra. De los vascos, apenas uno. Cuando la República fue vencida, la FIFA declaró en rebeldía a los jugadores exiliados, y los amenazó con la inhabilitación definitiva, pero unos cuantos consiguieron incorporarse al fútbol latinoamericano. Con varios vascos se formó, en México, el club España, que resultó imbatible en sus primeros tiempos. El delantero del equipo Euzkadi, Isidro Lángara, debutó en el fútbol argentino en 1939. En el primer partido metió cuatro goles. Fue en el club San Lorenzo, donde también brilló Angel Zubieta, que había jugado en la línea media de Euzkadi. Después, en México, Lángara encabezó la tabla de goleadores de 1945 en el campeonato local. El club modelo de la España de Franco, el Real Madrid, reinó en el mundo entre 1956 y 1960. Este equipo deslumbrante ganó al hilo cuatro copas de la Liga española, cinco copas de Europa y una intercontinental. El Real Madrid andaba por todas partes y siempre dejaba a la gente con la boca abierta. La dictadura de Franco había encontrado una insuperable embajada ambulante. Los goles que la radio transmitía eran clarinadas de triunfo más eficaces que el himno Cara al sol. En 1959, uno de los jefes del régimen, José Solís, pronunció un discurso de gratitud ante los jugadores, "porque gente que antes nos odiaba, ahora nos comprende gracias a vosotros". Como el Cid Campeador, el Real Madrid reunía la virtudes de la Raza, aunque su famosa línea de ataque se parecía más bien a la Legión Extranjera. En ella brillaba un francés, Kopa, dos argentinos, Di Stéfano y Rial, el uruguayo Santamaría y el húngaro Puskas. A Ferenk Puskas lo llamaban Cañoncito Pum, por las virtudes demoledoras de su pierna izquierda, que también sabía ser un guante. Otros húngaros, Ladislao Kubala, Zoltan Czibor y Sandor Kocsis, se lucían en el club Barcelona en esos años. En 1954 se colocó la primera piedra del Camp Nou, el gran estadio que nació de Kubala: el gentío que iba a verlo jugar, pases al milímetro, remates mortíferos, no cabía en el estadio anterior. Czibor, mientras tanto, sacaba chispas de los zapatos. El otro húngaro del Barcelona, Kocsis, era un gran cabeceador. Cabeza de oro, lo llamaban, y un mar de pañuelos celebraba sus goles. Dicen que Kocsis fue la mejor cabeza de Europa, después de Churchill. En 1950, Kubala había integrado un equipo húngaro en el exilio, lo que le valió una suspensión de dos años, decretada por la FIFA. Después, la FIFA sancionó con más de un año de suspensión a Puskas, Czibor, Kocsis y otros húngaros que habían jugado en otro equipo en el exilio desde fines de 1956, cuando la invasión soviética aplastó la resurrección popular. En 1958, en plena guerra de la independencia, Argelia formó una selección de fútbol que por primera vez vistió los colores patrios. Integraban su plantel Makhloufi, Ben Tifour y otros argelinos que jugaban profesionalmente en el fútbol francés. Bloqueada por la potencia colonial, Argelia sólo consiguió jugar con Marruecos, país que por semejante pecado fue desafiliado de la FIFA durante algunos años, y además disputó unos pocos partidos sin trascendencia, organizados por los sindicatos deportivos de ciertos países árabes y del este de Europa. La FIFA cerró todas las puertas a la selección argelina y el fútbol francés castigó a esos jugadores decretando su muerte civil. Presos por contrato, ellos nunca más podrían volver a la actividad profesional. Pero después Argelia conquistó la independencia, el fútbol francés no tuvo más remedio que volver a llamar a los jugadores que sus tribunas añoraban. Selección de fútbol de Euskadi La selección de fútbol de Euskadi , que actualmente juega bajo el nombre de Euskal Selekzioa (en castellano Selección Vasca) es un equipo de carácter no oficial organizado por la Federación Vasca de Fútbol, la entidad privada sin ánimo de lucro que gestiona el fútbol, el fútbol-sala y el fútbol-playa en el ámbito de la comunidad autónoma del País Vasco (España) y federación territorial de la Real Federación Española de Fútbol en dicha comunidad autónoma. La selección acoge a jugadores nacidos en el País Vasco, así como en Navarra y el País Vasco francés. Carece de reconocimiento por parte de la FIFA, pues sus estatutos (artículo 10) estipulan que para que una selección pueda participar en competiciones internacionales oficiales debe o bien representar a un estado independiente o tener autorización expresa de la federación del país correspondiente (en este caso la Federación Española de Fútbol). Es por este motivo que sólo disputa partidos amistosos. Durante la Segunda República jugó bajo las denominaciones de Vasconia y Euzkadi. Tras la caída del franquismo llevó los nombres de "selección de Euzkadi" o "de Euskadi". En 2007 cambió su denominación a "selección de Euskal Herria" (en euskera Euskal Herriko Selekzioa), retomando en 2008, no sin polémica, el antiguo nombre de "selección de Euskadi". En los últimos tiempos, los partidos de la selección vasca están marcados por un profundo ambiente reivindicativo en favor de la oficialidad de la selección y la independencia. La selección en la Guerra Civil (1937-1939) En 1937, durante la Guerra Civil Española, el primer lehendakari, José Antonio Aguirre, que había sido jugador del Athletic de Bilbao, organizó una selección llamada de Euzkadi con el fin de lograr fondos en el extranjero para la guerra civil. El equipo estaba formado por Luis Regueiro y Pedro Regueiro, Isidro Lángara, Serafín Aedo, José Iraragorri, José Muguerza, M. Alegría, Ángel Zubieta, Pedro Vallana, Leonardo Cilaurren, Rafael Eguzquiza, Gregorio Blasco, J. de Rezola, Ignacio Aguirrezabala, Tomás de Aguirre, Emilio Alonso, Pablo Barcos, Areso'tar Kepa, José Manuel Urquiola, P. Bolfo, Enrique Zarruaga y Ander Lejendika'ko, como jugadores; como entrenador, Perico Vallana; como masajista, Perico Birichinaga; y como delegado, Ricardo Irezábal. Debutó ganando en el parisino Parque de los Príncipes al campeón de la liga francesa, el Racing de París, por 0-3 y posteriormente al Olympique de Marsella por 1-5. La primera derrota fue 3-2 contra Checoslovaquia. Entre 1937 y 1938 jugó también contra el Lokomotiv (1-5), dos veces más contra el Olympique de Marsella (2-5 y 3-1), Checoslovaquia (2-1), selección de Silesia (4-5), Lokomotiv (0-5), Dinamo de Moscú (0-1), Dinamo de Leningrado (2-2), Dinamo de Kiev (1-3), Dinamo Tbilisi (0-2), selección de Georgia (1-3), Spartak de Moscú (6-2), FC Dinamo Moscú (4-7), Dinamo de Minsk (1-6), selección de Noruega (1-3), Selección de trabajadores de Noruega (2-3) y para terminar la mayor goleada contra la selección de Dinamarca (1-11). Tras la caída de Bilbao el equipo cruzó el Atlántico para jugar en México donde ganó en 13 de sus 17 partidos y en Cuba donde ganó todos los partidos disputados a excepción de un solo empate contra la Juventud Asturiana (4-4). Jugó bajo el nombre de Club Deportivo Euzkadi la Liga amateur del Distrito Federal, una de las dos principales ligas mexicanas, en la temporada 38-39 en la que participaban otros equipos de tradición peninsular como el Real Club España y el Asturias F.C.. La web de la selección de Euskadi indica que se proclamó campeona, con 13 victorias, un empate y tres derrotas, si bien la web de la Federación Mexicana de Fútbol indica que ese año fue el Asturias el campeón. Acabada la guerra civil el equipo se disolvió percibiendo cada integrante como recompensa 10.000 pesetas. Algunos de sus jugadores se quedaron en América y participaron en las competiciones latinoamericanas. fuentehttp://es.wikipedia.org/wiki/Selecci%C3%B3n_de_f%C3%BAtbol_de_Euskadi El equipo giró por Europa en la Guerra Civil para recaudar fondos para los refugiados en el exilio Primera alineación del Euzkadi en París, escala inicial de la gira de la selección vasca por Europa en busca de apoyo económico PARIÓ la guerra -a los nueve meses- una situación difícil para Euzkadi. Se había roto el cinturón y escaseaban los alimentos. Era de llorar. Y tuvo aquel joven Gobierno vasco de Euzkadi, en días cortos y difíciles, incontables aciertos de estrategia y valor. ¡Primero los niños! Era doloroso, obligatoriamente necesario, salvar las vidas de aquellos niños. Semilla de un pueblo pequeño que siguió, sigue y seguirá buscando su libertad. Bermeo, Santander, Santurtzi... fueron puertos de amargas despedidas. De noche, con los aviones encima. Los aviones de los otros. Y hubieron de marchar a Francia, Bélgica, Inglaterra, Rusia. El Habana, aquel barco, nodriza, madrina, etxeko-andre… y más. Custodiada por los bous y barcos extranjeros amigos. Llevando niños, a lo mejor de un pueblo, al exilio. Para poder vivir, para seguir viviendo. Y fue entonces cuando -paralelamente- surgió la idea de enviar a Europa y al mundo una auténtica selección de futbolistas, para recabar de aquellos países ayudas económicas y también simpatía y reconocimiento para Euzkadi. Para ayudar a los refugiados vascos en el exilio. En un principio se pensó en enviar a deportistas de diversas modalidades, pero se desistió y se centró la convocatoria en futbolistas que se sintieran titulares del Athletic. Era finales de marzo de 1937. Y se presentaron en San Mamés una plantilla de jugadores incomparable, difícil de superar en su talla humana y deportiva. ¡El Athletic de los años treinta, con refuerzos como Regueiro, Lángara, Ahedo, Areso...! Fue Travierso quien durante cerca de un mes les entrenó en San Mames. Preocupándose también de otros aspectos como el de la confección de uniformes. Luego, por causas que se desconocen, Travierso no les acompañaría en la gira. LLEGADA A PARÍS Formaron parte de la expedición: Blasco y Egusquiza: Ahedo, Areso, Barcos; Luís Regueiro, Roberto, Muguerza, Cilaurren, Zubieta; Emilín, Gorostiza, Irarragorri, Lángara y Larrinaga. Los primeros en regresar serían Gorostiza, Roberto y el masajista Birichinaga. El sábado 24 de abril de 1937, el Euzkadi llega a París y son recibidos en la estación de Austerlitz por don Rafael Picabea, diputado por Gipuzkoa y delegado del Gobierno vasco en la capital francesa. Al frente de la expedición figuraban Ricardo Irezabal, vicepresidente de la Federación Española y Manuel de la Sota, presidente del Athletic, y al que el Gobierno vasco encomendó la tutela de la expedición. Lo primero que hicieron los jugadores del Euzkadi en París fue trasladarse a la Tumba del Soldado Desconocido y depositar una corona de flores con una ikurriña. Los periódicos franceses de aquellos días se hacen eco de la sensación causada por aquellos muchachos "con vestidos pintorescos, camisas a cuadros y boinas vascas con el escudo de Euzkadi". Al día siguiente, 25 de abril de 1937, el Euzkadi se enfrenta por primera vez como selección vasca, en el Parque de los Príncipes, al Racing de París reforzado. Venció el Euzkadi por 3-0, goles marcados por Lángara. Comenzaban así los triunfos y los aplausos. Al día siguiente, las emisoras de toda Europa -excepto España- daban la tristeza y trágica noticia del bombardeo de Gernika. Duro golpe para aquellos gudaris que componían la Selección Vasca. El día 2 de mayo, el Euzkadi se enfrenta en Marsella al Olympique, campeón de Copa francés de 1936. Y le vence por 5-1, después de un partido de furia y acierto. Pide la revancha el Racing de París y el Euzkadi se la concede en el estadio de Colombes, derrotándole de nuevo por 5-2. Siguió jugando la Selección Vasca muchos partidos en Francia sin conocer la derrota. Vuelve a jugar contra el Racing, campeón de Liga, en Toulouse, con el que empata a tres goles. La Selección Vasca -el Euzkadi- comenzaba a conocerse en otros países europeos. Cotizaba como uno de los mejores equipos de Europa y se le tenía simpatías por esa labor tan humanitaria que desarrollaban sus componentes. Jóvenes de un país en guerra, dando patadas al balón para dar pan a los niños y compatriotas exiliados. Seguirían hacia Praga, Polonia y Moscú, ganando la admiración y el reconocimiento de muchos. Sufriendo las noticias de una guerra en sus pueblos y caseríos, firmes en su trabajo y disciplina, honrados con su País, amando como se ama cuando se está lejos. COMUNISTAS QUE COMULGAN No le fue bien a el Euzkadi por tierras de Checoslovaquia. De París, viajó a Praga. Y se enfrentó con la selección checa y con otra de equipos de Praga. Perdió los dos partidos. Por dos a uno y tres a dos. La Prensa checa dio imagen de la talla de la Selección Vasca. "Jamás se ha visto jugar al fútbol así". Y comenzaron -tenían que comenzar- los problemas de una falsa información franquista enviada tendenciosamente al mundo sobre el pueblo vasco. Desde Praga, el Euzkadi viajó a Polonia. Allí se enfrenta en Katowice, capital del carbón del mundo, con la selección polaca. Y ganan los nuestros por cinco goles a cuatro. Y de Katowice a Varsovia, donde ellos querían la revancha. Fue entonces cuando aquellos gudaris-futbolistas que llevaban la misión de dar a conocer el Euzkadi y traer pan a su pueblo en el exilio, toparon con la policía polaca. Para ellos -los polacos- la expedición vasca era comunista. O sea, rojos. Los nuestros. Por eso, suspendieron el partido en Varsovia. Y la Selección Vasca fue a misa, acercándose al reclinatorio de la Comunión. Era domingo en Polonia y también en Euzkadi. Por las calles ya les había increpado: "Comunistas, comunistas...". Hombres de veinticuatro años -el Euzkadi- supieron dar la cara, con sonrisas en los labios a todos aquellos reproches injustos, a todos aquellos policías en la espalda, que husmeaban por buscar el "rabo rojo", de una publicidad franquista que fue inútil. Vía ferrocarril, el Euzkadi, marchó a Rusia. Y en la muga polaca, Lángara, Luis Regueiro y Chato Irarragorri (me han contado) miraron a sus "constantes compañeros" (los policías polacos) y dijeron: "Ya os conocemos". Comunistas que van en Varsovia a misa y se acercan a comulgar... Jóvenes que habían aprendido a rezar en Euzkadi... Con los niños exiliados en Moscú El Euzkadi, la selección vasca, pasó la muga de Polonia hacia Moscú. Vía férrea. Seguían. Tenían que seguir hacia adelante. En su última parada en Polonia, Chato Irarragorri, Luis Regueiro y Lángara se volvieron a los "polis" polacos y les dijeron: "Ya os conocemos". Aquel equipo de futbolistas había sufrido, entre risas calladas, la experiencia de ser considerados rojos, cuando eran parcialmente verdes. Verdes con blanco y con rojo del pueblo vasco. Como la ikurriña... "Comunistas que en Varsovia y Katowice iban a misa y a comulgar". Por eso, en la muga "limpiaron el barro y la arena de sus botas". Polonia quedaba cerca y muy lejos Euskadi. Había que seguir, y seguirían. Es cierto que el recibimiento en Moscú fue apoteósico. Con ramos de flores, entregados por bellas muchachas rusas. Y al Euzkadi le alojaron en el Hotel Metropol. De buen servicio y exquisita cocina. Habría sido igual si les hubiesen puesto una porrusalda, un talo y morokil. Porque allí el Euzkadi, otra vez en domingo, y en Moscú, se fue a misa en la Embajada de Finlandia. Fueron en autobús, a las nueve y media de la mañana. Jugaron el primer partido contra el Lokomotiv, en el campo del Dynamo, en Moscú. Un campo de respeto. Más grande en cuanto a localidades que lo que va a ser San Mamés tras las reformas. ¡90.000 espectadores, todos sentados! Y es curiosa la anécdota. La víspera de dicho partido contra el Lokomotiv, el Euzkadi estuvo invitado a una comida por la directiva y jugadores del equipo ruso. ¡Hasta se colocaron ambos conjuntos, a comer, entremezclados!, con buen sentido de la hospitalidad. Y a Periko Vallana, entrenador de Euzkadi, le llegó el primer problema con las intérpretes rusas: "Dicen sus muchachos que no hay buena comida posible, sin vino. Que no se come bien con agua". Faltaron pocos minutos para que hubiera vino en aquella recepción con el Lokomotiv. Con gran asombro de los jugadores rusos. Boquiabiertos y sin dar crédito a lo que veían. ¡Los vascos bebían vino en las comidas! Y no terminó la comida con sólo vino, sino que aquellos gudaris del fútbol se apañaron para improvisar todo un orfeón de voces en la sobremesa y deleitar con sus "Boga boga", "Hator, hator", y demás canciones a los sorprendidos jugadores del Lokomotiv. Al día siguiente, el Euzkadi le ganaba al Lokomotiv, en el campo del Dynamo de Moscú abarrotado en sus 90.000 espectadores, por cinco a uno. El equipo Euzkadi llegó a Rusia y se movió por Finlandia y Noruega; mientras tanto, Bilbao caía Con los niños A unos cien kilómetros de Moscú había una residencia de niños vascos exiliados. Era lógico que el Euzkadi fuera a visitarles. Y se fueron con algunas dificultades, porque a unos 15 kilómetros de Moscú la carretera se convertía en un auténtico burdibide. Con grandes baches y desmontes. Los botes y coscorrones fueron numerosos. En aquella colonia había niños de Matiko, Begoña, Portugalete... Unos quinientos. Se puede imaginar el lector la alegría de aquellos chavales cuando vieron a sus ídolos futbolistas. Quisieron los del Euzkadi, con toda la ilusión y euforia que inyectaron en aquella colonia, que los niños vascos jugasen un partido de exhibición contra los niños rusos. No hubo forma. Decía uno de aquellos niños, que fue el doctor Angulo, médico del Athletic de Bilbao: "Les damos cada paliza..." -luego, el doctor Angulo haría su carrera en Moscú-. Otro de aquellos niños -Ruperto Sagasti-, se quedó en tierras rusas, llegado a ser jugador internacional ruso y director de todas las escuelas de fútbol de Rusia. El Athletic de Bilbao anduvo detrás de requerir sus servicios para sus instalaciones de Lezama, pero el papeleo burocrático con el Gobierno español no se agilizó. Y no fue Ruperto Sagasti caso único de vasco en las altas esferas del deporte ruso. El Euzkadi -es claro- produjo una excelente impresión e impronta en los aficionados, jugadores y técnicos del fútbol ruso. Alguien ha llegado a decir que fue el Euzkadi quien enseñó a los rusos a jugar al fútbol. Porque jugaban un fútbol moderno, rompiendo el clásico esquema inglés de la W. Tras su espléndida presentación en Moscú, el combinado vasco jugó dos partidos contra el Dynamo. Y le venció en los dos encuentros. Por cuatro a uno, y en el de revancha, por seis a cuatro. También se desplazaría el Euzkadi a Leningrado, para enfrentarse y empatar con el Dynamo de aquella ciudad. En Leningrado fueron entusiásticamente recibidos y disfrutaron al igual que en toda Rusia, de simpatías e inconmensurables atenciones. También jugó la Selección Vasca en Kiev, Minsk y Tiflis contra el Dynamo, ganando todos los partidos. Y se despidió de la estepa rusa, enfrentándose con el Spartak de Moscú con el que perdió. Más tarde, hace unos años, el Athletic de Bilbao se resarció de aquella pequeña derrota, ganándole al Spartak de Moscú en la final del X Trofeo Ibérico de Badajoz. la caída de bilbao Otro nuevo mazazo para los expedicionarios vascos supuso conocer la noticia de la caída de Bilbao. Hasta entonces, los jugadores del Euzkadi habían mantenido un hilo de comunicación con sus familiares, vía París. Las noticias que les llegaban de Euskadi eran tristes y trágicas. Se había perdido y aquellos muchachos estaban mentalizados para la victoria. Los futbolistas sabían que había que comenzar a pensar en volver. Pero el Gobierno vasco les rogó que siguieran dando patadas al balón, para poder seguir dando pan a los niños que seguían exiliados. Y aceptaron el ruego con una disciplina encomiable. Vía Leningrado, el Euzkadi pasó a Finlandia, y desde allí a Noruega, donde juega un partido. En Dinamarca jugarían otros dos. Con victoria vasca en todos los duelos, sin resquicios. Entonces, se volvieron a Francia, donde el conjunto vasco instaló su residencia a unos treinta y cinco kilómetros de la capital francesa, cerca de Fontenebleau, en Barbizon. Era mediados de octubre de 1937. Comenzaban dentro de la selección de Euzkadi pequeñas escisiones y deserciones. Siempre ha sido difícil cantar en tierra extraña. La guerra iba para largo y el Euzkadi comenzaba a pensar en la aventura de América. Y los vascos cruzaron el charco Tras la caída de Bilbao llegaron las deserciones, pero el Euzkadi puso rumbo a América sin miedo Si no llega a ser por la guerra...", Ricardo Zamora se acordaba de Blasco, todo un portero del Athletic, y del bloque vasco, que en tierras francesas empezó a perder fuelle. Fue en Barbizón donde el Euzkadi comenzó a perder su fuerza moral, que no física. Se había roto el cinturón y Bilbao había caído. Las noticias eran desesperantes. El primero en abandonar la concentración del Euzkadi fue Guillermo Gorostiza, Bala Roja, aquel extremo izquierdo fenomenal del Athletic de Bilbao. Dijo marcharse a ver a su padre a París y ya no volvió a Barbizón. Lo que hizo fue ir a Bilbao. Más tarde, Roberto, excelente medio también del Athletic, que estaba recientemente casado, con sus veinticuatro años se fue a Baiona a encontrarse con su esposa. Perdía así el Euzkadi dos buenos puntales que daban consistencia recia al equipo. También abandonó la expedición Periko Birichinaga, masajista del equipo. Tras consultar con sus compañeros y pupilos, regresó a Bilbao, donde se reunió con su mujer y sus hijos, que eran pequeños. Fueron momentos difíciles para la expedición vasca, porque comenzaba a surgir la idea de "saltar el charco" y jugar al fútbol en las Américas. Los directivos y jugadores del Euzkadi estudiaron con mimo y detalle el programa, países y partidos a jugar en América, a la vez que se prometían no abandonar la expedición, aún a costa de cualquier fichaje personal. Había que seguir y seguirían Solamente había una premisa: continuar. Entonces surgió dentro del equipo Euzkadi una gran solidaridad y empeño. Prueba de ello es que en América nadie se dejó deslumbrar ni atraer por tentadores fichajes, hasta que se disolvió el equipo. Es imagen de que la selección vasca fue mucho más que un equipo de fútbol. No llevaban ni un mes en Barbizón cuando un día de octubre de 1937, el Euzkadi embarcaba en El Havre, a bordo del trasatlántico Ile de France rumbo a las Américas, ruta Nueva York. Se cumplían seis meses de su partida de Bilbao, y pasando por La Habana, y más tarde por Veracruz, llegaban a México capital. Allí el Euzkadi se enfrentó a numerosos equipos de diversas localidades, como Orizaba, Guadalajara, México e incluso a la selección nacional mexicana. El palmarés no pudo ser más positivo y brillante: el Euzkadi venció en los diez partidos jugados, incluido contra su selección. Aunque, no fue México el primer país asombrado por los jugadores vascos. México era un país amigo para los vascos. Un lugar que conocía al lehendakari Agirre -me gustaría decir que nuestro primer lehendakari no fue ciertamente un futbolista del Athletic de talla como Bata, Blasco y Cilaurren. Pero de lo que sí estoy convencido es que fue un Pichichi de la política, y de abrir los caminos del Euzkadi-. Era líder y capitán. La selección vasca peleó contra las inclemencias en América, donde encontró un país amigo en México. Y pronto llegó la contrata de partidos en las Américas de Buenos Aires. Nada menos que los cinco acorazados del fútbol: San Lorenzo de Almagro, Boca Juniors, River Plate, Racing e Independiente. Dio la cara el Euzkadi en Buenos Aires, tras de un viaje en barco inglés que zarpó desde Valparaíso y un mes sin jugar, contra aquellos acorazados, que eran txalupas para la selección Euzkadi. Y el Euzkadi se volvió a México, porque en aquel fútbol también entró la política. Una política de republicanos y franquistas para los pueblos americanos. Había emisoras en España que daban imagen falsa de Euskadi. Una imagen totalmente falsa. De rabo rojo. Había que seguir y seguirían. El Euzkadi solamente tenía la misión y compromiso de jugar al fútbol para dar pan a los niños y refugiados vascos en el exilio. Con compromiso. aquellos tentáculos Hasta Valparaíso llegó el mensaje del "no" a la Selección. Aunque se jugó un partido con victoria vasca. Comenzaba la expedición a convertirse en caminante en el destierro. Así, saltaron a La Habana donde se enfrentaron a la selección cubana. Previo al partido con los seleccionados, el Euzkadi se midió con el conjunto del Centro Gallego de la Habana, al que venció por dos goles. Para los cubanos aquel resultado resultaba corto, porque los vascos debían enfrentarse al equipo grande de su selección. Pocos días después, el Euzkadi vencía a la selección cubana por seis a cero. El Euzkadi era capaz de jugar en campos de béisbol. Como les gustaba a los cubanos. Ellos, Irarragorri, Lángara, Regueriro, Chirri II y compañeros, habían aprendido a jugar al fútbol en la calle. Fue una buena embajada la del Euzkadi por tierras y ciudades americanas. La guerra seguía en Euskadi con tristes consecuencias. Aquellos gudaris, todos juntos, como en bloque, seguían dando patadas al balón para dar de comer a los niños vascos del exilio. Casi nunca un equipo extranjero ha jugado en una confrontación de Liga nacional. Y eso hizo el Euzkadi en la Liga mexicana. Caso insólito en el fútbol mundial. Era la temporada 1938-1939 de México y también de Euskadi. Aquí, en los postres de la guerra, y allí en una relativa paz. Iba a ganar un equipo amigo, aunque extranjero. Un equipo no extraño, aunque peregrino. Un equipo de amigos: El Euzkadi. Había que seguir y seguirían. Dando patadas al balón para dar pan a los niños vascos del exilio. El Euzkadi vuelve: misión cumplida Varios jugadores vascos de aquella selección se quedaron en América jugando para equipos locales Los jugadores del Euzkadi acapararon la atención de toda América. Fueron más de dos años. De luchar en el frente, en la retaguardia, en el mar. También en el exilio. De luchar con pocas armas, dando el pecho, con valentía y hasta con los pies. Había que seguir y se seguiría. Era una consigna clavada en los tuétanos. En el corazón. Más que nunca, Euskadi tenía que vivir, y seguiría viviendo. Y hubo un Gobierno vasco joven y con garra, que no olvidó a nadie. Fueron los niños los primeros; fueron los ancianos y los sin techo; fueron también los que sufrían y tenían muertos. Se salvó la juventud y quedó la semilla. El grito -como el mejor irrintxi- se había dejado oír en Europa y el mundo. Sin armas ni secuestros. Sin amenazas ni rescates. Era la voz de un pueblo pequeño, que aún siendo pequeño, tenía derecho a vivir. Hoy la historia ha perdido magisterio para muchos. Hay gente que ve su día con gafas de miope. Que riñe por su frustración, que no sabe llenar el silencio de su corazón. Que ríe, por no llorar. Gente que no se acuerda de su caserío, de que falta hierba en el pajar, leña en el fuego, y algo que comer, en la cocina y la cuadra. Aún, tenemos mucho camino por delante. Y habrá que hacerlo por burdibides y con barro. No faltará el frío ni la escarcha en las huertas. Hay que seguir y seguiremos. Con la antorcha que nos han dejado otros. El Euzkadi había ganado. En Europa y las Américas. Era un equipo selecto. Un equipo con buen patrón e inmejorables bogadores. Supieron seguir la marea y afrontar los peores vendavales. Jugaban al fútbol para dar pan a los niños vascos en el exilio. Sin cobrar peseta. Y hay que decirlo de nuevo: sin cobrar peseta. Terminaba la guerra en Euskadi. Habían pasado ya dos años. Desde abril del 37 al 39. Era el momento triste de comenzar a andar en solitario. Con capacidad de equipo, buscando en el silencio, la noche y casi el destierro, buscando poder sobrevivir cuando todo se cerraba. Los jugadores de fútbol del Euzkadi se despidieron con diez mil pobres pesetas en el bolsillo, cada uno por su callejón, y abriéndose frente al futuro. Su ponderada e inigualable misión había concluido. Tiempo -poco- habrá para que alguien haga un homenaje a aquellos buenos gudaris-futbolistas, que llevaron el nombre de Euskadi por el mundo, y trajeron pan a los niños de las colonias del exilio. Los argentinos de Buenos Aires habían tomado buena nota de la talla futbolística de varios jugadores del Euzkadi. La Selección Vasca perdió en aquellas tierras muchos pesos. Había estado bloqueada casi un mes por las amenazas franquistas. Se había perdido pan de dar a los niños. Y llegaron los fichajes. Era normal. Si Rusia aprendió a jugar al fútbol del Euzkadi, Argentina podía robustecer su equipo con un esqueleto vasco de jugadores. Fue Zubieta el primero que fichó con el San Lorenzo de Almagro. Los resultados del equipo fueron hacia arriba, así como la taquilla. Pronto descubrieron los directivos de San Lorenzo que la incorporación de jugadores libres del Euzkadi les iba a resultar beneficiosa. Lángara fue el siguiente de los requeridos. Pocas horas habían pasado del fichaje y se enfrentó el San Lorenzo de Almagro contra el River Plate. Gran rival, y en Buenos Aires. Venció el San Lorenzo del Almagro por cuatro a cero. Con ¡Lángara como autor de los cuatro goles! Olieron los argentinos -como los mejores ojeadores- el valor de los jugadores del Euzkadi. Pronto requirieron el ala izquierda: Emilín e Irarragorri. Se percató de la maniobra el River Plate y ofreció más dinero por el Chato de Galdakao. Pero fue Lángara quien desde el San Lorenzo de Almagro le repescó para su equipo bonaerense. Los cuatro jugadores vascos -Lángara, Zubieta, Emilín, Irarragorri- jugaban para ganar en el San Lorenzo de Almagro. Y pronto se notó en las arcas del club. Similar gestión -quizá menos efectiva en cuanto a dinero- realizó el River Plate en un asalto de fichajes. Todos a cuenta de jugadores del Euzkadi. Así, contrató al gran portero Blasco y al famoso medio del Athletic de Bilbao, Cilaurren. La última alineación del conjunto vasco en México, poco antes de que el bloque empezara a desmembrarse.Luis Regueiro prefirió quedarse en México. Chirri II, que se había incorporado al Euzkadi en su singladura, se quedó por unos años en Buenos Aires con su hermano Marcelino (Chirri I). E Ignacio Aguirrezabala (Chirri II), en Bilbao. Éramos buenos amigos. Él ingeniero y monaguillo de la Misa de Don Pablo Bilbao de Aristegui. Y yo recordaba que en San Mamés era tormenta, cuando Ignacio (Chirri II) se bajaba las medias y subía Roberto a los córners. También Ahedo y Areso jugaron con el River Plate. Los demás del Euzkadi siguieron jugando en equipos mexicanos como el España y Asturias. En euskadi se había perdido En la Euskadi de Europa, los vientos no eran favorables. Se había perdido la guerra. Una guerra que no era nuestra, y que no la queríamos. Nos la habían metido como un viejo caballo de Troya. México volvió a ser para muchos jugadores del Euzkadi el cobijo y jardín de sus vidas. Allí se hicieron fuertes y prosperaron. Chato Irarragorri se lesionó en Buenos Aires, y de allí, volvió a México. Cuando se apagó la guerra mundial de Europa, volvieron algunos. El Chato llegó a jugar otra vez con el Athletic, ser su entrenador y ganar la Copa de 1950. De aquellos colosos del Euzkadi han fallecido todos: Gorostiza y Cilaurren, un extremo inigualable y el formidable medio de Zorrotza. La vida sigue castigando, y también se han ido Chirri II, Muguerza, y Roberto, en Eibar. Los demás viven. Con sus años, nostalgias y su buena labor hecha: dar patadas al balón, para dar de comer pan a los niños vascos del exilio. Cuando nuestro caserío estaba todo roto. Había que seguir, y hubieran seguido. Fuente Isidro Lángara El día en que debutó en San Lorenzo, en 1939, le hizo cuatro goles a River. Además, participó de la Guerra Civil en nombre de la República y formó parte del mítico seleccionado vasco. Si Isidro Lángara Galarraga hiciera ahora todos los goles que hacía en su tiempo, su cláusula de rescisión no sería muy distinta que la del sueco Zlatan Ibrahimovic: unos 250 millones de euros. Tampoco estarían tan solos Lionel Messi y Cristiano Ronaldo en la disputa del Balón de Oro o del FIFA World Player. Pero tenía una desventaja ese vasco inolvidable: sus goles no recorrían el mundo por televisión. Por el contrario, él los llevaba a cada lugar donde las circunstancias y su espíritu lo trasladaban. Nacido en 1912 en Pasajes, un municipio portuario de Guipúzcoa, Lángara comenzó su carrera futbolística en equipos aficionados del País Vasco, como Bildur Guchi, Esperanza de San Sebastián, Siempre Adelante, Andoain y Tolosa. A los 18 años fue fichado por el Oviedo. Allí se hizo ídolo con su mejor recurso: el gol. Resultó el Pichichi de la Liga en las tres primeras temporadas que jugó con el Oviedo. Entre 1933 y 1936 hizo 80 goles. Y llevó a su equipo modesto al podio de España: terminó tercero en 1935 y 1936. No hay casualidad, tampoco ahora, a la distancia: esos años son considerados como la Edad de Oro de la historia del club. En su primera etapa con el Oviedo, Lángara hizo en promedio más de un gol por partido: 281 tantos en 220 encuentros. También en el seleccionado español, para el que jugó entre 1932 y 1936, tuvo un rendimiento de asombro: 17 goles en 12 encuentros. Así, es el tercer futbolista vasco que más tantos convirtió para la Furia Roja (sólo detrás de Julio Salinas y de Telmo Zarra). "Lángara tenía un cuerpo atlético. Una fuerza muscular impresionante y una flexibilidad de elegido. Cintura estrecha. Buen equilibrio, capacidad funcional en las caderas para poder levantar las piernas como lo puede hacer un karateca. Así remataba, sin parar el balón, a cualquier altura. Manejaba las dos piernas, que no se sabía si Lángara era derecho o era zurdo", cuenta el libro 'De Fozaneldi al Parque del Oeste. 80 años del fútbol en Oviedo' (Ediciones ACE, S.L.). "Es considerado por muchos entendidos como el jugador más importante de cuantos han militado en las filas del club", indica la página oficial del Real Oviedo, equipo que ahora participa de la Segunda División B, la tercera categoría. Aquellos días en el Oviedo se terminaron con dolor: en julio de 1936, estalló la Guerra Civil. "Durante el conflicto, Lángara combatió en las filas del Frente Popular y formó parte de la denominada Selección de Euskadi, fundada por el Gobierno Vasco para recaudar fondos en Europa. Una vez caído el Frente Norte, Lángara continuó con su gira en el combinado por América", señala la Enciclopedia de Oviedo. Lángara coincidió en esta selección con varios de los mejores futbolistas vascos de la época. como Luis Regueiro (histórico mediocampista del Real Unión de Irún) y Guillermo Gorostiza (delantero formado en el Arenas de Getxo y figura del Athletic Bilbao). El equipo recaló finalmente en México, donde jugó la Liga Mayor de la temporada 1938/39, bajo la denominación de Club Deportivo Euskadi. Fueron subcampeones. En 1939, al finalizar la Guerra Civil, se disolvió aquel mítico seleccionado regional y Lángara optó por seguir exiliado fuera de España. Recomendado por Angel Zubieta e impulsado por su amigo Evaristo Palacios, ese delantero implacable llegó a San Lorenzo. Su debut con la camiseta azulgrana fue propio de una película de guión inverosímil. Llegó a Buenos Aires, se bajó del barco y le hizo cuatro goles a River. "Debemos afirmar que la realidad ha superado aún los cálculos más alegres y que esos cuatro golazos del nuevo preclaro ciudadano del barrio de Boedo le han abierto de par en par las puertas de la popularidad en esta patria generosa, que lo saludó como si fuera la suya", señaló sobre aquel memorable 21 de mayo de 1939 el periodista y relator Fioravanti. "Llegué a la Argentina con el equipo vasco, pero por cuestiones políticas no se nos permitió jugar. Sin embargo, nos entrenábamos en la quinta Las Delicias, de Adrogué. Allí, me contacté con directivos de San Lorenzo. Después seguimos la gira. Y desde Buenos Aires, mi amigo Evaristo Palacios influyó para que fuera contratado por San Lorenzo, cuando parecía que pasaría a River Plate", contó Lángara alguna vez sobre su arribo a la Argentina. Jugó cuatro temporadas para el club de Boedo. En 121 encuentros convirtió 110 goles, que le permiten estar en el top ten de la historia del club. No ganó ningún título en el fútbol argentino, pero resultó el máximo anotador de 1940. Dos años más tarde, siguió paseando su facilidad para convertir: en 1942, su San Lorenzo se fue de gira por México. Fueron diez partidos en los cuales los Gauchos de Boedo convirtieron 42 tantos, 23 de los cuales estuvieron a cargo del inmenso Isidro. Ahora, en el Salón de Trofeos del Nuevo Gasómetro, un busto con la clásica boina vasca lo evoca cada día. Sus siguientes pasos de tremendo goleador los dio en el fútbol mexicano: en 1943, Lángara fue contratado por el Real Club España. En su primera campaña, marcó 27 tantos; y en las dos siguientes, anotó 38 y 40 goles, respectivamente. Allí ganó una Copa y una Liga. Y resultó el máximo anotador en dos ocasiones. Luego de su exilio en América, Lángara volvió a España en 1946. A pesar de sus más de tres décadas de vida, siguió siendo figura en el Oviedo: en dos temporadas hizo 23 goles en 29 encuentros. Sus últimos retazos de crack los mostró otra vez en México. Y luego se dedicó a la dirección técnica en Chile, México y la Argentina (fue el entrenador de San Lorenzo en 1955). Falleció en 1992, en el País Vasco, su lugar en el mundo. Se fue sin saber -quizá- que ahora "gol" en su idioma también se dice "Lángara". fuente