davo1903
Usuario (Colombia)

Bienvenidos He vuelto, hace mucho no subo cosas, todo el 2011 subire todo lo relacionado con el mundo AUDIO- VISUAL , sigo con mis ciclos, musica, videos, todo lo relacionado con la edicion de video y sonidos, apuntes de mi Universidad y mas y mas cosas , un adelanto de ello: Ciclos Completos de Cine Ciclo Alex de La Iglesia Ciclo Billy Winder Ciclo David Lynch Ciclo Dario Argento Ciclo Francois Truffaut Entre muchos mas Discografias completas a 320 sonido excelente VideoGrafias de Artistas y Cine de Toda Clase Cines - Series - Musica- Anime-Dibujos-Documentales-tV-Libros Tambien lo que quieran pedir , pidanlo por los meritos de este post y nada os sera negado. asi que el 2011 se viene con toda. Algo de lo que van a ver : De todito: De todos los paises del Mundo Tambien Cine MUDO Cine CLASICO Cine MODERNO Cine CONTEMPORANEO Cine DOCUMENTAL Cine EXPERIMENTAL Y UNDERGROUND Cine de ANIMACION Espero que sigan mis post y si necesitan algo lo subire con la maxima calidad que pueda, Gracias : Att AndanteAudiovisual
NO IMPORTISMO Esta es una filosofía barata, muy barata, tan barata que es la verdad suprema. Es el recuento de un proceso innecesario, el camino mas largo para llegar a ningún lado. “Ama a tu prójimo como a ti mismo pero si lo odias no importa” El no-importismo es una especie de religión, (bueno, sea lo que sea no importa); que sea basa en que –no importa, pero si importa tampoco importa!!!- El “ Dios” o mas bien la figura representativa del noimportismo es el Sr. Plátano a quien no le importa nada…pero el tampoco importa. así que acontinuación explicamos aún mas el noimportismo...!!!. PREGUNTAS FRECUENTES> 1-Y si nada importa… entonces el noimportismo tampoco importaría RTA: Claro!!!, el noimportismo es lo primero que no importa, pero hay que recordar que no importa pero si importa tampoco importa. 2-Y si nada importa… la vida tampoco importa, por que no nos suicidamos todos??? RTA: Si!!!, el noimportismo aboga por el suicidio, pero hay que tener en cuenta, que nada importa, entonces no importa vivir, y no importa morir, pero lo que mas nos conviene es vivir, pero si te mueres igual no importa. 2 Entienda el No Importismo a la perfeccion EL EJEMPLO DE LA CASA: Si ud. Necesita entrar a su casa y usted está enfrente de ella, no importa entrar, pero tampoco importa quedarse afuera, pero lo mejor es entrar, pero igual ninguna opción importa!!! Y RECUERDEN QUE NO IMPORTA, Y SI IMPORTA, TAMPOCO IMPORTA!!! El Sr. plátano nos dice: En su gran doctrina que: no importa No nos dice: nada importa. ni dice: me importa un culo El dice simplemente la verdad universal: no importa Y esta verdad cobra mas valor en la medida que las cosas importan es justamente en ese punto en donde este sistema filosófico es mas que perfecto. y ODIO A BOTERO QUE TIENE QUE VER CON TODO ESTO. Tal vez usted se pregunte: ¿Que mierdas tiene que ver Odio a Botero en esto del no-importismo?, y la respuest es la siguiente: René Segura, descubrió al Sr. Platano y su no-importismo por obra de una iluminacion y René Segura es el espectacular cantante del mejor grupo punk no-importista de Colombia!!!, y pues eso es lo que tiene que ver Odio a Botero con el noimportismo, de la misma manera siendo René y Reggaeman los "promotores" de esta filosofía o como quiera llamarlo!!! FRASES DEL SEÑOR PLATANO “All you need is NO IMPORTA” “A LEGO lo que es de LEGO y a dios lo que es de dios” “Mi tiempo no es dinero” “Todo tiempo pasado fue mejor porque ya paso¡” “Lo único realmente importante que debemos saber es que no importa.” “No importa donde se nace, ni donde se muere, ni donde se lucha.” “Ganar es perder un poco.” “Hasta la victoria casi siempre.” “Si usted me lo permite yo con mucho gusto le lavare el cerebro.” “Punks not dead pero ya casi.” “El pueblo que no conoce su pasado esta condenado a repetirlo, pero el que es caballero repite.” “dios es muy grande, pero entre mas grande mas bobo.” “El que no sabe no sabe” “El presente es de LUCHA, el futuro de PANCHA” “No me lavaran el cerebro, otra vez” “Estar acompañado es como estar solo pero con alguien al lado y estar solo es como estar acompañado pero sin ese alguien.” “Al pan pan, al vino vino y al culo culo” “Cali es Cali y lo demás no es Cali.” “Mi único defecto es la modestia pero ya lo estoy superando” “Si Hitler viviera ya estaría muerto” “Los inválidos nunca serán Dadaístas” “El opio es el opio del pueblo” “Dios no ha muerto, simplemente nunca existió” BUENO NO IMPORTA ADIOS
No hay palabras para mencionar y significar la critica de estas historietas, las quiero compartir con ustedes, me parecen muy divertidas, muy bueno Cyanide and happiness Empezemos jejejej Ahora Algunos Videos.. link: http://www.youtube.com/watch?v=bOfbE6lr-mk Magic Hat [sub Español] link: http://www.youtube.com/watch?v=F0PNk0YDL98 Lo Hice link: http://www.youtube.com/watch?v=-tL0ltNr-AY

Bueno hoy les dejo este escrito q me pusieron de actividad en mi facultad, es un poco largo pero es muy bueno. Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849) Método de composición En una nota que en estos momentos tengo a la vista, Charles Dickens dice lo siguiente, refiriéndose a un análisis que efectué del mecanismo de Barnaby Rudge: "¿Saben, dicho sea de paso, que Godwin escribió su Caleb Williams al revés? Comenzó enmarañando la materia del segundo libro y luego, para componer el primero, pensó en los medios de justificar todo lo que había hecho". Se me hace difícil creer que fuera ése precisamente el modo de composición de Godwin; por otra parte, lo que él mismo confiesa no está de acuerdo en manera alguna con la idea de Dickens. Pero el autor de Caleb Williams era un autor demasiado entendido para no percatarse de las ventajas que se pueden lograr con algún procedimiento semejante. Si algo hay evidente es que un plan cualquiera que sea digno de este nombre ha de haber sido trazado con vistas al desenlace antes que la pluma ataque el papel. Sólo si se tiene continuamente presente la idea del desenlace podemos conferir a un plan su indispensable apariencia de lógica y de causalidad, procurando que todas las incidencias y en especial el tono general tienda a desarrollar la intención establecida. Creo que existe un radical error en el método que se emplea por lo general para construir un cuento. Algunas veces, la historia nos proporciona una tesis; otras veces, el escritor se inspira en un caso contemporáneo o bien, en el mejor de los casos, se las arregla para combinar los hechos sorprendentes que han de tratar simplemente la base de su narración, proponiéndose introducir las descripciones, el diálogo o bien su comentario personal donde quiera que un resquicio en el tejido de la acción brinde la ocasión de hacerlo. A mi modo de ver, la primera de todas las consideraciones debe ser la de un efecto que se pretende causar. Teniendo siempre a la vista la originalidad (porque se traiciona a sí mismo quien se atreve a prescindir de un medio de interés tan evidente), yo me digo, ante todo: entre los innumerables efectos o impresiones que es capaz de recibir el corazón, la inteligencia o, hablando en términos más generales, el alma, ¿cuál será el único que yo deba elegir en el caso presente? Habiendo ya elegido un tema novelesco y, a continuación, un vigoroso efecto que producir, indago si vale más evidenciarlo mediante los incidentes o bien el tono o bien por los incidentes vulgares y un tono particular o bien por una singularidad equivalente de tono y de incidentes; luego, busco a mi alrededor, o acaso mejor en mí mismo, las combinaciones de acontecimientos o de tomos que pueden ser más adecuados para crear el efecto en cuestión. He pensado a menudo cuán interesante sería un artículo escrito por un autor que quisiera y que pudiera describir, paso a paso, la marcha progresiva seguida en cualquiera de sus obras hasta llegar al término definitivo de su realización. Me sería imposible explicar por qué no se ha ofrecido nunca al público un trabajo semejante; pero quizá la vanidad de los autores haya sido la causa más poderosa que justifique esa laguna literaria. Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática; experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos. La verdadera decisión se adopta en el último momento, ¡a tanta idea entrevista!, a veces sólo como en un relámpago y que durante tanto tiempo se resiste a mostrarse a plena luz, el pensamiento plenamente maduro pero desechado por ser de índole inabordable, la elección prudente y los arrepentimientos, las dolorosas raspaduras y las interpolación. Es, en suma, los rodamientos y las cadenas, los artificios para los cambios de decoración, las escaleras y los escotillones, las plumas de gallo, el colorete, los lunares y todos los aceites que en el noventa y nueve por ciento de los casos son lo peculiar del histrión literario. Por lo demás, no se me escapa que no es frecuente el caso en que un autor se halle en buena disposición para reemprender el camino por donde llegó a su desenlace. Generalmente, las ideas surgieron mezcladas; luego fueron seguidas y finalmente olvidadas de la misma manera. En cuanto a mí, no comparto la repugnancia de que acabo de hablar, ni encuentro la menor dificultad en recordar la marcha progresiva de todas mis composiciones. Puesto que el interés de este análisis o reconstrucción, que se ha considerado como un desiderátum en literatura, es enteramente independiente de cualquier supuesto ideal en lo analizado, no se me podrá censurar que salte a las conveniencias si revelo aquí el modus operandi con que logré construir una de mis obras. Escojo para ello El cuervo debido a que es la más conocida de todas. Consiste mi propósito en demostrar que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al azar; y que aquélla avanzó hacia su terminación, paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático. Puesto que no responde directamente a la cuestión poética, prescindamos de la circunstancia, si lo prefieren, la necesidad, de que nació la intención de escribir un poema tal que satisficiera al propio tiempo el gusto popular y el gusto crítico. Mi análisis comienza, por tanto, a partir de esa intención. La consideración primordial fue ésta: la dimensión. Si una obra literaria es demasiado extensa para ser leída en una sola sesión, debemos resignarnos a quedar privados del efecto, soberanamente decisivo, de la unidad de impresión; porque cuando son necesarias dos sesiones se interponen entre ellas los asuntos del mundo, y todo lo que denominamos el conjunto o la totalidad queda destruido automáticamente. Pero, habida cuenta de que coeteris paribus, ningún poeta puede renunciar a todo lo que contribuye a servir su propósito, queda examinar si acaso hallaremos en la extensión alguna ventaja, cual fuere, que compense la pérdida de unidad aludida. Por el momento, respondo negativamente. Lo que solemos considerar un poema extenso en realidad no es más que una sucesión de poemas cortos, es decir, de efectos poéticos breves. Es inútil sostener que un poema no es tal sino en cuanto eleva el alma y te reporta una excitación intensa: por una necesidad psíquica, todas las excitaciones intensas son de corta duración. Por eso, al menos la mitad del "Paraíso perdido" no es más que pura prosa: hay en él una serie de excitaciones poéticas salpicadas inevitablemente de depresiones. En conjunto, la obra toda, a causa de su extensión excesiva, carece de aquel elemento artístico tan decisivamente importante: totalidad o unidad de efecto. En lo que se refiere a las dimensiones hay, evidentemente, un límite positivo para todas las obras literarias: el límite de una sola sesión. Ciertamente, en ciertos géneros de prosa, como Robinson Crusoe, no se exige la unidad, por lo que aquel límite puede ser traspasado: sin embargo, nunca será conveniente traspasarlo en un poema. En el mismo límite, la extensión de un poema debe hallarse en relación matemática con el mérito del mismo, esto es, con la elevación o la excitación que comporta; dicho de otro modo, con la cantidad de auténtico efecto poético con que pueda impresionar las almas. Esta regla sólo tiene una condición restrictiva, a saber: que una relativa duración es absolutamente indispensable para causar un efecto, cualquiera que fuere. Teniendo muy presentes en mí ánimo estas consideraciones, así como aquel grado de excitación que nos situaba por encima del gusto popular y por debajo del gusto crítico, concebí ante todo una idea sobre la extensión idónea para el poema proyectado: unos cien versos aproximadamente. En realidad cuenta exactamente ciento ocho. Mi pensamiento se fijó seguidamente en la elevación de una impresión o de un efecto que causar. Aquí creo que conviene observar que, a través de este trabajo de construcción, tuve siempre presente la voluntad de lograr una obra universalmente apreciable. Me alejaría demasiado de mi objeto inmediato presente si me entretuviese en demostrar un punto en que he insistido muchas veces: que lo bello es el único ámbito legítimo de la poesía. Con todo, diré unas palabras para presentar mi verdadero pensamiento, que algunos amigos míos se han apresurado demasiado a disimular. El placer a la vez más intenso, más elevado y más puro no se encuentra —según creo— más que en la contemplación de lo bello. Cuando los hombres hablan de belleza no entienden precisamente una cualidad, como se supone, sino una impresión: en suma, tienen presente la violenta y pura elevación del alma —no del intelecto ni del corazón— que ya he descrito y que resulta de la contemplación de lo bello. Ahora bien, yo considero la belleza como el ámbito de la poesía, porque es una regla evidente del arte que los efectos deben brotar necesariamente de causas directas, que los objetos deben ser alcanzados con los medios más apropiados para ello —ya que ningún hombre ha sido aún bastante necio para negar que la elevación singular de que estoy tratando se halle más fácilmente al alcance de la poesía. En cambio, el objeto verdad, o satisfacción del intelecto, y el objeto pasión, o excitación del corazón, son mucho más fáciles de alcanzar por medio de la prosa aunque, en cierta medida, queden también al alcance de la poesía. En resumen, la verdad requiere una precisión, y la pasión una familiaridad (los hombres verdaderamente apasionados me comprenderán) radicalmente contrarias a aquella belleza, que no es sino la excitación -debo repetirlo- o el embriagador arrobamiento del alma. De todo lo dicho hasta el presente no puede en modo alguno deducirse que la pasión ni la verdad no puedan ser introducidas en un poema, incluso con beneficio para éste; ya que pueden servir para aclarar o para potenciar el efecto global, como las disonancias por contraste. Pero el auténtico artista se esforzará siempre en reducirlas a un papel propicio al objeto principal que se pretenda, y además en rodearlas, tanto como pueda, de la nube de belleza que es atmósfera y esencia de la poesía. En consecuencia, considerando lo bello como mi terreno propio, me pregunté entonces: ¿cuál es el tono para su manifestación más alta? Éste había de ser el tema de mi siguiente meditación. Ahora bien, toda la experiencia humana coincide en que ese tono es el de la tristeza. Cualquiera que sea su parentesco, la belleza, en su desarrollo supremo, induce a las lágrimas, inevitablemente, a las almas sensibles. Así, pues, la melancolía es el más idóneo de los tonos poéticos. Una vez determinados así la dimensión, el terreno y el tono de mi trabajo, me dediqué a la busca de alguna curiosidad artística e incitante, que pudiera actuar como clave en la construcción del poema: de algún eje sobre el que toda la máquina hubiera de girar; empleando para ello el sistema de la introducción ordinaria. Reflexionando detenidamente sobre todos los efectos de arte conocidos o, más propiamente, sobre todo los medios de efecto —entendiendo este término en su sentido escénico—, no podía escapárseme que ninguno había sido empleado con tanta frecuencia como el estribillo. La universalidad de éste bastaba para convencerme acerca de su intrínseco valor, evitándome la necesidad de someterlo a un análisis. En cualquier caso, yo no lo consideraba sino en cuanto susceptible de perfeccionamiento; y pronto advertí que se encontraba aún en un estado primitivo. Tal como habitualmente se emplea, el estribillo no sólo queda limitado a las composiciones líricas, sino que la fuerza de la impresión que debe causar depende del vigor de la monotonía en el sonido y en la idea. Solamente se logra el placer mediante la sensación de identidad o de repetición. Entonces yo resolví variar el efecto, con el fin de acrecentarlo, permaneciendo en general fiel a la monotonía del sonido, pero alterando continuamente el de la idea: es decir, me propuse causar una serie continua de efectos nuevos con una serie de variadas aplicaciones del estribillo, dejando que éste fuese casi siempre parecido. Habiendo ya fijado estos puntos, me preocupé por la naturaleza de mi estribillo: puesto que su aplicación tenía que ser variada con frecuencia, era evidente que el estribillo en cuestión había de ser breve, pues hubiera sido una dificultad insuperable variar frecuentemente las aplicaciones de una frase un poco extensa. Por supuesto, la facilidad de variación estaría proporcionada a la brevedad de una frase. Ello me condujo seguidamente a adoptar como estribillo ideal una única palabra. Entonces me absorbió la cuestión sobre el carácter de aquella palabra. Habiendo decidido que habría un estribillo, la división del poema en estancias resultaba un corolario necesario, pues el estribillo constituye la conclusión de cada estrofa. No admitía duda para mí que semejante conclusión o término, para poseer fuerza, debía ser necesariamente sonora y susceptible de un énfasis prolongado: aquellas consideraciones me condujeron inevitablemente a la o larga, que es la vocal más sonora, asociada a la r, porque ésta es la consonante más vigorosa. Ya tenía bien determinado el sonido del estribillo. A continuación era preciso elegir una palabra que lo contuviese y, al propio tiempo, estuviese en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema. En una búsqueda semejante, hubiera sido imposible no dar con la palabra nevermore (nunca más). En realidad, fue la primera que se me ocurrió. El siguiente fue éste: ¿cual será el pretexto útil para emplear continuamente la palabra nevermore? Al advertir la dificultad que se me planteaba para hallar una razón válida de esa repetición continua, no dejé de observar que surgía tan sólo de que dicha palabra, repetida tan cerca y monótonamente, había de ser proferida por un ser humano: en resumen, la dificultad consistía en conciliar la monotonía aludida con el ejercicio de la razón en la criatura llamada a repetir la palabra. Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como lógico, lo primero que pensé fue un loro; sin embargo, éste fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema. Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente. Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro. Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra nevermore. No sólo tenía que combinarlas, sino además variar cada vez la aplicación de la palabra que se repetía: pero el único medio posible para semejante combinación consistía en imaginar un cuervo que aplicase la palabra para responder a las preguntas del amante. Entonces me percaté de la facilidad que se me ofrecía para el efecto de que mi poema había de depender: es decir, el efecto que debía producirse mediante la variedad en la aplicación del estribillo. Comprendí que podía hacer formular la primera pregunta por el amante, a la que respondería el cuervo: nevermore; que de esta primera pregunta podía hacer una especie de lugar común, de la segunda algo menos común, de la tercera algo menos común todavía, y así sucesivamente, hasta que por último el amante, arrancado de su indolencia por la índole melancólica de la palabra, su frecuente repetición y la fama siniestra del pájaro, se encontrase presa de una agitación supersticiosa y lanzase locamente preguntas del todo diversas, pero apasionadamente interesantes para su corazón: unas preguntas donde se diesen a medias la superstición y la singular desesperación que halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer el amante en la índole profética o diabólica del ave (que, según le demuestra la razón, no hace más que repetir algo aprendido mecánicamente), sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable. Viendo semejante facilidad que se me ofrecía o, mejor dicho, que se me imponía en el transcurso de mi trabajo, decidí primero la pregunta final, la pregunta definitiva, para la que el nevermore sería la última respuesta, a su vez: la más desesperada, llena de dolor y de horror que concebirse pueda. Aquí puedo afirmar que mi poema había encontrado su comienzo por el fin, como debieran comenzar todas las obras de arte: entonces, precisamente en este punto de mis meditaciones, tomé por vez primera la pluma, para componer la siguiente estancia: ¡Profeta! Aire, ¡ente de mal agüero! ¡Ave o demonio, pero profeta siempre! Por ese cielo tendido sobre nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos, di a esta alma cargada de dolor si en el Paraíso lejano podrá besar a una joven santa que los ángeles llaman Leonor, besar a una preciosa y radiante joven que los ángeles llaman Leonor. El cuervo dijo: “¡Nunca más!” Sólo entonces escribí esta estancia: primero, para fijar el grado supremo y poder de este modo, más fácilmente, variar y graduar, según su gravedad y su importancia, las preguntas anteriores del amante; y en segundo término, para decidir definitivamente el ritmo, el metro, la extensión y la disposición general de la estrofa, así como graduar las que debieran anteceder, de modo que ninguna aventajase a ésta en su efecto rítmico. Si, en el trabajo de composición que debía subseguir, yo hubiera sido tan imprudente como para escribir estancias más vigorosas, me hubiera dedicado a debilitarlas, conscientemente y sin ninguna vacilación, de modo que no contrarrestasen el efecto de crescendo. Podría decir también aquí algo sobre la versificación. Mi primer objeto era, como siempre, la originalidad. Una de las cosas que me resultan más inexplicables del mundo es cómo ha sido descuidada la originalidad en la versificación. Aun reconociendo que en el ritmo puro exista poca posibilidad de variación, es evidente que las variedades en materia de metro y estancia son infinitas: sin embargo, durante siglos, ningún hombre hizo nunca en versificación nada original, ni siquiera ha parecido desearlo. Lo cierto es que la originalidad -exceptuando los espíritus de una fuerza insólita- no es en manera alguna, como suponen muchos, cuestión de instinto o de intuición. Por lo general, para encontrarla hay que buscarla trabajosamente; y aunque sea un positivo mérito de la más alta categoría, el espíritu de invención no participa tanto como el de negación para aportarnos los medios idóneos de alcanzarla. Ni qué decir tiene que yo no pretendo haber sido original en el ritmo o en el metro de El cuervo. El primero es troqueo; el otro se compone de un verso octómetro acataléctico, alternando con un heptámetro cataléctico que, al repetirse, se convierte en estribillo en el quinto verso, y finaliza con un tetrámetro cataléctico. Para expresarme sin pedantería, los pies empleados, que son troqueos, consisten en una sílaba larga seguida de una breve; el primer verso de la estancia se compone de ocho pies de esa índole; el segundo, de siete y medio; el tercero, de ocho; el cuarto, de siete y medio; el quinto, también de siete y medio; el sexto, de tres y medio. Ahora bien, si se consideran aisladamente cada uno de esos versos habían sido ya empleados, de manera que la originalidad de El cuervo consiste en haberlos combinado en la misma estancia: hasta el presente no se había intentado nada que pudiera parecerse, ni siquiera de lejos, a semejante combinación. El efecto de esa combinación original se potencia mediante algunos otros efectos inusitados y absolutamente nuevos, obtenidos por una aplicación más amplia de la rima y de la aliteración. El punto siguiente que considerar era el modo de establecer la comunicación entre el amante y el cuervo: el primer grado de la cuestión consistía, naturalmente, en el lugar. Pudiera parecer que debiese brotar espontáneamente la idea de una selva o de una llanura; pero siempre he estimado que para el efecto de un suceso aislado es absolutamente necesario un espacio estrecho: le presta el vigor que un marco añade a la pintura. Además, ofrece la ventaja moral indudable de concentrar la atención en un pequeño ámbito; ni que decir tiene que esta ventaja no debe confundirse con la que se obtenga de la mera unidad de lugar. En consecuencia, decidí situar al amante en su habitación, en una habitación que había santificado con los recuerdos de la que había vivido allí. La habitación se describiría como ricamente amueblada: con objeto de satisfacer las ideas que ya expuse acerca de la belleza, en cuanto única tesis verdadera de la poesía. Habiendo determinado así el lugar, era preciso introducir entonces el ave: la idea de que ésta penetrase por la ventana resultaba inevitable. Que al amante supusiera, en el primer momento, que el aleteo del pájaro contra el postigo fuese una llamada a su puerta era una idea brotada de mi deseo de aumentar la curiosidad del lector, obligándole a aguardar; pero también del deseo de colocar el efecto incidental de la puerta abierta de par en par por el amante, que no halla más que oscuridad, y que por ello puede adoptar en parte la ilusión de que el espíritu de su amada ha venido a llamar... Hice que la noche fuera tempestuosa, primero para explicar que el cuervo buscase la hospitalidad; también para crear el contraste con la serenidad material reinante en el interior de la habitación. Así, también, hice posarse el ave sobre el busto de Palas para establecer el contraste entre su plumaje y el mármol. Se comprende que la idea del busto ha sido suscitada únicamente por el ave; que fuese precisamente un busto de Palas se debió en primer lugar a la relación íntima con la erudición del amante y en segundo término a causa de la propia sonoridad del nombre de Palas. Hacia mediados del poema, exploté igualmente la fuerza del contraste con el objeto de profundizar la que sería la impresión final. Por eso, conferí a la entrada del cuervo un matiz fantástico, casi lindante con lo cómico, al menos hasta donde mi asunto lo permitía. El cuervo penetra con un tumultuoso aleteo. No hizo ni la menor reverencia, no se detuvo, no vaciló ni un minuto; pero con el aire de un señor o de una dama, colgóse sobre la puerta de mi habitación. En las dos estancias siguientes, el propósito se manifiesta aun más: Entonces aquel pájaro de ébano, que por la gravedad de su postura y la severidad de su fisonomía inducía a mi triste imaginación a sonreír: "Aunque tu cabeza", le dije, "no lleve ni capote ni cimera, ciertamente no eres un cobarde, lúgubre y antiguo cuervo partido de las riberas de la noche. ¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la noche plutónica! El cuervo dijo: “¡Nunca más!”. Me maravilló que aquel desgraciado volátil entendiera tan fácilmente la palabra, si bien su respuesta no tuvo mucho sentido y no me sirvió de mucho; porque hemos de convenir en que nunca más fue dado a un hombre vivo el ver a un ave encima de la puerta de su habitación, a un ave o una bestia sobre un busto esculpido encima de la puerta de su habitación, llamarse un nombre tal como “¡Nunca más!”. Preparado así el efecto del desenlace, me apresuro a abandonar el tono fingido y adoptar el serio, más profundo: este cambio de tono se inicia en el primer verso de la estancia que sigue a la que acabo de citar: Mas el cuervo, posado solitariamente en el busto plácido, no profirió..., etc. A partir de este momento, el amante ya no bromea; ya no ve nada ficticio en el comportamiento del ave. Habla de ella en los términos de una triste, desgraciada, siniestra, enjuta y augural ave de los tiempos antiguos y siente los ojos ardientes que le abrasan hasta el fondo del corazón. Esa transición de su pensamiento y esa imaginación del amante tienen como finalidad predisponer al lector a otras análogas, conduciendo el espíritu hacia una posición propicia para el desenlace, que sobrevendrá tan rápida y directamente como sea posible. Con el desenlace propiamente dicho, expresado en el jamás del cuervo en respuesta a la última pregunta del amante —¿encontrará a su amada en el otro mundo?—, puede considerarse concluido el poema en su fase más clara y natural, la de simple narración. Hasta el presente, todo se ha mantenido en los límites de lo explicable y lo real. Un cuervo ha aprendido mecánicamente la única palabra jamás; habiendo huido de su propietario, la furia de la tempestad le obliga, a medianoche, a pedir refugio en una ventana donde aún brilla una luz: la ventana de un estudiante que, divertido por el incidente, le pregunta en broma su nombre, sin esperar respuesta. Pero el cuervo, al ser interrogado, responde con su palabra habitual, nunca más: palabra que inmediatamente suscita un eco melancólico en el corazón del estudiante; y éste, expresando en voz alta los pensamientos que aquella circunstancia le sugiere, se emociona ante la repetición del jamás. El estudiante se entrega a las suposiciones que el caso le inspira; mas el ardor del corazón humano no tarda en inclinarle a martirizarse, así mismo y también por una especie de superstición a formularle preguntas que la respuesta inevitable, el intolerable “nunca más”, le proporcione la más horrible secuela de sufrimiento, en cuanto amante solitario. La narración en lo que he designado como su primera fase o fase natural, halla su conclusión precisamente en esa tendencia del corazón a la tortura, llevada hasta el último extremo: hasta aquí, no se ha mostrado nada que pase los límites de la realidad. Pero, en los temas manejados de esta manera, por mucha que sea la habilidad del artista y mucho el lujo de incidentes con que se adornen, siempre quedan cierta rudeza y cierta desnudez que dañan la mirada de la persona sensible. Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación; por otra cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinido. Esta última cualidad es la que le confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal. Lo que transmuta en prosa —y prosa de la más baja estofa—, la pretendida poesía de los que se denominan trascendentalistas, es justamente el exceso en la expresión del sentido que sólo debe quedar insinuado, la manía de convertir la corriente subterránea de una obra en la otra corriente, visible en la superficie. Convencido de ello, añadí las dos estancias que concluyen el poema, porque su calidad sugestiva había de penetrar en toda la narración antecedente. La corriente subterránea del pensamiento se muestra por primera vez en estos versos: Arranca tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos de mi puerta. El cuervo dijo: “Nunca más”. Quiero subrayar que la expresión “de mi corazón” encierra la primera expresión poética. Estas palabras, con la correspondiente respuesta, jamás, disponen el espíritu a buscar un sentido moral en toda la narración que se ha desarrollado anteriormente. Entonces el lector comienza a considerar el cuervo como un ser emblemático pero sólo en el último verso de la última estancia puede ver con nitidez la intención de hacer del cuervo el símbolo del recuerdo fúnebre y eterno. Y el cuervo, inmutable, sigue instalado, siempre instalado sobre el busto plácido de Palas, justo encima de la puerta de mi habitación; y sus ojos parecen los ojos de un demonio que medita; y la luz de la lámpara, que le chorrea encima, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del círculo de aquella sombra que yace flotando en el suelo, no podrá elevarse ya más, ¡nunca más! Espero que les haya gustado, la forma de narrar y contar historias de este artista que sera recordado por muchos, gracias por visitar mi post, y visiten mis otros post, sobre mas arte comentar es agradecer. Gracias

Estanislao Zuleta Tomado de: Estanislao Zuleta. Ensayos Selectos. Ediciones Autores Antioqueños, Medellín 1992, volumen 76: 9-16 La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo: Un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes. Todas esas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros propósitos y de nuestros anhelos en la vida práctica. Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Pude decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En lugar de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de la satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas, y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente si han existido. Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelemos regresar a él. Desconfiemos de las mañanas radicales en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la antigüedad hasta hoy, los horrores a las que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia- por la desgracia- de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran uno del otro de la idealización y el terror. La idealización del fin, de una meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son sus argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos. En lugar de discutir un razonamiento, se le reduce a un juicio de pertenencia al otro- y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo- o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda opción, sino también toda diferencia: el que no está conmigo está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la Razón que consiste en la petición de un fundamento último e incondicionado de todas las cosas, así también hay un verdadero abismo de la acción que consiste en la exigencia de una entrega total a la "causa" absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión. Ahora sabemos por una amarga experiencia que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad, no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular - todos lo son - como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira. El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por si mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por participación, separan un interior bueno - el grupo - y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificio; que sus miembros desean y aceptan el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo, no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto. Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto. No se quiere saber nada del respeto ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se han abdicado las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, solo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una crítica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él, sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la Promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada. Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente, que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado o estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por la organización social racional e igualitaria sigue siendo necesaria y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el solo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior. Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades. Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica; es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios y los del otro cuando es adversario y cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: Lo que ha hecho, lo que ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgracia coyuntural. Él es así, yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar ese resultado. El discurso del otro no es más que un síntoma de sus particularidades, de su raza, de su sexo, de sus neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por sus resultados. Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo. La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa. En el carnaval de miseria y derroche propio del capitalismo tardío, se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad. Dostoyevski nos enseñó a mirar hasta dónde van las tentaciones del tener una fácil relación interhumana: van no sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Baho llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el deseo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga sentido. Dostoyevski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón. Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que les han fabricado. Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto: "También esta noche, tierra, permaneciste firme Y ahora renaces de nuevo a mí alrededor Y alientas otra vez en mí La aspiración de luchar sin descanso Por una altísima existencia" Espero que les haya gustado, algo de este gran filosofo colombiano comentar es agradecer y visiten mis otros post

Saludos Como siempre les traigo lecturas interesantes, espero que lean esta y gracias por visitar mi post El descubrimiento que todavia no fue Eduardo Galeano I. EL DELITO DE SER Hacia cuatro años que Cristóbal Colón habla pisado por vez primera las playas de América, cuando su hermano Bartolomé inauguró el quemadero de Haití. Seis indios, condenados por sacrilegio, ardieron en la pira. Los indios habían cometido sacrilegio porque hablan enterrado unas estampitas de jesucristo y la Virgen. Pero ellos las hablan enterrado para que estos nuevos dioses hicieran más fecunda la siembra del maíz, y no tenían la menor idea de culpa por tan mortal agravio. ¿Descubrimiento o encubrimiento? Ya se ha dicho que en 1492 América fue invadida y no descubierta, porque previamente la habían descubierto, muchos miles de años antes, los indios que la habitaban. Pero también se podría decir que América no fue descubierta en 1492 porque quienes la invadieron no supieron, o no pudieron, verla. Si la vio Gonzalo Guerrero, el conquistador conquistado, y por haberla visto murió de muerte matada. Si la vieron algunos profetas, como Bartolomé de Las Casas, Vasco de Quiroga o Bernardino de Sahagún, y por haberle visto la amaron y fueron condenados a la soledad. Pero no vieron América los guerreros y los frailes, los notarios y los mercaderes que vinieron en busca de veloz fortuna y que impusieron su religión y su cultura como verdades únicas y obligatorias. El cristianismo, nacido entre los oprimidos de un imperio, se habla vuelto instrumento de opresión en manos de otro imperio que entraba en la historia a paso avasallante. No había, no podía haber, otras religiones, sino supersticiones e idolatrías; toda otra cultura era mera ignorancia. Dios y el Hombre habitaban Europa; en el Nuevo Mundo moraban los demonios y los monos. El Día de la Raza inauguró un ciclo de racismo que América padece todavía. Muchos son, todavía, los que ignoran que allá por 1537 el Papa decretó que los indio estaban dotados de alma y razón. . Ninguna empresa imperial, ni las de antes ni las de ahora descubren. La aventura de la usurpación y el despojo no des cubre: encubre. No revela, esconde. Para realizarse necesita coartadas ideológicas que conviertan la arbitrariedad en derecho. En un trabajo reciente, Miguel Rojas-Mix advertía que Atahualpa fue condenado por Pizarro porque era culpable de delito de ser otro o, lisa y llanamente, culpable de ser. La voracidad de oro y plata requería una máscara que la ocultara; y así Atahualpa resultó acusado de idolatría, poligamia e incesto, lo que' equivalía a condenarlo por practicar un cultura diferente. De igual a igual América no era el resultado de la suma de sus partes, sino que estaba sufriendo la más feroz amputación de toda su historia: la España católica se imponía como España única, aniquilando a sangre y fuego a la España musulmana y a la España judía. La intolerancia y el latifundio, la Inquisición y las mercedes de tierras sellaban la frustración de la España múltiple y abierta a los vientos del progreso -la que pudo haber sido y no fue. A la cristianización compulsivo siguió, tiempo después, a partir de la dinastía de los Borbones, la castellanización compulsiva. El centralismo castellano, negador de la pluralidad nacional y cultural de España, llegó al paroxismo bajo la dictadura de Franco. Ahora, tras siglos de represión, España se está descubriendo, se está redescubriendo a si misma, Con nuevos ojos, en el despertar de la democracia, España empieza a ese en su propia diversidad; y empieza a reconocer, en ella, su identidad verdadera. Es una identidad de contradicciones, porque está viva, y contradictoriamente se manifiesta. Nación de naciones, múltiple de pueblos y de ideas, de culturas y de lenguas, España despliega la fecunda pluralidad que la hace. singular. En este proceso, proceso difícil, amenazador y amenazado, castellanos, catalanes, andaluces, vascos y gallegos reivindican y reconocen sus perfiles propios en el espacio común. Al verse, España puede vernos. De igual a igual. No desde abajo, como algunos españoles miran todavía al resto de Europa y a los Estados Unidos. Ni desde arriba, como algunos españoles miran todavía a los paises latinoamericanos y a las demás regiones despectivamente llamadas "tercermundistas'. Vistos desde abajo, todos parecen gigantes. Vistos desde arriba, todos parecen enanos. De igual a igual, que es la manera de descubrir. II. LAS ÁREAS MALDITAS El año pasado, en Barcelona, en un bello y dolorido discurso, dijo Tomás Borge: 'Colón adivinó América, pero Europa no la ha descubierto todavía'. Tomás Borge, fundador del Frente Sandinista y dirigente de la revolución nicaragüense, había llegado a España pocos días antes. Habla llegado para denunciar al gigante matón que acosa a su pequeño país, pero desde que llegó no pudo hacer más que defenderse. No bien salió del avión, la tormenta se le vino encima: los diarios, radios y canales de España hablan amanecido pregonando que Nicaragua tenla la culpa del terrorismo en el País Vasco. Nadie habla exhibido, ni exhibirla jamás, ninguna prueba; pero las fuentes bien informadas sabían que Nicaragua entrenaba y amparaba a los terroristas de la ETA. ¿Tema para Freud? No era sorprendente que se hubiera fabricado el mamarrachesco cuento de la ETA para consumo español, ni que los medios de comunicación más reaccionarios lo hubieran difundido con entusiasmo. Pero, en cambio, resultaba asombrosamente revelador y doloroso que muchos medios democráticos y progresistas hubieran prestado amplio eco a semejante cochinada. duele, por razones que la razón conoce y que mejor conocen las entrañas; y porque la historia común implica, al fin y al cabo, una responsabilidad compartida. Por no dar más que un ejemplo, podríamos citar los problemas que tuvieron los homosexuales en Cuba, tema predilecto de la prensa española. La homosexualidad era libre, en tiempos precolombinos, en toda la región del,.mar Caribe; y no es una locura suponer que los prejuicios de los cubanos ante la homosexualidad no provienen de los asesores soviéticos, sino de los conquistadores que en los albores del siglo XVI arrojaban indios homosexuales a los perros carniceros. Del mismo modo se podría subrayar el hecho obvio de que la pobreza y la violencia de muchos paises hispanoamericanos no forman parte de su naturaleza exótica, sino que ]hunden sus raíces en la historia: se remontan a los tiempos en que la América colonial fue puesta al servicio de la acumulación de capitales en Europa. El respeto a la diferencia Tampoco contribuye al necesario descubrimiento de América la aplicación facilonga de etiquetas europeas a procesos que se desarrollan en realidades diferentes. La realidad latinoamericana es otra realidad. España es una de sus madres históricas y culturales, fundamental para quienes hablamos la lengua castellana, pero no es la única madre; y desde España, desde Europa, no siempre resulta posible hacerse una idea cabal de las trágicas urgencias que nuestras tierras están viviendo. ¿Solamente copias, solamente ecos genera América Latina? Eso parecen creer quienes reducen al peronismo a un fascismo con ritmo de tango y quienes descalifican a la revolución cubana como mero estalinismo con palmeras. Y ya los espectadores de la historia, siempre dispuestos a sentirse por ella traicionados, hablan de Nicaragua como si Nicaragua fuera no más que la última bailarina incorporada al vasto elenco del Bolshoi. Nicaragua, pobrísimo país, quiere nacer. Y un imperio mucho más poderoso que aquel de Carlos V quiere impedir, a sangre y fuego, que Nicaragua nazca. Y quiere obligarla a convertirse en un cuartel, un cuartel de hambrientos, para que el mundo confirme que los paises pobres sólo son capaces de cambiar una dictadura por otra. En ese pedacito de la vasta comunidad de habla española se está dilucidando, pues, una cuestión esencial: ¿Es la maldita. El veto de los poderosos de adentro y de afuera actúa para impedir los muy hondos cambios imprescindibles para que la democracia no sea una frágil máscara sino un rostro de verdad. En cambio España, que es parte de Europa, demorada Europa pero Europa al fin, y que ha alcanzado un nivel bastante alto de desarrollo capitalista, no está estrangulada por el mercado internacional ni está sitiada por los banqueros acreedores. En estas últimos años se ha consolidado en España un proceso democrático de amplio consenso nacional, y que ya parece a salvo de cuartelazos, dentro de una economía capitalista de mercado. libre. Mucho nos estimula este proceso. Pero, aunque quisiéramos copiarlo, no podríamos. III. LAS DOS HISPANIDADES Los latinoamericanos de mi generación, nacidos mientras la dictadura de Franco se alzaba sobre las cenizas de la república, aprendimos desde niños las canciones de los vencidos. Sentíamos y sentimos muy propias aquellas tonadas republicanas y las cantábamos a pleno pulmón mientras en España las susurraban, en el obligado silencio, los sobrevivientes. Los escritores de mi generación fuimos para siempre marcados por nuestras tempranas lecturas de Antonio Machado, Pedro Salinas, León Felipe, Miguel Hernández, Lorca, Alberti y otros fecundos poetas en España prohibidos o mutilados por la censura. Nosotros tuvimos el privilegio de heredar la palabra de aquellos creadores exiliados o asesinados, mucho antes de que en España sus voces pudieran resonar plenamente. Entrando de espaldas Aquellas canciones y poemas simbolizan todavía, para América Latina, una manera de entender y de vivir la hispanidad que nada tiene que ver con la hispanidad retórica y sombría que tradicionalmente ha servido de caballito de batalla a los enemigos de la democracia. Una se reconoce, pongamos por caso, en fray Luis de León; la otra, en los inquisidores que lo condenaron por traducir el "Cantar de los Cantares' a la lengua de Castilla. Esta última hispanidad ha servido de escudo y de coartada a los sectores más reaccionarios de la sociedad española y de las sociedades latinoamericanas, que pretenden entrar de espaldas en la historia -como si la solución a los problemas del siglo XX estuviera en el regreso al siglo XVI. Es la hispanidad de la nostalgia imperial, que los inquisidores de nuestro tiempo han invocado e invocan con frecuencia. En su nombre las fuerzas del cambio han sido condenadas y castigadas, por oler a azufre y tener rabo; y en su nombre ha corrido la sangre de los justos. Todavía hay quienes añoran a las huestes de la conquista que en España y en América impusieron una religión única, una cultura única, una única lengua y una única verdad; y mesiánicas espadas suelen alzarse para repetir la hazaña de la redención. textos oficiales de "Educación Cívica y Moral' que reproducen ciertos apotegmas de la hispanidad acuñados por Francisco Franco. Entre ellos se lee, por ejemplo: "La Patria es una unidad de destino en lo universal, y cada individuo es portador de una misión particular en la armonía del Estado. La Patria es Orden. . ." Estos catecismos gorilas de una dictadura que ya toca a su fin, intentaban en vano convencer a los estudiantes de que la función del pueblo consiste en obedecer y trabajar, y que la igualdad de la mujer "estimula su sexo y su intelectualidad en detrimento de su misión de madre y esposa". Entrando de frente La otra hispanidad, la de las trincheras democráticas, la de los poetas perseguidos, puede encontrar ahora, en la España actual, nuevos cauces de realización. Esos nuevos cauces recogen la herencia de Gonzalo Guerrero, que murió combatiendo del lado de los indios, en lugar de la herencia de Hernán Cortés. Vienen de Bartolomé de Las Casas, fanático de la dignidad humana, y no de Juan Ginés de Sepúlveda, ideólogo del humanismo racista. Invocan la memoria de las comunidades de Vasco de Quiroga, quien creyó que América era tierra de Utopia, en vez de la memoria de los sabios cortesanos que se burlaron de él. Y continúan el camino de Bernardino de Sahagún, el hombre que dedicó medio siglo de su vida a buscar y recoger las perdidas voces de la América que la conquista estaba arrasando, en lugar de extraviarse en el camino del lúgubre rey Felipe II, que sepultó los libros de Sahagún por ser sospechosos de difundir idolatrías. Esta otra hispanidad puede abrir inmensos espacios de encuentro y de reencuentro, 'de descubrimiento y de redescubrimiento, entre España y América, para que juntas digan y caminen. Despedida. Yo he vivido en España ocho años de exilio. Como si fuera español, he compartido la resurrección democrática y el buen oxígeno de libertad que ahora se respira en esta patria de patrias. Siendo latinoamericano, he celebrado la solidaridad de muchos españoles ante América Latina, los que la ven sin telarañas en los ojos, y he lamentado la indiferencia, la ambigüedad y el menosprecio que con frecuencia impiden que esa solidaridad se proyecte en toda su fecundidad posible. Ahora que mi exilio acaba, escribo estas líneas a modo de adiós a España, que son también mi sincera manera de decirle: gracias. Espero que les haya gustado, Comentar es agradecer Gracias
Hola hoy les traigo estas fotos que encontre, y las comparto con ustedes espero que les guste Esta es una galeria Rockniture que esta en Bogota, Colombia, bueno espero que les haya gustado Muchas Gracias
Vamos a construir esto : Lo primero Necesitas Una bicicleta Carro de la compra Juego de Llaves Vaso Hex clave establecidos Dremel herramienta Cuchillo Código Postal lazos Destornillador 1) Una nota sobre los carros de compras: Por favor no robar. Este un paso de estar flotando alrededor de nuestro centro de la ciudad durante más de una semana antes de lo cogí. La bicicleta es casi diez años de edad y todavía funciona bien, pero me acabo de comprar la tienda de bicicletas en la ciudad tan de repente tienen acceso a un montón de materiales de ciclismo. 2) Retire el manillar y la barra donde uno maneja el carro de la compra. Utilice el conjunto llave allen (probablemente el número 6) para aflojar los pernos de la bicicleta. Utilice una toma de establecer para eliminar la cesta de compras manejar. Lo ideal sería que el diámetro de la cesta de mango está cerca del centro del manillar. Como puedes ver yo era capaz de solo tornillo de la manija de la derecha como un reemplazo. Quite la rueda delantera. También puede quitar el freno delantero. Asi Instale los frenos Con el fin de colocar el freno que tuve que cortar el mango de plástico. He utilizado una herramienta giratoria para cortar una línea hasta el metal y luego utilizaron un cincel y un cuchillo para pelar y cortar el mango de plástico. Entonces utilizaron un destornillador para hacer palanca levemente abrir la palanca de freno y palanca de cambios lo suficiente como para que se deslice sobre. También se deslizó la empuñadura de desde el final ya había sido cortado de la barra de extremos. Asi Estabilizar las horquillas La moto tiene que expresar un poco más por las irregularidades de la carretera. Dejando las horquillas colgando libremente hace que la moto propensos a inclinarse sobre cuando se enciende. Sólo mediante una postal pocos vínculos para conectar cada tenedor a la cesta de la compra del marco ayuda a estabilizar la moto y evita que se caiga. Me gustaría encontrar una solución más permanente. Es necesario permitir que el tenedor a la oscilación hacia delante y atrás, pero prevenir lado demasiado para poder lado. Prueba de viaje La palanca del freno delantero no será útil a menos que la palanca de cambios se adjunta a él. Voy a modificar el manillar izquierdo de la palanca de cambios cuando me encuentro con un sin palanca de freno adjunto. Vayan en el ensayo no tiro de esquina. La dirección es muy amplia y se convierte a veces el carro se tambalea en dos de las ruedas de un lado. Definitivamente voy a estar jugando con los detalles. Esto hará una gran plataforma para hacer viajes a la oficina de correos de la tienda de bicicletas. La moto carro será una gran adición a nuestra ciudad desfiles. y listo bueno no lo he construido todavia sin embargo pongo el tutorial, paciencia y esfuerzo. este tutorial lo consegui en ingles asi q la trraduccion a sido un poco dificil espero q logren llevcarse a la idea. Comentar es agradecer.

Saludos Hoy e buscado gif q poco e visto y que me parecen geniales, los comparto con ustedes, El Mundo de Booby Espero q les haya gustado todos estos Gif Artisticos Comentar es Agradecer y dejen Puntos jejeje Ok Gracias
Hola Comparto con ustedes estas imagenes de Nacho Varone Espero Les gusten:Muchas Gracias Dejen puntos y comenten, jejejejejeje