davidduranlopez5
Usuario (Guatemala)
Este sobrevalorado proceso de putrefacción que todos llaman vida, está llena de nubes y pocos árboles. Este espejo pasado que llamamos mundo, está cada vez mas loco y computarizado y nos roba con sus malditos complejos heredados los buenos momentos. Momentos bellos como esa sutil melancolía que queda luego de un beso, esa sensación entre crimen y placer que recorre las venas luego que robas un momento a una bella mujer. Ese breve instante en que por negociación de unas caricias entras en la historia de una persona y que con el calor de unos labios se escribe en ambos corazones. Dime, ¿acaso hay algo mejor? Quizá de los miles de besos que damos en nuestra vida solo algunos logran colarse desde la boca hasta nuestros corazones. Y sin lugar a dudas el tuyo fue uno de esos que desde ayer guardo en mi recuerdo. Es triste que el recuerdo de tu piel herida por mis besos prohibidos haya sido atacado por un complejo social que llamamos razón, que nos obliga a encontrar sentido y justificación a todo cuanto hacemos. Me da asco que cuando los humanos jugamos a dioses e inventamos el amor, los enanos morales nos hagan cuestionarnos la naturaleza de ese momento. Porque ante todo es eso, un momento. No son los universales segundos que los labios se encuentran, es todo el instante antes, durante y después del beso. Desde el primer acercamiento de mi mano a tu piel, hasta el suspiro que uno suelta cuando termina. Sin embargo, para ganar en este juego hay que respetar las reglas. Y esas reglas tratan de hacerme creer que lo que pasó fue incorrecto. Esas estúpidas reglas incluso tratan de convencerme que fue un error, o como mínimo algo una uña arriba de malo. Pero esos enanos no estuvieron allí. Esos enanos no fueron los que tuvieron la dicha de robarte un beso, fui yo. El simple humano, el lleno de defectos, el que siente y piensa. El que tembló cuando su estereotipo de macho se derrumbó ante unos labios divinos. Fui yo el que tuvo la dicha de abrazar aquel modelo que Miguel Ángel pasó décadas tratando de representar en mármol. Pero lo que nunca pudo su genio representar fue lo tibio de tu piel, tu aliento, tu corazón que latía detrás de una camisa que impedía a ambos gritar lo que se sentía. Ahora ya es pasado, ya se ha analizado, ya lo hemos hablado y el recuerdo va unido a la resaca y al teléfono. Es una lástima que sea así. Afortunadamente los dioses también me dieron la facultad de controlar mis pensamientos. Y cuando yo recuerde ese beso, lo haré hasta el momento en que terminó. No pienso agregar ni mi moralidad ni tus complejos. Ni mis complejos ni tu moralidad. Recordaré solo el momento con todos sus lados, tu boca, tus labios, tu piel, tu aliento, tu palpitación. Mis labios, mi piel, mi aliento, mi palpitación. Y si el destino ya tiene su plana hecha y su laberinto celestial no vuelve a juntar tus labios a los míos yo lo tomaré como bueno y guardaré tu recuerdo. Aunque nadie dijo que los mortales no pudieran combatir el destino. Se por donde saldrá el sol mañana, porque siempre ha salido por el mismo lugar, pero mañana el sol no alumbrará al mismo “yo”, porque este ser que soy es una pulgada más divino que ayer. Porque este loco bebió de los labios de una de las hijas de Afrodita algo de divino. El cuento termina aquí, la historia no tiene nada que agregar, ambos sabemos nuestros peros y nuestros conflictos. Extrañamente ambos sabemos un poco más del otro. Yo se algo más de ti, algo que muchos no tendrán el honor de conocer, yo se como entregan cariño tus labios. Yo sé cómo tus ojos se cierran cuando tu cuello recibe caricias y se como tus manos se juntan detrás de un hombre que tuvo la osadía de acercarse a tu interior. Qué pasará mañana, la próxima vez, no lo sabemos. Yo sólo estoy seguro de algo y es lo que quiero. Pero claro, esa respuesta la guardo en mi corazón. SI TE GUSTÓ PUEDES PASAR POR MI BLOG Y LEER OTROS TEXTOS LA ESQUINA DEL HORROR HUMANO

¿Sabes por qué después de un beso hablamos en susurros? Porque luego de un momento tan mágico no queremos correr el riesgo de despertar nuestro pasado con palabras recias. No queremos que una palabra desempolve algún recuerdo que altere ese momento. Y es que todos tenemos nuestro equipaje, distintos labios han marcado y herido nuestros corazones y no sea que por hablar recio alguno de esos recuerdos se meta en nuestra mente en ese momento y le robe la magia que nos ha regalado. No queremos correr el riesgo de caer en comparaciones, sería injusto para ti, para mí y para el recuerdo. Tal vez por eso también nos movemos despacio, por miedo que el gran mago corra la cortina demasiado rápido y nos deje la sensación de vacío con la que vivíamos antes del encuentro. Las manos parecen encontrar su camino y al igual que otros actos de prestidigitación esconden las verdaderas intenciones, ya sean de retener, de deseo o simplemente dibujan un hechizo en un esfuerzo por fundir ambos cuerpos y que las almas se toquen más allá de lo que las palabras puedan lograr. Por supuesto que hablo de esos besos especiales, aquellos nacidos en el corazón y no fabricados en la máquina de complejos que es la cabeza o surgidos del deseo debajo de la cintura. Hablo de esos besos que no quieren aprisionar sino liberar, liberar lo que hemos estado tragando amargamente noches antes cuando empezamos a imaginar el escenario para su nacimiento. Esos besos que conforme más vueltas al sol tienen nuestros cuerpos más peligrosos se vuelven, o tal vez sólo sea que de jóvenes somos más valientes y estamos dispuestos a jugarnos una herida con mayor facilidad. Pero conforme el tiempo nos acumula calendarios, cada uno de esos primeros besos es un riesgo mayor, porque cuando las hormonas ya han sido conquistadas por el cerebro y somos más dueños de nuestros miedos, somos capaces de pensar en las consecuencias con mayor atención. En realidad, si somos justos, todos nuestros primeros besos, a excepción de aquellos que tienen la bendición de ya haber dado el último, nos han dejado tristezas. Y aun así, quién de nosotros no buscaría arriesgarse una vez más y besar unos labios esperando que la temida consecuencia no sea un adiós, como lo han sido todas las anteriores. Pero los demonios son grandes y habitan al lado de la memoria. Nadie que tenga muy reciente una decepción se atreverá a dar uno; nadie que tenga ya muy lejos su último adiós quiere atreverse. Y así los demonios van ganando territorio como en una partida de ajedrez cuyo único resultado parece ser la derrota ante la soledad o la conquista de la misma mediante la aceptación. Hace más de tres mil años que el humano inventó el beso como medio de expresión de los sentimientos, el ciclo se ha repetido una y otra vez en la comedia humana, con infinidad de primeros besos y casi la misma cantidad de decepciones. Por eso, hablar recio es casi una falta de respeto, porque durante ese primer beso fuimos co-creadores de la sinfonía que mantiene este universo en movimiento, el amor, y ya nos pertenece desde el momento de separar los labios, sólo nos queda retirarnos y tratar de absorber lo más que podamos de ese momento. Y al igual que esos momentos que siguen al beso, este texto no encuentra su salida, porque aunque habla de un imaginario beso que nunca nos hemos dado y que tal vez nunca daremos, simplemente no encuentro las palabras. Sé que vería tus ojos y tomaría tus manos para retenerte cerca un momento más, sé que mis pies buscarían el suelo para descender de nuestro cielo privado y así reconectarme con la realidad y mi mente saltaría estrepitosamente buscando un ancla y mis complejos se sentirían amenazados pues el beso no sería en sí mismo un fin, sino un principio, y ellos llevan tanto tiempo dominando el campo que se verían amenazados por primera vez en mucho tiempo. Y así deambulo por el mundo, soñando la posibilidad de besarte por vez primera y a veces perdiendo ante el miedo de otra nueva decepción y pensando que sería mejor no arriesgarse. Definitivamente besar a alguien después de los treinta es un deporte de alto riesgo, ninguno de los dos está para arriesgarse con un “tal vez funciona”, pues es de suponer que el corazón sólo puede soportar cierta cantidad de heridas antes de quedar inservible. Ambos estamos en este juego, y ninguno tiene las instrucciones, sólo conocemos las reglas. Ni tú ni yo saldremos ilesos, pues cuando los dados sean tirados la partida debe terminar, de una forma o de otra, y lo que es peor, ninguno de nosotros controlará los dados. Será el destino quien caprichosamente determinará los siguientes movimientos y pondrá los obstáculos de siempre, la familia, las aficiones, los defectos; y ninguno de estos enemigos pueden ser vencidos por algo como un beso. Lo único seguro es que luego de besarnos, hablaremos en susurros, y la menos eso sabré por qué lo haremos. SI TE GUSTÓ, VISITA MI BLOG PARA ENCONTRAR OTROS TEXTOS LA ESQUINA DEL HORROR HUMANO
Mejor agarro un pedazo de éste papel para taparme arriba, porque ese amarillo no quita tan bien el frío, mejor pongo el amarillo en mis piernas, al final allí nunca siento tanto frío. Estoy seguro que el cartón tapa mejor, no deja pasar tanto el frío, pero lo poco que tengo mejor me acuesto en él para no sentir tanto el frío cuando duermo. En realidad este piso lisito es muy bonito, pero es muy frío por la noche, mejor dejo el cartón donde está. Pero voy a buscar y un día podré taparme sólo con cartón, no sentiré tanto frío. No sólo eso, voy a dormir cerca de un fuego como el del Liendres, él no ha de pasar frío, sólo tiene que cuidar que nadie le quite la lata donde hace el fuego. Mañana, con el pisto que saqué hoy voy a comerme un pan con frijoles y un café con la señora de la Montúfar, voy a comer como los albañiles, porque hoy tengo pisto. Tenía razón Tintín, no basta con lustrar zapatos, en los semáforos puedo pedir fichas y saco más al día. El Tintín es pilas, tiene más tiempo que yo y aprendió a buscar pisto en las camionetas y las paradas. Además juega bien pelota. A mí me gustaba cuando me invitaba a jugar pelota en el arríate, me decía vos sos pilas Enano, te patean y te empujan pero sos duro, así metes goles. Yo metía varios goles, el otro día metí tres en la chamusca y todos fregaban al portero porque el Enano le metió tres goles. Me gustaba ir allá, pero ahora con el hoyo que tienen mis zapatos me duele mucho jugar, el otro día me sangró el pie y hedía un montón. Voy a ir con la señora de allá arriba a ver si me regala otro para jugar de nuevo. Además me gustaba cuando Tintín me abrazaba para cruzar la calle. Se sentía rico, era casi como que me cuidaran. Yo me fijé que era bonito que me hiciera eso y ahora cuando duermo me abrazo a mí mismo con mis bracitos y mis manos me dan calor, y si hace mucho frío o está oscuro me siento más mejor si me abrazo muy fuerte. A veces imagino que es la seño Letty la que me abraza. Ella era muy buena, siempre me decía que me quedara cuando todos se fueran y me regalaba un dulce. Pero mi mamá nunca me creyó y me pegaba con el cincho porque creía que yo lo había robado, pero yo le decía no mami, la seño Letty me lo dio. No sé porqué mi papá me sacó de la escuela, me gustaba ir para jugar pelota en el campo. Teníamos porterías de hierro y la pelota no se iba a la calle como en el arríate. Mi papá me dijo que como la seño Directora le había pegado a mi hermano no íbamos a volver a la escuela y que el otro año nos íbamos a otro lugar. Yo quisiera regresar, pero no tengo uniforme y don Tato no deja pasar a nadie en la puerta si no lleva el uniforme. Pero como ya no vivo con mi papá quizá la seño Directora me deje regresar sin uniforme y podría estar de nuevo con la seño Letty y me regalaría dulces al salir. Pero ahora ya no haría nada malo con los niños de quinto para que la seño Letty no vuelva a enojarse conmigo como el último día que fui. Yo le dije que yo no había hecho nada en el baño con los de quinto pero le mentí, y ella se enojó mucho. Yo no sé si la seño Directora le pegó a mi hermano, quizá mi papá me dijo eso porque la seño Letty le dijo que yo me había portado mal y me había expulsado. Mi papá sabía que la seño Letty me quería mucho. Una vez la seño Letty regañó a mi papá porque había tomado y me pegó por llegar tarde de jugar cincos, y ella lo regañó. Pero ahora ya no vivo con mi papá, no sé donde viva él ahora, mi mamá me dijo que se había ido con una puta pero no me dijo quien. Yo la verdad no conozco ninguna puta, todos hablan de ellas pero parece que no existen, como esos enanos del cuento que nos contaba el profe Julio en clase. Una vez en la camioneta bajó un hombre bajito que comió con los albañiles en la Montúfar y yo creí que él era uno de los enanos del cuento que me contó el profe Julio. Pero el no tenía barba larga y estaba solo, pero parecía enano, no era mucho más alto que yo. A mí me gustaba leer, ahora intento leer lo que dicen las hojas con las que me tapo pero hay muy poca luz y no entiendo lo que dice. De plano en quinto le enseñan a uno a entender esas cosas que leen los grandes, yo miraba que los de quinto llevaban libros gordos y me decían que eran de idioma y que los miraban todos en el año. De plano en quinto le enseñan a uno a leer periódicos. Extraño a mi mamita, ella le dijo a mi papá que si tan bien estaba con esa puta que nos llevara a nosotros también y nos dejó en la sala y se encerró en el cuarto. Mi papá se fue de la casa y mi hermano grande se fue con él, yo los seguí pero corrieron mucho y los perdí. Y esa noche no pude regresar a mi casa porque no sé por donde tomó mi papá y no pude regresar. Yo tenía miedo y frío y un viejo que olía muy mal me dijo que me durmiera con él, yo tenía miedo porque mi mamita me iba a pegar si sabía que había salido de noche, lloré mucho pero el viejo me dio pan francés y me compró un café. Me dijo que sin azúcar porque chingaba los dientes. Al otro día no sabía donde estaba y como era tarde no pude ir a mi casa porque mi mami me iba a pegar por no haber ido a la escuela. Allí en la calle conocí a Tintín y me dijo que mis papás me habían echado de la casa y que se pelearon porque nadie me quería. Yo lo ayudé a lustrar zapatos ese día y estuve mucho tiempo con él y en un basurero encontramos una caja vieja de lustrar zapatos y me la quedé. El Tintín tenía un amigo chiclero que me dio todo para lustrar zapatos y yo tenía que lustrar allí donde él estaba, le pagaban a él y me daba para mi pan con frijoles a medio día. Pero me trataba muy mal, me decía patojo y no me gustaba porque mi mamá me dijo que no dejara que me dijeran patojo porque yo tenía nombre. El Tintín me dice Enano pero me gusta que me diga así. Todos los días el chiclero me quitaba la caja y me la daba en las mañanas para trabajar. Pero el Tintín me dijo que no iba a ganar pisto si no me robaba la caja y me iba a buscar más clientes a otro lado. Un día cuando el chiclero atendía mucha gente agarré la caja y me fui corriendo. El Tintín me escondió y comenzamos a buscar gente juntos. Pero el Tintín es grande y camina más rápido que yo, por eso gana más pisto, entonces ahora sólo lo veo cuando viene a dormir aquí. Ya no jugamos pelota porque queda cerca del chiclero y se me ve un día me va a pegar por llevarme la caja. Pero ahora tengo pisto y mañana voy a comer con los albañiles de la Montúfar. Hoy no hace frío, pero me voy a dar calor con mis manitas porque hoy estoy muy contento porque mañana voy a comer pan con frijoles en la Montúfar. SI TE GUSTÓ PUEDES PASAR POR MI BLOG Y LEER OTROS TEXTOS LA ESQUINA DEL HORROR HUMANO