darkzard93
Usuario (México)

En la década de los años 40´s, un gran número de investigadores y científicos norteamericanos, patrocinado por varias universidades, realizó estudios con el fin de determinar cuál era el elemento químico que proporciona dureza a la dentadura humana.Finalmente llegaron a la conclusión que la dureza de los dientes y la causa de las manchas, es un exceso de concentración de fluoruro en el agua que se bebía en determinadas regiones.De esta forma, los fabricantes de dentífricos comenzaron a agregar Flúor a sus productos y los dentistas recomendaban esta sustancia a sus pacientes.Los científicos encargados de esta investigación no sabían que desde 1884, el maestro Mariano N. Ruiz, científico chiapaneco, había publicado un libro titulado “La dentadura natural y artificial”, donde afirmaba que un elemento llamado fluorina es el que proporciona dureza al esmalte de los dientes.Maestro Mariano N. Ruiz, un genio que nos pertenece a todos los Mexicanos...en especial a LOS CHIAPANECOS!ES UN ORGULLO SER MEXICANO...PERO ES UN DON DE DIOS SER CHIAPANECO!!!!!

Fue el célebre filósofo Pitágoras que encontró la proporción numérica que esresponsable de las armonías musicales. Investigo una cuerda de lira y descubrió que pulsada al aire emite un sonido (una nota),y que si se divide a la mitad su longitudla nota es exactamente la misma, pero una octava mas alta ( mas aguda). Y si se divide en 3 o en 4 o en 5 la armonía se mantiene.Paralelamente, pudo observar que si la cuerda se divide en fracciones que no sonsimples el sonido que produce es disonante con los anteriores (se rompe la armonía).Fue un hallazgo revolucionario: había aparecido un método científico para afinar instrumentos de cuerda, el mismo que se utiliza actualmenteLa música para la escuela pitagórica fue fundamental, en especial porque le permitióenlazar la matemática con el arte, y desde allí extender sus teorías hasta los límitesúltimos del universo. Los pitagóricos aseguraban que los números están detrás de todas las cosas, desde las más pequeñas hasta en las órbitas de los planetas ( de hecho fueron los primeros en sostener que los planetas son esferas y que la tierra gira alrededor del "fuego que produce la noche y el día". Proclamaron abiertamente que "todo es número" y se abocaron a explicar el universo en términos matemático. Loincreíble es que lo hicieron en clave musical; según Pitágoras, el movimiento de lasesferas es armónico, y genera una melodía constante, llamada Música de las esferas.El sonido de cada esfera corresponde a una note de la escala musical que depende delradio de su órbita, igual que las cuerdas dependen de su longitud. La vida en la tierra, sostenían, está condicionada por esta sinfonía: regula las estaciones, los ciclos biológicos y todos los ritmos de la naturaleza. Lo más notable es que esta teoría -tan bella y exacta- ha surgido de la simple observación. En aquellos años, 500 a.C., no había tecnología apta para revisar elmovimiento de las estrellas, ni siquiera para grabar música. La única forma que había de escuchar el sonido de una lira era en conciertos en vivo y no cualquiera tenía acceso. Aún así, los pitagóricos palparon de inmediato la fortaleza de este arte y la relación matemática que regula sus secretos.
Tenemos dos cerebros: Uno en la cabeza y otro oculto en nuestras entrañas...en nuestro estomago. Los neurólogos han hallado que este último es capaz de recordar, ponerse nervioso y dominar a su colega más noble.Hace 4.500 años, los eruditos egipcios situaban en la parte más prosaica de nuestro organismo con intestinos inquietos y pestilentes, la sede de nuestras emociones. En el Papiro Smith, por ejemplo, ya puede leerse que el estómago es la desembocadura del corazón, el órgano donde se localiza " el pensamiento y el sentimiento". De este modo, cualquier alteración en la mente cardíaca se refleja indefectiblemenente en el aparato digestivo.Durante siglos, los galenos prestaron más atención al vientre que al cerebro, órgano al se le atribuía el cometido menor de ventilar la sangre. En todas las culturas antiguas y modernas se ha tenido la conciencia, al menos popular, de que nuestras tripas son capaces de experimentar emociones. Al recibir una buena noticia, un cosquilleo placentero invade el estómago, como si en su interior revolotearan mariposas. Por el contrario, las situaciones de tensión, miedo ó aflicción hacen que el estómago se encoja. La repulsión a algo ó a alguien puede llegar a producir el vómito.Este mar de sensaciones estomacales empieza ahora a encontrar una explicación dentro de los límites de la ciencia. Fruto de décadas de trabajo, los científicos están en condiciones de afirmar que, por inaudito que parezca, en el tracto intestinal se aloja un segundo cerebro muy similar al que tenemos en la cabeza. Efectivamente, el tubo digestivo está literalmente tapizado por más de 100 millones de células nerviosas, casi exactamente igual que la cifra existente en toda la médula espinal, estructura que junto con al encéfalo, cerebro, cerebelo y tronco encefálico, forman el denominado sistema nervioso central (SNC). Desde el punto de vista estructural, los neurólogos dividían el sistema nervioso en dos componentes, el central y el periférico.Las neuronas de la tripa no sólo controlan la digestión.A su vez, los elementos nerviosos dedicados a las funciones motoras se caracterizan en una división somática, que inerva los músculos esqueléticos, y una división autónoma, que une los llamados músculos lisos, el músculo cardiaco y las glándulas. Hasta hace poco, los expertos incluían el cerebro del estómago dentro del sistema nervioso central (SNP). "Pensábamos que el aparato gastrointestinal era un tubo hueco con reflejos simples. A nadie se le ocurrió contar las fibras nerviosas que lo recorren, confiesa David Wingate, profesor de la Universidad de Londres.El aparato gastro intestinal, como es sabido, tiene un cometido de aportar al organismo un suministro continuo de agua, electrolitos, y elementos nutritivos. Todas estas tareas está supervisadas por el cerebro abdominal, también conocido como sistema nervioso entérico ( SNE). Pero su cometido, va más allá de allá que el de supervisar los ya por sí solos complejos digestivos. Al igual que el recluido en las paredes craneales, el cerebro entérico produce sustancias psicoactivas que influyen en el estado de ánimo, como los neuro transmisores serotonina u dopamina, así como otras sustancias que modulan el dolor.Un hallazgo sensacional.Michael Gershon, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, es el descubridor del segundo cerebro. Este científico demostró que el 95 por 100 de la serotonina corporal, neurotransmisor que influye en el estado de ánimo, es producida por el cerebro entérico.Puede leerse en el libro, EL segundo cerebro , de Michaell D. Gershon, jefe del Departamento de Anatomía y Biología celular de la Universidad de Columbia, en Nueva York." Hasta la fecha, los científicos han identificado más de una treintena de sustancias transmisoras liberadas por las terminaciones nerviosas ó oxomas de los distintos tipos de neuronas gastrointestinales, que no son pocos." La multiplicidad de neurotransmisores en los intestinos- añade- sugiere que el leguaje hablado por las células del sistema nerviosos abdominal es tan rico y complejo como el del cerebro".Una conexión entre la psique y el estómago. "Hace unos años, muchos de mis colegas se hubieran mofado si hubiese mencionado que existe manifiesta conexión entre la psique y el cerebro entérico", confiesa Emeran Mayer, profesor de la Universidad de California en los Ángeles. Pero la realidad es que en nuestro vientre, ese pequeño cerebro tiene la facultad de operar de forma autónoma.Contacta con el cerebro principal a través de diferentes fibras nerviosas, como los nervios vagos que mueren en el bulbo raquídeo- El cerebro entérico recibe información de la cabeza, pero nadie le dicta cómo trabajar. Hay un gran flujo de mensajes del vientre a la cabeza. Todas estas peculiaridades hacen del sistema nervioso entérico, un lugar independiente de integración y procesamiento neuronal.Esto le convierte en un segundo cerebro. El sistema nervioso entérico, jamás compondrá silogismos, escribirá poesía ó abordará el diálogo socrático, pero a pesar de ello es un cerebro, dice el profesor Gershon, y añade "Descartes formuló su máxima Pienso luego existo", pero lo hizo por sus intestinos se lo permitieron".Es capaz de sufrir sus propias neurosis.El hecho de que el Sistema nervioso entérico trabaje por su propia cuenta hace que los científicos consideren la posibilidad de que también pueda memorizar ciertas emociones, sufrir estrés y tener sus propias psiconeurosis.¿Pero qué necesidad hay de tener dos cerebros? Los científicos opinan que se trata de una adaptación evolutiva. Cuando nuestros predecesores emergieron del cieno y adquirieron una espina dorsal, desarrollaron un cerebro en la cabeza y un estómago con una mente propia. El cerebro principal delegó las funciones digestivas al segundo cerebro, para ocuparse en de otros menesteres, externos como la caza, la defensa y la creación de la familia.