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danrolon

Usuario (Argentina)

Primer post: 15 jun 2013Último post: 27 jun 2013
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Exadicto, elegido del Papa, gracias a Comunidad Terapeutica
Salud BienestarporAnónimo6/27/2013

Juanes, Juan José Jaime, alias El Cuervo, es un ex adicto al paco. Su vida cambió al conocer a Bergoglio en 2008. Había consumido drogas por 20 años, con diez de calle. Juan había salido de una granja de recuperación para adictos que la iglesia tiene en General Rodríguez, llegó a la parroquia de Luján, en Parque Patricios, sin saber que era un día que nunca iba a olvidar: lo llevaron a Luján "Bergoglio conocía mi historia sin yo conocerlo a él" afirmó El Cuervo en referencia al Papa argentino. Esta es otra de las tantas vidas que se salvan gracias a las granjas de rehabilitación para adictos, a pesar de lo que algunos critiquen o hagan denuncias de pura palabra, hay gente que ya no está, o es un muerto en vida por no poder salir de la droga. La historia de Juanes demuestra lo que muchos no quieren ver. Yo lo supe en carne propia, porque como él, yo estuve en una granja para adictos, yo estuve en la Comunidad Terapéutica El Gran Paraíso, y gracias a Alejandro Merenzon, logré salir de ese infierno. Por eso, como dijo el Papa, "la recuperación es posible". Estos post que pongo son de agradecimiento al trabajo y la dedicación de Alejandro Merenzon y para que otros sigan este camino de recuperación y que Dios les ayude a retomar su vida y puedan ser felices y mejores personas. Esta es la página para el que quiera cambiar: www.elgranparaiso.com.ar Acá pueden ver a Alejandro Merenzon explicando cómo son los tratamientos para adictos: Alejandro Merenzon sobre la rehabilitacion de adictos Video de la historia de Juanes, el exadicto, con Bergoglio: http://www.eltrecetv.com.ar/telenoche/un-ex-adicto-el-elegido-del-papa_060278

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Alejandro Merenzon, denuncias, El Gran Paraíso. Mi historia
Salud BienestarporAnónimo6/15/2013

Hace un tiempo leí una denuncia que posiblemente hizo algún adicto que no quiso recuperarse o que cree que todos pueden luchar contra la adicción a las drogas. Si fuera así, lleva uno de los peores pecados, la soberbia, y lo único que hace es descargar su impotencia al denostar el trabajo de Alejandro Merenzon y las comunidades terapéuticas como El Gran Paraíso. Yo voy a contar mi historia. Mi nombre es Daniel y gracias a la comunidad terapéutica, los profesionales y coordinadores que trabajan y ponen su mejor empeño, yo pude salir de la adicción a las drogas. Soy de Berisso. Nací en una familia trabajadora y con lo necesario para vivir. Soy el mayor de tres hermanos. No sé bien cómo empezó todo, pero lo que me acuerdo, es que tenía 14 o 15 años, y para mostrarme adulto y seguro empecé a fumar y a tomar alcohol. Así también me sentía desinhibido y era uno de los más divertidos en las salidas. En los años que siguieron con mis amigos empezamos a fumar porros y después fueron las pastillas. En esa época ya empezaba a ratearme del colegio. Y ocultar las notas y las faltas. Estaba en tercero de la secundaria cuando quedé libre y repetí. Cuando al año siguiente empezaron las clases, ya no fui más. Salía como para el colegio pero me iba con amigos. En casa no me podían manejar, yo siempre me las ingeniaba para hacerlos sentir que me sentía como encerrado cuando me preguntaban por el estudio y por dónde había estado, que ellos no entendían nada y que si seguían así me iba a ir de casa. Eso me ponía de muy mal humor, terminaba peleando con mis hermanos por cualquier cosa y también les gritaba a mis padres. Mi papá intentaba poner orden, pero yo lo enfrentaba y cuando él quedaba a un segundo de pegarme mi mamá salía a frenarlo. Se había transformado en mi estrategia pero siempre sentía que la mirada de reproche de mi papá me ahogaba. Ahora me doy cuenta de que él no sabía qué hacer, que veía cómo me estaba perdiendo. En una de esas peleas me fui de mi casa por primera vez. Después volvía, por comida y sacando algo de plata, y así andaba, yéndome días enteros y volviendo. Así convertí a mi familia en víctima de lo que era mi vida. Más o menos a los 16 alguien me presentó a 'la novia blanca', una novia que estuvo a punto de matarme: la cocaína. Ni bien la probé se empezó a hacer dueña de mi vida sin que me diera cuenta. Durante algunas semanas sentía que estaba jugando con ella, pero era ella la que estaba jugando conmigo desde el principio. Pensé que la iba a poder manejar, qué equivocado estaba. A veces me daba miedo pensar que ya era adicto y me decía que yo podía parar cuando quisiera, que era algo que me hacía bien, pero que cuando yo viera que me hacía mal, iba a parar. Desde el principio me hizo daño y cada día más, lastimé a mis seres más queridos, a mi familia, a mi novia, a mis amigos de la infancia. Un tiempo después mi novia quedó embarazada. Mis viejos nos hicieron un lugar en la casa, habilitaron una pieza para nosotros. En ese tiempo sentí que algo bueno me podía salvar: tenía el sentimiento de que no quería que mi hijo viviera en mi infierno. Traté de alejarme de las drogas. Algunos días lo lograba, pero finalmente no aguantaba el bajón y prefería volver a consumir antes de ponerme violento. Cuando nació el bebé sentí que era el tiempo para dejarla definitivamente, tenía una motivación, sentía que no podía seguir así con un hijo. Pero aunque quería, era imposible, me angustiaba la impotencia, lloraba a solas y salía a buscar más cocaína para sentirme fuerte y aguantar. Todo al revés. Mi novia quería que yo reconociera que estaba enfermo y que necesitaba ayuda pero yo estaba cada vez más sacado, la trataba de loca y a veces entre los gritos y la desesperación, la llegué a golpear. Les sacaba unos pesos a mis viejos y salía pegando un portazo. Ellos ya estaban con mucho miedo. Pasaba uno o dos días afuera y después volvía pidiendo perdón. Los hice pasar noches durísimas. Un día volví y la pieza estaba vacía. Jime se había ido con el bebé. Lo que siguió después fue barranca abajo. Entre mi enfermedad y el odio de quedarme sin mi hijo, me dediqué a 'encontrar' para revender y así conseguía dinero para comprar droga. Mi papá ya me había prohibido la entrada a casa, ahora sé que con todo el dolor de su alma estaba tratando de buscar la forma de que yo cambiara. No quedaba nada alrededor mío. Había destruido todo. A veces me cruzaba con mis hermanos pero no querían ni mirarme. Esas semanas me pasaba el día tirado en la calle, a unas cuadras de mi vieja casa. Ya era alguien sin vida. No quería ser una carga, ya estaba jugado y pensé en matarme. Una vez me encontró mi vieja, llorando se me acercó, me hizo mierda verla así, y ahí supe que no había retorno y, sin hablar una palabra, me despedí internamente de mi vieja porque me la iba a jugar entero hasta que me matara la policía. Fueron mis viejos los que manotearon el volante antes del choque final. Se me aparecieron junto a unos tipos que, sin mediar palabra, me levantaron en el aire y me llevaron a una de las comunidades terapéuticas. Entre ellos, Alejandro Merenzon. Me acuerdo como sufrí la primera mañana... y sé que no voy a olvidar jamás esos primeros días. Difíciles, sin ganas de nada, con odio, teniendo que cumplir horarios y tareas... Sé que no lo voy a olvidar mientras viva, como tampoco voy a olvidar lo que vendría después. Lentamente me empecé a dar cuenta que había ahí gente que trabajaba para que yo lograse liberarme de mi enfermedad. También con los nuevos compañeros, algunos con historias peores -los que habían estado presos o tenían en el cuerpo la marca de las drogas: accidentes graves y enfermedades- y otros con historias más tranquilas, que pudieron para a tiempo y hacían una rehabilitación más simple. Recién a los dos meses me pudieron venir a visitar mis viejos. Me acuerdo de ese primer día. Sentía vergüenza por lo que había hecho de mi vida, bronca porque me habían encerrado, tristeza por haber perdido a mi hijo... Todo se diluyó cuando los abracé y me largué a llorar como cuando era chico. Moqueábamos mi vieja y yo, mi viejo contenía su ojos humedecidos... Después vinieron otros meses más pero cada vez mejores, más fáciles, ya podía hablar de lo que me pasaba, tenía quien me escuchaba, con amor y profesionalismo, poniendo su empeño en acompañarme en los malos momentos. A veces por la noche me despertaba llorando o angustiado, agitado. Algunas noches me costaba volver a dormir pensando si iba a poder volver a tener una vida. Una cosa es en la granja terapéutica, otra es la calle y la libertad total de seguir creciendo o de caer otra vez. Por eso le agradezco a Alejandro Merenzon, porque gracias a que mis viejos dieron con él es que yo estoy contando lo que fue mi vida hasta hoy. No fue fácil. Ni siquiera es seguro que el tratamiento de rehabilitación sirva si quien lo hace no se quiere hacer cargo de su enfermedad y de poner su voluntad en rehabilitarse. Pero es un camino. Y es mejor que lo que yo estuve viviendo en esos años: Una libertad de mentira. Yo estaba condenado. Diez meses después de mi ingreso a la comunidad, me dieron de alta. Alta que tengo que mantener porque nunca se está curado de las adicciones. Lo aprendí y, gracias a Dios, espero no volver atrás. Quiero agradecer a los profesionales de la comunidad terapéutica, al Dr. Rossi (Pipo), a los coordinadores Mauro, Corral, María Paula entre otros, que me contuvieron en los días más difíciles (porque varios de ellos son ex-adictos y entienden porque pasaron lo que yo pasé) les estaré eternamente agradecido. Hace poco me dijo Alejandro Merenzon, ésta es una tarea ingrata: quienes se recuperan siguen su nueva vida y no se expresan. Está bien que así sea, pero quienes no quieren recuperarse se transforman en enemigos y sus familias están dolidas y aparecen denuncias que sólo son desahogo de la tristeza y el fracaso que sienten. Pero yo te digo, Alejandro, que en otro sentido es una tarea gratificante: en el sentido de que salva vidas. Por eso este post para todos los que me ayudaron a volver a la vida. Gracias a El Gran Paraíso, Alejandro Merenzon, al Dr. Rossi y especialmente al Padre Tamboro, quien me devolvió la fe en Jesús. El Dr. (Pipo) Rossi y Alejandro Merenzon Alejandro Merenzon y uno de sus libros Les dejo una cita de la Biblia para que los ayude a todos los que tienen que tomar decisiones duras como las que tomaron mis viejos: "Estén alegres, aunque por un tiempo tengan que ser afligidos con varias pruebas. Si el oro debe ser probado pasando por el fuego, y es sólo cosa pasajera, con mayor razón su fe, que vale mucho más. Esta prueba les merecerá alabanza, honor y gloria el día en que se manifieste Cristo Jesús. Ustedes lo aman sin haberlo visto; ahora creen en él sin verlo, y nadie sabría expresar su alegría celestial al tener ya ahora eso mismo que pretende la fe: la salvación de sus almas." 1ª Carta de Pedro 1:6,9 Que Dios los bendiga. Y a los que arman denuncias de pura palabra, les digo que mejor sería que ayudasen a los adictos a rehabilitarse. Si realmente eso es lo que quieren, hagan algo positivo que salve vidas, en vez de armar denuncias de pura palabra para ensuciar sin fundamento o para que la droga continúe creando sufrimiento y muerte.

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