damianroberto
Usuario (Argentina)
La sinceridad. “Manifiesta, si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, etcétera, con claridad, respeto a la situación personal o a la de los demás.” Para muchas personas, la sinceridad, no significa tener en cuenta las palabras “si es conveniente” y “a la persona idónea y en el momento adecuado”. Para que la sinceridad tenga sentido no puede tratarse de una comunicación al azar. La persona tiene que reconocer su propia realidad y poseerla en cierto grado, para luego comunicarla, de acuerdo con su discernimiento. Concretamente, la sinceridad debería ser gobernada por la caridad y por la prudencia. ¿Alguna vez has sentido la desilusión de descubrir la verdad?, ¿esa verdad que descubre un engaño o una mentira?, seguramente que si; la incomodidad que provoca el sentirnos defraudados, es una experiencia que nunca deseamos volver al vivir, y a veces, nos impide volver a confiar en las personas, aún sin ser las causantes de nuestras desilusión. Pero la sinceridad, como las demás virtudes, no es algo que debamos esperar en los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza... La sinceridad es una virtud que caracteriza a las personas por la actitud congruente que mantienen en todo momento, basada en la veracidad de sus palabras y acciones. Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que cuesta más trabajo. Con aires de ser “francos” o “sincero”, decimos con facilidad los errores que cometen los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son. Pero no todo esta en la palabra, también se puede ver la sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, (normalmente es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios, círculo social...), se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice. “dime de que presumes... y te diré de que careces”. Cabe enfatizar que “decir” la verdad es una parte de la sinceridad, pero también “actuar” conforme a la verdad, es requisito indispensable. El mostrarnos “como somos en realidad”, nos hace congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos, esto se logra con el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades y limitaciones. Ser sincero, exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones. Para ser sincero también se requiere “tacto”, esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente pueda incomodarla principalmente debemos ser conscientes que el propósito es “ayudar” o lo que es lo mismo, no hacerlo por despecho, enojo o porque “nos cae mal”, eso tiene otro nombre, y no es el de sinceridad, aunque lo que digas no falte a la verdad. Hay que encontrar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar. En algún momento la sinceridad requiere valor, nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. La persona sincera dice la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al que dirán. Al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia. “La sinceridad y la humildad son dos formas de designar una única realidad” Para ver la realidad de tal modo que sirva de base para una progresión personal, hace falta distinguir entre lo importante y lo secundario. Si la persona no quiere mejorar, si entiende la vida como una condición en que puede encontrar el placer y no le incumbe ningún esfuerzo de mejora en función de la finalidad última por la cual ha sido creado, distinguir entre lo importante y lo secundario no vale la pena. La orientación podría venir por ver lo que es: 1.- Distinguir entre hechos y opiniones. 2.- Distinguir entre lo importante y lo secundario. 3.- distinguir a quién se debería contar qué cosas. 4.- Distinguir el momento oportuno. 5.- Explicar por qué. La educación de la sinceridad básicamente supone la educación del tacto, de la discreción y de la oportunidad. Porque ser sincero no consiste en decir todo a todos y siempre. El discernimiento será, como siempre, nuestra herramienta fundamental para dar sentido a esta virtud.

De entre todas las ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) las ladillas son, sin duda, una de las patologías ciertamente menos peligrosas. Claro que, aún así, se trata de un mal sumamente molesto y, a menudo, difícil de erradicar. Vendrían a ser algo así como “los piojos del sótano”, tal cual lo dice el título de éste artículo. ¿Qué son las ladillas? El “Phthirus pubis” es un insecto anopluro ectoparásito de los seres humanos que posee una longitud de entre uno y tres mm. de longitud y que atacan las zonas con vello de los genitales (aunque raramente también puede situarse en el cabello, las cejas y hasta las pestañas). La transmisión de las ladillas se dan por contacto, aunque también en raras ocasiones puede suceder al usar prendas que han estado en contacto con algún portador. Con respecto al tratamiento, en el mercado existen diferentes lociones y cremas realizadas a base de hexacloruro de benceno gamma o permetrina que son consideradas sumamente eficaces. Vale mencionar que aunque el parásito phthirus pubis vive poco tiempo separado del cuerpo, es conveniente cambiar desde sábanas hasta toallas en caso de que algún cercano halla contraído este mal al igual que en el caso de los hongos o micosis (a los sujetos diagnosticados de ladillas, se les recomienda comentar su infestación con sus parejas sexuales con objeto de cortar el circulo de infección). Un tratamiento alternativo que muchas veces suele utilizarse es el de rasurar a cero el área afectada en caso de que no se pueda tener acceso a las lociones antes mencionadas. Por otra parte, existen métodos de prevenir este tipo de enfermedades. Si bien los preservativos no detienen el contagio de piojos púbicos, pues su trabajo es otro, la mejor forma de prevención es la confianza al compañero sexual: el parásito es capaz de vivir poco tiempo sin contacto con el cuerpo humano o en el aire. “Las ladillas son un mal común que, a decir verdad, no tienen demasiadas formas de prevención salvo las normas de higiene normal. Pero lo que ocurre es que, por ejemplo, los condones poseen nula efectividad ante este mal haciendo complicada la tarea de evitar pescarlas. Lo más indicada, claro, es tener relaciones seguras y evitar la promiscuidad. En cuanto a la cura, no son pocos los productos que se pueden encontrar fácilmente en la farmacia para combatir estos molestos parásitos que atentan contra nuestra salud sexual” dice un profesional. Ahora ya lo sabes.