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d_megadeth

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Primer post: 15 may 2013Último post: 15 may 2013
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El Cociente Intelectual, ¿una farsa?
Ciencia EducacionporAnónimo5/15/2013

Desmontando el C.I. con una perspectiva más consistente y práctica de la Inteligencia En esta entrada trato de desmontar la concepción clásica del concepto de inteligencia como si de un microprocesador central se tratara, que además se puede medir o cuantificar para saber cómo de inteligentes somos y que sólo sirve para subrayar diferencias individuales poco consistentes. Además muestro una nueva perspectiva en el estudio de la Inteligencia, más enfocada en "cómo" resolvemos los problemas, más que en "cuántos" somos capaces de resolver y que trata de explicar cómo funciona tanto nuestra inteligencia cotidiana, como la exitosa, y ofrece herramientas para mejorarla. He tratado de hacer un resumen muy escueto de esta nueva perspectiva, ya que para incluir todo lo necesario para comprenderla sería necesario un libro, el cual recomiendo al final del texto; sin embargo, para el visitante curioso, esta entrada será suficiente para tratar de ver la inteligencia desde otro punto de vista y entender sus implicaciones prácticas. El recurso de la “inteligencia” o la “capacidad intelectual” que supuestamente tenemos es el argumento que se suele utilizar para justificar el éxito o fracaso en la escuela o en la universidad, también en muchos tipos de trabajo y proyectos; no sólo por profesores y padres, sino también por los propios protagonistas. Sin embargo la relación entre inteligencia, capacidad de aprendizaje y rendimiento escolar o laboral no está resuelta ni empíricamente fundamentada (Coll, Onrubia, 2007). Sin embargo parece obvio que si la inteligencia es la capacidad de adaptarnos y resolver los problemas cotidianos, la relación debería ser muy fuerte. La clave de esta paradoja es sin duda la mala caracterización del concepto de inteligencia o capacidad intelectual, basada en concepciones obsoletas centradas en medidas psicométricas y de diferencias individuales bajo el supuesto de que la inteligencia es un conjunto de facultades que pueden medirse por separado a través de unos ejercicios concretos, y que estos son generalizables a las tareas cotidianas de cada uno, para luego comparar los resultados o bien con la población normal donde 100 es la media (dando lugar al concepto de cociente intelectual), o bien con lo que supuestamente el sujeto debería puntuar según su edad (dando lugar al concepto de “edad mental”). Lo único demostrable es que los test de inteligencia no miden inteligencia, si no la eficacia del sujeto en hacer las tareas específicas que propone ese test. Se suele decir irónicamente entre los teóricos de la psicometría, haciendo énfasis en el carácter cíclico de su medida: - ¿Qué mide este test? - Inteligencia - ¿Pero qué es la Inteligencia? - Lo que mide este test. En mi opinión, el uso de estos test, especialmente en el ámbito escolar, sólo sirve para congratular a los niños con altas puntuaciones y cargarse al resto; pues el efecto de la “autoeficacia” sobre nuestras capacidades académicas es mucho mayor que el de la “inteligencia” a la hora de predecir el éxito o el fracaso escolar (Bono, Judge, 2003; Maddux, 2002; Marsh 1990c; Marsh, Barnes, Cairns, & Tidman, 1984; Marsh, Byrne, & Shavelson, 1988). Existe un nuevo enfoque para abordar la inteligencia mucho más interesante y práctico. Aunque esta nueva perspectiva tuvo su germen en los 80s, no es hasta hace relativamente poco que está empezando a calar en la práctica profesional aunque aun sigue sin aplicarse ni en la escuela ni en las universidades. La inteligencia desde la perspectiva del procesamiento humano de la información Desde esta perspectiva se intenta identificar y comprender los procesos cognitivos de selección, organización y procesamiento de información implicados en el comportamiento inteligente, desarrollando modelos detallados del funcionamiento intelectual ante determinadas tareas en lugar de simplemente medir el resultado final y compararlo con la población normal. Para ello identifican experimentalmente, mediante estudios de laboratorio o programas informáticos de simulación apoyados en el análisis cognitivo de tareas, los “componentes” o unidades elementales de procesamiento de la información implicados en la resolución de tareas que aparecen habitualmente en los test de inteligencia. Es decir: tratan de estudiar el cómo lo hace en lugar de qué es capaz de hacer. Utilizando este método, Sternberg (1980) identifica: Los Metacomponentes: procesos de control del resto de los componentes para la planificación, supervisión, autoevaluación, seguimiento, estrategias utilizadas, representaciones de la información sobre la que trabajar, decisiones de tiempo, recursos y nivel de exigencia o calidad. Componentes de ejecución, adquisición, retención y transferencia de los procesos para la resolución de los problemas. Además estos componentes varían en su grado de eficacia según el dominio de la tarea, es decir, alguien puede ser muy inteligente como empresario, pero muy torpe cuando su hijo le enseña a programar el video o a manejar el “photoshop”, tanto a nivel metacognitivo como en ejecución, adquisición, retención y transferencia. La diferencia principal entre los “más inteligentes” en un dominio concreto con respeto a los “mas torpes” es que los expertos poseen una base de conocimiento más organizada y sobre todo más rápida y fácilmente accesible a nivel neurológico, es decir, la inteligencia aplicada no tiene tanto que ver con que los expertos sepan más o tengan más información, sino con que son más eficaces al almacenar y recuperar la información, esquemas o habilidades y lo hacen de manera más rápida y eficiente. (Chi, Glaser y Farr, 1988; Ericsson, 1996). Una de las consecuencias de estas conclusiones sería que si, por ejemplo, una persona quiere mejorar sus capacidades en memoria de trabajo y razonamiento abstracto para poder aplicarlas a su trabajo y así optimizar sus recursos cognitivos, lo que debe hacer es exactamente lo que hace cuando trabaja, entrenando así los “componentes” de esta inteligencia específica. Si quieres mejorar tu inteligencia en un dominio, practica ese dominio. Y de poco o nada servirían la multitud de ejercicios, programas y entrenamientos de mejora de habilidades cognitivas ofertados desde distintas empresas. Los “brain-trainings” difundidos con gran despliegue mediático y publicitario no ejercen ningún efecto positivo apreciable sobre la capacidad de razonamiento o memoria (Lorant-Royer, 2010). La Inteligencia Exitosa Ampliando su teoría, Sternberg (1997) se centra en la Inteligencia Exitosa, aquella que es realmente importante en la vida, la que se emplea para lograr objetivos importantes y la que muestran quienes han obtenido éxito en la vida. Es decir, se centra en estudiar la inteligencia no como una medida para compararnos con el resto de la población, sino como una herramienta para lograr nuestros objetivos y susceptible a ser mejorada. La inteligencia exitosa implicaría tres subtipos: Inteligencia analítica: es la capacidad para analizar y evaluar ideas, resolver problemas y tomar decisiones. Inteligencia creativa: es la capacidad para ir más allá de lo dado y engendrar ideas nuevas e interesantes, y para hallar nuevos y buenos problemas (en otra entrada hablaba de cómo la ciencia ficción potencia este aspecto de la inteligencia). Inteligencia práctica: es la capacidad para traducir la teoría en la práctica y lo abstracto en lo concreto; es la que habilita a las personas para solucionar problemas en el mundo real. Lo mejor del enfoque del Procesamiento de la Información y de la Inteligencia Exitosa es que sí que tienen consecuencias e implicaciones que podemos utilizar en la práctica educativa, a diferencia de las concepciones antiguas, que como decía antes, solo sirven para congratular a unos y cargarse a otros. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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