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Usuario (Argentina)

"Un dibujito de Paka Paka cuenta la "historia oficial" en versión infantil" El canal estatal produce y reparte en todas las escuelas públicas del país La asombrosa excursión de Zamba, una serie para niños que desató una polémica entre historiadores, sociólogos y comunicadores "Hay países que se sienten los reyes del mundo, Zamba", le dice el soldado argentino al nene sobre Gran Bretaña, mientras ruidosos misiles surcan el cielo y se estrellan contra el suelo. El pequeño lo mira asombrado. La dramática música de fondo, el paisaje desolado y los atuendos militares que visten los personajes son dignos de una película bélica para adultos, pero se trata del capítulo sobre la guerra de Malvinas de un programa de dibujos animados que transmite Paka Paka, el canal infantil del Ministerio de Educación. La Asombrosa Excursión de Zamba nació como un proyecto del canal Encuentro en 2010, año de los festejos por el Bicentenario. La serie fue encargada a la productora El perro en la luna, que realizó los primeros cuatro capítulos y los estrenó a partir de julio de ese año en la pantalla de Encuentro. Faltaban algunos meses para que, en septiembre, Paka Paka dejara de ser un segmento infantil y se convirtiera en un canal. Dirigida a niños de entre seis y doce años, Zamba narra la historia de un niño que asiste a un primario público y experimenta "viajes" al pasado, donde próceres argentinos como el ex presidente Domingo F. Sarmiento, o personajes simbólicos como un soldado de Malvinas, le detallan con humor y simpatía cómo ocurrieron algunos de los principales hechos históricos nacionales. El proyecto creció -se hicieron seis capítulos más-, y este mes Paka Paka presentó "La Asombrosa Excursión de Zamba- La colección", un compilado de la serie que, aseguran desde el canal, se distribuye en todas las escuelas públicas del país. Marcos Novaro es sociólogo y doctor en Filosofía, pero también es padre de tres chicos. Ya estaba familiarizado con las aventuras de Zamba al momento de la entrevista que le hizo LA NACION , y desde un primer momento expresó preocupación por la serie. "La escuela no puede dar productos de tan poca calidad, que tienen tantos defectos y que encima transmiten formas de pensar", opinó. Hace algunos años fue a quejarse al colegio donde asisten sus hijos, porque los profesores proyectaban capítulos del programa que trasmitía El Trece, Algo habrán hecho por la historia argentina , que Novaro comparó con Zamba. "Los profesores se defendían diciendo que aunque no sean buenos programas sirven para enganchar a los chicos con la historia, pero soy escéptico a esa idea, la escuela tiene una responsabilidad", juzgó. link: http://www.youtube.com/watch?v=E0vhk4s8GzY Una de las principales diferencias entre ambas ficciones es que el unitario que condujo Mario Pergolini junto al historiador Felipe Pigna, fue realizado por una productora privada -Cuatro Cabezas-, mientras que Zamba fue creado bajo la órbita del Ministerio de Educación. En esa distinción se basó la doctora en Comunicación Pública, Gabriela Fabbro, para examinar el dibujo animado. Con tono alterado, la especialista en medios sostuvo que la responsabilidad de los canales que responden al Estado es mayor de la que poseen las señales privadas. "La televisión estatal es un servicio público con intenciones didácticas, una institución más allá del partido gobernante. Este gobierno utiliza el potencial que tiene la TV pública para transmitir ideología, y esto es una tergiversación de la función que debe tener", señaló. Por su parte, directora de Paka Paka , Cielo Salviolo, defendió el trabajo realizado en ciclo infantil y subrayó que "cualquier relato histórico parte de una mirada particular, situada". En una entrevista con LA NACION vía correo electrónico, la funcionaria expresó: "Siendo un canal público tenemos la responsabilidad de no interpelar a los chicos y chicas como consumidores, de respetar sus identidades, sus diversidades, sus diferencias y de interpelarlos como ciudadanos". Con esa perspectiva coincidió la docente y especialista en temas de educación y comunicación, Silvia Bacher. "El segmento sobre los viajes que realiza Zamba tiene una manera de contar particular, como la tiene todo, desde un noticiero hasta una novela histórica", consideró la autora del libro Tatuados por los medios . La escuela no puede dar productos de tan poca calidad, dice el sociólogo Marcos Novaro "Con esa perspectiva coincidió la docente y especialista en temas de educación y comunicación, Silvia Bacher. "El segmento sobre los viajes que realiza Zamba tiene una manera de contar particular, como la tiene todo, desde un noticiero hasta una novela histórica", consideró la autora del libro Tatuados por los " "Tomar partido" Por estos días, Zamba tiene su propio espacio en el predio donde funciona la megamuestra estatal Tecnópolis. Se trata de un parque temático que funcionará durante las vacaciones de invierno, y que ofrece actividades infantiles inspiradas en la serie. En su inaguración, el ministro de Eduación Alberto Sileoni recorrió sus instalaciones y rodeado de niños, enfatizó: "La propuesta del espacio es asomarnos al futuro construyendo conocimiento soberano de nuestro pasado". En una reflexión sobre la serie, el sociólogo y constitucionalista Roberto Gargarella señaló que el Gobierno "toma partido sistemáticamente". "Más allá esta particular serie, creo que en esta época la comunicación que se hace desde el Gobierno muchas veces es problemática por el carácter partidista que tiene. Lo del dibujo [de Paka Paka] tiene mucho vínculo", opinó el autor de Carta abierta sobre la intolerancia . Y aclaró: "Mi intención no es agarrármela con el dibujo", Para el académico, el Gobierno ejerce una "permanente" violación del deber de neutralidad del Estado, ya sea vía la emisión de discursos presidenciales partidistas a través de la cadena nacional; la entonación de la marcha peronista por legisladores en el Congreso; o la exhibición de los dedos de la mano formando una "V", en alusión al partido oficial, el Frente para la Victoria. Fabbro, que se desempeña como directora del Observatorio de la Televisión de la Universidad Austral , coincidió con Gargarella, y añadió: "Este dibujo animado no presenta la estructura mínima de dos campanas, la otra mirada, y a veces la omisión es la peor manipulación". "Amenizar la Historia" La dramaturga María Inés Falconi se dedica a escribir novelas históricas para chicos hace treinta años. Su trabajo, reveló, consiste esencialmente en estudiar eventos históricos en forma exhaustiva, elegir los personajes principales del período que quiere contar, y narrar sus vivencias de forma tal que sean atractivos para el lector. "La novela histórica trata de darle una dimensión humana a los personajes, de encontrar puntos de resonancia para despertar cierta curiosidad en los chicos, sin que sean meros receptores de datos que les tiran encima", contó a este medio. Autora de El secreto del tanque de agua , un cuento infantil que aborda la vida de José de San Martín, Falconi se refirió en particular al episodio de Zamba que reconstruye la infancia y la juventud del Libertador, La Asombrosa Excursión de Zamba en Yapeyú. "La imagen de superhéroe de dibujo animado con la que lo retratan me pareció interesante para llegar a los chicos", opinó. "Todo el tiempo intentan humanizarlo a través de su vínculo con Remedios [de Escalada, su esposa]". Para la escritora, ese tipo de detalles son claves para "salir del bronce", es decir amenizar la Historia. link: http://www.youtube.com/watch?v=1_nYE9W6RAQ "Cualquier relato histórico parte de una mirada particular, situada", aseguró la directora de Paka Paka" Novaro, en cambio, consideró que la serie, además de constituir un producto para el público infantil, es un "producto infantilizado". "Los chicos que lo ven pueden sacar como conclusión quiénes eran los buenos y quiénes los malos, pero nunca entender de qué se trataba el problema, qué estaba en discusión en esa época, cuál era el contexto, y eso es una reducción de la historia", enfatizó. Por el contrario, Salviolo resaltó que el dibujo animado posibilita "llegar" mejor a los niños porque tiene códigos cercanos a ellos. "Permite jugar con lo fantástico como el paso del tiempo, pero también tiene algunas limitaciones propias, como la síntesis". Y remarcó que Zamba fue realizado con la colaboración de historiadores y la consulta de relatos académicos. "Nos parece que lo fundamental tanto para crear los personajes como el relato, es buscar fuentes diversas que permitan no reproducir estereotipos de manual o de figuritas", señaló. Y aseguró que la intención es mostrar la historia argentina desde una mirada "no escolarizante, que permita hacerse preguntas y desnaturalizar algunos hechos provocando reflexiones y cuestionamientos". En ese sentido, Fabbro estuvo de acuerdo: "Al público infantil hay que transmitirle conocimiento de tal forma que pueda ejercitar su capacidad de relación y crítica, sin decirle qué tiene que pensar", dijo. Pero consideró que Zamba no es ejemplo de esa idea. Según la comunicadora, los programas infantiles deberían mostrar ideas en lugar de expresarlas a través de palabras. "En el caso de Zamba, la bajada de línea pasa por lo dicho en el spot no en lo mostrado, y eso es manejar el discurso, es preconcebido", indicó..
Un viernes a media tarde en las oficinas centrales de SpaceX en Hawthorne, California, Elon Musk está rodeado por tres de sus hijos: uno de sus trillizos, y sus dos mellizos. Musk tiene puesta una remera gris y está sentado en una silla giratoria frente a su escritorio, que no está en una oficina privada detrás de una puerta cerrada, sino en un cubículo accesible en una esquina adornado con rarezas del espacio exterior, fotos de sus cohetes, y recuerdos de Tesla y sus otras compañías. Más elocuente es un póster enmarcado de una estrella fugaz con una frase que dice: "Cuando le pedís un deseo a una estrella fugaz, tus sueños se hacen realidad. Excepto cuando es un meteorito dirigido a la Tierra que va a destruir toda la vida. Entonces estás perdido, sin importar lo que hayas pedido. Salvo que eso sea morir por un meteorito". Para la mayoría de la gente, esto sería sencillamente humor negro, pero en este ambiente, también es un recordatorio del plan maestro de Musk: crear hábitats para la humanidad en otros planetas y lunas. Si no mandamos a nuestra civilización a otra Edad Media antes de que Musk o algún heredero de su sueño lo realice, entonces Musk será recordado como una de las figuras más influyentes del milenio. Los niños de todos los planetas terraformados van a esperar que sea el Día de Musk, en el que tendrán el día libre para conmemorar el nacimiento del terrícola que inauguró la era de la colonización espacial. Y ésa es sólo una de las ambiciones de Musk. Otras incluyen hacer que autos, casas y toda la industria imaginable que hoy usa combustibles fósiles pasen a usar energía sustentable; implementar una nueva forma de transporte entre ciudades a alta velocidad a través de tubos de vacío; aliviar el tránsito con un panal de túneles subterráneos con pistas eléctricas para autos y otros transportes; crear una interfaz entre mente y computadora que pueda mejorar la salud y el cerebro de los humanos; y salvar a la humanidad de la amenaza futura de una inteligencia artificial que quizás un día se vuelva loca y decida, de manera bastante racional, eliminar a la irracional especie humana. Hasta ahora, Musk, 46 años, no logró ninguno de estos objetivos. Pero lo que sí hizo es algo que poca gente viva puede decir que ha hecho: se abrió paso, sin ninguna experiencia de ningún tipo, y muy laboriosamente, en dos campos con barreras ridículamente altas -la fabricación de autos (Tesla) y de cohetes espaciales (SpaceX)- y creó los mejores productos de esas industrias, tal como lo indica cualquier medición significativa en la que puedas pensar. En el proceso, logró venderle al mundo su capacidad para lograr objetivos tan ambiciosos que, en boca de cualquier otra persona, serían considerados meras fantasías. Al menos, a la mayor parte del mundo. "Estoy siguiendo las pérdidas cortas", dice Musk, absorto mirando el canal de información bursátil CNBC en su iPhone. Les habla a sus hijos sin levantar la vista de la pantalla. "Chicos, miren esto: Tesla tiene la posición corta más alta en toda la bolsa. Una posición corta de 9.000 millones de dólares." Sus hijos se inclinan sobre el teléfono, y miran un cuadro lleno de números que yo no entiendo. Así que Griffin, su hijo de 13 años, me lo explica: "Están apostando a que la bolsa va a caer, y están ganando plata con eso. Pero subió rápido, así que perdieron una cantidad ridícula de plata". "Son unos tarados que quieren que nos muramos", elabora Musk. "Están constantemente tratando de inventar rumores falsos y amplificar todos los rumores negativos. Para ellos es un gran incentivo mentir y atacar mi integridad. Es horrible. Es..." Se va apagando, como le pasa muchas veces que le preocupa un pensamiento. Intento ayudarlo: "¿Poco ético?". "Es..." Sacude la cabeza y busca con esfuerzo la palabra adecuada, después dice suavemente: "Hiriente". Es fácil confundir a alguien con lo que hace, y así convertirlo en una caricatura que se ajuste a una visión simplista del mundo. Nuestra cultura siempre necesita de héroes y villanos, genios y tontos, modelos de vida y chivos expiatorios. Pero más allá de quienes piensan lo contrario, Elon Musk no es un robot que llegó desde el futuro para salvar a la humanidad. Ni es un sabelotodo de Silicon Valley cuyo afecto emocional fue reemplazado por una inteligencia de computadoras. En el transcurso de nueve meses de seguirlo, de ver a Musk hacer cualquier cosa, desde armar las estrategias para aterrizajes en Marte con su equipo de ingenieros de cohete hasta planificar las próximas revelaciones con sus expertos en inteligencia artificial, aprendí que él es alguien que está muy lejos de lo que sugieren su mito y su reputación. El New York Times dijo que él era "probablemente el empresario más exitoso e importante del mundo". Es algo fácil de sostener: probablemente sea la única persona que lanzó cuatro compañías valuadas en miles de millones de dólares (PayPal, Tesla, SpaceX y Solar City). Pero, en su corazón, Musk no es un hombre de negocios ni un empresario. Es un ingeniero, un inventor y, como dice él, "un tecnologista". Y como el ingeniero naturalmente talentoso que es, tiene la capacidad de encontrar las ineficiencias y errores de diseño de las herramientas que alimentan nuestra civilización. "Puede ver las cosas con una claridad que nadie que yo conozca puede entender", dice su hermano, Kimbal. Se refiere al amor de su hermano por el ajedrez en sus primeros años, y agrega: "En el ajedrez, si sos un maestro, podés pensar 12 jugadas antes. Y en cualquier situación en particular, Elon puede ver cosas con 12 jugadas de anticipación". "Me dijeron que esto era imposible", dice Musk sobre Tesla. "Pero tengo un auto. Podés manejarlo. No es un maldito unicornio." Al poco tiempo, los hijos se van a la casa de su madre, la ex mujer de Musk, Justine. "Me gustaría ser privados con Tesla", murmura Musk mientras se están yendo. "De hecho, ser una compañía pública nos hace menos eficientes." Y lo que viene después es simplemente... silencio. Musk está sentado frente a su escritorio, mirando su teléfono, pero no tipea ni lee nada. Después se acuesta en el piso y estira la espalda en un cilindro de goma. Cuando termina, intento empezar la entrevista preguntándole por el Tesla Model 3 que lanzó una semana atrás, y cómo se sintió estar en un escenario y decirle al mundo que acababa de cumplir con un plan que llevaba 14 años de construcción: impulsar, a partir de autos eléctricos de lujo, un auto eléctrico para el mercado masivo. El logro, para Musk, no es sólo hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares; es hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares que sea tan bueno, y tan requerido, que obligará a otros productores de autos a eliminar de a poco los autos a nafta para competir. Y, como era de esperar, a los dos meses del lanzamiento, tanto GM como Jaguar Land Rover anunciaron que estaban planeando eliminar los autos a nafta y pasarse por completo a los eléctricos. Musk piensa por un momento, empieza a contestar, y después hace una pausa. "Eh, de hecho, dejame ir al baño. Después te voy a pedir que repitas esa pregunta." Una pausa más larga. "También tengo que sacarme otras cosas de la cabeza." Cinco minutos después, Musk todavía no volvió. Sam Teller, el jefe de su staff, dice: "Vuelvo enseguida". Varios minutos después, reaparecen ambos y se reúnen cerca, diciéndose cosas al oído. Después Musk vuelve a su escritorio. "Podemos reprogramarla para otro día si es un mal momento", ofrezco. Musk golpea la superficie del escritorio con las manos, se recompone, y declina. "Quizás necesito un tiempo para entrar en el ritmo de las cosas." Después larga un suspiro y abandona su intento de mantener la compostura. "Acabo de romper con mi novia", dice titubeando. "Estaba muy enamorado, y me dolió mucho." Hace una pausa y se corrige: "Bueno, en realidad creo que ella rompió conmigo más que yo con ella". Después, la respuesta a la pregunta anterior: lanzar el Model 3 se sintió inesperada, lamentable e incontrolablemente horrible. "Tuve un dolor emocional grave durante las últimas semanas", elabora Musk. "Grave. Tuve que usar absolutamente toda mi fuerza de voluntad para hacer el evento del Model 3 y no parecer el tipo más deprimido del mundo. Durante todo ese día, yo estaba en un estado mórbido. Y después tuve que levantar: tomarme un par de Red Bulls, ver gente positiva y después decirme a mí mismo: 'Tengo toda esta gente que depende de mí. Vamos, ¡hacelo!'." Minutos antes del evento, después de meditar, quizás por primera vez en su vida para poder concentrarse, Musk eligió una canción bastante reveladora para salir al escenario: "R U Mine?", de los Arctic Monkeys. link: https://www.youtube.com/watch?v=Pa8dmgQD7Q4 ROLLINGSTONETECNOLOGÍA Elon Musk: el arquitecto del mañana Cómo es la vida del hombre que tiene una ambición transformadora y un corazón solitario POR NEIL STRAUSSMiércoles 10 de enero de 2018 Musk en Space X en Hawrhorne, California. Foto: Mark Seliger Un viernes a media tarde en las oficinas centrales de SpaceX en Hawthorne, California, Elon Musk está rodeado por tres de sus hijos: uno de sus trillizos, y sus dos mellizos. Musk tiene puesta una remera gris y está sentado en una silla giratoria frente a su escritorio, que no está en una oficina privada detrás de una puerta cerrada, sino en un cubículo accesible en una esquina adornado con rarezas del espacio exterior, fotos de sus cohetes, y recuerdos de Tesla y sus otras compañías. Más elocuente es un póster enmarcado de una estrella fugaz con una frase que dice: "Cuando le pedís un deseo a una estrella fugaz, tus sueños se hacen realidad. Excepto cuando es un meteorito dirigido a la Tierra que va a destruir toda la vida. Entonces estás perdido, sin importar lo que hayas pedido. Salvo que eso sea morir por un meteorito". Para la mayoría de la gente, esto sería sencillamente humor negro, pero en este ambiente, también es un recordatorio del plan maestro de Musk: crear hábitats para la humanidad en otros planetas y lunas. Si no mandamos a nuestra civilización a otra Edad Media antes de que Musk o algún heredero de su sueño lo realice, entonces Musk será recordado como una de las figuras más influyentes del milenio. Los niños de todos los planetas terraformados van a esperar que sea el Día de Musk, en el que tendrán el día libre para conmemorar el nacimiento del terrícola que inauguró la era de la colonización espacial. Y ésa es sólo una de las ambiciones de Musk. Otras incluyen hacer que autos, casas y toda la industria imaginable que hoy usa combustibles fósiles pasen a usar energía sustentable; implementar una nueva forma de transporte entre ciudades a alta velocidad a través de tubos de vacío; aliviar el tránsito con un panal de túneles subterráneos con pistas eléctricas para autos y otros transportes; crear una interfaz entre mente y computadora que pueda mejorar la salud y el cerebro de los humanos; y salvar a la humanidad de la amenaza futura de una inteligencia artificial que quizás un día se vuelva loca y decida, de manera bastante racional, eliminar a la irracional especie humana. Hasta ahora, Musk, 46 años, no logró ninguno de estos objetivos. Musk con el Tesla Model 3 en julio de 2017. Foto: AP/ Andrej Sokolow/Picture Alliance/DPA Pero lo que sí hizo es algo que poca gente viva puede decir que ha hecho: se abrió paso, sin ninguna experiencia de ningún tipo, y muy laboriosamente, en dos campos con barreras ridículamente altas -la fabricación de autos (Tesla) y de cohetes espaciales (SpaceX)- y creó los mejores productos de esas industrias, tal como lo indica cualquier medición significativa en la que puedas pensar. En el proceso, logró venderle al mundo su capacidad para lograr objetivos tan ambiciosos que, en boca de cualquier otra persona, serían considerados meras fantasías. Al menos, a la mayor parte del mundo. "Estoy siguiendo las pérdidas cortas", dice Musk, absorto mirando el canal de información bursátil CNBC en su iPhone. Les habla a sus hijos sin levantar la vista de la pantalla. "Chicos, miren esto: Tesla tiene la posición corta más alta en toda la bolsa. Una posición corta de 9.000 millones de dólares." Sus hijos se inclinan sobre el teléfono, y miran un cuadro lleno de números que yo no entiendo. Así que Griffin, su hijo de 13 años, me lo explica: "Están apostando a que la bolsa va a caer, y están ganando plata con eso. Pero subió rápido, así que perdieron una cantidad ridícula de plata". "Son unos tarados que quieren que nos muramos", elabora Musk. "Están constantemente tratando de inventar rumores falsos y amplificar todos los rumores negativos. Para ellos es un gran incentivo mentir y atacar mi integridad. Es horrible. Es..." Se va apagando, como le pasa muchas veces que le preocupa un pensamiento. Intento ayudarlo: "¿Poco ético?". "Es..." Sacude la cabeza y busca con esfuerzo la palabra adecuada, después dice suavemente: "Hiriente". Es fácil confundir a alguien con lo que hace, y así convertirlo en una caricatura que se ajuste a una visión simplista del mundo. Nuestra cultura siempre necesita de héroes y villanos, genios y tontos, modelos de vida y chivos expiatorios. Pero más allá de quienes piensan lo contrario, Elon Musk no es un robot que llegó desde el futuro para salvar a la humanidad. Ni es un sabelotodo de Silicon Valley cuyo afecto emocional fue reemplazado por una inteligencia de computadoras. En el transcurso de nueve meses de seguirlo, de ver a Musk hacer cualquier cosa, desde armar las estrategias para aterrizajes en Marte con su equipo de ingenieros de cohete hasta planificar las próximas revelaciones con sus expertos en inteligencia artificial, aprendí que él es alguien que está muy lejos de lo que sugieren su mito y su reputación. El New York Times dijo que él era "probablemente el empresario más exitoso e importante del mundo". Es algo fácil de sostener: probablemente sea la única persona que lanzó cuatro compañías valuadas en miles de millones de dólares (PayPal, Tesla, SpaceX y Solar City). Pero, en su corazón, Musk no es un hombre de negocios ni un empresario. Es un ingeniero, un inventor y, como dice él, "un tecnologista". Y como el ingeniero naturalmente talentoso que es, tiene la capacidad de encontrar las ineficiencias y errores de diseño de las herramientas que alimentan nuestra civilización. "Puede ver las cosas con una claridad que nadie que yo conozca puede entender", dice su hermano, Kimbal. Se refiere al amor de su hermano por el ajedrez en sus primeros años, y agrega: "En el ajedrez, si sos un maestro, podés pensar 12 jugadas antes. Y en cualquier situación en particular, Elon puede ver cosas con 12 jugadas de anticipación". *** "Me dijeron que esto era imposible", dice Musk sobre Tesla. "Pero tengo un auto. Podés manejarlo. No es un maldito unicornio." Al poco tiempo, los hijos se van a la casa de su madre, la ex mujer de Musk, Justine. "Me gustaría ser privados con Tesla", murmura Musk mientras se están yendo. "De hecho, ser una compañía pública nos hace menos eficientes." Y lo que viene después es simplemente... silencio. Musk está sentado frente a su escritorio, mirando su teléfono, pero no tipea ni lee nada. Después se acuesta en el piso y estira la espalda en un cilindro de goma. Cuando termina, intento empezar la entrevista preguntándole por el Tesla Model 3 que lanzó una semana atrás, y cómo se sintió estar en un escenario y decirle al mundo que acababa de cumplir con un plan que llevaba 14 años de construcción: impulsar, a partir de autos eléctricos de lujo, un auto eléctrico para el mercado masivo. El logro, para Musk, no es sólo hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares; es hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares que sea tan bueno, y tan requerido, que obligará a otros productores de autos a eliminar de a poco los autos a nafta para competir. Y, como era de esperar, a los dos meses del lanzamiento, tanto GM como Jaguar Land Rover anunciaron que estaban planeando eliminar los autos a nafta y pasarse por completo a los eléctricos. Musk piensa por un momento, empieza a contestar, y después hace una pausa. "Eh, de hecho, dejame ir al baño. Después te voy a pedir que repitas esa pregunta." Una pausa más larga. "También tengo que sacarme otras cosas de la cabeza." Cinco minutos después, Musk todavía no volvió. Sam Teller, el jefe de su staff, dice: "Vuelvo enseguida". Varios minutos después, reaparecen ambos y se reúnen cerca, diciéndose cosas al oído. Después Musk vuelve a su escritorio. "Podemos reprogramarla para otro día si es un mal momento", ofrezco. Musk golpea la superficie del escritorio con las manos, se recompone, y declina. "Quizás necesito un tiempo para entrar en el ritmo de las cosas." Después larga un suspiro y abandona su intento de mantener la compostura. "Acabo de romper con mi novia", dice titubeando. "Estaba muy enamorado, y me dolió mucho." Hace una pausa y se corrige: "Bueno, en realidad creo que ella rompió conmigo más que yo con ella". Después, la respuesta a la pregunta anterior: lanzar el Model 3 se sintió inesperada, lamentable e incontrolablemente horrible. "Tuve un dolor emocional grave durante las últimas semanas", elabora Musk. "Grave. Tuve que usar absolutamente toda mi fuerza de voluntad para hacer el evento del Model 3 y no parecer el tipo más deprimido del mundo. Durante todo ese día, yo estaba en un estado mórbido. Y después tuve que levantar: tomarme un par de Red Bulls, ver gente positiva y después decirme a mí mismo: 'Tengo toda esta gente que depende de mí. Vamos, ¡hacelo!'." Minutos antes del evento, después de meditar, quizás por primera vez en su vida para poder concentrarse, Musk eligió una canción bastante reveladora para salir al escenario: "R U Mine?", de los Arctic Monkeys. Musk conversa sobre la separación unos minutos más, y después pregunta, honestamente, con cara de póker: "¿Hay alguien con quien creas que debería salir? Para mí es muy difícil conocer gente". Traga saliva y aclara, tartamudeando suavemente: "Estoy buscando una relación larga. No quiero algo de una sola noche. Estoy buscando una compañera seria o un alma gemela, algo así". En un momento le digo que quizás no sea buena idea meterse directamente en otra relación. Quizás le conviene tomarse un tiempo para ver por qué no funcionaron sus relaciones anteriores en el largo plazo: su matrimonio con Justine Musk, su matrimonio con la actriz Talulah Riley, y su reciente noviazgo con la actriz Amber Heard. Musk sacude la cabeza y hace una mueca: "Si no estoy enamorado, si no estoy con una compañera por mucho tiempo, no puedo estar feliz". Le explico que necesitar a alguien tanto que te sentís que no sos nada sin esa persona es una codependencia de manual. Musk no está de acuerdo. Fuertemente. "No es verdad", responde de manera petulante. "Nunca voy a ser feliz si no estoy con alguien. Irme a dormir solo me mata." Duda, sacude la cabeza, titubea, y sigue. "No es que no sepa lo que se siente: estar en una casa grande vacía, caminando por pasillos y escuchando sólo el eco de tus pasos, no tenés a nadie. Nadie en la almohada junto a vos. Mierda. ¿Cómo podés ser feliz en una situación así?" Hay verdad en lo que dice Musk. La cima puede ser un lugar solitario. Pero no para todo el mundo. Están solos en la cima los que estaban solos también abajo. "Cuando era chico, había algo que yo decía", sigue Musk. Sus gestos son duros, pero en el brillo de sus ojos y en el temblor de sus labios, hay una marea de emociones que es visible y que empuja para romper con los muros contenedores. "'Nunca quiero estar solo'. Eso es lo que yo me decía." Su voz cae hasta un suspiro. "Y no quiero estar solo." Se le forma un anillo rojo alrededor de los ojos, mientras mira hacia adelante y está sentado, congelado, en silencio. Musk es un titán, un visionario, una palanca humana que rompe enormes certezas históricas -el tipo de persona que aparece sólo un par de veces por siglo- pero, en este momento, parece un chico con miedo de que lo abandonen. Y quizás ésa la historia del origen de las super-ambiciones de Musk, pero ya hablaremos de eso. Mientras, Musk tiene algo para mostrarme. "Si dijeras algo de lo que estás a punto de ver, nos costaría miles de millones de dólares", dice, y se levanta del escritorio. "Y terminarías en la cárcel." La atracción turística mas interesante en el condado de Los Angeles es una que no está en muchas guías: es el área que rodea SpaceX, en la no muy visitada ciudad de Hawthorne, en el sudoeste. Si caminás por Crenshaw Boulevard desde Jack Northrop Boulevard hasta la 120th Street, lo que vas a ver es una ciudad del futuro en construcción. Esto es Ciudad Musk, una realidad alternativa, un triunfo de la imaginación futurista más emocionante que cualquier parque de Disney. En el lado oeste de la calle hay un cohete de casi 50 metros que simboliza el sueño de Musk de los viajes interplanetarios de costo relativamente bajo. Este cohete en particular fue el primero en la historia humana en ser lanzado al espacio, y luego haber regresado intacto a la Tierra después de la separación, y luego haber sido disparado una vez más al espacio. En el lado este de la calle hay un estacionamiento para empleados que fue cavado y transformado en el primer túnel de la Boring Company, la solución subterránea de Musk para los embotellamientos, y el hogar futuro de todos sus proyectos de transporte terrestre. Después, a lo largo de un kilómetro y medio detrás de Jack Northrop Boulevard, hay un tubo blanco de vacío en la banquina. Es la pista piloto para el Hyperloop, el medio de transporte de alta velocidad entre ciudades de Musk. Considerados todos juntos, los sueños de Ciudad Musk prometen conectar el planeta y el sistema solar de maneras que fundamentalmente van a cambiar la relación de la humanidad con dos de los aspectos más importantes de su realidad: la distancia y el tiempo. Pero hay un edificio en particular en Ciudad Musk que muy pocos han visitado, y ahí es donde me lleva Musk. Es el Tesla Design Studio, donde hoy tiene que hacer una revisión del Tesla Truck y otros prototipos de vehículos del futuro junto a su equipo de diseñadores e ingenieros. En la puerta hay un guardia que confisca mi teléfono y mi grabadora, y me dan lapicera y papel para tomar notas a la vieja usanza. Musk después entra al edificio y revela el Tesla Truck, el invento que apunta a ayudar a que la industria de camiones sea más ecológica. (Musk incluso estuvo jugando con la idea de crear un jet eléctrico supersónico, con despegue y aterrizaje verticales, en el futuro.) Cuatro miembros clave del equipo Tesla están aquí -Doug Field, JB Straubel, Franz von Holzhausen, Jerome Guillen- y observan expectantes mientras Musk explora por primera vez una nueva configuración de la cabina en la que vienen trabajando. Guillen me explica la idea detrás del camión: "Pensamos: '¿Qué es lo que quiere la gente? Quieren algo confiable. Quieren el costo más bajo. Y quieren que el conductor esté cómodo'. Entonces reimaginamos el camión". Este es un ejemplo perfecto de la idea que visionarios que quieren copiar a Musk en todo el mundo siguen como una religión: el método de pensamiento de los principios básicos. En otras palabras, si querés crear o innovar, empezá con un pizarrón en blanco. No aceptes ninguna idea, práctica ni criterio solamente porque todos los demás los estén siguiendo. Por ejemplo, si querés hacer un camión, entonces tiene que ser capaz de mover cargas de manera confiable de un lugar a otro, y tenés que seguir las leyes existencias de la física. Todo lo demás es negociable, incluyendo regulaciones gubernamentales. Siempre y cuando recuerdes que la meta no es reinventar el camión, sino crear el mejor, independientemente de que sea similar a los camiones del pasado o no. Como resultado de este tipo de pensamiento, Musk es capaz de ver una industria de manera mucho más objetiva que otros que han estado en ese campo durante la mayor parte de sus vidas. "Me dijeron, literalmente, que esto era imposible y que yo era un enorme mentiroso", dice Musk acerca de los primeros días de Tesla. "Pero tengo un auto y podés manejarlo. No es un maldito unicornio. Es real. Andá a dar una vuelta. Es fantástico. ¿Cómo podés seguir negándolo?" Un hecho desafortunado de la naturaleza humana es que cuando la gente forma su idea respecto de algo, tiende a no cambiarla, incluso cuando se le presentan hechos que la contradicen. "Es muy poco científico", dice Musk. "Existe esta cosita llamada física, que es el método científico que es bastante efectivo para descubrir la verdad." "El método científico" es una frase que Musk usa mucho cuando se le pregunta cómo se le ocurrió una idea, resolvió un problema o decidió empezar un negocio. Así es como lo define para sí mismo, más o menos según sus propias palabras: 1. Hacete una pregunta. 2. Reuní la mayor evidencia posible sobre ella. 3. Desarrollá axiomas basados en la evidencia, y tratá de asignarle una probabilidad de verdad a cada uno. 4. Sacá una conclusión basada en la contundencia para determinar: ¿Son correctos estos axiomas? ¿Son relevantes? ¿Conducen necesariamente a esta conclusión? ¿Con qué probabilidad? 5. Intentá refutar la conclusión. Buscá refutaciones de otros para intentar destruir tu conclusión. 6. Si nadie puede invalidar tu conclusión, entonces probablemente tenés razón, pero no estás seguro de tenerla. "Ese es el metodo cientifico", concluye Musk. "Es muy útil para resolver las cosas complicadas." Pero la mayoría de la gente no lo usa, dice. Se concentran en el pensamiento mágico. Ignoran contraargumentos. Forman conclusiones en base a lo que otros están haciendo y no haciendo. Como resultado, el razonamiento que les queda es: "Es verdad porque yo dije que es verdad", pero no porque sea objetivamente verdad. "La intención fundamental de Tesla, al menos mi motivación", explica con su tartamudeo, "era acelerar la llegada de la energía sustentable. Por eso abrí los códigos de las patentes. Es la única manera de hacer una transición hacia la energía sustentable". "El cambio climático es la amenaza más grande que enfrenta la humanidad este siglo, después de la Inteligencia Artificial", continúa. "Yo no paro de decírselo a la gente. Odio ser Casandra, pero es todo diversión y risas hasta que algún día alguien pierde un fucking ojo. Esta idea [del cambio climático] es compartida por todo el mundo que no está loco en la comunidad científica." Durante los siguientes 20 minutos, Musk examina el Tesla Truck. Primero comenta los detalles técnicos, incluso algunos tan pequeños como las ventajas y desventajas de diferentes tipos de soldaduras. Después pasa al diseño, específicamente algo acerca del confort para el conductor de lo que no puedo dar detalles específicos acá, debido a la mencionada amenaza de ir a la cárcel. "Probablemente nadie lo vaya a comprar por esta razón", le dice a su equipo. "Pero si vas a hacer un producto, tenés que hacerlo lindo. Incluso si no impacta en las ventas, yo quiero que sea lindo." "No tengo todas las putas respuestas", dice irritado. "Trato de ver el curso de acción que pueda resultar en un futuro mejor." Según los cálculos de Musk, nuestras personalidades probablemente estén formadas en un 80 por ciento por naturaleza y 20 por ciento por educación. No importa cuál sea esa proporción realmente, pero si querés entender el futuro que está construyendo Musk, es fundamental entender el pasado que lo construyó a él, incluyendo sus miedos a la extinción humana y a estar solo. Durante más o menos los primeros ocho años de su vida, Musk vivió con su madre, Maye, que era modelo y nutricionista, y su padre, Errol, un ingeniero, en Pretoria, Sudáfrica. Rara vez veía a alguno de los dos. "No tuve una niñera o algo así", recuerda Musk. "Sólo tenía una empleada de limpieza que estaba ahí para asegurarse de que yo no rompiera nada. No es que estaba cuidándome. Yo estaba afuera haciendo explosivos y leyendo libros o construyendo cohetes y haciendo cosas que podrían haberme matado. Me sorprende tener todos los dedos." Levanta las manos y los examina, después baja los dedos. "Fui criado por los libros. Los libros, y después mis padres." Algunos de estos libros ayudan a explicar el mundo que está construyendo Musk, particularmente la serie de la Fundación, de Isaac Asimov. Los libros se centran en el trabajo de un visionario llamado Hari Seldon, que inventó un método científico para predecir el futuro basándose en el comportamiento de la masa. Vislumbra que a la humanidad le espera una era de años oscuros, una Edad Media de 30.000 años, y crea un plan que incluye enviar colonias científicas a planetas lejanos para ayudar a que la civilización mitigue este cataclismo inevitable. "Asimov fue ciertamente influyente porque estaba haciendo un paralelismo serio con Decadencia y caída del Imperio Romano, de Gibbon, pero aplicó eso a un imperio galáctico moderno", explica Musk. "La lección que aprendí es que tenés que tratar de llevar a cabo la serie de acciones que probablemente prolonguen la civilización, y minimicen la probabilidad de una edad media o reduzcan su duración si hubiera una." En esa época Musk tenía alrededor de 10 años, y atravesaba su propia época de oscuridad. Hacía poco había hecho una jugada que cambiaría por completo su vida. Fue una decisión equivocada que surgió de una idea correcta. Cuando sus padres se separaron, dos años antes, él y sus hermanos menores -Kimbal y Tosca- se quedaron con su mamá. Pero, recuerda Musk, "yo me sentía mal por mi padre, porque mi madre tenía a los tres chicos. Parecía triste y solo por su cuenta. Así que pensé: 'Yo puedo acompañarlo'". Hace una pausa, mientras una cantidad de imágenes que podrían llenar una película parecen titilar en su mente. "Sí, estaba triste por mi padre. Pero en el momento no entendí verdaderamente qué clase de persona era." Deja salir un suspiro largo y triste; después dice, lisa y llanamente, acerca de mudarse con su padre: "No fue una buena idea". Según Elon, Errol tiene un coeficiente intelectual extremadamente alto -"es brillante como ingeniero, brillante"- y supuestamente fue la persona más joven en recibirse de ingeniero en Sudáfrica. Cuando Elon fue a vivir con él en Lone Hill, un suburbio de Johanesburgo, Errol estaba, según su propio relato, haciendo dinero en los mundos, muchas veces peligrosos, de la construcción y la minería de esmeraldas, por momentos tanto que dice que no podía cerrar su alcancía. "Soy naturalmente bueno para la ingeniería, y eso es porque lo heredé de mi padre", dice Musk. "Lo que es difícil para otros, es fácil para mí. Durante un tiempo, pensaba que las cosas eran tan obvias que todo el mundo debía saberlas." ¿Como qué cosas? "Bueno, por ejemplo, cómo funciona el cableado en una casa. Y un disyuntor, y la corriente alterna y la corriente directa, el amperaje y el voltaje, cómo mezclar un combustible y un oxidante para crear un explosivo. Pensé que todo el mundo lo sabía." Pero hubo otro aspecto del padre de Musk que fue igual de importante para hacer que Elon fuera quien es. "Era un ser humano horrible", comparte Musk. "No te das una idea." Le tiembla la voz, y habla de algunas de estas cosas, pero no da detalles específicos. "Mi papá tenía un plan detallado para el mal", dice. "El planificaba el mal." Más allá del abuso emocional, ¿había abuso físico? "Mi papá no era físicamente violento conmigo. Sólo fue físicamente violento cuando yo era muy chico." (Errol me negó esto por e-mail y dijo que sólo le "pegó" a Elon una vez, "en la cola".) Los ojos de Elon se ponen rojos mientras sigue hablando de su papá. "No te das una idea de lo malo que era. Cometió casi todos los crímenes que te puedas imaginar. Casi todas las cosas malas que te puedas imaginar, él las hizo. Eh..." Claramente, hay algo que Musk quiere compartir, pero no logra pronunciar las palabras, al menos no en la entrevista. "Es tan terrible que no lo podés creer." Le caen lágrimas silenciosas por la cara. "No me acuerdo de la última vez que lloré." Después se gira hacia Teller para confirmarlo. "Nunca me viste llorar." "No", dice Teller. "Nunca te vi llorar." El flujo de lágrimas se detiene tan rápido como empezó. Y una vez más, Musk tiene la cara gentil, fría e impasible que es más conocida para el mundo exterior. Pero ahora está claro que no se trata de la cara de alguien que carezca de emociones, sino la cara de alguien con muchas emociones que fue forzado a reprimirlas para sobrevivir a una infancia dolorosa. Ante la pregunta acerca de si cometió crímenes, el padre de Musk dijo que nunca amenazó ni lastimó a nadie intencionalmente, ni que lo acusaron de nada, excepto... un caso en el que dice que les disparó y mató a tres de cinco o seis personas armadas que entraron en su casa, y que luego lo absolvieron por considerarlo defensa propia. En su email, Errol escribió: "Se me acusó de ser un gay, un misógino, un pedófilo, un traidor, una rata, una mierda (muchas veces), un bastardo (muchas mujeres a quienes no les devolví la atención) y mucho más. Mi (maravillosa) madre me dijo que soy 'despiadado' y que debería aprender a ser más 'humano'". Pero, concluyó: "Amo a mis hijos y haría cualquier cosa por ellos". Como adulto, Musk, con el mismo optimismo con el que se mudó con su padre cuando era chico, mudó a su papá, a su esposa de entonces y a sus hijos a Malibú. Pero su padre, dice Elon, no había cambiado, y Elon cortó la relación. "En mi experiencia, no hay nada que puedas hacer", dice acerca de finalmente haber aprendido la lección de que su papá nunca va a cambiar. "Nada, nada. Ojalá. Intenté todo. Traté con amenazas, con premios, con discusiones intelectuales, todo, para tratar de que mi padre mejorara, y él... al contrario, se puso peor." En algún lugar de este vínculo traumático está la clave de la visión del mundo de Musk: creación versus destrucción, ser útil versus ser dañino, defender el mundo contra el mal. Las cosas en la escuela no eran mucho mejor que en casa. Ahí, Musk fue brutalmente abusado hasta los 15 años. "Durante mucho tiempo, yo era el más joven y el más pequeño de la clase, porque mi cumpleaños cae casi en el último día en el que te aceptan en la escuela, el 28 de junio. Y yo me desarrollé tarde. Así que fui el más joven y el más chico de la clase durante años y años. Las pandillas de la escuela me agarraban y me tiraban al piso." Musk guardó los libros y empezó a aprender a defenderse con karate, judo, lucha. Esa educación física, combinada con un estirón que lo llevó a medir un 1,83 a los 16 años, le dio algo de confianza y, según él dice: "Empecé a golpear tan fuerte como me golpeaban a mí". Cuando se peleó con el matón más grande de la escuela y lo bajó de una piña, Musk notó que nunca más lo volvió a molestar. "Me enseñó una lección: si estás peleando con un matón, no podés apaciguarlo." Musk dice las siguientes palabras con convicción: "Le tenés que pegar en la nariz. Los matones buscan personas que no van a defenderse. Si te convertís en una víctima difícil, y le pegás en la nariz, quizás va a tratar de cagarte a trompadas, pero después nunca más te va a pegar." Cuando tenía 17, Musk dejó la universidad y se mudó al país de nacimiento de su madre, Canadá, donde después consiguió pasaportes para su mamá, su hermano y su hermana para que se le sumaran ahí. Su padre no le deseó lo mejor, recuerda Musk. "Dijo, con ánimo peleador, que seguro volvía a los tres meses, que nunca lo iba a lograr, que nunca iba a hacer nada con mi vida. Todo el tiempo me decía que era un idiota. Y eso, dicho sea de paso, es sólo la punta del iceberg." "Mi papá era un ser horrible. Tenía un plan detallado para el mal. Casi todas las cosas malas que te puedas imaginar, él las hizo." Luego de que Musk se hizo exitoso, su padre incluso se adjudicó haberlo ayudado, a tal punto que aparece como un hecho en la entrada de Wikipedia de Elon. "Una cosa que dice es que nos dio un montón de dinero para empezar, a mi hermano y a mí, para que empezáramos nuestra primera compañía [Zip2, que les vendía guías de ciudades online a los diarios]. Eso no es verdad", dice Musk. "El fue irrelevante. No pagó nada de nuestra universidad. Mi hermano y yo pagamos la universidad con becas, préstamos y teniendo dos trabajos al mismo tiempo. Los fondos para nuestra primera compañía salieron de un pequeño grupo de inversores de Silicon Valley." La historia de la carrera de Musk decora su escritorio. Hay un ítem de casi todas sus compañías, incluso una taza de X.com, el banco online que lanzó y que se transformó en PayPal. La venta de Zip2 resultó en un cheque de 22 millones de dólares que usó, en parte, para empezar X.com. Con los aproximadamente 180 millones de dólares, después de impuestos, que hizo con la venta de PayPal, empezó SpaceX con 100 millones de dólares, puso 70 millones en Tesla, invirtió 10 millones en Solar City, y ahorró un poco para él. Uno de los malentendidos que más irritan a Musk es que lo encasillen y lo limiten, ya sea como un Tony Stark de la vida real o como el segundo advenimiento de Steve Jobs. Cuando, en una sesión de fotos, le pidieron que se pusiera una polera negra, la prenda emblemática de Jobs, se erizó. "Si me estuviera muriendo, y llevara puesta una polera", me dice, "con mi último aliento, me sacaría la polera y trataría de tirarla lo más lejos posible de mi cuerpo". ¿Entonces, cuál es la ideología de Musk? "Yo trato de hacer cosas útiles", explica. "Esa es una linda aspiración. Y útil significa que sea de valor para el resto de la sociedad. ¿Son cosas útiles, que funcionan y hacen que la vida de la gente sea mejor, que hacen que el futuro parezca mejor, y que de hecho sea mejor también? Creo que debemos intentar que el futuro sea mejor." Ante el pedido de que defina "mejor", Musk elabora: "Sería mejor si mitigáramos los efectos del calentamiento global y tuviéramos aire limpio en las ciudades y no estuviéramos usando enormes cantidades de carbón, petróleo y gas en partes del mundo que son problemáticas, y donde igualmente se va a acabar". "Y si fuéramos una especie interplanetaria, eso reduciría la posibilidad de que un evento, natural o humano, borrara la civilización tal como la conocemos, como hizo con los dinosaurios. Hubo cinco eventos de extinción masiva en el registro fósil. La gente no tiene comprensión de estas cosas. Excepto que seas una cucaracha o un hongo -o una esponja-, estás jodido." Se ríe. "Es un seguro de vida tal como la conocemos, y hace que el futuro sea más inspirador si estamos ahí entre las estrellas y podés mudarte a otro planeta si querés." Esta, entonces, es la ideología de Musk. Y aunque es básica, es bastante única. Pensá en los otros nombres que uno asocia con la innovación en este siglo: son gente que construyó sistemas operativos, dispositivos, sitios web o plataformas de redes sociales. Incluso si no empezó así, la ideología en la mayoría de los casos se transformó al poco tiempo en: ¿cómo puedo hacer que mi compañía sea el centro del mundo de mis usuarios? Así, redes sociales como Facebook y Twitter usan una cantidad de trucos para activar los centros adictivos de los cerebros de los usuarios. Si los empleados de Musk sugirieran hacer algo así, probablemente los miraría y les diría que están locos. Este tipo de pensamiento no corre. "Es realmente inconsistente no ser como querés que sea el mundo", dice llanamente, "y después, a través de un par de trucos, operar según un código moral mientras el resto del mundo opera según otro. Esto, obviamente, no es algo que vaya a funcionar. Si todo el mundo está tratando de engañar con trucos a todo el mundo todo el tiempo, será todo sólo ruido y confusión. Es mejor ser directo y tratar de hacer cosas útiles". Habla acerca de construir una base permanente en la Luna, y de seguir financiando SpaceX creando cohetes para pasajeros capaces de viajar a cualquier ciudad del mundo en menos de una hora, una forma de transporte que él llama "Tierra-a-Tierra". Le pregunto si hay algo que él crea que funciona y que sorprenda a la gente. "Creo que ser preciso con la verdad funciona. Verdadero y preciso. Yo trato de decirle a la gente: 'Conmigo no tenés que leer entre líneas. ¡Yo te estoy diciendo esas líneas!'." En otra ocasión, veo a Musk en una reunión del equipo de ingenieros de SpaceX, donde ocho expertos están sentados alrededor de una mesa con sillas rojas con respaldos altos, y le muestran a Musk un PowerPoint con las últimas actualizaciones del diseño de la nave espacial para ir a Marte. Y mientras Musk sigue los detalles técnicos con algunas de las mentes más brillantes del espacio aéreo, también añade un elemento que va más allá de la logística y la ingeniería. "Asegúrense de que no sea feo ni nada por el estilo", aconseja en un momento. Después: "La estética de ésta no está muy buena. Parece un lagarto asustado". Y, en un momento típicamente irónico: "Cuando aterrices en Marte, vas a querer que la lista de cosas de las que tenés que preocuparte sea lo suficientemente chica como para que no te mueras". En general, hay un tema que recorre las devoluciones de Musk: primero, las cosas tienen que ser útiles, lógicas y científicamente posibles. Después, él quiere mejorar la eficiencia en todos los niveles: ¿Qué es lo que la gente está aceptando como un estándar de la industria, cuando hay lugar para una mejora significativa? Desde ahí, Musk se esfuerza para que el producto final sea estéticamente bello, simple, cool, audaz ("Odia las costuras", confiesa un empleado) y, según dice Musk en un momento en la reunión, "maravilloso". A lo largo del proceso, hay un elemento adicional que pocas compañías se permiten: personalización. Habitualmente, esto incluye que Musk les agregue huevos de Pascua y referencias personales a los productos, como hacer que el volumen del sistema de sonido del Tesla llegue a 11 (en homenaje a Spinal Tap) o enviar una "carga secreta" al espacio en el primer lanzamiento de su Dragon que resultó ser un pedazo de queso (en homenaje a Monty Python). Más allá de todo esto, lo más enloquecedor o emocionante para los empleados de Musk, según a quién le preguntes, es la escala de tiempo en la que muchas veces él espera que se haga el trabajo. Por ejemplo, un viernes, cuando yo estaba de visita, un par de miembros del staff de SpaceX estaban yendo de un lado a otro frenéticamente, de la oficina al estacionamiento de enfrente. Resulta que durante una reunión, él les preguntó cuánto tardarían en sacar los autos de los empleados del estacionamiento y empezar a cavar el primer agujero para el túnel de la Boring Company. La respuesta: dos semanas. Musk preguntó por qué, y cuando reunió la información necesaria, concluyó: "Empecemos hoy y veamos cuán grande es el agujero que podemos construir de acá al domingo a la tarde, 24 horas por día". A las tres horas, los autos no estaban y había un agujero en el suelo. Por otro lado, una cosa por la que Musk es famoso es por ponerse fechas límite ambiciosas con las que luego no puede cumplir. El Roadster, el Model S y el Model X fueron retrasados de su fecha original, y ahora el Model 3 -con su lista de espera de casi medio millón de personas- está sufriendo de sus propias demoras de producción. Hay muchas razones para esto, pero Musk resume: "Es mejor hacer algo bueno y tarde que malo y temprano". Así que podés esperar que Musk lo haga, pero quizás no a tiempo. Porque si no puede hacerlo, no va a fingir otra cosa. 'Yo espero perder", dice Musk. Está en un edificio de tres pisos en San Francisco que acaba de ser amueblado. Solía pertenecer a Stripe, el procesador de pagos de tarjeta de crédito, pero ahora es de Musk, quien aloja a dos de sus compañías ahí: Neuralink y OpenAI. Son imágenes de cómo pueden haber sido Tesla o SpaceX cuando empezaron. Un pequeño grupo de gente entusiasmada trabajando con recursos limitados para lograr un objetivo distante y ambicioso. Pero, a diferencia de Tesla y SpaceX, no hay nada parecido a un mapa para llegar a estos objetivos, de hecho ni siquiera están del todo definidos. OpenAI es una organización sin fines de lucro dedicada a minimizar los peligros de la inteligencia artificial, mientras que Neuralink trabaja sobre cómo implantar tecnología en nuestros cerebros para generar interfaces mente-computadora. Si pensás que éstas son ideas contradictorias, pensalo de nuevo. Neuralink permite que nuestros cerebros se mantengan en la carrera de la inteligencia. Las máquinas no pueden ser más inteligentes que nosotros si tenemos todo lo que tienen las máquinas más todo lo que tenemos nosotros. Al menos, si das por sentado que lo que tenemos los humanos es de hecho una ventaja. Es un día inusual en la oficina: Musk le está mostrando un documental sobre la inteligencia artificial al staff de Neuralink. Está parado frente a ellos, que están sentados en sofás y sillas, y advierte las oscuras probabilidades de su misión de que la IA sea segura: "Quizás tenemos entre cinco y diez por ciento de posibilidades de éxito", dice. El desafío de OpenAI tiene dos caras. Primero, el problema de construir algo que es más inteligente que vos es... que es más inteligente que vos. Agregale a eso el hecho de que la IA no tiene remordimientos, moral, emociones... y quizás la humanidad esté hundida en la mierda. Esta es la segunda oportunidad del hijo bueno ante el padre sin remordimientos que no pudo cambiar. El otro desafío es que OpenAI es una organización sin fines de lucro, y está compitiendo con los inmensos recursos que tiene DeepMind, de Google. Musk le dice al grupo que él de hecho invirtió en DeepMind con la intención de monitorear el desarrollo de la IA de Google de cerca. "Entre Facebook, Google y Amazon -y quizás Apple, pero a ellos parece importarles la privacidad- tienen más información acerca de vos que lo que vos puedas recordar", elabora hablando conmigo. "Hay mucho riesgo en la concentración del poder. Así que si la IAG [la Inteligencia Artificial General] representa un nivel extremo de poder, ¿debería estar controlado por unas pocas personas de Google sin ninguna supervisión?" "Que duerman bien", bromea Musk cuando termina la película. Después modera una discusión acerca de ella, escribiendo algunas ideas y desechando secamente otras. Mientras habla, se acerca a un bowl, agarra un poco de pochoclo, después lo suelta en su boca y empieza a toser. "Estamos hablando de las amenazas de la humanidad", se queja, "y yo me voy a morir ahogado por un pochoclo". ¿Cuál es la ideología de Musk? "Intento hacer cosas útiles que sean de valor para la sociedad", dice. "Y que la vida de la gente sea mejor." Son las 9 P.M. de un jueves a la noche, y estoy esperando en el vestíbulo de la casa de Musk en Bel Air para nuestra última entrevista. Baja las escaleras un par de minutos después, con una remera con Mickey Mouse en el espacio. Lo sigue una mujer rubia y alta. Tal como dijo, no está solo. Resulta que la mujer es Talulah Riley, su segunda esposa. Se conocieron en 2008, y Musk le propuso matrimonio después de diez días juntos. Se casaron en 2010, dos años después se divorciaron, y se volvieron a casar al año siguiente, y luego otra vez pidieron el divorcio, luego retiraron el pedido, luego lo hicieron otra vez y finalmente lo llevaron a cabo. Musk sugiere hacer algo raro para él: tomar alcohol. "Mi tolerancia al alcohol no es muy alta", dice. "Pero tiendo a ponerme como un oso cariñoso cuando bebo. Feliz y cariñoso." Nos sirve dos vasos de whisky, y los tres nos vamos al living, donde hay un fonógrafo Edison mecánico, una máquina Enigma y una radio de ondas cortas de la Primera Guerra Mundial en exhibición. Durante la entrevista, Riley se recuesta en un sofá cercano, prestando atención parcialmente a la conversación, y parcialmente a su teléfono. Musk está con un ánimo diferente que en SpaceX, y eso es algo que señalan los que conocen a Musk. En un momento puede estar recitando sus frases favoritas de un programa de dibujitos animados que acaba de ver, y después dando órdenes detalladas de manera cortante, y después ingorándote perdido en un pensamiento, y después pidiéndote consejo por un problema, y después riéndose sin aliento perdido en una tangente durante cinco minutos, y después actuando como si vos y él nunca se hubieran conocido. Y a lo largo de todo esto, aprendés a no tomártelo de manera personal, porque hay muchas chances de que no tenga nada que ver con vos. Empezamos hablando, o al menos yo trato de hablar, sobre la inteligencia artificial, porque un par de semanas atrás, Musk había dicho en Twitter: "La competencia por la superioridad de IA a nivel nacional probablemente cause una Tercera Guerra Mundial, en mi opinión". Pero cuando le pregunto por eso, Musk se muestra irritado. "No tengo todas las respuestas. No estoy diciendo que tengo todas las putas respuestas. Dejame que sea claro con esto. Estoy tratando de ver cuál es el mejor curso de acción que pueda resultar en un futuro mejor. Si tenés sugerencias en ese sentido, por favor decímelas." Riley se mete: "Creo que la gente se lo toma como 'Elon Musk dice que todos vamos a morir' en lugar de 'Hey, tengamos un par de regulaciones'". Musk, queda claro al poco tiempo, no tiene ganas de hablar de su trabajo. En su lugar, tiene un consejo que quisiera compartir con el mundo, desde su experiencia personal: "Me parece que, en el transcurso de la vida, uno aprende lecciones", empieza con una media sonrisa irónica. "Y una lección que yo aprendí es: no twittees cuando tomaste Ambien. Eso lo digo en la entrevista: twittear cuando tomaste Ambien no es muy sabio. Podés arrepentirte." Musk agarra un libro publicado por The Onion y empieza a hojearlo, riéndose de manera histérica. "Para entender la verdad esencial de las cosas", teoriza, "creo que podés encontrarla en The Onion y a veces en Reddit". Después, pregunta animado: "¿Alguna vez viste Rick and Morty?". Y la conversación pasa de ese programa de animación a South Park, a Los Simpson, y al libro Hitchhiker's Guide to the Galaxy. Una de las frases de Hitchhiker's, dice Musk, terminó siendo la Regla Número Uno de la familia Musk: "No entres en pánico". "Los chicos se asustaban por todo", explica Riley. "Esa es nuestra otra regla", sigue Musk. "Tercero, la seguridad. No hay una Regla Dos. Pero incluso si no hay nada en segundo lugar, la seguridad no va a ser promovida al número dos." Nos interrumpe Teller, jefe del staff de Musk, que le informa que, mientras hablábamos, terminó un largo debate en el Concejo Deliberante de Hawthorne con un resultado de cuatro votos contra uno para que Musk pueda construir su túnel tres kilómetros en la ciudad. "Bien", dice Musk. "Ahora podemos cavar más allá de nuestra propiedad. ¡Cavar como demonios!" Se ríe de la expresión, y ahora entiendo que Musk no me invitó para hablar sobre sus proyectos y su visión. No se gana nada hablando de los problemas de la ciencia con alguien que no los entiende. Al final del día, sólo quiere relajarse y reírse del mundo que está tratando de mejorar. Me voy de su casa y todavía escucho sus risas en la puerta, y espero que cuando las colonias en Marte construyan sus primeras estatuas de Musk, no sean las de un hombre rígido con una expresión impávida mirando al espacio, sino de un osito cariñoso.
para limpiar el desastre nuclear de Fukushima A casi dos años del terremoto, un grupo de investigadores presentaron diversos desarrollos con el objetivo de reparar los daños en la planta nuclear Un equipo de investigadores y programadores en Japón presentó una serie de dispositivos robóticos creados para limpiar la planta nuclear de Fukushima, averiada tras el terremoto y tsunami de 2011 . Algunos habían sido desarrollados para ayudar a cuidar a los ancianos, como el exoesqueleto HAL desarrollado por la compañía Cyberdyne, pero después del accidente de 2011, fueron adaptados para ser usados en zonas de desastre

Un análisis desarrollado por la consultora UBM TechInsights trata de determinar su costo, pieza por pieza, tras desarmar varias tabletas de Apple. Apple Inc. ha jugado bien sus fichas en lo que se refiere a los proveedores de los componentes clave de su nueva iPad , la última señal de una estrategia para mantener bajos los costos y riesgos del gigante de electrónicos. La firma de investigación UBM TechInsights desmontó varios nuevas iPads desde que salieron a la venta en Estados Unidos el viernes pasado, y encontró componentes con las mismas funciones fabricados por al menos tres empresas en diferentes tabletas. Los componentes en cuestión incluyen los chips de memoria del dispositivo y la distintiva pantalla de alta resolución. La planificación del producto en torno de múltiples fuentes de los componentes no es una nueva estrategia para Apple o la industria electrónica, que permite a un cliente enfrentar a un proveedor con otro para conseguir mejores precios y minimizar las interrupciones si una fábrica atraviesa problemas de producción. Sin embargo, el deseo de diversificar las fuentes de suministro ha adquirido mayor importancia con los recientes desastres naturales, como el terremoto de hace un año en Japón y la última inundación en Tailandia a fines de 2011. Los múltiples proveedores para la iPad sugieren que Apple está tratando de mitigar esos riesgos de manera más activa, dice Allan Yogasingam, gerente de marketing técnico de UBM. Asimismo, da crédito a la estrategia del presidente ejecutivo de Apple, Tim Cook, quien antes de asumir el cargo ayudó a organizar la red de fabricantes y proveedores de la compañía. "Tim se hizo un nombre al principio como un experto de la cadena de suministro", señala Yogasingam. La amplitud de los proveedores es uno de los elementos más notables en los análisis de los desmontajes realizados en la nueva iPad, que comenzaron el jueves cuando el sitio iFixit publicó su análisis de un dispositivo comprado en Australia. Apple no quiso hacer comentarios sobre el informe. No hubo ninguna sorpresa en cuanto a los aparentes costos para Apple, según UBM. La semana pasada, la firma calculó que es probable que Apple haya pagado alrededor de US$310 por los componentes de una de las versiones de la nueva iPad, que ofrece conexión inalámbrica 4G y 16 GB gigabytes de almacenamiento de datos. Tras abrir el nuevo dispositivo, UBM calculó que Apple podría haber pagado US$309 por esa versión del dispositivo, un modelo que vende al público en US$629. en EE.UU. La versión anterior, la iPad 2, tiene un costo actual de US$248,07 según la suma de sus componentes; en tanto que la primera versión, lanzada en 2011, tiene un costo de US$276,27, dijo UBM. Gran parte de la diferencia con las versiones anteriores vienen de los US$70 que se estima que cuesta la pantalla de la nueva iPad, frente a unos US$49,50 de la iPad 2. Un análisis separado, realizado el viernes pasado por IHS iSuppli encontró un rango de materiales que cuestan entre US$316, para el caso del la versión que sólo cuenta con conexión inalámbrica, y US$409, para la versión con 4G y mayor cantidad de memoria (64 gigabytes). La lista de proveedores de componentes en la iPad 2, además de empresas largamente utilizadas por Apple, también incluyen algunos nombres que son menos familiares en su hardware. Por ejemplo, UBM encontró que algunos modelos de iPad contie-nen chips de almacenamiento de datos conocidos como memoria flash NAND, de Micron Technology Inc. y Hynix Semiconductor Inc., al igual que chips de Toshiba Corp, un antiguo proveedor para los iPhones y iPads de Apple. UBM encontró también en las iPads desmontados pantallas de Samsung Electronics Co., LG Display Co. y de otras empresas que aún no ha identificado de manera concluyente, señaló Yogasingam. Los principales proveedores de chips en el nuevo iPad incluyen a Broadcom Corp. y Qualcomm Inc.
Argentina casi gana la guerra de Malvinas , según un documental británico El documental gira alrededor de la teoría de que Gran Bretaña estuvo muy cerca de perder la guerra ; pero no lo logró por una combinación de mala suerte y una artillería y municiones con fallas rgentina estuvo a punto de derrotar a Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas , pero no lo logró por una combinación de mala suerte y una artillería y municiones con fallas, según concluyó un documental británico emitido en el país. El programa del Channel 5 de Londres, titulado "The Great Falklands Gamble: Revealed" , incluyó una serie de imágenes de archivo inéditas, entrevistas con ex combatientes británicos del conflicto y análisis sobre el futuro de las islas. "La historia será familiar para muchos, especialmente en este año que conmemoramos el 30 aniversario de la invasión argentina , y sin embargo, hay muchos detalles frescos", escribió hoy el periódico Daily Telegraph . "El Royal Marine a cargo de la logística de la guerra da detalles acerca del desafío de trasladar (al Atlántico Sur) unas 9.000 toneladas de municiones, sin mencionar alimentos, combustibles y tropas a más de 8.000 millas", agregó. El documental gira alrededor de la teoría que Gran Bretaña estuvo muy cerca de perder la guerra . "Seis buques británicos fueron blanco de bombas argentinas, que no detonaron. Si hubieran explotado, la campaña británica habría sido derrotada de inmediato. Eso ayudó, como también el hecho de que valientes Marines y paracaidistas británicos lucharon cuerpo a cuerpo hasta el final", destacó el Telegraph. En una parte del programa, un ex veterano de guerra británico afirma ante las cámaras: "Los argentinos podrían haber ganado, si hubieran hecho las cosas bien". Por su parte, el brigadier Julian Thompson, que fue comandante mayor de las fuerzas terrestres en las Malvinas durante el conflicto, admitió que en caso de una "nueva invasión de las islas, no podríamos repelerla de nuevo". "No podríamos hacerlo de nuevo. Si los argentinos invaden mañana, no podríamos recuperarlas sin un portaaviones", aseveró. Las tensiones entre Gran Bretaña y Argentina escalaron en los últimos meses por el futuro de las Islas Malvinas , a pocas semanas de cumplirse 30 años de aquel conflicto bélico, que terminó con la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.. "Recomiendo estos post relacionados con el tema: http://www.taringa.net/posts/info/14285884/Malvinas_-Equot_En-la- guerra -la-gente-no-muere-rapido____.html http://www.taringa.net/posts/info/14277655/La-propuesta-secreta-de--ingleses-a-Peron-por-las- Malvinas .html
"La historia de 18 jóvenes que secuestraron un avión para pisar Malvinas" El "Operativo Cóndor" tuvo en vilo al país; un grupo desvió un vuelo de Aerolíneas y plantó bandera en las islas; a 45 años, el recuerdo de los protagonistas El vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas partió desde Aeroparque con destino a Río Gallegos. Pero nunca llegó. Entre sus pasajeros viajaban de incógnito 18 jóvenes, 17 hombres y una mujer, con una misión. Pasaban inadvertidos, incluso alguno camuflado bajo una sotana. También ocultas llevaban las armas. Cuando sobrevolaban Santa Cruz, dos de ellos se acercaron al piloto y lo intimaron a desviar el avión con rumbo "uno-cero-cinco". Según las cartas aeronáuticas, esa ruta los conduciría a las Malvinas. El "Operativo Cóndor", así lo bautizaron sus miembros, se puso en marcha el 28 de septiembre de 1966, una fecha que quedó grabada en la memoria de la presidenta Cristina Kirchner, que en aquel momento tenía 13 años. "Fue muy conmocionante en mi hogar", dijo hace pocos días al presentar lo que será el museo de las islas y señalar que se contará "la historia completa". Aquellos jóvenes tenían todo calculado: el secuestro de la nave, el aterrizaje sorpresa en el hipódromo de Puerto Argentino, la tarea asignada a cada miembro del grupo. "El objetivo de mínima era simbólico y el de máxima, recuperar las islas", expresa a LA NACION Ricardo Ahe a sus 66 años, uno de los integrantes del comando. Aunque no todo salió como se esperaba, el grupo consiguió plantar bandera en las islas, cantar el Himno Nacional e instalar la cuestión en los diarios. La fecha elegida tampoco fue arbitraria. Cuando la noticia llegó a Buenos Aires se encontraba de visita el duque británico Felipe de Edimburgo, en un viaje protocolar que incluyó un partido de polo con el presidente de facto, Juan Carlos Onganía. A pesar de que fueron calificados de "piratas" por las autoridades argentinas, los "cóndores" que aún viven recuerdan a su accionar como la mayor de las hazañas. "Nunca pude borrarlo de mi cabeza", señala Juan Carlos Bovo al recordar sus días en Malvinas, cuando tenía 21 años. "Cuando aterrizamos, sabíamos que podíamos no volver, pero esa tierra era nuestra y nos llenó de orgullo", agrega otro de los miembros, Fernando Lizardo. Los preparativos El líder y mentor de la misión fue Dardo Cabo, de 25 años, dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). La única mujer del grupo era Cristina Verrier, una dramaturga y periodista, (además de rubia y atractiva, dicen quienes la conocieron). Ambos entablaron una relación tras una entrevista para la revista Panorama, y empezaron a soñar con las Malvinas. Fue la pareja la que elaboró el osado plan. Enseguida, encontraron a un buen puñado de seguidores que no superaban los 28 años. El grupo estaba conformado por integrantes de la Juventud Peronista, de sectores nacionalistas y organizaciones gremiales. "Las Malvinas estaban en el imaginario de todos nosotros en los 60. La Argentina no estaba completa sin las islas", explica Ahe. De a uno, de a dos, los integrantes del comando fueron sumándose al operativo y recibiendo directivas en esporádicas reuniones secretas. No se vieron todos juntos hasta el día del vuelo. "Ninguno de nuestros parientes sabía a dónde íbamos a ir", relata Lizardo, por entonces un empleado de 20 años. El se enteró de la partida del vuelo cinco horas antes de subirse al avión. Tampoco sabían que contarían como compañero de ruta al director del diario Crónica, Héctor Ricardo García, quien sin conocer el plan en detalle, lo documentó y más tarde lo revivió en uno de sus libros. El vuelo El cuatrimotor DC-4 de Aerolíneas partió apenas comenzada la madrugada del 28 de septiembre. Todo transcurrió con normalidad hasta la mañana, cuando sobrevolaban Puerto San Julián, en Santa Cruz. "A las 6.30, Dardo Cabo y un compañero se acercaron a la cabina y le dijeron al comandante que cambiara el rumbo para ir a las islas. «Vamos muchachos déjense de joder y siéntense», les respondió risueño el piloto Ernesto Fernández", recordó a este medio otro "cóndor", Fernando Aguirre. "Cuando lo encañonaron, se dio cuenta de que iba en serio y se mostró colaborativo", agrega. El aterrizaje del comandante Fernández resultó ser una hazaña: debió frenar en menos de 800 metros, tras esquivar cables de alta tensión en un hipódromo ubicado cerca de la casa del gobernador de las islas. En la "pista" ya había descendido el aviador Miguel Fitzgerald en 1964, cuya aeronave será expuesta en el memorial de Malvinas que se prepara en la Argentina. "Jamás olvidaré la sensación cuando nos deslizamos fuera del avión y tocamos el suelo de las islas", recuerda Bovo. Eran las 9 de la mañana del 28 de septiembre cuando sintieron el aire polar. En las islas Para cuando la nave se detuvo, a su alrededor había algunos isleños curiosos, que fueron capturados como rehenes por el comando. Los jóvenes plantaron bandera y rebautizaron a la ciudad como "Puerto Rivero", en honor al gaucho, en una proclama que llegó a Buenos Aires y conmocionó al país. "Para la misión estábamos divididos en tres grupos: una parte iba a la casa de gobernador, otra al centro cívico y otra al centro militar. Controlando eso, tomábamos las islas", dice Bovo. Pero no todo salió como esperaban. Pronto se vieron cercados por unos 50 integrantes de la Fuerza de Autodefensa de las islas y debieron atrincherarse en el avión. Desde allí se inició una tensa negociación en la que intervino el sacerdote de la isla, el padre Rodolfo Roel. Como primera medida se acordó que los pasajeros del avión fueran alojados en casas particulares del pueblo. Pero aún quedaban los rehenes locales en manos del comando armado, el cerco de efectivos rodeando el avión y la expectativa por la reacción de las autoridades argentinas. "Onganía emitió un comunicado diciendo que nos iban a aplicar todo el rigor de la ley y nos calificó de piratas. Sin embargo, después supimos que hubo una efervescencia popular, de estudiantes y trabajadores que apoyaban la gesta nacionalista", asegura Ahe. Tras horas de tensión, las partes llegaron a un acuerdo. Aguirre relata: "El padre Roel nos dijo que había dialogado con las autoridades de la isla para encaminar la cuestión de manera pacífica. «Han cumplido el objetivo - nos dijo el sacerdote-. Plantaron la bandera argentina en estas tierras y pusieron el nombre de Malvinas en la primera plana de los diarios»".Nosotros debíamos liberar a los rehenes y deponer las armas y ellos nos darían asilo en la iglesia local. "Hasta hicimos una misa en castellano", recuerda. Fue entonces cuando los jóvenes solicitaron entregar las armas al piloto de Aerolíneas Argentinas. "No queríamos reafirmar la soberanía de los ingleses", detalla Aguirre. Al día siguiente, los 19 jóvenes se embarcaron en el buque Bahía Buen Suceso. Apenas se alejaron de la costa, fueron arrestados y pasaron nueve meses presos en Rio Gallegos. Tras salir en libertad, los integrantes del comando acordaron que cada uno retomaría su camino. Cristina y Dardo tuvieron una hija, que, de acuerdo a las fechas, fue concebida en alguna de las visita mientras estaban en prisión. Él, tras integrar Montoneros, desapareció durante la última dictadura militar y ella decidió recluirse. Del resto del grupo, algunos prosiguieron su militancia durante los 70 y otros conservaron un bajo perfil. Los que aún viven, mantienen esporádicos contactos. "Sin compañerismo y ese sentimiento compartido por las Malvinas, no hubiéramos podido lograr la gesta", reflexiona hoy Lizardo. "La entonación del himno frente a la bandera fue lo más solemne y emotivo", señala Aguirre. Como sus compañeros, recuerdan vívidamente la sensación tocar la tierra de Malvinas con el viento helado cortándoles la cara. La noticia que LA NACION publicó el 29 de septiembre de 1966
El ex embajador Ortiz de Rozas revela detalles de las negociaciones de 1974 con Gran Bretaña para establecer un condominio sobre las islas; qué decía el documento presentado por los británicos al ex presidente Fue testigo de una parte crucial de la historia bilateral y revela detalles de gestiones desconocidas por Malvinas . El 11 de junio de 1974, Gran Bretaña le propuso a Juan Domingo Perón una administración compartida sobre las islas. Ese día, el ex presidente proyectó el camino para recuperarlas definitivamente. De aquella situación hoy da testimonio el ex embajador Carlos Ortiz de Rozas, un diplomático de más de 45 años de carrera que estuvo cerca de numerosas negociaciones diplomáticas en torno al archipiélago. "Si ponemos un pie sobre las islas, no nos sacan más", le confió Perón, por entonces, a su canciller, según relata Ortiz de Rozas a LA NACION. Un condominio entre los dos países resultaba una salida controvertida si lo que se quería era obtener la soberanía inmediata. La historia quiso que el presidente falleciera tres semanas después y las negociaciones se desvanecieron durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Después llegaría el gobierno de facto, la guerra de 1982 y la relación bilateral daría un vuelco difícil de revertir. La propuesta Quienes conocen los corrillos diplomáticos aseguran que la propuesta británica a Perón de 1974 está archivada en algún lugar de la Cancillería. Se trata de un non-paper (documento no oficial) a cuya copia pudo acceder este medio, que le proponía un condominio sobre las islas. La intención, dice el escrito, era "poner fin a la disputa sobre la soberanía" y "crear una atmósfera favorable dentro de la cual los isleños podrían desarrollarse de acuerdo a sus intereses". Aquel texto fue entregado por el entonces embajador británico en Buenos Aires, James Hutton, a Perón y a su ministro de Relaciones Exteriores, Alberto Vignes, en una reunión confidencial. Entre otros puntos, proponía que las banderas de Gran Bretaña y Argentina fueran "enarboladas juntas" en tierra malvinense, que allí convivieran el inglés y el castellano como idiomas oficiales y que el gobernador de las islas fuera "designado de manera alternada por la Reina y el presidente argentino". "Sobre estas bases, el gobierno de Su Majestad propone que, si el gobierno argentino está de acuerdo, deberían realizarse conversaciones oficiales o preliminares en Buenos Aires lo antes posible", concluye el texto. Una copia del non-paper con la propuesta británica En la agenda de Perón Ortiz de Rozas es una de las pocas personas que supo de aquel encuentro. Este ex embajador en Gran Bretaña, Austria, Francia y Estados Unidos, ex presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y jefe de la misión para las negociaciones con Chile bajo la mediación del Papa Juan Pablo II, intervino en distintas negociaciones confidenciales sobre las islas, algunas de las cuales reveló en su libro, Confidencias diplomáticas, editado en junio del año pasado. Estaba cumpliendo funciones en la ONU, cuando Vignes le participó la propuesta británica de condominio y, en estricta reserva, le entregó una copia del non-paper. "Me confió que Perón le había expresado: «Aceptemos. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y poco tiempo después la soberanía será argentina por completo», relata a LA NACION. Pero el 1° de julio de 1974, tres semanas después de la reunión con la comitiva inglesa, Perón falleció. Su viuda, Isabel Martínez de Perón, heredó la presidencia y el asunto del condominio quedó sin resolver. "Isabelita no habrá querido avanzar porque temía a algunos sectores que pretendían una posición más dura con Gran Bretaña", reflexiona Ortiz de Rozas, a sus 85 años. No obstante, un documento fechado el 20 de diciembre de 1974 revela que el proyecto no había sido borrado de la agenda. El texto consiste en una versión en castellano del non-paper británico, firmada y sellada por el Departamento de traducciones de la Cancillería argentina. "Pero los ingleses se dieron cuenta que sin Perón la iniciativa no iba a ningún lado, y retiraron la propuesta", señala Ortiz de Rozas. La traducción del documento tras la muerte de Perón El gobierno de Isabelita pronto se vería sumido en serios conflictos políticos internos y ni Argentina ni Gran Bretaña volvieron a dar señales con respecto al condominio. Mucho menos después del golpe de la Junta Militar, cuando empezó a tomar fuerza el camino bélico. "Camino equivocado" Ortiz de Rozas estaba en la embajada argentina en Londres cuando, en la madrugada del 2 de abril de 1982, se conoció el desembarco argentino en Malvinas. "Apenas me enteré, supe que el trabajo de años se venía abajo. Lo único que logró Galtieri fue darle la oportunidad a Margaret Tatcher de no ser eyectada del gobierno británico", opina entre las fotografías y condecoraciones que decoran su amplísimo departamento de la Recoleta. "Además de trágico, el de la guerra fue un camino equivocado, porque se habían dado pasos concretos para resolver el problema de la soberanía por la vía pacífica", reflexiona. Y recuerda: "En 1966 Henry Hohler, subsecretario del Foreign Office para Asuntos de América del Sur, me invitó a un restaurante muy bueno de Londres y en términos confidenciales me informó que las islas ya no tenían el valor estratégico de antaño y que tarde o temprano iban a integrarse con Argentina. Me recomendaron hacer lo posible para conquistar la mente y el corazón de los isleños", agrega. "Incluso en febrero de 1982, días antes de la guerra, en las rondas de la ONU se discutió la posibilidad de un retroarriendo, para que los ingleses se comprometieran administrar las Malvinas por un determinado número de generaciones y luego cedieran la soberanía", manifiesta Rozas. Considera que "la historia hubiera sido distinta si se hubiesen dado pasos para que los isleños sintieran que la tutela argentina era lo mejor para sus intereses".

"En la guerra la gente no muere rápido como en las películas, queda gritando hasta que se apaga" Diego Pérez Andrade cubrió el conflicto en Malvinas como periodista y debió escapar de los ingleses; recordó los duros relatos que le transmitían los soldados y sus vivencias en las islas "Se terminó todo. Al mediodía se firma la rendición", escuchó Diego Pérez Andrade de uno de los capitanes que vivía en la casa que alquilaba en Puerto Argentino, apenas bajó las escaleras para desayunar. Era la mañana del 14 de junio de 1982, y el general Mario Benjamín Menéndez estaba por escribir un capítulo clave en la historia de las heridas abiertas argentinas: la derrota en la guerra de Malvinas. Pérez Andrade miró entonces por la ventana y entendió todo: dos paracaidistas ingleses caminaban por la calle, con sus armas al hombro. El periodista de Télam sintió un escalofrío. Viajó a Malvinas para cubrir la guerra, pero nunca obtuvo una credencial como corresponsal. Y si no la conseguía el día en que se firmaba la rendición, los británicos podían tomarlo como prisionero. "Fue muy triste", reflexiona Pérez Andrade ante LA NACION. "Cubrir una guerra de tu propio país, y que se pierda de esa manera fue muy frustrante para nosotros". Sentado en el único sillón que tiene su departamento en el barrio porteño de Flores, cigarrillo en mano y con el cenicero sobre un libro de fotos del conflicto bélico, Pérez Andrade recuerda la guerra como si fuera ayer, cuando viajó al archipiélago el mismo día de su cumpleaños número 29. Hoy, casi 30 años después, reivindica a los soldados que pelearon y critica a los generales que comandaron. Además, asegura que la censura de la información se hacía "en las islas y en el continente" Yo hablo inglés Pérez Andrade se convirtió en corresponsal de guerra gracias a que sabía hablar inglés. Hijo de periodista, llevaba dos años en la agencia de noticias Télam y en 1982 cubría el horario nocturno de la sección Información General. "La noche del 1 de abril me avisan que el jefe estaba enfermo, así que yo quedé a cargo de la redacción -recuerda-. Y sucedió algo extraño: cerca de las 21.30 trajeron un lunch y llegaron decenas de coroneles, almirantes y brigadieres. Dijeron que se iban a tomar las islas y ese era el festejo. Fue vigilia toda la noche, porque a la mañana siguiente, a las 8.30, despachamos el cable oficial". -¿Suponía que la Argentina podría invadir las islas? -Desde enero ya sabíamos que eso estaba preparado. -Como ciudadano, ¿apoyaba la guerra? -Sí, pero yo no estaba de acuerdo con los militares. Ellos habían secuestrado a mi hermano julio en 1978 porque participaba en el ERP. Con la recuperación de las islas consiguieron meterse en el bolsillo a mucha gente, que la veía como legítima. Es muy difícil la idea, pero hay que deslindar una cosa de la otra. Porque la gente apoyó la recuperación de las islas masivamente, pero no estaban de acuerdo con el gobierno militar. El inicio de la ocupación de Malvinas llevó a Pérez Andrade, el 5 de abril, a reemplazar al corresponsal de Télam en Río Gallegos, que servía de enlace entre los periodistas que estaban en las islas y la sede central en Buenos Aires. Debía transmitirle a sus colegas que manden notas donde los kelpers "hablen bien de la ocupación argentina". "Coronel, los de Malvinas no están dispuestos a hacer ningún reportaje porque los kelpers no quieren y además, ninguno sabe inglés", recuerda Pérez Andrade que le dijo al por entonces presidente de Télam, el coronel Rafael De Piano. "¿Y quién habla inglés?", le preguntó su jefe, al otro lado del teléfono. "Yo", le respondió. Al instante, obtuvo una nueva orden: "Mañana mismo se va a Comodoro Rivadavia y de ahí para las islas". Con la orden por escrito, Pérez Andrade viajó el 23 de abril hasta la ciudad chubutense, de donde partían los vuelos a Malvinas. Después de encontronazos con varios mandos militares, el 25 consiguió subir a un Fokker F27 de Aerolíneas Argentinas. "Al avión le habían sacado todos los asientos. Iba lleno de soldados y oficiales de la 3ra. Brigada, que me cantaron el feliz cumpleaños", cuenta Pérez Andrade. -¿Usted quería ir a Malvinas? -¡Claro! Entrar a las islas era el objetivo de todos los periodistas del mundo. La Junta Militar había determinado que los únicos que podían vivir en las islas eran los de Télam y los de ATC. Para mí era tocar el cielo con las manos. Vivir y trabajar en Malvinas Pérez Andrade se unió al grupo que conformaban el cronista Carlos García Malod, los fotógrafos Román Von Eckstein y Eduardo Farré, y el radio-operador Juan Carlos González. "Alegando cuestiones de seguridad, ellos se negaron a volver al continente", relata. -¿Cómo era su trabajo en las islas? -Teníamos una situación privilegiada. Como no éramos corresponsales de guerra, los militares no nos podían dar órdenes. Viajábamos muchísimo por la isla, entrábamos y salíamos por las unidades y los soldados nos contaban todo porque estaban deseosos de que se supieran sus condiciones: que estaban muertos de frío, sin armas y sin planeamiento estratégico. Nosotros escribíamos eso, pero en Télam no querían. -¿Había censura en el continente? -Totalmente. En rigor, en todas las guerras pasa lo mismo. El corresponsal no puede dar precisiones de las unidades, nombres de las tropas, ubicaciones geográficas, cantidad de elementos y armamento. No podés decir nada. Todo muy vago. -¿Sabían lo que se publicaba en el continente? -Sí, porque nosotros recibíamos el servicio en el teletipo. Era el único servicio informativo que había en las islas. Nuestra casa era un lugar neurálgico porque allí los militares podían informarse, bañarse y comer. Los soldados nos contaban que estaban muertos de frío, sin armas y sin planeamiento estratégico, pero no podíamos escribir nada de eso ¿Por qué? -Porque alquilábamos una casa a una señora que se había ido con sus nietos a la estancia de una amiga, intentando escapar de la guerra. No podíamos alojar militares pero fue lo primero que hicimos, porque nos obligó Menéndez. A la semana abrías la heladera y encontrabas una granada. Era un quilombo. -¿Cuántos vivían ahí? -Por lo menos éramos diez. Alojamos tres capitanes y un capellán. -Se llevaron mal con los isleños entonces. -Con ellos tuvimos una guerra paralela. Los kelpers venían juntado odio contra nosotros y esa guerra llegó al extremo de que nos tirotearan varias veces la casa. Hasta sacamos los radiadores y los pusimos en la pared para que no entren las balas. -Y con los militares, ¿cómo convivían? -Llegamos a sofisticar tanto la cosa, que para evitar escenas enojosas prohibimos las jerarquías. Ahí adentro, para nosotros eran todos iguales. -¿Ayudó a los soldados en algún momento? -Era muy común en los supermercados ver a los soldados apiñados en la entrada, esperando que los civiles entren para comprar algo porque ellos no podían. Nos daban plata y una tirita de papel con el pedido. Los del supermercado no tardaron en comprender que nosotros éramos cinco y comprábamos para 200, y nos cerraron la canilla. -¿Pasaban necesidades los soldados? -Pasaban frío, necesidades y muchas incomodidades. Pero se la bancaban. Yo los vi pelear con mucha fiereza y voluntad. -Entonces, ¿a qué atribuye la derrota argentina en la guerra? -Cuando [el por entonces presidente, Leopoldo] Galtieri visita las islas el 23 de abril, y ordena duplicar la población de las islas, decide la guerra y la derrota argentina. Las Fuerzas Armadas no mandaron a Malvinas las tropas más adecuadas, sino a los chicos de las guarniciones subtropicales y del norte, sin uniforme de invierno, sin armas pesadas y sin artillería. Las mejores tropas estaban desplegadas en la Patagonia, contra la Cordillera, por temor a un ataque chileno. Galtieri creía que tapizando las islas de gente, aún sin armas y sin nada, iba a ganar la guerra, pero Malvinas era un escenario estrictamente aeronaval y nosotros no teníamos ni barcos ni aviones. Final en peligro "Necesito las credenciales porque si no nos van a hacer mierda los kelpers", le reclamó Pérez Andrade al jefe de prensa del gobierno militar en Malvinas, Orlando Rodríguez Mayo, luego de ver que los ingleses habían ocupado las islas. Menéndez le había prometido las credenciales el 7 de junio, pero era el final de la guerra y aún no las tenían. "Llegaste tarde -le respondió el militar-, acabamos de quemar toda la documentación". Al periodista y sus colegas no les quedaban muchas opciones para salvarse ese 14 de junio. Estaban acorralados por los británicos y los militares argentinos se negaban a ayudarlos. Pero encontraron un "filón", como dice Pérez Andrade: la avanzada de los ingleses obligó a los heridos argentinos a dejar el hospital, que sólo tenían como escapatoria el buque Almirante Irízar. "Entre los civiles improvisamos un tren de acarreo de heridos", grafica. "Rescatamos más de 300 heridos durante todo el día, y con cada uno de ellos llevábamos parte de nuestro equipaje, hasta que con el último subimos al Irízar. Pero tuvimos que escondernos entre las máquinas porque los ingleses nos seguían buscando. Tardamos cuatro días en llegar al continente", rememora. -A casi 30 años, ¿qué sentimientos tiene hoy por la guerra? -Como toda guerra perdida, es muy triste. Uno puede cubrir varios conflictos, como yo que estuve en la zona de Cachemira, donde la India y Paquistán se pelean desde hace años, pero se vive sin problemas porque no es una guerra propia. El asunto es cubrir una guerra de tu país y que se pierda de esa manera. Sobre todo porque se vivió con mucho entusiasmo y fervor. -¿Tuvo miedo de morir? -Un día la flota inglesa colgó una bengala encima de nuestra casa. Eso anunciaba un bombardeo. Nos metimos debajo del piso, donde había un espacio que servía de aislante del frío. Pero la bomba no cayó ahí, sino del otro lado, donde había unos soldados de la Armada. Ahí aprendimos que la gente no se muere como en las películas, rápido, sino que se queda gritando, hasta que se apaga. ¿Aprendió algo? -Aprendés a tirarte cuerpo a tierra en cada bombardeo y a dormir en la noche bajo un bombardeo constante. Muchas veces el silencio me molesta. Esas son las locuras de la guerra. "Aprendés a dormir en la noche bajo un bombardeo constante. Muchas veces el silencio me molesta." -Y la vida, ¿le cambió? -Cuando fui a la guerra era soltero, flaco y tenía plata. Pero me hizo reflexionar mucho ver que los oficiales recibían cartas o casettes grabados de sus familias. "Si me muero acá no le voy a dejar nada a nadie", pensaba. Así que cuando volví me puse de novio, me casé y tuve cuatro hijos. Cuando uno está próximo a la muerte, enseguida piensa en lo que va a dejar, en su herencia, y yo no tenía nada. La guerra es una experiencia espantosa, pero muy válida..

"En la guerra la gente no muere rápido como en las películas, queda gritando hasta que se apaga" Diego Pérez Andrade cubrió el conflicto en Malvinas como periodista y debió escapar de los ingleses; recordó los duros relatos que le transmitían los soldados y sus vivencias en las islas "Se terminó todo. Al mediodía se firma la rendición", escuchó Diego Pérez Andrade de uno de los capitanes que vivía en la casa que alquilaba en Puerto Argentino, apenas bajó las escaleras para desayunar. Era la mañana del 14 de junio de 1982, y el general Mario Benjamín Menéndez estaba por escribir un capítulo clave en la historia de las heridas abiertas argentinas: la derrota en la guerra de Malvinas. Pérez Andrade miró entonces por la ventana y entendió todo: dos paracaidistas ingleses caminaban por la calle, con sus armas al hombro. El periodista de Télam sintió un escalofrío. Viajó a Malvinas para cubrir la guerra, pero nunca obtuvo una credencial como corresponsal. Y si no la conseguía el día en que se firmaba la rendición, los británicos podían tomarlo como prisionero. "Fue muy triste", reflexiona Pérez Andrade ante LA NACION. "Cubrir una guerra de tu propio país, y que se pierda de esa manera fue muy frustrante para nosotros". Sentado en el único sillón que tiene su departamento en el barrio porteño de Flores, cigarrillo en mano y con el cenicero sobre un libro de fotos del conflicto bélico, Pérez Andrade recuerda la guerra como si fuera ayer, cuando viajó al archipiélago el mismo día de su cumpleaños número 29. Hoy, casi 30 años después, reivindica a los soldados que pelearon y critica a los generales que comandaron. Además, asegura que la censura de la información se hacía "en las islas y en el continente" Yo hablo inglés Pérez Andrade se convirtió en corresponsal de guerra gracias a que sabía hablar inglés. Hijo de periodista, llevaba dos años en la agencia de noticias Télam y en 1982 cubría el horario nocturno de la sección Información General. "La noche del 1 de abril me avisan que el jefe estaba enfermo, así que yo quedé a cargo de la redacción -recuerda-. Y sucedió algo extraño: cerca de las 21.30 trajeron un lunch y llegaron decenas de coroneles, almirantes y brigadieres. Dijeron que se iban a tomar las islas y ese era el festejo. Fue vigilia toda la noche, porque a la mañana siguiente, a las 8.30, despachamos el cable oficial". -¿Suponía que la Argentina podría invadir las islas? -Desde enero ya sabíamos que eso estaba preparado. -Como ciudadano, ¿apoyaba la guerra? -Sí, pero yo no estaba de acuerdo con los militares. Ellos habían secuestrado a mi hermano julio en 1978 porque participaba en el ERP. Con la recuperación de las islas consiguieron meterse en el bolsillo a mucha gente, que la veía como legítima. Es muy difícil la idea, pero hay que deslindar una cosa de la otra. Porque la gente apoyó la recuperación de las islas masivamente, pero no estaban de acuerdo con el gobierno militar. El inicio de la ocupación de Malvinas llevó a Pérez Andrade, el 5 de abril, a reemplazar al corresponsal de Télam en Río Gallegos, que servía de enlace entre los periodistas que estaban en las islas y la sede central en Buenos Aires. Debía transmitirle a sus colegas que manden notas donde los kelpers "hablen bien de la ocupación argentina". "Coronel, los de Malvinas no están dispuestos a hacer ningún reportaje porque los kelpers no quieren y además, ninguno sabe inglés", recuerda Pérez Andrade que le dijo al por entonces presidente de Télam, el coronel Rafael De Piano. "¿Y quién habla inglés?", le preguntó su jefe, al otro lado del teléfono. "Yo", le respondió. Al instante, obtuvo una nueva orden: "Mañana mismo se va a Comodoro Rivadavia y de ahí para las islas". Con la orden por escrito, Pérez Andrade viajó el 23 de abril hasta la ciudad chubutense, de donde partían los vuelos a Malvinas. Después de encontronazos con varios mandos militares, el 25 consiguió subir a un Fokker F27 de Aerolíneas Argentinas. "Al avión le habían sacado todos los asientos. Iba lleno de soldados y oficiales de la 3ra. Brigada, que me cantaron el feliz cumpleaños", cuenta Pérez Andrade. -¿Usted quería ir a Malvinas? -¡Claro! Entrar a las islas era el objetivo de todos los periodistas del mundo. La Junta Militar había determinado que los únicos que podían vivir en las islas eran los de Télam y los de ATC. Para mí era tocar el cielo con las manos. Vivir y trabajar en Malvinas Pérez Andrade se unió al grupo que conformaban el cronista Carlos García Malod, los fotógrafos Román Von Eckstein y Eduardo Farré, y el radio-operador Juan Carlos González. "Alegando cuestiones de seguridad, ellos se negaron a volver al continente", relata. -¿Cómo era su trabajo en las islas? -Teníamos una situación privilegiada. Como no éramos corresponsales de guerra, los militares no nos podían dar órdenes. Viajábamos muchísimo por la isla, entrábamos y salíamos por las unidades y los soldados nos contaban todo porque estaban deseosos de que se supieran sus condiciones: que estaban muertos de frío, sin armas y sin planeamiento estratégico. Nosotros escribíamos eso, pero en Télam no querían. -¿Había censura en el continente? -Totalmente. En rigor, en todas las guerras pasa lo mismo. El corresponsal no puede dar precisiones de las unidades, nombres de las tropas, ubicaciones geográficas, cantidad de elementos y armamento. No podés decir nada. Todo muy vago. -¿Sabían lo que se publicaba en el continente? -Sí, porque nosotros recibíamos el servicio en el teletipo. Era el único servicio informativo que había en las islas. Nuestra casa era un lugar neurálgico porque allí los militares podían informarse, bañarse y comer. Los soldados nos contaban que estaban muertos de frío, sin armas y sin planeamiento estratégico, pero no podíamos escribir nada de eso ¿Por qué? -Porque alquilábamos una casa a una señora que se había ido con sus nietos a la estancia de una amiga, intentando escapar de la guerra. No podíamos alojar militares pero fue lo primero que hicimos, porque nos obligó Menéndez. A la semana abrías la heladera y encontrabas una granada. Era un quilombo. -¿Cuántos vivían ahí? -Por lo menos éramos diez. Alojamos tres capitanes y un capellán. -Se llevaron mal con los isleños entonces. -Con ellos tuvimos una guerra paralela. Los kelpers venían juntado odio contra nosotros y esa guerra llegó al extremo de que nos tirotearan varias veces la casa. Hasta sacamos los radiadores y los pusimos en la pared para que no entren las balas. -Y con los militares, ¿cómo convivían? -Llegamos a sofisticar tanto la cosa, que para evitar escenas enojosas prohibimos las jerarquías. Ahí adentro, para nosotros eran todos iguales. -¿Ayudó a los soldados en algún momento? -Era muy común en los supermercados ver a los soldados apiñados en la entrada, esperando que los civiles entren para comprar algo porque ellos no podían. Nos daban plata y una tirita de papel con el pedido. Los del supermercado no tardaron en comprender que nosotros éramos cinco y comprábamos para 200, y nos cerraron la canilla. -¿Pasaban necesidades los soldados? -Pasaban frío, necesidades y muchas incomodidades. Pero se la bancaban. Yo los vi pelear con mucha fiereza y voluntad. -Entonces, ¿a qué atribuye la derrota argentina en la guerra? -Cuando [el por entonces presidente, Leopoldo] Galtieri visita las islas el 23 de abril, y ordena duplicar la población de las islas, decide la guerra y la derrota argentina. Las Fuerzas Armadas no mandaron a Malvinas las tropas más adecuadas, sino a los chicos de las guarniciones subtropicales y del norte, sin uniforme de invierno, sin armas pesadas y sin artillería. Las mejores tropas estaban desplegadas en la Patagonia, contra la Cordillera, por temor a un ataque chileno. Galtieri creía que tapizando las islas de gente, aún sin armas y sin nada, iba a ganar la guerra, pero Malvinas era un escenario estrictamente aeronaval y nosotros no teníamos ni barcos ni aviones. Final en peligro "Necesito las credenciales porque si no nos van a hacer mierda los kelpers", le reclamó Pérez Andrade al jefe de prensa del gobierno militar en Malvinas, Orlando Rodríguez Mayo, luego de ver que los ingleses habían ocupado las islas. Menéndez le había prometido las credenciales el 7 de junio, pero era el final de la guerra y aún no las tenían. "Llegaste tarde -le respondió el militar-, acabamos de quemar toda la documentación". Al periodista y sus colegas no les quedaban muchas opciones para salvarse ese 14 de junio. Estaban acorralados por los británicos y los militares argentinos se negaban a ayudarlos. Pero encontraron un "filón", como dice Pérez Andrade: la avanzada de los ingleses obligó a los heridos argentinos a dejar el hospital, que sólo tenían como escapatoria el buque Almirante Irízar. "Entre los civiles improvisamos un tren de acarreo de heridos", grafica. "Rescatamos más de 300 heridos durante todo el día, y con cada uno de ellos llevábamos parte de nuestro equipaje, hasta que con el último subimos al Irízar. Pero tuvimos que escondernos entre las máquinas porque los ingleses nos seguían buscando. Tardamos cuatro días en llegar al continente", rememora. -A casi 30 años, ¿qué sentimientos tiene hoy por la guerra? -Como toda guerra perdida, es muy triste. Uno puede cubrir varios conflictos, como yo que estuve en la zona de Cachemira, donde la India y Paquistán se pelean desde hace años, pero se vive sin problemas porque no es una guerra propia. El asunto es cubrir una guerra de tu país y que se pierda de esa manera. Sobre todo porque se vivió con mucho entusiasmo y fervor. -¿Tuvo miedo de morir? -Un día la flota inglesa colgó una bengala encima de nuestra casa. Eso anunciaba un bombardeo. Nos metimos debajo del piso, donde había un espacio que servía de aislante del frío. Pero la bomba no cayó ahí, sino del otro lado, donde había unos soldados de la Armada. Ahí aprendimos que la gente no se muere como en las películas, rápido, sino que se queda gritando, hasta que se apaga. ¿Aprendió algo? -Aprendés a tirarte cuerpo a tierra en cada bombardeo y a dormir en la noche bajo un bombardeo constante. Muchas veces el silencio me molesta. Esas son las locuras de la guerra. "Aprendés a dormir en la noche bajo un bombardeo constante. Muchas veces el silencio me molesta." -Y la vida, ¿le cambió? -Cuando fui a la guerra era soltero, flaco y tenía plata. Pero me hizo reflexionar mucho ver que los oficiales recibían cartas o casettes grabados de sus familias. "Si me muero acá no le voy a dejar nada a nadie", pensaba. Así que cuando volví me puse de novio, me casé y tuve cuatro hijos. Cuando uno está próximo a la muerte, enseguida piensa en lo que va a dejar, en su herencia, y yo no tenía nada. La guerra es una experiencia espantosa, pero muy válida..
"por los terremotos" Un alto clérigo de la teocracia islamista sostuvo que las mujeres "que no visten con modestia y difunden el adulterio" son las responsables del aumento de los sismos "Muchas mujeres que no se visten con modestia conducen a los jóvenes por el mal camino, corrompen su castidad y difunden el adulterio en la sociedad. Esto (consecuentemente) aumenta los casos de terremotos”, afirmó Hojatoleslam Kazem Sedighi, alto clérigo de la teocracia islámica, en una oración pronunciada en una mezquita el pasado viernes. Los comentarios de Hojatoleslam Kazem Sedighi fueron dichos una semana después que la nación persa fuese golpeada por el terremoto más intenso de sus últimos 50 años, un temblor de por lo menos 7,7 en la escala Richter que dejó 46 muertos en una zona poco poblada de Irán cerca de la frontera paquistaní. "¿Qué podemos hacer para evitar quedar enterrados en los escombros?”, preguntó Sedighi durante su sermón. “No hay otra solución que encontrar refugio en la religión y adaptar nuestras vidas a los códigos morales de Irán”, afirmó el clérigo. "Ahora bien, si un terremoto golpea Teherán, nadie será capaz de enfrentarse a tal calamidad, sino el poder de Dios, sólo el poder de Dios. Así que no decepcionemos a Dios", cerró Sediqi, quien en su discursó advirtió del "predominio de la degeneración" en la sociedad. Por su parte, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad también se refirió a los sismos, y predijo dos semanas atrás que un fuerte terremoto en el futuro podría acabar con el país. El mandatario dijo que no se podrían evacuar los 12 millones de personas que viven en Tehran, la ciudad más populosa de la república islámica, pero que "por lo menos 5 millones podrían abandonar la ciudad". En tanto, el ministro de Bienestar, Sadeq Mahsooli, dijo que las oraciones y súplicas de perdón fueron históricamente las mejores "fórmulas para repeler a los terremotos" y llamó a seguir por ese camino. “No podemos inventar un sistema que impide que los terremotos, pero Dios ha creado este sistema, ??que consiste en evitar los pecados, a orar, a buscar el perdón , pagar la limosna y el sacrificio ", dijo Mahsooli.