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Primer post: 13 feb 2011Último post: 13 mar 2011
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Lo que debe y no debe hacerse en la celebración de la Misa
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/13/2011

La instrucción Redemptionis Sacramentum, describe detalladamente cómo debe celebrarse la Eucaristía y lo que puede considerarse como "abuso grave" durante la ceremonia. Aquí les ofrecemos un resumen de las normas que el documento recuerda a toda la Iglesia. En el Capítulo I sobre la "ordenación de la Sagrada Liturgia" se señala que: • Compete a la Sede Apostólica ordenar la sagrada Liturgia de la Iglesia universal, editar los libros litúrgicos, revisar sus traducciones a lenguas vernáculas y vigilar para que las normas litúrgicas se cumplan fielmente. • Los fieles tienen derecho a que la autoridad eclesiástica regule la sagrada Liturgia de forma plena y eficaz, para que nunca sea considerada la liturgia como propiedad privada de alguien. • El Obispo diocesano es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica. A él le corresponde dar normas obligatorias para todos sobre materia litúrgica, regular, dirigir, estimular y algunas veces también reprender. • Compete al Obispo diocesano el derecho y el deber de visitar y vigilar la liturgia en las iglesias y oratorios situados en su territorio, también aquellos que sean fundados o dirigidos por los citados institutos religiosos, si los fieles acuden a ellos de forma habitual. • Todas las normas referentes a la liturgia, que la Conferencia de Obispos determine para su territorio, conforme a las normas del derecho, se deben someter a la recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† En el Capítulo II sobre la "participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía", se establece que: • La participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la dignidad bautismal. • Se debe recordar que la fuerza de la acción litúrgica no está en el cambio frecuente de los ritos, sino, verdaderamente, en profundizar en la palabra de Dios y en el misterio que se celebra. • Sin embargo, no se deduce necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en sentido material, además de los gestos y posturas corporales, como si cada uno tuviera que asumir, necesariamente, una tarea litúrgica específica; aunque conviene que se distribuyan y realicen entre varios las tareas o las diversas partes de una misma tarea. • Se alienta la participación de lectores y acólitos que estén debidamente preparados y sean recomendable por su vida cristiana, fe, costumbres y fidelidad hacia el Magisterio de la Iglesia. • Se alienta la presencia de niños o jóvenes monaguillos que realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† En el Capítulo III, sobre la "celebración correcta de la Santa Misa" se especifica sobre: La materia de la Santísima Eucaristía • El pan a consagrar debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente. No se pueden usar cereales, sustancias diversas del trigo. Es un abuso grave introducir en su fabricación frutas, azúcar o miel. • Las hostias deben ser preparadas por personas honestas, expertas en la elaboración y que dispongan de los instrumentos adecuados. • Las fracciones del pan eucarístico deben ser repartidas entre los fieles, pero cuando el número de estos excede las fracciones se deben usar sobre todo hostias pequeñas. • El vino del Sacrificio debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. En la celebración se le debe mezclar un poco de agua. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género. La Plegaria Eucarística • Sólo se pueden utilizar las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano o las aprobadas por la Sede Apostólica. Los sacerdotes no tienen el derecho de componer plegarias eucarísticas, cambiar el texto aprobado por la Iglesia, ni utilizar otros, compuestos por personas privadas. • Es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el sacerdote. • El sacerdote no puede partir la hostia en el momento de la consagración. • En la Plegaria Eucarística no se puede omitir la mención del Sumo Pontífice y del Obispo diocesano. Las otras partes de la Misa • Los fieles tienen el derecho de tener una música sacra adecuada e idónea y que el altar, los paramentos y los paños sagrados, según las normas, resplandezcan por su dignidad, nobleza y limpieza. • No se pueden cambiar los textos de la sagrada Liturgia. • No se pueden separar la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, ni celebrarlas en lugares y tiempos diversos. • La elección de las lecturas bíblicas debe seguir las normas litúrgicas. No está permitido omitir o sustituir, arbitrariamente, las lecturas bíblicas prescritas ni cambiar las lecturas y el salmo responsorial con otros textos no bíblicos. • La lectura evangélica se reserva al ministro ordenado. Un laico, aunque sea religioso, no debe proclamar la lectura evangélica en la celebración de la Misa. • La homilía nunca la hará un laico. Tampoco los seminaristas, estudiantes de teología, asistentes pastorales ni cualquier miembro de alguna asociación de laicos. • La homilía debe iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida, sin vaciar el sentido auténtico y genuino de la Palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos. • No se puede admitir un "Credo" o Profesión de fe que no se encuentre en los libros litúrgicos debidamente aprobados. • Las ofrendas, además del pan y el vino, sí pueden comprender otros dones. Estos últimos se pondrán en un lugar oportuno, fuera de la mesa eucarística. • La paz se debe dar antes de distribuir la sagrada Comunión, y se recuerda que esta práctica no tiene un sentido de reconciliación ni de perdón de los pecados. • Se sugiere que el gesto de la paz sea sobrio y se dé a sólo a los más cercanos. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo en el presbiterio, para no alterar la celebración y del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles. El gesto de paz lo establece la Conferencia de Obispos, con el reconocimiento de la Sede Apostólica, "según la idiosincrasia y las costumbres de los pueblos". • La fracción del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote celebrante, ayudado, si es el caso, por el diácono o por un concelebrante, pero no por un laico. Ésta comienza después de dar la paz, mientras se dice el "Cordero de Dios". • Es preferible que las instrucciones o testimonios expuestos por un laico se hagan fuera de la celebración de la Misa. Su sentido no debe confundirse con la homilía, ni suprimirla. Unión de varios ritos con la celebración de la misa • No se permite la unión de la celebración eucarística con otros ritos cuando lo que se añadiría tiene un carácter superficial y sin importancia. • No es lícito unir el Sacramento de la Penitencia con la Misa y hacer una única acción litúrgica. Sin embargo, los sacerdotes, independientemente de los que celebran la Misa, sí pueden escuchar confesiones, incluso mientras en el mismo lugar se celebra la Misa. Esto debe hacerse de manera adecuada. • La celebración de la Misa no puede ser intercalada como añadido a una cena común, ni unirse con cualquier tipo de banquete. No se debe celebrar la Misa, a no ser por grave necesidad, sobre una mesa de comedor, o en el comedor, o en el lugar que será utilizado para un convite, ni en cualquier sala donde haya alimentos. Los participantes en la Misa tampoco se sentarán en la mesa, durante la celebración. • No está permitido relacionar la celebración de la Misa con acontecimientos políticos o mundanos, o con otros elementos que no concuerden plenamente con el Magisterio. • No se debe celebrar la Misa por el simple deseo de ostentación o celebrarla según el estilo de otras ceremonias, especialmente profanas. • No se debe introducir ritos tomados de otras religiones en la celebración de la Misa. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† En el Capítulo IV, sobre la "Sagrada Comunión", se ofrecen disposiciones como: • Si se tiene conciencia de estar en pecado grave, no se debe celebrar ni comulgar sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse. • Debe vigilarse para que no se acerquen a la sagrada Comunión, por ignorancia, los no católicos o, incluso, los no cristianos. • La primera Comunión de los niños debe estar siempre precedida de la confesión y absolución sacramental. La primera Comunión siempre debe ser administrada por un sacerdote y nunca fuera de la celebración de la Misa. • El sacerdote no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles. • Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante. • Se puede comulgar de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos, con la confirmación de la Sede Apostólica. • Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie. • Los fieles tienen siempre derecho a elegir si desean recibir la Comunión en la boca, pero si el que va a comulgar quiere recibir el Sacramento en la mano, se le debe dar la Comunión. • Si existe peligro de profanación, el sacerdote no debe distribuir a los fieles la Comunión en la mano. • Los fieles no deben tomar la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por uno mismo, ni mucho menos pasarlos entre sí de mano en mano. • Los esposos, en la Misa nupcial, no deben administrarse de modo recíproco la sagrada Comunión. • No debe distribuirse a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, hostias no consagradas, otros comestibles o no comestibles. • Para comulgar, el sacerdote celebrante o los concelebrantes no deben esperar que termine la comunión del pueblo. • Si un sacerdote o diácono entrega a los concelebrantes la hostia sagrada o el cáliz, no debe decir nada, es decir, no pronuncia las palabras "el Cuerpo de Cristo" o "la Sangre de Cristo". • Para administrar a los laicos Comunión bajo las dos especies, se deben tener en cuenta, convenientemente, las circunstancias, sobre las que deben juzgar en primer lugar los Obispos diocesanos. • Se debe excluir totalmente la administración de la Comunión bajo las dos especies cuando exista peligro, incluso pequeño, de profanación. • No debe administrarse la Comunión con el cáliz a los laicos donde: 1) sea tan grande el número de los que van a comulgar que resulte difícil calcular la cantidad de vino para la Eucaristía y exista el peligro de que sobre demasiada cantidad de Sangre de Cristo, que deba sumirse al final de la celebración»; 2) el acceso ordenado al cáliz sólo sea posible con dificultad; 3) sea necesaria tal cantidad de vino que sea difícil poder conocer su calidad y proveniencia; 4) cuando no esté disponible un número suficiente de ministros sagrados ni de ministros extraordinarios de la sagrada Comunión que tengan la formación adecuada; 5) donde una parte importante del pueblo no quiera participar del cáliz por diversos motivos. • No se permite que el comulgante moje por sí mismo la hostia en el cáliz, ni reciba en la mano la hostia mojada. La hostia que se debe mojar debe hacerse de materia válida y estar consagrada. Está absolutamente prohibido el uso de pan no consagrado o de otra materia. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† En el Capítulo V, sobre "otros aspectos que se refieren a la Eucaristía", se aclara que: • La celebración eucarística se ha de hacer en lugar sagrado, a no ser que, en un caso particular, la necesidad exija otra cosa. • Nunca es lícito a un sacerdote celebrar la Eucaristía en un templo o lugar sagrado de cualquier religión no cristiana. • Siempre y en cualquier lugar es lícito a los sacerdotes celebrar el santo sacrificio en latín. • Es un abuso suspender de forma arbitraria la celebración de la santa Misa en favor del pueblo, bajo el pretexto de promover el "ayuno de la Eucaristía". • Se reprueba el uso de vasos comunes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente. • La vestidura propia del sacerdote celebrante es la casulla revestida sobre el alba y la estola. El sacerdote que se reviste con la casulla debe ponerse la estola. • Se reprueba no llevar las vestiduras sagradas, o vestir solo la estola sobre la cogulla monástica, o el hábito común de los religiosos, o la vestidura ordinaria. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† En el Capítulo VI, el documento trata sobre "la reserva de la Santísima Eucaristía y su culto fuera de la Misa". Se recuerda que: • El Santísimo Sacramento debe reservarse en un sagrario, en la parte más noble, insigne y destacada de la iglesia, y en el lugar más apropiado para la oración. • Está prohibido reservar el Santísimo Sacramento en lugares que no están bajo la segura autoridad del Obispo o donde exista peligro de profanación. • Nadie puede llevarse la Sagrada Eucaristía a casa o a otro lugar. • No se excluye el rezo del rosario delante de la reserva eucarística o del santísimo Sacramento expuesto. • El Santísimo Sacramento nunca debe permanecer expuesto sin suficiente vigilancia, ni siquiera por un tiempo muy breve. • Es un derecho de los fieles visitar frecuentemente el Santísimo Sacramento. • Es conveniente no perder la tradición de realizar procesiones eucarísticas. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† El Capítulo VII versa sobre "los ministerios extraordinarios de los fieles laicos". Allí el documento especifica que: • Las tareas pastorales de los laicos no deben asimilarse demasiado a la forma del ministerio pastoral de los clérigos. Los asistentes pastorales no deben asumir lo que propiamente pertenece al servicio de los ministros sagrados. • Solo por verdadera necesidad se puede recurrir al auxilio de ministros extraordinarios en la celebración de la Liturgia. • Nunca es lícito a los laicos asumir las funciones o las vestiduras del diácono o del sacerdote, u otras vestiduras similares. • Si habitualmente hay un número suficiente de ministros sagrados, no se pueden designar ministros extraordinarios de la sagrada Comunión. En tales circunstancias, los que han sido designados para este ministerio, no deben ejercerlo. • Se reprueba la costumbre sacerdotes que, a pesar de estar presentes en la celebración, se abstienen de distribuir la comunión, encomendando esta tarea a laicos. • Al ministro extraordinario de la sagrada Comunión nunca le está permitido delegar en ningún otro para administrar la Eucaristía. • Los laicos tienen derecho a que ningún sacerdote, a no ser que exista verdadera imposibilidad, rechace nunca celebrar la Misa en favor del pueblo, o que ésta sea celebrada por otro sacerdote, si de diverso modo no se puede cumplir el precepto de participar en la Misa, el domingo y los otros días establecidos. • Cuando falta el ministro sagrado, el pueblo cristiano tiene derecho a que el Obispo, en lo posible, procure que se realice alguna celebración dominical para esa comunidad. • Es necesario evitar cualquier confusión entre este tipo de reuniones y la celebración eucarística. • El clérigo que ha sido apartado del estado clerical está prohibido de ejercer la potestad de orden. No le está permitido celebrar los sacramentos. Los fieles no pueden recurrir a él para la celebración. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† El Capítulo VIII está dedicados a los Remedios: • Cualquier católico tiene derecho a exponer una queja por un abuso litúrgico, ante el Obispo diocesano o el Ordinario competente que se le equipara en derecho, o ante la Sede Apostólica, en virtud del primado del Romano Pontífice. ††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††††† Y esto NO ES OPTATIVO, es OBLIGATORIO, lo menciono por algunos sacerdotes que se creen que una Misa es un carnaval o una kermesse con bailes y payasadas incluidas. http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=4255

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Nuevos hallazgos sobre las cruzadas I y II
Nuevos hallazgos sobre las cruzadas I y II
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/13/2011

Nuevos hallazgos sobre las cruzadas I Thomas Madden, historiador estadounidense, desenmascara los mitos SAN LUIS (Missouri) , lunes, 25 octubre 2004 (ZENIT.org).-Los cruzados no eran ávidos depredadores o colonizadores medievales, como afirman algunos libros de historia, afirma un experto al concluir un estudio con nuevas revelaciones. Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»), sostiene que los cruzados representaban una fuerza defensiva que no aprovechaba las propias empresas para ganar con ello riquezas terrenas o territorios. Madden ha recorrido con Zenit los mitos más difundidos sobre los cruzados y los nuevos descubrimientos históricos que los privan de fundamento. --¿Cuáles son los errores historiográficos más comunes sobre las cruzadas y sobre los cruzados? --Madden: Algunos de los mitos más comunes y las razones de su falta de fundamento son los siguientes: Mito número 1: Las cruzadas eran guerras de agresión no provocadas contra un mundo musulmán pacífico. Esta afirmación es completamente errónea. Desde los tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España. En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas. Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad sino que eran su verdadero centro. Y los imperios musulmanes no acababan allí. Siguieron expandiéndose hacia Occidente, hacia Constantinopla y más allá llegando hasta los mismos confines de Europa. Las agresiones provenían por tanto de la parte musulmana. Llegados a un cierto punto, la parte que quedaba del mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse, si no quería sucumbir bajo la conquista islámica. Mito número 2: Los cruzados llevaban crucifijos pero lo único que les interesaba era conquistar riquezas y tierras. Sus intenciones piadosas eran sólo una cobertura bajo la que se escondía una avidez rapaz. Hace tiempo, los historiadores afirmaban que en Europa se había producido un aumento demográfico que llevó a un número excesivo de nobles segundones, adiestrados en las artes de la guerra caballeresca pero privados de la herencia de tierras feudales. Las cruzadas por tanto eran vistas como una válvula de escape que impulsaba a estos hombres guerreros a salir de Europa, hacia tierras por conquistar a expensas de otros. La historiografía moderna, con la ayuda de la llegada de las bases de datos computerizadas, ha destruido este mito. Hoy sabemos que eran más bien los primogénitos de Europa los que respondieron al llamamiento del Papa en 1095 y a la consiguiente Cruzada. Ir a una cruzada era una operación muy costosa. Los señores se veían obligados a vender o hipotecar las propias tierras para conseguir los fondos necesarios. Muchos de ellos, además, no tenían interés en constituir un reino de ultramar. Más o menos como los soldados de hoy, los cruzados medievales se sentían orgullosos de cumplir con su deber, pero al mismo tiempo deseaban volver a casa. Tras los éxitos espectaculares de la primera cruzada, con la conquista de Jerusalén y de gran parte de Palestina, prácticamente todos los cruzados volvieron a casa. Sólo una mínima parte se quedó para consolidar y gobernar los nuevos territorios. Asimismo el botín era escaso. Aunque los cruzados hubieran soñado con grandes riquezas en las opulentas ciudades orientales, prácticamente casi ninguno logró ni siquiera recuperar los gastos. Sin embargo, el dinero y la tierra no eran el motivo para lanzarse a la aventura de una cruzada. Iban a expiar los pecados y ganarse la salvación mediante las buenas obras en una tierra lejana. Afrontaban gastos y fatigas porque creían que, yendo a socorrer a sus hermanas y hermanos cristianos en Oriente , habrían acumulado riquezas donde ni el orín ni la polilla las corroen. Eran bien conscientes de la exhortación de Cristo, según la cual, quien no toma su cruz no es digno de Él. Recordaban también que «nadie tiene un amor más grande que quien da la vida por los amigos». Mito número 3: Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén, en 1099, masacraron a todos los hombres, mujeres y niños de la ciudad, hasta inundar las calles de sangre. Esta es una de las historias preferidas por quien quiere demostrar la naturaleza malvada de las cruzadas. Ciertamente es verdad que muchas personas en Jerusalén encontraron la muerte después que los cruzados conquistaran la ciudad. Pero este aspecto se debe considerar en el contexto histórico. El principio moral aceptado en todas las civilizaciones europeas o asiáticas premodernas era que una ciudad que se había resistido a la captura y había sido tomada por la fuerza, pertenecía a los vencedores. Y esto no incluía sólo los edificios y los bienes, sino los habitantes. Por esta razón, cada ciudad o fortaleza tenía que sopesar cuidadosamente si podía permitirse resistir a los sitiadores. Si no, era más sabio negociar los términos de la rendición. En el caso de Jerusalén, se intentó la defensa hasta el último momento. Se calculaba que las formidables murallas de la ciudad habrían detenido a los cruzados hasta la llegada de una fuerza proveniente de Egipto. Pero estaban en un error. Y cuando la ciudad cayó, fue saqueada. Se dio muerte a muchos habitantes pero otros muchos fueron rescatados o liberados. Según el criterio moderno, esto puede parecer brutal. Pero un caballero medieval podría hacer notar que un número mucho mayor de hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada día mediante las modernas técnicas de guerra, comparados con el número de personas que podían caer bajo la espada durante uno o dos días. Hay que observar que en las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados, la gente no fue atacada. Se incautaban sus propiedades y se les dejaba libres de profesar la propia fe. Mito número 4: Las cruzadas eran una forma de colonialismo medieval revestido de oropeles religiosos. Es importante recordar que, en la Edad Media, Occidente no era una cultura poderosa y dominante que se aventuraba en una región primitiva y retrasada. En realidad quien era potente, acomodado y opulento era el Oriente musulmán. Europa era el Tercer Mundo . Los Estados Cruzados, fundados tras la primera cruzada, no eran nuevos asentamientos de católicos en un mundo musulmán, semejantes a las colonizaciones británicas en América. La presencia católica en los estados cruzados era siempre muy reducida, en general inferior al 10% de la población. Eran gobernantes y magistrados, comerciantes italianos y miembros de las órdenes militares. La gran mayoría de la población de los estados cruzados era musulmana. No eran por tanto colonias en el sentido de plantaciones o fábricas, como en el caso de la India. Eran puestos de avanzadilla. La finalidad última de los estados cruzados era defender los santos lugares en Palestina, especialmente Jerusalén, y proporcionar un ambiente seguro para los peregrinos cristianos que visitaban aquellos lugares. No había un país de referencia de los Estados cruzados con el que pudieran mantener relaciones económicas, ni los europeos obtenían beneficios económicos de estos estados. Por el contrario, los gastos de las cruzadas para mantener el Oriente latino gravaban fuertemente sobre los recursos europeos. Como posiciones de vanguardia, los Estados cruzados tenían un carácter militar. Mientras los musulmanes combatían entre ellos, los estados cruzados estaban a salvo pero, cuando los musulmanes se unieron, fueron capaces de derrumbar las fortificaciones, tomar las ciudades, y en 1291 expulsar completamente a los cristianos. Mito número 5: Las cruzadas se hicieron también contra los judíos. Ningún Papa ha lanzado jamás una cruzada contra los judíos. Durante la primera cruzada, una numerosa banda de malhechores, no pertenecientes al ejército principal, invadieron las ciudades de Renania y decidieron depredar y asesinar a los judíos que allí residían. Esto se produjo en parte por pura avidez y en parte por una errónea concepción por la que los judíos, en cuanto responsables de la crucifixión de Cristo, eran objetivos legítimos de la guerra. El Papa Urbano II y los Papas sucesivos condenaron enérgicamente estos ataques contra los judíos. Los obispos locales y los otros eclesiásticos y laicos trataron de defender a los judíos aunque con poco éxito. De modo parecido, durante la fase inicial de la segunda cruzada, un grupo de renegados asesinó a muchos judíos en Alemania, antes de que San Bernardo lograra alcanzarlos y detenerlos. Estas desviaciones del movimiento eran un indeseado subproducto del entusiasmo de las cruzadas pero no eran el objetivo de las cruzadas. Para usar una analogía moderna, durante la segunda guerra mundial algunos soldados estadounidenses cometieron crímenes mientras se encontraban en ultramar. Fueron arrestados y castigados por tales crímenes pero el motivo por el que habían entrado en guerra no era el de cometer crímenes. Nuevos hallazgos sobre las cruzadas (II) Habla el historiador estadounidense Thomas Madden SAN LUIS (Missouri), martes, 26 octubre 2004 (ZENIT.org).- La actual tensión entre Occidente y los países musulmanes tiene muy poco que ver con las Cruzadas, dice el historiador Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»). Afirma que, desde la perspectiva musulmana, a las Cruzadas no se les dió tanta importancia. La cosa cambió cuando, en el siglo XIX, los revisionistas empezaron a reconsiderar las Cruzadas como guerras imperialistas --¿Piensa que la lucha entre Occidente y el mundo musulmán es en cierto modo una reacción a las Cruzadas? --Madden: No. Puede parecer una extraña respuesta si consideramos que Osama Bin Laden y otros islamistas a menudo se refieren a los estadounidenses como «Cruzados». Es importante recordar que durante la Edad Media, en realidad hasta finales del siglo XVI, la superpotencia del mundo occidental era el Islam. Las civilizaciones musulmanas gozaban de gran bienestar, eran sofisticadas e inmensamente poderosas. Lo que hoy llamamos Occidente era atrasado y relativamente débil. Hay que hacer notar que, con la excepción de la Primera Cruzada, prácticamente el resto de las Cruzadas lanzadas por Occidente --y hubo centenares-- no tuvieron éxito. Las Cruzadas pueden haber frenado el expansionismo musulmán pero de ningún modo lo detuvieron. El imperio musulmán continuó expandiéndose hacia territorios cristianos, conquistando los Balcanes, gran parte de la Europa del Este e incluso la mayor ciudad cristiana del mundo , Constantinopla. Desde la perspectiva musulmana, no tuvieron tanta importancia. Si usted le hubiera preguntado a alguien del mundo musulmán por las Cruzadas en el siglo XVIII, no sabría nada del tema. Eran importantes para los europeos porque fueron esfuerzos masivos que fracasaron. Sin embargo, durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a conquistar y colonizar países de Oriente Medio, muchos historiadores --especialmente escritores franceses nacionalistas o monárquicos-- empezaron a denominar a las Cruzadas como el primer intento de Europa por llevar los frutos de la civilización occidental al mundo musulmán atrasado. En otras palabras, las Cruzadas fueron transformadas en guerras imperialistas. Estas historias se enseñaban en las escuelas coloniales y se convirtieron en el punto de vista normalmente aceptado en Oriente Medio y más allá. En el siglo XX, el imperialismo fue desacreditado. Islamistas y algunos nacionalistas árabes asumieron la visión colonial de las Cruzadas, denunciando que Occidente era responsable de su miseria porque había depredado a los musulmanes desde las Cruzadas. Se dice a menudo que la gente en Oriente Medio tiene una memoria duradera; es verdad. Pero en el caso de las Cruzadas, tiene una memoria reconstruida, fabricada por sus conquistadores europeos. --¿Hay semejanzas entre las Cruzadas y la actual guerra contra el terrorismo? --Madden: Junto al hecho de que los soldados de ambas guerras deseaban servir a alguien más grande que ellos mismos y que deseaban volver a casa en cuanto acabaran, no veo otras semejanzas entre los cruzados medievales y la guerra contra el terror. Las motivaciones de la sociedad secular de después de la Ilustración son muy diferentes a las del mundo medieval. --¿En qué se diferencias las Cruzadas de la yihad islámica o de otras guerras de religión? --Madden: El objetivo fundamental de la yihad (guerra santa) es extender el «Dar al-Islam» (la Morada del Islam). En otras palabras, la yihad es expansionista, busca conquistar a los no musulmanes e imponerles el régimen musulmán. A quienes son conquistados se les da una sola posibilidad. Para los que no son del Pueblo del Libro --en otras palabras, los que no son cristianos o judíos-- la única opción es convertirse al Islam o morir. Para los que pertenecen al Pueblo del Libro, la opción es someterse al régimen musulmán y a la ley islámica o morir. La expansión del Islam, por tanto, estaba directamente ligada al éxito militar de la yihad. Los cruzados eran otra cosa. Desde sus inicios la Cristiandad ha siempre prohibido la conversión forzada de cualquier tipo. La conversión por la espada, por consiguiente, no era posible para la Cristiandad. Al contrario de la yihad, el objetivo de los Cruzados no era extender el mundo cristiano ni ensanchar la Cristiandad mediante conversiones forzadas. Los cruzados eran una respuesta directa y relacionada con los siglos de conquistas musulmanas de tierras cristianas. El acontecimiento que hizo estallar la Primera Cruzada fue la conquista turca de toda Asia Menor de 1070 a 1090. La Primera Cruzada fue convocada por el Papa Urbano II en 1095 en respuesta a una urgente petición de ayuda del emperador bizantino de Constantinopla. Urbano hizo un llamamiento a los caballeros de la Cristiandad para que acudieran a ayudar a sus hermanos de Oriente . Asia Menor era cristiana. Formaba parte del imperio bizantino y fue en primer lugar evangelizada por San Pablo. San Pedro fue el primer obispo de Antioquia. Pablo escribió su famosa carta a los cristianos de Éfeso. El credo de la Iglesia fue redactado en Nicea. Todos estos lugares están en Asia Menor. El emperador bizantino suplicó a los cristianos de Occidente ayuda para recuperar estas tierras y expulsar a los turcos. Las Cruzadas fueron esta ayuda. Su objetivo, sin embargo, no era sólo reconquistar Asia Menor sino recuperar otras tierras antiguamente cristianas perdidas a causa de las yihads islámicas. Incluida la Tierra Santa. En pocas palabras, por tanto, la mayor diferencia entre Cruzada y yihad es que la primera fue una defensa contra la segunda. Toda la historia de las Cruzadas en Oriente es una respuesta a la agresión musulmana. --¿Tuvieron algún éxito los cruzados en convertir al mundo musulmán? --Madden: Quiero hacer notar que en el siglo XIII algunos franciscanos iniciaron una misión en Oriente Medio para tratar de convertir a los musulmanes. No tuvieron éxito, en gran parte porque la ley islámica castiga la conversión a otra religión con la pena capital. Este intento, sin embargo, era una cosa distinta de las Cruzadas que no tenían nada que ver con la conversión. Y fue un intento de persuasión pacífico. --¿Cómo asimiló la Cristiandad su derrota en las Cruzadas? --Madden: De la misma manera que los judíos del Antiguo Testamento. Dios negó la victoria a su pueblo porque era pecador. Esto llevó a un movimiento devocionista de gran escala en Europa, cuyo objetivo era purificar totalmente la sociedad cristiana. http://sagradatradicion.blogspot.com/2010/02/breve-historia-de-las-cruzadas-i-thomas.html http://espadacatolica.blogspot.com/

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