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Primer post: 11 may 2009Último post: 11 may 2009
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Borges y el Nazismo (yo judio y Una pedagogía del odio)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/11/2009

YO, Judío (1934) por Jorge Luis Borges ---------------------------------------------------- Borges, a una acusación absurda de la Revista “Crisol” (publicación argentina de las primeras décadas del Siglo XX, de absoluta identificación con el nazismo) en donde se le endilgaba que ocultaba su ascendencia judía, les responde con el escrito Yo, Judío ---------------------------------------------------- Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia. Es infinitamente plástico y agradable, mucho mas servicial que el porvenir y mucho menos exigente de esfuerzos. Es la estación famosa y predilecta de las mitologías. ¿Quien no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y su sangre? Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgusta pensarme judío. Se trata de una hipótesis haragana, de una aventura sedentaria y frugal que a nadie perjudica,ni siquiera a la fama de Israel, ya que mi judaísmo era sin palabras, como las canciones de Mendelssohn. Crisol, en su número del 30 de enero, ha querido halagar esa retrospectiva esperanza y habla de mi ''ascendencia judía maliciosamente ocultada'' (el participio y el adverbio me maravillan). Borges Acevedo es mi nombre. Ramos Mejia, en cierta nota del capítulo quinto de Rosas y su tiempo, enumera los apellidos porteños de aquella fecha para demostrar que todos, o casi todos, "procedían de cepa hebreo portuguesa". Acevedo figura en ese catálogo: único documento de mis pretensiones judías, hasta la confirmación de Crisol. Sin embargo, el capitán Honorio Acevedo ha realizado investigaciones precisas que no puedo ignorar. Ellas me indican el primer Acevedo que desembarcó en esta tierra, el catalán don Pedro de Acevedo, maestre de campo, ya poblador del "Pago de Arroyos'' en 1728, padre y antepasado de estancieros de esta provincia, varón de quien informan los Anales del Rosario de Santa Fe y los documentos para la historia del Virreinato; abuelo, en fin, casi irreparablemente español. Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude. Estadísticamente los hebreos eran de los mas reducidos. ¿Que pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados? Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sarmatas, medos, otomanos, bereberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas. Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don. Jorge Luis Borges Revista Megáfono, 3, Nro. 12, pág. 60, Buenos Aires, Argentina. Abril de 1934. Una pedagogía del odio (1937) por Jorge Luis Borges Las exhibiciones de odio pueden ser más obscenas y degradantes que las del apetito carnal. Y desafío a todos los amateurs de las estampas eróticas a que me muestren alguna mas vil que cualquiera de las veintidós que componen el libro para niños Trau keinen Fuchs aut gruener Heid und keinem Jud bei seinem Eid, (“no confíes en un zorro en una pradera verde, ni tampoco en un judío cuando promete algo”) cuya cuarta edición está pululando en Baviera. La primera es de 1936: poco más de un año ha bastado para agotar cincuenta y un mil ejemplares del alarmante opúsculo. Su objeto es inculcar en los niños del Tercer Reich la desconfianza y la abominación al judío. Se trata, pues, de un curso de ejercicios de odio. En este curso colaboran el verso (ya conocemos las virtudes mnemotécnicas de la rima) y el grabado en colores (ya conocemos la eficacia de las imágenes). Interrogo una página cualquiera: la número cinco. Doy allí, no sin justificada perplejidad, con este poema didáctico: "El alemán es un hombre altivo / que sabe trabajar y pelear. / Por lo mismo que es tan hermoso y emprendedor / es que lo odia el judío." Después nos recibe una cuarteta, no menos informativa y explícita: "He aquí el judío – ¿quien no lo reconoce?, / el sinverguenza más grande de todo el reino. / El se figura que es lindísimo/ y es horrible". Los grabados son todavía más astutos. El alemán es invariablemente un atleta escandinavo de 18 años, rápidamente caracterizado como un obrero. El judío es un turco, amulatado, obeso y cincuentón. Otro rasgo sofístico: el alemán acaba de rasurarse, el judío combina la calvicie con la suma pilosidad. (Es muy sabido que los judíos alemanes son Ashkenazim, hombres de sangre eslava, rojizos. En este libro los presentan barbudos, oscuro hasta la mulatez, para que sean el reverso total de las bestias rubias. Les atribuyen además el uso permanente del fez, de los cigarros de hoja y de los rubíes.) Otro grabado nos exhibe un enano lujoso, que intenta seducir con un collar a una señorita germánica. Otro, la acriminicación del padre a la hija que acepta los regalos y las promesas de Sali Rosenfeld, que de seguro no la hará su mujer. Otro, la hediondez y la negligencia de los carniceros judíos. (¿Cómo, y las muchas precauciones para que la carne no sea Kosher[/i?]. Otro, la desventaja de dejarse estafar por un abogado, que solicita a sus clientes un tributo incesante de huevos frescos, carne de ternera y grandes cantidades de harina. Al cabo de un año sus clientes han perdido el proceso pero el abogado judío "pesa ya más de 120 kilos". Otro grabado: el alivio de los niños ante la oportuna expulsión de los profesores judíos. "¡Queremos un maestro alemán!", gritan los escolaresentusiasmados, "un alegre maestro que sepa jugar con nosotros y que mantenga la disciplina y el orden. Queremos un maestro alemán que nos enseñe la sensatez." Y es difícil no compartir este último anhelo. ¿Qué opinar de un libro como este? A mi personalmente me indigna menos por Israel que por Alemania, menos por la injurioda comunidad que por la injuriosa Nación. No sé si el mundo puede prescindir de la civilización alemana. Es bochornoso que estén corrompiendo con enseñanzas de odio. Jorge Luis Borges SUR, año VII, nº 32, mayo de 1937 Espero que les hayan gustado estos artículos, y, por qué no? también sorprendidos. Saludos y siempre gracias por los comentarios, palabras que uno busca y estimulan!

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