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coiojor

Usuario (Argentina)

Primer post: 18 ene 2011Último post: 13 jun 2014
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No descargues tus pelis, míralas online
No descargues tus pelis, míralas online
InfoporAnónimo6/13/2014

Bueno gente taringuera, creo que es hora de hacerle honor a la "Inteligencia Colectiva" que mejor manera que haciendo un aporte que no se puede considerar pirata ni desde el mas mínimo punto de vista, "porque lo digo?" mas de uno dirá, pero las películas no pueden ser gratis, o sea si las ves estas pirateando, y en eso estamos muy equivocados, esta es una de las primeras webs que se diferencia de las paginas que son piratas ya que todas sus películas están online pero no desde cualquier server, sino que desde Youtube, como bien sabemos youtube ya gano varios juicios por esto y si las películas están en su sitio es porque la ley se los permitió, sino imagínense el escándalo que le podrían hacer a google (Dueño de Youtube) por asuntos de pirateria... Bien mas de uno dira, pero para eso la busco en Youtube y la verdad no es lo mismo, porque esta web le pone una portada y toda la informacion util y sinopsis lo cual no nos hara perder tiempo buscando entre miles de películas en el mismo youtube, ya que la mayoría de las veces vienen sin la descripción correspondiente, ni idioma, ni nada... MIRAR PELICULAS ONLINE: http://goo.gl/CH3d4L

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Ayerecó Cuahá Catú, Corrientes, Provincia Guaraní
Ciencia EducacionporAnónimo1/18/2011

“Ayerecó Cuahá Catú” “Ayerecó Cuahá Catú” Una Provincia guaraní Por Bartolomé Mitre Era el año de 1838; la más bárbara y la más poderosa de las tiranías pesaba con mano de hierro sobre la Re¬pública Argentina. En toda la extensión de su territorio no se hacía oír ni una voz de protesta, ni un quejido siquiera; apenas si sus amedrentados ciudadanos se atrevían a respirar y a pensar dentro del imperio tenebroso de su propia conciencia. El tirano triunfante, omnipotente, implacable, domi¬naba hasta los estremecimientos de las conciencias desde el Plata a los Andes, y su poder se consideraba incontrastable así en el orden físico como moral. El horizonte de la patria estaba oscuro y no se presen¬tía ni de dónde pudiera venir la luz de la libertad que iluminase a los pueblos sumidos en la negra noche de la esclavitud. De repente se escuchó en un extremo del territorio argentino un vago rumor de gritos que en lengua extraña apellidaban libertad; se sintió rumor de armas, y luego se vieron salir de entre los floridos bosques que bañan el Para- ná y el Uruguay, en los confines del norte argentino, un pueblo casi desconocido que se aprestaba al combate, desa-fiando al tirano de la patria en medio de su omnipotencia, A su cabeza marchaba como general su primer magis¬trado, un hombre sin nombre, dispuesto como sus conciu¬dadanos a la lucha y al sacrificio. ¿Qué pueblo era ese que tan valerosamente desafiaba al tirano? Era una provincia argentina, a que por escarnio se llama hoy provincia guaraní, donde hasta entonces no había sonado un tiro desde la época del coloniaje, y cuyos moradores, inocentes y pacíficos, no sabían ni siquiera esgrimir una lanza. Sus armas eran toscas tacuaras cortadas en sus bos¬ques vírgenes, enastadas con cuchillos, y los pocos de estos improvisados soldados que manejaban armas de fuego daban vuelta el rostro al tiempo de dispararlas en los ejercicios de fuego que presidía el coronel de nuestra inde-pendencia don Manuel Olazábal. La esperanza que se había reanimado por un momen¬to en los corazones argentinos se apagó ante este sublime y desanimado espectáculo. Ni una sola voz contestó desde el Plata a los Andes a este grito valeroso de redención lanzado por un pueblo inerme; ni un solo argentino fue a incorporarse a sus filas populares. Ante esta actitud inconscientemente heroica de un pueblo varonil, que solo en el nombre de la dignidad humana reivindicaba los derechos de todos, todos sintieron miedo y perdieron hasta la última esperanza de libertad. Era en verdad una provincia guaraní, débil, pobre. oscura, inerme, que pronto debía ser pisoteada por las patas de los caballos de la omnipotente tiranía, y cuyas más nobles cabezas debían pronto rodar por el suelo ensangren¬tado de la patria! A pesar de esto, la provincia guaraní fue sola y sin armas a la batalla, y salió al encuentro de las hordas de la tiranía. Su gobernador, Berón de Astrada, marchaba al frente de las columnas de ataque. Los soldados, con reliquias pendientes del cuello y murmurando oraciones aprendidas en la niñez, desplega¬ron la línea de batalla, avanzaran con sublime inocencia para librar la primera pelea de su historia y la primera de la gran lucha de la libertad argentina. Casi todos murieron, y su gobernador el primero. Mil doscientos cadáveres quedaron en el campo. De la .piel del gobernador se hizo una manea; los prisioneros fueron degollados y los caballos de los vencedores se ataron a los cadáveres de los vencidos. El vencedor, como Carlos IX ante el cadáver putrefacto de Coligny, dijo que siempre olía bien el enemigo muerto. Todo esto es rigurosamente histórico, y si esta grande historia no se ha escrito todavía ni en lengua guaraní ni en castellano, todos pueden dar testimonio de su verdad y reivindicar para sí esta gloria fúnebre y protestar en altas voces, que si algunos o muchos de los muertos en aquella infausta jornada hablaban guaraní, ellos más que ninguno merecieron el honor de ser llamados argentinos, porque ellos fueron los únicos que se ofrecieron en holocausto de su patria, dando a sus hermanos, al tiempo de morir, la señal atrevida de la redención. Desde entonces la provincia de Corrientes, el nombre del gobernador y mártir Berón de Astrada y la jornada de Pago Largo, ocupan la página más memorable, más glorio¬sa y más triste de la historia de la libertad argentina. Los que sobrevivieron a esta hecatombe decían, acen-tuando la palabra como los guaraníes: "¡Corrientes pagó largo!” Y todavía está pagando largo su amor a la libertad y su odio a los tíranos y a las tiranías. Todavía se niega a sus hijos la verdad de ese amor y de ese odio innato en los correntinos, y se piden castigos por este delito cívico. La población de Corrientes se había desenvuelto alre¬dedor de una cruz de madera incombustible, que todavía se reverencia allí como el primer pendón de su civilización cristiana. Como casi en todas las poblaciones del Río de la Plata fundada por los conquistadores la de Corrientes es hija en mucha parte del fecundo consorcio de la raza indígena y de la raza europea, que según el testimonio de Azara, es una de las más hermosa de la tierra, como lo demuestran los correntinos y los paraguayos, y de cuyo temple y buena índole dan prueba sus hechos. Corrientes dormitó durante la revolución de la Inde-pendencia, pero se mostró siempre profundamente adheri¬da a la nacionalidad y a la sociabilidad argentina. Esa provincia, a que por escarnio se llama guaranítica, y que no debe renegar su origen étnico en la parte que le toca, luchó. Por años enteros contra las hordas de guaraníes semisalvajes que Artigas sacó de las Misiones occidentales para avasa¬llarla. Esa provincia libró entonces batallas en favor de la unidad argentina, y como en Pago Largo, tuvo también su gobernador Perugorría fusilado en 1814 por su fideli¬dad a la nación. Aquella raza guaraní, pura, en estado casi salvaje, fue la que en nombre de Artigas oprimió bárbaramente por largos años a la población civilizada de Corrientes, con el indio Andresito, teniendo de Artigas, a su cabeza, hasta que la provincia sacudió su yugo y se reincorporó espontánea-mente a la comunidad argentina. El primer uso que hizo de su autonomía y de su libertad, fue darse un gobierno regular, y en 1824 se dio por inspiración una constitución, en que prescindiendo de pronunciarse sobre las formas de gobierno que dividían a la República, formuló su credo político social, asegurando las garantías comunes, en momentos en que esas ideas de organización no habían penetrado en la mayoría de las provincias argentinas y apenas alboreaban en Buenos Ai¬res. Años después, cuando el cacicazgo y los gobernado¬res vitalicios dominaban la República, Corrientes era la única provincia que conservaba un gobierno civil, que profesase principios de legalidad. Y fue de Corrientes de donde se levantó en 1832 por la boca de su gobernador Ferré tan ilustre después aquella reclamación de derecho, que pedía la reunión de un congreso nacional y una constitución para toda la República. La contestación a esta exigencia, está escrita en la famosa carta de Rosas a Quiroga, que declaraba traidores a la Federación a los que pedían congreso y constitución, y que amenazaba de muerte a los promotores, bárbaro pro-grama con el cual Rosas tiranizó por espacio de veinte años a los argentinos. En estos antecedentes de solemnidad histórica y no en las tradiciones salvajes de la raza guaraní es donde debe buscarse la filiación del sentimiento cívico, y el instinto del derecho que está en la naturaleza y el carácter de sus hijos. De ahí viene el alzamiento de Corrientes en 1838, y de ahí sacó sus fuerzas para morir heroicamente en 1839, pagando largo, muy largo, por la libertad. Y como corolario de tan notables antecedentes de su sociabilidad política y de su amor a la libertad puede señalarse el hecho -único en la historia argentina- que no ha sido gobernada jamás por un cacique, que no ha dado a la República un sólo caudillo anárquico, y que no ha soporta¬do más tiranos que los que por fuerzas extrañas le han sido temporariamente impuestos, como hoy se ha pretendido por algunos imponerle el poder usurpador de un mandón rujo del fraude y de la violencia. Una provincia que puede presentar estos títulos his¬tóricos, políticos y sociales, no puede ser clasificada como se pretendería por algunos, entre las tribus salvajes, cuya conciencia no tiene noción de la libertad y cuyo lenguaje. Bárbaro no puede, según ellos ni aún expresar la idea. ¿Quién respondió al grito de libertad que en 1840 lanzaron 400 emigrados argentinos a una isla del Río de la Plata, cuando las cabezas de los ciudadanos, segadas por la mazorca, rodaban como masas inertes por las calles de Buenos Aires y se anunciaban en venta como sandías en sus mercados? ¿Quién? ¿Los argentinos de sangre más azul que la de los correntinos? ¡No! Fue otra vez la provincia que por irrisión se llama guaranítica, la que respondió a este grito de redención, que ella había sido la primera en dar antes con varonil aliento. Apenas obtenido el pequeño triunfo de Yeruá, y cuando el general Lavalle pisaba sus fronteras, buscando soldados libertadores que no encontraba en ninguna parte para engrosar sus legiones, el pueblo de Corrientes se levantó en masa como un sólo hombre, desde el Mocoretá hasta las nacientes del Uruguay y Paraná, y dio a la revolu¬ción su base de operaciones, los tesoros de su pobreza, la sangre de sus lujos y a todos el ejemplo del más generoso y abnegado patriotismo. Por eso, Corrientes fue llamada desde entonces el Pueblo libertador, y la historia ha consagrado este título conquistado a costa de inmensos sacrificios. Las batallas de Don Cristóbal, del Sauce Grande, San Pedro, Quebracho Herrado y Faimallá, el Chaco, marcan el itinerario de las legiones correntinas desde el Paraná hasta Jujuy. No existe una sola provincia donde no haya corrida sangre de los hijos de Corrientes, en holocausto de la libertad común, y donde ellos no pagasen largo, largo siempre, como cuando se levantaron solos contra la omnipotencia tiránica de Rosas. Rosas volvió a triunfar otra vez de sus enemigos y derrotó en todas partes a los ejércitos de la libertad. Toda la República Argentina quedó de nuevo postrada a sus pies, muda y trémula como la víctima destinada al sacrificio, sin bríos para resistir, y ni siquiera para protestar contra su prolongado martirio, aún en presencia de la muerte segura. En medio de esta derrota general de las armas libertadoras, en medio de esta enervación del patriotismo militante, en medio de esta cobardía moral, sólo Corrientes se levantaba con arrogancia desafiando impávida las iras del tirano. Se la creía domada, huérfana de sus mejores hijos muertos en lejanos campos de batalla, sin bríos para la lucha y sin voluntad para la resistencia. Pero al grito del general Paz, escapado de una prisión del tirano, otra generación del pueblo corren t ino se levantó de nuevo en armas, y, sola otra vez, coronó en 1841 las armas de la libertad argentina con la palma inmortal de Caá Guazú, el más espléndido triunfo de la libertad contra la tiranía. Y después, los últimos batallones y escuadrones correntinos formados en tres años de lucha, fueron a sucumbir en 1842 en el Arroyo Grande, y la provincia guaraní fue de nuevo subyugada. Otra vez, hasta la esperanza de la libertad se apagó en los más fuertes corazones, y únicamente los guaranís no desmayaron. Los últimos dispersos de las legiones libertadoras de Corrientes diezmadas, se habían refugiado en el territorio del Brasil, o encerrándose en la estrecha península de Montevideo, último baluarte de la libertad perseguida. De estos asilos salieron 108 hombres emigrados, to¬dos ellos correntinos, con un correntino a la cabeza, Don Joaquín Madariaga, atravesaron el Uruguay por un punto que lleva hasta hoy, en su honor, el glorioso nombre de Paso de los Libres (antes Restauración); y esos 108 hombres levantaron en masa y por cuarta vez a toda la provincia de Corrientes, librando varias batallas y organizando un nue¬vo y numeroso ejército en 1844. La causa de la libertad argentina volvió a cobrar fuerzas al poner de nuevo el pie sobre el suelo sagrado de la patria, y su bandera enarbolada de nuevo en la tierra argentina, fue saludada por cuarta vez por aquellos varoni¬les acentos guaraníticos que siempre prometían pagar lar¬go por la causa de su libre elección. Laguna Brava, Bella Vista, Tranquera de Loreto, La¬guna Limpia y el campo de batalla de Vences, donde las legiones libertadoras de Corrientes cayeron otra vez venci¬das por la tiranía, pueden decir si ellas fueron fieles a la promesa guaranítica que habían hecho al jurar por cuarta vez su invencible bandera. cuando por la quinta vez en 1850 hizo el último pronunciamiento que debía derribar para siempre la tiranía de Rosas, Corrientes, la provincia guaranítica, estuvo en la vanguardia a la par de la de Entre Ríos, su vencedora antes, su aliada entonces, convertida al fin a sus ideas y subleva¬das también al fin contra el tirano y la tiranía. los escuadrones y batallones correntinos que ha¬bían triunfado en Caseros, fueron el nervio de la revolución del 11 de septiembre de 1852, punto de partida de la regeneración y de la reorganización argentina que el triunfo de Pavón en 1861 coronó al fin. Ninguna de las provincias respondió a ese triunfo que inauguraba una nueva época, en que la Nación debía presentarse por vez primera unida y regida por una sola ley. ¿Cuál fue la provincia que dio la señal, levantando con manos robustas la bandera triunfante de Pavón? Corrien-tes, siempre Corrientes, la provincia guaranítica, que según se dice, ni aún puede traducir en su lengua la palabra libertad! Corrientes se levantó por la sexta vez como un sólo hombre, nombro un gobierno civil (ese Pampín, que se califica de salvaje guaraní) y frente a frente de la provincia de Entre Ríos que aún podía prolongar la lucha, obligó al General Urquiza a capitular y a concurrir a la reorganiza¬ción nacional, ahorrando así al país inmensos sacrificios. De las siete revoluciones correntinas, alguna de las cuales se ha pretendido deshonrar con el calificativo de guaraníticas, ¿cuál no ha merecido las bendiciones de los contemporáneos y cuál no es acreedora a la admiración y la gratitud de la posteridad? Corrientes, además de sus cualidades étnicas como raza viril, además de sus patrióticos instintos políticos, desempeña por su posición geográfica y por su contacto con otras razas, un grande y único papel en la economía de la sociabilidad argentina. Por eso, el patriotismo previsor aconseja dar temple a su carácter innato en vez de enervarlo, porque ese carácter es una fuerza al servicio de la naciona¬lidad, que contribuye a dar cohesión a nuestra embrionaria sociabilidad política. Corrientes, limítrofe con el Paraguay, con el Brasil y con el Estado Oriental, es nuestro antemural por la extremi¬dad norte, y es una fuerza que da cohesión a la población de esa parte del territorio argentino, que parece desprenderse de nuestro sistema geográfico. La provincia de Corrientes fue nuestra vanguardia en la guerra contra los guaraníes bárbaros que nos trajo el Paraguay, y ella ha contribuido a asegurar por un siglo más nuestra paz exterior por aquella parte de nuestras fronteras, vinculando perdurablemente la Mesopotamia argentina a nuestro sistema político, geográfico y social. Piénsese por un momento lo que habría sido la guerra del Paraguay en 1865 y 1866 sin ese temple guaraní, cuando al ponerse en campaña los primeros batallones argentinos, se sublevaron sucesivamente dos ejércitos entrerrianos a su retaguardia, a que debían responder más tarde otros dos ejércitos en el interior de la República, que se levantaron en honor de López del Paraguay, y ¡cuando en nuestra prensa y en nuestro parlamento no faltaba quien abogase por la causa del Paraguay! Y cuando una parte de la Mesopotamia argentina (Entre Ríos) se levantó contra la autoridad nacional, y llegó hasta conspirar contra nuestra integridad? Fue la provincia guaraní de Corrientes quien dio un nombre guaraní a este nuevo triunfo de la nacionalidad y la civilización, llamándola Ñaembé y sellando este nuevo título con su sangre generosa, pagando siempre largo aunque sea en guaraní. Se ha dicho muchas veces: estamos en la república posible, y vamos en marcha hacia la república verdadera. ¿Qué nos falta para complementar la república verdadera? Nos falta opinión pública robusta, temple cívico, gobiernos morales, verdad del sufragio popular, fuerzas activas que impulsen la libertad y fuerzas eficientes que mantengan el orden constitutivo y constitucional de la sociedad; en una palabra, nos faltan todavía verdaderos pueblos, que hagan gobiernos a imagen y semejanza suya, o sea, lo que se llama en la lengua universal del derecho público, el propio gobierno, que los guaraníes en su barba¬rie traducen en su lengua, ayererecó cuahá catú, o sea, tenerse y saberse gobernar bien. Ya se ve como en guaraní Se puede traducir la idea del gobierno propio, de hecho y de palabra. Los gobiernos electores, la mala composición de nues¬tras cámaras nacionales, los abusos gubernativos de las provincias, el malestar profundo de muchas de ellas, y como consecuencia de todo esto, el divorcio entre pueblos y gobiernos, las resistencias, las revoluciones y todo su cortejo de males, no reconocen otra causa que esa falta de nervio de la opinión pública para defender sus derechos y para consolidar el propio gobierno, o sea el gobierno de la mayoría. En medio de esa inmoralidad política, en medio de esta corrupción gubernativa, el pueblo de Corrientes nos ofrece el ejemplo moralizador de un verdadero pueblo celoso de sus derechos, viril en sus manifestaciones, pacífi¬co y constitucional en sus medios de acción, y sin embargo, se le llama ¡pueblo guaraní! y se pide para él la degradación cívica, ¡y casi la horca! Cuando se trata de abusos gubernativos, se pretende explicarlos y aún disculparlos, con la deficiencia de nuestra educación constitucional y la debilidad orgánica de nues¬tros pueblos, pronunciando desde lo alto de su insolencia oligárquica que se apoya en las fuerzas distraídas de su objeto: "Cada pueblo tiene el gobierno que se merece". Todos y cada uno de los pueblos tienen derecho al mejor gobierno posible, y por lo tanto merecen gozar el mejor, y si la Constitución lo establece así, traicionan sus mandatos los que le dan el peor posible, y se disculpan con que el pueblo no merece otra cosa que inmorales gobiernos electores, que suprimiendo la soberanía del pueblo en la práctica, lo substituyen con una oligarquía oficial, volvien¬do los gobiernos contra el pueblo las fuerzas que les confió para labrar su felicidad. Corrientes, la provincia guaranítica, según se le lla¬ma, la provincia bárbara según se dice, reivindica sus derechos de pueblo, invocando la Constitución, vota en los comicios luchando contra los poderes oficiales completados, evidencia numéricamente su mayoría legal, propone la conciliación de los partidos cediendo de su derecho, acude a formar parte del colegio que debe elegir gobernador, y cuando sus elegidos son rechazados a sablazos del recinto de la ley en vez de apelar a las armas, forman un colegio electoral, nombran pacificamente su gobernador, el pueblo en masa se reúne para sostenerlo, y' sólo cuando es atacado en su terreno, combate por las autoridades de su libre elección y triunfa dos veces, por la razón y por la fuerza. Y triunfante depone las armas ante la autoridad suprema de la Nación, y espera tranquila su fallo imparcial. Corrientes, a la vez de revelar la personalidad de un pueblo celoso de sus derechos y libertades, ha revelado un instinto de legalidad de que no hay dos ejemplos entre nosotros. Ha hecho una revolución pacífica, dentro del terreno constitucional, votando, constituyendo su colegio electoral, y ha empuñado las armas, no para sublevarse contra las autoridades constituidas, sino para sostener el gobierno civil y legal de su propia elección, obedeciendo a su mandato, y esto es la comisión que tuvieron Reguera y Azcona para pelear la batalla de Ifrán. Ante de esto, no hay más ejemplo de revolución pacífica que la de Rhode Island en 1840, y las de Luisiana y la de Carolina del Sur últimamente, mereciendo esta dos últimas la aprobación y el apoyo del presidente de los Estados Unidos, aún cuando en alguna de ellas ocurrieron sangrientas colisiones en que el poder nacional hubo de sos¬tener al gobierno ilegal que después renegó y desautorizó. Compárese este proceder sistemáticamente constitu-cional, que obedece a un principio y busca en último resultado el gobierno incontestable de la mayoría, con la ley ilógica del Congreso que acaba de decretar la guerra civil, o en su defecto la perpetuación de los abusos gubernativos de Corrientes, y pregúntese ¿de qué parte esta la prudencia y la ciencia política? Y si se tiene presente, que no falta quien pretenda que debe declararse rebeldes y sediciosos a todos los que sosten¬gan el gobierno del colegio popular (que por la Constitución de Corrientes es el que nombra gobernador) y se sostiene como primera condición de legitimidad el ser hijo de presi¬dente, puede preguntarse ¿de qué parte está la lógica, el buen juicio y el criterio constitucional? ¿De parte del Con¬greso o de parte de la provincia guaraní? El barro humano de que está amasada la gran mayo¬ría del pueblo argentino con elementos europeos, quichuas, pampas, africanos, y todos los demás principios étnicos que han entrado en su composición, constituyen aquella primi-tiva estatua de arcilla a que el soplo del Creador dio vida y movimiento, y a la cual solo el soplo fecundante de la libertad puede comunicar la vida fecunda que se prolonga en los tiempos. Esta fue la sociedad ingénita destinada a vivir y gobernar, que surgió como un principio de¡ vida nueva después de la revolución de nuestra independencia. Ella fue la que con sus instintos, se sobrepuso a la falsa ciencia de la sociedad vieja, enseñándole que debíamos ser una repúbli¬ca y no una monarquía. Ella fue la que adivinó por intuición una federación genial, a que la inteligencia y el patriotismo concillado con el hecho, tuvo que poner al fin el sello del derecho consentido y formulado en leyes. Ella es la que todavía puede regenerarnos y salvarnos en medio de la corrupción política que nos aflige y deshonra como pueblo civilizado y libre, dando la señal de la resistencia cívica contra las oligarquías despóticas y contra los gobiernos electores que pretenden substituir al voto público. En guaraní o en castellano. Corrientes ha dado la señal de esta resistencia dentro del terreno constitucional de su propio derecho y del propio gobierno, como la dio antes, cuando toda la República Argentina, maniatada a los pies de bárbaros caciques y gobiernos vitalicios, sintió conmovi¬do el poder de sus verdugos al valiente grito de los que murieron en Pago Largo, pagando largo, bien largo, por la libertad de todos, y triunfaron al fin en Caseros, repitiendo en la lengua de los primitivos habitadores de este suelo: ayererecó cuahá catú, ¡ ¡ gobernarse y tenerse bien!!! Bartolomé Mitre General de la Nación Buenos Aires, 13 de Julio de 1878

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Biografía de Ángel Saturnino Blanco, historia de Corriente
Ciencia EducacionporAnónimo1/18/2011

El Coronel Don Ángel Saturnino Blanco Santotomeño-Revolucionario, su actuación destacada en la política de Corrientes, dejó una marca profunda de una época.  Algunos datos biográficos del ciudadano Blanco Su verdadero nombre era Ángel Saturnino Blanco, y decimos era porque, vaya a saberse por qué razón, algunos lo llamaron como Ángel Santos Blanco. Nació un 12 de septiembre de 1856 en Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes. Por aquel entonces un pequeño pueblo del interior de la provincia, fundado por Don Manuel Belgrano a su paso durante la campaña que realizaba al Paraguay, llevando el mensaje de libertad nacido en Buenos Aires con la Revolución de Mayo de 1810. Fueron sus padres, don Ángel Blanco y doña María de las Nieves Acuña. Sin duda sus progenitores descendían de antiguas y caracterizadas familias correntinas, muy arraigadas en la sociedad de entonces por linaje social, cultura y capacidad económica. En síntesis, gente tradicional en la provincia que gozaba de mucho prestigio y eran muy bien aceptados en los altos círculos que frecuentaban. No se sabe bastante acerca de cómo transcurre su niñez en aquel medio, de vida tranquila y solariega de los viejos pueblos del interior donde nada ni nadie quebraba la paz social y todo se desenvolvía dentro de un orden rutinario habitual y común a la generalidad de los demás pueblos chicos de Corrientes. Muy joven todavía sus padres lo envían a la ciudad de Buenos Aires donde cursa el ciclo secundario recibiéndose de bachiller. De inmediato ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde estudió unos años, pero no llegó a terminar la carrera, vale decir, abandonó sus estudios sin graduarse. A ciencia cierta no son conocidos el o los motivos por los cuales no concretó lo que al parecer eran deseos de sus padres. Posiblemente no sería ese quizá su propósito en razón de no corresponder a su vocación. O tal vez el ambiente de la época muy politizado al que no pudo sustraerse llevado por sus pasiones juveniles. Innegablemente que capacidad poseía y demuestra además una clara inteligencia. Con su paso por la Universidad esas condiciones innatas se ven fuertemente acrecentadas por el bagaje de conocimientos adquiridos. Enriquece su cultura y trasciende su personalidad en disciplinas intelectuales de índole diversa, destacándose como periodista, poeta y cultor de manifestaciones que si bien no tienen formación académica, lo exaltan como autodidacto. Sus primeros pasos en las lides políticas. No cumplía veinte años de edad cuando ya, llevado por esa pasión que lo había de acompañar toda la vida, se interesa por lo que ocurre en la política nacional en la propia capital de la República, donde antes como ahora, estaba y está el centro de la atención del país en esa materia. Eran los tiempos de muchas contrariedades allá por 1874. La figura del Gral. Mitre atraía a las juventudes de la época por la fama del militar y político que había sido Comandante de las fuerzas de la Triple Alianza y sus recordados triunfos en distintas batallas y combates le daban mucho prestigio y era motivo de atracción en las corrientes populares de ese entonces. Su casa de la calle San Martín al 300 que es la misma donde vivió siempre y en la cual murió ( hoy es sede del Museo Mitre), frecuentemente se hallaba llena de visitantes, entre los cuales, figuraba el joven Ángel S. Blanco, llamado " el correntino m y asomaba como líder de sus compañeros de facultad. Blanco se sintió atraído por la personalidad del Grl. Mitre, manifestándole su adhesión. No era extraño para ello que, por imposiciones del teatro de operaciones cuando la guerra, Mitre debió desplazarse con sus ejércitos por las provincias de Entre Ríos y Corrientes y en esa forma su nombre por la región se hizo popular, cosa que Blanco conocía, puesto que, cuando comenzó la contienda armada, él tenía nueve años. Su bautismo de fuego. Las componendas políticas de entonces, mal endémico sin solución de continuidad hasta nuestros días, son las que producen la insurrección mitrista de 1874. No vamos a entrar en detalles sobre las causas de motivación, ni de las fórmulas políticas en disputa, ni mucho menos acerca de la razón y el derecho que pudo haberle asistido a cada uno en la vorágine del hervidero político. Sí rescataremos lo atinente a la presencia del joven Ángel S. Blanco enrolado en las filas del mitrismo por lo que va a representar su bautismo de fuego en las acciones bélicas que tendrán lugar precisamente como resultante de un cuestionamiento político. El santotomeño Blanco empuña el fusil y, a partir de allí se convertirá de hecho y con los años en un líder revolucionario. Será el principio de una larga lucha donde, ya como el legendario Coronel Ángel Saturnino Blanco llenará toda una época de la historia correntina durante 45 años, en los que su nombre sería sinónimo de revolucionario en defensa de la libertad y los derechos de los pueblos de Corrientes. El desenlace en su primera lucha armada resulta desfavorable para Blanco, ya que las fuerzas oficialistas derrotan totalmente a las de Mitre, donde participaba Blanco, llevado, posiblemente, por un impulso propio de su juventud y de su espíritu combativo, el mismo que había de acompañarlo a lo largo de toda su vida. Blanco decide regresar a Santo Tomé. Después del revés sufrido por Mitre, a cuyas órdenes combatió Blanco en su primera acción de revolucionario, decide regresar a su tierra y embarca en el vapor "Orión " con destino a la provincia de Corrientes. Tiene pensado y así lo hace, instalarse en la estancia "El ombú ", de propiedad de la familia, ubicada ésta sobre el río Uruguay, convirtiéndose por imperio de las circunstancias en un joven hacendado. Voluntarioso y capaz, inició la transformación de la estancia, introduciendo mejoras, y dedicándose a la cruza y mestización del ganado, tarea que la hizo con mucho éxito. Las actividades pecuarias le dan al joven Blanco mucho prestigio como exitoso productor y, muy pronto cobra renombre lo que hace que sea conocido no solo en Santo Tomé, sino en varios Departamentos de la provincia y hasta en la misma Capital. Por ese entonces Ángel Blanco tenía 20 años de edad y como estaba desde sus días en Buenos Aires enrolado en el "mitrismo", ya era considerado figura dentro de ese movimiento representado por el Partido Liberal de Santo Tomé. Blanco empuña por segunda vez las armas ahora en Santo Tomé. Santo Tomé como jefatura gubernamental estaba a las órdenes del Coronel Justo Franco. Ángel Blanco adhiere a su conducción. Le ofrece su amistad y se pone a su disposición. Corre el año 1878, se produce en Corrientes un golpe revolucionario. La provincia estaba gobernada por el Dr. Manuel Derqui, Una puja entre autonomistas y liberales, no hace más que reeditar la eterna historia de esos tiempos que seguiría existiendo y para largo. La campiña correntina se convierte de pronto en escenario de acciones bélicas, en San Luis del Palmar, Empedrado y otros sitios en zonas rurales de la provincia. El joven Blanco se ve de pronto peleando por primera vez en su propia Corrientes envuelto en sus luchas intestinas. Luce las insignias de teniente de guardias provinciales, a las órdenes de su jefe y amigo el Teniente Coronel Franco. El gobierno nacional se ve en aprietos y para pacificar los espíritus belicosos de los correntinos no tiene más remedio que apelar a la cirugía mayor y resuelve intervenir la provincia. Designa en el cargo de Interventor Federal al señor Nicolás Ferré. A su vez y como refuerzo para tratar de resolver en paz la tirante situación, fuerzas del Ejército Nacional ocupan la provincia a órdenes de los generales Manuel Obligado, Villegas, Arias y Ortega y otros efectivos militares procedentes de la provincia de Rio Negro. La situación política era de suyo compleja y complicada, propio de una provincia tan politizada como ha sido siempre - hasta hoy - Corrientes. No era de extrañar entonces que se desconocieran resultados de comicios supuestamente legales; o se reconocieran otros supuestamente ilegales y con un gobernador puesto a la fuerza en el sillón de Ferré. La palabra de Ángel Blanco se hace escuchar. Desde el cargo de Juez de Paz en Santo Tomé que en su momento ocupa, Blanco se hace escuchar en la provincia y, por primera vez hay alguien que habla al pueblo de reivindicaciones populares, de elecciones limpias y confiables en su realización y resultados; y tiene duros conceptos contra el fraude, moneda común en Corrientes como en la Nación. Ese es don Ángel S. Blanco. Su palabra de hombre valiente y con fuerza de convicción hace callar a los mandones de esa época, que esconden urnas, fraguan votos y actas de comicios y acomodan resultados de escrutinio a su favor, con total descaro, apoyados los caudillos en matones mercenarios que pululan por los comités como parásitos despreciables que se compran por un vaso de vino y una empanada. Blanco lanza una proclama arengando a los Santo Tornéanos. ¡"Santo Tornéanos. A las armas! A combatir volemos por la Patria y entre la tiranía o la vida sólo y siempre honor y gloria elegiremos". Y lo firma: "Vuestro hermano Ángel S. Blanco". Y se pone en marcha la columna de milicianos, su caballo dificultosamente se desplaza al paso por los polvorientos y malos caminos correntinos, zanjas y huellones deben sortear, pero la habilidad de jinete del hombre correntino, nada impide el avance de la columna. Van en demanda de la Provincia de Entre Ríos. Su vestimenta es por demás original, y la paisanada de los campos del trayecto que los ve pasar, los mira con indisimulado asombro. Nunca vieron tantos hombres juntos y formados, ataviados con ropas tan llamativas. Gauchos de largas melenas, sujetadas con anchas vinchas, a simple vista tienen un aspecto fiero, que mete miedo al más pintado; jinetes de nacimiento, su piel curtida por el sol, la lluvia y el viento, de tanto cabalgar bajo su rayo abrasador o las tempestades más feroces, tiene esa típica coloración de barro seco que lo mimetiza con el suelo y con el color del polvo ocre que levanta la caballada. Van armados de lanzas criollas, una tacuara verde con media tijera de tusar en la punta, donde ondean banderolas de color; muchos llevan terciadas armas de fuego, son muy pocos viejos fusiles remanentes de encuentros pasados, y también por allí o allá, uno que otro reluciente "Remingtons" que comprara Blanco de su peculio en la Capital de la República. Antes de la partida, Blanco los arengó en Santo Tomé. Les hizo ver con su palabra serena y confiable que la consigna era estar decididos a todo. Les hace entender con su mejor vocabulario que la misión es difícil; que se estrellarán contra fuerzas muy superiores, una muralla imposible de pasar. Nadie renuncia al sacrificio. Hay que seguir adelante, de modo que la protesta se haga ver en los hechos como un acto de heroísmo, para que la historia del país la recoja en sus páginas para siempre. Los jóvenes que van a retaguardia con Blanco y forman su Estado Mayor de operaciones, se acercan y lo rodean como guardia selecta. Pero en realidad ¿ qué buscan esos soldados improvisados?. Fácil resulta deducir que han abandonado sus hogares, su vida tranquila en su pueblito de Santo Tomé, que lo van dejando atrás, allá lejos junto al río Uruguay y sus montes costeros, para acometer esa auténtica patriada de resultado incierto. La posición de Ángel S. Blanco es clara y definida en sus conceptos y en el alcance de los hechos que propugna. Hacer acto de presencia con sus milicos o milicianos correntinos como elemento de presión para evitar las componendas de la clase política porteña que, cuando no, se apresta por medio del recurso de los re manidos contubernios, en los corrillos palaciegos, impulsar tal o cual fórmula con miras a imponer | de prepo" a determinado candidato presidencial. Hay levantamientos en Córdoba y Santa Fé contra el oficialismo porteño, con actos de lucha armada en la Capital Federal. Pero don Ángel S. Blanco, lejos de intimidarse por las muestras de prepotencia de unos y la genuflexión de otros, se mantiene de pié en su posición de hombre y erguido en su postura política y redacta una proclama que es todo un documento de su estatura moral. "A los hermanos Santotomeanos" "La Patria en peligro invoca el heroísmo argentino para salvarse. La aspiración desmesurada del hombre, sin patriotismo, sin conciencia, amenaza hundirla en el abismo de la humillación, deshonor, y desolación mayor posible para reinar siquiera en sus despojos. A tan déspota y negro sentimiento todo lo sacrificarán Avellaneda y Roca; las glorias de la Patria y las libertades y sangre de los hijos de San Martín". El desenlace de la columna que comanda Blanco. A la retaguardia de la columna de milicianos, cierra la marcha el Comandante Blanco y su Estado Mayor, conformado por la Guardia Nacional de Santo Tomé, organizada por precisas directivas del propio Blanco, especialista en la materia, que apela a la disciplina para lograr el espíritu de cuerpo de los hombres a su mando y conducción; dándole con su ejemplo el toque de bizarría como elemento condicionante de la capacidad de actuar y poniéndolos en aptitud de asumir con honor las exigencias del combate, que impone sacrificio y valor; siempre pensando como objetivo único la regeneración de la provincia con el imperio de la ley como sustento de todos los derechos de los ciudadanos. Son mil hombres, muchachos formados en sus filas; visten blusa celeste y pantalón blanco, uniforme tradicional del Comandante Blanco y sus fuerzas. Al llegar al "Miriñay", el Comandante Blanco recibe una comunicación oficial de desmovilización. La suerte adversa del combate de los "Corrales", librado en la Provincia de Buenos Aires, consolida el gobierno de Avellaneda urente a su oponente que actúa a órdenes de Carlos Tejedor. Blanco perseguido se asila en Brasil. Como secuela de todos esos conatos de desinteligencias, acomodos políticos y escaramuzas revolucionarias, por uno de cuyos bandos de define Blanco, que a la postre son vencidos, el Comandante Blanco, perseguido, debe emigrar. Impelido por las circunstancias no le queda otra salida, dado que sus adversarios arrecian con sus persecuciones y hace inútil que pueda permanecer por más tiempo en el territorio provincial, caso contrario su suerte estaría echada, sería aprehendido, puesto preso y, posiblemente, procesado por subversión y condenado a pasar años en una cárcel. Pero el Comandante Blanco era hombre de afrontar con coraje cualquier adversidad. Se establece en San Borja (Brasil), allí levanta su vivienda, un rancho de techo de paja y paredes de estanteo, vale decir, tacuaras revocadas con barro. Se instala y vive en ese lugar con su esposa y dos hijos de corta edad. Blanco se hace tropero, agricultor, comerciante y, mediante esas tareas reúne algún dinero que le permite acomodarse a las exigencias de una situación obligada de pobreza y a sobrellevar modestamente largos días de destierro. Las famosas boinas blancas. La memorable e histórica revolución de Julio de 1890 (la Revolución del Parque), disipó con su triunfo el camino erizado de peligro y que antes de ese hecho había sido vedado para el bravo Comandante Blanco. Ello hizo posible el regreso de Blanco a su Patria. Fue todo un acontecimiento. Santo Tomé vivió un día de júbilo. El pueblo en las calles lo recibe alborozado. Sus muchos amigos salen a su encuentro y, entre abrazos y vítores, le testimonian su invariable afecto y su adhesión incondicional. Blanco retoma su viejo oficio de periodista. Blanco era periodista de alma, de pluma "fuerte", de conceptos vehementes, no conoce el miedo, y de acuerdo con su carácter recio, funda un periódico combativo "Los Pueblos de Misiones", órgano libre de la democracia correntina. Gobernaba la provincia don Antonio Ruiz. Don Ángel Blanco lo combatió, como patriota que era, y como buen correntino y santotomeño, no temió jamás ni las amenazas, ni las calumnias de sus adversarios políticos, ni la policía "brava" lugareña, famosa por su prepotencia, producto de su ignorancia ya que en su mayoría eran analfabetos, usados por los caudillos políticos. Simultáneamente aparece por esos días unos periódico llamado "Los Amigos del Pueblo", editado en la zona del río Uruguay para defensa de los "derechos populares", según rezaba su prédica de tapa. Muy pronto se convirtió en fiscal del gobierno provincial. Era evidente que desde la Capital Federal se lo apoyaba y sostenía para su edición por dirigentes de poder económico del capitalismo porteño y 16 convertían en el vocero de la "Unión Cívica". Por su importante tirada de ejemplares prácticamente cubría toda la provincia de manera que se lo podía leer en la capital y los pueblos del interior sin ningún problema ya que por distribución llegaba a todos los puntos aunque fueren distantes y pese a los inconvenientes propios del mal transporte. Como hoja de oposición pronto se hizo sentir, tanto, que los comisarios de campaña y jefes llamados Comisarios Departamentales tenían órdenes terminantes de la superioridad que respondía al gobierno, de "estaquear" a los ciudadanos que fuesen sorprendidos dedicados a su lectura. Y la policía "brava" obsecuente y arbitraria por deformación del principio de autoridad por desconocimiento de la función, cumplían a rajatabla la orden: ante cada lector sorprendido "infraganti", "pelaban la lata" como decían vulgarmente los propios milicos, o sea, desenvainaban la espada o el machete "22" y les daban una verdadera paliza a planazos limpios por la espalda; esto era común y corriente en las barberías (peluquerías de ahora) o en los almacenes, punto de reunión no sólo para compras, sino también para vino "al copeo", discusiones de política, y los infaltables "borrachos" y, por allí, algún pendenciero. La oposición no se dejaba estar y denunciaba a las autoridades, con poca esperanza de ser atendidos, los atropellos a la libertad de prensa de todos los días, y la forma brutal con que se atacaba también el principio natural de expresarse la opinión pública. Pese al movimiento de opinión que se formó como contraofensiva a la sistemática acción agresiva de la policía "brava" y los vejámenes a que eran sometidos por su metodología brutal indefensos ciudadanos, una recomposición o mejora del trato por parte de los ejecutores de las aberrantes medidas. Todo seguía igual, la misma presión, los mismos bárbaros y la impunidad de que hacían gala en una demostración de soberbia irritativa y repugnante a los más elementales derechos dentro de la pacífica convivencia, como mínima garantía de la paz social de la comunidad. Ante esta evidencia de los hechos consumados, la dirección del periódico no tuvo más remedio que clausurar la imprenta y trasladar todo su equipo de maquinarias y elementos con destino a San Borja (Brasil). Pero no se arredraron ante la prepotencia de los mandones de turno, igual y desde allí, siguieron disparando andanadas de acusaciones con munición gruesa como se dice en la jerga periodística, en sus editoriales; "hasta la hora de tomar la Patria", como misión. Y la misión siempre será cumplida. El fuego graneado que venía en la hoja del periódico lejos de cesar desde allende el río, se hacía cada vez más denso y continuado. Se responsabiliza al gobierno del Dr. Ruiz de "no haber garantías para la vida, ni para la propiedad; el gobierno de la provincia es, sino el único autor, por lo menos, cómplice muy principal de esta situación". Y continuaba: "se moviliza a la guardia nacional de la provincia, se reúnen criminales y hacen de ellos comisarios que usan "Rémíngtones", violan domicilios, encarcelan, ultrajan, azotan, destierran a ciudadanos y extranjeros". Caja de resonancia era Corrientes de lo que sucedía en el resto del país. El Comandante Blanco por su parte representaba con sus virtudes acrisoladas el símbolo de la pureza ciudadana y el triunfo del orden moral en el ejercicio de la ética como práctica de la conducta cotidiana, él y sus correligionarios, por todo lo que significaba por sus méritos un insobornable medio de lucha en el que inscribe en términos de confianza para lograr en el camino de la democracia y por su representación, la credibilidad en las instituciones del gobierno de la República. La situación en la Provincia de Corrientes. Año 1892. El Comandante don Ángel Blanco acusa al gobierno de Antonio Ruiz, con el cual nunca comulgó. Dice Blanco: "El hombre, el ciudadano y hasta el honor, son atropellados por este gobierno y ultrajados con saña salvaje". Los diarios de Buenos Aires recogen los términos del manifiesto y hacen conocer difundiendo la situación de tirantez devenida de la cuestionada anormalidad institucional, desarrollando el tema con lujo de detalles en sus editoriales como prueba de la importancia que les atribuyen. Al margen de todo esto hay un episodio que quizá merezca ser narrado. Es el caso que en una quinta ubicada en las afueras de Santo Tomé se celebraba una fiesta organizada por gente que respondía a la fracción liderada por don Ángel Blanco, reconocido opositor al gobierno de Ruiz. En el apogeo de la fiesta se hace presente una partida de milicos de policía al mando de un sargento, todos mal fachados y ninguno vestido igual, sólo reconocibles por las espadas y armas largas que portaban. Bravucones y atrevidos, el sargento tomó la palabra y, dirigiéndose a los comensales, ordenó parar la fiesta, diciendo que el comisario, Don Sinforoso, sabía que allí se hablaba mal del gobierno. Agregando a los gritos: ¡Que se disuelva la reunión!. A la carga dijo Vargas, gritó el bruto y, ahí nomás, atacó a sablazos y a tiros a la "oposición", como ese bárbaro decía, sin saber qué era eso. Entonces se lo llamó urgente a Don Ángel Blanco, ausente, que de inmediato se hizo presente con gente armada y decididamente enfrentó a los milicos, corriéndolos a balazos, los que huyeron en desbandada abandonando en el teatro de la acción todos sus pertrechos. La situación se agrava. Se avecina una definición por las armas. Estamos siempre en el año 1892. Todo hacía suponer que el hervidero político desgraciadamente terminaría en una verdadera masacre entre correntinos. El gobernador es informado en su despacho por personalidades de la ciudad. Por citar algunos, los Dres. Carlos Luna, José Miguel Guastavino, Eudoro Díaz de Vivar y Juan Fages. Pero la revolución era cuestión de días o de horas. Ya estaba allí en el ánimo de muchos. Nada lo podía impedir. Tampoco se hacía esperar. El Coronel Blanco-una vez más se hallaba exiliado en San Borja (Brasil). Pero al tanto de lo que sucedía. Al punto reúne una fuerza de caballería compuesta de sesenta hombres, muy decididos, badea el río Uruguay con su caballería, y se dirige velozmente a su cuartel revolucionario en Santo Tomé; también al momento acuden grupos de revolucionarios pidiendo armas. El choque con las fuerzas del oficialismo era inminente. Y se produce la acción de "Tarayrí". Tiene lugar en el camino de Santo Tomé a Posadas, pero muy cerca de Santo Tomé ya que queda dentro del Departamento en zona de chacras, de tupidos montes. Las fuerzas que comanda el Cnel. Blanco superan apenas los 300 hombres; un cuerpo pequeño pero disciplinado, armados con lanzas, carabinas y sables. Durante el combate que no fue de mucha duración, el Cnel. Blanco resulta herido de un lanzazo en el muslo de la pierna derecha y otro cerca del riñón izquierdo. Indefenso y herido, sangrando abundantemente, Blanco desenfunda su revólver y se abre paso a tiros, aprovechando un claro entre la montonera. Acosado por sus perseguidores, el Cnel. Blanco se aleja de la zona de combate y se ve obligado nuevamente a emigrar y lo hace otra vez a San Borja (Brasil). Pero no va sólo, sino con sus compañeros de lucha quienes al verse superados por el enemigo tuvieron que batirse en retirada ante la derrota. Las autoridades brasileñas disponen la internación de todos "por conspirar contra el gobierno de la República Argentina". En esas condiciones que prevé el derecho internacional, son alojados en una Unidad Militar de Porto Alegre. Con posterioridad y mediante gestiones oficiosas de personalidades argentinas, pero sin llegar a la vía diplomática, más que nada a título de buena voluntad, el Cnel. Blanco y sus correligionarios fueron liberados y autorizados a regresar al país. El Coronel Blanco hombre de la "Unión Cívica Radical". De regreso a Santo Tomé, el Cnel. Blanco se dirige a la ciudad de Buenos Aires. Dirigentes de la "Unión Cívica Radical" le ofrecen allí un agasajo. Señalemos que antes Blanco se había separado de las filas de la "Unión Cívica", por no estar de acuerdo con la política de Mitre, que lideraba el movimiento. No resultaba extraño para nada el giro que hacía Blanco en sus ideales políticos. Puesto que, desde su tierna infancia, o mejor, su adolescencia, su inclinación cívica se había orientado hacia ese partido, al que intuyó reivindicador de, los derechos ciudadanos. El caso es, que la "Unión Cívica Radical" le abrió sus puertas al correntino Blanco, por entonces, veterano en los hechos revolucionarios. Y la crema porteña del radicalismo resuelve agasajarlo a Blanco. Este tiene lugar nada menos que en la residencia del Dr. Adolfo Saldías, figura prominente. Y qué agasajo tiene por figura principal a Blanco. Grandes personalidades le presentan sus saludos: Marcelo T. De Alvear, Tomás Le Bretón, Torino, Liliendal, Apelániz y otros muchos más como para formar una galería de celebridades. Se dice que hasta el propio Dr. Bernardo de Yrigoyen, el político de más renombre de la hora, lo estrecha en un abrazo al valiente correntino Don Ángel Saturnino Blanco. Blanco escala posiciones. El propio Yrigoyen lo elogia. El 12 de noviembre de 1892 se reúne en Buenos Aires la que habría de resultar histórica Convención Nacional del Radicalismo, porque en la misma se lee y aprueba entre aplausos y vítores el proyecto de Carta Orgánica del Partido. Al finalizar la reunión amigos comunes acercan a Blanco a don Hipólito Yrigoyen y hacen que coincidan en un aparte y que se entable una amable charla de amigos. Rompiendo el protocolo dentro de su natural circunspección, fue el propio don Hipólito que pidió un momento de silencio. Y dirigiéndose en voz alta a los correligionarios se expresó así: "Señores, este amigo es el valiente Comandante Blanco, cívico radical dé la Provincia de Corrientes". Ambos se estrecharon en un fuerte abrazo. Se cuenta que con el tiempo Yrigoyen calificó a Blanco de "su mejor discípulo". Estalla otra revolución en Corrientes. Ruido de armas otra vez se hacen oír en las calles de la capital correntina. Ha estallado otra vez una revolución. Como siempre el bravo Comandante Blanco aparece en Corrientes por el río Uruguay, al frente de un puñado de valientes. Otros focos dicen que también hay revolución en Santa Fe y Tucumán. En la provincia de Buenos Aires millares de "boinas blancas" ganan las calles a órdenes de don Hipólito Yrigoyen. Estamos en el año 1893. Radicales de la provincia de Santa Fe invaden la provincia de Corrientes, con armamento moderno provisto por el Dr. Alem y otros. Al frente vienen los Coroneles Desiderio Dante y Luis B. Azula. El Comandante Blanco conoce el movimiento de las tropas, y está en apresto como buen soldado y revolucionario además. No se hace esperar y subleva a la costa del Uruguay acaudillada por él y marcha al encuentro del adversario. En la lomada de "Itacuá" se produce el choque de las fuerzas de Blanco que salen al paso, con las que responden al gobierno y se presentan al combate a órdenes del Comandante Juan B. Molina. "Por Corrientes y por la democracia!. ¡A la carga muchachos!", es el grito de guerra con que Blanco arenga a sus tropas antes de entrar en combate. Una voz de ánimo que se refuerza con el ejemplo del jefe Blanco que en su caballo moro es el primero que va al frente. Junto a la Enseña Nacional flamea la Bandera del Parque de Artillería de Buenos Aires, la del 26 de Julio de 1890, blanca, rosa y verde, emblema radical. Fue sangrienta la lucha cuerpo a cuerpo y numerosas las bajas entre muertos y heridos; pero el fuego de fusilería de los atacantes muy superior en número y potencia inclinó la suerte del combate a su favor, y la honrosa derrota del Cnl. Blanco que una vez más elevó el sacrificio del hombre correntino y selló a sangre y fuego su coraje y su valor. El Comandante Molina se apodera de Santo Tomé. Pero la aplastante victoria revolucionaria en el resto de la provincia, obliga a Molina a capitular y rendirse en forma incondicional a las fuerzas del gobierno. Santo Tomé es entregada a las nuevas autoridades. El Cnl. Blanco es comisionado para recibir las armas de los vencidos. En la Provincia de Corrientes se llevan a cabo elecciones para gobernador y vice. Triunfa la fórmula Ing. Valentín Virasoro y Cnel. Daniel Artaza. El Coronel Blanco es electo Senador Provincial. Con los votos de sus correligionarios, el Cnl. D Ángel S. Blanco resulta electo Senador a la Legislatura Provincial por el Departamento de Santo Torné. En el desempeño de ese alto mandato del pueblo como su representante, pronto gana Blanco su reconocimiento y se hace muy popular en la capital de la provincia porque allí funciona el recinto de la Legislatura, pero también en Santo Tomé donde ahora el flamante legislador es un personaje en esta nueva faceta como digno representante de las clases populares que confían en su capacidad y saben que jamás serán defraudados. Esa acumulación de méritos hace que resulte reelecto en el mismo cargo de Senador por Santo Tomé en Junio de 1895. Paralelamente durante ese largo período el Cnel. Blanco ejerce, a la vez, el periodismo de línea combativa y temática polémica en el periódico del Partido, "La Bandera Radical", de Paso de los Libres. Fiel a su estilo periodístico sus notas no tienen desperdicio en el noble ejercicio de publicar las cosas que la gente del pueblo no lo puede hacer y sí padecer, en carne propia, los atropellos de la prepotencia que muchas veces debe callar si aprecian la familia, sus bienes y por último la vida que, para los que viven de la explotación del hombre por el hombre, parecería no tener precio. Nuevamente hay ruido de armas en Corrientes. Desgraciadamente de nuevo hay lucha. El autonomismo desalojado del poder por el pronunciamiento cívico-liberal-radical de 1893, se levanta en armas y por la fuerza pretende desalojar a las autoridades, atacando por sorpresa a indefensas poblaciones de la costa del Uruguay que son tomadas por asalto. "Como primera medida se apoderan de la imprenta 'La Bandera Radical', hecho insólito e incalificable, puesto que la provincia vivía en un clima de paz social total, dentro del orden y de la libertad que garantizaban las nuevas autoridades gubernativas". "El Cnel. Blanco estaba en la mira de los invasores para ser ultimado por esas hordas de asaltantes; pero aprovechando un instante de confusión, Blanco se dirigió al Brasil. No tardó mucho tiempo en regresar al frente de un contingente fuertemente armado, y se trabó en combate con sus enemigos, a resultas del cual se causaron muchas bajas en ambos bandos. Finalmente el Cnel. Blanco logró imponerse y regresar con tranquilidad a Paso de los Libres que estaba bajo su mando anterior. Serenados los ánimos, el Cnel. Blanco deja Paso de los Libres y, otra vez en el ejercicio de sus deberes cívicos, vuelve a ocupar su banca de legislador en la provincia. Desde allí fustiga acremente a los instigadores del asalto sorpresivo y a mansalva; condena como senador el ataque traidor y ventajero: "Todos nuestros partidos políticos- dijo en la ocasión- han hecho revoluciones; las habrá justas o injustas, pero en una u otras, todos los hombres importantes de los partidos que las hicieron, han asumido ante la ley y ante la Nación, la responsabilidad de esas revoluciones”. Su banca era en rigor de verdad trinchera inexpugnable donde se estrellaban las ambiciones bastardas, y tribuna de defensa de los altos intereses de la provincia antes que los de su propio partido; su palabra serena y en su justa medida, sin necesidad de recurrir a la diatriba, era escuchada con respeto y ponderación aún por sus adversarios políticos de otros bloques. Sus discursos quizá sin la elocuencia de la oratoria que no poseía, sin embargo eran lo suficientemente penetrantes por la claridad de sus conceptos y el elevado vuelo literario de sus improvisaciones, acaso el tono vehemente como buen soldado acostumbrado a las arengas, pero ceñido a la más estricta ética cuando de dirigirse a un adversario se trataba. Es que el que se formó en el camino de la ortodoxia de los actos de conducta no desvía jamás su dirección en el sentido que le está señalando el honor, como moneda de noble cuño no corroe jamás. Su propuesta de paz es, no amnistiar, que no corresponde, sino el perdón y el olvido". Ese era y será en la memoria del tiempo el Cnel. Don Ángel Saturnino Blanco, santotomeño y correntino. En la serenidad de la paz se agiganta el Legislador Hombre plenamente identificado con las causas populares, como gustaba decir, y era reconocido, don Ángel Blanco agitaba desde su banca de senador provincial esas condiciones innatas que en los perfiles de su personalidad se convertían en virtudes sobresalientes, en algo así como el tribuno del pueblo, pues, era su vocero al mejor estilo de los románticos de la democracia de la propia Roma milenaria. Su verbo encendido, de profundo contenido léxico fluido y culto, el mensaje que transmitían sus palabras tenía un sentido social desusado y extraño para la época. Decía don Ángel S. Blanco: I el Estado fue creado por y para el pueblo; el gobierno está sin créditos y sin plata, tratemos re restablecerlo; el medio es economizar y no aumentar los impuestos y la elevación del presupuesto con gastos injustificables. Todo aumento de impuestos trae indudablemente aumento de precios y ello cae sobre la población pobre. Abaratar la carne y otros medios afines, ello debe ser resuelto por la Municipalidad, el pueblo tiene hambre y hay que socorrerlo*". Don Ángel S. Blanco ya en su tiempo era un auténtico creador de la justicia social. Era entonces el año 1897. Sacar cuentas y hacer deducciones; la razón es toda suya... Don Ángel S. Blanco viaja como convencional a Buenos Aires. Electo por la Convención Provincial del Radicalismo el Comandante Blanco viaja a la Capital Federal, en compañía de su correligionario el Dr. Rodríguez. Ambos llevan la representación por Corrientes ante la Convención Nacional, siendo despedidos en esta capital por gran cantidad de correligionarios. En el Teatro "Apolo" de la capital tiene lugar la Convención, el 1 de septiembre de 1897. El Teatro estaba colmado desde el escenario a la platea y los palcos bajos y altos por los convencionales porteños y los de cada provincia. Se escuchan las ponencias y se pasa a un cuarto intermedio para deliberar con más tiempo acerca de las mismas, y la resolución final. Unos días después tiene lugar la asamblea definitiva, esta vez en la "Casa Suiza", por calle Cangallo, cerca de la Plaza del Congreso. El gallardo correntino don Ángel S. Blanco por sus antecedentes militares y sus luchas revolucionarias centraba sobre su persona buena parte de la atención de los asistentes. En consecuencia, su palabra era esperada con mucha expectativa, por su carácter fuerte y su indoblegable intransigencia con todo lo que en forma directa o encubierta significase un ataque a los postulados del Partido Radical que defendía a ultranza. Cuando le correspondió hablar se hizo un gran silencio y se le escuchó decir: "Lo que corresponde a la Convención, es redactar su plataforma, aprobar sus candidatos oficiales y no disolverse hasta llenar su cometido" ; y para finalizar:" hay que recoger el guante arrojado por el Partido Nacional, sin empañar nuestra Bandera" Tales conceptos y la forma enérgica y segura con que fueron dichos tuvieron el efecto de un espaldarazo con el aplauso que el público lo rubricó a modo de consagración de Blanco en las lides políticas de la época en la propia capital de la República. Es a partir de allí que el nombre de Ángel S. Blanco cobra verdaderas dimensiones de líder y su popularidad consiguiente fue tan grande como para no apagarse más hasta su muerte. Y aún después porque su memoria vive en el recuerdo de cada correntino que lealmente lo venera, sin distinciones políticas, como auténticamente merecedor del homenaje que todos los días se le rinde y seguirá así por los años de los años y los tiempos de los tiempos en la renovación natural de las generaciones de correntinos. Ángel S. Blanco otra vez con la pluma del periodista. Donde había una necesidad del pueblo allí estaba Blanco..No interesa que fuera en el combate, desde su banca de legislador o con la pluma del periodista como mangrullo de sus verdades. Indudablemente fue Blanco un avanzado para su tiempo, ya entonces no escatimaba palabras punzantes para referirse en sus escritos a cuestiones sociales en defensa de la gente humilde. Alentado por su pasión, pero nunca desbordado por ella, lo lleva a colaborar en " La protesta" un diario de tendencia anarquista. No está documentado, pero se presume que algunos diarios de los llamados grandes de esa época no aceptaban o regateaban la publicación de sus notas, al parecer, por lo subidas de tono. El Comandante Blanco escribe: había visto y experimentado la opresión y la miseria en que se agita la gran masa de la población y esa honda impresión que me produjo, conquistó en su favor mi voluntad". " Eran pobres y oprimidos - sigue Blanco- ignorantes, porque no había libertades para ellos, ni justicia, ni consideración, y me lancé de pequeño, oscuro Quijote, sable en mano y lanza en ristre con todos los bríos de mi juventud y mi entusiasmo, a la conquista de esa libertad y esa justicia, cuya ausencia hacía tan desgraciados a los que tenían los mismos derechos que yo, a la felicidad de la vida". La intentona del golpe popular de 1905. El malestar que existía en el pueblo de la Nación a raíz de la indiferencia del gobierno, hizo eclosión en febrero de 1905. Todo un alzamiento de pueblo y fuerzas armadas que se levantan en rebeldía contra el gobierno, y hace que altos jefes del Ejército Nacional estén comprometidos en la intentona revolucionaria. Hay enfrentamientos armados, pero el movimiento carece de fuerza, por apresuramiento o falta de coordinación y hace que la revolución fracase. Civiles y militares se expatrian, ante la persecución oficial que es sostenida y encarnizada. Don Ángel S. Blanco es detenido en Santo Tomé, acusado y comprobado de haber contribuido en forma activa al levantamiento en Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe. Fuerzas del gobierno lo detienen y lo apresan confinándolo en un transporte de la Armada, amarrado en el puerto de Buenos Aires. Pero por su condición de Coronel de Guardias Nacionales y no del Ejército Nacional, un Tribunal Militar lo absuelve, y el Cnel. Blanco recupera su libertad. El Coronel Blanco al servicio de la Escuela Normal. Después del conocido episodio de su apresamiento y ulterior libertad, el Comandante Blanco regresa a su viejo y querido pueblo de Santo Tomé. Como siempre, no desperdicia la utilidad de su tiempo libre que nunca es tan libre porque su pensamiento al servicio de la gente está en constante evolución, ocupado en interesarse por todo lo que atañe a sus conciudadanos, sin condicionamiento alguno, ni preferencias políticas de tal o cual "color"; basta y sobra que sea su hermano santo-tomeano como él decía y los llamaba a todos sin excepción, para que el problema de ellos pasara a ser el suyo propio, y no descansaba hasta encontrarle solución. Tanto es así que un grupo de vecinos le informa sobre la inquietud general que reina en el medio, ante el comentario con visos de seguridad, del posible cierre de la Escuela Normal Mixta de Santo Tomé. La especie circulante respondía, al parecer, a supuestas manifestaciones de un Inspector de Enseñanza Media, surgido de un informe de dicho funcionario y que había tomado estado público por trascendidos. Las razones o el argumento basado consistía- era comentario- en que los educandos de esa escuela eran mayoría los ciudadanos brasileños radicados; el susodicho Inspector habría venido como veedor de esa situación, y así sería su informe. Como era entonces y muchas veces sucede hoy todavía, la superioridad del Ministerio de Educación de la Nación no se tomó el "trabajo" de verificar sobre el terreno la veracidad o no de ese informe y las causas a las que se recurría para tal afirmación y que, supuestamente, podrían haberlo originado. Tampoco hace caso ni toma en cuenta la firme y sostenida protesta que en ton* enérgico realizan la totalidad de los vecinos, argentinos y brasileños, que reclaman para sus hijos un sitio en la cultura, gravemente amenazada ante la increíble versión de cierre del establecimiento. El asunto era que en cualquier momento y sin más miramientos podría producirse el cierre de esa escuela, la única de esa categoría en la región; un verdadero desastre por el tendal de educandos que quedarían en la calle; que importaba, también, un ataqué aleve a un templo de la cultura y un desprecio incalificable para la población en general. La posición del comisionado entrañaba una amenaza y en consecuencia, no había tiempo que perder. Los habitantes del pueblo se reúnen en asamblea deliberativa; y sin pensarlo dos veces deciden de consuno acudir al Comandante Blanco que a la sazón estaba en Santo Tomé, y ponerlo al tanto de lo que estaba sucediendo. No estaban equivocados. Blanco era un hombre de gran carácter y los asuntos que tomaba a su cargo para resolverlos, tenían ese sello de su personalidad que no aceptaba el fracaso. La respuesta de Blanco fue, que la cuestión si bien importante, no tenía la entidad necesaria como para no ser hallada en el menor tiempo su solución. El hijo dilecto de Santo Tomé la culta, y hombre sumamente ilustrado él también, y como buen periodista, recurre sin tardanza a los órganos de prensa de Buenos Aires, haciendo que el caso tome estado público a nivel país y que se ocupen casi cotidianamente de ese mismo caso. En consecuencia, el problema ya no fue sólo de los afectados, ni del pequeño pueblo de Santo Tomé; todo el país se puso al tanto de lo que sucedía y acontecía, allá lejos en una localidad de frontera de la Provincia de Corrientes. Como era de esperarse, la cartera de Educación de la Nación estudió en profundidad la problemática y, rápidamente terminó por reconocer que se trataba de un error al que estaba siendo llevado por un informe de espaldas a la realidad. Y dio por terminado el tema. Todo volvió a la normalidad. El Comandante Blanco una vez más, cumplió con su palabra. Como buen hijo había prestado otro importante servicio a su querido Santo Tomé. Don Ángel S. Blanco candidato a la gobernación. Es tiempo de elecciones en todo el país para Presidente de la Nación, como en la provincia para gobernador. Pleno imperio de la Ley Sáenz Peña del "voto secreto y obligatorio". Año 1913. También se realizan elecciones comunales en Santo Tomé. El radicalismo obtiene un triunfo categórico. Al siguiente año, marzo de 1914 el partido Radical vuelve a la arena política en el orden nacional, después de un período de abstención. Conquista dos bancas de diputados nacionales, que serán ocupadas por los Doctores: Desiderio Quintino Dante y Ricardo Andreau, dos grandes figuras del civismo correntino. Por su parte el Comandante Blanco vuelve a ocupar su vieja banca de Senado provincial. En Buenos Aires un importante periódico comenta estas elecciones y califica a Blanco de "varón consular del senado correntino". La Provincia de Corrientes se halla intervenida por el gobierno Nacional, ocupando el cargo en ese carácter el Dr. Daniel Goitia y como ministros los Doctores: Agüero Vera, Alfredo Labougle y César Carrizo. Casi al mismo tiempo en la ciudad de Mercedes se reúne una convención radical. Allí surge el nombre del Comandante don Ángel S. Blanco, como candidato a la gobernación de la Provincia de Corrientes. El benemérito de la historia, Prof. Dr. Hernán Félix Gómez Adversario político de Blanco- al referirse al mismo, escribe lo siguiente: "El caudillo del pueblo radical, era el Comandante Blanco; con él, estaba el electorado modesto de las campañas y de las ciudades, al que había enfervorizado en una base de sacrificio e idealismos y esparcido ideas curiosas de democracia práctica, la soberanía efectiva de las masas". En la ciudad de Esquina, tiene lugar otra importante asamblea popular de grandes proporciones por el número de concurrentes. Los correligionarios entusiasmados entre gritos, aplausos y bombas de estruendo, elemento infaltable en las reuniones políticas que no reconoce tiempo puesto que se utiliza siempre y en todas las latitudes del planeta Tierra, estallan en exclamaciones nombrando al Comandante Blanco como futuro Gobernador de la provincia. Pero hay un hecho sintomático de que la cosa se toma muy en serio. No solo se vitorea a la cabeza de la fórmula, sino que, allí mismo, se incorporan las preferencias de la gente, otro ingrediente importantísimo. Se suma como candidato a vice gobernador para completar el binomio, el nombre del señor don Mariano Madariaga, un prestigioso ciudadano de rancia extracción radical. En el Teatro "Vera" se proclama la fórmula Blanco-Madariaga. Tiene lugar a fines de septiembre de 1918. Un lleno completo y espectacular ofrecía esa noche de primavera, el mayor coliseo del Nordeste Argentino, iluminado a giorno", repleto, donde sobresalían entre los presentes, notables figuras de la política correntina, ubicados los principales en el escenario y en las primeras filas de platea, palcos bajos y altos. El tema central y único era la proclamación de la fórmula de la "Unión Cívica Radical" de Corrientes, Ángel Saturnino Blanco y Mariano Madariaga, candidatos a la gobernación y vice de la provincia, respectivamente. La apertura del acto se hizo con todo el protocolo de siempre para tan magna ocasión, se cantó el Himno Nacional y se escucharon varios discursos a cargo de notables oradores de la época. Cuando Blanco se aproximó a la parte del proscenio del escenario, una verdadera salva de aplausos atronó el recinto entre agitar de pañuelos blancos y vítores a su nombre. Sereno y reflexivo, don Ángel Blanco improvisó una vibrante arenga de esas de su tiempo de revolucionario antes de cada combate y éste también lo era aunque en la arena política. Finalizando con su célebre frase: “ por Corrientes y la democracia". Terminado el acto, una imponente manifestación recorrió las calles de la ciudad de Corrientes con autos "descapotados", con banderas argentinas y del radicalismo y "boinas blancas". A la cabeza pero a pie avanzaban dificultosamente entre la muchedumbre Blanco y Madariaga; de los balcones hasta sus adversarios políticos se asomaban sumándose en homenaje a las virtudes cívicas y ciudadanas del patriota comprovinciano. La fuerza del carisma del legendario "Coronel del pueblo". Las elecciones se hacen con la apertura de los comicios a partir de las ocho de la mañana del 6 de abril de 1919; custodiado cada local por fuerzas policiales, pero fiscalizadas por oficiales del ejército, que también se desempeñaban al frente de la Jefatura de Policía y de las Comisarías Departamentales en el interior de la provincia. La fórmula del oficialismo bajo la denominación de "Concentración Cívica", alianza conservadora entre liberales y autonomistas, estaba integrada por los Doctores: Leopoldo Sosa y Ramón Díaz de Vivar. "La junta electoral fue reñida. Ninguna de las dos agrupaciones en pugna reunía el número suficiente de electores- los famosos electores de las componendas políticas-, para definir la situación. Categóricamente y de acuerdo con la Ley Electoral vigente, se imponía la constitución y actuado de un 'Colegio Electoral' para pronunciar el veredicto de las urnas, en una segunda vuelta". En los umbrales de su consagración Muerte del Cnel. Blanco. En rigor de verdad la contienda electoral estaba pendiente de un desenlace por la paridad de electores entre uno y otro bando contendor. En el ambiente reinaba gran suspenso en razón de que se debería ir a una segunda vuelta, por entonces no se usaba el galicismo "ballotage", sufragando por una de las fórmulas que a la postre resultaría más votada. Pero el desenlace no se hace esperar y se presenta de súbito y en otro escenario y en forma muy distinta y trágica. '* En un hotel céntrico, el 'Apolo', de la ciudad de Buenos Aires, donde acostumbraba alojarse, fallecía Blanco, repentinamente, de un ataque al corazón, el 1 de julio de 1919" (sobre esta sorpresiva muerte la tradición oral hace circular hasta nuestros días y es de conocimiento del que esto escribe, que se atribuiría la misma a un supuesto envenenamiento, o sea, el crimen político por encargo o precio). Por respeto a la memoria del ilustre muerto y sus deudos, nos detenemos aquí. "Su viaje a la Capital Federal por urgentes asuntos políticos, la emotividad inherente a la reciente campaña electoral, el desgaste cotidiano de su agitada vida cívica, hasta el asma del que alguna vez se quejó, tal vez fueron causas que aceleraron su tránsito...". Nadie mejor que el benemérito de la historia prof. Dr. Hernán Félix Gómez -su adversario político- que así se expresaba:" El suceso, días antes de una victoria descontada, conmovió a todo el país, la prensa sin distinción de matices políticos, elogió la personalidad gallarda que desaparecía, en la que unánimemente se distinguían los dos aspectos que ofrecía el análisis, caracterizándose el de su vida pública de beneficios indiscutibles para la democracia provinciana". Se apagaba así la vida del ínclito varón santotomeño, militar revolucionario, legislador y hombre de la cultura que honró y sigue honrando desde la tumba a sus conciudadanos por mandato de un destino común; y que con el paso del tiempo que lo vio nacer y crecer y, llevado por la mano de Dios, obró el milagro de convertirse en documento personificado y leyenda inmanente de un pasado con vivencia de presente, para gloria de su nombre y de su pueblo al que tanto amó como hijo de su estirpe y de esta raza de valientes correntinos. En el panteón familiar del cementerio de Santo Tomé, descansan en paz los restos del Coronel don Ángel S. Blanco. ¡Viajero! Si alguna vez pasáis por Santo Tomé, entrad a su cementerio. Allí, muy cerca de su portón de entrada por calle principal a la derecha, hallareis el panteón de la familia Blanco. Deteneos por un instante frente a él. Os sentiréis suspendidos en el espacio de un mundo de misterio. Es el efluvio de un pedazo de la historia de Corrientes. Es el mensaje genuino con acento santotomeño, que pareciera escucharse por sobre las barreras materiales y superando las leyes de la física. Es la voz del Coronel Don Ángel S. Blanco. Allí descansan sus restos. Pero allí vive su alma. ¡Dejadle una flor blanca!

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El Yasiyateré
Ciencia EducacionporAnónimo11/26/2012

El Yasy Yateré, Yasí Yateré, Yaciyateré o Jasy Jatere (en la actual ortografía del avañe'ẽ) es una especie de duende o gnomo de la mitología guaraní. Su creencia se extiende por todo el territorio de Corrientes, Misiones y el Paraguay. Algunas fuentes sostienen que Yasy Yateré es una derivación o deformación del nombre original que significaría "fragmento de luna" en guaraní. Tal el nombre de un pajarito que vive en las selvas del nordeste argentino, cuyo silbido monótono se oye al amanecer y anochecer. En noches de luna, en Enero, se oye un silbido: yateré...yateré... cada vez más cercano, cada vez más fuerte. De allí que inicialmente este personaje tuviera el cabello de color blanco o plateado (por los rayos de luna) y fuera un personaje nocturno. Sin embargo actualmente se lo considera un personaje más bien diurno. Entonces, las madres cuidan de no dejar solos ni un sólo momento a sus hijos pequeños. Es un criatura de entre 2 y 6 años, de cara bonita, rubio, ojos azules o amarillos, sin orejas. Tiene un olor muy fuerte y desagradable. Rapta niños que encuentra solos al mediodía o a la siesta. Sólo se lleva a los varones, a las mujercitas, por lo general las deja pues tienen el pelo tan largo como él. Vive en lo profundo de la selva y come solamente huevos, miel y fruta. Es dueño de muchísimas alhajas y de tesoros. El Yasy Yateré suele ser representado como un enano o un niño pequeño, desnudo, hermoso, de cabellos dorados, (en algunas variantes barbudo), con un sombrero de paja y un bastón de oro donde residen sus poderes mágicos. Suele recorrer el monte a la hora de la siesta, atrayendo a los niños con un silbido hipnótico que imita al de un ave. Se dice que aparece sobre todo durante la época del avatiky (cosecha del choclo o maíz tierno) que gusta comer. El Yasy Yateré se vale de su silbido o de su bastón mágico para atraer a los niños, a los que rapta. Los lleva al monte donde los retiene un tiempo para jugar con ellos y alimentarlos con miel y frutas. Luego los abandona o los deja enredados en ysypo (liana). Antes de abandonarlos, el Yasy Yateré los lame o los besa, dejándolos tontos o idiotas (tavy: akã tavy), mudos (ñe' engu) o sordomudos. Sin embargo, éstos se recuperan después de un cierto tiempo. En algunas zonas se cree que al cumplirse un año del rapto, el niño tiene un "ataque" con convulsiones (epilepsia). En otras versiones, si el Yasy Yateré se cansa del niño, puede llevarlo al río donde lo ahoga. Una forma de volver inofensivo a este personaje es quitándole su bastón dorado, sin el cual se carece de poderes. Entonces el Yasy se pone a llorar como un niño pequeño. Para conseguir esto, basta con embriagarlo con caña (aguardiente), bebida a la que es muy aficionado. Otra forma de congraciarse con él es ofreciéndole pencas de tabaco, que se dejan en zonas aledañas a la casa o bien en los caminos de entrada al monte. En la versión de la mitología guaraní, Yasy Yateré es el cuarto hijo de Taú (espíritu del mal) y de Keraná (diosa del sueño).

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Las Plumas del Caburé
Las Plumas del Caburé
Ciencia EducacionporAnónimo11/26/2012

El caburé es una pequeña ave de rapiña de color castaño con algunas manchas blancas (especialmente en el pecho) y dos oscuras en la parte superior del cuello. Tiene cabeza grande, patas fornidas, uñas agudas. Grandes ojos de pupila negra e iris amarillo. Habita en bosques de Entre Ríos, Misiones, Río Grande del Sur, Corrientes, Paraguay y el Chaco.Uno de sus métodos de caza es particularmente llamativo: se posa en la rama de un árbol elevado, da un grito dominador y penetrante y mira rápidamente a su alrededor. Los pájaros que se hallan al alcance de su voz todos aquellos a quienes dirige su mirada, se aterran y entumecen. No pueden huir ni volar sueltamente. Al contrario, como atraídos por un imán se encaminan hacia el caburé, que matará dos o tres de ellos. De aquí que el ave haya ganado fama como una especie de magnetizador o hipnotizador que atrae a los demás pájaros. Y como la magia procede por analogía, entre la gente de campo es regla que quien tiene un caburé o, al menos, alguna pluma de tal ave, puede darse por satisfecho: todo le saldrá bien. El caburé o sus plumas atraen todo cuanto hay de bueno para el hombre. Por ejemplo, atraen la suerte en el juego y en los negocios. Y no solamente en términos materiales, sino también en cuestiones amorosas. En efecto, el afortunado hombre que lleve consigo una o más plumas de caburé, será correspondido por la más esquiva de las hermosas. Por supuesto que, como en todo asunto mágico, el buen resultado dependerá de la fe que tenga el portador. TALISMAN PARA LA RULETA Y OTROS JUEGOS DE AZAR: Con sólo tres plumas de CABURÉ se puede realizar un potente talismán mágico para el juego, las plumas pueden conseguirse en cualquier tienda esotérica. Las 3 plumas se envolverán en un papel con el nombre de la persona escrito en él con tinta azul, deja luego el paquetito en un estante de tu casa sobre un billete de cualquier valor,cuando decidas ir a jugar lleva este paquete contigo junto con el billete. De la misma manera que el Caburé atrae hacia él a casi todos los pájaros de la zona, sus plumas sobre el dinero ejercerán la misma atracción. No es válido el comprar las plumas de otro pajaro.

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Juegos de los gauchos: carrera de sortijas
Ciencia EducacionporAnónimo11/26/2012

La carrera de sortijas es uno de los juegos o deportes tradicionales del gaucho, practicada principalmente en las fechas patrias y días festivos. En una calle adecuada para la práctica del juego se colocan dos postes de aproximadamente 3 m de altura. Entre uno y otro se coloca un travesaño del que se suspende en el centro atada flojamente, una sortija (del tamaño de las sortijas para los dedos). Gaucho galopando hacia la sortija. El gaucho emprende la carrera desde unos 100 m, parándose sobre los estribos a mitad de recorrido, y a todo galope debe ensartar en la sortija un palito del grosor de un lápiz común que lleva en la mano con el brazo en alto, arrancándola de su fijación. Si lo logra recibe un premio y el reconocimiento de los espectadores con ¡VIVAS! Y aplausos. Los juegos de sortija se jugaban ya en el siglo XVIII.

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La Taba un juego de gauchos:
La Taba un juego de gauchos:
Ciencia EducacionporAnónimo11/26/2012

La taba es el hueso astrágalo del vacuno y lleva en la mayoría de los casos un enchapado en sus extremos superior e inferior (culo/ suerte). La taba se colocaba "sobre la palma de la mano abierta, tendido el brazo en leve recogimiento, fija la mirada en un punto convergente, donde, sin duda, van a unirse la intención, la baquía, la vista y el movimiento estético, en cuyo acto la imaginación se cierra en un solo pensamiento: clavar el hueso" Los primeros antecedentes de la taba datan de 1639 cuando don Gaspar de Salinas, gran caballero de Córdoba, hizo una "escritura de no jugar" en donde "por muchos inconvenientes que le ofrecen de jugar juego, de naipes y dados, truco y taba y otros...." Es un juego rural, del ramal; es clandestino y jamás fue legalizado. Se juega entre 2 personas y se prepara un campo de juego que se caracteriza, especialmente, por un terreno blando y un poco húmedo llamado "queso". Este queso se divide en 2 partes, mediante una línea bien marcada. A partir de esa línea cada jugador debe tomar una distancia de aproximadamente 6 metros (en algunos casos es de 7 metros) con tablas a los costados (parecidos a los de la cancha de polo), se enfrentan y cada jugador toma su posición para lanzar la taba hacia el queso y debe pasar la línea hacia el lado contrario. Si no sobrepasa la línea, repite el tiro. La Taba puede caer en diferentes posiciones: Con la parte lisa hacia arriba: SUERTE. Es ganadora Con la parte hueca hacia arriba: CULO. Es perdedora En forma vertical, llamada PININO (algunos le llaman "pinini", que es siempre ganadora y se puede pagar doble o triple, pero únicamente cuando ambos jugadores se ponen de acuerdo en jugar con esta posición Cualquier otra posición en que caiga la taba no es válida. Además participan varios apostadores, que juegan al tiro de quien ellos elijan. Normalmente las apuestas son por dinero, pero también se apuestan otros bienes o pertenencias. El juego se realiza en lugares de tierra, es por eso que el "queso" es preparado con mucha humedad y es blando. Sistema de apuestas: el canchero será el que recibirá las apuestas... pueden apostar los jugadores al tiro, y los espectadores a cada contrincante. El sistema es así: un jugador apuesta una suma de dinero al tiro, si sale suerte o pinini, gana; si en cambio la taba cae de "culo", pierde automáticamente; pero si cae de costado, le toca el tiro al adversario... lógicamente se tira hasta que uno gana y se pueden ir subiendo las apuestas a cada tiro. Los jugadores, al igual que en cualquier juego, compiten en categorías. Por lo general se muestra la categoría en la forma de tirar el hueso: los expertos suelen "clavar" la taba, en cambio los no tan duchos, la lanzan y la taba da unos cuantos tumbos antes de frenarse.

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Historia de Santo tomé, provincia de Corrientes, Argentina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/18/2011

Breve Historia de Santo Tomé DATOS SOBRE EL DEPARTAMENTO El departamento de Santo Tomé, ubicado en la zona Noreste de la provincia, limita al Norte y Oeste con el departamento de Ituzaingó; al Sur con los Departamentos de San Martín y General Alvear; al Sur y Sureste con el río Uruguay que lo separa de la República Federativa del Brasil y al Noreste con el arroyo Chimiray que lo separa de la provincia de Misiones. La superficie del departamento es de 7.094 km2, lo que representa el 8% del total de la provincia. El Municipio de Santo Tomé es la cabecera del depar-tamento. Otro centro urbano importante es la localidad de Gobernador Virasoro, además de las pequeñas poblaciones de Garabí (J. R. Gómez) y Garruchos. CARACTERÍSTICAS Si imaginamos que subimos a un avión y sobrevolamos el departamento de Santo Tomé, veremos aparecer ante nuestros ojos una amplia planicie dividida en pequeños cuadros en distintos tonos de verde y rojo, cruzadas por largas líneas que son las rutas y en formas de islas, enormes formaciones de árboles perfectamente alineados, se trata de un paisaje donde la acción transformadora del hombre con sus arrozales yerbales y forestaciones mo¬dificaron el paisaje natural. Hacia el Norte, próximo a la provincia de Misiones, se pueden observar las mayores elevaciones del departamen¬to, donde sobresalen las lomadas de Garruchos, Garabí, Rincón de Mercedes y San Antonio, que de Norte a Sur alcanzan un máximo de 140 metros hasta 100 metros de altura sobre el nivel del mar. La mayor parte de la superficie del departamento se encuentra dentro de la llamada región sub misionera, de suelos rojizos, abundante vegetación y tierras altas El paisaje natural con escasa acción transformadora del hombre se puede observar en el Oeste (esteros del Ibera) y el Sur (bañados del Aguapey), donde las tierras son bajas, pantanosas, de suelos grises y vegetación diferente (camalotes, juncos y pajonales). De clima subtropical la temperatura media anual de Santo Tomé es de 20 grados centígrados, con máximas de hasta 40° en verano y con inviernos muy benignos. Las precipitaciones alcanzan su máximo en los meses de abril (otoño) y octubre (primavera). Los meses menos lluviosos son los de julio/agosto (invierno). La precipitación prome¬dio es de 1.400 a 1.600 milímetros anuales. SUS RÍOS, ARROYOS Y LAGUNAS El río Uruguay es el segundo río más importante de la República Argentina. Sus nacientes se encuentran en las Sierras do Mar, en el sur brasilero, Su extensión se calcula en 1.500 km de los cuales 436 km. corresponden a las costas correntinas. En su paso por las costas misioneras forman los saltos del Moconá, famosos por su belleza. Frente a las costas de Santo Tomé su recorrido lento y caprichoso va formándolas hermosas rinconadas de Garruchos, Mercedes y San Mateo. Más abajo, sobre las costas entrerrianas se levanta la represa de Salto Grande, que junto a la de Yacyretá en nuestra provincia y sobre el río Paraná, conforman el inicio de las grandes obras hidroeléctricas en la región. En las costas santotomeñas el río Uruguay recibe el caudal de los arroyos Chimiray, Garabí, Ciríaco, Iyohazá y Cuay Grande, entre los más importantes. El río Aguapey. Nace próximo a la localidad de San Carlos en el Departamento de Ituzaingó, recorriendo desde su origen 226 km. hasta su desembocadura entre las localida¬des de Alvear y La Cruz. El Aguapey crece con las lluvias, volviéndose su corriente muy rápida. En su paso por Santo Tomé recibe el caudal de varios arroyos, siendo el más importante el Ayuí. Las lagunas tienen superficies de aguas limpias y presentan distintas formas y tamaños: circulares, alarga-das, etc. Las lagunas más importantes del departamento son: la Laguna de la Luna y la Laguna Galarza en el Oeste y forman parte del gran complejo del Ibera. En las zonas bajas de Santo Tomé son importantes los bañados de Sarandí, del Aguapey y Cuay Grande. Los esteros del Iberá ocupan todo el límite Oeste del departa-mento y los del Aguapey los del Sudoeste. UNA DESCRIPCIÓN DE LA POBLACIÓN URBANA Y RURAL DE SANTO TOME.... HACE 100 AÑOS El sabio Juan B. Ambrosettí en su obra "Viaje a las Misiones Argentinas y Brasileras por el Alto Uruguay " (La Plata-1892) en un tramo de su crónica escribía: "...De este punto pasamos a la ciudad de Santo Tomé, costa argentina, que fue en otro tiempo reducción de los jesuitas, de los que sólo quedan como recuerdo las innumerables piedras talladas de sus edificios que constituyen hoy los cercos de las casas, El espíritu del progreso que reina allí ha hecho tabla rasa de todos los recuerdos y la ciudad, bien delineada, es de aspecto moderno. Posee muy buenos edificios y se conoce que todo el progreso se debe a la iniciativa particular; la acción del gobierno no se manifiesta para nada. Está situada sobre una barranca alta rodeada por el Norte por el gran arroyo Itacuá que en tiempo de creciente cubre una gran extensión de tierra... Sus alrededores son espléndidos, no se ven sino chacras, donde la agricultura ha tomado gran desarrollo. Hay un club muy bueno; la sociedad es muy seria y como fenómeno social debo hacer constar con satisfacción que en Santo Tomé no se juega ni existe lujo de ninguna especie. He tenido ocasión de observar la sociedad en la iglesia, en los bailes, en su casa y en la calle y he quedado encantado de su sencillez en todo sentido... Sin embargo, hay muy buenas fortunas y sólidas, pero allí todo el mundo trabaja y el que ama el trabajo y se educa en esa escuela, no puede ser esclavo de las modas. El comercio de Santo Tomé es muy importante: hay casas muy fuertes que giran gran capital... Don Manuel Grané (comerciante santotomeño) tiene gran pasión por la agricultura; me invitó a visitar chacras, a lo que accedí gustoso. Tuve gran satisfacción con esta visita; toda la peonada y los colonos son criollos, los que dan muy buenos resultados, demos¬trando así que el criollo tratado como se debe y ayudándolo, es tan trabajador y tan bueno como el extranjero. Yo los he visto trabajar hasta el día domingo y todos muy contentos; sus casas son muy bien construidas, con pozos de agua riquísima, parrales, árboles frutales, verduras de todas clases y muchas flores. En las chacras se plantan arroz, maíz, tabaco, papas, batatas, mandioca, cebada, maní y porotos. Los arrozales dan muy bien: aprovechando el desnivel del terreno se riega continuamente por medio de zanjas de una o dos punteadas de pala… UN POCO DE HISTORIA El primer emplazamiento del pueblo jesuítico de Santo Tomé fue en la sierra del Tapé (hoy territorio brasilero) y llevado a cabo por el Padre Luis Ernot SJ. El mismo sacerdote se encarga de su traslado en 1638 a su actual emplazamiento, ante la presión de los bandeirantes paulistas, con el concurso de unas mil familias indias. Los portugueses finalmente cumplirán su objetivo de destruirla recién en el año 1817 mediante las fuerzas del general Chagas Santos. A poco de tan bárbaro suceso comenta el historiador F. Palma comenzó la repoblación lenta e inorgánica de esa región. Retornaron algunos vecinos indios fueron muy pocos en busca del hogar perdido y otros arraigaron en El Hormiguero, un tanto a trasmano del viejo pueblo, cuyo trazo se iba desdibujando por la vegetación que crecía incontroladamente, ahogando y recubriendo casas y calles. La corriente migratoria no indígena hacia la región de Santo Tomé comenzó a adquirir formas promisorias a partir del año 1832, fecha en que el comandante Juan Cavañas suscribió con el gobierno correntino una conven¬ción relativa a la incorporación de esa zona a la jurisdicción correntina. En 1844 tuvo su primera escuela de varones atendida por Waldo B. Zarate. En 1849, la invasión de las fuerzas paraguayas al mando del general Francisco Solano López (hijo del enton¬ces presidente del Paraguay Carlos Antonio López) impor¬tó la destrucción del pueblo, pero en esta oportunidad tuvo una pronta recuperación, gracias a su activo comercio con el Brasil. Corría el año 1860 cuando pobladores y autoridades resolvieron trasladar el emplazamiento del Hormiguero al sitio donde se encontraban las antiguas ruinas del viejo pueblo jesuítico. En el año 1863 el P.E. provincial sancionó la ley que dispuso su repoblación. Al año siguiente se creó la comisión departamental y se dio nomenclatura a las calles. En el año 1865 el pueblo cayó nuevamente en poder de las fuerzas invasoras paraguayas, que luego de perma-necer durante dos meses acampados en San Carlos, em-prendieron su marcha hacia Santo Tomé. Luego de varios encuentros con fuerzas correntinas, chocaron violentamen¬te en la batalla de Caza Pava (24-5-65), donde las tropas del Coronel Payba, a la que se habían incorporado contingentes santotomeños fueron derrotados por los invasores que el 9 de junio, en horas de la tarde, hicieron su entrada al pueblo al mando del Teniente Coronel Antonio Estigarribia, con la intención de cruzar el río Uruguay y dar inicio a su invasión a territorio brasilero. El 17 de marzo de 1870 se dispuso el establecimiento de la Municipalidad y a fines de 1872 quedó inaugurada la iglesia puesta bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. Entre los años 1883 y 1886 quedaron inaugurados el Club Social y las sociedades que reunían a las colectividades italiana y española. En 1888 se fundó la Sociedad de Bene¬ficencia, y en 1890 apareció "Los pueblos de Misiones", primer periódico del pueblo. En tiempo de las luchas civiles entre correntinos (autonomistas y liberales), la figura del coronel Ángel S. Blanco gano desde Santo Tomé resonancia nacional. Prime¬ro fue Quiebrayugo en 1891, después Tereirí en 1892 e Itacuá en 1893. Corría el añol892 cuando la sucursal del Banco Na¬ción abrió sus puertas en Santo Tomé. El ferrocarril, proyec-tado en 1878, concretó en 1901 el progreso del pueblo. La primer línea telefónica data de 1905. Con el marco de los festejos del "Centenario", en 1910 fueron inauguradas la Escuela Normal y la Biblioteca Popular. La Sociedad Rural se fundó en 1915 diez años después tuvo luz eléctrica y en 1940 logró su autonomía municipal. GOBERNADOR VALENTÍN VIRASORO Se levanta junto a la estación ferroviaria Vuelta de Ombú, en campo qué fue propiedad de doña Concepción Navajas de Sánchez, quien mandó dividirlo en manzanas por el agrimensor Francisco Fouilland. Este trabajo fue aprobado por el gobierno, por decreto del 5 de octubre de 1911. Por ley del 30 de julio de 1923 fue creada la comisión de fomento. En 1926, por ley del 23 de septiembre, le fue cambiado su nombre primitivo de Vuelta de Ombú por el de Gober-nador Valentín Virasoro. En 1875 la Municipalidad de Santo Tomé fundó una escuela en el paraje, poniéndole a cargó cíe José Esquivel. Clausurada poco después, en septiembre de 1918 fue creada la escuela Nacional N° 160, dirigida por doña Victoriana Delgado. La Biblioteca Sarmiento quedó inaugurada en 1931. SANTOTOMEÑOS ILUSTRES Andresito Guacurary: Nació en Santo Tomé, entonces pueblo de las Misiones Occidentales un 30 de noviembre de 1778. Andresito no era un indio puro, en realidad fue un mestizo, rujo de una india samborgense y de un español desconocido, ambos radicados en Santo Tomé. Pasó su niñez en su pueblo natal donde aprendió el guaraní, idioma de sus mayores, y el castellano que leía y escribía gracias al mercedario Padre Martín Céspedes. Más tarde, siendo adolescente se radicó en San Borja con su familia materna Como todo indígena varón aprendió lecciones de defensa y ataque. A partir de 1801 el pueblo cayó bajo la dominación portuguesa, así conoció la lengua de los inva¬sores y su apellido comenzó a escribirse en portugués. Andresito con numerosos indígenas cansados de las injusticias de militares y estancieros lusitanos, huyeron cruzando el río Uruguay y se establecieron en el poblado español de Santo Tomé. "..Aquel joven soñador de la libertad, se hizo hombre, y ese hombre esperaba a orillas del río Uruguay, el tiempo que le trajera gritos de emancipación, rotos en miles de ecos de guerra, de lanzas, y él tronar de cañones.. (Savoini, Juan "Andrés Guagurary y Artigas...) Ver,N° 6 Breve Historia de los Correntinos y de sus pueblos -La Invasión de Andrés Guacurary a Corrientes. Don Pablo Argilaga: Nació don Pablo Argilaga en Espa-ña, en tierras tarraconenses, en el año 1820 y falleció en Santo Tomé el 14 de julio de 1894. Figura intelectual de ponderación y relieve que se destacó siempre en los diversos e importantes cargos desempeñados en Santo Tomé. Fue uno de los primeros maestros de la escuela de varones luego del traslado del pueblo a su emplazamiento definitivo. Argilaga habría hecho funcionar la escuela a su cargo en su casa particular. Su designación en el cargo la efectuó el gobernador Lagraña muy poco días antes de promulgar la ley de repoblación. El 5 de febrero de 1863 don Pablo Argilaga renuncia al cargo, siendo designado en su reemplazo don Pedro Morillo llegado de Alvear. En 1887 participó en la fundación de la Sociedad Española de Socorros Mutuo, siendo su primer presidente don Francisco Artigas, a quien Argilaga acompañó como tesorero. Su nieto, el escritor Pablo Argilaga, relata en su obra "Historia del Club Social en el transcurso de 1883 a 1905" pasajes de esta época tan importante en la historia santotomeña. Coronel Ángel Saturnino Blanco : Nació en Curuzú Cuatia el 12 de septiembre de 1856, siendo sus padres don Ángel Blanco y doña María de las Nieves Acuña, ambos pertenecientes a tradicionales familias correntinas. Se gra¬duó de bachiller en Buenos Aires y en su Universidad estudió Derecho, aunque no ljegó a graduarse, pero adqui¬rió una amplia cultura gracias a sus inquietudes de autodidacta. Admirador de Mitre, luchó en sus filas en la revolu¬ción de 1874. Cuando regresó a Corrientes para hacerse cargo de la estancia paterna "El Ombú" en Santo Tomé, ingresó al Partido Liberal. Llegó a tener el grado de Coronel de Guardias Nacionales. ' En 1890 se organiza en Corrientes la Unión Cívica integrada por liberales no oficialistas, contando Santo Tomé con la figura de Blanco como principal referente de la nueva agrupación política. Desde sus años juveniles el Coronel Blanco venía sosteniendo una lucha tenaz en procura del respeto a la voluntad populan Participó en los levantamientos arma-dos de Puente Quiebrayugo (1891) monte Tarairy (1892) y el combate de Itacuá (1893). Figura singular del civismo correntino, hizo de Santo Tomé el baluarte de la rebeldía contra el fraude y el latroci¬nio. No toda su acción habría de desenvolverse bajo cruento signo, también se destacó en el pensamiento fecundo y constructivo. Cupo a este viejo luchador ser el iniciador del periodismo santotomeño. Para ese fin dio a publicidad el 31 de octubre de 1890 el semanario "Los Pueblos Misioneros El Coronel Ángel S. Blanco falleció en Buenos Aires el 1 de julio de 1919. CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN SANTOTOMEÑA: La población del departamento está dada por la inte¬gración de argentinos, brasileros, paraguayos y europeos. Una parte importante de las familias actuales son fruto de la colonización brasilera, sin duda la más importante de todas, y en menor medida la de los paraguayos y europeos. De la vieja raíz guaraní queda ya muy poco, solo algunas costumbres que aún se conservan en la población rural y en personas de edad avanzada. Actualmente el desarrollo económico de Gob. Virasoro es foco de atracción de pobla¬dores de otras localidades de la provincia y aún del país. Las distintas colectividades hicieron sus aportes en usos y costumbres, contribuyendo de esta manera a caracterizar a la población. Nuestro idioma español está muy influenciado por giros y términos en portugués y el guaraní solo perdura en el nombre de lugares, plantas y animales.

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