claudio777
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A pesar de que la convivencia va en aumento en todo el mundo, "las mujeres la ven sólo como un paso previo a algo más formal, el matrimonio", afirma la periodista y escritora Hannah Seligson, en A Little Bit Married, un libro que está dando qué hablar en Estados Unidos. En cambio, para ellos, la convivencia la ven como una cárcel. Era imposible que no diera qué hablar. Plantear, a estas alturas, que gran parte de las mujeres todavía anda "el vestido de novia en la cartera" y que, pese a todo el discurso público, lo único que quiere la mayoría de ellas es casarse, es una mirada que no encaja con la modernidad. Por eso es que el libro A little bit married (Un poquito casados) está generando discusión. Y también porque en un mundo en el que los roles de hombres y mujeres están cada vez más equiparados, plantear que ellas se mantienen como hace 40 años, es buscar el ojo del huracán. Pero a la periodista y escritora estadounidense Hannah Seligson no parece importarle nada de eso. "A pesar de poder convivir perfectamente por un tiempo, la mayoría de las mujeres quiere casarse", dice categórica -después de entrevistar a alrededor de 120 hombres y mujeres para su libro- y haciendo frente a la estadística creciente en su país de parejas que viven juntas sin llegar al matrimonio: hace 30 años, menos de un millón de parejas convivía, en 2007 ya eran 6,4 millones. "Las mujeres ven la convivencia sólo como un paso previo a algo más formal", refuerza la autora en su escrito, planteando que pasar de vivir juntos al matrimonio es una preocupación casi exclusiva del género femenino. "Al comienzo, compartir la cotidianidad es ideal, pero sólo por un tiempo", dice. Todo se vuelve un lío cuando se produce lo que ella denomina "Ansiedad Pre Propuesta", que afecta profundamente a las mujeres y se refiere a la angustia que produce esperar una petición formal que no llega, a la incomodidad de tener que mirar hacia el techo cada vez que alguien pregunta "¿Y? ¿Cuándo va a ser el matrimonio?", o a la incertidumbre de no saber si una relación que ha consumido tanto tiempo y dedicación se convertirá en algo estable, que permita proyectarse. Es por eso que después de seis meses, dos años o una década, para ellas se vuelve completamente necesario tener un anillo en el dedo. Ellos, en cambio, dice Seligson, no es que no quieran casarse, sino que tienen una relación mucho más complicada e inmadura con el matrimonio: lo asocian a una entrada directa hacia una adultez aburrida y privada de libertad. ESTADO INCOMPLETO Pero ¿por qué las mujeres desearían tan intensamente casarse? Aunque Seligson no entrega un análisis claro en este sentido, existen investigadoras que sí lo han estudiado. Bella de Paulo es una de ellas. Para esta doctora en sicología de Harvard, la respuesta tiene que ver con las condiciones de la sociedad y cómo, en esos términos, el entorno va generando incomodidad. "Les dicen a través de comerciales, imágenes y artículos interminables que nunca serán 'realmente' felices ni se sentirán plenamente realizadas a menos que se casen", ha escrito De Paulo en numerosas publicaciones. De hecho, la presión que encuentra su mejor caldo de cultivo en las mujeres, de acuerdo con esta sicóloga, ha tomado varias formas. La más reciente: "La última gran estrategia para mantener a las mujeres en su lugar es recordarles que son incompletas. Incluso si usted piensa que es feliz, el mensaje que se trata de transmitir reza que usted no conoce la verdadera felicidad si no se ha casado", agrega la especialista, dando cuenta de cómo el matrimonio y los hijos son la única vía -ninguna otra- para alcanzar el mejor estado al que se pueda aspirar. En este análisis, De Paulo toca indirectamente lo que antes otros especialistas describieron como un cierto estado de superioridad tácito que adquirían las mujeres -y no los hombres- al estar casadas y tener hijos: las que pueden mostrar un anillo en el dedo, de alguna manera, les hacen sentir a las que no lo tienen que cumplieron con el trazado que había que cumplir; son más completas.Las aludidas, en tanto, van paulatinamente teniendo una sensación de incomodidad y su propia naturaleza de género -a pesar de lo que puedan decir- las traiciona: es por eso que son ellas quienes se aburren de plantearse el futuro de manera condicional e inician la poderosa arremetida por llegar al matrimonio, postula Hannah Seligson. FUENTE

Familiares, amigos y series como "Sexo en Nueva York" aumentan la presión para que sigan estilos de vida convencionales, según un estudio Las mujeres solteras siguen estando estigmatizadas en la sociedad actual, sugiere un estudio reciente realizado por especialistas de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos. La presión social es mayor para las mujeres de entre 25 y 35 años, y se presenta de diversas formas. Su finalidad: tratar de encaminar a las solteras hacia formas de vida más convencionales. Todo esto a pesar de los cambios sufridos por las sociedades en los últimos tiempos. A pesar de todos los cambios sufridos por las sociedades occidentales en las últimas décadas, en lo que a formas de organización social y familiar se refiere, las mujeres solteras siguen estando socialmente estigmatizadas, señalan los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos. Según el U.S. Census Bureau, en 2009, el 40% de los adultos estadounidenses eran solteros, pero al parecer este hecho que no ha reducido los prejuicios asociados a la situación civil de las mujeres solas, constata la presente investigación. Dirigida por Larry Ganong, co-director de Human Development and Family Studies del College of Human Environmental Sciences de dicha universidad, la investigación señala, por ejemplo, que en los entornos sociales de las mujeres solteras se suele presionar a éstas tratando de encaminarlas hacia formas de vida más convencionales. Demasiado visibles o sencillamente invisibles En un comunicado emitido por la Universidad de Missouri, Ganong afirma que esta presión social es vivenciada por las mujeres de dos maneras: o bien las puede hacer sentir demasiado visibles o bien las puede hacer sentir invisibles. En el primer caso, las mujeres se sienten demasiado expuestas y, en el segundo caso, sienten que otros asumen ciertas cuestiones acerca de ellas a priori, sin tenerlas en consideración. Para el estudio, Ganong y su colaboradora, Elizabeth Sharp, de la Texas Tech University realizaron 32 entrevistas a mujeres de clase media, solteras, que pensaban que sobre ellas recaía la atención por su edad y su estado civil. Estas mujeres se sentían muy visibles en ciertas situaciones, como cuando las mujeres recién casadas tiran sus ramos de espaldas después de la boda para ver quien lo coge (se cree que aquella mujer que coja el ramo se casará pronto). Las participantes en el estudio señalaron que situaciones como ésta les solían acarrear intrusiones en su vida privada en forma de preguntas indiscretas. Por el contrario, las solteras encuestadas afirmaron sentirse invisibles cuando otras personas asumían ciertas cosas sobre ellas, como que estaban ya casadas o tenían hijos. Recordatorios sociales Por último, las participantes en el estudio afirmaron sentirse incómodas cuando se veían obligadas a justificar su soltería ante los demás. Todas estas interacciones les hacían sentir que su vida real no era importante o resultaba desconocida, afirmaron las encuestadas. Los resultados de las encuestas demostraron, por otra parte, que las mujeres solteras de hoy día deben afrontar diversas presiones. Por un lado, en sus entornos se les hace tomar conciencia de que a medida que son mayores su realidad cambia: ya no tienen tantas posibilidades de escoger a un hombre, corren mayores riesgos de salud si pretenden quedarse embarazadas, etc. Por otro lado, abundan los recordatorios acerca de su estilo de vida, diferente al de la mayoría de las mujeres, en especial en eventos sociales, como bodas o reuniones. Asimismo, las mujeres solteras pueden desarrollar sentimientos de inseguridad e incluso sentirse desplazadas dentro de sus propias familias de origen, cuando padres y hermanos remarcan su soltería y hacen bromas o comentarios desagradables sobre su situación. FUENTE

Estudio constata que las mujeres pueden "enceguecer de celos" Análisis del comportamiento de parejas, confirma que este sentimiento ejerce un gran impacto emocional que merma la capacidad de percepción visual. Un estudio realizado por dos profesores de sicología de la Universidad de Delaware en Estados Unidos, confirmó una antigua creencia popular: "los celos enceguecen". Los investigadores Steven Most y Jean-Philippe Laurenceau hallaron que las mujeres que sienten celos de su pareja, fueron incapaces de identificar las imágenes proyectadas durante un experimento, constatando que este sentimiento ejerce un gran impacto emocional que merma la capacidad de percepción visual. En el estudio publicado en la revista Emotion, 25 parejas jóvenes fueron sentados frente a imágenes de paisajes. Al principio, ambos veían fotografías agradables, pero luego se les dijo a las mujeres que sus parejas estaban viendo imágenes de mujeres atractivas. Más tarde, al consultar a las mujeres sobre el detalle de las imágenes que habían visto cuando sus parejas visualizaban a mujeres atractivas, quienes se declararon celosas no recordaban detalles específicos. FUENTE OTRAS NOTICIAS: Las mujeres solteras aún sufren el estigma social La incomodidad que sienten ellas al estar "un poco casadas" Los temas de amor más elegidos