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chuck_d_head

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Primer post: 20 jun 2016Último post: 1 jul 2016
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A Adolfo Hitler, el “supermacho ario”, le gustaban los
Ciencia EducacionporAnónimo6/20/2016

A Adolfo Hitler, el “supermacho ario”, le gustaban los firmes estandartes alemanes NAZISMO, HOMOSEXUALIDAD Y GERMANOFILIA MÍTICA: Que Hitler era homosexual se sabía hace mucho tiempo pero ha quedado irrefutablemente establecido por Lothar Machtan a partir de documentos de la época incluidos los archivos de la policía antivicio de Viena y en cómo la postura del nazismo hacia la homosexualidad fue muy ambigua. Se utilizó la acusación para arruinar a adversarios políticos –que muchas veces no lo eran– pero, al mismo tiempo, las práctica homosexual estuvo muy extendida en las SA y en las SS. Existe una monografía titulada “The Pink Swastika” que es definitiva al respecto. “El secreto de Hitler“. Lo ha publicado Planeta y la documentación –por ejemplo, referente al periodo de entre guerras– resulta irrefutable. No era el único de los jerarcas nazis que andaba por ese sendero, por otra parte. Adolf Hitler era homosexual y existen pruebas de la tensión erótica que existió entre el Führer y algunos de sus más estrechos colaboradores y amigos, según ha concluido el historiador alemán Lotahr Machtan tras años de investigaciones. En el libro “El secreto de Hitler“, se recogen numerosas citas que pretenden probar la inclinación hacia los hombres de Hitler desde muy temprana edad. Cuando era un veinteañero, el líder nazi y su amigo August Kubizek compartieron habitación en Viena, afición por la música y ropa en una relación que se describe como muy romántica. También durante la I Guerra Mundial mantuvo un estrecho vínculo con un compañero de regimiento, Ernst Schmidt, según los fragmentos de la obra adelantados hoy, sábado, por el diario “Bild”. “Hitler estaba acostado con ‘Schmidli’, su prostituta masculina. Escuchamos un crujido en el heno; alguien encendió su linterna y gritó: mirad a esos dos hermanos homosexuales“, es una cita que recogieron los opositores de Hitler de otro soldado que coincidió con él en la guerra. Los supuestos contactos homosexuales continuaron durante toda su vida, según el historiador, que sospecha de las relaciones de Hitler con algunos de sus colaboradores más estrechos, como su lugarteniente Rudolf Hess, o sus chóferes. Hesse llegó a decir de Hitler que “lo quiero“, mientras que el Führer aludía a su mano derecha con apodos cariñosos. Con su conductor personal, Julius Schreck, Hitler pasó unas Navidades a solas en un hotel y cuando éste murió el dictador colgó una foto de él junto a la de su madre. La inclinación hacia los hombres también marcó la relación de Hitler con Albert Speer, el arquitecto del nazismo, que al parecer no notó nunca que su jefe bebía los vientos por él a pesar del componente erótico que otros percibían. La lista de hombres en la vida de Hitler es larga en la obra de Lothar Machtan, que también ve indicios de su homosexualidad en las complicadas relaciones con las mujeres. El suicidio de la sobrina del líder nazi Geli Raubal y los intentos de quitarse la vida de la que fuera su novia durante muchos años, Eva Braun, pueden probar la frustración de ambas mujeres ante la ausencia de una relación sexual, asegura el historiador. Muchos cronistas afirman que, de los acusados de “homosexualismo” en el régimen nazi, mucho fueron sólo enemigos políticos acusados falsamente; por otro lado, agregan, que es contradictorio mostrar a los nazis como meros asesinos de gays cuando “ellos mismos eran homosexuales activos o en potencia“, como textualmente afirman los autores de “The Pink Swastika“. Como muestra de ello citan infinitas violaciones cometidas por las SS en contra de los presos masculinos que portaban el triángulo rosado (homosexuales apresados en los campos de concentración y en los campos de exterminio nazi), y aun de los que no lo portaban. En realidad, muchos jerarcas nazis eran homosexuales o bisexuales muy conocidos, como Rudolph Hess (hombre de confianza de Hitler), Hans Frank (ministro de Justicia) o el muy conocido Ernst Rohm (vistoso por reclutar homosexuales para su staff de camisas pardas); más aún, Hitler tuvo muchos problemas para desarraigar de los Juventudes Hitlerianas el mote de “Juventud Homo” que le había otorgado la opinión pública alemana. Sin embargo, todo ello no deslegitima la critica a la actitud política y dogmática adoptada por el nazismo en contra de la población homosexual, aunque ésta se cebara únicamente sobre los gays políticamente incorrectos opositores al nazismo (que, obviamente, no fueron pocos) o los indefensos particulares, carentes de cualquier apoyo del partido nazi. Lo cierto es que, bajo el tapete de la formalidad nazi, mucha fue el agua que corría en este aspecto de conductas, tanto para reclutar, como en propagar la “admiración étnica” entre oficiales y subalternos, así como en “rituales discretos y privados“

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zombies en la biblia
Ciencia EducacionporAnónimo6/24/2016

Existen un par de versículos en Mateo que nunca los he podido comprender completamente; he leído y tenido muchas conversaciones sobre una posible explicación o justificación de los mismos y las respuestas son diversas y nada razonables. Me estoy refiriendo al extraño caso de lo que he denominado “Los Zombies de Mateo”. Es una de las historias más bizarras y poco sensatas que he leído en los evangelios; tan es así que ningún otro evangelista dijo algo al respecto a pesar de lo curioso del supuesto hecho. Mateo nos cuenta en un par de versículos que momentos después de la muerte de Jesús (¿o después de su resurrección?) salieron de las tumbas los cadáveres de personas santas y se pasearon por la ciudad y los vieron mucha gente. Veamos los versículos originales: Mateo 27,52-53 ( 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. ) Al mejor estilo de George A. Romero los cadáveres revividos de algunas personas salieron de sus tumbas y salieron a la calle. Muy pocos creyentes Cristianos se atreven a negar este hecho literal, los que lo hacen suelen aludir una especie de parábola o interpretación paralela sobre el día de la resurrección o el ya clásico “rapto” del cual serán objeto los cristianos verdaderos para ascender a los cielos. Pero en su gran mayoría de verdad creen que hubo en esa época “muertos vivientes” caminando por las calles de Jerusalén. Estas resurrecciones de Mateo no son las únicas que describen los evangelios. La resurrección de Lázaro (Juan 11,38-44); El hijo de la viuda de Naín (Lucas 7,12-16); Y en el Antiguo Testamento la clásica resurrección de un niño en Sereptá por parte del profeta Elías (1 Reyes 17,17-24). En estos tres casos de resurrección vemos que son claramente explicados por sus escritores, pero en el asombroso caso de Mateo, solo son mencionados como de pasada, sin darle casi importancia al suceso. Lo que realmente me impresiona de esta extraña historia de Mateo es, como se mencionó antes, que solo es nombrada por este evangelista, siendo obviada por el resto, incluso por el mismo Juan autor de un evangelio y que fue testigo de primera mano de estos hechos. Un evento tan impresionante como el ver salir a cadáveres de las tumbas y pasearse por la ciudad no hubiese pasado desapercibido por los numerosos historiadores y escritores que abundaban tanto en Jerusalén y en las regiones cercanas; y vemos un silencio absoluto de estos escritores sobre este apocalíptico caso. No hay ningún registro histórico del suceso. Mi gran pregunta para usted lector Creyente Cristiano es: ¿De verdad usted cree que esto ocurrió en realidad?; ¿Cómo explica que no sea mencionado por ningún otro evangelio ni en los documentos posteriores bien sean canónicos o apócrifos?; ¿Como justifica que ningún documento ni historiador de la época haga la más mínima referencia a “Cadáveres ambulantes”? Les diré mi humilde opinión: es totalmente falso. Es un hecho que nunca ocurrió ni puede ocurrir ya que no es posible que los cadáveres resuciten y menos al estilo “Thriller”. No sé que intención pudo haber tenido Mateo al relatar esta escena, pero su veracidad está en entredicho. En artículos posteriores analizaremos muchas de estas historias relatadas por la a veces desvariada prosa de Mateo. Por supuesto, no soy dueño de la verdad y puedo estar soberanamente equivocado, es solo mi sentir personal en este asunto. Pero si se analiza de forma imparcial, la evidencia tiende a inclinarse ligeramente hacia la falsedad literal de Mateo en estos versículos. Claro, amigo creyente lector, si no puedo creer que un cadáver de varios días pueda cobrar vida y caminar, se puede imaginar mi opinión sobre la resurrección del personaje más importante del Cristianismo. Ya tendremos tiempo más delante de profundizar en este interesante tema.

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el catolicismo y los nazis
Ciencia EducacionporAnónimo6/30/2016

Eugenio Pacelli, Secretario de Estado del Vaticano y futuro Papa Pio XII, firma el concordato con la Alemania nazi en julio de 1933 Hoy hablamos a menudo del nazismo, hay infinidad de filmes, documentales y artículos sobre ello. Aparentemente parece haber una buena información sobre ese tema, aunque en realidad estamos ante otro caso donde abunda la cantidad y escasea la calidad. Hasta tal punto es así que si alguien de aquella época, cualquier alemán y especialmente los dirigentes políticos y económicos de aquel momento, viese lo que se comenta ahora sobre su momento histórico, seguramente no entendiesen que se estaba hablando realmente de lo que allí aconteció. Digo todo esto porque hoy se presenta al nazismo en gran medida descontextualizado, descontextualizado de sus principales promotores e impulsores, social, histórica, económica y religiosamente, cuando todos estos factores tuvieron una importancia capital en su desarrollo y llegada al poder. Especialmente olvidados son dos de estos aspectos que más contribuyeron a que todo esto se pudiese dar, me refiero a las facetas económica y religiosa, cuyos poderes, el económico y el religioso, empujaron y posibilitaron para que el partido nazi dominase Alemania y más tarde Europa. Sobre el apoyo desde sus orígenes al movimiento nazi por parte del mundo de los negocios y posteriormente en pleno poder, ya elaboré dos artículos que recomiendo su lectura para entender cómo ocurrió este suceso histórico: La influencia del poder económico en el auge del nazismo y Las corporaciones y el fascismo: una vieja alianza. Sobre la influencia del poder religioso en el progreso del nazismo, enfocado aquí a la ayuda de la Iglesia católica, hablaremos en este artículo. En la no fácil llegada al poder político por parte del partido nazi en Alemania, tuvo que luchar contra poderosos rivales, uno era tan insalvable que parecía no haber opción. Se trataba de la unión política entre políticos moderados, tanto del partido socialista como del partido católico, que rechazaban cualquier extremismo. Esto hacía inviable que los nazis pudiesen controlar el Parlamento. No obstante, el problema del partido católico parecía tener una solución, y de hecho esto ya había sido resuelto con éxito en otro lugar donde triunfó el fascismo, en Italía. Allí, los fascistas, en confabulación con la jerarquía eclesial, anularon al partido católico, permitiendo la llegada al gobierno de Benito Mussolini. Para ver el proceso que se dio en Italia aconsejo este artículo: La Iglesia católica y el fascismo. Visto este precedente histórico, Hitler, que era cristiano, a diferencia de Mussolini, buscó un acercamiento a la jerarquía católica. Hasta tal punto cedieron los nazis que prometieron algo que a la Iglesia le había costado mucho conseguir en Alemania, donde sus relaciones siempre habían sido difíciles debido a sus posturas intransigentes en política y religión, esta promesa era la firma de un Concordato. Hitler prometió que la Iglesia católica tendría una especial posición de privilegio en el Nuevo Reich si el Vaticano usaba su influencia para asegurarle el voto del Partido del Centro [el partido católico]. El Vaticano acordó, y Hitler hizo una promesa adicional de que en la declaración inaugural de su Gobierno haría una declaración pública que efectivizaría el privilegio prometido. (1) Así, el 23 de marzo de 1933 el partido católico votó en el Reischstag (Parlamento) por Hitler. Ya en abril, mayo y junio de ese año se llevaban a cabo las negociaciones del Concordato. Tal era el apoyo, que el prelado Kaas, líder del partido católico, en su estancia en Roma durante este proceso de negociación describiría a Hitler como: el portador de elevados ideales quien hará todo lo que es necesario para librar la nación de la catástrofe. (1) Estas declaraciones recordaban a la de los altos dignatarios católicos en favor de Mussolini cuando les salvo de la quiebra y les dio y restauró propiedades y poder. (2) En este ambiente de concordia entre nazis e Iglesia católica, Hitler diría: De la manera como vemos en el Cristianismo el firme fundamento de la vida moral, así es nuestro deber cultivar relaciones amistosas con la Santa Sede y desarrollarlas. (1) El Papado ejerció entonces su poderosa influencia, ordenando a su clero instruir a los católicos sobre el buen camino emprendido por los nazis, convirtiendo a aquellos de dudosas intenciones y carácter violento en un referente al que apoyar y votar. Los resultados electorales mostrarían este cambio ejercido por el poder eclesial en las opiniones de los alemanes, los nazis aumentarían sus votos, su poder y su respetabilidad. Otro aspecto poco ejemplar y bastante silenciado, es que Hitler hizo un trato con el Vaticano en el que pedía a la Iglesia que no interfiriera ni protestara contra la persecución que ya tenían en marcha los nazis contra los comunistas, los socialistas y los judíos, e incluso contra miembros díscolos de la propia Iglesia. Curiosamente todos ellos eran enemigos tradicionales e históricos de Roma (la jerarquía eclesial), los judíos especialmente también, no fue por ello difícil a los nazis utilizarlos como chivo expiatorio, ya que así habían sido usados durante siglos en el mundo cristiano. Desde los orígenes del cristianismo se persiguió al judaísmo, a pesar, y seguramente por eso, de que Jesús de Nazaret fuese exclusivamente judío y no cristiano. Ver este artículo sobre la figura del nazareno: Jesús de Nazaret: en busca de su realidad social La Iglesia actuaba en el mundo no de acuerdo a un código moral, sino de acuerdo a un interés por el poder. La "autoridad" [la Iglesia católica] que reclama ser la autoridad moral del mundo fue prácticamente la única que no profirió una sola palabra en defensa de los perseguidos, o de reproche a los Nazis. Sería bueno recordar que esta fue la misma "autoridad" que le pidió al pueblo español a que desobedeciera a su gobierno [durante la Segunda República], y que inicio una revuelta armada en México llamando a una santa cruzada contra el comunismo. (1) El partido católico finalmente cedió a las presiones y órdenes del Vaticano para que no fuera un obstáculo al partido nazi, y el 5 de julio de 1933 se llevaba a cabo su disolución. Eugenio Pacelli, que sería el futuro Papa Pio XII y que había sido nuncio apostólico en Alemania, en Baviera, y ahora era Secretario de Estado del Vaticano, decía para calmar los ánimos de los católicos: A causa de la exclusión de los católicos como un partido político de la vida pública de Alemania, cuánto más necesario es que los católicos, privados de representación política, encuentren en los pactos diplomáticos entre la Santa Sede y el Gobierno Nacional Socialista las garantías que puedan asegurar para ellos, por lo menos, el mantenimiento de su posición en la vida de la nación. Esta necesidad es sentida por la Santa Sede, no solo como un deber hacia sí misma, sino también como una responsabilidad solemne ante los católicos alemanes, para que estos no puedan desaprobar al Vaticano por haberlos abandonado en un momento de crisis. (1) La postura de la jerarquía católica en Alemania era clara, se abría una nueva era que apoyaron con entusiasmo y gran expectación. El cardenal Faulhaber lo expresaba de este modo: En la época liberal se proclamó que el individuo tenía el derecho a vivir su propia vida como él escogiera; hoy los dueños del poder invitan a los individuos a subordinarse a los intereses generales. Nos declaramos partidarios de la doctrina y nos regocijamos en el cambio de mentalidad. (1) El Arzobispo Bamberg también mostraba su firme apoyo de forma pública ante la prensa: ...para que todos "apoyen los esfuerzos del Gobierno Nacional enérgica y sinceramente para realizar la reconstrucción de Alemania y renovar su vida económica y espiritual". (1) La Iglesia católica con este apoyo al nazismo obtenía privilegios y poderes que antes no había tenido, como imponer decretos en estados alemanes que antes se habían negado a recibir órdenes o a realizar acuerdos con el Vaticano. La Iglesia había luchado durante siglos para imponer sus decisiones a la Alemania luterana, ahora, con los nazis, conseguía de forma fácil lo que antes no pudo con todo tipo de estrategias políticas y militares. No hay que olvidar que en aquella Alemania solo un tercio eran católicos. A cambio de estos privilegios y de otros, como el deseado control sobre la educación, los obispos católicos prestaban juramento de lealtad al Reich nazi. El Vaticano había alcanzado ahora los principales objetivos de la Iglesia católica en Alemania: la desaparición de una República, la destrucción de una democracia, la creación del absolutismo, una asociación íntima de Iglesia y Estado, en un país donde más de la mitad de la población era protestante.(1) La cabeza de la Iglesia en Alemania, el cardenal Bertram, hablaba de la asociación entre el Estado y la Iglesia, sus metas comunes de promover la educación cristiana y llevar a cabo una guerra contra el ateísmo y la inmoralidad. Poniendo en evidencia el mito extendido en nuestros días de que el nazismo es debido supuestamente a los males del ateísmo, bien al contrario. "El Episcopado de todas las Diócesis alemanas, como es mostrado por sus declaraciones al público, tan gustoso para expresar en cuanto se hiciera posible después del reciente cambio en la situación política a través de las declaraciones de Vuestra Excelencia su sincera disposición para cooperar con su mayor habilidad con el nuevo Gobierno, el cual había proclamado como su meta promover la educación cristiana, emprender una guerra contra el ateísmo y la inmoralidad, fortalecer el espíritu de sacrificio para el bien común y proteger los derechos de la Iglesia. (De una carta de Su Eminencia el cardenal Bertram al Canciller Herr Hitler después de la conclusión del Concordato entre el Vaticano y el Gobierno alemán. Vea Universe, del 18 de agosto de 1933). (1) Cuando existieron protestas y choques de los civiles alemanes con los nazis, como los ocurridos con los líderes católicos Schleicher y Strasser, que fueron asesinados, el Vaticano siguió la misma actuación que en la Italia fascista, el silencio. El Vaticano solo protestó contra el nazismo cuando chocaron sus intereses, algo lógico, ya que ambos eran sistemas totalitarios que querían imponer su voluntad, pero a pesar de eso siguió colaborando y apoyándolo. La jerarquía católica tenía en mente no solo los derechos y privilegios en Alemania, sino la conquista de la Unión Soviética, para destruir al gobierno comunista y especialmente también para dominar y someter a la Iglesia ortodoxa, un enemigo milenario. Para ello necesitaba a los los nazis. Y así ejerció su influencia en los millones de católicos extendidos por toda Europa, y cuanto mayor influencia tenía mayores y más terribles fueron las consecuencias. Ver el caso de Polonia: La invasión de Polonia por la Alemania nazi: un ejemplo de guerra humanitaria.

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