chicosabordo
Usuario (Argentina)
PROGRAMACIÓN SÁBADO 23 Y DOMINGO 24 EN LA GALERA Y LARRETA Teatro La Galera Humboldt 1591 esq- Gorriti, Palermo. Informes y Reservas 4771.9295 SÁBADO 23 DE OCTUBRE 16.00 hs "Sandokán" Versión libre de Héctor Presa. La aventura emprendida por Sandokán para conquistar el corazón de Lady Mariana, hija de un enemigo. DOMINGO 24 DE OCTUBRE 16.00 hs "María Elena" de Héctor Presa La visita de cinco adolescentes a la casa de una autora para averiguar cómo es que se le ocurren las cosas que escribe. Localidades $ 30. Menores de 2 años $ 8 Teatro Larreta. Mendoza 2250, Belgrano. Informes 4771-9295 / 4786-0280 . SÁBADO 23 DE OCTUBRE 16.00 hs "EL PRINCIPE Y LA ROSA- Versión libre de Héctor Presa. El viaje del pequeño Príncipe por distintos mundos para descubrir como tratar a una rosa caprichosa DOMINGO 24 DE OCTUBRE 16.00 hs "Blancanieves y los 8 enanitos" versión libre de Héctor Presa. La lucha de Blancanieves por volver al palacio de donde ha sido expulsada Localidades $ 30.
Su divorcio es una pena muy grande para mí. No traten de disipar mi dolor con regalos y diversiones. Me duele el corazón y éste no sana con risas y juguetes. • Díganme con palabras y actitudes que puedo amarlos a los dos, y ayúdenme a mantener una relación estrecha con ambos. • Recuerden que, aunque el divorcio sea para ustedes una nueva oportunidad para establecer otra relación más feliz, para mí significa que he perdido la única oportunidad de crecer al lado de quienes más amo y necesito. • No me pongan de testigo, ni de intermediario en sus conflictos. Si me involucran me hacen sentir responsable de arreglar un problema que no es mío. • Tengan presente que todo lo que hagan para perjudicarse mutuamente, en primer lugar me lastimará a mi. Y que mientras ustedes sigan riñendo ... yo seguiré sufriendo. • No se disputen cuál se queda conmigo, porque no soy de ninguno pero los necesito a los dos. Ver y estar conmigo es un derecho, no un privilegio, que tienen ambos y que tengo yo. • Díganme que no tengo la culpa de sus problemas, ni de su divorcio. Aunque no lo crean, yo mismo me culpo porque necesito verlos a ambos como buenos e inocentes por lo ocurrido. • Nunca me incumplan una visita que me hayan prometido. No tienen idea la ilusión con la que espero su llegada y el dolor tan grande que me causa ver que otra vez me han fallado cuando no me cumplen. • Denme permiso de querer a la nueva pareja de mi papá/mamá. Aunque me duele aceptarla, yo quiero ganármela para no perder a quien yo creo que me dejó por él/ella. • No me pidan que sirva de espía, ni que les cuente cómo o con quién vive mi papá/mamá. Me siento desleal cuando me veo forzado a informarte sobre su vida. • No me cuenten lo "malvado" que fue mi papá/mamá para vengarse de él/ella. Lo único que lograrán es los resienta por desvirtuarme su imagen. • Asegúrense que comprendo que ,aunque su relación matrimonial haya terminado, la nuestra perdurará para siempre. Y que, así ustedes sean ex-esposos, yo nunca seré su "ex-hijo". • Recuerden que lo mejor que pueden hacer por mí – ahora que ya no se aman – es respetarse mutuamente. POR ANGELA MARULANDA, AUTORA Y Educadora Familiar para Chicos Abordo
Propuestas de obras de teatro breve para niños. Ediciones Abran Cancha acaba de lanzar una nueva obra en su colección Caballo Bayo. Se trata de "Teatro por tres de la cabeza a los pies", de Adela Basch, Alejandra Erbiti y Fabián Sevilla, con ilustraciones de Sonia Basch. La risa nace en la cabeza, pasa por la boca y la panza, y llega hasta a los pies. Estas obras de teatro breve son ideales para sentir el andar, parecido al de las aguas del río, de la risa por el cuerpo. Se consiguen en Librería Santa Fe, Cúspide, Cassasa y Lorenzo, Zival's, Libreía Peluffo, Librería La Cita, Recursos Infantiles, Librería Galerna, La Nube, El lLibro de Arena, Librería El Aleph,Capítulo II, El túnel, Librería del Virrey, Maggisano, Casa Bohm, Villa Gesell, Meterete Juegos (Cariló), Bibliopola (Mercedes, Prov. de Bs. As.) Chelén, Mercedes, Prov. de Buenos Aires, Librería de la Fe (Gral. Roca, Río Negro) y Yenny http://www.chicosabordo.com.ar/ocio-en-casa/libros-para-ninos/2451-libro-infantil-qteatro-por-tres-de-la-cabeza-a-los-piesq
De Diego Muzzio. Editorial Pictus. Una noche de tormenta del mes de junio del año 1801, el joven Santiago de Escalada, hijo del constructor de escaleras más renombrado de la ciudad de Santa María de los Buenos Aires, es requerido por dos sujetos muy extraños para construir una gran escalera de caracol. Sin saber lo que le aguarda, Santiago acepta el encargo y es trasladado en una carreta autopropulsada hasta un faro que, a diferencia de los faros ordinarios, puede desplazarse. A partir de entonces se verá inmerso en una aventura insólita, en la que no faltarán otras máquinas misteriosas, increíbles historias de amor, traiciones y desengaños imperdonables, juramentos de piratas, peleas a punta de espada y cañonazos.

Hay en Mongolia un dicho muy utilizado que afirma que los mejores boxeadores toman leche materna durante al menos seis años, afirmación muy seria para un país en el que el boxeo es el deporte nacional. Me trasladé a Mongolia cuando mi primer hijo tenía cuatro meses y viví allí hasta que cumplió tres años. Criar a mi hijo en aquellos primeros años en un lugar donde la actitud hacia la lactancia materna es tan radicalmente diferente de las costumbres que prevalecen en Norteamérica me abrió los ojos a una visión completamente diferente de cómo podría ser todo. Los mongoles no solamente prolongan la lactancia materna, sino que además lo hacen con más entusiasmo y menos inhibiciones que casi nadie de quienes había conocido hasta entonces. En Mongolia, la leche materna no es sólo para bebés; no se trata sólo de nutrición y definitivamente no es un tema sobre el que se imponga la discreción. Es la madera de la que estaba hecho Genghis Khan. Al igual que muchas madres primerizas, no había pensado demasiado sobre la lactancia antes de tener a mi bebé, pero minutos después de que mi hijo Calum saliera, se agarró a la teta y durante los siguientes cuatro años no parecía nada dispuesto a soltarse. Tuve suerte, porque en muchos aspectos la lactancia nos resultó sencilla: ninguna grieta en el pezón, rara vez un pecho ingurgitado. Mentalmente las cosas no eran tan sencillas: a pesar de lo mucho que amaba a mi bebé y disfrutaba del vínculo que nos ofrecía la lactancia, en ocasiones resultaba insoportable. No estaba preparada para la magnitud de mi amor por él ni para la intensidad de su necesidad de mí en exclusiva y de mi leche. "No le permitas que te convierta en un chupete humano", me advirtió una enfermera canadiense pocos días después del nacimiento de Calum, que mamaba a todas horas, pero yo repasaba todos los posibles motivos de su llanto (¿gases?, ¿pañal? ¿infraestimulación? ¿sobreeestimulación?) y por lo general acababa dándole teta de nuevo. Me preguntaba si hacía bien. Entonces me trasladé de Canadá a Mongolia, donde mi marido llevaba a cabo unos estudios sobre vida salvaje. Allí los bebés están siempre envueltos en varias capas de gruesas mantas, atados con cuerda como un paquete que no quieres que se rompa en el correo. Cuando un paquete murmura, se le pone un pezón en la boca. No se les cambia muy a menudo y nunca se les hace eructar. No hay ni siquiera una manos en las que poner un sonajero. Por supuesto, no hay ratitos boca abajo. Los niños permanecen envueltos hasta al menos los tres meses, y cada vez que emiten un sonido, se les da de mamar. Esto resultaba interesante. A los tres meses, los bebés canadienses ya tienen actividades sociales, incluso natación. Algunos aprenden a "calmarse solos". Yo daba por sentado que había muchos motivos por los que un bebé podía llorar y que era mi trabajo averiguar la razón y darle la solución adecuada. Pero en Mongolia, aunque los bebés puedan llorar por muchos motivos, sólo hay una solución: leche materna. Dejé de darle vueltas e hice lo mismo. En Canadá la lactancia materna aún está rodeada de cierto misticismo, pero en realidad no estamos demasiado acostumbrados a ella. La lactancia se realiza en casa, en grupos de lactancia, quizá en alguna cafetería: rara vez se ve en público y desde luego nosotros mismos no tenemos recuerdos conscientes de haber sido alimentados con pecho. A esta íntima actividad entre madre e hijo se la trata con secretismo y educadas miradas hacia otro lado, y se considera casi igual que las demostraciones públicas de intimidad en una pareja: no es tabú, pero sí que causan ligera incomodidad y son educadamente ignoradas. Cuando el silencioso y angelical recién nacido se convierte en un niño activo resuelto a comunicar a todo el mundo lo que está haciendo a cada momento, bueno, entonces esos ojos se apartan con mayor rapidez e intensidad, a veces con el ceño fruncido. En Mongolia, dar el pecho en público, en lugar de relegarme a la sección de "sólo mamás", me puso decididamente en el centro de atención. Su práctica universal de dar pecho en cualquier momento y lugar, así como la cercanía en la que la mayoría de los mongoles vive, implica que todos están acostumbrados a ver un pecho en acción. Les alegraba ver que hacía las cosas a su manera (que por supuesto era la manera correcta). Cuando daba pecho en el parque, las abuelas me brindaban sus historias sobre cómo habían alimentado a sus doce hijos. Cuando daba pecho en el asiento trasero de los taxis, los conductores levantaban sus pulgares por el retrovisor y me aseguraban que Calum se convertiría en un gran boxeador. Cuando paseaba por el mercado acunando a mi hijo en mis brazos mientras mamaba, los comerciantes me hacían un sitio en su puestos y le decían al niño que se lo bebiera todo. En lugar de mirar a otro lado, la gente se inclinaba sobre Calum y le besaba la mejilla. Si se soltaba de la teta en respuesta a la atención recibida, dejando mi pecho chorreando y completamente expuesto, no pasaba nada. Nadie se quedaba mirando, nadie apartaba la vista: simplemente se reían y se limpiaban la leche de la nariz. Desde que Calum tenía cuatro meses hasta los tres años, allá donde fuera, oía una y otra vez lo mismo: "La teta es lo mejor para tu bebé, lo mejor para ti" La aprobación constante me hacía sentir que hacía algo importante que interesaba a todos; exactamente la clase de aprobación pública que *toda* madre reciente necesita. Para cuando Calum cumplió los dos años, yo ya había descubierto lo útil que podía ser la lactancia materna. Nada hace que un niño se duerma más rápido, alivia el aburrimiento de un largo viaje en coche, o calma una tormenta que se cierne, tan rápidamente como una poca leche calentita de mamá. Es la ayuda más útil para la madre perezosa, y yo creía que le daba todos los usos, pero los mongoles lo llevaban más lejos. Durante los inviernos mongoles, pasaba muchas tardes en en el yurt de mi amiga Tsetsgee, huyendo del frío glacial de fuera. Fue instructivo comparar nuestras técnicas de crianza. Cuando estallaba una pelea por los juguetes entre nuestros hijos de dos años, mi primera reacción era restablecer la paz distrayendo a Calum con otro juguete al tiempo que le explicaba los principios de compartir las cosas, pero esto llevaba tiempo y una media de éxito de tan sólo un cincuenta por ciento, En el restante cincuenta por ciento de veces, cuando Calum no quería dar su brazo a torcer y su frustración aumentaba hasta el punto de ebullición, lo cogía y le acunaba en brazos para amamantarle. Tsetsgee tenía una táctica diferente. Al primer murmullo de discordia, se levantaba la camisa y empezaba a menear sus pechos con entusiasmo, diciendo: "¡Ven aquí, cariño, mira lo que tiene mami para ti!" Su hijo apartaba la vista de los juguetes para mirar las dianas de sus pechos y siempre se iba hacia ellos. ¿Media de éxito? Cien por cien. Para no ser menos, adopté la misma estrategia. Allí estábamos, dos madres agitando los pechos como strippers compitiendo por atraer a un cliente. Si los abuelos estaban por allí, se unían a la representación. Los pobres críos no sabían a dónde mirar: la tranquilizadora plenitud de los pechos de sus madres, los mustios pechos planos de la abuela con su larga experiencia, o el extraño montón de carne que el abuelo se agarraba en su envidia de pechos. Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme una escena similar en una reunión de la Liga de la Leche. En mis clases prenatales en un pequeño pueblo de Canadá, donde nació Calum, nos mostraron la lactancia materna con un vídeo de una madre sueca de aspecto especialmente atlético, que daba pecho a su niño pequeño mientras esquiaba. La clase se estremeció: "Claro que es genial para los bebés, pero cuando ya empiezan a hablar y a andar...?" Todas parecían de acuerdo. Yo me callé. Me tocó a mí sorprenderme cuando una de mis amigas mongoles me dijo que había tomado leche materna hasta los nueve años de edad. Me quedé tan boquiabierta y estupefacta que al principio me lo tomé a broma. Viendo ahora que mi hijo se destetó justo después de cumplir los cuatro años, me avergüenza un poco mi inflexible incredulidad. Aunque nueve años sea bastante edad para tomar el pecho, incluso para los mongoles, no está fuera del rango. Aunque no siempre era fácil hablar sobre conceptos como "destete voluntario" con mongoles debido a la barrera idiomática, dar pecho "a largo plazo" parecía ser la norma. Nunca conocí a nadie que diera pecho a dos niños, lo cual me sorprendió, aunque debido a que los intervalos entre hijos son bastante largos, la mayoría de los niños dejaban de mamar entre los dos y los cuatro años. Según UNICEF, en 2005 el 82 por ciento de los niños de Mongolia seguían con lactancia materna entre los 12 y los 15 meses y el 65 por ciento seguían entre los 20 y los 23 meses. El último hijo parece que simplemente continúa, de ahí la niña de nueve años que tomaba pecho, y si la sabiduría popular no se equivoca, de ahí la fama de Mongolia en el boxeo. Cuando a los tres años Calum seguía tomando pecho con el entusiasmo de un recién nacido y yo me preguntaba cómo surgiría el destete, sentí curiosidad sobre qué animaba a los niños mongoles a destetarse solos. Algunas madres me dijeron que su hijo simplemente perdió el interés. Otras dijeron que la presión de grupo tuvo que ver, (he oído a adolescentes mongoles burlarse de otros diciendo "¡Quieres los pechos de tu mami!" del mismo modo que se dice "¡Corre con tu mamá!". Cada vez más a menudo, las obligaciones del trabajo obligan a destetar antes de lo habitual: los niños a menudo pasan el verano en el campo mientras que la madre se queda en la ciudad trabajando, y durante esta larga separación a la madre se le retira la leche. Mi amiga Buana, de veinte años, me contó su lactancia, digna de medalla de oro: "Me crié en un yurt lejos, en el campo. Mi madre siempre me decía que me la bebiera toda, que era buena para mí. Yo creía que todas los niños de nueve años lo hacían. Cuando fui al colegio, lo dejé." Me miró con un brillo travieso en los ojos " Pero aún me gusta beberla a veces". Destetarse me parecía un suceso bastante definido. Siempre esperé que, en algún momento, las tomas se reducirían y seguirían reduciéndose hasta que cesaran por completo. Se me retiraría la leche y ya está. Bar cerrado. En Mongolia no sucede así. Hablando de lactancia con mi amiga Naraa, le pregunté cuándo su hija, entonces de seis años, se había destetado. "A los cuatro años" me contestó, "a mí me entristeció pero ella no quería tomar teta más". Entonces Naraa me dijo que la semana anterior, cuando su hija había vuelto de una larga estancia en el campo con sus abuelos, quiso tomar teta. Naraa la complació "Me imagino que me había echado mucho de menos" explicó, "y fue bonito. Por supuesto, yo no tenía leche, pero no le importó". Pero si "destetar" significa no volver a beber leche materna, entonces los mongoles nunca se destetan del todo, y esto es lo que más me sorprendió de la lactancia en Mongolia. Si los pechos de una mujer están ingurgitados y su bebé no está cerca, irá sencillamente preguntando a sus familiares, de cualquier edad o sexo, si quieren beber. A menudo las mujeres se extraen una taza de leche para sus marido para darles un capricho, o dejan una poca en el frigorífico para que cualquiera pueda servirse. Aunque todas hemos probado nuestra propia leche, le hemos dado a nuestras parejas para que la prueben, quizá hemos echado una poca al café en una emergencia ¿no?, no creo que que muchos de nosotras la hayamos bebido a menudo. Sin embargo a todo mongol al que he preguntado me ha dicho que le gusta le leche materna. El valor de la leche materna está tan reconocido, tan firmemente arraigado en su cultura, que no se considera como algo sólo para bebés. La leche materna se usa comúnmente de forma medicinal, se les da a los mayores como una cura para todo, se usa para tratar infecciones oculares así como (dicen) hacer más blanco el blanco de los ojos y más intenso el marrón del iris. Pero sobre todo, creo que los mongoles beben leche materna porque les gusta el sabor. Una amiga mía occidental que se extraía leche en el trabajo y dejaba la botella en el frigorífico de la oficina se encontró un día la botella medio vacía. Ella se rió: "¡Sólo sospecharía de que mis compañeros se beban mi leche en Mongolia!" Vivir en otra cultura siempre te obliga a re-evaluar la tuya. No sé cómo hubiera sido dar pecho a mi hijo en sus primeros años en Canadá. La avalancha de observaciones positivas que recibí en Mongolia, así como la aceptación sincera de dar el pecho en público simplemente me asombró, y me dio la libertad de criar a mi hijo de una manera que me parecía natural. Además de las pequeñas diferencias en nuestras costumbres de lactancia, los detalles de cuánto y cuándo, concluí que había una diferencia más grande en nuestros métodos de crianza. En Norteamérica valoramos tanto la independencia que aparece en todo lo que hacemos. Sólo se habla de qué come tu bebé ahora, y a cuántas tomas has reducido. Incluso aunque no seas la que hace estas preguntas, es difícil escapar de su impacto. Además se venden tantas cosas para que tu hijo se entretenga solo y te necesite menos que el mensaje es claro. Sin embargo en Mongolia, la lactancia no se identifica con dependencia, y el destete no es una meta. Saben que sus hijos crecerán; de hecho, un niño mongol normal de cinco años es mucho más independiente que uno occidental. No hay prisa por destetar. Probablemente lo más valioso de criar a mi hijo en Mongolia fue que me di cuenta de que hay un millón de maneras de hacer las cosas, y que yo podía elegir cualquiera de ellas. Durante la lactancia de mi hijo tuve varias dificultades, y tomé y deseché ideas y prácticas en mi intento de forjar mi propio estilo. Me alegro de haber amamantado a Calum tanto tiempo: fueron cuatro años al final. Creo que la lactancia fue lo mejor para mi hijo, y que tendrá una influencia duradera en su personalidad y en nuestra relación. Y cuando gane la medalla de oro de boxeo en la Olimpiadas, espero que me lo agradezca. Nota: 1. UNICEF Childinfo, "Monitoring the Situation of Children and Women: Infant and Young Child Feeding (2000-2007)" (January 2009). Ruth Kamnitzer vivió durante tres años en una tienda tradicional de tela en la campiña mongola mientras su marido, Steve, llevaba a cabo unos estudios sobre el gato de Pallas de Asia Central. Es licenciada en Conservación de la Biodiversidad y hoy en día vive en Bristol, Reino Unido, con Steve y Calum. Autora: Ruth Kamnitzer Tomado de: Peaceful Parenting Traducción al castellano: Ana Isabel Chinchilla
Beneficios y razones para llevar a tu bebé puesto * Los bebés que son cargados con frecuencia lloran menos, son más felices y sonrientes * Una de las razones por las cuales los bebés cargados lloran menos es porque estar pegados al cuerpo de un adulto que los ama crea para ellos un ambiente íntimo y seguro que los hace sentir a gusto. * Tú puedes ocuparte de los quehaceres de la casa teniendo tus manos libres y con la seguridad de que tu bebé está bien. * Tu bebé tendrá contacto visual permanente contigo (a menos que lo lleves en la espalda), cosa que le brinda al niño mucha seguridad y confianza. * Hay porta bebes que facilitan la labor del amamantamiento, puedes dar pecho a tu bebé sin sacarlo del cargador y él puede mamar a demanda. * El cerebro de tu bebé está siendo estimulado con el movimiento mientras está en un cargador. * La distancia que hay entre tu cara y la de tu bebé al llevarlo puesto es de aproximadamente 30 cm., lo cual favorece la convergencia de la visión de cara a la lectoescritura. * Tu bebé dormirá en el lugar más seguro y parecido al útero materno, sintiendo tus sonidos, tu voz y tus movimientos tal como lo hacía en el vientre materno. * Los bebés cargados aprenden a sociabilizar usando el modelo de sus padres, ven el mundo desde su óptica, oyen lo que ellos oyen e interactúan de la manera como ellos lo hacen, cosa que no sucede cuando un bebé está la mayor parte del tiempo en un cochecito. * Al llevar al bebé cargado, se brindan mayores oportunidades al papá de establecer un vínculo con el bebé cuando es éste quien lo lleva. * Si tienes un hijo mayor, ocuparte de él será más simple y positivo si llevas al menor cargado.