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Primer post: 23 mar 2014Último post: 23 may 2014
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La memoria manipula nuestros recuerdos a su antojo
La memoria manipula nuestros recuerdos a su antojo
Ciencia EducacionporAnónimo3/23/2014

La memoria manipula nuestros recuerdos a su antojo Ya lo decía Schopenhauer. “Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa”. Pero, ¿por qué diría esto? ¿Es que acaso la memoria puede ser manipulada a nuestro antojo? Pues nada menos alejado de la realidad. El estudio de neurociencia cognitiva ‘How Your Memory Rewrites the Past’ publicado recientemente en la revista Journal of Neuroscience revela que nuestra memoria es una gran manipuladora, y es que se encarga de integrar momentos de la actualidad en recuerdos del pasado para que encajen mejor en nuestro presente. Normalmente, con el fin de hacernos sentir mejor con nosotros mismos. Donna Jo Bridge, principal autora de este estudio, ha descubierto que el hipocampo es el responsable de este proceso. En este área del cerebro es donde los recuerdos originales son manipulados y distorsionados. Parece que hasta los momentos más emotivos que recordemos, como el primer encuentro con nuestro amor verdadero, han sido distorsionados por los sentimientos actuales de afecto y amor en el hipocampo. Para llegar a esta conclusión, los investigadores sometieron a un experimento a 17 sujetos, quienes debían recordar la posición exacta de 168 objetos, que fueron mostrados sucesivamente en una pantalla de ordenador en distintos fondos de pantalla. Mientras tanto, un sistema de imagen por resonancia magnética medía su actividad cerebral para registrar las modificaciones que iba haciendo la memoria. En la segunda fase del experimento, se les mostró los mismos objetos pero en fondos de pantalla distintos. El resultado fue que los sujetos no acertaron la posición de ninguno de los objetos. Por último, en la tercera y última fase, los investigadores mostraron de nuevo a los participantes las imágenes, pero esta vez debían escoger entre tres posiciones: la original, la que ellos seleccionaron en la segunda fase y una nueva. Los sujetos eligieron la posición de los objetos que ellos indicaron en la segunda parte del experimento. Los investigadores culparon del error a la memoria de los individuos, responsable de modificar la localización inicial (recuerdo original) del objeto por la que ellos creyeron posteriormente que era verdadera tras cambiar el fondo de pantalla de los objetos. Un estudio que certifica que la memoria transcribe el pasado con la actualización de nuevas experiencias. No lo recuerdo. Pero si lo dices, será cierto. Algunas personas creen que pueden reproducir a la perfección un acontecimiento de su infancia. Incluso relatar detalles concretos de los primeros años de vida, como las primeras palabras habladas o su primer chupete. Sin embargo, es algo ficticio. Diversos neurocientíficos califican de improbable este hecho porque el área encargada de formar los recuerdos, el hipocampo, aún no ha madurado lo suficiente como para almacenar un recuerdo de larga duración, y que pueda ser recuperado alcanzada la edad adulta. En este caso, la fabricación del falso recuerdo se podría atribuir al relato de un suceso de nuestra infancia contado por un familiar. Y es que los recuerdos se forman en comunidad con los otros. Es decir, mediante la comunicación. Por eso, para el psicólogo Harald Welzer, los acontecimientos que recordamos “no son como sucedieron, sino como nos dijeron que fueron”. La memoria puede modificar y manipular los recuerdos La memoria puede modificar y manipular los recuerdos. El problema es que la memoria también puede manipularse desde el exterior. Neurocientíficos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, MIT (EE UU) han demostrado que pueden implantar falsos recuerdos en el cerebro de ratones y que muchos de los rastros neurológicos de estos recuerdos dejan son exactamente idénticos a los de los recuerdos originales.Y es que la memoria, además de ser manipuladora, puede ser manipulada, hasta tal punto de hacernos creer como cierto algo que nunca sucedió. Ya en la década de los 90, la psicoterapia de sugestión utilizaba técnicas de imaginación guiada para implantar falsos recuerdos en la memoria de pacientes con problemas de depresión y ansiedad para conseguir modificar determinados comportamientos o actitudes. Actualmente, los experimentos de la investigadora Elizabeth Loftus, de la Universidad de Washington, demuestran que se pueden implantar recuerdos artificiales en memorias ajenas. En uno de sus estudios, llegó a introducir en la memoria de un 16% de los participantes que habían presenciado posesiones demoníacas. También hizo creer a otros participantes que se habían cruzado con un Bugs Bunny drogado en Disneyland y que les había chupado las orejas. Suceso ficticio e improbable de acontecer porque el personaje de dibujos animados es mascota de la Warner Bross, no de Disney. Estudios como este demuestran que la realidad sigue superando la ficción. Los descubrimientos en el campo de la neurociencia cognitiva abren la puerta a un mundo en el que la fragilidad y la maleabilidad de la memoria es cada vez más palpable. Un mundo en el que los recuerdos serán cada vez más vagos e imprecisos y la vida que creíamos haber vivido perderá credibilidad con el paso del tiempo. Ahora, con el pasado desdibujado, solo queda esperar a ver si los recuerdos que nos implantarán en el futuro servirán para hacernos olvidar experiencias traumáticas, o si, por el contrario, reafirmarán la premisa de que el ser humano es un ser fácil de manipular para la consecución de objetivos específicos. Y tú, ¿qué recuerdo desearías que te implantasen?

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Millones de personas diagnosticadas con enfermedades mentale
Millones de personas diagnosticadas con enfermedades mentale
Ciencia EducacionporAnónimo3/23/2014

Millones de personas diagnosticadas con enfermedades mentales, ¿control social o negocio del Big Pharma? En años recientes el diagnóstico de enfermedades mentales ha superado los récords de todas las épocas. Proporcionalmente, en nuestra época hay más enfermos mentales que en ninguna otra, rondando los 36 millones de personas y provocando que, por ejemplo, un sistema de salud como el de Estados Unidos entre en una crisis financiera por lo medicamentos cuyo consumo se impone como obligatorio después de haber obtenido un diagnóstico. El repunte exponencial de estos trastornos —al menos en las estadísticas— presenta la duda de si de verdad el mundo se está volviendo loco, si se trata de una importante veta de ingresos para las grandes farmacéuticas o si en el fondo se encuentra otra estrategia de control social. Como sabemos, el llamado Big Pharma no tiene escrúpulos en lanzar al mercado medicamentos no suficientemente probados en sus efectos positivos contra una enfermedad pero, en contraste, enfocados en algunos de los males sobre los que más pesa el fantasma del miedo y el temor, manipulando de tal modo estas emociones humanas para que sus productos sean consumidos. Tan solo por medicamentos contra el Alzheimer, las grandes industrias farmacéuticas esperan recibir hasta 14 mil millones de dólares al año de aquí al 2020. Igualmente factible es la hipótesis del control social. El también reciente incremento en los diagnósticos de autismo e hiperactividad plantea la posibilidad de toda una generación de niños que, al crecer, serán adultos con antecedentes de consumo de medicamentos, los cuales además actúan directamente sobre las capacidades cognitivas del individuo. Sedar a una persona en un contexto de autoridad como el de la medicina, puede ser una de las mejores formas de conseguir su control. Es posible, claro, que el mundo entero se esté volviendo loco, pero quizá haya quienes estén tomando ventaja de esta situación.

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¿Tenes una mente exitosa? averigualo
¿Tenes una mente exitosa? averigualo
Ciencia EducacionporAnónimo5/23/2014

Estas son las diferencias entre una mente exitosa en la vida y una mente poco exitosa, según científico De acuerdo a la psicóloga de Stanford Carol Dweck, la mejor manera de tomar control de tu vida y empujarte a ti mismo a derrumbar fronteras es diseñando tu mentalidad. Las personas exitosas, dice, se concentran en el crecimiento, mientras que las personas que no son exitosas piensan que sus habilidades son inamovibles y evitan los riesgos. Dweck divide a las personas en dos categorías: mentalidades fijas y mentalidades de crecimiento. El siguiente infográfico de Nigel Holmes resume estas diferencias: Creer que tus cualidades están grabadas en piedra –la mentalidad fija—genera una urgencia de probarte a ti mismo una y otra vez. Si tienes sólo cierta cantidad de inteligencia, una cierta personalidad y un cierto carácter moral—bueno, entonces más te vale probar que tienes una dosis sana de ellas. Simplemente no funcionaría verte o sentirte deficiente estas características tan básicas. Existe otra mentalidad en la cual estos rasgo no son simplemente una mano que te tocó y debes vivir con ella, siempre tratando de convencerte a ti mismo y a los otros que tienes un póquer de ases cuando estas secretamente preocupado de que en realidad sólo tienes un par de dieces. En esta mentalidad, la mano que tienes es sólo un punto de partida para tu desarrollo. Esta mentalidad de crecimiento está basada en la creencia de que tus cualidades básicas son cosas que puedes cultivar mediante tus esfuerzos. Aunque las personas puedan diferir en cada rasgo –en sus talentos iniciales y aptitudes, intereses o temperamentos—todos pueden cambiar y crecer mediante la dedicación y la experiencia. Más que ser otro libro más de autoayuda, la teoría de Dweck está respaldada por la ciencia. En un ahora famoso estudio que se realizó en 1998, Dweck y Claudia Mueller separaron a 128 niños de diez y once años en dos grupos. Se le pidió a cada grupo que resolviera problemas matemáticos; a uno de los grupos se le felicitó por sus características innatas (lo hiciste muy bien; debes ser muy listo) y el otro fue apremiado por su esfuerzo (lo hiciste muy bien; debes haberte esforzado mucho). Después se les dio otra serie de problemas más difíciles. Tan difíciles, de hecho, que muchos sujetos apenas respondieron correctamente a uno de ellos. A todos se les dijo que lo habían hecho peor que antes. Esto estuvo seguido de una tercer serie de, una vez más, problemas más sencillos para ver cómo el fracaso había impactado el desempeño. El resultado fue que a los niños que se les felicitó por su inteligencia tuvieron 25% más errores en la tercera prueba que aquellos a los que se les felicitó por su ética de trabajo. Los apremiados por su inteligencia tendieron más a culpar su inhabilidad para resolver problemas en su falta de habilidad o la dificultad de los problemas en lugar de en no haber tratado lo suficiente. En otras palabras, lo que Dweck sugiere es que a los niños que se les apremia por su inteligencia cuando triunfan en algo son los que menos relacionarán su desempeño con el esfuerzo que hicieron; un factor que, en lugar de enseñar a los niños lo listos que son, parece enseñarles a hacer interferencias entre su habilidad y su esfuerzo. Y, entonces, en lugar de tomar riesgos, se quedan fijos en un mismo lugar porque no conocen el poder trasmutativo del esfuerzo.

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