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Primer post: 19 ago 2014Último post: 20 ago 2014
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10 cosas que distinguen a los genios
10 cosas que distinguen a los genios
Ciencia EducacionporAnónimo8/19/2014

Sin duda alguna, hay cosas básicas que distinguen a los genios del resto de los mortales, como saber muchos idiomas, ir muy adelantado en el colegio o ser un genio del ajedrez. Pero también hay otros signos que distinguen a los genios de las personas con un coeficiente intelectual común, y que jamás podrías haber pensado que eran realmente importantes. 10. Virginidad y masturbación Se suele creer que las personas con un alto nivel intelectual suelen pasar menos tiempo de intimidad con otras personas, y aunque se cree que el problema suele ser un factor puramente social, es algo más complicado. La testosterona actúa en contradicción con los químicos que influencian la inteligencia, de hecho, la testosterona bloquea la inteligencia. Por otra parte, las personas más inteligentes suelen estar menos dispuestas a tomar riesgos, y sin duda alguna, el sexo es uno de esos riesgos. 9. Uso de drogas Diversas encuestas han demostrado que, mientras mayor sea el coeficiente intelectual de la persona, más experimenta con drogas ilegales. Los hombres en su mayoría eligen la metanfetamina, el éxtasis y el alcohol; pero también suelen no fumar tabaco, tener una dieta saludable y tener una mayor posición social y económica. ¿Por qué las drogas, entonces? Porque la gente inteligente siempre está buscando cosas nuevas. 8. Insomnio Las personas inteligentes no suelen guiarse por los parámetros normales de la sociedad, lo que “se debe hacer”. Por esta misma razón, suele haber un alto porcentaje de insomnio entre los genios. Esto se puede deber a que suelen tener una mente hiperactiva a la que le cuesta más dormir o que las horas en la noche son más tranquilas para realizar actividades personales. 7. Alcoholismo El alcoholismo puede ser una de las cosas que distinguen a los genios. Extraño, ¿verdad? Esto se debe a que la experiencia de beber alcohol es algo bastante desestresante, no tanto por el hecho de hacerlo sino mismo por la actitud. No en vano hay estudios que dicen que los niños inteligentes tienen más posibilidades de volverse alcohólicos. 6. Pechos más grandes Las mujeres inteligentes tienen más de una cosa a favor, y una de ellas es que suelen tener un escote voluminoso. Esto está relacionado con el hecho de buscar una pareja reproductiva: ya sabemos qué es lo primero que miran los hombres a la hora de elegir a su pareja perfecta, y parece que lo segundo es la inteligencia. Por eso, el pecho grande y la inteligencia van de la mano. También hay un tema de desarrollo: un cerebro bien formado y que funciona correctamente puede producir más de las hormonas que controlan el crecimiento del pecho. 5. Ojos azules No es que las personas de ojos azules sean más inteligentes, sino que el color de ojos puede determinar en qué áreas somos mejores. Las personas de ojos azules suelen ser excelentes en el ámbito de las ciencias académicas; mientras que los de ojos oscuros son mejores en actividades deportivas. 4. Hobbies triviales En la historia se ha visto que los grandes genios tienen hobbies completamente triviales que no aportan ningún tipo de placer personal. Esto puede deberse a la necesidad del cerebro de concentrarse en actividades no tributarias para recuperarse de las sesiones intensas; o puede tener que ver conque ven de forma diferente la trivialidad. 3. Otros puntos de vista En general, los genios fueron ignorados en su época por sus inventos o descubrimientos, considerándolos disparatados o poco importantes. Esta norma nos hace creer que probablemente vean el mundo de una forma diferente a como la vemos el resto de personas. 2. Garabatear Los artistas y los genios tienen la capacidad de pensar de forma abstracta, por lo que es más común presentar las ideas de forma gráfica, de forma que sean más fáciles de entender. Es por esta razón que garabatear puede ser una buena forma de abrir las ideas creativas y permitir desarrollar nuevos conceptos por aquellas personas que tienen un coeficiente intelectual elevado. 1. Enfermedades mentales Se suele distinguir a los genios como seres un tanto excéntricos. Un cerebro desarrollado de una forma diferente a la normal puede adaptarse al entorno de forma diferente, incluyendo dentro de esto la posibilidad de generar trastornos mentales. ¿Los más comunes? El trastorno de déficit atencional o el trastorno obsesivo compulsivo. ¿Conocías estos puntos que distinguen a los genios de las personas con coeficiente intelectual más bajo?

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El último caballero.
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/20/2014

El Caballero de París Este personaje, que bien pudiera representar un símbolo de la ciudad de La Habana, cuyas calles conocen de sus pisadas lentas e incansables y de sus fantasías; convirtió en morada propia muchos de sus lugares. Este post lo hago con recopilación de varias partes y, por supuesto, se lo dedico a mi abuelo. Se los dejo para compartir un poco de su historia. Espero les guste. Juan Manuel López Lledín, su nombre de pila, nació el 30 de diciembre de 1899. Es oriundo de la aldea de Fonsagrada, provincia de Lugo, España, y siendo muy joven emigró a La Habana y trabajó en los hoteles Telégrafo, Sevilla y Manhattan. Dicen que lo hizo con profesionalidad y sin ninguna queja. El Caballero de París era una persona callejera bien conocida en La Habana por los años de 1950. Era de mediana estatura, menos de 6 pies. Tenía el pelo desaliñado, castaño oscuro, con algunas canas y lucía barba. Sus uñas eran largas y retorcidas por no haberse cortado en muchos años. Siempre se vestía de negro, con una capa también negra, incluso en el calor del verano. Siempre cargaba un cartapacio de papeles y una bolsa donde llevaba sus pertenencias. Era un hombre gentil que podía aparecer en cualquier lugar en el momento más inesperado, aunque visitaba muchos lugares regularmente. Se paseaba por las calles y viajaba en las "guaguas" (autobuses) de toda La Habana, saludando a todo el mundo y discutiendo la filosofía de su vida, la religión, la política y los eventos del día con todo el que atravesaba su camino. Frecuentemente se encontraba en el Paseo del Prado, en la Avenida del Puerto, en un parque cerca de la "Plaza de Armas"; cerca de la Iglesia de Paula; y en el Parque Central, donde algunas veces dormía en uno de los bancos; por la calle Muralla; cerca de Infanta y San Lázaro; y en la esquina de 12 y 23 en el Vedado. También se le recuerda caminando por el parque del centro de la Quinta Avenida en Miramar, donde solía estar por las tardes. Era un hablador educado y fluente además de dominar de manera virtuosa el francés y el latín. Muchos recuerdan las veces que charlaban con él. Nunca pedía limosnas ni decía malas palabras. Solo aceptaba dinero de las personas que él conocía, a las que a su vez daba un obsequio, que podía ser una tarjeta coloreada por el o un cabo de pluma o lápiz entizado con hilos de diferentes colores, un sacapuntas, u objeto similar. Frecuentemente le daba cambio a aquellos que le daban dinero. Aunque los niños inicialmente le tenían miedo por su apariencia, pronto perdían el miedo y charlaban con él. Todos, tanto adultos como niños, le hablaban con mucho respeto. Eduardo Robreño relata en su libro "Como me Contaron te lo Cuento" que José trabajó como valet personal a un matrimonio rico que vivía en El Vedado (un barrio conocido de la Habana). Un día, las joyas de la señora, valuadas en más de $50,000 pesos de la época, desaparecieron, y aunque José protestaba de su inocencia, fue arrestado y condenado a 10 años de prisión. Se dice que el solo llego a servir 6, porque entonces la señora se vio gravemente enferma y confesó que había dado las joyas a un chantajista que había sido su amante. (Ni "El Caballero" ni su familia jamás mencionó el haber trabajado como valet.) Una variación de esta versión fue dada por la agencia noticiosa francesa “Agence France Presse”. Según su artículo, José fue arrestado y encarcelado como presunto ladrón de joyas en un establecimiento donde trabajaba (su inocencia fue más tarde confirmada). Nadie ha podido precisar exactamente el crimen de que fue acusado ni cuánto tiempo permaneció encarcelado. Cuando comenzó a ambular por las calles de la Habana, su familia se reunió para ver lo que se podía hacer para ayudarlo. La familia decidió que lo mejor sería que el regresara a su pueblo natal para vivir con sus padres. Cuando le comunicaron esta decisión a "El Caballero", este se alteró de sobremanera y dijo que si lo embarcaban para España, él se mataría tirándose al mar. La familia desistió en estos esfuerzos, pero el resultado fue que "El Caballero" y su familia quedaron cada vez más distantes. El Caballero siempre era algo evasivo sobre el origen de su apodo. Una vez relato a su biógrafo que el había obtenido el apodo de una novela francesa. Otra vez le dijo que la gente empezó llamándolo "El Caballero" en la "Acera del Louvre", la acera del Paseo del Prado donde están ubicados tres hoteles, incluso el "Inglaterra" donde el había trabajado. Quizás en su mente equivalía la "Acera del Louvre" a Paris. El decía que La Habana era "muy Parisien" y que él era "Mosquetero, Corsario y Caballero de Lagardiere". También decía que "Paris se conoce mucho en La Habana" y que "muchos cubanos se hicieron famosos en Paris, tales como Marta y Rosalía Abreu de Santa Clara". Otros cuentan que en una época el trabajo en el restaurant "Paris" y cuando un día regreso diciendo que era un "Caballero" y "Rey" los clientes comenzaron a referirse a él como "Caballero de Paris". Otros dicen que fue debido al estilo francés de su vestimenta que utilizaba durante sus caminos. El doctor Calzadilla Fierro (psiquiatra del caballero), recuerda sus últimas horas de esta manera: Lo encuentro tranquilo, sereno, como alguien que al fin ha logrado la paz consigo mismo. - Buenas tardes, Caballero. - Buenas tardes, Calzadilla. Te esperaba y por favor no me llames más Caballero -contesta al saludo, en voz muy baja, casi inaudible (...). - ¿Por qué no quiere que le llame Caballero? -pregunto curioso. Aparentemente estoy curado de espanto y de regreso de todos los caminos. Pero no es así, no estoy preparado para escuchar la respuesta de este anciano, que dice con voz vacilante, en el umbral de la muerte: - Ya no soy el Caballero de París. Estos no son tiempos de aristócratas ni de caballeros andantes. - ¿Ya yo no soy tampoco, su fiel mosquetero? -pregunto. - No, Calzadilla, desde hace años sólo eres mi fiel psiquiatra." "La melena no quiero que me la corten porque es un recuerdo, para que la pongan en un museo cuando me muera y todos la sigan viendo (..). “Decían que yo era igual que D'Artagnan, aquel mosquetero célebre que inventó Alejandro Dumas. Pero eso era mentira. Y en cambio, yo era una verdad que andaba, gritaba y hasta comía (...). Yo soy un Dios con capa, espada y pantalón de muselina, pero soy un Dios. Cuando rezo, me rezo a mí mismo para pedirme perdón de algo que yo no he cometido". Calzadilla también asegura que el Caballero de París, horas antes de morir, le dijo: "Ahora escucha que quiero contarte cosas que aún no sabes; todo lo que recuerdo hasta ahora." El psiquiatra recibió de aquellas manos su gran tesoro, sus humildes pertenencias: desde una cucharita de postre hasta varias estampitas de santos. Antes de marcharse, José López Lledín le pidió a su psiquiatra que le leyera la oración de la Virgen de Lourdes. Así, entre un "Sálvanos, Jesús, que perecemos" y un "Señor, haz que yo ande", Lledín fue quedándose en silencio a la espera de su final en el paraíso que se había inventado. Personal: No podría contar todas las veces que mi papá me contó anécdotas del Caballero de París, por su puesto mi padre era un niño pero siempre que me cuenta alguna imagen que recuerda de él lo hace con mucho cariño. Una vez me contó que una noche él volvía de jugar béisbol del parque cercano a su casa (entre hospital y Aramburu) y vio a lo lejos en esa noche lluviosa como el caballero con increíble galanura puso su capa en un charco para que una joven no se mojara sus zapatos blancos. Mi abuela me contó una vez una historia del Caballero. Me dijo que estaba en la esquina de 23 y 12 hecha un mar de lágrimas pues venía de asistir al entierro de una vieja amiga de la infancia y se topó con el caballero de parís, él se quedó mirándola con curiosidad y le siguió sin que se diese cuenta, se sentó en un banco en la avenida de los presidentes y a los cinco minutos el caballero de parís se sentó a su lado y se puso a conversar con ella, con su típica voz firme pero cálida, de cómo la aristocracia de su corte no desvelaba sus sentimientos en público porque la procesión hay que llevarla por dentro y que el tiempo lo cura todo, “Eso es lo que es digno de la realeza mi señora y ya que usted es una dama le aconsejo que tome mi consejo.”. Mi abuela se quedó sorprendida por todo lo sucedido, dice que en el momento no entendía muy bien a qué se refería pero le hizo, de alguna forma, sentirse mucho mejor. Versiones hay que lo emparentan con don Rodrigo Díaz de Vivar, pero ninguna de ellas ha sido aceptada. La leyenda, siempre más interesante que la historia real, además de más duradera, pone a salvo al Caballero de París de ser el triste, pobre hombre común que vivió una sola vida, que tuvo un solo pasado. Como todo ser legendario, él vivió por nosotros todas las vidas que a nosotros nos gustaría haber vivido. Y además del don de la ubicuidad, se sabe que poseyó poderes que no podrían revelarse sin poner en peligro el futuro. Con razón, el Caballero de París es la poesía de La Habana. Y también su memoria. Años legendarios en sí mismos en otros aspectos, vio el legendario Caballero de París la llegada a Cuba de Jorge Negrete, de María Félix, de Maurice Chevalier, de Edith Piaf, de Josephine Baker, de Winston Churchill, de Spencer Tracy (que iba a filmar El viejo y el mar, acompañado por Katharine Hepburn, y Hemingway los alojó a ambos en su casa), vio a Marlon Brando, vio a Ava Gardner (quien también era alojada por Hemingway en su finca), vio surgir el mambo, vio a Pérez Prado y a Beny Moré, vio a Lina Salomé y a Tongolele, vio a Enrique Jorrín y a Eduardo Chibás. Un caballero de estos tiempos, un Don Quijote comprometido a repartir su mensaje de apertura de espíritu y enaltecer esas tantas citas que repartía por doquier en pequeños papeles escritos por él. Más allá de lo económico y el tiempo, él vivía en el sentimiento, la libertad y los bellos colores de la Habana, pues como el mismo decía “soy el rey del mundo pues este está a mis pies”. Esta es la pequeña historia del Caballero de París. Ya que para mí, más que anécdotas o simples recuerdos, su historia es una enseñanza de vida, la escribí con mucho cariño para ustedes. De corazón espero les haya gustado.

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