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Primer post: 21 oct 2013Último post: 21 oct 2013
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Marxismo como ciencia—Refutar a Karl Popper
Marxismo como ciencia—Refutar a Karl Popper
Ciencia EducacionporAnónimo10/21/2013

La "falsabilidad" del marxismo, las falsedades de Popper y un enfoque científico texto por Bob Akavian Bueno, con relación a esto quiero hablar de cómo Karl Popper trata de desprestigiar y atacar al marxismo. Popper dice que el marxismo no es una ciencia porque no se puede falsificar. O para decirlo de otra manera, afirma que el marxismo es en realidad una cosmovisión religiosa, que hace profecías históricas; y cuando, como afirma Popper, estas “profecías” resultan ser falsas —cuando la realidad resulta distinta a lo que “ha profetizado” el marxismo— entonces los marxistas simplemente se inventan racionalizaciones para explicar de manera convincente el fracaso de su “profecía”. Vale la pena hablar de esto porque va al meollo de lo que es –y no es— en realidad, el punto de vista y método del marxismo y que no solo reúne los requisitos de lo que es una ciencia sino que representa la aplicación más consecuente y sistemática del punto de vista y método científico, y que representa la oposición más fundamental y profunda a los puntos de vista y enfoques religiosos a la realidad. Empecemos con una discusión del tema de la falsabilidad y su aplicación al marxismo, y luego hablemos de algunos de los principales ataques de Popper contra el marxismo y cómo en realidad resultan ser una defensa del capitalismo-imperialismo. En The Science of Evolution and the Myth of Creationism-Knowing What’s Real and Why It Matters (La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo—Saber qué es real y por qué importa), Ardea Skybreak recalca el siguiente contraste: “a diferencia de las ‘creencias religiosas’, las predicciones científicas (entre ellas las predicciones acerca de los procesos de la evolución) se pueden poner a prueba y verificar” (p. 70, énfasis en el original). Y: “Una buena teoría científica hace una serie de predicciones que se deben cumplir en el mundo real si la teoría es verdad; también hace predicciones que no se deben cumplir si la teoría es verdad. Esto se llama el principio de ‘falsabilidad científica’: por definición, para decir que una teoría científica es verdadera, tiene que haber hechos que la puedan refutar (que si se descubren demostrarían que la teoría es falsa)”. (pp. 215-17, énfasis en el original) En breve, el criterio de “falsabilidad” significa que si algo es científico, se lo puede poner a prueba para ver si es verdad. Si surge algo en la realidad que la teoría no solo no prevé sino que predice que no puede pasar, pues obviamente hay algo malo, algo equivocado, con la teoría. Si, para dar un ejemplo que menciona Skybreak, se podría demostrar en realidad —y no cómo fingen los museos creacionistas— que los dinosaurios y los seres humanos vivían al mismo tiempo, esto sería una manera de refutar la teoría de la evolución, de demostrar que es falsa. En realidad, decenas de millones de años separan a los dinosaurios de los seres humanos; y en realidad las pruebas, de muchos campos, que se han descubierto y examinado desde el tiempo de Darwin han cada vez más verificado la teoría de la evolución, y mostrado de una cantidad cada vez mayor de ángulos, que es cierta y no falsa. Pero el punto es que la evolución, como teoría científica, es falsificable. Y, en un sentido fundamental y esencial, también lo es el marxismo—la teoría comunista científica. Por supuesto, es posible que una teoría científica sea cierta —que refleje correctamente la realidad— en lo principal y esencial, pero que se demuestre que sea incorrecta en ciertos aspectos secundarios—y, conforme a esto, que algunas de sus predicciones específicas resulten no ser ciertas. Y cuando esto pasa, la aplicación del método científico lleva a un mayor desarrollo de la teoría—por medio de desechar, o modificar, ciertos aspectos de la teoría y agregar nuevos elementos. De hecho, esto ocurre todo el tiempo con las teorías científicas en todos los campos: física, geología, biología, arqueología, medicina, y así sucesivamente. Para determinar si se ha falsificado una teoría de manera global —si se ha demostrado, por medio de la investigación y análisis, con los métodos científicos, que no es cierta— o si, por otro lado, solo se han falsificado ciertos aspectos secundarios de esta manera, es necesario examinar si los aspectos que se han demostrado que no son ciertos tienen que ver con y socavan los elementos principales y esenciales de dicha teoría, o solo aspectos secundarios que no afectan la esencia de la teoría de manera global. Para decirlo de otra manera, si se pueden eliminar o modificar los elementos que se ha demostrado que no son ciertos sin poner en duda las afirmaciones fundamentales de la teoría, pues no es la teoría en sí, sino solamente unos aspectos secundarios de la teoría, que se han falsificado; mientras que, si a consecuencia de demostrar que ciertos elementos de la teoría de hecho son falsos lleva al fracaso de la teoría en sí, pues es la teoría de manera global, y su esencia, que se ha falsificado. Veamos cómo esto se aplica al marxismo. No cabe duda de que hay elementos del marxismo que se pueden falsificar. Por ejemplo, el materialismo dialéctico. Si el mundo estuviera compuesto de algo que no fuera materia en movimiento —si se pudiera demostrar que fuera cierto— pues el marxismo en lo fundamental, en lo esencial y en lo básico, sería falsificado, se habría demostrado que es equivocado. O, si se pudiera demostrar que, sí, toda la realidad está compuesta de materia, pero algunas formas de materia no cambian, que no tienen contradicciones internas y movimiento y desarrollo—esto también sería una refutación fundamental del materialismo dialéctico. Pero no se ha demostrado nada de esto. Otro “elemento básico” del marxismo está concentrado en la declaración de Marx, citada antes, acerca de los cimientos de toda la sociedad en la lucha para producir y reproducir los requisitos materiales de la vida, y el hecho de que al llevar a cabo esta actividad fundamental la gente contrae ciertas relaciones de producción, que son independientes de su voluntad. Esto se puede falsificar, tanto como el análisis marxista de las dinámicas subyacentes del cambio social, que tienen sus raíces en la relación contradictoria entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, y la base económica y la superestructura (3). Esto también se puede falsificar—pero no se ha falsificado. Es cierto—examinar la sociedad humana de una manera científica confirma la verdad que Marx concentró en ese análisis. Hay el análisis marxista de las contradicciones básicas y las fuerzas motrices y dinámicas del sistema capitalista en particular, lo que incluye el elemento fundamental de la producción de plusvalía por medio de la explotación del trabajo asalariado por el capital. Todo esto es falsificable —pero no se ha falsificado—, es cierto, corresponde a la realidad. Hay el análisis marxista, desarrollado por Lenin, de la naturaleza del estado, como parte decisiva de la relación entre la base económica y la superestructura jurídica, política e ideológica. Este análisis de que el estado, del tipo que sea, siempre representa la dictadura de una clase u otra—esto también se puede falsificar. Muéstrennos un estado que no es instrumento de dominación de clase. Si se pudiera hacer —en realidad, y no en un espejismo imaginativo— pues se habría demostrado que a lo mínimo esa parte del marxismo es falsa (y esa es una parte crucial del marxismo). Pero no se ha demostrado que es falsa: por todas partes la experiencia ha demostrado, muchas veces al precio de gran sacrificio y sufrimiento, que de hecho el análisis marxista del estado —de que todos los estados, incluso los “más democráticos”, son en realidad dictaduras— es profundamente verdad. Todos estos son elementos centrales del marxismo—de la teoría comunista científica. Todos son falsificables—pero la aplicación del enfoque y método científicos ha demostrado que no son falsos, sino verdaderos, que de hecho corresponden a la realidad. Por supuesto, precisamente como ciencia, el marxismo sigue desarrollándose—sigue, por así decirlo, perfeccionando el análisis y síntesis de la realidad, tanto “natural” como social. Sigue desechando ciertos aspectos que se ha demostrado que no son ciertos, o que ya no se aplican. Por ejemplo, Lenin analizó el desarrollo del capitalismo en imperialismo y demostró que, mientras que las contradicciones básicas y las dinámicas subyacentes del capitalismo seguían siendo las mismas en lo fundamental, el desarrollo en imperialismo modificó ciertos rasgos del “capitalismo clásico” que Marx analizó (es decir, el capitalismo antes de que llegara la etapa en que lo define la dominación de los monopolios y otros rasgos que, como demostró Lenin, son característicos de una nueva etapa del capitalismo: el imperialismo). Lenin también demostró que ese desarrollo (del capitalismo a una nueva etapa, el imperialismo) llevó a cambios en la esfera política tanto como la esfera económica. Por ejemplo, Lenin analizó la escisión del proletariado, en particular en los países imperialistas, donde sobornaron a ciertos sectores de la clase trabajadora con el botín de la explotación y saqueo internacional del imperialismo; y recalcó que, en esta situación, el movimiento revolucionario que representa los intereses del proletariado como clase tiene que apoyarse en los sectores que están “más abajo y más a lo hondo”, en oposición a los sectores más aburguesados, o del sector “aristocrático laboral”. Estas fueron modificaciones a la teoría del comunismo, pero no constituían un abandono, o refutación, de los elementos centrales y esenciales de esta teoría científica. Marx y Engels habían anticipado que la revolución comunista ocurriría primero en Europa, donde en su época el capitalismo —y, junto con ello, el proletariado— ya estaba más desarrollado. Cuando esto no ocurrió —porque esto es una lucha de la vida real, y no algo predeterminado, no algo teleológico que se dirige hacia un fin predestinado— Lenin lo analizó y demostró que el desarrollo del capitalismo en imperialismo fortaleció el potencial del socialismo al nivel internacional, y que atenuó y retardó las contradicciones de clase y el potencial de la revolución socialista en los países capitalista-imperialistas—que no eliminó la posibilidad de la revolución en los países capitalista-imperialistas sino que la retrasó en cierta medida y por cierto período de tiempo. ¿Demuestra todo esto que el marxismo no es una ciencia? No. En realidad, demuestra el carácter científico del marxismo: el marxismo ha seguido perfeccionando su concepción de la realidad, pero ha retenido, correctamente, sus elementos centrales y su perspectiva y metodología básicas—que se pueden falsificar, pero no son falsos. Igualmente, Mao, a base del desarrollo del imperialismo y sus consecuencias en los países como China (el surgimiento de la sociedad semicolonial y semifeudal bajo la dominación del imperialismo extranjero), aplicó el punto de vista y métodos científicos del comunismo para analizar esta realidad y forjó la concepción de la revolución de nueva democracia en esos países semicoloniales y semifeudales—una revolución que no sería socialista inmediatamente sino que primero pasaría por una etapa democrático burguesa en lo esencial, con la meta de derrotar al imperialismo y al feudalismo y luego, con la victoria en esa etapa (que Mao calificó de “nueva democracia” en vista de que la lucha se libraría bajo la dirección del proletariado y no de la burguesía), la revolución crearía un nuevo poder estatal –una nueva forma de la dictadura del proletariado—que abriría la puerta al establecimiento del socialismo y el avance a través de la transición socialista hacia el comunismo. Junto con esto, Mao desarrolló la concepción estratégica y el camino de la guerra popular prolongada como el medio para llevar a cabo esta revolución. Esto fue un nuevo elemento del marxismo—forjado sobre una base científica. Además, sobre la base de la experiencia positiva y negativa del socialismo durante más de medio siglo, primero en la Unión Soviética y luego en China —que, cuando se analizó y se sintetizó científicamente, demostró que en la sociedad socialista todavía hay clases antagónicas y en particular se regenera continuamente una nueva burguesía a base de las condiciones materiales que quedan de la vieja sociedad, que solo se pueden transformar por medio de un proceso prolongado, a fin de cuentas a escala mundial—, Mao desarrolló la teoría de continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado. Una vez más, esto representó la aplicación del punto de vista y el método científicos del comunismo a investigar y sacar lecciones profundas de la experiencia histórica y de la realidad ampliamente. Durante todo el período de más de 150 años desde que Marx y Engels por primera vez formularon el comunismo como teoría científica, se ha seguido enriqueciendo la concepción del materialismo dialéctico mismo, a base de aprender de nuevos descubrimientos, en la ciencia natural tanto como la ciencia social y la historia. Después de todo, esos desarrollos no han demostrado que la realidad no conste de nada más que materia en movimiento; han profundizado nuestra comprensión de lo que esto significa, y al mismo tiempo han planteado nuevos retos para entender varias formas de materia en particular y varios aspectos en particular de las leyes del movimiento de la materia. En la física, por ejemplo, los científicos se esfuerzan por desarrollar más la síntesis, y se esfuerzan en particular para desarrollar una teoría que unificará los principios de la relatividad con la mecánica cuántica. Tengo que admitir que no entiendo gran parte de los aspectos particulares de esto, pero no cabe duda de que de ninguna manera apunta a una conclusión de que la realidad no consta de otra cosa que la materia en movimiento. Como personas que nos adherimos a una cosmovisión y método sistemáticamente científicos, y que buscamos aplicarlos sistemáticamente, los comunistas seguiremos luchando por mejorar y desarrollar nuestra comprensión de todo esto, inclusive los principios básicos del materialismo dialéctico y su aplicación a la naturaleza y a la sociedad humana. Pero, una vez más, todo esto descansa sobre una base de ciertos principios básicos y métodos que siguen siendo vigentes —a ajustarse a la realidad objetiva— y que, sí, se han sometido y se pueden someter al criterio de falsabilidad pero que no se ha demostrado que son falsos, sino que se ha demostrado que son verídicos, en sus elementos centrales y esenciales. Ahora si pasamos más directamente a los esfuerzos de Popper de desacreditar el marxismo, podemos arrojar más luz sobre lo que se ha discutido hasta ahora, en cuanto al marxismo como teoría científica, y destacar algunas de las principales maneras en que el ataque de Popper al marxismo es en realidad una tergiversación del comunismo y además una tergiversación y, en realidad, una defensa del capitalismo-imperialismo. Capitalismo… imperialismo Popper incluye a Marx y al marxismo, junto con Hegel y otros, en lo que caracteriza como “historicismo”, con lo que quiere decir cierta especie de determinismo, cercano o equivalente a la teleología: la idea de que hay un diseño o propósito en la naturaleza y/o la historia, y que todo se dirige, de acuerdo con ese diseño o propósito, hacia algún fin predeterminado. Y Popper trata de demostrar que tales teorías, entre ellas el marxismo, en realidad conducen al totalitarismo. Esto está relacionado a la afirmación de Popper de que el marxismo no satisface, y de hecho falla, cuando se le aplica la prueba de la falsabilidad. Aquí no intentaré contestar y refutar todo lo equivocado con no solo las conclusiones de Popper sino también con su enfoque y método —eso podría requerir más tomos que el material original de Popper— pero sí me enfocaré en unos elementos centrales de la tesis de Popper que, tras una revisión científica, dejan ver por lo menos algunas de las fallas básicas no solo de las conclusiones de Popper sino también de su método y enfoque. Empecemos con la cuestión del desarrollo del capitalismo en imperialismo y, junto con eso, el hecho de que las contradicciones de clase en los países imperialistas mismos, en vez de intensificarse, como predijeron originalmente Marx y Engels, se mitigaron y modificaron. Ya para fines del siglo 19, Engels en particular empezó a analizar cómo el vasto imperio colonial inglés —y la explotación y depredaciones que llevaba a cabo el imperialismo británico en las colonias— llevaba a cambios en las condiciones de sectores de la clase obrera inglesa. Pero esto es lo que Popper dice sobre el análisis de Engels: “Obligado a admitir que en Inglaterra la tendencia predominante no era hacia la creciente pobreza [de la clase obrera] sino hacia un mejoramiento considerable, insinúa que eso se podría deber a que Inglaterra ‘está explotando al mundo entero’; y con desdén ataca a ‘la clase obrera inglesa’ que, en vez de sufrir como él esperaba, ‘se está haciendo cada vez más burguesa’”. (Popper, The Open Society and Its Enemies, tomo 2, “Hegel y Marx”, p. 187 [nuestra traducción]) Aquí es Popper quien ha introducido en la discusión cierto método, y ciertos motivos, que él le atribuye a Engels. Engels está furioso, según Popper, porque la clase obrera inglesa no sufría como él esperaba —y, Popper insinúa, quería— que sufriera; y por eso, dice Popper, Engels habla de la clase obrera inglesa con “desdén”. Fíjense que en esto Popper ignora, o esquiva, la cuestión de si Engels tenía razón (y, como veremos más adelante, cuando Popper intenta demostrar que Engels no tenía razón, cae en afirmaciones que no solo son falsas sino necias). Popper quiere demostrar que Engels (y Marx) procedía a partir de una teoría apriorista e instrumentalista, y que cuando la realidad (en este caso encarnada en la clase obrera inglesa) no cuadró con su teoría apriorista e instrumentalista, entonces la conclusión era que había algo incorrecto con la realidad (con la realidad de la clase obrera inglesa) y no con la teoría. Ese es el argumento de Popper. Y lo explica en mayor detalle con el comentario de que “Marx le echó la culpa al capitalismo por ‘proletarizar a la clase media y la burguesía inferior’, y por rebajar a los obreros a la indigencia. Engels ahora le culpa al sistema —todavía se le culpa— por convertir a los obreros en burgueses. Pero el detalle más sutil de la queja de Engels es la indignación que le lleva a tildar a los ingleses que se comportan tan desconsideradamente que falsifican las profecías marxistas ‘la más burguesa de todas la naciones’”. (Popper, p. 188) Fíjense que aquí Popper mete a escondidas el concepto de “profecías” —y le atribuye esa orientación religiosa a Engels y a Marx— y los pinta como fanáticos empeñados en torcer la realidad para que cuadre con sus convicciones esencialmente religiosas-teleológicas. Esa es una falsedad común de los teóricos “anti totalitarios”, como Popper. Y Popper extiende eso para aplicárselo a Lenin también y su análisis del desarrollo del capitalismo en la etapa del imperialismo y las consecuencias de esto en la clase obrera en países como Inglaterra. Hablando de la descripción de Lenin de cómo el imperialismo ha llevado al aburguesamiento de una parte del proletariado inglés, Popper comenta: “Habiéndole dado un nombre marxista tan bonito, ‘el aburguesamiento del proletariado’, a una tendencia odiosa —odiosa principalmente porque no cuadraba con la manera en que el mundo debería ser según Marx— Lenin al parecer cree que se ha convertido en tendencia marxista”. (Popper, p. 188, énfasis nuestro) Pero la verdad es que Engels, al igual que Lenin, aplicaba el marxismo —la teoría científica del comunismo— para analizar lo que verdaderamente había ocurrido en la realidad objetiva, mientras que es el propio Popper el que procede de acuerdo a una teoría apriorista e instrumentalista (a saber, de que la teoría de que el marxismo no es una ciencia sino un enfoque “historicista” que intenta moldear la realidad según sus concepciones teleológicas… y que se enfurece cuando la realidad no le hace caso). El apriorismo e instrumentalismo de Popper se hace patentemente obvio cuando trata de refutar el análisis de Engels —que Lenin desarrolló y generalizó con el mayor desenvolvimiento de la realidad, en los primeros años del siglo 20— con respecto a los efectos del imperialismo en los propios países imperialistas, así como en el mundo colonizado. Escuchen a lo que a Popper no le da vergüenza alegar: “Hay países, por ejemplo las democracias escandinavas, Checoslovaquia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, por no decir nada del propio Estados Unidos, en los que una intervención democrática les aseguró a los obreros un alto nivel de vida, a pesar de que la explotación capitalista no influyó en ellos, o por lo menos no fue un factor tan importante como para apoyar la hipótesis… Además, aunque la miseria en la que se hundió a los pueblos indígenas por medio de la colonización es uno de los capítulos más oscuros de la historia de la civilización, no se puede afirmar que su miseria ha tendido a profundizarse desde los tiempos de Marx. Es todo lo contrario; la situación ha mejorado en gran medida. Pero una creciente pobreza tendría que ser muy patente ahí si la hipótesis auxiliar [sobre los efectos del colonialismo y el imperialismo] y la teoría original [de Marx] fueran correctas”. (Popper, p. 189, énfasis nuestro) Es difícil saber cuál es más increíble: el hecho de que alguien que dice que está presentando un argumento serio, para criticar al marxismo, sea capaz de decir cosas así, que están tan flagrante y demostrablemente en conflicto con la realidad (y lo fue claramente en el momento en que Popper escribió eso); o que personas que piensan que están bregando seriamente con la realidad, y hasta se consideran “progresistas” que se oponen a las injusticias del mundo, aparentemente tomen en serio a esta persona que haya hecho semejante declaración. Aquí no creo que sea necesario citar gran parte de la abundancia de hechos y análisis que desmienten las afirmaciones de Popper (en particular las que se han destacado en los pasajes citados arriba), debido a que la realidad misma es una punzante refutación que está al alcance de quien la quiera ver o hacer una investigación mínima del asunto. Pero permítanme presentar aquí unos pocos hechos básicos. En Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?, al principio del capítulo 5 (“Imperialismo, democracia y dictadura”) cito unas estadísticas que apuntan a la enorme disparidad en el mundo, en particular entre los países imperialistas, por un lado, y las colonias (o neocolonias) del tercer mundo, por el otro. Por ejemplo, el producto nacional bruto, per cápita (con relación a cada persona) era (a principios de los años 80) más de 35 veces mayor en Gran Bretaña que en India; más de 25 veces mayor en Francia que en Senegal; y más de 40 veces mayor en Estados Unidos que en Haití; etc., etc. En los 20 años desde que se escribió eso, con los efectos de cosas como los Programas de Ajuste Estructurales que impone el Fondo Monetario Internacional en gran parte del tercer mundo para poner a los países y a su población a la mayor disposición de la explotación y el saqueo desenfrenados del imperialismo, la situación para muchísima gente del tercer mundo ha empeorado. (Y se ha calculado, por ejemplo, que con respecto a cosas como los estándares alimenticios, la población latinoamericana vive en una peor situación que sus antepasados de hace 500 años, en la época de la invasión de los colonialistas españoles y otras potencias europeas). El libro reciente de Mike Davis, Planeta de barriadas, pinta un cuadro convincente de la situación desesperada y la extrema pobreza en que viven miles de millones de personas por todo el tercer mundo, cuya situación es apenas mejor que en “los tiempos de Marx”. En una palabra, las palabras de Marx que caracterizan las consecuencias del proceso de acumulación capitalista —que Popper cita para burlarse de Marx— saltan a la vista con mayor veracidad hoy, y la realidad que estas palabras captan (aunque no lo puedan hacer de una manera global) es una refutación punzante de Popper, especialmente si se ven no simplemente desde el círculo estrecho de un puñado de países imperialistas sino a escala mundial: “La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo, pues, acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto”. (Marx, citado por Popper, p. 186) Para quienes estén dispuestos a examinar honestamente la situación del mundo, no puede haber ninguna duda de que se debe descartar lo que se cita arriba de Popper, en su intento de desacreditar el análisis marxista y leninista del imperialismo y sus consecuencias, como una estupidez monumental si no fuera por el siniestro intento y efecto de Popper de negar y tergiversar la realidad El estado, la democracia burguesa y la dictadura A Popper no le va nada mejor cuando intenta refutar el análisis básico del marxismo sobre el estado. Consecuente con su enfoque general, Popper afirma que el punto de vista marxista sobre el estado —que reconoce que el estado es un instrumento de la dictadura de clase— contiene un elemento fuerte de “esencialismo”. Esta es otra manera de decir que el marxismo intenta imponerle “categorías” a la realidad, en vez de examinar lo que realmente sucede en la realidad. Así que Popper afirma: “En vez de hacer sus demandas o propuestas con respecto a las funciones que quiere que realicen el estado, las instituciones jurídicas o el gobierno, él pregunta, ‘¿Qué es el estado?’; mejor dicho, quiere descubrir el funcionamiento esencial de las instituciones jurídicas”. (Popper, p. 119, énfasis en el original) Eso es como criticar a un hombre de “esencialista” porque, al ver una pistola apuntada a la cabeza, se enfoca en el peligro que representa (la “naturaleza esencial” de la pistola y las balas que puede disparar), ¡en vez de “hacer sus demandas o propuestas con respecto a las funciones que quiere que realice… [la pistola]”! Hay que decir que ese concepto de “esencialismo” es completamente erróneo y dañino, si se aplica para decir que no se debe intentar determinar qué es la esencia de algo. Tomando en cuenta que todas las cosas, todas las formas de materia en movimiento, en sí tienen contradicciones internas y están en un estado constante de movimiento y cambio (y se relacionan con otras formas de materia en movimiento), y que formas particulares de materia en movimiento tienen su principio y su fin (llegan a existir y con el tiempo dejan de existir), no es incorrecto, y de hecho es muy importante, reconocer que esas formas particulares de materia en movimiento tienen cierta identidad, o carácter esencial, en determinadas circunstancias, e identificar qué exactamente es esa identidad o carácter esencial. (Como señaló Mao Tsetung, se define la esencia de algo según su aspecto principal. Ese carácter esencial no es algo inmutable —podría cambiar, y cambiará si cambia su aspecto principal, como resultado de la lucha; pero lo que influenciará y en gran medida determinará la naturaleza específica de ese cambio, lo que produce, será la naturaleza de la cosa misma y de sus aspectos contradictorios— el cambio y lo que produce no puede ser una consecuencia de, y no lo determinará, la voluntad o los deseos subjetivos de nadie; aquí vemos otro paralelo con cambios evolutivos en la naturaleza y el papel de las restricciones en relación con eso, como se mencionó anteriormente (5). Aquí, como veremos otra vez, Popper de hecho procede a partir de un enfoque apriorista e instrumentalista; quiere afirmar que la reforma, y no la revolución, es lo que se necesita, para responder a ciertos males del capitalismo que no está inclinado a negar, y conforme a eso fragua ciertos intentos de refutar la validez del análisis marxista del estado—intentos que, al examinarlos, ni siquiera abordan, para qué hablar de refutar, ese análisis. En una palabra, en vez de hacer acusaciones desatinadas sobre el “esencialismo” con respecto al análisis marxista (de la esencia) del estado, lo que se requiere, para refutar ese análisis, es demostrar que es incorrecto. Y cuando Popper intenta hacer eso, salen a relucir con fuerza los defectos de su método y enfoque. El argumento esencial de Popper sobre esto (por así decirlo) es que donde la gente puede sacar a sus líderes políticos, no puede haber una dictadura sino una democracia (como es común, Popper propone que donde hay democracia no puede haber dictadura, y viceversa, en vez de reconocer que cierta clase de democracia —democracia burguesa— puede ser, y a menudo es, una forma útil para ejercer la dictadura de la burguesía). Aquí está el quid del intento de Popper de refutar la teoría marxista de que el estado es un instrumento de dictadura de clase: “Además, desde el punto de vista que hemos alcanzado, lo que los marxistas describen con desesperación como ‘libertad meramente formal’ se convierte en la base para todo lo demás. Esta ‘libertad meramente formal’, es decir, la democracia, el derecho del pueblo a juzgar y destituir a su gobierno, es el único instrumento conocido con el cual nos podemos proteger ante el abuso del poder político; es el control de los gobernantes por los gobernados”. (Popper, p. 127, énfasis nuestro) Aunque no lo escribí como respuesta a Popper, en un sentido verdadero todo mi libro Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? constituye, objetivamente, una refutación de esta declaración de Popper y toda la manera de pensar de la cual esta es una expresión típica. En particular, en el tercer capítulo —muy apropiadamente titulado “Las ilusiones de la democracia”— demostré cómo, en una dictadura burguesa en la forma democrática (a la cual Popper y muchos otros simplemente llaman “democracia”, sin tomar en cuenta, o para negar, su verdadero contenido y carácter de clase), si bien es cierto que la gente puede “destituir” (sacar por medio del voto) a políticos particulares, no puede por ese medio —ni cualquier otro que no sea la revolución— “destituir” a la clase capitalista (la burguesía) que en realidad gobierna la sociedad, que ejerce control sobre el propio proceso electoral, y que en todo caso domina el proceso por medio del cual se toman las decisiones y, lo que es más esencial, ejerce un monopolio de la fuerza armada “legítima”. Como he recalcado en Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr? y otras obras, ningún análisis serio —y por supuesto ninguno que no sea científico— de las dinámicas del poder político y del proceso por medio del cual se toman las decisiones en los países “democráticos”, como Estados Unidos, puede llevar a otra conclusión que no sea que a todo esto, en realidad, lo monopoliza y domina completamente la clase dominante de capitalistas-imperialistas, y que otros, que no son de esta clase dominante, son en realidad excluidos del ejercicio del poder político y de tomar decisiones políticas significativas, a pesar de que la población participe en las elecciones. Y, sin pedirle disculpas a Popper, se puede y se debe decir que eso se debe a la naturaleza esencial del sistema capitalista y del estado que surge sobre la base de ese sistema que funciona para mantenerlo. Por tanto, Popper está rotundamente incorrecto —pone las cosas patas arriba— cuando dice que los seguidores de Marx (y, según Popper, de Platón y Hegel también) “jamás captarán que a la vieja pregunta ‘¿quiénes serán los gobernantes?’ la tiene que superar la pregunta más genuina ‘¿cómo vamos a domarlos?’”. (Popper, p. 133) En realidad, quién —o sea, qué clase— gobierna, y más específicamente en el mundo actual, si gobierna la burguesía o el proletariado, lo decide todo, con respecto a qué clase de sociedad, y mundo, habrá. Bajo el gobierno, la dictadura, de la burguesía, las masas populares jamás podrán en un sentido significativo “domar” a los que las gobiernan, ni tampoco más fundamentalmente cambiar el carácter básico de la sociedad. Pero, con el derrocamiento de la dictadura capitalista, y el establecimiento de la dictadura del proletariado, se abre por fin la puerta a la posibilidad de acabar con todas las relaciones de dominación, opresión y explotación—y, de hecho, a la abolición del estado (la dictadura) de cualquier forma, al llegar al comunismo por todo el mundo. Por supuesto, como ha demostrado la experiencia, para mantener el gobierno del proletariado, una vez que se haya logrado —y, lo que es más, para continuar, con ese gobierno, a transformar la sociedad, superar paso a paso la división entre el trabajo intelectual y el manual, y otras importantes contradicciones sociales características de la sociedad dividida en clases, incorporar cada vez más a las masas al proceso por medio del cual se toman las decisiones y a la administración de la sociedad, y seguir avanzando hacia el comunismo como parte de la lucha revolucionaria mundial en general—, todo esto requiere una lucha profunda, prolongada y que marca un hito. Más adelante en esta charla, volveré a hablar de algunas de las más importantes lecciones, positivas y negativas, que se puede y se debe sacar de la experiencia de la dictadura del proletariado hasta la fecha. Pero lo que hay que recalcar aquí es que un cambio decisivo y cualitativo en la naturaleza del estado, con respecto a quien gobierna la sociedad y cómo la gobierna —el derrocamiento de la dictadura de la burguesía y el establecimiento y ejercicio de la dictadura del proletariado— es el primer gran salto necesario que se tiene que dar para permitir que las masas populares verdaderamente sean amos de la sociedad, y por fin llegar al punto en el que ya no existan divisiones de clase, ni explotadores ni explotados, ni opresores ni oprimidos, y por tanto, ni la necesidad ni la base para la existencia o papel de una institución —el estado— por medio de la cual una clase domina a otra y suprime a las clases cuyos intereses son antagónicos a los suyos.

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