carolinaailen
Usuario (Argentina)
Bienvenidos a mi nuevo post, la verdad que no es muy usual que haga uno, pero creo que de estas palabras todos debemos saber algo.. y esta una forma de hacérselas llegar, no pido puntos ni que dejen comentarios, solo les pido que la lean para ustedes y para entender al que esta al lado de ustedes! Muchas gracias Ella no llora. Nunca, por ningún motivo. Llora cuando nadie la ve. Cuando todos están muy ocupados para prestarle atención. Llora cuando sabe que nadie notará las marcas en su rostro. Cuando todos están tan preocupados por sus problemas y ella se prepara para servir de apoyo. Ella no llora. Y mucho menos cuando alguien levanta la vista y nota sus ojos perdidos y deprimidos, tampoco cuando no responde correctamente a una pregunta. Ella no llora cuando todos la miran, esperando una explicación. Ella no llora cuando alguien le lanza miradas conciliadoras y le besa la frente. Ella sabe que ellos saben. Ella sabe que ellos entienden que no quiere hablar, mucho menos llorar. Porque tal vez a los demás les va bien eso de llorar hasta sentirse mejor, pero a ella no. A ella le va bien el guardar silencio, sonreír y pretender que todo está bien. Porque cuando todos regresan su atención a otro tema y siguen bromeando sobre asuntos triviales se le hace sencillo lanzar su depresión a otra parte y sonreír un poco. Pero en ese momento quiere llorar, desea dejar de ser "la chica fuerte" por un instante y ser la chica asustada que en realidad es. Pero ella no llora. Así que solo sonríe, suelta algún comentario y no contesta a las preguntas, porque ella sabe que ya no puede ni siquiera fingir estar bien. Y cuando se acaba la escuela intenta salir lo más rápido que puede, pero la detienen y la miran de nuevo. Y ella quiere decirlo todo, pero no puede. No puede porque se supone que ella consuela, no es consolada. No puede porque quienes la miran no son los únicos que esperan respuestas. Entonces ella se queda allí de pie, callada, como siempre. Ella sabe que ellos entenderían todo, pero solo no puede hablar. Ella nunca ha sido así y no empezará a cambiar ahora. Porque el problema no es que entiendan cuando hable, sino hablar. Ella no quiere aceptar que le afecta. No quiere aceptar que la están matando sus recuerdos. No quiere aceptar que le duele y peor, que no puede lidiar con ello. Porque puede lidiar con el dolor de los demás, puede lidiar con sus miedos y decirles que todo estará bien, puede hacer reír a alguien cuando lo hiere sin desearlo. Puede abrazar a cada uno de sus ellos y reparar sus corazones heridos, puede sermonearlos cuando es necesario o simplemente callar cuando las palabras no vienen al caso. Puede hacer todo eso, pero no puede dejar que ellos lo hagan por ella. Porque ella no llora. Así que nuevamente se niega a hablar y finge que el mundo es color de rosa. Y lanza una broma de cómo todos se preocupan sin razón, pero no todos se ríen, por que saben que hay algo mal. Pero ella no dice nada más, porque no planea explicarles, porque eso quiere decir que debe sacar todas sus heridas a la luz y no está segura de poder soportarlo. Por eso ella no llora. Excepto en las noches silenciosas en las que sus padres no llegan a casa. Sale de la cama silenciosamente, aunque no hay nadie a quién despertar, se sienta en el sofá de la sala y abraza sus piernas con fuerzas. Y es ahí, en medio del silencio y la oscuridad, donde permite que las lagrimas salgan y bañen su rostro y deja que los dolorosos sollozos inunden la casa. Llora porque quiere, porque es más sencillo así, porque ya está harta de mentir y fingir. Porque quiere atreverse a mirar a todos a los ojos y contarles sus miedos y tormentos. Quiere dejar de mentir y ser consolada por primera vez en su vida. Quiere acurrucarse entre los brazos de alguien y llorar horas enteras, pero eso se siente mal y sabe a error. Llora porque quiere llorar. Llora porque, a fin de cuentas, no sabe qué más hacer. Y al día siguiente se lava la cara y no sale del baño hasta que todo rastro de la noche pasada halla desaparecido de su rostro y se dirige a la escuela como si nada hubiese sucedido. Saluda a todos y sonríe, como si no hubiese llorado hasta la saciedad el día anterior. Porque se supone que ella no llora. Aunque, definitivamente, ella si llora. ¡GRACIAS POR PASAR Y LEER!
Córdoba festejó sus 439 años con una serie de espectáculos en la Plaza ex Vélez Sársfield La ciudad de Córdoba cumplió sus 439 años de vida y desde la Municipalidad de Córdoba se dispusieron de una serie de recitales al aire libre que comenzaron entrada la tarde. Un gran escenario se levantó en la avenida Hipólito Yirgoyen sobre la Plaza ex Vélez Sársfield donde miles de cordobeses disfrutaron del cumpleaños de la Docta. Entre los grupos que se presentaron esta tarde se encontraron Cuatro al Hilo, The Grets, París París Musique, Jean Carlos y Vicentico. En tal sentido, el intendente de la ciudad de Córdoba, Ramón Mestre, en diálogo con Cadena 3 se mostró muy emocionado por ser ésta su primer celebración al frente del Palacio 6 de Julio. “Hoy ha sido un día muy emocionante, es la primera vez que me toca como intendente llevar adelante el aniversario. Tengo que agregar lo de la noche de gala de anoche con un nivel cultural muy serio, con los diferentes cuerpos estables que me enorgullece tener estos empleados y artistas”, señaló el jefe comunal. “Salió todo muy lindo con la entrega de los premios a los ciudadanos y el show de 'Pelusa'. En definitiva son los contrastes que tiene la ciudad, con sus diferentes tipos de música y de gente. Para nosotros eso es una esperanza”. “Hay un trabajo de la cultura muy importante. A esta hora se llevan innumerables actos en los CPC y museos, además de del central y masivo -en Nueva Córdoba-. Estamos muy contentos. La cultura es un derecho humano y es un desarrollo de la economía. Eso para nosotros es muy importantes, que la gente se pueda expresar”, agregó Mestre. Los festejos comenzaron anoche con la entrega de los premios “Jerónimo Luis de Cabrera” a los vecinos que han hecho un aporte importante a la ciudad. Las distinciones fueron otorgadas en el Teatro del Libertador San Martín en una velada de gala. Este año la gente eligió al “Vecino Destacado”, galardón que recayó sobre el médico Mario Bustos por su impulso a los trasplantes con donantes vivos. Bustos compitió en la elección con el rugbier Alejandro Allub, el cineasta Rosendo Ruiz, la educadora Sabina Villagra y el docente Oscar Díaz. Por otra parte, los premios Jerónimo Luis de Cabrera les correspondieron a los fotógrafos José Luis Escudero y Raúl Bicecci; a la docente y escritora Graciela Mercedes D´Lucca de Bialet; al arquitecto Héctor Keismajer; al cantante Pelusa; al empresario Héctor Fiorani; a la trabajadora comunitaria Nélida Barbieri de Aloy; y al Comipaz. También tuvieron su reconocimiento los empresarios David Ruda y Gerardo Asrin; el músico Pancho Barroso; el conductor radial Américo Tatián; el semiólogo Héctor Schmucler y la confitería Pan de Azúcar. Durante la ceremonia, actuaron la Orquesta de Cuerdas, el Coro y la Banda Sinfónica.
Su invento es para los músicos sinónimos de poder. Revolucionó el rock moderno con sus equipos. A los 88 años murió Jim Marshall, llamado The Father of Loud o el "padre del ruido". Como Jimi Hendrix, que en su pequeña tienda de Uxbridge Road compró uno de sus equipos, también Kurt Cobain, profeta de la distorsión, muerto hace 18 años, a sus 27. Marshall era de Londres y desde pequeño amó la música, de modo que se convirtió primero en cantante y después en baterista. Al inicio de los 60 hizo ingeniería electrónica y abrió un local donde vender instrumentos y demás. Como narra el legendario Pete Townsend, la proverbial guitarra de The Who, lo que halló fue una solución para aumentar el volumen y obtener, además, sonidos más profundos y distorsionados. Jim experimentó en su profesión e inventó el amplificador que lleva su nombre, que es sencillamente un sinónimo, entre los músicos, de poder. Es la presencia escénica infaltable, una columna de Marshalls, en cualquier concierto de bandas de rock. Pero sobre todo, su invento revolucionó al rock moderno con ese estertor "sacro", como lo llamó el crítico Lester Bangs. (A24)