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carlos_vall

Usuario (Argentina)

Primer post: 25 mar 2010Último post: 25 mar 2010
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El cuento del cucharon de oro
OfftopicporAnónimo3/25/2010

EL CUENTO DEL CUCHARON DE ORO Relato Testimonial Con mis hermanas, esperábamos ansiosos los días de fiesta, sobre todo porque mi viejo, encargado del mantenimiento electromecánico del Hogar Escuela de Termas de Reyes, acá en Jujuy, habría de llevarnos a compartir con nuestros amigos, algunos de lejanas provincias, un día de juegos y alegría. A Evita, el mundo le reconoce hoy valiosas cualidades, como el amor a los niños plasmado en tantas obras que realizó para ellos. Sin embargo, es raro que se hable de su inteligencia y sabiduría. Ello no es justo, como lo demuestra la estrategia que aplicó, consistente en invitar a los hijos de los empleados a participar en cada fiesta, codo a codo con los chicos del hogar, creaba de este modo un vínculo de hermandad entre los niños, que comprometía aún más al personal en la tarea que, la mayoría de ellos, cumplía con cariño y abnegación. El hermoso edificio encajado a media altura de una ladera que arranca casi en el lecho del cristalino y rumoroso Rio Reyes, fue construido con dinero del pueblo para el solaz de “la gente bien” que disfrutaba allí de las virtuosas aguas termales, de un paisaje maravilloso y de la timba, ya que era hotel y casino. Cuando funcionarios jujeños invitaron a Evita a conocer el lugar, posiblemente con la intención de impactarla, no imaginaron que mientras ella lo recorría, su mente lo veía ya plagado de niños correteando por las terrazas y trepando los cerros tapizados de verde. Mandó pues a remodelar el edificio para adecuarlo a su nuevo fin y el resultado fue maravilloso, no pasó mucho tiempo para que, a los changuitos y chinitas de la zona, se sumaran chicos que venían de otros lados, en particular de las provincias de más al sur, donde el frío y la pobreza los habían convertido en tullidos o casi inválidos por el reuma y la artrosis. Que emocionante era ver a chicos que, habiendo llegado tristes, encogidos en sillas de rueda, uno o dos años después corrían detrás de una pelota, a la par de sus compañeros, rebosantes de alegría. El caso es que un día escuché a mi padre hablar de una inminente visita de Evita y de la idea surgida entre los compañeros de trabajo, de hacerle un regalo. Se realizó la colecta y se designó a quienes irían a elegirlo y comprarlo. Las que resultaron comisionadas se decidieron por un pequeño cucharoncito de oro que venía complementado con un salero de vidrio. Se compró entonces con el dinero de los trabajadores en la emblemática ya desaparecida Joyería Zarif de Jujuy. Llegado el momento se dieron el gusto de entregar a la persona que decidió poner a los niños por encima de todo lo demás, el consabido regalito y disfrutaron viéndoselo utilizar al compartir el almuerzo. Evita les pidió que le permitieran dejarlo en el hogar para poder volver a utilizarlo con ellos en una siguiente visita, que ya no pudo ser porque la muerte estaba agazapada. El golpe contra el pueblo marcó el fin de ese hogar escuela que, posiblemente, haya sido uno de los espacios más destacados de la obra de Evita. Los chicos fueron echados poco menos que a patadas, a los que no eran del lugar ni se les posibilitó terminar el año escolar. Las nuevas autoridades dispusieron que algunos empleados permanecieran un tiempo en el lugar, entre ellos mi padre que debía ocuparse de mantener en funcionamiento las instalaciones para que no se deterioraran por el abandono. La falta de medios de transporte regulares lo obligaba a permanecer en forma casi continua, por lo que, a fines de noviembre del cincuenta y cinco, nos trasladamos con nuestra madre para que la familia pudiera estar junta. Esta vez el viaje fue triste y la llegada terrible, sin gritos, corridas y risas de docenas de niños, el lugar era casi una tumba. Sin embargo, lo peor vendría poco después, la oligarquía, eufórica y desatada, organizaba exposiciones con ropas, alhajas, calzados y todo elemento que “las señoras bien” podían aportar y cuya propiedad se le achacaba a Evita. La prensa chiva publicaba magnificados listados de esas falsas exposiciones y de elementos que supuestamente se habían encontrado en diversos lugares y, para nuestra sorpresa, el diminuto cucharoncito, regalo de los empleados, había experimentado un enorme crecimiento al convertirse, al decir de emisoras de radio, revistas y diarios, en un cucharón de oro con el que, afirmaban, “la Eva” se hacía servir la sopa en una imaginaria suite, que sostenían, tenía en el ex Hogar Escuela de Termas de Reyes. La mentira alcanzó tal magnitud que los lugares donde supuestamente se encontraban bienes pertenecientes a Evita, incluido Termas de Reyes, integraron un “Circuito Turístico de la Farsa” En forma incesante llegaban familias y hasta pequeños contingentes que pretendían ver el gran cucharón y ni siquiera podían ver el minúsculo cucharoncito del salero, ya que los responsables del inventario trucho se cuidaron de hacerlo desaparecer con destino desconocido. El cucharoncito devino en cucharón y este se volvió cuento. Los desilusionados “turistas” se consolaban entonces admirando el paisaje y haciendo comentarios como “Dios mío, mirá que belleza, pensar que la cretina de la Eva lo llenó de esos negritos” ¡Que desperdicio!.. No puedo describir los efectos del impacto brutal que con solo diez años recibía de esas personas a las que un odio visceral les desencajaba el rostro. Odio que orientaban hacia una persona que había derramado amor sobre niños que eran mis amiguitos y a la vez desprecio por esos pequeños y maravillosos seres humanos. Viendo hoy ciertos programas y diversos noticieros, advierto que todo sigue igual, que no han logrado superar ni en un palmo su miseria. Basta que un gobierno logre comenzar a equilibrar un poco la balanza para que los señores del privilegio y la traición muestren sus espumosos dientes de fieras rabiosas. Carlos Vall 18/03/2010

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