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Primer post: 20 oct 2010Último post: 20 oct 2010
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Monografia sobre Rosaura a las diez (Marco Denevi)
Monografia sobre Rosaura a las diez (Marco Denevi)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/20/2010

PEDACITOS DE AMOR Cuando Dios creó a la humanidad decidió que dotaría con facultades especiales a algunos y, a otros, no. Así unos sobresalen en la pintura, otros se distinguen en la escritura, aquellos en la música y, otros diferentes, descuellan en la arquitectura, por citar algunos ejemplos. Ahora bien, existe una competencia que Dios dio a todos por igual: la capacidad de amar. Toda la humanidad recibió su pequeña parte de un mismo don de amar, por eso todos nos necesitamos unos a otros. Si sucede la circunstancia de que un individuo no congenia su partecita de amor con otros, de él se dice que tiene soledad. Es bastante normal que nos sintamos solos y tristes de vez en cuando, pues, generalmente, contamos con alguien que nos comparta su compañía y nos comprenda. Sin embargo, ¿qué sucedería si notamos que la gente que vive alrededor nuestro nunca nos comparte su compañía y comprende? ¿Cómo reaccionaría un ser humano que lleva más de una década de soledad? ¿Qué mecanismos de autodefensa se activarían en su mente? No necesitamos imaginarnos por nosotros mismos lo que implicarían estas y otras cuestiones porque el argentino Marco Denevi las puso por escrito en una novela policial titulada Rosaura a las diez (1955). En esta gran obra de Denevi los acontecimientos se sitúan, principalmente, en una hospedería del barrio porteño de Once llamada La Madrileña. La dueña de este lugar se llama Milagros Ramoneda, la cual tiene tres hijas: Matilde, Enilde y Clotilde. Los huéspedes de esta clase de hospedería acostumbraban a vivir allí por largo tiempo, figuran entre ellos: David Réguel, Eufrasia Morales, Júpiter Coretti, Gaviña, la empleada Elsa Gatica y, el protagonista, Camilo Canegato. Canegato, de unos cuarenta años de edad, era soltero (Milagros decía que era un “solterón” ), no tenía ningún pariente en el mundo, tampoco tenía amigos, sus conocidos eran muy lejanos (ya de por sí un conocido es alguien lejano) y, como si fuera poco, carecía completamente de belleza física y de carácter; su profesión (restaurador de cuadros) le fue impuesta por su padre, pues él reconoce: “Me hubiera gustado aprender música” . También don Canegato tenía dificultades para superar la muerte de su padre. Camilo Canegato vivió en La Madrileña doce años. ¿Qué hay de sus compañeros del hospedaje? ¿Surgieron buenas amistades con los años? Veamos. Comencemos por David Réguel, un joven de 22 años, estudiante de derecho, y muy conocedor, aparte de las leyes, de obras literarias. ¿Qué opinaba de Camilo? Oigamos sus declaraciones : “Físicamente ustedes lo conocen. Un gurrumino. Las piernas, el cuerpo, los brazos, todo lo tiene hecho a escala reducida. No es un hombre. Es la maquette de un hombre, la muestra gratis. [...] Lo ven con ese aspecto de garza asustada y dispuesta al vuelo, con esos ojillos que no saben qué hacer con la mirada; y lo creen un pobre diablo. No, señores, desconfíen de ese pobre diablo. Desconfíen de ese hombrecito al parecer tímido y linfático, y desconfíen precisamente a causa de su vulnerabilidad física. [...]Yo desde el primer día que lo vi me di cuenta. Quiero decir que me di cuenta de que, a pesar de su apariencia, era un hombre que alguna vez podía darnos un disgusto.” Réguel se burla de Camilo, por su aspecto físico, lo rebaja y ridiculiza. Lo hace merecedor de desconfianza y, adviértase, desde el primer día que lo vio. No le dio ni una sola chance. David Réguel: descartado. No es amigo de Camilo. En cuanto a la señorita Eufrasia Morales tampoco fue amiga de Canegato porque ella misma tenía sus propios “inconvenientes” que la hacían no apta para congeniar su pedacito de amor amistoso con Camilo. Según lo cuenta doña Milagros, Eufrasia era una jubilada solterona y completamente infeliz, y si pudiera obligaría a todos a compartir su celibato. Júpiter Coretti es el abanderado de los que no eran amigos de Canegato (a excepción de Milagros y sus hijas, todo el mundo). Ridiculizaba a Camilo al por mayor. Réguel cuenta que Coretti hacía bromas constantemente a costa de Camilo pero sin dirigirle la palabra y sin mirarlo, se reía de Camilo con los otros. Lo tomaba como un objeto sin ninguna otra función que para reírse a carcajadas de él. Por otro lado, en cuanto a Gaviña pasa casi inadvertido y Elsa Gatica era medio sorda y mujer de pocas palabras, si acaso algunas. De momento Camilo continúa sin amigos. Dijimos que Milagros y sus tres hijas eran la excepción. Camilo encajaba en esta familia (la mujer y sus tres hijas) como un tío soltero. Conocía a las chicas desde la infancia y les regalaba chucherías. Si bien Camilo confiesa que doña Milagros y sus hijas lo trataban muy indiferente, hasta el punto de compararse él mismo a un cero o a la nada total, siempre estuvo de acuerdo con Milagros cuando decía: “Camilo, [...] era como de la familia” . Ahí está el problema, Camilo quería ser más que “como” parte de la familia. Pero profundizaremos en este aspecto más adelante. Por ahora, sabemos que Camilo, como él mismo lo dijo, estaba solo en el mundo. Su pedacito de amor no salía de sí mismo, se quedaba con él. Pero, aun así, sigamos investigando más a fondo la vida de Canegato para hallar posibles focos de donde le surjan amistades. Dijimos que era restaurador de cuadros, ¿trabó amistad con algunos de sus clientes? Los únicos dos clientes que se mencionan la obra destratan a Camilo. El primero, un señor acaudalado de Belgrano, despreciaba a Camilo y todo lo que le decía lo expresaba en forma de orden y desprovisto de amabilidad, a lo cual don Canegato solo se limitaba a aceptar; según cuenta doña Milagros, este cliente trataba a Camilo como el albañil que venía a arreglar una gotera. La segunda clienta despreció el trabajo de Camilo y dijo que sus cuadros (pintados sobre fotos) eran horribles. En los clientes tampoco había amistad, solo negocios. Bien, quizás Camilo, durante su rutina entabló amistad en algún bar. Negativo. Fue por años al mismo bar y nadie lo conocía, excepto algún mozo que le preguntaba: “¿lo de siempre?” . Otra vez, nada de amigos. Camilo continúa sumergido en la soledad. ¿Qué opinaba él mismo de esto? Oigamos su confesión con respecto a lo del bar : “¡Me hubiera gustado tanto que alguien apareciese en la puerta del bar, me saludase desde lejos, cruzara entre las mesas y viniera a sentarse frente a mí! Pero no, no, no venía nadie. Los que aparecían, los que saludaban, los que sorteaban las mesitas, no me buscaban a mí, buscaban a otros, siempre a otros. Y yo me quedaba solo, en mi rincón, sorbiendo mi café, que me pareca tan amargo, tan negro, tan áspero…” Repasando todo lo anterior, cabe preguntarse ¿tenía algo de bueno Camilo? La respuesta directa es sí: tenía dinero, en el Banco Francés guardaba $100.000 . Por todas estas condiciones negativas mencionadas, Canegato tenía la autoestima por debajo de lo mínimo imaginable. Él lo sabía y todos lo notaban. Agregado a esto, Camilo estaba enamorado de un imposible (desde su punto de vista): de la hija mayor de doña milagros, Matilde, de unos 25 años para cuando don Canegato tenía 40. La situación de Camilo empeora cuando descubre a Matilde besándose con Hernández, un huésped de La Madrileña que era un mozo bien parecido y atractivo para no pocas muchachas. Así es, Camilo quería formar parte de la familia Ramoneda, por supuesto, sin lograrlo. Entonces, ¿qué queda para Camilo? Aparentemente nada, en el sentido estricto de la palabra. Simplemente continuar en soledad su parsimoniosa vida hasta que termine. Una maniobra ingeniosamente salvadora Camilo da un giro en su vida. Porque, aparte de tener dinero, tenía un par de virtudes más: el de ser creador de un espectáculo teatral y, al mismo tiempo, único actor consiente de la obra. Expliquemos esto. Camilo fusiona dos mundos: uno de sus propios sueños y, el otro, el mundo de la realidad. Crea una mujer de 25 años, a la que bautizó como Rosaura. Era hermosa, rubia, ojos celestes, dulce, rica y, sobre todo, locamente enamorada de Camilo; ciertamente el gran sueño de muchos Camilos. Sabemos que el viento existe por sus efectos. Lo mismo hizo Camilo, hizo visibles los efectos de una mujer ficticia. El primer efecto fueron cartas en papel rosa, con perfume a violetas (dicho perfume disgustaba a doña Milagros, no se sabe bien por qué) escritas con letra redonda de mujer, dirigidas a Camilo. Desde ese día mirarían a Camilo con otros ojos, de repente dejó de ser un don Nadie. Efectivamente, esa carta causó revuelo en La Madrileña. Como su artilugio surtió el efecto deseado, pues “¡sigamos intensificándolo!”, habrá pensado Canegato, y así lo hizo. Él mismo compraba, los lunes, el papel rosa en una librería, obtenía el perfume a violetas y, se sentaba, tal vez en su dormitorio o en su taller, y redactaba una carta con letra redondita, con la cual iría después al correo, el día martes, para despacharla a su misma dirección. No hay que negar que se necesitaba pericia para llevar a cabo esas acciones. Sin embargo, era momento de dar un paso más adelante. Camilo tenía que asegurarse de que, doña Milagros, sus hijas y, por ende, toda la hospedería, supieran que la remitente de las cartas era una mujer y que el contenido era de amor, a pesar de todos los indicios que daban el sobre rosa, el perfume a violetas y la letra redondita. Lo más probable es que Camilo sospechase que doña Milagros y sus hijas irrumpirían en la privacidad de sus pertenencias y leerían las cartas de amor. Pero, ¿cómo podría asegurarse? La solución: enviar una carta con dirección, pero sin destinatario. En su primer intento surtió el efecto deseado. Doña Milagros, sus hijas y toda la vecindad, leyeron la carta. Canegato se habrá halagado él mismo. Muy bien, Camilo iba cumpliendo sus objetivos (aunque las bromas siguieran): él pasó a ser el centro de interés de La Madrileña, de pronto Canegato era un ganador en el amor, vale decir, muy diferente a un don Nadie. Sin embargo, otro obstáculo se le presentaba: las hijas de Milagros rumoreaban que la novia de Camilo, Rosaura, tenía defectos físicos y era fea, por eso se fijó en Camilo. ¿Cómo resolvería nuestro ingenioso esta cuestión? Con dos nuevas estratagemas: un mechón de pelo rubio y un cuadro hermoso de Rosaura, el cual cumplía el propósito de una fotografía. ¿Cómo lograba Camilo la atención de los demás? Otra estrategia bien pensada: no ir él a ofrecer sus pruebas de una mujer hermosa sino (ayudado por la gran curiosidad se sus compañeros de hospedería) jugaba con el misterio y, de ese modo, atraía a sus víctimas a su engaño. La situación cambió, Canegato era otro. Supo “pintar” una realidad diferente para sí mismo y, además, mostrarle a Matilde, que él también tenía a quien besar y ¡a que bella mujer! Andando los meses, el espectáculo debía terminar, por temor a que el público se aburra o a que el actor desatine, teniendo en cuenta lo siguiente: es diferente un actor convencional que el actor Camilo. Pero dejemos que él mismo lo explique : “[...] La tranquilidad de ánimo del actor de teatro , que sufre y llora y muere sobre el escenario, y sabe que después caerá el telón, se despojará del dolor y de la muerte como del maquillaje, y se irá a dormir a su casa.” Canegato no gozaba de esta tranquilidad, porque su actuación estaba directamente relacionada con la situación real. Podía actuar muchas cosas, siempre y cuando, no le afectasen en su realidad. No había dudas, era el momento de bajar el telón. ¿Cómo explicaría la desaparición de Rosaura? Llegaba la hora de inventar otra historia. Explicó a doña Milagros y sus hijas que Rosaura y él se amaban mucho, pero que el padre no aceptaba dicho amor y exigía a Rosaura que lo abandone y se case con otro. Camilo aumentó en demasía la fuerza del padre de Rosaura, de modo que era imposible evitar el casamiento de Rosaura con otro. Camilo, incluso aseguró, que estaría mejor con el otro. A pesar de la resistencia a aceptarlo, de parte de Milagros y de sus hijas, Camilo ya había solucionado todo. Con esta historia Canegato salía del escenario con las manos limpias. Un suceso imprevisto Con sus objetivos cumplidos, era solo cuestión de tiempo para que todos se olviden de Rosaura, pero Camilo ya era diferente, se mostró ganador con las mujeres como cualquier hombre. Hubiera sido un final feliz para Camilo si esa misma noche no tocara el timbre de La Madrileña María Correa, una prostituta que conocía a Camilo, y que todos confundieron con Rosaura. Camilo sintió que el telón volvió a subir pero esta vez él ya no escribía el libreto. Nadie dudó un momento que María era Rosaura. Sobre todo, doña Milagros, que cometió la imprudencia (con las mejores intenciones) de revelar a María cuánto dinero tenía Camilo. Sin embargo, ¿por qué no desmintió que no era Rosaura sino María? Porque era una prostituta astuta. Enseguida tomó el libreto que estaba escribiendo Camilo, lo leyó rápidamente, lo interpretó adecuadamente y redactó líneas a su favor. Imaginemos estos pensamientos en su cabeza: “Por actuar me gano, un techo, ropa, comida, la posibilidad de $100.000 o una mensualidad a cargo de Camilo”. Tengamos en cuenta que María carecía de todo lo que ganaría por actuar en el teatro de Camilo Canegato. Vemos aquí las consecuencias del absurdo actuar de Camilo movido por la soledad. Notamos en el proceder de Canegato un cierto dejo de demencia; sumado a su teatro, está la difícil situación que no lograba superar desde hace doce años: la muerte de su padre. Empero, las cosas se complican aún más, hasta se tiñen de sangre. Debido a la insistencia de doña Milagros y, atado por sus propios actos, Camilo esta obligado a casarse con María. Por lo tanto, se casan, celebran una modesta recepción de bodas y se dirigen a un hotel. Ya en la habitación, Camilo, según confesó él, en un estado de oscuridad mental, pues no tenía claro si soñaba o no, ataca severamente a María, dejándola medio muerta. Por hecho tal, es acusado como el principal sospechoso del asesinato de María, pues finalmente murió. Nótese hasta qué punto desestabiliza a un hombre la soledad. Concluyendo la historia leemos que, finalmente, gracias a nuevas declaraciones espontáneas, se esclarece que en realidad Canegato no mató a María, sino que el asesino era un hombre de la mafia de la trata de personas que tenía cuentas pendientes con María. No obstante a esto, Camilo tuvo que, como es natural, comparecer ante un agente de la policía. Se hallan los dos solos y la conversación se extiende bastante. Escuchemos el siguiente extracto : “[Policía _Sí, usted dice un sueño, un fantasma, pero lo que hay allá en la morgue parece de carne y hueso. [Camilo_Je, je, yo no sé lo que usted tiene en la morgue. Yo le hablo de Rosaura. Rosaura sí es una pura invención mía, una pura creación mía. Rosaura me pertenece enteramente. Yo le di nacimiento, le di vida, forma, rostro, nombre. Yo pude hacerla desaparecer. Je, je. ¿Tiene una lapicera? Alcánceme ese papel. Mire: aquí tiene la escritura redonda y prolija de Rosaura. ¿Ve? Rosaura escribía por mi mano. ¿Y la trenza rubia? La trenza rubia la compré en un negocio de postizos de la calle Suipacha. ¿No le digo? Yo fabriqué a Rosaura. La fabriqué aquí, aquí, en mi cabeza. Rosaura era un ser imaginario, una entelequia, un sueño, je, je, un sueño, nada más que un sueño, je, je, un sueño. Yo sueño mucho, yo sueño mucho. Yo soy el hombre que soñó demasiado. Je, je, lindo título para una novela de Chesterton. El hombre que soñó demasiado. Je, je, soñó tanto, que el sueño se le solidificó delante de los ojos. Pero anoche desperté. Ah, desperté después de un largo sueño.” Lo que interesaba al detective era esclarecer un asesinato, es decir, identificar al asesino. Sin embargo, al contar toda su historia notamos que Camilo casi como que se gloría de su invención llamada Rosaura, por ejemplo cuando dice: “Rosaura me pertenece enteramente”. Y además se sonríe a cada rato. Prestemos atención a este otro detalle. Camilo era callado, muy callado. ¿Hasta qué punto? Lo que don Canegato explica acerca de los mozos del bar, nos servirá de ilustración : “[Policía _Lo conocerán allí todos, ¿eh? [Camilo_Sí, me conocen, sí. Los mozos, especialmente. Alguno hay que sirve desde el primer día que aparecí yo por allí. ¿Y quiere que le diga una cosa? Era eso lo que me impulsaba a ir. Porque si era un desconocido el que venía a limpiar la mesa con la servilleta y a preguntarme, despreciativamente: “¿Qué se va a servir?”, yo me atragantaba todo, me ofuscaba, no sabia qué pedir, pedía cualquier cosa, un café, tanto como para que el mozo no se impacientase, para que no se irritase si le pedía alguna cosa rara, una de esas botellas de colores, alineadas detrás del mostrador.” Evidentemente Camilo sufría de una colosal vergüenza al hablar con los demás. Pero es curioso que con el policía (una persona de autoridad y más si investiga un asesinato) Canegato se mostrara suelto y muy conversador. Habló de arte, de negocios y, por supuesto, de su gran creación: Rosaura. ¿A qué se debió este cambio en la forma de ser de Camilo? A su necesidad de desahogo. Expliquemos esto. Todo secreto, con las suspicacias necesarias, puede ser oculto todo el tiempo que se desee. Sin embargo, muchas veces esto último es lo que falla: en algún momento el dueño del secreto no soporta la idea de seguir manteniéndolo oculto y él mismo lo revela. Tal fue el caso de Camilo, seguramente, ya desde algún tiempo, habría estado pensando en relatar toda su picardías a alguien, es decir, realizar una catarsis. El policía funcionó como un agente receptor. Por otro lado, cabe destacar que las artimañas de Canegato estaban destinadas al fracaso desde el mismo comienzo. En primer lugar porque basó sus proyectos de afianzamiento como persona en una mentira. En segundo lugar porque él quería cambiar la actitud de las demás personas para con él con un agente externo, cuando el problema era interno y, así, las soluciones tenía que buscarla dentro de sí mismo. Por otro lado, el padre tuvo gran parte de la culpa de la personalidad de Camilo. Leamos un extracto de la conversación del detective de la policía con Camilo : “—Su padre, y permítame la pregunta, su padre sería un hombre severo, ¿eh? —Oh, sí. Severo y silencioso. Era capaz de pasar todo un día sin hablarme. Pero me manejaba con la mirada.” Solo un mal padre cuadraría con esta descripción del padre de Camilo, quien fue moldeando la personalidad de su hijo. De modo tal que Camilo iba perdiendo todo el mínimo carácter que pudiera haber tenido. Nunca pudo borrar los moldes de su niñez y adolescencia y, como no encontró solución, comenzó a fantasear con personas inexistentes. El hombre, en general, nació para vivir en relación con los demás, en caso contrario puede pasarle lo que a Canegato. Ahora bien, alguien podría objetar que los extraños sucesos relatados en Rosaura a las diez no es un caso de la vida real, sino una novela ficcional, inventada. Pero, ¿es solo ficción? No necesariamente. Meditemos en esta cita de La maquinaria literaria : “Ficción no significa “mentira”, sino “invención”. Esto quiere decir que todo lo que leemos como literario no tiene referencia directa en el mundo real. Lo literario solo existe en relación con el texto en el cual aparece. Pero la literatura, aunque resulte paradójico, es profundamente verdadera. Su autenticidad pasa por reconocerse como ficción y hablar de lo real desde allí.” Así es, lo que le sucedió a Camilo Canegato es lo que pudiera sucederle a cualquiera de los que estamos aquí en el mundo real. De ahí el gran valor de esta obra. Desde ya gracias por agradecer.

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