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Primer post: 29 jun 2011Último post: 29 jun 2011
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Yo, como los egipcios - Daniel Samper Pizano
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/29/2011

Postre de notas / Yo, como los egipcios Voy a decirles por qué admiro tanto a los egipcios: no es por su dominio de la astronomía, la belleza de sus pirámides, el desarrollo de su agricultura, su sentido de la cosmética, los conocimientos hidrológicos, su rica cosmogonía, los avances de su medicina, su alfarería preciosa, sus jeroglíficos ni sus imponentes monumentos. Sino porque les encantaba sentarse. Tanto les gustaba, que las grandes estatuas egipcias no muestran a los faraones trepados a caballo (mucho menos en camello), ni señalando de pie el horizonte (engañosa actitud que pretende igualarlos a visionarios), ni tendidos en plan de reposo. Las colosales estatuas de Ramsés, Kefren, Hatshesput, Ceres y muchos otros los exhiben tranquila y dulcemente sentados. Quienes estudiamos a fondo el arte antiguo sabemos que esta clase de estatuas se llaman sedentes. También las hay pedestres (el Bolívar de Tenerani en Bogotá), ecuestres (Bolívar a caballo), yacentes (Bolívar acostado, con o sin Manuelita), empelotestres (el Bolívar de Arenas Betancur), noviestres (el dúo de Efraín y María en Cali) y gordestres (todas las de Botero). Quien practique el inventario mundial de estatuas verá que las sedentes son una minoría. En Colombia, las más famosas de su género son las de don Miguel Antonio Caro que cuida, como guachimán del idioma y del edificio, la sede de la Academia Colombiana de la Lengua, y la de Policarpa Salavarrieta, a quien el artista menoscabó sentándola en el instante de su muerte, quizás por tratarse de una dama. No me importa si la escena corresponde a la verdad histórica: la 'Pola' fue mujer de pelea y lo justo es que, al plasmar en bronce su fusilamiento, la heroína observara una actitud guerrera, desafiante, de pie. No como una señorita que ocupa plaza en el Transmilenio. En cambio, está muy bien que los faraones hayan pasado a la historia en sus tronos, porque esta es, al mismo tiempo, la posición del estadista sereno -nada de espadas, caballos ni batallas- y la del hombre poderoso. Además, es la posición en que los mortales, humildes y soberbios, pasamos buena parte del día y de la vida. En ella me encuentro mientras escribo estas líneas; sentado manda el Papa, sentado busca las estrellas el astronauta, toca el pianista, despacha el presidente, suma el banquero, confiesa el cura, cose la costurera y estudia el niño. Permítanme ahorrar la enumeración de otras cosas que se hacen varias veces al día en la posición de la 'Pola'. Comer, por ejemplo. O todo lo contrario. Por eso me indigna que en los museos se obligue a los vigilantes a permanecer de pie y que los cadetes prefieran tomar los santos óleos que tomar asiento. Ahora, sin embargo, la milenaria moda de sentarse cuenta con un pertinaz enemigo. Se trata del doctor James Levine, de la Clínica Mayo, según el cual "permanecer mucho tiempo sentado es una actividad letal". Dice Levine que el taburete mengua la quema de calorías, reduce la efectividad de la insulina, aumenta la obesidad, desploma los niveles de colesterol bueno y perjudica la columna vertebral y otros huesos. Las personas que pasan sentadas más de seis horas al día registran índices de mortalidad 40 por ciento mayores que las demás. Yo ignoro si el doctor Levine dice la verdad, porque, en punto a médicos gringos, solo le creo al doctor House. Lo que sé es que no renunciaré al placer de un buen sillón solamente porque él lo diga. Es más: como muestra de repudio a tan peregrina tesis, me propongo duplicar mis horas diarias de descanso nalgar. Así se lo comuniqué a mis hijos, a los que reuní la otra noche en una sala llena de sofás, para informarlos de mi decisión irreversible: - Cuando muera, quiero que me entierren sentado. Y que sea en mi poltrona favorita. Mis hijos hicieron unos cálculos rápidos y consideraron que era un capricho costosísimo. Me ratifiqué en mi deseo, los insulté, les pedí que se largaran y, para mayor inri, ni siquiera me paré a despedirlos. Está decidido: en adelante, mi vida y mi muerte serán como le gustaba a Ramsés: sentadito. Fuente: http://www.eltiempo.com/

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