calnizo
Usuario
Era mi principe azul, hasta que me propuso practicar swinger Después de la cita a ciegas se me vino encima lo mejor, un morocho de labios gruesos, simpático, muy lindo tipo de hombre. De apoco nos fuimos conociendo, creamos ese vínculo sincero que nace cuando comienza una relación, nos reímos mucho, largas charlas, compartimos cine, música y por sobre todas las cosas, éramos muy compatibles en la cama. Un día estábamos comiendo en un conocido local de comidas rápidas, cuando deslizó al pasar, como si fuese un comentario sin importancia, si yo estaría de acuerdo en intercambiar parejas, si lo había probado antes, que él ya lo había experimentado, y estaba seguro que me encantaría. Sinceramente me quedé helada, con la hamburguesa atragantada, sosteniendo una papa frita en el medio del ketchup que había vertido a un costado de la caja; lo miré fijo, con una incredulidad que hubiese llenado todo el local hasta reventar el techo y le dije; ¿vos me hablas enserio? Muy enserio, me dijo antes de darle una mordida a su hamburguesa; con todas mis parejas anteriores practicamos swinger y la verdad que es lo que mejor le hace a la relación, te deja en llamas los días siguientes. Vas a ver lo que te digo, este fin de semana te voy a llevar a un lugar que tenemos con unos amigos, para que compruebes vos misma. El mentón se me había caído un poco y hacía un rato largo que no parpadeaba. En ese preciso instante me levanté, le dije no puedo creer lo que me estás proponiendo, mientras el se limpiaba los labios con la servilleta, solté la bendita papa frita y salí del lugar. Realmente estaba decepcionada; el tipo me gustaba de verdad, imaginaba una relación a largo plazo, quizá lleguemos a amarnos, tal vez casarnos, formar una familia, todo eso se había escurrido por el retrete esa tarde. Soy muy celosa y no me gusta compartir lo que es mío y mucho menos con mi consentimiento. Me consolé pensando que era un idiota y no valía la pena hacerse mala sangre, no sirve un hombre que piensa que toda la relación pasa por el sexo. Pasados unos días sin atender sus llamados, no pude expulsarlo de mis pensamientos, y el tiempo lejos de alejarlo parecía acercarlo más aún, se colaron dudas por la ventana de mi entendimiento, y empezaron a minar mi formación moral, como nunca antes… Durante varios días tuve una lucha interna, pruebo o no…y que tal si tiene razón? si no es tan malo como pienso? y si lo hago? y si pruebo? será pecado mortal? no mejor no, y que tiene de malo, la vida es una sola, no mejor no, yo soy una chica decente. (una verdadera idiota verdad?) Lo volví a ver, conversamos, nos reconciliamos de la mejor manera y el tema no se tocó nunca más; al mes de este suceso, fui yo la que le propuso que me llevara a esa quinta en Pilar, donde se junta esa gente un fin de semana al mes e intercambia parejas para largas sesiones de sexo salvaje, sadomasoquismo y demas aberraciones que estaba dispuesta a probar sin culpa. www.julietacid.blogspot.com
Y por fin llegó el día en que me animé Después de decidir perder mi decencia para no perder a mi hombre, ensayé un método para armarme de coraje, me repetía una y otra vez “si no me gusta no lo hago más” o “total nadie se va a enterar” o “estamos en pleno siglo XXI” etc etc. Nada funcionó. A veces me tensionaba pensando como sería la previa; ¿Qué se le dice a la mujer que va a tener sexo con tu novio? ¿Cómo se encara la situación? Hola soy Julieta, encantada, el gusto es mío; ya que vas a intimar con mi novio en un rato, ¿Por qué no me contás quien es tu diseñador de interiores? Te quedó di-vi-no. Ironizaba sola frente al espejo antes de revolear el cepillo contra el cristal. Enseguida me distendía imaginando que sonaría música brasilera a todo volumen, luego saltaríamos los cuatro, ya borrachos a hacer el trencito carioca, para romper el hielo. Ese viernes por la noche Andrés pasó por casa a buscarme; el plan era quedarnos en la quinta de su amigo hasta el domingo por tarde, el viaje a Pilar fue largo y tedioso. Al llegar ingresamos en un barrio privado, una casa quinta espléndida, parecía ser a estrenar, se respiraba opulencia en el aire. Que buena vida llevan los degenerados pensé, tal vez me convenga por algún lado. Nos abrió la puerta un hombre cincuentón con pinta de nadar en billetes verdes, saludó efusivamente como si nos conociera de toda la vida, yo bajé la mirada instintivamente. Nos hizo pasar al living donde nos sentamos en amplios sillones, luz tenue y sushi en la mesita ratona. De la nada apareció una despampanante rubia platinada, parecía haber escapado de la tapa de playboy, noté que la minifalda a duras penas le tapaba el comienzo de las nalgas, saludó y se sentó junto a ¿“su marido”?. El cincuentón tomaba whisky con hielo como si fuera un cosaco y hablaba de la situación política con Andrés. Yo tomé tres copas de shampoo mientras conversaba animadamente con la mujer de las piernas imposibles, ya más desinhibida y relajada. Promediando la noche ocurrió lo peor. Hubiese apostado mi única cartera Louis Vuitton, a que lo peor que podría sucederme aquella noche que hoy recuerdo con terror casi infantil, sería observar como la rubia se desvestía delante de mi novio y yo confundida por el alcohol, comenzara a mirar al señor con cariño, cuando acariciara mi rodilla con cara de distraído. Yo creía que lo peor sería que me gustara todo aquello. Volvía del baño, al pasar por una puerta entreabierta escuché que Andrés y su amigo conversaban, mientras uno de los dos elegía una botella, no hice ruido y me quedé allí agazapada detrás del marco. Susurraban algo, y ese algo se refería a mi persona. Lo que escuché en ese momento cambió el curso de los acontecimientos de esa noche o quizás el de mi vida. Continuará... www.julietacid.blogspot.com Para leer la primer parte click debajo.