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Usuario (Argentina)
La guía definitiva para que te importe un carajo Mucha gente pasa la mayor parte de su vida cuidándose de no ofender a las demás personas, preocupándose de ser lo suficientemente agradable para los otros o preguntándose si están siendo juzgados. Es un comportamiento estúpido y que no hace bien al bienestar de nadie, pero sin embargo es socialmente aceptado y a veces hasta promovido. A continuación te presentamos la guía definitiva para que deje de importante un carajo lo que otros opinan de ti. HECHO NÚMERO 1: Las personas te están juzgando justo ahora. Sí, realmente sucede en este momento. Hay gente a la que no le agradas, y ¿adivina qué? No hay nada que puedas hacer al respecto. Ninguna cantidad de coerción, satisfacciones o complacencias a sus intereses te ayudará. De hecho, casi siempre ocurre al revés: cuanto más superes una situación (y a veces esto implica ignorarlos), más te respetaran, ya sea a regañadientes o no. Lo que la gente realmente respeta es cuando trazas una línea y dices “no te dejaré ir más allá.” Quizás no les agrade este comportamiento, pero ¿y qué? Estas son personas a las que no les agradas de todos modos, ¿por qué intentar complacer a gente que ni siquiera se preocupa por ti? Correcto. Entonces, tenemos a los trolls de Internet. Eso es una cosa completamente distinta. La gente normal suele estar bien –aunque en realidad no escuches lo que hablan a tus espaldas. Pero en la web, puedes verlo, lo que cambia drásticamente la dinámica. Estos comentarios tienen un impacto muy profundo ya que opacan tu búsqueda de vanidad y otros medios para sentirte aceptado, pero el verdadero problema con los enemigos de Internet es que confirman tu delirio paranoico de que todo el mundo ahí fuera te odia en secreto. Afortunadamente, eso no es del todo cierto. Así que la primera verdad noble es que la mayoría de la gente ni siquiera se preocupa de que estés vivo. Abracen esto mis amigos, ya que esto es la verdadera libertad. El mundo es enorme y tú eres pequeño, por lo tanto puedes hacer lo que quieras, pero primero debes hacer a un lado esos pensamientos de que no les gustas a las personas. HECHO NÚMERO 2. No necesitas agradarles a todas las personas. Parece una locura, lo sé, pero está bien, con el tiempo terminas acostumbrándote a esta actitud. Este es el siguiente punto: no sólo la mayoría de las personas ni siquiera saben que existes, y difícilmente alguien te estará juzgando, pero aunque lo hicieran en realidad no importa. Esto resulta bastante liberador, quizá no lo veas así, pero lo harás. Mira esto: cuando no le agradas a la gente, en realidad no pasa nada. El mundo no se acaba. Esto no te quitará el aire para que respires. De hecho, cuanto más los ignores y te enfoques en tus asuntos, mejor resulta para ti. ¿Has escuchado cuando dicen “la mejor venganza es una vida bien vivida“? Bueno, esto es cierto, pero no es toda la verdad. Una vida bien vivida es genial, sí, pero esto no puede suceder mientras te preocupas de quiénes son tus detractores y de que es lo que piensan. Lo que tienes que hacer, lo que no te queda más remedio que hacer, es aceptarlo y seguir adelante. Así, que te importe un carajo es un precedente necesario para crear una buena vida para ti mismo. No puedes seguir adelante sin esto. Es por eso que tienes que comenzar hoy. HECHO NÚMERO 3. Es tu gente la que importa. Perfecto, has entendido el hecho de que la mayoría de personas en el mundo apenas son conscientes de tu existencia, y también eres consciente del hecho de que aquellos a los que no les agradas representan una obscena minoría y en realidad ni siquiera importan. Impresionante. Lo que sigue es darte cuenta de las personas que se preocupan por ti, y nadie más, son en estas en las que necesitas poner atención. Las relaciones son raras. Una vez que estamos en una (con la familia, un cónyuge, o lo que sea), inmediatamente empezamos a dar por sentado a esa persona y en su lugar pasamos a impresionar a los extraños -digamos, nuestro jefe. Luego, una vez que hemos impresionado a nuestro jefe, lo empezamos a dar por sentado también, y así sucesivamente, en un ciclo sin fin de apatía. Es como si siempre prefiriéramos sorprender y seducir a alguien nuevo que trabajar en lo que ya tenemos. Pero esta gente –los que importan- entiende esta búsqueda y sus causas. Te hacen sentir bien cuando estás cerca de ellos, te hacen reír y te hacen sentir que puedes ser tú mismo. Te hacen sentir relajado o tranquilo. Has compartido cosas con ellos. Son importantes. Concéntratele en ellos. HECHO NÚMERO 4. Aquellos a los que les importa un carajo cambian el mundo. El resto no. Los seres humanos tenemos perseverancia. Y algo sumamente necesario para dejar atrás cualquier cosa es darse cuenta de que la mayoría de los obstáculos no son importantes, y que incluso pueden ser desestimados. Esto es cierto tanto si estas corriendo un maratón o tratando de llegar a Marte. Si desechas las cosas que carecen de importancia; si quitas esas cosas de tu mente y te concentras en lo que debe hacerse, si te das cuenta de que tu tiempo es limitado y decides ponerte a trabajar ahora, sólo entonces serás capaz de llegar a cumplir tus metas. De lo contrario, serás disuadido a vivir una vida en la que no estás interesado. Nota: Es necesario aprender a manejar el fracaso y los momentos sombríos. Quizá te encuentres en un lugar difícil en este momento en que te sientas solo como un perdedor. No te preocupes, todos hemos estado allí. Pero es hora de que te des cuenta de lo común que son estas cosas, y de que han sido experimentadas incluso por las personas más exitosas y felices del mundo. Esas personas consiguen ir más allá de ellos mismos, y tú también lo harás.
NO QUIERO SER FELIZ Cualquiera podría pensar que esto es absurdo; que no es cierto que alguien no quiera ser feliz. Pero la experiencia nos ha señalado que es un caso muy frecuente, casi diríamos el más frecuente, que una persona (quizás por resentimiento consigo misma o con otros, por represalia) no quiera ser feliz. Esto, sin embargo, merece se mejor explicado. Debemos entenderlo bien. Diríamos que, por más que nos esforzáramos, si una persona no quiere ser feliz, nada podríamos hacer por ella para que fuera feliz. Es importante que usted quiera ser feliz. Hay muchas personas, decíamos, que no son felices, porque ellas desean, buscan, quieren, ser infelices. Este querer puede ser totalmente inconsciente. Pero esta inconsciencia, se da en diversos grados, en diferentes niveles, hasta llegar el caso límite en que una persona puede llegar a elegir la infelicidad para su vida, con toda claridad. Por ejemplo, hemos hablado con alguien explicándole la causa de su infelicidad; hemos llegado al punto en que lógicamente reconoció que ésa era la causa de su infelicidad; pero no se decidió a abandonarla, a dejarla; como si estuviera consciente y libremente sometido a esa causa; prefería ser infeliz, pero no abandonar eso que le provocaba infelicidad. Quien lea esto podrá decir: esa persona estaría loca. Nosotros contestamos: no y sí. No, porque era una persona completamente común, que razonaba perfectamente, tenía su trabajo bien cumplido, instrucción suficiente, inteligencia en un buen nivel. Pero al mismo tiempo Sí; porque toda persona que ha perdido su centro, no es cuerda; toda persona que ha perdido su paz, su equilibrio, no es normal; ella ha puesto en el centro un hecho fortuito y secundario, como si fuera lo esencial en su vida. Ha roto la propia esencialidad. Ha roto su vida. No puede ser feliz. ¿No hay acaso quienes, por no ceder el resentimiento se oponen a una reconciliación que cambiaría sus vidas? ¿No es cierto que algunos viven, culpándose a sí mismos para tapar la culpa de otros, que pueden ser sus mismos padres o algún hijo? ¿Y otros no es que quizás por no admitir un error no vuelven a su patria o a su hogar, aunque tengan que ser parias para siempre? Pues bien, lo que acabamos de decir es monstruoso. Sin embargo, amigo mío, reconozcamos, es algo frecuente, muy frecuente. Y si no, ¿por qué hay tantas personas que no son felices?

Llorar permite reducir la intensidad de las emociones fuertes y trabajar con ellas para solucionar problemas. Nadie quiere llorar. Sin embargo, derramar lágrimas no es perjudicial. Gracias a ellas, se liberan las hormonas del bienestar que ayudan a disminuir los niveles altos de angustia y que actúan como un calmante natural de las emociones intensas. Y, después del llanto, llega la calma y se entra en un estado de relajación. Pero, ¿por qué lloramos? ¿Qué emociones son las detonantes? ¿Es beneficioso llorar? A continuación se dan respuesta a estos interrogantes y se apuntan las consecuencias de reprimir la acción de llorar y las diferencias entre un llanto sano de uno patológico. ¿Por qué lloramos? La respuesta es simple: por motivos biológicos. Con el lloro se limpia el lagrimal, se consigue una adecuada hidratación del ojo y se liberan hormonas del bienestar. El estrés conduce a una sobrecarga de estas últimas y, al llorar, se elimina una parte de adrenalina, noradrenalina y oxitocina, además de opiáceos endógenos, un grupo de péptidos que provocan los mismos efectos que los analgésicos opiáceos. "Estas hormonas permiten fijar la atención en los sentimientos, en aquello que se hace, en el organismo y en la persona misma", explica Raquel Molero, psicóloga de adultos de ISEP Clínic Barcelona. Estas sustancias operan en multitud de procesos, como la oxitocina "que libera la madre cuando está cerca del hijo y le aporta sensación de calma. Del mismo modo, después de haber llorado mucho, queda una sensación de bienestar por la liberación de estas sustancias", agrega. Así pues, llorar es beneficioso. De la emoción a la calma El detonante del llanto son alteraciones del ánimo de intensidad elevada, sobre todo negativas, como pensamientos dañinos, malas noticias, tristeza o rabia, aunque también las emociones positivas, como una alegría muy intensa, informan Molero y Marc Planella, psiquiatra adjunto de la Unidad de Agudos del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, de Sant Boi (Barcelona). Otra causa del lloro es la empatía. Nadie "Se puede empatizar con las lágrimas de otras personas. El llanto puede surgir ante una película o una obra de teatro en la que se conecta con los sentimientos que se presentan y entenderlos. Permite contactar mejor con los sentimientos de otros", cuenta Molero. Además, según informa esta psicóloga, "los adultos lloran cuando se sienten impotentes ante un suceso concreto, para aliviar la tensión, eliminar la tristeza y comunicar cómo se sienten". Ante todos esos disparadores, los expertos no dudan: el principal beneficio de llorar es su efecto como calmante natural. Permite reducir la intensidad de las emociones fuertes y trabajar con ellas para solucionar problemas, coinciden Molero y Planella. A medida que las lágrimas resbalan por las mejillas, "disminuye el nivel de angustia", dice Planella. "Poco a poco la persona se relaja, se calma, se reduce la carga emocional y aumenta la lucidez para trabajar desde una parte más racional. El afectado consigue que esas emociones intensas se hagan más pequeñas y manejables", explica Molero. Consecuencias de reprimir el llanto Por el contrario, reprimir el llanto no favorece la salud. Sin embargo, socialmente, llorar tiene una connotación de debilidad y muchas personas, en su mayoría hombres, tienden a cohibirse. Según detalla Molero, se reprime porque, a través de la educación, se insta a los niños y a los hombres a no llorar. Están más vetados que las mujeres para dar rienda suelta a sus emociones; pueden expresarlas, pero no demasiado, ante el riesgo de parecer demasiado sensibles, débiles e inseguros. Por este motivo, es crucial que desde la infancia se eduque a los niños para que expresen sus sentimientos y comuniquen sus emociones, ya que "llorar es una buena forma de expresarlas", destaca Molero. Según precisa, "es una válvula de escape y, como ocurre con una olla a presión, si una persona las reprime al límite y no se permite derramar lágrimas cuando lo necesita, cuanta más presión tenga, esa emoción se manifestará de forma más incontrolable". Otras consecuencias de aguantar el llanto es que se contiene más rabia y agresividad y muchos trastornos de ansiedad se somatizan cuando se bloquean todas las emociones, entre otras, con manifestaciones en la piel. Llanto sano, llanto patológico La tristeza es un sentimiento natural. Ante un acontecimiento vital como la muerte de un ser querido, lo normal es pasar un tiempo de duelo, de profunda tristeza. Pero muchas personas, lejos de reaccionar en el primer momento, se quedan bloqueadas. "Hay que enfrentarse a las emociones. Pasarlo mal. Hay que aceptar que hay emociones buenas y negativas y no se deben eliminar estas últimas. Ambas forman parte de la vida y, en ocasiones, hay que sentirlas. Evitarlas o bloquearlas solo hará que continúen ahí. Hay que enfrentarse a ellas, aunque duela", sentencia la psicóloga Raquel Molero. Además, "las personas que lloran no suelen tener un trastorno psiquiátrico. Llorar no es ninguna enfermedad, sino una reacción normal", expone el psiquiatra Marc Planella. No obstante, aclara que "llorar tampoco es preventivo" de depresión o de trastornos de ansiedad. No evita tener una patología mental -que depende de determinados factores de la personalidad de cada uno-, pero puede paliar los síntomas de esas enfermedades en un momento concreto. El lloro sano, según destaca Planella, es proporcional al motivo que lo desencadena. Es normal cuando se asocia a un hecho luctuoso, como un fallecimiento, pero no lo es, si se asocia a síntomas como no dormir, sufrir angustia, dejar de comer, perder peso, sentirse sin ánimo de hacer nada, estar muy triste, no moverse de la cama, tener ganas de morirse o ideas suicidas. En estos casos, es desproporcionado y podría ser una señal de trastorno mental, como un trastorno depresivo o bipolar, donde el lloro es otro signo más. No obstante, advierte de que la sociedad ha cambiado y, en ocasiones, "se medicaliza" el tratamiento de sentimientos, como la tristeza, que son naturales y que el ser humano debe sobrellevar.