cacoox007
Usuario (Chile)
“Que es el amor para un ciego. ¿Es lo mismo que para cualquier otro? ¿Dicen lo siento, no te puedo ver? No lo sé. Pues yo si veo. Tal vez con el corazón he de ver. Tal vez no. No he de ver. Volvería por ti mil veces dijo el ciego Porque sé que te amo y que por ti muero ¿Cómo sabes que me amas si ni mi rostro ves? Pues te amo, como sé que vivo. ¿No es un sueño la vida? Es un sueño vivir. Si he de vivir un sueño, Quiero que tu boca sea mi almohada. Siento que te pierdo, lo sé. No creas que no me importa, No creas que lo haga por gusto. Solo tengo por perderte miedo. De mi vida hiciste un sueño. No me hagas despertar. Tu voz conocí una tarde, dijo el ciego. Tu voz aprendí a amar Tu voz no se me pierde ni confunde Tu voz es mi camino y un sendero nuevo. ¿Es necesario ver para amar? ¿Es necesario oír para amar? Tal vez eso no es amor, Quizá no hay esperanza para un alma. ¿Rendirme? No está en mi cabeza Menos el día que conocí su eterna belleza. No se trata de como ríe o como se mueve, Si no de la magia que de su alma aparece. Mujeres hay cientos, miles y millones. Pero como tú no hay millones, miles o alguna otra. No me dejes si sientes que te quiero, No me dejes si sientes que me quieres. El ciego le dijo te amo una noche ¿Puede amar un ciego? Como sabe que lo que siente es amor y no atracción Tal vez solo su timbre de voz busca. No hay un futuro sin ti para mí Por eso he de vivir mi presente Así cuando el destino nos presente, Mi vida iniciara por fin" Hola. Esto que escribo es de esas cosas que simplemente nacen. Que uno escribe en esos momentos de rabia, miedo o duda. Esto va con mucho respeto y espero que les guste. Gracias. -El amor no es ciego. Simplemente ve mas allá de lo que los demás pueden ver.

En un tibio valle, tras una alta montaña, se erguía un castillo. Este hermoso castillo era conocido por ser el centro de la ciudad llamada Vaiette y a la vez por tener a la princesa más linda del mundo. Todas las mañanas salía Meyda la princesa a caminar por la ciudad, preocupándose de devolver el saludo a cada persona que a ella se lo diera y de brindar una sonrisa a su pueblo que con amor recibía su gentil gesto. Todas tardes volvía a su mágico castillo, el cual con un peculiar hechizo parecía estar hecho de lava ardiente, la cual resplandecía en la oscuridad. Una noche de lluvia mientras Meyda dormía plácidamente, un malvado ladrón entró a sus aposentos y le robó su valentía, su magia y resguardado por la sombra nocturna se marchó por el bosque en su veloz caballo. El relinche del equino al salir galopando despertó a la princesa, la cual alarmada llamó los guardias. Pero ya era tarde. Ya nada se podía hacer. A la mañana siguiente la princesa citó en el patio de su castillo a todas las personas que creyeran ser capaces de recuperar sus preciados tesoros. Al encuentro llegaron cinco caballeros, cuatro ladrones, tres caza-recompensas, dos exploradores y un cazador. Se ordenaron haciendo un círculo alrededor de la princesa la cual con voz débil y preocupada dijo: “Quien mi valor quiera recuperar, Con un gran peligro se ha de cruzar. Quien de mi magia se haga cargo, Antes tiene que aprender algo.” Todos los hombres que conformaban el círculo abrieron sus ojos expectantes a lo que Meyda estaba a punto de decir. Todos menos el cazador, quien se apartó del grupo apoyándose atrás en un muro para poder oír mejor. La princesa lo notó, pero no le presto mayor atención. Tomó un poco de aire y siguió con se explicación: “Mi magia por herencia me ha llegado. Mi padre y mi madre este don me han legado. Su poder en malas manos solo mal podrá crear, Así que a quien lo recupere un gran deseo he de dar.” El bosque, obscuro y verde a la vez era conocido como “El resplandor de las ilusiones”, ya que apenas uno entraba en el bosque, este intentaba confundirte. Solo un alma noble tendría el poder para seguir el sendero correcto. El cazador habiendo escuchado esto montó en su caballo con dirección al bosque, ya que sabía que en el “Mercado Negro” de las brujas podría encontrar alguna pista sobre el paradero de los dones robados. Sin dudarlo siguió el sendero que lo llevaba al mercado de las brujas. Un pesado humo confundía su mente. Tenía la sensación de haber pasado meses montado en el lomo de su caballo. Al poco tiempo a poco Franz se durmió sin darse cuenta por el relajante trote. Una familiar voz lo despertó en la entrada del mercado de las brujas. Era Leunam, un ser mitad dragón, mitad humano y a la vez su mejor amigo desde que eran unos niños. Después de lograr que Franz recobrara la conciencia lo llevó a “La pócima del Hada Purpura”, un bar de mala muerte. Conversaron y bebieron durante horas tratando de recuperar de alguna forma el tiempo que tenían sin verse. Recordaron el pasado, las travesuras, fiestas, peleas y todos los momentos memorables que juntos habían vivido a lo largo de su vida. Luego de mucho hablar Leunam le preguntó porque se encontraba tan lejos de su zona de trabajo, ya que no era habitual ver cazadores tan lejos de las praderas, a lo cual Franz le respondió contándole la historia de los dones robados y la recompensa que sería entregada al que lograra recuperarlo . Leunam notó que la motivación de Franz no era dinero ni prestigio, ya que jamás fue codicioso ni ambicioso. El dragón-humano aguanto lo que más pudo, pero la curiosidad lo obligó a preguntarle cual era el verdadero motivo de su búsqueda. Franz lo miró con tristeza y le dijo que no resistía la soledad, que el solo buscaba compañía. Siguieron hablando por un rato más hasta que una fuerte explosión a las afueras del mercado los obligó a ir a investigar. Cuando llegaron ya había mucha gente por lo cual se abrieron lentamente camino hasta el lugar de los hechos. Lo que vieron los sorprendió. Una hermosa hada estaba herida en el suelo dentro del agujero generado por le explosión. A su lado había un medallón azul que despedía un hermoso brillo. Franz le preguntó que porque lo tenía y para que servía. Ella les conto que se lo había dado un hombre vestido de negro, y él le había dicho que servía para controlar la magia. La explosión había sido un accidente jugando con el medallón. Llevaron al hada a la posada y ahí la dejaron descansando. Al salir de la habitación Leunam le sugirió que el medallón del hada probablemente era el objetivo de su búsqueda y que tenía que partir al castillo cuanto antes. Franz le pregunto si él podía acompañarlo, a lo cual el accedió. Con el medallón en el pecho Franz podía divisar el camino a través del oscuro y maligno bosque sin confundirse o sufrir por los diferentes encantamientos que este poseía. Al llegar a la salida del bosque notó que lo esperaban los otros catorce participantes que querían de igual forma poder obtener el deseo soñado. Lo amenazaron de muerte si no entregaba el medallón. Leunam se enfadó mucho al oír esto. Abrió sus alas y retó a los hombres a luchar con él, que el que pudiese a el vencer podría el medallón tocar. Los hombres atemorizados huyeron a excepción de uno de los cuatro ladrones, el cual retó a Leunam a un duelo. Franz huyo al castillo mientras el ladrón estaba distraído peleando con Leunam. Tenía que aprovechar los pocos minutos que tenía para cruzar el valle y llegar al castillo. Leunam se batía arduamente contra el ladrón para poder darle tiempo a su amigo. Ya empezaba a anochecer cuando llegó al castillo. Estaba desierto. Nadie rondaba ni cuidaba el castillo, lo cual era raro ya que siempre habían soldados cuidando los pasajes y patios del castillo. Franz entró tapado con una capucha y recorrió el camino que lo llevaba a los aposentos de la dulce princesa. Empujo la puerta para poder entrar. La princesa dormía profundamente, parecía como si nada le preocupara. Franz le acaricio la cara para despertarla sin asustarla. Meyda abrió los ojos y lo contempló. Franz sonrió y saco de su bolso el medallón mágico para entregárselo en sus manos. Meyda le dijo lo agradecida que estaba y le pregunto luego si había podido recuperar su valor perdido. Franz la tomo por las manos y le dijo: “Lo siento princesa, su valor no poseo Pero si con el alma pido un gran deseo. Sé usted eres princesa y yo solo un cazador Pero le juro que la amo y que vuestro es mi amor. Luché contra brujos y muchos males Pero da igual, usted todo y más vale. Desde pequeño su rostro admiro y quiero Yo se que le amo y que la deseo. Si lo permite, si usted me deja Quiero ser yo quien la proteja Que su valor perdido sea En su medida, el que yo posea Con mi escudo y con mi espada Seré su guardián, mi bella dama.” Meyda lo miro asombrada. Se dio cuenta que al lado del cazador ya no sentía miedo. Se dio cuenta de que no necesitaba valor. Ya que el calor que le brindaba Franz era más que suficiente. El cazador visitaba todas las noches a la princesa. Le cantaba canciones, le leía cuentos y le daba las buenas noches con un tierno beso. Una noche el cazador le hizo una propuesta la princesa. Le pidió que huyera con él a los bosques y que hicieran ahí su vida. Meyda enamorada, sin pensarlo dijo que si. Bajaron las escaleras tapados con la capucha de Franz y la montó con él en su caballo. Cabalgaron durante horas escondidos por la sombra nocturna. Llegaron a una pequeña casa a la orilla de un lago, en la cual fueron felices por el resto de sus vidas. Hola amigos de Taringa. Esto lo escribí pensando en la persona que amo como una forma de poder expresarle aunque sea un poco lo que siento. Se que la redacción y la historia no están cercanas para nada a la perfección. Bueno sus criticas constructivas son bien recibidas, y los mas importante. Meyly te amo <3

Era una oscura noche de invierno. El ruido de la lluvia golpeando el techo me impedía dormir. Apenas cerraba mis ojos volvía a mí la imagen de aquella mujer. Su vestido blanco y su bello rostro marcaban en mi corazón una culpa. “¿Culpa de qué?”, me repetía constantemente. Deseaba poder recordarlo, pero mientras más lo intentaba parecía olvidar más cosas de las que poco sabia en ese momento. Intente dormir de todas las formas posibles sin un éxito inmediato. Aquella noche fue realmente más larga de lo normal. La mañana parecía más agradable, desperté acompañado solo por la neblina que me vigilaba desde las ventanas que estaban en la parte superior de los oscuros muros. En el sombrío lugar poco y nada de luz había. El hambre me invitaba a levantarme, por lo cual me senté en la cama e intente bajar de la cama. “Espera”, pensé. “Esta no es mi casa”. Recién me percataba de que me encontraba en un lugar totalmente desconocido, las mesas con utensilios quirúrgicos y elementos médicos me hacían pensar que estábamos en una especie de hospital, solo que era una casa. Camine hacia la puerta, la cual daba hacia un pasillo. Aparentemente la salida estaría al otro lado, por lo cual avance a través de él. Mientras avanzaba la voz de una mujer me dijo “No mires atrás. No mires la puerta”. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Esto no tenía explicación. La habitación a la que llegue era exactamente idéntica a la de la que venía, solo que con la cama puesta en la esquina opuesta, al igual que la puerta. Me apoye en la cama, cerré mis ojos y me agaché. Los nervios me mataban. Al levantarme mire la puerta por la que venía “Que mierda pasa”, la puerta estaba en otro lugar. Me acerque a la puerta que según yo me llevaría a la salida, al mirar por la puerta escuche a mis espaldas “No salgas, morirás”. No sabía que pensar. Mi corazón palpitaba fuerte y el sudor frio bajaba por mi cuello. “Quien era esa mujer”. Corrí hacia la otra puerta, al ver hacia el pacillo quede atónito. Estaba yo. Estaba mirándome. No era un espejo, era yo de carne y hueso, solo que al medio del oscuro pasillo. Retrocedí caminando lentamente, me oculté al lado de la puerta. Mire al cielo y luego cerré mis ojos. Al abrirlos me di cuenta de que había una sola puerta. Con temor me acerqué. No había nada. Crucé corriendo. Al salir estaba en una habitación vacía. No había ventanas, no habían puertas, decidí volver. La puerta no estaba.