braulito64
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El Namazu: En la mitología japonesa Namazu es el nombre de un pez gigante, un siluro que habita en las profundidades, en el barro, debajo de la tierra. Su cola yace bajo las provincias de Hidachi y Shinosa, y el cuerpo sostiene todo el archipiélago japonés. Cuando Namazu se agita, tiembla todo el Japón. En el centro de la espalda de Namazu sobresale una enorme piedra ---llamada Kaname-ishi--- que hace de piedra angular de la tierra. Uno de los dos extremos de dicha piedra surge en el jardín del templo del dios Kashima Daimiojin; la otra se hunde en las profundidades de la tierra. Cuando Kashima Daimiojin, el guardián de Namazu, se descuidaba y dejaba de presionar sobre la roca, el gigantesco siluro se movía y provocaba un terremoto. En una carta de Toyotomi Hideyoshi, que unificó Japón a finales del siglo XVI, se encuentran las primeras referencias históricas acerca de la conexión entre el gigantesco siluro mítico y los terremotos cuando, al ordenar construir un castillo en Fushimi (Kioto), especifica aplicar medidas de seguridad contra los movimientos de Namazu. Igualmente ---según el arquitecto japonés Ueda Athushi--- las pagodas japonesas de madera (Go ju no to: Torres de cinco láminas) esconden secretos de más de mil años que hablan de una preocupación de sus constructores por evitar los daños de los movimientos de Namazu. Por un lado las conexiones entre las distintas piezas estructurales no se realizan mediante clavos metálicos sino con tacos o elementos (tipo “cola de milano”, etc.) de madera que se unen unos a otros con mayor fuerza cuando son sometidas a movimientos telúricos. Por otro lado las cubiertas de tamaño descendente superpuestas en pisos de estas pagodas permite que cada una de ellas se mueva, al impulso del terremoto, lenta, independientemente y en sentido contrario unas respecto de las otras, equilibrando así sus impulsos opuestos y evitando rupturas. Y finalmente, cuando Namazu se mueve, el grueso pilar central que atraviesa a las pagodas desde su base hasta su parte superior, oscila y, a la vez, mantiene los pisos o cubiertas en su lugar. Tras el terremoto que arrasó Edo (actual Tokio) a mediados del siglo XIX, se imprimieron varios centenares de grabados en madera, “ukiyo-e”, alusivos a Namazu, y que fueron llamados “namazu-e”, unos con la finalidad de proteger de futuros terremotos, pero otros alabando al siluro gigante Namazu por su capacidad para cambiar el mundo de manera positiva. Finalmente al siluro también se le llegó a mostrar como un animal benefactor y protector del hombre que con sus movimientos avisa de un inminente terremoto. Hoy en día los refugios o zonas de seguridad contra los terremotos en Japón se señalan con el dibujo de un siluro sonriente.