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Usuario (Argentina)
No pasaron siquiera 72 horas desde que el Papa Benedicto XVI finalizó el miércoles su visita a Cuba –durante la que criticó la falta de libertad, advirtió sobre los dogmas inamovibles del régimen y llamó a la sociedad a involucrarse en la construcción de un nuevo país– para que el gobierno de la isla decidiera acceder ayer a la petición más concreta y perentoria que le hizo aquí el Pontífice: que el Viernes Santo –día en que los cristianos conmemoran con toda solemnidad la muerte de Jesús– fuese declarado feriado nacional. La decisión –tomada por el Consejo de Ministros, anunciada ayer en el diario gubernamental Granma y celebrada en el acto por el Vaticano– parece conllevar algo más que un gesto hacia la Iglesia católica. Sería una señal de los sectores reformistas del Partido Comunista –liderados por el presidente Raúl Castro– hacia los que resisten los por ahora tibios cambios económicos en marcha. No es menor el gesto de hacer lugar a un pedido de un pontífice que acaba de alentar vivamente la profundización de esas transformaciones. Si bien el anuncio oficial consigna que por ahora será festivo “con carácter excepcional” el próximo Viernes Santo, se aclara que la decisión sobre su carácter definitivo “se reserva a los órganos superiores de la Nación”. Pero se trataría de un mero formalismo. De hecho, cuando el Papa Juan Pablo II –durante su histórico viaje a la isla, en 1998– solicitó que la Navidad sea un día festivo, el gobierno inicialmente accedió a que lo fuera ese año, pero luego lo convalidó de modo definitivo. Granma revela que el presidente Castro le había anticipado al Papa durante la reunión del martes en el Palacio de la Revolución que, al terminar su visita, con “carácter excepcional”, accedería a su petición. El diario oficial incluye el sugestivo argumento de Castro para acceder: “El feliz resultado de la trascendental visita” del Pontífice. En realidad, el paso de Benedicto XVI por estas tierras dejó respetuosas celebraciones religiosas, pero también una andanada de críticas papales al régimen, como es difícil encontrar en otro visitante ilustre. Las palabras papales mostraron una secuencia ascendente. En el avión que lo traía había dicho que “el comunismo ya no funciona”. Después, en Santiago, habló de que los cubanos “ya están mirando al mañana” y que deben luchar por una sociedad renovada. En la Plaza de la Revolución advirtió sobre los fanatismos de cualquier signo y la necesidad de que “Cuba y el mundo cambien”. Pero lo más fuerte llegó en su discurso de despedida, cuando se refirió a la falta de libertad y las “estructuras inamovibles” . Con todo, el Papa –en sintonía con la Iglesia local– siempre fue muy cuidadoso en las formas. No sólo fue cordial con Raúl, sino que le otorgó una larga audiencia, llena de gestos, a su hermano Fidel, ajena –es cierto– de definiciones políticas, pero relevante en términos simbólicos. Aquel encuentro contrastó con su decisión de no recibir a ningún grupo disidente , particularmente a las Damas de Blanco –que tienen familiares detenidos- y que desde hacía tiempo venían peticionando “aunque sea un minuto” con el Papa. Un vocero de la Iglesia cubana le había anticipado a Clarín tras la partida del Papa que el gobierno tendría un rápido gesto con la Iglesia, como se publicó en la edición del viernes. Y ese gesto llegó ayer con la declaración del Viernes Santo como día festivo. A la vez que se mostró esperanzado en que otros cambios más generales –que no especificó- seguramente se produzcan en el mediano plazo. En cambio, muchos disidentes, especialmente los exiliados en Miami, son muy escépticos.

Se trata de un paciente masculino de 37 años, de Virginia (EEUU). Su nombre: Richard Lee Norris, quien, según los médicos, ha empezado a sentir la cara, a cepillarse los dientes e incluso a afeitarse. También parece que ha recuperado su sentido del olfato, después de perderlo en un accidente con arma de fuego en 1997. En aquel suceso perdió sus labios, la nariz y se limitó notablemente el movimiento de su boca. Como señala Eduardo Rodríguez, uno de los cirujanos que ha participado en esta última intervención, Norris ha pasado los últimos quince años "viviendo como un recluso y el trasplante le permitirá recuperar su vida". Antes, agrega, "la gente le miraba porque llevaba una máscara y querían adivinar su deformidad", ahora este motivo ya no existe. Para llegar a su imagen actual, han sido necesarios otros 22 trasplantes para reconstruirle la cara, que empezaron a realizarse hace siete años. Pero no es el único caso de trasplante completo de cara. Se considera que el primero tuvo lugar en Francia en 2005. Era una mujer de 38 años que había resultado gravemente desfigurada por el ataque de unos perros. Se sometió con éxito a un trasplante parcial de rostro que se centró en el triángulo formado por la nariz y la boca. En esta ocasión, explican los médicos de la intervención, "hemos utilizado innovadoras prácticas quirúrgicas y hemos automatizado técnicas para trasplantar con precisión los dientes y la lengua". En el trasplante del tejido facial, "hemos incluido los músculos subyacentes para permitir la expresión de la cara, los nervios sensoriales y de motor para restaurar la función". "Nuestro objetivo, además de unos resultados estéticos agradables, es restaurar la función". Gracias a la financiación del departamento de Defensa para algunas operaciones de cara y manos de soldados heridos, la Universidad de Maryland ha podido continuar con sus investigaciones sobre trasplantes y, por lo tanto, mejorar su técnica y ponerla en práctica con personas como Norris. Como explican los médicos implicados en la última intervención de este paciente, "el futuro de la medicina requiere de una rápida traducción de los resultados y la investigación, así como de la creación de equipos de alto rendimiento. El trasplante de cara es un ejemplo perfecto de las opciones de cambio de vida que podemos ofrecer a nuestros pacientes cuando combinamos la experiencia de nuestro equipo de investigación para perseguir procedimientos que habrían parecido imposibles no hace mucho tiempo". Así lo afirma el doctor E. Albert Reece, de la Universidad de Maryland y decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland. El equipo incluye a reconocidos científicos de investigación y científicos médicos de la Universidad de Maryland, que han estado investigando formas de reducir el rechazo de los órganos donados y descender al mínimo los efectos secundarios del uso a largo plazo de los inmunosupresores después del trasplante. El equipo de científicos que incluye a los Doctores Stephen Bartlett, Barth Rolf y Eduardo Rodríguez, se centró en los retos anatómicos e inmunológicos del trasplante craneofacial. Este trabajo ha sido la base para el Doctor Rodríguez y su equipo quirúrgico, logrando así un éxito sin precedentes. "Este logro es la culminación de más de 10 años investigando la respuesta del sistema inmunológico para trasplantes de aloinjertos vasculares compuestos", asegura el doctor Stephen T. Bartlett. "Nuestro protocolo de trasplante de órganos sólidos inmunosupresores ha dado lugar a excelentes resultados para nuestros pacientes y será parte del plan de cuidados a largo plazo para el paciente con trasplante de cara".