bochobolso71
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Los Tres Chiflados permanecen en el recuerdo de millones de personas a causa de la compulsiva emisión televisiva de la que fueron parte sus cortos. Si bien a ellos les cabe el mérito de haber sido los artistas que más cortometrajes sonoros han filmado. Moe Howard nació en 1897 en Bensonhurst, Nueva York, y era el cuarto de cinco hermanos, hijo de Solomon y Jennie Horwitz. Su verdadero nombre era Moses Horwitz y desde pequeño se vio atraído por el mundo del espectáculo. Moe marchó a trabajar a los estudios Vitagraph en Brooklyn ya en 1909, interpretando a un chico vagabundo en un cortometraje mudo. Ese fue el principio de una precoz carrera que lo llevó a aparecer en cortos de artistas cómicos de la talla de John Bunny, Flora Finch, Earle William, Herbert Rawlinson y Walter Johnson. Ese mismo año Moe conoció a Ted Healy, de quien se convirtió en buen amigo. Años después (en 1922) Moe y su hermano Samuel (Shemp) se unieron a Ted para trabajar en el mundo del vodevil y el teatro. El verdadero nombre de Shemp era Samuel Horwitz y había nacido en Brooklyn en 1895. Luego de diez años de aunar experiencia y conseguir contactos, Healy y sus Stooges (tal era el nombre del grupo, al cual se había sumado Larry Fine en 1927) marchó a Hollywood en donde realizaron una aparición en Soup to Nuts, una comedia de la Fox. A partir de ese momento y hasta 1934, filmaron una serie de comedias (nueve más, en total) para MGM, en la que solían tomar papeles de reparto. En 1927 se unió al grupo Larry Fine. Larry había nacido en 1902 en Philadelphia, Pennsylvania y su nombre real era Louis Fienberg. Su padre, Joseph Fienberg, era el dueño de una joyería. Cuando era niño se quemó el brazo izquierdo gravemente con ácido que utilizaba su padre en el trabajo, y como parte del tratamiento de recuperación, el doctor recomendó al pequeño Larry que tome clases de violín, para ayudarle al brazo a recobrar fuerza. Eventualmente se convirtió en un buen violinista y llegó a tocar profesionalmente. Durante los primeros años ‘20, Larry también fue boxeador amateur de peso liviano, sin embargo fue un acto de vodevil en el que tocaba el violín y realizaba una danza rusa, que atrajo la atención de Ted Healy, que inmediatamente lo llamó para integrarse a Moe y Shemp. Junto a Moe, Larry es el Chiflado que más cortos protagonizó. En 1934 Shemp se marchó del grupo para comenzar su carrera personal, convirtiéndose en protagonista de incontables cortos de la Vitaphone. Más tarde tuvo el papel de Knobby Walsh en los filmes de la serie de Joe Palooka. Durante más de una década, Shemp trabajó en filmes de RKO, MGM, Monogram y, a partir de los ’40s secundó a los grandes cómicos de la Universal, como W.C. Fields, Abbott y Costello y Olsen y Johnson. Moe llamó a su hermano menor Jerome (Curly), con quien firmaron un contrato para Columbia Pictures para convertirse en Los Tres Chiflados (The Three Stooges) sin Ted Healy. A partir de ese momento el grupo cambió de integrantes pero no de denominación. Probablemente la alineación más popular de Los Tres Chiflados sea la conformada por Moe, Larry y Curly. Curly era el menor de la familia Horwitz y nació en 1903 bajo el nombre de Jerome Lester Horwitz. Su interés por el mundo de la comedia y el espectáculo creció a la par que veía los trabajos de sus hermanos Moe y Shemp, junto a Ted Healy. Para encajar en el aspecto del grupo, se tuvo que afeitar el bigote y la larga cabellera (que le daba un aspecto de Bufallo Bill) y a partir de ese momento fue conocido como Curly. Habiendo llegado a su fin su asociación artística con Healy, los Stooges firmaron en 1934 un contrato para Columbia, por el que tenían que filmar unos ocho cortometrajes al año. Entre 1934 y 1946 filmaron unos 97 cortos. Debido a algunos problemas con el alcohol, Curly sufrió ese año un ataque que lo alejó del trabajo y que lo mantuvo en estado delicado hasta el fin de sus días, a principios de 1952. A causa de la dolencia de Curly, Moe sugirió que en su lugar regresara Shemp para interpretar junto a Los Tres Chiflados unos 77 cortos, un largometraje llamado Gold Raiders y un piloto para una serie titulado Jerks of All Trades. El 23 de noviembre de 1955 Shemp y Al Winston, un amigo, fueron a ver una pelea de box al Hollywood Legion Stadium. A la salida tomaron un taxi y Shemp encendió su cigarro. Sorpresivamente se desmayó encima de su amigo y sufrió un ataque cardíaco, falleciendo poco después. Luego de la muerte repentina de Shemp, Moe y Larry estuvieron vacilantes con respecto a incorporar a un tercer chiflado. Aún filmaron ocho cortos más ellos solos tomando viejas escenas de otras películas de Shemp y mostrando a un doble (Joe Palma) que era filmado de la espalda para aparentar que era Shemp. Pero la duda finalizó en 1956, cuando entró en el grupo Joe Besser, nacido en 1907 y era hijo de Morris y Fannie Besser, judíos ortodoxos de origen polaco. Hacia 1928 el joven Joe ya era actor de vodevil y comediante. En 1940, comenzó a participar en giras con Jimmy Little y apareció en teatros de Hollywood. También participó en la serie de Abbott y Costello. Entre 1956 y 1958 Joe fue el quinto Chiflado, a lo largo de 15 cortos que no son precisamente los más recordados (cinco de ellos son remakes de otros cortos anteriores). Luego de su paso por el trío, Joe tuvo una breve carrera cinematográfica y televisiva. En 1959 Joe Besser se había marchado de los Chiflados. El contrato con Columbia había finalizado y los Chiflados necesitaban seguir trabajando, pero Joe no quería salir de gira. Así que entró en escena el sexto Chiflado, Joe De Rita, que fue conocido como Curly-Joe. De Rita había nacido en 1909 bajo el nombre de Joseph Wardell, en Philadelphia, Pennsylvania. Su madre, Florenz De Rita, fue una bailarina y su padre Frank Wardell, actor teatral. En los ‘50, Joe apareció en algunos cortos de la Columbia antes de enrolarse como el sexto Chiflado. En 1958 Moe formó Comedy III Productions, Inc., una compañía que administra los derechos y productos de Los Tres Chiflados. Ese año se vieron beneficiados por la decisión de Columbia de vender sus cortos para ser emitidos por TV. El fenómeno empezó ese mismo año, y los Chiflados fueron ídolos de los niños, con lo cual Moe, Larry y Curly-Joe fueron objeto de numerosas giras y apariciones personales en teatros y variedades. Este éxito obviamente se intentó materializar en diez largometrajes cinematográficas entre 1959 y 1965 (entre los cuales se cuentan El Mundo Está Loco Loco Loco Loco en la cual realizan una aparición especial). En 1965 se emitió el primero de los 156 episodios de The New Three Stooges (1965), los dibujos animados para los que Moe, Larry y Curly-Joe prestaron sus voces y aparecieron en algunas secuencias de acción real. Cinco años después los Chiflados estaban rodando Kook’s Tour (1970), el piloto para una serie en la cual ellos visitaban distintos lugares pintorescos del mundo y vivían sus típicas aventuras. Luego de rodar escenas en exteriores marcharon a Los Angeles para terminarlo y Larry sufrió un ataque que le paralizó la mitad del cuerpo. Más tarde hubo algunas conversaciones tendientes a continuar los Chiflados con Emil Sitka, pero Moe sabía que el grupo no volvería a actuar. Curly-Joe formó un acto que se llamó The New Three Stooges, junto a dos actores llamados Mousie Garner y Frank Mitchell, pero solo hicieron algunas apariciones. En los años ‘70 fallecieron Larry y Moe (en 1975). En los ‘80 Joe Besser (en 1988) y en los ‘90 Joe De Rita (en 1993). Estos pudieron gozar la fama conseguida a partir de 1958 con la emisión de los cortometrajes y la eterna. Los Chiflados son un fenómeno de culto en muchos países. Hubo una nueva serie de dibujos animados llamada The Three Robonic Stooges (1978) en la que Moe, Larry y Curly fueron superhéroes mecánicos. Durante los ‘80 se estrenó una película llamada Stoogemania (1985) con Sid Caesar y Josh Mostel, pero su baja calidad la sepultó en el olvido. En los ‘90, entre convenciones de fanáticos y documentales especiales, el culto a los Chiflados se formalizó. Y por último se ha anunciado la emisión de un telefilme acerca de la historia de la vida de los Chiflados. No parece tener ocaso su celebridad y cuanto más tiempo pasa, más fanáticos hay. Es un caso interesante el de tres comediantes que realizaron su aporte a la posteridad entre 1934 y 1958 y que aún hoy en día sigan siendo populares. Pero aunque parezca que los únicos cortos que el estudio filmaba eran de los Chiflados, la Columbia tenía a una docena de comediantes a los que hacían filmar comedias, sin embargo los únicos que han sobrevivido al olvido son los Chiflados. La conclusión es lógica y e ilógica al mismo tiempo: será que el mundo está “chiflado, chiflado, chiflado”. Fuente del texto: http://pablomarcelli.wordpress.com (No puse videos porque hay algunos post, en el buscador los encuentran). :D
Es viejo y estoy en contra de postear en T! las "cadenas" o boludeces que te llegan por mail...pero haciendo limpieza encontré esto que no me pareció ninguna boludez y por el contrario, muy bueno como todo lo que refiera a Monty Python. Una carta de Terry Jones (integrante del grupo Monty Python) al London Observer Domingo, 26 de enero de 2003 Estoy entusiasmado con la última razón que da George Bush para bombardear Iraq: se le agota la paciencia.¡A mí me pasa lo mismo! Llevo un tiempo bastante cabreado con el Sr. Johnson, que vive dos puertas más abajo. Bueno: con él y con el Sr. Patel, que regenta la tienda de comida naturista. Los dos me miran mal, y estoy seguro de que el Sr. Johnson planea algo horrible contra mí, aunque aún no he podido descubrir el qué. He estado husmeando su casa para ver qué pretende, pero tiene todo bien escondido. Así es de taimado. En cuanto a Patel, no me pregunten cómo lo sé, el caso es que sé de buena tinta- que en realidad es un asesino en serie. He llenado la calle de panfletos explicando a la gente que si no actuamos primero, nos irá liquidando uno a uno. Algunos de mis vecinos dicen que si tengo pruebas, que vaya a la Policía. Qué ridiculez. La Policía diría que necesitan evidencia de un crimen del que acusar a mis vecinos. Saldrían con interminables sutilezas y objeciones sobre los pros y los contra s de un ata que preventivo, y mientras tanto, Johnson estaría finalizando sus planes para cometer actos terribles contra mi persona, mientras Patel estaría matando gente en secreto. Ya que soy el único de la calle con un arsenal decente de armas automáticas, me doy cuenta de que es cosa mía mantener la paz. Pero hasta hace poco ha sido algo difícil hacerlo. Ahora, sin embargo, George W. Bush ha dejado claro que todo lo que necesito es que se me agote la paciencia, ¡y ya puedo tirar hacia delante y hacer lo que quiera! Y reconozcámoslo, la política cuidadosamente razonada de Bush con respecto a Iraq es la única manera de conseguir la paz y la seguridad internacionales. La única manera segura de parar a los terroristas fundamentalistas suicidas que amenazan a EE.UU. y al Reino Unido es bombardear algunos países musulmanes que nunca nos han amenazado. ¡Por eso quiero volar el garaje de Johnson y matar a su mujer y sus hijos! ¡Ataquemos primero! Eso le dará una lección. Así nos dejará en paz y dejará de mirarme de esa manera tan absolutamente inaceptable. El Sr. Bush deja claro que todo lo que él necesita saber antes de bombardear Iraq es que Saddam es un hombre desagradable de verdad y que tiene armas de destrucción masiva aunque nadie pueda encontrarlas-. Estoy seguro de que tengo la misma justificación para matar a la esposa y a los hijos de Johnson, que tiene Bush para bombardear Iraq. El deseo a largo plazo del Sr. Bush es hacer del mundo un lugar más seguro, eliminando a los estados peligrosos y al terrorismo. Una intención a largo plazo bien inteligente, porque, ¿cómo diablos se sabe cuándo se ha acabado? ¿Cómo sabrá Bush cuándo ha acabado con todos los terroristas? ¿Cuando todos los terroristas hayan muerto? Pero un terrorista sólo lo es una vez que ha cometido un acto de terror. ¿Qué pasa con los futuros terroristas? Ésos son los que realmente hay que eliminar, porque la mayor parte de los terroristas conocidos, como son suicidas, se eliminan ellos solos. ¿Será acaso que el Sr. Bush necesita acabar con todos los que podrían, quizá, ser futuros terroristas? ¿A ver si es que no puede estar seguro de lograr su objetivo hasta que cada fundamentalista islámico estémuerto? Pero resulta que algunos musulmanes moderados pueden convertirse en fundamentalistas. Tal vez lo único seguro que quepa hacer, según Bush, sea eliminar a todos los musulmanes. Lo mismo pasa en mi calle. Johnson y Patel son sólo la punta del iceberg. Hay docenas de personas en la calle a las que no gusto y que lo digo con el corazón- me miran muy mal. Nadie estará seguro hasta que haya acabado con todos. Mi mujer me dice que a lo mejor estoy yendo demasiado lejos, pero yo le digo que lo único que hago es usar la misma lógica que el Presi dente de los Estados Unidos. Con eso le callo la boca. Igual que le ocurre al Sr. Bush, a mí se me ha acabado la paciencia, y si ésa es razón suficiente para el Presidente, también lo es para mí. Le daré a la calle entera dos semanas -no, diez días- para que salgan a la luz y entreguen a todos los alienígenas y piratas interplanetarios, a los forajidos galácticos y a los cerebros terroristas interestelares, y si no los entregan de buena gana y dicen gracias, bombardearé la calle entera. Tan sensato es esto como lo que se propone George W. Bush. Y al contrario de lo que él pretende, mi política sólo destruirá una calle.

Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones. Tal es el caso de Juan Polti, half-back del Nacional de Montevideo. Como entrenamiento en el juego, el muchacho lo tenía a conciencia. Tenía, además, una cabeza muy dura, y ponía el cuerpo rígido como un taco al saltar; por lo cual jugaba al billar con la pelota, lanzándola de corrida hasta el mismo gol. Polti tenía veinte años, y había pisado la cancha a los quince, en un ignorado club de quinta categoría. Pero alguien del Nacional lo vio cabeceador, comunicándolo en seguida a su gente. El Nacional lo contrató, y Polti fue feliz. Al muchacho le sobraba, naturalmente, fuego, y este brusco salto en la senda de la gloria lo hizo girar sobre sí mismo como un torbellino. Llegar desde una portería de juzgado a un ministerio, es cosa que razonablemente, puede marear; pero dormirse forward de un club desconocido y despertar half-back del Nacional, toca en lo delirante. Polti deliraba, pateaba, y aprendía frases de efecto: -Yo, señor presidente, quiero honrar el baldón que me han confiado. El quería decir blasón, pero lo mismo daba, dado que el muchacho valía en la cancha lo que una o dos docenas de profesores en sus respectivas cátedras. Sabía apenas escribir, y se le consiguió un empleo de archivista con cincuenta pesos oro. Dragoneaba furtivamente con mayor o menor lujo de palabras rebuscadas, y adquirió una novia en forma, con madre, hermanas y una casa que él visitaba. La gloria lo circundaba como un halo. «El día que no me encuentre más en forma», decía, «me pego un tiro». Una cabeza que piensa poco, y se usa, en cambio, como suela de taco de billar para recibir y contralanzar una pelota de football que llega como una bala, puede convertirse en un caracol sonante, donde el tronar de los aplausos repercute más de lo debido. Hay pequeñas roturas, pequeñas congestiones, y el resto. El half-back cabeceaba toda una tarde de internacional. Sus cabezazos eran tan eficaces como las patadas del team entero. Tenía tres pies: esta era su ventaja. Pues bien: un día, Polti comenzó a decaer. Nada muy sensible; pero la pelota partía demasiado a la derecha o demasiado a la izquierda; o demasiado alto, o tomaba demasiado efecto. Cosas estas todas que no engañaban a nadie sobre la decadencia del gran half-back. Sólo él se engañaba, y no era tarea amable hacérselo notar. Corrió un año más, y la comisión se decidió al fin a reemplazarlo. Medida dura, si las hay, y que un club mastica meses enteros, porque es algo que llega al corazón de un muchacho que durante cuatro años ha sido la gloria de su field. Cómo lo supo Polti antes de serle comunicado, o cómo lo previó -lo que es más posible-, son cosas que ignoramos. Pero lo cierto es que una noche el half-back salió contento de casa de su novia, porque había logrado convencer a todos de que debía casarse el 3 del mes entrante, y no otro día. El 3 cumplía años ella -y se acabó. Así fueron informados los muchachos esa misma noche en el club, por donde pasó Polti hacia medianoche. Estuvo alegre y decidor como siempre. Estuvo un cuarto de hora, y después de confrontar, reloj en mano, la hora del último tranvía a la Unión, salió. Esto es lo que se sabe de esa noche. Pero esa madrugada fue hallado el cuerpo del half-back acostado en la cancha, con el lado izquierdo del saco un poco levantado, y la mano derecha oculta bajo el saco. En la mano izquierda apretaba un papel, donde se leía: «Querido doctor y presidente: Le recomiendo a mi vieja y a mi novia. Usted sabe, mi querido doctor, por qué hago esto. ¡Viva el club Nacional! ” Y más abajo, estos versos: Que siempre esté adelante el club para nosotros anhelo Yo doy mi sangre por todos mis compañeros, ahora y siempre el club gigante ¡Viva el club Nacional! El entierro del half-back Juan Polti no tuvo, como acompañamiento de consternación, sino dos precedentes en Montevideo. Porque lo que llevaban a pulso por espacio de una legua era el cadáver de una criatura fulminada por la gloria, para resistir la cual es menester haber sufrido mucho tras su conquista. Nada, menos que la gloria, es gratuito. Y si se la obtiene así, se paga fatalmente con el ridículo, o con un revólver sobre el corazón. Publicado en la Revista Atlántida (Argentina, 1918). Este cuento se basa en la historia de Abdón Porte. Fué jugador de Nacional desde 1911 e integró la Selección Uruguaya que ganó el primer campeonato Sudamericano en 1917. Al poco tiempo de ser protagonista de dicho acontecimiento, el Montevideo de entonces se sobresaltó con una noticia imprevista, cuyas ondas han llegado hasta hoy: en el centro del Parque Central, en la mañana del 5 de Marzo de 1918, se descerrajó un tiro. Los amigos asociaron su muerte a una ciega pasión por Nacional. Presintiendo su declinación habría decidido eliminarse, lo que es coherente con las líneas que dejara: solicitó que sus restos fueran sepultados donde descansaban los hermanos Bolívar y Carlos Céspedes (ex jugadores fallecidos por enfermedad), en el Cementerio de la Teja. Horacio Quiroga (Salto 1878. Murió en Buenos Aires en 1937). Uno de los mayores narradores de habla hispana, traducido a casi todos los idiomas. El reconocimiento a su obra se ha ido incrementando con los años. Los arrecifes de Coral (1901), Los perseguidos e Historia de un amor turbio (1908), Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), Cuentos de la Selva (1918), El desierto (1924), Los desterrados (1926), Más allá (1935).