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bigboy85

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Primer post: 7 ene 2016Último post: 5 oct 2018
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El mito de Orfeo y Eurídice
InfoporAnónimo9/21/2018

Este post requiere de lectura. puedes leer mas contenido muy interesante siguiendo a este tipo en tiwtter @RafaelPoulain El mito de Orfeo y Eurídice Orfeo era hijo de Apolo (Y nieto de Zeus) y de Calíope, la musa de la poesía épica. Orfeo nació con un increíble talento para la música. Con una Lira que le regaló el propio Apolo, Orfeo vivió grandes aventuras, incluso acompañó al mítico Jasón y a sus argonautas en la búsqueda del vellocino de oro, varias veces salvó el día como cuando con su música combatió el canto de las sirenas e incluso en una ocasión logró aplacar el furioso mar gracias al poder de su música. Cierto día conoce a una Ninfa llamada Eurídice y se enamora perdidamente de ella. Le escribía canciones y poemas. Y ella correspondió a su amor y se casaron. El amor de la feliz pareja era conocido por todos y había alguien que se empezó a enamorar de Eurídice y a desearla en secreto. Aristeo, otro hijo de Apolo la espío por días y cuando tuvo oportunidad la encontró en el bosque y trató de poseerla. Ella logró huir de Aristeo, se dirigió a ver a su esposo para contarle y que la protegiera cuando de pronto sintió un dolor en el pie. Se revisó y tenía dos pequeños puntos rojos de los cuales salía un pequeño hilo de sangre. La había mordido una serpiente mientras huía. Orfeo salió en su busqueda y la encontró descansando en medio del bosque. Al acercarle a abrazarla se dio cuenta que su amada había muerto y desconsolado se aferró a su cuerpo y lloró profundamente. Todos los días vagaba por el mundo y se sentaba a orillas del río cantando poemas que reflejaban su agonía y dolor. Los dioses y todos los seres del mundo se conmovieron e incitaron a Orfeo a irse a una peligrosa aventura Iría al Hades en busca de Eurídice Lo primero que hizo fue enfrentar a Caronte el barquero, a quien convenció de llevarlo en su barca y cruzar el río Estigia. Así nuestro héroe fue sorteando los peligros del inframundo para poder recuperar a su amada. Luego se encontró frente a frente con el can Cerbero a quien logró derrotar con su música y continuó su camino. Y finalmente se encontró con los señores del inframundo. Hades y su esposa Perséfone. Perséfone y su esposo no iban a permitir que Orfeo se llevara a Eurídice del mundo de los muertos. Orfeo logró convencerlos con una condición, Hades les dijo que podían dejar el inframundo pero no podían volver la vista atrás o de lo contrario, Eurídice se quedaría en la tierra de los muertos para siempre. Y así se reencontraron y juntos cruzaron el hades. El camino fue largo y muy difícil pero Orfeo no volteó en ningún momento a ver a su amada a quien sujetaba firmemente. Finalmente logró salir a la superficie y por fin pudo mirar de nuevo a Eurídice, ambos se vieron de nuevo a los ojos y sonrieron. Orfeo había logrado bajar al mismísimo inframundo para recuperar al amor de su vida. Y de pronto Eurídice se empezó a desvanecer... Orfeo vio con terror que uno los pies de Eurídice aún estaba en la sombra. Había volteado demasiado pronto y ella se fue para siempre. Y lamento decirles que aquí termina la historia de Orfeo y Eurídice. ¿Pero por qué Perséfone y Hades no le entregaron bien a Eurídice? Porque a pesar de todo lo que hizo Orfeo, lo consideraban un cobarde que no amaba realmente a Eurídice. ¿saben por qué? Porque si realmente hubiera sido amor verdadero, Orfeo hubiera muerto por ella para estar juntos en el Hades para siempre. Así que después de este giro en la trama, hemos llegado al final de nuestra historia y sólo me resta decir. Fin.

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El Informe que responsabiliza a Bush y Blair
InfoporAnónimo7/12/2016

El informe que responsabiliza a Blair y Bush con la mentira que desató La guerra de Irak Una investigación de 7 años prueba que Blair comprometió a los ingleses a apoyar bélicamente a Estados Unidos de una manera “prematura” e “injustificada” Por: Laura Riestra * Huffington Post | julio 10, 2016 El ex primer ministro británico Tony Blair declaró la guerra a Irak junto al ex presidente americano George W. Bush “sin haber agotado todas las opciones de paz”. Es más, Blair autorizó la invasión de manera “prematura” e “injustificada” y las consecuencias todavía hoy se siguen pagando. Son las principales conclusiones del informe elaborado por el antiguo funcionario británico John Chilcot, que se ha publicado este miércoles y detrás del que hay siete años de trabajo. Son un total de 12 volúmenes que abarcan del verano de 2001 hasta finales de julio de 2009 y que son el resultado de la evaluación de miles de documentos oficiales, interrogatorios a testigos e interpelaciones a políticos. Estos 12 volúmenes, 2,6 millones de palabras, colocan, en definitiva, el peso de la responsabilidad de esta guerra en Blair y su alianza con Bush. La publicación de este trabajo ha consternado a medio mundo, que ha visto cómo la guerra que marcó un antes y un después en el curso de la historia fue resultado de una serie de decisiones mal tomadas y sin una base consistente. Así lo han defendido, además, las familias de los 179 militares británicos muertos en Irak, que ya evalúan medidas legales contra Blair para procesarle. Eso sí, Chilcot ha querido dejar claro que la comisión a su cargo no era “ni un jurado, ni un tribunal, ni fue concebida para identificar posibles responsabilidades legales”. Por lo tanto, asegura que con su informe no quiere culpar directamente a Tony Blair, pero sí dejar claro que el por entonces premier británico “sobreestimó su capacidad para poder influir en las decisiones de Estados Unidos”. Consciente del alcance del devastador informe, el ex primer ministro británico ha vuelto a asumir “toda la responsabilidad” -ya pidió perdón el pasado mes de octubre– por cualquier error cometido en la invasión, pero ha alegado que tomó la decisión “de buena fe” y para “el mejor interés” de su país. Es más, ha asegurado que si a día de hoy volviera a darse aquella situación y contara con las mismas pruebas, volvería a tomar la misma decisión. Eso sí, ha reconocido las “divisiones” que la guerra provocó en su país y ha manifestado que sentía “profundamente” el dolor y el sufrimiento de las familias que perdieron seres queridos. Blair ha sido duramente criticado este miércoles por buena parte de los diputados del Parlamento británico, liderados por el laborista Jeremy Corbyn, que ha definido la guerra de Irak en 2003 como un “acto de agresión militar” basado en un pretexto “falso”, frente a una postura más moderada como la del actual primer ministro, David Cameron, que ha abogado por aprender de los “errores del pasado”. John Chilcot, que empezó el informe por encargo del ex primer ministro laborista Gordon Brown, ha recordado durante la presentación oficial de su trabajo que el propósito del mismo ha sido “considerar el periodo que abarca desde la gestación del conflicto en Irak, la acción militar hasta sus secuelas”. Y estas son sus principales conclusiones. Blair autorizó la invasión de Irak en 2003 con pruebas de inteligencia “no justificadas” y sin haber agotado la opción pacífica. EEUU y Reino Unido socavaron la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU, porque presionaron para la acción militar cuando las alternativas de resolución sin recurrir a la fuerza no se habían agotado La información de inteligencia para justificar la guerra fue “defectuosa”. Blair presentó como ciertas unas pruebas “no justificadas” sobre la posesión de armas de destrucción masivas. Las consecuencias de la invasión fueron subestimadas a pesar de las “advertencias explícitas” al respecto. Blair sabía que la invasión de Irak haría de Reino Unido un lugar menos seguro, convirtiéndole en un objetivo para Al Qaeda. Blair también fue informado de que al invadir Irak, era muy probable que cayeran en manos de terroristas armas empleadas en la guerra. Las negociaciones que el Ejército británico llegó a mantener con milicias locales para evitar ataques fueron “humillantes”. La planificación de la situación de postguerra en el país árabe fue “totalmente inadecuada”. El entonces presidente iraquí, Sadam Husein, no suponía una amenaza antes de marzo de 2003, como dijo en su día Blair en el Parlamento británico. Hubo “poco tiempo” para preparar las brigadas antes de ser enviadas a Irak. El gobierno no logró los objetivos que había anunciado previamente a la invasión. La invasión y posterior inestabilidad en Irak ha causado, hasta julio de 2009, “la muerte de al menos 150.000 iraquíes, y probablemente más, la mayoría de ellos civiles”. Más de un millón de personas fueron desplazadas en 2009. La guerra de Irak ha tenido consecuencias hasta hoy. La acción militar pudo haber sido necesaria en algún momento, pero no lo era en 2003. link: https://www.youtube.com/watch?v=QZvZj8Lhkow Hay otro asunto clave que el informe revela: Blair prometió en 2002 a Bush apoyo “incondicional” para invadir Irak. Así queda demostrado en las 29 cartas y notas que se han difundido este miércoles junto al informe, que se intercambiaron entre 2001 y 2007 ambos líderes, que acabaron formando una coalición militar, junto con José María Aznar, para atacar Irak y derrocar Sadam Hussein. Eso sí, sólo se han publicado las palabras del ex primer ministro británico y el informe descarta que hubiera “un pacto de sangre” entre Bush y Blair forjado en abril de 2002, cuando el exmandatario británico visitó a su socio por primera vez en su rancho de Crawford, en Texas. De estas notas y cartas lo que se extrae es que Blair, que gobernó entre 1997 y 2007, admite que no está seguro de poder conseguir respaldo en Reino Unido para el plan de Bush de atacar a Hussein por cualquier medio, ni siquiera en su propio Gobierno. “Si ganamos rápido, todo el mundo será nuestro amigo. Si no ganamos y no se han implicado antes, empezarán las recriminaciones”. Es más, en marzo de 2003, llega a decir que los que se manifiestan contra la guerra “defienden” a Sadam. “La opinión pública en Estados Unidos está simplemente en otro planeta respecto a la opinión pública en Europa o en el mundo árabe”, prosigue entonces Blair. El ex primer ministro pone de manifiesto también su preocupación sobre cómo justificar ante el resto del mundo la guerra, de ahí que aluda a una “campaña pública” unida. Es ahí donde entra en juego José María Aznar, que aparece mencionado en el informe un total de 17 veces, con quien se pacta esa foto de “unidad”, escenificada en Las Azores. Así, en el informe se recoge cómo Blair, consciente de que EEUU quería ir a la guerra sí o sí, acuerda con Aznar perseguir una estrategia de comunicación que mostrara que ellos habían hecho todo lo posible por evitarla. Captura del informe en el que se hace referencia al plan de Blair y Aznar En el aire queda qué consecuencias tendrá este informe, si es que las tiene, más allá de las disculpas públicas de Blair. Lo que está claro es que, de momento, se han abierto heridas del pasado. *Publicado originalmente en el Huffington Post

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La verdadera historia de Drácula
La verdadera historia de Drácula
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/5/2018

Este post requiere de lectura. puedes leer mas contenido muy interesante siguiendo a este tipo en tiwtter @RafaelPoulain La verdadera historia de Drácula Pongan atención que hoy les voy a contar la verdadera historia de Drácula. Como algunos saben, Drácula, la novela del irlandés Bram Stoker está basada en la vida de un personaje real, ya hablaremos más adelante del libro, por lo pronto hablemos del verdadero y terrible ser que inspiró la novela. Nuestra historia empieza en 1431 en La actual Rumania, cuando nace el hijo del príncipe Vlad II. En targoviste. Vlad II era descendiente de Vlasarad el grande, fundador del estado de Valaquia. Su padre Mircea murió y al no haber claras leyes de sucesión, Vlad II y su hermano se van a la guerra y luchan entre sí por el trono. Vlad II derrota a su hermano y debido a sus sus hazañas es llamado a Nuremberg por el emperador Segismundo del sacro imperio, para recibir un honor único; nombrarlo miembro de la orden del dragón. Una orden de caballeros que protegía el cristianismo. Vlad II tuvo 3 hijos, Al primero lo llamó Mircea II, al segundo lo llamó Vlad III, y al menor Radú. Pero algo inesperado iba a cambiar el destino del príncipe Vlad... El emperador Segismundo murió. Vlad II no pudo proteger más los intereses de Valaquia y pidió a los turcos-otomanos que no atacaran sus tierras, el sultán Murat II aceptó el tratado de no agresión a cambio de que Vlad II le entregara a sus dos pequeños hijos como rehenes. A los 11 y 8 años, Vlad III y Radu fueron llevados con el sultán, cuando finalmente los dejan ir, Radu se niega, se había hecho amigo de Mehmed II, que sería el nuevo sultán (algunos dicen que hasta amante) y Vlad se regresa solo a casa, jamás perdonaría la traición de su hermano El joven Vlad III estaba ansioso por regresar a casa, pero al volver descubre que su padre había sido traicionado y asesinado por los boyardos (nobles), a su hermano Murad le habían sacado los ojos y lo habían enterrado vivo. Vlad III estaba desamparado. Durante 8 años vagó, por Transilvania buscando apoyos, años después los campesinos afirmarían que en ese peregrinar aprendió muchas artes oscuras, al aparecer de nuevo en Valaquia, el joven Vlad había cambiado, se había vuelto un ser temible. Su papá estaba tan orgulloso de ser miembro de la orden del dragón que se hacía llamar Vlad “Dragón”, así que Vlad eligió en honor a su padre el nombre con el que se le conocería, “Vlad el hijo de dragón” o en el antiguo rumano: Vlad Draculea. Y aquí viene lo bueno.. Algunos se refieren erróneamente a Vlad Draculea como Vlad “Tepes” o Vlad “El empalador”, pero jamás se le llamó así en vida, en realidad siempre fue Vlad Draculea y no fue hasta años después de su muerte que cronistas otomanos lo llamaron Vlad “Tepes”. (Se pronuncia Tepesh) Incluso han sobrevivido hasta nuestros días, cartas del puño y letra del mismismo Vlad, firmadas como “Draculea” o “Dracul” En 1456 vuelve a gobernar en Valaquia apoyado por húngaros, y ejecuta al antiguo gobernante en la plaza pública, justo en el mismo lugar en el que ese mismo personaje ordenó la muerte de su padre. Pero faltaba su venganza contra los boyardos (nobles) En 1459, Vlad Draculea invitó a los boyardos (los que asesinaron a su padre y hermano) a una cena, cuando llegaron sus guardias entraron y capturaron a los nobles. Empalaron a los viejos y a los jóvenes los esclavizó y obligó a construir su castillo hasta que murieron de hambre. Algunos pueblos no estaban de acuerdo con sus políticas y se negaban a rendirle tributo, marcharon contra él pero al acercarse a su castillo huyeron despavoridos porque vieron miles de cuerpos de hombres, mujeres y niños empalados que habían osado retarlo. En una ocasión un grupo de 300 gitanos entraron sin permiso en sus tierras, Vlad mandó a sus soldados a que los atraparan y asó a la mitad de ellos, luego ordenó a la otra mitad que se comieran a sus amigos o sufrieran el mismo destino. En otra ocasión invita a todos los pobres y enfermos de Valaquia a su castillo en Tergoviste, les dice que nadie debe pasar hambre y les da de comer, luego pregunta si tienen frío, todos asienten y Vlad ordena quemarlos a todos en el acto. Así terminó con la pobreza en su reino. No existía el robo en sus tierras, se dice que para demostrarlo puso en el centro de la plaza un balde de oro para sacar agua del pozo, era tal el terror que merecía su fama que nadie se atrevía a robarlo. Pero aún así se sabe que hubo unos valientes que se atrevieron a robar en las tierras de Draculea. Un comerciante florentino que viajaba por sus tierras fue robado luego se acercó a Vlad a pedirle justicia y le describió a los ladrones que robaron su bolsa de oro. A la mañana siguiente los cuerpos de los ladrones estaban empalados y Draculea llamó al comerciante y le entregó la bolsa que le habían robado, el comerciante contó el dinero y Vlad le preguntó si estaba todo. El comerciante estaba aterrado, Draculea lo miraba fijamente. El comerciante con miedo le respondió que estaba mal el contenido y Draculea se levantó rápidamente hacia él. “Sobra una moneda” dijo el comerciante. Y Draculea se echó a reír y le dijo: mira esos cuerpos empalados comerciante, tu honradez te ha salvado, si te hubieras quedado con la moneda, ahora les estarías haciendo compañía. Pero quizás el acto más terrible de Vlad, el que años más tarde ayudaría a formar el mito del vampiro, sería lo que hizo en Brasov... Y es que debió ser un pueblo lleno tontos, (o locos) para saber de la fama de Vlad y aún así desafiarlo. Y es que sus habitantes se habían negado a pagar el tributo que exigía la ley, Vlad asaltó la ciudad y quemó una parte de ella (habitantes incluidos), después ordena empalar a TODOS los demás en forma de círculo (por alguna razón Vlad siempre empalaba y hacía formas geométricas) Para los que no sepan qué es el empalamiento, es o era (espero) un castigo que consistía en engrasar una larga estaca de madera, se atravesaba con ella a la victima por el costado, ano, boca o vagina hasta que muy, pero muy lentamente, la victima era atravesada totalmente y moría Así pues, cuando la gente de Brazov estaba agonizante sufriendo el empalamiento y muriendo lentamente, Vlad ordenó que en medio del círculo y a modo que los moribundos le vieran, le instalasen una mesa y en ella se puso a desayunar tranquilamente a la vista de los empalados. Hay panfletos que han llegado hasta nuestros días (aproximadamente 12) que se repartieron en ciudades enemigas, donde lo describían como un terrible tirano, un demonio que bebía la sangre de sus enemigos. ¿Pero saben quién lo admiraba y le dio un premio?... El Papa! Le bendice, reconoce su valía y le declara protector del cristianismo afirmando que si bien era un gobernante duro, era justo y no menos cruel que otros personajes de la época, además sólo protegía con fiereza sus tierras (y al cristianismo) de los Turcos- Otomanos La guerra contra los turcos no empezaría hasta años después, cuando Vlad Draculea que al parecer no le temía ni al poderoso imperio otomano, se niega a pagar tributos al enterarse de ello, el sultán Mehmet II le declara la guerra. El sultán cambió de idea y le pidió a Draculea que fuera al puerto de Giurgiu a tratar con sus dos embajadores un conflicto de fronteras. pero era una trampa, cuando Vlad llegó, descubrió que estaba infestado de soldados, una mitad trataba de capturarlo y la otra de matarlo Pero no pudieron, Draculea sobrevivió y sus hombres capturaron a muchos soldados, todos fueron empalados, mientras que a los dos embajadores los dejaron con vida en la frontera de los turcos. Pero antes de eso le cortó las manos y las piernas a ambos. Se dice que Draculea envió como advertencia sacos en donde puso las 24 mil narices y orejas de los hombres del ejército que el sultán envió a derrotarlo Entonces Mehmet II reunió un gran ejército que triplicaba al de Vlad y se dirigió él a conquistar y destruir Transilvania. Vlad, los atacó con una guerra de guerrillas, se escondió en los bosques y poco a poco iba atacándolos, lo hacía de noche y al amanecer los campamentos turcos estaban rodeados de cuerpos empalados, cada día le tenían más terror a Draculea, le llamaban “El demonio” En cierta ocasión, el ejército del sultán tuvo que atravesar un campo de 3 kilómetros lleno de cuerpos empalados, pero eso no era todo, Vlad quemaba pueblos, envenenaba ríos, mandaba enfermos a contagiar a los enemigos no había forma de detenerlo, el miedo se respiraba en el aire Cada día la leyenda de Draculea crecía, el propio sultán Mehmet II, que era un hombre curtido en batalla y con fama de cruel, estaba tan aterrado que se regresó a su país, pero deja el ataque en manos de un gran amigo suyo. Radu, el hermano de Draculea. Los boyardos habían planeado su venganza, falsificaron cartas donde decía no creía en el cristianismo y planeaba apoyar a los turcos. Nada más lejos de la verdad, pero traicionado, tuvo que huir, de pueblo en pueblo en donde los campesinos gustosos le acogían y ayudaban. Vlad logró llegar a su castillo pero ejércitos turcos lo rodearon, su esposa al ver a los ejércitos comandados por Radu, se arrojó desde la ventana de la torre del castillo para que no la capturaran. Draculea luchó fieramente, pero el castillo cedió y fue apresado. Vlad terminó encarcelado en la misma torre de la que se arrojó su esposa, pero juró que algún día se vengaría de esos hombres, especialmente de su hermano que era el nuevo príncipe de Valaquia. Durante 10 años Vlad estuvo encerrado, se dice que pasó ese tiempo empalando ratas, y toda clase de bichos y animales que entraran en su celda, su hermano murió y llegó un nuevo príncipe, y los boyardos olvidaron al demonio en una vieja celda. Pero de pronto, Vlad apareció en Hungría, había logrado huir, se casa con una princesa y regresa a Transilvania con un ejército nuevo, con el que rápidamente recupera su castillo, su poder y asesina al príncipe que ocupaba su lugar. Draculea estaba de regreso. Se dirigió a enfrentar a los turcos, sus grandes enemigos, pero nunca pudo alcanzar la gloria, murió en causas misteriosas, algunos dicen que fue asesinado por sus propios hombres, otros por un asesino a sueldo enviado por el sultán. El punto era que Draculea había muerto. La tradición dice que los monjes se llevaron el cuerpo de ese defensor del cristianismo, al monasterio de Snagov Su cabeza la llevaron al sultán para que se cerciorara de que había muerto. En 1930 se excavó el lugar donde estaba enterrado el cuerpo de Vlad pero ¿qué creen? ¡¡¡No estaba el cuerpo de Draculea!!! Hasta la fecha no se sabe dónde quedó, algunos dicen que en Rumania, otros que en Nápoles, y bueno algunos dicen que alcanzó la inmortalidad El mito del vampiro fue creciendo entre el pueblo (especialmente aleman) hasta que un día... En 1897 Bram Stoker escribió una novela llena de erotismo y misticismo acerca de un personaje basado en Draculea. Un personaje que también era un noble, que también había peleado contra los turcos, que también vivió en Transilvania, con poderes místicos y casi inmortal: Drácula Y con el libro, el mito del vampiro renació, luego con la llegada del cine el mito se arraigó en el mundo creando la imagen del vampiro, ese ser que vive con aristocracia y frialdad en las sombras, que está entre la vida y la muerte, un ser misterioso seductor y elegante. Aunque las leyendas de las aldeas de Transilvania dicen que Vlad al ser traicionado por los cristianos, hizo un trato con el diablo, y a cambio obtuvo la vida eterna para poder vengarse (por eso el miedo a la cruz) ¿Pero saben por qué esa historia no puede ser cierta? La razón es simple; y es que si el terrible Vlad Draculea siguiera entre nosotros, leyera Crepúsculo y descubriera lo que hicimos con su legado, ya nos hubiera venido a empalar a todos. Fin.

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Ellas tocaron un pene por primera vez…
Ellas tocaron un pene por primera vez…
OfftopicporAnónimo1/7/2016

¡Y les gustó! ¿Qué sucede cuando un grupo de lesbianas toca un pene por primera vez? Asombro, curiosidad, pena… de todo un poco. El canal de youtube “BriaAndChrissy” creó esta experiencia única en la vida para estas chicas quienes se aventuraron en las desconocidas partes íntimas de un voluntario. El resultado aquí abajo prepárate para sentir pena ajena link: https://www.youtube.com/watch?v=HsXypbRwEH0

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Porno!!! Historia de mi propio aborto por Virginia Mayer
Porno!!! Historia de mi propio aborto por Virginia Mayer
OfftopicporAnónimo10/28/2016

¿Qué pasa por la cabeza de una mujer que toma la decisión de abortar? ¿A quién acude? ¿Cómo asume el procedimiento? ¿Cómo cambia su vida? Una escritora lo vivió en carne propia y, a modo de catarsis, decidió escribir este testimonio, que es también la historia de miles de mujeres en Colombia. Aburrirse es peligroso. Ese viernes que volví a bajar Tinder y me encontré con Chaves, estaba aburrida. Nos conocimos al día siguiente en un BBC, y no solo no era el de la foto, sino que tenía otro nombre. Era más alto que yo, su voz hacía que se me pararan los pezones y tenía una cara muy guapa. Me tomé cuatro gin and tonics dobles y no me acuerdo del primer polvo. Recuerdo el de la mañana siguiente. Nunca usamos condón. Tengo ovarios poliquísticos, por lo que un embarazo es casi imposible. El fin de semana siguiente nos volvimos exclusivos y nos dedicamos a follar. Me sentía millonaria. Chaves no tenía nada que ofrecer, no me iba a enamorar de él. Además, me advirtió que jamás se enamoraba y que se aburría con frecuencia. Dos meses más tarde terminamos una historia que nunca comenzó. No me llegaba la regla hacía 15 días, lo que, con mi diagnóstico, es normal. Pero, por paranoica, me hice dos pruebas de embarazo caseras que salieron negativas. Dos semanas después aún no menstruaba. El miércoles a las 7:00 de la mañana oriné sobre otra prueba y me quedé empelota sentada en el inodoro a esperar. Luego de un par de minutos, salió una rayita borrosa y, al lado, una segunda más marcada. Pensé que la primera se iba a desaparecer, pero se marcó más y más y quedaron dos rayitas. Estaba embarazada. Sentí que comenzaba a deslizarme por un rodadero infinito. Mi vieja me acompañó al laboratorio Idime, donde la enfermera que me sacó sangre me felicitó, y yo comencé a llorar con honda tristeza. El resultado del examen lo entregaban el día siguiente —jueves— a las 2:00 de la tarde. Pasé la tarde dormitando y llorando donde mis viejos, que me cubrieron con amor y me prometieron que era lo mejor que podía pasarme en la vida: “Siempre has dicho que quieres una historia de amor, ¡Dios te la regaló!”. Esa noche, volví a hacerme una prueba en mi casa. Embarazada. El jueves a las 2:00 en punto supe que llevaba seis semanas preñada —las mismas que llevaba con diarrea—, y volví a llorar. Decir que estaba confundida no le hace justicia a lo que me estaba pasando. Era como si hubiera metido la cabeza en una campana y le hubieran dado un martillazo muy hijueputa. Mi vieja me hablaba de Dios, y yo, que no creo en nada, pensaba que debía de ser que la naturaleza había puesto esa vida en mí. Todavía envenenada por la nebulosa del amor y la aceptación de mi familia, pensando que iba a tener ese hijo, lo llamé Valerio Chaves. Aunque el semental no tenía ni 100.000 pesos al mes para aportar a la causa y tampoco estaba dispuesto a vivir conmigo y ayudar, yo quería que mi hijo tuviera un papá presente. Chaves nunca vino a mi casa a dar la cara. Aunque un hijo no le convenía, pues no tenía cómo mantenerlo, estaba en contra del aborto. Se opuso a todos los nombres que propuse, le parecían ridículos. A pesar de que todo el tiempo esperé despertarme de esa pesadilla, el viernes, en un intento por terminar de convencerme de que era real e iba a pasar, les conté a mis tías las Rodríguez, quienes recibieron la noticia con la misma emoción que mis viejos. Y yo seguí llorando con infinita tristeza. Desde el miércoles había cambiado la Trazodona que uso hace años para dormir por Hidroxicina —pues esta última sí se puede tomar durante el embarazo— y me levantaba llorando unas seis veces por noche. Me preguntaba qué estaba haciendo. Me comparaba con la productora que se sienta frente a mí en el trabajo, que tenía cinco meses de embarazo y un novio que se iba a vivir con ella. También remplacé el Omeprazol por Sucralfate —también apto para embarazadas— y volví a soportar la acidez que no sentía hacía casi cinco años. Ya no podía tomar Tramadol para mi artritis, y el Acetaminofén seguía derecho, inútil. Me dolían la espalda y la pierna izquierda, pero mi mamá me aseguraba que había mujeres que habían tenido hasta quimioterapia durante el embarazo, y entonces no me quejaba en voz alta. El sábado amanecí llorando. Mi vieja me había dicho que me tocara la barriga y le dijera que lo amaba, pero era incapaz de hacerlo. Lloraba y lloraba. A la 1:00 de la tarde, mi vieja llegó a hacerme un caldo porque no podía pararme de la cama. El alma me pesaba más que la gordura. Cuando me quedé sola, seguí llorando y quemándome la cabeza. Llegó el domingo. Me sentía muy confundida, no estaba segura de que la mejor idea fuera tener ese hijo. Hablé con mi hermano y con mi gran amiga. Ellos me hicieron preguntas que lograron que, por primera vez, comenzara a pensar en mí misma con claridad, y ya no en lo que querían mis viejos, impulsados por sus buenas intenciones, su infinito amor y sus creencias. No quería tener ese hijo. No quería que crecieran mis megatetas, no quería engordarme más, no quería estar embarazada, no quería parir ni quería una cesárea, no quería una epidural sin anestesia, no quería amamantar, no quería sacrificar mi sueño, no quería tener que dejar de fumar, no quería ser responsable de un hijo durante el resto de mi vida. No quería tener que dejar los remedios que lograban que mi vida no se viera, realmente, afectada por los síntomas. No quería tener que pasar por el embarazo sin Chaves, ni tener que criar un hijo sin él. No quería tener que mantenerlo sola y convertirme en una carga imposible para mis papás, con quienes acababa de comprometerme a ayudarlos económicamente. Quería continuar siendo libre, estando sola, luchando por mí misma. En últimas, no quería ser mamá. Cuando colgué con mi hermano y con mi gran amiga, ya había tomado una decisión: no tendría ese hijo. Y entonces me volvió el alma al cuerpo. Hablé con mis papás, que estaban en absoluto desacuerdo. Dijeron que era más fuerte su amor por mí, pero no querían saber nada al respecto. Mi amigo el ginecólogo me sugirió que llamara a Oriéntame (una clínica que brinda servicios médicos y de orientación para la atención y prevención en salud sexual y reproductiva), y el lunes mismo, mientras iba rumbo al trabajo en la mañana, llamé y concreté una cita para esa tarde. Cuando le conté a Chaves qué había decidido, dijo que no estaba de acuerdo, y nunca volvió a aparecer. Ni siquiera llamó para averiguar si había muerto mientras abortaba con un gancho de ropa en una clínica de garaje. Nada. Llegué con mi mejor amigo a la clínica, a una sala de espera donde había otras dos parejas que esperaban con semblante muy serio, casi triste. Todo era limpio, impecable y moderno. Además de los condones gratis en un recipiente de vidrio, nada indicaba que se tratara de una clínica. Pagué 750.000 pesos en la recepción. Ese costo incluye una entrevista con una psicóloga, una consulta con un médico general que hace una ecografía, el método que se elija para interrumpir el embarazo y el sistema acordado para planificar. Sin embargo, se maneja un sistema de tarifas diferenciales, pues una mujer de estrato 1 o 2 jamás podrá pagar lo que puede pagar una de estrato superior. La entrevista con la psicóloga —que se llevó a cabo en una habitación de no más de 3 metros cuadrados, paredes blancas, con un sofá, dos sillas y un escritorio con computador— se demoró casi una hora, en la que se concluyó que se me podía practicar un aborto de manera legal. La sentencia C-355 de 2006 de la Corte Constitucional determina que existen tres causales para practicarse un aborto: 1. Que se haya diagnosticado una malformación en el feto que haga inviable su vida. 2. Que haya quedado embarazada como consecuencia de violación o una inseminación artificial no consentida. 3. Que el embarazo ponga en riesgo —o ya esté afectando— el completo bienestar físico, mental o social. Por mi edad —38 años—, y porque tengo ovarios poliquísticos, el mío habría sido un embarazo de alto riesgo. Además, tengo artritis degenerativa en la espalda baja y sufro de enfermedad de Crohns (un trastorno autoinmune que se basa en la inflamación crónica del intestino bajo, para el que estoy medicada). Además, en ese momento me estaban haciendo exámenes para determinar qué grado de hipotiroidismo tenía y llevaba cuatro meses tomando Levotiroxina. Todo esto determinó que la causal de riesgo para la salud o la vida de la madre me amparaba. Le expliqué a la psicóloga la coyuntura de mi embarazo, que había decidido hacía muchos años que no quería ser mamá y que luego había descubierto que —teóricamente— no podía quedar embarazada. Le conté sobre el texto de opinión que escribí para la nueva revista LGBTI Milk, donde doy argumentos que apoyan la adopción en lugar de la reproducción. Le dije que lo escribí sin saber que estaba embarazada. Después, me vio un médico que confirmó mis seis semanas de preñez y me ofreció dos opciones: dos pastillas que podría tomarme en mi casa y abortar sobre una serie de toallas higiénicas o un aborto por aspiración: una intervención quirúrgica ambulatoria que me harían al día siguiente. Elegí la segunda opción, porque dijeron que podían sedarme durante el procedimiento, por lo que pagué 185.000 pesos más. De esa forma no tendría conciencia sobre el suceso y ninguna memoria al respecto. La idea de abortar en mi casa —y quizá encontrarme con un pedazo de ese feto que mi imaginación pudiera definir— me pareció demasiado sádica, entonces, opté por la alternativa más fácil. No investigué sobre el procedimiento que me iban a realizar, no quise tener ese nivel de conciencia sobre lo que iba a hacer. Ya tendría tiempo después. El martes a las 2:00 de la tarde, y en ayunas, llegué a la clínica con mi mejor amigo. Nos sentamos en una sala de espera llena de gente que no sonreía y un televisor prendido. Una hora después me dieron un antibiótico muy fuerte, que debía continuar tomando durante cinco días. A las 4:00 casi me desmayo, entonces, me hicieron pasar a una sala donde descansaban las mujeres que acababan de abortar, me acostaron en una camilla y me cubrieron con una cobija de lana. En cuestión de unos 20 minutos me hicieron desvestir de la cintura para abajo y me dieron una bata azul para cubrirme. Debí esperar en una salita junto a una mujer que, a pesar de sus ovarios poliquísticos y la vasectomía de su marido, había vuelto a quedar embarazada. Llegó mi turno, y otra enfermera con la misma disposición amable, casi dulce y muy profesional, como las anteriores, me hizo pasar a una sala pequeña. Había una de esas sillas de ginecología en las que se encaraman los pies con la cola bien adelante y quedan las piernas abiertas, como un pollo. Como un pollo en un asadero. Odio esas sillas con toda mi alma, y debí relajarme y respirar hondo, tratando de no llorar, antes de acomodarme. Acababan de pincharme tres veces —dos en los brazos y una en la mano— en busca de una buena vena para la anestesia y yo ya comenzaba a imaginar que era un castigo kármico. La doctora que practicaría el aborto, una enfermera y la anestesióloga estaban en la sala. Me pusieron una máscara en la cara y comencé a llorar. Me desperté diez minutos más tarde. Ya no estaba embarazada. Me pidieron que me pusiera los calzones y una toalla higiénica, y me llevaron de vuelta a la salita de las abortadas. Me cubrieron con una cobija que olía a limpio y me trajeron una aromática de frutos rojos con la que me calenté las manos. Nos pidieron que revisáramos la toalla higiénica, y yo encontré una manchita de sangre. Nos advirtieron que durante los siguientes días podíamos sangrar. Algunas —como yo— sangraríamos quizá una semana más tarde. Sería como una menstruación fuerte. Teníamos que tomarnos la temperatura cada ocho horas durante siete días y, en caso de fiebre, debíamos llamar a la clínica a cualquier hora. Una citología posterior no era necesaria, porque todo había salido bien durante el procedimiento, pero si aun así queríamos, sugerían hacerla al menos dos meses después. Dijeron que debíamos esperar mínimo tres días para tener relaciones sexuales y usar condón para evitar una infección. ¿Follar? Semanas después de haber abortado, todavía me produce impresión la idea de ser penetrada. Media hora más tarde, alrededor de las 6:00, salimos de ahí con mi amigo rumbo a Chapinero, a comer. Ya no tenía hambre, pero me sentía débil. Entonces me comí el mac and cheese más triste que me comeré en la vida. Me sentía aliviada, segura de que ese estado era el ideal, pero el bajón de la anestesia fue duro y me sentía muy sola. Quería que mis viejos me consintieran, como lo hicieron mientras creyeron que iba a tener ese hijo, pero no podía llamarlos. Mi amigo también se quedó a dormir en mi casa esa noche. Por primera vez, no quería dormir sola en mi apartamento. Pocos días después, hablé con mis viejos, que me dieron el abrazo que necesitaba. Y todo es amor. A pesar de estar convencida de que tomé la mejor decisión para mi vida, durante las semanas que han pasado desde que aborté, la tristeza a veces se me instala en la garganta y vuelvo a llorar con profundo dolor. Sé que estoy pasando por un bajón hormonal muy bravo, pero la melancolía es real. Tengo conciencia de que manipulé el destino y apagué una vida, pero elegí la mía. Ya investigué sobre el aborto por aspiración y tengo absoluta conciencia sobre lo que hice. Este texto —como todos los míos— es una catarsis. Es también un homenaje a Valerio Chaves. Una forma de asumirlo y honrarlo, de darle un espacio en mi vida. Tengo que contarles que existe una opción segura, un lugar al cual ir a que los asistan, donde nadie juzga a nadie, donde no se corre peligro y donde se opera dentro del marco de la ley. No sé si en unos años me arrepienta de lo que hice, no sé si entonces me provoque tener un hijo y adopte. Por el momento, estoy considerando ligarme las trompas de Falopio, porque no quisiera tener que volver a pasar por un aborto. Le prometí a la doctora de Oriéntame que no volverían a verme. Que así sea. @virginia_mayer

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