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Primer post: 17 jul 2010Último post: 17 jul 2010
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Principios elementales del Socialismo (Segunda Parte)
Principios elementales del Socialismo (Segunda Parte)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/17/2010

Les dejo un libro "Principios elementales del Socialismo" de Leo Huberman , es excelente , y les va a sacar todas las dudas sobre lo que es y lo que plantea el socialismo. Aparte de hablar de las deficiencias del capitalismo . Saludos!! Segunda Parte LA ACUSACIÓN SOCIALISTA DEL CAPITALISMO 9.— El Capitalismo es Destructivo e Ineficiente El aumento de la potencia del hombre para producir debería haber resultado en la abolición de las privaciones y de la miseria. Pero no ha sido ése el resultado, ni siquiera en los Estados Unidos, el país capitalista más avanzado y rico del mundo.En los Estados Unidos, así como en cualquier otro país capitalista, incluída naturalmente la Argentina, existe hambre en medio de la abundancia, pobreza extrema en medio de la riqueza.Tiene que existir algo fundamentalmente malo en un sistema económico caracterizado por tales contradicciones.Efectivamente, algo anda mal. El sistema capitalista es ineficiente y destructivo, irracional e injusto.Es ineficiente y destructivo porque aún en aquellos años en que funciona en su mejor forma, una cuarta parte de su mecanismo productivo permanece ocioso.Es ineficiente y destructivo porque periódicamente está en crisis, en inflación o en deflación. Y cuando llega la crisis, no ya un cuarto, sino más de la mitad de la capacidad productiva se paraliza. En la crisis de 1930 la miseria más espantosa se paseaba por los EEUU y, en mayor o menor medida, los demás países capitalistas. Todos estamos familiarizados con la inflación y con la cesantía periódica. En la Argentina, al año 2002 marcó el punto más profundo de la última crisis. Apenas una más en el largo listado de nuestro país, y del resto del mundo capitalista. El sistema capitalista es ineficiente y destructivo porque es incapaz de dar trabajo útil a todos los hombres y mujeres que lo desean, en tanto que; al mismo tiempo, permite que miles de personas, física y mentalmente sanas, vivan sin haber trabajado jamás. Es incapaz de desarrollar los recursos del país, aprovechando la totalidad del potencial humano; es incapaz de resolver la contradicción de que en tanto existen tierras ociosas, existen campesinos sin tierras.Es ineficiente y destructivo porque ocupa un exceso de vendedores, distribuidores, agentes de publicidad y así, por el estilo; que no trabajan en un proceso productivo y distributivo sano; sino en una competencia y riña insana para que algunos compren el dentífrico A en lugar del B, para que compren este jabón en lugar de aquél.Es ineficiente y destructivo porque destina muchos hombres y materiales a la producción de los más extravagantes bienes de lujo, al mismo tiempo que no produce los bienes más elementales para la vida del pueblo.Es ineficiente y destructivo porque en su delirio por aumentar los precios y las ganancias, en lugar de satisfacer las necesidades humanas, permite la destrucción deliberada de las cosechas y de los bienes en general, por ejemplo, cuando sus precios bajan “demasiado”.Por último, es ineficiente y destructivo, porque periódicamente conduce a las guerras implacables que destruyen todo el trabajo de millones de obreros, así como la vida misma del hombre.Esta ineficiencia y destrucción no es un mero desliz que pueda corregirse, sino que forma parte de la naturaleza del sistema capitalista, que no terminará sino cuando el sistema capitalista sea abolido en toda la Tierra.Mientras más desarrollado se encuentre un país capitalista, más se acentúan los males señalados. Durante la depresión del año 1930 hubo momentos, en los Estados Unidos, en que más de 15 millones de hombres estaban cesantes; querían trabajar y no encontraban dónde o se morían de hambre o iban de casa en casa pidiendo limosna, o hacían cualquier cosa para sobrevivir. Hombres, mujeres y niños, en todas las ciudades, formaban enormes colas en las panaderías.Al mismo tiempo que estos millones de desdichados seres humanos necesitaban urgentemente una oportunidad para ganarse lo indispensable para vivir, otros hombres y mujeres, mejor colocados, que nunca habían trabajado antes, ni querían hacerlo, vivían en el confort y el lujo, aprovechándose de su propiedad sobre los medios de producción. Podían vivir en una vergonzosa ociosidad porque el sistema capitalista estaba hecho para permitirles a ellos recibir una renta de sus fábricas que ni siquiera conocían. La pobreza de los muchos que querían trabajar y no podían, se hacía todavía más humillante, porque las riquezas de los pocos se estaban ganando sin trabajar.Cuando el sistema capitalista se ve enfrentado a estas crisis profundas, saca a relucir su conocido plan para resolver el problema.El problema consiste en la miseria dentro de la abundancia. El plan capitalista consiste en abolir la abundancia.A las papas se les arrojó parafina, a fin de inutilizarlas para el consumo humano; en el Brasil, la cosecha de café se quemó en las locomotoras; en otras partes, la leche se echó a los ríos; la fruta se dejó podrir en los árboles.Esta aparente insanidad no es cosa tan de locos como a primera vista parece, por lo menos en el sistema capitalista. En una economía que no tiene la más mínima preocupación de alimentar al pueblo, las papas, el café, la leche, la fruta que el pueblo necesita; en una economía preocupada solamente de elevar al máximo los precios y las ganancias, la restricción de la oferta suele ser el mejor medio de conseguirlo.Pero el derroche más grande del capitalismo es la guerra.Debido a que la economía capitalista funciona muy dificultosamente en condiciones pacíficas, los capitalistas consiguen reavivar la actividad mediante el armamentismo y la guerra. En la guerra, y solamente en la guerra, consigue el capitalismo darles trabajo a sus millones de cesantes, utilizar las máquinas, los materiales, hacer trabajar a todo vapor a la economía.¿Pero cuál es el precio de esta actividad? La destrucción más espantosa. La destrucción de las esperanzas y sueños de millones de seres humanos; la destrucción de miles de escuelas, hospitales, ferrocarriles, puentes, puertos, minas, plantas eléctricas, destrucción de miles de kilómetros cuadrados de cosechas y bosques.Es imposible contar las agonías de los heridos, los sufrimientos los mutilados, e inválidos. Pero sabemos algo respecto al costo monetario de la guerra. Podemos calcular el monto de la destrucción en términos de dólares y pesos. Las cifras indican, fuera de toda duda, que el despilfarro más grande del sistema capitalista es la guerra.La primera guerra mundial costó 200 mil millones de dólares lo suficiente para haberle regalado una buena casa habitación y un pedazo de terreno a cada familia de los Estados Unidos, de Inglaterra. Bélgica, Francia. Austria, Hungría, Alemania e Italia", "...con ese dinero habríamos tenido para financiar todos los hospitales de Estados Unidos por 200 años. Podríamos haber financiado todas las escuelas públicas de los Estados Unidos, por 80 años...".La segunda guerra mundial le costó a la humanidad más de un billón de dólares, más de cinco veces el costo de la primera gran guerra.La guerra del Golfo (1991), costó u$s 58.000 millones, y antes de invadir Irak en 2003, EEUU había hecho un cálculo de entre u$s 100.000 y 200.000, pero consideraba que los beneficios económicos para los capitalistas norteamericanos serían mayores, por lo cual era buen negocio.De ninguna otra manera puede ilustrarse mejor el despilfarro gigantesco del sistema capitalista que en la guerra y el armamentismo. 10.- El Capitalismo es Irracional El sistema capitalista es irracional. Se basa en la premisa que el interés de los capitalistas es el interés de la Nación. Que basta dejar libres a los individuos para que extraigan las ganancias máximas, para que toda la sociedad esté mejor; que la mejor forma de hacer las cosas es dar mano libre a los capitalistas para que hagan tantas ganancias como sea posible, y que, como subproducto del proceso de nacer cosas, las necesidades serán satisfechas.Esta proposición es definitivamente inexacta. A medida que los monopolios empiezan a dominar la economía, reemplazando toda suerte de competencia, la afirmación es menos y menos verdadera. Los intereses de la empresa capitalista pueden o no coincidir con los intereses de la sociedad. Como regla general, con frecuencia están en pugna.El sistema capitalista es irracional, porque en lugar de basar la producción en las necesidades de todos, basa la producción en el afán de lucro de unos pocos.El sistema capitalista es irracional, porque en lugar de aplicar el sentido común ligando directamente la producción a las necesidades, usa el método moderno de ligar la producción a la ganancia, en la vaga esperanza de que en ningún punto coinciden las necesidades con la producción.Todavía más, surge una cuestión muy seria, que impide la convivencia democrática, debido a que un grupo de monopolios tiene en sus manos el poder de decidir, completamente por cuenta propia, y en su propio interés, si las necesidades de la Nación han de ser satisfechas y a que precio. No tiene nada de exagerado decir que en un país donde el pueblo no controla la economía en su propio interés, la democracia económica es suplantada por Ja dictadura económica.Esta dictadura económica, tan peligrosa para el bienestar del país, se acentúa mucho más en tiempos en que arrecian las dificultades económicas, sin ninguna consideración por la suerte del país. Los dictadores económicos insisten en entregar las riquezas del país a los monopolios extranjeros y en saquear al máximo las fuerzas de trabajo del asalariado. Cuando se acerca la crisis, los monopolios se resisten a producir, al menos, en otros términos que los que ellos impongan.Esto se observó con claridad en Argentina, en los meses previos al fin de la convertibilidad (2001), cuando en medio de una prolongada recesión que habría requerido activar la inversión y el consumo, los sectores más ricos de la población, en cuyas manos estaba esta posibilidad, se dedicaron en cambio a fugar su dinero del país apresuradamente.Ellos controlan los recursos naturales, el dinero, ocupan todas las posiciones estratégicas en la estructura económica, son dueños de las fábricas y equipos.En ninguna forma se observa mejor la irracionalidad del sistema que en la falta de un plan: Dentro de una empresa existe un sistema, organización, planificación; pero en las relaciones de esta empresa con otra no existe ningún sistema, ninguna organización, ninguna, planificación, sino simplemente la anarquía.El bienestar de la Nación puede alcanzarse mejor, nos aseguran los monopolistas, no mediante una cuidadosa planificación para este fin, sino que permitiendo a los capitalistas individuales decidir qué les conviene más, en la esperanza de que la suma de todas estas decisiones individuales traerá el bien a la comunidad.Esto, sencillamente, no convence a nadie.El sistema capitalista es también irracional, por cuanto significa la división de la sociedad en clases antagónicas. En lugar de "una nación, indivisible, con libertad y justicia para todos", el capitalismo, por su naturaleza misma, crea dos naciones, divisibles, con libertad y justicia para una clase y opresión e injusticia para la otra. En lugar de una comunidad unificada, con todo el pueblo viviendo en hermandad y en amistad, el sistema capitalista provoca una comunidad desunida, con una clase que trabaja y otra clase rica, cada una combatiendo a la otra por una mayor participación en la renta nacional.La renta de la clase rica, las ganancias, se miran como una cosa buena, puesto que el propósito de la industria es hacer ganancias; la renta de la clase trabajadora, los salarios, se mira como una cosa mala, por cuanto recortan las ganancias (se habla del “costo laboral”). Pese a la palabrería acerca de la "teoría de los salarios altos", ese es el quid del asunto. Las ganancias son consideradas como un positivo bien y deben agrandarse hasta donde se pueda; los salarios son considerados como un mal que hay que reducirlo al mínimo, a fin de bajar los costos.La insuficiencia del poder de compra de los trabajadores, resultante de lo anterior, lleva al estancamiento y a la crisis. Puede haber producción, pero no hay quien la compre. ¿Puede un sistema económico ser más ilógico?Otra irracionalidad que surge del apetito de ganancia, como la fuerza motriz del desarrollo capitalista, es el trastoque de los valores por los cuales vive el hombre.¿Cuál es la guía para conducirse en la sociedad capitalista?Depende.En el mundo de los negocios, impera la dura ley del dinero, nada de contemplaciones cristianas con el vecino: La negociación astuta y envenenada, poner al rival contra la pared y golpearlo hasta aplastarlo; no importa nada como consiguió Ud la riqueza, eso se olvida, pronto —la cuestión es que mientras más riqueza tenga Ud., más hombre de éxito seria considerado.En el mundo de la familia y las amistades, en el mundo de la religión, prevalecen otros estándares. En lugar de competencia y lucha implacable, se habla de cooperación; en lugar del odio, el amor; en lugar de agarrar cuanto se pueda para uno mismo, se habla de servir a los demás; en lugar de encaramarse sobre las espaldas de otro para surgir, se dice que hay que ayudar al colega; en vez de la pregunta ¿cuánto me tocará a mí, se recomienda preguntar ¿tendrán lo suficiente los otros?; en lugar de la codicia de riqueza, se sermonea con servir a los demás.Dos escalas de valores. Una para los negocios, para la vida práctica. Otra para la vida privada, para las sobremesas. Tan diferentes una de otra, como el día de la noche. Esta es la profunda hipocresía de la sociedad capitalista. 11.— El Capitalismo es Injusto El sistema capitalista es injusto.Y tiene que ser injusto porque su piedra fundamental es la desigualdad.Las mejores cosas para la vida que se producen todos los días, en este país, forman una corriente permanente que va a parar a manos de una clase reducida, rica y privilegiada; pero el fantasma de la cesantía, la pobreza degradante, la desigualdad de oportunidades son para la clase pobre, la más numerosa, la que no tiene privilegios.Este es un resultado de la propiedad privada de los medios de producción, la base del sistema capitalista. Otro resultado importante es la desigualdad de libertad personal entre aquellos que poseen medios de producción y los que no los tienen.El trabajador, en teoría, es una persona "libre" que puede hacer lo que se le venga en gana. En la práctica sin embargo, esta libertad está severamente limitada. El trabajador es libre solamente para aceptar los términos opresivos que le ofrece el patrón : Si no los acepta, se muere de hambre.Esto pasa no solamente aquí en Argentina. Lo mismo ocurre en todos los países capitalistas, inclusive en los Estados Unidos, pese a todas las mentiras de la propaganda.La estructura del sistema capitalista es tal, que siempre la mayoría del pueblo se encuentra en un estado indigente, necesitado, y por lo tanto no son libres. Los obreros poseen solamente sus dos manos. Deben comer hoy día con lo que ganaron ayer; antes de los cuarenta años son considerados "demasiado viejos" para trabajar en las mejores industrias; los trabajadores están siempre sujetos a la angustia de perder el empleo.Otra injusticia del sistema capitalista es que él tolera la existencia de una clase parasitaria que, lejos de estar avergonzada de vivir sin trabajar, se enorgullece de ello. Los defensores del sistema capitalista argumentan que aún cuando estos parásitos están ociosos, su dinero no lo está, y que la ganancia que extraen del obrero no es más que la recompensa "por el riesgo" de ese capital.Muy bien. Pero mientras los parásitos arriesgan su dinero, los trabajadores arriesgan su vida. ¿Cuál es la magnitud de los riesgos a que están expuestos los trabajadores? Las cifras son en verdad escalofriantes. No pasa una hora sin que un trabajador argentino no caiga herido, inválido o muerto, todos los días del año, todas las semanas, todos los meses. La mayoría de estos accidentes son evitables, como lo muestra el hecho que un trabajador argentino tiene 120 más posibilidades de morir en accidentes de trabajo que un obrero en Francia[9], país donde el nivel de lucha y de organización social y política de los trabajadores ha obligado a los capitalistas a adoptar medidas de seguridad laboral que también se podrían aplicar aquí, si existiera la voluntad de hacerlo.¿Y cuál es la recompensa que recibe el trabajador por los riesgos a que se expone? Mientras el presidente de una compañía cualquiera, gana grandes salarios sin estar sometido a ningún riesgo, un obrero de la misma compañía, con años de trabajo, generalmente está por debajo de la línea de pobreza.Pero el presidente de la Compañía tiene, por lo menos el mérito de ir a la oficina, aunque sea como figura decorativa. Por lo menos pronuncia discursos. Pero, ¿qué pasa con aquellos que heredan una fortuna y jamás tienen necesidad de trabajar?Es necesario tener claridad respecto a la significación de la herencia en el sistema capitalista. Cuando un hombre hereda cien millones de pesos, éstos no significan una simple suma de dinero de la cual se va sacando todos los días hasta que no queda nada. De ninguna manera es éste el significado.Supongamos, por ejemplo, que la herencia la recibe una persona en forma de un fundo. Los fundos se arriendan, digamos, por una renta igual al quince por ciento de su valor total. Esta significa qué por el simple hecho de recibir una herencia de cien millones, una persona puede tener una renta de quince millones de pesos por año.Y ésto sin hacer absolutamente nada, excepto recibir todos los años el dinero del arrendatario.En otras palabras, de la riqueza que se produce en el país año tras año, hay que separar 15 millones de pesos para los bolsillos del heredero del fundo. Éste gasta 15 millones este año, 15 millones el año siguiente y el subsiguiente. Cuando llega a viejo, muere, y su hijo hereda nuevamente el fundo. El hijo recibe 15 millones todos los años, y los gasta. Hasta que muere, y deja el fundo a su hijo... y así sucesivamente. ¡Y después de generaciones de estar gastando 15 millones cada año, la fortuna todavía está intacta! ¿Quién puede comerse la torta sin que se le acabe? Ya lo sabe usted. Ni el hombre que heredó el fundo, ni su hijo, nieto o bisnieto han tenido necesidad de trabajar el suelo. La propiedad de los medios de producción, en este caso la tierra, los ha convertido en parásitos que viven del trabajo de los demás.Un argumento usual de quienes defienden los “derechos” de los capitalistas es mostrar casos de individuos, hoy muy ricos, que “se han hecho” y han hecho su fortuna “desde abajo”, con su propio trabajo y esfuerzo. Es cierto que existen casos así, si bien son excepcionales, porque la inmensa mayoría de los trabajadores más esforzados, capaces y honestos, jamás llegan a acumular grandes capitales. Por otra parte, ningún individuo, por trabajador y capaz que sea, logra únicamente con su propio esfuerzo, reunir riquezas de una magnitud tal que lo ubiquen en el segmento de los privilegiados que dominan la vida de las sociedades capitalistas.Baste como ejemplo, el caso de Bill Gates –considerado hoy el hombre más rico del mundo- que muchos creen que amasó su fortuna por su gran habilidad para desarrollar software novedoso. En realidad solamente muy pocos de sus primeros pasos tuvieron que ver con sus propios desarrollos, sino que su gran ambición y habilidad para apropiarse (“legalmente”) de aportes ajenos fueron los que le permitieron trepar el resto de la escalera.Estos “self-made men” (hombres hechos por sí mismos) habitualmente construyen un pequeño capital inicial con su propio esfuerzo, pero luego, una vez dueños de una cierta cantidad de medios de producción, es la explotación de sus trabajadores la que les permite multiplicar ese capital inicial.Además, como en realidad la plusvalía no es producida y apropiada aisladamente en cada fábrica, sino conjuntamente en todo un mercado capitalista, y redistribuída luego entre los capitalistas[10], los burgueses que más rápidamente reproducen su capital son los más hábiles en “negocios” y triquiñuelas (a veces “legales”, otras no), que les permitan apropiarse del producto excedente generado por los obreros de otras empresas, es decir explotar a trabajadores de otras fábricas, con los cuales no tiene aparentemente, relación.Los juegos especulativos en la Bolsa, con acciones y títulos, son un ejemplo claro de esto: El especulador que se enriquece súbitamente por una suba de la cotización de sus acciones no obtiene riqueza caída del cielo. En algún punto del sistema hay trabajadores que la han producido y han sido privadas de ella. Todo muy legal, ya aún “legítimo”, para las leyes del Estado burgués.Otra injusticia grosera del sistema capitalista es la desigualdad de oportunidades. Un niño nace en la modesta casa de un obrero que gana, y al mismo tiempo, en el mismo día, nace otro niño en la casa de un millonario. ¿Tienen los dos niños los mismos derechos y oportunidades? ¿Es de la misma calidad el alimentó, la ropa, la habitación de uno y otro? ¿Es similar el cuidado médico, la recreación y la educación que reciben? No sirve de nada responder que Argentina es un país de oportunidades para todos, y que el hijo del trabajador puede surgir por su cuenta. La habilidad e inteligencia ayudan algo; la posición social, la cuna, la riqueza, es lo decisivo. Esto no quiere decir que con habilidad, energía y buena suerte el niño pobre no pueda llegar a ser rico. Puede. Pero las posibilidades para los pobres, como clase, de ser más de lo que son hoy día, de elevarse socialmente, fueron siempre muy precarias, y van disminuyendo día tras día. Muchos estudios demuestran que en los hogares pobres, a causa de la desnutrición como factor central, el desarrollo intelectual de los niños está por debajo del promedio. Donde faltan oportunidades, no es suficiente tener habilidad, y nadie duda que faltan oportunidades. Por ejemplo, una de las oportunidades es la educación. Pero igualdad de oportunidades de educarse no existen en Argentina. Cientos de miles de niños están condenados a la ignorancia todos los años. Otros cientos de miles apenas llegan a las primeras letras. De la desigualdad de oportunidades económicas, mejor no hablar. En un sistema donde el motivo principal de la producción de bienes es obtener ganancias, es inevitable que la ganancia sea considerada lo más importante. Más importante que la vida. Y, efectivamente, es así. Los mineros del carbón saben perfectamente que es así. Los obreros de la construcción, también. Todos lo saben. Lo mismo pasa en todos los países capitalistas, inclusive en Estados Unidos, pese a la propaganda.Aquí tenemos un ejemplo tomado al azar:El 25 de marzo de 1947 hubo una explosión en la mina de carbón Centralia, en los Estados Unidos, en la cual murieron 111 obreros. Estos obreros no tenían por qué morir. Los administradores de la mina sabían que había peligro, por cuanto los inspectores federales y estatales escribieron un informe, advirtiendo a la gerencia de la empresa. El Gobernador del Estado de Illinois, sabía que existía peligro en la mina.Y el Gobernador Dwight Creen lo sabia, porque el 9 de marzo de 1949 recibió una carta de los dirigentes del Sindicato Unido de Trabajadores Mineros, Local No. 52, en que, a pedido de los mineros se escribía. "... Gobernador Green, este es un llamado de auxilio que hacemos a usted, para que por favor salve nuestras vidas, para que obligue a la empresa a poner en práctica las leyes en la Mina No. 5, de la Centralia Coal Co.... antes que tengamos una explosión de gas en esta mina, como la que acaba de suceder en Kentucky y en West Virginia... ". Un año más tarde, tres de los cuatro hombres que firmaron la carta estaban muertos. Muertos en la misma explosión de la cual habían rogado al Gobernador que los salvara.Un comité de investigación gubernativo —naturalmente después de la explosión— le preguntó al gerente de la mina, William H. Brown, por qué no habían instalado un sistema de aspersión.Brown respondió: "Sinceramente creíamos que el sistema no resultaba económico para nuestra mina".—¿Quiere decir usted que no quisieron incurrir en mayoresgastos?—Precisamente eso —respondió Brown, el representante de lospatrones,Dólares versus vidas... y los dólares se impusieron ... 12.— El Capitalismo es una amenaza para el Medio Ambiente Un sistema económico cuyo objetivo es el máximo lucro de las empresasse resistirá al máximo a tomar recaudos para que la producción y la economía en general funcionen de manera sustentable, es decir de modo de tomar los recaudos para que los daños y las alteraciones generados en el medio ambiente, no terminen socavando a la larga las bases materiales (esencialmente el soporte natural), sobre el que descansa ese mismo sistema económico.El capitalismo funciona prácticamente por definición oliendo y evaluando la ganancia inmediata y no los intereses del conjunto social a largo plazo. Cualquier régimen que ignore o minimice la planificación se estructura en torno del cortoplacismo.Por ello los bosques naturales han sido eliminados ya en su casi totalidad en algunos continentes, y su destrucción avanza a ritmo sostenido en otros. En Argentina y Brasil, por ejemplo, la expansión de la frontera agrícola (especialmente con la alta rentabilidad de la soja), están amenazando con la desaparición de selvas y montes enteros.En tanto la tierra y otros medios de producción estén en manos privadas y sean éstas las que tomen las decisiones sobre qué uso dar a un campo, no puede pedírsele a los dueños que renuncien a las altas ganancias de los cultivos de moda en aras de preservar la vegetación natural. Éste es un objetivo social, pero no individual, sólo la sociedad en su conjunto (a través de un Estado popular) puede priorizar el objetivo de la preservación del medio ambiente.Por otra parte, el dueño de un campo que renunciara al desmonte en aras de objetivos ecológicos, teniendo la posibilidad de remplazar el monte por cultivos de alta rentabilidad, haría el papel de tonto frente a sus vecinos que no vacilarían en optar por el camino más redituable. A la larga, el “tonto” (y si no él sus herederos) terminarían cediendo ante la presión de tener que pagar impuestos por campos sin ganancias.Existen muchos otros caminos por los cuales el capitalismo amenaza la subsistencia de la vida humana sobre la Tierra, destruyendo su base material. La emisión de los gases de efecto invernadero, principalmente por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), está devolviendo hoy a la atmósfera en un año, en la forma de dióxido de carbono, el carbono que se fijó allí a lo largo de un millón de años (por la fosilización de plantas y animales en la prehistoria).Este cambio en la composición de nuestra atmósfera está generando un calentamiento del planeta que viene acarreando el derretimiento de hielos polares y otros, y el aumento del nivel de los mares, amenazando la existencia de islas (incluidos países enteros) y poblaciones costeras. El aumento de acidez de los mares, otro resultado del mismo fenómeno, amenaza especies enteras. Además existen predicciones científicas de más de diez o veinte años, en el sentido que también sobrevendrían fenómenos meteorológicos violentos (huracanes, inundaciones, etc), con mayor frecuencia, lo cual también ha comenzado a verificarse.Nada de esto, sin embargo preocupa a los capitalistas tanto como la reducción de ganancias que acarrearían medidas como reformas económicas para limitar las emisiones de esos gases (dióxido de carbono, metano y otros), o un reemplazo de los combustibles fósiles por energías renovables. En la mayoría de los países, ni siquiera está en discusión gravar a esos combustibles para pagar los sistemas de salud que luego los Estados deben costear para atender las enfermedades respiratorias y otras originadas por la combustión esos mismos combustibles.El país más comprometido con la preservación y desarrollo del capitalismo, y también el principal responsable de las emisiones de esos gases, los EEUU, se ha negado a ratificar el Protocolo de Kyoto, acuerdo mundial para tratar de desacelerar estos procesos nefastos. 13.— El Capitalismo está en su ocaso El capitalismo está ya maduro para su cambio.Y el nuevo sistema que lo reemplazará no puede "hacerse a la orden". Tendrá que surgir y crecer del viejo sistema; tal como el capitalismo surgió del feudalismo. Dentro de la misma sociedad capitalista debemos buscar los gérmenes del nuevo sistema social.El capitalismo transformó la producción, de un proceso individual, en uno colectivo. En los viejos tiempos, los bienes eran producidos por artesanos individuales que trabajaban con sus propias herramientas en sus propios talleres; hoy día, la gran masa de los productos es producida por miles de trabajadores que laboran en conjunto, en complicadas maquinarias en las grandes fábricas.Incesantemente el proceso de producción se ha convertido en más y más social, con más y más gente unida entre sí, en fabricas cada vez más grandesEn la sociedad capitalista, las cosas son operadas cooperativamente, pero ellas no pertenecen cooperativamente a las personas que las fabrican. Aquellos que usan la maquinaria no son sus dueños, y los que son sus dueños no las usan.Aquí reside la contradicción fundamental de la sociedad capitalista: en el hecho de que mientras la producción es social —el resultado del trabajo y del esfuerzo colectivo—, la apropiación es privada, individual. Los productos, producidos socialmente, son apropiados no por los productores, sino por los dueños de los medios de producción, los capitalistas.El remedio es claro: hermanar la socialización de la producción con la propiedad social de los medios de producción. La forma de resolver el conflicto entre la producción social y la apropiación privada es llevar adelante el desarrollo del proceso capitalista de producción hasta su conclusión lógica: la propiedad social.Las grandes fábricas en Argentina, los bancos y muchísimas empresas cuyos dueños son los accionistas poderosos que obtienen las ganancias, son administradas por gerentes a quienes se les paga un sueldo para que representen al capital. Pero los verdaderos dueños no tienen nada que preocuparse de su administración.Lo mismo pasa con los grandes fundos que son administrados por personas distintas de sus dueños. La propiedad, que una vez cumplió su función, es ahora parasitaria. Los grandes capitalistas, como clase, ya no son necesarios. Si fueran transportados a la Luna, la producción de sus fábricas no se afectarla en nada, ni por un minuto.La propiedad privada sobre los medios de producción, y la sed de lucro, están condenadas. El capitalismo ya está senil y hace rato que cumplió su papel en la historia. Ahora hay que arrumbarlo junto a los trastos viejos, al lado de la rueca, el arcabuz o la pluma de ganso para escribir; al lado del esclavismo y del feudalismo que lo precedieron

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Principios elementales del Socialismo (Tercera Parte)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo7/17/2010

Les dejo un libro "Principios elementales del Socialismo" de Leo Huberman , es excelente , y les va a sacar todas las dudas sobre lo que es y lo que plantea el socialismo. Aparte de hablar de las deficiencias del capitalismo . Saludos!! Tercera Parte LOS CREADORES DEL SOCIALISMO 14.— Los socialistas utópicos El socialismo es un sistema en que, en contraste con el capitalismo, los medios de producción son de propiedad común en lugar de ser privados; en que existe la producción planificada en lugar de la producción anárquica para obtener ganancias.La idea del socialismo no es nueva. Apenas surgió el sistema capitalista con el advenimiento de la revolución industrial, su ineficiencia, despilfarros, irracionalidad e injusticia se hicieron evidentes para gran número de personas.Comenzando allá por el año 1800, tanto en Inglaterra como en Francia, los males del capitalismo fueron denunciados en panfletos de amplia circulación, en libros y discursos. También había críticas anteriores, por ejemplo, en el siglo 16 y en la centuria siguiente. Pero los escritores de esa época eran por lo general pensadores aislados, que nunca pudieron ejercer una influencia grande en el pueblo. Pero a partir de 1800 la situación cambió. Roberto Owen, en Inglaterra, Carlos Fourier y el conde Enrique de Saint-Simon, en Francia, pueden llamarse pioneros socialistas y cada uno de ellos desarrolló un movimiento de opinión de dimensiones apreciables. Sus libros fueron ampliamente leídos, sus discursos tenían un amplio auditorio, y a través de ellos sus ideas se propagaron a otras tierras, incluso llegaron a lugares tan alejados de Europa como nuestro país.Estos hombres no se limitaron solamente a denunciar la sociedad tal cual es. Fueron todavía más lejos. Cada uno de ellos, a su propia manera, gastó tiempo y esfuerzos considerables en hacer planes cuidadosamente estudiados para cómo debería ser una sociedad.Cada uno de ellos elabora, hasta en sus menores detalles, su propia visión de una sociedad ideal del futuro. Aun cuando las utopías privadas de cada uno de ellos eran muy diferentes de los detalles específicos, todos estaban basados en un mismo molde.El primero y más importante principio de cada uno de estos esquemas utópicos era la abolición del capitalismo. En el sistema capitalista veían solamente males. Era ineficiente, injusto, trabajaba sin un plan. Ellos querían una sociedad planificada que fuera eficiente y más justa. Bajo el capitalismo la minoría que no trabajaba vivía a todo lujo y confortablemente, adueñándose de los medios de producción. Los socialistas utópicos veían en la propiedad común de los medios de producción la manera de alcanzar una vida mejor. Por eso en sus visionarias sociedades planeaban que la mayoría que trabaja viviría con abundancia y confortablemente mediante la propiedad común de los medios de producción. Esto era socialismo, y éste era el sueño de los utópicos.Siguió siendo un sueño para los utópicos porque aun cuando ellos sabían a dónde iban, tenían solamente una visión muy nebulosa de cómo alcanzar sus objetivos. Creían que todo lo que se necesitaba era formular sus planes de una sociedad ideal, interesar al poderoso o al rico en las bondades y bellezas del nuevo orden, experimentando los planes, primero en pequeña escala y después confiar en el sentido común del pueblo para aplicarlos en forma general.La ingenuidad de los utópicos queda demostrada por el hecho de que los grupos mismos a los cuales se dirigían eran precisamente los interesados en que las cosas quedaran como estaban, en no provocar cambios. Demostraron su incomprensión de las fuerzas en acción dentro de la sociedad, al repudiar la agitación política y económica de la clase trabajadora; en insistir solamente en que a través de la buena voluntad y el entendimiento de todos los hombres, y no mediante la organización de los trabajadores, como clase, podían alcanzarse los fines de la nueva sociedad.Igualmente irreal era su idea de que podía tenerse éxito haciendo experimentos sociales en miniatura, de acuerdo a sus utópicos programas. Como cualquiera puede darse cuenta ahora, sus "islas de placer en el océano gris de la miseria capitalista", estaban condenadas al más completo fracaso. Jamás podía ser enmendado el sistema capitalista con algunos parches en forma de pequeñas comunidades aisladas del resto del, mundo.Los socialistas utópicos eran personas de gran sensibilidad y de espíritu humanitario que reaccionaban vehementemente contra el duro ambiente del capitalismo. Hicieron críticas válidas y penetrantes del sistema capitalista, e inventaron programas para construir un mundo mejor. Mientras ellos predicaban su nuevo evangelio, nacían en el mundo dos hombres que iban a enfocar el problema en una forma diferente.Sus nombres: Carlos Marx y Federico Engels. 15.— Carlos Marx y Federico Engels El socialismo de los utópicos se basaba en el humanitario sentido de la injusticia. El socialismo de Marx y Engels se basó en un estudio histórico, económico y social del desarrollo del hombre.Carlos Marx no planeó ninguna utopía. Prácticamente no escribió nada sobre cómo funcionaría la Sociedad del Futuro. Estuvo enormemente interesado en la Sociedad del Pasado, cómo había surgido, desarrollándose y decaído, hasta transformarse en la Sociedad del Presente; estuvo enormemente interesado en la Sociedad del Presente, porque quería descubrir las fuerzas que provocarían el cambio hacia la Sociedad del Futuro.Contrariamente a los utópicos, Marx no gastó tiempo en las instituciones económicas del mañana. Gastó casi todo su tiempo en un estudio de las instituciones económicas de Hoy Día.Marx quería saber cuáles eran las fuerzas que movían las ruedas de la sociedad capitalista. El titulo de su libro más importante. "El Capital. Un análisis Critico de la Sociedad Capitalista", muestra dónde se centraban su interés y su atención. El fue el primer gran pensador que hizo un análisis sistemático, inteligente y critico de la producción capitalista.Con los utópicos, el socialismo no pasaba de ser un producto de la imaginación, de una invención de una u otra mente brillante. Marx bajó a la tierra el socialismo desde las nubes, donde éste se encontraba; demostró que no era una aspiración vaga sino que era el próximo paso en el desarrollo histórico de la raza humana. Que era el resultado necesario e inevitable de la evolución de la sociedad capitalista.Marx transformó el socialismo, de una utopía, en una ciencia.En lugar de un visionario y fantástico cuadro de un orden social, perfecto; Marx construyó una teoría del progreso social ajustada a la realidad; en lugar de hacer llamados a la simpatía o a la buena voluntad o inteligencia de las clases dirigentes, Marx mostró que la clase trabajadora tenía que emanciparse por sí misma y transformarse en el arquitecto del nuevo orden.El socialismo de Marx —el socialismo científico— tuvo su primera expresión significativa hace un siglo, con la publicación, en febrero de 1848, del Manifiesto Comunista, escrito conjuntamente con Engels. Este panfleto, que sólo tenia 23 páginas en el original, en que Marx y Engels destilaron la esencia de su teoría, se ha convertido en el fundamento del movimiento socialista en cada rincón de la tierra. Ha sido traducido a más lenguas que ningún otro libro, tal vez con la excepción de la Biblia; como fuerza inspiradora del poderoso movimiento mundial de la clase trabajadora. Es sin lugar a ninguna duda, el panfleto que mayor influencia ha tenido, jamás escrito en cualquier parte del mundo,En su intensivo estudio de lo que es la sociedad humana, por qué cambia, y en qué dirección se mueve, Marx y Engels encontraron que habla un hilo conductor a través de la historia. Las cosas no eran independientes las unas de las otras; la historia solamente aparecía como un conjunto desordenado de hechos y sucesos, pero en realidad no era un enredo confuso; la historia no era algo caótico sino que se ajustaba a un molde bien definido de leyes que podían descubrirse.Carlos Marx descubrió estas leyes del desarrollo de la sociedad.Esta fue su contribución más grande al género humano.La economía, la política el derecho, la religión, la educación de cada civilización están íntimamente ligadas; cada una depende de las otras, y son lo que son, debido a las demás. De todas estas fuerzas, la economía es la fundamental, la más importante. La clave del problema está en las relaciones entre los hombres como productores. La forma en que viven los hombres está determinada por la forma en que ellos se ganan la vida, por el modo de producción prevaleciente dentro de una sociedad dada, en cualquier tiempo determinado.La forma en que ellos piensan está condicionada por la manera en que ellos viven. Usando las palabras de Marx: "El modo de producción en la vida material domina el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales de la vida. No es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia".Los conceptos de derecho, justicia, libertad, etc. —la lista de ideas que tiene cada sociedad— están condicionados a la etapa particular de desarrollo que ha alcanzado esa sociedad. Ahora bien, ¿qué es lo que provoca los cambios sociales y políticos? ¿Es el simple cambio en las ideas de los hombres? No. Porque estas ideas dependen primeramente de cambios que han ocurrido en la base económica de la sociedad en el modo de producción y cambio.El hombre progresa en su conquista de la naturaleza; se descubren nuevos y mejores métodos de producción e intercambio de los bienes. Cuando estos cambios son fundamentales y de gran alcance, entonces surgen conflictos sociales. Las relaciones que han surgido con el viejo método de producción han llegado a solidificarse; la vieja manera de vivir ha llegado a fijarse en cuerpo de leyes, en la organización política, en la religión, en la educación. La clase que tiene el poder desea retener su poder, y entra en conflicto con la clase que está en armonía con el nuevo modo de producción surgido. La revolución es el resultado de este conflicto.Esta aproximación a la historia, de acuerdo con el marxismo, permite entender lo que de otra manera seria un mundo completamente incomprensible. Mirando los sucesos históricos desde el punto de vista de las relaciones de clase resultantes de la manera en que los hombres se ganan la vida, lo que ha sido ininteligible, se convierte por primera vez en algo inteligible. Por eso, el análisis del Manifiesto Comunista comienza con la frase "La historia de todas las sociedades conocidas hasta el momento, es la historia de la lucha de clases".¿Qué rol juega el Estado en esta lucha entre las clases? El Estado es una creación de la clase dirigente. Ha sido establecido y se mantiene para preservar el orden existente. El rol del Estado en la sociedad es explicado en el Manifiesto Comunista: "Los dirigentes del Estado moderno no son sino un comité para administrar los asuntos comunes en beneficio de toda la burguesía".El primer deber del Estado en la sociedad capitalista es la defensa de la propiedad privada de los medios de producción que es la esencia de la dominación de la clase capitalista sobre la clase trabajadora. Se desprende, por lo tanto, que si el objetivo de la clase trabajadora es abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, debe destruir el Estado actual que tiene la clase dirigente reemplazarlo por un Estado nuevo. La clase trabajadora sólo puede obtener el poder la revolución tendrá éxito si el Estado de la clase dirigente es destruido y se establece un Estado adecuado a la clase trabajadora en su reemplazo.A primera vista esto parece implicar la mera substitución del Estado de la clase capitalista por el Estado de la clase trabajadora. ¿Es éste el objetivo de la revolución de la clase trabajadora imponer el dominio de los trabajadores sobre aquellos que antes los subordinaban? NO. El Estado proletario es solamente el primer paso necesario en el proceso de abolición para siempre del dominio de una clase sobre otra, para terminar con las condiciones que hacen posible la división de la sociedad en clases antagónicas. La meta socialista no es la substitución de una forma de dominio de una clase por otra, sino la abolición completa de todas las clases; la meta del socialismo es una sociedad sin clases en la cual se elimine toda clase de explotación. En las palabras del Manifiesto Comunista. "En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clases tendremos una sociedad en la cual la libertad de desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos".En todo momento y en todas partes Marx insistió en que la transformación de la vieja sociedad de clases en una nueva organización sin clases tenía que ser obra de la clase obrera, del proletariado. Insistió en que el proletariado tenía que ser el agente activo que trajera al mundo el socialismo, porque era el proletariado, la mayoría de la población, el que más sufría de las contradicciones del capitalismo, porque el proletariado no tenía otra salida para mejorar su situación.Los trabajadores se ven impelidos, por las penosas condiciones en que viven, a marchar unidos, a organizarse, a formar sindicatos u otras organizaciones que los agrupen para combatir por sus propios intereses. Los sindicatos, sin embargo, por ejemplo; no surgieron de la noche a la mañana. Se necesitó de un largo tiempo para que se desarrollara el sentimiento de solidaridad.Fue la expansión del capitalismo debido a la Revolución Industrial y el sistema de fábricas lo que permitió al sindicalismo hacer enormes progresos. Esto pasó porque la Revolución Industrial trajo consigo la concentración de los obreros en las ciudades, los mejoramientos en los transportes y comunicaciones que son esenciales para la organización en escala nacional, y las condiciones que hacen tan necesario el movimiento obrero. En otras palabras, la clase trabajadora creció junto con el desarrollo del capitalismo, que generaba la clase trabajadora, el sentimiento de clase, y entregaba los medios físicos para la cooperación y las comunicaciones.El proletariado, en consecuencia, nació del capitalismo, y crece finito con éste. Por último, cuando el capitalismo sea liquidado, cuando todos vean claramente que sus contradicciones no pueden resolverse con parches, cuando "la sociedad no pueda ya vivir bajo el dominio de la burguesía, en otras palabras, su existencia no es ya compatible con esa sociedad"; cuando, en suma, el capitalismo esté listo para ser acorralado, será el proletariado su sepulturero.Marx no fue un revolucionario cómodo, que se contentaba con decirles a los demás qué tenían que hacer y cómo debían hacerlo. No, Marx vivió su filosofía. Y, puesto que su filosofía no era solamente una explicación del mundo, sino también un instrumento para cambiar el mundo, Marx, como era un revolucionario sincero, no podía estar por sobre la lucha, sino que tenia que combatir él mismo.Y lo hizo.De acuerdo con su idea de que la fuerza para abolir el capitalismo no podía ser otra que el proletariado, dedicó la máxima atención que pudo, quitando tiempo a sus estudios, a fin de entrenar y organizar a la clase trabajadora en sus luchas económicas y políticas. Marx fue el miembro más activo y el de más influencia en la Asociación Internacional de Trabajadores (la primera Internacional), que se creó en Londres el 28 de setiembre de 1864. Dos meses después de fundada la Internacional, Marx le escribió a un amigo alemán, el Dr. Kugelman: "La Internacional, o mejor dicho su comité, es importante debido a que los líderes de los sindicatos de Londres están en él.... Los líderes de los trabajadores de París están bien conectados con ella".Los sindicatos, que para mucha gente de entonces, como pasa también hoy día, eran meras organizaciones dedicadas a mejorar día a día las condiciones de vida de los obreros, tenían un significado más profundo para Marx y Engels: "La organización de la clase trabajadora como una clase por medio de sus sindicatos... es la verdadera organización de clase del proletariado que lleva adelanta su lucha diaria contra el capital, en que se entrena a sí mismo...".¿Pero entrenarse para qué?, ¿para la lucha por mayores salarios, menos horas de trabajo, mejores condiciones? Sí, por cierto. Pero también se entrena para una lucha muchísimo más importante: la lucha por la completa emancipación de la clase trabajadora, mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.Marx hizo mucha claridad sobre este punto, en un discurso que pronunció ante el Consejo General de la Internacional, en junio de 1865. Después de demostrar que a menos que los sindicatos llevaran adelante una fuerte lucha diaria, los trabajadores irían siendo degradados a un nivel de vida cada vez más desdichado, siguió adelante, explicando que los sindicatos deben tener objetivos más amplios: "Al mismo tiempo, y esto completamente aparte de la servidumbre general envuelta en el sistema de salarios, la clase trabajadora, no debe exagerarse a sí mismo el resultado último de estas luchas diarias. Los trabajadores no deben olvidar que están luchando con los efectos, pero no con las causas que originan esos defectos; que están retardando el movimiento de descenso, pero no cambiando su dirección; que ellos están aplicando solamente paliativos, no curando el mal. Los trabajadores, por lo tanto, no deben absorberse exclusivamente en estas inevitables luchas de guerrillas que surgen de la incesante hostilización del capital o de cambios en el mercado. Los trabajadores deben comprender que, junto con todas las miserias que pesan sobre ellos, el sistema actual engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias: para una reconstrucción económica de la sociedad. En lugar de la consigna conservadora: "Un salario más justo por un trabajo más justo”, los trabajadores deberían inscribir en sus estandartes "Abolición del sistema de salarios". Siempre y en todas partes Marx enseñó su lección básica la única salida es un cambio fundamental en la organización económica, política y social de la sociedad, siendo la revolución de la clase trabajadora el medio de alcanzarla. ¿Significa ésto, como generalmente se supone, que Marx era un creyente tan grande de la revolución como para desearla en cualquier parte, en cualquier momento? De ninguna manera. Marx se opuso a la revolución indiscriminada. En la Internacional, combatió contra aquellos que argumentaban que la revolución debía hacerse porque había que hacerla. La esencia del pensamiento de Marx es que la revolución, para que tenga éxito, debe ocurrir en el momento oportuno; la sociedad no puede ser transformada, a menos que hayan madurado las condiciones para el cambio. La base para el paso al socialismo está en las profundas contradicciones existentes dentro de la sociedad capitalista y que la conducen a su aniquilamiento en la creación, mediante la socialización de la producción, de los gérmenes del nuevo orden dentro de las entrañas del viejo orden; y en el aumento de la conciencia de clase y en la organización de la clase trabajadora, la cual exige la acción revolucionaria para provocar el cambio. Marx veía el sistema capitalista como una parte del desarrollo de la historia humana. No era, por lo tanto, ni permanente ni inmutable. Por el contrario, el capitalismo era un sistema social esencialmente transitorio que, al igual que todas las otras formas de sociedad humana, surgió del sistema anterior, se desarrolló, entraría en decadencia y sería seguido por otro sistema. Para Marx, la sociedad humana no era algo estático sino que estaba todo el tiempo en un permanente estado de cambio y movimiento. La tarea de Marx, tal cómo él se la planteaba, era encontrar qué fuerzas eran las que provocaban el cambio en la sociedad capitalista —descubrir la "ley del movimiento del capitalismo"—. Marx comenzó por explicar el funcionamiento del sistema capitalista y terminó no alabándolo, como lo hacían los economistas de su tiempo, sino delineando una guía para la acción de las fuerzas que crearían en el futuro una sociedad mejor.Los socialistas consideran que el cuadro de la sociedad capitalista hecho por Marx es verdadero y preciso, y que explica la realidad en una forma mucho más satisfactoria que la de los economistas no marxistas. Sobre este punto, el profesor Leontiev, de reputación internacional, de la Universidad de Harvard, aun cuando él mismo no es un marxista, dijo las siguientes palabras ante la asociación norteamericana de economistas; "Si alguien quiere aprender qué son efectivamente las ganancias y salarios de las empresas capitalistas, esa persona puede obtener en los tres volúmenes de "El Capital", una información más realista y de primera mano, de lo que puede encontrarse en diez ediciones sucesivas del Censo de los EE.UU., o en una docena de textos sobre las instituciones económicas contemporáneas".En la misma oportunidad, el profesor Leontiev tuvo la honestidad de reconocer cómo se habían cumplido las brillantes predicciones científicas de Marx: "El récord es en verdad impresionante: incesante concentración de la riqueza, rápida eliminación de las empresas medianas y pequeñas, progresiva limitación de la competencia, incesante progreso tecnológico acompañado de una importancia cada vez mayor del capital fijo, y, por último, no menos importante, la amplitud no disminuída de los ciclos comerciales; en verdad una "serie no sobrepasada de pronósticos cumplidos, contra lo cual la moderna teoría económica no tiene prácticamente nada que mostrar, pese a todos sus refinamientos".Es interesante destacar que casi al mismo tiempo que este profesor de Harvard indicaba a sus colegas economistas que podían aprender mucho de Carlos Marx, otro distinguido hombre de estudios hacía recomendaciones muy similares a sus colegas en el campo de la historia. En un artículo escrito en la revista Amerícan Historial Review, de octubre de 1935, Carlos Beard, uno de los más eminentes historiadores que ha tenido los EE.UU., decía; "Parece oportuno recordar a aquellos inclinados a tratar a Marx como a un mero revolucionario u hombre de agitación, que Marx fue mucho más que eso. Era doctor en Filosofía, salido de las mejores universidades alemanas, y poseía el sello del gran pensador. Era un estudioso del latín y el griego. Además del alemán, su lengua nativa, hablaba francés, inglés, italiano y ruso. Era uno de los hombres más versados en historia contemporánea y en el pensamiento económico. Por eso, aunque alguien no esté de acuerdo con las ideas personales de Marx, nadie puede negarle que poseía conocimientos muy amplios y profundos —y llevó una vida de sacrificios y sin vacilaciones—, Marx no solamente interpretó la historia, como lo hace cualquier persona que escribe sobre historia, sino que ayudó a construir la historia. Con toda seguridad, Marx tenía que saber algunas cosas...".El movimiento de la clase trabajadora, prácticamente en todos los rincones del mundo, luchando por alcanzar la Justicia económica y social, tiene conciencia de que Marx debía saber algunas cosas.El pueblo cubano que basó gran parte de sus combates por la liberación y la independencia en las enseñanzas de Marx, uniéndolas con las de sus propios patriotas locales como José Martí y otros tiene conciencia de que sabia algunas cosas.Las clases privilegiadas en cada país capitalista del mundo, tratando de prolongar su existencia, aferrándose desesperadamente al poder, tiemblan ante el temor de que Marx efectivamente; sabía algunas cosas.Solamente los economistas entontecidos por la pedantería, aquellos acostumbrados a la charlatanería de café, pueden negar que Marx sabía algunas cosas.

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