bartmann40
Usuario (Argentina)
La imagen de tres chicas embarazadas con el epígrafe "y ahora qué hacemos con los wachos" se hizo viral por parte de votantes de Cambiemos. Una exdocente de las chicas, relató la verdadera historia detrás de la foto y llamó a la reflexión. Las fotos en cuestión tienen un tono discriminativo y estigmatizante de la pobreza, un meme de tres chicas embarazadas con las frases "Hee...Critina y ahora que hacemos con los wachos" y otra en la que se compara esa imagen con la de otra familia bajo el slogan "MAcri 2015" y "Scioli 2015". Con el fin de hacer reflexionar a los que la difundieron, una docente que conoce a las chicas, contó sus historias de vida, que nada tienen que ver el preconcepto trillado de que se embarazaron para cobrar planes sociales. Vale aclarar que las imágenes no forman parte de la campaña formal de Cambiemos, ni del candidato Mauricio Macri. Pero por su nivel de difusión en las redes sociales, vale la pena poner en discusión este tipo de discursos, que muchas veces reflejan las disputas que verdaderamente están de fondo: un país inclusivo y que fomente la igualdad de oportunidades, o uno excluyente donde lo que prima son las leyes del mercado. El texto completo de la carta "Estoy escribiendo esta carta frente a una imagen que me escandaliza y me llena de indignación. Es la foto de tres jóvenes mostrando con orgullo su embarazo a las que se le han agregado mensajes discriminatorios. Tres jóvenes que eligieron con todo el amor del mundo a sus hijos. Dos de esas tres jóvenes, son alumnas de mi escuela. Son madres amantes de sus hijos que ya tienen 3 años y que se llevan 15 días. Los hijos de esas tres jóvenes, son amiguitos, como sus madres. También tengo en mi celular la foto de los niños. Con la mayor de sus sonrisas, con sus cabecitas juntas y abrazados, posan. Un regalo que mis alumnas me hicieron para que yo pueda entender y alcanzar el final feliz de toda la historia. No quiero difundirla porque temo que gente inescrupulosa use la foto, como lo hicieron con la de sus madres, para atacarlos, para violar su inocencia, para mancillar su alegría. Porque esa foto de sus mamás embarazadas que está viralizada en todas las redes sociales, los trata de “wachos”, sin saber que sus papás, jamás los abandonaron, que son padres presentes. Y que esos niños tienen detrás, familias incondicionales que los adoran, que los cuidan para que sus madres puedan terminar su secundario porque saben, me lo dicen, lo ratifican, 'es lo mejor para nuestros hijos'. Sus hijos son el fruto del amor, de padres que los eligieron. Esas mujeres nunca fueron víctimas. La única violación que sufrieron es la de la indiferencia y el desprecio de un grupo de misóginos, que representan una pequeña parte de una sociedad enferma de prejuicios (que son tan viejos como la misma raza humana) y que las trataron de putas, de villeras, de embarazarse por un plan social que no cobran (aunque tendrían derecho a hacerlo) porque sus padres o ellas mismas trabajan en blanco. Todo esto es así aunque podría no haber sido. Podría haber sido peor. La nefasta historia de la mujer sometida a lo largo de los siglos, violada y asesinada, tratada como despojo, como objeto y posesión de los hombres, acallada y olvidada por propios y extraños. ¿Autorizaría si la situación hubiera sido esa, a que se las vuelva a mancillar en las redes sociales? De ninguna manera. Vuelvo a la foto. Sí, no fue realizada en una edición especial de la revista Gente. No son modelos o artistas famosas que acostumbran mostrar sus panzas en producciones espectaculares, Photoshop incluido. No es un costoso 'Baby book' regalado en un 'Baby shower' pero esa foto también representó para esas chicas un momento único, irrepetible, esencial, femenino y humano. ¿Qué lee la sociedad en ese mensaje que contrapone las fotos de mis alumnas con la de una familia rubia, de ojos celestes? ¿Cómo ayudar a estas hermosas chicas que tengo frente a mí y que se sienten indefensas, mancilladas, cada vez que la foto que se sacaron tres años atrás es subida con un nuevo mensaje descalificador, cruel, violatorio, humillante? ¿Cómo explicarle que esta es la grieta que divide al género humano desde que el mundo es mundo? Ardua tarea la del educador que debe enseñar a tener voz, al que no sabe que la tiene. Me siento incapaz. Busco ayuda en aquellas voces poderosas y esclarecidas que hablaron por “los nadies” al mundo entero: (…)Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. Eduardo Galeano" La carta está firmada por M. Gabriela Mac Maney de la EES Nº 21 Tupac Amaru II en Villa Ballester, Gral. San Martín, provincia de Buenos Aires
Las plantas pueden pensar, recordar y actuar en función de información que tienen retenida, de acuerdo con un estudio presentado en la convención anual de la Sociedad de Biología experimental en Praga, República Checa. Así, han descubierto que los vegetales ‘transportan’ la información por todo su cuerpo inducidos por la luz que ilumina una hoja y que se producen unas reacciones químicas que pasan de una hoja a otras, como si del sistema nervioso humano se tratara. “Estas señales electroquímicas son transportadas por las células que actúan como los nervios de las plantas”, apunta el estudio. En el experimento los científicos han mostrado cómo mientras la luz brillaba en una hoja el resto del cuerpo ‘respondía’ en forma de reacciones químicas en todas las hojas, que permanecían oscuras y no se iluminaban. “Sólo pusimos luz en la parte inferior de la planta y observamos cambios en la parte superior de la misma. Además, a pesar de apagar la luz, los efectos se mantenían en el vegetal. Algo sorprendente”, ha señalado el principal autor del estudio, el profesor de la Universidad polaca de Varsovia, Stansilaw Karpinski. Además han visto que éstas pueden pensar y que en función del color que las ilumine las reacciones son diferentes. Así, sospechan que los vegetales podrían emplear la información y codificarla en función de los estímulos que les proporcione ese tipo o color de luz, y responder con ello de forma diferente.
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La verdadera historia de La Matanza de Texas. La película La Matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre) esconde tras ella una verdad en forma de historia real que conmocionó a la sociedad durante los años 60. Horribles crímenes de mano del asesino Ed Gein quien inspiró este popular film. Piel humana perteneciente al rostro arrancado de una de sus víctimas. Según cuentan fuentes oficiales de la policia, la tarde del 8 de diciembre de 1954, un granjero de Plainfield, en Wisconsin, entró en “la taberna de los Hogan” a echar un trago en esa fría tarde de invierno cuando descubrió con espanto un gran reguero de sangre que cubría el suelo. La propietaria Mary Hogan, había desaparecido. El sheriff observó que no había señales de lucha aparentes y que la caja registradora seguía llena, pero determinó que la mujer había sido asesinada y que su cuerpo había sido arrastrado hasta un coche que esperaba fuera. Los informes forenses tan sólo confirmaron las conclusiones a las que había llegado el sheriff y no arrojaron ninguna luz sobre el caso. La desaparición de Mary era un misterio. Aproximadamente un mes después de este suceso, el propietario del aserradero de Wisconsin comentaba el caso con un hombre pequeño y tímido que vivía en una granja de madera a pocos kilómetros de allí. Su nombre era Ed Gein. Gein vivía solo desde la muerte de su madre en 1945 y se ganaba la vida haciendo toda clase de trabajos a los vecinos de Plainfield. Fue su habilidad en este tipo de trabajos, por la que este hombre de complexión débil, mediana edad, pelo rubio y ojos azules empezó a ser conocido entre las gentes del lugar como una persona trabajadora, cumplidora, fiable pero excéntrica. El propietario del aserradero no se llevaba muy bien con Gein. Encontraba extremadamente difícil hablar con él por que a veces éste comenzaba a reír con nerviosismo sin motivos como un desequilibrado, o por sus comentarios inoportunos que dejaban a la otra persona sin saber que decir. En esta ocasión, el hombre recordó que Gein solía sentarse solo en un rincón de la taberna mirando fijamente a la dueña del local absorto en sus pensamientos con una jarra de cerveza, y supuso que estaba enamorado de la mujer. Le sugirió bromeando, que si le hubiese hablado a Mary con claridad de sus sentimientos, probablemente en ese momento estaría en su granja cocinando y esperando a que volviera en lugar de haber desaparecido presumiblemente asesinada. Gein, con un extraño gesto puso los ojos en blanco y le respondió con una de sus conocidas sonrisas: “No está desaparecida. Ahora mismo está en la granja”. El hombre se encogió de hombros y no le tomó en serio, después de todo, era el tipo de comentario que se esperaba de él. Nació el 27 de agosto de 1906, hijo de madre austera y fanática religiosa que despreciaba a su débil y borracho marido. Cuando ambos discutían, que solían hacerlo con frecuencia, el hombre se emborrachaba y pegaba a sus dos hijos. Ed Gein. Desde el primer momento, la vida de Ed estuvo completamente dominada por su madre, quien se había prometido a sí misma que su hijo no sería nunca como esos hombres lascivos, ateos y alcoholizados que veía a su alrededor. Seguía una disciplina muy dura castigando a sus hijos, e incapaz de darles el consuelo y el amor de una madre. Gein no tubo contacto con otros niños, pues todo el mundo suponía ante los ojos de esa madre una amenaza para la pureza moral de su hijo. Así durante treinta y nueve años hasta que la mujer moría víctima de un ataque al corazón, dejando tras ella un hombre dependiente, reprimido y sólo, en un mundo que apenas comprendía. La mañana del sábado 16 de noviembre de 1957, Ed Gein asesinaba a la dueña de la ferretería del pueblo, Bernice Worden, disparándole una bala con su viejo rifle de caza del calibre 22. También en esta ocasión se llevó el cadáver en la furgoneta, dejando el suelo del local encharcado de sangre. Pero esta vez, habría un testigo… el libro de contabilidad. En su última anotación, figuraba el nombre de Ed Gein, a quién habría vendido su último anticongelante. Foto de su última víctima (Bernice Worden) tomada por la policia en el momento de la inspección de su domicilio, el cadaver se encontraba decapitado y con el cuerpo completamente abierto en canal. Dos oficiales de la policía arrestaron a Gein, mientras otros dos se dirigían inmediatamente hacia su granja con la intención de llevar a cabo un registro. Al pasar dentro, el sheriff sintió como algo le rozaba el hombro, y al volverse se topó con un cuerpo decapitado de mujer con un profundo agujero en el estómago que colgaba del techo. Después de recuperarse del shock por el horror que habían presenciado, y tras pedir ayuda por radio, los dos hombres volvieron a la casa. El cadáver colgaba de un gancho por el tobillo y con un alambre le habían sujetado el otro pie a una polea. Habían rajado el cuerpo desde el pecho hasta la base del abdomen, y las tripas brillaban como si las hubiesen lavado y limpiado. No había duda que el causante de ese terrorífico espectáculo era una persona enferma. Era difícil de creer que un ser humano pudiera vivir allí. Por todas partes se veían montañas de basura y desperdicios, cajas de cartón, latas vacías, herramientas oxidadas, excrementos, revistas pornográficas, de terror y de anatomía humana, chicles pegados en las tazas y una dentadura sobre el mantel de la mesa. Otra de las terribles obras de Ed Gein Había varios cráneos por la cocina, algunos partidos por la mitad y empleados como cuencos. Más tarde, en cuanto llegaron más patrullas, se descubrió en el interior de la casa todo el horror que allí escondía. Había varios cráneos esparcidos por la cocina, unos intactos y otros partidos por la mitad y empleados como cuencos. Una inspección más detenida reveló que una de las sillas de la cocina estaba hecha con piel humana, como las pantallas de las lámparas, las papeleras, las fundas de los cuchillos e incluso alguna prenda de vestir, como un chaleco o un cinturón formado con pezones humanos. Entre los más atroces descubrimientos, se encontraron unas cajas con los restos humanos pertenecientes a diferentes cuerpos sin identificar, el corazón y la cabeza amputada de Bernice Worden en una bolsa de plástico, una colección de nueve máscaras de piel humana con el pelo intacto, de las cuales, cuatro colgaban en la pared que rodeaba la cama de Gein, etc. Había decorado el interior de su casa de madera con esas máscaras confeccionadas con tiras de piel procedentes de auténticos rostros humanos y con los cráneos colgados de las columnas de su cama. La única habitación de la casa que parecía normal era una sellada con tablones en la puerta y perfectamente ordenada… la de su madre. Desde que su madre muriera en 1945, doce años antes, la habitación había estado cerrada con clavos como un sepulcro. Ed Gein explicó a la policía después de su detención que después de su fallecimiento, su madre se mantuvo en contacto con él durante más de un año, hablándole mientras se adormecía. Dijo que había sido en esa época cuando desarrolló su fascinación por la anatomía. El caso de Ed Gein es, desde un punto de vista médico, uno de los más complejos de la criminología. Voyerismo, fetichismo, travestismo y puede que necrofilia, integraban su personalidad. Sin embargo, a medida que se iba conociendo su verdadera historia se hizo evidente que esas perversiones eran meras manifestaciones de una psicosis profunda, un trastorno mental que tenía sus raíces en la relación anormal que tenía con la madre. Gein murió por insuficiencia respiratoria el 26 de julio de 1984, tras décadas de reclusión en una unidad psiquiátrica, donde resultó ser un paciente modelo. En la actualidad, sus restos descansan en el cementerio de Plainfield, al lado de los de su madre.