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la guerra mas inutil de america
InfoporAnónimoFecha desconocida

La guerra más inútil de América Bolivia y Paraguay mantuvieron entre 1932 y 1935 una sangrienta guerra por la zona del Chaco boreal, un territorio inhóspito y boscoso. Algunos especialistas apuntaron que el conflicto, en el que 100.000 personas perdieron la vida, fue alentado por grandes multinacionales petroleras. Otros sostienen que esa tesis la inventaron durante la posguerra nacionalistas bolivianos para aliviar el pesimismo de los ex combatientes. No hubo vencedores ni vencidos, pero Paraguay conservó la mayor parte del terreno disputado. Cuando se habla con los políticos que andan peleando ahora en Santa Cruz por la autonomía del departamento, el nombre de Germán Busch es de los que se citan con más frecuencia. En mayo de 1936, al frente de una brigada de caballería, ese militar se presentó en el Palacio de Gobierno y pidió y obtuvo la dimisión del entonces presidente, Luis Tejada Sorzano. Y le entregó el poder al coronel David Toro, el verdadero instigador del golpe. Catorce meses después, Busch lo llamó al balneario donde pasaba sus vacaciones y de un plumazo le quitó el Gobierno. Busch era camba (nació en San Javier, en la provincia cruceña de Ñuflo Chávez) y durante su paso por el poder aprobó en julio de 1938 una ley que establecía que los beneficios del petróleo se repartieran por igual entre los nueve departamentos de Bolivia. Se la conoció como "la ley del 11%" y la lucha porque fuera la propia Santa Cruz la que administrara su porcentaje es el remoto precedente de las reivindicaciones autonómicas por las que se pelea ahora. Busch fue uno de los mayores héroes de la guerra del Chaco. Un hombre valiente que estuvo al frente de muchas de las acciones de mayor audacia. La guerra del Chaco fue el conflicto más importante que enfrentó a dos países americanos durante el siglo XX. El más sangriento y el más inútil. Durante tres años menos un día (desde el 15 de junio de 1932 hasta el 14 de junio de 1935) pelearon en un territorio inhóspito y boscoso, bajo temperaturas de solemnidad y con una angustiosa carencia de agua las tropas de dos países vecinos. Paraguay movilizó a 150.000 hombres, de los que 40.000 murieron. Los muertos de Bolivia fueron 50.000 y fueron 200.000 soldados los que trasladó a ese infierno. Cuando va a celebrarse el bicentenario de las independencias de los países hispanoamericanos, la guerra del Chaco tiene tintes de mueca grotesca en ese proceso. Un siglo después de liberarse del yugo español, todavía no estaban claras las fronteras entre Bolivia y Paraguay. Y para definirlas, sus gobernantes provocaron una carnicería por unos territorios en los que no había sino puro vacío y calor. Y unos cuantos fortines desperdigados. En la novela La casa y el viento del escritor argentino Héctor Tizón hay un instante en que irrumpe la guerra del Chaco con toda su carga de sufrimientos. Ocurre cuando el narrador recuerda en una estación del norte de Argentina que hace años vio "los convoyes con tropas bolivianas repatriadas durante la guerra del Chaco". Anota: "Rostros macilentos, indígenas uniformados como agónicas comparsas, mirando a través de los cristales de los mismos vagones el regreso desde una pesadilla de estruendos y de muerte". Y así como muchas de las historias de Juan Benet han sido las que supieron agarrar la médula de la Guerra civil que se libró en España, estos rostros macilentos que recuerda Tizón apuntan al carácter trágico de un conflicto que tuvo lugar unos años antes y donde emergieron en toda su desnudez las pasiones y los claroscuros de la condición humana. No es tan difícil hoy llegar al Chaco. Gracias a las explotaciones de petróleo y gas que hay en la zona, existe una buena carretera de Santa Cruz a Camiri. Y desde allí no cuesta nada acercarse a Villamontes, la ciudad que fue asediada por los paraguayos al final de la guerra y cuya conquista les hubiera abierto el camino para progresar hacia las zonas verdaderamente ricas de Bolivia. En ambos lugares, Camiri y Villamontes, hay sendos museos que recuerdan ese conflicto que muchos han olvidado ya. "Fue una guerra entre dos países que no se conocían, que no se conocieron entonces y que siguen pendientes de conocerse", dice Carlos Mesa, periodista, historiador y ex presidente de Bolivia. "Pero estamos demasiado lejos ya de todo aquello. La gente se acuerda de la guerra del Pacífico, que sigue ahí como una herida porque Bolivia perdió la salida al mar. De la del Chaco sólo nos acordamos como una confirmación de la incompetencia de nuestros gobernantes". El Museo del Chaco en Camiri está de reformas. Para conseguir que lo abriesen para una breve visita fue necesario cruzar varias veces la calle que separa el Casino Militar de las instalaciones de la Cuarta División del ejército boliviano para encontrar al responsable. Hay un montón de fotos en las paredes del casino, pero no son del Chaco como me habían dicho, sino de la aventura del Che Guevara en Ñancahuazu. Están colgados los dibujos que hizo de sus compañeros el guerrillero Ciro Bustos e imágenes de la captura de Regis Debray y de alguna visita del presidente Barrientos a la zona. "En unos cuantos días los británicos transportaron a sus mejores fuerzas para pelear con los argentinos en las Malvinas", comenta el teniente coronel Torres ya en el museo, refiriéndose a otro de los conflictos que tuvieron lugar el siglo pasado en Hispanoamérica. "En la guerra del Chaco, los bolivianos tardaban meses en trasladar a sus tropas al frente. Había que abrir con machetes camino para que pasaran los camiones y la artillería". Hay pocas cosas en el museo. Algunos proyectiles abollados, uniformes, banderas y las fotos y sus explicaciones. "Sólo quedan en Camiri cuatro ex combatientes", dice Torres. "Tres no se enteran de nada y el cuarto está sordo como una tapia".Efectivamente, Mariano Becerro no escucha casi nada, tiene unos pocos cabellos blancos y sólo le quedan unos cuantos dientes, así que entenderlo es también una proeza. "¿El Chaco? Pero qué voy a poder decirle si ahora ni siquiera soy capaz de mirar a la acera de enfrente. Sólo veo neblinas, y así me ocurre con aquella guerra". A comienzos de los años treinta sólo había unos cuantos fortines en el llamado Chaco boreal, una zona olvidada de la mano de Dios. En 1928, los paraguayos tomaron el fortín Vanguardia (y los bolivianos, para desquitarse, el Boquerón) y se avivó la vieja polémica de las fronteras. Daniel Salamanca era en Bolivia el líder de la oposición, un hombre menudo y flaco, de rostro afilado, que vestía siempre de oscuro y del que decían que jamás se le escuchó una carcajada. En un mitin dijo entonces: "Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa, para que el carácter boliviano no se haga de día en día más pesimista", y propuso un conflicto con Paraguay para consolidar su hegemonía en la zona disputada. En 1931, Salamanca fue elegido presidente por una mayoría abrumadora y tuvo que rebajar su tono belicista, pero recomendó que se instalaran en el Chaco más fortines para protegerse de un eventual ataque paraguayo. Un avión que exploraba entonces el terreno descubrió una laguna en pleno desierto y hacia allí se dirigió un destacamento, pero los paraguayos habían llegado antes. Eran pocos, así que los bolivianos decidieron, desobedeciendo las advertencias del presidente (que ordenó evitar cualquier encontronazo), tomar el fortín Carlos Antonio López. La guerra había comenzado. Entre los paraguayos, hubo durante el conflicto una gran complicidad entre el presidente Ayala y Estigarribia, el militar que dirigió las operaciones. En el bando boliviano, Salamanca no se entendió nunca con los distintos jefes que mandaron en el Chaco y a todos los despreció. Los paraguayos tenían la ventaja de estar cerca del frente y de estar familiarizados con su clima. La mayor parte de las tropas bolivianas tuvieron que llevarse desde las alturas de los Andes: ese cambio era muchas veces más letal que los ataques de los combatientes enemigos. Fue una guerra excesiva en un paisaje excesivo (polvo, espinos, alimañas, huracanes de arena, violentos cambios de temperatura con un calor agobiante como nota esencial, sin agua y sin sombra). Hubo resistencias heroicas: en Boquerón, durante casi 20 días, menos de 500 combatientes bolivianos aguantaron la ofensiva de más de 9.000 enemigos. Ataques descabellados, como la segunda intentona sobre Nanawa, donde las bajas bolivianas se calcularon en 2.000 mientras sólo morían 159 paraguayos. Y lágrimas: cuando el presidente Salamanca informó en agosto de 1933 de los reveses bolivianos, rompió a llorar en el Parlamento. Cerca de Villamontes ya es posible imaginar las condiciones de aquella guerra. A los costados de la carretera, la tupida vegetación de bosque bajo tiene la consistencia de una muralla infranqueable de ramas de espinos. Los soldados bolivianos, llegados del frío de los Andes al calor del Chaco, abrían camino a los camiones con machetes. El historiador boliviano Roberto Querejazu Calvo ha escrito en Masamaclay la gran crónica de esa terrible guerra, en la que tuvo que combatir. "Durante dos meses y medio nos hicieron recorrer a pie, en pleno invierno, más de cien leguas", cuenta del traslado de su regimiento de Sucre a Tarija. Tras tener que pasar "por la gélida altiplanicie andina", explica que fueron embarcados "como leños en varios camiones" y "metidos al horno del Chaco en un frenético viaje de cuatro días". Pocas horas después avanzaban disparando entre los árboles obedeciendo al grito de "¡Al asalto, viva Bolivia!", El Museo de la Guerra del Chaco de Villamontes, en su modestia, está mucho más trabajado que el de Camiri. En el jardín de la casa que lo acoge han cavado unas trincheras y hay camiones y cañones, aparatos de transmisión, uniformes, proyectiles, diarios de combatientes, dibujos, fotografías y, entre otras cosas, maquetas de las batallas más importantes. "Honor y gloria en el horizonte sin fin del infinito", se lee en la de uno de los informes de campaña. "Fue en esa casa donde derrocaron a Salamanca", comenta un taxista a las puertas del museo. Las iniciativas iniciales en la guerra fueron bolivianas, pero cuando avanzaron demasiado, y ya no era fácil la comunicación con sus fuentes de abastecimiento, los paraguayos empezaron a recuperarse y llegaron a acercarse a Villamontes, con lo que peligraban los pozos de petróleo. El nerviosismo entre los mandos bolivianos era notable. Así que Salamanca decidió cambiar al jefe del Estado Mayor que dirigía las operaciones, se acercó a la zona y dio la Orden General del 26 de noviembre de 1934. No llegó a cumplirse. "Mi general, usted y el señor presidente quedan apresados". Las palabras fueron del mayor Germán Busch mientras apuntaba a José L. Lanza, el militar que iba a hacerse cargo de dirigir la guerra. Los rebeldes convencieron después a Salamanca para que firmara una renuncia, así el golpe no tendría demasiada mala prensa en un momento tan delicado. La presidencia se la entregaron a Luis Tejada Sorzano, el entonces vicepresidente. Siguieron las batallas, siguieron muriendo los combatientes en las peores condiciones. Querejazu recoge el testimonio del director general de la Sanidad paraguaya que llegó al Chaco justo después de que las tropas bolivianas se rindieran en una refriega por no aguantar ni el calor ni la sed. "Todos tenían el semblante desencajado, la mirada ausente, las pupilas dilatadas, los ojos hundidos, los labios resecos y agrietados. La gran mayoría sufría de alucinaciones. Algunos se desnudaban, cavaban con las manos hoyos profundos, otros gateaban yendo de un lugar a otro. Reñían por tomar el orín de algunos que orinaban". Gracias a una contraofensiva boliviana, la amenaza sobre los pozos quedó conjurada. En junio de 1935 llegó la paz (la diplomacia no cesó a lo largo del conflicto y en ella los argentinos, que apoyaron a Paraguay, tuvieron un destacadísimo papel). Era el final de una guerra absurda e inútil. Se contó que la habían provocado las compañías de petróleo (la Standard Oil, por el lado boliviano; la Dutch Shell, por el paraguayo). La historiadora María Luisa Soux considera que esa versión la inventaron los nacionalistas bolivianos en la posguerra para: "a) evitar el pesimismo de los ex combatientes: su lucha no había sido vana porque habían logrado defender el petróleo; b) limpiar su propia imagen: que hubiera detrás 'fuerzas ocultas imperialistas' les permitía evadir sus responsabilidades; y c) generar un discurso nacionalista con posibilidades de triunfo: la presencia de las transnacionales justificó acciones, como la nacionalización de la Standard Oil, y teorías, como la de 'la lucha de la nación contra la antinación' (Montenegro) que llevó finalmente al poder al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) en 1952". "La lucha fue por un territorio que se sabía que geológicamente no era petrolero", comenta Soux. Una guerra inútil y estúpida por 41.500 kilómetros cuadrados de nada, pues fue esa faja de territorio entre los ríos Pilcomayo y Paraguay la que al final fue sometida al arbitraje de los presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay. Puro desierto, y los bosques de espino y el calor abrasador. fuente

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el juego mas antiguo del mundo
InfoporAnónimoFecha desconocida

el juego mas antiguo del mundo Dos personas de la familia real jugaban sobre un tablero a un juego de fichas, donde ganaba el que primero colocaba las suyas en la meta. Unas calles más abajo, fuera de palacio, el juego se repetía en una casa de adobe. Era un juego con un tablero de 20 casillas, sólo que unos eran de madera y fueron destruidos por el tiempo mientras que otros estaban decorados con conchas y lapislázuli y perduraron más de 4500 años. La escena se producía en Ur, la antigua ciudad sumeria del país que los griegos llamaron Mesopotamia (tierra entre ríos). Eran tiempos de prosperidad y el río Éufrates rodeaba la ciudad protegiéndola y dando fertilidad y agua a los campos. Hace 2500 años el río cambió de curso y Ur desapareció hasta del recuerdo. Mucho tiempo después, el 2 de noviembre de 1922, Sir Leonard Woolley, coordinando una excavación del Museo Británico y de la Universidad de Pennsylvania llegaba a lo que quedaba de Ur, arrasada y enterrada bajo metros de tierra. A lo largo de varios años excavó sobre la ciudad: templos, calles y casas vieron la luz de nuevo. En 1926 habían localizado un cementerio y más de 600 tumbas, sencillas y con pocos ornamentos. En otoño de 1927 encontraron otras más complejas, con varias estancias y llenas de magníficos objetos. En los años siguientes, hasta 1934, completaron la excavación de 1850 enterramientos de los cuales a 17 se les llamó "tumbas reales" por el ajuar que contenían. Los objetos son aún maravillosos pero no todo su entorno lo era. En la tumba identificada como PG/1237 encontraron que el difunto "principal" estaba acompañado por otros 74 cadáveres, de los cuales 68 eran mujeres, todos sacrificados para acompañarle en el viaje final. El juego se encontró en una tumba mucho menos famosa, la PG/513. Me gusta imaginarme ese objeto en su momento, con la gente a su alrededor pero ver eso necesita un viaje en el tiempo que no podemos hacer. Lo más parecido es acudir a Treasures from the Royal Tombs of Ur o a la sección del Museo Británico llamada The Royal Tombs of Ur. También había mucha historia de esas excavaciones depositada en el Iraq Museum de Bagdad pero hubo una guerra que la destruyó porque los nuevo bárbaros entendieron que el patrimonio de Iraq era sólo el de su petróleo y su historia no valía nada, aunque fuera el origen de la nuestra, aunque hubieran desarrollado la escritura que hoy permite que exista esta entrada en un blog. Miles de objetos que acompañaron a este juego en las casas sumerias fueron destruidos o saqueados en unas horas después de sobrevivir 4500 años a las calamidades naturales. fuente

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edad media
InfoporAnónimoFecha desconocida

edad media La Edad Media o Medievo es el período histórico de la Civilización Occidental comprendido entre el siglo V y el XV. Su comienzo se sitúa tradicionalmente en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente[1] y su fin en 1492 con el descubrimiento de América[2] o en 1453 con la caída del Imperio Romano de Oriente. Actualmente los historiadores del periodo prefieren matizar esta ruptura entre Antigüedad y Edad Media de forma que entre los siglos III y VIII se suele hablar de Antigüedad Tardía, que habría sido un amplio periodo de transición en todos los ámbitos : en lo económico para la transición entre el modo de producción esclavista y el modo de producción feudal; en lo social, para la desaparición del concepto de ciudadanía romana y la definición de los estamentos medievales, en lo político para la descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dió paso a una dispersión del poder; y en lo ideológico y cultural para la absorción y sustitución de la cultura clásica por las teocéntricas culturas cristiana o islámica (cada una en su espacio). Suele dividirse en dos grandes períodos: Temprana o Alta Edad Media (siglo V a siglo X, sin una clara diferenciación con la Antigüedad Tardía); y Baja Edad Media (siglo XI a siglo XV), que a su vez puede dividirse en un periodo de plenitud, la Plena Edad Media (siglo XI al siglo XIII), y los dos últimos siglos que presenciaron la Crisis de la Edad Media o del siglo XIV. El concepto de Edad Media nació como la segunda edad de la división tradicional del tiempo histórico debida a Cristóbal Cellarius (Historia Medii Aevi a temporibus Constanini Magni ad Constaninopolim a Turcis captam deducta (Jena, 1688),[3] quien la consideraba un tiempo intermedio, sin apenas valor por sí mismo, entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana de la Antigüedad clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna -en la que él se sitúa- que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. La popularización de este esquema ha perpetuado un preconcepto la mayor parte de las veces erróneo: el de considerar a la Edad Media como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular (que a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos más oscurantistas, tal como se definió por los revolucionarios que combatieron el Antiguo Régimen). Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocalípticas. Sin embargo, en este largo periodo de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a dinámicas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyección hacia el futuro, entre otros los que sentaron las bases del desarrollo de la posterior expansión europea, y el desarrollo de los agentes sociales que desarrollaron una sociedad estamental de base predominantemente rural pero que presenció el nacimiento de una incipiente vida urbana y una burguesía que con el tiempo desarrollarán el capitalismo. También surgieron en la Edad Media formas políticas nuevas, que van desde el califato islámico a los poderes universales de la cristiandad latina (Pontificado e Imperio) o el Imperio Bizantino y los reinos eslavos integrados en la cristiandad oriental (aculturación y evangelización de Cirilo y Metodio); y en menor escala, todo tipo de ciudades estado, desde las pequeñas ciudades episcopales alemanas hasta repúblicas que mantuvieron imperios marítimos (como Venecia); dejando en la mitad de la escala a la que tuvo mayor proyección futura: las monarquías feudales, que transformadas en monarquías autoritarias prefiguran el estado moderno. De hecho, todos los conceptos asociados a lo que se ha venido en llamar modernidad aparecen en la Edad Media, en sus aspectos intelectuales con la misma crisis de la escolástica. Ninguno de ellos sería entendible sin el propio feudalismo, se entienda este como modo de producción o como sistema político, según las distintas interpretaciones historiográficas. El choque de civilizaciones entre Cristiandad e Islam, manifestado en la ruptura de la unidad del Mediterráneo (hito fundamental de la época, según Henri Pirenne: Mahoma y Carlomagno), la Reconquista española y las Cruzadas; tuvo también su parte de fértil intercambio cultural (escuela de Traductores de Toledo, Escuela Médica Salernitana) que amplió los horizontes intelectuales de Europa, hasta entonces limitada a los restos de la cultura clásica salvados por el monacato altomedieval y adaptados al cristianismo. Esa misma Europa Occidental produjo una impresionante sucesión de estilos artísticos (prerrománico, románico y gótico), que en las zonas fronterizas se mestizaron también con el arte islámico (mudéjar, arte andalusí, arte árabe-normando) o con el arte bizantino. inicio Aunque se han propuesto varias fechas para el inicio de la Edad Media, de las cuales la más extendida es la del año 476, lo cierto es que no podemos ubicar el inicio de una forma tan exacta ya que la Edad Media no nace, sino que "se hace" a consecuencia de todo un largo y lento proceso que se extiende por espacio de cinco siglos y que provoca cambios enormes a todos los niveles de una forma muy profunda que incluso repercutirán hasta nuestros días. Podemos considerar que ese proceso empieza a principios del siglo IV con Constantino y en Bajo Imperio y culmina en la época en que se corona el nuevo Emperador de Occidente (Carlomagno, año 800). Diocleciano, por ejemplo, realizó un paso previo hacia el feudalismo cuando prohibió a los campesinos cambiar de domicilio, teniendo que trabajar siempre la misma tierra. El proceso de transición entre la Antigüedad y la Edad Media, se puede resumir en una serie de peldaños consecutivos: * Legalización y posterior imposición del cristianismo (principios S. IV). * Crisis total del esclavismo, se introducen los primeros rudimentos del feudalismo (Reinado de Constantino). * Desurbanización de las grandes ciudades romanas de Occidente (s. III a V). * Caída nominal del Imperio Romano, organización política por excelencia del sistema esclavista (476). * Nacimiento de los primeros estados germanorromanos a raíz del asentamiento de los pueblos germánicos (s. V y VI). * Desarrollo y normalización de las instituciones de gobierno de los reinos germánicos que habían sobrevivido al siglo V (s. VII-VIII). * Perfeccionamiento y consolidación del feudalismo como sistema económico de la Edad Media (s. V a IX). * Fundación del Imperio Carolingio a partir del Reino Franco, es la "semilla de los principales estados europeos" (Año 800) caida del imperio romano Ningún evento concreto determina el fin de la Antigüedad y el inicio de la Edad Media: ni el saqueo de Roma por los godos dirigidos por Alarico I en el 410, ni el derrocamiento de Rómulo Augústulo (último emperador romano de Occidente) fueron sucesos que sus contemporáneos consideraran iniciadores de una nueva época. La culminación a finales del siglo V de una serie de procesos de larga duración, entre ellos la grave dislocación económica, las invasiones y el asentamiento de los pueblos germanos en el Imperio Romano, hizo cambiar la faz de Europa. Durante los siguientes 300 años, la Europa occidental mantuvo un período de unidad cultural, inusual para este continente, instalada sobre la compleja y elaborada cultura del Imperio romano, que nunca llegó a perderse u olvidarse por completo y el asentamiento del cristianismo . Los reinos germanorromanos En el año 395 falleció el emperador Teodosio. En esos tiempos, pocos ciudadanos de Occidente podían pensar que de hecho iban a dejar de pertenecer al Imperio poco más de medio siglo después. El Imperio Romano había pasado por invasiones externas y guerras civiles terribles en el pasado. Hacía escaso tiempo que Teodosio había logrado nuevamente unificar bajo un solo centro ambas mitades del Imperio, el triunfo de la nueva religión de Estado, y posterior persecución de los tradicionales cultos paganos y el Cristianismo niceno, parecía apoyar desde los cielos a un Imperium Romanum Christianum y a una dinastía que venía ejerciendo el poder desde hacía más de treinta años. El gobierno de Teodosio había encauzado los afanes de protagonismo político de los más ricos e influyentes senadores romanos y de las provincias occidentales. Además, la dinastía había sabido encauzar acuerdos con la poderosa aristocracia militar, en la que se enrolaban nobles germanos que acudían al servicio del Imperio al frente de soldados unidos por lazos de fidelidad hacia ellos. Al morir, Teodosio confió el gobierno de Occidente y la protección de su joven heredero Honorio al general Estilicón, hijo de un noble oficial vándalo que había contraído matrimonio con Serena, sobrina del propio Teodosio. Sin embargo, cuando en el 455 murió asesinado Valentiniano III, nieto de Teodosio, una buena parte de los descendientes de aquellos nobles occidentales que tanto habían confiado en los destinos del Imperio parecieron ya desconfiar del mismo. Máxime cuando en el curso de dos decenios pudieron darse cuenta de que el gobierno imperial recluido en Rávena era cada vez más presa de los exclusivos intereses e intrigas de un pequeño grupo de altos oficiales del ejército itálico. Muchos de éstos eran de origen germánico y cada vez confiaban más en las fuerzas de sus séquitos armados de soldados convencionales y en los pactos y alianzas familiares que pudieran tener con otros jefes germánicos instalados en suelo imperial junto con sus propios pueblos, que desarrollaban cada vez más una política autónoma. Necesitados de mantener una posición de predominio social y económico en sus regiones de origen, reducidos sus patrimonios fundiarios a dimensiones provinciales, y ambicionando un protagonismo político propio de su linaje y de su cultura, estos representantes de las aristocracias tardorromanas occidentales habrían acabado por aceptar las ventajas de admitir la legitimidad del gobierno de dichos reyes germánicos, ya muy romanizados, asentados en sus provincias. Al fin y al cabo, éstos, al frente de sus soldados, podían ofrecerles bastante mayor seguridad que el ejército de los emperadores de Rávena. Además, el avituallamiento de dichas tropas resultaba bastante menos gravoso que el de las imperiales, por basarse en buena medida en séquitos armados dependientes de la nobleza germánica y alimentados con cargo al patrimonio fundiario provincial de la que ésta ya hacía tiempo se había apropiado. Menos gravoso para los aristócratas provinciales pero también para los grupos de humildes que se agrupaban jerárquicamente en torno a dichos aristócratas, y que, en definitiva, eran los que habían venido soportando el máximo peso de la dura fiscalidad tardorromana. Unas monarquías que, como más débiles y descentralizadas que el viejo poder imperial, estaban también más dispuestas a compartir el poder con las aristocracias provinciales, máxime cuando en el seno mismo de sus gentes tales monarcas desde siempre habían visto su poder muy limitado por una nobleza basada en sus séquitos armados. Pero para llegar a esta situación, a esta auténtica acomodación, a esta metamorfosis del Occidente romano en romano-germano, no se había seguido una línea recta; por el contrario, el camino había sido duro, zigzagueante, con ensayos de otras soluciones, y con momentos en que parecía que todo podía volver a ser como antes. Ésta será en lo fundamental la historia del siglo V, que en algunas regiones pudo incluso prolongarse hasta bien entrado el VI como consecuencia, entre otras cosas, de la llamada Reconquista de Justiniano. El cristianismo y los bárbaros La expansión del cristianismo entre los bárbaros constituyó una poderosa fuerza fusionadora de culturas y ayudó a asegurar que algunos vestigios de la ley romana y del latín continuaran en Francia, Italia, España y Portugal. Los francos se convirtieron al catolicismo durante el reinado de Clodoveo I y, a partir de entonces, expandieron el cristianismo entre los germanos del otro lado del Rin. Por su parte, los bizantinos extendieron el cristianismo ortodoxo entre los búlgaros y los eslavos. El cristianismo fue llevado a Irlanda por San Patricio a principios del siglo V, y desde allí se extendió a Escocia, desde donde regresó a Inglaterra por la zona norte. A finales del siglo VI, el Papa Gregorio Magno envió misioneros a Inglaterra desde el sur. En el transcurso de un siglo, Inglaterra volvió a ser cristiana. En Irlanda, por su parte, había sobrevivido una comunidad cristiana, aislada de Europa por la barrera pagana de los anglosajones. Con el tiempo evolucionaron de manera diferente al cristianismo continental, haciendo florecer el cristianismo celta. Estos cristianos celtas conservaron mucho de la antigua tradición latina, la cual compartieron con Europa continental apenas la oleada invasora se hubo calmado un poco. En el siglo VI, los irlandeses saltaron a Inglaterra, y en el siglo VII fundaron monasterios en la Galia, en Suiza (Saint Gall), e incluso en Italia, destacándose particularmente los nombres de Columba y Columbano. Como consecuencia de esto, las Islas Británicas fueron durante unos tres siglos el vivero de importantes nombres para la cultura: el historiador Beda el Venerable, el misionero Bonifacio de Alemania, el educador Alcuino de York, el teólogo Juan Escoto Erígena, entre otros... Época del Imperio Carolingio (siglos VIII y IX) Ascenso del Imperio Carolingio Hacia el siglo VIII, la situación política europea se había estabilizado. En oriente, el Imperio Bizantino era fuerte otra vez, gracias a una serie de emperadores competentes. En occidente, algunos reinos aseguraban relativa estabilidad a varias regiones: Northumbria a Inglaterra, Visigotia a España, Lombardía a Italia, y el Reino Franco a la Galia. En realidad, el "reino franco" era un compuesto de tres reinos: Austrasia, Neustria y Aquitania. El Imperio Carolingio surge con Carlomagno a principios del siglo VIII. Sus fronteras dominaron una gran parte de la Europa Occidental aspirando a reconstruir la extensión del antiguo Imperio Romano Occidental. Aquisgrán (o Aix-la Chapelle) fue su capital. Creó las marcas para fijar las fronteras y frenar la expansión árabe. También impulso una organización del territorio con los condados. Con la muerte de Carlomagno el imperio se divide en tres quedando fragmentado con el Tratado de Verdún. El Imperio Carolingio fue la primera gran potencia política europea desde la extinción del Imperio Romano, y esto la Iglesia Católica lo reconoció, coronando a Carlomagno como Emperador de Occidente, en el año 800. Carlomagno negoció de igual a igual con otras grandes potencias de la época, como el Imperio Bizantino, el Emirato de Córdoba, y el Califato Abasida. Al mismo tiempo, mandó llamar a la intelectualidad de su tiempo a sus dominios, dándole, con la colaboración de Alcuino de York, impulso al llamado Renacimiento carolingio. El hundimiento del Imperio Carolingio Muerto Carlomagno en 814, toma el poder su hijo Ludovico Pío, y los hijos de éste que eran Carlos el Calvo, Luis el Germánico y Lotario, se enfrentaron militarmente disputándose los diferentes territorios del imperio. Esta situación concluyó en el Tratado de Verdún, en el 843. Esta situación dejó muy debilitado el imperio, lo que permitió que otros pueblos se aprovecharan de esto por lo cual Europa fue duramente golpeada por pueblos bárbaros, entre ellos los vikingos, cuyas correrías terminaron de destruir lo que empezaba a florecer bajo los carolingios. Todo esto crea una pauta determinante para el fortalecimiento del Feudalismo Europeo Época del Feudalismo (siglos X, XI y XII) El sistema feudal El fracaso del proyecto político centralizador de Carlomagno llevó a la entronización sin mayores contrapesos, de un sistema político, económico y social llamado el Feudalismo. Dos instituciones eran claves para su funcionamiento: * Había una jerarquía de señores y vasallos vinculados a través del vasallaje. Por el vasallaje, un vasallo se ofrecía a un señor, entablando un contrato en donde el vasallo debía obediencia y lealtad, y el señor debía protección. Ésta era la única manera de garantizar el orden. Los privilegios de la nobleza la obligaban a encargarse de que todo funcionase. Para ello recurrieron a acuerdos de dependencia mutua conocidos con el nombre de relaciones feudo-vasalláticas, que podían ser de dos tipos: o Vasallaje. Es un pacto entre dos miembros de la nobleza de distinta categoría. El caballero de menor rango se convertía en vasallo del noble más poderoso por medio de la Ceremonia de Homenaje e Investidura. El vasallo prestaba homenaje al señor —humillándose ante él— y éste le investía dándole una espada, o bien un báculo si era religioso. El señor protegía al vasallo y le otorgaba un feudo (un castillo, un monasterio o un simple sueldo), a cambio, el vasallo le juraba fidelidad y estaba obligado a prestarle ayuda militar y consejo. o Encomienda. Es un pacto entre los campesinos y el señor feudal. El señor acogía a los campesinos en su feudo, les proporcionaba una pequeña porción de tierra (manso) para que pudieran subsistir y les protegía si eran atacados. A cambio, el campesino se convertía en su siervo y pasaba a la doble jurisdicción del señor feudal: el Señorío Territorial, que obligaba al campesino a pagar una parte de sus rentas al noble; y el Señorío Jurisdiccional, que convertía al señor feudal en gobernante y juez del territorio en el que vivía el campesino. * La sociedad estaba organizada de manera estamental, en los llamados estamentos u ordines: nobleza, clero y campesinado (los hombres que guerrean, los que rezan y los que trabajan, según una formulación de la época). o Nobleza feudal. Los bellatores o guerreros era la Nobleza, en ella distinguimos: La alta nobleza (marqueses, condes y duques) poseía grandes feudos; y la baja nobleza o caballeros (barones, infanzones, hidalgos…), con feudos pequeños, eran vasallos de los más poderosos. o Clero feudal. Los oratores o clérigos era la Iglesia: algunos formaban una élite poderosa llamada alto clero (abades, obispos), y otros más humildes (curas de pueblo o monjes) estaban subordinados a su autoridad. o Pueblo llano. Los laboratores o trabajadores, era el pueblo llano, por tanto, los más numerosos, y generalmente estaban sometidos a los otros estamentos. Estaban compuestos por campesinos, siervos de los señores feudales, y que eran los más numerosos, y por artesanos, que eran escasos y vivían en las pocas ciudades que había. Si dependían del rey (realengo) y no de un señor feudal, prosperaban más. Las tres órdenes eran consecuencia básica de la estructura social a la caída del Imperio Carolingio. Así, los señores feudales son la continuación de las líneas clientelares de los condes carolingios, mientras que el campesinado suponía el total de libres y esclavos que pasan a ser dependientes de la aristocracia. El clero, por su parte, tenía su lugar gracias a la influencia que la Iglesia Católica había ejercido desde finales del Imperio y a la carcasa ideológica que creó a partir del estudio de los Padres de la Iglesia (la Ciudad de Dios), y comienzos de la Edad Media. El campesino lo era por herencia, y rara vez tenía oportunidad de ascender de nivel. El noble lo era generalmente por herencia, aunque en ocasiones podía alguien ennoblecerse como soldado de fortuna, después de una victoriosa carrera de armas (como fue el caso, por ejemplo, de Roberto Guiscardo). El clero, por su parte, era reclutado por cooptación. Todo esto le daba al sistema feudal una extraordinaria estabilidad, en donde había "un lugar para cada hombre, y cada hombre en su lugar", al tiempo que una extraordinaria flexibilidad, porque permitía al poder político y económico atomizarse a través de toda Europa, desde España hasta Polonia. Esta nueva estructura social encontró concreción en una nueva forma de arte, el llamado arte románico, cuyo antecedente más remoto es la Capilla Palatina de Aquisgrán construida en tiempos del Imperio Carolingio, y que manifestó todo su esplendor en el llamado Estilo Otónico que imperó en Alemania durante el siglo X, y comienzos del siglo XI. La expansión del sistema feudal La enorme flexibilidad del Feudalismo como sistema social permitió el desarrollo de dos procesos, que se retroalimentaron mutuamente favoreciendo una rápida expansión. Por una parte, al asignarle un lugar a cada persona dentro del sistema, permitió la expulsión de todos aquellos para quienes no había lugar, enviándolos como colonos y aventureros militares a tierras no ganadas para la Cristiandad Occidental, expandiendo así brutalmente sus límites. Por la otra, al asegurar un cierto orden y estabilidad social para el mundo agrario, difuminando las guerras hasta convertirlas en una especie de rumor sordo de la época, permitió el inicio de la concentración de riquezas que llevaría a la vuelta de poco tiempo al resurgimiento económico de Europa Occidental. Irónicamente, ambos procesos terminarían por minar las bases del feudalismo, y llevarlo hacia su destrucción. La expansión geográfica se llevó a cabo, o se intentó llevar a cabo, al menos, en varias direcciones. En España, después de la disolución del Califato de Córdoba en al año 1031, se creó un vacío de poder que los reinos feudales cristianohispánicos de Castilla, León, Navarra, Portugal y Aragón intentaron aprovechar, expandiéndose en la llamada Reconquista. En las Islas Británicas, el reino de Inglaterra intentó repetidas veces invadir a Gales, Escocia e Irlanda, con mayor o menor éxito. En Europa del Norte, acabadas las invasiones de los vikingos, las riquezas saqueadas por éstos sirvieron para adquirir productos y servicios occidentales, creando en el Mar Báltico una próspera red comercial que atrajo a los escandinavos a la civilización occidental. Muchos descendientes de vikingos, apodados los normandos, se instalaron en Normandía, Inglaterra, Sicilia y el sur de Italia, creando reinos centralizados y eficientes: entre ellos están Rolón, Guillermo el Conquistador y Rogerio I de Sicilia. En el este, en el año 955, Otón el Grande batió a los magiares en la Batalla del Río Lech y reincorporó Hungría a Occidente, al tiempo que comenzaba la "germanización" de Polonia, hasta entonces pagana. Poco después, en tiempos de Enrique el León (siglo XII), los alemanes se abrían paso a través de las tierras de los vendos, hasta el Mar Báltico. Pero sin lugar a dudas, el movimiento de expansión más espectacular, aunque finalmente fallido, fueron las Cruzadas, en donde selectos miembros de la nobleza guerrera occidental cruzaron el Mar Mediterráneo e invadieron el Medio Oriente, creando reinos de efímera duración. El balance de esta expansión fue espectacular. En la época del Tratado de Verdún de 843, el sistema social cristianooccidental se extendía por Francia, parte de Alemania, la porción sur de las Islas Británicas, y la mitad norte de España e Italia. Un siglo después, en la época de Batalla del Río Lech (955), no había región de Europa Occidental a salvo de los invasores bárbaros. En la época de la Batalla de Navas de Tolosa (1212), por su parte, habían sido "occidentalizadas" toda Italia hasta Sicilia, Escocia, Gales, cerca de la mitad de la Península Ibérica, Polonia y Escandinavia, y las incursiones militares occidentales habían puesto en manos occidentales lugares tan lejanos como Constantinopla o Jerusalén, al tiempo que tierras como Lituania, Bohemia o Irlanda estaban sometidas a una presión militar occidental cada vez mayor. Todo esto tuvo por consecuencia la creación de nuevas redes comerciales, que contribuyeron a la suerte de "milagro económico" que a veces es llamada la revolución del siglo XII. Las Cruzadas Las cruzadas fueron una serie de campañas militares comúnmente hechas a petición del Papa Urbano II, que tuvieron lugar entre los siglos XI y XIII, contra los musulmanes para la recuperación de Tierra Santa y el Santo Sepulcro.. Básicamente, fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente. Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación musulmana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas. Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado por Du Cange s.v. crux), croisement (Joinville), croiserie (Monstrelet), etc. Desde la edad media el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto, y dirigidas contra infieles, ej. contra musulmanes, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión. Las guerras emprendidas por los españoles contra los moros constituyeron una cruzada incesante del siglo XI al XVI; en el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos; el exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada, y, en el siglo XIII los papas predicaron cruzadas contra Juan Sin Tierra y Federico II. Pero la literatura moderna ha abusado de la palabra aplicándola a todas las guerras de carácter religioso, como, por ejemplo, la expedición de Heraclio contra los persas en el siglo VII y la conquista de Sajonia por Carlomagno. La idea de la cruzada corresponde a una concepción política que se dio sólo en la Cristiandad del siglo XI al XV; esto supone una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas las cruzadas se anunciaron por la predicación. Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia. A los cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc. De todas esas guerras emprendidas en nombre de la Cristiandad, las más importantes fueron las Cruzadas Orientales, que son las únicas tratadas en este artículo. El surgimiento de la burguesía A partir del siglo XIII, la mejora de las técnicas agrícolas y el consiguiente incremento del comercio hizo que la burguesía fuera presionando para que se facilitara la apertura económica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de portazgo y se garantizaran formas de comercio seguro y una centralización de la administración de justicia e igualdad de las normas en amplios territorios que les permitieran desarrollar su trabajo, al tiempo que garantías de que los que vulnerasen dichas normas serían castigados con igual dureza en los distintos territorios. Aquellas ciudades que abrían las puertas al comercio y a una mayor libertad de circulación, veían incrementar la riqueza y prosperidad de sus habitantes y las del señor, por lo que con reticencias pero de manera firme se fue diluyendo el modelo. Las alianzas entre señores eran más comunes, no ya tanto para la guerra, como para permitir el desarrollo económico de sus respectivos territorios, y el rey fue el elemento aglutinador de esas alianzas. En el siglo XII surgen los burgos, ciudades en donde apareció la burguesía como nueva clase social. Los burgueses estaban totalmente fuera del sistema feudal, porque no eran ni señores feudales, ni campesinos, ni hombre de iglesia, sino comerciantes. "Los aires de la ciudad dan libertad" se decía, y con razón, puesto que quienes podían radicarse en las ciudades, tenían todo un nuevo mundo de oportunidades que explotar. No era raro que burgueses y representantes del orden feudal se miraran con desconfianza y desdén, aunque se necesitaran unos a otros, por el minuto al menos. En los burgos surgieron muchas instituciones sociales nuevas. El desarrollo del comercio llevó aparejado consigo el del sistema financiero y la contabilidad. Los artesanos se unieron en asociaciones llamadas gremios, ligas, corporaciones, cofradías, o artes, según el lugar geográfico. Surgió también el trabajo asalariado, economía monetaria, surgimiento de la banca (crédito, préstamos, letras de cambio) algo virtualmente desconocido en el mundo feudal y el cual origina un incipiente capitalismo. También aparecen las Universidades como respuesta de los gremios de educadores. El siglo XIV, destaca luctuosamente, por ser el siglo de la Peste Negra, apocaliptico episodio que sufrió el mundo occidental conocido, Asia y norte de África, que diezmó su población casi un tercio en menos de cinco años (1347-1351). El ocaso de la Edad Media El final de la Edad Media llega con el final del sistema feudal. El feudalismo era una forma de organización económica, social y política basada en un complejo sistema de relaciones personales. Frente al mundo medieval de los tres órdenes, basado en una economía agraria y firmemente ligada a la posesión de la tierra, emerge un mundo de ciudades basado en una economía comercial. Los centros de poder se desplazan hacia los nuevos burgos. Estos reequilibrios se vieron reflejados en los campos de batalla, ya que los caballeros feudales empezaron a ser superados por el desarrollo de técnicas militares como el arco de tiro largo, arma que los ingleses usaron para barrer a los franceses en la Batalla de Agincourt, en 1415, o la pica, usada por la infantería de mercenarios suizos. Es en esta época cuando aparecen los primeros ejércitos profesionales, compuestos por soldados a los que no les une un pacto de vasallaje con su señor sino la paga. La sociedad feudal había alcanzado su mayor auge en el siglo XIII y no había duda de que, a partir de entonces, se sucedería una época de progresivo decaimiento de tal sistema socioeconómico. El quiebre puede verse, claramente, en la crisis del siglo XIV que sobrevino al apogeo del feudalismo. Esta crisis muestra la progresiva caída del poder señorial, directamente relacionado con el sistema feudal, la cual puede considerarse el signo negativo, el signo decayente que otorga al período el apelativo de "crisis". Pero, también, podemos encontrar un aumento de la liberación campesina, reflejada, efectivamente, en las revueltas populares que abundaron en Europa durante la centuria. Éste podría considerarse, en efecto, el signo positivo o innovador, por lo que gran cantidad de historiadores no están completamente de acuerdo con la utilización de "crisis" para designar a la época, o prefirieron darle un carácter ambivalente. La Iglesia Católica disminuye su poder debido a la Reforma Protestante, además de las nuevas ideas religiosas que trajo la burguesía. La muestra de ello está en el fermento de las herejías a partir del siglo XII (cátaros, valdenses, husismo, wycliffismo, etcétera), en concepciones teológicas que intentaban rebajar el misticismo e imprimir mayor racionalidad al catolicismo (como por ejemplo Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham), y en los desórdenes en la Iglesia que culminaron en el cisma de Occidente y en la mencionada Reforma Protestante. Disminuido el poder de estos dos grupos, en beneficio de los reyes y la burguesía, el derrumbe de la sociedad medieval era cuestión de tiempo. Aunque la mayor parte de la población siguió siendo campesina, y la servidumbre existió aún durante bastante tiempo, lo cierto es que ahora las novedades culturales, económicas, sociales, políticas, intelectuales o religiosas ya no provenían del castillo o el monasterio, sino de la ciudad. La mentalidad teocéntrica se cambió por una antropocéntrica, lo que dio un paso importante y fundamental a la aparición de la Edad Moderna. imagenes fuente espero que les guste y dejen su comentario

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Autos MotosporAnónimoFecha desconocida

hola amigos taringueros aca les dejo la segunda parte de mi post autos copados en esta parte autos deportivos

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Autos MotosporAnónimoFecha desconocida

estaba boludeando y encontre algunos coches tuning piolas

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Autos MotosporAnónimoFecha desconocida

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