ayannelukku
Usuario (Argentina)
Un mentor no es más que una persona con cierta experiencia, a quien uno puede confiar sus preguntas en un área determinada, con apenas más certeza que esperanza de que la respuesta nos lleve a buen puerto. Nos situamos a principios de 2014, cuando mi idea de viaje era todavía uno de esos sueños utópicos que se paran remotos junto a otras misiones imposibles como el bien conocido triángulo de la felicidad de Escribir un libro, Tener un árbol, Plantar un hijo. O algo así. En resumen, sabía que quería viajar. No tenía idea de cómo. Así que para entonces había encontrado un pasatiempos que me arrimaba un poco al asunto; hospedar viajeros. Aunque mi monoambiente no es un sitio especialmente cómodo cuando somos más de uno, la verdad es que a un buen viajero casi cualquier sitio le viene bien. Y para mí, el sólo hecho de tener a alguien con una mochila y todas sus historias a cuesta, era excusa suficiente. Pasaron algunos meses y ya había alojado mochileros de Estados Unidos, Portugal, Brasil, Francia, Alemania, Perú, Colombia, México, Lituania, Rusia, por nombrar algunos. El intercambio Tener visitas del mundo en casa es, para los amantes del viaje, una forma de moverse. En especial para mí, era una forma de comenzar a moverme. Escuché de lugares que desconocía, interesantes historias de vida, aprendí recetas y técnicas nuevas de cocina, y comprobé que en el mundo las necesidades humanas son básicamente las mismas. Durante las charlas habituales con mis invitados -y con ayuda de mi ingenua curiosidad en todos los casos- no los dejaba escapar de las preguntas “¿Qué llevás en la mochila?” y “¿Cómo la armaste?”. Las respuestas son variadas. Mili La Gitana Pisando Julio me contacta Milicca Mijatovic (se pronuncia algo así como “Militza Mggiatovic”), una chica Serbia que venía viajando hacía casi un año y medio desde Europa Oriental, haciendo parte de Asia y África, y ahora volaba desde Namibia para Buenos Aires. Antes de definir mi respuesta, consulté algunas de sus fotos. No necesité ver más, cuando dije para mis adentros “éste es el viaje que quiero hacer“. Y la vida me enseñó a coscorrones limpios que las especulaciones pueden fallar, pero el corazón nunca especula. Le respondí que la esperaba según las fechas acordadas, y le pasé algunas instrucciones para moverse una vez llegada al aeropuerto de Ezeiza. La bienvenida El día que llegaba Mili recibí un llamado telefónico de mi amigo Nico, entre nosotros “El Nica” o también “El Nicote”. Con El Nica somos amigos desde mis épocas de oficina, junto con el Zaza, desde hace un tiempo también vecinos en Villa Urquiza. Y aunque no nos vemos tan seguido, nuestros encuentros incluyen excelentes planes de bicicleta, birra o morfi. Hablando de eso, me toca agregar que él es otro de mis referentes de cocina, en especial cuando se trata de técnicas de cocción, preparaciones, variedad de ingredientes y especias, y la respetable paciencia que merece un platogourmet. De manera que le comenté al Nica de la visita que esperaba en unas horas, y que estaba con cierto apuro por tomar el subte para ir al centro. Como ya era la tarde, me respondió que en un rato llegaba a Urquiza, y que si quería podía llevarme en auto, así no corría. Ya de noche, llegamos al centro y la esperamos frente al obelisco. Mientras pasaba el tiempo sin novedades, revisé desde el móvil del Nica mis conversaciones de chat, horarios, y demás. Luego de unos cuantos minutos, por casualidad se detiene un taxi a la par nuestra y entonces baja Mili con inconfundible pinta gitana. Se despide de un viajero Irlandés con quien compartió el aventón, nos saludamos y la ayudamos a pasar la mochila al auto. Por tanto arrancamos el regreso al espléndido barrio de Villa Urquiza. El balcón de las reflexiones Sinónimo de refugio para fumadores, aire frondoso para otros, el balcón de mi departamento es punto de encuentro para conversaciones y el sitio por excelencia para reflexiones fugaces durante la noche. En fin; un apreciado respiro entre tanto caos. Mili estaba fascinada con la vista, aún siendo un paisaje urbano. Encontramos un buen momento para un café, y aunque ella es fan del directamente negro y yo del cortado con almendras, así descubrimos que nuestra debilidad cafetera era compartida. Tener un balcón y poder aprovecharlo es un privilegio. Hablamos de muchos temas, me contó de sus estudios en biodiversidad y conservación marina enBelgrado, de sus paseos por la India, Bali, Laos, Namibia, su apreciación sobre las personas y las cosas, de las estrellas y la luna y otro montón de cuestiones que en su momento me costó entender. También, que en la India corrió con la mochila para subirse a un tren ya en movimiento y tropezó cayendo con las piernas enteramente en el hueco entre el vagón y el andén. Desde entonces, con vida nueva para contarlo, todo apuro es relativo. Obviamente, tampoco zafó de mi pregunta del millón, y me habló de su mochila. Entre sus escenciales, llevaba un equipo de patas de rana y esnorquel, por el que puteaba ya que en ciudad son una molestia, pero del que honestamente no quería desprenderse debido a su afición por el mundo marino. Todos llevamos un osito de peluche en la mochila, para ella era sus patas de rana, para mí terminó siendo la coctelera.Más tarde, nos tomamos un drink que preparé. Entonces descubrí que la bebida espirituosa hace verdadero voodoo en Mili. Una semana loca La semana que se quedó Mili en casa, fui un turista más en mi ciudad. Le presenté algunos de mis amigos y a mi perra Lima, fuimos a caminito y la bombonera, salimos por San Telmo, recorrimos las ferias, nos sacamos foto con las estatuas vivientes, comimos en un puesto parrillero, tomamos cerveza, nos quedamos a una milonga, tomamos más cerveza, hicimos compañeros en la calle, nos sentamos y cantamos con ellos, y no me acuerdo más. El giro del trompo Para cuando llegaba el fin de su estadía, ella se dirigía a Córdoba para quedarse un mes, y de allí volvería a Buenos Aires por unos días para continuar hacia la patagonia. Transcurrido ese tiempo, regresó a mi casa y me contó de su pésima experiencia trabajando en un hostel en Córdoba. Me extrañaba, porque yo acostumbro ir varias veces en el año y siempre me encanta. Aunque admito, vale hacer una notable distinción entre capital y las sierras. Mientras tomábamos no recuerdo qué (aunque no me sorprendería si era café), le dije con cierta nostalgia que me entraban ganas de viajar, en realidad desde hacía tiempo. Su respuesta se limitió a un “So, do it, man!“, casi de propaganda de zapatillas. Yo me defendí con la artillería típica de excusas como el auto, el trabajo, el departamento, la facultad, la familia, que tenía que separar la ropa blanca de la de color y otras estupideces del mismo calibre. A lo que ella me respondió que de todas formas tendría que resolver eso eventualmente, y que ese momento nunca llega hasta que llega. Le aclaré entonces que podría encargarme de eso, pero que igualmente no tenía mucha experiencia en viajes largos y en pocas palabras no sabía por dónde empezar. Me animé a preguntarle si podía unirme a su ruta. Me dijo que sí. La caída del trompo De un instante a otro la realidad se había desdoblado. Con este pacto había intercambiado un futuro de cierta linealidad por incertidumbre pura. Le dije que tenía planificado una escapada a la nieve con mis amigos dentro de dos meses en Septiembre, y que para el regreso habría resuelto todos los puteríos domésticos y armado la mochila. Sería como el momento ideal. Le dije que tenía planificado una escapada a la nieve con mis amigos dentro de dos meses en Septiembre, y que para el regreso habría resuelto todos los puteríos domésticos y armado la mochila. Sería como el momento ideal. A fines de Octubre de 2014, nos reencontramos en San Pedro de Atacama, Chile. Conclusiones A veces sabemos exactamente dónde estamos parados. Otras veces nos vendría bien una brújula o un mapa. Otras, directamente necesitamos alguien que nos guíe por el camino. Un mentor es una persona con experiencia suficiente como para pedirle algunas recomendaciones. Elegir a esta persona puede no ser fácil, pero algo seguro es que cuando demos con ella, no habrá más dudas; es esa persona. Tomate tu tiempo, vaciá tus miedos, despertá a mi lado. — Sinux Gratitud. Artículo original: http://almendra.club/2017/01/10/encontrando-un-mentor/